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Veinticinco años de conversación

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Veinticinco años de conversación

Author: Duque Gimeno, Aquilino
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 1995
Source: https://idus.us.es/bitstreams/9d84b926-1b50-4a54-81b9-b9fcea646b22/download
VEINTICINCO
AÑOS
DE
CONVERSACION
*
po
AQUILINO DUQUE GIMENO
En el cu so de la p esen ación de un lib o mío, el ma qués de
Tama ón hizo una clasi icación de los esc i o es andaluces en cu -
sis y ca e os, é minos a los que daba
una
acepción nada peyo a i-
a. Posiblemen e al da ejemplos, ue el ma qués a bi a io en el
epa o de e ique as, pe o conmigo ue
ju
s o. A
mí
me encasilló
en e los ca e os y me ap esu é a da le
la
azón. Es aba en el audi-
o io don F ancisco López Es ada y eco dé la a de en que él
me
lle ó con o os jó enes a la Casi a del Mo o a conoce a Joaquín
Rome o Mu ube. Al mos a le yo mis e sos, me p egun ó: «¿Tú
e es
de
pueblo?» Yo negué como San Ped o, pe o la e dad e a
que, si bien había nacido en la capi al, me había
c
iado en un pue-
bleci o, y eso
Jo
no aba Joaquín, cuya in ancia ambién anscu ió
en un pueblo, en mis imágenes y gi os de exp esión. Pa a disimula
lo que yo enía po de ec o, me ap es
u
é a mos a le unos e sos en
ancés, y él sin ió al momen o un cie o olo a «Las lo es del
mal», ob a en e ec o bajo cuyo in lujo
ha
bía esc i o yo
mi
s e sos
en el o oño u al de Higue a
de
la Sie a. Muchos años hab ían de
pasa pa a que yo en endie a que aquella alusión a mis o ígenes
u ales no e a bu la, sino elogio, muchos años en que me
ui
ap oxi-
mando a Joaquín no sin pe cances y eclipses en nues a elación.
• Leído en S
es
ión Púb
li
ca
<l
e la Academia el 25 de No iemb e de 1992 en el XXV
ani e sa io de la mue e
de
Joaq
uín
Rome o Mu ube.
82
AQUILINO DUQUE GIMENO
··----
- - -
---
--
-
Esa ap oximación como digo no siemp e ue ácil. menos po
él
que po mí. El decía de sí mismo, cuando nos quejábamos de
no
habe lo encon ado: «Yo no soy esqui o; soy di ícil». Llegó un
día
al
Alcáza p egun ando po él don Higinio Capo e, a quien
que ía
en añablamen e, y al pasa le el ecado el po e o, dijo Joaquín: «
Dí
-
gale que he salido» Doña Sol que es aba p esen e le dijo:
«¿,
Cómo
puedes hace le eso a Higinio,
si
es un ángel?» Y él con es ó: «
Ho
y
no es oy pa a ángeles».
No sé
si
yo ui alguna ez me ecedo de una excusa semejan e,
con
la
sus i ución de la palab a «ánge
le
s»
po o a menos celes e y
nada u o ello que e con los pe cances y los eclipses
de
que a
n e
s
hablé. Uno ue g a e y la culpa ue mía po comple o y él po
pu a
hidalguía, pues la cosa no iba con él, llegó a deci que me bo aba
de la
li
s a de sus amigos. Puse años y leguas po medio y nues
a
amis ad se pudo eanuda . Pe o en onces yo enía en
la
cabeza
los
pája os que suele ene a esa edad cualquie hijo de ecino y no
me
con o maba con
lo
que oía y leía. Alguna ez se me ha ace cado
algún jo en como yo en onces me ace caba a Joaquín Rome o di-
ciéndome que me l
ee
y me sigue aunque no es é muy con o me c
on
algunas de mis
id
eas. Yo en onces le con es o que no se p eo
cupe;
que con el iempo lo
es
a á. Eso es
al
menos lo que a mi me
pasó
con Rome o Mu ube. Hoy me pa ecen i iso ias y g a ui as las di
s-
cusiones que alguna ez u e con él, pues él sabía de lo que habla-
ba y yo con undía la ealidad con el deseo. Muy p óximo a él
me
sen ía
ya
cuando Dios se lo
ll
e ó. La no icia me la dio en
Roma
Eugenio Mon es po elé ono diciéndome: «
P
epá ese us ed bien p
a a
lo que oy a a deci . P epá ese bi
en>)
No sé si me
p
epa é o no,
pe o lo que me dijo no ue una so p esa: an ecien es y an e-
cuen es e an las ausencias que de Joaquín eníamos haciendo en
aquel o oño omano.
Lo
que esc ibí se
lo
mandé a o o se illano
ambién muy allegado a Joaquín, su jo en ocayo Ca o Rome o, el
cual se a
p
esu ó a publica lo en «El Co eo de Andalucía
».
Fue on
las ca as de Ca o y la palab a de Mon es mis g andes c
on
suelos
en
aquel ance, pues yo sabía muy
bi
en que en ellos dejaba Joaquín
Rome o
un
acío an g ande como había dejado en
mí.
Hay esc i o es, y yo, que no paso de
la
ca ego ía de a icionado
soy uno de ellos, que
al
esc ibi piensan en un público que se pue-
de con a con los dedos de
la
s manos.
En
e esa docena escasa de
lec o es segu os quie o menciona aho a a es amigos mue os; los
he manos Cue as y Joaquín Rome o. Cuán as eces no hab é
id
o a
VEINTICINCO AÑOS
DE
CONVERSACION 83
·-
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A cos a lee les mis cosas a Pepe y a Jesús, y cuán as eces no me
hab é dicho: «¡Cómo
le
gus a ía es o a Joaquín!» Bien sabe Dios
que una de
mi
s ambiciones sec e as ue la de pa ece me a ellos
algún día, y
al
in y al
ca
bo mi ida y mi ob a no es más que un
la go p oceso de imi ación, y esa imi ación se á lo que de cilla que-
de,
es
deci , lo que en ella pueda habe de clásico, según la de ini-
ción de don Alb
e
o Lis a. Como el c is iano imi a a C is o, el
es-
c i o imi a a quien iene po modelo y ejemplo. El a
ículo que
i ulé «Mue e en Se illa» concluía diciendo que aún enía mucho
que habl
a
con la pe sona que acababa
de
deja nos. Ha pasado
ya
un
cua o de siglo y g an pa e de lo que
ll
e o esc i o desde en on-
ces acaso no sea o a cosa que una la ga con e sación con Joaquín
Rome o Mu ube.