Intervención del elemento patronal en la previsión de los obreros : discurso leido por el Sr. José Marvá y Mayer... en la sesión estatutaria celebrada en Sevilla el día 17 de marzo de 1917
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Publicaciones del Instituto Nacional de Previsión INTERVENCIÓN DEL ELEMENTO PATRONAL EN LA PREVISIÓN DE LOS OBREROS DISCURSO LEÍDO POR EL Excmo. Sr. D. JOSÉ MARVÁ Y MAYER. Biblioteca PixeLegis. Universidad de Sevilla. Presidente del Instituto Nacional de Previsión en la sesión estatutaria celebrada en Sevilla el día 17 de marzo de 1917 Madrid, 1917.-Sobrinos de la Sucesora de M. Mlnuesa de los Rios, Miguel Servet, núm. 13.- Teléfono M-651
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Señor: De nuevo honra V. M. a nuestro Instituto dignándose presidir esta sesión, que se celebra precisamente en la ciudad donde, _ahora hace nueve años, firmó la Ley que dió vida al régimen de Previsión popular, demostrando con tan señalada merced el alto aprecio en que V. M. tiene a las instituciones sociales con que nuestra patria aspira a mejorar la situación de las -clases trabajadoras, y a laborar por una nueva era de paz y de bienestar que nos permita engrandecer y enriquecer el suelo nacional, y, al propio tiempo, coadyuvar con otros pueblos al progreso de los ideales humanitarios que a todos nos son comunes. Vuestra presencia es además bien significativa en , estos momentos de tremenda lucha, en que la mayoría de las naciones europeas se destrozan, sin compasión, en la más horrible guerra que ha presenciado la Humanidad, en la que V. M. viene realizando una misión caritativa que todos los pueblos ensalzan, y agradecen. También nuestro régimen de Previsión social es una lucha contra el infortunio inherente a la naturaleza humana, y en él realiza el corazón magnánimo y el cultivado espíritu de V. M. también otra función igualmente noble y generosa. Sírvase V. M. acoger, por todo ello, el testimonio de nuestra profunda gratitud. Nota característica de la legislación española sobre retiros obreros, y, por lo tanto, de la organización del Instituto de Previsión, es el profundo respeto a todos los valores sociales. Lejos de centralizar y absorber la acción en lo que se refiere a
- 4 la previsión popular, el Instituto > de Previsión, no sólo por. mandato de sus disposiciones legales y estatutarias, sino también por propia convicción de los elementos que le dirigen, ha. venido fomentando las fuerzas locales organizadas para la previsión y prestándoles toda la ayuda que le ha sido posible, a fin de convertirlas en colaboradoras de la obra de progreso. económico y social que la Ley de 27 de febrero de 1908 le encomienda. Ha querido huir el Instituto de los males de la con-. gestión, que en la economía social, como en la economía hu.- mana, son de pronóstico gravísimo, y no con palabras, sino, con hechos, viene demostrando esta política descentralizadora. Desde el primer momento de su creación utilizó como órganos provinciales las Cajas de Ahorros y otras entidades benéficas. de previsión ya arraigadas por la tradición en N historia económica de nuestra patria. Conocido es el tesón con que ha de-. Vendido la compatibilidad del seguro social, que él difunde y practica, con el seguro mercantil, en el que tienen amplio campo de acción respetables entidades técnicamente organizadas. Sus gestores y administradores los ha buscado en todas las regiones de nuestra patria, sin pensar en intereses particulares, de la misma manera que no ha pensado en tendencias especiales de índole política o sociológica, atento sólo a realizar una obra nacional en provecho de las clases trabajadoras, lo mismo de la derecha que de la izquierza, y, sin duda, a esta política de suma equidad, de justo equilibrio y de indeclinable rectitud ha debido la general simpatía con que le honran to dos los elementos de la sociedad española. - Testimonio de esta política descentralizadora es la sesión estatutaria que anualmente celebra el Instituto, y que, por unánime acuerdo de nuestro Consejo, tiene lugar este año en esta insigne ciudad de Sevilla, famosísima por la riqueza y hermosura de su suelo, por el ingenio y la industria en sus habitantes, por la brillantez de su historia, en cuyas páginas refulgen aquellas gloriosas instituciones económicas y mercantiles qüe hicieron de Sevilla, durante siglos, el emporio del comerciotransatlántico. Finalmente, es un deber del Instituto corresponder con su afecto y su simpatía a la excelente acogida que desde hace años se le viene dispensando en este honrado solar r,
-5— kispalense, donde, gracias a la solícita labor da ilustres patricios de elevada significación social, la propaganda del Institu- to tiene hoy en Sevilla un campo de acción verdaderamente c onsiderable. * * Dispone el art. 26 de nuestros Estatutos que en la sesión :anual que el Instituto celebra para conmemorar, por decirlo así, la fiesta de su cumpleaños, diserte un Consejero sobre un tema referente a previsión popular; y de conformidad con esta disposición, y cumpliendo el honroso encargo que me han dado mis compañeros de Consejo, voy a exponer breve y sen i -cillamente, sin aparato científico ni oratorio, algunas consideraciones relativas a la Intervención del elemento patronal en la previsión de los obreros, tema que juzgo de la mayor importancia y actualidad, sintiendo sólo que su desarrollo no haya sido encomendado a persona más versada que yo en estas materias. En la mecánica social de los pueblos modernos hay tres elementos de cuya armónica combinación depende el equilibrio en el mundo del trabajo, y, por lo tanto, la paz, sin la que no es posible la producción de la riqueza. Estos tres elementos son: el obrero, el patrono y el Estado. Sin caer en los excesos del individualismo, ní llegar a los extremos de la doctrina del -laissez faire, laissez passer, es preciso reconocer a las fuerzas individuales la gran importancia que en la vida social les corresponde. El individuo solo, aislado, es cierto que no lo puede hacer todo, pero puede hacer mucho: es la energía celular iniciada, de donde irradia la vida que luego ha de ser intensificada y ampliada por medio de complicados órganos, aparatos y -sistemas; es la vesícula microscópica que se destaca del vientre de la caldera, se dilata por los conductos abiertos a la expansión corpuscular, obra y reobra, sobre las resistencias mecánicas, y, asociando a la suma de energías elementales su propia energía gaseosa, pruduce la , fuerza colosal que mueve el émbolo, engendrando un movimiento que, transmitido y regulado por bielas, ruedas y mecanismos varios, arrastra enormes masas sobre los rieles de la vía férrea.
No es, pues, despreciable la fuerza individual, por humilde y desvalido que se suponga al sujeto qúe la desarrolla. En loque se refiere a las reformas sociales que ahora particularmente nos interesan, es notorio que el propio obrero, con su solo. esfuerzo personal, puede hacer mucho para mejorar las condiciones del trabajo. La higiene privada; las prudentes precauciones en lo que se relaciona con la seguridad del trabajo, ya. que la experiencia demuestra que muchos accidentes son hilos. de imprudencia temeraria; la cultura y educación, hoy, por fortuna, asequibles a todos; las propias virtudes individual", entre las que ocupa preferente lugar esta del ahorro y la previsión, que aparta al hombre de los lugares de vicio y despil-. farro; el buen empleo del descanso, para que éste sea lo que. debe ser: un medio reparador de las energías consumidas en-el trabajo, y no un nuevo gasto de fuerzas, que necesariamente. requerirán una reparación ulterior son recursos que están. al alcance de cualquier individuo, por débil y desamparado, que se crea. En cuanto al elemento patronal, ¿qué duda cabe de quedebe intervenir en estas relaciones sociales? En el estado actual de la producción industrial, y considerando el régimen productor como una sociedad entre obrero y capitalista, es evidente que el patrono aparece en ella corno el principal sustentador y director del trabajo: a él corresponde la organización técnica de los elementos productores, y en primer lugar, por lo tanto, lo, que se refiere a los intereses del obrero. Sea cualquiera la opinión que se tenga respecto del régimen de patronado, lo mismo para los que piensan en una forma patriarcal semejante a. la de la familia que para los que creen que la dignidad obrera se halla mejor amparada en un régimen de colaboración o de verdadera sociedad mercantil, el caso es que el primer lugar- en la jerarquía de este régimen corresponde al patrono, y trae,. por lo tanto, aparejadas muy graves obligaciones y responsabilidades. Finalmente, el Estado, como supremo director de la vida. nacional, tiene también, en el régimen de previsión, una función importantísima, cual es la de crear, por medio de instituciones de derecho público, de cultura y de previsión, un am-
— 7 — biente favorable al bienestar económico de los ciudadanos, regular las relaciones entre patronos y obreros, y, corno tutor especial de los débiles, ayudar económicamente a todo aquel que quiera por sus propios esfuerzos y practicando las nobles virtudes sociales, elevar su nivel de vida. Pero esto ha de hacerse dentro de ciertos límites, porque, como ha dicho muy bien un autor (1), «el Estado debe cuidar de no ahogar las iniciativas individuales, ni entorpecerlas con una intervención perturbadora; debe, al contrario, estimularlas, secundarlas y hasta provocarlas, cuando tarden en manifestarse, y debe también suplirlas, cuando son notoriamente impotentes para realizar las reformas necesarias». ** ExaMineMos ahora un poco más despacio la acción del patrono en el régimen de previsión popular. Para ello partiremos de la hipótesis presente, es decir, del régimen de patronado, tal como hoy se encuentra establecido, y en virtud del cual obreros y patronos, mediante un contrato de trabajo, forman una sociedad productora de riqueza, cuyas utilidades se distribuyen después en la forma convenida. Admitamos corno un su puesto este estado de cosas, sin entrar a examinar su bondad o conveniencia. En este régimen, como ya queda dicho, corresponde el primer puesto jerárquico al patrono: él organiza la empresa, la dirige, la administra, altera sus condiciones técnicas cuando le parece bien, y recoge mayores utilidades que el obrero. Igualmente está autorizado para aplazar los trabajos y hasta para suspenderlos definitivamente. Esta suma de atribuciones tiene naturalmente, como elemento compensador, otra suma de deberes morales, que ningún patrono puede desconocer; y es el primero de todos el de humanizar la producción, es decir, no considerar simplemente al obrero corno una máquina, sino como un ser moral, capaz también de derechos y de deberes. El insigne economista belga Víctor Brants lo ha di- (1) Paul Pie, Traité élémentaire de légi,slation industrielle, Paris, 1912.
— 8 -- eho en una fórmula terminante: «El contrato de trabajo no pone, no puede poner al trabajador a merced del empresario: el trabajo tiene un carácter esencialmente humano, inseparable de la persona humana; ésta tiene derechos que deben ser respetados y garantidos» (1). El mismo nombre de patrono parece que indica una función especial protectora de carácter paternal, y esta función puede ser considerada en dos aspectos: educativo el uno; propiamente económico el otro. Es necesario, en primer término, pensar en una labor educativa, porque la previsión, como todas las virtudes sociales, precisa una preparación de la voluntad que sólo se consigue con la perseverante acción educadora. El hombre es naturalmente imprevisor, y cuando no está educado por el medio ambiente, tiende a vivir al día, sin pensar en otra cosa que en la satisfacción de las necesidades presentes. Por eso ha podido decir un autor que «la previsión es el barómetro de la civilización de los pueblos» (2), ya que, a medida que éstos adelantan en el camino de su cultura y su mejora económica y social, se hacen más previsores. La masa proletaria adolece, como es natural, de esta falta de previsión, que se acentúa más por la escasez del medio económico en que ordinariamente vive, porque si para el hombre siempre representa un esfuerzo el ahorro y la previsión, para el obrero, que no tiene más ingresos que el fruto de su trabajo, esta virtud es mucho más difícil, y exige a veces esfuerzos de suma importancia , que vienen a avalorar su mérito, y de aquí la importancia de la obra de educación social que tiende a crear en los centros de trabajo hábitos de previsión en favor de las clases trabajadoras. Si, según un aforisma clásico, el trabajo todo lo vence, también puede decirse que este trabajo pedagógico, en el orden de la previsión, llega a vencer la apatía de las voluntades más tibias y a hacer fácil, por la repetición de actos, que es lo que constituye el hábito, la práctica de esta noble virtud que nos ocupa. (1) Las grandes líneas de la economía política, por Víctor Brants. Traducción de D. Eduardo de Hinojosa. (2) Wiegan.
— 9 ---- El patrono, como principal factor do la empresa industrial, ha de cuidar, pues, de satisfacer' esta necesidad educativa, no sólo en los obreros, sino también en los niños, preparando así las generaciones futuras, a fin de que el día de mañana no haya hombres imprevisores. Para la educación de los obreros adultos dispone el patrono de poderosos elementos pedagógicos que, bien empleados, pueden dar resultados muy halagüeños, En primer lugar, ha de atender a lo que pudiera llamarse saneamiento del medio ambiento en que el obrero y su familia viven, porque de poco valdría la educación individual y la formación del carácter dentro de las exigencias de la ética social más pura, si se condenara al individuo a vivir en un ambiente corruptor, contra cuya deletérea influencia suelen ser estériles las resistencias personales. Con esto me refiero especialmente a la policía de los lugares de recreo o diversión, donde, desgraciadamente, el obrero deja gran parte de su salario y no pequeña de su salud y de su dignidad personal. Aunque vivimos en un régimen de libertad económica tal vez excesivo, a nadie parecerá fuera de lugar que se regule el ejercicio de las industrias fronterizas del vicio, ya .que esta policía social ha de redundar siempre en beneficio del pueblo. La virtud de la previsión es incompatible con todos los vicios, pero especialmente con el del alcoholismo, que es una de las grandes plagas de la sociedad de los humildes. Una respetable Caja de Ahorros domiciliada en una población del Norte , de España viene publicando en sus Memorias anuales curiosísimos datos comparativos entre el ahorro y el alcoholismo, demostrándose que existe una razón inversa entre el desarrollo de aquella virtud y el de este vicio (1). La primera necesidad, pues, de todo educador, en materia de previsión, será la guerra sin cuartel a este vicio devastador, que es una de las mayores plagas de la sociedad moderna. En momento solemne, cuando en el Instituto de Reformas Sociales se acababa de aprobar el proyecto de Reglamento cle (1) Véanse las Memorias anuales de la Cuja de A horros provincial, de Guipúzcoa.
- 16 - unidos en una obra de utilidad coman, que además lo es de. paz y de progreso. Tenemos la seguridad de que tales estímulos, y los más. hondos de la convicción moral, en vista de los nuevos deberes impuestos por los progresos sociales, han de ser suficientes para que el Estado, los patronos, los particulares, los obreros, procediendo con prudencia y por etapas graduales, contribuyan a realizar la parte práctica y útil de las reivindicaciones de los. trabajadores, sin trastornos, sin violentas transiciones, sustituyendo evolutivamente lo modificable para llegar 'a una situación de derecho, de moral y de costumbres que colme la. aspiración de todo buen ciudadano: ensanchar el hogar y engrandecer la patria. HE DICHO.