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En primer plano: una visión periodística y mediática de la crisis de Venezuela en enero de 2003

Reig, Ramón

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En primer plano: una visión periodística y mediática de la crisis de Venezuela en enero de 2003 Dr. Ramón Reig Prof. Titular de Estructura de la Información Periodística Universidad de Sevilla RESUMEN Entre los días 18 al 22 de enero de 2003 el director de Ámbitos visitó Caracas junto a los profesores doctores José Asensi Sabater (Universidad de Alicante), Miren Etxezarreta (Universidad Autónoma de Barcelona), Pablo Oñate y Rubén Martínez (Universidad de Valencia), todos ellos invitados por la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela a través del Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) con sede en Valencia. Una pequeña parte de sus impresiones personales fueron publicadas en forma de crónicas -“mutiladas” por falta de espacio- en Diario de Sevilla. Ahora se ofrecen los textos completos de todas ellas más dos partes escritas al final para completar algo más el acontecimiento. Se trata de ofrecer una visión con un matiz alternativo respecto a los discursos mediáticos “oficiales” y de intentar explicar las causas de dichos discursos desde los intereses originados por las relaciones estructurales de la información. ABSTRACT From the 18th to the 22nd of January 2003, Ramón Reig, director of Ámbitos, and the professors José Asensi Sabater (University of Alicante), Miren Etxezarreta (University of Barcelona), Pablo Oñate and Rubén Martínez (University of Valencia) were invited by the Presidency of the Bolivariana Republic of Venezuela through the Political and Social Studies Center (Valencia). A small part of his personal impressions was published as chronicles –“mutilated for space reasonsin Diario de Sevilla. In this article, Reig offers the complete texts and two more parts written to complete the event. The author tries to offer an alternative vision from the official media message. It is also a good opportunity to find out how these official messages are originated by the media structural relations. Palabras claves: Periodismo/Crónica/Venezuela/Chávez/Crisis/Medios de comunicación. Key words: Journalism/Chronicle/Venezuela/Crisis/Media. Domingo, 19 de enero de 2003 Se va, se va, se va”, coreaban el pasado sábado un grupo de pasajeros del vuelo que une Madrid con Caracas. Es uno de los eslóganes que se utilizan en las manifestaciones contra el presidente Chávez. Poco antes, otro viajero había dicho que el presidente venezolano envía regalos “a su ÁMBITOS. Nº especial 9-10. 2º Semestre 2002 - Año 2003 (pp. 597-612) 598 En primer plano: una visión periodística y mediática de la crisis de Venezuela en enero de 2003 papá Fidel” y ahora los recibe “de su tito Lula” [en referencia al barco con petróleo que le envió el presidente de Brasil]. Habíamos hecho una escala de cincuenta minutos en Santo Domingo. Desde lo alto, ya cercano el avión a la pista, la isla aparecía con el típico verdor caribeño, salpicada de casuchas y chabolas en los alrededores de la zona de aterrizaje. El sol impactaba con fuerza sobre el mar levantando una luz cegadora. Durante la mayor parte de esos cincuenta minutos, en una zona del avión se había entablado un debate político, una especie de aperitivo de un aspecto de la discusión que ahora se vive en Caracas. He venido aquí formando parte de un pequeño grupo de profesores universitarios españoles invitados por presidencia. Durante los próximos días nos entrevistaremos con la oposición1, con representantes de la OEA, con colegas de la Universidad, con magistrados y con el propio Hugo Chávez, entre otras personalidades. Chávez no está dispuesto a dejarse cercar internacionalmente. Cuando uno llega a Caracas nada diría que se está viviendo una huelga tan prolongada. A primera vista, todo es normal. Pero las tensiones existen. En el “debate de Santo Domingo” los tonos son firmes pero respetuosos. Es difícil a veces oír lo que unos y otros dicen: las voces se mezclan y te da la impresión de que asistes a esos debates televisuales en los que, en un momento dado, el presentador debe templar ánimos o pasar a publicidad. Dos de mis colegas han puesto en duda las acciones antichavistas y han sufrido toda una lluvia de respuestas. Una señora joven se levanta de su asiento, al final del avión, y le indica con cierto nerviosismo a uno de ellos -experto en derecho político y ciencias políticas por la Universidad de Valenciaque si no es venezolano que se calle y se entere primero de lo que pasa. “Eso si no es un obcecado comunista que ve lo que desea”, añade otro. Y un tercero sentencia: “Venezuela es importante para los comunistas: tiene petróleo”. El temor a un “castrocomunismo” es una de las grandes armas propagandísticas utilizadas aquí por los medios de comunicación, esto ya no es un secreto para nadie que esté siguiendo el conflicto. Pero hay otros temores: “A ver ahora cómo vamos a pagar la deuda externa con esta huelga”, se confesaba un pasajero del avión a una azafata de Iberia mientras se tomaba un café en la “cocina” y de paso estiraba las piernas por aquello del “mal de la clase turista”. La depreciación del bolívar ha ido en ascenso. Un euro vale ya unos 1.700 bolívares. Da vértigo observar en la carta de un restaurante de postín que un filete de ternera puede costarte hasta 25.000 bolívares. 1 He de aclarar que la oposición no quiso entrevistarse con nosotros ni los medios de comunicación privados cubrieron una sola de nuestras actividades. Por eso no figura aquí ninguna crónica con sus puntos de vista. 599 Ramón Reig Los antichavistas del avión culpaban a Chávez de la situación pero una pasajera nos recordó que, a su juicio, la inflación galopante ya comenzó en los noventa con la presidencia de Caldera. Cuando nos anuncian que vamos a reanudar el vuelo se extingue el debate. A la hora y media aparece Caracas allá abajo, con sus seis millones de habitantes, su microclima caribeño (29 grados de máxima ahora) y sus colinas. En ellas habitan opositores y partidarios del presidente. Las colinas se dividen en colinas y cerros, según me aclara una pasajera. En las colinas suele vivir gente de clase media y medio alta. En los cerros ese amplio segmento poblacional que apoya al presidente. También son colinas pero esta vez el poder adquisitivo le ha corregido la plana a la geografía. Domingo, 19 de enero de 2003 “La puerta del hatillo”, así se llama el restaurante situado en los límites de Caracas donde nos llevó a cenar el profesor Fermín Toro Jiménez, doctor en Derecho y profesor titular, jubilado hace años (con 24 ó 25 años de docencia un profesor universitario puede jubilarse en una Universidad pública de Venezuela aunque luego la cuantía de la pensión puede que le obligue a buscar otros trabajos). “La puerta del hatillo” ha estado cerrado por la huelga hasta hace un día o dos. Es un restaurante de lujo donde se observan esculturales bellezas venezolanas. Me cuesta dar crédito a lo que veo y no puedo remediar acordarme de la reacción de Woody Allen cuando, en El dormilón, al despertar de un proceso de hibernación de cien años, le enseñan unas fotos del Playboy: “Sí, eso era una revista de mi época pero esas chicas eran invenciones, realmente no existían”, dijo más o menos. Fermín Toro es ahora director de Relaciones Internacionales de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, como reza en su tarjeta de presentación. Además da clases de Relaciones Internacionales en el alto estado mayor militar. Nos da la bienvenida al grupo de profesores universitarios españoles y nos invita a sentarnos. Opina que Venezuela es en estos momentos un laboratorio experimental en materia de guerra psicológica. Reconoce la soledad internacional de su país pero está seguro de su causa. “Están teniendo en cuenta las experiencias de Chile, Argentina o Nicaragua a la hora de actuar contra nosotros. Buscan nuevas vías, ahora los modos han cambiado”, sentencia. Cree que la huelga tiene claros síntomas de decadencia. Chávez sigue en su puesto apoyado por los mandos medios del Ejército: los capitanes y los mayores, es decir, los que tienen el control directo sobre las tropas. Con tal respaldo y con el de sus seguidores civiles se ha defendido del acoso de la oposición y de los medios de comunicación privados. A su entender, lo que está sucediendo hunde sus raíces en 1830, cuando el proceso anticolonial de Venezuela fue interrumpido por Inglaterra. A partir de entonces, alrededor del petróleo se fue formando una casta dirigente que hoy ha llegado a una situación de corrupción total. 600 En primer plano: una visión periodística y mediática de la crisis de Venezuela en enero de 2003 La huelga ha permitido a Chávez llevar a cabo una medida clave con la que antes no se acababa de atrever: despedir a miles de técnicos petroleros y colocar las bases para llevar a cabo una clara nacionalización del crudo venezolano, ahora en manos privadas de hecho, aunque de derecho estemos ante una empresa pública. ¿De dónde están llegando sus sustitutos? Por ahora, se han reincorporado jubilados y están acudiendo extranjeros: de India y Argelia, por ejemplo. No es extraño por tanto que Chávez piense en estos países para añadirlos al grupo de “países amigos de Venezuela”. Unos países amigos de los que se recela aquí. A Portugal no se le ve peso específico y a España se la considera cómplice del golpe de Estado de abril pasado. Además, no se sabe qué papel va a jugar exactamente ese grupo de países ante una situación donde existe un Gobierno legítimo sometido a presiones varias. Se da la circunstancia de que los dos grandes bancos españoles –BBVA y SCH- están siendo criticados por chavistas y antichavistas. Para los primeros, está claro que se encontraban detrás del golpe de Estado de abril; para los segundos, hay que boicotearlos, sobre todo al BBVA, porque han ayudado a Chávez económicamente y porque están haciendo negocios gracias a Chávez. Fermín Toro cree que está casi ultimado el proceso de depuración del ejército tras la intentona de abril. Afirma que la huelga está perjudicado al pequeño y mediano comercio, al margen del problema petrolero. Cree que la clase media no ha entendido bien las reformas de Chávez, influida por un proceso de agitación permanente y tergiversador. Indica que la reforma agraria del presidente venezolano consiste, en esencia, en que el Estado se apropia de tierras baldías y las arrienda en usufructo a campesinos para evitar, entre otras cosas, que estos se las vendan de nuevo a los grandes terratenientes. Estima que es necesaria una reforma fiscal que modernice la Administración y los sistemas de recaudación entre los que más tienen. Y cuenta cómo los círculos bolivarianos han puesto en marcha radios independientes con las que combatir el poder mediático privado venezolano. También se refiere a la Universidad, a la que ve con bastante influencia de los opositores a Chávez sobre todo en las carreras técnicas (ingeniería, arquitectura), al tiempo que avisa de la cada vez mayor influencia que los llamados círculos estudiantiles bolivarianos están adquiriendo. Todo esto lo dice con una expresión a la vez cansada y firme. Lunes, 20 de enero de 2003 Colas enormes de coches para repostar gasolina en el tercer país productor de petróleo del mundo, donde esta riqueza supone más del 60 por ciento de su PIB. Esta es la situación más paradójica que se vivía el pasado domingo en Caracas. A pesar de todo, la ciudad estaba tranquila, hasta la protesta de cada día fue tranquila. Se desarrolló en la zona Este de la ciudad. La oposición a Chávez había convocado a una manifestación y mitin posterior a la emigración venezolana, ese 601 Ramón Reig segmento social que llegó procedente de diversos países occidentales y hoy es, junto a un pequeño sector de venezolanos, clase media-alta que vive muy bien pero que, al mismo tiempo, se encuentra encerrada en “jaulas de oro”: chalets más o menos impresionantes rodeados por un muro sobre el que se levanta una malla de alambre retorcido, como si fuera una trinchera militar; cámaras que tratan de captar al posible ladrón; guardias privados de seguridad... Me dicen que estos ciudadanos tienen que hacer menos colas para abastecerse de gasolina. La tienen, no puedo asegurar de dónde les viene, pero la tienen para sus suntuosos 4 por 4 o sus BMW. Tampoco les falta agua para regar sus campos de golf o sus zonas verdes. Por todo lo que he visto, en las colas de las gasolineras pueden verse, por regla general, vehículos medios y furgonetas de trabajo. Los conductores no esperan sólo conseguir gasolina. La gasolinera está cerrada. Están esperando a que, primero, llegue el camión cisterna a cargarla. El personal se empieza a tomar el asunto con filosofía, por el momento. Hay vendedores de productos campestres; se observan improvisadas mesas en medio de las colas de vehículos, entre coche y coche, con gente sentada, charlando. No hay presencia militar alguna, los ciudadanos se comportan con corrección. En estos momentos, Venezuela está importando petróleo. Lo del barco de Lula fue un gesto pero ese barco da para unas cuentas gasolineras que agotan el combustible en poco tiempo. Actualmente, la producción venezolana está, como mucho, entre 850.000 y un millón de barriles diarios, pero su producción normal oscila entre los tres y cuatro millones. Chávez ha pisado la cola de un tigre embalsamado, anquilosado. Ha querido y quiere controlar un sector que es público pero que, en la práctica, está dominado por una élite de altos funcionarios de comportamiento dudoso. Y el tigre se ha despertado pero, al mismo tiempo, con la huelga, ha legitimado aún más a Chávez para actuar de forma contundente: despidiendo, controlando aún más esas reservas de la ira. Hay por ahí una auditoría sobre el sector petrolero venezolano que ha elaborado la consultora estadounidense Mckenzie. Sus resultados deberían conocerse ya (en diciembre). Pero están retenidos. A pesar de la firma que lo ha elaborado los datos que se han filtrado confirman las sospechas de corrupción que pesan sobre muchos de sus responsables. Este es el meollo de todo. Después vienen las conexiones directas e indirectas del “tigre” con otros sectores productivos, entre ellos la comunicación, que actúa olvidándose de todo rigor porque dice que está en juego la libertad. Entonces esa clase medio-alta y alta se contagia de tales mensajes (en la pantalla del televisor aparece un icono que indica el momento de los cacerolazos), se asusta y sale a la calle. No quiere perder lo que es suyo o lo que cree que es suyo, ni sus propiedades ni su estatus. En el mitin que escuché un rato en la zona Este había gente bien, gente pija pero, en el fondo, creo que asustada. Había un gran colorido 602 En primer plano: una visión periodística y mediática de la crisis de Venezuela en enero de 2003 de banderas: venezolanas, españolas, italianas, portuguesas, catalanas, un par de ikurriñas y hasta una de Asturias. Cada cual coge su bandera y se va a protestar. Como es natural, esta gente no desea perder lo que tiene. Pero hay un mensaje quizás subyacente: estos ciudadanos enarbolan símbolos occidentales, como si estuvieran diciendo que son de aquí pero, al mismo tiempo, que no lo son. Da la impresión de que alguien ha debido reflexionar sobre el tema de las banderas: las anglosajonas apenas se ven: ni la made in USA ni la inglesa. Hace poco no era así. ¿Se pretende ocultar al Occidente más ortodoxo? Pero si esta gente no quiere dejar de ser lo que es, los habitantes que se amontonan en esos panales de casuchas en que se han convertido muchas colinas que circundan Caracas quieren dejar de malvivir. Y Chávez se lo ha prometido: no tienen nada que perder y tal vez algo que ganar. Ni tanto ni tan calvo. Me llevaron en coche por todas estas zonas –los alrededores de los ranchitos, el Este opulento- y el contraste es tremendo, si bien ni siquiera se puede acceder a zonas de “ranchitos” sin riesgo. Rubén, miembro del Centro de Estudios Políticos y Sociales, una ONG con sede en Valencia que está siguiendo muy de cerca los acontecimientos aquí, pudo adentrarse en uno de estos lugares con garantías gracias a unas monjas que han consagrado sus vidas a los desfavorecidos. Son monjas chavistas que se movilizaron especialmente cuando en abril quitaron de en medio a Chávez por unas horas. Otra paradoja: un miembro de una ONG que se interesa por los pobres, no puede llegar hasta los pobres por sí mismo. En Caracas aún no han desmontado los adornos navideños. Y, además, bastantes están encendidos por la noche. Se me ocurre, por darle un final poético a esto, que quizás todos sus habitantes estén cantando aún “Noche de paz”. Lo peor del asunto es que la letra y la música no es la misma en todos los casos. Miércoles, 22 de enero de 2003 A estas alturas de la huelga general los sectores más ortodoxos de la oposición siguen llamando a la continuidad mientras otros muestran síntomas de cansancio. El Gobierno, por su parte, la da por fracasada a veces con demasiada confianza. Lo que yo he podido comprobar es que aquí hay muy poco ambiente de huelga general y que esto es más bien un cierre patronal –remuneradocon clarísimas intenciones políticas, algo que en los estados de derecho –como en Españaes ilegal. Las grandes superficies comerciales secundan parcialmente la huelga (media jornada). Al margen de esto y de algún detalle más casi imperceptible, he paseado por Caracas, he viajado en un atiborrado metro, he comprado los típicos souvenirs sin ningún tipo de problema y donde he querido. En la calle hay un ambiente normal si se exceptúa que el nivel de acumulación de tráfico ha bajado considerablemente por la escasez de petróleo. 603 Ramón Reig Eso sí, hay puntos concretos donde se palpa la tensión. En la zona de Altamira, sector acomodado de la ciudad, siguen “atrincherados” los militares antichavistas lanzando sus ideas y los medios de comunicación vinculados a intereses privados prosiguen intentando marcar la agenda del día, algo que llama la atención cuando la mayor acusación que se le lanza a Chávez es que ha atacado la libertad de expresión y la propiedad privada. Sin embargo, el Estado cuenta tan sólo con una radiotelevisión pública que ni siquiera llega a toda la nación por falta de recursos tecnológicos. En los barrios de alto poder adquisitivo también habitan “disidentes”. Las cosas no son tan sencillas como a veces nos las presentan. Aurora es hija de un alto mando militar, un hombre de confianza de Chávez. Ella también se declara partidaria del proyecto chavista. Vive en una mansión de estas zonas. Tiene un hijo que va a un colegio privado. Ha soportado caceroladas en las puertas de su casa y su hijo ha llegado a acudir a la escuela con un bate de béisbol para defenderse, por si acaso. No le ha pasado nada, por fortuna, salvo la lógica presión psicológica que sufre. Aurora es acusada de “traidora” por sus vecinos y no puede acudir a las reuniones de padres en el colegio, donde las clases están suspendidas por la huelga. La huelga ha llegado también a la Universidad Central de Caracas, que tiene 15.000 profesores de los que 8.000 son activos y el resto jubilados que dan clases gratuitamente. Todo esto para una población de 70.000 alumnos. En este centro docente –declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO- el seguimiento de la huelga ha sido mayoritario por parte de los profesores, mientras que los alumnos reclaman sus clases. Con el tiempo, el profesorado en huelga se está incorporando paulatinamente. Manuel Mariña, vicerrector administrativo, permanece fiel a la reforma chavista. Cree que hay un temor al cambio por parte de los profesores. Los alumnos más activos y pro-chavistas han intentado retener en sus despachos al rector y a otras autoridades académicas. Algún grupúsculo, como uno que se autodenomina Bandera Roja, ha protagonizado acciones violentas. Pero todo es minoritario. La mayoría de los alumnos “pasa” de la coyuntura histórica tan decisiva que vive su país. Hay un divorcio entre docentes y discentes y otro entre mundo universitario y mundo oficial gubernamental. Aún así, en la Universidad hay colgadas numerosas pancartas de protesta contra los huelguistas. En Venezuela ir a la Universidad es un privilegio. Y en lo que se refiere a otros indicadores, Rodrigo Cháves, coordinador general de los círculos bolivarianos, creados por Hugo Chávez, afirma que el 50 por ciento de los niños entre 7 y 8 años no está escolarizado; el 69 por ciento de los niños abandona los estudios; un 80 por ciento de jóvenes procrean sabiendo que no podrán mantener a sus hijos; adolescentes de 14 ó 15 años se quedan embarazadas y el 33 por ciento de ellas muere en el parto. Sólo existe un 24 por ciento de cobertura de planificación familiar y un 26 y 15 por ciento respectivamente de cobertura sanitaria preescolar 604 En primer plano: una visión periodística y mediática de la crisis de Venezuela en enero de 2003 y escolar. La pobreza llega al 80 por ciento de la población y la pobreza extrema al 27 por ciento. Las clases acomodadas se sienten inseguras por la elevada delincuencia que llena unas cárceles donde se “vive” en condiciones infrahumanas. Con la delincuencia y la “amenaza” chavista se han disparado las ventas de armas. Iván Rincón, presidente del Tribunal Supremo, nos dijo en su despacho que hacen lo que pueden para llevar a cabo una reforma de la Justicia. Rincón no es chavista, es un hombre ponderado y con un agudo sentido del humor. Trata de mantenerse imparcial en todo este embrollo. Pero también ha sufrido agresiones y caceroladas en la puerta de su casa por parte de manifestantes antichavistas, como su colega el magistrado Cabrera Romero, quien nos decía que, con todo, ni se le ha pasado por la cabeza renunciar. Existe esta tensión latente pero no hay que confundir las cosas. Nada hace presagiar una confrontación civil. Estos datos están ahí y son peligrosos pero no han llegado a ningún extremo. Ni siquiera a EE.UU. debe interesarle una guerra aquí si encima quiere atacar Irak. Porque EE.UU. consume más petróleo del que produce y mucho del que necesita adicionalmente le llega desde Venezuela y México. Habría que estar loco para estimular aquí una guerra. Porque hay además otro factor que nos ha confirmado el general Carlos Martínez Mendoza desde su despacho en el Palacio presidencial de Miraflores: existe una nueva generación de militares que ya no sigue al gran maestro norteamericano. Ahora el fin de esta generación no es ser vigía de la seguridad de los intereses de los EE.UU., sino que el objetivo militar es el desarrollo social de sus países. Encuentro con Hugo Chávez Mientras habla, Hugo Chávez suele presionar levemente con su mano izquierda (es zurdo) el mantel de la mesa donde almorzamos. Es la forma de asentar lo que está diciendo. Lo hace al tiempo que baja la mirada como para centrar sus ideas. Tiene un lenguaje gestual con ambas manos que hablan tanto como sus palabras. Dice: “No he tenido tiempo de estudiar por desgracia tanto como quisiera. Tengo angustia de conocimiento”. En otro momento, levanta de pronto la mirada, eleva algo el tono de voz y el dedo índice para afirmar: “A mí me quisieron matar en abril cuando me llevaron preso. Uno de mis hombres, ahora de confianza, le oyó decir a Carmona: Chávez que no esté vivo mañana, un accidente, la ley de fugas... Soldados y mandos intermedios lo impidieron”. Habíamos entrado a comer sobre las dos de la tarde del pasado día 21 de enero. El presidente nos recibe vestido de manera informal, con una guayabera que parecía diseñada para un militar. Ocho comensales: seis profesores de distintas universidades españolas, uno de una Universidad venezolana y el propio Chávez. Menú: un pequeño cuenco de puré de legumbres con queso salpicado; ensalada y mero con puré de patatas, todo ello acompañado por un 605 Ramón Reig vino blanco venezolano ligeramente afrutado. Al final, tarta de chocolate, café o infusiones. Un equipo de tres camareros sirve la mesa, situada en un pequeño salón de las dependencias personales del presidente en el Palacio de Miraflores. El salón se comunica con una cocina de la que entran y salen los camareros, impecablemente vestidos. Cuando sirven las distintas fases del almuerzo, se retiran. Chávez tiene junto a sí una campanilla. Cuando observa que hemos terminado la hace sonar. La puerta de la cocina se abre y nos sirven el siguiente plato. Me han contado aquí que cuando detuvieron al presidente en el intento de golpe de Estado de abril de 2002 algunos camareros aplaudieron. Tenía el enemigo en sus narices. Pero estos camareros que hicieron posible nuestro almuerzo son ya otros. Al principio de la comida, Chávez bromea sobre un encuentro que tuvo con Fidel Castro y el profesor Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique. “Fidel no me dejaba hablar, sólo hablaba él. Yo le dije que quería charlar con Ignacio. Fidel se levantó y dijo: “Cinco minutos”. Y se fue y los iba contando. Me interesan las fases de las que habla Ignacio sobre la evolución de la mundialización. Creo que está en lo cierto”. Esa misma mañana Chávez había desayunado con Carter. El ex presidente de los EEUU le había puesto por delante un escrito de concordia para el país. Uno de los puntos recogía la necesidad de que el Gobierno venezolano readmitiera sin represalias a los altos funcionarios que ha despedido de la industria petrolera (PDVSA). Chávez se había negado en redondo a aceptar eso. Lo razona: la petrolera venezolana, a pesar de su carácter público (ahora se menciona expresamente en la Constitución como algo esencial de interés público), se ha convertido en un Estado dentro del Estado. Puede facturar al año unos 40.000 millones de dólares pero a las arcas del Estado llegan unos 15.000. El resto “se pierde”, una parte en suculentos sueldos que han dado origen a una casta especial. Otra en asuntos no controlados. Los inspectores chavistas han encontrado facturas perdonadas, no enviadas al cobro. Además, la empresa pública de petróleos crea más empleos en Estados Unidos (unos 250.000) que en Venezuela (40.000). Este dato lo supe a través de Rodrigo Cháves, el médico cirujano que está al frente de los círculos bolivarianos creados por el presidente, quien nos recibió en el complejo presidencial días atrás (por cierto, las medidas de seguridad en estos edificios dejan mucho que desear. Por lo general, están a cargo de soldados demasiado inexpertos en el tema, no de personal de seguridad propiamente dicho). Chávez se queja de que su industria petrolera está siendo saboteada por satélite. Todo el entramado del crudo venezolano se dirige por procedimientos informáticos. El cerebro de ese procedimiento está en manos de una empresa de EEUU, se lo entregaron antes de que Chávez llegara al poder. Durante estas semanas, se han producido sabotajes llevados a cabo por técnicos y otros trabaja- 612 En primer plano: una visión periodística y mediática de la crisis de Venezuela en enero de 2003 propietario de The Financial Times, del que Telefónica posee el 5 por ciento. El otro accionista de referencia de El Mundo es el Grupo Fiat-Rizzoli (Italia). En definitiva, existen unas claras conexiones entre: telecomunicacionesbanca-grupos mediáticos de España, EE.UU., México, Bolivia, Colombia y Venezuela-otros sectores de la producción y, por supuesto, el mundo político. Todo ello puede explicar las características de los mensajes informativos en caso de que alguno de estos elementos de poder sea “tocado” o se sienta atacado por un poder político rival que pretenda cambiar esencialmente una situación conformada ancestralmente. A partir de los datos expuestos se puede especular con la relación de amistad y camaradería que, en torno al petróleo, existe entre el presidente Bush, el magnate Cisneros y otros apellidos destacados de Estados Unidos y Venezuela. De esta forma tendremos una gran parte de la explicación del sentido y significado de los mensajes informativos occidentales en lo que al “caso Chávez” se refiere. En principio, la definitiva “bondad” o “maldad” de Hugo Chávez está por demostrar, aunque ya poderosos sectores económico-mediáticos hayan juzgado y condenado al personaje. (Febrero 2003)