Pueblos de colonización franquista: objetivo patrimonial. Introducción.
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La política agraria del franquismo ha sido estudiada por notables especialistas y está bien integrada en las mejores visiones de conjunto de la historia contemporánea de España. Junto al otro gran tema del sector durante ese periodo, la política triguera, la colonización agraria cuenta con importantes estudios dedicados al análisis de las intervenciones desarrolladas por el Instituto Nacional creado al efecto. Aunque sólo afectara a un 2% de la población activa rural de España, es decir unos 60.000 colonos con adquisición de medio millón de hectáreas, la colonización constituyó un importante capítulo de la historia agraria, con antecedentes en todo el difícil proceso de la modernización de la nación, desde la Ilustración en adelante, dentro de una tendencia universal cuyas manifestaciones coetáneas aparecen diseminadas por distintas regiones del planeta, desde los Estados Unidos a la antigua Unión Soviética, desde Italia a Israel. La colonización como sistema de poblamiento y desarrollo territorial está vinculada a todas las civilizaciones y periodos de la historia, pero en la España contemporánea, con precedente tan ilustre como el promovido en tiempos de Carlos III, el propósito de una colonización agraria, vinculada a una política de obras hidráulicas y de puesta en riego, pertenece a los impulsos del siglo XX. Después de planteamientos modestos habidos en el breve periodo republicano, es tras la guerra civil cuando puede hacerse operativa la articulación entre colonización y política hidráulica, integrándose dentro de un programa de reforma técnica agraria (junto a la concentración parcelaria y la extensión agraria) orientada a la mejora del sector en la economía nacional, mediante el incremento de la productividad, pero desvinculada de la transformación en la estructura de la propiedad que la reforma agraria intentó en los años de la II República. En la perspectiva del tiempo, cerrada esa etapa hace un cuarto de siglo, el juicio histórico reciente cuenta con opiniones críticas (Gómez Benito, 2004) que señalan que la colonización, y la política de riegos, fue disfuncional, llegó tarde al coincidir con la crisis de la agricultura tradicional y el éxodo rural, beneficiándose sobre todo a los grandes propietarios, por lo que, en ese supuesto, cabría hablar de la contrarrevolución agraria franquista. No obstante, la acción promovida por la Administración del Estado, en las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo XX, produjo una transformación sin precedentes del medio rural, con resultados significativos en la puesta en riego y la construcción del orden de tres centenares de pueblos en las diversas cuencas hidráulicas sobre las que se actuó. Las transformaciones del medio físico operadas constituyen un capítulo notable entre los procesos de modernización insertados en el devenir del régimen franquista, por más que estuviesen fundados en ideas y políticas planteadas con anterioridad. Desde el punto de vista de la ordenación del territorio la colonización impulsada por el Régimen se concretó en obras de ingeniería y arquitectura del mayor interés en bastantes casos. Un interés material que no debe olvidar que el desarrollo de la vida productiva y cotidiana de los colonos estuvo marcada por una regulación autoritaria y rígida, especialmente en una primera época; o que la construcción de algunas obras hidráulicas, empezando por el canal del Bajo Guadalquivir, estuviera vinculado al trabajo forzado, para el que se llegaron a crear ocho agrupaciones y el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas (Acosta Bono, Gutiérrez Molina, Martínez Micas, Río Sánchez, 2004). Al igual que la arquitectura de la vivienda social urbana, la arquitectura rural franquista es susceptible de ser examinada bajo las coordenadas objetivas de su especificidad, distinguiendo las aportaciones que significaron innovación desde un punto de vista disciplinar, cimentadas en el desarrollo técnico agrario de los ingenieros, pero contando con la contribución de jóvenes arquitectos de entonces como José Luis Fernández del Amo, Alejandro de la Sota, José Antonio Corrales, Antonio Fernández Alba... destinados a protagonizar el desarrollo de la arquitectura española en la segunda mitad del siglo XX. Junto con ellos intervinieron muchos otros, quizá menos conocidos pero igualmente cruciales en este campo de la actividad constructiva en la que se decantaron ejemplos concretos de paisajes y pueblos, edificios y espacios que pueden y deben ser considerados desde una perspectiva patrimonial. Una perspectiva que, lógicamente, no puede quedar ceñida a “piezas” urbanas o arquitectónicas aisladas, sino en la perspectiva integral de su inserción territorial, sus valores paisajísticos, la consideración de la producción de la ingeniería hidráulica, y los valores etnográficos desarrollados en el marco de estos escenarios productivos y de vida social. Han transcurrido veinte años desde que, ya en democracia, la propia Administración Central del Estado impulsó un análisis sistemático y de conjunto sobre el tema de los pueblos de colonización del franquismo. En 1984-85 se coordinaron INRDA, IEAPA, IEAL y DGAV para la realización del trabajo Historia y evolución de la colonización agraria en España, que fue llevado a cabo por un amplio equipo interdisciplinar bajo la coordinación del EUA (Equipo de Urbanismo y Arquitectura), dirigido por Alfredo Villanueva Paredes. El trabajo en equipo, con la participación de importantes especialistas, el examen detenido de pueblos y archivos, la confluencia de diversas experiencias y estudios, dieron como resultado la edición sucesiva de los cuatro volúmenes (un quinto quedó sin publicar) que hasta hoy constituyen la fuente impresa más completa, por más que la bibliografía existente (ver p. 124-125) sobre la colonización agraria en España sea verdaderamente copiosa, desde los diversos enfoques disciplinares que sobre ella coexisten. PH Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, nº52, febrero 2005, p. 38-42038 Introducción Pueblos de colonización franquista: objetivo patrimonial Víctor Pérez Escolano Catedrático del Dpto. de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas. Universidad de Sevilla
Historiadores y geógrafos, agraristas y agrónomos, arquitectos e ingenieros, sociólogos y políticos, han ido acumulando enfoques generales o particulares, acotados en el tiempo o ceñidos a ámbitos territoriales concretos. Desde las aportaciones de los protagonistas y coetáneos, como E. Gómez Ayau (1952, 1961, 1978), J. Tamés (1947, 1988), A. Torrejón (1953) o J. L. Fernández del Amo (1974, 1983, 1986, 1987), se han sucedido importantes trabajos integrales, como los de F. J. Monclús y J. L. Oyón (1984, 1985, 1986, 1987, 1988), A. Villanueva Paredes y J. Leal Maldonado (1991), los de enfoque geográfico como N. Ortega Cantero (1979), los de C. Barciela López (1990, 1999, 2000), desde la historia económica, o los de C. Gómez Benito (2003, 2004) desde la historia sociológica. Trabajos regionales, como los de E. Almarcha (1996, 1997) o J. Rivero (2003) para Castilla-La Mancha, los de J. M. Cardesín (1987, 1992) o E. Zas (2002) para Galicia, M. Siguán (1963), M. Rodríguez (1984, 1986) e I. Sánchez (2002) para Extremadura, y la especial atención a Aragón de Monclús y Oyón o Gómez Benito, además de otros autores como C. Rábanos (1999). Aparte de las referencias de los autores consolidados en la historia de la arquitectura y el urbanismo contemporáneos (F. de Terán, I. de Solá-Morales, C. Sambricio, A. Capitel, G. Ruiz Cabrero...) en los últimos años se ha activado el interés de los análisis arquitectónicos como los publicados en el marco de los encuentros que se vienen celebrando en Pamplona; por ejemplo, los de P. Baranguán (1998), I. Bergera (2004) o E. Delgado Orusco (2002). Para Andalucía, debe recomendarse la síntesis general realizada por J. Cruz Villalón (1996), que ha trazado un mapa de la política de colonización en la región. Esta autora, así como F. Zoido Naranjo, J. J. Romero Rodríguez, J. F. Ojeda Rivera, y otros autores sevillanos (1977, 1978, 1980), así como A. Reguera Rodríguez (1983, 1984, 1986) han estudiado desde una perspectiva geográfica zonas del Bajo Guadalquivir; en el Alto los de E. Araque Jiménez (1983), J. M. Chico de Guzmán (1978) y M. Rodríguez Arévalo (1997); y en Almería los de J. Rivera Menéndez (2000). Con específico enfoque arquitectónico hay que citar a V. Pérez Escolano (2002-2003) y las contribuciones al Docomomo Ibérico de M. Centellas y M. Calzada (2003). ¿Por qué afrontar ahora una revisión auspiciada por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico? Por dos razones fundamentales que, aunque aplicables a objetivos de su ámbito regional, tienen una validez general. Una primera de carácter substantivo: la necesidad de revisitar la realidad de los pueblos de colonización desde un enfoque patrimonialista. Constituyen un conjunto significativo, identificable y de valores históricos y materiales esenciales para comprender la segunda mitad del siglo XX en España. Reconocida a grandes líneas la importancia que tiene este conjunto de intervenciones territoriales, se hace preciso constatar su estado actual a comienzos del siglo XXI, elaborar un catálogo sistemático de estas actuaciones, de sus valores originarios y de la supervivencia o no de los mismos, sujetos como han estado a muy diversas vicisitudes en su evolución a lo largo de décadas. Revisitarlos significa comprobar cómo poseen valores ciertos cada uno de ellos, y particularmente los que se reconocen ejemplares desde el punto de vista de su trazado, su arquitectura, sus valores paisajísticos, o cualquier otro parámetro de índole patrimonial. Y hacerlo en la perspectiva de su evolución, de los cambios operados o por venir, de acuerdo con estrategias territoriales y productivas en coordinación con las más adecuadas determinaciones de naturaleza urbanística. Lógicamente, su puesta en valor deberá traer consigo el desarrollo de específicos instrumentos de protección y difusión, pero en la seguridad de que su eficacia sólo será posible si se integra en el marco del desarrollo rural. La segunda razón es cuantitativa y administrativa, y tiene que ver con la orientación decidida que la Junta de Andalucía, en el ejercicio de sus competencias, viene desarrollando acerca del patrimonio contemporáneo andaluz, del que los pueblos de colonización constituyen un capítulo importante. Hay que recordar que de los 291 pueblos o poblados (se recoge listado en p. 75-77), incluyendo ampliaciones y viviendas dispersas, figurados en el estudio general anteriormente citado, repartidos por las seis divisiones regionales habidas en su día en el INC (Ebro, Norte, Centro, Guadiana, Guadalquivir y Sur-Levante), 113 se encuentran en territorio andaluz: los 85 de la regional del Guadalquivir y 28 de las provincias orientales andaluzas de la Sur-Levante. Insistiendo en este factor, hay que decir que el río Guadalquivir y sus afluentes generan la mayor densidad de pueblos de colonización, pero que todas las provincias andaluzas, menos Huelva, cuentan con un número significativo de actuaciones. Siempre de acuerdo con el estudio de referencia, en un orden decreciente: Jaén (23), Sevilla (23), Cádiz (17), Almería (15), Córdoba (13), Granada (13) y Málaga (9). PH Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, nº52, febrero 2005, p. 38-42 039 1 1. Rivero de Posadas, poblado de colonización en la provincia de Córdoba. Foto: Manuel Calzada
Baste apuntar algunos casos como Miraelrío, Llanos de Sotillo o Guadalimar en la provincia de Jaén, Algallarín en el Guadalmellato, y los del Bembezar en la de Córdoba y en la de Sevilla, del otro lado de la raya provincial con ejemplos como La Vereda o Priorato, o Esquivel en el Viar, la serie de los del Guadalcacín en la de Cádiz, los del Cacín en Granada, o en Málaga, Cerralba en el Guadalhorce, y los del Campo de Dalías o Níjar en la provincia de Almería. Un recorrido extraordinario de la vida rural andaluza que tuvo un significado en sus orígenes y hoy, en numerosas ocasiones, está sujeta a profundas transformaciones, del propio sector primario, o devenido en territorios transformados por la dinámica territorial posterior. Como indica J. Cruz Villalón (1996), predominan los núcleos con poblaciones comprendidas entre 250 y 500 habitantes, con tendencia aún regresiva o que se han estancado, por más que algunos sean dinámicos, como se observa en los de la zona regable del Guadalcacín, en las pedanías de Jerez de la Frontera, en los del sur de la provincia de Sevilla, o en los almerienses tanto del campo de Dalías como en Níjar, apareciendo tensiones urbanísticas y administrativas, siendo unos cuarenta los que “se encuentran plenamente consolidados e integrados en el sistema urbano andaluz”. Cuando en 1986 se publicó Cincuenta años de arquitectura en Andalucía 1936-1986 se eligió como portada, y como cartel de la correspondiente exposición, una imagen panorámica de Esquivel, pueblo de colonización proyectado por Alejandro de la Sota, arquitecto esencial para la arquitectura española del siglo XX. Planteado en 1952, Esquivel representa un hito dentro de su trayectoria juvenil al servicio del Instituto Nacional de Colonización, al que se vinculó en 1942, y es, quizá con Vegaviana (Cáceres), de José Luis Fernández del Amo, el ejemplo más celebrado de todo el conjunto de actuaciones de pueblos de colonización en España. Pues bien, este celebrado pueblo de colonización puede servir de ejemplo singular de las necesidades que gravitan sobre buena parte de ellos, observados desde la perspectiva patrimonial que ahora proponemos. Las ampliaciones habidas, las reformas y alteraciones del caserío y de su infraestructura, no deben inducir al abandono, antes al contrario, han de constituir un estímulo para, desde una perspectiva realista, preservar en lo posible su carácter originario. Al publicarse Esquivel en la Revista Nacional de Arquitectura, Sota explicaba las coordenadas de su propuesta de esta manera: “Es Esquivel un intento de tomar como maestros a quienes siempre hicieron los pueblos, y que los hicieron, por cierto, de maravilla: los albañiles pueblerinos. / Esta teoría es para la orientación arquitectónica, no para el trazado urbanístico, pues pienso que el hacer un pequeño pueblo de 100 ó 200 casas no es hacer 100 ó 200 casas juntas para que resulte un pueblo; el problema es distinto. Un pueblo de nueva planta tiene unas características bien definidas y diferentes de aquél que se formó en siglos; el pintoresquismo, natural en estos pueblos que nacieron y crecieron a la ventura, ha de ser medido, casi anulado en los que, de una vez, salgan de nuestro tablero. Lo contrario ya sabemos adonde nos lleva: a formar un cursi escenario lleno de bambalinas. / Esquivel se quedó un tanto en el camino; pudo haber sido mas rígido todavía no en el trazado, sino en sus formas, en sus detalles; fue considerado un tránsito para los pueblos que detrás vengan, para los que le han de seguir, que tendrán que ser, desde luego, espartanos. Por tanto, repito, hay que tomarlo como un ensayo transitorio”. Es decir, Sota revela la doble naturaleza popular y experimental del proceso proyectual de los poblados, y Esquivel refleja palmariamente las condiciones en que se mueve la cultura arquitectónica española en la posguerra civil. Un trazado innovador alternativo al esquema de centralidad dotado de circulaciones segregadas, y una decantación de tipos en las viviendas cuyo aspecto integra valores provenientes de elementos formales y sistemas constructivos tradicionales. Es decir, desde el punto de vista urbanístico y arquitectónico, los pueblos de colonización son un testimonio sostenido de la comIntroducción Pueblos de colonización franquista: objetivo patrimonial Víctor Pérez Escolano PH Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, nº52, febrero 2005, p. 38-42040 2 2. Poblado de Sacramento (Las Cabezas de San Juan, Sevilla). Foto: Manuel Calzada
pleja transición a la modernidad manifestada a través de los cambios que se operan en las disciplinas proyectuales. Sin duda, muchos pueblos responden a planteamientos miméticos y seguidistas de la cultura tradicional popular, pero una amplia muestra de ellos constituye el mejor panel evolutivo de los propósitos de una innovación susceptible de ser integrada en el gran objetivo de transformación del medio rural del que eran instrumento esencial. Es más, especialmente en el caso de José Luis Fernández del Amo, esa tensión cultural se manifiesta en la integración de las artes que, principalmente en sus iglesias, formaba parte de uno de los paradigmas de la puesta al día tanto del catolicismo como de la cultura, de lo que no se sustrae el medio rural, pero en el que los riesgos parecen distanciarse de nuestra apreciación. El desaparecido retablo de Pablo Serrano en la iglesia de Vegaviana manifiesta la preocupación particular que afecta a la vertiente de los bienes muebles. José Luis Fernández del Amo representa mejor que ningún otro esa veta innovadora, con pueblos de colonización diseminados por casi toda España y que se encuentran en muy distinta situación respecto a su configuración original: Vegaviana (Cáceres), San Isidro de Albatera (Alicante), El Realengo (Alicante), Cañada del Agra (Albacete), Villalba de Calatrava (Ciudad Real)... aparte de los andaluces del Guadalquivir como La Vereda (Córdoba) o Miraelrío (Jaén), o los menos conocidos proyectados para Almería (Puebla de Vícar, Las Marinas, Las Norias, Campo Hermoso o San Isidro de Níjar). Somos conscientes de la multiplicidad de circunstancias en las que se ha desarrollado la vida de cada medio rural. Estamos convencidos de que los pueblos de colonización del periodo franquista constituyen una veta singular de aproximación a ese espacio ensombrecido por la rutilante condición de la vida urbana; al analizarlos desde todas sus facetas, fortalecemos la mirada patrimonial, atributo cuyo desvelamiento es el objetivo substancial del trabajo que coordina el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Así avanzaremos hacia un conocimiento integral del país y hacia un proyecto de sociedad más justo. Este monográfico de PH responde a este propósito. Los autores de los artículos, proyectos, voces e informaciones que lo integran ofrecen la debida variedad disciplinar, participando autores veteranos junto a investigadores mas jóvenes, visiones integrales junto a casos particulares, y muy especialmente, aquellas experiencias prácticas vinculadas al hecho colonizador. Bibliografía Acosta Bono, G.; Gutiérrez Molina, J. L.; Martínez Macías, D.; Río Sánchez, A. del. 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