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De nuevo el Príncipe

Pastor Pérez, Miguel Antonio

Abstract

Estudio Bibliográfico de / A Bibliographical Study of: Nicolás Maquiavelo, El Príncipe , trad., ed., n. y est. prel. de Ángeles Perona. Biblioteca Nueva, Madrid, 2004.

Full text

DE NUEVO EL PRÍNCIPE Miguel A. Pastor [Estudio Bibliográfico de / A Bibliographical Study of: Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, trad., ed., n. y est. prel. de Ángeles Perona. Biblioteca Nueva, Madrid, 2004.] Una nueva edición de uno de los clásicos más analizados en la historia del pensamiento político. El estudio introductorio realza “la mezcla de alegría y dureza, de éxito y fracaso, de grandeza y mezquindad –que el autor, Maquiavelo– considera propia de la vida humana”, conclusión a la que llegaría, por otra parte, como producto de una vida dedicada al trabajo en política, en su calidad de Embajador de la República de Florencia, en la que la acomodación de la praxis a los fines últimos perseguidos por la república –el vivere comune, la libertad de todos– tenía que “adecuarse” a las circunstancias históricas, impuestas por las potencias de la época –España, Francia–, la aparición de figuras individuales capaces de “hacer la historia” –el Duque Valentino–, o los intereses encontrados de instituciones pseudo-políticas –los Estados de la Iglesia–. Ciertamente, en un autor tan “editado” como Maquiavelo, resulta difícil no manejar tópicos que, no por serlos, dejan de tener validez metodológica y epistemológica para su mejor comprensión. Así, en su estudio preliminar la traductora nos propone –al proponérselo– “realizar una lectura libre de tópicos moralistas y edificantes” de El Príncipe. El primer punto de partida, o factor a tener en cuenta en esa lectura, es la convicción maquiaveliana de que la forma de Estado republicana es la óptimamente capacitada para realizar paz, seguridad, libertad y comodidad vital al común de los ciudadanos, temas de los que trata fundamentalmente en los Discursos sobre la Primera década de Tito Livio. De ahí el carácter parcial que supondría lo expuesto en El Príncipe, respecto de una visión más general realizada en los Discursos. Dado que la realidad política es variable y combina situaciones excepcionales o “corruptas” con otras normales o “sanas”, es necesario sistematizar teóricamente de manera diferenciada las distintas praxis políticas que se corresponderían a cada situación. A este esquema respondería la creación yuxtapuesta de las dos obras, aunque nos parece que se subraya, tal vez en demasía, el carácter aplicativo “corruptiva”, tal vez mejor anticorruptista, de El Príncipe. De cualquier forma, lo que ello supone, “la bús439©Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © Miguel A. Pastor Pérez csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:59 Página 439 queda de unas claves racionales” que den lugar a interpretar y participar en la modificación exitosa según los fines propuestos constituye, según la editora y con ella estamos de acuerdo, una “primera versión de la moderna concepción de la política como ciencia” (p. 16). Tal como queda la exposición parecería que se superponen, en la teoría política del Secretario, la actuación política del modo republicano y la del Príncipe, pero no se desarrolla el corolario que concluiría que en muchas ocasiones, si no casi siempre, el engrandecimiento de la república como fin para y en cuanto medio de mantener el Estado de todos, implica que los magistrados se comporten como “príncipes”. En el análisis que sigue de la obra, austero pero certero, Ángeles Perona caracteriza la parte comprendida entre los capítulos XV a XVIII como “la más original”, en cuanto dentro del contexto de los libros de consejos para príncipes resalta el carácter realista seguido por Maquiavelo frente a los modelos de príncipe idealizados de la literatura de la época. Es, pues, desde esta orientación realista de la que cabe partir para una lectura de El Príncipe, cuya misión fundamental debe centrarse “como único principio” (p. 17) en la realización del beneficio del Estado, sin importar los medios a utilizar, para la erradicación de la corrupción del sistema que se presenta en algunas situaciones determinadas. Por otra parte, el carácter contrario y antitético de las dos corrientes ideológico-cristianas que se unen en la crítica de la obra maquiaveliana, pasa –según la encargada de la edición– por el rechazo a dos categorías conceptuales nucleares del pensamiento del florentino: las nociones de “historia” y la de “agente político”. Categorías que, ciertamente, aquéllos no llegarían a comprender, por ser de raíz no-cristiana, y no obstante ni inmorales ni antirreligiosas, pero que sí permitirían un actuar político libre de las determinaciones impuestas por una moral religiosa con evidentes intereses político-materiales, tanto en la acción del propio Papado, como en su relación con las potencias político-nacionales de la época. Y, por supuesto, que en la teoría política del florentino hay una concepción, sistemática y acabada, del bien. Es cierto que completamente mundana, civil y humana, pero que ajusta la experiencia política del que gobierna, única fuente de normas históricas, políticas y morales que pueden mediar, con la realización de los mismos medios para conseguir el bien común de todos, el que todos persiguen en el vivere civile. Esto es realismo, según nos dice la autora en la Introducción, en cuanto que “el objeto de estudio existe de forma independiente de quien conoce” y, además, en este caso de Maquiavelo, “no implica necesariamente” –en lo que también estamos de acuerdo con ella– “postular un abismo ontológico entre sujeto y objeto” (p. 20). En definitiva, un realismo que sólo puede acabar en Realpolitik desde lecturas prejuiciadas, tendenciosas y particulares de la obra de Maquiavelo. Los siguientes elementos del análisis no pueden sino ser, precisamente, la historia, por una parte, y las condiciones bio-sociales del actor político, por otra. Respecto a la primera, ya decíamos antes que entre sujeto y objeto no había ruptura epistemológica ni ontológica. Esa continuidad estructural entre el agente y el producto de la acción dota de sentido a la historia bajo un carácter circular, de origen polibiano, en la concepción maquiaveliana (il ritornare in dietro). Esa circularidad basada en la continuidad ontológica descrita es la que justifica y permite el uso práctico de un conocimiento marcado como útil, en contextos que varían y se diferencian. Las notas que siguen de Perona nos parecen sin duda acertadas y describen con rigor toda una línea de interpretación de la concepción histórica del Secretario. Pero, particularmente, pensamos que está más próxima a una concepción viquiana –aunque habría, tal vez, que invertir ciertos referentes históricos– en la que el “verum-factum” no es sino la verdad efectiva Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)440 Miguel A. Pastor Pérez csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:59 Página 440 de la cosa, “verità efettuale”, precisamente en cuanto el actor político, al actuar y en su propio actuar, lo que persigue es crear una realidad histórico-política-social ajustada a la corrección y al éxito guiados por el conocimiento de lo necesario en el momento histórico, lo que permite entender la diferencia modal de propuestas de acción política entre El Príncipe y los Discursos. Por ello, también la antigua Roma republicana viene idealizada como el mejor ejemplo de Estado en el que lo económico y lo político, los mecanismos de organización y equilibrio en ambos ámbitos, son los únicos capaces de garantizar la estabilidad, la paz social y la libertad, condiciones posibles constituyentes de la forma del vivire civile, única forma digna del vivir humano. Son estas mismas condiciones posibles las que permiten afirmar que “la realidad histórico-política no es ni una ni inmutable” (p. 25). El acontecer ineludible y necesario de la historia, la posesión de este conocimiento pasado, permite la acción libre transformadora encaminada a crear el futuro. El otro elemento del análisis, las condiciones bio-sociales o antropología, constituye –en palabras de la autora– una de las partes más fecundas y lúcidas del pensamiento del florentino. Sobre un modelo de naturaleza humana en el que prima la acción, el hacer, el factum, y por tanto plural, se constituye un tipo uniforme universal limitado, precisamente por y en su pluralidad, a través de sus relaciones constitutivas con las capacidades y pasiones que le son inherentes y entre las que cabe destacar la virtù (destilado feliz de ingenio, fantasía, juicio y prudencia) por un lado, y, por otro, la ambición (desgraciado remonte de avaricia, crueldad, soberbia, engaño...). Esto es lo dado y lo que explica las situaciones políticas humanas existentes. En este punto Perona utiliza el texto del capítulo XIII del Príncipe para caracterizar la relación causal entre la corruptible ambición natural humana y la decadente corrupción socio-política a la que puede conducir la praxis como “pecados políticos”. Sin duda que “la ambición es sobre todo un pecado político, pues consiste en anteponer el interés propio al interés común” (p. 28), pero la autora obvia un análisis que nos parece más cercano al espíritu interior maquiaveliano como es el de Weber al respecto. Es, sin duda, la ambición, bajo la forma de vanidad, el enemigo (“trivial y demasiado humano”) que el político ha de vencer cada día y cada hora, y de forma más contundente que los demás, en cuanto, además, la ambición, bajo la forma de ansia o instinto de poder, ha de estar entre las cualidades normales del príncipe. Pero es la pérdida del sentido de la acción política humana, creadora y libre, lo que constituye el verdadero “pecado” del político, junto al olvido, contrastado una y otra vez por la historia, de que el resultado final de la acción en política mantiene, muchas veces, relaciones divergentes, cuando no frecuentemente paradójicas, con su significado intencional originario. Por eso, quien debe obrar conforme a una ética de la responsabilidad debe soportar la irracionalidad ética del mundo. Es un “i-racionalista” cósmico-ético, según una máxima que “ordena” tener en cuenta las consecuencias previsibles de la propia acción, tomar en cuenta todos los defectos del hombre y asumir que esas consecuencias son imputables a su acción. Así sí que la ambición “es un presupuesto lógico-sistémico” (p. 28) que da cuenta de la necesidad instrumental de un principio regulativo y organizativo de eficacia probada que se atribuye en monopolio el uso legítimo de la violencia, el Estado. Un Estado cuya necesidad y legitimidad se impone desde los orígenes del mismo mundo humano en el que “siendo pocos los habitantes, vivieron por algún tiempo dispersos, semejantes a las fieras; luego, al multiplicarse se reunieron, y, para poder defenderse mejor, comenzaron a buscar entre ellos al más fuerte y de mayor coraje, le hicieron su jefe y le prestaron obediencia. Aquí tuvo su principio Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 441 De nuevo el Príncipe csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:59 Página 441 el conocimiento de las cosas honestas y buenas y de su diferencia de las perniciosas y malas...”, nos dirá Maquiavelo en los Discursos (con un texto que nos recuerda a la posterior Scienza nuova de Vico y muestra la influencia de Maquiavelo en Vico), haciendo del Estado un referente obligado por necesario, y del mal un problema político por humano. Mención aparte merecen dos conceptos nucleares y fundamentales, dentro de la peculiar concepción política de Maquiavelo, y su dialéctica constitutiva y constituyente. Nos referimos a la que entraman la Virtù y la Fortuna. Y si bien el primero, en su significado renacentista es de atribución o de resignificación claramente maquiaveliana, el segundo, de origen clásico, constituye un foco de problematicidad y análisis para todos los pensadores y creadores de la misma época. Al respecto, es de agradecer que una experta y cualificada autora en cuestiones de género y en la interpretación y aplicación de estas cuestiones a distintos ámbitos conceptuales problemáticos, desde la política al lenguaje, como es Perona, soslaye –que no quiere decir que justifique– en este contexto, según dice, “el evidente sexismo del texto [...] que es un elemento constitutivo de su visión del mundo político” (p. 32, nota 12), teniendo en cuenta además que la autora ya dedicó al tema sendos artículos en 1992. De cualquier forma, la Fortuna, que se comporta como mujer, dirá Maquiavelo, es una noción compleja y de variados matices en términos políticos. Es una fuerza que determina el suceder de ciertos acontecimientos políticos a pesar de la acción humana política dirigida por capacidades y deseos. Mantiene, así, cierto perfil de fatum azaroso, que, no obstante, puede intentarse modificar por la praxis, aunque nunca con la garantía positiva de obtener los fines que se pretenden. Supone también, por ello, un límite a las posibilidades humanas de transformar el entorno político y social, que, sin embargo, puede ser resuelto de muy variadas formas. Esta diversidad de suertes en respuesta a la acción humana introduce el concepto de “libre albedrío”, que, tal como lo concibe el Secretario, es la posibilidad de obtener resultados queridos al ejecutar actos que no son producto ni del capricho ni del azar, pero que, a pesar de ello, pueden generar o la libertad o el sometimiento y el bien y el mal inmanentes a ellos. En cuanto tiene la capacidad de trastocar y oponerse a las pretensiones humanas basadas en el cálculo racional, su fuerza pone al descubierto la limitación, inexperiencia y desconocimiento del hombre en los asuntos políticos. Pero el ser humano está destinado, tal vez a su pesar, a construir la historia, a hacerla; después vendrá la historia narrada, de la que se aprenderá ejemplarmente, tal vez reubicándola. Por ello debe dotarse estructural y estratégicamente de la Virtù, virtud evidentemente política y, en cuanto tal, no-moral. La Virtù en Maquiavelo designa la capacidad humana para analizar objetiva y desinteresadamente las situaciones, evaluarlas dentro del contexto posibilista de su eficaz realización, y decidir actuar en la dirección más adecuada respecto a los fines que se buscan. Este proceso puede llevar, a veces, a la realización de actos que para la moral establecida pueden parecer impropios, deshonestos o malvados, pero necesarios para la constitución y conservación del orden del vivir civil y libre que representa el Estado como única realidad capaz de dirigir el carácter deficiente y ambicioso de la naturaleza humana, inmersa además en la corriente de la impredecible Fortuna. Por ello le es necesario al Estado la detentación, monopolística nos dirá Weber, del poder como instrumento para crear órdenes nuevos sobre el orden que aquél es capaz de imponer al caos social originario, en cuanto el mundo social es “una realidad sin permanencia ontológica, que si bien fluctúa dentro de unos márgenes, sin embargo son lo suficientemente amplios e inconcretos como para que carezca de esencia fija dada” (p. 37). Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)442 Miguel A. Pastor Pérez csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:59 Página 442 En definitiva, y así lo señala también la traductora, ninguno de los dos términos del par son nociones de significado único. De hecho, a lo largo de las distintas obras de Maquiavelo la acepción de los términos oscila desde una visión concreta e individual a otra de carácter más social y republicano, pero en todos ellos –lo apuntábamos anteriormente– el protagonista político debe poner en práctica la virtù para interpretar y enfrentar en la dirección adecuada, por encima de los avatares de la Fortuna, el fin propio de la virtù: la realización del vivir civil o, en su caso, el establecimiento de los fundamentos para tal realización social. Por eso cualquier gobernante, bajo cualquier régimen, ha de ser fundador originario, “a saber, de sí mismo como político virtuoso y del Estado” (p. 40). Perona, en las últimas páginas de su breve estudio previo, esboza tres notas sobresalientes y un corolario que unifica todo lo expuesto. Afirma, respecto al carácter individual del gobernante propuesto por el florentino, que se trata de un arquetipo épico y no mítico que se mueve por el anhelo de gloria, de perdurar en la memoria colectiva como fin inherente a la realización del bien común, que tiene además carácter ético y político. Consideración que no supone, por tanto, como se le ha criticado al Secretario, la ruptura de la relación entre ética y política, sino su reubicación en otro plano diferente al tradicional. Hay, entonces, un modelo de bien, sin duda con peculiaridades. La primera su carácter histórico, la segunda su concreción en el ámbito de la política, que es la que dota de significado las compilaciones morales, y por último la peculiar absolutización de la excelencia de la praxis en relación a la realización del vivere civile e libero, la virtù, que hace imposible todo intento de consideración nihilista. Avisa Perona de que el completo desarrollo del propio pensamiento maquiaveliano genera “una gran tensión”, en cuanto la misma realización del fin o bien común puede servir al gobernante para explotar intereses particulares y egoístas. Y aquí se nos plantea la cuestión de la legitimación del poder del que gobierna, de la dominación. Una legitimidad que sólo puede devenir del conjunto de los gobernados en cuanto acepta el sistema de poder manifestado en buenas instituciones políticas y leyes justas. Por eso la virtù, que “tiene mucho de praxis y de racionalidad sustantiva” (p. 45), sólo se plenifica de realidad en la búsqueda de realización del ideal republicano, la única comunidad civil capaz de vivir en libertad, pero siempre sujeta también a la posibilidad de caer, de errar, de fracasar, de perder el futuro. A la Introducción le sigue, o al texto le antecede, una muy sucinta Bibliografía de obras y ediciones en italiano de Maquiavelo, traducciones al castellano de su obra, y un apartado literalmente esencial –o sea, en esencia– de obras de consulta. Igualmente le sigue una Cronología que recoge la bio-bibliografía de Maquiavelo, los acontecimiento culturales y sociales más relevantes de este período, que permite inscribir la producción maquiaveliana en los usos y acontecimientos políticos-históricos de la época dotando de mejor sentido la lectura de su obra. Por último, un aviso para navegantes: entre las traducciones referidas, la encargada de la edición da cuenta del texto base usado, el crítico de Giorgio Inglese, de 1994, De Principatibus (Istituto Storico Italiano per il Medio Evo, Roma). En definitiva, una traducción clara y correcta, a añadir a la cuantiosa lista de las ya habidas y cuyo interés se concentra en el carácter y la actualidad, a pesar del tiempo transcurrido desde su aparición, del propio texto traducido. *** Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 443 De nuevo el Príncipe csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:59 Página 443 csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:59 Página 444