Desarrollo positivo adolescente y los activos que lo promueven: Un estudio en centros docentes andaluces
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DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES
EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN. UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES
DESARROLLO positivo adolescente y los activos que lo promueven [Recurso electrónico] : un estudio en centros docentes andaluces / autoría, Alfredo Oliva ... [et al.] ; colaboradoras, Irene Delgado, Raquel Pacheco, Laura Muñoz. -- [Sevilla] : Consejería de Salud, [2011] 1 disco compacto (DVD) ; 13 cm Contiene: 1. El desarrollo positivo adolescente y los activos que lo promueven: un estudio en centros docentes andaluces (Texto electrónico (pdf)149 p.) -- 2. Instrumentos para la evaluación de la salud mental y el desarrollo positivo adolescente y los activos que lo promueven (Texto electrónico (pdf) 291 p.) -- 3. Activos para el desarrollo positivo y la salud mental en la adolescencia (Texto electrónico (pdf) 369 p.) -- 4. Salutogénesis, activos y desarrollo positivo (Video 24 min. 20 seg.) 1. Desarrollo del adolescente 2. Psicología del adolescente 3. Conducta del adolescente I. Oliva Delgado, Alfredo II. Delgado, Irene III. Pacheco, Raquel IV. Muñoz, Laura V. Andalucía. Consejería de Salud WS 462 Edita: Junta de Andalucía. Consejería de Salud Diseño y maquetación: OBEMEDIA S.C. ISBN: 978-84-694-4377-4 Alfredo Oliva Miguel Ángel Pertegal Lucía Antolín Mª Carmen Reina Moisés Ríos Ángel Hernando Águeda Parra Diana Mª Pascual Rosa Mª Estévez Irene Delgado Raquel Pacheco Laura Muñoz EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN. UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES AUTORÍA: COLABORADORAS:
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7 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES PRESENTACIÓN 7 1. INTRODUCCIÓN 13 2. MÉTODO 31 3. RESULTADOS DEL ESTUDIO 45 4. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 87 5. ANEXOS: INSTRUMENTOS DE MEDIDA 103 5.1. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE LA AUTOESTIMA 104 5.2. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE LA AUTOEFICACIA GENERALIZADA 106 5.3. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE LA SATISFACCIÓN VITAL 108 5.4. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DEL OPTIMISMO 110 5.5. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN 112 5.6. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE LA PLANIFICACIÓN Y TOMA DE DECISIONES 114 5.7. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE LA EMPATÍA 116 5.8. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE LA EXPRESIÓN, MANEJO Y RECONOCIMIENTO DE EMOCIONES 118 5.9. ESCALA ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE APEGO A IGUALES 122 5.10. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE HABILIDADES SOCIALES 124 5.11. ESCALA ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE VALORES PARA ADOLESCENTES 126 5.12. ESCALA PARA LA DETECCIÓN DE SEXISMO EN ADOLESCENTES 130 5.13. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DEL ESTILO PARENTAL 134 5.14. ESCALA DE PERCEPCIÓN DEL CLIMA Y DEL FUNCIONAMIENTO DEL CENTRO (ALUMNADO) 138 5.15. ESCALA DE PERCEPCIÓN DEL CLIMA Y DEL FUNCIONAMIENTO DEL CENTRO (PROFESORADO) 142 5.16. ESCALA DE VALORACIÓN DEL BARRIO 146
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9 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES La adolescencia se ha convertido en una de las etapas del ciclo vital que más interés ha llegado a suscitar tanto entre investigadores como entre profesionales de la intervención. Este interés se debe en gran parte a la enorme preocupación social que provocan algunos de los problemas de salud de mayor incidencia en los años que siguen a la pubertad. Pero también hay que tener en cuenta que la adolescencia es una etapa evolutiva de enorme plasticidad en la que chicos y chicas podrán alcanzar un desarrollo saludable y desarrollar todas sus potencialidades siempre que mantengan unas relaciones saludables con su contexto próximo. Cuando disfrutan de esas condiciones favorables los adolescentes y las adolescentes van a florecer como individuos prosociales y responsables. Este documento, supone una continuación y un avance con respecto a trabajos y materiales anteriores realizados en el marco del programa Forma Joven, y es una clara muestra de la apuesta de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía por la promoción de la salud mental de nuestra juventud desde el modelo del desarrollo positivo adolescente. Este modelo, que representa una visión optimista del ser humano, supone una superación del tradicional modelo del déficit y persigue no sólo la prevención de los problemas de salud mental que puedan surgir en esta etapa evolutiva, sino también la promoción de diversas competencias sociales, morales y emocionales. Ello no únicaPRESENTACIÓN
EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 16 Aunque el modelo del desarrollo positivo podría considerarse como opuesto al modelo del déficit, en realidad se trata de modelos complementarios, ya que reducir y prevenir los déficits y problemas de conducta y promover el desarrollo y la competencia son caminos paralelos. La promoción de los recursos y oportunidades para el desarrollo no sólo promueve la competencia sino que, como consecuencia de ello, hace al adolescente más resistente a los factores de riesgo y reduce conductas problemas, tales como el consumo de drogas, las conductas sexuales de riesgo, la conducta antisocial o los trastornos depresivos (Benson et al., 2004). UNA PROPUESTA DE MODELO DE DESARROLLO POSITIVO Una de las primeras tareas a resolver a la hora de construir un modelo de desarrollo adolescente positivo es definir los elementos que constituyen dicho desarrollo, y que, por lo tanto, pueden constituir objetivos a alcanzar por todo programa que pretenda la promoción del desarrollo adolescente. Uno de los primeros modelos propuestos fue el denominado Modelo de las cinco ces: Competencia, Confianza, Conexión, Carácter y Cuidado/Compasión. Elaborado inicialmente por Little (1993), incluía cuatro factores latentes que agrupaban diversas competencias y características psicológicas o conductuales. Algunos autores (Lerner, 2004; Roth y Brooks–Gunn, 2003) añadieron a esta propuesta inicial un quinto factor, con lo que quedó configurado un modelo que captura la esencia de los indicadores de competencias cognitivas, conductuales y sociales que componen el desarrollo adolescente positivo y que ha recibido cierto apoyo empírico (Lerner et al., 2005). También en nuestro contexto han surgido algunas propuestas similares. Así, en trabajos anteriores (Oliva et al, 2008; Oliva et al, 2010) hemos presentado los resultados de un estudio llevado a cabo sobre un grupo de expertos en adolescencia para elaborar un modelo que recogiese las competencias que pueden servir para definir un desarrollo adolescente saludable y positivo. En el estudio se utilizaron dos técnicas de consenso, como son el grupo nominal y la técnica Delphi, para construir el modelo a partir de la opinión de un amplio grupo de profesionales de la psicología, la psiquiatría y la educación, con experiencia en el trabajo con adolescentes. Las competencias específicas propuestas se agruparon en cinco bloques o áreas: emocional, social, cognitiva, moral y de desarrollo personal (ver Figura 1). Este modelo de florecimiento adolescente presenta similitudes, como el número de áreas, pero también diferencias con respecto al Modelo de las cinco ces, ya que en nuestro modelo se detallan más algunas competencias morales, emocionales y cognitivas, y se agrupan de forma diferente. Nuestra
17 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES propuesta representa un punto de partida que sugiere algunas líneas de investigación e intervención de cara a la promoción de la salud y el desarrollo positivo adolescente. FIGURA 1. MODELO DE FLORECIMIENTO O DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE CONSTRUIDO A PARTIR DE LA OPINIÓN DE UN AMPLIO NÚMERO DE EXPERTOS. LOS RECURSOS O ACTIVOS PARA EL DESARROLLO Si el modelo del déficit está centrado en identificar los problemas y desajustes, el modelo del desarrollo positivo adolescente, además de definir las competencias que configuran un desarrollo saludable, lleva asociado el concepto de recursos o activos para el desarrollo (developmental assets). Este concepto fue propuesto por el Search Institute (Scales y Leffert, 1999), y se refiere a los recursos personales, familiares, escolares o comunitarios que proporcionan el apoyo y las experiencias necesarios para la promoción del desarrollo positivo durante la adolescencia. En los modelos centrados en el déficit se habla de factores de riesgo, que son aquellas circunstancias que hacen más probable la aparición de un trastorno o enfermeÁREA SOCIAL (Competencias y habilidades sociales) 1. Asertividad 2. Habilidades relacionales 3. Habilidades para la resolución de conflictos interpersonales 4. Habilidades comunicativas ÁREA MORAL (Competencias morales) 1. Compromiso social 2. Responsabilidad 3. Prosocialidad 4. Justicia 5. Igualdad (género, social..) 6. Respeto a la diversidad ÁREA COGNITIVA (Competencias cognitivas) 1. Capacidad de análisis crítico 2. Capacidad de pensamiento analítico 3. Creatividad 4. Capacidad de planificación y revisión 5. Capacidad para tomar decisiones ÁREA EMOCIONAL (Competencias emocionales) 1. Empatía 2. Reconocimiento y manejo de las emociones de los demás 3. Conocimiento y manejo de las propias emociones 4. Tolerancia a la frustración 5. Optimismo y sentido del humor ÁREA DE DESARROLLO PERSONAL (Competencias personales) 1. Autoestima 2. Autoconcepto 3. Autoeficacia y vinculación 4. Autocontrol 5. Autonomía personal 6. Sentido de pertenencia 7. Iniciativa personal
EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 18 dad, por lo que su ausencia contribuye a mejorar la salud. Sin embargo, la ausencia de un factor de riesgo no tiene porqué llevar a la promoción de la competencia del sujeto. Mayor es la similitud del concepto de activo para el desarrollo con el de factor de protección, ya que ambos pueden aumentar la competencia del sujeto (Luthar, Cicchetti y Becker, 2000), aunque la aportación del Search Institute representa un mayor esfuerzo por sistematizar los recursos promotores del desarrollo adolescente. La propuesta de Scales y Leffert (1999), validada empíricamente en estudios posteriores (Theokas et al., 2005), incluye un total de 40 recursos o activos, 20 de estos recursos son externos y se refieren a características de la familia, la escuela o la comunidad en la que vive el adolescente, como la existencia de apoyos y límites, la seguridad, la presencia de modelos adultos positivos o la influencia positiva del grupo de iguales. Otros 20 recursos son internos, es decir, son características psicológicas o comportamentales del adolescente, como, por ejemplo, una alta autoestima, la responsabilidad personal, las expectativas de futuro o la capacidad para tomar decisiones. Los estudios llevados a cabo por el Search Institute (Scales, Benson, Leffert y Blith, 2000) muestran cómo aquellos adolescentes que gozan de un mayor número de recursos o activos presentan un desarrollo más saludable y positivo. Este desarrollo positivo se pone de manifiesto en algunos indicadores como el éxito escolar, las conductas prosociales, el interés por conocer personas de otras culturas, el cuidado del cuerpo y la salud, la evitación de los riesgos, la demora de las gratificaciones o la superación de adversidad. Cuando estos activos no están presentes será menos probable ese desarrollo positivo y serán más frecuentes los trastornos emocionales y comportamentales. Por lo tanto, de acuerdo con este modelo, algunas características de los contextos de desarrollo en los que participan los adolescentes, tales como el apoyo y afecto en la familia, la disponibilidad de programas o actividades extraescolares en las que poder participar o la presencia de modelos adultos positivos en familia, escuela y comunidad, facilitarán que chicos y chicas puedan resolver de forma satisfactoria las tareas evolutivas propias de la adolescencia, y contribuirán a la promoción de la competencia y el desarrollo positivo adolescente. FAMILIA Y DESARROLLO POSITIVO Durante la adolescencia la familia continúa siendo un contexto de desarrollo fundamental para el bienestar de chicos y chicas que influye notablemente en su desarrollo positivo (Collins, Maccoby, Steinberg, Hetherington, y Bornstein, 2000). De hecho, junto con la escuela y la comunidad es uno de los contextos proveedores de recursos o activos para el desarrollo más importante en este momento evolutivo.
19 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES Dentro de las variables concretas de la dinámica familiar relacionadas con dicho desarrollo positivo cobran especial importancia aspectos como el afecto y la comunicación, la resolución adecuada de los conflictos que de forma prácticamente inevitable se van a producir en el hogar durante la segunda década de la vida de hijas e hijos, el establecimiento de límites y el fomento de la autonomía adolescente. La literatura que analiza la influencia de la calidez y el afecto presente en el hogar sobre el bienestar de hijos e hijas es bastante clara, concluyendo que los chicos y chicas que afirman tener relaciones más cercanas con sus madres y padres, caracterizadas por la cohesión, la comunicación y el afecto entre otras, además de estar más protegidos frente al efecto negativo de los acontecimientos vitales estresantes que experimentarán durante la adolescencia (Oliva, Morago y Parra, 2009), manifiestan indicadores de florecimiento como elevadas competencias personales y morales caracterizadas por ejemplo por mayor autoestima o elevados niveles de prosocialidad, un mayor bienestar emocional y un ajuste más positivo, tanto a nivel interno como externo (Dusek y McIntyre, 2003; Gray y Steinberg 1999; Maccoby y Martín, 1983; Oliva, Parra y Sánchez–Queija, 2002; Oliva, Parra, Sánchez–Queija y López, 2007; Parra y Oliva, 2006; Sánchez–Queija, Oliva y Parra, 2006). Según el Search Institute (Scales y Leffert, 1999), el apoyo en la familia por parte de unos adultos que proporcionan ayuda y cariño, así como la comunicación positiva en la que chicas y chicos hablan en casa de forma fluida son dos de los 20 aspectos que se definen como recursos o activos externos para el desarrollo y cobran especial importancia durante los años de la adolescencia. Relacionado con el afecto y la comunicación en el hogar que acabamos de comentar, uno de los aspectos más estudiados respecto a la influencia del funcionamiento familiar en el desarrollo positivo adolescente es la presencia de conflictos entre progenitores y jóvenes. Los conflictos leves pero frecuentes son característicos de las relaciones familiares durante estos años, especialmente en los primeros momentos (Laursen y Collins, 1994) y parecen cumplir funciones necesarias para el desarrollo de chicos y chicas. Funciones que van desde informar a padres y madres de la creciente madurez del hijo o la hija (Granic, Dishion y Hollenstein, 2003; Holmbeck y Hill, 1991), hasta forzar un reajuste en las relaciones para que sean más simétricas e igualitarias (Collins, Laursen, Mortensen, Luebker, y Ferreira, 1997; Holmbeck y O’Donnell, 1991) o facilitar la mejora de habilidades de resolución de problemas interpersonales (Cooper, Grotevant, y Condom, 1983; Hetherington y Anderson, 1988). Respecto a este último aspecto, la familia sería un contexto privilegiado en el que chicas y chicos podrían mejorar toda una serie de habilidades sociales como la asertividad o las necesarias para resolver conflictos interpersonales de forma óptima, aspectos que, como hemos tenido oportunidad
EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 20 de comentar en otro lugar (Oliva et al., 2008) suponen competencias básicas para el desarrollo positivo adolescente. Ahora bien, parece claro que las discusiones no facilitarán el desarrollo adolescente en cualquier caso, sino que sólo lo harán cuando no sean muy frecuentes y ocurran en un clima familiar positivo de respeto y cariño, en el que tanto madres y padres como adolescentes busquen nuevas formas de relación, y en el que chicos y chicas sigan viendo a su familia como un recurso y una fuente de apoyo. El control y el establecimiento de límites en la familia es otro de los 20 activos externos reconocidos por el Search Institute (Scales y Leffert, 1999). No obstante, es conveniente mantener cierta prudencia sobre este aspecto, ya que la investigación parece apuntar a que la relación que mantiene el control y la supervisión con el desarrollo positivo adolescente es curvilínea, y niveles excesivos de control no implicarían necesariamente más ventajas para chicos y chicas que niveles medios, siendo tan perjudicial el excesivo control como su ausencia (Baumrind, 1991). En cualquier caso, son muchos los trabajos que analizan las diferentes variables que están detrás del control, entendiendo que no es un constructo unitario, sino un conjunto de dimensiones que ejercen un efecto diferencial sobre el ajuste adolescente. Concretamente, los trabajos interesados en profundizar en el significado del control para el desarrollo positivo adolescente creen importante analizar independientemente el control psicológico y el conductual (Parra y Oliva, 2006). El control psicológico hace referencia a un control intrusivo y manipulador de los pensamientos y sentimientos de hijas e hijos, caracterizado por la utilización de métodos como el sentimiento de culpa o la retirada de amor, y que viola claramente la individualidad del niño o adolescente impidiendo su autonomía, y refleja un intento de madres y padres por defender y mantener su estatus de poder en la relación con el hijo o la hija a costa de su bienestar (Barber y Harmon, 2002; Barber, Olsen y Shagle, 1994; Schaefer, 1965). Frente a este tipo de control tendríamos otro de carácter más conductual, también denominado monitorización, a través del cual padres y madres pondrían límites y supervisarían la conducta de sus hijos e hijas con el fin de facilitarles un desarrollo más saludable (Gray y Steinberg, 1999; Steinberg, 1990). Hay bastantes resultados que demuestran que el control psicológico y la monitorización o supervisión del comportamiento son dos aspectos distintos que ejercen su influencia de forma independiente sobre el ajuste adolescente. La presencia de control psicológico está relacionada con la aparición de problemas emocionales como ansiedad y depresión, mientras que el conductual influye de forma positiva sobre el ajuste comportamental (Barber, 1996; Barber, Olsen y Shagle, 1994; Fletcher, Steinberg y Williams–Wheeler, 2004; Gray y Steinberg, 1999).
21 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES La promoción de la autonomía del adolescente es otro elemento clave de un buen estilo parental. El desarrollo adolescente más saludable se produce en aquellos contextos familiares donde chicos y chicas siguen unidos a padres y madres al mismo tiempo que son animados a expresar su propia individualidad (Cooper, Grotevant y Condon, 1983; Grotevant y Cooper, 1986). Son los jóvenes provenientes de este tipo de hogares los que presentan un desarrollo más positivo, mostrando más competencias psicosociales y menos problemas conductuales. Por el contrario, los padres y madres que limitan las posibilidades del adolescente obstaculizando su creciente deseo de independencia y castigando sus muestras de pensamiento autónomo tendrán hijos e hijas con más problemas internos como ansiedad, depresión o dificultades en la adquisición de competencias como la consecución de la propia identidad (Rueter y Conger, 1998). Por otro lado, diferentes trabajos han destacado el peligro que prácticas familiares excesivamente intrusivas o sobreprotectoras tienen para el bienestar adolescente. Y es que estas formas de control psicológico están asociadas a la presencia de síntomas depresivos, problemas de ansiedad y menor competencia social de chicos y chicas (Barber, 1996; Barber y Harmon, 2002; Heaven, 2001). A pesar de lo comentado hasta ahora, las interacciones entre progenitores y adolescentes no sólo influyen directamente sobre el bienestar de estos últimos, sino que también lo hacen de forma indirecta, por ejemplo a través de la elección que realizan los adultos de los contextos extra–familiares en los que participan sus hijas e hijos desde la infancia (Harris, 1998; Maccoby, 2002), contextos como el barrio en el que viven, la escuela a la que asisten, o los amigos y amigas que les animan a tener. Aunque bien es verdad que a medida que chicas y chicos crecen sus madres y padres pueden ejercer menos control directo sobre estos aspectos, también es cierto que su influencia probablemente habrá dejado una huella a través de determinadas actitudes, valores y motivaciones, que va a repercutir en las elecciones que chicos y chicas hagan en el futuro (Brown, Mounts, Lamborn, y Steinberg, 1993). ESCUELA Y DESARROLLO POSITIVO Los jóvenes pasan gran parte de sus vidas en las escuelas. El centro educativo es, junto al hogar, el barrio o comunidad, el medio en el que desarrollan la mayor parte de su vida cotidiana. Por ello, desde una perspectiva de la promoción de la salud en adolescentes, resulta crucial conocer las características del contexto escolar que contribuyen de forma significativa a un desarrollo saludable de sus miembros (Oliva et al., 2010). De acuerdo con la literatura de investigación de evaluación de los centros educativos, el clima parece ser un factor determinante del ambiente escolar de cara al ajuste
EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 22 y desarrollo adolescente (González Galán, 2004; Trianes, 2000). Resulta vital que los centros educativos proporcionen un entorno acogedor en el que el alumnado y el profesorado encuentren un buen lugar para aprender y para vivir y convivir. El clima en principio sería un factor que tendría una relación fundamental con la doble faceta o función de la escuela: la eficacia en el logro del rendimiento académico y la contribución educativa para optimizar el desarrollo sociopersonal del alumnado. La importancia de la evaluación del clima escolar está fuera de toda duda constituyendo en la actualidad un campo de estudio en sí mismo, aunque un buen número de estudios y publicaciones procede del ámbito de la investigación sobre la eficacia y la mejora de la escuela (Creemers y Reezigt, 2005; Cummings, 2000; Darling–Hammond, 2001; González Galán, 2000; Hargreaves, Earl y Ryan, 1998; Murillo, 2002, 2008; Stoll y Fink, 1999; Tomlinson, 2001). No obstante, existen diferentes concepciones acerca de su conceptualización y también sobre las dimensiones incluidas, lo que se refleja en la diversidad de denominaciones: clima escolar, clima de aula, clima institucional, clima organizativo, clima educativo, clima de aprendizaje, clima social, clima psicológico y clima afectivo, entre otros (Muñoz Repiso et al., 2000; Zabalza, 1996). Una primera distinción relevante es la diferencia entre clima académico o de aprendizaje y clima social o psicológico (Trianes et al., 2006). El clima académico está asociado al grado en que el entorno de aprendizaje estimula el esfuerzo y la motivación por aprender y si en él se enfatiza la cooperación (Roeser y Eccles, 1998). Por su parte, el clima social está más relacionado con otros dos aspectos: por un lado, con la calidad de las interacciones que se realizan entre los alumnos y alumnas y entre éstos y el profesorado (Emmons, Comer y Haynes, 1996), y por otro, con la percepción por parte del alumnado y del profesorado de bienestar personal y del sentimiento positivo de sentirse aceptado y verse valioso por los demás en la convivencia diaria (Trianes, 2000). A su vez, existen diferentes propuestas sobre dimensiones a evaluar dentro del clima escolar. Por ejemplo, Gonder (1994) distingue cuatro componentes o dimensiones: académico, social, físico y afectivo. El físico se refiere a la seguridad y calidad física del centro como contexto, mientras que el afectivo se refiere al sentimiento de pertenencia y vinculación con la escuela. Otros autores como Reynolds, Creemers, Stringfield, Teddlie y Schaffer (2005) identifican nueve dimensiones del clima de cara a la eficacia escolar en el rendimiento: claridad, orden, motivación de logro, imparcialidad, participación, apoyo, seguridad, interés y ambiente. Los estudios llevados a cabo por el Search Institute (Scales, Benson, Leffert y Blyth, 2000) muestran cómo aquellos adolescentes que gozan de una mayor número de recursos o activos presentan un desarrollo más saludable y positivo, y entre estos recursos o activos son muchos los que están relacionados con el contexto escolar (ver figura 2).
23 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES FIGURA 2. LOS RECURSOS O ACTIVOS PARA EL DESARROLLO RELACIONADOS CON EL CONTEXTO ESCOLAR ACTIVOS EXTERNOS 1. Relaciones con otros adultos: el adolescente recibe apoyo de tres o más adultos que no son sus padres, entre ellos, educadores. 2. Clima escolar que apoya al alumnado: la escuela proporciona un entorno afectuoso y estimulante. 3. Implicación de los padres en la escuela: los padres están implicados de forma activa en apoyar a su hijo para que le vaya bien en la escuela. 4. Seguridad: el adolescente se siente seguro en la escuela, además de en su familia y en el barrio. 5. Límites claros en la escuela: la escuela tiene normas y sanciones claras. 6. Modelos adultos: que no solo los padres, sino otros adultos –entre ellos, educadores– ofrezcan modelos de conducta responsable y positiva. 7. Influencia positiva de los iguales: los mejores amigos del adolescente ofrecen modelos de conducta responsable y positiva. En la mayoría de los casos esas amistades se realizan en el ámbito escolar. 8. Altas expectativas: padres y profesores animan al adolescente a que trabaje lo mejor que pueda. ACTIVOS INTERNOS 1. Motivación de logro: el adolescente está motivado para trabajar bien en la escuela o instituto. 2. Compromiso con la escuela: el adolescente está comprometido de forma activa con el aprendizaje. 3. Tareas escolares: el adolescente dedica al menos una hora diaria a sus deberes o tareas escolares. 4. Vinculación con la escuela: el adolescente se preocupa de su escuela o instituto. 5. Lectura por placer: el adolescente lee por placer 3 o más horas a la semana. Por tanto, la escuela en sí misma, independientemente de los programas que se lleven a cabo en ella, puede constituir un entorno promotor no sólo de la eficacia escolar en los resultados académicos, sino del desarrollo adolescente positivo si se dan una serie de condiciones o activos. Dicha propuesta resulta exhaustiva, y preferimos para mayor claridad del lector destacar los rasgos que caracterizan a los centros escolares que funcionan como verdaderos promotores del desarrollo adolescente (Gómez y Mei Ang, 2007; Lerner et al., 2005): 1. El establecimiento de vínculos personales positivos con los educadores. Aunque la escuela es un contexto que favorece enormemente el desarrollo de las relaciones con iguales, debe además promover vínculos positivos con los educadores del centro, que sean construidos a través de una relación afectuosa y sostenida adulto–joven. 2. La creación de un “entorno positivo” que represente un clima afectuoso y seguro en el centro. El centro educativo debe ser un contexto con normas y límites claros, con una cercanía y calidez afectiva en las relaciones, a la vez que exista una comunidad educativa en la que los educadores se encuentren en un ambiente de apoyo a su labor.
EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 24 3. La oferta de oportunidades positivas para el desarrollo de competencias en el adolescente. Por un lado, en el centro educativo se debe contemplar el dar oportunidades positivas para el “empoderamiento” o “florecimiento adolescente”, que supongan para el alumnado la posibilidad de participación y liderazgo en actividades grupales de diverso tipo. Por otro, la escuela debe asegurar la implementación de programas de desarrollo positivo, que redunden en el desarrollo de las competencias personales y socioemocionales necesarias para afrontar exitosamente la adolescencia, pero también para contribuir a la formación integral del alumnado. Un clima escolar con dichos rasgos presenta efectos positivos, entre otros aspectos, sobre el ajuste psicológico (Kuperminc, Leadbeater y Blatt, 2001), especialmente en el alumnado de entornos más desfavorecidos (Haynes, Emmons y Ben–Avie, 1997). Además de relacionarse con el desarrollo saludable, la mejora del clima se ha relacionado con el aumento del rendimiento y la disminución de las conductas desadaptativas (Westling, 2002). Otras intervenciones que mejoran el clima social encuentran también beneficios en la adaptación escolar y social (Romasz, Cantor y Elias, 2004) y en el autoconcepto y autoestima, empatía y sociabilidad (Aciego de Mendoza, Domínguez y Hernández, 2003; Trianes y Fernández–Figarés, 2001). En definitiva, los centros educativos con buen clima social y que son capaces de aportar agentes o personas que apoyen, lugares o entornos favorables y oportunidades positivas no solo promueven resultados positivos a nivel académico, social y de salud, sino que constituyen un importante factor de protección del desarrollo (Gardner, Roth y Brooks–Gunn, 2008; Greenberg et al., 2003). EL BARRIO O COMUNIDAD Y DESARROLLO POSITIVO El interés por el estudio de las influencias que el barrio de residencia ejerce sobre el desarrollo y ajuste de niños y adolescentes surgió durante el siglo pasado, cuando el desempleo, los movimientos migratorios y la pobreza provocaron una concentración de población desfavorecida en algunos suburbios de grandes ciudades de Europa y EEUU, en los que se observó una mayor incidencia de problemas comportamentales en su población joven. La preocupación por estos problemas hizo que algunos modelos teóricos, como la psicología de la Gestalt, o la Psicología Ecológica, dieran mucha importancia a la influencia del contexto sobre el sujeto. No obstante, tal vez haya sido Bronfrenbrenner, con su modelo ecológico, uno de los autores que ha realizado una contribución más sólida al estudio de los contextos donde viven las personas. Y aunque la familia y la escuela representan en su mo-
25 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES delo microsistemas fundamentales para el desarrollo infantil, el vecindario también supone una importante fuente de influencia, especialmente durante la adolescencia, ya que a partir de la pubertad cada vez es mayor el tiempo que chicos y chicas pasan fuera de la casa y la escuela, lo que supone una mayor exposición a influencias extrafamiliares y extraescolares (Larson, Richards, Moneta, Holmbeck y Duckett, 1996; Steinberg y Morris, 2001). Si el origen del estudio de las influencias comunitarias lo encontramos en la evidencia de que los entornos desfavorecidos promueven la aparición de problemas de conducta, en los últimos años ha ido ganando peso la idea de que algunas características del barrio o comunidad pueden favorecer el desarrollo de niños y adolescentes (Leventhal, Dupéré y Brooks–Gunn, 2009). En el marco del modelo de desarrollo positivo adolescente, algunos autores han propuesto el concepto de activos para el desarrollo (Developmental Assets) para hacer referencia a aquellos recursos presentes en el sujeto, en la familia, la escuela o la comunidad que resultan esenciales para la promoción del desarrollo positivo adolescente (Benson, Scales, Hamilton y Sesman, 2006). Entre estos activos comunitarios se encuentran la seguridad, la disponibilidad de actividades extraescolares estructuradas o la valoración positiva y la asignación de responsabilidades y roles a jóvenes y adolescentes por parte de la comunidad, que pueden contribuir de forma decisiva a que los jóvenes maduren, se empoderen, se sientan útiles e importantes para la comunidad y quieran contribuir de forma activa a su mejora. De alguna forma este activo guarda similitud con el concepto de capital social, entendido como aquellas características de la organización social, tales como las redes sociales existentes y la confianza recíproca, que facilitan la acción y cooperación para el beneficio mutuo entre los miembros de una comunidad (Putnam, 1993). Según algunos autores, este capital social influiría positivamente sobre el sentimiento de vinculación emocional o pertenencia al barrio en que se reside, lo que aumentaría el deseo de implicarse de forma activa en beneficio de la comunidad, algo que ha sido definido por algunos autores como eficacia colectiva (Cancino, 2005). Esta eficacia colectiva tendría, entre otras consecuencias, un mayor control y supervisión del comportamiento juvenil por parte de personas adultas dispuestas a intervenir en caso de detectar conductas incívicas y contrarias a las normas de la comunidad. Este control social es otro importante activo para el desarrollo que podría considerarse como el equivalente comunitario del control o supervisión parental, y que, al igual que éste, está relacionado con la prevención de comportamientos antisociales (Sampson y Groves, 1989). La falta de seguridad es otra variable comunitaria muy relacionada con el ajuste comportamental adolescente, pues son muchos los estudios que encuentran que aquellos chicos y chicas que residen en vecindarios en los que no hay fácil acceso a las dro-
32 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN se observan en la Tabla 1): a) tamaño del centro (pequeño: menos de 600 alumnos/as, grande: más de 600 alumnos/as), b) tamaño de municipio (pequeño: menos de 30.000 habitantes, grande: más de 30.000 habitantes), c) titularidad del centro (públicos o privados), d) zona en la que se sitúa el centro (media–baja y media–alta), y, e) la cohesión o clima del centro (baja y alta). La información necesaria para determinar estas dos últimas variables se obtuvo mediante entrevistas telefónicas con miembros del equipo directivo de los centros en las que también se indagaba sobre su predisposición a participar en el estudio. TABLA 1. RELACIÓN DE LOS CENTROS EN FUNCIÓN DE LAS VARIABLES DE INTERÉS CENTROS DE MUNICIPIOS GRANDES CENTROS DE MUNICIPIOS PEQUEÑOS CENTRO GRANDE CENTRO PEQUEÑO CENTRO GRANDE CENTRO PEQUEÑO ZONA MEDIA– BAJA COHESIÓN ALTA 1 2 (1) 1 1 COHESIÓN BAJA 1111 ZONA MEDIA– ALTA COHESIÓN ALTA 3 (2) 1 1 1 COHESIÓN BAJA 2 (1) 1 1 1 Con la finalidad de respetar la distribución de los centros existentes en la zona de Andalucía considerada, en función de su titularidad (el 80% centros públicos y el 20% centros privados–concertados), la presente muestra estuvo compuesta por 16 centros públicos y 4 centros privados–concertados. Asimismo, se intentó realizar una distribución equitativa de los centros en función de las variables mencionadas. Con respecto a los centros privados–concertados, debido al número limitado de ellos, no fue posible su representación en todas las categorías. Como se indica en la Tabla 1, suelen concentrarse en municipios grandes, lo cuál responde posiblemente a la realidad existente. La principal fuente de información de esta investigación la constituyó el alumnado de los citados centros. Asimismo, también colaboró parte del profesorado con la finalidad de validar una de las escalas incluidas en este estudio. Respecto a la selección de los sujetos que conforman las distintas fuentes de información, el muestreo se realizó como se describe seguidamente.
33 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES En relación al alumnado, el estudio se desarrolló en los siguientes cursos y niveles educativos: 2º, 3º y 4º de E.S.O., 1º de Bachillerato y 1º de Ciclos Formativos de Grado Medio. Se seleccionaron aleatoriamente dos clases de cada nivel educativo, participando en el estudio todos los alumnos y alumnas pertenecientes a éstas. No obstante, en los Ciclos Formativos, sólo participó el alumnado menor de 18 años. Además, se pretendió respetar en la presente muestra la proporción de alumnado que finalizada la Educación Secundaria Obligatoria opta por cursar Bachillerato o Ciclos Formativos para continuar su formación académica (el 80% y el 20% respectivamente, según datos del Instituto Nacional de Estadística de 2009). La recogida de información sirvió, además de para validar las escalas de evaluación, para estudiar la relación de algunas variables familiares, escolares y comunitarias con el desarrollo y ajuste adolescente. Teniendo en cuenta que la mayoría de alumnos de primero de secundaria acababan de entrar en el centro educativo, era altamente improbable que las variables escolares analizadas en el estudio hubiesen tenido ya alguna influencia sobre los alumnos, por lo que la recogida de información comenzó en segundo curso. Por otra parte, se decidió incluir a chicos y chicas de 1º de Bachillerato y 1º de Ciclos Formativos de Grado Medio con el fin de eliminar el sesgo que se produciría en la muestra del estudio si solo se consideraran a los chicos y chicas de 16 y 17 años que, por repetición de curso, continuaran cursando la educación secundaria obligatoria. La muestra de alumnado estuvo constituida por 2400 adolescentes, 1068 chicos (44.5%) y 1332 chicas (55.5%) con edades comprendidas entre 12 y 17 años. En los distintos niveles de edad analizados, el número de chicas es ligeramente superior al de chicos (ver Figura 4). El mayor número de alumnado está concentrado en el periodo de edad de los 14 y 15 años, con 1187 adolescentes (un 49.5% de la muestra de alumnado), de los cuales 669 son chicas y 518 chicos. El segundo periodo de edad más abundante (30.3%), fue el que correspondía a edades entre los 16 y 17 años, con 728 adolescentes, conformado por 401 chicas frente a 327 chicos. Por último, la cantidad de alumnado que correspondían al periodo de edad de los 12–13 años fue la menor, constituidas por 262 chicas y 223 chicos (un total de 485 adolescentes). FIGURA 4. ALUMNADO EN FUNCIÓN DE LA EDAD Y EL SEXO 0 100 200 300 400 500 600 700 16-17 Años 14-15 Años 12-13 Años Chica Chico
34 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN Atendiendo a las distintas etapas educativas, los datos mostraron que la proporción de alumnos y alumnas que cursaban Educación Secundaria Obligatoria constituyó un 80% de la muestra del alumnado global, distribuyéndose de una forma bastante homogénea en los distintos cursos (un 25.5% de adolescentes cursaba 2º de ESO; un 26.8%, 3º de ESO y un 28.7% cursaba 4º de ESO). En niveles educativos superiores, Bachillerato y Ciclos Formativos de Grado Medio, al igual que sucede en la población de procedencia, la proporción de alumnado fue menor en comparación con la del nivel obligatorio, cursando un 18.2% 1º de Bachillerato mientras que el 0.8% del alumnado realizaba el 1er curso de un Ciclo Formativo. Según datos del Instituto Nacional de Estadística del 2009, la mayoría de los adolescentes que deciden continuar su formación tras la etapa obligatoria, optan por matricularse en Bachillerato o en Ciclos Formativos de Grado Medio, siendo considerablemente menor el número de alumnos que elige esta última opción (aproximadamente un 80% Bachillerato frente a un 20% en Ciclos). En el presente estudio se intentó conseguir dicha proporción entre Bachillerato y Ciclos. No obstante, la muestra conseguida fue algo menor que en la realidad (aproximadamente un 95% del alumnado de niveles superiores cursaba Bachillerato y un 5% Ciclos). Estos datos se deben a que el alumnado que colaboró en la investigación, de los Ciclos Formativos, debía tener una edad inferior a los 18 años, no pudiendo participar entonces, todo el alumnado de cada clase (ver Figura 5). FIGURA 5. PORCENTAJE DE ALUMNADO EN FUNCIÓN DEL NIVEL EDUCATIVO 28.7 26.8 25.5 0.8 18.2 2ºESO 3ºESO 4ºESO 1ºB TO 1ºC IC LOS Se consideró interesante conocer algunos factores o variables sociodemográficas y familiares de los adolescentes que constituyeron la muestra. En relación a características sociodemográficas, es relevante mencionar que la nacionalidad mayoritaria del alumnado era española (97.8%), al igual que la de sus progenitores (96.6%), siendo Rumanía, Francia, Alemania, Colombia, Argentina y Marruecos, los países de los que provienen la mayoría de las familias de nacionalidad extranjera. Atendiendo a la estructura familiar, la mayoría del alumnado (un 84.8%) procedía de familias tradicionales (es decir, vivían tanto con su padre, como con su madre biológica). Asimismo, un 9.3% (224 alumnos y alumnas) vivían con un solo progenitor, bien sólo con su padre o sólo con su
35 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES madre; mientras que un 3.8% del alumnado provenía de familias reconstituidas, donde alguno de sus progenitores biológicos había vuelto a rehacer su vida con otra pareja. Por otro lado, estructuras familiares como las denominadas familias extensas (convivir con otros familiares exceptuando los progenitores), familias adoptivas y familias homoparentales, definidas éstas últimas como aquellas familias donde ambos progenitores pertenecen al mismo sexo, estaban representadas en menor medida en la muestra. Aunque se observó que la estructura familiar tradicional sigue siendo la predominante, la diversidad y representación de otros tipos de familias está aumentando en los últimos años y así se refleja en el estudio. Acerca del nivel educativo de los progenitores, prácticamente no se encontraron diferencias en las distintas categorías, entre padres y madres. Los datos informan que menos de un 1% de los progenitores no sabían leer ni escribir y tan sólo un 22.5% de padres y un 21.5% en el caso de las madres sabía leer y escribir, aunque no poseían el graduado escolar. Estos datos informan que aproximadamente un 75% de los progenitores poseían al menos un nivel básico de formación académica (graduado escolar); de los cuales, un 25.9% y un 24.4% (de padres y madres respectivamente) habían alcanzado niveles universitarios (Tabla 2). TABLA 2. NIVEL EDUCATIVO DE LOS PROGENITORES PADRE MADRE No sabe leer ni escribir 0.6 % 0.5 % Sabe leer y escribir pero no tiene el graduado escolar 22.5 % 21.5 % Posee el graduado escolar 28.2 % 33.8 % Estudios de Bachillerato, FP, Ciclos 20.5 % 19.6 % Estudios Universitarios 25.9 % 24.4 % Información desconocida 2.3 % 0.3 % En relación a la sub–muestra, procedente de la fuente de información del profesorado, estuvo constituida por 336 participantes. La proporción de hombres y mujeres, en función de distintos periodos de edad, puede observarse en la Figura 6. La edad del profesorado estuvo comprendida entre los 25 y los 63 años (M = 41.5, DT = 9.47). La mayoría del profesorado se concentraba en los periodos de edad comprendidos entre 31 y 40 años y 41 y 50 años (un 33.6% y 31.1%, respectivamente, de la totalidad del profesorado). En ambas etapas la representatividad del sexo femenino era superior a la de los hombres.
36 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN FIGURA 6. PORCENTAJE DE PROFESORADO EN FUNCIÓN DE LA EDAD Y EL SEXO Respecto a los años de experiencia docente del profesorado participante, destacar el hecho de que un 44% de esta sub–muestra había desarrollado una experiencia profesional como profesor o profesora durante más de 15 años. El 31.6% del profesorado llevaba siendo docente un periodo de tiempo comprendido entre los 6 y 15 años. Por último, el 24.4% había sido profesor o profesora durante un tiempo inferior a 5 años (ver Figura 7). Por otra parte, la mayoría del profesorado participante (un 40.7%) llevaba trabajando en el centro educativo más de cinco años. También fue elevado el número de profesores y profesoras con un sólo año de permanencia en el centro (35%), mientras que el resto del profesorado (24.2%) había trabajado en el centro por un periodo de tiempo que oscilaba entre los 2 y 5 años. FIGURA 7. PORCENTAJE DE PROFESORADO EN FUNCIÓN DE LOS AÑOS DE EXPERIENCIA DOCENTE 24.4 31.6 44 De 1 a 5 años De 6 a 15 años Más de 15 años Teniendo en cuenta que uno de los objetivos de este estudio era la validación y adaptación de una serie de instrumentos psicométricos que pudieran servir para evaluar las competencias surgidas en el estudio previo, el primer paso fue seleccionar escalas ya existentes en el ámbito internacional de cara a su validación y baremación con la muestra de este estudio. Cuando no se encontró un instrumento que respondiese a nuestras necesidades, la escala fue construida ad hoc por el equipo investigador y validada posteriormente con la muestra seleccionada. En seis ocasiones fue preciso elaborar la escala. Aunque la mayoría de estas escalas estaban referidas a competencias adolescentes, otras trataban de evaluar activos o recursos para el desarrollo en los contextos familia, escuela y barrio o comunidad. 0 10 20 30 40 50 60 Menos de 30 Años 31-40 Años 41-50 Años Más de 50 Años Mujer Hombre
37 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES La mayoría de estos instrumentos fueron sometidos a un estudio piloto, sobre una muestra de 150 adolescentes, que sirvió para detectar problemas importantes en la redacción de los ítems que componían las escalas. El paso siguiente fue la selección de 20 centros de entre todos los existentes en Andalucía Occidental. Para evitar que un muestreo aleatorio deparase una muestra sesgada y poco representativa (algo probable con un número reducido de elementos muestrales), se optó por un muestreo intencional atendiendo a los criterios anteriormente comentados. Una vez seleccionados los centros se llevaron a cabo visitas para explicar de forma detallada los objetivos del estudio y el procedimiento para llevarlo a cabo, y se fijaron las fechas para aplicar los cuestionarios a los alumnos y profesores y realizar las entrevistas a los directores y orientadores. En cada centro se eligieron al azar dos grupo–clase de 2º de ESO, dos de 3º de ESO, dos de 4º de ESO e igualmente dos de 1º de Bachillerato, y en aquellos centros escolares donde se ofrecían Ciclos Formativos de Grado Medio, se seleccionó al azar un grupo–clase de 1er curso. Todo el alumnado de cada una de estas clases cumplimentó, durante el horario escolar y de forma anónima, los instrumentos de evaluación en dos sesiones colectivas de una hora de duración. En estas sesiones siempre estuvieron presentes miembros del equipo de investigación. Igualmente, el profesorado de los niveles estudiados cumplimentó la escala sobre percepción del clima y funcionamiento del centro que se pretendía validar. INSTRUMENTOS DE MEDIDA • Escala de Autoestima (Rosenberg, 1965): Se trata de una escala unidimensional compuesta por 10 ítems que sirve para evaluar la autoestima global de adolescentes. (Ver pág. 104). • Escala de Autoeficacia Generalizada (Baessler y Schwarzer, 1996): Se trata de la adaptación española de la escala de autoeficacia general. Este instrumento es una escala unidimensional compuesta por 10 ítems tipo Likert, que evalua la autoeficacia que chicos y chicas adolescentes tienen de su propia capacidad para manejar adecuadamente una amplia gama de estresores de la vida cotidiana. (Ver pág. 106). • Escala para la Evaluación de la Satisfacción Vital (Huebner, 1991): El Student’s Life Satisfaction Scale sirve para evaluar la satisfacción vital de los chicos y chicas adolescentes. Es un instrumento unidimensional compuesto por siete ítems que deben ser respondidos en una escala tipo Likert de siete puntos. (Ver pág. 108).
38 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN • Escala para la Evaluación del Optimismo (Bar–On y Parker, 2000): Esta escala forma parte del Emotional Quotient Inventory Youth Version (EQ–i: YV) en su versión extensa, el cual fue desarrollado para evaluar la inteligencia socioemocional. Concretamente, se trata de una reducción y adaptación al castellano de la subescala Humor General de la versión original. Dicha adaptación consta de ocho ítems que deben ser puntuados en una escala tipo Likert de cinco puntos. Evalúa el optimismo y la felicidad del sujeto, es decir, la capacidad para mantener una actitud positiva ante la vida y ver su lado positivo, así como la capacidad para sentirse satisfecho con uno mismo y de los demás. (Ver pág. 110). • Escala para la Evaluación de la Tolerancia a la Frustración (Bar–On y Parker, 2000): Esta escala forma parte del Emotional Quotient Inventory Youth Version (EQ–i: YV) en su versión extensa, el cual fue desarrollado para evaluar la inteligencia socioemocional. Concretamente, se trata de una reducción y adaptación al castellano de la subescala stress tolerance de la versión original. Dicha adaptación consta de ocho ítems que deben ser puntuados en una escala tipo Likert de cinco puntos. Mediante ella es posible medir la capacidad para resistir a sucesos adversos y situaciones estresantes, así como la capacidad para resistir o demorar un impulso. (Ver pág. 112). • Escala para la Evaluación de la Planificación y Toma de Decisiones (Darden, Ginter y Gazda, 1996): Este instrumento hace referencia a la reducción y adaptación de una de las subescalas del Life Skills Development Scale – Adolescent Form (LSDS–B) de Darden, Ginter y Gazda (1996). En concreto, hace referencia a la subescala denominada resolución de problemas/habilidades para la toma de decisiones de la versión original, y evalúa la percepción que chicos y chicas adolescentes tienen sobre su propia habilidad para planificar y tomar decisiones. Consta de ocho ítems tipo Likert. (Ver pág. 114). • Escala de Empatía (Jolliffe y Farrington, 2006): Este instrumento es una adaptación y traducción al castellano de la Basic Empathy Scale de Jolliffe y Farrington (2006). Esta versión consta de nueve ítems que permiten evaluar de forma independiente la empatía afectiva y cognitiva, además de la empatía global. (Ver pág. 116). • Escala para la Evaluación de la Expresión, Manejo y Reconocimiento de Emociones TMMS–24 (Fernández–Berrocal, Extremera y Ramos (2004): La escala TMMS–24 hace referencia a la reducción y adaptación española realizada por Fernández–Berrocal, Extremera y Ramos (2004) del TMMS–48 (Trait Meta– Mood–Scale–48) desarrollada y validada originariamente por Salovey y Mayer (1995). Mide las destrezas con las que podemos ser conscientes de nuestras
39 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES propias emociones, así como de nuestra capacidad para regularlas. Está compuesta por 24 ítems tipo Likert e incluye tres subescalas: atención a los sentimientos, claridad emocional y reparación de las emociones. (Ver pág. 118). • Escala de Apego a Iguales (Armsden y Greenberg, 1987): Se trata de una adaptación española realizada por Sánchez–Queija y Oliva (2003) de la escala de Armsden y Greenber (1987). Esta escala sirve para evaluar la relación de apego con los iguales (como medida de la relación con el grupo de iguales). Está compuesta por 21 ítems que deben ser puntuados en una escala tipo Likert de siete puntos. Este instrumento comprende tres subescalas: confianza, comunicación y alineación. (Ver pág. 122). • Escala para la Evaluación de las Habilidades Sociales: Este instrumento fue creado ad hoc por el equipo de investigación para este estudio. Consta de 12 ítems que versan sobre las habilidades sociales tanto comunicativas o relacionales, la asertividad (positiva y negativa) y las habilidades de resolución de conflictos. Se obtiene una puntuación global en habilidades sociales, así como puntuaciones concretas en las subescalas que componen la misma: habilidades comunicativas o relacionales, asertividad y habilidades de resolución de conflictos. (Ver pág. 124). • Escala de Valores para Adolescentes: Es una escala ad hoc creada por el equipo de investigación para evaluar la importancia que chicos y chicas adolescentes conceden a un conjunto de valores implicados en el desarrollo positivo de los mismos. Está compuesta por 24 ítems en formato tipo Likert. Permite obtener puntuaciones parciales en compromiso social, prosociabilidad, justicia e igualdad, honestidad, integridad, responsabilidad, reconocimiento social y hedonismos, así como en tres subescalas globales: valores sociales, valores personales y valores individualistas. (Ver pág. 126). • Escala para la Detección de Sexismo en Adolescentes (Recio, Cuadrado y Ramos, 2007): Esta escala sirve para detectar el sexismo respecto a rasgos y aptitudes tradicionalmente entendidas como masculinas o femeninas. Está compuesta por 26 ítems que deben ser puntuados en una escala tipo Likert de seis puntos. Se pueden diferenciar dos subescalas: sexismo hostil y sexismo benévolo. (Ver pág. 130). • Youth Self Report (Achenbach, 1991): Se trata de una escala desarrollada por Achenbach (1991) para obtener información sistematizada directamente de niños y adolescentes (entre 11 y 18 años) sobre problemas emocionales y conductuales. El Youth Self–Report (YSR) forma parte de un sistema de evaluación multiaxial, denominado Achenbach System of Empirically Based Assesment (ASEBA) y es una escala utilizada, adaptada y validada en numerosos estudios.
40 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN En esta investigación se ha utilizado la adaptación española del YSR cuya validación puede encontrarse en Lemos, Vallejo y Sandoval (2002). Dicha adaptación consta de 45 ítems que deben ser respondidos eligiendo entre tres opciones de respuesta: 0 “no es verdad”, 1 “algo verdadero” o 2 “muy verdadero”. Incluye ocho subescalas de primer orden (depresión, quejas somáticas, problemas de relación, conducta fóbico–ansiosa, agresividad verbal, conducta delictiva, búsqueda de atención y problemas de pensamiento) y dos subescalas de segundo orden (Síndrome internalizante, compuesto por las cuatro primeras subescalas de primer orden, y síndrome externalizante, compuesto por las tres siguientes subescalas de primer orden). La escala problemas de pensamientos es neutral y no puntúa en ninguno de los dos síndromes de segundo orden. Los índices de fiabilidad obtenidos a través del coeficiente Alpha de Cronbach fueron .80, síndrome internalizante, .80, síndrome externalizante, .80, depresión, .61, quejas somáticas, .56, problemas de relación, .46, conducta fóbico–ansiosa, .74 agresividad verbal, .74, conducta delictiva, .48, búsqueda de atención y .67, problemas de pensamiento. • Escala de Estilo de Vida: Este apartado del cuestionario, creado por nuestro equipo de investigación, estaba compuesto por una serie de preguntas con varias opciones de respuesta que recogían información acerca de diferentes aspectos del estilo de vida del joven tales como, frecuencia con la que se practican actividades física y deportivas (jugar al fútbol, correr, ir al gimnasio); implicación en actividades extraescolares (deporte, música, teatro, etc.); tiempo dedicado a ver la televisión y vídeos; frecuencia con la que se usa el ordenador y los videojuegos diariamente; tiempo diario destinado a estar con los amigos y amigas; tiempo dedicado a estudiar y a realizar tareas escolares; frecuencia de consumo de tabaco; frecuencia de consumo de bebidas alcohólicas, momento en el que también se les preguntó cuántas veces se habían emborrachado a lo largo de su vida; consumo de hachís, porros y marihuana; consumo de cocaína y consumo de pastillas (éxtasis u otras drogas de diseño). Las últimas preguntas de esta escala se refirieron a las rutinas relacionadas con las horas de sueño y la hora de irse a dormir, entre semana y los fines de semana. • Escala para la Evaluación del Estilo Parental (Oliva, Parra, Sánchez–Queija y López, 2007): Este instrumento consta de 41 ítems tipo Likert, y sirve para evaluar la percepción que chicos y chicas adolescentes tienen de diversas dimensiones del estilo educativo de sus padres y madres. Así, está compuesto por las siguientes subescalas: Afecto y comunicación, promoción de autonomía, control conductual, control psicológico, revelación y humor. (Ver pág. 134).
41 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES • Escala de Conflicto Interparental (Grych, Seid y Fincham, 1992): Esta escala permite evaluar la percepción que chicos y chicas tienen sobre distintos aspectos del conflicto interparental. Concretamente, la escala administrada consiste en una adaptación y reducción de tres de las subescalas del Children´s Perception of Interparental Conflict Scale (Grych, Seid y Fincham, 1992), escala utilizada y validada en numerosos estudios. Puede ser aplicada de forma individual o colectiva. Consta de 13 ítems que deben ser puntuados en una escala de 1 (Totalmente falso) a 7 (Totalmente verdadero) y que configuran tres subescalas: Frecuencia e intensidad de conflictos. Indica la percepción que chicos y chicas tienen respecto a la frecuencia y la intensidad del conflicto mantenido entre sus progenitores. Se compone de seis ítems, (por ejemplo, “A menudo he visto o escuchado a mis padres discutir”), y la fiabilidad, obtenida a través del coeficiente alfa de Cronbach, fue de .89. Resolución de conflictos. Evalúa la percepción que los adolescentes poseen en cuanto a la resolución de los conflictos interparentales. Consta de cuatro ítems, (por ejemplo, “Cuando mis padres han tenido una discusión suelen resolverla bien”) y obtuvo una fiabilidad de .89. Triangulación. Mide la percepción de los adolescentes en relación al grado en que consideran que sus progenitores los involucran en los conflictos. Consta de tres ítems, (entre ellos, “Mi madre suele querer que me ponga de su parte cuando discute con mi padre”) y su índice de fiabilidad fue de .84. A partir de la puntuación conjunta de las tres subescalas anteriores puede obtenerse una puntuación total de conflicto interparental cuyo índice de fiabilidad fue de .89. • Escala de Percepción del Clima y Funcionamiento del Centro (Versión para el Alumnado): Se trata de una escala compuesta por 30 ítems que deben ser puntuados en una escala tipo Likert de siete puntos, creada ad hoc por el equipo de investigación. Sirve para evaluar la percepción que chicos y chicas adolescentes, tienen de diversas dimensiones del centro educativo en el que estudian. Así, comprende las siguientes subescalas: clima, vínculos, claridad de normas y valores y empoderamiento y oportunidades positivas. (Ver pág. 138). • Escala de Percepción del Clima y del Funcionamiento del Centro (Versión para el Profesorado): Se trata de una escala compuesta por 22 ítems que deben ser puntuados en una escala tipo Likert de siete puntos, creada ad hoc por el equipo de investigación. Ofrece una puntuación global que puede considerarse como
48 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN FIGURA 9. COMPETENCIA SOCIOEMOCIONAL SEGÚN EDAD Y SEXO Finalmente, en la competencia académica fue donde surgieron más diferencias, ya que ésta fue superior en chicas (Figura 10), en el alumnado de menor edad, de familias con mayor estatus socio–económico y con padres de mayor nivel educativo; también fue mayor entre quienes residían en ciudades de más de 30.000 habitantes. La disminución a lo largo de la adolescencia de la competencia académica se observó en ambos sexos, aunque entre los chicos el descenso fue más acusado, con lo que las diferencias de género ya existentes, y favorables a las chicas, fueron más marcadas en los cursos superiores de la ESO, y en primero de bachillerato. Tampoco puede decirse que estos resultados sean inesperados, ya que hay una evidencia acumulada que indica que el fracaso académico suele ser más frecuente entre chicos, sobre todo cuando proceden de estratos sociales más desfavorecidos (Eccles y Roeser, 2009). FIGURA 10.COMPETENCIA ACADÉMICA SEGÚN EDAD Y SEXO Además de las variables relacionadas con el desarrollo positivo y la competencia, fueron incluidas en el estudio tres variables que pueden ser consideradas indicadores de desajuste psicológico adolescente. Estas variables fueron los problemas internos o emocionales y los problemas externos o comportamentales, ambos evaluados con la escala Youth Self Report. También se consideró el consumo de sustancias (tabaco, alcohol, cannabis) como un indicador de desajuste. En cuanto a los problemas internos, 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 110 120 130 16-17 Años 14-15 Años 12-13 Años Chica Chico 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 110 120 130 16-17 Años 14-15 Años 12-13 Años Chica Chico
49 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES fueron significativamente más elevados entre las chicas, sobre todo de más edad (Figura 11), y entre los adolescentes de familias de menor nivel educativo y socioeconómico. FIGURA 11. PROBLEMAS INTERNOS SEGÚN EDAD Y SEXO También los problemas externos aumentaron con la edad y fueron más frecuentes entre el sexo femenino y en los adolescentes que tenían padres con menor nivel educativo. Si bien hay una abundante evidencia empírica que indica que los problemas internos, tales como la depresión, son más frecuentes entre el sexo femenino (Graber y Sontag, 2009), la mayor incidencia de los problemas comportamentales encontrada entre las chicas puede considerarse inesperada, y parece estar indicando un acercamiento de los patrones conductuales de chicos y chicas que ya se había observado en los últimos años en el consumo de sustancias y que se está extendiendo a otras esferas, tales como la conducta antisocial. En cuanto al consumo de sustancias, sólo guardó una relación significativa con la edad, ya que fue mayor entre los chicos y chicas de más edad (Figura 12). Los datos procedentes de investigaciones transversales y longitudinales indican que el consumo aumenta en frecuencia y cantidad durante los años de la adolescencia hasta tocar techo en torno a los 25 años, momento en que comienza a disminuir, probablemente debido a la asunción de los roles y responsabilidades propias de la adultez (Chassin et al., 2004). FIGURA 12. CONSUMO DE SUSTANCIAS SEGÚN EDAD Y SEXO 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 16-17 Años 14-15 Años 12-13 Años Chica Chico 01234 16-17 Años 14-15 Años 12-13 Años Chica Chico
50 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN Los resultados anteriores ponen de manifiesto la existencia de diferencias importantes en la competencia y el desajuste de los adolescentes en función de algunas variables sociodemográficas. Por una parte, las chicas presentaron un mayor riesgo de desajuste psicológico, y también una menor competencia personal. Como contrapartida, sólo estuvieron en mejor posición que los chicos en competencia académica y socioemocional, lo que coincide con la evidencia empírica existente, que indica que las chicas muestran más habilidades sociales y emocionales, y una mayor motivación y rendimiento en la escuela (Eccles y Roeser, 2009). Por lo tanto, parece que las desigualdades de género en salud no se están reduciendo y persiste la mayor incidencia de problemas emocionales, depresivos y de baja autoestima, entre las chicas. Incluso en algunos problemas que hasta ahora eran más frecuente entre el sexo masculino, las chicas están alcanzando niveles similares. Otro dato interesante es el referente al aumento con la edad de los problemas internos y externos, y del consumo de sustancias, junto a una disminución de la competencia personal; aunque hay claras diferencias de sexo, ya que mientras que el consumo de sustancias y los problemas externos aumentan en ambos sexos, los problemas internos sólo lo hacen entre las chicas. Este dato, unido a la disminución de la competencia personal, especialmente de la satisfacción vital, también exclusivamente entre las chicas, sitúa al alumnado de sexo femenino en una posición de mayor vulnerabilidad, especialmente al final del periodo estudiado. Por lo tanto, se puede afirmar que la adolescencia medía–tardía es para las chicas una etapa más complicada que la adolescencia inicial desde el punto de vista del desajuste psicológico. El estudio también recogió información sobre los estilos de vida de los chicos y chicas adolescentes, ofreciendo datos muy interesantes. Así, resultaron muy significativas las diferencias en función del sexo y la edad de la realización de actividad física y de la participación en actividades extraescolares de ocio (Figuras 13 y 14). En ambos casos hubo una menor frecuencia entre las chicas y entre el alumnado de mayor edad. También fue muy significativa la relación que guardaron estas actividades con el nivel educativo y socioeconómico familiar, ya que la implicación en ellas aumentó según lo hicieron estos niveles. FIGURA 13. ACTIVIDAD FÍSICA SEGÚN EDAD Y SEXO 0 1 2 3 4 5 16 - 17 Años 14 - 15 Años 12 - 13 Años Chica Chico
51 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES FIGURA 14. PARTICIPACIÓN EN ACTIVIDADES EXTRAESCOLARES SEGÚN EDAD Y SEXO Si tenemos en cuenta la importancia que tiene para el desarrollo adolescente la participación en actividades de este tipo (Parra, Oliva y Antolín, 2009), resulta preocupante que algo más de la mitad de los sujetos de la muestra no participaran en actividades extraescolares de ocio. Los datos provenientes de EEUU indican que la implicación intensiva en actividades y programas de desarrollo positivo durante la adolescencia está relacionada con un mayor compromiso social durante la adultez temprana, así como con mayores logros a nivel educacional y ocupacional (Gardner, Roth y Brooks–Gunn, 2008). Igualmente, están documentadas toda una serie de ventajas a nivel de relaciones interpersonales, como una mayor capacidad de iniciativa y de toma de decisiones, mejor manejo de los conflictos, mayores habilidades de comunicación y, en general, más habilidades sociales (Eccles, Barber, Stone y Hunt, 2003; Elder y Conger, 2000). Son también muchos los trabajos que documentan una acción protectora de estas actividades contra la implicación en actos delictivos y conductas problemáticas (Landers y Landers, 1978; Mahoney, 2000; Marsh y Kleitman, 2002; Persson, Kerr y Stattin, 2007), especialmente en jóvenes en situación de riesgo (Mahoney, 2000; Mahoney y Cairns, 1997), así como contra el consumo de drogas (Barber, Eccles y Stone, 2001; Cooley, Henriksen, Van Nelson y Thompson, 1995; Elder, Leaver–Dunn, Wang, Nagy y Green, 2000). Es posible que en edades inferiores niños y niñas realicen variadas actividades extraescolares, lo que incluso ha llevado a algunos expertos a plantear la posibilidad de que exista una sobresaturación que deje poco tiempo libre real a niños y niñas y que les genere desajustes emocionales (Rosenfeld y Wise, 2000). No obstante, recientemente, Mahoney, Harris y Eccles (2006) han revisado la evidencia empírica existente hasta la fecha, encontrando escaso apoyo a hipótesis de la saturación. Nuestros datos indican que esta participación en actividades disminuye mucho según avanza la adolescencia, lo que sugiere la necesidad de aumentar la oferta existente y fomentar la participación, especialmente de las chicas y de los sujetos de contextos familiares más desfavorecidos, puesto que algunos trabajos indican que estos programas de actividades son espe0 1 2 3 4 5 16 - 17 Años 14 - 15 Años 12 - 13 Años Chica Chico
52 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN cialmente útiles para jóvenes que provienen de entornos familiares deprivados, ya que pueden tener un efecto compensatorio al ofrecerles recursos de los que no disponen en su hogar (Mahoney, 2000; Mahoney y Cairns, 1997). Aunque la disponibilidad de estas actividades no conlleva necesariamente la participación en ellas, los datos disponibles hasta el momento ponen de relieve la importancia de que los adolescentes tengan la posibilidad de participar en actividades extraescolares en su zona de residencia. En cuanto al tiempo dedicado a ver videos o televisión, los datos indican que la mayoría de los adolescentes dedican entre una y tres horas al día a esta actividad, aunque un porcentaje cercano al 20% lo hace durante más de tres horas diarias. El tiempo dedicado a esta actividad fue mayor entre las chicas, entre el alumnado más joven, en zonas rurales, y entre quienes pertenecen a familias con padres menos instruidos y de menor nivel socioeconómico. Es decir, salvo en la tendencia descendente con la edad, todo lo contrario a lo que ocurría con las actividades extraescolares, y la actividad física. Por lo tanto, resulta razonable esperar una mayor prevalencia de obesidad entre estos adolescentes que dedican mucho tiempo a ver la televisión y poco a realizar actividades deportivas y/o extraescolares. Algo menor fue el tiempo que los adolescentes declararon dedicar al uso de ordenadores o videojuegos. En este caso habría que precisar que una parte del tiempo que chicos y chicas emplean con el ordenador puede estar relacionado con actividades escolares, y no resulta fácil sacar conclusiones con respecto a las consecuencias de una alta dedicación a esta actividad. La relación que guardó con variables sociodemográficas fue similar a la que mostraron las actividades extraescolares, pues fue menor entre chicas, y en entornos rurales y de menor nivel socio–económico. Sin embargo, su uso aumentó a lo largo de la adolescencia. El tiempo dedicado a estar con los amigos fue mayor entre varones, y entre jóvenes de zona rural y con familias de menor nivel educativo y socioeconómico. También quienes tenían entre 14 y 15 años declararon dedicar más tiempo que los otros dos grupos de edad. En cuanto al tiempo de estudio, las chicas reconocieron una mayor dedicación, lo que coincide con lo encontrado por la mayoría de estudios (Figura 15). Sin embargo, este tiempo no mostró relación significativa con la edad del alumnado, aunque sí fue superior entre el alumnado de primero de bachillerato, frente a quienes cursaban la E.S.O. o ciclos formativos. También fue mayor la dedicación al estudio entre los chicos y chicas de zonas urbanas, y de familias de mayor estatus socioeconómico y educativo.
53 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES FIGURA 15. TIEMPO DEDICADO AL ESTUDIO Y LAS TAREAS ESCOLARES SEGÚN EDAD Y SEXO En lo referente al consumo de sustancias, hay que decir que el tabaco y el alcohol fueron las más consumidas, aunque hay diferencias entre ellas, ya que mientras que la mitad de los sujetos de la muestra dijo no haber consumido nunca tabaco, este porcentaje bajó al 27% en el caso del alcohol. El tercer lugar lo ocupó el cannabis, con un 20% que declaró haberlo probado. Las diferencias debidas al sexo del alumnado varían en función de la sustancia, ya que mientras que el cannabis es más consumido por los chicos, las chicas fuman más tabaco. En el alcohol no aparecen diferencias según el sexo. En todos los casos aumentó el consumo con la edad. Finalmente, la información obtenida sobre los hábitos de sueño puso de relieve que un porcentaje de chicos y chicas cercano al 50% suele dormir menos de ocho horas durante los días de colegio, incluso un 15% duerme seis horas o incluso menos, lo que está claramente por debajo de sus necesidades reales que suelen ser iguales o mayores que durante la infancia (Figura 16). Tal vez, esta falta de descanso nocturno esté relacionada con los cambios en los patrones de sueño y vigilia que trae consigo la pubertad y que suponen un retraso en los ritmos circadianos, que hace que chicos y chicas adolescentes se vayan a la cama más tarde que en la niñez. Sin embargo, aunque deberían levantarse también más tarde, ocurre todo lo contrario, debido a que la hora de entrada en el colegio o instituto suele adelantarse con la llegada de la Educación Secundaria. Durante los fines de semana cambia la situación y aunque duermen más horas se van a la cama mucho más tarde, con un 45% de adolescentes que se acuestan después de las dos de la madrugada. Esos datos indican que nuestros jóvenes sufren una importante deprivación de sueño que puede tener consecuencias tales como somnolencia y cansancio diurno, irritabilidad y escasa tolerancia a la frustración, dificultades en la atención, el aprendizaje y la memoria o disminución del autocontrol (Dahl y Lewin, 2002). 0 1 2 3 4 5 16 - 17 Años 14 - 15 Años 12 - 13 Años Chica Chico
54 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN FIGURA 16. HORAS DE SUEÑO ENTRE SEMANA Aunque no existen diferencias asociadas al sexo importantes en los hábitos de sueño, salvo que las chicas duermen más lo fines de semana, con la edad disminuye de forma significativa el tiempo dedicado a dormir, ya que los mayores se van a la cama más tarde (Figura 17). El nivel educativo parental no está relacionado con las horas de sueño los días laborables pero sí los días de fin de semana, ya que quienes tienen padres con más nivel educativo se acuestan antes y duermen más horas. Por último, el hábitat también estableció diferencias significativas, ya que si quienes residen en zonas rurales duermen más horas los días de colegio, durante los fines de semana se cambian las tornas, pues duermen más los adolescentes residentes en ciudades de más de 30.000 habitantes. FIGURA 17. HORAS DE SUEÑO ENTRE SEMANA SEGÚN EDAD Y SEXO Los datos anteriores indican que existen diferencias significativas importantes en los estilos de vida de los adolescentes estudiados en función de algunas variables sociodemográficas. Así, las chicas informaron de una menor implicación en actividades físicas o extraescolares, y una mayor dedicación a ver la televisión, aunque como contrapartida pasaron más tiempo estudiando. Los chicos y chicas de más edad declararon 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 5 horas o menos 6 horas 7 horas 8 horas 9 horas 10 horas Más de 10 horas 0 1 2 3 4 5 16-17 Años 14-15 Años 12-13 Años Chica Chico
55 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES menos participación en actividades físicas y extraescolares, menos horas de sueño y de ver la televisión, y un mayor consumo de sustancias. El menor nivel educativo y socioeconómico de la familia supuso más horas dedicadas a ver la televisión y a estar con los amigos, y menos a estudiar o a participar en actividades de todo tipo. LOS ACTIVOS FAMILIARES Aparte de las variables sociodemográficas referidas a la familia, se obtuvo información de siete variables familiares que hipotéticamente podrían ser consideradas como activos familiares: las seis dimensiones del estilo parental (afecto/comunicación, control conductual, bajo control psicológico, promoción de autonomía, humor y revelación) y la ausencia de conflictos interparentales. Chicos y chicas difirieron en su percepción del estilo parental, ya que mientras que ellos otorgaron puntuaciones más altas en control psicológico y humor, ellas lo hicieron en promoción de autonomía, control conductual, revelación y también en el global de la escala. También ellas percibieron más conflictos maritales, lo que puede estar indicando una mayor sensibilización femenina ante este tema. El resto de las diferencias encontradas relacionadas con el sexo pueden obedecer tanto a un trato diferencial real por parte de los padres como a una diferente percepción por parte de sus hijos. Así, el mayor control conductual sobre las chicas ha sido encontrado por otros estudios, y puede estar reflejando la consideración de una mayor vulnerabilidad femenina y una mayor necesidad de protección por parte de padres y madres. Sin embargo, también podría deberse a que las chicas percibieran más control porque al mismo tiempo demandan más libertad. Al madurar generalmente antes que sus compañeros pueden exigir unos privilegios a sus padres que éstos no estén dispuestos a ofrecer, y que incluso pueden conllevar un aumento de la vigilancia y el control (Parra y Oliva, 2006). En cierto sentido, este mayor control percibido por las chicas podría resultar contradictorio con la mayor promoción de autonomía que ellas reconocen por parte de sus padres y madres. Sin embargo, mientras que el control conductual hace referencia a límites y supervisión del comportamiento femenino que, como ya hemos apuntado, puede obedecer a un excesivo celo protector, el fomento de autonomía está más relacionado con el respeto y la estimulación del pensamiento independiente y la toma de decisiones. Tal vez, en este terreno los padres confíen más en la madurez y responsabilidad de sus hijas que en la de sus hijos, y ello explique la menor presión que ellas parecen sentir. Ello explicaría también el mayor control psicológico declarado por los sujetos varones de la muestra, aunque como habían demostrado Silk, Morris, Kanaya y Steinberg (2003), e indican nuestros datos, el control psicológico y la promoción de autonomía no pueden considerarse los
56 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN polos opuestos de una misma dimensión, sino dimensiones distintas. Los resultados indicaron que las diferencias en revelación, es decir la medida en que chicos y chicas informaban a sus padres acerca de sus amigos y actividades, fueron más acusadas entre los sujetos de más edad. Así, mientras que en las chicas se mantuvo un nivel estable y más alto de revelación a lo largo de la adolescencia, en los chicos descendió significativamente, lo que puso de manifiesto que las chicas hablan con sus padres y madres con más frecuencia que los chicos, pero sobre todo en la adolescencia tardía. El hecho de que algunos estudios no hayan encontrado diferencias en el grado de comunicación o revelación entre padres e hijos, podría deberse a las diferencias en la edad de los sujetos incluidos en las muestras. Los cambios con la edad en el estilo parental también resultaron significativos en otras dos dimensiones, que disminuyeron significativamente a lo largo de la adolescencia: el afecto y el control conductual. Este descenso se ha observado en la mayoría de estudios y sin duda obedece a los reajustes que se producen en las relaciones familiares durante la adolescencia para ajustarse a la mayor madurez de sus hijos y a sus nuevas necesidades (Collins y Steinberg, 2006). Otras variables sociodemográficas también guardaron relación con las dimensiones familiares estudiadas, así el mayor nivel socioeconómico y educativo de las familias se asoció a mejores estilos parentales (más afecto, control conductual y promoción de autonomía) y menos conflictos maritales. Sin embargo, la relación encontrada entre el estilo parental por un lado, y la competencia y el ajuste por otro, no se debió al mayor nivel educativo o socioeconómico de los padres y madres que mostraron mejores estilos parentales, ya que esta relación se mantuvo una vez controlados los efectos de estos niveles. El afecto mostrado por los padres se asoció fuertemente con la competencia personal aunque también con el desajuste emocional. A pesar del relativo distanciamiento afectivo y comunicativo entre padres e hijos que suele producirse con la llegada de la adolescencia, lo cierto es que chicos y chicas van a seguir beneficiándose de unos padres comunicativos, cercanos y afectuosos, que les apoyen en los momentos difíciles que tendrán que atravesar a lo largo de estos años. La evidencia empírica indica que cuando el afecto, el apoyo y la comunicación positiva caracterizan las relaciones entre padres y adolescentes, éstos últimos muestran un mejor ajuste psicosocial, incluyendo confianza en sí mismos (Steinberg y Silverberg, 1986), competencia conductual y académica (Steinberg, Lamborn, Dornbusch y Darling, 1992), autoestima y bienestar psicológico (Noller y Callan, 1991; Oliva, Parra y Sánchez, 2002), menos síntomas depresivos (Allen, Hauser, Eickholt, Bell y O’Connor, 1994) y menos problemas comportamentales (Ge, Best, Conger y Simons, 1996). Además, es más probable que los hijos se muestren receptivos a los intentos socia-
57 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES lizadores por parte de sus padres y no se rebelen ante sus estrategias de control cuando existe un clima emocional favorable (Darling y Steinberg, 1993). Otra dimensión que también mostró una fuerte asociación con la competencia fue la promoción de autonomía, aunque no se relacionó con el ajuste, lo que coincide plenamente con los datos disponibles de otros estudios, que indican que los padres que promueven la autonomía tienen hijos más individualizados y con más competencia social (Allen, Hauser, Eickholt, Bell y O’Connor, 1994; Hodges, Finnegan y Perry, 1999). Estos padres y madres suelen usar prácticas o estrategias educativas que van encaminadas a que niños o adolescentes desarrollen una mayor capacidad para pensar, formar opiniones propias y tomar decisiones por sí mismos, sobre todo mediante las preguntas, los intercambios de puntos de vista y la tolerancia ante las ideas y elecciones discrepantes, por lo que también tienden a favorecer el desarrollo cognitivo y mejorar el rendimiento académico (Kurdek y Fine, 1994), algo que hemos encontrado en nuestro estudio. Nuestros resultados encontraron que el control conductual favoreció la competencia socioemocional y académica, aunque no sirvió para prevenir los problemas internos o externos, pues sólo guardó relación con el consumo de sustancias. Estos datos no son sorprendentes, ya que si bien la literatura sobre estilos parentales apoya la importancia del control para la prevención de los problemas comportamentales en niños y adolescentes (Steinberg y Silk, 2002), no faltan autores que cuestionan esta importancia, tal vez porque la relación entre control y ajuste puede ser curvilineal, de tal forma que tan perjudicial sería la carencia como el exceso de control, que podría generar conductas rebeldes y agresivas. Otros autores apuntan que, a pesar de la importancia de que los padres tengan conocimiento de lo que hacen sus hijos, es cuestionable la eficacia preventiva del control, señalando que la relación encontrada en muchos estudios entre control y ajuste adolescente se basa en una idea que suele asumirse con escasa evidencia: la de que si los padres tienen información sobre lo que hacen sus hijos en su tiempo libre es como consecuencia de la monitorización o vigilancia que realizan, o de los límites que establecen a su comportamiento (Kerr y Stattin, 2000; Stattin y Kerr, 2000). Sin embargo, las investigaciones realizadas por estos autores indican que los padres obtienen la mayor parte de este conocimiento a través de la revelación espontánea por parte de sus hijos, y no como consecuencia de sus preguntas o esfuerzos deliberados. Esa revelación apareció en este estudio asociada de forma significativa tanto a la competencia académica como al ajuste externo, ya que aquellos adolescentes que tenían más informados a sus padres consumían menos sustancias y presentaban menos problemas externos. Se podría pensar que la relación causal va en el sentido contrario, de tal forma que el contar más o menos cosas en casa dependería del ajuste comportamental del chico o chica, ya que aquellos más transgresores tendrían más razones para
64 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN fue el predictor más potente del desarrollo de las tres competencias, aunque especialmente en el caso de la competencia académica. No obstante, la claridad de normas y valores supuso una aportación muy destacable en el caso de la competencia social. Finalmente, el factor de empoderamiento y oportunidades positivas, que en general aportó menos, se asoció en mayor grado con las competencias académica y socioemocional que con la personal. Mención especial merece la dimensión de clima escolar, que se relacionó positivamente con la competencia personal, pero mostró cierta relación negativa aunque no muy significativa con la competencia socioemocional. La literatura empírica sobre eficacia escolar y mejora de la escuela destaca la relación entre clima escolar y rendimiento académico (Creemers y Reezigt, 2005; Murillo, 2008) pero nuestro estudio apunta al factor decisivo de la conexión o vinculación con la escuela como factor más decisivo para el desarrollo de la competencia académica, siendo también el activo más relacionado con el desarrollo de la competencia personal (Catalana, Haggerty, Oesterle, Fleming y Hawkins, 2004; Greenberg et al., 2003). En síntesis, se puede concluir que los activos escolares se relacionaron con el desarrollo de las competencias, pero dichos activos se asociaron en general más fuertemente con el desarrollo de las competencias académica y socioemocional que con la personal. También todos los activos del centro mostraron relaciones con el desajuste psicológico (Adelman y Taylor, 2000; Kuperminc, Leadbeater y Blatt, 2001), aunque hay que especificar que la contribución de los activos fue desigual. El clima y los vínculos fueron los predictores más potentes. En concreto, el clima escolar parece que contribuye más al ajuste psicológico tanto en relación a los problemas internos como externos; mientras que la vinculación con el centro parecen ser el activo escolar más decisivo para predecir un menor consumo de sustancias. En fin, los activos escolares tienen cierta contribución en el ajuste psicológico y la prevención de conductas de riesgo para la salud, pero hay que dejar claro que la influencia del contexto familiar es mucho más decisiva en ello. Por lo tanto, puede concluirse que existe una relación consistente entre la percepción de los activos escolares de los chicos y chicas y su grado de ajuste y competencia. Algunas características del centro, como los vínculos creados, el clima; y en menor medida, la claridad de normas y valores pueden considerarse como activos o recursos capaces de promover el desarrollo adolescente y prevenir algunos problemas psicosociales. Pero de entre todos ellos parece que la vinculación con el centro se antoja como una pieza crucial en la intervención para la promoción del desarrollo positivo y la prevención de la salud. Dicho esto, y como cabía esperar, es necesario dejar claro que los activos del centro guardaron una mayor relación con las competencias que con los problemas de los adolescentes.
65 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES Al igual que se hizo con la percepción de los activos familiares, se llevó a cabo un análisis de conglomerados para construir una tipología de alumnos en función de sus percepciones sobre el centro educativo. En particular, analizando dichas tipologías los activos de vínculos, claridad de normas, y el empoderamiento eran las tres dimensiones que maximizaban las diferencias entre los conglomerados. Es decir, que el clima aunque arrojaba diferencias significativas no era una dimensión tan decisiva en la construcción de los grupos o conglomerados de percepciones del alumnado. De acuerdo al análisis posterior de las influencias de los tres tipos establecidos de percepciones del alumnado, eran los y las adolescentes que percibían sus centros como “ricos en activos” quienes obtenían puntuaciones significativamente más altas en las tres competencias (Figura 22). A continuación se situaron los que consideraban sus centros como “promedios en activos”, siendo los chicos y chicas que percibían sus centros como entornos “pobres en activos” quienes mostraron las peores puntuaciones. En definitiva, que la mayor percepción de activos puede ser considerada como predictora de un mejor desarrollo de las competencias en el alumnado (Scales et al., 2000). Por otro lado, también se dieron diferencias significativas que relacionaban estas tipologías con el ajuste, el consumo de sustancias y el sexismo, aunque con diferentes tendencias. Simplificando, podemos afirmar que el alumnado con una percepción del centro como rico en activos fue quien presentó un menor consumo de sustancias, menores problemas de ajuste externo e interno y actitudes menos sexistas frente al resto de alumnos (Kuperminc et al., 2001). FIGURA 22. COMPETENCIA Y DESAJUSTE SEGÚN EL TIPO DE CENTRO QUE PERCIBE EL ALUMNADO De los análisis anteriores se puede concluir en general una asociación significativa entre la percepción de la calidad del centro por parte del alumnado y las variables referidas a su ajuste y desarrollo positivo. 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 110 Competencia Desajuste Alumnado que percibe sus centros como ricos en activos Alumnado que percibe sus centros como promedios en activos Alumnado que percibe sus centros como pobres en activos
66 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN Cabría pensar que esta asociación entre las percepciones del alumnado sobre el centro y su desarrollo y ajuste, pudieran estar infladas por proceder todos los datos de la misma fuente de información, y compartir una fuente común de variabilidad. Para tratar de paliar ese problema, se decidió realizar una tipología de centros en función de las percepciones conjuntas de profesorado y alumnado sobre la vida en cada centro. En la maximización de las diferencias entre dichos conglomerados algunos activos percibidos por el alumnado pesaron más, en concreto, los tipos de centros se diferenciaban en mayor grado respecto al clima social y al empoderamiento y oportunidades positivas ofrecidas. Aspecto que queremos destacar por la importancia atribuida no sólo a la existencia de un entorno cálido y seguro, sino a la importancia del empoderamiento en esta etapa de la adolescencia (Catalano et al., 2004; Gardner, Rooth y Brooks–Gunn, 2008). Por otro lado, ese clima cálido, seguro y empoderador percibido por el alumnado no sólo fue corroborado por las percepciones congruentes del profesorado acerca de la convivencia y el empoderamiento en el centro, sino que también se asoció con la existencia de una buena vinculación de los docentes al centro y con un cierto consenso en la valoración de las metas educativas. Es decir, los centros percibidos con un buen clima escolar por parte del alumnado parecían ser centros donde existe una comunidad educativa con una cultura escolar compartida (Hernández y Sancho, 2004). Los resultados revelaron como significativas –aunque el tamaño de dicha contribución hay que matizar que es pequeño– las diferencias entre los tipos de centros propuestos no sólo en el caso de la competencia académica sino también para las competencias socioemocional y personal. Por otro lado, comprobamos que las diferencias en consumo y en sexismo seguían manteniéndose, apareciendo como significativas con este método las diferencias en los problemas de ajuste externo, no así en el caso de de los problemas de tipo interno. En concreto, fueron los chicos y chicas de centros percibidos como “ricos en activos” quienes mostraron una mayor competencia académica, socioemocional y personal, además actitudes menos sexistas que los restantes grupos. No obstante, los centros percibidos como “paternalistas” también tenían un efecto positivo en el desarrollo y ajuste; fueron los que puntuaron significativamente más altos en la competencia académica –por encima del primer grupo– y también alto en la competencia socioemocional, además de presentar un menor consumo de sustancias al compararlos con los otros grupos. Por último, los tres primeros tipos de centros –centros con más activos y con mayor estabilidad del profesorado, entre otros aspectos– presentaron menos problemas de tipo externo que los centros pobres en activos o el centro “no empoderador”. Como conclusión, con respecto a la influencia sobre el desarrollo adolescente de las dimensiones del centro educativo consideradas en este estudio, se puede decir
67 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES que una percepción positiva de los activos escolares –especialmente de los vínculos positivos establecidos en el centro– se relaciona con un buen desarrollo y ajuste adolescente. No obstante, la contribución de los activos escolares parece ser mayor en el desarrollo de la competencia académica y, aunque en menor grado, de la competencia socioemocional, mientras que la competencia personal parece estar mucho más relacionada con factores como la calidad del medio familiar. A su vez la aportación del contexto escolar parece ser más decisiva en el caso de las actitudes sexistas que en el ajuste en general – podríamos afirmar en la educación en valores en general–, y en particular, en el caso del consumo de sustancias frente a los problemas tanto de tipo externo como interno. En fin, los centros educativos contribuyen, aunque en una pequeña proporción, al desarrollo de las competencias y a la prevención de problemas de ajuste psicológico. Aparte de las percepciones del alumnado sobre los activos escolares, ciertas variables como la estabilidad del profesorado o la oferta educativa amplia parecen tener efectos positivos. Creemos además que no es casual que los centros percibidos como más ricos en activos por el alumnado sean los centros “más empoderadores” y que presentan una mayor oferta potencial de actividades para los adolescentes. Sin embargo, dicha contribución, pequeña en realidad, creemos que podría ser incrementada y optimizada con el desarrollo de programas que con un enfoque positivo persigan la promoción de la competencia y el desarrollo adolescente (Catalano et al., 2004; Durlak y Weissberg, 2007; Greenberg et al., 2003; Lerner et al., 2005; Weare, 2004; Zin et al., 2004). LOS ACTIVOS DEL BARRIO O VECINDARIO La valoración que los sujetos de la muestra hicieron de aquellas dimensiones del barrio en el que residían estuvo relacionada con algunas variables sociodemográficas. Las chicas valoraron más que los chicos el empoderamiento de la juventud, es decir, el grado en que se sentían apoyadas y valoradas por los vecinos adultos. También puntuaron más alto que los chicos en la percepción de la seguridad de la zona y del control social que los mayores ejercían sobre el comportamiento juvenil. Podríamos decir que estas diferencias según el sexo reproducen las que se encontraron en la percepción del contexto familiar, pues también allí percibían las chicas más apoyo y promoción de autonomía, a la vez que más control conductual por parte de sus padres. Como contrapartida, los chicos consideraron que existía un mayor número de actividades de ocio a su disposición, lo que sin duda tiene que ver con el hecho de que muchas de estas actividades extraescolares son deportivas y tienen una mayor aceptación entre los varones.
68 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN Un dato preocupante es la disminución que se observó en la mayoría de activos a lo largo de la adolescencia. Es decir, los sujetos de más edad apreciaron un menor control y seguridad, y menos actividades extraescolares, mostrando igualmente un menor apego a su barriada, por lo que se puede considerar que la calidad del contexto comunitario va disminuyendo en la medida en la que chicos y chicas van creciendo, lo que podría contribuir en parte al aumento en el desajuste y la disminución de la competencia observado con la edad. También fue mayor la valoración que hicieron de su barrio los sujetos de mayor nivel socioeconómico, lo que coincide con lo encontrado en diversas investigaciones que han puesto en evidencia que aquellos vecindarios más desfavorecidos desde el punto de vista económico presentan puntuaciones más bajas en seguridad, control social, oferta de actividades, vinculación de los vecinos e infraestructuras, por lo que tienden a confundirse los efectos del estatus socioeconómico familiar y de las condiciones del vecindario sobre el desarrollo y ajuste de niños y adolescentes. En cuanto al tipo de hábitat, quienes residían en zonas rurales valoraron de forma más positiva su vecindario, con una única excepción: la disponibilidad de actividades para jóvenes, que fue mayor en ciudades de más de 30.000 habitantes. Aunque la importancia de las características del barrio en el que viven los adolescentes no alcanza a la de la familia, este estudio ha puesto de manifiesto que ciertas dimensiones del vecindario pueden ser consideradas activos que deberían ser promovidos por su relación con la competencia y el ajuste adolescente. Al igual que ocurría en otros contextos, fue mayor la contribución de los activos comunitarios a la hora de explicar la competencia que el ajuste de chicos y chicas, aunque en ambos casos se observaron relaciones muy significativas que no fueron debidas al hecho de que las familias de ciertas barriadas tuvieran un mayor nivel socioeconómico y educativo, ya que la contribución de los activos del barrio iba más allá del perfil de las familias residentes, y su influencia se mantenía tras controlar estadísticamente este nivel. Todas las dimensiones de la comunidad que fueron tenidas en cuenta realizaron aportaciones significativas, con una única excepción: las actividades para jóvenes disponibles en el barrio. Este dato resultó inesperado, si tenemos en cuenta la abundante evidencia que existe acerca de la importancia que la implicación en actividades extraescolares de ocio y tiempo libre tiene para el desarrollo de jóvenes y adolescentes (Parra, Oliva y Antolín, 2009). La explicación más convincente de esta falta de relación, y lo que parecen estar indicando nuestros datos, es que lo importante no es la oferta de actividades existentes, o el conocimiento que el adolescente tenga de ellas, que es lo que se evaluó en este estudio, sino la participación en las mismas. Como ya se ha comentado páginas atrás, sí se encontró una relación significativa entre la frecuencia de
69 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES participación en actividades de ocio y la competencia de los adolescentes. Este hecho pone de manifiesto que probablemente no basta con poner a disposición de los adolescentes un abanico amplio de actividades a las que puedan dedicar su tiempo libre, sino que, además, hay que fomentar la participación, que debe ser intensa y continuada, como también han encontrado otros estudios ( Roth y Brooks–Gunn, 2003). El empoderamiento de la juventud fue un activo muy importante por su relación tanto con la competencia como con el ajuste adolescente. Este empoderamiento supone una actitud de confianza y respeto por parte de los vecinos de más edad hacia las nuevas generaciones, que en gran medida puede verse entorpecido por la imagen negativa de la adolescencia que suele ser dominante en la opinión pública (Casco y Oliva, 2005). Además de desarrollar iniciativas o campañas para mejorar esa imagen, es importante que chicos y chicas puedan expresar sus necesidades en su comunidad, que sean escuchados y que puedan participar en la organización de actividades o en la gestión de recursos comunitarios. Es muy probable que cuando los adolescentes y jóvenes puedan hacer propuestas de actividades o recursos dirigidos a ellos, se impliquen en mayor medida en estas actividades y hagan un mayor uso de los recursos disponibles. La percepción de que se vive en un barrio seguro en el que se puede pasear sin riesgos, y la de que existe en él un cierto control del comportamiento juvenil por parte de las personas residentes adultas, también destacaron no sólo como factores de protección contra el surgimiento de problemas internos y externos, sino también como activos importantes para la promoción del desarrollo positivo. Especialmente significativa fue la aportación de la seguridad del barrio. Esta variable comunitaria ha sido relacionada con frecuencia con el ajuste comportamental de los chicos y chicas adolescentes, y son muchos los estudios que encuentran un mejor ajuste, no sólo conductual sino también emocional, entre quienes residen en barrios en los que no hay fácil acceso a las drogas, y en los que la violencia y los actos vandálicos son poco frecuentes (Duncan et al., 2002; Lambert et al., 2004). Resultó paradójico que el control social guardase un relación significativa de mayor magnitud con las competencias que con el ajuste de los adolescentes, ya que existe una mayor evidencia acerca de la capacidad del control social para prevenir la aparición de problemas, especialmente conductuales, que para fomentar la competencia (Sampson, 1997). El sentimiento de pertenencia o vinculación con el barrio mostró también una relación muy positiva con la competencia, probablemente porque este apego a la comunidad en que se reside está muy relacionado con la percepción de que es una zona atractiva y poco estresante para vivir, por su seguridad y por los recursos disponibles. Algunos estudios han destacado la importancia para la población joven del apego al barrio, entendiendo este apego como el valor de las relaciones estrechas establecidas
70 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN con los vecinos, que suponen un compromiso afectivo y conductual con la comunidad (Pretty, Chipuer y Bramston, 2003). Como ya hemos comentado, el apego al barrio puede verse también favorecido por la existencia de buenos recursos e instalaciones, por lo que no resulta extraño que la percepción de los mismos guardase una relación significativa con la competencia adolescente. Por una parte, estos recursos tienen un valor intrínseco que los convierten en activos para el desarrollo, pero, por otra parte, tendrán una influencia indirecta sobre la competencia adolescente a través de su relación con el sentimiento de satisfacción y apego al barrio que tienden a generar entre sus residentes. A partir de la percepción que chicos y chicas tenían de su barrio se construyó una tipología que incluyó tres grupos: sujetos que percibían que sus barrios tenían muchos activos: “barrios con activos”; sujetos que valoraron a sus barrios como altos en seguridad y control social, aunque deficitarios en las otras dimensiones: “barrios seguros”; y un último grupo formado por quienes consideraban que sus vecindarios mostraban carencias generalizadas: “barrios de riesgo”. Los resultados indicaron que fueron los adolescentes que residían en barrios que ellos consideraban con muchos activos quienes mostraron una mejor competencia y un mejor ajuste psicológico, mientras que quienes tenían su residencia en barrios de riesgo se situaron en la peor posición. Además, y para evitar que la asociación entre la percepción del barrio y el desarrollo o ajuste adolescente estuviese inflada por proceder todos los datos de la misma fuente de información, se seleccionaron siete barrios en los que, además de la valoración de los adolescentes, se contó con la opinión de residentes adultos, que en términos generales mostraron una percepción de la comunidad muy similar a la de los jóvenes. Con las puntuaciones medias o agregadas de los residentes en cada uno de estos siete vecindarios se realizó un nuevo análisis de conglomerados que también deparó un resultado de tres tipos de barrios: “barrios con activos”, que fueron los mejor valorados, “barrios con control social”, caracterizados por su seguridad y control, y “barrios no seguros”, que tenían poco control y seguridad pero que obtuvieron altas puntuaciones en otros activos o dimensiones. Volvieron a ser los chicos y chicas de barrios con activos quienes obtuvieron mejores índices en ajuste y competencias, aunque en este caso la relación es menos potente. Como han señalado algunos autores (Fagg, Curtis, Clark, Congdon y Stansfeld, 2008), es bastante probable que la percepción de la calidad del vecindario se vea afectada por la salud mental de la persona que realiza la evaluación, por eso cuando se ponen en relación indicadores de la calidad del barrio medidos de forma independiente su capacidad predictiva del ajuste de los residentes es menor.
71 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES TABLA 4. REGRESIÓN MÚLTIPLE SOBRE LAS VARIABLES COMPETENCIA Y DESAJUSTE COMPETENCIA DESAJUSTE PREDICTORES BETA R2 Y SIG. DEL CAMBIO BETA R2 Y SIG. DEL CAMBIO PASO 1 Sexo Edad Nivel Socioeconómico Nivel Educativo Padres .12*** –.07** .10*** .11*** .06*** .19*** .11*** –.01 –.07** .06*** PASO 2 Sexo Edad Nivel Socioeconómico Nivel Educativo Padres Activos Familiares .08*** –.03 .07*** .12*** .46*** .27*** .21*** .08*** .01 –.07** –.28*** .13*** PASO3 Sexo Edad Nivel Socioeconómico Nivel Educativo Padres Activos Familiares Activos del Centro .06*** –.02 .07*** .10*** .40*** .25*** .32*** .22*** .08*** .01 –.07** –.26*** –.08*** .14*** PASO 4 Sexo Edad Nivel Socioeconómico Nivel Educativo Padres Activos Familiares Activos del Centro Activos Comunitarios .06*** –.01 .06*** .10*** .37*** .19*** .14*** .34*** .22*** .07*** .01 –.07** –.25*** –.05* –.08*** .14*** *** p <.001, ** p < .01, * p < .05 Por lo tanto, estos análisis que siguieron un enfoque tipológico, confirmaron los resultados obtenidos con el enfoque centrado en las variables que se sirvió de análisis jerárquicos de regresión múltiple. Los datos indican claramente que algunas dimensiones comunitarias del barrio o vecindario en el que residían los chicos y chicas del estudio pueden ser considerados activos relacionados con la promoción del desarrollo adolescente, y también con la prevención de problemas internos o externos. La evidencia empírica previa acerca de la relación entre el vecindario y la competencia o ajuste adolescente no es tan
72 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN abundante como en el caso del contexto familiar o escolar, por lo que los resultados de este estudio suponen una contribución importante para poner de relieve el papel que desempeñan algunas variables comunitarias en el desarrollo y ajuste adolescente. ACTIVOS, DESARROLLO Y AJUSTE ADOLESCENTE Los datos anteriores indicaron la importancia que algunas dimensiones de los contextos familiar, escolar o comunitario tienen para la promoción del desarrollo y la prevención del desajuste adolescente. Pero, además, cuando se analizó la influencia conjunta de los tres contextos sobre la competencia y el desajuste, y tras controlar los efectos del sexo, la edad, el nivel socioeconómico y el nivel educativo parental, se obtuvieron resultados muy interesantes (Tabla 4). En primer lugar, los análisis indicaron que el contexto familiar pesa más que la escuela y el barrio a la hora de explicar las diferencias en competencias y desajuste, lo que sugiere que el apoyo a las familias de adolescentes para que pueden llevar a cabo un adecuado ejercicio del rol parental debe ser una prioridad en la intervención. En segundo lugar, que los activos estudiados tuvieron una mayor relación con la competencia que con los problemas de ajuste. Este dato es muy relevante, ya que como se planteó en la introducción de este trabajo, los activos son factores o dimensiones del contexto que se caracterizan por favorecer el desarrollo positivo, aunque, de forma indirecta pueden prevenir los problemas propios de la adolescencia. En nuestro estudio se dieron ambas circunstancias: fomentaron la competencia, pero también previnieron el surgimiento de problemas internos y externos. UN ENFOQUE TIPOLÓGICO DE LA SALUD MENTAL ADOLESCENTE Uno de los objetivos de este trabajo era ofrecer un modelo de salud mental o desarrollo adolescente positivo que fuese más allá de los tradicionales modelos basados en el déficit que consideran la salud como una ausencia de problemas. Como había propuesto Keyes (2007), la inexistencia de problemas mentales y la salud mental no son la misma cosa, y más que los dos polos o extremos de una misma dimensión se trata de dimensiones diferentes, de forma que la ausencia de síntomas no implica necesariamente la existencia de salud mental. Esta requiere de la presencia de un estado de bienestar subjetivo caracterizado por la autoestima y la satisfacción vital, las habilidades sociales y la capacidad para establecer vínculos con los iguales, los valores positivos, y el compromiso y la competencia en aquellos dominios propios de la etapa evolutiva en la que se encuentra el sujeto.
73 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES En nuestro estudio disponíamos de dos variables muy potentes que fueron usadas como indicadores de salud mental (competencia) y de la presencia de problemas (desajuste). A partir de estas variables se creó una tipología de sujetos que incluía seis tipos distintos en base a las puntuaciones en competencia y desajuste. La primera de estas variables fue codificada en tres niveles (alta, media y baja), y la segunda en dos (presencia o ausencia de problemas). La tipología resultante del cruce de estas dimensiones es la siguiente: Florecientes: chicos y chicas con alta competencia y sin desajuste psicológico. Florecientes desajustados: chicos y chicas con alta competencia y con desajuste psicológico. Comunes: chicos y chicas con competencia media y sin desajuste psicológico. Comunes desajustados: chicos y chicas con competencia media y desajuste psicológico Lánguidos: chicos y chicas con baja competencia, pero sin desajuste psicológico. Lánguidos desajustados: chicos y chicas con baja competencia y desajuste psicológico. Los cruces de esta tipología con algunas variables sociodemográficas resultaron significativos. A continuación se detallan las características de los componentes de cada grupo, comenzando por los grupos extremos: Florecientes: chicos y chicas de menos edad, de familias con alto estatus socioeconómico y padres del mayor nivel educativo, que acudían a centros privados concertados y residían en localidades de más de 30.000 habitantes. Su estilo de vida se caracterizaba por la actividad física y la participación frecuente en actividades extraescolares de ocio. Eran quienes menos tiempo dedican a ver la televisión, a trajinar con el ordenador y la videoconsola o a estar por las tardes con el grupo de iguales. Fueron también quienes declararon dormir más horas e irse antes a la cama los fines de semana. Mostraron las puntuaciones más altas en activos familiares, escolares y comunitarios (Figura 23). Lánguidos desajustados: chicos y chicas de más edad, de familias desfavorecidas y padres de bajo nivel educativo. Algo más frecuentes en centros públicos y residentes en zonas rurales. Su estilo de vida se caracterizó por la escasa actividad física y la pobre participación en actividades extraescolares de ocio, mientras que fueron quie-
80 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN Por último, un aspecto también importante es prestar atención al desarrollo de competencias personales, socioemocionales y morales del alumnado. A pesar de la importancia del desarrollo de las competencias académicas, una escuela que no se proponga como objetivo prioritario la promoción del desarrollo integral de sus alumnos y alumnas no constituye una propuesta educativa de plena calidad. Este estudio ha mostrado que muchas de estas competencias están fuertemente relacionadas con el ajuste emocional y comportamental de los adolescentes, y también con su rendimiento académico, por lo que los beneficios derivados de su promoción incluyen tanto el fomento del desarrollo y la competencia, como la prevención de problemas. Sin duda, la mejor fórmula para trabajar estas competencias es mediante la implementación en el centro de programas de desarrollo positivo adolescente (Pertegal, Oliva y Hernando, 2010). Estos programas pueden constituir una intervención global que integre y supere la fragmentación que representan las intervenciones que suelen llevarse a cabo en muchos centros educativos, y que aunque persiguen objetivos diferentes (prevención del consumo de drogas, de la violencia escolar o de género, de las conductas sexuales de riesgo, etc.), incluyen actividades que se solapan con mucha frecuencia. EL BARRIO Si este estudio ha aportado una importante evidencia empírica acerca de la importancia de los contextos familia y escuela, algo similar podríamos decir con respecto al barrio o vecindario en que residen los adolescentes, ya que también se encontraron relaciones muy significativas entre la competencia y el ajuste adolescente y algunas dimensiones comunitarias, como la seguridad, el control social, el empoderamiento de la juventud y su sentimiento de vinculación o pertenencia a su comunidad o barrio. Aunque en nuestro estudio la disponibilidad de actividades extracurriculares no se asoció a un mejor ajuste o competencia del alumnado, sí lo hizo la participación en ellas. Por ello, tal vez sea la promoción de las actividades extraescolares de tiempo libre una las mejores estrategias para promover el desarrollo y ajuste de jóvenes y adolescentes (Parra, Oliva y Antolín, 2009). Mientras que el currículum escolar está cada vez más saturado de actividades y programas, los adolescentes disponen de mucho tiempo libre que suelen emplear en actividades de ocio no estructuradas que ofrecen escasos beneficios desde el punto de vista de la promoción del desarrollo y la adquisición de competencias. Por ello, una buena oferta de programas de desarrollo positivo en el contexto del barrio o comunidad, representa un importante factor de prevención de riesgos y de promoción del desarrollo adolescente, especialmente para los jóvenes de entornos más desfavorecidos, que se pueden beneficiar de experiencias enriquecedoras que no
81 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES disfrutan en casa. También es importante que la oferta de actividades y programas resulte atractiva para las chicas, ya que como este estudio ha puesto de manifiesto, la participación en estas actividades es mucho menor entre el sexo femenino. Para que estos programas sean realmente eficaces es preciso que cumplan una serie de requisitos, como que incluyan un currículum bien estructurado, que tengan una larga duración, y que creen una atmósfera de seguridad y empoderamiento en la que se puedan establecer vínculos positivos con iguales y adultos. También es importante que se realicen evaluaciones de aquellos programas que se lleven a cabo, lo que permitirá avanzar en el desarrollo e implementación de programas realmente eficaces. El posibilitar que los adolescentes disfruten de un entorno seguro en el que los adultos supervisen el comportamiento juvenil, y en el que la violencia, el vandalismo o la venta y el consumo de drogas estén ausentes debe ser un objetivo prioritario para la prevención tanto del consumo de sustancias como de los problemas de ajuste interno y externo. Un vecindario en el que los adolescentes se sientan seguros, y que les ofrezca diversas alternativas para el empleo de su tiempo libre facilitará asimismo el sentimiento de pertenencia o vinculación de sus residentes adolescentes, algo que este estudio también ha avalado que representa un importante activo para el desarrollo. LOS MAPAS DE ACTIVOS Y NECESIDADES Otra conclusión que puede extraerse de este estudio es la importancia de considerar tanto las necesidades o carencias de aquellos contextos en los que transcurre la vida de los adolescentes, como también sus activos o fortalezas. Estos activos son recursos o factores que este estudio, y otros, han encontrado relacionados con el ajuste y el desarrollo adolescente, y que por lo tanto deberían promoverse. La investigación llevada a cabo ha permitido elaborar y validar tres escalas que han demostrado su utilidad para la evaluación de activos familiares, escolares y comunitarios. Estas escalas, aplicables al alumnado de secundaria, pueden emplearse para detectar cuales son los activos para el desarrollo que presentan niveles más bajos entre el alumnado de un centro, y que deberían potenciarse. Las tablas de baremación que se presentan junto a las escalas permiten situar a familias (o grupos de familias), centros y barrios, en una determinada posición o percentil en relación con la muestra utilizada para la validación de las escalas. Pero también se han validado y baremado escalas para la evaluación de competencias personales, morales y socio–emocionales (que podrían ser consideradas activos internos), y que pueden servir para detectar cuáles son las fortalezas o debilidades del alumnado de un centro educativo en estas áreas. Así, en base a la utilización de
82 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN estos instrumentos se podrán tomar decisiones con más fundamento con respecto a las competencias sobre las que debe realizarse un mayor esfuerzo educativo por parte de la comunidad escolar. LAS DIFERENCIAS SEGÚN EL SEXO, LA EDAD Y EL NIVEL SOCIOECONÓMICO Otro hallazgo del estudio que merece ser destacado es el relativo a la diversidad existente dentro del alumnado adolescente. Sexo, edad, estatus socioeconómico y nivel educativo parental fueron variables que establecieron diferencias, tanto en el estilo de vida de los sujetos de la muestra como en su competencia y desajuste. Las desigualdades de género en salud se pusieron de manifiesto en la mayor incidencia de problemas de ajuste, sobre todo interno, así como en la menor competencia personal entre las chicas, mientras que los chicos presentaron puntuaciones más bajas en competencia socioemocional y académica. El aumento de los problemas emocionales en las chicas a lo largo de la adolescencia es un dato preocupante que requiere de una atención especial. Los resultados obtenidos han indicado que algunas variables son muy determinantes del ajuste emocional femenino, y que deberían ser tenidas en cuenta. Entre las variables familiares ya hemos tenido ocasión de comentar los efectos negativos del uso de técnicas de control psicológico, como el chantaje emocional o la inducción de culpa, por lo que debería informarse a madres y padres sobre la conveniencia de no emplear estas tácticas manipuladoras, y sustituirlas por técnicas de control o supervisión más eficaces, al igual que sobre la importancia de respetar y promover la autonomía adolescente. También el apego al grupo de iguales se reveló como un factor de protección muy significativo, lo que indica que los relaciones con los compañeros lejos de constituir un factor de riesgo son un activo muy importante para el desarrollo emocional durante la adolescencia, por lo que su promoción debería incorporarse como un objetivo prioritario en los programas de desarrollo positivo. Algo parecido podríamos decir de la autoestima que se reveló como un importante factor de protección frente a los problemas de ajuste de las chicas. Algunos factores relacionados con el desarrollo emocional también mostraron una relación significativa con los problemas emocionales femeninos, así mientras que la atención a las propias emociones y la empatía ante las emociones ajenas, se asociaron a un mayor número de problemas internos, la capacidad para entender y regular las propias emocionales y para modificar a voluntad el estado de ánimo, se relacionaron con un mejor ajuste externo. Estos datos subrayan la necesidad de incorporar a los programas de desarrollo
83 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES positivo algunas actividades dirigidas a que las chicas aprendan a utilizar técnicas que les permitan controlar y regular sus propias emociones, así como a mejorar su autoestima y su satisfacción vital, ya que en todos estos aspectos se sitúan por debajo de los chicos. En cambio, en ellos sería conviene promover aspectos como la empatía, las habilidades para la resolución de conflictos, los valores prosociales y personales y un mayor compromiso y motivación hacia el aprendizaje. También la edad estableció diferencias claras puesto que los problemas se incrementaron y algunas competencias disminuyeron según aumentaba la edad, aunque esta tendencia negativa se observó de forma más clara entre las chicas, de forma que las diferencias de género fueron más acusadas a los 17 años que al inicio de la adolescencia. En cierta forma, se puede afirmar que este empeoramiento relacionado con la edad está relacionado con la disminución de activos que se observó según avanzaba la adolescencia. Por lo tanto, es importante considerar que a partir de la adolescencia media deben incrementarse los esfuerzos por apoyar a chicos y, sobre todo, chicas mediante algunas de las estrategias sugeridas líneas atrás. El nivel socioeconómico y educativo de las familias también fueron variables con una clara incidencia sobre la competencia adolescente, aunque no con los problemas de ajuste. Estas variables marcaron diferencias en desarrollo positivo entre grupos de adolescentes, aunque esta relación entre estatus familiar y desarrollo estuvo mediada por el mejor estilo parental que mostraron los padres y madres de mayor nivel socioeconómico. La relación entre activos familiares, escolares y comunitarios y el desarrollo adolescente no se vio moderada por el nivel socioeconómico, por lo que los beneficios derivados de disponer de un buen número de activos fueron generalizados para los adolescentes de todos los estratos sociales. Por lo tanto, la mejor vía para compensar las menores competencias de los chicos y chicas de contextos sociales más desfavorecidos es intensificar las actividades y programas dirigidos a estos jóvenes y sus familias, para así ampliar su horizonte de experiencias. LOS PROGRAMAS DE DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Aunque pueden llevarse a cabo muchas iniciativas concretas para favorecer el desarrollo y la salud de jóvenes y adolescentes, la implementación de programas globales de desarrollo positivo adolescente es una alternativa que puede resultar más eficaz. Estos programas, sobre cuya eficacia existe una importante evidencia empírica procedente de Estados Unidos, persiguen la promoción integral del desarrollo adolescente. En nuestro contexto podrían llevarse a cabo iniciativas similares de carácter global que
84 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN impliquen a distintos servicios (salud, educación, juventud, servicios sociales) y que se desarrollen e implementen a nivel local, y cuyo objetivo principal sea el de promover la salud y el desarrollo adolescente. Estas intervenciones podrían partir del análisis de los activos y necesidades existentes en una comunidad por parte de profesionales distintos ámbitos, y a partir de ahí diseñar actividades y programas que puedan llevarse a cabo a nivel familiar, escolar o comunitario. En Andalucía existe una amplia red de puntos incluidos en el programa Forma Joven pueden constituir unos excelentes dinamizadores o aglutinadores de todas las iniciativas dirigidas a los jóvenes en un barrio o localidad. LIMITACIONES DEL ESTUDIO Para terminar, nos gustaría hacer referencia a algunas de las limitaciones del estudio, como fueron el no disponer en la muestra de un número más amplio de centros educativos o el hecho de que las competencias fueran evaluadas exclusivamente a partir de la opinión del adolescente. Hubiera sido interesante, aunque mucho más costoso, disponer de una muestra de centros más representativa de la diversidad existente en nuestra comunidad, y evaluar habilidades y competencias mediante pruebas de ejecución. No obstante, y a pesar de esas limitaciones, el estudio tiene muchas fortalezas, entre las que merece destacarse el haber analizado en profundidad una amplia variedad de contextos, de cuya importancia para el desarrollo adolescente se ha obtenido una clara evidencia empírica. También hay que mencionar la cantidad y variedad de instrumentos utilizados para evaluar tanto la competencia como el desajuste, y que van más allá de otros estudios que se centran casi exclusivamente en problemas, y que emplean medidas de escasa fiabilidad y basadas en un número muy reducido de ítems o reactivos. En ese sentido, una aportación fundamental del estudio ha sido la elaboración y validación de un conjunto de instrumentos psicométricos apropiados para medir la mayoría de competencias incluidas en el modelo de desarrollo positivo, y de otros destinados a evaluar los activos presentes en los contextos en los que viven los adolescentes: familia, escuela y barrio. Esperamos que los resultados de este trabajo contribuyan a mejorar el desarrollo de jóvenes y adolescentes y favorezcan una transición saludable a la etapa adulta.
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101 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES
102 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN
103 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES 5. ANEXOS: INSTRUMENTOS DE MEDIDA LAS INSTRUCCIONES DE APLICACIÓN Y DE CORRECCIÓN DE LAS ESCALAS, ASÍ COMO LOS BAREMOS POR SEXO Y EDAD, SE PUEDEN ENCONTRAR EN EL MANUAL TITULADO INSTRUMENTOS PARA LA EVALUACIÓN DE LA SALUD MENTAL Y EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN
104 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 5.1. ESCALA DE AUTOESTIMA • Nombre de la escala: Escala de autoestima. • Autores: Rosenberg, M. (1965). • Nº de ítems: 10. • Aplicación: Individual o colectiva a adolescentes a partir de 12 años. • Duración: 5 minutos. • Finalidad: Evaluación de la autoestima. • Tipificación: Baremación en centiles según el sexo y la edad. • Material: Manual, escala y baremos • El concepto de autoestima: La autoestima puede considerarse como uno de los elementos más importantes en los que se basa la construcción de la personalidad, además de un potente predictor del grado de ajuste psicológico durante la adolescencia y la adultez. El autor de la escala que nos ocupa, considera que la autoestima consiste básicamente en una tendencia direccional que oscila entre un nivel alto y un nivel bajo. Si uno se juzga en términos positivos con aceptación y condescendencia, tendrá una autoestima positiva, pero si se autodevalúa y otorga escasa o nula importancia a los propios caracteres, entonces carecerá de unos pilares básicos para la supervivencia psíquica, al faltar el mínimo de seguridad, estima y el respeto por su propia persona. Por lo tanto, a la autoestima se la puede considerar como la valoración que el sujeto realiza de la imagen de sí mismo. Esta evaluación, basada en la opinión que cada persona se forma, se realiza en función del conjunto de pensamientos y experiencias de las que se ha ido nutriendo, principalmente durante la infancia y la adolescencia. Dicha valoración contiene inevitablemente ciertos elementos subjetivos que delimitan e influyen en el sentido e intensidad de sus manifestaciones. La autoestima reside en la base de la construcción de actitudes positivas de un individuo con respecto a sí mismo, sus experiencias y hacia los demás. De ahí la importancia de formar una buena autoestima. Es reseñable por tanto que la percepción que se tiene de uno mismo no es estática, ni inamovible, no es algo que esté en nosotros previamente establecido, al igual que otras muchas características que nos definen como individuos únicos. Esa evolución, en la adolescencia, adquiere matices propios de esta etapa estableciéndose para la mayoría de los autores tres periodos identificables en relación a este concepto: adolescencia inicial, media y tardía. Una autoestima positiva facilita a los jóvenes tener un buen ajuste psicológico, lo que a su vez facilita su adaptación social y puede mediar en la prevención de determinadas conductas de riesgo.
105 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES En el contexto escolar; variables como el ajuste social del alumno/a, clima social percibido por el alumno/a y su grado de victimización, se relacionan con la autoestima del adolescente. Fenómenos como el acoso escolar o bullying se ven relacionados directa e indirectamente con una baja autoestima. Una buena autoestima contribuye a tener un buen ajuste emocional, lo que a su vez facilita una buena adaptación social. Promover la autoestima positiva previene conductas de riesgo y suscita un sentimiento de bienestar. De ahí la importancia de conocer y comprender la autoestima de los adolescentes. Señala en qué medida las siguientes afirmaciones definen tu forma de pensar sobre ti mismo. Rodea con un círculo el número correspondiente a la opción elegida. Recuerda que los cuestionarios son anónimos Totalmente en desacuerdo En desacuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo 1234 Totalmente en desacuerdo En desacuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo 1 En general estoy satisfecho conmigo mismo/a 1 2 3 4 2 A veces pienso que no sirvo absolutamente para nada 1 2 3 4 3 Creo tener varias cualidades buenas 1 2 3 4 4 Puedo hacer las cosas tan bien como la mayoría de las personas 1 2 3 4 5 Creo que tengo muchos motivos para sentirme orgulloso/a 1 2 3 4 6 A veces me siento realmente inútil 1 2 3 4 7Siento que soy una persona digna de estima o aprecio, al menos en igual medida que los demás 1234 8 Desearía sentir más aprecio por mí mismo/a 1 2 3 4 9 Tiendo a pensar que en conjunto soy un fracaso 1 2 3 4 10 Tengo una actitud positiva hacía mí mismo/a 1 2 3 4
112 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 5.5. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN • Nombre de la escala: Escala de tolerancia a la frustración. • Autores: Adaptación española de la subescala Stress Management del Emotional Quotient Inventory (EQ–i, YV) de Bar–On, R. y Parker, J.D.A (2000). • Nº de ítems: 8. • Aplicación: Individual o colectiva a niños/as y adolescentes de entre 12 y 17 años. • Duración: Unos 5 minutos. • Finalidad: Evalúa la percepción de los niños/as y adolescentes sobre su propia capacidad para el manejo del estrés –tolerancia al estrés y control impulsivo–. • Tipificación: Baremación en centiles según el sexo y la edad. • Material: Manual, escala y baremos. • El concepto de tolerancia a la frustración: La tolerancia al estrés es la habilidad para afrontar y manejarse con situaciones adversas y estresantes sin sentirse desbordado. Las personas que tienen altos niveles de tolerancia al estrés eligen una forma adecuada para afrontarlo, tienen recursos personales para ello y son eficaces para encontrar soluciones posibles. Esa capacidad se basa en una disposición optimista hacia las experiencias nuevas y los cambios, la cual se relaciona con la creencia en las propias capacidades para afrontar y manejar ese tipo de situaciones vitales. Además, estas personas se sienten capaces de controlar o influir en la situación que provoca estrés, cuentan con un repertorio de conductas posibles para actuar ante las situaciones difíciles, mantienen la calma y no se dejan llevar por emociones fuertes, ni por la desesperanza o la ansiedad. Por otro lado, podemos definir el control de impulsos como una habilidad para regular de forma eficaz y constructiva las emociones. Consiste en resistirse a los impulsos o tentaciones, por lo que tiene que ver con la agresividad y la conducta irresponsable. Para aplicar dicho control, es preciso aceptar nuestros impulsos agresivos para poder manejarlos de forma adecuada. De este modo, las personas con adecuados niveles de tolerancia al estrés y control de impulsos son personas tranquilas, rara vez impulsivas y suelen trabajar bien bajo presión. Pueden adaptarse bien cuando realizan tareas estresantes, ansiógenas e incluso peligrosas. Son habilidades que favorecen la planificación y resolución de conflictos de forma adecuada. No obstante, a lo largo de nuestra vida tenemos la posibilidad de desarrollar más estas habilidades, por lo que debemos interpretar las puntuaciones de la persona evaluada comparándolas con las de los sujetos de su misma edad y sexo, en relación a su cohorte.
113 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES Los sujetos con altas puntuaciones en la escala suelen tener capacidad para controlar sus impulsos agresivos y apenas muestran conductas irresponsables. Los que puntúan bajo, sin embargo, suelen ser impulsivos, con poca capacidad para afrontar las frustraciones, con problemas para controlar la ira, pérdida de control y conductas explosivas e impredecibles. Es probable que estos últimos tengan mayores problemas en sus relaciones con los demás en el contexto escolar y social. La deficiencia en el manejo de estrés también puede relacionarse con problemas de ansiedad, depresión y verificación de los propios pensamientos y emociones contrastándolos con la realidad, pudiendo contribuir al desarrollo de trastornos de tipo psicológico. Lee cada una de las siguientes frases y selecciona UNA de las 5 respuestas, la que sea más apropiada para ti. Selecciona el número (del 1 al 5) que corresponde a la respuesta que elegiste y márcala. Si alguna de las frases no tiene nada que ver contigo, igualmente responde teniendo en cuenta como te sentirías, pensarías o actuarías en esa situación. Nunca Pocas veces A veces Muchas veces Siempre 12345 Nunca Pocas veces A veces Muchas veces Siempre 1 Me resulta difícil controlar mi ira. 1 2 3 4 5 2 Algunas cosas me enfadan mucho. 1 2 3 4 5 3 Me peleo con gente. 1 2 3 4 5 4 Tengo mal genio. 1 2 3 4 5 5 Me enfado con facilidad. 1 2 3 4 5 6 Cuando me enfado con alguien me enfado durante mucho tiempo. 1 2 3 4 5 7 Me resulta difícil esperar mi turno 1 2 3 4 5 8 Cuando me enfado, actúo sin pensar. 1 2 3 4 5
114 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 5.6. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE LA PLANIFICACIÓN Y TOMAS DE DECISIONES • Nombre de la escala: Escala de planificación y tomas de decisiones. • Autores: Adaptación española de la subescala Decision making/Problem solving del Life–skills Development Scale de Darden, C.A., Ginter, E.C. y Gazda, G.M. (1996). • Nº de ítems: 8. • Aplicación: Individual o colectiva a adolescentes de entre 13 y 18 años. • Duración: Unos 5 minutos. • Finalidad: Evaluar la percepción de los adolescentes sobre su propia habilidad para la planificación y la toma de decisiones. • Tipificación: Baremación en centiles según el sexo y la edad. • Material: Manual, escala y baremos. • El concepto de planificación y toma de decisiones: No existe un consenso en cuanto a la definición del término decision making (toma de decisiones). Mientras que algunos autores se centran en la explicación de la toma de decisiones por la vía racional, otros ponen el énfasis en la instintiva. El proceso racional para tomar decisiones requiere de la identificación y análisis del problema, de la ponderación de los criterios de decisión, de la búsqueda de información, de la génesis y evaluación de diferentes alternativas de solución, de la puesta en marcha de la decisión y de su evaluación posterior. Dicho proceso no es tarea fácil, debido entre otras razones, al desequilibrio que existe entre las conexiones nerviosas cognitivas y motivacionales que provocan cierta vulnerabilidad y aumentan la impulsividad y la asunción de riesgos durante esta etapa del desarrollo. Además, las vías y estructuras cerebrales implicadas en el control cognitivo y la inhibición conductual y emocional, aún están desarrollándose durante la adolescencia. Así por ejemplo, algunos autores señalan que la inmadurez de la corteza prefrontal está relacionada con fallos en el proceso cognitivo de planificación y toma de decisiones. Igualmente, la inmadurez prefrontal está vinculada con una mayor impulsividad e implicación de los y las adolescentes en conductas de riesgo relacionadas con la sexualidad, el consumo de drogas o los comportamientos antisociales. Por otro lado destacar que otros circuitos neuronales relacionados con el procesamiento de recompensas y los aspectos emocionales en la toma de decisiones, también continúan desarrollándose en la adolescencia. Será sobre los 15 años cuando las habilidades de razonamiento lógico tengan un nivel similar a las de los adultos. Además de variables del desarrollo propio, los contextos de socialización como los iguales y la familia son factores que influyen en la planificación y toma de decisio-
115 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES nes. Existen datos que defienden que la sensibilidad de los padres y las madres se relacionan positivamente con las habilidades del adolescente, así como con un mejor desarrollo en general. Lee las siguientes frases y rodea con un círculo la opción que consideres en función de tu mayor o menor acuerdo con cada una de ellas. Gracias. Totalmente en desacuerdo Bastante en desacuerdo Algo en desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo Algo de acuerdo Bastante de acuerdo Totalmente de acuerdo 1234567 Totalmente en desacuerdo Bastante en desacuerdo Algo en desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo Algo de acuerdo Bastante de acuerdo Totalmente de acuerdo 1Le doy vueltas a la cabeza y lo analizo todo cuando estoy intentando resolver un problema 1234567 2Me pongo manos a la obra cuando decido el tipo de trabajo que quiero hacer 1234567 3Cuando pienso en varias opciones, las comparo con detalle 1234567 4Me gusta planearlo todo antes de tomar una decisión definitiva 1234567 5 Soy capaz de diseñar un buen plan de acción cuando tengo que decidir algo importante relacionado con mis estudios o mi trabajo 1234567 6Considero todos los factores antes de tomar una decisión ante un problema 1234567 7Utilizo la información que obtengo para descubrir diferentes soluciones a un problema 1234567 8 Soy capaz de resolver problemas utilizando la lógica 1 2 3 4 5 6 7
116 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 5.7. ESCALA DE EMPATÍA • Nombre de la escala: Escala básica de empatía. • Autores: Jolliffe, D. y Farrington, D. P. (2006). • Nº de ítems: 9. • Subescalas: Empatía Afectiva y Empatía Cognitiva. • Aplicación: Se puede aplicar de forma individual o colectiva a adolescentes a partir de los 12 años. • Duración: Unos 5 minutos. • Finalidad: Evaluar dimensiones de la empatía. • Tipificación: Baremación en centiles según el sexo y la edad. • Material: Manual, escala y baremos. • El concepto de empatía: La empatía es una variable relevante si se pretende entender la conducta humana. Entre las definiciones que podemos encontrar en la literatura, una de las más utilizadas considera la empatía como un reacción emocional elicitada y congruente con el estado emocional del otro y que es idéntica o muy similar a lo que la otra persona está sintiendo o podría tener expectativas de sentir (Eisenberg, Zhou y Koller, 2001). Dentro del concepto de empatía se establecen una serie de distinciones en función de los aspectos que conforman el término, pudiéndose hablar de una empatía cognitiva, afectiva, disposicional y situacional. Mientras que la empatía cognitiva haría referencia a la capacidad para comprender al otro, la empatía afectiva iría más allá, ya que sitúa a un individuo en disposición de compartir un sentimiento adecuado al estado emocional de otra persona. En cambio la distinción entre empatía disposicional y situacional se establecería en función de la mayor o menor influencia del contexto. Así la empatía disposicional sería una capacidad del individuo independiente del contexto, mientras que la empatía situacional, como su nombre indica, hace alusión a la mayor o menor intensidad en la manifestación de empatía estando supeditada la misma, al contexto de referencia. La empatía se vincula con variables como conducta prosocial, estabilidad emocional, género e inteligencia emocional, entre otras. Se trata de una de la variables que mejor define los comportamientos sociales, estando relacionada con las elaboraciones cognitivas y emocionales que favorecen el ajuste adaptativo del individuo. Con respecto a las relaciones entre la empatía y el género se han establecido diferencias en función de esta variable. Según algunos estudios, las chicas presentan una mayor disposición empática. Este dato es coherente con la mayor presión social que reciben las jovénes que las llevan a valorar más los afectos y a tener en cuenta a los demás.
117 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES En referencia a las relaciones que se establecen con la inteligencia emocional, se considera la empatía, en concreto su vertiente cognitiva, un elemento del factor de habilidades interpersonales que conforma la inteligencia emocional. Dado los vínculos de la empatía con la conducta prosocial y su función inhibidora de la agresividad, es una variable que contribuye a favorecer la adaptación social del individuo, incidiendo positivamente en la prevención de conductas desajustadas, de ahí la necesidad de tener presente esta variable en contexto del marco educacional. Indica si las frases que figuran a continuación pueden servir para definir o no tu forma de ser, marcando con un círculo la opción elegida. Totalmente en desacuerdo En desacuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo 1234 Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ni de acuerdo ni en desacuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo 1Después de estar con un amigo/a que está triste por algún motivo suelo sentirme triste 12345 2 Los sentimientos de los demás me afectan con facilidad 1 2 3 4 5 3 Me pongo triste cuando veo a gente llorando 1 2 3 4 5 4 Cuando alguien está deprimido suelo comprender cómo se siente 1 2 3 4 5 5Casi siempre me doy cuenta de cuándo están asustados mis amigos/as 12345 6 A menudo me entristece ver cosas tristes en la tele o en el cine 1 2 3 4 5 7A menudo puedo comprender como se sienten los demás incluso antes de que me lo digan 12345 8 Casi siempre puedo notar cuándo están contentos los demás 1 2 3 4 5 9Suelo darme cuenta rápidamente de cuándo un amigo/a está enfadado. 12345
118 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 5.8. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DE LA EXPRESIÓN, MANEJO Y RECONOCIMIENTO DE EMOCIONES • Nombre de la escala: Escala de expresión, manejo y reconocimiento de emociones (TMMS–24). • Autores: Adaptación de Fernández–Berrocal, P., Extremera, N. y Ramos, N. (2004) del Trait Meta–Mood Scale (TMMS–48) del grupo de Salovey, Mayer, Goldman, Turvey y Palfai (1995). • Nº de ítems: 24. • Subescalas: Atención a los Sentimientos, Claridad Emocional y Reparación de las Emociones. • Aplicación: Individual o colectiva a adolescentes a partir de los 16 años. • Duración: Unos 5 minutos. • Finalidad: Evaluar la inteligencia emocional intrapersonal percibida (atención a las emociones, claridad emocional y reparación emocional). • Tipificación: Baremación en centiles según el sexo y la edad. • Material: Manual, escala y baremos. • El concepto de inteligencia emocional: La inteligencia emocional (IE) se refiere a los procesos implicados en el reconocimiento, uso, comprensión y manejo de los estados emocionales de uno mismo y de otros para resolver problemas y regular la conducta. Entre las habilidades que la conforman se incluyen: La percepción de emociones: habilidad para percibir e identificar las emociones propias (mayor consciencia emocional, menor alexitimia y menor ambivalencia sobre la expresividad emocional) y ajenas (sensibilidad afectiva, habilidad para recibir afecto y sensibilidad no verbal). Además, se refiere a la percepción de emociones en objetos, arte, historias, música y otros estímulos. La comprensión de emociones: implica su conocimiento, su combinación o progresión a través del tiempo y las transiciones entre unas y otras. Los más hábiles son más sensibles respecto a cómo se organiza el lenguaje para expresar emociones e identifican mejor el significado de las experiencias emocionales propias y ajenas. La regulación de emociones: habilidad para modificar los estados emocionales y la evaluación que hacemos de las estrategias para modificarlos. Para ello es preciso observar, distinguir y etiquetar las emociones con precisión, creer que se pueden modificar, poner en marcha estrategias eficaces para modificar las emociones negativas y evaluar todo el proceso. La investigación demuestra que hay diferencias interindividuales tanto en la autoeficacia percibida, como en el manejo de las emociones de otros. Para interpretar correctamente la escala es necesario tener en cuenta que en la primera dimensión, tanto una puntuación muy baja como una muy alta pueden mostrar
119 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES problemas de diferente tipo en el sujeto evaluado. En este sentido, hay autores que han encontrado relación entre una alta puntuación en atención emocional y altas puntuaciones en sintomatología ansiosa y depresiva, así como bajas puntuaciones en rol emocional –mayores limitaciones en las actividades cotidianas debido a problemas de tipo emocional– , funcionamiento social y salud mental. A su vez, las puntuaciones altas en la comprensión y regulación de emociones se relacionan con altas puntuaciones en rol físico –ausencia de limitaciones en las actividades cotidianas debido a problemas físicos–, funcionamiento social, salud mental, vitalidad –altos niveles de energía– y percepción de salud –buena salud personal y adecuadas expectativas de cambio respecto a la propia salud–. Por tanto, las dimensiones que componen el instrumento poseen carácter predictivo sobre la salud física, social y mental, a la vez que correlacionan con variables como depresión, rumiación y satisfacción vital.
120 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN A continuación encontrará algunas afirmaciones sobre sus emociones y sentimientos. Lea atentamente cada frase y luego indique por favor el grado de acuerdo o desacuerdo con respecto a las mismas. Señale con un círculo la respuesta que más se aproxime a sus preferencias. No hay respuestas correctas o incorrectas, ni buenas o malas. No emplee mucho tiempo en cada respuesta. Nada de acuerdo Algo de acuerdo Bastante de acuerdo Muy de acuerdo Totalmente de acuerdo 12345 Nada de acuerdo Algo de acuerdo Bastante de acuerdo Muy de acuerdo Totalmente de acuerdo 1 Presto mucha atención a los sentimientos. 1 2 3 4 5 2 Normalmente me preocupo mucho por lo que siento. 1 2 3 4 5 3 Normalmente dedico tiempo a pensar en mis emociones. 1 2 3 4 5 4Pienso que merece la pena prestar atención a mis emociones y estado de ánimo. 12345 5 Dejo que mis sentimientos afecten a mis pensamientos. 1 2 3 4 5 6 Pienso en mi estado de ánimo constantemente. 1 2 3 4 5 7 A menudo pienso en mis sentimientos. 1 2 3 4 5 8 Presto mucha atención a cómo me siento. 1 2 3 4 5 9 Tengo claros mis sentimientos. 1 2 3 4 5 10 Frecuentemente puedo definir mis sentimientos. 1 2 3 4 5 11 Casi siempre sé cómo me siento. 1 2 3 4 5 12 Normalmente conozco mis sentimientos sobre las personas. 1 2 3 4 5 13 A menudo me doy cuenta de mis sentimientos en diferentes situaciones. 12345 14 Siempre puedo decir cómo me siento. 1 2 3 4 5 15 A veces puedo decir cuáles son mis emociones. 1 2 3 4 5 16 Puedo llegar a comprender mis sentimientos. 1 2 3 4 5 17 Aunque a veces me siento triste, suelo tener una visión optimista. 1 2 3 4 5 18 Aunque me sienta mal, procuro pensar en cosas agradables. 1 2 3 4 5 19 Cuando estoy triste, pienso en todos los placeres de la vida. 1 2 3 4 5 20 Intento tener pensamientos positivos aunque me sienta mal. 1 2 3 4 5 21 Si doy demasiadas vueltas a las cosas, complicándolas, trato de calmarme. 12345 22 Me esfuerzo por tener un buen estado de ánimo. 1 2 3 4 5 23 Tengo mucha energía cuando me siento feliz. 1 2 3 4 5 24 Cuando estoy enfadado intento que se me pase. 1 2 3 4 5
121 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES
128 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN A continuación puntúa en una escala del 1 al 7 como son de importante para ti las siguientes cuestiones. Recuerda, no dejes ninguna frase sin contestar. Nada importante Poco importante Algo importante Importante Bastante importante Muy importante Lo más importante 1234567 Nada importante Poco importante Algo importante Importante Bastante importante Muy importante Lo más importante 1Hacer las cosas lo mejor que se pueda incluso cuando se tenga que hacer algo que no gusta 1234567 2 Recibir elogios de las demás personas 1 2 3 4 5 6 7 3 Ser admirado/a por los demás 1 2 3 4 5 6 7 4 Defender los derechos de los demás 1 2 3 4 5 6 7 5 Pertenecer o participar en organizaciones sociales 1 2 3 4 5 6 7 6 Involucrarse de manera activa en los grupos, asociaciones u organizaciones a las que se pertenece 1234567 7Dedicar parte del tiempo de uno a ayudar a los demás 1234567 8 Responder a las necesidades de los demás 1 2 3 4 5 6 7 9 Ser sincero con los demás 1 2 3 4 5 6 7 10 Ayudar a asegurar un trato justo para todo el mundo 1 2 3 4 5 6 7 11 Luchar contra las injusticias sociales 1 2 3 4 5 6 7 12 Participar en algún grupo comprometido socialmente 1 2 3 4 5 6 7 13 Buscar cualquier oportunidad para divertirse 1 2 3 4 5 6 7 14 Comportarse de acuerdo con los principios en los que se cree 1234567 15 Disfrutar de los placeres de la vida 1 2 3 4 5 6 7 16 Trabajar para el bienestar de los demás 1 2 3 4 5 6 7 17 Ser leal y fiel con los demás 1 2 3 4 5 6 7 18 Ganarse la confianza de la gente siendo leal y honesto/a 1234567 19 Que las demás personas me admiren 1 2 3 4 5 6 7 20 No culpar a otros de nuestros errores 1 2 3 4 5 6 7 21 Reconocer y asumir la responsabilidad cuando se ha hecho algo mal 1234567 22 Defender lo que se cree aunque no sea bien visto por los demás 1234567 23 Hacer cosas que resulten placenteras para uno mismo/a 1234567 24 Actuar de acuerdo con lo que se piensa aunque no sea compartido por otros/as 1234567
129 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES
130 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 5.12. ESCALA PARA LA DETECCIÓN DE SEXISMO EN ADOLESCENTES • Nombre de la escala: Escala de detección de sexismo en adolescentes (DSA). • Autores: Recio, P., Cuadrado, I. y Ramos, E. (2007). • Nº de ítems: 26. • Subescalas: Sexismo Benevolente y Sexismo Hostil. • Aplicación: Individual o colectiva a adolescentes a partir de los 14 años (las autoras no indican edad mínima, pero en el artículo donde se analizan las propiedades psicométricas del instrumento, las edades de la muestra oscilan entre 14 y 17 años). • Duración: Unos 10 minutos. • Finalidad: Detectar ideas sexistas en la población adolescente, diferenciando entre el tradicional sexismo hostil y el benevolente. • Tipificación: Baremación en centiles según el sexo y la edad. • Material: Manual, escala y baremos. • El concepto de sexismo hostil y benevolente: El sexismo es un tipo de prejuicio basado en creencias y actitudes que confieren al varón roles de autoridad y dominio mientras que adjudican a las mujeres un papel pasivo, dependiente y necesitado de protección. Dentro de las actitudes sexistas se encuentran aquellas que podríamos denominar bajo la categoría de sexismo hostil, y que hacen referencia al sexismo tradicional, basado en la inferioridad de las mujeres como grupo y que incluyen ideas como que el lugar de la mujer es el hogar o que el marido debe ser el cabeza de familia. Además de este tipo de sexismo, existe uno mucho menos evidente y no menos peligroso que se ha venido a denominar sexismo benevolente. El sexismo benevolente comparte con el hostil una visión de la mujer como ser débil y necesitado de protección con unos roles claramente restringidos, pero lo hace desde una perspectiva supuestamente más positiva, en la medida que el tono emocional es mucho más afectivo y las conductas que suscita en los varones son de protección o incluso adoración de las mujeres. Tanto el sexismo hostil como el benevolente sirven para justificar la estructura de poder patriarcal tradicional y el sometimiento de la mujer. Sin embargo, el benevolente tiene varios peligros añadidos. En primer lugar, es mucho menos evidente; por otro lado, casa muy bien con la visión romántica del amor en la que las mujeres, aunque princesas o reinas, deben ser salvadas de innumerables peligros, situándolas, sin apenas darse cuenta, en una situación claramente de sometimiento al varón. Y finalmente, permite a la sociedad patriarcal legitimar su estructura tradicional, basándose en el amor y la protección de un ser más débil. La creencia en la igualdad de género es una competencia a desarrollar para el
131 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES buen ajuste adolescente, a la par que un recurso o activo que facilita el desarrollo positivo no sólo de ellas, sino también de ellos. Si bien la creencia en la igualdad de género se asocia con el desarrollo positivo, la presencia de ideas estereotipadas lo hace con indicadores de desajuste como el mantenimiento de relaciones de pareja problemáticas. Así, existen datos que corroboran la asociación entre poseer creencias sexistas y mantener en un futuro relaciones, especialmente de pareja, basadas en la dependencia y el desequilibrio, relaciones que son la condición previa para que se produzcan conductas de violencia o abuso en la pareja. En este sentido, la lucha contra los prejuicios y los estereotipos de género es fundamental, especialmente en la infancia y adolescencia.
132 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN Rodea con un círculo la alternativa que mejor se ajuste a tu grado de acuerdo o desacuerdo con cada una de las siguientes frases. Recuerda que los cuestionarios son anónimos, por lo que te pedimos sinceridad. Totalmente en desacuerdo Bastante en desacuerdo Algo en desacuerdo Algo de acuerdo Bastante de acuerdo Totalmente de acuerdo 1 2 3 4 5 6 Totalmente en desacuerdo Bastante en desacuerdo Algo en desacuerdo Algo de acuerdo Bastante de acuerdo Totalmente de acuerdo 1Las mujeres son, por naturaleza, más pacientes y tolerantes que los hombres 123456 2El lugar más adecuado para la mujer es su casa con su familia 123456 3El afecto y el cariño son más importantes para las mujeres que para los hombres 123456 4Las mujeres son más débiles que los hombres en todos los aspectos 123456 5Una medida positiva para acabar con el paro sería que las mujeres se quedarán en casa 123456 6 Las mujeres están mejor dotadas que los hombres para complacer a los demás (estar atentas a lo que quieren y necesitan) 123456 7Es más natural que sean las hijas y no los hijos las que se hagan cargo de los padres ancianos 123456 8Por su mayor sensibilidad, las mujeres son más compasivas que los hombres hacia su pareja 123456 9 Atender bien la casa es obligación de la mujer 1 2 3 4 5 6 10 Hay que poner a las mujeres en su lugar para que no dominen al hombre 123456 11 Nadie como las mujeres sabe cuidar a sus hijos 1 2 3 4 5 6 12 Las mujeres son manipuladoras por naturaleza 1 2 3 4 5 6 13 Las mujeres tienen mayor capacidad para perdonar los defectos de su pareja que los hombres 123456 14 El hombre debe ser la principal fuente de ingresos de su familia 123456 15 Para un hombre una mujer frágil tiene un encanto especial 1 2 3 4 5 6 16 El marido es el cabeza de familia y la mujer debe respetar su autoridad 123456 17 Las mujeres poseen por naturaleza una sensibilidad superior a la de los hombres 123456
133 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES 18 No es propio de hombres encargarse de las tareas del hogar 123456 19 Las mujeres razonan peor que los hombres 1 2 3 4 5 6 20 Los hombres están más capacitados que las mujeres para lo público( por ej: la política, los negocios, etc.) 123456 21 Las mujeres son insustituibles en el hogar 1 2 3 4 5 6 22 La mujer que trabaja fuera de casa tiene desatendida a su familia 123456 23 Los hombres deben tomar las decisiones más importantes en la vida de la pareja 123456 24 Por naturaleza, las mujeres están mejor dotadas que los hombres para soportar el sufrimiento 123456 25 Una mujer debe estar dispuesta a sacrificarse por el éxito profesional de su marido 123456 26 Un hombre debe dirigir con cariño, pero con firmeza a su mujer 123456
134 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 5.13. ESCALA PARA LA EVALUACIÓN DEL ESTILO PARENTAL • Nombre de la escala: Escala para la evaluación del estilo educativo de padres y madres de adolescentes. • Autores: Oliva, A., Parra, A., Sánchez–Queija, I. y López, F. (2007). • Nº de ítems: 41. • Subescalas: Afecto y Comunicación, Promoción de Autonomía, Control Conductual, Control Psicológico, Revelación, y Humor. • Aplicación: Se puede aplicar de forma individual o colectiva a adolescentes a partir de los 12 años. • Duración: Unos 10 minutos. • Finalidad: Evaluar varias dimensiones del estilo educativo parental a partir de la percepción de sus hijos/as. • Tipificación: Baremación en centiles según el sexo y la edad. • Material: Manual, escala y baremos. • El concepto de estilo parental: Se trata del concepto más utilizado por psicólogos y educadores para caracterizar la forma en que madres y padres educan y se relacionan con sus hijos. Las primeras propuestas utilizaron un enfoque tipológico, que los clasificaba como autoritarios, permisivos, democráticos e indiferentes, en función de dos dimensiones, el afecto y el control. Mientras que los padres democráticos combinan un nivel alto de afecto y control y los indiferentes unos niveles bajos en ambas dimensiones, los padres permisivos y autoritarios se sitúan en posiciones intermedias. Así, si los padres permisivos se muestran afectuosos y comunicativos pero supervisan y controlan poco a sus hijos, los autoritarios hacen todo lo contrario, manifestando mucho control y escaso afecto. Estos estilos han sido utilizados por los investigadores para analizar la influencia que los padres pueden ejercer sobre el desarrollo y ajuste de sus hijos, encontrándose una abundante evidencia empírica que indica que los estilos democráticos son los más favorecedores, lo que revela la importancia que el afecto y el control tienen para la promoción del desarrollo adolescente. Junto a este enfoque tipológico encontramos un enfoque dimensional que en lugar de clasificar a los padres y madres en varios tipos, los sitúa en un continuo o graduación en una serie de dimensiones. Aunque el afecto/ comunicación y el control han sido las dimensiones más frecuentemente utilizadas, algunos autores han sugerido la importancia de considerar otras variables en la determinación del estilo parental. La promoción de la autonomía es una de ellas, y se relaciona con algunos indicadores de
135 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES desarrollo positivo adolescente. Otros autores han propuesto la diferenciación entre el control conductual, que se refiere al establecimiento de límites o a la monitorización y conocimiento parental de las actividades de sus hijos e hijas, y el control psicológico, que se sirve de estrategias manipuladoras de chantaje emocional e inducción de culpa. Este control psicológico suele aparecer asociado a problemas emocionales en los adolescentes. Por último, habría que hacer referencia a la revelación, que se refiere a cuando el chico o chica informan espontáneamente a sus padres acerca de sus amistades o actividades. Como algunos estudios recientes han indicado, probablemente esta revelación sea la forma más eficaz de supervisión, pues suele aparecer asociada a un buen ajuste comportamental en los y las adolescentes.
136 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN A continuación, podrás leer una serie de frases referidas a la relación con tus padres. Deberás indicar rodeando con un círculo el número que define mejor esta relación. No dejes ninguna frase sin contestar. No hay respuestas correctas ni falsas. Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ligeramente en desacuerdo Ligeramente de acuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo 1 2 3 4 5 6 Totalmente en desacuerdo En desacuerdo Ligeramente en desacuerdo Ligeramente de acuerdo De acuerdo Totalmente de acuerdo 1 Si tengo algún problema puedo contar con su ayuda 1 2 3 4 5 6 2 Muestran interés por mí cuando estoy triste o enfadado 1 2 3 4 5 6 3 Me siento apoyado y comprendido por ellos 1 2 3 4 5 6 4 Me hacen sentir mejor cuando estoy desanimado 1 2 3 4 5 6 5 Disfrutan hablando cosas conmigo 1 2 3 4 5 6 6Me animan a que les cuente mis problemas y preocupaciones 123456 7 Cuando hablo con ellos muestran interés y atención 1 2 3 4 5 6 8 Con frecuencia pasan algún tiempo hablando conmigo 1 2 3 4 5 6 9 Ponen límites a la hora a la que debo volver a casa 1 2 3 4 5 6 10 Cuando salgo un sábado por la tarde–noche, debo decirles antes de salir a dónde voy y cuándo volveré 123456 11 Si llego a casa más tarde de lo acordado me preguntan por qué he llegado tarde y con quién he estado 123456 12 Me preguntan en qué gasto el dinero 1 2 3 4 5 6 13 Intentan saber qué hago en mi tiempo libre 1 2 3 4 5 6 14 Intentan saber a dónde voy cuando salgo 1 2 3 4 5 6 15 Intentan controlar continuamente mi forma de ser y pensar 1 2 3 4 5 6 16 Me tratan de forma fría y distante si hago algo que no les gustan 123456 17 Me hacen sentir culpable cuando no hago lo que quieren 1 2 3 4 5 6 18 Siempre me están diciendo lo que tengo que hacer 1 2 3 4 5 6 19 Me dicen que ellos tienen razón y no debo llevarles la contraria 123456 20 Dejan de hablarme cuando se enfadan conmigo 1 2 3 4 5 6 21 Son menos amables conmigo cuando no hago las cosas a su manera 123456 22 Me castigan y sancionan sin darme explicaciones 1 2 3 4 5 6 23 Cuando quieren que yo haga algo me explican por qué quieren que lo haga 123456
137 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES 24 Me animan a que tome mis propias decisiones 1 2 3 4 5 6 25 Me animan a que piense de forma independiente 1 2 3 4 5 6 26 Permiten que opine cuando hay que tomar una decisión familiar 123456 27 Me animan a que exprese mis ideas aunque estas ideas no gusten a otras personas 123456 28 Me animan a que diga lo que pienso aunque ellos no estén de acuerdo 123456 29 Me dicen que siempre hay que mirar las dos caras de un asunto o problema 123456 30 Piensan que aunque todavía no sea una persona adulta puedo tener ideas acertadas sobre algunas cosas 123456 31 Casi siempre son unas personas alegres y optimistas 1 2 3 4 5 6 32 Suelen estar de buen humor 1 2 3 4 5 6 33 Suelen bromear conmigo 1 2 3 4 5 6 34 Suelen estar tranquilos y relajados 1 2 3 4 5 6 35 Se ríen mucho conmigo 1 2 3 4 5 6 36 Es divertido hacer cosas con ellos 1 2 3 4 5 6 37 Les cuento cómo me va en las diferentes asignaturas de la escuela incluso cuando no me preguntan 123456 38 Cuando llego de la escuela les cuento cómo me ha ido el día (exámenes, relaciones con los profesores, compañeros...) 123456 39 Les cuento lo que hago en mi tiempo libre 1 2 3 4 5 6 40 Les cuento lo que hago cuando salgo por ahí 1 2 3 4 5 6 41 Les hablo sobre los problemas que tengo con mis amigos y amigas 123456
144 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN A continuación, figuran una serie de frases que intentan recoger su valoración sobre diversos temas. Indica si está o no de acuerdo con ellas. Para ello, señale rodeando el número con un círculo si cree que la frase es: Totalmente falsa Falsa Algo falsa Ni falsa ni verdadera Algo verdadera Verdadera Totalmente verdadera 1234567 Totalmente falsa Falsa Algo falsa Ni falsa ni verdadera Algo verdadera Verdadera Totalmente verdadera 1El alumnado participa en la elaboración de las normas de convivencia del centro 1234567 2 Me cambiaría de centro si pudiera 1 2 3 4 5 6 7 3Existe un clima de confianza entre el profesorado de este centro 1234567 4 En este centro existe buen rollo entre el alumnado 1 2 3 4 5 6 7 5 A mí me gusta bastante este centro 1 2 3 4 5 6 7 6 En este centro, el alumnado propone algunas celebraciones y actividades del mismo y participan en su organización 1234567 7La mayoría de los profesores y profesoras de este centro se llevan bien entre sí 1234567 8 Los docentes de este centro se esfuerzan de forma sincera para lograr los propósitos trazados en el propio centro. 1234567 9En este centro se valora el rendimiento académico por encima de la formación integral del alumnado 1234567 10 En este centro hay grupos de alumnos que se dedican a molestar a los demás y a meter broncas 1234567 11 Cuando hay un conflicto, el alumnado participa en su resolución 1234567 12 Existe muy poca implicación entre los/as profesores/as de este centro 1234567 13 Los docentes siempre participamos en las decisiones importantes que adopta el Centro 1234567 14 En este centro me siento muy a gusto 1 2 3 4 5 6 7 15 Algunas de las actividades que se realizan en las clases son propuestas por el alumnado 1234567 16 En este Centro importa muchísimo la educación en valores del alumnado 1234567
145 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES 17 El profesorado está muy implicado con el centro y con su mejora 1234567 18 En este centro hay bastantes problemas o conflictos fuera de las aulas (recreo, pasillos, servicios, etc.) 1234567 19 El profesorado de este centro percibe que su influencia en la toma de decisiones es muy alta 1234567 20 Las normas de comportamiento de este centro son asumidas por casi todo el alumnado 1234567 21 En este centro es más importante el formar a buenas personas y ciudadanos responsables que incluso los resultados escolares 1234567 22 En este centro las relaciones entre el alumnado y el profesorado son buenas 1234567
146 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN 5.16. ESCALA DE VALORACIÓN DEL BARRIO • Nombre de la escala: Escala de valoración del barrio. • Autores: Creada para este estudio. • Nº de ítems: 22. • Subescalas: Empoderamiento de la Juventud, Apego al Barrio, Seguridad, Control Social, y Actividades para Jóvenes. • Aplicación: Se puede aplicar de forma individual o colectiva a partir de los 12 años. • Duración de la aplicación: Unos 5 minutos. • Finalidad: Evaluar varias dimensiones del barrio o comunidad a partir de la percepción de sus residentes. • Tipificación: Baremación en centiles, según el sexo y la edad. • Material: Manual, escala y baremos. • Las dimensiones del barrio o comunidad: Aunque a la hora de analizar los contextos que influyen sobre el desarrollo, la familia y la escuela han sido los entornos a los que se ha prestado una mayor atención, en las últimas décadas se han llevado a cabo algunos estudios que han analizado la importancia para el desarrollo y ajuste adolescente de variables relativas al barrio o vecindario. Este interés ha venido propiciado por la cada vez mayor evidencia empírica acumulada sobre la relación entre entornos comunitarios pobres y desfavorecidos y el surgimiento de problemas de conducta tales como el consumo abusivo de sustancias, la violencia, el fracaso y abandono escolar y la iniciación sexual precoz. A este enfoque deficitario, hay que añadir que la idea que ha ganado peso en los últimos años de que algunas características del barrio o comunidad pueden favorecer el desarrollo adolescente. Así, para el modelo del desarrollo positivo es esencial el concepto de activos para del desarrollo (developmental assets), que son aquellos recursos que existen tanto en el propio sujeto como en la familia y en la comunidad que resultan esenciales para la promoción del desarrollo positivo a jóvenes y adolescentes. Entre esos activos comunitarios se encuentran la valoración positiva y la asignación de responsabilidades y roles a jóvenes y adolescentes, o la promoción de su participación en la vida del barrio. Estos activos están relacionados con el concepto de capital social, entendido como aquellas características de la organización social, tales como las redes sociales existentes y la confianza recíproca, que facilitan la acción y cooperación para el beneficio mutuo entre los miembros de una comunidad. Igualmente importante, resulta el control y supervisión del comportamiento juvenil por parte de personas adultas dispuestas a intervenir en caso de detectar conductas incívicas y contrarias a las normas de la comunidad. Este control social es otro importante activo para el desarrollo, relacio-
147 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES nado especialmente con la prevención de comportamientos antisociales. Otra dimensión clave, relacionada con el capital social y sobre cuya importancia para el desarrollo saludable existe mucha evidencia empírica, es la existencia en el barrio de un ambiente de seguridad y en el que chicos y chicas se sientan apoyados por los adultos. Al igual que ocurre en familia y escuela, moverse en un contexto seguro, sin riesgos y con el apoyo y orientación de los mayores, es un claro predictor del ajuste psicológico. La existencia de actividades extraescolares a las que los adolescentes puedan dedicar su tiempo libre también está relacionada con la competencia académica y con el desarrollo personal y social, siendo cada vez es mayor la evidencia que destaca la importancia de la implicación este tipo de actividades para la formación integral de la juventud y para la reducción de muchos problemas conductuales, especialmente en jóvenes en situación de riesgo psicosocial. Por lo tanto, la percepción que el adolescente tiene de los activos para el desarrollo existente en su barrio, como los incluidos en esta escala, puede ser de mucha importancia de cara a determinar la asociación existente entre algunas de sus características y su desarrollo positivo.
148 EL DESARROLLO POSITIVO ADOLESCENTE Y LOS ACTIVOS QUE LO PROMUEVEN A continuación figuran una serie de frases referidas a tu barrio. Indícanos tu mayor o menor acuerdo con cada una de ellas. Para ello, señala rodeando con un círculo el número de las alternativas que te presentamos. Hazlo despacio, sin dejar ninguna sin contestar. Los cuestionarios son anónimos, por lo que te pedimos sinceridad en las respuestas. Totalmente falsa Falsa Algo falsa Ni falsa ni verdadera Algo verdadera Verdadera Totalmente verdadera 1234567 Totalmente falsa Falsa Algo falsa Ni falsa ni verdadera Algo verdadera Verdadera Totalmente verdadera 1Las personas adultas de mi barrio se preocupan de que los jóvenes estemos bien 1234567 2 La gente de mi edad puede encontrar en mi barrio personas adultas que le ayuden a resolver algún problema 1234567 3Las personas adultas de mi barrio dicen que hay que escuchar a los jóvenes 1234567 4 Me siento identificado con mi barrio 1 2 3 4 5 6 7 5La gente adulta de mi barrio valora mucho a los jóvenes 1234567 6Las personas adultas de mi barrio nos riñen si estropeamos los árboles o jardines públicos 1234567 7 Siento que formo parte de mi barrio 1 2 3 4 5 6 7 8 Me siento muy unido a mi barrio 1 2 3 4 5 6 7 9Vivir en mi barrio me hace sentir que formo parte de una comunidad 1234567 10 En mi barrio, cuando las personas adultas toman decisiones que nos afectan a los jóvenes escuchan antes nuestra opinión 1234567 11 En mi barrio hay gente que vende droga 1 2 3 4 5 6 7 12 En vacaciones, en mi barrio hay muchas actividades para que podamos divertirnos los jóvenes 1234567 13 Algunos amigos de fuera tienen miedo de venir a mi barrio 1234567 14 La gente de mi barrio comete delitos y gamberradas 1 2 3 4 5 6 7 15 Las personas adultas de mi barrio tratarían de impedir que los jóvenes quemaran o rompieran cosas (papeleras, contenedores, etc.) 1234567 16 La gente de mi edad nos sentimos apreciados por las personas adultas del barrio 1234567
149 UN ESTUDIO EN CENTROS DOCENTES ANDALUCES 17 Si un joven de mi barrio intentara dañar un coche las personas adultas lo evitarían 1234567 18 En mi barrio, si haces cualquier gamberrada seguro que algún adulto te reñirá 1234567 19 Los jóvenes de mi barrio tenemos lugares donde reunirnos cuando hace mal tiempo 1234567 20 Los jóvenes de mi barrio podemos hacer tantas cosas después de clase que raramente nos aburrimos 1234567 21 En mi barrio suele haber peleas entre bandas callejeras 1234567 22 Hay pocos barrios en los que haya tantas actividades para jóvenes como en el mío 1234567