scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

De intrahistoria y filosofías taurinas

Campos Cañizares, José

Full text

Revista de Estudios Taurinos N.º 31, Sevilla, 2012, págs. 49-101 DE INTRAHISTORIA Y FILOSOFÍAS TAURINAS José Campos Cañizares* a literatura taurina viene a ser un género de particular entidad y protagonismo en el panorama cultural hispánico e incluso en el de culturas adyacentes. Multitud de eruditos, amantes de las letras, intelectuales de rango, autodidactas o simples aficionados al arte de los toros han querido, desde antiguo, dejar constancia de su parecer sobre tan sugestiva materia en variada composición de estudios, trabajos e investigaciones, elaborando teorías que puedan aclarar o expliquen una de las facetas del acaecer histórico español (los toros) tan arraigada en el subconsciente colectivo de sus gentes y pueblos, y tan contestada, también, desde siempre, por aquellos que han sentido la llamada de la ilustración en pos de una mejora del progreso humano en concomitancias con la vida natural. Una de las labores que se asignan los historiadores es la reconstrucción integral de lo que fue cada civilización, a partir de una mesurada indagación en torno a sus privativas manifestaciones culturales, en sus correspondientes áreas de pensamiento, mentalidad, vida y costumbres. La finalidad se establecería en el hallazgo o encuentro del pálpito de una época, cuyo latido no se recuperaría (sólo) mediante el conocimiento y análisis de los hechos más relevantes; ni acudiendo al estudio de los pensadores más conocidos, ni al examen de las obras que se L * Universidad Wenzao, Kaohsiung, Taiwán. ([email protected]). Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 49 José Campos Cañizares 50 han convertido en clásicas o canónicas y que mantienen permanencia por su valía. Para completarlo habría que añadirle una obligada lectura de aquellos escritos que nos hacen mirar el pasado desde una segunda línea de protagonismo historiográfico. Hablamos de composiciones, menos divulgadas o desconocidas, algunas desvalorizadas, que pueden facilitar una visión fiel y humilde de la realidad social, dada por la mentalidad de escritores e intelectuales que han estado en contacto con el día a día de la cultura popular (por sus quehaceres, sin torres de marfil) y cuyas reflexiones nos sirven de refuerzo para asegurar el andamiaje o estructura sociocultural desde su singularidad. El orbe del conocimiento histórico se nutre de muchas de estas obras, dignas, valiosas y necesarias; que permiten meditaciones alternativas, que complementan a las vigentes y que abren nuevos conductos (propicios) hacia una interpretación a nivel de la intrahistoria que nos ofrezca sugerencias y acercamientos para conocer lo que se ha pensado y sucedido. UNAUTOR YUN TEXTO TAURINO RESCATADOS DEL OLVIDO Decididos a obtener mayor luz sobre lo que ha representado la fiesta de los toros en España, en su geografía interior, nos disponemos a poner en valor el contenido de un libro de reciente aparición (septiembre de 2009), de composición ya lejana (1950), Metafísica taurina, de Cecilio Muñoz Fillol (1909-1979). Autor por el que muchas personas, en especial los que fueron sus alumnos, sienten, todavía, pasados treinta años de su muerte, auténtica veneración y respeto, pues alrededor de su figura crearon, en 1983, una asociación cultural (“Asociación Cecilio Muñoz Fillol”) en el pueblo donde siempre vivió, Valdepeñas (Ciudad Real), con la misión específica de poner en circulación sus inéditos trabajos, que abarcaron un amplio campo del saber, que no fue poco, en ciencia, filosofía, geografía, historia y literatura. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 50 De intrahistoria y filosofías taurinas Meritoria labor de rescatar un pensamiento del olvido. Con la suerte, para nosotros, de que ahora ha tocado turno a un razonamiento (suyo) sobre el mundo de los toros, tan español, tan rico, desde donde sería deseable trazar postulados sobre la entidad taurina e histórica de una determinada etapa, en sus causas y sus consecuencias, en sus vertientes sociales y culturales, sobre la ética y la metafísica, sin menoscabo de una perspectiva intrahistórica. Nos referimos a los años de la posguerra española, cuando las dificultades económicas asolaron nuestro país, y en política el régimen de Francisco Franco extendió su poder con plenitud, inaugurando una larga era, en cierto modo, uniforme en lo político y en lo social; no tanto, en lo cultural, si sólo nos atenemos a la enorme y valiosa pléyade de personalidades que la habitaron. Por delante, decir que el autor de Metafísica taurina tuvo formación científica y humanística, en concreto estudió Veterinaria y Filosofía y Letras1, y ambas áreas del conocimiento van a quedar reflejadas en su manera de exponer la naturaleza de la fiesta de los toros, en su empeño de componer un amplio tratado sobre sus orígenes, esencias, principios, evolución y devenir. De alguna manera, el escrito de Cecilio Munoz no deja de ser una ambiciosa tarea y pionera dentro de los estudios taurinos tan dejados de la intelectualidad. De haberse publicado en el momento de su redacción, fácilmente hubiera alcanzado noto51 1Es oportuno aclarar que, entre otras ocupaciones, fue profesor en el Instituto Bernardo de Valbuena (Valdepeñas), impartiendo las disciplinas de Lengua Inglesa y Filosofía. En aquel ambiente destacó por su saber enciclopédico. Entre sus aficiones sobresalía una ferviente inclinación por la historia de los íberos, mundo que sabía y gustaba recrear mediante fábulas y narraciones. Era cuñado del torero Antonio Sánchez. Por esa vía pudo conocer al escritor Antonio Díaz-Cañabate, con el que parece compartir, como veremos en diferentes notas, similar opinión acerca de la situación decadente de la fiesta de los toros en la década de los cuarenta del siglo XX. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 51 José Campos Cañizares 52 riedad, provocado polémica y dejado una estela de referencias y citas en ensayos sucesivos. O bien, andado el tiempo, pudiera haberse rechazado por contener ciertas reflexiones de cariz tradicionalista, pasados los años mal consideradas. Pero no fue así, en lo que hoy consideramos, por lo tanto, como un error, pues, por encima de las interpretaciones, la originalidad de su tema y enfoque lo hubiera situado en su verdadera secuencia historiográfica. Que no es otra que la de las obras que pretenden desvelar los secretos que acompañan la celebración del ritual taurino en las culturas que lo producen. Acontinuación, nosotros pasaremos a estimar el alcance del impreso de Cecilio Muñoz, mediante su reseña y colindante comentario. PAUTA Es ilustrativo advertir que pocos años antes de la composición de Metafísica taurina (1950) empezó a publicarse la gran enciclopedia de José María de Cossío, Los toros (1943), en ese instante iniciada con dos tomos (I y III), que junto al II (1947) y, posteriormente, el IV (ya en 1961), formarán su cuerpo más valioso. No dudamos en considerar que estas ediciones significaron un verdadero acicate para que Cecilio Muñoz emprendiese la tarea de exponer una teoría filosófica incrustada en la fiesta de los toros. Más adelante, comenzarían a publicarse trabajos de verdadero interés en el campo de la antropología, la sociología y la historia en torno a los toros, que han ido dándole un carácter académico a los estudios específicos taurinos2. 2Una significativa exploración desde el mundo académico sobre los orígenes de las fiestas de los toros, se debe al estudio –que nace como tesis doctoral– de Jack R. Conrad, El cuerno y la espada (1957), abordado desde los planteamientos de la escuela norteamericana de antropología “Cultura y Personalidad”. La obra de Conrad camina por la evolución histórica del culto al toro en las cultuRevista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 52 De intrahistoria y filosofías taurinas 53 Un trabajo clave, en este sentido, fue la aparición póstuma del estudio emprendido por Ángel Álvarez de Miranda, Ritos y juegos del toro (1962), que desde nuestro criterio marca un antes y un después en darle consistencia documental a este tipo de investigaciones. Álvarez de Miranda vino a desmenuzar el juego del toro en Iberia desde postulados interpretativos anclados en la mitología grecolatina. Asu vez, intentó analizar la función totémica del toro, transmisor de fuerza genésica y de espíritu combativo, cuya siembra depara, en una de sus posibilidades, la costumbre hispánica del toro nupcial, origen en gran parte (desde su punto de vista) de la corrida moderna. Un trasfondo de culturas mediterráneas que han delineado el trato con el toro sirve de sujeción a lo que quiere explicar el autor desde ese mítico mundo que ha quedado insertado en lo que ha ido evolucionando. No es cuestión de realizar, en este espacio, una criba historiográfica sobre las aportaciones habidas en este terreno desde la confección del manuscrito de Metafísica taurina (1950). Pero sí nos vemos obligados a señalar la importancia de diferentes trabajos debido a su calado investigador en la parcela de los estudios taurinos en España, en su momento de aparición. Uno de ellos, un clásico entre los clásicos, desde nuestro particular juicio, es Sevilla y la fiesta de toros (1980), donde sus autores, Antonio GarcíaBaquero, Pedro Romero de Solís e Ignacio Vázquez Parladé, acometen una averiguación sobre los orígenes de la tauromaquia en el medievo (entonces erigido en el toreo caballeresco, con su predecesor y coetáneo, el popular) y su desarrollo en la edad moderna ras mediterráneas, y se interesa por su arraigo en España, donde las corridas de toros, según deduce el autor, han encontrado su función como alivio social al servir como contestación al particularismo restrictivo –político, religioso y familiar– padecido por el hombre español por vérselas con una educación autoritaria recibida a través de sus instituciones sociales básicas: la familia, la iglesia y el estado. Por diferentes razones esta obra ha pasado desapercibida para los historiadores taurinos españoles hasta el momento. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 53 (ahora sobre la hegemonía del toreo ecuestre y su desplazamiento por el popular de a pie), libro que por su planteamiento metodológico de sugerentes miras iguala la validez de la obra de Álvarez de Miranda. Mención que aquí nos sirve para ampliar nuestro horizonte y darle más cabida a la parte de la historia de la tauromaquia. Si nos ceñimos a un campo temático más cercano al tratado por Cecilio Muñoz en Metafísica taurina,es forzoso citar la propuesta de Manuel Delgado Ruiz en De la muerte de un Dios (1986). Escrito estimable y valioso que, desde una metodología propiamente académica, incorpora una nutrida bibliografía sobre el entramado antropológico que se detiene a analizar el mundo del toro como animal poseedor de valores simbólicos. Se introduce en la variada gama de significados del rito de la muerte del toro desde el ángulo de lo popular, de donde nace y en donde ha pervivido, a pesar de los ataques abolicionistas habidos, principalmente, desde el poder político y religioso. Al igual que la obra de Cecilio Muñoz, la investigación de Delgado Ruiz surge y se debe a la atmósfera sociopolítica de una época, a un determinado contexto ideológico, en este caso de carácter progresista, muy activo en los medios universitarios durante el último tercio del siglo XX. En España, desde el inicio de la transición a la democracia. Por último, nos gustaría resaltar un trabajo reciente, la publicación de Francis Wolff, Philosophie de la corrida (2007). Magnífica lección sobre el por qué de la corrida de toros, de su disposición ética y de su vigencia vital en el mundo de hoy. Realizada desde parámetros de lo artístico y de la técnica taurina. Pretende fijar con detalle las características o esencias morales del espectáculo, que es fiesta, arte y rito; que crea belleza, imaginario, simbolización y compromiso ante la vida, con un sentido de la rectitud en la conducta humana, que se traslada a la sociedad donde se da, debido al ejemplar comportamiento del toro de lidia, del ofrecimiento del torero en la lid y de la actitud crítica e inteJosé Campos Cañizares 54 Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 54 De intrahistoria y filosofías taurinas 55 lectiva del público, en continuados ejemplos que encauzan las respuestas de los enigmas definitorios de ese colectivo. Dejamos aquí este repaso sucinto sobre obras que han tratado de dilucidar las representaciones de la tauromaquia desde diversos posicionamientos de ideas, con variada metodología3, y que nos ayudan a instalarnos en el campo de las intenciones y planteos de la disertación de Cecilio Muñoz, establecida a mitad del siglo XX y pergeñada desde el autodidactismo, con los mecanismos de pensamiento y los medios intelectuales de un contexto histórico puntual. CONTEXTO, CIRCUNSTANCIAS Ala vez, creemos que la manera de pensar de Cecilio Muñoz estuvo marcada por diversos acontecimientos históricos y taurinos que acaecieron en vida del autor4. De los primeros destacan las dos guerras mundiales que asolaron la primera mitad del siglo XX, además de la propia guerra civil española, cuyos ejemplos de barbarie y dolor debieron influir en la visión pesimista que sobre el mundo y la vida se muestra en Metafísica taurina. Así, en un pasaje de este impreso, se llega a manifestar y se entiende que: «la crueldad, es innata en el hombre y no ha podido contra ella nada la civilización (…) en todo hombre palpita un coeficiente de crueldad 3Para un repaso de obras claves de la historiografía taurina, remitimos al lector a la introducción de nuestra obra El toreo caballeresco en la época de Felipe IV: técnicas y significado socio-cultural (2007). Asu vez, en la misma línea, sobre similar base, comentamos análogas referencias bibliográficas, aquellas que tocan el toreo ecuestre, en la publicación Acercamiento al estudio del toreo caballeresco con parada en la época de Felipe IV (2007). Véanse al final, en bibliografía, las referencias completas de todos los títulos citados en este trabajo. Sobre la historiografía de los orígenes de la corrida de toros es imprescindible la lectura del estudio introductorio de J. Maier Allende a la edición española del libro de J. R. Conrad, El cuerno y la espada (2009). 4Para poder completar las explicaciones sobre el libro de Cecilio Muñoz, consúltense los diferentes cuadros y gráficos que forman parte de este estudio, divididos en ocho apartados temáticos. Ahora nos situamos en el primero dedicado a la contextualización. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 55 de carácter atávico más o menos pujante, más o menos dormido, más o menos latente, porque es la herencia de Caín, el superviviente del primer crimen5» (pág. 86). Pensamiento que es factible circunscribir a una creencia religiosa firmemente católica, desde la cual Cecilio Muñoz, en parte, encamina su discurso para que afloren dichas influencias aquí y allá6. Sin apartarnos del mismo espacio de las cosas que pudieron gravitar sobre la personalidad del autor, es preciso hacer una alusión a la larga etapa histórica española que convivió con su madurez, es decir, la dictadura franquista. Cuyos comienzos, los años anteriores a la gestación de Metafísica taurina,pesarían en el José Campos Cañizares 56 5Percibimos influencias del pensamiento de Sigmund Freud, en especial, de su obra El malestar en la cultura (1929), donde la crueldad humana (la existencia del mal) es asumida como privativa de la especie humana. Asunto que no era nuevo, ni mucho menos, pues forma parte del cúmulo de creencias religiosas de la tradición cultural judeocristiana, que entendemos muy arraigada en la formación del autor de Metafísica taurina. En la literatura occidental existen también muchos ejemplos de exposición y asunción de la crueldad del hombre, no es de extrañar que Johathan Swift, con anterioridad al pensamiento ilustrado, apuntalase esta faceta de la civilización occidental en sus Viajes de Gulliver (1726). 6Recientemente, el escritor Juan A. de Prada ha realizado un interesante comentario sobre la pertenencia de la fiesta de los toros al ámbito cultural del catolicismo, desde donde, cree, hay que plantearla y asumirla, frente a otros posicionamientos: «Los toros sólo son comprensibles desde el genio católico, que es el único capaz de concebir una religión donde cuerpo y alma vayan juntos de la mano, paseándose con toda naturalidad entre el más acá y el Más Allá. Las religiones paganas (religiones con cuerpo, pero sin alma) crean el deporte; las religiones espiritualistas (religiones con alma, pero sin cuerpo) crean el yoga: unas y otras huyen de la muerte como de un nublado, bien mediante el frenesí corpóreo, bien mediante la sublimación y la ataraxia. Pero la religión católica afronta la pujanza de la muerte con gallardía, porque cree en la resurrección de la carne; y por eso el genio católico se toma la muerte muy en serio, tan en serio que la expone a la luz del sol en su cruda realidad dramática –desnudo redondel de arena–». Cita de: “En defensa de los toros”, ABC, 23 de noviembre de 2009. Es curioso que Prada como tantos intelectuales españoles –sobre todo del siglo XX– coloquen el mundo del deporte allá por tierras de nadie. Metafísica taurina contiene muchas alusiones al deporte como fenómeno distanciado de la cultura. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 56 De intrahistoria y filosofías taurinas 57 ambiente social, con vigor, y en las propias convicciones del escritor, debido a que la penuria económica se vio recrudecida con el aislamiento internacional padecido por España, con redoble de fondo de hechos históricos deleznables como el final de la guerra mundial con los lanzamientos de bombas atómicas (Hiroshima y Nagasaki –1945–), maquinaria de muerte hasta ese momento desconocida, lo que deparó mayor desconfianza en el futuro de la civilización y que pudo incidir (en el interior de España) en un conveniente acomodo a la realidad histórica española que se pudo sentir en abandono e incomunicada con el entorno7. 7La España de 1950 y de años anteriores está bien dibujada en la literatura de la época por diversos autores de adscripciones ideológicas bien distintas. Mencionemos para un acercamiento a su atmósfera cotidiana y moral los siguientes escritores y textos: Carmen Laforet (Nada, 1944), Dámaso Alonso (Hijos de la ira, 1944), Camilo José Cela (La familia de Pascual Duarte, 1942, y La colmena, 1951), Miguel Delibes (La sombra del ciprés es alargada, 1947 y El camino, 1950), José Hierro (Tierra sin nosotros y Alegría, 1947), Luis Rosales (La casa encendida, 1949), Leopoldo Panero (Escrito a cada instante, 1949), Antonio Buero Vallejo (Historia de una escalera, 1949), Francisco García Pavón (Cuentos de mamá, 1952), Juan Antonio de Zunzunegui (Esta oscura desbandada, 1952, y La vida como es, 1954), Ramón J. Sender (Mosén Millán, 1953), Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad, 1953), Jesús Fernández Santos (Los bravos, 1954), Max Aub (Las buenas intenciones, 1954) o Rafael Sánchez Ferlosio (El Jarama, 1955). En el cine también encontramos suficientes ejemplos clarificadores de cómo era España, si seguimos la estela cinematográfica (alguna, taurina) de artistas como Edgar Neville (Domingo de carnaval, 1945, Nada, 1947, El último caballo, 1950, Duende y misterio del flamenco, 1952, y La ironía del dinero,1953), Carlos Serrano de Osma (Embrujo, 1947), Llorenç LlobetGracia (Vidas en sombras, 1948), Rafael Gil (La calle sin sol, 1948, y La guerra de Dios, 1953), Luis Lucia (Currito de la Cruz, 1949, y Cerca de la ciudad, 1952), José Antonio Nieves Conde (Surcos, 1951), Manuel Mur Oti (Cielo negro, 1951), José Luis García Berlanga (Esa pareja feliz, 1951 –junto a Juan Antonio Bardem–, y Bienvenido, Mr. Marshall, 1952), Francisco Rovira Beleta (Hay un camino a la derecha, 1953), José Luis Saénz de Heredia (Historias de la radio, 1955), Juan Antonio Bardem (Muerte de un ciclista, 1955, y Calle Mayor, 1956) o Ladislao Vajda (Mi tío Jacinto y Tarde de toros,1956), estos últimos reflejándolo en años más tardíos. Desde hoy, en el cine, una propuesta objetiva, realmente panorámica y ajustada, de lo que tuvo que ser una parcela sentimental de España, la encontramos en la película de José Luis Garci, Tiovivo, c. 1950 –filmada en 2004–. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 57 trabajo de Cecilio Muñoz hay constancia, de manera reiterativa, de ese fraude tan hiriente y vergonzoso que se le hace al toro y al público, y que rebaja la verdad proclamada en la corrida de toros: «Los toros, por otra parte, cada vez de menos empuje. ¡Qué abismo entre los toros que lidiaba Pedro Romero y los que lidiaba Manolete! Yel poco empuje que aun les queda descaradamente amortiguado con el ya casi imprescindible afeitado de los cuernos que burla y desafía prohibiciones y se ríe de diatribas y de anatemas» (pág. 63-64). Un tema que toca Cecilio Muñoz y que entresacamos de la cita anteriormente mostrada es el de la pérdida de poder de los toros14. Efectivamente, la guerra civil, causó estragos en la ganaJosé Campos Cañizares 64 Líneas más adelante, en su afán de datar el fenómeno, explica: «La primera vez que se habla de mutilación de pitones es en una corrida de despedida de Marcial Lalanda en Valencia, en 1942», en (1997: 267-268). Es indudable que la aparición del afeitado en el periodo de la posguerra tuvo que ser un verdadero varapalo para los auténticos aficionados y un trauma: fijémonos en el siguiente relato de Antonio Díaz-Cañabate sobre el proceso del afeitado –realidad que parece todavía perdura–: «La última vez que vi un afeitado me situé frente a los ojos del infeliz torturado. Estaban sanguinolentos. Terrible su mirada. Patética también. Mezcla de ira y tristeza. De pronto los cerró. En aquel momento el barbero mutilaba su pitón derecho. Cuando nuevamente se abrieron, parecía que una neblina los velaba. En los ojos de los toros, ¿pueden nacer lágrimas? No. Sin embargo, aquél lloraba. Estoy seguro. Se quedó quieto. Se oía un chirrido desagradable. Era la lima, que actuaba para disimular la mutilación», en (Díaz-Cañabate, 1970: 101). Con anterioridad a la denuncia de Antonio Bienvenida, en 1951, se creó en Madrid, precisamente en la taberna de Antonio Sánchez, la Peña Taurina “Los de José y Juan”, con la misión específica de perseguir el afeitado. Estuvo formada por aficionados serios y exigentes. Gregorio Corrochano, en Teoría de las corridas de toros, en su propuesta “Borrador de un reglamento” (hacia 1960), llegó a escribir lo siguiente: «El que torea toros con los cuernos cortados no es un torero, aunque se vista de torero, aunque toree muy bien, aunque haga muchas monerías con el toro afeitado; también la mona se vistió de seda y no pasó de mona», en (1989: 299). 14 Es notorio que la denuncia de la pérdida del poder de los toros es una constante en la historia de la tauromaquia. Uno de los toreros más importantes de la historia del toreo, Guerrita, ha sido señalado como un primer responsable de que desapareciera en los diestros la preferencia en elegir toros con fortaleza y Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 64 De intrahistoria y filosofías taurinas 65 dería brava, algo asumido en la historia al posibilitar la lidia de utreros en corridas de toros, circunstancia que marcó a toda una etapa del toreo, hoy tenida por muchos como la mejor de todos sus tiempos; ciclo que vino a cerrarse en 1973 cuando fue obligatoria la lidia de cuatreños15. Un aspecto todavía que no ha sido muy estudiado, en toda sus facetas y dimensiones, por la crítica ni por los estudiosos de la tauromaquia16. Si bien este hecho no poder. En tiempos de Joselito nace una propensión hacia un tipo de toro y una lidia. Tras sus respectivas etapas el toreo evolucionó hacia mayores logros estéticos, precisamente por una cambiante condición de los toros salidos de sus tauromaquias e influencias. Cecilio Muñoz denuncia, para la España de los años cuarenta del siglo XX, una constante pérdida de poderío de los toros y una pobre presentación en los ruedos. Las consecuencias de la Guerra Civil española, como hemos señalado, se dejaban notar sobre la situación de las ganaderías de toro bravo. 15 No fue hasta 1968, cuando se exigió el libro obligatorio de nacimientos que reguló que los toros tenían que llevar marcado en el costillar el guarismo del año en el que nacían; lo que provocó que tuvieran que lidiarse cuatreños desde finales de 1972. 16 Al margen de la calidad de los toreros, y de que se produjo un cambio de sistema político poco después (1976), sería interesante analizar por qué, de manera drástica, dejan de producirse numerosas salidas por la puerta grande, desde 1972, en plaza tan importante como Las Ventas, de Madrid. Elegimos un simple dato, como muestra: en 1966, y años próximos, a lo largo de una temporada se producía ese tipo de ceremonia en torno a veinticinco ocasiones, desde marzo a octubre o noviembre, y no siempre protagonizadas por célebres matadores de toros. Esa cifra se reduce considerablemente en 1973. Poco después, en 1981, sólo un matador de toros salió por esa puerta y en su último festejo. Hoy día, suponemos que también por otros parámetros que han incidido en la forma de ver toros en la plaza de Madrid o por la relación fallida entre aficionados y empresarios, es una auténtica excepción ese tipo de triunfo, a pesar de que el número de festejos es mucho mayor que en los años que habíamos señalado. No creemos que la causa esté solamente en la calidad de los diestros. Siempre han existido matadores de toros de enorme solvencia. Pensamos, que el espectáculo ha cambiado, pero también el público, posiblemente más que otros factores. Falta ese estudio desde lo social y desde lo económico. Imprescindible acudir a las manifestaciones de Antonio Díaz-Cañabate sobre el particular: en algún pasaje de su obra alude a la imperiosa necesidad de olvidar y darse a la alegría del vivir que se impusieron las personas que superaron el periodo de la Guerra Civil. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 65 afectó en que se produjeran nuevos reajustes en la selección del ganado, que depararon, en nueva fase, de manera genérica, toros flojos para la lidia. Pasados algunos años, en 1992, se aprobó el reglamento conocido como de José Luis Corcuera, que rebajaba a dos el número de varas que era protocolario señalarle a los toros de lidia en las plazas de máxima categoría, reduciéndose a una en el resto. No debemos esconder que en esta última normativa, por conveniencias económicas, se decidió que era lícita la lidia de los astados que presentasen sus defensas mermadas. Algo que después se corrigió en parte pero que ha dejado una asunción de normalidad si se producía17. Un elemento final a tener en cuenta para una prolongada contextualización de Metafísica taurina, nos lleva a considerar la importancia de la presencia en las corridas de toros de la sensación de peligro de muerte del torero, asunto que para Cecilio Muñoz aporta el significado ritual exigible, por necesario, en torno al juego que se establece entre hombre y toro, durante la José Campos Cañizares 66 17 Ya en 1962 se había aprobado un nuevo reglamento que rebajaba el número de varas obligatorias en plazas de envite de cuatro a tres, modificaba la puya –de arandela a cruceta– y aumentaba el volumen de los petos en detrimento del juego del toro. Es verdad que se reguló el posible reconocimiento de las defensas de los toros tras ser lidiados (no sabemos si la postura tomada por Antonio Bienvenida tuvo algo que ver a la larga) más la posibilidad de cerciorarse de su edad. Hemos referido que el reglamento de 1992 –nacido de la iniciativa del Ministro de Interior Jose Luis Corcuera– durante un tiempo, dejó en el limbo legal el asunto del afeitado de los toros. Mientras, si los veterinarios rechazaban los toros en los reconocimientos por la apariencia de sus defensas, fue común que se lidiasen bajo la responsabilidad del ganadero. Un ejemplo, muy claro, lo tenemos en la corrida de la Feria de San Isidro de Madrid, en la plaza de Las Ventas, del día 12 de mayo de 1993, con toros de Manolo González y González Sánchez-Dalp: en ella se lidiaron tres toros, habiendo sido rechazados, previamente, en el reconocimiento por los veterinarios (bajo sospecha de haber sido afeitados). Auno de esos toros, Fulanillo,el matador alicantino José María Manzanares le cortó dos orejas, obteniendo un notable triunfo. Este hecho forma parte de la historia por esa prerrogativa, que estaba en vigor, de que se pudiese anunciar públicamente tal particularidad. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 66 De intrahistoria y filosofías taurinas 67 lidia, entre la vida y la muerte18. De esta consecuencia habría que valorar el gran impacto que pudo suponer la muerte de Manolete en 1947, en pleno funcionamiento de la doctrina del mínimo riesgo para los toreros en el redondel19. Beneficiaría a la consolidación del sistema taurino vigente que estaba gestando (alrededor de la pérdida de poderío de los astados) la llegada de la hegemonía del tremendismo, ante el que se rebelarían los aficionados de antaño. Cecilio Muñoz hablaba ya de toreo estético y de cercanías. Más adelante Aantonio Díaz-Cañabate, en la consecutiva, lo explicaría así: «Pero los desaprensivos taurinos no se durmieron en las pajas. Paralelo a la mutilación de los pitones, se atrevieron a otro logro apoyado en una palabreja, no un concepto, que hizo fortuna: tremendismo. Antes, a los nuevos modos y modas de torear se los llamó toreo moderno, y no sé por qué no lo llamaron también funcional. Todo es uno y lo mismo: nada. Un camelo con mote o unos motes que son un camelo. Pero se da la paradoja de que para el tremendismo no sirve el toro tremendo, esto es, el toro hecho y derecho. Con el toro tremendo, los tremendismos se vienen abajo20». Dejamos así las cosas hasta que podamos visitar, en este estudio, en su marco final la fiesta de hoy. Ahora nos adentramos en el Discurso de Metafísica taurina y sus claves. 18 Así lo expone: «Si tendemos a eliminar la proximidad de la muerte, eliminaremos también la fiesta, cuando uno de sus factores psicológicos se anule» (pág. 146). 19 En diferente época y atmósfera taurina, más recientemente, las lamentables y trágicas muertes de los toreros Francisco Rivera Paquirri y José Cubero El Yiyo (1984 y 1985), vinieron a dar razón de ser (según la opinión de muchos aficionados) a la fiesta de los toros, debido a que, de nuevo, se hacía patente la presencia de la muerte en la corrida. 20 (Díaz-Cañabate, 1970: 47). Habla para el toreo de la década de los sesenta. Asunto que se atisba en la tauromaquia de los años cuarenta. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 67 A) SIMBOLOGÍA, METÁFORAS (FUNCIONALIDAD) Bastante se ha escrito sobre el simbolismo, la traslación o la figuración que encierra y entraña la fiesta de los toros, con anterioridad a la composición de Metafísica taurina21 y sobre todo desde mediados del siglo XX. Algunos aspectos tratados en esta obra no presentan novedad, como la pertenencia de la fiesta de los toros al espacio de la cultura popular o su relación en sus orígenes con la actividad de la caza y las implicaciones que esto comporta. Sí, en cambio, vemos originalidad en darle a muchas de las teorías desarrolladas un sentido de unidad, para que entronquen unas en las otras hacia un logro de explicación global. En algunos casos, como veremos, el modelo se toma por influencias de ideas venidas del ambiente científico europeo del momento, en particular, en concomitancias con el campo freudiano. El sentido común se impone en las referencias que realiza Cecilio Muñoz sobre la gran metáfora que representa el mundo de los toros. No deja de ser un símil que el torero tiene que burlar al toro en el ruedo, y eso es un reflejo de lo que ocurre en la propia vida, entre los hombres y sus diferentes avatares. Así, se explica que la vida es lidia inserta en la resolución de las dificultades que nos rodean, cuyos objetivos no dejan de ser otros que la sobrevivencia y el alcance de la comprensión de nuestro deambular terrestre más la superación de la desagradable condición cruel de la humanidad, marcada desde un inicio, entre la bondad y lo maléfico, lo positivo y lo negativo; territorio donde se plantea la idea de civilización pero donde puede fracasar toda superación moral propulsada por el mismo hombre. No quisiéramos caer en una continua comparación entre un antes y un después en relación a las cuestiones que de manera particular y general se sacan a colación en esta obra, sino dejar José Campos Cañizares 68 21 Un ejemplo de incursión temprana desde el mundo de la literatura y la etnología, lo encontramos en el libro de Michel Leiris, Espejo de tauromaquia (1937). Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 68 De intrahistoria y filosofías taurinas 69 constancia de su validez y obediencia a un tiempo determinado de la historia de la tauromaquia en su vertiente intelectual. Hemos destacado que existen algunas aportaciones de singular originalidad, y recordamos que aparecen otras de particular interiorización. Así, en primer lugar, hay que indicar la relevancia que le da Cecilio Muñoz a que los toros se deben al pueblo y a su cultura. Es un espacio donde el hombre, junto a su colectividad, se mostrará plenamente activo y desde donde solucionará sus angustias y peleas con el destino: con el ejercicio taurino da curso a una continua descarga de presiones producidas por la vida espiritual y social. Cuanto más tumulto se produzca y más comunión se logre, habrá una disminución de la problemática que le rodea al hombre, es decir, un descenso gradual de la violencia social y de la injusticia humana, un aminoramiento del dolor que acompaña a la vida22. Desde esa postura Muñoz es un decidido defensor de las fiestas taurinas populares relacionadas con las capeas, los encierros, el toro enmaromado o el toro de fuego, porque ve en ello el escenario ideal de diversión de la comunidad, donde los tumores sociales encuentran su salida más natural para que el ciclo de la supervivencia de la especie quede calmado y colmado23. Ahí ve 22 En este sentido se alinean las teorías que ven a todo tipo de festividad como el lugar idóneo de resolución de problemáticas acumuladas por el curso de la vida social en el tiempo histórico. Así la fiesta de los toros se erigiría como uno de los fenómenos de ensayo común más propicios a romper el ciclo del trabajo y del esfuerzo para que el hombre pueda sobrevivir con una progresión de mejora en su acomodamiento a las exigencias que acarrea vencer a la naturaleza y crear una realidad social placentera. Para la relación entre cultura, fiesta y juego taurino, véase la introducción de nuestra obra El toreo caballeresco en la época de Felipe IV: técnicas y significado socio-cultural. 23 En este sentido hay que apuntar que el escritor y crítico Antonio DíazCañabate fue un convencido defensor de las capeas, no sólo, como espacio donde el torero podía formarse en la raíz técnica que este tipo de fiestas aportaran en la peculiar pelea habida entre hombre y toro –cuando se imponía la faceta de domiRevista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 69 al pueblo activo, en su verdadera dinámica de fiesta que le será arrebatada en el momento que surge la corrida (con plenitud en el siglo XVIII: la corrida plebeya/con posterioridad a la caballeresca) un sustitutivo de la primitiva deificación del toro en las religiones antiguas (con sus sacrificios) y que nace dentro de la cultura cristiana como un sacrificio cruento del toro. Convertida en espectáculo, la corrida arroja al pueblo a la grada para que inicie una relación pasiva con el toro, manera de inocularse el germen de su propia decadencia. Alrededor surgirán un cúmulo de intereses introducidos por la necesidad de negocio y de éxitos artísticos de los espadas y sus mentores, resguardados en una reglamentación prohibicionista para la participación del pueblo y que irá limitando la originaria libertad de suertes e invenciones frente al toro. Sorpresa en los estudios taurinos es que Cecilio Muñoz utilice, de manera muy personal, en su teoría de la tauromaquia, conceptos que sobrevuelan, aparentemente, las obras de Friedrich Nietzsche o Sigmund Freud, y que arrancan del platonismo y del catolicismo. Sitúa como eje de su pensamiento que el toro pueda representar un papel simbólico maléfico en el juego taurino y en la corrida, en especial. Expone sin ambages que el toro, como bestia, encarna (en la etapa cristiana, bajo sustrato religioso, mítico y sacro) la figura del demonio, para aparecer como la imagen del mal, sobre el que actúa el torero con sus conocimientos técniJosé Campos Cañizares 70 nar a los astados–, sino porque en ellas se entreveía a toda una comunidad adorar al dios toro y sentirse partícipe del hecho en su permanencia. Alusiones se encuentran en Historia de una taberna (1944). Más adelante, en su libro Paseíllo por el planeta de los toros (1971), recreó también el ambiente de las capeas urbanas. Por otra parte, existe un filme que trata, en una de sus historias, la decidida lucha que los maletillas emprendían para saltar de aquellas capeas al primer plano del espectáculo taurino (pseudo protagonismo del maleta, censurado por Cecilio Muñoz, al ser ajeno a la presencia del elemento popular puro e íntegro): nos referimos a Yo he visto a la muerte, de José María Forqué (1967), donde el diestro Andrés Vázquez se interpreta en sus años de aprendizaje. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 70 De intrahistoria y filosofías taurinas 71 cos para vencerle, manera con la que desecha y elimina la componente negativa del mundo que da forma (junto al bien y la idea de Dios) al espacio vital, social e individual de los hombres. Así, mediante la práctica taurómaca se desplazaría hacia su exterior el dolor, la penuria (se expulsaría en permanente regularidad) y todo aquello que impida la felicidad del género humano en el aquí y en el ahora. Se lograría una purificación de los malos instintos que genera la humanidad en sociedad. Después de la escenificación de una corrida, en su grado cultural moderno, o de una capea, en su grado más atávico, a la conclusión de tal ritual, con muerte del toro, nos dice, Cecilio Muñoz, que «la masa se siente halagada en las fibras más hondas de su conciencia por haber logrado aniquilar la raíz, el símbolo y la alegoría de los espíritus del mal» (pág. 25). El pueblo en el juego taurino, en su representación en sociedad, en su fiesta, a su través, alcanzaría una necesaria catarsis, una benéfica descarga de males, que de no ser así, permanecerían atrayendo el dolor y la congoja a la historia social e individual del hombre en su cultura. En palabras de Cecilio Muñoz queda ilustrado en los siguientes términos24: «Lo más turbio de las almas turbias y lo más turbio de las almas limpias, que en éstas duerme en la infraconsciencia sin emerger jamás, brota en la fiesta de los toros como descarga que exonera la infectada maraña de la humana maldad. Yqueda el alma purgada, de momento, de malos instintos (…)» (pág. 172). B) ELINSTINTO TAURINO YSUS FACTORES Un apartado central del discurso de Cecilio Muñoz, el más genuino de su teoría, es aquel en el que se extiende sobre el ins24 En diversos momentos de Metafísica taurina se le atribuye al mundo del flamenco, y al de la copla, la misma funcionalidad, como representaciones donde se verifica una expulsión de lo maléfico de la vida del hombre a partir de ese deseado final catártico, curativo y tranquilizador. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 71 tinto taurino. Lo define como una inclinación orgánica que todos los hombres sienten hacia la materia taurina y que proviene de una instancia superior que denomina sentido taurino, que se hereda y que se desarrolla en la especie y en cada persona bajo unos postulados psicológicos y filosóficos. De ahí arrancaría la proclividad por el juego con los toros que puedan experimentar los hombres o incluso su rechazo o ausencia. La apertura al mundo del sentido taurino se manifestaría bajo un impulso voluntario o inadvertido desde el instinto: «en el origen, todos los hombres llevan un sentido taurino con tendencia a la plástica y a la exteriorización consciente o inconsciente» (pág. 93). Cecilio Muñoz vislumbra la presencia del instinto taurino en todo tipo de hombres, lo cual concedería ampliar la realidad de la fiesta de los toros desde una concepción cultural nacional a otra más ambiciosa, o internacional. En definitiva, toda la humanidad estaría llamada, genéticamente, a gustar y practicar el rito de la muerte del toro, y si no ocurre de tal manera ello reside en condicionamientos y alejamientos geográficos y culturales padecidos por todos aquellos que viven ajenos a la cultura hispánica y no pisan su paisaje. No obstante, los dispositivos del instinto taurino pueden verse activados en cualquier instante, pues sabemos del gusto y disfrute del extranjero o foráneo por la fiesta de los toros y de la intensidad que dicha querencia puede causar. El lugar propicio para que se desarrolle la cultura del toro es allí donde la fauna lo ha situado y la climatología lo ha resguardado, en la península ibérica, en especial en el sur de la misma, que con su hábitat ha permitido el medio natural para que el toro sobreviva; comunicándose con el hombre por medio de un ritual que requiere de una luminosidad, una temperatura, un régimen de lluvias, una escenografía brindada por la naturaleza que favorezca la existencia de la corrida de toros: «la tauromaquia es una semilla que necesita su tierra, su humedad y su luz para germinar. Es indudable que las condiciones de España son excelentes José Campos Cañizares 72 Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 72 De intrahistoria y filosofías taurinas para ello» (pág. 99). De tal suerte, fructifica una relación con el pueblo que allí vive (el español), con su determinada etnia y valores raciales (históricos, civilizadores). Es normal que desde esa ambientación se acreciente el instinto taurino y se vea favorecido el deseo de ser aficionado a los toros, de que quiera ser, cualquier hombre, por qué no, también, torero. Va a depender de la puesta en marcha de unos factores o fundamentos (siete), ligados a la esencia de la tauromaquia, y que comienzan, en primer lugar, en la posesión de un sentido de la estética (c.1) que toda persona aficionada o que pretende torear, posee, sin reducciones, por ser un elemento sustancial y básico del instinto. El autor lo explica desde la facultad artística que en los toros goza hasta el ser más rústico e ignorante, que sabe «(discriminar) con precisión asombrosa, y con perfección admirable, las suertes elegantes y los lances incorrectos en una corrida de toros» (pág. 81). Un principio estético que de sentirse en extremo anima a dar el paso hacia la práctica. Un segundo factor que permite y catapulta el progreso del instinto taurino es la existencia de una rebeldía innata en el hombre(c.2) que le lleva a ser aficionado inconformista y exigente, y a imponer su personalidad como torero, cuando juega esta baza. En tercer término condiciona el fenómeno físico y pasional de la sangre, de su derramamiento en la arena y, desde ahí, la orientación de su significado profundo para diluir lo maléfico de la vida (por medio de la venganza sobre el animal) ejemplarizado durante la lidia, en las reacciones de ofuscación o de bravura del toro ante el lidiador, que hace involucrarse a la masa en la fiesta para reconducirse y liberarse a través de la catarsis ritual (victoria sobre el mal) que profesa el diestro o el maletilla en la corrida o en el festejo popular. Por medio del proceso de la muerte la sangre depara vida. La tracción de la sangre(c.3) en la fiesta de los toros es un factor de limpieza de las presiones sociales e individuales exclusivamente propio de lo taurino: «la 73 Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 73 parece como una misión imposible31. El espectador, el público, transfigurados en masa, cuentan. El aficionado, suponemos, siempre ha estado en minoría. Desde esa posición ha querido contar. Tal vez ahora, influya, con menos evidencia, pero esto nos lleva a otra temática en conexión con la última evolución de la fiesta de los toros32. Tanto influye la masa en la sociedad moderna y en el toreo que el torero, ser singular surgido de las clases populares de la sociedad, ha ido perdiendo carácter, personalidad. Se ha visto engullido por el correr de la historia y de los tiempos en un proceso que no tiene marcha atrás. Procedimiento que comenzó cuando los matadores de toros adoptaron vestir de calle, como el José Campos Cañizares 80 31 Aun así las cosas, es evidente que los aficionados inician diálogos para reconducir a la masa, que, según el escenario, puede verse seducida. La frase sentenciosa suele emplearse, con ese objetivo de ralentizar las pasiones de los graderíos. Éstos, debido a la estrechez de sus asientos favorecen una comunicación compacta masiva poco proclive a la reflexión pero sí a que exista una comunión social. En la actualidad, las plazas de toros, están siendo reformadas para conseguir mayor confort en el acomodo de los espectadores. No sabemos hacia donde conduce tal dinámica. Otra cuestión es la proliferación actual de plazas de toros cubiertas, que darán otra dimensión al espectáculo, ya que todo influye en su desarrollo y en sus resultados. El crítico Ignacio Álvarez Vara (Barquerito), siempre tan atento a todo cambio sociológico dentro de la fiesta, repara en los efectos sonoros de la remodelación de la ‘plaza de La Misericordia’ de Zaragoza: «La plaza de toros de Zaragoza tiene un diámetro de proporciones perfectas. Tal vez no lo fueran en los días de los caballos sin protección. Sí ahora. El espacio creado a partir de la instalación de la cubierta plegable se ha configurado como un escenario de teatro casi cerrado donde el toro y su pelea se viven como en la intimidad. El efecto acústico de Zaragoza, dicen los expertos, es espléndido», en “Sevilla 2000, Zaragoza 2009”, Aplausos, 26/octubre/2009. Es posible que en nuevas escenografías, la relación público/masa/individuo, respecto a tiempos anteriores, se diversifique en el futuro. 32 El menoscabo del papel del aficionado taurino, en el momento actual, junto a otros elementos constitutivos de la crisis latente que vive hoy la fiesta de los toros, es analizado, sin concesiones para la galería, por Rafael Cabrera Bonet en su trabajo “La corrida de toros en el siglo XXI. Un festejo intemporal con problemas actuales”, Anuario taurino de la Asociación de la Prensa de Madrid, 2008, págs. 42-52. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 80 De intrahistoria y filosofías taurinas 81 resto de las personas (Mazzantini). Después cuando eliminaron de su indumentaria la coleta para sustituirla por un postizo (Belmonte)33. Aspectos que Cecilio Muñoz resalta a la hora de echar en falta ciertas actitudes en los comportamientos. Es de la opinión que el torero debe distinguirse de sus congéneres, teniendo presente que «no es un hombre cualquiera». En la línea de otros artistas tendría que dignificarse y encontrar un modelo de apariencia que se antoja perdida: «En él debe brotar ese estimulo, que en todo artista emana, de distinción y de diferencia» (pág. 196). D) EL TOREO ENTRE LAS BELLAS ARTES La tauromaquia es reivindicada por Cecilio Muñoz como cultura, al defender que la lidia pertenece a las Bellas Artes. Área donde disfruta de la misma jerarquía artística que las restantes así consideradas, la arquitectura, la pintura, la escultura, la literatura, la música o el teatro. La idea de belleza envolvería al universo y a las acciones creativas de la humanidad, y en este sentido, entonces, el arte, como fuente de belleza que es, se patentizaría como un simple añadido (algo inútil) a las necesidades prácticas de la sociedad y como material de sobrevivencia de cada hombre. El arte en el terreno de lo bello no tendría un sentido práctico, ni tangible, ni demostrable. Esa inutilidad se relacionaría con ciertos presupuestos conceptuales del arte puro. La función de toros no aparecería como una necesidad porque para matar al toro y proveerse de su carne estarían los mataderos. La tauromaquia existe porque se vierte belleza en 33 En torno a estos cambios, y, en especial, sobre la desaparición de la originaria coleta, usada por los matadores de toros, escribe Díaz-Cañabate: «La coleta la peinaban los toreros que eran toreros en la plaza y fuera de ella (…) era la ufanía de los diestros, lo que los singularizaba de los demás mortales (…) ejercía influencia sobre la moral del torero (…) por ser símbolo de la torería, entrañaba al torero con su profesión (…) era imán para las mujeres (…) Antes, con la coleta no cabía duda –un torero tenía distinción–. Sería malo o sería bueno, pero era un torero», (1970: 175-177). Los cambios en la tauromaquia siempre han sido vistos, en su momento, como una mengua. Puede que sea verdad. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 81 ella, obrada por el hombre, de manera libre, bajo la destreza de cada uno de los orfebres (los matadores de toros). Nos encontramos ante un sentido de la Belleza que habita en el sistema espiritual del hombre y lo alimenta, le da consistencia, desde cuya base se posibilita un acercamiento a su propio creador, Dios. Empero la actividad de medirse un hombre a un toro, no sólo es un arte admirable, virtuoso, sino que también es juego en el que se mide la vida y la muerte, que suscita emociones trágicas. Territorio artístico que Cecilio Muñoz define dictando sentencia: «Es el juego más trágico de la humanidad» (pág. 159). Mediante el arte, el hombre (se explica en Metafísica taurina)se hace libre, ejerce la libertad y la rebeldía, con dinamismo, sin el corsé de las reglas, de las leyes fijas, propias del funcionamiento de la Naturaleza. Por medio del arte taurino, el artista inmortaliza aquello que crea (faenas, momentos, actitudes), lo que no existía. El movimiento lo convierte en perpetuidad que pueda ser reproducida por la memoria, por las imágenes que se conserven, por la misma imaginación. Así, la fiesta de los toros origina belleza. Está inmersa en el campo estricto de la estética, de la expresión plástica, y por ello crea reacciones e impresiones emocionales fuertes, subjetivas, puras, y es manantial de sensaciones. La misión del torero consistiría en moldear sublimidad perpetua (la faena surge desde un afán de permanencia), única en cada ocasión, que puede ser, una vez acabada, pensada, sugerida o recreada. E inspira a las que le suceden en el tiempo. La linde y el término, el fin, que limita y acompaña a la creación de belleza, se deslizaría hacia el dolor, confrontándose a él. Belleza y dolor dividen los modos de vida del mundo y son consustanciales a la dinámica existencial de los seres humanos. Son los ingredientes que aportan alegrías y penas, sublimaciones o pesares, luces y sombras. Integrados en la fiesta de los toros, la belleza queda inmersa en la propuesta artística y el dolor se inflige al toro y ronda al torero. José Campos Cañizares 82 Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 82 De intrahistoria y filosofías taurinas 83 Ambos (belleza y dolor) pueden ser alcanzados, colmados (belleza), experimentados, sufridos (dolor), en la plaza, en la arena. Ylogran ser reflejados desde ella en la vida social o individual humana. Una fórmula los hace consecuentes: a más belleza menos dolor, a menos belleza más dolor. Entonces, en el arte de los toros puede verse la finalidad de aminorar, de eliminar el dolor del mundo por medio de su propia belleza. El espectador logra aliviarse, la sociedad ve decrecer su violencia. Desde esta funcionalidad, «querer atenuar el dolor del toro es ir destruyendo la fiesta con un ariete de piedad compasiva, completamente fementida, insincera e hipócrita» (pág. 125). Diríamos que inútil y contraproducente. E) LADECADENCIA DE LA FIESTA, UN SINO ARTÍSTICO Una de las reflexiones más resaltables contenidas en Metafísica taurina es la de que los toros (el espectáculo) caminan hacia su fin debido a una permanente decadencia que se inició desde el mismo momento en el que se comenzó a desvincular al pueblo (originario dueño del juego taurino) de su desarrollo para sustituirlo por profesionales, por nombres propios que irían cobrando fama según evolucionase el discurrir de la tauromaquia34. Esta dinámica del vigor de la fiesta, en declive, estaría marcada por una reglamentación que ha ido mitigando su contenido, y en la que se ha intentado mermar, sobremanera, el poder del toro. Hecho simultáneo al papel jugado, en la selección de ganado de lidia, por la preferencia de ejemplares cada vez menos agresivos, clave del éxito de determinados diestros y motivo de que la técnica empleada al torear con capote y muleta se haya perfeccionado hasta niveles que parecen admitir un verdadero mecanismo de prestidigitación del hombre sobre el otrora fiero animal. 34 Cecilio Muñoz habla de cuatro etapas profesionalizadas: la antigua (1726-1801), la media (hasta 1862), la moderna (finalizada en 1920) y la contemporánea (vigente en 1950). Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 83 Asombra que Metafísica taurina refiera que una de las consecuencias del decaimiento del toro bravo sea que los toreros se atrevieran (se atrevan) a emprender lo que denominaríamos estética de cercanías, exactamente, «faenas de plástico acercamiento», donde la teatralidad del festejo alcanzaría grados de verdadera sugestión masiva, contrarios a aquello que se entiende como la esencia del torear. Si pretendiéramos trazar una secuencia que nos explicara la progresión en ir restando terreno, por parte del torero, al toro, nos veríamos abocados a retroceder a finales del siglo XIX, y a situarnos ante la técnica empleada por El Espartero, posiblemente el primer diestro que inicia ese camino sin vuelta de meterse en el territorio del toro para producir emoción o demostrar dominio. Después, de este momento, con distintos planteamientos, objetivos y finalidades, diferentes matadores de toros fueron acercándose al toro y dejando estela de emociones y necesidades. Nos referimos, por ejemplo, comenzado el siglo XX, a Juan Belmonte, que cautivó con sus cercanías, si bien, en este caso, guiado el empeño por la batuta del temple y del canon taurómaco. Ya, más adelante, tras la guerra civil, entraríamos en una dinámica de plausibilidades y sobresaltos, con diferenciadas resoluciones, según el artífice de la propuesta, pero sin que se prescindiera, por parte de esos nacientes ídolos, de las nuevas condiciones de trapío, edad, trato y fortaleza de los astados. Algunos analistas taurinos o teóricos, manifiestan que la tauromaquia ha evolucionado en la medida que los toreros han restado espacio al terreno que pertenecería al toro, es decir, en irle acortando la distancia desde donde torear. Dentro de estos modos hay que referirse, de inicio, a las aportaciones de Manolete, Carlos Arruza y Litri. Más las contribuciones, inmediatamente después, de Pedrés, Chicuelo II o Chamaco. Para que desembocara el asunto, en el denominado tremendismo de los años sesenta, con el paradigmático espada, El Cordobés, José Campos Cañizares 84 Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 84 De intrahistoria y filosofías taurinas 85 torero verdaderamente, transformador y polémico, un fenómeno de masas nunca visto hasta ese momento y nunca repetido a continuación35. Esa línea, ya dibujada, fue continuada, en los años setenta y ochenta, por matadores como Dámaso González y Paco Ojeda. Para alcanzar su pleno auge, desde finales del siglo XX, con distinta y variada gama de matadores de toros, donde podemos incluir a figuras –no demasiado heterodoxas– como Jesulín de Ubrique. También a diestros considerados ortodoxos, que han llegado a recurrir y asumir, en pos de la emoción (no tan esporádicamente), esa tendencia a meterse en proximidades del astado, como José Tomás. Si entramos en el siglo XXI, ante la merma de la pujanza del toro en la lidia, aparecerán una pléyade, anunciada, de toreros que no conciben la faena sin arrimones: caso de Sebastián Castella –como solución estilística–; o bien –por imitación– si hablamos de Alejandro Talavante; o, si se planifica a la desesperada, para alcanzar el liderato, como en Miguel Ángel Perera o Daniel Luque36. 35 Singular figura la de Manuel Benítez El Cordobés. Antonio DíazCañabate, en sus crónicas, no le pasó ninguno de sus deslices, ni invenciones; nunca aceptó sus formas, que incluían guiños dirigidos a la masa trabajadora que le sostenía como mito: «Mi indignación contra lo que se llamó el “fenómeno” de el Cordobés,que tuvo su plenitud en los años sesenta, en simultaneidad con los momentos más bajos del auténtico toreo, no se debió tanto a la heterodoxia torera de Manuel Benítez, con su continuo estar de rodillas, con su “salto de la rana” ante un toro de juguete, cuanto a la complacencia y aplauso de un “respetable” que no merecía respeto. Yo he llegado a verme abrumado por una gran ovación a el Cordobés porque se sonaba con la mano, lo mismo que algunos futbolistas o albañiles en obra», en (Diaz-Cañabate, 1997: 275). 36 La actuación de Daniel Luque en Nîmes el 20 de septiembre de 2009, ante toros de Valdefresno, es un ejemplo ilustrativo de la nueva realidad de la tauromaquia, enredada en proximidades y cercanías. Viendo imágenes de su labor, nos hemos acordado –sin querer molestar a nadie: puro juego literario– de aquello que habíamos leído a José Bergamín en El arte de birlibirloque (1930), y que a día de hoy suena a bárbara incorrección: 1) «El primer deber del torero es no acercarRevista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 85 La tauromaquia de hoy, materia que merecería un tratamiento en profundidad, aparece claramente transformada. Así, desde que sale el toro a la plaza hasta que el matador toma la muleta, es un tiempo que pasa sin demasiadas emociones, ni preocupaciones, ni contenidos, espacio en el que va desapareciendo la suerte de varas y la necesidad de los quites, y, por lo tanto, del toreo de capote, salvo raras excepciones. Alo que se añade una suerte de banderillas en la que parecen sobrar palos. Yuna lidia en la que observamos a demasiados toreros y subalternos pisando el ruedo. Por suma, las faenas, por el contrario, sobrepasan el tiempo estipulado, sometidas a continuadas series de muletazos37, adentrados los diestros, después de un breve preámbulo, en deseadas cercanías con el toro (agotado), y, de cierre, en impacientes arrimones a sus defensas –lo cual estábamos resaltando–, y en donde los lances artísticos más reiterados son los basados en el pase circular por la espalda que ya forma parte de cualquier faena, incluso de las entendidas por clásicas (un trenzado de muleta y toro alrededor del cuerpo del torero, de abajo hacia arriba, de un lado a otro, de atrás hacia adelante, cuantas veces sea posible). Análisis incipiente que no necesita de introducirse ni irrumpir, para concluir en la crisis actual del torear, José Campos Cañizares 86 se al toro. Ydel toro, no dejarse acercar. Un toro que se deja acercar, ya no es un toro. Un torero que se acerca al toro, es un jugador de ventaja, un tramposo», y 2) «Al toro no se le puede pisar su terreno, ni cerca ni lejos: es ganarle por trampa. El torero que pisa el terreno del toro, acaba con el toro y con el toreo: lo anula, lo destruye, convirtiéndolo en una pantomima ilusionista, generalmente sin peligro alguno, pero muy emocionante para el histerismo afeminado de los públicos virilistas, como el espectáculo de un domador de leones morfinizados», en Obra taurina, CSIC, Madrid, 2008, págs. 50-51. Creemos que si ocurre es porque se ha impuesto en el gusto del público. 37 Es ya normal, por esta razón, que, en las faenas de ferias, comience a sonar el pasodoble o los pasodobles (a veces se tienen que reiniciar al acabar: pensemos que son composiciones de tres minutos) cuando el espada (usa la de madera: tanto tiempo, en la mano, se acusa) ha pasado al toro en varias, y sucesivas, tandas. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 86 De intrahistoria y filosofías taurinas 87 por vericuetos, ni de detallismos técnicos alrededor del temple atesorado por el torero, ni de las nociones básicas de mando, cadencia, ritmo, reunión, remate o colocación38. Lejos han quedado otros tiempos donde sentencias como la dictada por Domingo Ortega, «el arte del toreo radica en el peligro que el toro tenga» (Ortega, 1929: 32), intentaban encauzar modas y estilos. Es cierto que hoy existe un segundo circuito taurino, alternativo, simultáneo al mayoritario o comercial, compuesto por las corridas duras que, según algunos aficionados, es el depositario de los valores eternos de la tauromaquia; territorio o círculo que no sirve para valorizar ni poner en alza a los matadores de toros que parecen sufrir el recio destino de tener que enfrentarse al toro en puntas, en edad y con casta, ya que por distintos motivos, los que allí caen, o bien no vuelven de nuevo o bien no entran en el circuito principal, el de las figuras, a las que se les reserva el toro colaborador o dócil y el boyante. Si esto es así, sería conveniente estudiar su por qué. Desde luego que el público algo tiene que ver. O la ausencia de aficionados, y el grado de su compromiso en lides demasiado serias (la preocupación por la tauromaquia es excesivamente celosa) para los tiempos que corren. O el papel de la crítica, que parece mostrarse satisfecha, en general, con la dinámica de la moderna técnica taurómaca y que ya no reprende al espectador ni a la afición, como quería que lo hiciera Luis Fernández Salcedo, en 1943: «La crítica ha perdido totalmente su misión orientadora del público, la de contrariarle en sus gustos, que es la principal, aunque la menos grata, y ahora son muchos los aficionados que ya no leen las reseñas, lo cual hace treinta años era inconcebi38 No es de extrañar el reciente, y clamoroso, triunfo del veterano matador de toros Juan Mora en la Feria de Otoño de Madrid 2010, por rescatar del olvido el clasicismo, la medida, el auténtico uso de la espada, y la torería. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 87 José Campos Cañizares 88 ble, porque echan de menos ese tono serio de reprimenda paternal» (Fernández, 1947: 238). No sabemos si es necesaria una regeneración en la fiesta de los toros, ni de dónde podría venir. Los toreros, apoderados, empresarios y ganaderos, juegan su papel. Tienen sus intereses. El aficionado y el crítico, lo tienen muy difícil, pues se pueden ver envueltos, de querer ser puros, en un clima enrarecido de susceptibilidades y enemistades. Algo que no es deseable en un mundo tan confortable, como el que vivimos, y, tan exigente, en otro sentido, que nos pide un gasto de energías extremo en cómo situarnos con éxito en la vida. Muy atrás queda eso de tomarse las cosas tan a pecho, como podemos pensar lo hicieron los viejos aficionados de otras épocas. Mirado así el asunto, verdaderamente, eran titanes. O bien, es que los tiempos han cambiado diametralmente y, entonces, habría que comparar su respuesta (la de ellos) con la nuestra y ver cómo hubieran reaccionado ante esta lidia. Metafísica taurina fue guardada en un cajón en 1950. Su lectura, hoy, nos ha servido para reflexionar, o eso hemos pretendido, sobre un pasado determinado de la tauromaquia. Su autor reflejó una manera de pensar propia de una época. Lo hizo con su saber. Aveces, su análisis no penetró más allá de la epidermis de lo que trataba, en otras vertió opiniones hoy tenidas por inapropiadas y, más allá, mostró agudeza. En conjunto, podemos considerar que es una obra curiosa, personal, sincera, particular y privada. Por eso pudo quedar ajena a los mentideros. Ahora se ve también como privativa. Pero sin que nunca deje de estar presente en ella la senda transitada por toda aquella literatura taurina que nos permite recuperar una determinada memoria histórica. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 88 De intrahistoria y filosofías taurinas 89 Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 89 José Campos Cañizares 96 BIBLIOGRAFÍA ESPECÍFICA Álvarez de Miranda, Ángel (1962): Ritos y juegos del toro, Madrid, Taurus. Álvarez Vara, Ignacio (2009): “Sevilla 2000, Zaragoza 2009” (‘Las verdades del Barquero’), Aplausos, Valencia, 26 de octubre (Texto facilitado por el autor). Anónimo (1950): “En Valdepeñas”, ABC, 6 de agosto. Bennassar, Bartolomé (2000): Historia de la tauromaquia. Una sociedad del espectáculo, Pre-textos, Valencia, Real Maestranza de Caballería de Ronda. Bergamín, José (2008): Ora taurina, Madrid, CSIC. Cabrera Bonet, Rafael (2008): “La corrida de toros en el siglo XXI. Un festejo intemporal con problemas actuales”, en Anuario Taurino de la Asociación de la Prensa de Madrid, págs. 42-52. Campos Cañizares, José (2007): Acercamiento al estudio del toreo caballeresco con parada en la época de Felipe IV, Madrid, Universidad San Pablo-CEU. _______ (2007): El toreo caballeresco en la época de Felipe IV: técnicas y significado-sociocultural, Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Universidad de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Colección Tauromaquias. Conrad, Jack R. (1957): The horn and the sword: the history of the bull as symbol of power and fertility, E. P. Dutton and Company Inc., New York. _______ (1961): Le culte du taureau de la préhistoire aux corridas espagnoles, París, Payot. _______ (2009): El cuerno y la espada, Colección Tauromaquias, n.º 11. Sevilla, Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Universidad de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 96 De intrahistoria y filosofías taurinas 97 Corrochano, Gregorio (1989): Tauromaquia. Obra completa I, Madrid, Espasa-Calpe. Cossío, José María de (1943-1997): Los toros. Tratado técnico e histórico, 12 tomos, Espasa Calpe, Madrid. _______ (1997): Los toros. La fiesta, el toro, la plaza y el toreo, t. I, edición abreviada de la enciclopedia Los toros. Tratado técnico e histórico, Madrid, Espasa Calpe. Delgado Linacero, Cristina (1996): El toro en el Mediterráneo. Análisis de su presencia y significado en las grandes culturas del mundo antiguo, Madrid, Universidad Autónoma. Delgado Ruíz, Manuel (1986): De la muerte de un Dios. La fiesta de los toros en el universo simbólico de la cultura popular, Península, Barcelona. Díaz-Cañabate, Antonio (1970): Paseíllo por el planeta de los toros, Madrid, Salvat. _______ (1997): “Panorama del toreo hasta 1980”, en Los toros. La fiesta, el toro, la plaza y el toreo,t. I, edición abreviada (de bolsillo) de la enciclopedia Los toros. Tratado técnico e histórico, de José María Cossío, Espasa Calpe, Madrid, págs. 259-326. Fernández Salcedo, Luis (1947): Charlas taurinas, Madrid, Gráficas Uguina. Flores Arroyuelo, Francisco J. (1999): Correr los toros en España. Del monte a la plaza, Madrid, Biblioteca Nueva. _______ (2000): Del toro en la antigüedad: animal de culto, sacrificio, caza y fiesta, Madrid, Biblioteca Nueva. Freud, Sigmund (1948): Obras completas, Madrid, Biblioteca Nueva. Ganivet, Ángel (1987): Idearium español, Granada, Vda. e Hijos de Sabatel. García-Baquero, Antonio; Romero de Solís, Pedro y Vázquez Parladé, Ignacio (1980): Sevilla y la fiesta de toros, Sevilla, Biblioteca de Temas Sevillanos. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 97 José Campos Cañizares 98 Guillaume-Alonso, Araceli (1994): La tauromaquia y su génesis. Ritos, juegos y espectáculos taurinos en España durante los siglos XVI y XVII, Bilbao, Laga. Leiris, Michel (1995): Espejo de tauromaquia, Madrid, Turner. Lévi-Strauss, Claude (1952): Raza e historia, París. Maetzu, Ramiro de (1933): Defensa de la Hispanidad, Madrid, Gráficas Universal. Maier Allende, Jorge (2009): “El cuerno y la espada en la historiografía del origen de las corridas de toros”, en Conrad: El cuerno y la espada, Sevilla, Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Universidad de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Colección Tauromaquias, n. º11, págs. 15-44. Mora, Juan (1993): “Ha sido la faena de mi vida”, El País, 13 de mayo. Muñoz Fillol, Cecilio (2009): Metafísica taurina, Valdepeñas, Ciudad Real, Asociación Cultural Cecilio Muñoz Fillol. Nietzsche, Friedrich (1932): Obras completas, Madrid, Bolaños y Aguilar. Ortega y Gasset, José (1929): La rebelión de las masas, Galo Sáez, Madrid, 1929. Pitt-Rivers, Julian (1990): “Traje de luces, traje de lunares” en Taurología, nº 2, págs. 62-69. _______ (1997): “Un ritual de sacrificio: la corrida de toros española”, en Alteridades, 7 (13), págs. 109-115. Prada, Juan Manuel de (2009): “En defensa de los toros”, ABC, Madrid, 23 de noviembre. Quiroga, Elena (1958): La última corrida, Barcelona, Noguer . Romero de Solís, Pedro (1978): “El rapto del toro: Eques Agonistes”, en Separata, nº 1, págs. 63-71. _______ (2003): “La tauromaquia: un ritual de conversión del animal en alimento”, en Fiestas de toros y sociedad: Actas del Congreso Internacional, Sevilla, 2001, A. GarcíaRevista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 98 De intrahistoria y filosofías taurinas 99 Baquero (ed), Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Universidad de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, págs. 537-542. Sanz Egaña, Cesáreo (1942): La bravura del toro de lidia, Revista Veterinaria de España, Barcelona. _______ (1958): Historia y bravura del toro de lidia, Madrid, Espasa-Calpe. Séneca, Lucio Anneo (1986 y 1989): Epístolas morales a Lucilio, Gredos, 2 v., Madrid. Torres, José Carlos de (1988): Diccionario del arte de los toros, Madrid, Alianza. Unamuno, Miguel de (1943): En torno al casticismo, Buenos Aires, Espasa-Calpe. Urrutia, Julio de (1974): Los toros en la guerra española, Madrid, Editora Nacional. Swift, Jonathan (1987): Los viajes de Gulliver, Madrid, Alianza. Wolff, Francis (2008): Filosofía de las corridas de toros, Barcelona, Bellaterra. BIBLIOGRAFÍA YFILMOGRAFÍA DE CONTEXTO Alonso, Dámaso (1944): Hijos de la ira, Revista de Occidente, Madrid. Aun, Max (1954 (2001)): Las buenas intenciones, El Mundo, Madrid. _______ (1955): Muerte de un ciclista. Bardem, Juan Antonio (1956): Calle Mayor Buero Vallejo, Antonio (1950): Historia de una escalera, Barcelona, José Janés. Cela, Camilo José (1942): La familia de Pascual Duarte, Burgos, Aldecoa. _______ (1951): La colmena, Buenos Aires, Emecé. Delibes, Miguel (1948): La sombra del ciprés es alargada, Destino. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 99 José Campos Cañizares 100 _______ (1950): El camino, Barcelona, Destino. Díaz-Cañabate, Antonio (1947): Historia de una taberna, Buenos Aires, Espasa-Calpe. _______ (1950): La fábula de Domingo Ortega, Madrid, Juan Valero. _______ (1952): Historia de una tertulia, Valencia, Castalia. Fernández Santos (1954): Jesús, Los bravos, Valencia, Castalia. Forqué, José María (1967): Yo he visto a la muerte. García Berlanga, José Luis; Bardem, Juan Antonio (1951), Esa pareja feliz . García Berlanga (1952): José Luis, Bienvenido, Mr. Marshall. García Pavón (1952): Francisco, Cuentos de mamá, Madrid, Ínsula. Garci, José Luis (2004): Tiovivo, c. 1950. Gil, Rafael (1948): La calle sin sol. _______ (1953): La guerra de Dios. Hierro, José (1947): Alegría, Adonais, Madrid. _______ :Tierra sin nosotros, Santander, Proel. Laforet, Carmen (1945): Nada, Barcelona, Destino. Llobet-García, Llorenç (1948): Vidas en sombras. Lucía, Luis (1949): Currito de la Cruz.. _______ (1952): Cerca de la ciudad. Mur Oti, Manuel (1950): Cielo negro. Neville, Edgar (1945): Domingo de carnaval. _______ (1948): El último caballo. _______ (1947): Nada. _______ (1952): Duende y misterio del flamenco. _______ (1953): La ironía del dinero. Nieves Conde, José Antonio (1952): Surcos. Panero, Leopoldo (1949): Escrito a cada instante, Madrid, Cultura Hispánica. Rodríguez, Claudio (1953): Don de la ebriedad, Madrid, Rialp. Rosales, Luis (1949): La casa encendida, Madrid, Escelicer: Cultura Hispánica. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 100 De intrahistoria y filosofías taurinas 101 Rovira Beleta, Francisco (1953): Hay un camino a la derecha. Saénz de Heredia, José Luis (1955): Historias de la radio, 1955. Sánchez Ferlosio, Rafael (1957): El Jarama, Barcelona, Destino. Sender, Ramón J. (1953): Mosén Millán, México, Edit. Intercontinental. Serrano de Osma, Carlos (1947): Embrujo. Vajda, Ladislao (1956): Mi tío Jacinto. _______ (1956): Tarde de toros. Zunzunegui, Juan Antonio de (1952): Esta oscura desbandada, Madrid, Aguilar. _______ (1954): La vida como es, Barcelona, Noguer. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 101