1. Un exhaus i o as eo de es as cues iones, desde el
mundo an iguo has a los albo es del Renacimien o, es abo -
dado en RUIZ DE LA ROSA, J.A., T aza y Sime ía de la
A qui ec u a en la An igüedad y Medie o, Uni e sidad de
Se illa, Se illa, 1987. Conc e amen e sob e la epis emología
y conocimien os a ibuibles a las e apas ománica y gó ica,
pueden consul a se los capí ulos 4 y 5, pp. 193-259.
2. Los edi icios han sido es udiados en abajos monog á i-
cos locales y andaluces: JORDANO, M.A., A qui ec u a
medie al c is iana en Có doba, Uni e sidad de Có doba,
Có doba, 1996; CÓMEZ, R., A qui ec u a al onsí, Dipu ación
P o incial de Se illa, Se illa, 1974 y Las Emp esas A ís icas
de Al onso X el Sabio, Dipu ación P o incial de Se illa,
Se illa, 1979. También han sido incluídos den o de o os de
ca ác e más gene al, sob e el pano ama peninsula , po
ci a algunos ejemplos: CHUECA, F., Hª de la A qui ec u a
Occiden al, IV Edad Media C is iana en España, Dossa ,
Mad id, 1989; LAMPÉREZ, V., A qui ec u a C is iana
Española en la Edad Media, según el es udio de los elemen-
os y los monumen os, Mad id, 1908-1909. LAMBERT, E., El
A e Gó ico en España en los siglos XII y XIII, Cá ed a,
Mad id, 1977.
3. CHUECA, F., op. ci ., p. 228.
4. Manusc i o o iginal: VILLARD D´HÔNNECOURT, Cuade -
no de no as, Biblio eca Nacional, Pa ís, ms 19093. El
documen o es, en e o os, es udiado en BUCHER, F.,
A chi ec o . The lodge books and ske chbooks o Medie al
A chi ec s. V1, Aba is Books, New Yo k, 1979; ERLANDE-
BRANDENBURG, A. e al. Villa d de Hônnecou , Cuade no.
S.XIII, Akal, Mad id, 1991; BECHMANN, R., Villa d de
Honnecou . La pensée echnique au XIIIe siècle e sa com-
munica ion, Pica d, Pa ís, 1993.
EL PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIÓN
El uso de modelos o ' ipos' pa a la p oducción a qui ec ónica, ha sido p ác ica habi ual a lo la go
de la His o ia de la A qui ec u a, dadas las a inidades de ec ables en las cons ucciones de seme-
jan e época y con ex o. Vinculado a es o, la ep esen ación g á ica y los conocimien os de geo-
me ía, han jugado un papel impo an e, cons i uyéndose en el ins umen o y apoyo pa a la
concepción y ealización ma e ial de la A qui ec u a.
Es o ha sido di e en e según la época y el g ado de conocimien os, pe o ha cons i uído, de una
u o a mane a, un denominado común en odas las cul u as. Las dependencias son especial-
men e in ensas en la e apa medie al, donde los diseños y soluciones o males suelen se deu-
do es di ec os de azados geomé icos o amas1.
Un buen ejemplo medie al en el que se ecu e a un modelo a qui ec ónico, pa a lle a a cabo
un amplio p og ama edilicio, lo enemos en la ciudad de Có doba. En ella la u ilización de un
' ipo' a a pe mi i gene a en los siglos XIII y XIV, no un edi icio, sino odo un conjun o de
ellos. És e lo o man un impo an e g upo de cons ucciones eligiosas, su gidas a aíz de la
econquis a c is iana (1236)2.
El núcleo undamen al de los mismos lo cons i uyen un g an núme o de pa oquias, muchas de
las cuales han llegado has a nues os días, y que llega ían a se pa e in ínseca de la imagen de
la ciudad ( ig. 1). Po sus semejan es coo denadas espacio- empo ales, o ecen una pla a o ma
idónea de es udio y compa ación an o a ni el indi idual como colec i o.
Sus a inidades ya ue on de ec adas po F. Chueca3al a a de su posible e e en e común:
"... odo se acili aba eniendo un de e minado modelo a mano, que no es o o que el cis e cien-
se bu galés, e olucionado con apo aciones del siglo XIII". Las semejanzas an más allá de
aspec os deco a i os o o males, ya que se ad ie e un g an pa ecido en e las plan as de los edi-
icios, an o en su esquema uncional como en la geome ía y p opo ciones de sus azas. Todos
es os aspec os pa ecen es a bas an e elacionados en es os edi icios.
Po o o lado, con empo áneo a dichos edi icios, nos ha llegado un buen exponen e documen al
e lejo de es as cues iones. El mismo lo cons i uye el conocido 'Álbum de Villa d', cuade no de
no as de un maes o pica do del siglo XIII4. En su ob a se desc iben, en imb icación con cues-
iones de odo ipo, aspec os de geome ía, esuel os algunos con elemen ales ins umen os del
mundo de los o icios, soluciones cons uc i as pa a di e en es elemen os, e incluso elabo adas
plan as de edi icios eligiosos.
En el olio 14 apa ece un sencillo c oquis o esquema ( ig. 2), donde queda plasmado el sopo -
e geomé ico que de e mina la posición de los elemen os de una plan a cis e ciense. Su u ilidad
adica en que en él quedan ligados los aspec os de ep esen ación g á ica y con ol geomé ico,
con los eque imien os de un p og ama y la ecu encia a una ipología o modelo al uso en la
MECANISMOS DE PROYECTO MEDIEVALES.
EL CASO CORDOBÉS A PARTIR DE SUS PARROQUIAS
Se ealiza un ace camien o a la plan a de algunas iglesias pa oquiales de Có doba, comenzadas a cons ui a inales del siglo
XIII. Po sus semejanzas, es posible supone c i e ios de diseño comunes pa a la gene ación de su aza. Los plan eamien os
ienen en cuen a el modus ope andi medie al, del que es buen ejemplo el 'Álbum de Villa d', p es ándose especial a ención a
uno de sus dibujos, el c oquis de una plan a cis e ciense. Los esul ados apun an el uso de un sencillo modelo que pe mi i á
gene a la plan a de odo un conjun o de edi icios, los cuales es uc u a ían el ejido u bano de la ciudad bajomedie al.
An onio J. Ga cía O ega
4
época. El boce o, po su ca ác e esquemá ico, lle a in ínsecas una since idad y abs acción
más e elado as que la de los dibujos e minados de plan a, ya de inidos en odos sus elemen-
os. En el c oquis se de ec an con mayo acilidad las in enciones, mecanismos y conocimien-
os de su p oyec is a.
El modus ope andi an o en la a qui ec u a de la época, como en el con ex o de los o icios de la
cons ucción, o ecía ca ac e ís icas comunes, pese a las posibles peculia idades geog á icas o
locales. Po ello, los conocimien os del o icio plasmados po el maes o pica do en su Cuade no,
pueden supone se ce canos a los usados po los cons uc o es de las pa oquias co dobesas.
El análisis del c oquis de la iglesia cis e ciense nos puede apo a indicios sob e el p oceso de
diseño y azado de la plan a en el con ex o c is iano occiden al. Se ex aen, me ced a lo expues-
o, cla es álidas de ace camien o a las plan as de las pa oquias co dobesas, pese a que és as son
edi icios de un ca ác e más modes o, y con una ipología más elemen al. La in es igación de la
posible aza inspi ado a de las mismas, a la luz de es e c oquis de Villa d, cons i uye el obje i-
o de es e es udio, que conside amos no sólo p oceden e sino ambién posiblemen e e elado 5.
EL MODELO PARROQUIAL CORDOBÉS BAJOMEDIEVAL
La ocupación cas ellana de Có doba no supuso la inmedia a e ección de los emplos.
Inicialmen e se habili an y adap an pa a las celeb aciones las mezqui as islámicas, y sólo con el
iempo se edi ica ían las pa oquias.
Indi idualmen e, los edi icios juga ían un papel nuclea den o de cada uno de los ba ios o
collaciones en las que se di idió la ciudad, a las que incluso dan nomb e. Pe o a ni el colec i-
o su ascendencia es más signi ica i a y du ade a, ya que con o ma on la imagen u bana de
la ciudad y, en de ini i a, su es uc u ación in e na.
Es os aspec os son impo an es pa a un buen en endendimien o del casco his ó ico del ac ual
asen amien o co dobés. De él es un buen e lejo el dibujo del siglo XVII que nos ha llegado,
pos e io a la época es udiada pe o iel imagen de una u be medie al escasamen e ans o ma-
da, sal o ope aciones pun uales6 ( ig. 1).
ANTONIO J. GARCÍA ORTEGA
2
Fig. 1. Plano de Có doba. Colección Vázquez de Venegas
ol. 260. 1-2. Biblio eca Comisión de monumen os (A chi o
de la Ca ed al de Có doba).
Fig. 2. Folio 14 ( agmen o). Cuade no de Villa d.
MECANISMOS DE PROYECTO MEDIEVALES. EL CASO CORDOBÉS A PARTIR DE SUS PARROQUIAS 5
5. El es udio aislado de la plan a es á jus i icado en nues o
caso, dada la mane a de p ocede pa a su aza en la época
gó ica. Se concebía independien emen e de los alzados,
olume ía, e c., que cons i uían un es adio pos e io en el
diseño y ealización del edi icio. Es o llega a p oduci si ua-
ciones como la acaecida en la cons ucción de la ca ed al de
Milán, donde se deba e (año 1391) sob e la sección del edi-
icio, cuando ya es á con o mada su plan a, ema sob e el
que han abundado nume osos au o es, y e lejado en los
anales de la ca ed al, publicados en Annalli della ab ica del
Duomo di Milano dall'o igine ino al p esen e, Milán, 1877-
1885. Sob e el en endimien o au ónomo de la plan a, o el
concep o medie al de la 'ichnog aphia' i u iana, puede
consul a se CABEZAS, L., "Ichnog aphia, la undación de la
a qui ec u a", en la Re is a de Exp esión G á ica A qui ec-
ónica (EGA), 1994, nº 2, pp. 82-94. Po sí misma, la aza
de la plan a podía se incluso obje o de e lexión o deba e,
la 'dispu a io' escolás ica, como se deja en e e en la ano-
ación del olio 15 del p opio manusc i o de Villa d, a ibuí-
da al 'Magis e II', y e e ida al diseño de un p esbi e io. En
es e sen ido se a gumen a en PANOFSKY, E. A qui ec u a
Gó ica y Pensamien o Escolás ico, La Pique a, Mad id,
1986, pp. 75-76.
6. Sob e las escasas ans o maciones de la ciudad islámica
du an e el Renacimien o, éase ARÉVALO, F., La ep esen a-
ción de la ciudad en el Renacimien o. Le an amien o u ba-
no y e i o ial, esis doc o al, Uni e sidad de Se illa, 1999,
p. 114. Respec o al caso co dobés, PUCHOL, M.D.,
U banismo del Renacimien o en la ciudad de Có doba,
Dipu ación P o incial de Có doba, Có doba, 1992.
El ca ác e simpli icado de la ep esen ación u bana nos la hace más ú il, al dibuja se an sólo
lo que se conside a signi ica i o y de ini o io de la ciudad. Se ep esen a la ce ca medie al que
odeaba la ciudad, con sus espec i as pue as, es ando di idida en dos zonas, Villa y Aje quía,
po una línea amu allada in e io . Se plasman los edi icios más impo an es del momen o, p in-
cipalmen e las pa oquias (he encia medie al) y algunos monas e ios, abs ayéndose el ejido
u bano y case ío has a el pun o que no se nos g a ía explíci amen e; cons i ui ía un 'magma' con-
inuo que po su homogeneidad no e a necesa io e leja pa a el en endimien o de la ciudad. Al
apun e se añaden el Alcáza (al su oes e de la ciudad), la Mezqui a (no especialmen e signi i-
cada), el puen e y el ío y, al o o lado de és e, la o aleza de la Calaho a.
El p o agonismo de las pa oquias en el boce o es indiscu ible, u o de su peso en la ca ac e i-
zación y e eb ación de la ciudad. Tenemos no icia de las que se cons i uye on, po un o al de
ca o ce. La mi ad en la Villa o pa e al a de la ciudad: S. Miguel, S. Nicolás de la Villa, S. Juan
de los Caballe os, Omnium Sanc o um, El Sal ado , S o. Domingo de Silos y S a. Ma ía, és a
úl ima adsc i a a la consag ada mezqui a aljama. En la Aje quía o zona baja de la ciudad es u-
ie on el es o: S a. Ma ina, S. Ped o, S. Lo enzo, La Magdalena, San iago, S. And és y S.
Nicolás de la Aje quía.
Algunos edi icios han desapa ecido sin deja apenas as o de su ubicación (El Sal ado y
Omnium Sanc o um), o os han sido ans o mados siendo i econocible, al menos apa-
en emen e, su con o mación medie al (S. Juan de los Caballe os, S o. Domingo de Silos,
Fig. 3. Plan a del es ado ac ual de las iglesias pa oquiales
(dibujo del au o ). No se e lejan las zonas des uidas o
e o madas ni los cue pos añadidos no o iginales.
yS. And és). También, en el caso de S. Nicolás de la Aje quía, la p olongada eu ilización o
adap ación de una mezqui a, impedi ía una implan ación medie al.
En esumen, los emplos que se pueden conside a pa a nues o es udio son sie e ( ig. 3), una
ez desca ados los inexis en es y aquéllos que su ie on e o mas aumá icas. En la Villa sólo
enemos S. Miguel y S. Nicolás, ya que según lo expues o el es udio de los es an es p esen a
di icul ades impo an es. En la Aje quía el núme o es sensiblemen e mayo : S a. Ma ina, S.
Ped o, S. Lo enzo, La Magdalena y San iago.
El momen o del inicio de su cons ucción no se conoce con exac i ud, aunque en su mayo ía
pod ía es a comp endida en una ho quilla empo al ela i amen e es echa, en e el úl imo cua -
o del siglo XIII y el p incipio de la siguien e cen u ia7. Den o de la ela i a a inidad c onoló-
gica del g upo se señala ía S. Nicolás, no iniciado posiblemen e has a en ado el siglo XIV8.
G an pa e de es as nue as iglesias que se cons uye on p esen an las siguien es ca ac e ís icas
comunes: en líneas gene ales, se pod ía deci que son de ca ác e basilical, con es na es sepa-
adas po pila es y a cadas de pied a, cubie as con made a, des acando en anchu a y al u a la
cen al sob e las la e ales. Las cabece as es án cons i uidas po es ábsides abo edados, el cen-
al poligonal casi siemp e, y los la e ales igualmen e poligonales o planos. Los g uesos mu os
pe ime ales, así como los ábsides, suelen p esen a apa ejos de sille ía 'a soga y izón', aunque
no en odos los casos. También, des aca que son es los accesos al emplo, en sendos cos ados
la e ales y en el has ial p incipal, és e úl imo ema ado po un ose ón.
Los edi icios que nos han llegado cons i uyen una a qui ec u a o almen e desconocida en aque-
lla época en las la i udes andalusíes. El gó ico de in luencia cis e ciense9cons i uía, en é mi-
nos ela i os, la angua dia a ís ica y la a qui ec u a cul a en el islamizado con ex o me idional
de la península. No obs an e, en una Cas illa que ya había emp endido muchas de sus ca ed a-
les gó icas, e a e lejo de una ine cia a qui ec ónica del pasado que, aunque des asada, seguía
aún la en e10.
En el sola co dobés es, po an o, inexcusable la impo ación, no sólo de las o mas, sino de los
modelos y ipologías. El e e en e más ce cano lo cons i uía la p oducción a qui ec ónica del
no e peninsula , siendo és a en endible a la luz del con ex o gó ico occiden al11.
EL CROQUIS DE LA IGLESIA CISTERCIENSE
La de ección a pos e io i, sob e un edi icio ya cons uido, de las líneas undamen ales que si -
ie on pa a su diseño (y posiblemen e pa a su eplan eo ambién), es una cues ión di ícil y que
o ece g andes ince idumb es: ¿Cuáles e an las líneas que de inían la posición de los di e en-
es elemen os?; en el caso de los pila es, ¿los ejes o las ca as la e ales?; en el caso de los mu os,
¿eje, ca a in e io , ca a ex e io o incluso a bi a io?; y, ¿en el caso de los con a ue es?; e c.
Se ía muy lógico pensa que, aun habiendo una p ác ica habi ual, no odos los casos a ende ían
a los mismos c i e ios.
La p oblemá ica se simpli ica cuando se dispone del plano o iginal, el que si ió pa a el aza-
do y diseño de una cons ucción. El análisis g á ico del documen o e incluso a eces la p esen-
cia más o menos e iden e de líneas auxilia es, pe mi en en muchos casos conoce con g an
exac i ud el p oceso de gene ación o mal12.
En la plan a de la iglesia cis e ciense se acili a la cues ión, al se un dibujo esquemá ico. En él
apa ecen e lejadas las líneas auxilia es que de e minan la posición de los elemen os, que no son
sino una ama modula de cuad ados como el p opio Villa d mani ies a: "He aquí una iglesia
de plan a cuad ada cuya cons ucción ue p e is a po la o den del Cís e ", hecho además ya
señalado po algunos au o es13.
El con ol a a és del eje de la posición de los pila es es aquí e iden e. Más ince idumb e nos
o ecen el es o de elemen os cons uc i os, y en e ellos los mu os pe ime ales, de inido es de
la sepa ación in e io -ex e io , y po an o condicionados posiblemen e po ambos ámbi os. En
el caso del c oquis los lími es del edi icio es án ma cados po una línea. És a ha sido in e p e a-
da en analogía con el conocido plano de Sain Gall, aunque el mismo es muy an e io en el iem-
po14. Así, po an o, se de iende que el g oso del mu o ha sido abs aído a esa delgada línea.
Pe o cab ía p egun a se: ¿cuál e a la posición del mu o que aquí se esquema iza de al o ma?,
¿la línea dibujada de ine su eje, su ca a in e io o la ex e io ? Si se compa a el esquema con las
ANTONIO J. GARCÍA ORTEGA
7. NIETO, M., Islam y C is ianismo, M.P. y Caja Aho os de
Có doba, Có doba, 1984, pp. 296-297; JORDANO, M.A., op.
ci ., pp. 5-6.
8. JORDANO, M.A., op. ci ., pp. 5 y 129.
9. Sus ca ac e ís icas han sido e e idas po nume osos
au o es, en e ellos, pa a el con ex o andaluz: CHUECA, F.,
op. ci ., pp. 227-232.
10. El a caicismo einan e en el pano ama a qui ec ónico
andalusí del siglo XIII, ha sido señalado con acie o po
JIMÉNEZ, A., "A qui ec u a gadi ana de época al onsí",
A.A.V.V., en Cádiz en el siglo XIII. Ac as de las Jo nadas
Conmemo a i as del VII Cen ena io de la mue e de Al onso
X el Sabio, Cádiz, 1983, p. 147. Y en pa icula , las pa o-
quias co dobesas son adsc i as den o de una " adición
ománica y de un gó ico incipien e" po au o es locales:
JORDANO, M.A. e al., Iglesias de la Reconquis a. I ine a ios
y pues a en alo , Uni e sidad de Có doba-Cajasu ,
Có doba, 1997, p. 29.
11. No hay que ol ida que las o mas mudéja es no ienen
luga en las p ime as e apas a qui ec ónicas as la econ-
quis a, in luidas sob e odo po lo cas ellano. CÓMEZ, R.,
A qui ec u a..., ci ., p. 20. También hay que señala lo exiguo
de la población mudéja , insu icien e de po sí pa a jus i ica
el enómeno mudéja , hecho signi icado po di e en es au o-
es: LADERO, M.A. "Los mudéja es de Cas illa en la Baja
Edad Media" en H.I.D., 1978, nº 5, pp. 257-304; GONZÁLEZ,
M., En o no a los o ígenes de Andalucía: La epoblación del
siglo XIII, Uni e sidad de Se illa, Se illa, 1980; JIMÉNEZ,
A., op. ci ., pp. 136-138.
12. Un es udio que se basa en es as cues iones, aplicado a
la co dobesa o e de S. Lo enzo, puede encon a se en
RUIZ DE LA ROSA, J.A., "Gi alda-Ca ed al gó ica", A.A.V.V.,
en Cua o edi icios se illanos, me odologías pa a su análi-
sis, C.O.A.A. Oc., Se illa, 1996, pp. 57-59.
13. VON SIMSON, O., La ca ed al gó ica. Los o ígenes de la
a qui ec u a gó ica y el concep o medie al de o den, Alianza,
Mad id, 1985, p. 251; BUCHER, F., op. ci ., p. 94; BECH-
MANN, R., op. ci ., p. 108; RUIZ DE LA ROSA, J.A., T aza...,
ci ., p. 240.
14. BUCHER, F., op. ci ., p. 94; BECHMANN, R., op. ci ., p. 107.
6
MECANISMOS DE PROYECTO MEDIEVALES. EL CASO CORDOBÉS A PARTIR DE SUS PARROQUIAS
15. El ca ác e p e e en emen e mé ico y modula de la
a qui ec u a monacal y cis e ciense se puede encon a
abo dado en RUIZ DE LA ROSA, J.A., T aza..., ci ., cap. 4,
pp. 193-259.
plan as que apa ecen en los olios 14 , 15 y 17, se de ec a que el paso del p ime o a las úl imas
consis e esencialmen e en la adición del mu o de ce amien o pe ime al. Dicha adición se p o-
duce conside ando la línea del c oquis como la ca a in e io del mu o.
Solamen e és a opción man iene la geome ía cuad ada del amo con iguo de la na e la e al,
hecho no sólo de ascendencia o mal sino ambién écnica y cons uc i a, ya que acili a la ea-
lización ma e ial de la bó eda del amo con iguo. También así se deja en su posición a la pilas-
a adosada, sin abso be la en el mu o o desplaza la (es o p o oca ía desalineaciones con las
líneas de pila es). Igualmen e es e en endimien o es cohe en e con el compo amien o mecáni-
co del con a ue e, que iene ca ác e esis en e desde el con ac o con el esponsión, pun o de
en ega de las ne a u as.
En esumen, se pa e de una in e p e ación del c oquis que nos habla de una ama modula 15.
El módulo base lo cons i uyen cuad ados, de los que se oman dos en el caso de la anchu a del
espacio cen al de la na e y c uce o. El hecho de que en los amos de los pies de las na es no
apa ezcan los necesa ios con a ue es de achada induce, además, a pensa que es amos an e
una ama con un c ecimien o longi udinal, adap able a cada caso. Pa ece que no exis i ía un
especial in e és po consegui ninguna p opo ción p ede e minada en e longi ud/anchu a del
edi icio, o al menos no es la p io idad de las ano aciones del c oquis.
Po lo expues o, pa ece azonable pensa que la ama de cuad ados con ola la posición de los
ejes de los pila es exen os y esponsiones, así como la ca a in e io del mu o con enedo del edi-
icio. Se p e ende ía modula , diseña y con ola el espacio in e io , dejando pa a un momen o
pos e io la asignación de g oso es al mu o pe ime al, siemp e espe ando las p opo ciones
in e nas ya ob enidas. Basándose en es os c i e ios, se a a ealiza un ace camien o a los em-
plos co dobeses.
EL TRABAJO DE CAMPO Y TRATAMIENTO DE DATOS
La plan a de las pa oquias deno a, en algunas de ellas, impo an es de o maciones y anomalí-
as. Ello di icul a su lec u a e in e p e ación, en de ini i a el análisis o mal y mé ico. No obs-
an e, pudie a en ende se una es uc u a e icula pa a la o ganización gene al. Las dis o siones
no llegan a impedi la de ección de las o denaciones de los elemen os, pila es, esponsiones y
mu os, den o de unos má genes.
El ace camien o a la aza de los emplos a a hace se eniendo en cuen a el modus ope andi de
la época y, en pa icula pa a nues o caso, los indicios ex aídos del apun e de Villa d. Se ea-
liza medición de las dis ancias en e los ejes de los pila es, así como en e és os y la ca a in e-
io del mu o pe ime al. El mismo iene, en el caso del has ial p incipal, los esponsiones
adosados que eciben las a cadas, a iculación análoga a la de Villa d, aunque és e la p esen a
7
Fig. 4. Esquema de la oma de da os y alo es medios ob e-
nidos.
en el mu o la e al. Po ello, ambién se á obje o de medida la dis ancia en e la ca a in e io de
la achada p incipal y el eje del úl imo pila .
En cambio, los encuen os en e el cue po de na es y la cabece a o ecen impo an es in e o-
gan es, en cuan o a los c i e ios bajo los que se p oduce. Además, pese a los pa ecidos de las
cabece as de los edi icios, és as adop an di e sas disposiciones. Po es as azones, la aplicación
inmedia a de los indicios ob enidos de Villa d no pa ece p uden e, esul ando insu icien e.
El es udio se ha cen ado en la modulación del cue po de na es de las iglesias. Pa a ello, se han
omado las siguien es dimensiones: ancho de na e cen al, ancho de na es la e ales y p o undi-
dad de los amos.
Den o de un mismo edi icio, se de ec an alo es disco dan es (algunos en endibles desde la
con o mación de la plan a), pe o en gene al son ce canos en e sí. Es o a ala la p ocedencia de
la ex acción de la media (x), pa a cada uno de los ipos de medidas ealizadas ( ig. 4). En ellas,
no se dis ingue en e la zona del e angelio y de la epís ola, al p esupone se una in encionalidad
de ealiza el edi icio simé ico, al ma gen de lo que haya sido el esul ado cons uido.
Con el in de acili a su compa ación, las medias ob enidas pa a cada iglesia (xi), se ep esen-
a án g á icamen e en una escala lineal ( ig. 5). El sencillo ecu so pe mi e e idencia subag u-
paciones en e los mismos, quedando an sólo La Magdalena cla amen e desma cada en odos
los casos, po lo que no se edunda á en ello en el balance siguien e:
- Ancho de la na e la e al: En el in e alo de 13 cm enemos: S a. Ma ina, S. Ped o, San iago,
S. Miguel y S. Nicolás, desma cándose de la ag upación S. Lo enzo, bas an e meno .
ANTONIO J. GARCÍA ORTEGA
8
Fig. 5. Rep esen ación g á ica de las medidas ob enidas
pa a cada g upo de medias omadas ( abuladas en ig. 4).
MECANISMOS DE PROYECTO MEDIEVALES. EL CASO CORDOBÉS A PARTIR DE SUS PARROQUIAS
16. Con la P agmá ica de Felipe II, despachada en El Esco ial
el 24 de junio de 1568, se es ablece que se en ienda po
' a a cas ellana', la de la ciudad de Bu gos, pa a usa la en
odos los einos. C . GARCÍA, S., La legua náu ica en la
Edad Media, C.S.I.C., Mad id, 1951, p. 68.
17. Su alo es dado po nume osos au o es, ci ándose a
modo de ejemplo: NUERE, E., La ca pin e ía de a ma espa-
ñola, Minis e io de Cul u a, Mad id, pp. 237-238; SANCHO
DE SOPRANIS, F., "Las medidas cas ellanas en las eglas de
azado", en Re is a Nacional de A qui ec u a, 1946, nº 49-
50, p.16; PANIAGUA, J.R., Vocabula io básico de a qui ec-
u a, Cá ed a, Mad id, 1990, p. 327. No obs an e, la de e -
minación más exac a que se ha conseguido localiza
(83,5905 cm) es o ecida en VALLVÉ, J., "No as de me olo-
gía hispano-á abe. El codo en la España musulmana", en Al-
Andalus, 1976, nº 41, p. 350.
18. A í ulo de ejemplo se pueden e i ica las disc epancias
en GARCÍA, S., op. ci .; VALLVÉ, J., op. ci .; MERINO, J.M.,
"Me ología y Sime ía en las Ca ed ales de Cas illa y León",
A.A.V.V., en Medie alismo y Neomedie alismo en la a qui-
ec u a española: Las Ca ed ales de Cas illa y León I. Ac as
de los Cong esos de 1992 y 1993, Á ila, 1994, pp. 9-52.
19. En la cons ucción de un edi icio medie al se usaba un
pa ón de medida, especí ico de la ob a, y que se podía ma -
ca en una egla o ' i ga'. Sob e es a mane a de p ocede se
puede consul a BECHMANN, R., op. ci ., pp. 53, 64 y 70.
20. La elación en e ambos campos epis emológicos ob ia-
men e exis ía, aunque "la geome ía aplicada del albañil
co ien e quedaba en un plano mucho más humilde, pe o
e a, a pesa de ello, la e sión del mismo idioma que usaban
los in elec uales", c . KOSTOF, S., (coo d.), El A qui ec o.
His o ia de una P o esión, Cá ed a, Mad id, 1984, p. 83.
- Ancho de la na e cen al: En un in e alo de 32 cm se encuen an S. Lo enzo, S. Nicolás, S.
Miguel y S a. Ma ina, o mando un p ime subg upo. Cons i uyen ambién o o, S. Ped o y
San iago, con a iación de 5 cm en e sí.
- P o undidad del amo: Se dis inguen po un lado S. Lo enzo y S. Ped o, dis anciados en 3 cm
an sólo. Po el o o, S. Nicolás, S a. Ma ina, S. Miguel y San iago, con una di e encia de 9 cm
en e el meno y el mayo .
Obsé ese que, den o de cada uno de los 'paque es' es ablecidos, las di e encias absolu as es a-
ían den o de las ole ancias cons uc i as admisibles. Igual ocu e con los alo es a ojados
po las a iables es adís icas, aplicadas aho a a cada subg upo (des iación ípica 'σ' y des ia-
ción media 'DMx').
También pa a cada ag upación, la p oximidad en e las a iables de media y mediana, e lejan
lo equilib ado de las des iaciones, en cuan ías pa ecidas an o po exceso como po de ec o.
Es o pe mi e que se conside en ep esen a i as de cada subg upo, dado que odos y cada uno
de los elemen os del mismo p esen an pequeñas di e encias con ellas, an o en alo absolu o
como ela i o.
EL ANÁLISIS
De salida, la adecuada in e p e ación de las medidas o ece se ias ince idumb es, ya que inci-
den ac o es múl iples. Aun admi iendo una gene ación modula simila al c oquis de Villa d, el
desconocimien o inicial de la unidad me ológica u ilizada y el uso que se hacía de la misma,
in oducen en el p oblema a iables de di ícil e aluación.
Pe o los pa áme os de uno de los subg upos, e e idos a la anchu a de la na e cen al, p e-
sen an mani ies a analogía con la conocida a a bu galesa (después gene alizada como a a
cas ellana)16. Es e hecho se nos e ela especialmen e in e esan e, y el hecho que la unidad de
medida que subyace sea la a a de Bu gos acili a la cues ión, ya que de ella se iene ce eza
de su alo : 83,59 cm17, exis iendo con adicciones en los au o es sob e la cuan i icación de
o as unidades18.
Los alo es de 839 y 838 cm (media y mediana especi amen e de los da os ob enidos) es án muy
p óximos al de 836 cm, que es diez eces la a a bu galesa, inquie an e coincidencia que nos pe -
mi e ap oxima nos al es o de da os, una ez supues a una unidad me ológica. No obs an e, lle-
gados a es e pun o, los indicios no o ecen oda ía un camino segu o. El uso de la unidad de
medida no end ía po qué se li e al, ya que es ecuen e en la época el uso de submúl iplos o múl-
iplos de la misma, gene ando así un pa ón pa a usa en cada ob a en conc e o19.
Ala ho a de es ablece hipó esis sob e la mane a de p ocede de los a esanos medie ales, hay
que ene en cuen a el humilde ni el de conocimien os que es azonable a ibui les, muy lejos
de los que manejaban la in elec ualidad de la época20. Po ello, los plan eamien os pa ecen an o
más iables, cuan o menos so is icadas sean sus bases.
An e el amplio abanico posible que da ía luga la manipulación de la unidad me ológica de ec-
ada, se op a po pa i de la opción más udimen a ia, que esul a se sa is ac o ia. La sencilla
ag upación adi i a de la a a pa a los diez p ime os núme os na u ales, gene a una abla a los
que se ace can ambién o os alo es que se han ob enido ( ig. 6).
En es a abla exis en amplios in e alos en e dos alo es consecu i os (83 u 84 cm, debido al
edondeo). Es o aca ea una igidez impo an e a la ho a del encaje en la misma de las medi-
ciones ealizadas. Así, una medida en conc e o es ní idamen e asignable a alguno de los alo-
es, o cla amen e a ninguno. Si cabe, és e úl imo ex emo cob a una impo ancia de e minan e,
ya que pe mi e de ec a alo es que no son desci ables desde la hipó esis omada o que sim-
plemen e son anómalos. La in lexibilidad de dicha hipó esis, disminuye la a bi a iedad y apo -
a ga an ías al mé odo, pe mi iéndose una au oin alidación del mismo si hubie a una mayo ía
de medidas que no ue an encuad ables.
La anchu a de las na es la e ales (media de 499 cm y mediana de 502 cm) y la p o undidad del
amo (666 cm de media y mediana) de un g upo de iglesias, se adecuan a la elemen al escala
9
Fig. 6. Múl iplos en e os de la a a de Bu gos (83,59 cm),
exp esados en cm y con edondeo al alo en e o.
de múl iplos de la unidad de medida. Los alo es eó icos que le co esponden son espec i a-
men e 502 cm (6 x 83,59 cm) y 669 cm (8 x 83,59 cm), p ác icamen e coinciden es. Resul a se
cla i icado a la compa ación en e és os y los alo es es adís icos ep esen a i os de cada uno
de los subg upos o mados ( ig. 7), clasi icados según los es ipos de mediciones ealizadas
(ancho na e cen al, ancho na es la e ales y p o undidad del amo).
Un g an núme o de las medidas omadas son desci ables, admi iendo que pequeñas disc e-
pancias pueden se achacables al ine i able e o de eplan eo o cons uc i o. También quizás
debido al uso de la unidad de medida ya que, po ejemplo, un e o de 1 cm en la misma, gene-
a más des iación espec o al alo eó ico de e e encia que la que se ha ob enido en algunos
casos.
Pe o sigue habiendo bas an es alo es medios que no son encuad ables, con di ícil explicación:
odos los pa áme os, en el caso de La Magdalena; el ancho medio asignable a las na es la e a-
les de S. Lo enzo (436 cm); la anchu a de las na es cen ales de S. Ped o y San iago (898 cm
de media y mediana); y la p o undidad del amo (706 cm de media y mediana) de un g upo de
iglesias (S. Miguel, S. Nicolás, S a. Ma ina y San iago).
Pa a es e úl imo caso exis e una explicación, menos inmedia a pe o no a i iciosa. La p o undi-
dad del amo de 706 cm, se ace ca al esul ado de mul iplica uno de los alo es de la escala
p opues a po el inconmensu able ' aíz de dos' (√2 x 6 x 83,59 = 709). La in e polación de es e
alo en la abla, sigue oda ía pe mi iendo in e alos su icien emen e amplios, po lo que la
misma sigue siendo aplicable. En el caso de las iglesias, cuyo alo del ancho de la na e la e-
al se adap a a 6 x 83,59 cm, pod íamos es a an e el conocido 'diagón', ec ángulo de ácil cons-
ucción geomé ica21.
La in oducción del ci ado alo i acional, cons i uye un mecanismo algo más elabo ado que el
simple manejo de núme os en e os, pe o no es in ecuen e en la época. Su ob ención g á ica o
numé ica (ap oximada) no e is e especiales di icul ades, exis iendo cons ancia de su gene a-
ción de ambas o mas en el con ex o de los o icios bajomedie ales22.
En de ini i a, sal o es a manipulación, pa a la gene ación de la aza de las iglesias es amos an e
una ama modula , en la que se abaja con múl iplos sencillos de la a a bu galesa (83,59 cm).
En su uso subyacen los núme os 6, 8, y 10, alo es duplos de 3, 4 y 5, que cons i uyen a su ez
un conocido iángulo ec ángulo23, igu a de ácil gene ación y que pe mi e además eplan ea
in si u el ángulo ec o.
Consecuencia de odo es o, pa a el ancho o al del cue po de na es, end íamos como e e en e
eó ico el alo de 1839 cm [(6+10+6) x 83,59 cm]. La longi ud a ia ía según el núme o de
a cadas y el ecu so u ilizado pa a gene a la p o undidad del amo (8 x 83,59 ó 6√2 x 83,59).
LA VALORACIÓN INDIVIDUAL Y COLECTIVA
Las anomalías de algunas plan as, pueden impedi que la conco dancia con la in e p e ación
p opues a no siemp e sea plena. Sin emba go la isión global de los edi icios pe mi e ap ecia
que hay una unidad y ca ac e ís icas de g upo, comunes a casi odas ellas (queda al ma gen La
Magdalena), a pesa de las peculia idades de cada una.
Hay muchos pa áme os que, se puede conside a , ienen explicación acional y sencilla, aun-
que algunos han esul ado disc epan es con el e e en e p opues o ( ig. 8). T es emplos, S.
Miguel, S. Nicolás y S a. Ma ina, p esen an una adecuación acep able de odos sus pa áme os,
ep esen ados po los alo es de media y mediana ob enidos pa a cada 'ba e ía' de medidas (las
de na e cen al, na es la e ales y p o undidad del amo).
La iglesia de S. Ped o p esen a un ancho o al (media 1886 cm) mayo de lo eó ico (1839 cm).
Una posible lec u a se ía a ibui lo al inc emen o de la na e cen al, ya que el alo medio de
las na es la e ales (495 cm) se ace ca al e e en e (502 cm). Po lo demás, exis e una sa is ac-
o ia adecuación en la p o undidad del amo.
En S. Lo enzo sólo se de ec a como cla amen e ano mal un pa áme o, el ancho de las na es
la e ales, con un alo meno . El hecho iene un exp esi o e lejo en la plan a, lo que nos a o-
ja cie a luz. Se obse a una azonable con inuidad del ábside y na e cen ales, en con apo-
sición con la disco dancia en el caso de las na es con iguas. El ancho o al de la cabece a
(1846 cm ––no apo ada en la abla––) se ace ca al alo eó ico de 1839 cm. Po an o, se
ANTONIO J. GARCÍA ORTEGA
21. El ec ángulo de p opo ción aíz de dos es usado en el
mundo medie al, como se apun a en nume osos au o es,
en e ellos KIMPEL, D. e al., Talle es de A qui ec u a en la
Edad Media, M. Molei o, Ba celona, 1995, pp. 360-361;
CONANT, K.J., "The A e -li e o Vi u ios in he Middle Ages"
en Jou nal o he Socie y o A chi ec u al His o ians
(J.S.A.H.), 1968, ol. XXVII, nº 1, pp. 33-38. Ya se mencio-
na en la ob a de VITRUVIO, Los diez lib os de A qui ec u a,
Ibe ia, Ba celona, 1997, L VI, C III, ( ad. Blánquez, p. 147).
Exis e incluso la posibilidad de que Villa d es u ie a in o -
mado de la ob a del a qui ec o omano, al y como se sos-
iene en ERLANDE-BRANDENBURG, A. e al., op. ci ., pp.
32-33 y 46.
22. Pa a su ob ención numé ica e a ecuen e la ap oxima-
ción que o ecía la elación 7/5, plasmada explíci amen e en
a ados a dogó icos como el de Lo enz Lechle . El uso g á-
ico de la aíz de dos es á p esen e en el p opio cuade no de
Villa d, que en el olio 20 de e mina la p opo ción en e el
deambula o io y el ja dín de un claus o con dos cuad ados
en dicha p opo ción. C . RUIZ DE LA ROSA, J.A., "El mé o-
do de la cuad a u a. Ap eciaciones geomé icas sob e el
gó ico", en Pe i e ia, 1987, nº 7, pp. 62-69. La gene ación
g á ica es sencilla, al es a implíci a en la diagonal del cua-
d ado, con e e encia al alo del lado. C . KIMPEL, D. e al,
op. ci ., p. 361. El manejo de magni udes no en e as esul-
aba incómodo, limi ándo el uso de los sis emas me ológi-
cos; po an o el ecu so a los p ocedimien os g á icos no es
a o. C BECHMANN, R., op. ci ., pp. 38 y 53.
23. Su uso ya es e e ido en VITRUVIO, op. ci ., p. 225.
Sob e la in luencia del au o omano en el medie o, puede
consul a se CONANT, K.J., op. ci ., pp. 33-38.
10
MECANISMOS DE PROYECTO MEDIEVALES. EL CASO CORDOBÉS A PARTIR DE SUS PARROQUIAS
24. C . HERNÁNDEZ, F., El almina de Abd al-Rahman III en
la Mezqui a Mayo de Có doba. Génesis y epe cusiones,
Pa ona o de la Alhamb a, G anada, 1975, pp. 181-190.
25. De la u ilidad y la p e e encia, en el mundo de los o icios,
po los núme os en e os bajos, puede se un buen ejemplo
el es udio RUIZ DE LA ROSA, J.A., "Documen os e hipó esis
pa a la A qui ec u a Islámica. Es udio de un diseño naza í.
(Segunda pa e)", en EGA, 1999, nº 5, pp. 13-17. También
sob e el ema RUIZ DE LA ROSA, J.A., "Diseño de pináculos
de la Ca ed al de Se illa. La jus a medida", en Pe i e ia, 1991,
nº 10, p. 137.
26. RUIZ DE LA ROSA, J.A., "Geome ía ab o um o la an í-
esis de las eo ías so is icadas", en Bole ín Académico
E.T.S.A da Co uña, 1987, nº 7, p. 53.
27. La cons ucción del iángulo ec ángulo a pa i de es
eglas, unidas po los ex emos, es á p esen e en VITRU-
VIO, op. ci ., L IX, ( ad. Blánquez, p. 225).
decan a ía como anómalo, que no inexplicable, el ancho o al del cue po de na es (media 1695
cm), impu able al 'es angulamien o' de las na es la e ales.
Pa a el emplo de San iago, las di e encias son impo an es en algunos g upos de alo es,
como son las anchu as de cada una de las na es, aunque la media del conjun o de las la e a-
les sí se adecuan. Pe o las anomalías ienen una jus i icación e iden e ya de ec able en la p o-
pia plan a y que no le e minan apa ando del g upo: el edi icio in eg ó el almina de la
an igua mezqui a, de la que eap o echó el sola 24. Es o es posible que obliga a a la manipu-
lación del edi icio en anchu a; en cambio es o no se p odujo en la o a di ección, la p o un-
didad del amo, que se ace ca a 6√2 x 83,59. Además, exis e una g an coincidencia del ancho
o al del emplo en los pies (1853 cm ––no apo ada en la abla––) con el alo eó ico de e e-
encia (1839 cm).
Únicamen e la plan a de La Magdalena se nos e ela como o almen e inexplicable a la luz de
las cla es de pa ida, apa ándose cla amen e del g upo en odos sus pa áme os. Sus dis o sio-
nes angula es son mani ies as, pe o la disc epancia no debie a se achacable exclusi amen e a
ello, ya que se obse a que, además, nos encon amos con una cons ucción más pequeña que
el es o. Se le supone como el edi icio pa oquial más an iguo y algunas de sus soluciones cons-
uc i as di ie en de las usadas en las o as iglesias. Todo es o pe mi e especula que su no coin-
cidencia con el es o es á mo i ada po cues iones que an más allá de un eplan eo de ec uoso
o un sola muy condicionan e.
LAS CONSECUENCIAS
Las plan as pa oquiales es udiadas, dejando al ma gen el caso de La Magdalena, p esen an una
homogeneidad en los mecanismos pa a su gene ación o mal y mé ica, con i mando los indi-
cios que p o enían de su me a obse ación. Su análisis a la luz de un dibujo coe áneo, el c o-
quis de la plan a cis e ciense de Villa d, o ece una lec u a acep able de las azas po las que
pudie on guia se pa a su concepción y ejecución ma e ial. Pese a las pa icula idades de ec a-
das en cada edi icio, se pueden decan a las conside aciones que aquí se exponen.
Exis en cie as analogías, en la mane a p ocede , en e las pa oquias co dobesas y la plan a cis-
e ciense. En ambas se de e minan la posición de los p incipales elemen os me ced a una sen-
cilla e ícula, aunque en el caso co dobés no son cuad ados sino di e en es amos ec angula es.
La malla es suscep ible de c ece en sen ido longi udinal, gene ando el núme o de amos que
se necesi en, como se e po el di e en e amaño de las iglesias. La e ícula puede que de e mi-
na a, en ambos casos, los ejes de los pila es y la ca a in e io del mu o pe ime al, es o úl imo
deducible de la sa is ac o ia explicación que se ob iene pa a las anchu as de na es la e ales, y
la o al del emplo, en muchas de las pa oquias.
Las p opo ciones y dimensiones de los amos se gene an a pa i de elaciones en e núme os
en e os sencillos (múl iplos de 3, 4 y 5), siendo és os además bajos, lo que acili aba su uso y
manipulación25. La elección de es os alo es no pa ece o ui a, sino quizás u o de una in en-
cionalidad p ác ica e ins umen al. Es a ipología posibili a la cons ucción del más elemen al
de los iángulos ec ángulos, siguiendo una inin e umpida adición que se emon a a la cul u-
a egipcia, pasando po Vi u io26. La u ilidad en la ob a es inmedia a, y en pa icula en el
eplan eo in si u de un edi icio: pe mi e gene a dos di ecciones o ogonales, ya sea con la ayuda
de una cue da de doce nudos o es eglas g aduadas a sus espec i os alo es27.
11
7
8
Fig. 7. Compa ación de los alo es es adís icos ep esen a-
i os de cada subg upo, con espec o al eó ico de e e en-
cia. La coincidencia o p oximidad en e ambos se ema ca
en el cuad o.
Fig. 8. Cuad o esumen de la adecuación al modelo p o-
pues o.
SI
SI
SI
SI
SI SI
SI
SI
SI SI
SI
SI
SI
SI
SI
NO
NO NO
NO
NO
NO
NAVES
LATERALES
STA. MARINA
S. LORENZO
S. PEDRO
MAGDALENA
S. MIGUEL
S. NICOLÁS
SANTIAGO
NAVE
CENTRAL PROFUNDIDAD
DE TRAMOS