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Ser educador en un mundo globalizado

González Monteagudo, José

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1 SER EDUCADOR EN UN MUNDO GLOBALIZADO. JOSÉ GONZÁLEZ MONTEAGUDO. UNIVERSIDAD DE SEVILLA. (Capítulo de libro publicado en español en: !L. Núñez Cubero (Coord.) (2003): La educación en el siglo XXI. Sevilla: Ayuntamiento de Sevilla, 23-35. Voy a dividir mi exposición en tres apartados: 1. La globalización y sus diferentes dimensiones. 2. La educación (y en concreto los principales actores de la educación formal: estudiantes y profesores) en el marco de las dinámicas globalizadoras. 3. Propuestas culturales y educativas para la reflexión y para la acción. 1. LA GLOBALIZACIÓN Y SUS DIFERENTES DIMENSIONES. Vamos a prescindir de las precisiones terminológicas. Vamos a dejar de lado la polémica de si la globalización supone continuidad o ruptura respecto del modelo capitalista dominante hasta los años 70 del siglo XX. Vamos a obviar también si es más adecuado llamar imperialismo a la globalización. Algunos han dicho que la globalización es una falacia. Es evidente, en todo caso, que la globalización es un término equívoco y polisémico. Para caracterizar la globalización, sigo la excelente presentación de Gil (2001), que diferencia cuatro grandes ámbitos de la globalización: a. La globalización técnica y económica. Los cambios en la tecnología de la información y de la comunicación y en el ámbito de la organización de la producción han transformado de manera decisiva la sociedad actual. Como se ha dicho tantas veces, las economías operan en tiempo real a escala planetaria. La producción de mercancías deja de ser el hecho relevante de la actividad económica. Se pone en primer plano el conocimiento y la información, como ya puso de relieve Lyotard hace dos décadas. Actualmente se dice que estamos en un capitalismo informacional y cibernético. La producción se desmaterializa y también se deslocaliza, apoyándose, para ello, en las nuevas tecnologías de la información y en el desarrollo de la comunicación y del transporte. La flexibilidad, la desregulación y la individualización configura una nueva concepción de la producción económica y de las relaciones laborales (se suele decir que el toyotismo ha substituido al fordismo), todo ello ante la mirada atónita de unos sindicatos que tienen graves dificultades para responder con celeridad y con acierto a las nuevas realidades económicas y sociales. A este modelo económico vigente actualmente se le suele llamar neoliberalismo. Esta globalización técnica y económica no afecta por igual en las diferentes regiones del mundo. Las relaciones de dependencia, desigualdad y asimetría son evidentes, y los datos claman al cielo. Existe unos nuevos procesos y medios, pero el acceso a los mismos está 2 repartido de manera muy desigual. En nuestro planeta, unos mil millones de personas no disponen de agua potable. Casi 200 millones de niños y niñas no asisten a la escuela. Hay grandes regiones apartadas de los flujos económicos y tecnológicos de la globalización. Incluso dentro de los países más desarrollados económicamente, la pobreza, el desempleo, la falta de vivienda digna y la exclusión social son graves problemas que estamos lejos de solucionar. Lo que se ha globalizado no es el desarrollo, sino las desigualdades. b. La globalización sociopolítica. Tras el hundimiento de la Unión Soviética y de otros países del llamado socialismo real, se ha configurado un nuevo mapa geopolítico y económico. La actividad económica se ha reconfigurado a partir de tres grandes espacios: la Unión Europea, Japón y el sudeste asiático, y Estados Unidos. El Estado-nación pierde importancia y se vacía de una parte de sus competencias tradicionales. Por una parte, los organismos supranacionales (Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio, Fondo Monetario Internacional y otros) cobran una gran importancia, sobre todo los vinculados a la regulación de los flujos económicos y a la estabilización de la economía. En cambio, las Naciones Unidas comienzan a perder peso como instancia reguladora de las relaciones internacionales. Se hace un uso retórico y deshonesto de la llamada comunidad internacional. Desde el punto de vista político, la democracia representativa sufre una fuerte crisis de legitimidad. El abandono del interés por lo público y la distorsión de los principios democráticos están provocando el desinterés de los ciudadanos, que desconfía, más que nadie, de los políticos. La democracia se llega a entender en términos de marketing político, y el político aparece como un vendedor hábil que sabe “colocar” su mercancía. c. La globalización cultural. Se hable de “pensamiento único” (I. Ramonet) o de “homologación de los espíritus” (G. Girardi), la globalización cultural supone una homogeneización de las conciencias, mediada por la televisión o por otros medios (la radio, Internet, etc.), a partir de un consumo cultural estándar. Esta crítica cultural tiene importantes precedentes, por ejemplo en los teóricos de la Escuela de Frankfurt. Recordemos las críticas de Adorno a la industria de la conciencia. Se suele decir que con la complicidad de unos y el silencio de otros, los espacios de pensamiento están sometiéndose a esta hegemonía cultural, que es planificada desde los centros de poder, con el fin de legitimar el neoliberalismo. Para comprender mejor estos procesos, resulta interesante leer el Informe Lugano, escrito por Susan George. Asistimos a una intensificación de la producción ideológica, envuelta en nuevos productos culturales, que son consumidos en masa por la gran parte de la población, envueltos en un celofán atractivo (por ejemplo, los concursos televisivos, centrados en la lucha competitiva, en la selección de los otros –es decir, de los adversarios-, y en culto al líder). Las prédicas sobre el final de las ideologías, el fin de la historia y el fatalismo como actitud vital han cobrado nueva fuerza en los últimos tiempos. Frente a ellas, es preciso combinar 3 el discurso de la crítica con el discurso de la posibilidad, en la línea de una pedagogía de la esperanza (P. Freire, H. Giroux). Es preciso resaltar que existen en nuestras sociedades posibilidades para la acción social transformadora y que la progresiva multiculturalidad, el relativismo axiológico y la libertad personal se imponen en el marco de las sociedades posmodernas. El control ideológico paradójicamente convive, en una relación no siempre fácil, con la capacidad de iniciativa y de acción del individuo. d. La globalización militar-policial. Gil (2001, pp. 21-22) insiste en la importancia de la globalización militar-policial, que completa los procesos económicos, sociopolíticos y culturales. No hace falta dedicar mucho espacio a señalar la importancia de este tipo de globalización, dejado de lado en muchos análisis que se centran exclusivamente en las dimensiones económicas y tecnológicas. La guerra en Irak, llevada a cabo por los Estados Unidos y Gran Bretaña, y apoyada de manera entusiasta por lo que alguien ha llamado el “palmero” del grupo (Aznar), ha supuesto la gran confirmación de los presagios de los críticos más radicales. Las sanciones económicas, los embargos, la injerencia humanitaria y la guerra se constituyen en mecanismos de dominación y de control a escala planetaria. Muchos ciudadanos contemplan con perplejidad esta barbarie, protestan en la calle contra ella, y luego regresan escépticos a casa, reflexionando sobre las dificultades de cambiar los criterios de las elites políticas y económicas. En conjunto, el modelo neoliberal y la globalización han conseguido elevar el nivel de vida de una parte importante de la población de los países ricos, pero, en conjunto, provocan un grave deterioro medioambiental, desarrollan una preocupante homogeneización cultural, sacralizan el individualismo y el ámbito privado, tienen a destruir el ámbito colectivo y a fragmentar la sociedad, desalientan la ciudadanía activa y provocan una gran precariedad laboral, socavando los derechos básicos de los trabajadores. 2. LA EDUCACIÓN EN EL MARCO DE LAS DINÁMICAS GLOBALIZADORAS. Entre los libros críticos publicados en los últimos sobre la educación en el marco de la globalización y del neoliberalismo encontramos diferentes visiones de la cuestión. Unos se centran más en los fenómenos estructurales, con una mayor atención a los procesos de tipo macro. Otros, sin descuidar esta óptica general, abordan con mayor profundidad las dimensiones culturales, subjetivas y experienciales de la educación en la sociedad actual. Entre los libros interesantes que abordan un análisis crítico de estos procesos, se encuentra el libro de Torres (2001). Este autor plantea una crítica de la mercantilización, de la privatización, del credencialismo y de la excelencia competitiva en relación con el sistema educativo. Estos procesos están basados en la ideología neoliberal y en las políticas neoconservadoras, propias de la derecha política y de una buena parte de la socialdemocracia. Un nuevo conservadurismo, finamente criticado por M.W. Apple en sus últimos libros, invade todos los ámbitos del sistema educativo. Este nuevo conservadurismo 4 combina una defensa de los valores del mercado con un énfasis en la vuelta a los principios familiares, morales y religiosos tradicionales. Como indica Gimeno (2001), es necesario analizar la educación ante la encrucijada de los cambios socioculturales actuales, en relación con seis grandes ámbitos: la cultura; la política y la sociedad; la economía; los individuos; los objetivos y contenidos de la educación; y el sistema educativo (véase anexo al final del texto). Desde una perspectiva general, es posible enumerar algunos de los rasgos que caracterizan los procesos educativos actuales: - Importante desigualdad en las posibilidades de acceso, de recorrido y de salida del sistema educativo, tanto entre regiones diferentes del planeta, como dentro de los diferentes países. - Persistencia de redes diferentes de escolarización, que tienden a perpetuar y a legitimar las diferencias sociales (en nuestro caso, red pública, red concertada y red privada). - Socialización conflictiva de los niños y de los jóvenes en el sistema educativo, en razón del mayor relativismo axiológico y social, de la reciente interculturalidad de nuestra sociedad, de las contradicciones entre los requerimientos del sistema y las motivaciones de una buena parte de los estudiantes y de la incapacidad de los educadores para responder a los cambios sociales. - Creciente burocratización y estandarización en los ámbitos de la política y administración educativas; diseño del currículo; procedimientos de enseñanza; y técnicas de evaluación. - Minusvaloración de la importancia e influencia de la escuela por parte de los niños y jóvenes, en relación con la relevancia otorgada al ámbito de la sociabilidad informal y de la experiencia mediada por las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. - Aceleración de los procesos de diversidad, relativismo y globalización culturales. - Continua confrontación del sistema educativo ante las exigencias del mercado, la rentabilidad, la productividad y la eficacia. Existencia de lógicas contradictorias en función de los contextos específicos y de los diferentes actores sociales, individuales y colectivos, presentes en esos contextos. - La diversidad multicultural se impone como una necesidad social y educativa. - Los intercambios de todo tipo (entre ellos, los escolares) nos ofrecen nuevas posibilidades para conocer a los otros, para aprender lenguas, para reconocer y respetar las diferencias. El mestizaje y la hibridación culturales se imponen como procesos convenientes, con un gran alcance educativo. La movilidad cultural significa trasladarse de manera cada vez más intensa en el espacio, el tiempo y los valores culturales. - La pluralidad, el relativismo y la confrontación de estilos de vida diferentes (en relación con el cuerpo, la sexualidad, la religión, la política, la familia, el ocio, etc.) harán de ser fomentados por las escuelas, ayudando a la gente a ser más críticos y autoconscientes de nuestro propio proyecto vital. 5 - La escuela de los próximos años debe incorporar más y mejor las nuevas tecnologías (a medida que se reconozca su necesidad, se abaraten los costes, se invierta económicamente y tengan mejor preparación los docentes) en todo el proceso educativo. - El educador deja de ser la figura tradicional depositaria del conocimiento legítimo. Su importancia no disminuye, pero debe ser reubicada en una red compleja de recursos de aprendizaje y de formación, escolares y extraescolares, cognitivos y procedimentales, tecnológicos y humanos, cercanos (por ejemplo, los ayuntamientos) y remotos (Internet). - El sujeto en la sociedad global aprende a partir de: a) la experiencia directa sobre el mundo; b) las relaciones directas con los demás; c) la lectura y la escritura; d) el aprendizaje mediado por las máquinas y las nuevas tecnologías (Pérez Gómez, 1998; Gimeno, 2001). Por lo que se refiere a las relaciones con el mundo y con los demás, desde las críticas radicales a la escuela de Ivan Illich y otros autores, viene siendo tradicional reconocer lo mucho que aprende la gente fuera de las escuelas, lo poco que se aprende en las aulas y lo pronto que se olvida ese poco aprendido de manera formal. Es evidente que los niños y los jóvenes llevan a cabo muchos de sus aprendizajes en el ámbito de la sociabilidad informal, con el grupo de pares y con amigos especialmente significativos. En realidad, una parte importante del tiempo escolar siguen interaccionando, de manera explícita o mediante cauces implícitos, con los amigos y compañeros. Hasta ahora, los educadores se han interesado poco por estas experiencias de aprendizaje, y han acostumbrado a despreciarlas, al considerarlas incompatibles con el desarrollo del proceso educativo programado. - Los educadores tienen que asumir que la enseñanza es una tarea conflictiva, dilemática y angustiosa, y que cada vez lo será en mayor grado, a medida que aumente la variedad de usuarios y la contradicción entre los objetivos pretendidos por el sistema (y por los educadores) y las expectativas de los educandos. Pero tampoco hay que dramatizar el problema: es un oficio también confortable, con condiciones especiales de trabajo (no deja de ser verdad que hay más vacaciones), en un ambiente de encuentro interpersonal, en donde son posibles, hasta un cierto punto, la autonomía y la creatividad. 3. PROPUESTAS CULTURALES Y EDUCATIVAS PARA LA REFLEXIÓN Y PARA LA ACCIÓN. Juan José Téllez nos ha recordado en su intervención la importancia de un periodismo crítico, riguroso, preparado y autoconsciente de su papel social. Esta contribución me viene como anillo al dedo para plantear el papel cultural, en el sentido amplio del término, de los educadores. Es innegable la dimensión comunicativa y cultural que desempeñan los educadores y otras personas implicadas en procesos educativos y de concientización o cambio social, en un sinnúmero de ámbitos, asociaciones y grupos diversos: sistema educativo formal, asociaciones vecinales, sindicatos, grupos de enseñantes, asociaciones estudiantiles, grupos juveniles, ONGs, cristianos de base, colectivos antiglobalización, grupos de mujeres, etc. En todos estos grupos encontramos procesos semejantes: un 6 colectivo de personas que desafían la realidad instituida y que buscan caminos de liberación. Los educadores siempre somos, lo queramos o no, lo asumamos o no, ideólogos culturales, tanto en el aula de educación infantil como en la clase del laboratorio de Química del instituto; tanto en el centro de adultos como en el curso de doctorado. También son ideólogos culturales los y las catequistas que preparan para la primera comunión, el párroco desde su púlpito, el periodista desde su artículo o desde la televisión, el líder político desde su arenga partidista, las coordinadoras de un grupo de mujeres, etc. Ante la avalancha ideológica segregada por a todas horas y por todas partes, los educadores tenemos una tarea difícil pero ineludible: la crítica del lenguaje cotidiano, del sentido común y del buen sentido, de las creencias y opiniones. Sólo así podemos pasar al momento de la crítica y de la conciencia, que supone, dice Gramsci, “elaborar la propia concepción del mundo consciente y críticamente..., participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guía de uno mismo y no aceptar pasiva y supinamente que nuestra personalidad sea formada desde fuera” (Gramsci, 1978, p. 12). Los educadores pueden ayudar a los estudiantes a leer mejor este mundo conflictivo y contradictorio, en el cual los progresos y las posibilidades se alían con los nuevos problemas (y con los viejos, todavía no resueltos). En esta tarea, resulta conveniente relacionar más estrechamente la educación con los otros ámbitos de socialización infantil, juvenil y adulta: la familia, los medios de información y comunicación, la comunidad local, los grupos de pares y de sociabilidad informal, el trabajo, el ocio y el consumo. La tarea educativa sigue viviendo muy de espaldas al mundo social, afectivo y lúdico de los educandos. Relacionar estos ámbitos con la educación supone superar las posiciones ingenuas e infantilizantes y crear recursos metodológicos para trabajar con rigor la articulación de lo mental y de lo sensible, de lo social y de lo subjetivo, de lo espiritual y de lo material. Un ámbito especialmente significativo se refiere al trabajo crítico en torno a los medios, en particular a la televisión, diosa de nuestra vida cotidiana e ingrata compañera de nuestro tiempo libre. Los niños y los jóvenes, y una buen parte de los adultos, han vuelto su mirada hacia la televisión y encuentran en ella información, consuelo, diversión, complicidad, compañía y entretenimiento. En la tele aprendemos y desaprendemos, somos seducidos, nos damos razones para vivir y sentir, se nos muestra el lado extraño de la realidad que nunca hemos vivido de manera directa. Es verdad que son importantes los parques de ocio, la música, Internet, los móviles, los videojuegos, las revistas juveniles, etc., pero también es cierto que la tele está en todas partes, a todas horas y en todos los formatos. Los educadores tienen una relación con la tele en la que se mezclan, a partes iguales, el odio (te odio porque eres mala y porque deseducas) y los celos (estoy celoso de ti porque me robas a los estudiantes; te los apropias, y así no puedo hacer bien mi trabajo; eres mi mayor competidora). ¿Cómo podemos complejizar esta relación, para aprovecharla pedagógicamente? En la educación, el rigor, el esfuerzo y la calidad no están reñidos con la innovación, la participación, la metodología activa y el énfasis en la subjetividad y en la experiencia de los educandos. Se trata de un dilema artificial, que hay que desmontar. 7 Es conveniente rearticular la relación entre la sociabilidad informal de los educandos y el marco formal del ambiente educativo institucionalizado. Esta rearticulación posibilitará nuevas vías de una mejor integración de los educandos en el sistema educativo, evitando conflictos y alentando la implicación en las tareas académicas de un mayor número de estudiantes. Como sugiere Gimeno (2001, p. 79), citando una idea de K. O. Apel, “no sólo debemos detenernos en detectar las reacciones que provoca la globalización, sino también en las que es preciso provocar: en la contra-globalización que debemos oponerle para encauzarla y hacer de ella un proceso real de comunicación abierto y multidireccional. Es decir, hay que generar una cultura que la contrarreste. Es necesario resistir a sus efectos negativos y oponerle una globalización de segundo orden que neutralice los efectos perversos inducidos por la primera”. En esta tarea, los educadores tienen muchas cosas que decir, tanto en la educación formal como la educación no formal e informal. PISTAS DE LECTURA: CASTELLS, M. (1997 y 1998): La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Madrid: Alianza, 3 vols. CHOMSKY, N.; DIETERICH, H. (1997): La aldea global. Tafalla (Navarra): Txalaparta. GIL RIVERO, J. (2001) : Apuntes para un modelo de formación sindical transformadora en tiempos de neoliberalismo. Trabajo doctoral de investigación inédito. Dpto. de Teoría e Historia de la Educación y Pedagogía Social. Universidad de Sevilla. GIMENO, J. (1998): Poderes inestables en educación. Madrid: Morata. GIMENO, J. (2001): Educar y convivir en la cultura global. Madrid: Morata. GRAMSCI, A. (1978): Introducción a la filosofía de la praxis. Barcelona: Península. HARGREAVES, A. (1996): Profesorado, cultura y postmodernidad. Madrid: Morata. PEREYRA, M.A.; GARCÍA, J.; GÓMEZ, A.J.; BEAS, M. (Comps.) (1996): Globalización y descentralización de los sistemas educativos. Barcelona: Pomares – Corredor. PÉREZ GÓMEZ, A.I. (1998): La cultura escolar en la sociedad neoliberal. Madrid: Morata. TORRES, J. (2001): Educar en tiempos de neoliberalismo. Madrid: Morata. USHER, R.; BRYANT, I.; JOHNSTON, R. (1997): Adult Education and the Postmodern Challenge. London: Routledge. Es interesante la lectura de la edición española de Le Monde Diplomatique (periódico mensual), que ofrece una panorámica muy plural de análisis críticos sobre los diferentes aspectos (económicos, sociales, políticos, culturales, educativos, etc.) del mundo actual.