Tras el rastro de las Independencias
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ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 25 (2011) 7-9 Tras el rasTro de las IndependencIas La independencia de los estados americanos significó una conmoción en muchos sentidos. Fue un proceso largo y complejo que se inició hacia 1808 y se prolongó hasta 1824. Sin duda, América despertó otra a partir de la consolidación de los movimientos independentistas y de la creación paulatina de las nuevas naciones. Otros poderes y otras influencias se van a sumar, superponer o suplantar a las existentes. Surge así la “auténtica” Literatura Hispanoamericana, para aquellos que consideran todo lo anterior como literatura española en América. La cuestión de si existe una Literatura Hispanoamericana como literatura autónoma o independiente que usa como vínculo unificador la misma lengua que la española fue muy debatida a lo largo de los siglos XIX y XX y aún no parece totalmente cerrada. La formación del concepto Literatura Hispanoamericana no ha surgido espontáneamente, sino que presenta un largo y complicado proceso histórico-polémico. Cuando en el siglo XIX se produce la ruptura política con España, los intelectuales de los países, ahora independientes, valoraron, como deficiencia, el tutelaje mental que habían sufrido durante la Colonia, por lo que proponían la emancipación del intelecto. Se abre así todo un debate, canalizado a través del ensayo, que procuraba definir el carácter de unas naciones que se debatían entre un pasado que debían o no asumir y un presente que implicaba europeizarse para progresar. De ahí, en buena medida, la búsqueda de un americanismo literario que subsanara el peso de la tradición hispánica, por un lado, y la tentación europeísta, por otro. Desde Andrés Bello a José Enrique Rodó se plantean una y otra vez las siguientes cuestiones: el problema de una literatura nacional, el grado de institucionalización de la lengua española, el estudio del pasado colonial, los orígenes de los procesos literarios nacionales, la orientación de las historias literarias, la fijación de modelos europeos, los riesgos de la imitación acrítica y el procedimiento metodológico a seguir para el conocimiento de las realidades sociales americanas. En el siglo XIX, los ensayos que tratan sobre historiografía literaria presentan un carácter voluntarioso, mientras que las historias literarias nacionales quieren reforzar ideológicamente una unidad y una consolidación cultural e histórica que difícilmente habían podido lograr los propios estados. Hernán Vidal1, desde atalayas socioeconómicas, considera que el americanismo litera1 Literatura hispanoamericana e ideología liberal: surgimiento y crisis, Buenos Aires, Hispamérica, 1976.
8Las editoras ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 25 (2011) 7-9 rio romántico se resume en un conjunto de temas y motivos de índole nacionalista y americanista propuestos por los escritores como una utopía social y que operan como una máscara ideológica del librecambismo económico. Los primeros intentos de comprensión de la realidad americana, realizados por criollos, pueden remitirse al período colonial. Estos aspectos han sido estudiados, entre otros, por Beatriz González que habla de “la etapa formativa de la historia de la literatura en Hispanoamérica” y por Mabel Moraña en su artículo: “Formación del pensamiento crítico-literario en Hispanoamérica: época colonial”2. En las últimas décadas se ha empezado a reconocer, sin complejos, que en ese período existió todo un discurso que, de varias maneras, se fue desarrollando con la finalidad de afirmar los productos literarios, tanto referidos a las amenazadas culturas indígenas como a la nueva cultura hispánica que empezaba a despuntar, aunque sin establecerse un deslinde claro. Los ejemplos podrían multiplicarse; los textos de José de Acosta, Fray Bernardino de Sahagún, Francisco Javier Clavijero, entre otros, así lo reflejan. En suma, la labor bibliográfica que se realiza durante la Colonia sentó las bases de una tradición literaria y configuró, bajo el concepto prestigiado de lo que debía ser lo literario, un corpus que la historia literaria posterior ha ido legitimando. Las historias literarias nacionales en Hispanoamérica surgen en la segunda mitad del siglo XIX, cuando la formación de los estados nacionales ya había alcanzado una relativa estabilidad. Sin embargo, al tener que negar la Colonia, considerada como pasado ilegítimo, para insertar en él las raíces de la nacionalidad y de su literatura, se estaba paradójicamente inhabilitando la legitimidad y consistencia de las nuevas naciones. Todo un proceso complejo de francas contradicciones para el futuro que se perseguía. Andrés Bello propugnó rescatar para las ciencias humanas un status de suficiente rigor que las convirtiera en verdaderas ciencias. Las historias nacionales, en tanto prácticas ideológicas discursivas, se van a acercar o alejar del modelo metodológico de Bello, según cómo trasladen los axiomas del pensamiento conservador y del pensamiento liberal. Andrés Bello defendió una concepción universalista del mundo desde la unidad idiomática y la limpieza del castellano. La construcción de un nacionalismo americano articulado por la presencia de un paisaje y una naturaleza que se percibían notoriamente distintos al de las sociedades progenitoras no impidió su propuesta de conservación del idioma como elemento de cohesión del mundo hispánico. Las directrices del pensamiento de Andrés Bello tuvieron una repercusión fecunda en algunos ámbitos intelectuales que se inclinaron a la defensa de una posición americanista que ya 2 Cfr. B. González, La historiografía literaria del liberalismo hispanoamericano del siglo XIX, La Habana, Casa de las Américas, 1987 y Contribución al estudio de la historiografía literaria hispanoamericana, Caracas, Academia de la Historia, 1985; y M. Moraña, “Formación del pensamiento crítico-literario en Hispanoamérica: época colonial”, Revista de crítica literaria latinoamericana, 31-32, 1990.
Tras el rastro de las Independencias 9 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 25 (2011) 7-9 había logrado superar el encono antiespañol. El reclamo americanista pedía al mismo tiempo que el punto de referencia fuese la propia realidad. Cecilio del Valle, Vargas Fontecilla, entre otros, siguen esos pasos. El método narrativo o inductivo comienza a labrarse fortuna en los estudios literarios. Se llegó a percibir que la identidad de las naciones descansaba, en buena medida, en la pesquisa de los hechos, los documentos, las fuentes. De manera inevitable se estaba tendiendo un puente para el conocimiento del pasado anterior al de la república. En este sentido merecen citarse los análisis del argentino Juan María Gutiérrez, quien supera el bloqueo de los sectores más radicales que se encontraban sin tradiciones culturales y sin literatura. El historicismo introdujo un concepto dinámico de la literatura, si la sociedad progresaba, la literatura también. La valoración del dato, de los textos, de los hechos literarios, condujo a la exhumación del pasado colonial; el método narrativo de Bello restableció con fuerza la cadena histórica y así el principio inductivo permitió construir una tradición literaria y dar pie a las historias de la literatura. Aunque para Ángel Rama, “las letras latinoamericanas nunca se resignaron a sus orígenes y nunca se reconciliaron con su pasado ibérico”3, Pedro Henríquez Ureña había matizado, con anterioridad, el funcionamiento de una literatura que, nacida del rechazo de sus fuentes metropolitanas, había progresado gracias al internacionalismo, se había lentamente integrado al marco occidental y al mismo tiempo seguía procurando una autonomía cuya piedra fundacional se buscaba en la singularidad cultural de la región. Así echa a andar este segundo periodo de la literatura hispanoamericana que tiene en los momentos independentistas una parada de reflexión obligada. Las colaboraciones aquí reunidas dan cumplida cuenta del interés de los investigadores en torno a este momento y sus consecuencias anteriores y posteriores. Queremos agradecer muy sinceramente a todos y cada uno de los colaboradores de este volumen su participación generosa y enriquecedora. Sin ellos, no hubiera sido posible el libro que hoy tenemos entre nuestras manos y con el que queremos, desde la Universidad de Sevilla, homenajear al Bicentenario americano. Las editoras Octubre de 2011 3 Transculturación narrativa en América Latina, Madrid, Siglo XXI, 1982, 11.