Rigor religioso versus fervor popular. Toros en Buenos Aires, 1780-1782
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Revista de Estudios Taurinos N.º 31, Sevilla, 2012, págs. 133-151 RIGOR RELIGIOSO VERSUS FERVOR POPULAR TOROS EN BUENOS AIRES, 1780-1782 Adela M. Salas* a tradición taurina porteña tuvo sus comienzos hacia el año 16091y perduró hasta febrero de 18992. Durante ese tiempo gozó de momentos de esplendor y también fue objeto de furiosas críticas que produjeron largos intervalos de prohibición. Estas páginas se refieren a los años 1780-1782, cuando se dio un enfrenamiento entre dos posturas, a favor y en contra, protagonizadas por el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo y el obispo fray Sebastian Malvar y Pinto, respectivamente. Esta discusión llegó a la Corona en un expediente, iniciado por el virrey, para que el Rey tomara partido. El enfrentamiento entre ambos antagonistas fue muy complejo y se dio en distintos ámbitos, tanto que este legajo es uno de los veintitrés que llegaron a Madrid en los que estos dos personajes sostuvieron posiciones encontradas. Las luchas entre las jurisdicciones fueron bastante comunes en otras partes de América3, y los toros fueron una de las L * Universidad del Salvador. Argentina. 1Cossío, 1981: 698. La primera corrida se celebró el día de San Martín de Tours, patrono de la ciudad. 2Íbidem: 704. 3Martini, 2001: 307. La autora trata sobre un litigio en Nueva Granada iniciado en el año 1748 y cita también otro en Santiago de Chile en el año 1732. En Quito, en 1746, se sucedieron una serie de discusiones Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 133
Adela M. Salas 134 «cuestiones»4presentes en estos conflictos, que así nos permiten conocer los debates ideológicos del Setecientos. Estas páginas tienen como objetivo profundizar en este caso particular, conocer el contexto y el conflicto entre el obispo y el virrey acerca de las corridas de toros en la ciudad de Buenos Aires y analizar el argumento anti-taurino del obispo. LOS PROTAGONISTAS: EL VIRREY YEL OBISPO Juan José Vértiz y Salcedo fue gobernador interino por la real orden del 6 de julio de 1769, desde el 4 de septiembre de 1770. Fue designado gobernador y capitán general por real cédula del 16 de agosto de 1771. Finalmente, fue nombrado virrey, gobernador y capitán general el 27 de octubre de 1777 y puesto en Montevideo el 26 de junio de 1778 en posesión del cargo, que desempeñó hasta la llegada de Nicolás del Campo, marqués de Loreto, en 1784.5Su virreinato se caracterizó sobre todo por modernizar y ordenar la ciudad6, solucionar los problemas con los indios y defender al puerto de los intereses británicos. Las únicas quejas que tuvo el virrey en la Corte fueron –según Torre Revello– las que «escribieron los obispos de la Torre y fray Sebastián Malvar, con quienes sostuvo…, fuertes discusiones sobre las corridas de toros en las que la Iglesia tuvo ingerencia. Véase (Alfonso Mola y Martínez Shaw, 2003: 129). En Córdoba del Tucumán también se dieron enfrentamientos entre ambos poderes. Véase (Martínez de Sánchez, 2011). 4Martínez Shaw, 1995: 69. 5Véase (Torre Revello, 1930); Véase (Academia Nacional de la Historia, 2003: 430 y 438). 6Los tres bandos de buen gobierno de Vértiz tienen en común el dedicarse a los ociosos y malentretenidos, a la limpieza y a la sanidad de la ciudad. Además, limitó los juegos públicos y las fiestas indecentes. Véase (Tau Anzoátegui, 2004: bando 1770: 272 y ss; bando de 1772: 280 y ss y bando de 1774: 284). Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 134
Rigor religioso versus fervor popular. Toros en Buenos Aires, 1780-1782 sobre defensa y jurisdicción del Real Patronato y sobre otros pequeños detalles de carácter gubernativo».7 Fray Sebastián Malvar y Pinto, obispo del Río de la Plata, llegó a Montevideo el 28 de diciembre de 1778.8Seguramente, durante los más de tres meses que le llevó cruzar el Atlántico9, tuvo tiempo para meditar y planificar sus actividades en su nueva función, ignorando los serios dolores de cabeza que le traerían los enfrentamientos con el virrey y con otras autoridades locales. Desde Montevideo comenzó su visita pastoral por su jurisdicción, pasando por Las Piedras, Maldonado, Canelones, Rosario del Colla, Las Víboras, Santo Domingo Soriano, Real de San Carlos, Colonia, Gualeguaychú, Gualeguay, Yapeyú y los demás pueblos de las Misiones10. Se tuvo que detener en San Nicolás de los Arroyos por una grave enfermedad, luego pasó por Arrecifes, Pergamino, Baradero y San Antonio de Areco y llegó, finalmente, a Buenos Aires en octubre de 177911. Durante su obispado recorrió la campaña porteña para conocer el estado de su feligresía. Trató de reorganizar la iglesia y fomentar el cumplimiento de los lineamientos romanos, sobre todo en lo referido a las mujeres, el matrimonio y los preceptos pascuales.12 7 Torre Revello, 1930: 40. 8Fue nombrado el 19 de abril de 1778 por el obispo de Salamanca don Felipe Beltrán. Para conocer la biografía del obispo véase: (Bruno, 1970: 267 y ss). Bruno se detuvo en el análisis del problema de los toros entre el virrey y el obispo. Para su actuación como obispo, véase también: http//www.arzbaires.org.ar/historia.obispos.htm. En dicha página no se hace mención al tema tratado en este trabajo. 9 Partió de la Coruña en 20 de octubre. El viaje duró 69 dias. (Bruno, 1970: 269). 10 Íbidem: 269. 11 Íbidem: 271. 12 El obispo escribió con fecha de 11 de diciembre de 1780 cuatro cartas al rey (AGI, Buenos Aires, 606). Una sobre la situación social de Buenos 135 Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 135
Cuando llegó a Buenos Aires compuso la relación entre el virrey y los cabildos y logró que Vértiz asistiera a los oficios en la Catedral13. Sin embargo, la armonía no duró mucho. Finalmente, el enfrentamiento con el virrey14 y con otras autoridades locales15 llevó al obispo a pedir su traslado el 27 de junio Adela M. Salas 136 Aires en la que describió a las mujeres de vida libertina y la nueva residencia para esas mujeres; la segunda sobre los problemas de la población de la campaña porteña donde los pobres no podían fijar domicilio ya que los dueños de las tierras eran «menos de cincuenta o cien vecinos», por lo que promovió la creación de dos curatos –Gualeguay y Rincón de San Pedro– como política para lograr poblar la región; en la tercera carta comentó la situación de la otra banda según pudo comprobar en su visita y pidió permiso para crear capillas en Pando Pintado, Tala, Santa Lucía, Arroyo de la Virgen, Arroyo de San José, Carreta Quemada y Los Migueletes; y en la cuarta comentó su visita por la campaña porteña donde los feligreses no cumplían los preceptos pascuales por la flexibilidad de los párrocos o por la pereza y negligencia de las gentes ya que éstas vivían dispersas por el campo en sus chacras sin ir a la iglesia en todo el año a recibir instrucción alguna. Ypor eso mandó a los párrocos que enviaran la lista de las personas que cumplían desde el día de Ceniza hasta la octava de Corpus, a fin de remitir la lista al virrey para que diera orden a los alcaldes a fin de penarlos «por algún tiempo a las obras públicas de iglesias y caminos» Es en esta carta donde manifestó sus problemas con el virrey, quien «le negó el Real Auxilio para arrestar un Eclesiástico y que sobre esto tiene recurso pendiente ante V. M» ( AGI, Buenos Aires, 606. fs. 1,1v y 2). 13 Bruno, 1970: 272. 14 Íbidem: 283 y ss. El rey puso límites al obispo en la “Carta del rey al virrey”, (San Ildefonso, 29 de octubre de 1782, en AGN, Biblioteca Nacional, 185, f. 3v y 4): «Que su conducta se ha hecho muy reparable y digna de severa represión y que si en lo sucesivo no se contiene dentro de los límites de su ministerio y procura con su ejemplo y providencia exhortar a sus diocesanos el mayor respeto y veneración a su Real Persona y a la vuestra que la representa, se procederá a tomar con él, aquellas providencias que sean correspondientes para contenerlo». 15 Con el cura de la Concepción, (Íbidem: 283), y con los cabildos (Íbidem: 305 y ss). Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 136
Rigor religioso versus fervor popular. Toros en Buenos Aires, 1780-1782 137 de 178316, y el rey decidió enviarlo, en 1784, al arzobispado de Santiago de Compostela17. Después de su obispado, no fue «empresa fácil la de dotar de un diocesano a Buenos Aires», hasta que la elección recayó en la persona de don Manuel Azamor y Ramírez. ELCONFLICTO Las corridas de toros en Buenos Aires se hacían generalmente en ocasiones como la fiesta de San Martín de Tours, patrono de la ciudad, las proclamaciones reales o la llegada de algún gobernante.19 Amedida que avanzaba el siglo se hicieron también con fines económico-utilitarios.20 Daisy Rípodas Ardanaz describe con acertadas pinceladas las características del toreo porteño: «De rancia prosapia, fueron durante los Austrias ejercicio propio de jinetes del grupo distinguido y, a partir del advenimiento de los Borbones, más corrientemente, de plebeyos toreros a pie y, aún a comienzos del Virreinato, practicado por gentes de campo que, al margen de la ortodoxia, enlazaban, maniataban y desjarretaban los toros con destreza de gauchos y asombro de los peninsulares. Al toreo tradicional se sumaban, a veces, en la 16 Íbidem: 315. Partió de Buenos Aires el 6 de febrero de 1784 hacia Montevideo y de allí a Cádiz. Murió en Santiago de Compostela el 25 de septiembre de 1785. 17 Íbidem: 318. 18 Rípodas, 1982: 45. 19 Véase (Cossío, 1981: 698 y ss). y también (Muñoz, 1970),aunque ninguno de estos autores no escribieron nada sobre el conflicto tratado en el presente artículo. Tratan el conflicto: ( Bruno, 1970: 267 y ss) y (Torre, 1943: 144 y ss). Este último autor escribió un trabajo anterior sobre el tema de los toros en Buenos Aires. (Torre Revello, 1933: 469 y ss). 20 (Extremera, 2006: 102) nombra tres motivos para la fiesta de toros en Córdoba, España, en el Setecientos: para celebrar acontecimienRevista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 137
misma función, parodias y mojigangas, con máscaras gigantes, enanos y, sobre todo, dominguillos, o sea muñecos que, derribados por el toro, se volvían a erguir».21 Durante el virreinato de Vértiz, las corridas de toros tendieron «a ser más frecuentes y, consiguientemente, disociarse de las fiestas».22 El flamante prelado, al llegar a Buenos Aires, se encontró que eran arraigada costumbre. El 15 de noviembre del año 178023 se reunió el Cabildo24 porteño en el que el Alcalde de Primer voto presentó un Memorial redactado por los diputados al virrey, según el pedido del día anterior, para correr toros acompañado por «una lista … de las corridas proyectadas por estos de las cuales exponen haberles prevenido el Ilm. Sr. Obispo debían rebajarse diez».25 Adela M. Salas 138 tos políticos, para «conseguir fondos para mejoras públicas de la ciudad» y en ocasión de festejos religiosos. Sobre la concepción utilitarista de la fiesta véase (Auroux, 1995: 22). 21 (Rípodas, 2003: 125) Uno de los toreros más famosos fue Mariano Ceballos, el Indio. Véase (Cossio, 1981: 700 y ss). Para conocer cómo eran las corridas de toros en Córdoba del Tucumán véase: (Martínez de Sánchez, 1999: 1103 y ss) y tambien (Grenon, 1937: 437 y ss). Del toreo a caballo sólo sobrevivió lo que se llama el «tajoneo». 22 (Rípodas, 2003: 126). 23 Ese año en Montevideo se hicieron dos corridas de toros con el fin de pagar el terreno para el hospital. Luego se suspendieron hasta el año 1823. (Bracco, 2006: 206). En esa ciudad existió hasta 1814, en que fue remitida a Buenos Aires, la obra de Antonio Gómez, Variarum resolutionis juris civilis, communis et Regii, (Matriti, 1761, 3 vol.,) cuyo tomo III se titula Ad leges tauri commentarius. (Aten. César A. García Belsunce). 24 Las corridas eran controladas por las autoridades civiles. Véase (Calín y Martínez, 1995: 205 y ss.). 25 Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, (en adelante AECBA) t. VI, Tercera Serie, 1777-1781, Buenos Aires, AGN, 1929, pág. 593. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 138
Rigor religioso versus fervor popular. Toros en Buenos Aires, 1780-1782 139 El Cabildo, entonces afirmó que: «las corridas de toros que por un primitivo establecimiento de esta ciudad anualmente se han hecho en obsequio del regocijo popular después de la Festividad de su Glorioso Patrón Señor San Martín, o que se han repetido, o ampliado con ocasión de algún otro poderoso motivo indistintamente, y por inmemorial costumbre se han celebrado en días de trabajo, de Fiesta, y feriados según se ha creído más acomodado, sin que al Cabildo conste de oposición alguna por los Ilustrísimos Sres. Obispos».26 Para finalizar, el cabildo hizo hincapié en los objetivos utilitarios y asistenciales27: «subvenir a las utilísimas obras públicas de la iluminación de las calles y subsistencia de una casa de Niños Expósitos».28 Esta situación hizo que el virrey enviase una carta al obispo fechada el 23 de diciembre en la que resolvió que: «uniformemente se corran toros en el corto rato de la tarde de todos los días festivos, que subsiguen hasta los de Carnaval, dándose cuenta a S. M. con el correspondiente testimonio y lo aviso a V. M. Ilma para su inteligencia».29 El obispo se apuró a responder y, en vísperas de la Navidad, le escribió al virrey recalcando que al mismo tiempo que se festejaba San Martín, 26 (Íbidem). 27 Ya era común destacar estos fines para las corridas. Cinco años después se escribió la Pragmática Sanción del 9 de noviembre de 1785, en la que “las únicas corridas bien vistas por los monarcas ilustrados eran aquellas cuyo producto tenía un fin público útil o piadoso.” (Extremera, 2006: 106). 28 AECBA: 593. 29 “Carta del virrey al obispo”, Buenos Aires, 23 de diciembre de 1781,f. 2 (AGI, Buenos Aires, 606). Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 139
«se echaba bando para la siega de los panes; por cuyo motivo el Pueblo no apetece los toros en este tiempo, y lo manifiesta actualmente en no querer ajustar el sitio para los tablados, como otros años, a que se agregó el tener sus Padres y parientes ausentes en las fronteras a defensa de los indios: motivo porque están más dispuestos para asistir a una públicas rogaciones que a ver iguales espectáculos mayormente sabiendo que el obispo expresó el que no hallaba causa para dispensar todos los días de fiesta de precepto».30 En esta carta el prelado utilizó el argumento económicoutilitario más que el religioso, y agregó que en España no se corrían toros en días de fiesta. El virrey tampoco tardó en contestar y el día de Navidad escribió: «y con inteligencia de todo, y la costumbre que sin perjuicio de la santificación de los días de fiesta, admite las agitaciones de toros por las tardes en las ciudades de Lisboa, Cádiz, Puerto de Santa María, Barcelona y otras; resolví que en esta se continuase lo que contesta su Ilustre Cabildo en ejercicio de su autoridad y facultades que para el caso me competen. En el día tengo consultada mi resolución a SM como iguales ocurrencias se ha practicado, esperando su real justificación y piedad la aprobará en lo sucesivo».31 El virrey no se molestó en argumentar a favor de las fiestas taurinas, sino que se basó en el Memorial del Cabildo y la tradición española y americana. Adela M. Salas 140 30 “Carta del obispo al virrey”, Buenos Aires, 24 de diciembre de 1781, f. 4, AGI, Buenos Aires, 606. 31 “Carta del virrey al obispo”, Buenos Aires, 25 de diciembre de 1781, f. 5, AGI, Buenos Aires, 606. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 140
Rigor religioso versus fervor popular. Toros en Buenos Aires, 1780-1782 141 ELARGUMENTOANTITAURINO DEL OBISPO Los argumentos antitaurinos del Setecientos respondían a tres tendencias clásicas: la dogmática moral, la sentimental y la económico-utilitarista, «con predominio» de esta última,32 sobre todo aludiendo a «los daños inferidos en la cría de ganado y a la economía agropecuaria, así como la ociosidad fomentada».33 El obispo, en sus cartas, puso especial énfasis en la razones dogmático-morales y las económico-utilitarias y sólo hizo una mención a las sentimentales cuando se refirió a las corridas como sanguinarias. Malbar y Pinto escribió el 15 de enero de 1781 que «hubo la costumbre de correr toros, por tres o cuatro días después de la fiesta de San Martín» y que «sólo duraban hasta el día 8 de diciembre en que cesaban y se echaba bando para la siega de trigos».34 El cambio se introdujo –siguiendo al mitrado– durante la vacante del obispado, cuando comenzaron a realizarse desde «los primeros días de diciembre hasta día de Ceniza», y enfatizó: «Lo peor es que sólo eran los días de fiesta de precepto, como los Domingos, Concepción de la Virgen, Natividad, día de San Esteban, Año Nuevo, Reyes y Purificación».35 En el año de su llegada, logró prohibir toros en las horas de la mañana «por ser indecente, que se estuviesen celebrando Misas en los Templos, y en la Plaza corriendo Toros»36, y para que la gente pudiera asistir a misa concedió «con mucho recelo y escrúpulo», por ser el primer año de su obispado y porque no quería que se dijese de él que era «rígido, 32 (Palacio Atard, 1964: 223). Véase también (Pallarés, 1995: 566-567). 33 (Palacio Atard, pág. 224). 34 “Carta del obispo al rey”, Buenos Aires, 15 de enero de 1781, f. 6, (AGI, Buenos Aires, 606). 35 Íbidem. 36 Íbidem, f. 7 y 7v. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 141
el Consejo de Indias, honrando al entonces arzobispo de Santiago de Compostela.76 Apesar del conflicto y de las ideas antitaurinas, en Buenos Aires, como en la península, «la resistencia popular … fue más fuerte que las medidas de gobierno y la fiesta de los toros sobrevivió».77 PALABRAS FINALES Las fiestas taurinas estaban instaladas en el Buenos Aires del Setecientos y gozaban de amplia aceptación popular. El virrey Juan José de Vértiz y Salcedo continuó la tradición y, según la costumbre de la época, aprovechó el dinero que se recaudaba en ellas para fines asistenciales. El obispo fray Sebastián Malvar y Pinto fue un hombre de su tiempo que aunó en su persona ideas conservadoras e ilustradas. Antitaurino, siguió los conceptos dogmático-morales, considerando pecaminosas las corridas de toros y todo lo que las rodeaba, pero además recogió las ideas ilustradas del Dieciocho, poniendo especial énfasis en el argumento económico-utilitario. El enfrentamiento entre el virrey y el obispo no se limitó a los toros, sino que se dio en diferentes ámbitos en los que ambos se arrogaron prerrogativas. Ambos se desafiaron mutuamente y consideraron su poder por encima del otro. En el caso de los toros, la pulseada la ganó el obispo cuando la Corona prohibió las corridas en días de fiesta, pero las disputas con el virrey y otras autoridades locales hicieron que el monarca fuera perdiendo la confianza en el obispo. En todo caso, las corridas de toros en Buenos Aires, a pesar de los límites impuestos por el rey, siguieron gozando del fervor popular durante cien años más. Adela M. Salas 148 76 Bruno, 1943: 316. 77 Palacio Atard, 1964: 228. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 148
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