Una innovación surge sin principio ni fin, eterna desde el acabamiento
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UNA INNOVACIÓN SURGE SIN PRINCIPIO NI FIN, ETERNA DESDE EL ACABAMIENTO Revista de Enseñanza Universitaria 2001, N.º 17; 7-9 7 El debate actual entre la investigación cuantitativa (mínima de expresión) y la cualitativa (polimorfa en las palabras) nos hace pensar en las diferencias metodológicas que nos ofrece el mundo educativo. En Metaevaluación y metaetnografía de las innovaciones curriculares de la Universidad de Sevilla se entrecruzan con intensidad y concisión ideas, evaluaciones de innovaciones y el embrión de una historia que comparten la singularidad de pertenecer al mismo universo científico. Los capítulos están atrapados en la plenitud de su hacerse. Muestran la elucidación de la naturaleza aplicada de la evaluación. Entendida ésta como desciframiento del mundo innovador, la vuelta al mundo del número reza en uno de los capítulos, mientras que en otro la búsqueda de la palabra límite se concreta en decir con categorías quebradizas lo que está ocurriendo en las innovaciones. En el mundo evaluativo, como en el arte, la mayoría de los estudios optan por mezclar estilos. Así resulta una mirada más abierta y porosa. Si consideramos que la huella humana (metaetnografía) es una arista fluctuante de un espacio más amplio que apretamos para modelar (metaevaluación), y si admitimos que lo biográfico se asocia con lo maleable estaremos representando la superficie informe de la innovación como esencia de una idea. Todo es, en este libro, exploración consciente de los límites: la Universidad como organización de aprendizaje, sazonada de toques metafóricos; el contraste entre un modelo estadístico ausente de ornamento y la aventura de la creación de conceptos funcionales; la reducción de una innovación a la estética de la práctica, que se pespunta con la pureza de materiales al descubierto, para retratar la imprevisibilidad y la libertad. Pero sobre todo la estética de la prosa sincopada, a contratiempo, entre capítulos, que obligará al lector a ejercitar su intelectualidad y emoción todo el tiempo para llenar las comprensiones sugeridas en las divulgaciones culturalistas, las elucubraciones sobre números, las descripciones coloquiales, o el retrato preciso del vitalismo profesional. La Metaevaluación y metaetnografía de las innovaciones curriculares de la Universidad de Sevilla está basada en una experiencia evaluativa real de innovaciones curriculares realizadas en aulas universitarias, que tuvo lugar en el curso 1998-99. Desde el punto de vista universitario, el libro se relaciona con el concepto de evaluación institucional, sin la menor ambigüedad. Pero no evaluación de la calidad siguiendo el modelo europeo, sino, más bien, de investigación profesional cooperativa, pues la estructura y participación refleja explícitamente la colaboración para hacer transparencia de la “enseñanza vivida”. No olvidamos que estas innovaciones sucedieron en la Univer-
Luis Miguel Villar Angulo 8 sidad mientras en ella seguía arreciando el gran debate sobre la evaluación de las titulaciones y los servicios. Pero una lectura evaluativa o sólo de la calidad soslayaría lo principal: el mundo de la forma innovadora, una especie de materialización del sentido de cambio. La gran forma innovadora radiografiada en este libro, que ha de aportar el futuro sentido de esta época universitaria, surge a través de la revelación continuada de profesores y es interminablemente lenta. Unos cambios curriculares suceden en el plano de lo visible y contado. Otros se quedan contenidos detrás de la superficie de la enseñanza esperando ser trascendidos de la confortable grisura. Con la metaevaluación y metaetnografía no se trata de inventar formas de innovación curricular, sino de hallarlas. En la relación de identidad que un investigador curricular establece entre pensamiento e innovación, profesor y enseñanza, idea y práctica no se han obviado los aspectos metafísicos del pensamiento profesional, como tampoco los inmediatamente objetivos: la forma de la práctica y la enseñanza objetivada. La evaluación como meta desemboca siempre en el formalismo evaluativo y en la metaevaluación. Este esfuerzo orientado al exterior no omite un interior vivo en los autores. La innovación curricular es como la revolución industrial de la Universidad que ha trasformado la arquitectura doméstica de la docencia. Las enseñanzas de las distintas áreas de conocimiento están empezando a conformar escenarios educativos inéditos. Forzados por la exigencia de responsabilidad, que empezaba a ser apremiante, y gracias a las ayudas institucionales sobre la enseñanza ésta ha empezado a crecer a lo alto, como antes lo había hecho la investigación, ayudada por nuevos materiales –coordinación, cooperación, diagnóstico de necesidades, alternativas de medición de examen, selección discreta de medios, incorporación de nuevas tecnologías– que aumentan la motivación estudiantil e incentivan la enseñanza práctica que como unidad curricular se hace eco rápidamente de los cambios producidos en la sociedad, ciencia y tecnología promoviendo una valencia más elevada de la cotidianidad en el aula. Un profesor innovador debe ser un vidente de la acción a la que se adelanta redescubriendo el manantial profético del hombre. Este monográfico es de gran concisión. Se abre con palabras de acompañamiento en el primer capítulo. Es como un texto libre, suelto y accidentalmente trabado que no sustrae al conjunto de la obra una unidad: a través de los tres movimientos que lo componen el autor dialoga con el aprendizaje en las organizaciones, la calidad universitaria trascendida en docencia, investigación y servicios y la mejora que tiñe de bella lana el esfuerzo, a menudo costoso de la evaluación. Mantiene el autor un debate en un doble frente: el de las piezas de aprendizaje –doble bucle, actividad, transformación, solución de problemas–, que remiten a cuestiones psicológicas de una organización, y el de las piezas tejidas de indicadores de calidad –misión, programa, desarrollo, resultados–, declarando su reflexión sobre la condición, funciones y signos de la evaluación de la calidad en la sociedad actual. “Como una araña extiende y recoge el hilo de declaraciones ambientales, así surge el universo fenomenológico del clima de clase”. En esta metáfora se concentra lo más genuino del análisis factorial que se sintetiza en el capítulo segundo y adquiere cuerpo escolástico con la incorporación del modelo
Una innovación surge sin principio ni fin, eterna desde el acabamiento 9 lineal jerárquico. Muestra la reducción de la percepción de los estudiantes hasta hallar una realidad de clima absoluta. Los datos de un ambiente son invariablemente multivariados en su conceptualización y comunicación. Creemos que el ambiente percibido es el reflejado en la clase, como si una luna fuera su reflejo. Este capítulo invierte en objetividad, precisión y concisión, al tiempo que permite estimar las estructuras de error en las mediciones plausibles. Los conceptos estadísticos hallan aquí una explicación no necesariamente sencilla. Pero gracias a ellos salimos de un provincianismo intelectual, porque ha habido que traducir un modelo estadístico, siempre y cuando se acepte la distorsión que esto implica. A diferencia de otras disciplinas, la enseñanza no sólo tolera sino que reclama la pluralidad de interpretaciones, como se aglutinan en el capítulo tercero. Ante la mirada serena de la intuición los profesores han aceptado el aparentemente complejo rastreo histórico de otras innovaciones; filosófico de la comprensión de la práctica; etnológico para captar la realidad vivida en el sitio del aula con sus protagonistas, y filológico para comprender la semántica de las nuevas categorías conceptuales que son parte de su bagaje intelectual (como evaluadores que lo fueron de sí mismos), y que sin su presencia dejarían de serlo, y han creado y reducido el conocimiento pedagógico universitario hasta ensanchar el horizonte de la docencia que ahora sí se hace pública y se publicita a los demás. La diversidad de puntos de vista ha sido fecunda, completándose en un mapa conceptual contrastado como colofón de la construcción. Las incipientes virtudes de los estudios de caso pueden interpretarse como un nuevo modo de apuntalar las invocaciones de un profesor para representar con sus vestiduras la nueva escena de la historia de su docencia. El capítulo cuarto es figurativo y simbólico a la vez: recrea en un espacio del área de arquitectura la visión intimista de una enseñanza centrada en la temática del diseño, utilizándolo como tema de imbricación de lo científico con elementos educativos y culturales. No es un caso de profesor épico, pero encarna el destino de una época universitaria inquieta que ha iniciado el proceso de la modernización. Tal es el guión de este caso, que ordena los documentos en una serie como si por ella desfilaran las imágenes de sus compañeros universitarios. Por las tramas textuales asoma la docencia de un profesor evocadora de una historia profesional más profunda. Los cuatro capítulos son como lienzos y espacios para recrear la vida en el aula universitaria, espacios para acceder a la innovación a través de un nuevo lenguaje intelectual de cooperación de profesores de áreas de conocimiento dispares; sea abstracta o figurativa, se trata de una experiencia voluntaria de perfeccionamiento profesional como contemplación interior, aunque se desarrolle fuera del aula y del departamento; el profesorado ha asumido y vehiculizado un conjunto de pensamientos en un proyecto de investigación que ha tenido en el Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla un instrumento para acercarse al misterio de la acción docente y a la amistad. Luis Miguel Villar Angulo