Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
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DEL IDEAL A LA PESADILLA: REFLEXIÓN FILOSÓFICA Y
PRÁCTICA LITERARIA EN EL ROMANTICISMO ALEMÁN.
Una pe spec i a desde la Li e a u a Compa ada
Sa a Molpece es A náiz, Uni e sidad de Valladolid.
Resumen: El Roman icismo alemán cons i uye un momen o cla e en la cul u a
occiden al en el que las elaciones en e iloso ía y li e a u a esul an especialmen e
es echas y p esen an un p opósi o común: soluciona los p oblemas del homb e
mode no. T as los excesos del acionalismo ilus ado, los omán icos conside an un
impe a i o ecupe a la a monía pe dida del homb e con lo di ino y con la na u aleza.
Es a aspi ación se mani ies a an o en la iloso ía como en la li e a u a, pe o de mane a
dis in a. Nos p oponemos en es e abajo mos a cómo se a icula esa endencia hacia
el Ideal desde cada una de las disciplinas, pa a lo cual nos basa emos en au o es como
Hamann, He de , Humbold , Goe he, Schille , Schlegel y, en pa icula , Ho mann.
Abs ac : Ge man Roman icism is a key pe iod in Wes e n cul u e in which philosophy
and li e a u e a e close ela ed and ha e he same aim: o help mode n man o
o e come he di icul ies o his age. A e he Enligh enmen , i seems clea ha
oman ic man has o econs uc he ha monic bond be ween man, God and na u e.
This ambi ion is s a ed bo h in li e a u e and philosophy, bu in a di e en way. This
pape deals wi h he ways in which his end owa d Ideal is shown in bo h philosophy
and li e a u e. We will ake in o accoun au ho s such as Hamann, He de , Humbold ,
Goe he, Schille , Schlegel and Ho mann specially.
En la his o ia de Occiden e son nume osos los momen os en los que la
e lexión ilosó ica y la p ác ica li e a ia se han desa ollado de mane a aislada,
igno ándose o incluso en en ándose. No obs an e, nos amos a cen a aquí en
un pe iodo cul u al, el Roman icismo, en pa icula el Roman icismo alemán
1
, en
1
Ad e imos ya que amos a u iliza el é mino ‘Roman icismo alemán’ pa a e e i nos de
mane a gene al al pe iodo comp endido en e las décadas inales del siglo XVIII y los años
40 del siglo XIX, eniendo en cuen a que engloba íamos bajo la misma e ique a
gene aciones que no son plenamen e omán icas, con o as que sí se han conside ado
adicionalmen e como ales. Es ablece los lími es del Roman icismo alemán no es a ea
ácil. Se puede conside a como los p ime os omán icos a la gene ación del S u m und
D ang (1767-1784), mo imien o compues o po au o es como Schille o Goe he, y a su
equi alen e en iloso ía, el g upo de los Filóso os de la e (Hamann, He de , Jacobi). No
obs an e, hay que ene en cuen a, po una pa e, que hay au o es pu amen e ilus ados,
como Lessing, que p esen an impo an es asgos omán icos, y, po o a, que muchos
au o es pe enecien es al S u m und D ang enega án de él pa a con e i se en
ep esen an es del ‘Clasicismo de Weima ’, o mado, en e o os, po Lessing, Kan , He de ,
Schille y Goe he. El caso de es os dos úl imos au o es esul a especialmen e complejo, pues
dependiendo de la uen e, se conside a que pasan po una ase oman izan e y después una
clasicizan e, o bien son plenamen e ilus ados o plenamen e omán icos. A es o hay que
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el que se p esen a la especial ci cuns ancia de una colabo ación a moniosa y muy
p oduc i a en e las dos disciplinas, la iloso ía y la li e a u a. De hecho, puede
conside a se que el Roman icismo alemán se di e encia p ecisamen e de
cualquie o o Roman icismo eu opeo po la impo an e base sis emá ica,
ilosó ico-cien í ica, que es á de ás de la c eación li e a ia y, a su ez, po que las
ideas expues as a ni el ilosó ico se in en an lle a a la p ác ica en el ámbi o
a ís ico.
El mo imien o omán ico se cons uye, como sucede an as eces, a pa i y
con a la co ien e de pensamien o dominan e en el pe iodo inmedia amen e
an e io , en es e caso el acionalismo ilus ado
2
. Pa a el omán ico, la he encia
ilus ada que ha ecibido del pe iodo an e io no es en absolu o posi i a: un
concep o de lo humano en el que se han po enciado los aspec os lógico- acionales,
dejando de lado los demás; una isión de la ealidad y la na u aleza que da
p imacía al conocimien o y es udio de los elemen os angibles, mensu ables y
uni e sales, ob iando aquellos aspec os que la azón no puede aba ca ... odo ello
le pa ece al omán ico una ca ga demasiado pesada que no puede man ene , pues
supone una isión incomple a, un conocimien o pa cial del mundo y del homb e
en el que odos los elemen os del conjun o es án desligados en e sí, empezando
po él mismo, que sien e un p o undo desa aigo y desampa o. De ahí que odos
suma el hecho de que es a gene ación con i e con la siguien e, la plenamen e omán ica
su gida en o no a los cí culos de Heidelbe g, Jena y Be lín, y que hay au o es que, siendo
ambién con empo áneos, no pod ían conside a se ni ilus ados ni omán icos, y o ma ían
lo que Félix Duque ha dado en llama ‘Ilus ación cansada’, que inclui ía au o es como
Fich e, Schelling o C euze (Félix Duque, “In oducción: de símbolos, mi os y demás cosas
an iguas”, en F ied ich C euze , Sileno. Idea y alidez del simbolismo an iguo, Ba celona,
Ediciones del Se bal, 1991, pp. 9-43). An e semejan e si uación op a emos po u iliza la
e ique a ‘Roman icismo’ de mane a gene al incluyendo a odos es os au o es, pues, más allá
de sus con ex os conc e os, odos ellos p esen an, a nues o pa ece , elemen os semejan es y
compa ibles que, pues os en común, nos pe mi en habla de una cosmo isión omán ica
compa ida. Sob e odas las cues iones comen adas ace ca de la di icul ad de delimi a el
Roman icismo alemán y sus di e en es g upos y gene aciones, c . Nicola Abbagnano, S o ia
della iloso ia, ol. III (Filoso ia del Roman icismo. La iloso ia a il secolo XIX e il XX),
Tu ín, Unione Tipog a ico- Edi ice To inese, 1982, p. 14; He be G eine -Mai, “Clasicismo
de Weima ”, en He be G eine -Mai (ed.), Dicciona io Akal de li e a u a gene al y
compa ada, Mad id, Akal, 2006, pp. 64-66; F iedel Wallesch, “S u m und D ang“, en
He be G eine -Mai (ed.), Dicciona io Akal de li e a u a gene al y compa ada, op.ci ., pp.
356-358, Se gio Gi one, His o ia de la es é ica, con apéndices de Mau izio Fe a is y
Fe nando Cas o Fló ez, Mad id, Tecnos, 1990, p. 74.
2
Hablamos de la co ien e dominan e du an e la Ilus ación. Hay que ene en cuen a que,
en ealidad, el g an Siglo de las Luces no p esen a una ideología homogénea, pues coexis en
en él dos endencias, la más isible, la de la luminosa “ azón sis ema izado a y
o denancis a, o a que queda en la penumb a, mucho más a ac i a, de la alo ación de lo
i acional” (Guille mo Ca ne o, La ca a oscu a del Siglo de las Luces, Mad id, Cá ed a,
1983, p. 16). Es a segunda endencia, co ien e de pensamien o sub e áneo, se encuen a
ya en pensado es como Rousseau, Dide o o Vol ai e, y anuncia muchos de los elemen os
que o ma án el sis ema ideológico del Roman icismo.
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los es ue zos del omán ico se di ijan a ecupe a la conexión pe dida buscando el
equilib io, en igualdad de condiciones, de los elemen os que con o man lo humano
y lo na u al. El camino empieza po la econciliación de odos los campos y
disciplinas del sabe humano, en pa icula de dos: la iloso ía y la li e a u a.
El omán ico no es, como a eces se ha dicho, un exal ado que de iende la
p imacía de lo i acional en e a lo acional. Todo lo con a io. El omán ico se
sabe un se acional y no quie e deshace se de la azón, simplemen e a a de
compensa los excesos come idos en nomb e de la azón ilus ada buscando la
con inua in e elación y equilib io en e los aspec os más lógico- acionales del
homb e y los ámbi os emo i os y senso iales, pe soni icando ambas cosas en la
usión en e la iloso ía y la poesía, usión que end ía como consecuencia el
nacimien o de un pensamien o o alizado , p opio de un homb e concebido,
igualmen e, como en idad o al.
No ha de ex aña , en onces, que muchos de los g andes li e a os del
Roman icismo alemán eje zan ambién de ensayis as y ilóso os, como es el caso
de Goe he, Schille , No alis, Hölde lin, Kleis , Tieck... No es de ex aña ,
ampoco, que en los g andes Cí culos omán icos, ya sea el de Jena
3
, Heidelbe g
4
o Be lín
5
, a is as y pensado es in e cambien sus ideas en igualdad de
condiciones, in luyéndose mu uamen e.
Desde el ámbi o de la Li e a u a Compa ada, en pa icula desde la
concepción que p opo ciona el llamado ‘nue o pa adigma’
6
, se plan ea la
3
El Cí culo de Jena (1797-1801) es a ía compues o, en e o os, po los he manos Schlegel,
L. Tieck, No alis, F. Schleie mache y p incipalmen e Schelling (c . He be G eine -Mai,
“Jena Roman ik”, en He be G eine -Mai (ed.), Dicciona io Akal de li e a u a gene al y
compa ada, op. ci ., pp. 180- 181).
4
Con una du ación de es años (1805-1808), el Cí culo de Heidelbe g es a ía o mado,
en e o os, po A. on A nim y C. B en ano (cuya ma cha a Be lín causa la disolución del
g upo), po Gö es, C euze , los he manos G imm, on Eichendo , e c. (c . He be
G eine -Mai, “Heildelbe g Roman ik”, en: He be G eine -Mai (ed.), Dicciona io Akal de
li e a u a gene al y compa ada, op. ci ., pp. 160- 161). Asociado a es e g upo ambién
es a ía C euze , discípulo de Goe es y p o eso de Heidelbe g (c . Giampie o Mo e i,
“In oduzione. C euze , Bacho en, Baeumle . T e s azioni del pensie o mi ico”, en
Giampie o Mo e i (a cu a di), Dal simbolo al mi o I, Milán, Spi ali Edizioni, 1983, pp. 11-
83).
5
El Cí culo de Be lín, a pesa de se c onológicamen e an e io a los o os dos (1792- 1822),
es a á o mado undamen almen e po au o es que se han asladado a Be lín y que an es
o maban pa e de los cí culos de Jena o Heidelbe g. En e los componen es del cí culo
be linés podemos encon a di e sos au o es p o enien es del cí culo de Jena que se
asladan a Be lín como L. Tieck, F. Schleie mache , A. W, Schlegel; y o os como A. on
Chamisso, A. on A nim, C. B en ano, E. T. A. Ho mann, e c... (c . He be G eine -Mai,
“Roman icismo Be linés”, en He be G eine -Mai (ed.), Dicciona io Akal de li e a u a
gene al y compa ada, op. ci ., pp. 322- 323).
6
Rep esen ado po au o es como Pie e Swigge s, Ad ian Ma ino o Douwe Fokkema, el
nue o pa adigma compa a is a implica deja de lado la concepción de la Li e a u a
Compa ada como una disciplina cen ada en los con ac os en e dos o mas li e a u as
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ampliación del obje o de es udio de es a disciplina más allá de la compa ación de
ob as o au o es li e a ios pa a habla de la compa ación en e sis emas y
subsis emas ideológicos que es a ían en la base, sí, de la li e a u a, pe o ambién
de o as a es y discu sos cul u ales no a ís icos, como el ilosó ico, el polí ico, el
cien í ico, el eligioso, e c. Es deci , pa imos de la exis encia de de e minadas
cons ucciones ideológicas en cada momen o his ó ico de las que nacen las
dis in as mani es aciones cul u ales, a ís icas y no a ís icas, lo que p opicia que
podamos habla sin ubo de la compa ación en e li e a u a y o as a es, pe o
ambién de la compa ación en e li e a u a y iloso ía, ciencia, e c., ya que, al
p o eni del mismo sis ema ideológico, de una misma cosmo isión ideológica de
base, necesa iamen e hab á elemen os en común en e las dis in as disciplinas
que nos pe mi i ían, median e un es udio compa a i o sinc ónico, des ela y
comp ende en p o undidad el a las del imagina io que ige cada época a un ni el
p o undo
7
.
El en oque que p esen a es e abajo pa e necesa iamen e de dicha base
eó ica, pa e de la posibilidad de es udia las in e elaciones en e la iloso ía y
la li e a u a no sólo po que en es e caso conc e o, el del Roman icismo alemán,
hay una elación e iden e, sino po que en odo momen o his ó ico, iloso ía y
li e a u a son compa ables en base al hecho de que su gen a pa i de un sis ema
ideológico común que cons i uye la cosmo isión de una época, y median e la
compa ación de ambas disciplinas podemos de ec a y comp ende con mayo
cla idad en qué consis e dicha cosmo isión. Hay que ene en cuen a, no obs an e,
que, como un pe iodo li e a io
8
, la cosmo isión ideológica de un de e minado
momen o his ó ico no es homogénea e inmó il, sino un sis ema i o de elemen os
que se in e elacionan, que pueden mos a ca as dis in as en los di e sos
au o es o disciplinas, y así sucede á en el caso de la li e a u a y la iloso ía del
Roman icismo alemán.
La cosmo isión omán ica alemana, el sis ema ideológico subyacen e en la
poesía y la iloso ía omán icas alemanas se cons uye al ededo de una idea
undamen al: alcanza lo Absolu o, lo In ini o, lo E e no, el Uni e so, el ‘Uno y
nacionales y o ien ada hacia el es udio de uen es e in luencias, pa a ocupa se del es udio
de los p oduc os li e a ios den o de sis emas y subsis emas ideológicos en sociedades
de e minadas o en clases de e minadas den o de una sociedad (c . Da id Pujan e, “Sob e
un nue o ma co eó ico-me odológico ap opiado a la ac ual ema ología compa a is a en
España”, Hispanic Ho izon, 25 (2006), p. 82-115).
7
C . Michel Ma esoli, Iconologías. Nues as idola ías pos mode nas, Ba celona,
Península, 2009, p. 11. También se ía posible un es udio compa a i o de ipo diac ónico a
a és de las dis in as épocas. En ese caso nos es a íamos aden ando en el ma co de la
His o ia del pensamien o y de las men alidades pa a descub i cómo e olucionan a lo la go
del iempo los g andes emas y p eocupaciones del homb e (c . Y es Ch e el, La li é a u e
compa ée, Pa ís, P esses Uni e si ai es de F ance, 1989, p. 72).
8
C . Ví o Manuel de Aguia e Sil a. Teo ía de la li e a u a, Mad id, G edos, 1972, pp. 247
y ss.; René Wellek y Aus in Wa en, Teo ía li e a ia, Mad id, G edos, 1966, pp. 318 y ss.
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Todo’
9
... y o os an os é minos que los omán icos u ilizan, habi ualmen e bajo
el in lujo de Spinoza, pa a da exp esión a la To alidad de lo eal
10
. Es a
aspi ación hacia lo Absolu o su ge pa a colma esos desequilib ios p o ocados po
el acionalismo ilus ado ya comen ados aquí, pa a compensa la exace bación de
la máxima ca esiana del homb e como se pensan e
11
que ha elegado a un
segundo plano el a e y la li e a u a como medios de conocimien o, así como
aspec os de la exis encia humana como el sen imien o o la imaginación.
De ás de esa búsqueda de lo In ini o no hay o a cosa que el in en o, como se
anuncia ya en las úl imas décadas del XVIII desde dis in os ámbi os (el a ís ico,
el eligioso, el ilosó ico), de concilia las dis in as ace as de lo humano pa a que
puedan ac ua en a monía, dando como esul ado un se humano que i e en
eliz equilib io consigo mismo y con el uni e so. No es ex año, po lo an o, que
sea es a endencia hacia el Ideal el eje que a icula odos y cada uno de los
elemen os que con o man la cosmo isión omán ica: la impo ancia de la
na u aleza, el indi idualismo, el genio a ís ico, la impo an e p esencia de lo
eligioso en sus más a iadas o mas (desde el ca olicismo has a el a eísmo,
pasando po el pan eísmo y el sa anismo), el pesimismo, la melancolía, lo
an asmagó ico, la ebeldía, la e asión, la ec eación del pasado... Todos ellos se
elacionan de una mane a u o a con la ine i able ansia de Absolu o del homb e
omán ico, pe o ambién con la imposibilidad de alcanza dicho obje i o: ese
es ado de pe ección, esa Edad de O o a la que se aspi a y que se in en a
ep oduci u o ya luga , en la imaginación omán ica, en la G ecia an igua, una
G ecia ec eada en la que se i ía la o alidad con lo di ino, y en el homb e se
hallaban en equilib io azón y sen imien o, sín esis y análisis.
Ine i ablemen e, las condiciones que posibili a on esa G ecia an igua son
imposibles de ep oduci en el momen o ac ual, de ahí la di icul ad,
imposibilidad, incluso, de consegui esa usión con lo Absolu o. En es e sen ido, el
omán ico es un espí i u ágico
12
, un se desga ado que lucha una ba alla que
sabe ya pe dida, un se en el que es pe manen e la nos algia de algo dis an e a lo
que el espí i u iende, sabiendo que es imposible alcanza ese bien soñado, pe o
no dejando de aspi a a ello jamás.
Enma cando ya nues o ema, a la ho a de plasma esa misma necesidad de
llega al Ideal, el pensado y el a is a an a op a po medios de exp esión
dis in os, pues es e iden e que cada disciplina posee su p opio lenguaje, pe o
adelan amos ya que se an a di e encia en un aspec o más que es de suma
9
Es a exp esión de Lessing su ge en una con e sación con Jacobi as lee un poema de
Goe he, y acaba desembocando en una e lexión mu ua ace ca de la iloso ía eligiosa de
Spinoza. Dicha con e sación apa ece ep oducida en Go hold Eph aim Lessing, Esc i os
ilosó icos y eológicos, Mad id, Edi o a Nacional, 1982, pp. 361-373.
10
C . A senio Ginzo Fe nández, “Es udio p elimina ”, en F ied ich Daniel E ns
Schleie mache , Sob e la eligión, Mad id, Tecnos, 1990, p. XXVIII.
11
C . René Desca es, Discu so del mé odo, Mad id, Espasa-Calpe, 2000, p. 68.
12
C . Ra ael A gullol, El hé oe y el único. El espí i u ágico del Roman icismo, Mad id,
Tau us, 1999.
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impo ancia, y es ese aspec o ágico de la imposibilidad del Ideal. Quizás po su
o ien ación p og amá ica, desde la e lexión ilosó ica se ha á más hincapié en la
necesidad de alcanza lo Absolu o y los posibles medios pa a consegui al in,
que en la di icul ad de la emp esa. Desde la li e a u a, po el con a io, pa ece
en a iza se más la imposibilidad de es e anhelo y, en especial en el caso del au o
que hemos elegido pa a ilus a la isión del Ideal desde el ámbi o li e a io, E. T.
A. Ho mann, se nos da buena cuen a de los pelig os que co e el homb e en su
al a aspi ación, de al modo que, en la mayo pa e de los ela os ho mannianos
que analiza emos aquí, las p e ensiones humanas siemp e acaban en acaso, y el
Ideal se o na pesadilla.
Llegados a es e pun o, nos disponemos a mos a cómo se exp esa en la
e lexión ilosó ica y en la p ác ica li e a ia ese núcleo del pensamien o omán ico
que es la aspi ación hacia lo Absolu o y su posibilidad e imposibilidad. Como se
ha dicho, en lo que co esponde a la pa e li e a ia se analiza án una se ie de
ela os de E. T. A. Ho mann. En el apa ado de na u aleza ilosó ica, que
comenza emos a con inuación, hemos op ado po basa nos en las eo ías de
di e sos au o es (aunque nos cen a emos pa icula men e en Schille ) con el in
de p opo ciona una pano ámica lo más comple a posible de la na u aleza de esa
endencia hacia el Ideal, sus causas y cómo se in e elaciona con cues iones como
la eligión, la poesía o el lenguaje simbólico.
Es F ied ich Schille (1759-1805) uno de los au o es que a a con mayo
cla idad la na u aleza del es ado del homb e de su iempo y la necesidad de
ecupe a una elación a mónica con el en o no, como en iempos pasados. En
Sob e la educación es é ica del homb e, de 1795 (época que se pod ía conside a la
e apa pos - omán ica de es e au o , pe o que coincide plenamen e con los
omán icos de la siguien e gene ación), Schille expone que el homb e mode no es
un se escindido po el desga amien o en e el ins in o y la mo al, un se que
es á i iendo una e apa de degene ación
13
. El homb e i e en c isis po que ha de
a moniza sus deseos e ins in os in e nos (la p opia na u aleza pasional y
co up a) y el ámbi o de la obligación mo al, el debe . Pues o que con ola el
impulso del place median e la no ma del debe es un es ue zo i ánico que causa
un g an con lic o in e no, el homb e i e di idido en e las necesidades e
impulsos que igen el mundo de lo ísico y las obligaciones que imponen la mo al
y la acionalidad. Ambos aspec os no pueden se más dispa es: la na u aleza
exige la a iedad; la azón, la unidad. A la p ime a le co esponde el sen imien o
y a la segunda la conciencia. Ambas o man pa e de la doble na u aleza
humana, pe o cada una iene sus ue os y “ninguna puede in adi los dominios de
la o a sin p o oca dañosas consecuencias pa a el es ado in e io o ex e io del
homb e”
14
.
13
C . F ied ich Schille , Sob e la educación es é ica del homb e, en F ied ich Schille ,
Esc i os sob e es é ica, Mad id, Tecnos, 1991, pp. 102 y ss.
14
Ibid, pp. 154-155.
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Lo ideal se ía, po lo an o, no alimen a la b echa en e azón y sen imien o,
que es lo que lle a ía a la au odes ucción del homb e, sino encon a una o ma
de concilia ambos aspec os, ya que, según Schille , “el homb e, pa a mos a se
como espí i u, no necesi a hui de la ma e ia”
15
. Ese homb e en el que se p esen a
la a monía en e ambos elemen os se ía el alma bella
16
, y se ca ac e iza ía po la
conciliación de opues os, pues el del alma bella se ía un es ado en el que:
la espues a al impe a i o é ico no de i a de con as e o de lucha alguna, sino que, po
así deci , b o a espon áneamen e po sí misma has a el pun o de que el debe es una
sola cosa con el place , la sensibilidad u iliza la egla impues a po la azón p ác ica
como si uese p opia, y la pe sona no conoce, en suma, escisión o lace ación, sino
a monía. Es a pe sona es el «alma bella»: cumple con «g acia» ese des ino humano de la
exis encia po la mo alidad que, de o o modo, donde esul e de la ic o ia de la
olun ad mo al sob e las pasiones, asume el ca ác e de la «dignidad»
17
.
A se el alma bella se llega ía median e un p oceso educa i o de ca ác e
es é ico basado en un p og esi o e inamien o del espí i u que nos pe mi i ía
alcanza la belleza que equilib a ambas endencias, la acionalidad y la
sensibilidad. Habla íamos, pues, de la supe ación de los es ados ísico y mo al, y
su sín esis en el es ado es é ico.
No obs an e, es a educación es é ica de la humanidad que Schille p opone
como plan u u o p esen a un le e con a iempo: ese es ado a mónico del
indi iduo pa ece eco da nos a un iempo pasado que apa en emen e es á ue a
del alcance del homb e mode no: el mundo g iego
18
.
De la mano de es a idea nos encon amos la dis inción schille iana en e
poesía ‘ingenua’ y ‘sen imen al’, que nues o au o desa olla en Sob e poesía
ingenua y poesía sen imen al, ambién de 1795. En es a ob a Schille apun a que
la poesía ‘ingenua’ se ía “la poesía p opia de los an iguos, es el p oduc o de un
mundo que igno a la escisión de sensibilidad y acionalidad, de necesidad y
debe , de libe ad e impulso”
19
. Tal si uación se debe a que en el mundo g iego la
cul u a no degene ó p oduciendo el abandono de la na u aleza
20
, como ha
sucedido con el homb e mode no, po eso la poesía an igua es poesía ingenua,
po que:
15
Ibid, p. 199.
16
C . Nicola Abbagnano, S o ia della iloso ia, ol. III (Filoso ia del Roman icismo. La
iloso ia a il secolo XIX e il XX), op. ci ., p. 15.
17
Se gio Gi one, His o ia de la es é ica, op. ci ., p. 76.
18
C . ibid., p. 77.
19
Ibid.
20
C . F ied ich Schille , Sob e poesía ingenua y poesía sen imen al, en F ied ich Schille ,
Sob e la g acia y la dignidad/Sob e poesía ingenua y poesía sen imen al, Ba celona, Ica ia,
p. 85.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[518]
es como si la na u aleza in e esa a más a su en endimien o y a su cu iosidad que a su
sen imien o mo al; su a ec o hacia ella ca ece de e nu a, de la sensibilidad, de la dulce
melancolía que los mode nos ponemos en el nues o. Más aún, al pe soni ica la y
di iniza la en sus dis in os enómenos y al ep esen a sus e ec os como acciones de
se es lib es, sup ime su se ena necesidad, po la cual p ecisamen e nos a ae an o a
noso os. Su an asía impacien e lo lle a, pasando po encima de ella, al d ama de la
ida humana. Sólo le sa is ace lo i ien e y lib e, los ca ac e es, acciones, des inos y
cos umb es, y si noso os a eces deseamos, en cie as si uaciones mo ales de ánimo,
cede la en aja de nues o lib e albed ío, que nos expone a an a lucha con noso os
mismos, a an a desazón y e o , a cambio de la necesidad – a al, pe o sosegada– de lo
i acional…
21
És e es el aleg e ideal al que debe ía aspi a el homb e mode no, de cuya
humanidad ha desapa ecido la na u aleza y que, po lo an o, se e o zado a
man ene con ella una elación an ina u al
22
. Po esa azón la poesía
sen imen al, que es la que ca ac e iza a los mode nos, es á basada en la dolo ida
nos algia de lo na u al en un homb e que aho a sien e ‘los ejámenes de la
cul u a’ y descub e que “mien as é amos simples hijos de la na u aleza,
gozábamos de elicidad y pe ección; llegamos a emancipa nos, y pe dimos lo uno
y lo o o”
23
.
Es o no quie e deci que el des ino del homb e sea la uel a a la na u aleza
animal del buen sal aje. En ag ia polémica con Rousseau, Schille ec imina al
au o ancés el que e educi al homb e al es ado p imi i o, en ez de da la
opo unidad a una cul u a humana que, bien en ocada, puede e oluciona hacia
un es ado de plena a monía
24
. Pa a Schille , la na u aleza i acional no puede
se el obje i o del homb e, pues supone sac i ica su ele ado des ino
25
.
En idiamos sí, la condición de na u aleza pu a de animales y plan as, po que
hubo un iempo en el que é amos na u aleza como ellos, pe o hemos de colma
nues a necesidad de ol e a lo na u al “po el camino de la azón y de la
libe ad”
26
, pues p ecisamen e la chispa de di inidad que es p opia del homb e y
que lo dis ingue de o os se es i os es su endencia al Ideal
27
, y és e sólo se
consigue median e el equilib io de azón y sen imien o, mo al e ins in o, cul u a
y azón. No podemos ol ida ampoco que el pasado que año a Schille es el
g iego, no un es ado p imigenio y sal aje: nues o au o dis ingue cla amen e
una na u aleza bá ba a, que se ía un es ado comple amen e i acional del
21
Ibid., pp. 83-84
22
C . ibid., p. 84.
23
Ibid., p. 81.
24
C . Pe e Szondi, “L’ingenuo è il sen imen ale. Diale ica conce uale del saggio
schille iano”, en Pe e Szondi, Poe ica dell’Idealismo edesco, Tu ín, Giulio Einaudi edi o e,
1974, p. 59.
25
C . ibid.
26
F ied ich Schille , Sob e poesía ingenua y poesía sen imen al, op. ci ., p. 68-69.
27
C . ibid.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[519]
homb e, y una ‘na u aleza pu a’ donde sen ido y azón es án en a monía
28
, es
deci , el es ado ingenuo del homb e.
Esa na u aleza a mónica de la e apa ingenua se á un anhelo cons an e pa a
el homb e mode no, que p ecisamen e se ca ac e iza po la conciencia de que es
un se di e enciado de la na u aleza y su unión con ella es imposible. Su amo es
amo a lo pe dido, ya que en e la na u aleza y el homb e mode no media la
cul u a p opia de la ‘época de a i icio’
29
en la que i e. Cuando el homb e ha
en ado en la e apa de la cul u a y el a e ha pues o la mano sob e él, queda
abolida aquella a monía senso ial y sólo le es a exp esa se como unidad mo al,
es deci , como se que anhela la unidad: esa unidad a mónica que en el es adio
ingenuo e a eal, aho a sólo puede se un ‘ideal’ al que aspi a
30
.
Es a dis inción en e ingenuo y sen imen al se hace más pa en e si nos
ace camos a la igu a del poe a, que además de se el “cus odio de la
na u aleza”
31
, end ía en e sus manos el sag ado debe de “da a la humanidad
su exp esión más comple a”
32
. Así, el poe a ingenuo i i á en un es ado de
sencillez na u al en el que “el homb e oda ía ob a con odas sus ue zas a la ez,
como unidad a mónica en que, po lo an o, la o alidad de su na u aleza se
exp esa plenamen e en la ealidad”
33
, y a la ho a de c ea debe á busca la
imi ación de esa ealidad e lejo de su p opia pe ección como homb e. En cambio,
el sen imen al, que i e en un es ado de cul u a, hab á de ende a la
ep esen ación del ideal, pues cuando “la colabo ación a mónica de oda su
na u aleza no es más que una idea, lo que hace al poe a debe se el ele a la
ealidad a ideal”
34
.
A pesa de la apa en e en aja del poe a ingenuo en e al poe a sen imen al,
pues aquél iene delan e de sí odo lo que és e anhela, lo cie o es que el
sen imen al iene un des ino mucho más ele ado, ya que:
es á en condiciones de da al anhelo un obje o más g ande que el que el ingenuo ha
log ado y podía log a [...] el uno cumple pues su come ido; pe o ese come ido es ya de
po sí de alcance limi ado; el o o, aunque cie amen e no cumple del odo el suyo, iene
po misión un in ini o
35
.
No obs an e, Schille no deja cla o si alcanza el in ini o se á o no una a ea
posible pa a el poe a sen imen al. Pa ece que la na u aleza le ha o o gado la
capacidad de econs ui él solo “aquella unidad que la abs acción había anulado
28
C . ibid, pp. 90-91.
29
C . Pe e Szondi, “L’ingenuo è il sen imen ale. Diale ica conce uale del saggio
schille iano”, op. ci ., p. 74.
30
C . F ied ich Schille , Sob e poesía ingenua y poesía sen imen al, op. ci ., p. 90.
31
Ibid, p. 86.
32
Ibid, pp. 90-91.
33
Ibid.
34
Ibid.
35
Ibid, p. 128.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[526]
desde lo más p o undo de su exis encia al hijo ex ao dina io que había
engend ado”
78
. Po supues o, es a Na u aleza que guiaba al homb e e a de
ca ác e di ino, ya que “el oco, en el que odo lo espi i ual se eúne, es Dios”
79
, y
su in luencia se ex iende po oda la ida o gánica de la na u aleza, “y es el b illo
de lo espi i ual lo que anima a las plan as y a los animales”
80
. Como apun aban
Schleie mache y los Filóso os de la e, el descub imien o en noso os mismos de
la chispa di ina que nos co esponde, de lo in ini o en lo ini o de nues a
na u aleza, es camino segu o hacia el In ini o Absolu o. La misma idea es á
p esen e en Ho mann, que señala que hay una inna a necesidad en el homb e de
busca ese camino de conocimien o y de unión con el Todo, pe o, mien as que
pa a el homb e an iguo ese eco ido e a sencillo y na u al, pa a noso os aho a
esul a o uoso y casi imposible:
Hay algo, po mucho que nos es o cemos en nega lo, y que más de una ez se ha
demos ado, y es que en el oscu o y mis e ioso eino, que es la pa ia de nues o
espí i u, a de una lampa i a, pe cep ible po nues a mi ada, ya que la Na u aleza no
ha podido nega nos el alen o y la inclinación de los opos, pues, ciegos como somos,
buscamos o ien a nos a a és de caminos de inieblas
81
.
Causada po el mismo homb e, que, en ez de i i según lo Di ino-na u al,
ha que ido domina la Na u aleza y con e i se él mismo en Dios, la up u a de
ese es ado a mónico de épocas an iguas iene consecuencias ne as as pa a el
homb e ac ual. En p ime luga , un sen imien o de año anza y o andad que
llena a odo homb e, pe o ambién miedo e incomp ensión en e a lo Na u al
que, de alguna mane a, se enga de lo humano po su abandono. Es a idea la
desa olla Ho mann en el ela o “El huésped sinies o” (De unheimliche Gas ,
de 1818), donde nos encon amos con un g upo de pe sonajes que se delei a
na ando his o ias de an asmas. Al se p egun ado po qué la Na u aleza ha
hecho que espí i us y isiones causen e o y espan o al homb e, haciéndose
enemigos de la aza humana
82
, Dagobe o, uno de los pe sonajes p incipales,
con es a lo siguien e:
quizá sea el cas igo de una mad e hacia unos hijos que han ehuido sus cuidados y su
u ela. Me e ie o a aquella edad do ada, cuando el géne o humano i ía en ín ima
unión con oda la Na u aleza y ningún miedo ni e o nos sob ecogía p ecisamen e
po que en la paz p o unda, en la di ina a monía del se , no exis ía ningún enemigo que
nos pudie a p oduci es e pa o . Hablo de esas oces ex añas de los espí i us, pues si
no, ¿cómo se explica que odos los sonidos de la Na u aleza, cuyo o igen conocemos de
78
E.T.A. Ho mann, “Los au óma as”, op. ci ., p. 203.
79
E.T.A. Ho mann, “El magne izado ”, en E.T.A. Ho mann, Cuen os, 1, op. ci ., p. 47.
80
Ibid.
81
E.T.A. Ho mann, “La casa acía”, en E.T.A. Ho mann, Cuen os, 1, op. ci ., p. 144.
82
C . E. T. A. Ho mann, “El huésped sinies o”, en E.T.A. Ho mann, Cuen os, 2, Mad id,
Alianza Edi o ial, 2002, p. 16. T aducción Ca men B a o-Villasan e.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[527]
sob a, puedan pa ece nos gemidos quejumb osos y llena nues o pecho del más
p o undo e o ?
83
A causa de la desobediencia humana, la di ina a monía del se se ompe, el
homb e no econoce los aspec os an asmagó icos de la exis encia como algo
p opio de lo na u al, y se e a emo izado po ellos. Es o cons i uye, en cie o
modo, una he mosa jus i icación po pa e de nues o au o no sólo de lo
an ás ico y sob ena u al en la li e a u a, sino de su p esencia en la na u aleza,
p esencia elacionada, como se puede ap ecia , con la pé dida de esa an igua
e apa de pe ección en la que el homb e i ía a mónicamen e con lo na u al. De
aquí se pude deduci que la a acción y el miedo que sen imos hacia lo
an asmagó ico y lo sob ena u al es án elacionados con la endencia hacia el
Ideal. Así lo sos enía ambién, desde el ámbi o eológico, Schleie mache , pa a
quien el gus o po lo an ás ico y lo sob ena u al en la ida y en la li e a u a e a
el p ime peldaño en la necesa ia búsqueda de lo supe io que es á p esen e en el
alma del homb e
84
.
La segunda consecuencia de es a up u a en e el homb e y lo Di ino-na u al
es, como ya hemos expues o en dis in os momen os de es e abajo, la pe i encia
en el homb e de la necesidad del In ini o, acompañada de la incapacidad de
alcanza lo. Es a cues ión se e cla amen e e idenciada en dos ela os de
Ho mann, “Don Juan. Un encuen o abuloso sucedido a un iaje o en usias a”
(Don Juan. Eine abelha e Begebenhei , die sich mi einem Reisenden
En husias en zuge agen, de 1812) y “La iglesia de los jesui as de G.” (Die
Jesui enki che in G., de 1817). Ambos son ejemplos del na u al impulso del
homb e hacia lo Supe io : en el caso de Don Juan el camino elegido pa a alcanza
es e obje i o es el amo , y en el caso del pin o Be hold, p o agonis a de “La
iglesia de los jesui as de G.”, el camino es el a e. Po supues o, ambas son
his o ias de acaso, ya que la incapacidad humana pa a accede al In ini o o na
el amo de Don Juan en un libe inaje des uc i o, y el sup emo a e de Be hold
degene a en una pesadilla de locu a y mendicidad. Cen émonos en cada ela o
de o ma más po meno izada.
En “Don Juan” se nos p esen a una elec u a del mi o a pa i de la ópe a de
Moza . El pe sonaje p incipal, composi o , asis e a una ep esen ación de “Don
Gio anni”, y e lexiona sob e la e dade a esencia de Don Juan, que, en cie o
83
Ibid., p. 17.
84
Apun a Schleie mache : “Desde la ie na in ancia mal a an al homb e y ep imen su
endencia hacia lo supe io . Con emplo con g an de oción la año anza de lo ma a illoso y
sob ena u al en el espí i u de los jó enes. Ya al elaciona se con lo ini o y lo de e minado,
buscan a la ez algo dis in o que ellos pudie an opone le [...] Es o cons i uye el p ime
despe a de la eligión. Un p esen imien o sec e o e incomp endido los impulsa más allá
de la iqueza de es e mundo; po ello les complace an o oda huella de o o mundo; po ello
se delei an con poemas que e san ace ca de se es sup a e enos” (F ied ich D. E.
Schleie mache , Sob e la eligión, op. ci ., p. 94).
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[528]
modo, ha sido siemp e mal en endida
85
. Es aquí donde se hace e iden e ese al o
des ino del homb e, y su con as e con el elemen o opues o, la imposibilidad de
alcanza aquello hacia lo que iende, que acaba p opiciando la caída del homb e a
los in ie nos. Se nos desc ibe a Don Juan como el ejemplo de homb e do ado de
chispa di ina, al que la Na u aleza a a
como al hijo más que ido de su seno, pues le concedió odo aquello que pone a los se es
humanos en es echa elación con los dioses y los di e encia de la mayo ía de se es que
sólo son p oduc os ab icados en se ie po la Na u aleza [...] Lo do ó de odos aquellos
a ibu os que lo capaci an pa a ence y domina . Un cue po he moso y ue e, una
cons i ución que alumb ó en su pecho la chispa que enciende las ideas celes iales, un
espí i u p o undo, una in eligencia ápida y ce e a
86
.
No obs an e, ambién se nos señala que, como consecuencia del pecado
o iginal, ‘el Enemigo’, lo diabólico, lo demoníaco, iene el pode “de acecha al
homb e y hace que és e, al segui los dic ados de su na u aleza di ina y a a
de alcanza lo más al o, caiga a la ez en sus p opias ampas”
87
. Cuan o más
lucha el homb e po calma su ansia de Ideal, cuan o más lucha po alcanza lo
celes e, más pelig o su e de cae en el ex emo opues o, de hundi se en los
dominios de lo maligno, de la pesadilla. Es o es p ecisamen e lo que le sucede a
Don Juan, que a a a a de sacia en lo e eno su p o undo y e e no deseo de
In ini o, esul ando siemp e insa is echo
88
. De ahí las sucesi as elaciones
amo osas que emp ende el pe sonaje, pues siendo el amo o a ía hacia lo
Supe io , “no puede ex aña nos que Don Juan espe e halla en el amo la
sa is acción de ese deseo in ini o que desga a su pecho, ni que ambién el diablo
lo cace po medio del amo ”
89
.
Don Juan busca á en cada muje , en cada conquis a, “sa is ace en la ie a lo
que, únicamen e como p omesa celes ial, eside en nues o pecho y que no es más
que aquel deseo in ini o que en noso os acusa di ec amen e a lo sup asensible”
90
.
El esul ado de es e iaje desco azonado es un p o undo desp ecio hacia lo
e eno, un e ible odio hacia “aquellas apa iciones o an asmas del deseo que él
c eyó e an lo máximo en la ida y que, sin emba go, an o lo desilusiona on”
91
. A
pa i de en onces sus conquis as no cons i uyen un nue o in en o de encon a el
Ideal en lo e eno, sino que suponen una e ancha, un desa ío hacia los pode es
supe io es que han impedido a Don Juan encon a lo In ini o en la ie a:
Cada ez que seduce a una no ia ado ada, cada ez que iolen a o des uye median e
una acción mal ada el amo de una pa eja de enamo ados, es una ic o ia con a el
85
C . E.T.A. Ho mann, “Don Juan”, op. ci ., p. 42.
86
Ibid, p. 43.
87
Ibid.
88
C . ibid.
89
Ibid.
90
Ibid.
91
Ibid, p. 44.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[529]
pode enemigo que con ibuye a ele a lo po encima de la Na u aleza y po encima del
C eado
92
.
No obs an e, el cielo ese a oda ía una úl ima opo unidad pa a Don Juan
en igu a de Doña Ana, la en iada di ina que, median e el amo e dade o,
pe mi e que Don Juan conozca “la na u aleza di ina que ambién eside en su
in e io ”
93
. Hay que eco da que el composi o p o agonis a del ela o e lexiona
sob e Don Juan y llega a conoce el e dade o signi icado del pe sonaje (y, po lo
an o, su p opia signi icación como se humano) g acias a la apa ición casi
an asmagó ica de Doña Ana (es a ez no el pe sonaje, sino la in é p e e de la
ob a, que, cu iosamen e, es á ísicamen e inconscien e en o o luga dis in o).
Aquí la can an e/Doña Ana unciona como una sue e de imagen ca alizado a del
conocimien o que pe mi e que la e elación enga luga y que el composi o enga
acceso a un sabe , en p incipio, no e iden e. También, cuando la muje can a,
consigue el p o agonis a libe a su espí i u mien as su cue po “se halla some ido
al yugo de plomo del sueño y conduci lo has a las llanu as e é eas”
94
. Es a idea
de una igu a emenina mediado a apa ece en muchas de las ob as de Ho mann
y, en cie a mane a, nos pa ece semejan e a ese concep o de Goe he de una
imagen o un mi o que pe mi e ma e ializa el conocimien o ocul o median e la
ep esen ación a ís ica. No obs an e, no podemos ol ida que el cuen o e mina
con la mue e de la can an e, causada sin duda po el es ue zo que ha supues o
su papel de mediado a en e el homb e y el conocimien o.
Quizás una de las piezas ho mannianas que con más pe ección nos hace e
lo que implica el conocimien o del ideal y lo que aca ea su acaso, sea el ela o
“La iglesia de los jesui as de G.”. El p o agonis a es el pin o Be hold, que iaja
a I alia y se pone a las ó denes del maes o Hacke (pin o paisajis a que exis ió
ealmen e) pa a pe ecciona su a e. Allí se encuen a con un iejo pin o
mal és, al que se c i ica po que, a pesa de se buen pin o , “ odo lo que hace
iene una apa iencia an ás ica”
95
. El mal és, a su ez, enjuicia du amen e los
cuad os de Be hold, pues aunque és e mues a en su ob a su “incansable
impulso hacia lo al o, hacia lo ideal”
96
, no consigue ni llega a él, ni plasma lo con
su pincel. Pa a el pin o mal és, el más sag ado in del a e es la “ap ehensión y
comp ensión de la Na u aleza según el p o undo signi icado de su más al a
esencia, la cual inci a a odos los se es a una exis encia supe io ”
97
. Tal cosa no se
consigue median e la me a copia de la ealidad, como se es ue zan en hace la
escuela de Be hold y su maes o Hacke . Pa a el mal és, es e ipo de pin o es
simplemen e como un copis a que ansc ibe palab as de un idioma ex anje o
92
Ibid.
93
Ibid., p. 46.
94
Ibid., p. 49.
95
E.T.A. Ho mann, “La iglesia de los jesui as de G.”, en E.T.A. Ho mann, El homb e de la
a ena y o as his o ias sinies as, op. ci ., p. 142.
96
Ibid.,p.144.
97
Ibid.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[530]
que no en iende
98
. El pin o de lo na u al, si quie e c ea a ís icamen e
na u aleza, ha de comp ende la p ime o, pene a en su sen ido:
El iniciado cap a la oz de la Na u aleza que se mani ies a en los ma a illosos sonidos
con que el á bol, el ma o al, la lo , la mon aña y el agua hablan de sec e os
impene ables; esos sonidos oman la o ma de p esen imien os piadosos en su co azón;
en onces es como si el mismísimo espí i u de Dios le o o ga a la acul ad de plasma
ales p esen imien os de mane a sensible en sus ob as. ¿Acaso, jo enci o, no e sien es
a ec ado de modo ex año y ma a illoso al con empla los paisajes de los maes os
an iguos? Segu o que en onces no piensas que las hojas del ilo, que los pinos o los
plá anos pod ían se más ieles a la Na u aleza, ni que el ondo end ía que se más
neblinoso o las aguas más cla as; an es bien, el espí i u que b o a de odo el conjun o e
ele a a un eino supe io cuyo b illo has c eído pe cibi
99
.
Se nos habla aquí de ese conocimien o sin é ico de la Na u aleza al que
hacíamos e e encia an es. El iniciado, nos dice Ho mann, es alguien capaz de
e más allá de la di e sidad de los elemen os que o man lo na u al pa a,
sin e izando odos ellos en su o alidad, accede a lo supe io , al conocimien o del
Ideal. No obs an e, como ad ie e el pin o mal és a nues o Be hold, la
inclinación del homb e al Ideal es algo pelig oso, ya que únicamen e “lo
mensu able es pu amen e humano; lo que sob epasa la medida ae desg acia,
mal. Lo sob ehumano es cosa de Dios o del diablo”
100
. La endencia al Absolu o es
un egalo en enenado, un sueño engañoso, pues “¿qué es oda nues a lucha, odo
nues o es ue zo hacia lo al o, sino el o pe e inconscien e mano eo del niño de
pecho que hie e a su nod iza mien as le alimen a?”
101
.
Muy lejos es á el homb e de oca aquello que ansía, muy pocos son los que
llegan a ap opia se del uego de los dioses, y aquellos homb es que lo consigan
se án condenados a g andes su imien os, como P ome eo, mi o cla e en e los
omán icos
102
, pues p ecisamen e él, “que había que ido ob ene el Cielo, sin ió
pa a oda la e e nidad el dolo e enal”
103
. Aquí se nos apun a un elemen o muy
in e esan e. El que aspi a a lo más al o a eces se e cas igado con lo más bajo, lo
más p o undamen e ma e ial, deg adan e e incluso maligno, como le sucedía a
Don Juan. Vuel e a insis i Ho mann en es a idea en el siguien e magní ico
agmen o:
Cuando se aspi a a alcanza lo más al o, no la sensualidad de la ca ne, como Tiziano,
no, sino lo más al o de la di ina Na u aleza, el uego de P ome eo en los homb es...
¡Seño , Seño !... se encuen a uno al bo de del p ecipicio, sob e un inísimo cable... ¡El
98
C . ibid.
99
Ibid., p. 145.
100
Ibid., p. 126.
101
Ibid., p. 128.
102
C . Ra ael A gullol, El hé oe y el único. El espí i u ágico del Roman icismo, op. ci .,
pp. 207 y ss.
103
E.T.A. Ho mann, “La iglesia de los jesui as de G.”, op. ci ., p. 124.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[531]
abismo se ab e a sus pies!... Sob e él planea el audaz a gonau a, mas un engaño
diabólico lo a ae al ondo... Allí e lo que él quiso con empla a iba, más allá de las
es ellas...
104
.
Vemos aquí ese impo an e iesgo que co e el que busca lo Di ino, el muy
p obable cas igo de acaba en un luga comple amen e opues o al deseado, como
p ecisamen e le sucede á al p o agonis a del cuen o du an e buena pa e de la
his o ia.
Po supues o, as su encuen o con el pin o mal és, Be hold es incapaz de
con inua pin ando. No deja de sen i en su in e io una oz, una llamada de la
Na u aleza a busca ese ansiado Ideal y a plasma lo en sus cuad os: “¡Escucha,
escucha, iniciado! ¡Ad ie e las no as ances ales de la c eación que oman o ma
pa a que us sen idos puedan pe cibi las!”
105
. Pa a desg acia de Be hold, sólo en
sueños pa ece se capaz de llega a ese conocimien o supe io de la ealidad, sólo
en sueños, dice Be hold,
me pa ecía como si en mi se más ín imo se hubie a despe ado un sex o sen ido que
ap ehendía con ex ao dina ia ni idez aquello que siemp e me había apa ecido
impene able. Como en singula es je oglí icos, dibujaba en el ai e con azos
incandescen es los mis e ios ecién descubie os; más aquella ex aña esc i u a
je oglí ica e a un paisaje he mosísimo en el que el á bol, el ma o al, la lo , la mon aña
y el agua se mo ían y agi aban como si en ona an un a monioso cán ico
106
.
En el sueño, se nos dice en o o ela o b e e de Ho mann, nos ol emos
poe as y d ama u gos
107
. No es de ex aña , pues, que el sueño sea o o medio en
el que se mani ies a la endencia hacia lo Supe io , de hecho, la ida in ensi a del
sueño “no solamen e nos hace p esagia las mis e iosas elaciones del mundo de
los espí i us in isibles, sino econoce los lími es del espacio y del iempo”
108
.
Pe o, necesa iamen e, los sueños ienen su con apun o en la ealidad, y
mien as Be hold en su ida soñada en iende y pin a ‘los je oglí icos de la
na u aleza’, en su ida eal acasa es epi osamen e, se hunde en la melancolía
y no deja de pedi al Cielo, desconsoladamen e, “una es ella que le ilumina a su
oscu o camino”
109
.
104
Ibid., p. 125-126.
105
Ibid., p. 146.
106
Ibid., pp. 146-147.
107
C . E.T.A. Ho mann, “El magne izado ”, op. ci ., p. 21.
108
Ibid., p. 13. Cu iosamen e, Ho mann, adelan ándose años a las o mulaciones
eudianas, apun a que lo que i imos en sueños p ocede de nues a ida diu na, pues lo
soñado “es sólo un e lejo de és a en la que las igu as y las imágenes nos pa ecen ecogidas
como en un espejo cónca o, bajo o as p opo ciones y, po consiguien e, bajo o mas
ex añas y desconocidas, aunque en el ondo no sean más que ca ica u as de los o iginales
que exis en en la ida eal” (E.T.A. Ho mann, “El magne izado ”, op. ci ., p. 20).
109
E.T.A. Ho mann, “La iglesia de los jesui as de G.”, op. ci ., p. 150.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[532]
La guía luminosa y sal ado a se ma e ializa, po supues o, en una imagen
emenina de ex ao dina ia belleza que, inap esable, desapa ece: “Los ayos del
sol iluminaban su os o angelical. Me obse aba con una mi ada indesc ip ible
[...] mi ideal, ¡e a mi ideal! Me pos é an e ella, loco de embeleso; en onces la
igu a se es umó son iendo dulcemen e...”
110
. El Ideal al que aspi a Be hold
apa ece pe soni icado en una imagen, una imagen emenina, una imagen guía
que p opicia la ans igu ación de pin o , quien, dichoso y se eno, aho a sí es
capaz de plasma en sus lienzos su ocación in e na
111
.
Abandonando los paisajes, Be hold comienza a pin a escenas c is ianas en
las que de mane a epe ida apa ece “ esplandecien e la ma a illosa igu a de su
ideal”
112
. Como en el caso de “Don Juan” y de Los elixi es del diablo
113
, es a igu a
emenina sal í ica apa ece elacionada con lo di ino y, en es e caso en pa icula ,
con San a Ca alina e incluso con la Vi gen Ma ía
114
. Pe o aquí ambién lo
emenino iene un con apun o e enal y ma e ial. En el ela o, muchos
iden i ican ese Ideal emenino que Be hold epi e sin cesa en sus cuad os, no
con una san a c is iana, sino con una muje eal, la p incesa Angiola, y, aunque
al pin o ales compa aciones le pa ecen “ on as habladu ías de la gen e, que no
hacían sino educi lo excelso a la ulga idad de lo e enal”
115
, inalmen e ha de
en en a se al hecho e iden e de que su inma e ial Ideal es una muje de ca ne y
hueso.
Resul a muy e elado a la eacción de Be hold cuando la p incesa Angiola le
ju a amo e e no. El pin o sien e “una ex aña sensación, como cuando un dolo
epen ino des uye los más dulces sueños”
116
. No obs an e, cuando ella lo ab aza,
le in aden
dulcísimos es emecimien os desconocidos pa a él has a en onces, y enloquecido de
dicha, en medio de la mayo elicidad e enal, exclamó: «¡Oh, no es una ensoñación, no
es un engaño! ¡No! ¡Es mi muje és a a la que ab azo y ya nunca abandona é!... ¡Ella
sola es la que colma mi a dien e anhelo!»
117
.
Be hold sien e angus ia cuando su sueño, su Ideal, se ma e ializa. El
sen imien o de pé dida, no obs an e, se ahoga momen áneamen e con la dicha del
amo e enal, pe o es e iden e que al dicha no colma á al a is a que sien e
110
Ibid., p. 150.
111
C . ibid., p. 151.
112
Ibid.
113
Donde la igu a emenina, al inal de la no ela ambién sal ado a, es en a ias
ocasiones elacionada con San a Rosalía, de hecho, acaba omando los o os, el mismo día
de su mue e, con ese nomb e (E. T. A. Ho mann, Los elixi es del diablo, Mad id,
Valdema , 2003).
114
C . ibid., pp. 150 y 158.
115
Ibid., p. 152.
116
Ibid., p. 155.
117
Ibid.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[533]
den o el anhelo po lo Absolu o. Nues o pin o p on o uel e a e se pe dido y a
enza za se en una con inua lucha po “log a la plasmación de una pu a in uición
espi i ual”
118
. Una y o a ez, acasa, y su Ideal emenino deja de se di ino pa a
deshace se como la ma e ia: “no ue ya la celes ial Ma ía, sino una muje
e enal, ¡ay!, su Angiola, quien, ho iblemen e des igu ada, apa ecía an e los
ojos de su espí i u”
119
.
La ma e ialización en ealidad de la imagen ideal causa en Be hold
desespe ación y us ación, y acaba acusando a su muje , que lo a a a la ma e ia,
de odas sus desdichas: “¡Ella, sólo ella e a la causa de mi desg acia! ¡No... no
había sido el ideal lo que se me había apa ecido! Angiolina sólo poseía alazmen e
aquella igu a y aquel semblan e celes iales, y únicamen e había su gido en mi
ida pa a conduci me a la pe dición más absolu a”
120
. Be hold pasa así de oca
el cielo a cae en el in ie no: su compo amien o cambia adicalmen e, se uel e
iolen o, desea la mue e de su muje e hijo, se nos dice que “sa ánicos
pensamien os” bullen en su in e io
121
, que su conduc a es colé ica y c iminal, y
que oda su u ia se di ige hacia su esposa. Así, le dice Be hold a Angiola,
mal a ándola: “¡Me has engañado; has des ozado mi ida, muje maldi a!”,
b amé apa ándola de mí de una pa ada cuando cayó des anecida, a e ándose a
mis pie nas”
122
.
La que e a imagen di ina del Ideal, en iada del cielo pa a ilumina el camino
c ea i o del pin o , se ha con e ido en un demonio que man iene al a is a
anclado en una dimensión ma e ial que no le pe mi e e lo Supe io . Lo
emenino se o na malé ico, mo al, des uc i o. El pin o , que un día poseyó el
conocimien o absolu o de la Na u aleza y ue capaz de plasma lo en sus cuad os,
se acaba con i iendo en un mendigo que sob e i e pin ando mu os. A pesa de
que se nos dice, al inal del ela o, que Be hold, ecupe ándose de su es ado,
consigue e mina su ob a maes a de la mane a más ex ao dina ia, es e iden e
que es e segundo milag o ambién end á su consecuencia nega i a: Be hold
desapa ece y se c ee que se ha suicidado
123
.
Como se puede ap ecia po lo expues o a lo la go de es e abajo, no exis en
en e los plan eamien os ilosó icos y la c eación li e a ia aquí a ados una línea
di iso ia que nos in i e a es ablece un come ido p opio de cada una de las
disciplinas, ni una emá ica ese ada a cada pa cela.
En el caso conc e o del Roman icismo alemán pa íamos ya de la e idencia de
una conexión en e pensado es y c eado es, es aba cla o el in e és, ambién, de
muchos de los au o es mencionados po p ac ica de mane a iguali a ia ambas
disciplinas. A es o había que suma el espaldo eó ico que supone la concepción
118
Ibid., p. 156.
119
Ibid.
120
Ibid, p. 157.
121
C . ibid.
122
Ibid, p. 158.
123
C . ibid, p. 161.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
[534]
desde la Li e a u a Compa ada de iloso ía y li e a u a como discu sos cul u ales
que su gen a pa i de un ondo ideológico común, lo que p opicia no sólo la
compa ación, sino p esupone la exis encia de in enciones, o mulaciones,
emá icas y plan eamien os semejan es ealizados desde ambas disciplinas.
Los au o es escogidos, an o los que pe enecen al mundo de la e lexión
ilosó ica como los que pe enecen al ámbi o de la c eación li e a ia, son p ueba
de cómo el pensamien o omán ico alemán, ya se o mule a a és de la exp esión
li e a ia o a a és de la exp esión ilosó ica, se o ganiza al ededo de un cla o
obje i o: e i a al homb e de su iempo la sensación de escisión, de no
pe enencia, econduciéndolo hacia la búsqueda del Ideal, un Ideal, además,
basado en la conciliación de opues os, en la unión del conocimien o ilosó ico y
poé ico. Aunque aquí el mensaje de ilóso os y li e a os di ie e un an o, pues el
ilóso o, cuya mi ada es á pues a en el u u o y conside a la endencia hacia el
Ideal no sólo como una cualidad inna a en el homb e, sino como un debe social y
mo al, deja un an o de lado lo a iesgado y sac i icado de la emp esa. El a is a,
Ho mann, en es e caso, cuya labo consis e en c ea un mundo iccional en el que
se expe imen a an o la incansable ansiedad po lo Absolu o, como la
imposibilidad de sa is ace ese deseo, o su consecución e inmedia a pé dida, da
cuen a ambién de los pelig os demoníacos que acechan al homb e que aspi a a lo
di ino.
Ambos pun os de is a, en cualquie caso, son compa ibles y nos pe mi en una
comp ensión más p o unda de la cosmo isión p opia del momen o en el que
su gie on, el Roman icismo alemán, p opo cionando, además, un buen ejemplo de
lo uc í e o y en iquecedo que puede se el buen en endimien o en e las dos
disciplinas. Como apun a F ied ich Schlegel, po el bien del homb e, “ odo a e
ha de ans o ma se en ciencia y oda ciencia en a e; poesía y iloso ía han de
es a unidas”
124
.
Sa a Molpece es A náiz,
Uni e sidad de Valladolid.
[email p o ec ed]
124
F ied ich Schlegel, F agmen os del Lyceum, en F ied ich Schlegel, Poesía y iloso ía,
Mad id, Alianza Edi o ial, 1994, p. 64, agmen o 115.