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La ciudad del fin del mundo

Subirats, Eduardo

Abstract

A través de escenas de «Metrópolis» el autor recorre los paisajes del maquinismo y sus presagios. No tan lejos de aquella estilización estética de la ciudad industrial como reino sublime, otras estéticas hoy se convierten en el signo cosmológico de un nuevo orden espiritual que la nueva arquitectura representa a través de sus valores simbólicos y formales.

Full text

LA CIUDAD DEL FIN DEL MUNDO Edua do Subi a s A a és de escenas de «Me ópolis» el au o eco e los paisajes del ma- quinismo y sus p esagios. No an lejos de aquella es ilización es é ica de la ciudad indus ial como eino sublime, o as es é icas hoy se con ie en en el signo cosmológico de un nue o o den espi i ual que la nue a a qui ec- u a ep esen a a a és de sus alo es simbólicos y o males. La p oducción de la película Me ópolis de F i z Lang, en 1927, señala un hi o impo an e en la his o ia del cine. Pa a la época es a ob a ep esen aba un momen o culminan e, en p ime luga , en cuan o al des- pliegue de sus capacidades económicas, écni- cas y humanas. Me ópolis inaugu ó an- gua dís icamen e nue as écnicas o og á icas y escénicas, écnicas o ganiza i as pa a pone en mo imien o las 50.000 pe sonas que ac ua on en ella, e ec os especiales y, no en úl imo luga , el p odigio económico que odo es e p oyec o lle aba consigo. La película ilus a en su misma p oducción el desa ollo ecnológico que plan- ea como con enido cen al de su guión. Una «sín esis de K upp y Wagne » esc ibió Sig ied K acaue a es e p opósi o 1• Desde sus p ime as imágenes, Me ópolis ele a un can o al i mo e iginoso de la ciudad indus ial mo- de na. Los dibujos de E ich Ke elhu que se u iliza on pa a sus escena ios mues an las su- cesi as pano ámicas, in e umpidas sin solu- ción de con inuidad como en los collages dadaís as de Ci oen, Hea ield o Hoch, de su- pe bos ascacielos, o es in ini as, calles col- gan es, y el bullicio o men oso de au omó iles, ae oplanos y masas humanas, ag upados en planos, ni eles y líneas de ue za exp esi a- men e con as adas. La cáma a nos ap oxima, en una misma secuencia, de los monumen ales espec áculos a qui ec ónicos a los paisajes in- dus iales de inconmensu ables máquinas, u - binas y eng anajes. Po in, el i mo ne ioso de esa «Ciudad mundial», que ecue da algunos emas u banís icos de Le Co busie y Hilbe s- heime , mues a ambién sus paisajes humanos: masas humanas mili a men e o madas que ma chan al compás ígido de las u binas y los eng anajes, po los úneles de la ciudad sub- e ánea, donde es án ins aladas las uen es ene gé icas de la megalópolis indus ial. -XV- 15 ASTRAGALO, 13 (1999) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle, ISSN 1134-3672 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1999.i13.03 Esc i o . Enseña ac ualmen e en la New Yo k Uni e si y (EE.UU.) Comúnmen e inculada al cine exp esionis a alemán, Me ópolis exhibe, en e ec o, múl i- ples conexiones con la li e a u a, la es é ica y la concepción pesimis a de la ci ilización de muchos a qui ec os, poe as, esc i o es y pin o- es del pe íodo exp esionis a. Pe o es e ilm, con sus isiones monumen ales, agi adas y su- blimes de una u be indus ial sin nomb e, es o es, uni e sal, casi se di ía que cósmica, cons i- uye ambién una sin onía u u is a a la g an ciudad. Es incluso la isión más acabada de las u opías u u is as de las me ópolis indus ia- les del u u o. La poé ica maquinis a que Ma i- ne i anunció a lo la go de an os mani ies os, p eludian sus paisajes de esplendo ecnoló- gico, sus espacios animados has a la iolencia y la agi ación gal anizada de homb es e ins- umen os: « ... g andes mul i udes agi adas po e en es a película un mo i o mi ológico que eco e su acción y e ela su cla e: Babel. Conside ada isualmen e, el zigu a babiló- nico, un eno me ascacielos pi amidal co o- nado po una es uc u a es ellada, es la igu a dominan e de las pe spec i as u banas que e- co e la cáma a de Lang. Y el mi o de Babel como exp esión de una g andeza p ome eica es p esen ado d amá icamen e como el mo i o cen al de los es ue zos y de la lucha de Jos mo ado es de la ciudad. Me ópolis apa ece como un símbolo ci iliza o io de pode osas conno aciones u u is as, cie amen e, pe o que se encuen an más ce ca de lo p o é ico, o aún de lo apocalíp ico, que de una simple glo- i icación del impe io u bano-indus ial. El ela o que discu e en e los mu os de la el abajo ... la ib ación noc u na de los a se- g an ciudad puede esumi se en unos pocos e- 16 nales y las minas bajo sus iolen as lunas eléc- mas dominan es, ca gados odos ellos de sig- icas ... puen es endidos como sal os de gim- nas as sob e el diabólico cab illea de los íos ... locomo o as de amplio pe al que pia an po los ieles cual eno mes caballos de ace o emb iados po la gos ubos ... ». Es a desc ip- ción del P ime Mani ies o u u is a anuncia, lo mismo que el d ama y la lí ica exp esionis- as, y la es é ica dadaís a y la pin u a u u is a, allí donde plan ean el ema de la ciudad mo- de na, una análoga cons elación: la ascina- ción es é ica po los símbolos de g andeza, de esplendo y iolencia de la G an ciudad. ni icaciones simbólicas y polí icas. Me ópo- lis, la ciudad de los ascacielos -Lang se ins- pi ó en sus p ime as imp esiones de iaje en la ciudad de Nue a Yo k- eúne, en ealidad, dos ciudades con on adas. La me ópolis supe io es el eino sublime de ace o y cemen o, es ambién la ciudad luminosa donde eside el conocimien o y el pode de la ci ilización. La ciudad in e io es la ciudad de los ob e os. Sus casas y labe ín icas calles sub e áneas odean una g an cen al p oduc o a de ene gía eléc- ica, el co azón de la ciudad. Algunos signos es é icos con ie en a es a du a con aposición Sin emba go, la his o ia que desa olla la pelí- un alo complemen a io. La me ópolis supe- cula Me ópolis p esen a dimensiones mucho io apa ece a la ez como un pa aíso del A más con adic o ias y más icas que la simple Decó, con sus símbolos de una sensualidad so- isión monumen al o la es ilización es é ica de is icada y decaden e, y como el luga de ges- la ciudad indus ial como eino sublime. Exis- ión económica y ecnológica. La ciudad sub- -XVI- e ánea eúne la ac o ía eléc ica, a sus ob e- os, some idos a una especie de égimen de mili a ización po el i mo de las máquinas y de la a qui ec u a, y eúne ambién el luga de cul o: las ca acumbas en las que pe iódica- men e se eúnen los ob e os pa a celeb a el i o de la llegada del Sal ado . Es e con lic o en e la ciudad supe io e in e- io no es solamen e espacial y simbólico: es un con lic o humano en el que se en e ejen los aspec os psicológicos, sociales, ecnológi- cos y mo ales que con igu an la compleja ama de la na ación ílmica. F i z Lang in o- duce, bajo la o ma especial de una me ópolis escindida, el con lico en e la p oducción y des ucción, en e el desa ollo ecno-econó- mico de la ci ilización y la eg esión humana que ca ac e iza el mundo mode no. Vol emos al mi o ci iliza o io y cie amen e pesimis a de Babe l. Desde su ela o bíblico pa sa ndo po la más signi ica i a in e p e a- ción mode na, la e sión de B ueghel del mu- seo de Viena, la cons ucción de Babel plan ea la ambi alencia inhe en e a la ci ilización hu- mana. Símbolo del pode humano de ele a se a lo cósmico, al absolu o que, sin emba go, sólo es pa imonio de los dioses, Babel es al mismo iempo exp esión de su desequilib io, de un deso den social y humano que, en p i- me luga , se pone de mani ies o como con- lic o en e las lenguas, y que en ealidad en- cie a el choque de concepciones del mundo, in e eses y pode es. Babel es la isión pesi- mis a de una ci ilización cuyo pode incon- mensu able con ie e en una emp esa absu da el símbolo de dialéc ica de cons ucción y des- ucción inhe en e al p og eso. «G ande es el homb e. G ande es su c eación >> es el lema que co ona como mo i o li e a io las isiones apocalíp icas de Me ópolis-Babel de F i z Lang. Pe o es a isión ensalzado a y en u- sias a es á a a esada po o o mo i o que o o ga a es a película su más p o unda dimen- sión d amá ica: el con lic o en e el «ce eb o>> que di ige la his o ia y la « mano>> que cons- uye la sociedad. Bajo es a ó mula, F i z Lang quiso explica al mismo iempo la na u aleza in e io de la di isión en e las dos ciudades como un con 1ic o social en e pode osos y des- poseídos, y como un con lic o epis emológico en e la acionalidad de la dominación ecnoi n- dus ial y la ida empí ica de los se es huma- nos. Es a isión con lic i a del des ino his ó- ico de la ciudad indus ial y de la ci ilización mode na no se encuen a p ecisamen e aislada. En las p ime as décadas del siglo xx semejan e ensión ca ac e iza a la o alidad de plan ea- mien os que desde el a e, la li e a u a o la ilo- so ía social se ealizan sob e el ema. Bas e e- co da los análisis de Simmel o de F eud sob e la pe sonalidad neu ó ica del habi an e de las g andes me ópolis, el pesimismo de Spengle sob e la descomposición de la cul u a mode na, o las isiones apocalíp icas de Tau o de Kan- dinsky sob e el in de la ci ilización. Bas e e- co da los con lic os y mo imien os socia le s que se suceden a lo la go de las dos p ime as décadas en los cen os indus iales eu opeos. La es uc u a na a i a de Me ópolis añade, sin emba go, a es a p oblemá ica social y hu- mana un elemen o nue o: la an asía u u is a de un uni e so ci iliza o io in eg almen e me- canizado, la p ime a u opía nega i a de la ci- ilización indus ial como un in ie no des- - XVII - 17 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 18 humanizado de una ecnología o ali a ia. El «plan» que la película na a es, en cuan o a su concepción gene al, muy sencillo: una y o a ez la ciudad uni e sal es p esa del pánico. El cansancio de los ob e os, some idos a un égi- men ísico inaguan able, los e o es cons an es en el manejo de ins umen os al amen e sensi- bles y pelig osos, y, no en úl imo luga , la in- sa is acción social y los amo inamien os con- siguien es ocasionan la emida ca ás o e. Ya en los p ime os minu os de la película el es- pec ado se con on a con es e lími e ex emo de la ida de Me ópolis. El ob e o que con ola una de las ál ulas más impo an es de la á- b ica sub e ánea des allece de cansancio. Las ins alaciones es allan, a as ando consigo la ida de cien os, y sume giendo eal y simbóli- camen e a la ciudad uni e sal en las inieblas. F i z Lang, como unos años an es Geo g Kaise en el d ama exp esionis a Gas, an icipa con es a sencilla desc ipción un ema que se ol e á dominan e en el géne o de la icción u ópica del u u o ecnológico de la cul u a mode na. Pe o lo e dade amen e inno ado , y el componen e u u is a en un sen ido es ic o de la película de Lang, eside en la solución a es e dilema. F e- de son, la cabeza di igen e de Me ópolis, jun o con su a í ice ecnológico, el ingenie o Ro - wang, una igu a áus ica con asgos ní ida- men e demoníacos que lo ace can más a la e - sión medie al de Faus o que a su in e p e ación ilus ada o omán ica, deciden suplan a la im- p e isible ue za humana de abajo, suje a al dolo y al e o , po obo s au oma izados. Es a an asía u ópica iene su p eceden e en el ema li e a io del au óma a, al como se desa olló en el oman icismo y en o o g an ilm del exp e- sionismo alemán, De Golem de Wegene . His ó icamen e hablando se emon a a la le- yenda medie al judía del Golem que, al igual que el mi o de Babel, ambién ele a una isión pesimis a sob e el pode de la ci ilización hu- mana. El Golem, el au óma a o el obo encuen- an, po lo demás, en los expe imen os y p onós icos de las máquinas de No be Wiene su con apun o ecnológico, con empo áneo de las imágenes u u is as de F i z Lang. Pe o el p oyec o u u is a de Me ópolis no e mina, sino an sólo acaba de empeza aquí. La solución ecnológica del con lic o mayo que en aña la odisea p ome eica de Babel- Me ópolis pasa necesa iamen e po un p o- blema social, como hoy emos que sucede en la ealidad y dondequie a que los p og amas de au oma ización se lle an a é mino. La sus- i ución del ma e ial humano po las máquinas au oma izadas iene po condición la elimi- nación de aquél. En es e pun o, el guión de Me ópolis adop a un gi o pa a aye y pa a hoy escandaloso. F ede son y Ro wang a- man una complicada y maquia élica es a a- gema pa a liquida la población sub e ánea. La olun ad de p og eso no se de iene an e sus más des uc i as consecuencias. La epulsa con a semejan e isión del u u o de F i z Lang no se hizo espe a . Es a película es «la que menos espe anzas nos deja en lo que al u u o se e ie e» ue el comen a io de la e is a alemana Die Filmwoche al es eno de Me ópolis en 1927 2• Más in e esan e y su- ges i o esul a el comen a io del mismo año publicado en De Bilwa : «Muy in an il es es a an asía del u u o -se dice allí 3 -. La éc- nica del u u o no con e i á a los homb es en -XVIII- escla os de las máquinas, sino en sus dueños. No hab á cien os o miles de se es cubie os de sudo , golpeando las ál ulas sin sabe po qué y sin conoce sus esul ados. No hab á in- mensas máquinas de apo bajo ie a. Po el con a io, las máquinas del u u o se án cada día más au oma izadas. Un único ob e o in e- ligen e se á capaz de manipula muchas palan- cas con impecable es imen a, como ya su- cede en muchas emp esas ... ». Me ópolis de- sag adó a la c í ica alemana po que su isión del p og eso e a apocalíp ica, y su concepción del mundo se ce aba al pesimismo. Pue il o no, es a an asía u u is a de la ciudad uni e sal de los ascacielos sublimes que se au odes uye, alimen a, sin emba go, el apa- sionan e suspenso de la película. Su comen a- io me ece en e o as cosas nues a a ención po que sus signos a ojan luces nada supe - luas sob e muchas p egun as abie as sob e el desa ollo ecnoindus ial de aye y de hoy, y sob e el nue o papel del a e en la sociedad con empo ánea. He señalado ya los dos pe so- najes cen ales de la película: F ede son, la sus ancia g is de Me ópolis, y Ro wang, su ingenie o, que aúna la igu a del mode no cien í ico asociado a los pode es demoníacos (sólo él conoce el mundo in e io con sus la- be ín icas ca acumbas, a las que signi ica i a- men e iene un acceso sec e o desde su labo a- o io). Esos son los a í ices de Me ópolis, pe o no su p o agonis a. El p o agonis a de Me ópolis, o más p opiamen e uno de ellos -su con incan e al p o agonismo na a i o e his ó ico es la máquina, el uni e so ecnoin- dus ial que p oduce la ene gía de la ciudad uni e sal y amenaza con suplan a social y cul u almen e al homb e en su papel hegemó- nico- es F ede , el hijo de F ede son. Su ca ác e gené ico es impo an e pa a comp en- de su simbólico, más aún, su p o é ico des- ino. Su p ime a apa ición en la pan alla de- ine su p i ilegiado papel social: le emos como un jo en lleno de g acia emenina, de ademanes dulces y sensibles. Vis e opas deli- cadas de seda, y de amplio alle, con as ados con los uni o mes g ises y ígidamen e alla- dos de su pad e y los demás di ec i os de la ciudad. Le encon amos en un ambien e pe u- mado, un pa aíso a i icial del Jugends il: plan as y a es exó icas, una uen e de la ida, con oda la pa a e nalia c is alina del A Decó. La cáma a, en in, le descub e sedu- ciendo jo ialmen e a una a ac i a muchacha, ella misma diseñada con odos los equisi os a la moda de la época. Su lejanía con espec o a las a eas p oduc i as, jun o a su p i ilegiada capacidad de goce le dis inguen socialmen e como suje o es é ico. Pe o és e no es más que uno de los es os- os, si bien la condición undamen al, que ex- hibe la pe sonalidad de es e p o agonis a. A a és de un encuen o o ui o emos po se- gunda ez a F ede , el a is a, en el co azón de la ciudad sub e ánea: la sala de máquinas. Allí p esencia, y el espec ado con él, el es- pec áculo e ible de la ciudad indus ial: se es deg adados po la du eza del abajo, masas de homb es sin os o, la inhumanidad del es- ue zo y el dolo que imponen las máquinas, y la mue e que po doquie siemb a el es allido de las calde as. En un gi o ca ac e ís icamen e exp esionis a, el suje o es é ico se ans o ma en el po ado de una c í ica social de i ada, -XIX- 19 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 20 sin emba go, del mismo pun o de is a de la nes de la es é ica del exp esionismo. Lo en- sensibilidad. Y el p opio espec ado de Me ó- con amos cla amen e o mulado en un pe- polis se e o zado a ealiza , al lado de es e queño lib o que hizo época: Uebe das geis- pe sona je capi al, una c í ica social a pa i de ige in de Kuns , de W. Kandinsky. Y apa ece su sensibilidad es é ica. múl iples eces exp esado en el dia io de Klee Pe o el F ede como suje o a ís ico de una c í ica social, oda ía su e una e ce a modi i- cación, la que pond á p ecisamen e pun o inal en la película. En la misma escena de la sala de máquinas iene luga la isión más in ensa de la película Me ópolis. Las inmensas calde- as p oduc o as de ene gía, oda ía humean es po causa de su explosión, y el espec áculo macab o de los cue pos yacien es de los ob e- os en sus g adas, apa ecen a los ojos del a - is a como la e ible escena de un gigan esco Moloch, el ídolo bíblico que de o aba a quie- nes le endían cul o. La imagen a a iesa la película como un pode oso símbolo nega i o de la ci ilización. Signi ica i amen e, el a - is a F ede des allece an e el ho o isiona- io, y sólo ecob a el conocimien o cuando ya la u ina de las máquinas ha de uel o su o den somb ío a las ca acumbas indus iales. És e es el momen o de la ans igu ación del a is a en p o e a y sa l ad o . Apenas uel e en sí cuan- do, en ap esu ados ges os, F ede ueca sus blancos es idos po un mug ien o uni o me de uno de los ob e os, el que mue e p ecisa- men e las palancas cuyo allo ha ocasionado el acciden e. El a is a asume olun a iamen e la sue e de la humanidad escla i zada como su p opio des ino. Y como eden o apa ece un ins an e en la pan alla, cla ado en la c uz de las aspas de una de las ciclópeas ál ulas. El papel eligioso-p o é ico de la conciencia de es a época, así como en los esc i os de F. Ma c. A a és de la igilancia y la c í ica so- cial que el a is a exp esionis a p o esa se e ige, a su ez, la nue a dimensión eden o a, sin la que es imposible comp ende la dimen- sión social del a e de las angua dias. Tam- bién Kandinsky a oja en es e sen ido una i- sión pa icula : la del a is a como a í ice de un nue o o den espi i ual, del cual su pin u a no quie e se más que un ejemplo. Pe o es más p opia de los a qui ec os, po la na u aleza in ínsecamen e p ospec i a del p oyec o, la dimensión u ópica de un p og ama eden o . Los esc i os poé icos de Schee ba y Tau son el caso más explíci o. En ellos, la isión apo- calíp ica de una ci ilización en uinas se con- ie e en el signo cosmológico de un nue o o - den espi i ual, que la nue a a qui ec u a ep e- sen a a a és de sus alo es simbólicos y o males. Poelzig y el p opio Bauhaus en sus años de undación se conciben como misione- os de un a nue a sal ación social de la que el a is a -e n el Bauhaus bajo el símbolo de una ca ed al gó ica del socialismo que p eside su p ime mani ies o- igu a como p o agonis a p incipal Es a u opía e oluciona ia y ascen- den e del a e como agen e ci iliza o io y e- den o , p opio de las angua dias his ó icas eu opeas en su conjun o, apa ece en la película Me ópolis bajo una plu alidad de signos eno - memen e in e esan es y ambién ambi alen es, desde una pe spec i a simbólica como polí- a ís ica cons i uye uno de los luga es comu- ica. Se á p eciso examina es as dimensiones. - XX - Po lo p on o, desde el pun o de is a de su cons ucción na a i a y lógica, se hace p e- ciso que la misión sal ado a, que el a is a ex- p esionis a asume subje i amen e, sea econo- cida po aquellos a los que su edención es á di igida. Ello iene luga en la úl ima g an es- cena que, en Me ópolis, p epa a la solución inal del con lic o en e ci ilización y deshu- manización de la cul u a, y en e p og eso ec- noindus ial y des ucción. Es e econoci- mien o iene que a a esa , sin emba go, an g andes obs áculos como el mismo mo i- mien o a ís ico y e oluciona io de comien- zos de siglo encon ó a su paso. El p ime o de ellos es su a iculación social. Aquí en a en escena un pe sonaje de ue es conno aciones mi ológicas: la imagen eme- nina enca nada po Ma ía. Ella apa ece ya en las p ime as escenas de la película como la i- gu a mediado a del papel sal ado del a is a. Su os o posee una delicada belleza, y en su mi ada habi a una sua e se e idad mo al. De ningún modo es á p i ada de un pode seduc- o , y de hecho F ede se pos a an e su espi i- ualizada belleza desde el p ime ins an e en que la con empla. Pe o eje ce su especial a ac i o desde la lejanía, y a a és de o os con enidos más ascenden es. Su p ime a apa ición iene luga en el mundano escena io de decaden e e o ismo en que F ede se goza en la desen adada seducción de una jo- en so is icada. La con aposición, ya en los p ime os minu os de la película, en e ambos imagos emeninos, encie a como un so ilegio el des ino que se a a agua sob e Me ópolis. Po que Ma ía apa ece odeada po las ca as asus adas y cu iosas de niños, los hijos de los ob e os a quienes acompaña a isi a los esce- na ios elegan es de la ciudad supe io a í ulo de en e enimien o cul u al. Es és a una escena ma a illosa. Ma ía en el cen o, y a opándose en o no a sus amplias aldas el ap e ado g upo de niños, con igu a una igu osa sime ía pi a- midal. Es una a dien e isión de Ma ía como aquella Vi gen de la Mise ico dia que ado na casi odas las iglesias del qua ocen o i aliano. F en e a Ma ía, la o a dama, la que acoge pla- cen e amen e los seduc o es embelesos de F e- de , enca na una igu a nega i a del e o ismo p o ano, la imago de la Venus pagana. Ma ía apa ece po segunda ez en Me ópolis cuando F ede , con undido po su uni o me con los demás ob e os, es conducido po sus compañe os al san ua io de las ca acumbas. Pe o allí encon amos a Ma ía ansmu ada de Ma e Mise ico diosa en igu a mís ico- e o- luciona ia. Ma ía eúne en es a segunda apa i- ción la doble cualidad de sace do isa y de je e e oluciona io, que le an a a los humillados ob e os bajo la p omesa de una nue a dimen- sión humana del p og eso. Enca na una isión indus ial y p ole a ia del mis icismo he oico de Juana de A co. El mis icismo e oluciona io de Ma ía pa e de aquella con aposición en e el ce eb o y la mano que simbólicamen e de ine el con lic o en e la ciudad supe io e in e io , y que en es e momen o inal de la película adquie e la o ma d amá ica de un plan de des ucción de la ciu- dad sub e ánea po los pode es que ep esen a la ciudad supe io . F en e a es a es ilización a ís ica de una gue a o al en nomb e del p o- g eso, Ma ía simboliza una al e na i a concilia- do a: «En e el ce eb o que p oyec a y las ma- -XXI- 21 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 22 nos que cons uyen iene que habe un me- diado . El co azón es el que los uni á». Tal es la p opues a de Ma ía. Y es, al mismo iempo, la de inición simple del p oyec o a ís ico del exp esionismo. En los p og amas de a qui ec- os del pe íodo exp esionis a alemán, como Tau , Poelzig o G opius, los nue os alo es a ís icos, el nue o es ilo, se de ine en cuan o a su con enido como la mediación p ecisamen e en e los impe a i os de la indus ialización y la ecnología mode na, y los ideales humanis- as y sociales he edados del pasado. La nue a c eación a ís ica, como lo o muló Poelzig en 1914, es conside ada así como la única al e - na i a de de ol e un sen ido humano al p o- g eso indus ial y supe a las endencias des- uc i as de la cul u a inhe en es al indus ia- lismo. El «espí i u de la u opía» que du an e es e pe íodo de endie on au o es como Lan- daue , Rühle o Bloch ambién azaban un aná- logo ho izon e eó ico. Ma ía anuncia así en el al a de las ca acum- bas la p óxima llegada del mediado , del nue o mesías, que p ecisamen e se encuen a en escena en e la apiñada mul i ud de los ob e os. F ede se econoce en su al o papel his ó ico. Y la i ual p omesa de sal ación se encama en él como p incipio de acción y de ans o mación sociales. O o momen o que coincide con la p oyección p og amá ica del a e de angua dias. Las úl imas escenas de Me ópolis esumen bajo un clímax d amá ico el conjun o de es as ue zas concu en es, que son, al mismo iempo, las ue zas concu en es de nues a ci ilización. F ede son y Ro wang emp enden has a sus úl i- mas consecuencias su calculado plan de acio- nalización ecnológica. Los ob e os, alen ados po la nue a espe anza, se suble an, bajo un espí i u a ín al socialismo e oluciona io de la época. Y el a is a eden o F ede cumple, en medio de la iolen a con on ación en e ambos uni e sos sociales y cul u ales de Me ópolis, su p o é ica misión conciliado a. Es os úl imos mo imien os p esen an oda ía algunos mo i os signi ica i os. El p ime o de ellos es la p opia cons ucción del au óma a. En una secuencia de g an in ensidad plás ica y d amá ica, Ro wang, el ingenie o, ealiza su p ome eico expe imen o, eligiendo a la p opia Ma ía como íc ima. En eso la película de Lang an icipa la u ilización de p isione os polí icos como obje os de expe imen ación de ecnologías de manipulación neu ológica y psicoquímica que conocemos hoy. El caso, en- e o os, de Ul ike Meinho . La caza de Ma ía po Ro wang se sucede en una se ie de emo- cionan es escenas en que los signos sádicos de la iolación se con unden sin solución de con- inuidad con la ía asep icidad del labo a o io. También aquí se esumen, bajo la nue a pa a- e nalia de la science ic ion, un segundo p o- ceso a Juana de A co. Su ans o mación con- ie e, a su ez, al pe sonaje áus ico-p ome- eico de Ro wang las ca ac e ís icas diabólicas de un doc o F ankens ein. La ans igu ación écnica de Ma ía en su é- plica obo izada posee dos impo an es conno- aciones in e elacionadas, una de ellas simbó- lica, la segunda de ca ác e ne amen e polí ico. En p ime lugá , Ma ía, la mad e ances al (se des aca ha o signi ica i amen e en el episo- dio de la inundación de la ciudad in e io como mad e sal ado a de odos los niños) es - XXII - ans o mada en au óma a. Es a mu ación iene luga bajo los alo es o males del u u- ismo y el maquinismo de comienzos de siglo. Recue da i amen e las imágenes del homb e máquina despe adas po el g upo en o no a Ma ine i, así como las concepciones es ilís i- cas del mecanizado Balle T iádico de Sch- lemme . Luego, una ez conseguida la ans i- gu ación, que necesa iamen e pasa po una mue e simbólica de la e dade a Ma ía, su é- plica p esen ada en una cu iosa escena mun- dana en la ciudad supe io . Se a a de una ale- g e y agi ada ies a de ca na al, en cuyo clí- max la nue a Ma ía, a a iada con los ado nos de una caba e is a, eme ge de una g an concha que se a ab iendo len amen e, en e gui nal- das e incienso, y odeada de g i e íos y mi a- das lasci as. Es el nacimien o de Venus-Pan- do a que inmedia amen e in e p e a, an e la apasionada expec ación de la mul i ud, un e ó- ico baile de cade as. Ma ía-Pando a enca na las i udes diame al- men e opues as de la Ma ía-Mad e ances al y sace do isa. La sus ancia espi i ual de es a úl- ima se ans o ma en deseo libidinoso. La se- e a paz in e io de su an igua mi ada p o é ica se desplaza hacia mo imien os co po ales de agi ada con ulsión sexual. La nue a Ma ía des- pie a los ocul os deseos sexuales de los jó enes de la me ópolis supe io , y la ep imida sed de iolencia de los ob e os de la ciudad in e io . La a ea pa a la que ha sido c eada la éplica au oma iza da de Ma ía es polí ica, pe o al ob- je i o es á es echamen e elacionado con la dimensión simbólica de la Venus-Pando a, ca- paz de deg ada a los homb es a la condición animal de una sexualidad iolen a, y llamada a suble a los pa a come e el pos e o ac o de su comple a au odes ucción. Aquí ambién se encie a un momen o c í ico de la película que anuncia con onos somb íos el dilema de la ci- ilización con empo ánea. El sec e o pode de Ma ía-Pando a eside en su apa en e iden idad con Ma ía-Sal ado a. «Nadie pod á econoce la di e encia en e la máquina y el homb e», a i ma signi ica i amen e a es e espec o el p opio Ro wang. La p oducción écnica de una segunda na u aleza o al suplan a a la p i- me a, pe o en ealidad pa a des ui la como su úl ima consecuencia. Es a des ucción sólo puede ene luga como un ca aclismo social que, en el ilm Me ópolis, ep oduce los pasos elemen ales de las e oluciones o ales de co- mienzos de siglo. El ciclo ci iliza o io se cie- a con ello: la lógica económica y ecnológica de una des ucción o al, an o en los alo es cul u ales como de la supe i encia, se cum- ple p ecisamen e a a és de la espe anza de sal ación, que ci cula po el símbolo de Ve- nus-Pando a como imago del despe a de lo ep imido, de la sexualidad y la iolencia. Una me á o a poé ica de la e olución polí ica de las e oluciones sociales del siglo xx. La acción e icaz de F ede y de la «au én ica>> Ma ía e i an, en los úl imos minu os de la cin a, el emido desas e, la des ucción y la consi- guien e inundación de la me ópolis sub e á- nea. En la secuencia inal de Me ópolis, bajo los signos de una demasiado lac imosa emo i i- dad, se cumple la espe ada sal ación. Vemos a la masa de Jos ob e os, des ilando de nue o, como al p incipio de la película, en igu osa o - mación en pun a de lecha, que e a el símbolo geomé ico del u u ismo y del ascismo i a- - XXIII - 23 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672