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"Ese hombre alto y calmadamente enérgico": Adolf Meyer (1866-1950) y Emilio Mira y López (1896-1964)

Sánchez González, Natividad; Ruiz Ortiz, Gabriel

Abstract

El psiquiatra americano de origen suizo Adolf Meyer (1866-1950) es considerado uno de los psiquiatras más influyentes de la primera mitad del siglo XX. Entre su amplia correspondencia, se encuentran los hombres más eminentes en el terreno de la psiquiatría y de la psicología de su época. En este trabajo examinaremos la correspondencia entre A. Meyer y uno de los psiquiatras y psicólogos españoles más eminentes, Emilio Mira (1896-1964) con el fin de hacernos idea de la significación del español para su homólogo americano. Para obtener una imagen completa, estudiaremos las cartas que se intercambiaron, incluyendo la correspondencia corporativa en la que ambos estuvieron implicados. Además consideraremos las anotaciones relevantes de los diarios de Meyer y sus notas de trabajo. Concluiremos que Meyer tenía a Mira en alta estima profesional y conocía directamente sus trabajos, en parte como consecuencia de que ambos compartían muchos de sus supuestos teóricos, epistemológicos y aplicados.

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23“Ese hombre alto y calmadamente enérgico”: Adolf Meyer (1866-1950) y Emilio Mira y López (1896-1964) Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) «Ese hombre alto y calmadamente enérgico»:* Adolf Meyer (1866-1950) y Emilio Mira y López (1896-1964) Natividad Sánchez y Gabriel Ruiz** Universidad de Sevilla revista de historia de la psicología © 2012: Publicacions de la Universitat de València 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) 23-46 Valencia (España). ISSN: 0211-0040 Resumen El psiquiatra Americano de origen suizo Adolf Meyer (1866-1950) es considerado uno de los psiquiatras más influyentes de la primera mitad del siglo XX. Entre su amplia correspondencia, se encuentran los hombres más eminentes en el terreno de la psiquiatría y de la psicología de su época. En este trabajo examinaremos la correspondencia entre A. Meyer y uno de los psiquiatras y psicólogos españoles más eminentes, Emilio Mira (1896-1964) con el fin de hacernos idea de la significación del español para su homólogo americano. Para obtener una imagen completa, estudiaremos las cartas que se intercambiaron, incluyendo la correspondencia corporativa en la que ambos estuvieron implicados. Además consideraremos las anotaciones relevantes de los diarios de Meyer y sus notas de trabajo. Concluiremos que Meyer tenía a Mira en alta estima profesional y conocía directamente sus trabajos, en parte como consecuencia de que ambos compartían muchos de sus supuestos teóricos, epistemológicos y aplicados. Palabras clave: Emilio Mira, Adolf Meyer, psicología, psiquiatría, correspondencia. Abstract The Swiss-born American Adolf Meyer (1866-1950) is considered one of the most influential psychiatrists of the first half of the 20th century. Among his extensive correspondence the names of the most eminent men in the psychiatric and psychological fields of his time appear. This paper examines the correspondence between A. Meyer and one of the most important Spaniard psychologist and psychiatrist E. Mira (1896-1964), as a way to have a first insight * Nota manuscrita de Meyer, describiendo a Mira, fechada en 1942 probablemente para su presentación como miembro del comité de las Conferencias Salmon. ** Una versión previa de este trabajo se presentó en el XIV Simposio de la Sociedad Española de Historia de la Psicología. Correspondencia: Natividad Sánchez González, Departamento de Psicología Experimental. Universidad de Sevilla. C/ Camilo José Cela s/n. 41018. Sevilla. España. E-mail: <[email protected]>. 24 Natividad Sánchez y Gabriel Ruiz Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) into the significance of the Spaniard to his American counterpart. In order to obtain a complete picture, we will consider not only the letters between the two authors, but also some corporative correspondence in which both were involved. Also the notes Meyer made in his trip diaries and his working notes will be taken into consideration. In part due to the fact that both men shared many of their theoretical, epistemological and practical views, it is concluded that Meyer had Mira in high professional esteem and knew firsthand the work of Spaniard psychologist. Keywords: Emilio Mira, Adolf Meyer, psychology, psychiatry, correspondence. El 29 de Julio de 1923, Adolf Meyer escribía en uno de sus diarios «Tuve la buena fortuna de frecuentar al Dr. E. Mira de España». El encuentro entre ambos científicos tuvo lugar durante el VII Congreso Internacional de Psicología celebrado en Oxford, Reino Unido, del 26 de julio al 2 de agosto bajo la presidencia de Charles S. Myers. En el momento de su encuentro Meyer, a sus 57 años, era ya una figura de prestigio internacional que ejercía gran influencia desde su cátedra en el Departamento de Psiquiatría y su puesto de director de la prestigiosa Clínica Phipps de la Universidad Johns Hopkins. Por su parte, el joven Mira ocupaba ya un destacado papel en el Instituto de Orientación y Selección Profesional de Barcelona. A lo largo de sus respectivas carreras, ambos hombres tuvieron varias ocasiones de coincidir e intercambiar sus puntos de vista y sus publicaciones. Sus posicionamientos epistemológicos eran claramente coincidentes. Ambos compartían el talante pragmatista, que no entendía la labor científica a menos que se pusiera al servicio de la resolución de los problemas humanos; pero sin perder por ello, un ápice de su necesaria orientación positivista (Iruela, 1993).No conviene olvidar que los principios psicobiológicos de Meyer y la idea de la unidad psicosomática del hombre central en el pensamiento de Mira, aunque provenían de distintas fuentes, tenían en común puntos esenciales. La particular combinación en los intereses de ambos por la psicología, la psiquiatría, la higiene mental y la estrecha vinculación que en sus respectivas trayectorias profesionales ambos hicieron de la docencia, la investigación y la práctica clínica no hicieron sino acercar aún más sus respectivas posiciones. En uno de nuestros trabajos anteriores hemos recogido parte de la correspondencia que Adolf Meyer intercambió con varios hombres de ciencia españoles (Sánchez, 2011). Analizando esos documentos, se intentaba valorar el reconocimiento que los científicos españoles tuvieron para el que es considerado uno de los psiquiatras más relevantes de la primera mitad del siglo xx, con una especial sensibilidad para todo lo relacionado con la psicología (Grob, 1983; Leys, 1991; Scull y Schullin, 2009). Sin embargo, ese trabajo sólo recogía una carta enviada por Mira a Meyer en Noviembre de 1939, en la que agradecía su asistencia a una cena-discusión celebrada en honor de Mira en Nueva York. 25“Ese hombre alto y calmadamente enérgico”: Adolf Meyer (1866-1950) y Emilio Mira y López (1896-1964) Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) Recientemente, hemos tenido oportunidad de llevar a cabo un análisis más detallado y exhaustivo de los documentos del psiquiatra suizo depositados en los Alan Mason Chesney Medical Archives de la Universidad Johns Hopkins. Gracias a ello, hemos localizado un conjunto de cartas y algunas notas manuscritas que Meyer redactó sobre Emilio Mira. La correspondencia allí depositada comienza en 1927 y la última carta de la que hay registro está fechada en Montevideo en Julio de 1944. Como no podía ser de otro modo, parte de los contenidos están relacionados con las cuestiones profesionales que en cada momento les concernían. Sin embargo, como queda constancia en las anotaciones de su diario, desde el momento en que se encontraron, quedó patente el enorme interés de Meyer por conocer las circunstancias políticas de la España de la época. Meyer siguió con interés los acontecimientos en torno a la Guerra Civil Española y como muchos intelectuales americanos se alineó con las fuerzas leales a la República. De hecho gran parte de la correspondencia de Meyer relacionada con nuestro país gira en torno a la Guerra Civil y la situación de los científicos españoles exiliados. Una parte significativa de los documentos que presentaremos en este trabajo están directamente relacionados con las amargas circunstancias que rodearon el exilio de Emilio Mira y su posterior desarrollo profesional. EL ENCUENTRO: UN TIPO LLENO DE ENERGÍA La primera impresión que Mira causó en Adolf Meyer quedó con estas palabras recogida en su diario el 29 de julio de 1923. Como ya hemos mencionado fue durante el Congreso de Oxford cuando ambos hombres se conocieron. El VII Congreso Internacional de Psicología fue una ocasión inmejorable para ampliar los límites intelectuales de Mira. Tras 14 años sin este tipo de reuniones –el VI Congreso había tenido lugar en Génova en 1909– los nuevos hallazgos y enfoques que se habían ido acumulando en la psicología hacían prever un gran encuentro a pesar de las dificultades económicas que atravesaba Europa tras la guerra. Emilio Mira presentó un trabajo en el cual resumía los resultados obtenidos en su tesis doctoral, que bajo el título Las correlaciones somáticas del trabajo mental, había defendido en 1922. Más concretamente centró su intervención en el método para registrar los cambios cardiovasculares durante el trabajo mental (Langfeld, 1924). Aunque anteriormente, durante la Segunda Conferencia Internacional de Psicotecnia de Barcelona en 1921, ya había presentado algunos datos preliminares de su tesis (García, Herrero y Carpintero, 1993); fue en esta ocasión donde pudo presentar la versión definitiva. Mira, con tan solo 27 años, era ya una figura de gran crédito en los círculos psicológicos españoles y europeos. Pese a su juventud su tarea al frente del Instituto de Orientación Profesional de Barcelona le había merecido la estima y el reconocimiento de sus colegas. Ciertamente su nivel de prestigio internacional distaba del de Adolf 26 Natividad Sánchez y Gabriel Ruiz Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) Meyer quien, a sus 57 años, llevaba ya más de doce años ocupando los puestos de mayor visibilidad y prestigio psiquiátricos en aquella época: la cátedra de psiquiatría en la universidad Johns Hopkins y la dirección de la clínica psiquiátrica Henry Phipps. Adolf Meyer anotó en el diario de su viaje por Europa en el verano de 1923 la afortunada coincidencia con Mira. Durante el encuentro Meyer se interesó por la situación política en Barcelona. Con su difícil caligrafía, en ocasiones indescifrable, anotó: [Mira] es catalán y me hizo una interesante descripción de las condiciones en Barcelona, la nueva lengua catalana y las fuerzas nacionalistas, sindicalistas y reaccionarias y los intentos de crear un partido socialista, las tendencias fascistas (sin camisas negras1 ni organización) y sobre algunos escritores (Felipe Trigo, Ortega y Gasset y Baroja. Mira está a cargo de un laboratorio psicotécnico (…) un tipo lleno de energía (aunque rechazó moverse para visitar la iglesia Normanda). Evidenciaba Meyer, desde el momento de conocer al español, dos rasgos esenciales de su carácter señalados por cuantos nos han trasladado la memoria de Mira: su energía inagotable que le llevaba a desplegar una actividad frenética, y su compromiso y preocupación por la situación política y social española. Este congreso fue, sin duda, un espaldarazo definitivo en la trayectoria internacional de Mira. Además de conocer a Meyer, tuvo ocasión de encontrarse, entre otros, con figuras como Koffka, Köhler, Spearman, Pieron, y Thurstone. Con éste último tendría ocasión de colaborar estrechamente en el test Thurstone-Mira (Iruela, 1993). También durante este Congreso, Mira fue elegido miembro del Comité Internacional de Psicología. Sería el segundo español que alcanzaría tal honor, habiendo sido el primero Santiago Ramón y Cajal, y no se elegiría un nuevo representante español hasta el Congreso de Copenhague en 1932, con la designación de Gonzalo Rodríguez Lafora. Mira formaría parte del comité ininterrumpidamente hasta el Congreso de París de 1937. LA CORRESPONDENCIA: UN PRIMER ACERCAMIENTO GENERAL La correspondencia entre Meyer y Mira, que se encuentra depositada en los Alan Mason Chesney Medical Archives, abarca un periodo de 17 años. Se inicia en 1927 –4 años después de encontrarse– y termina en 1944, poco antes de la marcha de Mira a Brasil y cuando ya Meyer había abandonado casi por completo la actividad científica. Sin ser excesivamente extensa, es, sin embargo, muy esclarecedora del nivel 1. Probablemente Meyer se refiere a la organización fundada en Italia por Benito Mussolini en 1919, en España no aparecería una organización parecida, los camisas azules, hasta los años 30. 27“Ese hombre alto y calmadamente enérgico”: Adolf Meyer (1866-1950) y Emilio Mira y López (1896-1964) Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) de consideración y del grado de conocimiento que los colegas estadounidenses tenían de Mira y de su trabajo. Sin poner en duda la importancia y validez de los trabajos que han señalado la importancia de su obra usando técnicas cuantitativas y análisis bibliométricos (ver por ejemplo el clásico de Annin, Boring y Watson,1968, donde solo Cajal y Mira aparecían; o el posterior de Lopez-Latorre, Pastor, Tortosa, Calatayud, 1989); creemos que las cartas, como documentos de primera mano, y excepcionales en su carácter menos elaborado y más personal, aportan nueva información sobre la significación de un autor, ya que permiten entender y reconstruir mejor los momentos y los entornos de los que los interlocutores participaban. Toda la correspondencia entre Mira y Meyer está escrita en inglés, pese a que ambos podían haber usado el alemán o el francés. Para el análisis de los contenidos y en beneficio de la narración hemos dividido la correspondencia en dos grandes bloques. El primero, que abarca desde el inicio hasta el comienzo del peregrinar de Mira camino de su exilio, se caracteriza por ser exclusivamente profesional, centrado en temas y cuestiones más de carácter psiquiátrico, que psicológico –aunque para estos dos hombres esa diferenciación era difícil de entender. El segundo bloque que analizaremos se inicia inmediatamente después de los terribles episodios de la huida de España y se mantiene durante el exilio de Mira. Como no podía ser de otro modo, en este segundo conjunto de cartas se entremezclan más los componentes personales con los profesionales. LOS PRIMEROS CONTACTOS: «WITH PLEASANT MEMORIES OF OUR MEETING IN OXFORD».2 El 6 de junio de 1927, casi cuatro años después de conocerse, Adolf Meyer escribió a Mira para presentarle a un ginecólogo el doctor Veader N. Leonard, graduado en Hopkins, que quería visitar diversos hospitales europeos para entrar en contacto con especialistas en su campo. Desde Roma, le contesta Mira, en una carta sin fechar. Le señala que el doctor Leonard le había hecho llegar copias de sus trabajos y una muestra de su hexil-resorcina. De hecho, este ginecólogo desarrolló en Hopkins este germicida de potente efecto, lo que le valió un gran reconocimiento. Mira se pone a su disposición para hacer que contacte con los clínicos más prestigiosos en España, que seguro, en palabras de Mira, «podrán hacer ensayos con esa sustancia». Mira aprovecharía también la carta para hablar de su propio trabajo. Informa a Meyer que en aquel momento se encontraba llevando a cabo algunas investigaciones sobre la Dementia Praecox con nuevos productos que habían aparecido en el mercado: tales como el metallosal-mangan, entre otros. 2. Carta de Meyer a Mira el 6 de junio de 1927. 28 Natividad Sánchez y Gabriel Ruiz Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) Durante estos años y como queda constancia en la carta, Mira había mantenido el contacto y había enviado a Meyer «5 ó 6 separatas» de sus trabajos que por lo que se desprende de la carta quedaron sin respuesta. Esta carta se reproduce en la Figura 1. El siguiente intento de encuentro tuvo lugar en 1929. El verano de 1929 fue excepcional en la proyección internacional de Mira. En reconocimiento a su trabajo fue requerido por la Universidad de Ohio en Athens para, según sus propias palabras, impartir «un Seminario de psicología (anormal, educativa y profesional) en esta Universidad como científico invitado»;3 además del seminario dictó diversas conferencias en torno a la psicología europea de la época y sobre orientación profesional. También pronunció conferencias fuera de la universidad tanto en asociaciones de médicos, como en el club Rotario de Ohio. Mira albergaba la intención de visitar a Meyer en la clínica Phipps en su camino hacia Nueva York, lamentablemente la ausencia de Meyer impidió el contacto entre ambos. Aunque no tuviera ocasión de encontrarse con el psiquiatra suizo, aquél fue un intenso verano para Mira. Además de los cursos, conferencias y seminarios participó en el IX Congreso Internacional de Psicología celebrado en Yale entre el 1 y el 8 de septiembre. Presentó dos comunicaciones relacionadas con sus estudios sobre afectividad y sobre percepción de la velocidad. El IX Congreso Internacional de psicología ha pasado a la historia de estas reuniones como una ocasión excepcional. Era el primer congreso que se celebraba en Estados Unidos tras varios intentos fallidos y nada menos que 40 años después de la celebración del primero. Aunque fue en el congreso de 1892 en Londres donde se propuso la celebración de un Congreso en Estados Unidos, distintos acontecimientos y vicisitudes lo fueron posponiendo. Ha pasado a los anales de los congresos de psicología por haber sido una de las ocasiones en que se ha reunido a más psicólogos eminentes (Duncan, 1980). La participación del español no pasó desapercibida. Una de las reseñas más extensas e interesantes de la reunión apareció publicada en la revista Science firmada por Herbert S. Langfeld quien actuó como Secretario para Asuntos Extranjeros. En ella, y como ya había hecho Meyer en su diario retrató a Mira de Barcelona como un enérgico trabajador en psicología experimental (Langfeld, 1929) Esta vitalidad y capacidad de trabajo sería magistralmente descrita por Miguel Siguán en su rememoración de Mira: Emilio Mira era un hombre de gran vitalidad, lleno de energía, de contacto fácil y de comprensión rápida. (…) Detrás de esta apariencia brillante había, no obstante muchas otras cosas, un interés por las cuestiones más variadas, un 3. Carta de Mira a Meyer el 2 de agosto de 1929 desde la Universidad de Ohio. 29“Ese hombre alto y calmadamente enérgico”: Adolf Meyer (1866-1950) y Emilio Mira y López (1896-1964) Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) entusiasmo contagioso y, al mismo tiempo, una extraordinaria capacidad de trabajo y unas excelentes dotes de organización.4 No sería ésta la última ocasión en que, como reconocimiento a su trabajo, Mira recibiera una invitación para viajar a los Estados Unidos. En 1933 y buscando la coincidencia con la Exposición Internacional celebrada en Chicago se reunieron allí diversos actos científicos. Entre ellos, la sección I de la American Association for the Advancement of Sciences organizó una reunión en la Northwestern University del 20 al 23 de junio. Para dicha ocasión se organizaron una «serie de simposios en torno a trabajos presentados por los distinguidos invitados extranjeros y en torno a conferencias pronunciadas por esos invitados» (Ward, 1933, p. 78). Los invitados eran sin duda distinguidos; para hablar psicología de la Gestalt, el invitado fue W. Köhler; para tratar el tema de la inteligencia, su definición y medición, C. E. Spearman; H. Pieron trataría cuestiones sobre psicología de la sensación y tiempos de reacción. E. Mira era quien cerraba la lista. Mira dictó una conferencia bajo el título «Una nueva concepción de la conducta moral»; y su simposio giró en torno a «El desarrollo de la sociabilidad». Es evidente que a estas alturas el reconocimiento mundial de la figura de Mira era amplísimo. Años más tarde cuando escribía pidiendo ayuda profesional a sus colegas americanos, Meyer entre ellos, haría el español particular mención a estas prestigiosas invitaciones. A lo largo de toda su carrera Mira intentaría mantener abiertas las líneas de contacto con el psiquiatra suizo. Así, en junio de 1935, y por su expresa indicación, la Editorial Salvat –que ya había sido la encargada de editar su «Manual de Psicología Jurídica» en 1932– hace llegar a Meyer una copia, dedicada de su recientemente publicado «Manual de Psiquiatría». La petición era que hiciera alguna recensión en alguna revista especializada. Una elogiosa reseña de este manual apareció publicada en el Psychoanalitical Review, en ella se señalaba El libro está escrito desde la posición de la psicología más actual (Willard, 1936) En esa idea ahondó Meyer en su contestación de 1 de julio: «Estoy particularmente impaciente –escribía Meyer– por ver lo que alguien como usted, formado en Psicología, hará por aglutinar los datos clínicos y teóricos». Como ya hemos señalado los posicionamientos e intereses de ambos autores eran marcadamente coincidentes. Incluso rasgos particulares como un cierto eclecticismo teórico, que en el caso de Meyer algunos autores han calificado de pragmático, está 4. Cita extraída de la traducción al español del trabajo de Siguán, M. (1996). Emilio Mira, el hombre y su obra, Publicado originalmente en Butlletí del Col.legi Oficial de Doctors i LLicenciats en Filosofia i LLetres i en Ciències de Catalunya. 1996;(95). La traducción se encuentra en <http:// hdl.handle.net/10401/699>. 30 Natividad Sánchez y Gabriel Ruiz Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) presente en la obra de ambos, sin por ello perder en ningún momento la concepción positiva y cientifista de sus disciplinas. Aquí cerramos el primer bloque de esta correspondencia, que gira de modo exclusivo en cuestiones de carácter profesional. En este momento, Mira se encontraba en el punto cumbre de su desarrollo profesional, tomando prestadas las palabras su hija, Montserrat5: Resumiendo: en 1936 su celebridad y prestigio, no solo en Cataluña sino en el resto de España y en el ambiente científico internacional habían llegado a su punto culminante. EL EXILIO: «I BEG YOUR PARDON FOR WRITING YOU IN SUCH IRREGULAR CONDITIONS»6 Diversos trabajos han destacado la participación y el compromiso político de Emilio Mira y su implicación personal y profesional en la II República y en la Guerra Civil (e.g., Iruela, 1993; Müllberger y Jacó-Videla, 2007; Saiz, Balltronde y Saiz, 2005), por lo que resulta innecesario repetirlo en este trabajo. Los episodios dramáticos que todos conocemos, hicieron que el tinte de la correspondencia de Mira con su colega americano cambiara. Las siguientes cartas en un amargo tono son efecto, no sólo de la derrota, sino también de las terribles vivencias de Emilio Mira camino del exilio. De hecho, años más tarde en una entrevista sin fecha exacta (datada hacia finales de los 50) que concedió a la revista bonaerense «Nuestros Hijos» y ante la pregunta del entrevistador sobre cuál era su recuerdo más vívido, Mira contestaría: Mi recuerdo más vivo... (en voz más baja): la salida, el éxodo, el éxodo brutal de casi un millón de personas por los Pirineos al perderse la guerra en el frente catalán en mil novecientos treinta y nueve... En enero de 2005, Montserrat Mira rememorando a su padre7 y las dolorosísimas circunstancias en las que tanto él como su familia abandonaron España, diría: 5. Conferencia en la Inauguración del curso de Peritaje Grafopsicológico en la Universidad Autónoma de Barcelona. El texto completo en <http://www.bibliopsiquis.com/miraylopez/sobre_autor.html>. 6. Carta de Mira a Meyer el 10 de febrero de 1939. 7. Extraído de la Conferencia en la Inauguración del curso de Peritaje Grafopsicológico en la Universidad Autónoma de Barcelona 31“Ese hombre alto y calmadamente enérgico”: Adolf Meyer (1866-1950) y Emilio Mira y López (1896-1964) Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) Ya reunidos, estando en un hotelucho de París, habiendo dejado y perdido todo, absolutamente todo, pues su única posesión material era una diminuta máquina de escribir portátil, mi padre escribió a sus colegas de diversas partes del mundo.8 Con esta máquina escribiría Mira a Meyer en dos ocasiones en el transcurso de un mes. La primera carta resulta particularmente dramática. Fechada en Paris el 10 de febrero de 19399: Mi querido Profesor Meyer: ruego que me perdone por escribirle en estas condiciones tan irregulares. Acabo de llegar a Paris, procedente de un campo de concentración en el que todos los jefes y oficiales del ejército republicano español han sido agrupados por las autoridades francesas. Yo era Jefe de los servicios psiquiátricos de este ejército y de este modo he recogido una experiencia incalculable sobre los problemas y trastornos mentales ocasionados por la guerra moderna y la revolución. Angustioso resulta el relato de su situación en aquél preciso momento: Estoy ahora buscando a mi familia que fue capaz de escapar de los terribles bombardeos finales de Barcelona y Figueras y llegarán, supongo, algún día a París. Por descontado, he perdido todo lo que tenía en Barcelona: puesto universitario, hogar, libros y dinero. En cualquier caso, tengo algunos buenos amigos aquí y no temo al futuro inmediato. Pero podría hacerme un gran favor si pudiera obtener para mi algún trabajo psiquiátrico en USA, podría ser bien de «conferenciante» bien como «investigador» o en el campo «clínico». Aportaba en apoyo de esta angustiosa petición de ayuda datos que él mismo consideraba particularmente relevantes en su currículum. Tras recordarle sus estancias en USA y particularmente la invitación a Chicago en 1933, Mira hace partícipe a Meyer de una particular confidencia: 8. Las tropas sublevadas entran en Barcelona el 26 de enero de 1939, tras haber sufrido la ciudad intensísimos ataques aéreos (siendo alcanzado el piso de Mira). Poco antes, el 22 de enero parte del gobierno y un conjunto de intelectuales y sus familias -entre ellas la familia de Mira con su secretaría Julia Francolísalen de Barcelona camino de Francia. Emilio Mira lo haría tres días después, en una ambulancia militar. 9. Nos hemos encontrado con una inconsistencia entre las fechas de estos acontecimientos. Algunos autores, como Iruela (1993), señalan que Mira cruzó la frontera después que su familia, el día 15 de febrero de 1939 y que se reunieron en la localidad francesa de Perpiñán. Sin embargo, la primera carta en la que Mira pide ayuda a Meyer está fechada el 10 de febrero en París y en ella indica que está todavía buscando a su familia. 38 Natividad Sánchez y Gabriel Ruiz Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) Tengo la esperanza de que el año próximo –si Europa está todavía en llamas o España aún esclavizada– nos trasladaremos a su país, donde siempre he querido vivir, en el supuesto de estar lejos del mío. Desgraciadamente, su deseo se truncaría una vez más. Como señala Iruela (1993), Mira recibió ofertas tanto de la Ohio University, donde impartió su magisterio en el verano de 1929, como de la clínica psiquiátrica de Blythewood en Greenwich (Connecticut), pero estas ofertas coincidirían con su encuentro con la que sería su segunda esposa Alice Galland, Lillette, al no poder viajar con ella a los Estados Unidos, pues los trámites de inmigración exigirían una separación temporal, rechazó ambas ofertas. Aunque este es el final de la correspondencia entre ambos hombres, es seguro que aún queda documentación por descubrir en sus diarios y cuadernos de viajes y entre la gran cantidad de notas de trabajo que Meyer acostumbraba a tomar. Sí que hemos podido recuperar algunas páginas de un cuaderno de anotaciones referente a la propuesta de Mira para las Conferencias Salmon. Como es sabido, Emilio Mira fue propuesto por un comité, entre cuyos componentes se encontraba Adolf Meyer, para impartir la serie de tres conferencias en torno a su experiencia psiquiátrica durante la guerra. Las tres conferencias habituales en este memorial tuvieron lugar en la Academia de Medicina de Nueva York los días 6, 13 y 20 de noviembre de 1942. Aparecieron publicadas bajo el título Psychiatry in War en 1943 y fueron traducidas al español al año siguiente. Como proponente de Mira, Adolf Meyer hizo anotaciones en sus cuadernos de notas, tal vez para su presentación. El propio Meyer, quien había sido el primer conferenciante en el Salmon Memorial en 1932, tendría el honor de recibir también ese mismo año, 1942, la primera Medalla Salmon. En estas anotaciones, Meyer plasmaría la admiración por la obra de Mira y el respeto y reconocimiento a su compromiso político y social. CONCLUSIONES En unos pocos años, Emilio Mira y López pasó de ser una figura olvidada e incluso ignorada, a ir recibiendo la atención que su diversa obra merece. Así, se ha destacado su contribución en el campo de la psiquiatra y de la higiene mental (e.g., Campos, 1997 y 2004; Coderch, 1973, Dieckhofer, 1984; Menchón, 1997; Siguán, 1991) y su papel como difusor de nuevas teorías e ideas (e.g. Sánchez, 1986). Se ha destacado su importancia en los inicios de la psicología científica en nuestro país (e.g., Carpintero, 1980; Sáiz y Sáiz, 1993) y señalado su papel pionero en diversos campos de la psicología, como la psicología jurídica (e.g., Munne, 1997), la psicotecnia (e.g., Campos, 1966; Kirchner, 1981), la psicología infantil y la psicopedagogía (e.g., Sáiz, Capdevila, Trujillo, Müllberger, Alfaro, Del Blanco, Peralta y Sáiz, 1997; Sáiz y Sáiz, 39“Ese hombre alto y calmadamente enérgico”: Adolf Meyer (1866-1950) y Emilio Mira y López (1896-1964) Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) 1992). También se ha prestado atención a su destacado papel institucionalizador, iniciando distintas sociedades y publicaciones, y promoviendo la realización de reuniones y congresos (e.g., Fuster, 1961; Obiols, 1973; Rodríguez, 1967; Rodríguez, Domingo, Azoy y Carreras, 1979); se ha apuntado su influencia en Latinoamérica (e.g., Ardila, 1969; García, Fuentes y Carpintero, 1993); su implicación política y participación en la guerra civil y su contribución a la psiquiatría de guerra (e.g., Carreras, 1968; Müllberger y Jacó-Videla, 2007; Sáiz, Sáiz, Balltronde, Diaz, Martínez, Pastrana, 2003). Las contribuciones de Mira son de una variedad, complejidad y amplitud impresionantes, con lo cual es fácil entender que estemos ante uno de los autores españoles más eminentes. En este trabajo queríamos ir más allá del análisis de sus obras e ideas y no buscábamos realizar más estudios cuantitativos sobre el impacto de sus publicaciones, por cuanto consideramos que ya hay publicados trabajos que ahondan en estas importantísimas cuestiones. Perseguíamos un acercamiento más al hombre, por el cual y gracias al estudio de la correspondencia mantenida con Adolf Meyer, psiquiatra de talla internacional y sin duda figura de referencia y autoridad intelectual en aquella época, pudiéramos vislumbrar mínimamente el impacto que Mira tuvo en los terrenos psicológicos norteamericanos, y la consideración que merecía a sus colegas. Es evidente que Adolf Meyer ocupó en su época un lugar de eminencia, y probablemente pueda ser considerado como el psiquiatra más influyente de la primera mitad del siglo pasado. Sus contribuciones en este campo han recibido mucha más atención que sus contribuciones en la psicología (ver Leys y Evans, 1990, para una excepción). Pero hay que señalar que sus aportaciones a la enfermería psiquiátrica o al trabajo social comunitario tampoco han sido abordadas en profundidad. Cuando Meyer y Mira se conocieron había una marcada distancia entre ambos hombres tanto en lo profesional como en lo personal. Meyer se encontraba en el momento más álgido de su carrera. Había ido ocupando distintos puestos docentes y cátedras en Chicago, Clark, Cornell hasta llegar a Johns Hopkins. Fue combinando este trabajo docente con distintos cargos clínicos como patólogo del del Eastern Hospital for the Insane en Kankakee, Illinois (1893) seguido por su nombramiento en el Worcester State Hospital for the Insane en Worcester, Massachusetts (1895), su cargo como director del Pathological Institute of the New York State Hospitals en Nueva York (1902), y finalmente su puesto en 1908 como Director de la Clínica Psiquiátrica Henry Phipps, inaugurada en 1913. A todos estos cargos y puestos docentes, hay que sumarle su implicación en numerosas actividades organizativas y editoriales tanto en psiquiatría como en psicología; con un marcado papel institucionalizador. (Carnes, 2002; Grob, 1983, Scull y Schulkin, 2009; Shorter, 1997). Mira, a punto de cumplir 27 años, estaba aún en el brillante comienzo de su carrera. Ya era enormemente reconocido en el seno de la Asociación Internacional de Psicotecnia a la que pertenecía desde su fundación durante la Primera Conferencia 40 Natividad Sánchez y Gabriel Ruiz Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) Internacional de Psicotecnia y Orientación Profesional de 1920. De hecho, su comunicación en esta primera conferencia fue decisiva para que se eligiera Barcelona como sede de la Segunda Conferencia. Sin embargo, su trabajo como psicólogo experimental tendría que esperar precisamente al momento en que Meyer y Mira se encontraron para comenzar a destacar. Además, y pese a la enorme diversidad de intereses que Meyer mostraba en la psicología experimental, la psicología aplicada y la psiquiatría eran precisamente las cuestiones relacionadas con la orientación profesional y la psicotecnia las más alejadas de su centro de interés. Por tanto, para Meyer, Mira era un joven totalmente desconocido, pero de un futuro prometedor. Como solía hacer con todos aquellos que consideraba valiosos, no perdió el contacto y siguió su trabajo y contribuciones. Una vez se encontraron, es probable que el interés de Meyer por la carrera de Mira estuviera, en parte, originado porque se reconocía a sí mismo en alguno de los rasgos del pensamiento y del trabajo del español. A esas alturas de su desarrollo profesional, Meyer ya tenía bien asentadas las bases de su Psicobiología. Su enfoque era esencialmente holista, en clara oposición al dualismo enfatizaba la unidad dinámica de la persona. Al mismo tiempo su visión era marcadamente pluralista, todos los factores conductuales, sociales, neurológicos, fisiológicos y mentales merecían igual consideración al acercarse al estudio del hombre. Además, su obra, influida por el pragmatismo y funcionalismo americano que conoció y aprendió de primera mano en sus tiempos en Chicago, mantenía un claro talante funcionalista. Esto le llevó a mostrar a lo largo de toda su obra un cierto nivel de eclecticismo teórico y metodológico siempre en beneficio de sus pacientes. En su concepción dinámica de la enfermedad los problemas mentales eran originados por el desajuste que se producía en la persona cuando no podía manejar las situaciones y circunstancias que le rodeaban. Las personas eran experimentos de la naturaleza, y a veces los experimentos fracasaban. A estos principios generales se unieron otras consideraciones más particulares pero no menos relevantes. Educado en la tradición europea –se graduó en Zúrich en 1892, mismo año en el que emigró a los Estados Unidos– a Meyer se le hacía difícil entender la separación que en las universidades americanas se hacía entre docencia e investigación. Así, uno de los objetivos más ubicuos de su carrera, fue el de vincular estrechamente formación, investigación y práctica clínica. También mostraría Meyer un alto grado de frustración con el modelo psiquiátrico dominante por entonces de carácter exclusivamente biológico y un marcado temor a que el énfasis de los clínicos en la nosología y en el diagnóstico ensombreciera la tarea terapéutica (Winters, 1966). El último aspecto importante sería el ideal de prevención y profilaxis de la salud mental como uno de los pilares esenciales de su psicobiología (Winters, 1969; Carnes, 2002). Establecida su concepción psicobiológica del hombre y su concepción de la enfermedad como el desajuste a las condiciones de vida de un individuo, la consecuencia práctica era 41“Ese hombre alto y calmadamente enérgico”: Adolf Meyer (1866-1950) y Emilio Mira y López (1896-1964) Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) inmediata: se tornaba imprescindible que psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales y personal de enfermería especializado colaboraran codo con codo. Muchos de estos rasgos y preocupaciones están presentes también en el pensamiento y en la obra de Mira. Una cierta actitud de eclecticismo teórico, sin sectarismos, que le permitían estar atento y abierto a nuevas ideas. En ningún caso conviene confundir su postura ecléctica con mero escepticismo acrítico. El temor a que la medicina se olvidara de la persona, para tratar solo una colección de síntomas, un paciente, y que olvidara estudiar al hombre en su contexto global. Su concepción final de la Eubiatría como una medicina integral que requería la participación de distintos profesionales, una medicina que «enseña a vivir bien».15 Además, su concepción de la psiquiatría era menos neuropsiquiátrica que la de otros españoles de la época, herederos de la escuela de Madrid, como por ejemplo Lafora, con quien Meyer mantuvo alguna correspondencia (Sánchez, 2011). También participó Mira del ideario de la profilaxis y la promoción de la salud mental haciendo de ello parte fundamental de su legado. Todo esto sin olvidar su interés en la docencia y su orientación hacia la investigación. Todas estas coincidencias y puntos de convergencia, aunque gestados en tradiciones distintas, acercaron a estos dos hombres y sin duda, aumentó la consideración de Meyer hacia Mira en particular. De hecho de los autores españoles con los que mantuvo correspondencia, fue con Mira con quien más mensajes intercambió y quien recibió un mayor número de anotaciones en sus diarios y cuadernos de notas. Mira disfrutó de una cierta visibilidad y reconocimiento en el mundo norteamericano que creemos es merecedora de atención ya que pocos psicólogos españoles tuvieron ese honor. Tal vez los siguientes pasos deberían dirigirse a analizar si ese merecido reconocimiento tuvo algún efecto en los derroteros que la psicología y la psiquiatría norteamericanas siguieron durante y tras la II Guerra Mundial. REFERENCIAS Annin, E.L., Boring, E.G. & Watson, R.I. (1968). Important Psychologist, 1600-1967. Journal of the History of the Behavioral Sciences, 4, 303-315. Ardila, R. (1969). Emilio Mira y López psicólogo latinoamericano. Revista Mexicana de Psicología, 3, 295-304 Benison, S. (1991). Walton B. Cannon and the Politics of Medical Science. Bulletin of the History of Medicine, 65, 234-251. 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La correspondencia con algunas instituciones y asociaciones en la Serie II: Correspondence with societies and other organizations. El fragmento de su diario de viaje se encuentra en la Serie VI: Biographical material and memorabilia. Artículo recibido: 12-03-12 Artículo aceptado: 02-04-12 45“Ese hombre alto y calmadamente enérgico”: Adolf Meyer (1866-1950) y Emilio Mira y López (1896-1964) Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) Figura 1. Carta de Emilio Mira a Adolf Meyer sin fechar (The Alan Mason Chesney Medical Archives of the Johns Hopkins Medical Institutions, con permiso). 46 Natividad Sánchez y Gabriel Ruiz Revista de Historia de la Psicología, 2012, vol. 33, núm. 2 (junio) Figura 2. Carta desde París de Emilio Mira a Adolf Meyer fechada el 10 de febrero de 1939 (The Alan Mason Chesney Medical Archives of the Johns Hopkins Medical Institutions, con permiso).