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Sublime belleza. Aportaciones para un síntesis categorial (a partir de la estética de Friedrich Schiller)

Abstract

Lo bello y lo sublime constituyen categorías estéticas de diferente significación, especialmente, a partir de que Immanuel Kant las divorciara en la Crítica del juicio. aunque Friedrich Schiller dedicó también textos distintos a cada una de ellas, en su caso es posible desentrañar las raíces comunes y los paralelismos estructurales que ostentan estos dos conceptos históricos. De ello puede surgir una propuesta de sintetización que deshaga los estériles compartimentos estancos en que a veces ha degenerado la estética.

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Sublime belleza. Aportaciones para un síntesis categorial (a partir de la estética de Friedrich Schiller)

Author: Murcia Serrano, Inmaculada
Publisher: UNED
Year: 2012
DOI: 10.5944/endoxa.29.2012.5312
Source: https://idus.us.es/bitstreams/556fad99-a48f-4981-bf7c-72a83c70aa92/download
SUBLIME BELLEZA. APORTACIONES PARA UN
SÍNTESIS CATEGORIAL (A PARTIR DE LA
ESTÉTICA DE FRIEDRICH SCHILLER)
SUBLIME BEAUTY. CONTRIBUTIONS FOR A
SYNTHESIS OF CATEGORIES (FROM THE
AESTHETICS OF FRIEDRICH SCHILLER)
InmaCUlaDa mU CIa SE ano*
Uni e sidad de Se illa
ESUmEn: lo bello y lo sublime cons i uyen ca ego ías es é icas de di e en e signi i-
cación, especialmen e, a pa i de que Immanuel Kan las di o cia a en la C í ica del juicio.
aunque F ied ich Schille dedicó ambién ex os dis in os a cada una de ellas, en su caso
es posible desen aña las aíces comunes y los pa alelismos es uc u ales que os en an
es os dos concep os his ó icos. De ello puede su gi una p opues a de sin e ización que
deshaga los es é iles compa imen os es ancos en que a eces ha degene ado la es é ica.
Palab aS Cla E: lo bello, lo sublime, Immanuel Kan , F ied ich Schille , lo ági-
co, lo pa é ico
abS aC : he beau i ul and he sublime a e aes he ic ca ego ies o a ying mean-
ing, especially om hei «di o ce» in he Kan ian C i ique o Judgmen . al hough F ied ich
Schille also de o ed se e al a icles o each, i is possible o deciphe he common oo s
and he s uc u al pa allels ha hese wo his o ical concep s hold. In bo h Kallias and
On he Aes he ic Educa ion o Man, as well as On he sublime o On he pa he ic, mo e o less
explici iden i ica ion keys ha poin o a seman ic con igui y o he beau i ul and he
sublime can be ound. an al e na i e heo y ha undoes he s e ile compa men s in o
which aes he ics some imes degene a es could eme ge om he e.
KEywo DS: he beau i ul, he sublime, Immanuel Kan , F ied ich Schille , he ag-
ic, he pa he ic
*Depa amen o de Es é ica e His o ia de la Filoso ía de la Facul ad de Filoso ía de la Uni-
e sidad de Se illa. C/ Camilo José Cela s/n, 41018, Se illa. imu [email protected].
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1. In oducción
la C í ica del juicio es, como se sabe, uno de los ex os undacionales de la
es é ica mode na y, en cualquie caso, un e e en e insoslayable pa a odo el que
quie a ace ca se a los concep os de lo bello y lo sublime1, los más impo an es
del ma co ca ego ial es é ico. En esa ob a, ambos é minos quedan di o ciados
y ca ego izados de o ma independien e, en i ud de que cada uno ac i a una
elación dis in a en e las acul ades humanas. Si en lo bello, la imaginación y el
en endimien o juegan en lib e mo imien o acomodándose a la expe iencia y p o-
ocando place , en lo sublime, las acul ades supe io es en an en con lic o. y
ese con lic o p o oca, en un p ime momen o, un sen imien o de displace que,
no obs an e, e mina siendo supe ado: «El sen imien o de lo sublime es, pues,
un sen imien o de dolo que nace de la inadecuación de la imaginación, en la
ap eciación es é ica de las magni udes, con la ap eciación median e la azón»
(Kan 1999, 200). la esis kan iana in i a así a dis ingui lo bello de lo sublime2,
aunque el ilóso o de Königsbe g sólo es un caso más, al ez sin e izado , de
1la palab a g iega que alude a lo sublime es hýpsos; y, en alemán, e haben (sus an i izado po J.
J. winckelmann). Según ha explicado baldine Sain Gi ons, el g iego hypsos es un sus an i o neu-
o pe enecien e a una amilia de é minos, ligados odos al ad e bio hypsi, que puede aduci se
como «en al o». Po lo gene al designa la al u a concebida como una dimensión espacial, opues-
a a la anchu a y a la longi ud, y que, sucesi amen e, asume el sen ido de lo más al o, de cima o de
culmen. la componen e me a ó ica en g iego esul a, pues, esencial. En cuan o al é mino la ino
sublimis, iene su o igen en la p eposición sub, «bajo», «ce ca» y en el adje i o limis (limus), «oblicuo,
«de a és», o ambién, aunque menos consis en e, en la p eposición sub y el sus an i o limen, lími-
e, «umb al». Sin emba go, en la ín, la p eposición sub designa no sólo una elación de in e io i-
dad, de p oximidad o de sumisión, sino ambién una desplazamien o de abajo hacia a iba y es á
elacionada con la p eposición supe , «sob e», del mismo modo que en g iego la p eposición hypo,
«bajo», es á elacionada con la p eposición hype , «sob e» (Sain Gi ons 2008, 91).
2y no es el único. icha o y, po ejemplo, plan eó no hace muchos años que la búsqueda
de lo bello es un in en o de o dena las cosas mejo conocidas de o ma que se in eg en en mode-
los de o ganización más aba cado es y a moniosos. Ponía como ejemplos las demos aciones
ma emá icas elegan es o las explicaciones cien í icas. Se e o aía al con as e pla ónico en e dia-
noia y noesis, en los que c eía e e lejados lo bello y lo sublime espec i amen e. Pa a él, la búque-
da de lo sublime se ía un in en o de llega a es ablece con ac o con algo que no nos es amilia ,
po que es ine able. la línea que di ide lo bello de lo sublime coincidi ía ap oximadamen e con la
que exis e en e lo discu si o y lo elacionado con la inspi ación; en e lo li e al y lo me a ó ico;
en e la pa icipación en los hábi os sociales cuyas no mas uno comp ende, y las in i aciones pa a
deja de un lado esos hábi os (2001, 3). ac ualmen e, o os es udiosos de ienden alguna o ma de
sin e ización. Pa a José luis molinue o, po ejemplo, lo sublime se ía una culminación de lo bello
«po con aminación» (1998, 144).
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una la ga lis a de au o es que, ol idando al Pseudo longino — quien no opo-
nía hypsos akalos— sepa a on los é minos has a hace los incompa ibles. o y
ci a como an eceden es de la dico omía kan iana a addison y a bu ke (2001, 4).
Pe o, ¿hemos de con en a nos con esa dis inción? ¿no podemos pensa que, en
cie os aspec os, lo bello es lo mismo que lo sublime?
Uno de los au o es que pueden ayuda a con es a es a p egu a es p ecisa-
men e un discípulo de Kan , el poe a, ensayis a y d ama u go, F ied ich Schille ,
que dedicó a ios ex os a es as dos ca ego ías es é icas. En conc e o, las de i-
niciones schille ianas de lo bello se encuen an en Kallias (1793) y en Las ca as
sob e la educación es é ica del homb e (1795); ambos es án compues os de di e sas
ca as que Schille en ió a Ch is ian Go ied Kö ne , en el p ime caso, y al
P íncipe augus enbu g, en el segundo. El g ueso de la e lexión schille iana sob e
lo sublime se halla, po su pa e, en De lo sublime (1793) y en Sob e lo pa é ico, su
con inuación; ambién cabe menciona Sob e lo sublime (1801), que se publicó po
p ime a ez en los Kleine e p osaische Sch i en3. En odos los casos, la in luencia de
Kan es más que no o ia.
Hay que ene en cuen a que, aún con alecien e de una g a e en e medad
pulmona , que e mina ía a eba ándole la ida, en los úl imos meses de 1792,
Schille decide es udia la iloso ía kan iana. De su es é ica oma á no pocos
mo i os, aunque man enga, en algunos aspec os, sus ese as. El d ama u go
alemán admi ió, po ejemplo, la esis de que lo bello place sin concep o y, sob e
odo, la cen alidad de la azón p ác ica o del p incipio de au ode e minación
de la olun ad. Pe o echazó el subje i ismo es é ico kan iano o el llamado ca ác-
e acional-subje i o de la belleza, en an o que hacía descansa la uni e salidad
del juicio de gus o en lo pu amen e indi idual. En con aposición, Schille in en-
a á es ablece una de inición sensible-obje i a de la belleza en la que engan cabi-
da an o su ca ác e sensible como sus aspi aciones a la obje i idad. En lo que
espec a al concep o de lo sublime, Schille ambién omó de Kan algunos ins-
umen os eó icos, si bien su p opósi o ue sob e odo ex ende el concep o
kan iano a la explicación del pa hos ágico y elabo a así una jus i icación ilo-
3Dado que lo que nos in e esa aquí es el análisis schille iano de las ca ego ías de lo bello y lo
sublime en su gene alidad y abs acción, dejamos a un lado el complemen o he menéu ico que
supond ía el es udio de Sob e poesía ingenua y sen imen al, mucho más ci cunsc i a a la p ác ica con-
c e a de la poesía o la li e a u a.
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só ica de la agedia, el a e que con an o esme o p ac icó (oncina y amos
2006, 97).
la p egun a que que emos con es a aquí, basándonos en es os ex os de
Schille , es si es posible es ablece alguna co espondencia en e lo bello y lo
sublime.
2. Lo bello en Kallias
Como ya hemos mencionado, la discusión schille iana sob e el concep o kan-
iano de la belleza se encuen a, en pa e, en la co espondencia que el pensado
man u o con Ch is ian Go ied Kö ne a pa i de diciemb e de 1792. En esas
ca as, que conocemos como Kallias, Schille de endía que la belleza no podía
halla se en el campo de la azón eó ica, ya que, como Kan había es ablecido,
e a independien e de los concep os; sin emba go, sí podía encon a se en el ámbi-
o de la azón p ác ica, habida cuen a de la a inidad que pa a él exis ía en e belle-
za y libe ad.
En la C í ica del juicio, Kan había explici ado que la belleza e a el símbolo de
la mo alidad, lo cual no implicaba un epliegue de lo es é ico hacia lo mo al, que
hubie a dañado la au onomía del sen imien o, sino una suge encia de analogías
en e esas dos es e as del se humano. la elación no podía adica más que en
la analogía, po que la libe ad, en la iloso ía c í ica, no e a suscep ible de ep e-
sen a se en la in uición, y po que ac uaba además como ehículo de pene ación
del homb e en el ámbi o sup asensible. a la ho a de incula belleza y mo ali-
dad sin ecu i a es a analogía — innecesa ia pa a quien c ee que la libe ad pue-
de enomeniza se—, Schille in odujo en su de inición de lo bello el ma iz de
que la libe ad es é ica no e a de hecho, sino en apa iencia. Si un obje o sensible se
nos p esen aba eximido, apa en emen e, de de e minaciones ma e iales o inales,
podía se conside ado como un p oduc o de la au ode e minación. Apa en emen e
no quie e deci que el obje o u ie a que ca ece de egla o de inalidad4, sino
que, a la ho a de ap ecia su belleza, se debía hace abs acción de esas de e -
4algo que, en cualquie caso, e a imposible: «Pe o no exis e ningún obje o en la na u aleza ni
en el a e que podamos conside a lib e de inalidad y de eglas, ni de e minado po sí mismo»
(Schille 1990, 25).
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minaciones y p es a únicamen e a ención a su modo de apa ece . De hecho, segu-
amen e po su condición de d ama u go y poe a, Schille e a de la opinión de
que odo obje o a ís ico debía es a , necesa iamen e, some ido a las eglas y a
la écnica, pe o debía apa ecé senos lib e de ellas (1990, 25)5. Su belleza había de
a lo a sin eque i del en endimien o ninguna explicación: «bella se á, pues, una
o ma que se explique a sí misma» (1990, 27). la libe ad en la apa iencia se ía, pues,
el undamen o de la belleza, pe o la écnica cons i ui ía, a su ez, la condición
necesa ia de nues a ep esen ación apa en e de su libe ad (1990, 49). Un p o-
duc o na u al se ía en onces bello si apa ecie a lib e en su con o midad con el
a e, mien as que un p oduc o a ís ico gus a ía si ep esen a a con libe ad un
p oduc o na u al (1990, 89).
la libe ad en la apa iencia, aunque sólo apa iencia de libe ad, con la que Schi-
lle de inió en Kallias la belleza, no signi icaba, po an o, o a cosa que la au o-
de e minación de un obje o en su mani es ación in ui i a. Un obje o deja ía de
apa ecé senos lib e, decía Schille , an p on o como descub ié amos el p inci-
pio de e minan e — ísico o in eligible— de su o ma, lo que nos conduci ía a
pensa que su de e minación no se halla ía en él, sino ue a de él, y que po esa
he e onomía hab ía de ca ece de belleza (1990, 23).
3. De la es é ica analí ica a la es é ica polí ica. Lo bello en las
Ca as sob e la educación es é ica del homb e
En lo que espec a a las Ca as sob e la educación es é ica del homb e, la e lexión
schille iana sob e la belleza adquie e conno aciones dis in as. la in luencia de los
acon ecimien os his ó icos que se suceden as la e olución F ancesa obliga a
Schille a desplaza su in e és de lo que se ha conside ado una asép ica analí ica
de la belleza, ca ac e ís ica de Kallias, a sus e ec os y unción sociales, lo que esco-
a su plan eamien o hacia una es é ica polí ica (oncina y amos 2006, 196). En
conc e o, se a a de des ona al g an ídolo del p esen e, la u ilidad o el p o e-
cho, y de hace del homb e un se ín eg o y no escindido es ableciendo en él la
a monía de sus endencias na u ales con a ias, la sensible y la in elec ual, sepa-
5la impo ancia de las eglas en la búsqueda de la belleza emi e a las es é icas ca esianas,
como la de boileau, que con ie e la jus eza de la exp esión en el concep o cen al (Cassi e 1997,
315).
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adas d ás icamen e po un Es ado que sólo mi a su in e és y po una cul u a
excesi amen e eó ica que ha a inconado la sensibilidad del homb e.
la in ención de Schille es ambién la de Fich e, quien, un año an es, había
p onunciado sus Lecciones sob e el des ino del sabio, en las que denunciaba igualmen e
la decadencia de su época y la necesidad impe an e de egene a la mo al. aun
compa iendo el mismo diagnós ico, Schille no admi e los medios que p opo-
ne el au o de la Doc ina de la Ciencia y que pasan po que el yo empí ico ealice
y dé o ma al yo pu o ( i e a 2010, 38)6. no lo admi e po que esa solución,
como el desenlace de la iloso ía kan iana, equie e la sepa ación de o ma y
ma e ia, lo que signi ica subo dina de nue o los de echos de la sensibilidad a
los de la azón. En consecuencia, Schille opone a la educación ich eana e ilus-
ada del homb e, la cul u a es é ica y a ís ica, en la que las acul ades humanas
no en an en con lic o.7
así pues, pa a en ende la de inición de la belleza que se nos p opone en las
Ca as, hay que ene en cuen a el con ex o en el que se esc iben, la e olución
ancesa, y, a la pa , la di ícil elación que el pensado man u o con ella. Como
ya se ha dicho, hacia 1790, Schille aún enía e en la aplicación polí ica del impe-
a i o mo al kan iano, en la capacidad de las ins i uciones polí icas y del o den
bu gués de enca na la acionalidad mo al, y en la posibilidad de p ac ica una
polí ica y una mo al asen adas sob e los p incipios de libe ad, independencia e
igualdad ci il de los ciudadanos. Sin emba go, en 1793, al y como lo a es iguan
las Ca as al P íncipe F. C. on Schleswig-Hols ein-Sonde bu g-Augus enbu g, se p odu-
ce un cambio impo an e en el op imismo e oluciona io de Schille ( i e a
6Pa a Fich e, es el e udi o (o el ilóso o) quien ha de enca ga se de lle a a cabo esa educa-
ción hacia la mo alidad, que se log a p incipalmen e a a és de una cie a disciplina pa a el cono-
cimien o.
7los gé menes de es a unción mediado a de lo es é ico ya es aban p esen es en un ensayo
emp ano de Schille i ulado El ea o conside ado como ins i ución mo al (1784) y ambién en el poe-
ma Los a is as (1788-1789). En el p ime o se pos ula, como una exigencia de nues a na u aleza,
un es ado (Zus and)in e medio que una los dos ex emos, los sen idos y la azón, que mode e su en-
sión y acili e la ansición del uno al o o. Po su pa e, en el poema Los a is as, se insinúa que la
e olución cul u al no comenzó con la azón, sino con el sen ido es é ico; que es el sen ido de la
belleza el que ha domes icado y ennoblecido mo almen e al homb e y el que ha di igido la cu io-
sidad ca ac e ís ica del se humano. Como señala üdige Sa anski, el poema no mi a a ás ele-
giacamen e, sino que inci a a la mode nidad a supe a su ol ido de sí misma a a és de la dimen-
sión es é ica (Sa anski 2006, 287).
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2010, 36). no deja de se i ónico que, pese a su decepción con el cu so de los
acon ecimien os, el d ama u go e mina a siendo nomb ado ciudadano de hono
de la epública ancesa y que se in e p e a a su exal ación de la libe ad como
una llamada o un apoyo a la e olución (Ga cía 2000, 304). a pa i de ese año,
lo que ocu ió, sin emba go, ue que Schille dejó de c ee en la posibilidad de
cons ui mo almen e un mundo con medios exclusi amen e polí icos y/o acio-
nales, lo que o nó su con ianza inicial en un pesimismo desencan ado ( i e a
2010, 47). Schille ya no ab igaba ninguna espe anza en que la azón, pu amen-
e eó ica, y la polí ica, pu amen e p á ica, ue an capaces de ealiza de ac o el
ideal mo al, pues lo que comenzaba a pensa e a, más bien, que ambas se incli-
naban eme a iamen e hacia el dogma ismo del an iguo égimen, lo que se eía
a o ecido po el ad enimien o de una azón ins umen al que ac uaba «al se -
icio del mal». P ecisamen e, la belleza se ía p opues a po Schille como sus i-
u a de la azón en el papel de lide a una e dade a ans o mación polí ica y
social que de ol ie a al homb e la espe anza.
a la c í ica a la e olución dedicó Schille las p ime as nue e ca as. En ellas
se pe cibe la in luencia de ousseau, si bien, el esc i o alemán modi icó el signi-
icado de la exp esión «es ado de na u aleza». la hipó esis oussouniana le si ió
pa a desc ibi , no an o el g ado ce o del de echo p e io a la cons i ución pac a-
da de la sociedad, cuan o el es ado ac ual de i ado de la e olución, un —en su
opinión— eg esi o es ado de na u aleza o, pod íamos deci , de sal ajismo, en el que
la azón se con i ió en su con a ia y en el que el homb e eu opeo inaugu ó el
pe íodo de la «ba ba ie y la se idumb e». «Sal aje» y «apá ico» son dos de los epí-
e os que Schille di ige al decaden e homb e de su iempo (1990, 137), lo que le
conduce a abs ae la que con o ma á su conocida esis ace ca de la escisión del
se humano auspiciada po los excesos de la época: el homb e, po un lado, se con-
ie e en un me o hijo de la na u aleza, que, al sob eexcede se, aya la locu a y el
enesí; po o o lado, el homb e se uel e un hijo de la cul u a, que se co ompe
igualmen e po su con ianza ciega en los supues os pode es de la azón.8En con-
as e con es e paisaje y bajo la in luencia de winckelmann, Goe he y Humbold ,
Schille p opone como ideal la ci ilización g iega, en la que an asía y azón log an
auna se y hacen, cada una a su mane a, el mismo hono a la e dad.
8De los que Schille , cla amen e, descon ía: «la ilus ación de la que se anaglo ian, no del
odo sin azón, las clases más e inadas, iene en gene al un in lujo an poco bene icioso pa a el
ca ác e , que no hace sino asegu a la co upción aliéndose de p ecep os» (1990, 139).
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la di e encia en e el homb e g iego y el homb e mode no es pa a Schille
cla a: «al p ime o le dio o ma la na u aleza, que odo lo une, y al segundo el
en endimien o, que odo lo di ide» (1990, 149). llegamos a se homb es ag-
men ados cuando el a ance cien í ico hizo necesa ia la pa celación de las cien-
cias, y cuando la so is icación y complejidad de los es ados mode nos equi ió,
a su ez, la sepa ación de los es amen os sociales y la ins au ación de la di isión
del abajo. Como consecuencia de su desapego del homb e, el p opio es ado se
desalmó, con i iéndose en la «obje i idad po an onomasia» (1990, 149) o, en
me á o a de Schille , en un «a i icioso mecanismo de eloje ía» en el que «la exis-
encia mecánica del odo se o ma a pa i de la conca enación de un núme o
in ini o de pa es que ca ecen de ida p opia» (1990, 149). Fue así como se diso-
cia on el es ado y la iglesia, las leyes y las cos umb es, el place y el abajo, el
medio y la inalidad, y el es ue zo y la ecompensa. El homb e, ans o mado en
una pa e más, exánime y au óma a, del mecanismo es a al, comenzó en onces
su p oceso pa alelo de disminución. la consecuencia es es emecedo a: «ligado
e e namen e a un único y minúsculo agmen o del odo, el homb e mismo e o-
luciona sólo como agmen o» (1990, 149). Pa a escapa de es a si uación, Schi-
lle p opone una cul u a más ele ada que ees ablezca la unidad despe diciada
del homb e. El ennoblecimien o del es ado pasa así po la educación, en cada
uno de sus miemb os, de la acul ad sensible y emocional.
4. El impulso de juego y la lebende Ges al
El p opósi o de las Ca as es, pues, supe a el hia o de la iloso ía kan iana y
de la p ác ica polí ica e oluciona ia que sepa a sensibilidad y azón o necesidad
y libe ad pa a log a una pleni ud en el seno mismo del homb e que pueda epe -
cu i posi i amen e en la ida social. Pa a ello, Schille a a «humaniza » la dico-
omía kan iana ans o mándola, bajo la in luencia de einhold y Fich e, en sen-
dos impulsos (T ieb) humanos, el sensible y el o mal9.
9la mediación es é ica no es deducida de las acul ades humanas en abs ac o, sino de los
impulsos. Es e ca ác e impulsi o, ins in ual, de lo es é ico lo ace ca a una eo ía de las necesida-
des humanas como exigencias de nues a na u aleza. no po casualidad, es os ac o es pulsiona-
les emb iona ios, auxiliados po el magis e io de F eud, die on después pie a ma cuse pa a ela-
bo a su eo ía de la dimensión es é ica (ma chán 1996, 73-74).
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eco demos b e emen e que el impulso sensible, ambién llamado «impul-
so de cosa» o «impulso obje i o», depende de la exis encia ma e ial del homb e
y se ocupa de si ua lo en los lími es del iempo. Según Schille , es e impulso
equie e a iación y que el iempo enga con enido. Con él, se mani ies a la exis-
encia ísica o sensible del se humano. El homb e no es, en es e es ado, más que
un momen o lleno de con enido, o, más bien, no es él, po que su pe sonalidad
desapa ece mien as le dominan las sensaciones y el iempo le de as a. Po eso,
cabe deci que, si bien el impulso sensible es capaz de despe a las demás dis-
posiciones humanas, ambién es el único que imposibili a la pe ección de la
humanidad. Po su pa e, el impulso o mal depende de la na u aleza acional
del homb e y se enca ga de p opo ciona le libe ad, de a moniza la mul iplici-
dad de sus mani es aciones y de a i ma su pe sona en e a odos los cambios
empo ales de es ado. Como dice Schille g á icamen e, el impulso o mal «deci-
de pa a siemp e lo que decide aho a y exige aho a lo que exigi á pa a siemp e».
aba ca, pues, odo el iempo, o, lo que es lo mismo, «lo sup ime» (1990, 197). Si
el impulso sensible despie a con la expe iencia de la ida, el acional lo hace con
la expe iencia de la ley, y sólo con su i upción es posible cons ui ehacien e-
men e la humanidad del homb e.
bajo es a dico omía subyace la esis de que el homb e es, po un lado, algo
que pe manece —la pe sona—, y, po o o, algo que cambia —el es ado—. El ide-
al schille iano del homb e iene ep esen ado po su pa e in a iable y pe ma-
nen e, que se a i ma po encima de las ans o maciones a bi a ias de su es a-
do: «El homb e, ep esen ado en su pe ección, se ía, po consiguien e, aquella
unidad pe sis en e que, en el lujo de las a iaciones sigue siendo siemp e la mis-
ma» (1990, 197). a ese es ado ideal lo llama Schille «di inidad» y, según dice, es
p opio del homb e ende hacia ella. Pa a que el homb e dominado po el impul-
so sensible la alcance, ha de da o ma a la ma e ia; pe o, a su ez, el homb e i a-
nizado po el impulso o mal iene ambién que da ealidad —ma e ializa — esa
su disposición.
En a as de su ace camien o p og esi o a lo di ino, los impulsos sensible y
o mal han de limi a se en e sí y man ene una elación ecíp oca (Wechselwi -
kung) de ca ác e dialéc ico, de la que su ja, a su ez, un e ce impulso —el de
juego— que sup ima y conse e los dos (que p ac ique una Au hebung). la pos u-
lación de es e impulso in e media io, cuyo núcleo es la belleza, es, en el caso de
Schille , una exigencia de la azón: «así pues, en cuan o la azón p oclama que
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men e a la libe ad y, con ella, a la cons i ución mo al del se humano14. Hay que
ene en cuen a, pa a en ende es e in e és pa icula de Schille , que es a o a
modalidad, a di e encia de la que a ec a a lo sublime de conocimien o, posee
mayo es posibilidades de desa ollo es é ico. no po o a azón, an o en De lo
sublime como en Sob e lo pa é ico, lo sublime p ác ico es conside ado, en una nue-
a supe ación de la iloso ía kan iana, como el undamen o a ís ico de la age-
dia (oncina y amos 2006, 98).
Schille de iende que, en la agedia, el lado nega i o de la exis encia se p e-
sen a como una necesidad o «des ino» que se opone al p incipio de au ode e -
minación indi idual. En la imposibilidad de opone se exis encialmen e a lo espan-
oso, su ge la posibilidad de esis i se mo almen e a la iolencia que eje ce sob e
noso os. Es a esis encia mo al es la que con ie e lo e ible en sublime y la
que e ela, al mismo iempo, la pe enencia del homb e al uni e so a un iempo
ísico y mo al. El in de la agedia es, pues, que el pa hos isibilice la na u aleza
noble del homb e, y que és e consiga en lo sublime a i ma su olun ad sob e
la sumisión a lo necesa io.
Pa a Schille , es a au onomía del espí i u en e a lo pa é ico puede e ela se
de dos mane as: la p ime a, llamada «sublime de emplanza», su ge cuando el
es ado de nega i idad no es elegido lib emen e po el homb e y, po an o, an e
la a alidad ex e io , se limi a a a i ma su au onomía. la segunda, llamada «subli-
me de acción», p esupone un su imien o causado delibe adamen e po el hom-
b e al coacciona , como se mo al, las exigencias o cap ichos de su se ísico. En
14 Es a modalidad si e ambién pa a lo sublime de la expe iencia eligiosa: «Pa a que la idea
de di inidad se o ne p ác ica, dinámicamen e sublime, es p eciso busca el sen imien o de segu-
idad en nues os p incipios undamen ales no en la exis encia. Si como in eligencias nos sen imos inde-
pendien es de los e ec os de su pode , debe esul a nos indi e en e lo que nos sucede como se es
na u ales. Únicamen e cuando no puede aniquila nues a au onomía ni es capaz de o za a la
olun ad a ob a en con a de sus p incipios, nos pe cibimos independien es como se es acio-
nales de su omnipo encia. así pues, la idea del pode de la di inidad es dinámicamen e sublime
cuando le negamos cualquie posibilidad de in lui de modo na u al sob e las decisiones de la olun ad»
(Schille 1992, 85-87). y ambién: «así pues, en el único caso en que la Di inidad pod ía con e -
i se en una ealidad e ible, aquél en que ecibimos su ep obación, no dependemos de ella.
ep esen ada como pode capaz de aboli nues a exis encia —aunque sin posibilidad de in lui
sob e las acciones de la azón mien as la conse amos—, la Di inidad es dinámicamen e subli-
me. Po consiguien e, sólo la eligión que b inde esa idea de la Di inidad lle a en sí el sello de lo
sublime» (1992, 87).
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es e segundo caso, el es ado de nega i idad es, pues, consecuencia de una ac i-
idad humana lib emen e elegida (2004, 16). lo sublime pa é ico exige, en ambos
casos, dos condiciones que con o man, pa a Schille , las leyes undamen ales del
a e de la agedia: la ep esen ación i a del su imien o y la esis encia al dolo . El
su imien o, que nos conmue e en an o se es sensibles, sólo se jus i ica es é i-
camen e a a és de la a i mación de la pe sona como se lib e. no se a a de
ec ea se en el dolo , sino de que el su imien o del hé oe, pa a que sea e da-
de amen e ágico, sea apaciguado po su supe io idad mo al (oncina y amos
2006, 105-106). De ahí que Schille es ablezca que lo pa é ico sólo es es é ico en
an o en cuan o es sublime.
7. Conclusión. Hacia una sín esis ca ego ial de lo bello y lo
sublime
El concep o de lo sublime se o mula, en la es é ica de Schille y en simili-
ud con su noción de la belleza, en elación con lo sup asensible, en conc e o,
con la endencia a la di inidad que, como ideal, ca ac e iza al se humano, y que,
según las Ca as sob e la educación es é ica del homb e, equie e el ennoblecimien o
p e io de la sensibilidad. Es más, sólo la sensibilidad ab e paso al cumplimien-
o e ec i o de la de e minación humana en su ace camien o en a i o a la de e -
minación di ina. El impulso de juego, igual que la sublimidad del homb e, ga an-
iza, en Schille , el log o de esa de e minabilidad plenamen e humana que a i ma
o unda su libe ad. Desde es e pun o de is a, lo sublime puede en ende se
como una ex ensión de la educación es é ica del homb e o como el úl imo paso
de esa Bildung in eg al, supe ado a de la ilus ada, en la que la belleza ocupa un
pues o an impo an e. lo sublime se ía, desde es a pe spec i a, el ex emo o la
mani es ación culminan e de los log os de la o mación es é ica del homb e.
belleza y sublimidad se he manan, en la ob a de Schille , en an o en cuan-
o los une el p incipio de au ode e minación de la olun ad. la educación en la
belleza es p opues a, jus amen e, po que enseña al homb e lo que signi ica se
lib e, po que el impulso de juego sup ime las de e minaciones sensibles y acio-
nales y ab e un espacio ic icio de de e minabilidad in ini a en el que, cual esce-
na io en que los ac o es dejan de se y se con ie en en o os, el homb e anula
sus coe ciones y se emancipa. G acias a la belleza, omamos conciencia de noso-
os en an o se es lib es e inde e minados, in ini os en nues a ini ud, y, po an o,
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la belleza, como an icipación de lo in ini o en el homb e, p oclama nues a subli-
midad. Po deci lo de o a mane a, lo sublime se ap (eh)ende a a és de la belle-
za, o la belleza, como ap endizaje de la au ode e minación, nos encamina hacia
la sublimidad. Se equie e de noso os sublimidad an sólo en aquellas si uacio-
nes en que esul a imposible la g acia, o sea, la a monía espon ánea de la incli-
nación y el debe , si uaciones que, no po mino i a ias, esul an menos impo -
an es. Si el «alma bella» es la exp esión enoménica de nues a libe ad, el «alma
sublime» no es más que la exp esión enoménica de nues a a i mación como se es
bellos, es deci , lib es y acionales, o sea, sublimes. Pe o no se puede alcanza la
dignidad sin habe conquis ado an es la g acia. la «se enidad en el padece », con
la que se de ine el homb e digno, no cons i uye sino la mani es ación sublime
de su belleza mo al, la ic o ia de la azón sob e la ebeldía del ins in o, su domes-
icación y apaciguamien o —de nue o, pues, el es ablecimien o de su a moni-
zación g aciosa— que se sigue de un es ado p e io de conmoción; de ahí su g an-
deza, pe o ambién —o lo que es lo mismo— su doble he mosu a, es deci , su
belleza… sublime.
no se a a de educa p ime o en la belleza y después en la sublimidad, sino
de que en la p ime a es á incuida ya, en po encia, la segunda. Es cie o que la
belleza educa a monizando el impulso sensible y el impulso o mal, y la subli-
midad lo hace amino ando la u ia de la na u aleza. Pe o ambas pe siguen la mis-
ma inalidad, la a i mación de la au ode e minación humana (Ga cía 2000, 378).
Desde el pun o de is a de las acul ades que se ac i an en la expe iencia de
lo bello y lo sublime, en el caso de Schille , podemos deci que no e elan di e-
encias sus anciales. no hay en su caso, como en Kan , la necesidad de sepa a
los mo imien os o inclinaciones de la conciencia en unción de que la expe iencia
es é ica de i e de lo bello o de lo sublime. En ambos casos, la acul ad impe an e
es, en Schille , la acional, la olun ad au ode e minado a del se humano. En lo
bello, esa olun ad se p esen a en pe ec a a monía con los sen idos, y lo mis-
mo ocu e en lo sublime, sólo que aquí la se enidad en el padece pasa po el con-
ol p e io del deso den sensible. Pe o el esul ado inal es simila al del alma
bella: en ambos casos, azón e ins in o se a monizan, lo que signi ica que el alma
sublime es, al mismo iempo, un alma bella.
Cuando winckelmann de inió la belleza como «la noble sencillez y la se e-
na g andeza» (1987, 36), es aba o mulando ya una sín esis ca ego ial muy simi-
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la a la que ocul an los ex os de Schille . En esa ó mula quedaban eunidas
a mónicamen e las ideas de lo sublime (se enidad y g andeza) y de la g acia
(nobleza y sencillez). Con el clasicismo como modelo, en la noción winckelm-
maniana de la belleza, se unían sin con adicción las ca ego ías es é icas que Kan
sepa aba, y se es ablecía, al mismo iempo, la de inición, al ez más impo an-
e e impe ecede a, del clasicismo a ís ico. El ideal de belleza se exp esaba así en
una se enidad anímica mani es ada co po almen e, que log aba e leja la noble-
za y la g andeza del ca ác e . Pa a winckelmann, como ambién pa a Schille ,
ésa había sido la g an enseñanza de los g iegos, quienes como po ado es de un
e hos aún no escindido, e an capaces de mani es a a ís icamen e su ca ác e
noble y se eno, bello y sublime al mismo iempo (1987, 11). Incluso en los
momen os de dolo , se e i aba pe de la compos u a. El amoso g upo escul-
ó ico del Laoccon e, en compa ación con el emebundo de i gilio —cuyos g i-
os de espan o esuenan en las páginas silencionsas de la Eneida—, exp esaba
pe ec amen e esa belleza sublime que compensaba con elegancia la iolencia del
dolo con la mani es ación de la se enidad del alma (1987, 36-37). Pa a esa ob a
de a e ale ambién la de inición de Schille de belleza como libe ad en la apa-
iencia, como exp esión sensible de la libe ad y/o supe io idad mo al del p o-
agonis a que su e; pe o a esa escul u a ambién le ale la noción schille iana de
lo sublime pa é ico como conjunción en e su imien o y esis encia mo al. El
Laocoon e, según es o, es a ía do ado, a un iempo, de g acia y de dignidad, y cons-
i ui ía, po an o, un inmejo able ejemplo de lo que podemos llama , sin iesgo
ya de con undi nos, una sublime belleza.
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ecibido: 6/12/2012
acep ado: 12/04/2012
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