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Criterio médico-psicológico para el diagnóstico diferencial de la pasión y la locura

Mata, Pedro, 1811-1877

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CRITERI MÉDICO-PSICOLÓG PARA EL DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL DE LA PASION Y LA LOCURA, POR EL DOCTOR DON PEDRO MATA, CATEDRÁTICO DE TÉRMINO, ENCARGADO DE LA ASIGNATURA DE MEDICINA LEGAL Y TOXICOLOGÍA EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL , ETC. TOMO PRIMERO. MADRID. Imprenta á cargo de B. Berenguillo, Torres, 4 duplicado. 4868. Esta obra, cuyos ejemplares están numerados, rubricados y sellados, es propiedad del autor. PRÓLOGO l BTRODUCCION. S./ OBJETO DE ESTA OBRA Y LO QUE CONTIENE. El grave asunto á que he destinado este libro viene absorbiendo, por espacio de muchos anos , mi pensamiento. Cada dia me voy convenciendo más de la necesidad que hay de establecer, sobre bases sólidas , un criterio médico-psicológico , para formar el diagnóstico diferencial de la pasion y la locura. De un estado pasional y de un estado loco, pueden resultar, y por desgracia resultan con muchísima frecuencia , ciertos actos terribles, ya contra la seguridad , ya contra la honra de las personas. Llevados los perpetradores. de esos actos ante los tribunales de justicia, no se puede aplicarles por igual las penas consignadas en el Código para cada uno de los delitos, puesto que en el mismo se establece que , para ello , es necesario que el que los corneta se halle, en el acto, en la plenitud de su razon, que tenga libre albedrío; que se encuentre, en fin, en un estado responsable, en cuyo caso sus actos son voluntarios. ! p si se reputan por de pronto los actos calificados de delito por el Código penal , mientras lo contrario no conste; mas, en cuanto se llegue á probar que el perpetrador de esos actos no ha obrado voluntariamente , la ley, conforme á los más severos principios de justicia, y atenta al grito de la humanidad , quiere que se exima al ejecutor de alguno de esos actos , por lo ménos de la responsabilidad criminal , ora de un modo completo, ora del máximum de la pena. Los locos, segun el art. 8. de nuestro Código , están completamente exentos de responsabilidad criminal. En igual caso se encuentran los menores de nueve años , y los menores de quince, si estos han obrado sin descernimiento. 7 La ley considera que la razon de esos menores no está íntegra; que les falta la refiexion , elemento esencialísimo para, la existencia del libre albedrío , y los iguala á los locos. En otras ocasiones , cuando el autor de un acto castigado por el Código penal es menor de diez y ocho años; cuando le ejecuta bajo el influjo de estímulos tan poderosos que le produzcan ofuscacion ó arrebato; cuando se halla constituido en cualquiera otra circunstancia análoga, y cuando le comete en un estado de embriaguez que no sea habitual y sea anterior al proyecto del delito, la ley no castiga con todo el rigor de la pena al delincuente; la responsabilidad no se tiene por completa, es parcial, hay circunstancia atenuante ; porque el Código, fiel intérprete de la fisiología anímica, sea de las leyes psicológicas, comprende que en esos casos la razon no está integra; no hay todo el lleno de libertad que exige, en justicia, la responsabilidad absoluta , ó completa, con que la ley castiga al ejecutor de un delito, siempre que se prueba que ha obrado con la plenitud de su libre voluntad. En no pocos casos, es tan notorio el acto 8 criminal, 'que ni al defensor del reo se le ocurre la menor duda acerca del estado mental de ese desdichado. Mas , en otros, se sospecha la falta de integridad de la razon: no sólo se presume que el acto ha sido pasional hasta el punto de haber producido ofuscacion ó arrebato , sino que ya pertenece á alguna de las numerosas categorías que presentan el entendimiento y la voluntad constituidos en la region de la locura. En semejantes ocasiones , el fiscal sostiene que el acusado estaba en la plenitud de su razon ; el defensor afirma lo contrario. ¿ Quién ha de dirimir la contienda? ¿Cómo se ha de dirimir? ¿Qué norma, qué regla , qué criterio debe seguirse para establecer de un modo seguro la diferencia de casos, de responsabilidad absoluta, de reponsabilidad parcial y de responsabilidad completa? Los Urbano Coste , los Elías Regnault , los Cloprong y cuantos abundan en las ideas, á todas luces erróneas, de esos tres extravagantes adversarios de la competencia facultativa os dirán que ? para determinar decididamente si un sugeto está ó no loco , no se necesita más 9 que tener sentido comun; no es necesario ser médico, ni haber estudiado nunca, ni en los manicomios, ni en los libros, la ciencia frenopática. Lejos de ver en los que han hecho esos estudios alguna ventaja, se la dan entera á los profanos, suponiendo que estos están libres de las ambiciosas ignorancias de las escuelas , que ofuscan el entendimiento de aquellos , y siquiera vean la constante práctica de los tribunales, los que, antes de fallar en tales casos, apelan al juicio de peritos, se desentienden de lo que esa práctica significa, llamándola galantea de los jueces, tomada en sério cómicamente por los benditos hijos de Esculapio (1). (1) En una discusion habida en el seno de cierta Academia de Medicina, hemos oidcrhablar en términos análogos á un farmacéutico y algunos veterinarios, y luego hemos leido, en algunos periódicos políticos, sueltos ejusdem furfuris, fundando la aptitud pericial de esos scibios en que son notabilidades en su ramo y hombres de bien. Serán todo lo que quieran S. S.; pero mientras no hayan estudiado las enfermedades mentales, no tendrán aptitud científica, y mientras los farmacéuticos y los veterinarios no sean médicos , no tendrán aptitud legal para casos judiciales de locura. Por eso, ni los jueces, ní los tribunales , se dirigen á ninguna facultad de farmacia, ni á ninguna escuela de veterinaria, cuando necesitan del concurso de la ciencia especial, para saber si un sugeto está ó no 10 rica y la parte práctica , lo publicado y lo inédito, ha de contribuir poderosamente á generalizar, entre médicos y abogados , la doctrina que conviene profesar y aplicar , siempre que ocurran en el foro cuestiones de esa naturaleza. Es una necesidad urgente que cese ya , entre los hombres del foro y los del arte, el antagonismo que ha reinado funestamente por mucho tiempo entre ellos , y que en España se hace sentir todavía, por desgracia, en ocasiones. Es necesario demostrar teórica y prácticamente que entre la psicología y la fisiología no hay divorcio; que aquella está dentro de ésta, como la especie dentro del género; que la biología , como ciencia de la vida , comprende este modo de existir, no sólo del cuerpo , sino del alma; que las manifestaciones del espíritu son funciones, por lo tanto, son fisiológicas; que, como toda funcion, han de realizarse forzosamente con una condicion material, con un instrumento , con uno ó más órganos á esas manifestaciones destinados, y que tanto el ejercicio normal corno el anormal de esas funciones , que la razon y la locura , lo mismo que sus estados intermedios , tienen su razon de 47 sér en el árgano , y no en el alma , como se quiera conservar á esta su naturaleza espiritual, la que se degrada, se materializa, desde el momento en que se quiere prescindir de la organizacion , para explicar y comprender el diverso juego de las facultades psíquicas , y sus diferentes grados de falta de desarrollo , de abolicion ó de extravía', En el extranjero hay sociedades médico-psi- cológicas, cuyo objeto principal es estrechar los lazos naturales que unen á los psicólogos y á los fisiólogos , á los abogados y á los médicos; lazos rotos por el artificio funesto que ha engendrado una falsa filosofía. La sociedad médico-psicológica de Paris ha revelado de un modo inequívoco ese objeto en su programa, que nadie tendrá por exagerado, ni pretensioso, por poco que conozca las relaciones de la psichiatria filosóficamente estudiada. Las tareas á que se ha dedicado la sociedad médico-psicológica de Paris, abrazan la anatomía , la fisiología y la patología del sistema nervioso; la fisiología y la patología mentales; la psicología , la antropología y la etnología; la higiene moral y penitenciaria , la estadística, CRITERIO MÉDICO.-TOMO  2 1 18 la administracion , la medicina legal, la jurisprudencia en materia de enagenaciones men tales y otros ramos igualmente relacionados. con la trinidad humana, formada por lo lisie°, lo intelectual y lo moral de nuestra especie. Concíbese fácilmente cómo, dando á sus tareas ese vasto y casi enciclopédico circulo, lamencionada sociedad ha de llevar á cabo su laudabilísimo propósito. A sus esfuerzos y á los de los que se asocien á ellos , se ha de. efectuar indefectiblemente la fusion entre las ciencias morales y las biológicas, y entre las dos clases de sabios que, de algunos siglos á esta parte , no sólo se han .cuidado poco de estrecharse las manos para una empresa coman, sino que han sostenido del modo mas deplora- Me una guerra entre ellos tan encarnizada, como si se tratara de una causa opuesta ó antitética á la que cada parte beligerante ha sostenido. Al estruendo con que han peleado en otras naciones , y en especial en Francia, durante seis lustros , los naturalistas, fisiólogos y módicos contra los metafísicos , los ideólogos y psicólogos , ha de suceder bien pronto el silencio de la paz , debida á una transaccion necesaria y provechosa. La reaccion contra las tendencias materialistas del siglo pasado y del principio do este ha conducido al divorcio absurdo de la psicologia y la fisiología. Algunos discípulos de Descartes, interprétando mal, violentando las ideas de su maestro, partieron al hombre en dos mitades ; se quedaron para ellos el estudio de las funciones anímicas, como de su exclusiva pertenencia , y abandonaron á los médicos y fisiólogos las corporales, como de un órden inferior é independiente. La escuela de Hdimhurgo exageró más que nadie esa separacion de ciencias ó de estudios, esa mutilacion del hombre , y por desgracia, han tenido adictos en Francia, en Alemania, en Italia y en España. De ahí proceden esas pretensiones absurdas de un espiritualismo extremado, no sólo desconocido en los antiguos tiempos de la filosofia griega , sino tambien de la edad media. Las obras de Platon y las de Hipócrates no se excluyen, como las de los fisiólogos y los psicólogos cartesianos. Aristóteles no divorciaba lo físico de lo moral del hombre , si es lici- 20 to deducirlo de su Tratado de ánima. En él no se ve la separacion entre la psicología y la fisiología que han proclamado los metafísicos escoceses y sus sectarios. El Estagirita y Cabanis se hubieran entendido perfectamente. El Angel de las escuelas de la edad media, San- to Tomás, hubiera visto en Descartes algunas de sus afirmaciones relativas á la relacion reciproca del alma y del cerebro , y entrambos no hubieran encontrado á Gall, sobre este importante punto, tan descabellado como le han querido ver los neo-espiritualistas. Merced á los esfuerzos de las sociedades médico-psicológicas , esas luchas y ese divorcio desaparecerán muy pronto del campo de la ciencia, reemplazándolos, con provecho de todos , la más intima alianza entre dos órdenes de estudios, que la naturaleza engendró gemelos, y que el artificio rabia declarado antagonistas. Galli, tan duramente combatido por tirios y troyanos , empieza á ser justificado por sus más ardientes adversarios. Hoy ya confiesan que es una verdad, indicada por Descartes, y demostrada hasta la última evidencia por el fundador de la frenología, ó la fisiología del ce- 21 rebro , que esta víscera es el órgano del alma; que ella es el asiento de las facultades intelectuales y morales, y que, como ya lo consignó una obra de la coleccion hipocrática , del estado en que se encuentra ése órgano dependen la razon y la locura. Entre las obras más recientes publicadas con el objeto de establecer esa alianza entre la psicología y la fisiología , y esa armonía entre los médicos y los abogados , puede citarse la de Legrand du Saulle , titulada La locura ante los tribunales. Igualmente versado en la jurisprudencia que en la medicina mental , ese distinguido miembro de la sociedad médicopsicológica de Paris , ha podido tratar de esa materia con una lucidez digna del levantado propósito que le animó, al concebir su obra. Brierre de Boismont es otro infatigable apóstol de esa cruzada, altamente humanitaria, llenando, ya las páginas de los Anales medicopsicológicos, ya las de los de Higiene y medicina legal, con escritos luminosos , que tienden siempre á propagar, en el foro, las conquistas de la ciencia. Por no prolongar demasiado este prólogo, 22 no hago mencion de Morel, J. Luis, Griesinger y de otros muchos autores que marchan por igual via , con el mismo afan y el mismo acierto. La publicacion de este libro , la reunion en un volúmen de los discursos y dictámenes que comprende, es una manifestacion, por mi parte, de mis ardientes deseos de asociarme á esa cruzada, y de intentar en mi patria lo que otros están haciendo en la suya. Mis tres Tratados de la razon humana en estado de salud, en sus estados intermedios, y en el de enfermedad, lecciones dadas en el Ateneo científico y literario de Madrid, igualmente que otras obras , pueden cdnsiderarse como pasos impresos en esa via. Aquellos tres tratados han sido concebidos, expuestos y publicados con aplicacion á la práctica del foro. Mi objeto, no sólo ha sido exparcirlos entre los médicos , sino tambien entre los abogados. En el prólogo del primero de esos Tratados, despues de consignar que mi obra es el legitimo consorcio de la fisiología y de la  b psicoloola 9 ó por mejor decir, la absorcion natural de esta por aquella; despues de trazar, con cuatro ras- 23 gos, irrefragables pruebas de que el alma, considerada como síntesis de todas las fuerzas del microcosmo, no puede revelarse sin condiciones materiales , que son los órganos ; sigo diciendo: «Los psicólogos , que han pretendido hacer obrar al alma sin organizacion , han soñado el mayor de los delirios. Yo creo que por haber desconocido esta trivialisima verdad, los fisiólogos y los psicólogos han marchado hasta aqui por falsas vías. Hombres de hechos experimentales en su mayor parte, los primeros han renunciado indebidamente á tratar de las funciones del alma, corno asunto extraño á su ciencia , y han malogrado , á mi ver , en lo que atañe á lo intelectual y moral del hombre, los resultados de sus numerosos é importantes decubrimientos. Hombres de idealidad y comparacion , los segundos han renunciado á su vez á las luces de la fisiología , han desdeñado la parte material del ser humano y sus lazos necesarios con el mundo donde vive , y perdiéndose por el piélago inmenso de la abstraecion, han engendrado un mundo de quimeras, y han continuado la mitología oriental en otras formas.» 21 «SAbios que debian trabajar en el mismo edificio , repartiéndose el trabajo para perfeccionarle, pero ayudándose mútuamente con sus investigaciones, se han hecho antagonistas intransigentes , declarándose una guerra á muerte, que prolonga, con grave daño de la humanidad, las tinieblas de los tiempos más funestos á la ciencia.» «De aqui las acusaciones reciprocas, que cada dia ensanchan más la distancia de los bandos. Los fisiólogos llaman á los psicólogos visionarios., y los psicólogos apellidan á los fisiólogos materialistas , siendo cada uno de esos dictados, sobre todo el último, un excelente comodín para escaparse por la tangente y evitar una derrota , cuando no se sabe qué contestar á hechos y razones irrefagables.» «Yo he procurado reunir á las partes beligerantes. Hago fisiólogos á los psicólogos, y psicólogos á los fisiólogos , porque demuestro que la psicología es una rama de la fisiología. Afirí mo y pruebo que las potencias del alma son t funciones, y toda ciencia de funciones es esencialmente fisiológica. Laspotencias del alma no pueden realizarse sin órganos, y toda acti- 25 viciad orgánica es funcional; por lo tanto, cae en el dominio y jurisdiccion de la fisiología. 1Toda psicología que no sea funcional ó fisiológica, es completamente falsa.» Así consignaba yo mi opinion en 1857, no siendo más que la expresion de lo que dije en 1855 en el Ateneo, al dar la primera leccion sobre la Razon humana, y de la doctrina que vengo, desde muchos años, profesando, y es una gran satisfaccion para mi que me encuentre tan de acuerdo con esa multitud de frenópatas y fisiólogos extranjeros , precisamente en un terreno , donde, en España, se me ha querido formar una reputacion de materialista , con todas las circunstancias desfavorables que para muchos entraña ese dictado, la que no tiene más justificacion ni fundamento que la ligereza de los unos, la ignorancia de los otros, y, á más de estas, la mala fé de ciertas gentes afiliadas á la reaccion bajo todos sus aspectos. Acaso no haya acertado á ejecutar mi pensamiento, en mi afán de hermanar , como las sociedades médico-psicológicas extranjeras, los estudios psicológicos con los fisiológicos; podrán haberme faltado los talentos y el saber 32 á D. P. F. y R. corno criminal, siendo loco; sentido comun tendrian y médicos eran los que opinaron que estaba cuerdo; y sin embargo, nuestro dictámen demostró hasta la última evidencia que era un enagenado, no monomaníaco homicida, como algunos peritos habian dicho, sino maníaco ó monomaniaco de otra especie; y tan clara fué la prueba , que el acusado fué absuelto y encerrado como loco. Sin ese dictámen, hubiera perecido como un criminal en el cadalso; se hubiera cometido un asesinato j urídico. ¡ Andaos tras del sentido comun, como criterio para esos casos! ¡ Fiaos de médicos que no han cultivado la frenopatía, y que están plagados de las anejas doctrinas! El tercer caso es civil , y versa sobre el estado mental de un sugeto que, en un viaje Francia, cayó malo, sintiéndose algunos síntomas de congestion cerebral , y bajo el pretexto de que en la fonda no estaria bien servido, se dejó conducir á una casa de sanidad , segun él creía; pero que [fué realmente á una casa de locos de Burdeos. Ciertas aprensiones, no raras en individuos profanos, y ménos en los que padecian la afee- 33 ,cion que dió lugar á ellos, fueron tomadas por ideas delirantes , y eso fué seguramente la causa de haberle conducido á una casa de orates. Conociólo el sugeto,-luego que estuvo allí , y tuvo la feliz idea de no indignarse, ó dar pruebas de ello, para que no sirviera de motivo corroborante del error de que era víctima , y así salió á los pocos dias. Pudiendo afectar ese incidente de su vida, su reputacion y sus intereses, pues estaba dado al comercio y . á los negocios, quiso tener un documento facultativo , por el cual quedase probado que ni estaba, ni habia estado loco. La declaracion que presté , con dos comprofesores de esta córte, demostrando su cabal salud mental, me ha parecido digna de figurar en esta coleccion, corno conducente á su objeto. Hl caso cuarto es Cambien civil, y es doblemente interesante, porque se trata de un suge- to de edad ya avanzada, sordo-mudo de nacimiento . , ó de muy temprana edad, á quien disputaba la capacidad para administrar y disponer de sus bienes uno de sus deudos más allegados. La cue,stion de capacidad .mental de los sor- CRITERIO MÉDIC0.-T01110  3 34 do-mudos de nacimiento no está tratada, como es debido, en los autores de Medicina legal, y no pocos, apoyándose en la interesada opinion de algunos directores de escuelas de sordomudos, han establecido acerca de estos reglas generales, que no pueden ser aplicadas en muchos casos, sin injusticia notoria. Es un error bastante general vincular el defecto físico que constituye la sordo-mudez de nacimiento á la incapacidad mental, cuando la razon y la experiencia demuestran que son estados independientes, y que por lo mismo no se excluyen.' No hay ningun sordo-mudo incapaz mentalmente por sólo ser sordo-mudo: si su entendi miento no está cabal, no es porque no oiga y no hable, es porque su masa cerebral no está bien. Si ésta está cabal, el sordo-mudo es tan cuerdo como cualquiera sugeto que hable y oiga. Esta cuestion es importantisima, y el informe que sobre capacidad de un sordo-mudo he incluido en esta coleccion , dará á conocer lo que sobre ella debe pensarse , ya en tésis general, ya en casos particulares, y podrá servir para que se comprenda más claramente la ra- 35 zon que asiste á los que piden la reforma de nuestras leyes civiles, en lo que atañe á los sordo-mudos (1). El caso quinto consiste en una carta que tuvo á bien dirigirme el Sr. Aparici y Guijarro, de, fensor de los facultativos acusados de haber inducido, con una declaracion pericial, á don M. N. á encerrar á su señora en el manicomio de San Baudilio del Llobregat , como enagenada, y en la contestacion que di á dicha carta, no cómo perito oficial , sino como hombre de ciencia y de conciencia. Habiendo negado el tribunal de Valencia la prueba, que los acusados pidieron, de que doña J. S. de N. estaba loca y otros extremos , consultando á la facultad de Medicina de la Universidad central, el defensor de aquellos mencionado, me escribió pidiéndome que , como hombre de ciencia y de conciencia, le diese mi (1) En este caso fuimos nombrados el Dr. Drumen y el que esto escribe por parte del sordo-mudo, y el Dr. D. José Calvo por la parte contraria. El Dr. Calvo disintió de nuestro dictámen sin dar razon alguna, devolviéndole, despues de haberle leido. en su casa, y redactó otro. Hubiéramos deseado que hubiese dado á luz su voto particular, corno dimos nosotros nuestro informe ; así se hubiera visto cuál de los dos interpreta mejor la ciencia. 36 parecer acerca de las cinco preguntas que el tribunal se negó á admitir, como medio de prueba por juicio de peritos , y no sólo accedí muy gustoso a, ello, sino que hubiera deseado ser consultado jurídicamente, como perito, en esa ruidosa y célebre causa, respecto de la cual, Di la ley ni la ciencia estuvieron, en mi concepto, á la altura que exige la civilizacion de nuestro Ese es otro caso muy propio para poner en toda su evidencia cuán errados andan los que creen que el sentido comun basta para diferenciar al loco del cuerdo; los funestos errores de los que profesan las doctrinas anteriores á los tiempos de Pinel y Esquirol, por no decir de la edad media, y los desaciertos en que forzosamente han de incurrir los médicos que no están familiarizados con los locos, ni han cultivado los autores que tratan de la fisiología y patología mental. Enterado de todos los pormenores de esa causa un tanto escandalosa , cuyo extracto pude estudiar con detencion, me convencí profundamente del fundado motivo que tuvieron los médicos Pastor v Navarra para el di'agnós- 37 tico que formaron del padecimiento de doña J. S. de N., de los que tuvo su desdichado esposo para hacerla 'conducir al manicomio de San Baudilio , y del daño que pueden hacer las corporaciones científicas y los peritos médicos, en tales casos, cuando no representan sus dictámenes los principios de la ciencia las verdades de la práctica. Para mi la locura de doña J. S. de N. era tan clara como la primera; no faltaba nada para afirmarla, y hubiera querido redactar , con los datos que obraban en mi poder , todo el conmemonativo de dicha señora, para poner su enagenacion mental en evidencia. Mas el Sr. Aparici y Guijarro no me pedía tanto ; se contentaba con una simple, pero franca y leal manifestacion de mi modo de ver en la cuestion , y tuve que ceñirme á breves razones, relativas á cada una de las preguntas que el tribunal no habia tenido á bien que se sometieran á juicio de peritos residentes fuera de los muros de Valencia. Desgraciadamente para la medicina española , y para la ilustracion del país , esa causa ha tenido resonancia allende los Pirineos : la so- 53 ciedad médico-psicológica de París hizo espontáneamente lo que debian haber hecho los peritos nacionales , estudiar los hechos y salir á la defensa de los médicos encausados, del marido y hermanos de doña J. , encausados como aquellos; la declaró loca en la forma histérica, como yo lo habia manifestado en mi carta , y tuve la satisfacion de que mis cuatro líneas mereciesen la aprobacion de aquella ilustrada y humanitaria sociedad. Por lo mén os, pudieron ver que la Academia de Valencia no representaba toda la ciencia de España , y que no todos los frenópatas de la Península incurren en los graves y trascendentales errores en que incurrieron las únicas partes consultadas en esa causa , más que sobre el estado mental de doña J., sobre varios puntos , ántes propios para embrollar que para resolver esa clase de cuestiones. El caso sexto es el revés de la medalla, versa precisamente sobre un sugeto , jefe de familia, a quien sus mas allegados deudos han hecho declarar incapacitado , negándole, en su consecuencia, la direccion y manejo de los negocios de su casa y de sus bienes. Acabamos de ver 39 encausados y sentenciados á muchos años de presidio á dos facultativos, por haber diagnosticado de locura el estado morboso de una señora, y condenados á igual pena al esposo y dos hermanos de esta , por haberla llevado á un manicomio, con el fin de que allí la curaran de ese padecimiento , y hasta al director de ese manicomio , porque la recibió en su establecimiento. ¡ Y esa señora estaba loca ! Pues en el caso sexto se trata de un sugeto que en mi concepto no está loco, que no ha dado ninguna prueba de ello, que hoy dia está (y casi por milagro, porque con lo que le sucede hay para perder mil veces la razon) en la plenitud de esta, y sin embargo, no ha podido ser rehabilitado todavía á la hora en que esto escribimos ; todavía no' ha vuelto á entrar en su casa, como jefe que es de la familia ; tiene que andar con diligencias judiciales que se eternizan, y ¡Dios sabe cuándo podrá salir del intrincado laberinto en que le han metido sus deudos (1)! (1) Esto se escribia en 1865. Desde entonces han sucedido muchas cosas con referencia á ese sugeto. Ha sido rehabilitado, y ha entrado en posesion de sus derechos, como jefe de familia; pero sigue aburrido, vejado, perseguido; está hoy reducido 40 No es mi ánimo, ni tiene este libro tal obje- -lo, censurar la administracion de justicia en España. Mas ¿quién no ha de extrañar con dolor profundo el terrible contraste que ofrecen esos dos casos ? En el uno , siendo cierta la locura de la esposa, el marido y sus hermanos , que para curarla la encierran en un manicomio, siguiendo el dictamen de los facultativos, son condenados con estos á más de veinte años de presidio; y en el otro , no siendo cierta la locura del jefe de la familia, como lo han hecho declarar sus deudos, estando, por lo ménos ahora, sano de entendimiento , sigue incapacitado para dirigir y disponer de sus bienes (1), lejos de su casa, pleiteando para recobrar sus derechos, y hasta ahora , ni la menor disposicion se ha tomado para castigar á los que le han colocado en situacion tan aflictiva. ¡Misterios de nuestra administracion dejusticia! Por último , el caso sétimo es Cambien un á prision por no sé cuántas cosas que se le atribuyen. Casi todas las semanas me escribe, y sus cartas están llenas de tales horrores, que me parece imposible que suceda lo que dice en un pais civilizado. Repito que es un milagro que ese sugeto no esté loco rematado con lo que le acontece. (I) Vuelvo á recordar que esto se escribia en 1865. 41 caso criminal, relativo á la causa célebre de la criada que atentó contra su señora cierta noche, en una casa de la calle del Fúcar de esta córte. Este caso ha tenido el triste privilegio de llamar mucho la atencion pública, no tanto por lo extraordinario del hecho, como por las circunstancias, que le han dado cierta semejanza con la causa de la calle de la Justa, que tambien hizo gran ruido , y por la prolonga cion de su sumario. Confesa desde la primera declaracion la acusada , y complicando , en las sucesivas, en el asesinato, como instigador , al esposo de la difunta, la defensa, estudiados todos los pormenores, creyó oportuno que se consultara á la real Academia de Medicina, acerca del estado mental de Vicenta Sobrino Rodriguez (que es la criada susodicha) en el momento de cometer el homicidio. Por motivos que no son de este lugar , no asisto nunca, ó muy rara vez, ni á las sesiones literarias, ni á las de gobierno de la real Acade mia de Medicina; pero, rogado por algunos individuos de la comision de Medicina legal, luego que el juzgado, en donde radicaba la causa de 48 Concluiré esta exposicion prévia , que ya se va haciendo demasiado extensa, diciendo que este libro se diferencia tambien de los demás que he publicado, sobre la Razon humana y Medicina legal, por la circunstancia de su objeto. Me limito á formular teóricamente el criterio médico-psicológico para el diagnóstico diferencial de la pasion y la locura, y á dar á luz cierto número de casos prácticos en los que he actuado como perito, á los cuales se ha hecho aplicacion de aquel criterio. Siquiera la obra esté compuesta de discursos y dictámenes, que al parecer no pueden formar un libro compacto ; como todos versan sobre el mismo asunto, y en todos está consignada la misma doctrina, no le falta la, unidad de ideas ó de principios, que nunca deben faltar en una obra ,cientifica , y, bajo este punto de vista, equivale á un tratado didáctico sobre tan importante asunto. Mis doctrinas psicológicas se reflejan en cada una de las páginas de este libro; ya en los discursos, ya en los dictámenes. En estos los hechos están examinados, á la luz de aquellas doctrinas,, y el carácter de polémica que tienen los 49 discursos les acaba de dar más fuerza, porque aparecen los argumentos de las escuelas adversarias, con los principios en que descansan, y se pone de manifiesto el error de que adolecen. Si el público , siempre benévolo para mis producciones , recibe esta con las mismas simpatías con que ha favorecido las anteriores, no sólo me compensará el tiempo y sacrificios que he dedicado á esas tareas , sino que me alentará para emprender otra, ya sobre el mismo asunto , ya sobre otros de los que ton formado, con más especialidad, la índole de mis estudios y observaciones. MADRID 8 de Junio de 4865 (1). C,CeD (1) La publicacion de este libro se ha retardado porque esperaba la conclusion definitiva del proceso de la desdichada Sobrino, la que al fin subió al cadalso. Hombres del arte, jueces y tribunales, meditad un poco sobre las breves páginas que os dedico. CRITERIO MÉDICO.-TOMO 1. 4' DISCURSO PRONUNCIADO EN LA SESION DEL 5 DE FEBRERO D E 1863, EN LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE MADRID, sobre la di q incion fundamental de LA PASION- Y LA LOCURA. Vengo , señores académicos, en nombre de la ciencia , en nombre de la administracion de justicia , en nombre ,d - ,e la moral y en nombre de la sociedad, á combatir las ` ideas , principios y doctrinas consignados en la Memoria del Sr. Quintana sobre la diferencia fundamental entre la pasion y la locura, y reproducidas en el dictamen de la seccion médico-fisio- lógica de esta ilustre corporacion, porque, en mi concepto , no sólo son estériles é impropias de las tareas de esta Academia , sino profundamente erróneas y de todo punto contrarias á la moral y á la justicia,. Pero, antes de descender á las pruebas de J I) la exactitud de esas graves calificaciones, que acaban de brotar de mis lábios, séame permitido hacer una salvedad , que yo considero de importancia. Siquiera tenga el disgusto de hallarme en abierta oposicion con las doctrinas del autor de la Memoria mencionada, y de la seccion que ha emitido su juicio acerca de ella , estoy completamente de acuerdo con el final del diotámen de esa seccion , cuando propone que se tome en consideracion la Memoria del señor Quintana , que se lea y que se incluya su nombre entre la lista de candidatos á plaza de socios corresponsales. Yo me complazco en que la Academia haya aprobado, bajo estos dos aspectos, el dictámen de la seccion, y ya que no tuve el gusto de hallarme presente, cuando se leyeron dichos documentos, si bien luego los he visto y estudiado muy detenidamente, deseo que conste que asocio mi humilde voto á esos acuerdos. Entiéndase, pues, que mi oposicion es á las doctrinas , y nada más que á las doctrinas; que no tengo una palabra en contra de la consideracion que se merece todo trabajo científico , sean cuales fueren sus ideas y opiniones, ni contra el aprecio que debe hacerse siempre de todo profesor estudioso y de talento, como JJ el Sr. Quintana, á quien tengo la honra y la dicha de contar en el número de mis amigos, y á quien veo con placer en estos escaños, con derecho á tomar parte en el debate. Hecha esta salvedad, para mi muy importante , paso, sin más preámbulo, á, ocuparme en el asunto puesto á discusion, empezando por la Memoria del Sr. Quintana. El autor de la Memoria, que ha motivado esta discusion, se ha propuesto establecer la distincion fundamental que existe entre los estados , tan diversos y tan diversamente considerados, desde los más remotos tiempos, y que llevan el nombre de pasion el uno, y el otro de locura. estando en la idea de que la ciencia no tiene hoy dia establecida esa division, y deseando hacer dar á la ciencia ese paso hacia el progreso, se ha lanzado á esa tarea con todo el fervor de su voluntad, con toda la extension de su saber , con toda la pujanza de su talento, y con todo el ardor de sus convicciones médicofilosóficas. Desgraciadamente, en mi concepto, ha dado á su trabajo una forma terminológica, que no es la más á propósito para esclarecer cuestio- , nes de suyo ya difíciles , y ha traido al seno de esta Academia, destinada á otra clase de ta- j-eas, por fondo la metafísica kantista, memos modificada por alr)jun filósofo francés moderno , tratando el asunto, no sólo como un psicólogo , que, no teniendo las funciones anímicas por fisiológicas, prescinde completamente de la organizacion ,  la que, reduce á un papel muy subalterno y desairado, sino que, juzgando vagos , mal seguros ó impotentes los caracteres exteriores de las pasiones y el dagnóstico de las diferentes formas de locura, ha ido á buscar las diferencias fundamentales de esos dos estados en el terreno de la abstraecion , dando como existencias reales, como entidades verdaderas , activas, funcionales , susceptibles de estado de salud y enfermedad , puros conceptos de la mente humana, que ni son, ni pueden ser, facultades , y que si tienen existencia subjetiva , es porque hay órganos especiales que son la absolutamente indispensable condicion material, el instrumento necesario, por medio del cual se realizan esas facultades, y se hacen posibles esos conceptos. Para elevar al último grado de evidencia lo que acabo de afirmar, señores, voy á recorda,- ros la mayor parte de las proposiciones consignadas en la Memoria del Sr. Quintana , en las que está resumida su doctrina; haciéndoos una exposicion un tanto critica de ellas , pero for- ululando esas proposiciones en términos más claros para todos, destituidas de ese tecnicismo característico de la filosofía germánica, llamado por un amigo mio, con tanta gracia como exactitud, caló filosófico. El Sr. Quintana ha dado á su Memoria, despues de un ligero introito, cuatro partes. En la, primera, hace ciertas reflexiones preparatorias para llegar á su tema; en la segunda, investiga la naturaleza y origen de las pasiones ; en la tercera, hace lo propio respecto de la locura, y en la cuarta, resume su doctrina. Vd introito le empieza con esta frase oscura: «Si se rechaza todo procedimiento ontológico, que es la anarquía, cuando se trata del arreglo metódico de los conocimientos humanos,» y la llamo oscura, porque no se sabe si tiene por anarquía el procedimiento ontológico, ó rechazar este procedimiento. Luego nos dice que es doble trabajo del espíritu identificar lo que parece distinto , y diferenciar lo que aparece idéntico , descansando sotre esa doble funcion todo el edificio de la ciencia, y siendo la palanca que hace mover la esfera del saber, y que abolir una parte de ese trabajo , es abolir la otra, y con las dos la misma inteligencia. Pronunciada esta máxima„ salta el Sr. Quin- 56 tana (y permítaseme la expresion) á decirnos que la pasion y la locura, esos dos hechos que en todos tiempos han excitado el más vivo interés de los médicos y filósofos, y la distincion fundamental entre los dos estados, son simplemente el objeto de su Memoria. En la primera parte , empleando esos términos técnicos de la escuela, donde no faltan las estereotipadas frases de los desarrollos en el espacio y el tiempo , frases metafóricas, que no deberían emplear, para establecer principios, los que se precian de filósofos, y que yo no repetiré por las razones indicadas, viene á decirnos el Sr. Quintana que, cuando los fenómenos pertenecen á séres sintéticos, como el hombre, que reunen todos los órdenes fenomenales de la naturaleza, y reconocen estos varios orígenes , se presentan con caractéres equívocos , y hay así dificultades para distinguirlos bien, y saber á cuál de esas causas , orígenes ú órdenes pertenecen. Los que revelan la vida y la conciencia son ejemplo de esos fenómenos, porque en el hombre hay reunidas é íntimamente relacionadas varias naturalezas, ó esencias de funciones. Por eso encuentra el Sr. Quintana natural que hayan surgido dificultades, al querer distinguir la pasion de la locura, y al intentar re- 57 solver ciertos problemas relacionados con estos dos estados. De lo expuesto se infiere , dice el Sr. Quintana (lo cual, y sea dicho de paso , no veo yo que se infiera lógicamente), que el autor de la Memoria no tratará de buscar la distincion de la pasion y la locura en caractéres exteriores, susceptibles de ser observados en un hombre por otro. No es que desconozca la utilidad de esos datos, pero renuncia á detalles minuciosos , si bien no quiere prescindir de datos analíticos, porque, sin análisis, no es posible la síntesis. Nos anuncia, pues, que no trae cuadros estadísticos diferenciales entre la fuerza muscular del iracundo y del maniaco, apreciadas por el dinamómetro ; entre el estado del iris del incendiario y del piromaníaco; entre la energía de palpitaciones del corazon, la frecuencia del pulso, los movimientos respiratorios y la calorificacion , apreciada por el termómetro, de la enamorada, y los de la ninfomaníaca; entre los principios químicos de las lágrimas que se vierten por el dolor, y las que derrama un lipemailíaco , ni las que puede ofrecer la mímica y el mismo semblante humano , por más que en este puedan aparecer todos los matices de la conciencia ; en lo cual hace perfectamente el señor 6í bro es exclusivamente el órgano de los instintos, de las inclinaciones, de los sentimientos, de los talentos, en fin , de las cualidades afectivas morales y de las facultades intelectuales. Y al atacar las demás opiniones, y al fundar la suya, no lo hizo como el Sr. Quintana y los hombres de la escuela á que pertenece , con cuatro palabras dogmáticas , ni con argumentos metafísicos, ni con abstracciones tenidas por realidades vivientes; lo hizo como deben hacerse esas cosas en ciencias positivas ; con muchas pruebas directas é indirectas ; con largos, sólidos y clarísimos razonamientos , siempre fundados en hechos tomados de la anatomía y fisiología humanas y comparadas, de la anatomía patológica y de la práctica social y observacion doméstica, logrando, despues de tantos y tan rudos combates como ha tenido que sufrir ese gran filósofo positivo, que sus mas acérrimos adversarios, entre los cuales descuella Flourens, cuyo solo nombre basta y sobra para saber si ha sido enemigo irreconciliable de la frenología, proclamen al fin, sin reserva alguna, que esa verdad, tan científicamente formulada y demostrada por Gall, es un hecho para siempre adquirido en la ciencia, y un grande é indisputable paso hacia el progreso. Pero el Sr. Quintana, despues de estar con 65 Gall, contra los que han tomado por órgano de las facultades intelectuales y morales las vísceras abdominales ó torácicas, revuelve contra Gall, acerca de cuya • sólida filosofía dice muy poco, y no muy exacto; niega rotundamente tambien que la psicología sea lo, fisiología del cerebro, y de consiguiente, una parte legitima y forzosa de la fisiología, y niega de igual modo que el cerebro sea el órgano del alma; que las pasiones sean actos del cerebro, ó de las facultades de que es instrumento, ó condicion material; que sean actos vitales propios de la organizacion del cerebro, y que de esta organizacion dependan inmediatamente las manifestaciones del espíritu, tanto intelectuales como afectivas. Para el Sr. Quintana, las pasiones no son actos de la vida; no sop actos del organismo; no son manifestaciones de la organizacion, ni general ni particular, ni de las vísceras abdominales y torácicas, ni del cerebro; el cerebro no es el órgano, el instrumento, la condicion material del alma. Para el Sr. Quintana, las pasiones son funciones de la conciencia; actos propios, originarios, primitivos de una entidad real, activa, per se, sin condicion material, sin instrumento orgánico, sin órgano ó parte alguna del cuerpo CRITERIO AkInC0.—TOMO 66 humano que las realice , manifieste y dé una. existencia exterior y accesible á los sentidos y á la misma conciencia. Por mas protestas que• haga el Sr. Quintana de que no excluye la organizacion; que no regatea la importancia cerebral; que es un elemento necesario de la síntesis humana; que es una condicion general y necesaria para las manifestaciones conscientes; de todo lo que dice, tan claro. como puede, se desprende lógicamente que la conciencia, de la cual, en su concepto, son actos funcionales las pasiones, no tiene en el cuerpo humano ningun órgano especial, pues- to que no sólo rechaza, como tal, las vísceras abdominales y torácicas , sino los centros nerviosos, incluso el encéfalo, que es el primero y mas importante de todos ellos, viniéndole á considerar á poca diferencia como en los tiempos de Aristóteles; puesto que tiene la vida por un elemento de la síntesis humana, fundamentalmente distinto, diverso y antagonista de la conciencia, y les busca leyes y categorías diferentes. De todo eso se sigue rigorosamente que la conciencia funciona contra la ley general, universal y absoluta de que todo acto vital, sea físico, sea químico, orgánico, extático, sensitivo,. intelectual ó moral, de que toda funcion, tenga 67 un órgano ó parte de un órgano que la desempeñe. La conciencia, tal como la concibe el señor Quintana, funciona sin órganos, funciona por si, sin condicion particular material alguna, como una entidad real, independiente de la vida y de la organizacion, sin que sea una abstraecion, sino una realidad viviente, con existencia propia, originaria y primitiva, como los mismos órganos: absurdo, señores, tanto mas flagrante, cuanto que no hay, ni en el mundo inorgánico, ni en el orgánico, actividad, fuerza alguna, sea de la naturaleza que fuere, que se realice ó revele sin materia, sin cuerpo, sin órgano'. En el mundo físico y químico es un absurdo la accion y revelacion de fuerza alguna, sin materia ó cuerpos; en el orgánico no hay ninguna funcion posible sin órganos, y ningun órgano que desempeñe más de una funcion posible; en el mundo moral é intelectual sucede lo propio. Ni el mismo espíritu ha podido sustraerse á esa ley fisiológica, la, que no es más que la continuacion de una ley universal, evidentísima, en todas las existencias. El espíritu no se revela naturalmente, no puede obrar, ni manifestar sus potencias, sin condiciones materiales, sin instrumentos adecuados, sin una organizacion acabada, que le consienta la plenitud de sus funciones. 68 La vida, con todas sus leyes, á las que tiene que sujetarse , le es absoluta, mediata ó inmediatamente necesaria, para sus manifestaciones características. El mismo Dios, cuando quiso bajar á la tierra y sufrir en el Calvario pasion y muerte para redimirnos, no lo hizo como espíritu solo; tomó un cuerpo igual al del hombre, para hacer posible su muerte y sus sufrimientos. Yo no sé si el Sr. Quintana tiene por sinónimas las voces espíritu y conciencia. Yo le veo huir en su Memoria, como de la peste, del uso de la palabra espíritu; acaso por temor de que debajo de la piel de filósofo germánico, se le vean sus orejas de esthaliano. Si el Sr. Quintana acepta esa sinonimia; si para S. S. suena lo propio espíritu que conciencia, que sea franco y hable claro; que diga el alma ó el espíritu en lugar de conciencia; mas, tenga entendido que, por eso, no se ha de librar de que el alma funcione sin órgano especial, sin condiciones materiales, generales y particulares, sin instrumentos directos ó indirectos que le consientan sus manifestaciones accesibles á la observacion y experiencia de otras almas funcionantes del propio modo, y aun de si misma. Si no acepta esa sinonimia, y si tampoco tiene la voz conciencia por abstracta, por la sig- 69 nificacion de un conjunto de actos íntimos, de sensaciones, percepciones, jilicios y conmociociones, que es lo que hace el hombre sea compos est conscius sui, ni considera como obra de la reflexion el saberse, conocerse y poseerse, que es la verdadera conciencia de si propio; entonces que nos diga qué clase de entidad maravillosa es ese engendro de su fecunda fantasía; qué es esa singular conciencia, que ni es materia inorgánica, ni orgánica, ni espíritu; que no es actividad física, ni química, ni orgánica, ni vital, ni espiritual. Que no desfiguro ni interpreto mal la doctrina del Sr. Quintana, al exponer sus principales dogmas, se deja comprender, no sólo porque repito ad pedem litterce algunas de sus proposiciones, siquiera las parafrasée, ó se las diga luego de un modo más claro para todos, sino de los mismos esfuerzos que hace, para huir el cuerpo á esa clase de tiros que entrevé, en medio de su entusiasmo y obcecacion por esa conciencia en vilo, que se agita y rebulle dentro del hombre, fuera del tiempo y del espacio. El Sr. Quintana advierte que le interpretaria mal quien creyese que excluye la organizacion y sus actos, lo mismo que el medio, en que se mueve y se desenvuelve el número de condiciones generales de existencia de las pasiones. Ya 70 más arriba nos ha dicho que no regatea la importancia del cerebro. Sin embargo, todo lo que concede á la organizacion, todo lo que concede al cerebro, respec- to de las pasiones, es co-existencia, correlacion, influencia reciproca entre esas pasiones y la conciencia, condicion general de posibilidad de las manifestaciones de estas, como se la concede á los objetos exteriores que son representados en ella, ó al medio mundano; lo cual no es por cier- to una gran concesion ; pues no faltaba más sino que Cambien negase todo eso, que la conciencia pudiera existir y funcionar, sin el cuerpo del hombre y sin el medio mundano en que vive; si tal hiciera el Sr. Quintana, ya escaria en la extravagancia de los neo-platónicos, alejandrinos ó plotinianos , que se encendian de rubor, al contemplarse corpóreos, y seria aún mucho más loco que aquella loca citada por Esquirol, la que andaba pidiendo á gritos un cuerpo para su alma, por haber perdido el suyo. La infeliz, en medio de su delirio, pagaba tributo al sentido comun y á la verdad , tan científica como práctica, de que el alma no puede hacer nada sin el cuerpo. Convengo en que todo eso concede el señor Quintana, porque no tiene otro remedio ; pero condicion de f uncionalidad especial, condicion 71 instrumental particular , uso moral é intelectual , fin fisiológico propio de la organizacion encefálica para desempeñar los actos de las pasiones y la conciencia; necesidad del cerebro para que todos esos actos sean posibles ; intervencion necesaria y directa de esa víscera en su ejecucion, intima correspondencia entre la organizacion de ese centro nervioso y las manifestaciones anímicas y su grado de energía y estado de salud y enfermedad ; causalidad inmediata de las facultades intelectuales y afectivas; carácter funcional en este sentido propio, originario y primitivo de la masa encefálica, eso no lo concede el Sr. Quintana; eso lo niega claramente; eso lo mira como antitético, como antagonistico de la ley de la conciencia; porque todo eso, segun S. S., es la ley fisiológica, es atributo, carácter distintivo y gráfico de la vida, y para el Sr. Quintana la vida y la conciencia son los dos elementos de la síntesis humana , que co-existen, pero que reconocen un origen diferente, diverso; que son dos existencias independientes, originarias, que se relacionan, pero que tienen entre ellas antagonismo. Si lo que llevo expuesto, señores, no basta para probarlo, oigámosle todavía, y saldremos de dudas. Despues de consignar que no regatea la im- portancia del cerebro, os dice (son sus propias frases y palabras), que, prescindiendo de que la observacion no confirma siempre las relaciones entre la masa y forma cerebral y las facultades (afirmacion para la cual no dá el Sr. Quintana prueba alguna, como si fuera ya un problema resuelto), hay un abismo entre las afecciones patológicas de esa víscera y las pasiones; una solucion de continuidad, que no llenará ningun progreso posible del conocimiento humanos Despues de esta profecía, que el tiempo probablemente se encargará de desmentir, como ha desmentido tantas otras de la misma especie, sigue diciendo que el entendimiento verá siempre antagonismo entre esos hechos, unos represen tados, otros representativos; entre un fenómeno inconsciente y otro que implique conciencia, y siempre referirá á géneros muy diferentes fenómenos de carácter tan diverso. No contento con eso, que, analizado, todo se reduce á pura palabrería , no expresa ningun hecho positivo; añade, y le parece un argumen- to decisivo y que arranca para siempre las pasiones del cuadro de las funciones de la vida , que las funciones orgánicas , inclusas las nerviosas y cerebrales, no se conciben posibles , ni se dan al conocimiento sin la conciencia y sus fenómenos; todo lo que, traducido 7v en lenguaje más claro, es, como si dijéramos, que las plantas no tienen funciones orgánicas, no se conciben posibles en ellas , porque carecen de conciencia y sus fenómenos; que tampoco pueden tenerla los animales, á los que niega conciencia el Sr. Quintana, y que si se conciben posibles en el hombre, es porque tiene conciencia de ellas, de lo cual se sigue lógicamente que si fallara esa , conciencia, no tendria funciones orgánicas; no se concebirian estas posibles , y de consiguiente, en los sueños profundos , en que todo duerme, en los letargos, en el coma alcohólico , ó de otra naturaleza , en el sincope, asfixia, cloroformizacion, apoplejía, en cuyos casos no hay conciencia, han de faltar las funciones orgánicas, como han de faltar en los idiotas, y en los nulos en el claustro materno, y poco tiempo despues de haber nacido; no hay, no puede haber funciones orgánicas, no se conciben posibles, porque ni el idiota ni el niño tienen conciencia de su existencia propia. Sigue diciendo el Sr. Quintana: el sistema nervioso y el encéfalo, como los demás órganos, son representables únicamente en el espacio , y sus fenómenos se desenvuelven en el tiempo; lo cual, despojado de ese pretensioso tecnicismo de la escuela, quiere decir que los órganos se ven ocupando espacio, y que esos 80 físicos, sin los cuales es de todo punto imposible percibirlos y concebirlos; todos esos atributos deberian ser otros tantos elementos dados por el entendimiento , otras tantas formas de la sensibilidad. Los partidarios de Kant no ven esas consecuencias absurdas de la doctrina de su maestro, ni se hacen cargo cabal de lo que dice, pues recuerdo que en cierta discusion, al decir yo que el tiempo es un fenómeno nervioso, se me rieron algunos , no comprendiendo los cuitados que, si es una forma de la sensibilidad , como dice Kant y ellos, algo ha de tener de nervioso. En cuanto á las nociones, identidad, diversidad, etc., digo lo que he dicho de las categorías; son abstractos, hijos todos mediatamente de la experiencia; y respecto de las tres formas de la razon, el alma, Dios y el universo, son nociones de existencias que adquirimos, en lo que alcanza la mente humana por medio de sus facultades. 11 No digo más, señores, sobre todos esos puntos; pero el guante queda tirado en medio del palenque; si alguien quiere recogerle, siempre estoy pronto á entrar de lleno en esa materia. Pues bien, señores, de esa errada y confusa filosofía kantista, más ó mónos modificada en las palabras, parte el Sr. Quintana para buscar 81 la ley fundamental de las pasiones , y distinguirlas radicalmente de la locura; en eso se funda para negar al cerebro la parte directa que le corresponde en las manifestaciones intelectuales y morales; y con el desden olímpico que caracteriza á los hombres de su escuela, añade á todo lo dicho, que el intento de hacer derivar de las leyes vitales las pasiones, no pasa de ser un entretenimiento inocente , en el que no se aventura otra cosa que el tiempo que se pierde. En punto á la inocencia, señores, creo que, si viniera otro rey Herodes á degollar inocentes, y prefiriese á los que lo fuesen más, ántes habia de ensañarse con los niños de la escuela médico-kantista que nos trae el Sr. Quintana, que con los que aplicamos á las funciones morales é intelectuales la misma ley que á todas las funciones de la vida, en punto á necesitar de uno ó más órganos especiales para que las desempeñen. En cuanto á la pérdida de tiempo, me parece que en el decurso de esta discusion tendrá el señor Quintana más de un motivo para poder pensar que, si algun provecho teórico y práctico se saca de ella, no se ha de deber á los principios que S. S. profesa. Todo lo que nos dice el Sr. Quintana para protestar contra los que le acusan de que recha- CRITErtio MÉDIco.—Tomo I.  6 82 za la organizacion y sus actos, ó las leyes de la vida, no es más que una palmaria prueba del fundamento y justicia de semejante acusacion. No concede á los órganos, no concede á la vida más que relaciones, co-existencias, influencias recíprocas, y negando la intervencion directa de esa organizacion, la causalidad inmediata, á la estructura del cerebro, se la vá á buscar en causas imaginarias, absurdas, puesto que las dá, no á facultades, sino á actos de éstas; no á potencias, sino á conceptos de la mente, que todo lo más que pueden hacer es constituirse en estímulos, en móviles, en ideales de los instintos y sentimientos; y en cuanto á las categorías, ni eso son, ni eso pueden hacer. Las predecesiones-en la manifestacion, de que nos habla el Sr. Quintana, siquiera las conceda á las funciones orgánicas, no las sabe ver como expresion de una ley, que consiste en que las funciones de todo género sólo aparecen, cuando hay órganos adecuados para ello, y supone que ya existe la conciencia con sus atributos, aunque oculta, como todas las actividades, en el óvulo humano, para el cual inventa un foco representativo, á la manera del ideal de los Muller y Burdach, especie de entidad inteligente y activa, que,impulsa, arregla y dirige la mancomunidad de los esfuerzos vitales, y derrama sobre 83 todos un aspecto de profunda finalidad, magnifica figura retórica para un poeta, pero pésima afirmacion para un filósofo ontologista. - Siempre se le vé insistir en que las pasionestienen un carácter propio, originario, primitivo ; que no son el desenvolvimiento de otros hechos verificados en el organismo ; que son otra mitad de un mismo todo , y que esa mitad es de una existencia diversa. Y puesto que lo propio de la vida es que no haya acto alguno funcional que no tenga su órgano especial para desempeñarle; lo propio de la conciencia, elemento diverso , antitético y antagonistico de la vida, segun el Sr. Quintana, ha de ser funcionar sin órgano alguno especial para sus funciones. Puesto que son categorías independientes de la organizacion , son verdaderas causales ó determinadoras , y es evidente que ningun acto pasional es un fenómeno propio de la vida, sino de otro elemento diverso que co-existe con ella, y es la conciencia. Queda, por lo tanto, probado, señores, que no interpreto mal la doctrina del Sr. Quintana; que no se la desfiguro al exponerla , cuando le atribuyo ese absurdo, base radical de•todos sus razonamientos y teorías, y punto de partida de su pretendida distincion fundamental entre la pakon y la locura. 81 Despues de lo dicho, sigue el Sr. Quintana, y afirma que las pasiones no implican ni excluyen la reflexion y la voluntad ó libertad, cuyas palabras hace sinónimas , no porque lo sean realmente, sino porque así le place al autor de la Memoria, apartándose de la acepcion coman que cada una tiene; acerca de lo cual me guardaria muy bien de censurarle, si, al confundir la significacion de esas palabras, demostrase la razon y fundamentos que ha tenido para ello. Como prueba de que las pasiones no implican reflexion ni voluntad, ó libertad, apela á los animales, los que, segun S. S., carecen de estas facultades, y tienen pasiones. Como prueba de que no las excluyen, cita al hombre, que es reflexionante, libre y apasionado, y despues de abogar por la libertad del hombre, contra los que la tienen por una caja de Pandora, y de decirnos que las pasiones son móviles útiles que sirven para fines determinados, y que á veces se hacen superiores á la reflexion y libertad, y que éstas son un elemento antagonista que las refrena, modera, dirige y educa, se pregunta si las pasiones pueden, por su intensidad ó larga cluracion, eclipsar el sol de la libertad; á lo cual responde, sin perjuicio de hacerlo más extensamente en otra parte, que esos dos órdenes de fenómenos corresponden á distintas ca- 85 tegorías, y que las categorías son corno las órbitas del mundo físico, por donde ruedan los astros, sin choques ni colisiones, ni cataclismos, y con este borrito símil, otro de los muchos que sabe hacer la galana y poética imaginacion del Sr. Quintana, nos dá á comprender cómo los astros intelectuales y afectivos pueden girar, y giran, cada uno por su órbita categórica particular, sin entrechocarse ni destruir la armonía de su complicada esfera. Así, conesos símiles y alegorías , con esos juegos retóricos, cree probarnos que las pasiones, por intensas que sean, jamás destruyen la reflexion ni la libertad, que sólo las modifican, amplían, restringen ó debilitan; pero sin arrancarlas jamás de la conciencia. JLa reflexion y la libertad son hechos primitivos, no derivados, y se necesita una accion tan radical como ellos para anularlos. Todo eso, señores, como lo estais viendo, no es más, en el fondo, que la pura repeticion de lo que dicen todos, doctos é indoctos, acerca del fin y utilidad de las pasiones, y su influencia en los actos que, movido por ellas, ejecuta el hombre; descansando en esa tradicional doctrina la responsabilidad moral y legal que se exige por esos actos, con ó sin circunstancias atenuantes, segun el grado de esa influencia, y 80 con esa doctrina tan vaga como comun y vulgar, tan antigua como la moral y los códigos, acerca de la cual no nos dice el Sr. Quintana nada nuevo, como no tenga por tal eso de las categorías y hechos primitivos, cuya idea, expresada en otros términos más claros, tampoco es original; con esa doctrina, á la que ni siquiera añade el estudio de las diferencias que caben, en punto á ser dominadas la reflexion y la libertad por las pasiones, en ciertos casos , antes que su vasallaje equivalga á una abolicion, por lo ménos temporal ó de momentos, como lo reconoce la moral y hasta los mismos códigos, cree el Sr. Quintana poner á salvo esa moral, y haber resuelto nada ménos que lo que S. S. llama la gastada cuestion sobre la responsabilidad de las pasiones humanas: cándido error de su señoría, que, ni deja á salvo la moral, como se lo probaré en su lugar, del modo cómo concibe las pasiones, y ménos aún del modo cómo las concibe la seccion médico-filosófica que ha patrocinado su doctrina; ni resuelve la cuestion de la responsabilidad de las pasiones humanas, llamada sin fundamento gastada, por cuanto es una cuestion que vive y se agita todos los dias; que todos los dias hay que debatirla, como si acabara de nacer; que jamás se gasta ni puede gastarse, por mucho que se hable de ella; por- 87 que la sociedad necesita exigir la responsabilidad de ciertos actos delincuentes, ya de un modo absoluto, ya relativo, á los que los perpetran; y para exigir esa responsabilidad en la práctica, es necesario saber si hubo ó no voluntad ó libertad, en el momento de cometerlos su autor. Puesta una cuestion de responsabilidad en la práctica, ni los peritos, ni los jueces , la resolverán jamás por lo de las diversas categorías, de que nos habla el Sr. Quintana, ni por símiles, como el de las órbitas por donde ruedan esas categorías. Notad, señores, que en la exposicion que estoy haciendo de la Memoria del Sr. Quintana, ya llego casi al fin de la segunda parte, y todavía no hemos visto cuál es el carácter fundamental y distintivo de las pasiones, como fenómenos de un órden diferente de los de la locura. Sólo hemos visto que las pasiones no son funciones vitales; que no son actos orgánicos, que son funciones de la conciencia, debidas á una categoría diferente de la que revela la libertad y la reflexion, otros fenómenos de la conciencia; es decir, funciones del yo, funciones de una abstraccion que S. S. tiene por una realidad activa y funcional; de un concepto intelectual, en fin; lo cual es el mayor absurdo 88 que ha podido imaginarse; absurdo que yo no extraño en el Sr. Quintana, gran partidario de esa abstraccion, cuando recuerdo que, en otra Academia y en otro debate, en el que se disco tia acerca de la, espermatorrea, tambien sostuvo que ésta era una enfermedad de la conciencia. Pero al llegar aquí, señores, ya nos dice, al fin, el autor de la Memoria, qué es lo que son para S. S. las pasiones, y desde luego nos revela que no tiene de ellas una idea clara y exacta; que no ha hecho una atinada análisis de los diferentes actos funcionales que se observan en el hombre, puesto que confunde fenómenos por todos distinguidos, y que refiere á una misma categoría funciones fatales y funciones libres, y confunde las potencias, actividades ó facultades, con sus actos y sus diferentes grados de energía o accion. Oigámosle,. señores, y lo vais á ver con toda la luz de la evidencia. Además de comprender, con el nombre de pasiones, los fenómenos así llamados comunmente; abraza con esa denominacion lo que se designa, segun S. S., vagamente con la de afecciones, inclinaciones , instintos, sentimientos, trasportes, y emociones, no sólo en sus revelaciones mas enérgicas, sino las más débiles é indecisas de esos estados, que caigan bajo la ob- 80 servacion interior. Por de pronto, pues, veis confundidos con las pasiones los instintos y sentimientos, facultades características de la voluntad, de la parte moral del hombre y de los animales y todos sus grados de energía. El señor Quintana se permite una libertad, una innovacion que no está justificada, que no tiene ningun apoyo, ni en el sentido comun, ni en la ciencia. No se necesita ser psicólogo, ni fisiólogo, ni moralista, ni docto; basta una regular inteligencia y una mediana instruccion, basta el mismo sentido comun, para saber, por ejemplo, que el sentimiento de la estimacion de sí mismo no es la ambicion, ni el orgullo, ni la envidia, ni el odio, ni la venganza; que el deseo de agraciar, no es el amor á la gloria, ni la vanidad, ni la coquetería, ni la vergüenza; que el sentimiento de la veneracion, no es el fanatismo, ni la idolatría, ni la intolerancia; que el de la fé, no es la esperanza, ni la desesperacion, ni el entusiasmo por lo maravilloso, ni el éxtasis; que el instinto de la propiedad, no, es la codicia, ni la avaricia; que el de la reproduccion, no es el amor, ni la lujuria , ni la lascivia, ni los celos; que el de la conservacion, no es el miedo, ni , el espanto, ni el terror, ni el egoísmo; que, en una palabra, sefrores, ningun ins- uf; sociedad, la humanidad, tiene individuos de todas condiciones, que la impulsan por diferentes vías, y bajo diferentes aspectos, hacia el progreso y su destino; de la suma total de esos esfuerzos individuales, de esas aptitudes parciales, resulta la accion comun, general, solidaria, de la humanidad, á la que es cada hombre lo que es al hombre cada uno de sus órganos ó facultades; y así obra, marcha y progresa la humanidad, como si no fuera más que un sér dotado de todas las actividades personales y sociales. Nada de eso hubiera podido efectuarse, si todos los hombres hubiesen sido vaciados en el mismo molde; si todos tuvieran las mismas aptitudes, las mismas inclinaciones y pasiones, y un grado igual de energía. De esas facultades y aptitudes nacen tendencias á satisfacerlas, á llenar sus fines parciales, ó de accion colectiva, para el fin total de la personalidad y humanidad, produciéndose, como un efecto necesario que aviva el fin de cada una de esas facultades, placer, si son satisfechas; dolor, cuando contrariadas. De esas tendencias nacen deseos de procurarnos lo que nos causa placer, y alejar lo que nos produce dolor, de lo cual se sigue, que, naturalmente, siendo en nosotros inherente el afan de la dicha ó de la felicidad, propendemos siem- 97 pre al halago de los deseos, repitiendo los actos que los llenan, y alejando, en cuanto podamos, todo lo que nos contraria. Así se avivan y aguzan esos deseos, pudiendo adquirir cada vez mayor grado de energía, y cuando llegan á cierta intensidad, á cierta necesidad de halago continuo, á cierta exaltacion, se hacen exigentes é imperativos, siendo mucho mayor el placer en la satisfaccion, y el dolor en la contrariedad, en cuyo caso esos deseos se han elevado á la categoría de pasiones. i-lsas manifestaciones del instinto y del sentimiento, son tendencias á sufrir, ya como deseo, ya como aversion, realizadas bajo el influjo del estímulo ó ideal respectivo; y esa elevacion de la aversion y el deseo á un grado superior de energía, y en ciertos casos, de disminucion, origen de pasiones opuestas, lleva siempre consigo, como lo he indicado, placer ó dolor, alegría ó tristeza, conform - e sean ó no satisfechas las necesidades que engendran , estando estas conmociones del alma siempre en razon directa de la intensidad del acto, del instinto ó sentimiento, y de la mayor satisfaccion y contrariedad que experimenta. El placer y el dolor, por lo tanto, son un efecto necesario de esa satisfaccion y contrariedad. Por eso se ha dicho que todas las pasiones CRITERIO MEDICO.-TORIO 1.  7 98 pueden reducirse, en última análisis, al placer y al dolor; mas eso no es exacto, porque no hay ninguna pasion general; cada una se refiere siempre á un instinto, ó á un sentimiento más ó ménos influido por otros, teniendo su ideal repectivo y especial; al paso que el placer y el dolor son generales, comunes á todos los instintos y sentimientos, y á todos los ideales; en todo deseo satisfecho hay placer; en todo deseo contrariado hay dolor, y otro tanto sucede, aunque de un modo inverso, en las aversiones. El placer y el dolor son efectos de la satisfaccion, ó contrariedad, sean de la naturaleza que fueren, sea cual fuere el instinto, sentimiento ó facultad, normal ó apasionada, contrariada ó satisfecha. Dgase que toda pasion tiene siempre por resultado ó por efecto, por inseparable compilen), el placer 6 el dolor, y entonces se dirá una cosa exacta. Por último, en prueba de que el placer y el dolor no son pasiones, por no ser exclusivos de ningun instinto, sentimiento ni facultad susceptible de deseos y aversiones, ni tener un ideal propio, podernos hacer valer la importante consideracion de que tambien acompañan la satisfaccion y la contrariedad de los instintos y s entimientos no elevados á la categoría de pasion. 99 Esa elevacion de un instinto ó sentimiento á mayor grado de potencia, y á veces su disminucion e) palidez, no se verifica súbitamente; se realizan por graduaciones, y á beneficio de repeticion de actos, que halagan ó contrarían el deseo c la aversion, y si, por lo comun, esa repeticion aviva, y hace más exigente la aversion, el deseo, en ciertas ocasiones , y más respec- to de unos instintos que otros, hay un embotamiento, una saciedad, vecina de la inércia, tornándose el instinto o sentimiento como insen7 sible su ideal, o estimulo respectivo. En los ihstinios, que como el genésico y el alimenticio, necesitan de un aparato exterior, el abuso de los halagos suele producir ese resultado. Todo eso depende de un conjunto de condiciones muy complejas, que no tengo tiempo para exponer, ni es, por ahora, necesario; pero de ese estudio brota el límite de todo lo que puede afirmarse, ó negarse, en punto á la in- Inencia que ejercen las pasiones sobre la voluntad e) la libertad, diré mejor, del hombre, para hallar los grados de responsabilidad de sus actos exteriores. De todos modos, resulta que toda pasion suone: 1.° Un instinto ó un sentimiento, afectable por un ideal correspondiente. 100 2.° Ese ideal. 3.° Una tendencia de ese instinto ó sentimiento á llenar su fin. 4.° Un deseo ó una aversion, que es el instinto en accion, por actos promovidos por el estimulo competente. 5.° Un grado de energía ó debilidad, no normal, no ordinaria, de ese deseo ó aversion. 6.° Placer ó dolor, conforme sea, satisfecho contrariado, más ó ménos vivo. 7.° Un cambio de relaciones con las demás facultades, sobre las cuales influye , y de las cuales es influida. Hé aqui lo que encuentra la análisis rigurosa en toda pasion, y eso manifestará al Sr. Quintana con cuánta sinrazon ha confundido, con el nombre genérico de pasion, fenómenos y estados tan diferentes. Por eso he dicho que su modo de ver, no sólo es contrario al sentido comun , sino incompatible con la ciencia psicológica. Si las palabras han de representar ideas, y si las ideas han de expresar exactamente los »fenómenos que representan, es de todo punto indispensable, que, cuando , esos fenómenos no son idénticos, cuando son diferentes, no se expresen con una misma palabra para designarlos; de lo contrario, resultará una algarabía y 101 confusion, que siempre son lamentables, pero mucho más en los lábios y la pluma de un filósofo, y en especial, cuando se dedica á establecer diferencias fundamentales entre unos fenómenos y otros. El Sr. Quintana no ha debido dar el nombre de pasion más que á lo que el coman de las gentes designa con esa palabra, á lo que doctos é indoctos han tenido siempre por tal; y si le parecía que habia division de fenómenos idénticos, debia probar esa identidad, y sólo despues de haberla probado, dejándola fuera de duda, hubiera podido permitirse separarse de la opinion general. Con más razon hubiera podido extender la esfera pasional, ó la pasionalidad, afirmándola, con G-all, más allá de las facultades morales; admitiendo la pasion donde quiera que pueda brotar deseo ó aversion; en las facultades intelectuales , tanto perceptivas corno reflectivas; en los sentidos, y hasta en los movimientos; puesto que en todo eso cabe la pasion, con su placer y su dolor, segun los casos, y puesto que es un hecho, bien conocido de todos, que hay pasiones de inteligencia, de industria, de arte, de ciencia, de sensibilidad y movimiento, como las hay de afeccion moral. Dejando ya este punto, importante en la enes- 103 tion que se ventila, pasemos A otros; y puesto que el Sr. Presidente 'me advierte que han pasado las horas de reglamento, proseguiré explanando lo que todavía me resta por decir en la sesion inmediata. DISCURSO DEL DIA 19 DE FEBRERO. CONTINUACION DEL MISMO ASUNTO. Dispensadme , Sres. Académicos, si no os hago un breve resúmen de lo que tuve la honra de exponeros en la sesion anterior, acerca de la Memoria del Sr. Quintana, y sus ideas relativas á la distincion fundamental de la pasion y la locura. Deseo aprovechar el tiempo y evitaros la molestia de escuchar por largas horas, y en sesiones sucesivas, la misma voz,' y como tengo todavía bastante que decir, me abstendré de ese resúmen, .confiado en vuestra memoria, y en los recuerdos que os irá refrescando lo que hoy diga. 105 Recordareis que, despues de haber demostrafado los errores del Sr. Quintana, en punto á pretender que los fenómenos pasionales no son vitales, no siguen las leyes de la vida, no tienen órganos que los realicen, siendo actos de la conciencia, y despues de haberle probado que confunde, sin razon y con graves consecuencias, los instintos y sentimientos con las pasiones, haciéndolo todo sinónimo , habia llegado al punto en que S. S. nos iba á decir al fin la ley de la pasion, su carácter esencial y fundamentalmente diferencial de la locura. De ese punto parto ahora, reanudando de esa suerte la primera parte de mi discurso con la segunda, la que haré con todos mis esfuerzos que sea la última. Dice el Sr. Quintana que, en la imposibilidad de reducir los fenómenos pasionales á la proporcion de simples manifestaciones de la vida, es necesario penetrar en las profundidades de la, conciencia, para hallar los elementos esenciales que las constituyen, ya que entre el carden representado y representativo del animal no existe region alguna intermedia, á la que puedan referirse esos fenómenos. Aquí, como lo veis, le tenemos colocado en plena metáfora. _.os habla de las profundidades de la conciencia, y puesto que la concien- 104 cia no es representable en el espacio, ni sus fenómenos se desenvuelven en el tiempo, porque no es material, ni vital, no tiene, propiamente hablando, profundidades ni superficialidades. Esa palabra implica espacio, extension, y de consiguiente, cosa corpórea. La profundidad de la conciencia es, por lo tanto, una expresion metafórica. Pasemos por ella, y veamos lo primero que encuentra el Sr. Quintana en esas profundidades. Sólo en la conciencia es dable observar, analizar y distinguir las pasiones unas de otras, siendo imposible negarles el carácter de fenómenos suyos. Por eso dice que Espinosa las considera como esfuerzos del yo, si bien las hace depender del espíritu ó principio de conservacion, con lo cual no está conforme el Sr. Quintana; ya porque son anteriores á este principio, ya porque atentan á veces contra él. No hemos tardado en ver, señores, el escaso fruto que vá á sacar el Sr. Quintana de su penetracion en las profundidades de la conciencia. El ictíneo metafísico, dentro del cual se sumerge en esos abismos, no le deja ver claro, y no ha de coger así una madreperla, ni un ramito de coral de los escondidos en los antros psicológicos. 105 Si yo quisiera dar importancia á esa enestion que promueve sobre lo de Espinosa, le diria que las pa s iones son posteriores, cronológica y lógicamente, al principio de instinto de conservacion. Cronológicamente, porque antes que las pasiones existan ó aparezcan, aparece el instinto de la conservacion con toda su esplendidez y pujanza. Lo primero que hace el niño, apenas salta del cláustro materno, es buscar el pezon de la madre; es coger cualquier cosa que se pone en contacto con sus lábios. Lógicamente, porque todos los instintos y sentimientos del hombre, de cuyas manifestaciones enérgicas son formas las pasiones, como lo llevo demostrado, tienen por objeto la conservacion del sér y de la especie, y el engrandecimiento de la esfera de actividades de ese sér; y siquiera sean fenómenos finales, su fin es colectivo, son parte media para un fin total, que es personal, que es la conservacion del sér y de la especie; por lo tanto, este fin total es el primero, para cuya consecucion se han establecido los parciales como medio. El Criador del hombre le dió un destino, un fin, para consigo, para con los demás y para con Dios; y entre los medios para realizar ese fin, están los instintos, los sentimientos y las pasiones. Los medios son posteriores al fin; los 112 allí, en la esfera de las esencias, siempre inaccesible á la inteligencia humana, raíces fundamentales y caractéres diferentes, ha sido, es, y siempre será, señores, venir á parar á la nada. Hé aquí el supremo resultado de esas vanas filosofías, de esa ciencia hueca,, vaporosa, puramente terminológica, entreverada de tal cual ontología, con menos existencia real que las alucinaciones del maníaco. Despues de habernos dado el Sr. Quintana, ese pretendido carácter fundamental de las pasiones , puramente especulativo , sin ninguna utilidad ni aplicacion práctica, nos advierte que no deben confundirse las pasiones con el placer y el dolor físicos, porque estos sólo sirven para favorecer ó contrariar la perfeccion del animal; que sólo tienen la parte de la finalidad que les dá la determinacion de las pasiones; pues en si, sería indiferente su intervencion en el dinanismo vital, ni alcanzarian á conmoverle, ni á imprimirle direccion alguna. Las funciones sensitivas son fenómenos extraños á los elementos categóricos, son del dominio de la experiencia, en tanto que las pasiones son impresiones internas, cuyo objeto es una modificacion de la conciencia, y si se elimina el elemento de la finalidad, todo se vá tras él, y no queda nada para la análisis. 115 ¡ Cuánta palabra ociosa , señores , y cuánta afirmacion contestable , para advertirnos una confusion que nadie hace! ¡Cuánta anfibología y oscuridad de diccion, para explicar la diferencia que va entre las pasiones y el placer y el dolor físicos, y probar que estas sensaciones no son, ni pueden ser, afectos del ánimo! Eso tiene una explicacion, y una razon más sencilla y más clara que todo ése cúmulo de voces técnicas y frases pretensiosas de sublime filosofía. El placer y el dolor físicos no son, ni pueden_ ser pasiones, como no lo son el placer ni el dolor morales. De un modo análogo á aquellos, son efectos necesarios de todo lo que afecta la sensibilidad de una manera grata, ó desagradable. Son un resultado de toda sensacion, por poco intensa que sea; son un elemento inseparable de todos los actos de esas facultades de relacicn, siempre que su intensidad se eleva nois allá del grado anormal Ó habitual. Como el placer y el dolor morales, que son comunes á todos los instintos, á todos los sentimientos, á toda facultad susceptible de. deseos, (') aversiones, diferentemente de la pasion, que siempre es un modo de conmoverse éste ó aquel instinto, éste ó aquel sentimiento; el placer y el dolor físicos tampoco son exclusivos de éste aquel sentido; son comunes á todos, y de con- CIIITTAtIO 1 . 111 ' '.DIC0.-1 1 0:110 1. 114 siguiente, les falta el carácter distintivo de la. pasion, la particularidad, y el ideal que la caracteriza. En cuanto á finalidad, tienen la suya, tan digna de ser tomada en cuenta, como la de los instintos y sentimientos y de las mismas pasiones. Tambien pueden ser, y son á menudo, móviles poderosos para excitar al hombre á ejecutar estos ó aquellos actos. El sensualismo es poderosísimo, y un grande elemento para mover al hombre; tiene, por lo tanto, igual derecho que todos los demás fenómenos á realizar la ley de la finalidad de un modo colectivo; la. finalidad es un abstracto que se forma de todos los fines; donde quiera que haya un fin, hay finalidad. Sobre esto de ser del dominio de la experiencia las funciones sensitivas, y de consiguiente, el placer y el dolor físicos, como modos de la sensibilidad, diré al Sr. Quintana, que se hallan en igual caso que el placer y el dolor , moral, y que las pasiones y conmociones interiores ó afectivas. Siquiera para que haya placer y dolor físicos, se necesita algo material y exterior que afecte los sentidos; en punto al fenómeno nervioso que resulta, no hay diferencia alguna; es tambien intimo y de conciencia, como cualquiera conmocion pasio- •115 nal. Unos y otros fenómenos necesitan de imanifestaciones sensibles, para que el observador sepa que existen. El que vé sufrir ó gozar moralmente á otro que está apasionado, no tiene experiencia de ello, de ese dolor ó placer, directamente, porque nada de eso es objetivo.. Para que tenga conocimiento de esos goces ó sufrimientos, necesita sentirlos; y para saber que otro los siente, necesita que se lo indique por medio de otros fenómenos, accesibles á los sentidos, y que tengan esa significacion. Pues otro tanto sucede con el placer y el dolor físicos, y con cualquier fenómeno sensitivo. Jamás sabrá un sugeto que otro goza ó sufre físicamente, que tenga esta ó aquella sensacion, si este no se lo indica por medios exteriores que signifiquen ese goce ó ese dolor; jamás tendrá conciencia e idea de el, si no los siente. Todas esas distinciones, que hace el Sr. Quintana, son gratuitas, imaginadas por S. S. La observacion no las dá como hechos reales y positivas. Eso es inventar caracteres diferenciales; no es hallarlos, con filosófica análisis, en la naturaleza humana. Otra' . advertencia nos hace el Sr. Quintana, sobre otra confusion que tampoco hace nadie, como no olvide las reglas de la  ó ignore de todo punto las facultades radicales de 116 que está el hombre en posesiona y ¡cosa singular" , con el intento de precaver errores, su advertencia en-vuelve uno de los errores más profundos :ytrascendentales que puede tener una doctrina. Nos dice que el deseo no debe confundirse con la voluntad, confusion que ha dado, segun S. S., lugar á grandes errores; y con su terminología acostumbrada , trata de probarnos su aserto, dando á sus ideas una oscuridad lamentable, que no deja ver la verdad cue hay en el fondo de algunas cosas que afirma. La funcion voluntaria, dice, es suficiente mente definida por la realizador' de la ley de la causalidad libre en la conciencia, y entre sus elementos propios se envuelve la ley de la finalidad; al paso que los fenómenos pasionales, por el contrario, se explican con arreglo á esta última categoría ó ley, y no sinonen la nocion de fuerza que corresponde á la categoría de la causalidad. De aqui procede un antagonismo algo frecuente en la vida psicológica del hombre, entre ambos órdenes de fenómenos, á saber, de ciertos deseos involuntarios y de algunas voliciones sin deseos. Por lo demás, añade, es demasiado evidente que las pasiones no son impuestas ni dadas (notad bien esto, señores); al paso que somos del todo dueños de nuestras propias voliciones. 117 Aquí teneis, señores, bien de manifiesto las funestas consecuencias que se siguen de confundir, como lo hace el Sr. Quintana, fenómenos muy diferentes, designándolos con la misma palabra, y el discurrir con arreglo á distinciones metafísicas y psicológicas erróneas. Tener por sinónimas las voces, instintos, sentimientos y pasiones; confundir lo que representan las voces voluntad y libertad, como si no hubiera entre las pasiones, instintos y sentimientos, entre la voluntad y libertad, ninguna diferencia, como si no representaran fenómenos anímicos muy diferentes, conduce al Sr. Quintana, no sólo á no poder formarse una idea clara y cabal de eso que S. S. llama el antagonismo del deseo y de la voluntad, sino á encontrar el carácter fundamental que busca, y, lo que es peor todavía, á declarar involuntarias, fatales, las pasiones, y de consiguiente, á declararlas irresponsables ; con lo cual queda barrenada por su base la moral, y calificada de injusta, inicua y bárbara la penalidad de nuestros códigos, que exigen la responsabilidad á los apasionados, cuando, á impulsos de sus pasiones, perpetran actos penados por la ley. Sobre incurrir con más fundamento en el fatalismo, que el Sr. Quintana y sus coopinantes atribuyen á la doctrina de Gall, cuando procla- 118 ma el innatismo de las facultades del hombre, inclusas las afectivas, suponiendo que ese innatismo destruye el libre albedrío, y de consiguiente, la responsabilidad del hombre ; tenemos que la pretendida distincion entre las pasiones y la locura, en lo que más se necesita, en lo que más reclama la administracion de justicia, desaparece por completo; por cuanto, si irresponsable es la locura, irresponsables son las pasiones; segun el Sr. Quintana, no se dan, no se imponen; al paso que somos completamente dueños de nuestras voliciones propias; y cualquier acto penado por la ley que se corneta, homicidio, robo, incendio, violacion, etc., bajo el influjo de una ó más pasiones, no se debe castigar, no hay derecho para castigarle; porque el hombre no es dueño, no es autor de sus pasiones, no son voliciones propias, son estados irresponsables. Semejante doctrina, señores, que ninguno de vosotros aceptará, estoy seguro de ello, siquiera la seccion médico-filosófica de esta Academia haya patrocinado las ideas del Sr. Quintana, afirmando esa irresponsabilidad de un modo más terminante; doctrina que ni el mismo señor Quintana profesará sin duda, ni el Sr. Nie- to, ni otro alguno de la seccion indicada, á pesar de su dictámen, no es ni puede ser lógico 119 resultado de una verdadera análisis de las facultades del hombre, y un estudio cabal de lo que hay en él de fatal y libre; sólo puede serlo de una concepcion á priori falsa, como la mayor parte, por no decir todas, las del mismo método, llevada con vigorosa lógica hasta su último desarrollo, siquiera pare en el absurdo la inmoralidad. Pongamos, señores, de manifiesto el sofisma envuelto en las últimas palabras que os he recordado del Sr. Quintana, y vereis, tan clara como la luz del medio dia, la falsedad de su doctrina. Empecemos por volver á las palabras su significacion propia; no confundamos las pasiones con los instintos y sentimientos, la voluntad con la libertad, y todo entrará en su lugar correspondiente. La palabra voluntad, en psicología, siempre se ha entendido con referencia al conjunto de facultades morales; es una voz de sentido geneval ó colectivo, que abraza todos los afectos del ánimo; análoga á la palabra entendimiento, que tambien es de sentido colectivo ó general, puesto que en ella se expresa el conjunto de las facultades intelectuales, perceptivas y reflectivas. o diré que la voz voluntad no tenga varias 120 acepciones; que no se tome á veces como potencia del alma, como acto de esa potencia, y hasta come) sinónima del libre albedrío. Pero en este último sentido, no se usa tanto, empleando el sustantivo, como expresion de una potencia; se emplean más bien sus derivados, el adjetivo voluntario y el adverbio voluntariamente, para expresar la propia y libre determinacion que llevan nuestros actos, y el modo cómo los hemos ejecutado: al paso que, cuando queremos expresar con un sustantivo eso mismo, dando á comprender que ha habido en nosotros intencion, resolucion de ánimo, decision terminante, usamos con preferencia la palabra libertad, como la más propia y característica. Y eso tiene un fundamento filosófico, del que no podernos prescindir, sin exponernos á grandes errores. La palabra voluntad viene del latín voluntas, y ésta de volo, querer ó quiero, y eso es, en efecto, lo que expresa, querer ó no querer; y aun cuando el no querer parezca opues- to, antitético , al querer, en el fondo no hay semejante oposicion, ni antítesis; siempre hay voluntad, siempre se quiere. Basta mudar la partícula negativa en la oracion, para que desaparezca la antítesis, yse vea que siempre hay voluntad. Yo digo, por ejemplo: quiero ir á paseo, no quiero ir ápaseo; no son dos voluta- 121 des opuestas, como se vé claramente si digo quiero ir á paseo, quiero no' ir á paseo; de consiguiente, siempre quiero; la oposicion no está en el querer, en la voluntad,' está en los objetos de ella. La palabra libertad, siempre supone un poder de realizar lo que se quiere, ó de no realizarlo, aun cuando se quiera. En la libertad hay más accion, más intencion, más resolucion del ánimo del que obra ó realiza su voluntad, que en la simple existencia de esta voluntad, ó del querer y no querer. Son, pues, dos fenómenos psíquicos muy diferentes, la voluntad y la libertad; y no comprende bien su diferencia radical quien las confunda, quien tenga por sinónimas esas palabras, como expresion de dos hechos idénticos. En la voluntad, señores, como expresion de querer ó no querer, como voz de sentido colectivo, que representa el conjunto de instintos y sentimientos, de los afectos del ánimo del hombre, y, si se quiere ampliar esa significacion, como expresion de todo deseo y pasion, sea del órden que fuere, no hay libertad; todo es fatal, independiente del poder del hombre; como no hay libertad, corno es fatal é independiente de ese poder la sensibilidad y todo el conjunto de funciones llamadas de la vida órgánica, ó del 128 y sentimientos, ya favoreciendo, ya contrariando el primeramente producido; y así como el hombre halla una fuerza en el impulso de su deseo para realizarle al exterior, reaccionando sobre los centros del movimiento voluntario, así la encuentra tainbien para contrariar ú favorecer ese deseo, en las conmociones de los demás, y en la igualdad de aptitud que tienen de reaccionar sobre esos centros. Con un ejemplo práctico acabaré de poner en claro esta verdad. Un hombre, por ejemplo, pobre, si quereis, y, aunque no lo sea, un tanto amigo de la riqueza., 6 acosado por la necesidad de dinero, vé en un sitio dado, en una casa donde entra, cierta cantidad de monedas de oro; este objeto, hecho ideal del instinto de propiedad en ese sujeto, le estimula ese instinto; hay un deseo, más o menos vivo, de apoderarse de ese dinero: á no haber otro sentimiento, ese hombre se iría derecho á ese objeto, como un niño, como un imbécil, como un animal. Pero, al propio tiempo se le han excitado otros instintos y otros sentimientos, el de la agresion, el de la alimentacion, el de la conservacion, el del amor físico, etc.; el sentimiento de la justicia, de la benevolencia, de la estimacion de si mismo, etc., y unos favorecen su im- 12,0 pulso á apoderarse de esas monedas, otros le contrarían, y siente una especie de lucha, una indecision, y de esos impulsos encontrados, segun sea la mayoría, para la realizacion ó no realizacion del deseo primero, saca la fuerza libre para tomar el dinero ó respetarle, dejándole en su lugar y á su dueño. Además de esa multitud de instintos y sentimientos, auxiliares y antagoniltas de un deseo provocado, hay, señores, 1.a reflexion, las facultades intelectuales reflectivas, que se excitan á su vez, formando juicios diferentes, sobre las consecuencias del acto, segun cuál sea; los peligros que corre, si se apodera de ese dinero que no es suyo; los males que esto podrá acarrearle, si se sabe que ha sido él quien se ha llevado el dinero, sin permiso de su dueño; siquiera esa misma reflexion ayude los deseos de los instintos auxiliares del relativo al dinero codiciado, con las ventajas que podria reportar al ladron; esa reflexion, unida á los sentimientos que, por punto general, son cohibitivos de los pensamientos y deseos malos, acaba de triunfar de su mal deseo, y se abstiene de robar. La reflexion, vigorizada con los sentimientos de justicia, benevolencia, circunspeccion, veneracion, estimacion de si mismo, deseo de agraciar, etc., robustecidos unos y otra con la buena CRITERIO 1 4 11ÉDIC0.-TOMO l  9 130 educacion, con los preceptos morales y religiosos, por medio de doctrinas sanas, que han dado á todos esos sentimientos é instintos, ideales ó formas representativas de la verdad, de la justiticia, de la moral y la virtud, ayudada por esas oposiciones, que hacen á los pensamientos y deseos malos los instintos y sentimientos cohibitivos, da lugar á deliberaciones de la mente, y de ellas nace la • libertad con que el hombre ejecuta luego lo que resuelve. En estas resoluciones, tan pronto se satisface el deseo provocado, tan pronto se contraria ó reprime, conforme sea el resultado de la fuerza de los sentimientos que prevalecen . Hé aquí cómo puede haber deseos satisfechos voluntariamente, y voliciones ó actos voluntarios opuestos á los deseos. Hé aquí el antagonismo de que nos hablaba el Sr. Quintana; mas en ese antagonismo nunca se ven deseos voluntarios, siempre son fatales; lo que se vé, es deseos de hacer una cosa, y no realizarse esa cosa, tal vez realizarse todo lo contrario, por haberlo resuelto así el hombre con su reflexion y demás auxiliares. Hay más; ese antagonismo jamás es absoluto ó completo; porque, si el hombre se resuelve á obrar, contrariando el deseo de un instinto ó de un sentimiento, y el de los afectos que le favo- 151 recen , tanibien así favorece los deseos de los afectos ó instintos y sentimientos antagonistas. Hay oposicion , antagonismo entre lo que se hace y lo que se deja de hacer, y el deseo ó repugnancia de un instinto ó sentimiento y sus auxiliares; pero al propio tiempo hay armonía entre lo que se hace y lo que se deja de hacer, y el deseo ó repugnancia de otros instintos y otros sentimientos, y además, la reflexion, casi siempre compañera de los instintos y sentimientos cohibitivos. Hay más aún; el estado normal, en el estado de cordura y de gran fuerza de razon, siempre hay más instintos y sentimientos que están con la razon, que contra ella. Yo siempre veo un gran carácter de razon ó de cordura en la armonía. Cuanto más cuerdo es el hombre, más armonía hay entre todas sus facultades; todo lo contrario sucede, cuando la razon se desconcierta. Ese antagonismo , esa lucha es un fenómeno comunisimo. Todos le sentimos dentro de nosotros. Si dijéramos todo lo que pensamos, desde que nos levantamos hasta que nos vamos á dormir; si manifestáramos todo lo que deseamos, ¿quién pasaría por cuerdo? ¡Qué de pensamientos estrAmbóticos no tenernos, durante el dia! ¡Qué de 132 deseos malos y ruines no nos asaltan! Y sin embargo, ahogamos esos pensamientos y deseos en su cuna, porque la reflexion y los sentimientos cohibitivos nos advierten que no se debe dar realizacion á esos pensamientos y deseos. Ese poder que tiene el hombre, de realizar ó no realizar al exterior sus deseos y pensamientos, es su libertad, su libre albedrío; poder que jamás falta, cuando todas sus facultades se encuentran en un estado normal y fisiológico. Aquel que, hallándose en ese estado, no se reprime y abstiene de hacer el mal, es responsable de él y de sus malos pensamientos y deseos, no porque los tenga, sino porque los realiza, porque los satisface, debiendo y pudiendo dejar de hacerlo. Ese estado es el de la sana razon, durante el cual el hombre tiene el poder de dirigir, por medio de la reflexion y sus auxiliares, la realizacion de los impulsos internos, con arreglo á las leyes á que está subordinada su propia organizacion. Es ese estado, por lo tanto, el de la libertad; por eso es responsable, y por eso, para mí, las palabras libertad, razon, estado responsable, son, bajo ese aspecto, sinónimas. Quien dice razon, dice lo contrario de la locura; dice, pues, libertad,- dice responsabilidad. 133 Normal ó habitualmente esos deseos y aversiones pueden ser más ó ménos enérgicos, conforme sean más ó ménos impresionables é intensos en su accion los órganos del instinto ó sentimiento respectivo, y la viveza é intensidad ó naturaleza del estimulo que los provoca. Pueden pasar de este grado normal, en ciertos casos, ya de un modo paulatino, ya de una manera súbita, á un grado superior ó mayor de intensidad, haciéndose esos deseos y aversiones más dolorosos, cuando no se satisfacen, y exigiendo esa satisfaccion con un imperio tanto mayor, cuanto más flojedad encuentran en los instintos y sentimientos cohibitivos, y en la reflexion del hombre así conmovido, el cual, en semejante caso, necesita redoblar sus esfuerzos para sojuzgar esos impulsos, si la razon le dicta que no debe satisfacerlos. En ese estado, los deseos ó repugnancias se han elevado á la categoría de pasiones. Sin embargo, todavía no supone su mayor grado de intensidad, ó de energía de estas ó aquellas facultades afectivas, la falta de libertad en el hombre apasionado, para reprimirlas y dominarlas. Antes no llega una pasion á ese grado de exigencia imperativa, dominando los demás instintos y sentimientos, y hasta la reflexion, la que no destruye, pero subyuga, y 154 acaso hace funcionar en su apoyo, ó ha pasado más ó ménos rápidamente, por grados, á ese plin- to de grande exigencia y predominio, ha sido el afecto tan enérgicamente excitado por la intensidad del estímulo, que no ha dacio tiempo á la reflexion ni á los afectos cohibitivos para oponérsele , ejecutándose la realizacion de la voluntad sentida de una manera instintiva. La repeticion de los actos que satisfacen un deseo, ó una repugnancia, y la naturaleza del ideal incitante, han ido elevando á la categoría de pasion un instinto ó un sentimiento, por los pocos ó ningun esfuerzo que ha hecho el suge- to para refrenarle, pudiendo hacerlo con tanta más facilidad, cuanto que, antes de llegar á ser un afecto pasion, y pasion dominante, es mucho ménos exigente y poderoso. Por punto general, esa repeticion, ese hábito que se contrae, vá fortaleciendo y dando más exigentes bríos á un afecto apasionado, así como, en otras ocasiones, ese hábito ó repeticion satisface el apetito, hasta el funto de apagarle, de convertirle en indiferencia, ó repugnancia; se pone ahíto, se harta el instinto ó sentimienty conmovido, por lo ménos del ideal que le habla apasionado, y hay que buscar otro. Eso, sin embargo, no sucede siempre ; hay , ciertos instintos y sentimientos en que esto su- 135 cede con más frecuencia, particularmente en los que tienen aparatos exteriore's para ellos, como el genésico y el de la alirnentacion; estos son los que más ejemplos nos presentan de los efectos diminutivos del hábito, el hastío de la satisfaccion repetida, ó de la que se haya hecho abuso. En otros deseos y repugnancias sucede todo lo contrario; la repeticion los aviva, los hace más enérgicos, más imperiosos, hasta el punto de denunciar al hombre apasionado; así sucede respecto de la avaricia, de la ambicion, de la pereza, etc. Durante ese tiempo de repeticion de actos, satisfaciendo ó halagando un apetito, y de aumento gradual de exigencia de éste, el hombre ha podido impedir ese aumento, esa satisfaccion repetida, y no lo ha hecho. Ha preferido el placer que ha ido sintiendo, halagando su deseo, A la pena que hubiera sentido cohibiéndole, y aunque su reflexion y demás afectos cohibitivos le hayan advertido siempre lo inconveniente é indebido de su conducta, se ha dejado dominar y subyugar, llegando tal vez á un punto, que, cuando quiera dominarse, le sea casi imposible. Sucede en esto lo que en los pueblos con sus gobiernos. Cuando el gobierno g lera las in- 136 fracciones de la ley, no las reprime al instante que se efectúan, y donde quiera que las haya; el pueblo se acostumbra á la desobediencia, tan- to más, cuanto más dura esa tolerancia y debilidad de los gobernantes, y llega dia, en que, siendo ya insoportables los efectos de esa flaqueza, para dominar á los gobernados, los gobernantes tienen que apelar á grandes esfuerzos para hacer respetar la ley, destruyendo los hábitos de infraccion, inveterados, engendrados al amparo de la tolerancia y negligencia de los encargados de velar por el Orden social, y tal puede ser ya el imperio de esa desobediencia, que todos los esfuerzos del gobierno no basten, y ese Orden se vaya á rodar, cayendo la sociedad en una completa anarquía, que es á aquella lo que al hombre la locura. Pues bien; así como ese gobierno seria responsable de esos males sociales, por la negligencia, descuido y tolerancia que hubiese tenido, desde los primeros desvíos del pueblo, por haberle dejado contraer hábitos de desobediencia, pudiendo reprimirlos, castigarlos, por más que luego tenga ese pueblo rebelde gran fuerza para resistir; así tambien es responsable el hombre por no haber refrenado, desde el prin- , ripio , un afecto que no debia satisfacer, y siquiera ese afecto, se presente, despues de un 137 hábito más ó ménos largo de halago, con algunas exigencias que ya reclamen mayor fuerza de carácter para dominarle; la responsabilidad siempre queda eri pié, porque cuando era fácil' reprimirle y dominarle, no se ha hecho, pudiendo hacerlo. El hombre no ha puesto en juego todos sus recursos, su retlexion y sentimientos cohibitivos, que le han advertido el peligro y las consecuencias de su deseo, en marcha hacia la pasion; no le ha ahogado en su cuna, ,como podia, ni ha cortado, unas tras otras, las cabezas de esa hidra que iban retoñando; las ha dejado crecer todas, y por lo tanto, es justamente responsable de esas pasiones, y sus consecuencias, porque son realmente obra suya; ya que no las haya sancionado, las ha tolerado , y la tolerancia es una complicidad. Esa responsabilidad es tanto más justa, cuan- to que nunca le ha faltado poder al hombre para someter á raya sus pasiones, y hasta sus instintos y sentimientos, enérgicos por naturaleza ó por la intensidad del excitante. ¿,Qué es la virtud si no ese esfuerzo, ese poder siempre permanente, eficaz para refrenar y contener en sus justos limites los deseos y repugnancias del hombre? Negad ese poder de reprimirse, y negareis la virtud. 14; exteriores no revelan la esencia, la naturaleza del fenómeno psicológico; si no quiere más que el conocimiento de esa esencia y sus atributos íntimos, sobre que aspira á un imposible, á una cosa neuada á la limitada inteligencia humana, vuelve, como he dicho , completamente estéril su trabajo para la práctica. En la práctica, seilores, no hay metafísicas, ni psicologías que no puedan trasformarse en guias, reglas ó criterios experimentales y fructuosos. Si se quiere que la práctica, que la observacion, que la experiencia, reciba alguna luz de esas metafísicas y psicologías, es necesario que tengan un lado objetivo que las represente, y les dé alguna aplicacion y utilidad en la esfera exterior ó de los hechos. La práctica es siempre la piedra de toque de toda especulacion ó teoría; es el ensayador contraste de los quilates de toda concepcion. Yo no conozco nada más falso que esa afirmacion de algunos: esto es bueno en teoría, malo en práctica. Lo que es malo en práctica, no es bueno en teoría. No siendo, pues, aplicables á la practicalas doctrinas del Sr. Quintana, respecto de las pasiones, en las cuales funda ó pretende fundar un carácter diferencial entre esos afectos y la locura; siquiera' esas doctrinas , en el terreno 145 especulativo, psicológico puro, no se prestasen á la critica ni á la refutacion; siquiera no fuesen poderosas las razones que hemos dado para probar los errores psicológicos de esas doctrinas; siempre resultaria que el médico forense, que los juzgados y tribunales, no podrian ssa, car de ellas ningun resultado provechoso en los casos prácticos, en que se necesitase establecer la diferencia entre los actos emanados de una pasion y los emanados de la locura. IP aqui, señores, á lo que viene á reducirse el trabajo del Sr. Quintana, en lo que atañe á las pasiones. Una esterilidad completa, sobre un notorio error de pensamiento. Ved ahora quién es aquí el inocente, quién es el que ha perdido lastimosamente el tiempo. Dejemos ya ese punto, y para acabar de probar cuanto llevamos dicho, pasemos á la tercera parte de la Memoria del Sr. Quintana, ó sea á la que trata de la locura. Empieza el Sr. Quintana con la fraseología propia de su escuela, pomposamente articulada, para decirnos al fin que las funciones de todas clases, no sólo se ejercen normalmente, sino de una manera anormal; esto es, que pueden estar sanas y enfermas; lo cual me parece que no es una gran novedad. Corno una consecuencia de esa afirmacion, viene esta otra: tarn- CRITERIO MÉDIC0.----TOMO 1. 1 E; bien enferman las funciones de la razon ó de la conciencia; y, corno dicho de paso, añade que eso es un triste privilegio del hombre, puesto que los animales no enloquecen. En cuanto á lo último, me parece que el señor Quintana está demasiado terminante. Los animales sufren muchas veces trastornos en su mente. Tienen ilusiones ó errores de sentidos, y acaso tamláen alucinaciones, y ejecutan movimientos sin razon. Si pudiesen manifestar sus actividades psicológicas corno el hombre, de seguro que veríamos no ser en ellos rara la locura. En el seno de esta Academia tenemos dos distinguidos profesores, que han estudiado la fisiología y medicina comparada, ó las enfermedades de ciertos animales domésticos, y estoy seguro que se han de hallar conformes conmigo, en considerar aventurada la afirmacion del señor Quintana. Hay perros y caballos que, en ocasiones, dan señales de locura. Los chalanes y tratantes en caballos, saben Cambien que los hay locos, y . todos los razonamientos del señor Quintana no lograrian convencerlos de que esos caballos valgan lo que los cuerdos. No insisto más sobre este punto. En seguida entra el Sr. Quintana en la exposicion de las formas de la locura, dando por tales, síntomas característicos de algunas de ellas, 147 como son las ilusiones y las alucinaciones; y si bien, por punto general, no deja de dar alguna idea de esas enfermedades especiales, se conoce fácilmente que no han formado el estudio predilecto de S. S. Yo creo que el Sr. Quintana sabe más de este ramo de lo que nos ha manifestado; pero lo que nos ha dicho de la locura y sus formas, y el modo cómo las ha descrito, no puede tomarse como la expresion cabal del estado actual de la ciencia, relativamente á la clasificacion y descripcion de esos padecimientos de la razon humana. Pasaré por encima de ello, sin embargo, por no dar á la cuestion un carácter demasiado accidental, bastándome lo indicado para que se entienda, que, cuando no se pone la debida atencion en los términos que se trata de comparar ó distinguir, no es posible hacer comparaciones cabales, ni establecer exactas diferencias. Y no tome á mal el Sr. Quintana que yo diga eso de S. S. Eso no prueba, ni falta de talento de ese digno profesor, ni escasez de instruccion general, ni especial. Ya he dicho yo que creo que S. S. sabe más de alteraciones mentales que lo que nos ha manifestado, y que si lo ha hecho de un modo que puede parecer 118 que no está al corriente, ó que no conoce profundamente ese ramo especial de la medicina, es una consecuencia lógica de su modo de ver en esta, cuestion; de juzgar inocente y perdido el tiempo, el estudio de la locura y sus formas de un modo experimental, objetivo, en la organizacion y sus manifestaciones exteriores, prefiriendo hacer ese estudio, como lo hacen los filósofos ignorantes de la fisiología, de un modo puramente psicológico, á priori, que yo no titubeo en llamar eri7p¿rico, es decir, falto de base científica ó de ciencia fisiológica. No sólo huye el Sr. Quintana de ver la locura como padecimiento de la organizacion, siquiera sea la cerebral, en la manía, monomanía y demencia, sino en la idiócia y en la imbecilidad; y aunque advierte que, en ocasiones, la locura forma parte integrante de lesiones orgánicas, éstas no le quitan su carácter propio, ni constituyen su existencia original. Para el Sr. Quintana, la locura y sus diferentes formas son funciones patológicas de la conciencia. Cree S. S. esto tan evidente, que, probarlo, seria embrollarlo; y, efectivamente, al intentar probarlo, lo embrolla de tal suerte, que toda esa evidencia se desvanece como el humo. Para el Sr. Quintana, las formas de la locura 149 no se diseñan fuera de la conciencia, por lo cual las tiene por f enómenos propios de esta. Eso equivale á decir que la locura es una enfermedad sin diagnóstico, sin síntomas exteriores objetivos , sin signos que puedan apreciarse, observando al loco, siquiera sea un idiota, un imbécil, un demente, y aun ciertos maniáticos, y los mismos monomaníacos; esas formas tienen carácter representativo, que las determina y distingue en grado eminente. Despues de esas afirmaciones, sin pruebas, que yo no me detendré por ahora en refutar, ni en detall, ni en globo, y que en rigor no necesitaria refutar nunca, por ser demasiado manifiesta su contrariedad á lo que arroja el estudio práctico de esas enfermedades ; se lamenta el Sr. Quintana del espíritu de sistema de los que, siguiendo la ontología organicista, localizan esas afecciones en el cerebro, y Jos cree hallar en contradiccion, porque admiten otras enfermedades generales, sin sitio particular de manifestaciones; de suerte que, si no comprendo mal al. Sr. Quintana, parece que tiene la locura por una enfermedad general ó esencial, corno ciertas fiebres, que carecen de órgano especial, ó particular inflamado ó enfermo de otro modo, admitidas por muchos, que consideran la locura como un padecimiento idiopático ó sintomá- 150 tico del cerebro, y en eso se funda para acusar esa contradiccion. No sólo no reconoce como causa de la locura las alteraciones anatómico-patológicas de otros órganos, señaladas por varios autores, sino las del mismo cerebro, fundándose, para negar esa conquista de los modernos tiempos, en que algunos autores, como Esquirol, Leuret, Baillarger, Brierre de Boismont, etc., no han hallado siempre alteraciones orgánicas en el cerebro de locos que han fallecido, y en que Flourens y Lelut no han visto tampoco alteraciones orgánicas en casos de monomanías relativas á ellas, y en que Combatte cita un caso de ninfomanía en una mujer que no tenia cerebelo. No desconoce la importancia de la anatomíapatoll5gica en esos casos, pero dice que ella misma ha probado que no hay siempre alteraciones orgánicas en los casos de locura. Niega que haya una ley, una razon á priori, para afirmar que la locura debe reconocer esas alteraciones por causa; habla de momentos anteriores á esas alteraciones, como una ley general, y de una espontaneidad morbosa en la conciencia, sin que necesite de órganos enfermos para ello. Ya veis, señores, que el autor de la Memoria es consecuente ,consigo mismo. Así como tiene 151 las pasiones por funciones de la conciencia, y les niega órgano especial para realizarlas; así tiene la locura por funcion patológica de esa misma conciencia, y le niega taml3ien órgano que haga posible esa enfermedad. No es el órgano el que padece, cuando un sugeto está loco, es la conciencia; como no es ningun órgano el que funciona cuando hay actos pasionales, sino la conciencia; siempre la protagonista de todo es esa actividad opuesta, diferente de la organizacion y de la vida. Aquí teneis, por lo tanto, igual absurdo; la locura representa una actividad funcional ó normal, patológica, sin órgano que le` sirva de condicion material, de instrumento para que pueda realizarse. Si es absurdo que pueda haber razon, sin cerebro, ¿cómo no ha de ser absurdo que pueda haber locura, sin esa entraña? Llevo dicho, señores, que ya no es solo Gall hoy dia; que no sbn tan sólo sus partidarios los que consideran el cerebro como el órgano del alma, como condicion material, corno instrumento del espíritu, con el cual éste ejerce su actividad y revela sus potencias. Hoy no hay ya ningun fisiólogo, ningun anatómico, ningun médico alienista, que se precie de estar á la altura de los conocimientos actuales, y no quiera 152 pagar tributo á las exigencias de ciertas gentes, que afectan tener horror teórico, no práctico, á la materia, que no profese ese principio, elevado ya á la categoría de axioma. Moral, autor moderno de un tratado de alteraciones mentales, bajo muchos puntos de vista recomendable, y que ni es materialista ni frenólogo, dice estas terminantes palabras: «Digamos con el autor de las funciones del cerebro, que el encéfalo debe ser considerado exclusivamente como el órgano de las facultades intelectuales y morales; que, á excepcion del cerebro, ninguno de los demás sistemas nerviosos puede ser considerado como el sitio de las facultades intelectuales y morales; en una palabra, que la locura tiene su asiento inmedia- to en el cerebro.» «Estas tres proposiciones fundamentales , sigue diciendo Morel, son admitidas sin reserva por los contradictores más poderosos de la frenología.» Yo podria citaros varios pasajes de Flourens que tampoco es frenólogo, que ha sido uno de los que más han combatido las ideas de Gall, y que, sin embargo, declara, como inconcusas ó irrefutables, esas proposiciones. En esos pasajes , tomados de dos obras de ese distinguido fisiólogo, tituladas: la una De la vida y de la in- 153 teligencia, y la otra Exámen de la frenologia, un entusiasta admirador de Gall no diría mas acerca de los usos y destinos del cerebro. No lleveis á mal, Sres. Académicos, que os cite al pié de la letra los siguientes. Despues de copiar lo que dice Descartes del cerebro, por el cual tan sólo siente el alma, segun este filósofo, dice Flourens: «olé aquí, sobre ese grande asunto, la verdadera y fundamental doctrina. Descartes la habia indicado, y Gall la ha establecido definitivamente en la ciencia.» «Los sentidos no reciben más que la impresion; en el cerebro es tan sólo donde la percepcion se efectúa; en el cerebro es tan sólo donde tiene su asiento la facultad intelectual; sólo el cerebro es el órgano del alma.» En otro pasaje dice: «Sólo el cerebro es el órgano del alma en toda la plenitud de sus funciones; él es el sitio de todas las facultades morales, como de todas las facultades intelectuales, de la locura, como de la razon; él es el sitio de todas las percepciones, porque ninguna se hace en los sentidos.» «En suma, sigue diciendo el grande adversario del fundador de la frenología; Gall ha vuel- to lo moral á lo intelectual; ha vuelto las cualidades morales al mismo sitio, al mismo órgano que las facultades intelectuales; ha vuelto la lo- 256 veces: la vé, le habla, y así se engendra en él un deseo más vehemente , que ya no le deja descansar, que absorbe todos sus pensamientos, que le distrae de sus ocupaciones, que le muda el carácter, Ve no le consiente el sueño, que le altera acaso las funciones digestivas, y le hace perder el color, las carnes, etc. Si logra que sea suya, goza en extremo; si es rechazado, sufre, y acaso hasta el punto de morirse ó matarse. Hé aquí una pasion, donde se ven todos los elementos que hemos hallado en ese fenómeno. Un instinto conmovido por un ideal determinado, que le ha elevado á la categoría de deseo ardiente, vivo, exigente, que hace sufrir. Lo que digo de esa pasion, es aplicable á todas. Con qué doctrina se analiza, se explica y se determina ese fenómeno psíquico de un modo más claro y más cabal; con la que consigna el Sr. Nieto en su proposicíon y fraseología abstrusa con que lo hace, ó con la mia? Abandono la contestacion á los Sres. Académicos y á cuantos tengan noticia de ambas. No está más claro el Sr. Nieto cuando formula el carácter segundo de la locura. Es la funcion humana , en cuanto determina inmediatamente los fenómenos reflexivos, y mediatamente los fenómenos sensitivos , vitales, y hasta puramente orgánicos. Lo primero que se os 257 ocurrirá al oir eso es que hay locura sin posibilidad de determinar fenómenos reflexivos , ni inmediata ni mediatamente; por la . sencilla razon de que la reflexion no existe. En el idiota, en el imbécil y en el demente no hay facultades reflectivas. Luego, afirmareis que no hay determinacion de fenómenos sensitivos, más que por medio de los estímulos exteriores que los provocan; que los fenómenos vitales y los orgánicos podrán ser consecuencia del estado de locura, nunca determinacion de este estado como funcion humana, frase vaga, de sentido general, que acaba de aumentar la oscuridad del lenguaje empleado para caracterizar la locura. ¿Querrá, decir el Sr. Nieto, con ese modo de hablar ó de escair que le es peculiar, y que tanto le place, que, en ciertas formas de locura, el sugeto loco cree estar impresionado por objetos que no existen, que no le impresionan á la razon, esto es, que tiene alucinaciones, que su reflexion extraviada le hace enlazar cosas quiméricas, influir sobre sus sentidos, y dar lugar á errores de ellos, y que, á la larga, se han de resentir de ese estado las funciones orgánicas? Si eso quiere decir, , por qué no lo dice? Pero, áun cuando lo dijera, eso no sería carácter general de la locura; sólo seria propio de ciertas formas de ella, y no de un modo ex- CRITERIO 11MEDICO.—TOMO 1.  17 458 elusivo, porque tambien es propio de los ensueños y sonambulismos, y las pasiones provocadas, en ese estado, sólo se diferenciarían de las fisiólogicas, por lo quimérico del ideal, por la falta de realidad de este. En una monomanía erótica, en la que una mujer, por ejemplo, se enamorara de un sér ideal, ficticio, de un personaje histórico, bíblico, sobrenatural, del diablo en figura de ángel hermoso (como la de que nos habla San Bernardo, que por largos años se creyó cohabitar con ese espíritu, cometiendo con él un adulterio al lado del marido, y gozando de las delicias de ese impuro concúbito, como si fuera real), hay una pasion, igual en todo á la que pudiera provocar la realidad de un ideal, excepto la presencia real de este, ó del objeto que ac tualmente impresionara á esa mujer. No quiero hablar más, señores, sobre esa segunda proposicion, porque cuanto más se examina, más embrollada, más inexacta y más inútil para la práctica se encuentra. Hable el señor Nieto más claro, si puede, que no le he comprendido , y entonces veremos hasta qué punto es aceptable su doctrina. Por último, señores, no puedo ménos que oponerme con todas mis fuerzas á la tercera proposición, que, como recorda.reis, está conce- biela én estos términos: el hombre es inmalmen= té irresponsable de la pasion y de la locura, por diverso motivo; de la pasion, en cuanto no la reconoce por obra suya; de la locura, porque es una enfermedad, y no puede aplicarse á la razon enferma la ley que rige á la sana. Prescindiendo, por ahora, del grave error que esta proposicion consigna, no hay carácter diferencial, primero, porque las pasiones enfer mas, que el Sr. Nieto admite, son enfermedades, como la locura, y segundo, porque, si las pasiones no son la obra del hombre, como no lo es la enfermedad, bajo este aspecto, como bajo el otro, son iguales; sólo se diferencian por la diversa razon que se dá á la irresponsabilidad de la una y la otra, segun la proposicion; pero acabamos de ver que esa diferencia no existe, puesto que ambas son enfermedades, ó pueden serlo, y que ambas no son la obra del hombre. Lo mismo dá decir, no soy responsable de la pasion, porque no es obra mia, ni de la locura, porque es enfermedad, que decir de una y otra: no soy responsable de una ni de otra; porque no dependen de mi; ninguna es mi obra; ó porque una y otra son enfermedad. Pero no es esto sólo lo inadmisible de la proposicion. Está en la inmoralidad que proclama, está en el principio eminentemente subversivo 200 del órden moral y social que sanciona. Si el hombre es irresponsable de sus pasiones, igualmente que de la locura, porque nada de eso es la obra su y a, como tan rotundamente lo afirma la seccion, qué es entónces la penalidad de los códigos contra los actos cometidos bajo el influjo de las pasiones? Sería una iniquidad, una barbarie, como lo sería, y lo ha sido en otros tiempos, encausar, encerrar en cárceles, echar cadenas y ajusticiar á los locos. La ley no pena, más que los actos voluntarios; y n.o siendo la obra del hombre las pasiones, siquiera estas le conduzcan á cometer delitos, no podria castigarlos, porque el estado en que se cometen no es la obra del hombre, como el de la locura. lié aquí subvertido el órden judicial; hé aquí condenados como injustos todos los códigos penales; hé aqui proclamada la impunidad de todos los delitos cometidos en un estado de pasion; hé aqui á la sociedad desamparada, el estado social comprometido, abolida la libertad, y anuladas todas las garantías que la aseguran. La moral, que exige tambien responsabilidad al hombre, por sus pasiones y los excesos á que ellas le conducen, queda reducida á la nada. Otro tanto le sucede á la religion y sus preceptos; no tiene base, porque todos se fundan en una responsabilidad que no existe. 261 Según esa doctrina, la moral está demás, los Epictetos son ridicillos, la religion, impertinente; el Decálogo, un conjunto de preceptos que no tienen razon de ser. A la ley , á la moral , á la religion , podrá responder el delincuente, cuando le pidan responsabilidad por sus pasiones, y los actos que bajo su influencia perpetre, lo mismo que el injusto y el malo; ¿á qué me venís con códigos, con esos preceptos y mandamientos? Todo lo que hago no es obra mia; mis pasiones no lo son, y ellas me impulsan. Cuando me decís que: sea bueno, ó que no sea malo, es como si me dijérais: no seas alto, ni bajo de estatura, ni estés flaco, ni gordo, no seas feo ni hermoso. Todo lo que soy moralmente, depende tanto de mí, como lo que soy físicamente; yo no soy responsable; dejadme en paz. ¿ , Es eso admisible, señores? ¿ , No se subleva vuestra razon y vuestra conciencia contra semejante doctrina? ¿ ) No está en abierta pugna con las ideas y creencias universalmente sancionadas por la justicia y la conciencia social? Al loco se le exime de responsabilidad, si en ese estado perpetra algun acto penado . por la ley, no porque su locura sea una enfermedad, sino porque le quita el libre albedrío, y porque ese estado no depende de su. voluntad. No está tZ62 loco el que quiere, ni deja de estarlo el que no quiere. No es responsable, no sólo de su locura, sino de nada que por ella, ó en ese estado, diga, y haga. Al hombre que se halla en un estado de pasion, no se le exime de responsabilidad, no sólo - respecto de los actos que comete en ese estado, sino respecto de la pasion misma, porque todos convienen en que ese estado es voluntario, depende del hombre, es su obra , y todo cuanto emana de él, todo cuanto ejecuta en ese estado, tiene igual carácter. Así corno no pierde la pasion la libertad, tampoco la pierden los actos cometidos bajo su influjo. Las pasiones son, como lo hemos sostenido. grados de actividad de los instintos y sentimientos, estimulados Dor sus ideales respectivos: en su gran mayoría, no brotan súbitamente, son el resultado de la repeticion de actos, de halagos y satisfacciones del deseo, que hace contraer un hábito, al fin más poderoso, sobre la fuerza libre, y si bien llega dia en que dominan al hombre, y le , hacen obrar, conforme á ellas, contra su reflexion y sus intintos cohibitivos, no por eso dejan de estar bajo el dominio de su fuerza libre, y 'sobre todo, de depende no de- . jades tomar ese vuelo , atajándolas desde el principio. 265 Los códigos tienen en cuenta ese dominio de la pasion, y. cuando por lo súbito y violento de ella, ó por algun poder que ha adquirido con los halagos repetidos ó con el hábito, el sugeto es débil para reprimirlas , no absuelven al delincuente apasionado, como al loco; sólo lo tienen como una circunstancia atenuante, con lo cual sostienen la responsabilidad, si bien parcial. Es que consideran que la pasion es voluntaria, por lo ménos en sus primeras evoluciones; es que la tienen, como es realmente, por la obra del hombre, por su propia hechura, por un efecto de su libre voluntad. ¿Por qué castigan los códigos de casi todas las naciones los actos delincuentes, cometidos en un estado de embriaguez, que es una verdadera locura, aunque pasajera, debida á. la accion temporal de los alcohólicos, si bien los má,s miran ese estado como circunstancia atenuante? ¿Por qué el código inglés la toma por agravante? ¿Por qué nuestro código penal sólo atenúa la pena, cuando la embriaguez no es habitual? Todo eso se funda, no en que, durante la embriaguez, haya uso de razon; todos convienen en que falta esta ; se funda en que el sugeto se ha embriagado voluntariamente; en que la embriaguez es su hechura, su obra, y por lo mismo, siquiera, cuando embriagado, no tenga li- 9.64 bertad, se reputa voluntario cuanto en ese estado ejecuta, por serlo el acto de abusar de los licores con que se embriaga. Yo no estoy de acuerdo con esa doctrina, como lo he demostrado en mi Tratado de Medicina legal. Pero, si por ser voluntario el acto de embriagarse, se reputan voluntarios los que se ejecutan durante la embriaguez, ¿con cuánta más razon se han de reputar voluntarios los actos cometidos durante la pasion, y voluntaria esta, que ha crecido á la sombra de la negligencia, de la aquiescencia del sugeto, no haciendo nada para reprimirla, cuando tenia todas las fuerzas para ello? Y aun cuando la ley no castigue las pasiones en si, ó siempre que no dén lugar á hechos punibles, ¿no reprueba muchas de ellas la moral? ¿No censura otras la prudencia ó la reflexion? ¿No condenan muchas, por no decir todas, los preceptos religiosos? ¿Y harian nada de eso, si las pasiones no fueran la obra del propio suge- to? ¿Condena la religion, la moral, la reflexion, ni la ley la enfermedad? ¿Y por qué no? Porque no es la obra voluntaria del hombre, y cuando lo es, cuando él se constituye causa inmediata y manifiesta de esa enfermedad, se le echa la culpa, y si hay lugar á responsabilidad, se la exigen. 265 Todo eso es contrario á esa irresponsabilidad que proclama la seccion en su proposicion tercera. Xo me extiendo más, se - ñores, sobre que las pasiones son la obra del hombre, porque ya lo llevo hecho, al refutar esa misma doctrina en la Memoria del Sr. Quintana. Unid lo que allí dije con lo que acabo de decir, y ved si es admisible semejante irresponsabilidad. Y en vano es que se apele al efugio de que esa irresponsabilidad sólo se refiere á las pasiones, no al hombre; primero, porque la seccion dice que el hombre es irresponsable de las pa-. siones, como de la locura, aunque por diverso motivo, diversidad que tampoco existe; y segundo, porque la cuestion que nos ocupa no es un juego de palabras, ni debe resolverse con sutilezas. Las pasiones no pueden ser responsables, como no son responsables los actos delincuentes; el responsable es el que los ejecuta, porque es el agente libre; el hombre es responsable de sus pasiones, porque él es quien se las engendra y fomenta; él se pone en ese estado, y todo lo que ejecuta bajo su influjo, si es penado, le dá responsabilidad. Ved, señores, cómo no fue una exageracion mia lo que dije al principio 'de mis discursos, calificando de un modo tan fuerte como desfa- 272 ponsable, y cuándo no lo es, respecto de los actos que perpetra. Esta cuestion, así tornada, es una cuestion muy general; es una cuestion que pone en litigio el libre albedrío humano; es una cuestion que reproduce de continuo esas teológicas y metafísicas disputas, que vienen enmarañadas desde tiempos remotisimos, y que tienen trazas de no concluir jamás; es una cuestion que pertenece de derecho á las ciencias morales ; es una cuestion propia de los metafísicos; es una cuestion, en fin, que seria muy oportuno debatirla, por lo mismo, en un Congreso de teólogos y de jurisconsultos. Hay otro aspecto de esa cuestion, y es la segunda interpretacion que puede dársele, formulándola de esta suerte: resolver, si, en un caso dado, si determinada persona, que ha perpetrado un acto penado por la ley, estaba, 'ó no, en posesion de su libertad moral al ejecutarle, y si se le debe ó no eximir por completo, ó parcialmente, de la responsabilidad criminal, consignada en los códigos, con relacion á esos actos. Esta cuestion es particular; se refiere, por lo ménos, á casos particulares; aleja completamenté esas cuestiones metafísicas y teológicas, que la primera interpretacion provoca; no pone 275 en litigio, ni confunde, con los e hechos inciertos la libertad moral; al contrario, la afirma, la considera como un hecho cierto é innegable; es una cuestion de Medicina legal, una cuestion propia de los fisiólogos, una cuestion, por lo tanto, competente, y muy competente, en un Congreso de médicos. Sin embargo, hay tan intimas relaciones entre uno y otro modo de comprender esa cuestion, que fácilmente pueden confundirse en el debate, sin que sea eso un grande inconveniente. De todos modos, quiero que se entienda, contra lo que ha venido á significar el Sr. Quintana, que los médicos, para resolver esa cuestion, tienen bastante con la fisiología; no tienen necesidad de pedir datos doctrinales á las ciencias morales, á la metafísica, á la teología ni á la ciencia jurídica. Diré más; que para tratar bien esta cuestion, es necesario ajustarse á las leyes fisiológicas, teniendo esa imperiosa necesidad, no solamente el médico, sino el jurisconsulto, el metafísico y el teólogo, si quieren afirmar algo sólido, algo positivo, acerca de lo que se entiende, ó debe entenderse, ante los tribunales, por libertad moral. La libertad moral, señores, es una potencia que radica esencialmente en la organizacion humd-na. La libertad moral revela una vida que, CRITERIO ItlÉruco.—Tomo I.  48 274 no solamente es diferente de la vida de las. plantas, sino de la vida de los animales, que se llaman irracionales ó brutos; es la vida intelectual y moral; mas esta vida no puede existir,. no tiene razon de ser, seria un mito ó un absurdo , si no estuviera íntimamente relacionada con la vida de los animales y la de los vegetales; si no lo estuviera con la existencia del reino inorgánico ó mineral. De todo eso se necesita para que haya vida posible, con su triple manifestacion física, intelectual y moral, y por lo mismo, estando tan íntimamente relacionada la vida intelectual y moral con la vida física del hombre, fácilmente vereis con cuánta razon he dicho, que la fisiología, ciencia que estudia la vida en esa triple manifestacion, ha de bastar para discutir acerca del tema que nos ocupa, y que los psicólogos y metafísicos necesitan del conocimiento de aquella ciencia para tratar debidamente de esa cuestion. La libertad moral implica vida intelectual y moral; vida, implica actividad funcional; actividad funcional, implica fisiología. Comprendereis, pues, señores, que yo, que no soy teó logo, que no soy, ni quiero ser metafísico, que soy, y quiero ser filósofo positivo, experimentalista, dado á lo que es demostrable, á lo que se puede probar, no á lo que, qsí puede negar- 275 se como afirmarse, con especiosos raciocinios, no he de tratar del punto que se discute, segun el sentido de la primera interpretacion, sino segun el de la segunda; y que la base de mis razonamientos no será la psicología metafísica, sino la psicología experimental. No voy á dis_ cutis si existe ó no existe el libre albedrío; yo le afirmo; declaro que el hombre le tiene, que es libre; por eso que es libre, es hombre. Si no fuera libre, no seria persona, sería cosa. Si no fuera libre, no se le podria exigir responsabilidad; la responsabilidad, implica necesariamente libertad. De consiguiente, declaro que el hombre, al estado normal, es naturalmente libre, está en posesion del libre albedrío, y esta declaracion no es, como algunos suponen, una confesion calculada, forzosa, debida á ciertas exigencias que me la imponen, no; la hago con mi más profunda conviccion, la hago como consecuencia lógica de mis doctrinas, y hecha esta declaracion, vengan ahora todas las acusaciones de materialismo que se quiera, me importan muy poco; la libertad existirá, flotando sobre ese materialismo. El atributo, pues, esencial y normal del homb•e es ser libre; es ejecutar con libertad sus actos; pero hay ciertas ocasiones, hay ciertos sugetos, que no tienen esa libertad; ora porque no 276 la han tenido nunca, puesto que han nacido sin ella, y sin ella morirán; ora porque la han perdido en un período más ó ménos avanzado de su vida, de un modo general , ó parcial, continuo ó intermitente, duradero ó momentáneo; ora porque se encuentran en ciertos estados más ó ménos pasajeros, en los cuales, Aun cuando no haya lo que verdaderamente se llama locura, no hay tampoco posesion plena, de sí mismo, para poder ser responsable, por lo ménos completamente, de los actos que en algunos de esos estados se perpetran. En cada uno de esos casos es muy posible que esas personas ejecuten uno ó más actos penados por la ley, cuando se cree que son actos voluntarios, y la ley los reputa tales, mientras lo contrario no conste. Se cometen ó pueden cometerse en esos casos homicidios, incendios, robos, violaciones, estupros y cualquier otro delito, ya contra la seguridad y honra de las personas, ya contra la propiedad y el órden público. Ocurren luego dudas acerca de si la persona que ha perpetrado alguno de esos delitos, estaba ó no, en el acto de perpetrarlos, en plena posesion de su libertad moral. No solamente en el terreno criminal ocurren esas dudas; ocurren Cambien en la esfera civil. Se otorgan testamentos importantes, se firman 277 contratos, se celebran convenios, se contraen compromisos más ó menos trascendentales, y luego se duda si ha habido pleno consentimien- to en cualquiera de esos casos; si han de tener ó no validez los documentos públicos ó privados á que han dado lugar, y se trata de resolver pericialmente si estaba ó no, la persona que los ha firmado, en la plenitud de su razon. A todos y á cada uno de estos casos creo que se refiere la intencion del tema. Para esos casos prácticos, para esos casos positivos, determinados, particulares ó individuales, se ha traidó, en mi concepto, y con grande acierto, á este debate la cuestion; puesto que muy á menudo somos consultados por los hombres que administran la justicia, por los jueces y tribun ales; para resolver estas cuestiones particulares, se trata de establecer el mejor criterio, y, por lo mismo, debemos hacer todo lo posible para alejarnos de esos columpios , de esos trapecios metafísicos, que nunca resuelven esa clase de cuestiones; debiendo tener siempre presente que los jueces y tribunales esperan nuestro voto pericia', para fallar con más acierto, en los casos de esa especie, que con tanta frecuencia se les están presentando. En "suma, señores, hemos venido aquí con el objeto de buscar una norma, una regla, un me- 278 dio para saber, cuando se perpetra uno de dichos actos criminales, ó se interviene en un caso civil, si el sugeto estaba ó no estaba en uso de sus facultades intelectuales y afectivas, 6, lo que es lo mismo, de su sana razon, en el momento de cometer ó ejecutar alguno de esos actos. Si tuviéramos que seguir las ideas emitidas por el Sr. Quintana, con esa energía, con esa vehemencia que le caracteriza, con esa fuerza de conviccion, en mi concepto tan mal empleada, y permítame mi amigo esa frase, que no se la digo con intencion de ofenderle; si tuviéramos que seguir, repito, las ideas del Sr. Quintana, habria necesidad de abandonar completamente, y para siempre, la esperanza, no sólo de que pudiéramos ser útiles á los jueces y tribunales, para declarar en ciertos casos si tal individuo está . loco de ésta ó aquella manera , en éste ó aquel grado de perturbacion mental, si, por el contrario, está cuerdo o en la plenitud de su razon; sino que ' todos nosotros tendríamos fundados motivos para sospechar si estarnos no estamos locos, si nos podemos considerar ó no por hombres cuerdos. Dice el Sr. Quintana que es imposible, de todo punto, resolver la distincion entre una persona cuerda y una persona loca; todo lo más que se puede hacer, en 279 ciertos casos, es andar tímidamente por el terreno de las probabilidades, limitarse á decir: es probable que tal persona esté cuerda ó loca. Pues bien, yo soy más atrevido que el señor Quintana; en lugar de limitarme á decir que esa distincion entre la persona cuerda y la loca, lo más que puede ser, es ser probable, afirmo que, en tésis general, lo mismo que en casos dados, no sólo es posible , sino práctico, seguro y terminante, que un sugeto está loco ó está cuerdo, ó en alguno de los estados intermedios entre la completa razon y la completa locura. En este momento tengo la completa seguridad de que mi amigo el Sr. Quintana, está cuerdo, y muy cuerdo; sólo pudieran asaltarme algunas dudas, si no supiera de lo que son capaces los filósofos, cuando le oigo afirmar, con tanta seguridad como si fuesen cosas positivas, las creaciones fantásticas de su galana imaginacion, perdida por el inestrincable laberinto de sus abstracciones ontológicas. La afirmacion del Sr. Quintana envuelve una acusacion, tan infundada como tremenda, contra el trabajo de los hombres beneméritos que, en los tiempos antiguos y modernos, han cultivado la ciencia 'renopática. Al decir del Sr. Quintana, ni los antiguos ni los modernos han hecho dar un paso positivo y luminoso á la fisiologia 2,so y patología mental, llegando á tal punto de esterilidad en sus esfuerzos, que han venido á constituir una ciencia vana, y completamente inútil para la práctica del foro, y hasta para la vida comun. Todo eso entraña la suposicion de que es de todo punto imposible distinguir al loco del cuerdo, suposicion que la rechazo con todas mis fuerzas, no sólo por lo infundada, sino porque podria tener graves consecuencias, proferida por un hombre del arte, delante de tantos hombres de la ley que asisten á este Congreso, y que nos honran escuchándonos. Involuntariamente se asocia con esa afirmacion el Sr. Quintana á los Urbanos, Costa, á los Elias Regnault, á los Cloprong , y á tantos otros, que niegan la competencia á los médicos, corno peritos especiales, en los casos prácticos de locura, pretendiendo que, cualquiera, con tal de que esté en posesion del sentido coman, es tan apto como Pinel y Esquirol para conocer si un hombre está loco ó cuerdo. Más léjos vá todavía el Sr. Quintana, puesto que esos, al fin, conceden que es posible la distincion, y para ellos tan fácil, que no se necesitan peritos especiales, sino que todos, médicos y profanos, pueden ser peritos de igual valía; al paso que mi distinguido amigo niega rotundamente para todos esa posibilidad, concediéndonos, á lo más, 281 andar tímidamente por el terreno de las probabilidades en ciertos casos. Voy, señores, á reivindicar la posesion de un terreno que exclusivamente nos pertenece; voy á defender, ya que no los trabajos de los médicos antiguos, ya que no los de los modernos, anteriores á los tiempos de Pinel y Esquirol, los extensos, profundos y luminosos escritos de los alienistas posteriores y de las sociedades médico-psicológicas, que han hecho, en lo que vá de siglo, la mayor y la más laudable de todas las conquistas de que puede envanecerse la humanidad en la edad presente. Está profundamente equivocado el Sr. Quintana, creyendo estériles esos trabajos. Sólo, no fijando la atencion en ellos, puede decirlo. Yo los conozco un tanto, y, en virtud de ese conocimiento, puedo manifestar al Sr. Quintana prácticamente, que tiene la ciencia médica medios hábiles para distinguir la locura de la rafr zon; que yo, el último de los médicos legistas, el último de los frenópatas, los he tenido siempre, los he puesto en práctica muchas veces, y con ellos he salvado, con gran júbilo de mi alma, á un infeliz, enfermo de la razon, condenado, como criminal ordinario , á la pena capital, por varios tribunales, y que con esos medios, salvaré, siempre que la ocasion se presente, á todos Q88 8 intelectuales, funcionando estas con toda regularidad, puede residir la enajenacion en un instinto ó en un sentimiento; tampoco hemos de estar faltos de medios de distincion en muchísimos casos, entre lo que dice y ejecuta ese monomaniaco, al influjo de la aberracion afectiva ó intelectual que constituye su enfermedad, de lo que dice y siente el sugeto, que, estando en la plenitud de su razon , se presta á la agresora voz de sus pasiones responsables. El monomaniaco ofrece, en la linea de ideas ó afectos extraviados en que se encuentra, los mismos caractéres que el maniaco presenta en general; revela del propio modo sus ilusiones, sus alucinaciones, causa ó efecto de la aberracion afectiva que le subyuga, y hasta el gran contraste á que dá lugar lo que está colocado en el terreno de su monomanía, y lo que está separado de él, es, en muchísimos casos, un excelente medio de reconocer su locura, puesto que entre esos dos aspectos del monomaniaco, hay una grande analogía con los que ofrece el maniaco entre sus accesos y sus intervalos lúcidos. El monomaniaco, fuera de su tema, se halla puede hallarse en un estado de lucidez, como el maniaco, fuera de sus accesos. Yo confesaré al Sr Quintana, que en ciertos osos de monomanía agresora, se parecen tan- 289 to los actos del sugeto á los que comete el apasionado responsable, que es muy dificil resolver de una manera terminante y categórica, si el sugeto está loco ó cuerdo, necesitándose para ello todo el espíritu de observacion, que se adquiere con una larga práctica, y todos los conocimientos, que sólo dá un estudio profundo, teórico y práctico, de las enfermedades mentales. Si el Sr. Quintana no hubiera sido tan absoluto en su afirmacion, si se hubiera limitado á esos casos, si á ellos tan sólo hubiese referido la concesion que nos ha hecho de andar tímidamente por el terreno de las probabilidades, léjos de levantarme á combatirle, hubiera tenido la satisfaccion de estar de acuerdo con sus ideas. Desgraciadamente, el Sr. Quintana ha estado absoluto , incondicional; no ha hecho distincion de casos ni de formas de locura, los ha comprendido todos, sin excepcion, en la misma fórmula; para todos ha proclamado la impotencia del arte, la incapacidad de la medicina, en punto á distinguir el hombre cuerdo de cualquiera persona que padezca una ú otra de las formas de enajenacion mental que he indicado, y sean cual fueren los casos. El Sr. Quintana no dice es imposible establecer una linea divisoria entre la razon y la locura, en ciertos casos; afirma que lo es en todos, y en esto preci- CRITEBIO MÉDIC0.-TOMO I.  49 290 samente es donde encuentro el vicio de su argumentacion, reflejo de la lógica de su escuela. Esas afirmaciones absolutas sólo pueden hacerse en esa especie de embriaguez, que producen naturalmente las convicciones profundas y sistemáticas, siempre que se presenta al debate un punto que se relaciona con ellas. Jamás dejará de ser falsa la base de un sistema ó de una afirmacion, si se hace uso de esa generalidad, indistintamente aplicada á hechos diferentes. Lo que puede ser cierto de uno, puede no serlo respecto de los demás, y todo el que quiera discurrir con acertada filosofía, todo el que quiera afirmar una verdad incontestable, no debe confundir jamás un carácter particular con un ca rácter comun, y menos establecer, como condicion propia de todos los hechos de una série de existencias, lo que sólo corresponde á algunos. Que el Sr. Quintana ha incurrido en ese lamentable error, afirmando la imposibilidad de distincion entre la razon y la locura para todos los casos, cuando sólo podría sostenerla respecto de algunos, y muy contados, creo que lo ha podido ver en el Congreso, con sólo mencionarle rápidamente los principales tipos radicales de enajenacion mental más generalmente conocidos. Pero prescindamos, señores, de lo que acabo 'de decir, y coloquémonos'en uno 291 de esos casos, en los que las personas que hayan cometido un delito, se presentan de tal manera , que no se sepa á primera vista si son cuerdas ó locas. En esos casos, cree el señor Quintana que es imposible resolver la cuestion, porque dice, que la locura es un estado morboso de la conciencia, estado oculto, intimo, que no se puede, por lo tanto, conocer más que por el propio sugeto; que no tiene manifestaciones exteriores, como las enfermedades corporales, cuyo diagnóstico puede hacerse en virtud de sus síntomas somáticos, esto es, por el calor y color de la piel, por la lengua húmeda ó seca, limpia ó saburrosa, pálida ó encarnada, vómitos, náuseas , diarreas, postracion de fuerzas, cara desencajada, etc., etc. En la locura ninguno de estos síntomas tiene significacion especial ni suficiente para afirmar por ellos la existencia de esa enfermedad. Es lo que decia Elías Reignault en su libro, contra la competencia de los médicos para diagnosticar la locura. Yo no sé, señores, qué idea se forman ciertos hombres, pertenecientes á la escuela del señor Quintana, de lo que ellos llaman sus adversarios, ni hasta qué punto les es licito valerse de esa maña, de esa habilidad con que suelen presentar la supuesta doctrina de aquellos, de tal manera estrambótica y tan distinta del senti- '292 do comun, que basta indicarla ó exponerla para que todos se rian. z Quién le ha dicho al señor Quintana que ninguna de las formas de la locura, y ménos aún ninguna de esas en que es dificil, y no para todos, distinguirlas de la razon, haya de manifestarse y conocerse por esos síntomas somáticos vulgares y comunisimos, que ni áun pueden servir como patognomónicos? ¿ , En dónde, en qué obra de frenopatía ha leido • el Sr. Quintana, á qué médico alienista ha oído decir nunca, que el diagnóstico de cualquiera forma de locura se funde en esa clase de manifestaciones exteriores, ó en esa clase de síntomas? La intima relacion que existe entre lo físico y lo intelectual y moral del hombre, las recíprocas influencias de los centros nerviosos de la vida de relacion sobre los de la vida nutritiva; el engranaje necesario y evidente que se nota entre las funciones anímicas y las orgánicas, son causa, y no rara, de que los enajenados presenten cierto conjunto, más ó ménos numeroso, de síntomas somáticos, que ayuden á la formacion del diagnóstico del tipo y especie de enajenacion mental de que adolecen aquellos; pero la base radical, la base verdaderamente patognomónica de ese diagnóstico, reside en las funciones anim,icas, en sus actos revelados al exterior, por los medios que al autor de la or- 295 ganizacion humana le ha dado para ponerse en relacion con cuanto le rodea. Y si yo puedo hacerle al Sr. Quintana la concesion de que lbs síntomas somáticos, los síntomas comunes á las enfermedades orgánicas, no bastan para diagnosticar ciertas formas de enajenacion mental, de ningun modo me será posible hacer otro tan- to respecto de los síntomas psíquicos ó de las manifestaciones exteriores de las facultades anímicas. ¿Pues qué, señores, áun cuando fuese cierto que la locura consistiese en un estado morboso de la conciencia, áun cuando la conciencia fuera una entidad positiva, concreta, una cosa interior que pudiera agitarse, reconocerse y dar pruebas de su existencia, normal ó anormal, en el interior del propio sugeto; áun cuando esa conciencia fuese el espíritu, el alma, y áun cuando el alma resumiera en sí todas esas actividades, todas esas potencias, que se llaman sensibilidad, movilidad, inteligencia y voluntad, sin necesidad de organizacion, no habia de haber medios con que manifestar al exterior, á la observacion ajena, la existencia de esas facultades y el sér que las posee? Una de dos, señores; ó ese espíritu, ó esa conciencia no tiene medios adecuados para revelarse, para manifestarse al exterior y dar pruebas 294 de su existencia á otro sugeto que el propio, ó los tiene realmente. Si no los tiene en realidad, entónces podrá decirse con sólido fundamento, no sólo que no hay diagnóstico posible de su abolicion y sus trastornos, sino que ni áun podremos saber nada de su estado normal, ni áun siquiera que exista respecto de otras personas. Cortada toda relacion, negada toda comía nicacion entre un sugeto y otro sugeto, respecto de lo que pasa en su conciencia respectiva , cada uno podria saber y conocer lo que acontece en su interior, pero no lo que acontece en el interior de otro. Pero, ¿ , es eso lo que sucede, señores? ¿Está en nuestro espíritu nuestra conciencia tan desprovista de esos medios de comunicacion, que un sugeto no puede revelar á otro sugeto lo que pasa en su interior? ¿No se llaman las funciones que realizan la sensibilidad, la movilidad, la inteligencia y la voluntad, funciones de relacion? -¿Y cómo pudieran serlo, si no tuvieran medios de relacionarse, de revelar al exterior lo que en la conciencia pasa? En el estado normal, ¿cómo conocemos que una persona vé, oye, etc., si siente placer ó dolor físico, que tiene empuje para moverse, que posee una inteligencia más ó menos poderosa, que tiene estas ó aquellas aptitudes industriales, artísticas ó científicas, que es de una voluntad 295 más ó ménos enérgica, sino por medio de los actos exteriores, oriundos de esas facultades, provocados por esas potencias, y realizados por su influencia sobre los centros nerviosos que determinan inmediatamente esos actos? ¿Cómo conoce, no sólo el sábio, sino el vulgo, que una persona, por ejemplo, tiene talento y sabe? No será, de seguro, por su buen semblante; no bastará mirarle, si él se encierra en una completa inaccion de manifestaciones intimas. Si es verdad que algunos , con su continente sério, se dan aire de gran talento y de sabiduría profunda; si lo es tambien que la fisonomía y actitud de una persona pueden prevenir en contra ó en favor suyo; en primer lugar, no son esos los medios más á propósito para revelar esa clase de cualidades personales, y en segundo lugar, esa misma fisonomía, esa misma actitud, son ya medios exteriores, que revelan de algun modo lo interior; son ya reflejos de las potencias íntimas. Los movimientos generales y parciales, la expresion de la fisonomía, la mímica, la palabra y los actos del hombre, son otros tantos medios de relacion entre lo interior de la conciencia de un sugeto, y los que le contemplan ó examinan. Los movimientos, no sólo sirven para realizar fines físicos, ó satisfacer necesidades de 206 igual índole; tambien realizan voliciones, ideas, pensamientos, y al realizarlos, los revelan, ponen de manifiesto la conciencia del que ha concebido esos pensamientos é ideas, y del que siente esas voliciones é impulsos de la voluntad. Así se descubren las intenciones, y tanto como se respetan mientras no se traducen en actos exteriores, tanto se determinan y afirman cuando los movimientos que el sugeto ejecuta le dan una existencia exterior sensible y demostrable. La expresion de la fisonomía es todo un lenguaje. Los ojos son el espejo del alma, la mirada es á menudo más elocuente que la palabra. No hay pasion que no tenga en la mirada y en la fisonomía un intérprete cabal que las dé á entender al ojo ajeno. Una mirada es un ruego, un mandato, una amenaza, un aviso, una burla, todo cuanto puede expresar la palabra, á una frase. ¿Cómo habria arte en los lienzos de Rafael, Velazquez y Murillo, en los mármoles de los Fidias y Canovas, en la declamacion de los Talma, los Maiquez, las Ristoris, si la fisonomía, si la mirada no pudiesen revelar lo que siente el alma, lo que piensa el alma, lo que quiere el alma, á, lo que es lo mismo, lo que pasa en la conciencia? Esa parte espiritual en un cuadro, en una estátua , está precisamente en, 297 la expresion de la fisonomía. Si así no fuera, no hubiese el Tasso, con tanta belleza y verdad, dicho de una estátua. Manca il parlar, da vivo altro non cedi; ni manca questo ancor, si in ochio credi. La mímica es otro medio de revelacion íntima, tan elocuente como la fisonomía; unidas entrambas, casi vuelven, ociosa la palabra, ó, por lo ménos, desempeñan perfecta mente cuan- _ to realiza ésta. Véase lo que pasa con los sordomudos , si no revelan , á pesar de no hablar, cuanto sienten, piensan y quieren. En las pantomimas teatrales, los histriones no hablan, y sin embargo, el público comprende toda la accion de la pieza. Respecto de la palabra, ¿ , qué esfuerzos necesitaré para demostrar que es una puerta anchisima, por donde se desborda todo el fondo de la conciencia?¿Cómo hubiera podido decir con tanta razon Séneca: Loquere ut te videam, habla para que te conozca, si por medio de la palabra no se pudiera traducir, en hechos visibles y palpables, todo el archivo interior del alma humana? La palabra es una llave que abre todos los secretos del corazon, y, aunque muy frecúentemente sirva, como decia epigramáticamente un diplomático célebre, para ocultar el pensamien- to, al mismo tiempo que revela uno, revela 304 filósofos los que nos han de dar una guía segura para resolver ese problema. Allí encontrará, quien extrañe lo atrevido de mi proposicion, las razones que he tenido para ello. El primer resultado de mi estudio sobre esta materia, y por el cual me separé de todos los psicólogos y filósofos antiguos y modernos , es que la razon no es una facultad, es un estado; y así corno no se dice que la salud sea una facultad ni una funcion determinada, ni que la enfermedad sea tampoco, ni lo uno ni lo otro, sino estados opuestos en el modo de funcionar los individuos; así Cambien debe decirse del hombre cuerdo que se halla en estado de salud mental y moral, y el loco en un estado de enfermedad de la misma naturaleza. Por eso, para mí, la razon es sinónima de estado responsable de libertad moral, de libre albedr¿o; así como la locura es el estado opuesto. Ese estado de razon es aquel en que el hombre puede dirigir, por medio de la refiexion y de sus facultades auxiliares, la realizacion de los impulsos internos, con arreglo á las leyes de la organizacion. Quien tenga el poder de dirigir libremente esos impulsos, éste se halla en estado de razon, éste es cuerdo, éste es responsable de sus actos. Quien no tenga ese poder, éste se halla en un estado de sinrazon, és- 305 tá loco, es irresponsable de los actos que en ese estado cometa. Si no ya perdido completamente ese poder, 1 no tiene todo el conjunto armónico que se necesita para el cabal uso de la razon, se encontrará en un estado intermedio, más ó ménos aproximado á uno de los extremos, y su responsabilidad no podrá ser, en justicia, más que parcial. Tal es, en resúmen, mi doctrina psicológica sobre este punto, y la base de mi doctrina frenopática. No la expongo, no la demuestro, no la dejo fundada en hechos innegables y raciocinios lógicos, porque no me lo permite la índole de este Congreso. Realizado está este trabajo en mis obras, y allí puede verle cualquiera que no quede satisfecho. En cualquier otra parte y ocasion que esta cuestion se debata, estoy siempre dispuesto á sostener esa doctrina , pues áun cuando soy ya soldado veterano y encanecido en estas luchas, tendré todavía ánimo para acudir á ellas, mientras me reste fuerza en mi inteligencia y aliento en mis pulmones. Ahora bien, señores; cuando se presenten dudas acerca de la integridad de la razon de un sugeto, que haya cometido uno ó más actos penados por las leyes, ¿cómo resolveremos el problema? ¿Qué criterio nos servirá de guía para determinar que, en el acto de cometer el delito, Gni tERIO MÉLIC0.-T0310  20 506 se hallaba ó no en la plenitud de su razon? El Sr. Quintana ha dicho que la ciencia no tiene medios para ello. En esa opinion se han fundado los que niegan la competencia de los médicos, como peritos especiales, en estos casos, tan importantes como delicados, tomando por una galantería de los tribunales el que consulten á los hombres del arte de curar, para decidir si un sugeto está cuerdo ó loco, siendo para ellos suficiente el sentido comun de cualquiera que los examine. Que la ciencia tiene medios, lo voy á demostrar dentro de poco; pero, en honor de la verdad, debo confesar un hecho, que pudiera dar visos de fundamento á la opinion del Sr. Quintana y consortes. En las otras de Medicina legal que hasta aquí han tenido más aceptacion, lo mismo que en las de los autores de enfermedades mentales, no está, efectivamente, este punto tratado como es debido. Los que hojeen esas obras, podrán hallar en ellas caractéres diferenciales entre la razon y la locura, cuando las formas de esta son tipos terminantes y mani- 'fiestos, como el idiotismo, la imbecilidad, la demencia, muchas especies de manía duradera, y las monomanías con delirio. Pero cuando se trate de uno de esos casos, en que el sugeto no presenta trastornada la fisonomía comun ó los 307 caractéres más ordinarios de la enajen acion mental, teniendo á primera vista mucha semejanza de rasgos con un estado pasional, responsable; es preciso confesar que no hay en las obras de los autores toda la claridad y acierto' que necesita el práctico, para afirmar ó negar terminantemente. Orfila y Devergie, por ejemplo, cuando tratan de distinguir las monomanías sin delirio de la pasion, no establecen bien, en mi concepto, las diferencias; todo son afirmaciones vagas, proposiciones que no tienen nada en el fondo, que acaso son una peticion de principio, queriendo resolver la cuestion por la cuestion misma. Yo he sentido en mi práctica este vacío, que es tanto más necesario llenar, cuanto que despues de haber convencido, con la fuerza de la razon y de la experiencia, á los hombres de la ley, que existe la monomanía sin delirio y la locura momentánea, aquellos piden, y con sobrada razon, á la ciencia, un criterio seguro para no confundir á un enfermo con un criminal, á un loco con un apasionado. Honrado muchas veces con la confianza de los jueces y tribunales, para reconocer á un sugeto de estado mental dudoso, he tocado prácticamente ese vacío, y he tenido que llenarle, entregándome dia y noche al profundo estudio 308 de ese dificilísimo problema, y en fuerza de pensar siempre en él, como Newton en la causa de la caída de los graves, he llegado á formarme un criterio sólido y seguro para distinguir siempre unos estados de otros, teniendo la satisfaccion de ver confirmado ese criterio en gran parte, y digo en gran parte, porque el mio es más completo, en el Tratado de Medicina legal, de Casper, y en la obra de Legrand du Saulle, titulada La Locura ante los tribunales. Yo tengo consignado ese criterio desde 1846, en la segunda y tercera edicion de mi Tratado de Medicina legal, y está más acabado en el tercer curso dado en el Ateneo Sobre la Razon humana, al paso que las obras de que acabo de hacer mencion han visto la luz pública en 1863 y en 1864 en Francia. Con ese criterio se salva la dificultad, que nunca es tanta en los tipos radicales de locura manifiesta, como en esos casos, que tantos puntos de contacto tienen con la razon apasionada. Harto sabido es, en efecto, que, en el terreno de la locura, las mayores y más reñidas contiendas no se provocan respecto de los puntos extremos , sino de los colindantes , pareciéndose en eso á las guerras internacionales sobre pertenencia de territorio que nunca se refieren á terrenos colocados en el rilion de 509 las naciones , sino en las lineas fronterizas. Voy á exponer, pues, mi criterio, con las bases en que se funda, si bien, por , no ser demasiado extenso, y no abusar por más tiempo de la benevolencia del Congreso, no haré más que tocarlas ligeramente, abandonando los comentarios á la clara inteligencia de todos los que me honran escuchándome. Para que se entienda más fácilmente, advier- to que al decir estado responsable, me referiré al de los cuerdos, y estado no responsable, al de los locos, ya completos, ya parciales, y hasta á los mismos estados intermedios, como en los de sueno, sonambulismo natural y artificial, simples ilusiones y alucinaciones, etc. Priinerabase para distinguir esos estados: El acto que comete el sugeto en estado responsable, tiene razon moral, hay siempre un por qué, un motivo que es su causa. Prescindo de la gravedad y fatalidad de ese motivo, lo mismo que de su mayor ó menor claridad y facilidad en descubrirle; ello es, que le hay, ó puede haberle. Hn el estado no responsable no existe razon moral ninguna, ningun por qué, ningun motivo; no se vé bajo qué impulso pasional ha perpetrado el acto el sugeto. Segunda base: El hecho tiene una historia, es decir, hay antecedentes, concomitantes y 310 subsiguientes, relacionados con el hecho penado por la ley. En el estado responsable, existe siempre esa historia, por breve que sea; siempre se encuentran hechos que preparan, acompañan y siguen al delito. Hoste no es un hecho aislado. En el estado no responsable falta esa historia. No hay hechos anteriores, ni coetáneos, ni posteriores que se relacionen con el ac- to delincuente. Tercera base: El hecho delincuente, en el estado responsable, no está aislado, no sólo de los que á él se refieran, como escenas preparatorias, coetáneas y posteriores, pertenecientes á un todo, sino tambien de otros actos de igual índole ó naturaleza, en la existencia del sugeto. Si se examina su vida, se encuentran siempre antecedentes de esa especie, que dejan prever que acabarán por un delito, si ya no es repetido y con aumento. En el estado no responsable hay, por lo comun, un aislamiento completo. El hecho está solo en la vida del sugeto. No hay otros de su índole y carácter; es un paso brusco tal vez, de la vida más pacifica y más honrada, al acto más turbulento y de mayor ferocidad. Cuarta base: En el estado responsable, el hecho casi siempre se ejecuta con plan, con proyecto anterior, y por lo comun, con cómplices. Sólo en los de pasion súbita podrá haber im- 311 provisacion, y en muchos casos, podrá estar solo el sugeto en la ejecucion del crimen. En el estado no responsable, no hay, poilo comun, plan ni proyecto anterior, y si -los hay, suelen ser descabellados, y nunca hay cómplices. Elloco está siempre solo en la ejecucion del acto, como por su debilidad de entendimiento no sea fácil instrumento de un malvado. Quinta base: En el estado responsable, hay siempre relaciones intimas ó bastante estrechas entre el hecho delincuente y las condiciones orgánicas del sugeto, tales como su sexo , su edad, sus facultades intelectuales y sus pasiones, su temperamento, su idiosincracia y sus condiciones sociales, como su posicion, familia, ejemplos que tenga á la vista, costumbres, oficio, género de vida, educacion é instruccion. En el estado no responsable, no hay esas relaciones; nada más frecuente, que ver grandes contrastes , bajo esos puntos de vista. Podrá haber relacion entre esas condiciones orgánicas y sociales, y el acto loco, como causas predisponentes ó determinantes de la afeccion mental, pero no como causas de la moral del acto, ó de su ejecucion. Sexta base: En el estado responsable, el acto delincuente, tiene una intencion relativa y refleja. Se refiere á determinada persona ú ohje- 3t2 -Lo. Todos los demás pueden estar sin peligro al lado del que vá impulsado por una pasion responsable. El instinto ó sentimiento, á cuyo impulso obedece en la perpetracion del crimen, no es el afectado primitivamente, por el motivo ó razon moral que tiene para perpetrarle; es siempre otro, ú otros instintos y sentimientos, los que lisiados ó heridos hurgan al de la agresion, por ejemplo, en los casos de homicidio; al de la propiedad, en los de robo, etc.; para cometer el homicidio, el robo ú otro delito. Se ofende á uno, por ejemplo, en su reputacion, en su honra; sorprende en adulterio á su mujer; le arrebatan su dinero ó finca, etc., y comete un homicidio en la persona agresora; ese no mata por matar, no es el instinto de la agresion ó destruccion el que le empuja; es el sentimiento de la estimacion de si mismo, en el primer caso, el del amor en el segundo, el de la propiedad en el tercero, etc., los que le montan en cólera, y reflejándose sobre el instinto agresor, le hurgan y sublevan para la ejecucion del homicidio. El acto, pues, es determinado, particular, relativo, y además reflejo ó indirecto. Otro tanto sucede cuando son otros los móviles pasionales. En el esiado no responsable, el acto es de intencion absoluta y directa: El monomaniaco ho- 313 micida, por ejemplo, mata por matar, se siente impulsado por una tendencia sangrienta, y no habiendo delirio que determine ó singularice á la víctima; lo mismo le dá una, persona que otra; lo mismo mata á Juan que á Pedro. Se arroja sobre el primero que se le presenta: tal vez inmole los objetos hasta la sazon más queridos de su alma, á su padre, á su madre, á sus hijos, á su esposa y á su mejor amigo y bienhechor. Nadie está seguro á su lado. El instinto que le empuja , es el de la destruccion, no hurgado por otro instinto ó sentimiento, al contrario, impulsado por si mismo, por ser él el que está enfermo, el que está loco; se siente combatido por los demás instintos y sentimientos, y por la reflexion, y sin embargo, arrastra al sugeto á perpetrar el homicidio. Lo que digo de este instin- to, es aplicable á los demás. El acto es, pues, en estos casos, absoluto y directo. Por último, señores, puede ser Cambien una base el modo de manifestarse. Un impulso agresivo, que conduce á ejecutar un acto penado por la ley en el estado responsable, suele ser el efec- to de hábitos contraidos, ya en la misma série de hechos, ya en dejarse dominar por los movimientos pasionales , al paso que en el estado no responsable, el impulso que mueve al loco, ya que no sea siempre súbito, nunca es el re- 52.0 á la pregunta de esta, que no revelaba todavía ninguna oposicion á su propósito, ni con la actitud, ni con la fisonomía, ni con el tono de la voz, dió ya más relieve á la declaracion amorosa, y entónces la señora, altamente alarmado su pudor y ofendida su virtud, no solamente se resistió á la liviana insinuacion del sacerdote, sino que le amenazó con publicarla , como no la dejase salir inmediatamente. Esa amenaza fué el decreto de muerte de esa infeliz. Subleváronse en tumulto varios instintos y sentimientos del sacerdote. Este hombre, hasta entónces habia ahogado su pasion. Este hombre, que habia adquirido fama ejemplar por su virtud, que á favor de esa misma virtud habia alcanzado .la justísima reputacion de que gozaba en el pueblo, vió comprometida su dignidad eclesiástica, contrariado su deseo de la aprobacion pública. Comprendió todas las consecuencias de un momento de indiscrecion y de extravío, y en vez de calmar la indignacion de la penitente, echándose á sus piés, arrepentido, rogándole, por el bien de entrambos, el secreto, ya  vió más que lo que se diría de él á la mañana siguiente, cuando aquella desdichada revelase que el pastor evangélico 'labia faltado, con tamaño escándalo, á todos sus antecedentes de hombre honrado y virtuoso, A estas 321 ideas, rápidas como el relámpago, y funestas como este metéoro, su orgullo se sublevó, y le condujo al asesinato. Creyó que este s ' eria el medio más seguro de alcanzar . el secreto, y que así conservaria ilesa su reputacion, y la posicion social á ella aneja. Quiso ocultar un delito cometiendo otro mayor. Asesinada la señora, borró todas las huellas del crimen, metió el cadáver en un saco, cargó con él, salió secretamente de su casa, al abrigo de las sombras de la noche, y arrojó el saco con el cadáver, al rio Isero, creyendo que las aguas habian de ser sus cómplices ó encubridoras. Pero las aguas le hicieron traicion. Corno si les repugnase guardar en su seno aquella víctima, arrojaron el cadáver al dia siguiente á la orilla del rio. Llegada la noticia á oido de la autoridad, se hicieron indagaciones y se practicaron pesquisas, y no se tardó en descubrir al verdadero autor del crimen. Expuestos estos dos casos, veamos cuál de ellos revela un estado de locura no responsable , cuál de ellos un estado responsable ó de razon. Ni en uno ni en otro se presentan los síntomas psíquicos, que constituyen la fisonomía de la locura. No hay delirio intelectual en ninguno• de los dos; no hay ilusiones ni alucinacio- CRITERIO MÉDICO.-TOMO I. 3 22 nes; uno y otro revelan conocimiento del bien y del mal; los puntos de contacto, entre los dos estados de locura y de razon , no pueden ser ni más íntimos ni más numerosos. Un juez, un tribunal que hubiese de juzgarlos, acaso verja más criminalidad en el primero. Se horrorizarian más de ver asesinado un inocente niño que no ha dado lugar á ninguna provocacion, que una mujer, cuya negativa y amenaza pudieran exasperar á un desdichado, poseido de una pasion fatal. Apliquemos á uno y otro caso nuestro criterio, y veremos. ¿Hay razon moral, un por qué, algun motivo en el conato que impulsaba á la Catalina? Ninguno, señores. Un niño inocente no podia haberla ofendido en nada; no podia mudar en ódio mortal el intenso cariño que le tenia. Tampoco la habian ofendido sus padres; nada tenia que vengar en él; no podia prometerse de su muerte ninguna ventaja. Discurrid cuanto querais ; no hallareis ningun motivo, ninguna razon moral para esa tendencia de asesinato. Hé aquí el primer carácter de un acto loco, de un acto sin razon. ¿Sucede otro tanto en el caso del sacerdote? ¡Ah, no, señores! Aqui sobran las razones morales. Ya las llevo indicadas, al referir el hecho. Prescindiendo de la ofensa de su amor propia y 393 de su amor sensual, al verse rechazado por la mujer á quien amaba y á quien se declaró, hay la amenaza de que revelaria esa desgraciada la liviana debilidad del cura, labrando así su descrédito. El justo temor de perder su reputacion, con todas sus consecuencias morales y materiales, le dió la resolucion terrible de salvar esa reputacion á toda costa. No la creyó segura viviendo la señora, y en su obcecacion, no vió más remedio que sofocar un crimen con otro mayor; buscó el secreto en el asesinato de esa infeliz. Aquí se presenta la pasion con sus caractéres genuinos, con toda su lógica, con todo el raciocinio fisiológico. En el conato de homicidio de la Olaven, ¿qué historia tiene el hecho? ¿Qué escenas preparatorias tiene ese drama? Ninguna. El drama empieza súbitamente en el terrible deseo de degollar al niño. ¿Qué hechos acompañan ese conato de homicidio, como parte de la accion de ese drama? Ninguno. Al contrario, el corazon y la inteligencia de esa infeliz se sublevan contra ese conato sangriento; todo en ella protesta contra él, se horroriza, huye, busca amparo; ora triunfa, ora es vencida, y no perpetra el asesinato del niño, porque llegan sus padres á tiempo de salvarle. ¿Pasa nada de eso en el crimen? ¿Son esos hechos concomitantes de un acto cometido bajo 594 el influjo de la pasion? ¿Y qué hechos subsiguientes hay enlazados con ese conato sangrien- to? ¿Se vé en esa mujer ninguna idea, ningun acto ni medida para consumar el crimen en otra ocasion, ya que en aquella se le ha frustrado? Nada de eso, señores. Revela á sus amos la horrible escena que le acaba de pasar, y dá gracias á Dios de que la haya salvado. No hay aquí, pues, historia, que es el segundo carácter distintivo y propio de la locura. ¿Qué historia tiene el asesinato cometido por el sacerdote? Este es un drama completo, en varios actos, y multitud de escenas preparatorias, coetáneas y posteriores, constituyendo todo una accion compacta y perfectamente enlazada con el crimen. Las primeras escenas son santas, empiezan al pié del tribunal de la Penitencia; de allí brota la pasion amorosa de ese desdichado, primer origen de su gran desafuero, causa predisponente de la sangre que derramó. Las revelaciones de carácter religioso con la señora, fomentan su pasion, pero sabe refrenarla, reduducirla á un grado platónico; es un secreto que no sabe más que su conciencia y su. Dios, que severo se la reprende. Llega la noche, y la hora fatal en que la desdichada señora se traslada á la casa de su confesor; al verla sola con él, y sin duda más hermosa que nunca, el / demonio 525 de la concupiscencia le tienta, le fascina, subyuga y le arrastra á cometer un atentado contra el pudor de su penitente. Es rechazado; es más, es amenazado de un descrédito, de la burla general, de la destitucion, y acaso, de mayor castigo. Eso le exaspera, le monta en cólera, y no encuentra más recurso que ahogar su primer delito en la sangre de la víctima, y la asesina. En seguida la mete en un saco, se la lleva á cuestas , al amparo de las tinieblas; la arroja al vecino rio, se vuelve á casa, resuelto á ocultar su doble crimen, y á la mañana siguiente *se atreve á presentarse en el templo del Señor, y á profanar ante sus fieles, que le siguen creyendo y estimando, como su pastor evangélico, con las manos ensangrentadas y el alma impura, la sagrada Hostia. ¿Puede darse una historia más acabada, más completa, de un hecho delincuente? No tiene aquí el poeta todos los materiales para la accion de un drama? El hecho de la Catalina Olaven, está aislado. No sólo no hay en su vida anterior ninguno de esa índole; no sólo hay toda una existencia y toda una práctica, enteramente contrarias en general, sino con respecto al niño, á quien habia adorado, desde que le habia empezado á dar la leche de su pecho, y le seguia adorando en el mismo instante en que se sentia impulsa- 526 da á degollarle; sino que no se encuentra tampoco ningun hecho actual que se enlace con esa sangrienta tendencia. Es un aislamiento completo, bajo todos los puntos de vista en que se mire; tercer carácter gráfico de la locura. ¿Hay ese aislamiento en el asesinato cometido por el cura? Es verdad que en su existencia anterior no figura ningun hecho de esa naturaleza, ni consta que hubiera en su carácter disposicion para esa clase de agresiones, lo cual tomarian los tribunales como una circunstancia atenuante; pero ese aislamiento desaparece con respec- to á los hechos concomitantes, ó caractéres del delito, como tambien de los predisponentes anteriores que hemos visto figurar en la historia de su delito. Está enlazado con hechos que le prepararon, con hechos qué le acompañaron, y con hechos que le siguieron; hechos, al principio, santos , luego punibles en el terreno de la conciencia, de la religion y de la moral, y por último, altamente criminales y agravantes á los ojos de la ley. En el conato de la Olaven no hay ningun plan, ningun proyecto anterior, ni actual, ningun cómplice. El impulso sanguinario, es súbi- to, improvisado, momentáneo; no tiene idea ni pensamiento que le engendre. Yo hay enlace de actos; y no sólo no tiene cómplices en otros 327 sugetos, sino en si misma. Todos sus instintos y sentimientos, toda su reflexion, toda su Con- . ciencia, su sér y su alma, luchan y protestan contra su conato homicida; si apela á otras personas, es para que le impidan la ejecucion del crimen, á que se siente impulsada, y que la horroriza. El asesinato cometido por el sacerdote, se ejecuta con plan, con proyecto, si bien no tiene cómplices, fuera de las sombras de la noche y del rio , que le denuncien. Ese plan, ese proyecto no lo tenia concebido, antes de presentarse su penitente ; tampoco antes de que ella le amenazase ; mas en cuanto sonó esta amenaza, brotó el plan, brotó el proyecto. ¡Estoy perdido! se diría. Esta mujer vá á denunciarme á la opinion pública, vá á destruir en un momento todo el prestigio de una existencia honrada, y con ello las ventajas de mi posicion social; yo puedo abandonar el goce de sus favores, pero no la estimacion de mi buena fama. ¿Qué haré para s conseguirlo? Es mujer; no puedo fiarme en su palabra; acaso no sepa guardar el secre- to; hay un medio seguro de obtenerle; los muertos no hablan; esa muger ha de morir; la mataré; sacaré su cadáver de mi casa, y de noche, le arrojaré al rio, y en todos, ménos en mi, garantido por mi reputacion, verán al autor de su_ 328 muerte. Yo seguiré impávido, y tranquilo, al parecer, de conciencia, al dia siguiente, acabando de borrar las huellas de mi crimen, siendo el primero en derramar mi amargura y horror por esa abominable catástrofe. Este plan, este proyecto, por formarse cona, la rapidez del relámpago, con la premura y exigencia de la oportunidad del momento, y con la intensidad de la alarma, que el amor de si mismo y de su reputacion sufrió, no impiden que fuese un plan, un proyecto, tan acabado y perfecto, como lo hubiera sido si le hubiese premeditado, dias ú horas antes, resolviéndose á declararse á una señora, gozarla, y si se le resistia y amenazaba con publicar su flaqueza criminal, á darle muerte. No tuvo cómplices, como no los tienen muchos criminales, y en este caso , queriendo contar con el secreto , no los debia tener; es lógica, es racional esta soledad en la ejecucion del crimen. El conato de homicidio de la Olaven no ofrece relaciones, ni con sus condiciones orgánicas ó fisiológicas, ni con sus condiciones sociales. Los autores que hablan de ese hecho, no descienden á pormenores sobre las condiciones fisiológicas de la Olaven; sólo dicen que era muy buena, honrada, pacifica, que nunca habia da do nada que sentir. Su vida anterior, por lo tan- 329 to, hace presumir, que en su temperamento y constitucion no habia causa predisponente para un hecho de esa especie. Su sexo no es 'el más comun en el crimen de asesinato; su cariño, su intensa adhesion al niño, suponen en ella afec- to maternal, y alejan toda predisposicion al delito, al que se sentia impulsada. No le faltaban recursos para vivir bien y honestamente; tendría la educacion é instruccion comun á las mujeres de su clase; no tenia á la vista ejemplos de crímenes y delitos. Todo se presenta poco ó nada en armonía con el carácter de su tendencia sanguinaria. Esa circunstancia, tenia algo en ella á favor de la locura. En el mundo no se pasa bruscamente, sin causas, de una índole buena, dulce y pacifica, á un conato de homicidio, y escogiendo por víctima á un niño. Respecto del caso del cura, tampoco dice el autor de quien le he tomado cuáles eran sus condiciones fisiológicas, cuál su carácter ni el grado de energía de sus instintos y pasiones. Era varon, de edad adulta, tal vez robusto; lo de cargar con el cadáver, lo supone. Su virtud ejemplar tal vez era, además de sus naturales inclinaciones, la obra de su fuerza de voluntad sobre si mismo. Su educacion, instruccion y su bienestar no se compadecen con el ¿Timen; siquiera no sean siempre un obstáculo invencible 536 En suma, señores, haced bien y cumplidamente el conmemorativo del sugeto, acerca de cuya integridad mental haya dudas; recorred todo el campo etiológico de la enajenacion mental que ofrecen las historias de ese conmemorativo; examinad los síntomas psíquicos y somáticos que el sugeto presente; aplicadle, en el caso que estos falten, mi criterio, y estad seguros de que no os ha de faltar razon sólida para fundar un diagnóstico. ¿Quiere esto decir que no haya ningun caso dificil, que no haya casos que nos hagan vacilar, y respecto de los cuales, sólo podamos decir lo que pretende el Sr. Quintana, es probable? No, señores; convengo en que pueden darse esos Casos. Pero de eso á establecer, como fórmula general y absoluta, que no es posible distinguir jamás la pasion de la locura, hay una distancia inmensa. Los tribunales , cuando nos consultan, quieren que no los dejemos fluctuando en la regios de las probabilidades. Si el caso no ofrece datos para otra cosa, enhorabuena : no será nuestra la culpa. La duda es posible; pero no la erijamos en sistema. No hagamos á la ciencia ese desaire. La ciencia puede más; puede evitar, en la inmensa mayoría de los casos, que los jueces y tribunales castiguen á un enfermo corno cri- 537 minal, y que absuelvan á un criminal como en- Termo. Tiene un criterio para la distincion, y éste es el que he dado. No tengo la pretension de que mi doctrina sea acabada y perfecta, y que haya dicho con ella la última palabra sobre ese grave asunto; pero si creo que, con mi criterio, la ciencia satisfará á los jueces y tribunales de justicia, como los ha satisfecho en los casos prácticos en que yo me he valido de ese criterio. No olvideis, señores, y concluyo , que aquí, corno en toda tésis general, tropezamos con más dificultades, porque tenemos que fijarnos en todas las circunstancias posibles, en todas las contingencias; mientras que en un caso dado, en un caso particular, las dificultades siempre son menores, porque no tenemos más que las circunstancias de ese caso; el problema se reduce á ellas, y por eso se vuelve más fácil de resolver. Cruunio INIUdco.—Tomo 1. 538 CON SL LTA MÉDICO-LEGAL SOBRE EL ESTADO MENTAL DEL SEÑOR DUQUE DE*** en su l'hala enfer.nedad, AL OTORGAR SU TESTAMENTO. • Los infrascritos, doctores en Medicina, profesores de la Facultad de Medicina de esta corte, etc., residentes en la misma, nos hemos reunido, en virtud de un oficio del Sr. Capitan general de esta provincia, para examinar las tres piezas de autos remitidas por dicha autoridad, y en vista de ellas, dar nuestro dictámen acerca, no sólo de la posibilidad ó imposibilidad, sino Cambien de la probabilidad, más ó menos remota, de que en las dolencias sufridas por el Sr. Duque de***, tuviese este intervalos lúcidos ciertos en el ejercicio de sus facultades intelectuales. Las piezas remitidas por el Sr. Capitan general, para dicho efecto, son tres. 550 La primera contiene: 1.° Un pedimento presentado en nombre de D.  hijo natural, reconocido y legitimado por rescripto del Príncipe del Sr. Duque de***, demandando que sea admitida la informacion que ofrece de los hechos expuestos en el mismo documento, y se nombre un curador ejemplar al Sr. Duque; y en un otrosi, que para la informacion ofrecida se libre despacho á las justicias de la ciudad de París, con el objeto de que se reciba declaracion ó inform e, segun su clase, á todas las personas designadas por D. EL.., y de que, por profesores de Medicina, que nombre el Embajador español en Francia , y, en su caso , la autoridad que cumplimente el despacho, se reconozca al Sr. Duque de*** y se informe prolijamente acerca de su estado físico y moral; si se halla ó no en el pleno y libre ejercicio de sus facultades físicas y morales, y si, por consecuencia, se encuentra en aptitud de disponer de su persona, sin necesidad de cuidado ajeno, de manejar y administrar sus bienes, de celebrar contratos, y particularmente el trascendental y grave del matrimonio; ó si, por el contrario, está en el caso de no poder ejecutar nada de esto, y que se le interdiga su administracion, y ésta y el cuidado de su persona, se encarguen á un curador. 540 En otrosí, demanda que el tribunal deParis sea facultado para poner en salvo al Sr. Duque é interdicto en la administracion de sus bienes, si lo juzga urgente. 2.° Otros pedimentos , sucesivamente presentados, solicitando varias diligencias, dirigidas todas á la realizacion definitiva del objeto principal de la primera demanda. 3.° Los diferentes autos del tribunal, mandando llevar á efecto lo solicitado por las partes litigantes. 4.° Las declaraciones de los testigos indicados y presentados por el Sr. D. M... 5.° Las diligencias practicadas por el tribunal del Sena, á peticion del tribunal español, y los documentos, traducidos y legalizados, por los cuales constan aquellas diligencias, y entre los que figuran las informaciones de los testigos, los interrogatorios que sufrió el Sr. Duque, y la declaracion firmada por los facultativos que le examinaron de oficio. La segunda pieza contiene: 1.° Un pedimento de D. M... T..., en nombrede D. M... de L... y de D. R... V..., suplicando al . Juzgado de Guerra se sirva mandar, que, exhibiéndose por el cura de la Parroquia de San Andrés, el libro de partidas de defuncion, se ponga testimonio de la del Duque de***, y eva- 541 cuado lo demás que solicitare, se . le entregue el expediente original; y en un otrosí, que dicho cura párroco, sus tenientes y auxiliares de la misma parroquia, declaren' sobre seis extremos, que en el documento se especifican; en otrosí, que declare el sacerdote que acompañó constantemente al Duque, desde su regreso de Francia, sobre nueve extremos, que tambien se expresan en el documento; por último, en otros, que declaren los facultativos, por quienes fué asistido el Sr. Duque en su enfermedad , sobre los nueve capítulos expresados en el mismo escrito. 2.° Otros pedimentos del mismo D. M... T..., demandando que se amplíen las declaraciones de los testigos ya interrogados, y que se interro< Y ue á otros. 3.° Los autos del tribunal, mandando llevar á Cumplimiento lo solicitado. 4.° Las declaraciones de los testigos. La tercera pieza contiene: .° La copia de un otrosí del pedimento de D. A... R..., procurador, pidiendo que se remita á la Facultad de Medicina de Madrid la consulta médica redactada sobre el carácter y efectos de la dolencia física é intelectual del señor Duque; el testimonio de la declaracion de oficio de los tres facultativos (le Paris, F..., y E..., sobre el estado de las faculta- 712 des mentales del Sr. Duque , cuando se trató en Paris de su iuterdiccion provisional; la consulta de los facultativos que asistieron a dicho Sr. Duque, durante su última residencia en Madrid, y que, designados dos Catedráticos de dicha Facultad, dén su dictámen, en los términos consignados en el primer párrafo de nuestro escrito. 2.° La copia de la consulta, dirigida á los facultativos de Paris. 3.° La contestación, en francés, á dicha consulta, y la traduccion al castellano de aquella, firmada por los profesores R... y F..., por duplicado. De los documentos contenidos en las tres piezas indicadas, resulta: Que el Sr. Duque de', persona ilustre y de lo más distinguido de la nobleza española, lleno de títulos, condecoraciones, Grande de España de primera clase, Consejero de Estado, Capitan general de los ejércitos nacionales, etc., etc., de estado soltero, que habia figurado en la política y en la córte, como suelen hacerlo las personas de su clase, y habia sufrido los efectos trascendentales de su posicion politica y social, tu- y o dos hijos naturales, llamados, el uno D. M..., y elotro Doña S..., reconocidos y legitimados por rescripto del Príncipe, y, en los últimos 343 años de su dilatada vida, contrajo relaciones intimas con Doña J. M. C. de M. casada , y separada de su marido. Antes de las indicadas relaciones del Sr. Du- "que de*** con la M... * , se observó, así en la conducta de aquel, corno en la direccion de los negocios de su casa, un comportamiento tal, que en nada desdecia de su elevada clase, de sus principios, sentimientos, antecedentes y buen nombre; dirigiendo su casa con mucho órden y regularidad ; teniendo montada la administra- °ion de tal modo, que podía presentarse como modelo entre las casas de los Grandes de España, y guardando las mayores consideraciones con las personas de su familia, y en debida proporcion, con todos los dependientes y criados. Despues de haber contraido íntimas relaciones con la Sra. de M..., se empezó á notar que iba cediendo á ciertas exigencias de dicha señora, aunque no versaban sobre cosas de mucha monta, ni alteraban la marcha ordenada y regular de tan distinomid q , casa. . En 1833, siendo á la sazon el Sr. Duque de edad de sesenta y cinco años, se trasladó desde Madrid á Guadalajara, un dia de Diciembre. El tiempo estaba crudo, hacia un frio intensísimo, y al llegar á dicha ciudad, fué el Sr. Duque alojado en una pieza, donde, para preservarle del n•ff 0-14 frio, se elevó, por medio de la lumbre, la temperatura á un alto grado. Pocas horas despees, experimentó el recien llegado una congestion cerebral, y siendo asistid(/' por su médico, don J. J. G..., fué combatida (ficha enfermedad, ya con evacuaciones sanguíneas generales y tópicas, ya con revulsivos, sin que pudiera impedirse que se quedase el enfermo con algunos. vestigios de su dolencia, los cuales consistieron principalmente en una parálisis incompleta de la extremidad inferior derecha, y tendencia al sueño. Tambien recibió una contusion, en el , acto de acostarle, que degeneró en una úlcera. Acompañaron en Guadalajara al Sr. Duque la M... y el médico D. R. V., apoderándose en trambos de su ánimo de una manera notable. Cuantos tuvieron ocasion de presenciar el interior de la habitacion del Sr. Duque, y algunas. de las escenas ocurridas entre éste, la AL., y el Dr. V..., afirman que era extraordinario el dominio de los dos últimos sobre el primero, llegando á suponer, que, no solamente le arrancaban firmas, donaciones y contratos ruinosos, sino que le faltaban al respeto y consideraciones debidas, hasta el extremo de maltratarle. Entre la servidumbre era rumor general que le habian dado un bebedizo para constituirle en tal estado, y el testigo D. M. M..., criado de la 345 casa del Duque, asegura que el médico V pre ••.  - paraba por si y ante si unas horchatas, que luego daba al enfermo. Suponiendo que corria el riesgo de ser cogido por la faccion de Gomez, como siguiera viviendo en Guadalajara, fué el Sr. Duque trasladado> á Madrid precipitadamente, donde, tanto en su casa llamada de abajo, como en su palacio de Chamartin, prosiguieron ejerciendo la M... y el médico V... su dominio fascinador sobre el ánimo del Duque, siendo público y notorio, entre toda la servidumbre, el lamentable estado físico y moral de este señor. Desde el año 1835, se observó, por todos los dependientes y allegados de la casa, que se iban debilitando progresiva y gradualmente las facultades físicas y morales del Sr. Duque, á lo cual contribuian, por un lado, sus padecimientos, y por otro, los abusos á que le impulsaria la M... El predominio de ésta llegó á ser tanto más poderoso, cuanto que coadyuvaba sus esfuerzos el médico Y._ El Duque perdió la memoria, olvidando hasta las cosas más recientes; entró en un profundo abatimiento; variaba repentinamente de conversacion, á causa de olvidarse de aquello sobre que estaba hablando; llamaba á los criados, y cuando se le presentaban, decia que no los habia llamado; les 552 Mientras que en España se estaban evacuando diligencias, relativas á la averiguacion de los hechos, é interrogando nuevos testigos, sobre nuevos capítulos y particulares, el tribunal del Sena recibió y aceptó el despacho rogatorio, y á pesar de algunas protestas del procurador representante del Sr. Duque , evacuó las diligencias preceptuadas por el tribunal español, en su auto de Enero de 1840, y en el exhorto por despacho librado en su razon. De las declaraciones prestadas por los testigos á quienes interrogó el tribunal del Sena, personas notables, en su mayor parte, se desprende, entre otras cosas, que la M... habla proyectado casar á su hija . doña M..., de veinte años de edad, con el Sr. Duque, de setenta y cuatro . á la sazon, y que, resistiéndose aquella á contraer semejantes nupcias , se fugó de la casa de su madre, acogiéndose á la del Sr. Embajador de España, desde donde se trasladó á la ó alcaldía, para casarse con el Sr. B..., subprefecto de Rochechuart, acompafiada por el vice-cónsul. Constituido, en su dia, el tribunal del Sena en la habitacion del Sr. Duque, este fué inter: rogado dos veces, la primera el' dia 28 de Febrero de . 1840. Hé aquí los términos de este importantísimo interrogatorio, que conviene tras- ladar integro, tratándose del estado intelectual de la persona interrogada. «Pregunta. ¿ , Cuál es vuestro nombre, apellido, edad, profesion y residencia?--Respuesta. P. de A., Duque de*** P. 1Vuestra edad? R. No me hallo en el caso de casarme en este instante; no hay inconveniente en decir que no se trata de casarme en este momento. P. 1No podreis decirnos vuestra edad, poco más ó ménos?—R. No hay inconveniente. (Es todo lo que contestó siempre á esta pregunta.) P. ZDónde vivís actualmente?—R. Vivo aquí, en esta posada. P. 1No recordais el nombre de la calle ?- R. Calle Baja del Baluarte; pero no recuerdo precisamente el número. P. Estais en vuestra casa, con muebles propios?—R. Estoy hospedado en casa de un amigo; la mayor parte de los muebles son míos. P. , Quién es la persona que os hospeda? R. El Embajador de España. P. ¿Cómo se llama el Sr. Embajador? R. El Marqués de... P. ?No recordais su nombre?—(No responde. ) P. l Papis  teneis hecho arrendamiento?- R. Un amigo mio me ha concedido esta casa. Ciumuo YE!":Dico.--Tomo 1. P. ¿Teneis carruaje propio, ó de alquiler? R. El coche es mio, los caballos de alquiler. P. ¿Estais casado?—R. No, señor. P. ¿No habeis tenido intencion de casaras hace poco?—R. Por ahora, no; pero al fin pienso casarme. P. ¿No era la señorita M... con quien queríais casaros ?—R. Sériamente he pensado en casarme; pero no con ella. P. ¿Esta señorita habitaba en vuestra compañia?—R. Si, señor. P. ¿No se refugió en casa del Sr. Embajador? —R. No puedo responder á esta pregunta; no lo sé. P. ¿Sabeis si está casada?. R. No, señor, no lo creo: P. Sin embargo, se nos ha dicho que se ha casado con'un subprefecto llamado B...—R. No lo creo, ni conozco á nadie con ese apellido. P. ¿Teneis parientes en Paris ó en España? R. Si; en España no, creo que están en mafia. P. ¿ Qué parientes os quedan, al ménos los. más próximos?—R. Son muchos. P. ¿No teneis una sobrina, la Sra. Duquesa, de S...?—R. Es sobrina mia; pero no está aqui, está en Alemania. P. ¿No son parientes vuestros la Princesa 555 de E... y sus hijos?—R. Sus hijos son sobrinos míos. P. ¿Dónde están vuestros sobrinos?—R. En Italia actualmente. P. ¿No son sobrinos vuestros el Duque de O... y su hermano?—R. Si, desgraciadamente; muy desgraciadamente para mi. P. ¿Tendreis la bondad de decirnos por qué desgraciadamente? ¿Qué quejas teneis del Duque de 0...?—R. Porque, estando en mi sano juicio, me denuncia como si no lo estuviese. P. ¿Recordais si hace mucho tiempo que ha venido á veros?—R. Recuerdo que no hace mucho tiempo, desgraciadamente. P. ¿Vino solo?—R. Habia gente en el cuarto. P. ¿Sabeis quiénes eran las personas que le acompañaban ?—R. 'labia muchas, de las que conozco á algunas. P. ¿Podeis nombrar á las que conoceis? (No contestó.)  - P. ¿Estaba allí el General C...?—R. Si, seiior, aunque el cuarto se -hallaba á oscuras, vi que estaba. P. ¿Estaba tambien allí vuestro antiguo apoderado G...? —R. Creo que sí. P. ¿Y el hijo del General C...?--R. Tambien. P. ;Sabeis cuál era el objeto del Sr. Duque de O... al venir á visitaros? R. Creo que esta- ha de acuerdo para hacerme pasar por imbécil. P. ¿Hubo alguna explicacion ese dia entre vos y el Duque de 0...?—R. Nada hubo que tuviese relacion con mi salud, ni mis bienes. P. ¿No ha manifestado el Sr. Duque de O... deseos de hablaros á solas?—R. No era el Duque de O... quien lo quería; era otro: como el cuarto estaba lleno de gente, no he podido distinguir bien las voces. P. ¿No se os pidió que hiciérais salir á la señora de M... y al Dr. V...?--R. La Sra, de M... no estaba allí, y no se me ha pedido que hiciera salir al Dr. V... P. De la informacion ha resultado que la señora, de M..., invitada á retirarse, os habia preguntado si debia hacerlo . , á lo que le respondisteis: «Haced lo que os dé la gana.»—R. Seria una respuesta cortés para una señora. No afirmo que se lo dijese; yo no supe que estuviese allí. P. Una ley de España, de 11 de Octubre de 1820, autorizaba la enajenacion por mitad de los bienes vinculados. Vos teníais dos rentas, que provienen de Doña A... de G..., y que pasaron al Sr. Duque de O... ¿Habeis dado poder para solicitar la particion, y vender la mitad de dichos créditos?—R. No he dado órden de vender bienes algunos. 57 P. ¿No poseeis grandes propiedades en Calabria?----R. Sí, señor. P. ¿No habeis tenido intencion de venderlas? R. Ni aun de Calabria me acuerdo. P. ¿No habeis querido, al ménos, tomar un préstamo de cuatrocientos mil francos sobre esa propiedad de Calabria?—R. No, señor. P. Sin embargo, ese préstamo se ha hecho; y un tal F... de M... es quien ha adelantado los fondos.—R. No tengo noticia de ello; no he percibido fondos algunos. P. Sin embargo, habeis firmado cuatro poderes que os presentó el dependiente del escribano F...—R. No tengo noticia alguna de tal empréstito, ni de tal prestamista, ni de tal escribano. P. ¿Recordais haberos dirigido al Sr. Marqués de C..., para obtener cuatrocientos mil francos sobre los bienes de Calabria?—R. No he pedido dinero alguno al Marqués de C... P. A fin de que no tuviérais que tomar este préstamo, ¿el Sr. Marqués de C..., no os ha hecho vender un rebaño de merinos que teníais en Madrid?—R. Hace mucho tiempo que no habíamos hablado de merinos con el Sr. C..., y en esta ocasion no se ha efectuado ninguna venta pretendida venta. P. ¿Recordais en cuánto se vendieron los 358 merinos?—R. Quiero acordarme, pero no lo recuerdo precisamente en este momento. P. Segun resulta de la informacion, fueron vendidos en ciento veinte mil francos. ¿Quién ha percibido este dinero?—R. Yo no lo he percibido, y el Marqués de C... no estaba encargado de hacer gasto alguno por mi. P. ¿Habeis percibido vos mismo estos ciento veinte mil francos del empréstito de Calabria? —R. (Falta en la copia la respuesta). P. 1Teneis alguno en vuestra casa que haya podido percibir este dinero en vuestro nombre, y representando vuestra persona?—R. No: estas cantidades, nadie. P. ¿Sabei5 á cuánto ascienden vuestras rentas?—R. Aventurado es decirlo; seria preciso hacer un cálculo para saber exactamente cuáles son mis rentas. P. Son suficientes para vuestros gastos?— R.—En este momento si: pero si se me hacen muchas preguntas como esta, no sé si podré responder. P. ¿Quién administra vuestros bienes? — R. Yo. P. ¿A cuánto ascienden vuestros gastos? R. Es una pregunta, á la que es dificil responder. P. ¿Teneis precision de seguir corresponden- 59 cía con vuestros administradores?—R. Yo mismo les escribo. - P. Os envian vuestras rentas?—R. Si, señor. P. Cuando os envian fondos, lquién los percibe?—R. (No contestó.) P. ¿Se os entrega el dinero en vuestras manos, ó la persona de vuestra confianza?—R. Sí, á las personas en quienes tengo confianza. P. Teneis la bondad de nombrar esas personas que merecen vuestra confianza?—R. Sí: unas veces es una persona, y otras es otra. P. ¿ , Teneis la bondad de decir quiénes son?— R. (No contestó.) P. ZNo son esas personas , la Sra. de M... y el Dr. V...?—R. Eso es mucho preguntar. P. Qué donaciones y regalos habeis hecho esas dos personas?----R. Puedo asegurar que nada he dado, ni á la una ni a la otra. . ¿Creeis que os preguntamos solamente desde que estais en Francia?— . --R. De ahora y de ántes. P. Sin embargo, la Sra. de M... ha recibido de vos una casa, calle del Prado, en Madrid, el palacio de Chamartin y tierras considerables en frente de dicho palacio. ¿Le habeis dado todas esas posesiones?—R. Procuro traer á la memoria lo que puedo responderos; responderé cuando pueda, pues necesito recordar los hechos.» 360 Hasta aquí el primer interrogatorio, y corno el Sr. Duque estaba en cama á la sazon, temiendo el tribunal que la fatiga rindiese al interrogado, suspendió el acto, para continuarle otro dia. Con fecha 6 de Marzo del mismo año, el tribunal de primera instancia del Sena dió una providencia, en virtud de la cual, los profesores de Medicina Marjolin , Esquirol y Forms, debian visitar al Duque , de***, dar su parecer sobre su estado mental, y depositar su declaracion, ántes. de la próxima audiencia, en manos del presidente del tribunal. El dia 9 de dicho mes y ario, se reunieron, en efecto, los mencionados facultativos en la habitacion del Sr. Duque, á las. tres de la tarde, y en comun, procedieron al exámen del enfermo. Hé aquí la declaracion de los médicos arriba mencionados. Tambien es. necesaria su integra copia en este escrito. «1.° El Sr. Duque de***, de edad de setenta y dos afros, se halla en estado de debilidad intelectual, caracterizada principalmente por una. pérdida incompleta de la memoria. El Sr. Duque olvida, no solamente una parte de los sucesos recientemente ocurridos, lo que sucede á la mayor parte de los ancianos, sino que ha padecido equivocaciones, en presencia de los infrascritos, sobre algunas circunstancias importantes 361 de su vida privada. Así es, que ha tenido á uno de nosotros por el magistrado qíie habia procedido, hace algunos dias, á su interrogatorio; nos ha declarado que no hace más que diez meses que ha venido á Francia últimamente, y hace cerca de dos años y medio que reside en Paris; nos dijo que su antigua posada de la calle de San Florentin habia sido edificada en ochocientos nueve; no ha podido igualmente recordar por si mismo, quién fué la persona que hizo la adquisicion de ella, y no obstante, el señor Duque contestó verbalmente, con mucha exactitud, A algunas de nuestras preguntas, relativamente al objeto de nuestra visita; como asimismo, aunque experimentando una gran dificultad para ejercer los movimientos voluntarios, respondió, muy correcta y juiciosamente, por escrito, á esta pregunta escrita: «¿Tendreis la bondad de comunicarnos el motivo de vuestras inquietudes?—Soy acusado de enajenacion mental, por un hijo.» 2.° Que esta debilidad intelectual, aunque no la considerarnos absolutamente como un estado de demencia, está, sin embargo, bastante declarada para formar juicio; que, sin hallarse en la imposibilidad de ocuparse en los negocios, el Sr. Duque de*** debe estar, sin embargo, inhá- Ml para dirigirlos.—(Siguen las firmas.)» 368 vuestra casa?—R. No , porque tengo criados, cada uno de los cuales cumple con su deber. P. ¿Conoceis al Sr. Marqués de M...? R. Si, el mismo Sr. F... P. ¿Estabais enfermo el dia del interrogatorio?—R. Sí, señor. P. ¿Por qué motivo estabais enfermo?—R. Mi espíritu estaba afligido; los asuntos del Duque de O... me habian incomodado bastante. P. ¿No habeis recibido cuatrocientos mil francos de vuestros bienes de Calabria?—R. Sí, señor. P. ¿Qué habeis hecho de este dinero?—R. Lo he ciado al que hizó el préstamo para mi. P. ¿Qué ha hecho de él?—R. Me lo ha dado. P. ¿Qué habeis hecho despues de este dinero? —R. Lo he invertido en cosas de conciencia. P. ¿, Qué edad tiene vuestro hijo, el Sr. T...? R. T..., el que me demanda , tendrá unos treinta años. El otro que habeis visto aquí tiene doce. P. ¿No habeis vendido ganado merino? ¿y en qué precio?—R. No me acuerdo (despues de vacilar), porque la venta se hizo en... (nueva vacilacion, sin respuesta). P. ¿No entregasteis el producto de esta venta, que ascendia á ciento veinte mil francos, al Dr. V...?—R. No, señor. 369 P. ¿Qué habeis hecho de esta cantidad?— R. L?, he invertido en gastos de mi casa. P. ¿Podeis fijar más particularmente el total de vuestras rentas?—R. ¿De todas mis rentas? P.  ¿Sin duda sabeis que tengo bienes en Italia, España y Francia? Tal es el segundo interrogatorio que sufrió el Sr. Duque, habiendo contestado siempre con dificultad y vacilacion frecuente. En virtud de lo arrojado por estos interrogatorios, y la declaracion de los facultativos, el tribunal del Sena decretó la incapacidad del Duque de*** para la administracion de sus bienes , nombrando un administrador provisional, que cuidase de la persona y bienes del incapacitado, cuyo nombramiento recayó en el Sr. Marqués de M... Presentados los documentos relativos á las diligencias del tribunal de París, al de Madrid, insistió el Sr. D. M... T... en que se cumpliese el auto, por el cual se le nombró curador ejemplar de su padre, cesando en sus funciones don M... de L...; el juzgado intervino en la casa y bienes de los estados del Duque, y D. M... I... sustituyó á L... en sus funciones. El Comandante general de la Guardia Real exterior, con fecha 10 de Abril de 1840, y acuerdo del Auditor honorario y Asesor general de la Guardia Real, y su Juzgado privativo, de- CRITERIO MÉDICO. —Tonto T.  21 570 claró la incapacidad del Duque de*** para dirigir y administrar sus bienes, nombrando por su curador ejemplar á su hijo D. M... T..., á quien se hizo saber, librando el competente despacho á las justicias y autoridades de París, donde residia el incapacitado á la sazon. Consultado el Gobierno de S. M., se mandó que pasáran los autos al Tribunal Supremo de Guerra y Marina, y despues de otras varias diligencias , conducentes todas al logro de los deseos del Sr. T..., se declaró por consentida y pasada en autoridad de cosa juzgada, la sentencia del 10 de Abril de 1840, obligando á las partes á estar y pasar por su tenor. Luego que el Sr. T... fué nombrado curador de su padre, regresó con él á España. Libre de la M... y de V..., cuidado por su hijo T..., el enfermo presentó, en su físico y en sus facultades intelectuales, notable cambio. Segun la consulta dirigida, despues de su muerte, á unos médicos de Paris, ofrecia el Sr. Duque el aspecto de un sugeto débil en su todo; fisonomía poco animada , ojos tristes y sin expresion , color pálido ; nada deseaba ; contestaba á las preguntas que le dirigian, á veces con buen sentido, otras, callaba, ó empezaba á hablar, y luego parecia olvidarse de lo que iba á decir. Obedecía á todos, cual si de todos fuese un subal- 571 terno, efecto, sin duda, de la situacion opresiva en la que vivió en París por largo tiempo. Dormia bastante bien, colilla regularm'ente, se paseaba en coche y á pié, usando de sus miembros, aunque siempre despacio , y nunca sin algun apoyo. Establecido, desde que llegó de París, un régimen como el que exigian sus circunstancias físicas y morales, viviendo en su casa, con la dignidad y esplendor que le correspondian, al dado de su hijo, rodeado de sus antiguos y fieles criados , servido por estos con dulzura, respeto y cariño, se observó, aunque lenta, progresivamente, alguna mejoría en el ejercicio de sus facultades intelectuales y físicas; se veia que prestaba atencion notable á cierta clase de conversaciones , por las cuales se mostraba ántes del todo indiferente. En su comportamien- to, así dentro, como fuera de su casa, manifestaba recordar lo elevado de su clase y grandeza, dándose aquella respetuosa importancia, propia de su carácter en tiempos anteriores. Recordaba los sucesos antiguos con alguna exactitud. Hubo ocasiones en que manifestaba acordarse de lo que habla hecho el dia anterior, y otros, no lo recordaba, expresando aquellos con marcada distincion. Citaba acontecimientos notables de su vida pasada, designando, hasta con sus nombres, las personas con quienes había te- 572 nido relaciones. Todos estos hechos, ocurridos en ocasiones distintas, manifestaban que se habian ido reparando sus fuerzas físicas y morales, y que sus funciones intelectuales, aunque debilitadas, más que por la edad, por sus padecimientos de todas clases, presentaban una vida cierta, aunque apagada, por estar privada de aquel vigor y energía, que era indispensable haber perdido, por las causas indicadas. En semejante estado, bastante lisonjero, fué siguiendo el Sr. Duque, hasta el mes de Noviembre de 1841, en cuyo año, á su afeccion paralítica habitual, y debilidad de fuerzas físicas y morales , se añadió una enfermedad aguda, caracterizada por los facultativos que le asistieron de pulmonal y gástrica; durante su curso, se le gangrenó por el decúbito, la piel de la region sacra; curóse esta úlcera con quina, y á los pocos dias, la enfermedad acabó con el enfermo; el Duque bajó al sepulcro. Algunas horas ántes de espirar otorgó disposicion testamentaria, en la que nombró por cumplidores y testamentarios á su hijo D. M... T... y al Sr. Duque de O..., su sobrino, y por heredero de todos sus bienes libres á D. M... T... Por los dias de Abril de 1842, D. M... T.r.., en nombre de D. M... de L... y D. R... V..., en cuyo favor habia otorgado, años ántes, el Duque 373 .de*** un testamento, instituyéndolos por herederos fiduciarios, para invertir shs bienes en los objetos y forma que él mismo les comunicó, acudió al tribunal competente, solicitando que, exhibiéndose por el cura párroco de la Parroquia de San Andrés el libro de partidas de defuncion, se pusiese testimonio de la del Duque de***, y evacuado todo lo que solicitare, se le entregase el expediente original, para pedir lo que correspondiese en justicia. Seguian á esta solicitud tres otros', especificando los particulares sobre que debian declarar: 1.°, el cura párroco de la citada Parroquia de San Andrés, sus tenientes y auxiliares; 2.°, D. F... M..., ex-capu- chino, que habia acompañado al Duque desde su regreso de Francia; 3:°, los facultativos que visitaron al enfermo, durante su última enfermedad. De las declaraciones dadas por el cura párroco de San Andrés, sus tenientes y auxiliares, y el ex-capuchino D. F...M ..., resulta que el Duque de*** falleció el dia 27 de Noviembre de 1841; que sólo recibió la absolucion y la Extremauncion; que el ex-capuchino fué el que le dió la absolucion, luego, condicionalmente, se la volvió á dar el cura teniente de la Parroquia, que le dió la Uncion; que no recibió los demás Sacramentos, por no haberle considerado D. F... M... 574 ni el cura capaz de ellos, aunque contestaba acorde sobre querer confesarse y arrepentirse de sus pecados; que desde su regreso de Francia, no habla cumplido con el precepto pascual, ni se le dió el Viático el dia de impedidos; que el ex-capuchino D. F... M..., nombrado por la madre de T... y este para prestar al Duque los auxilios de su ministerio, le acompañó constantemente en coche, desde el dia 13 de Octubre de 1840, hasta que cayó malo de la enfermedad á la que sucumbió. De las declaraciones prestadas por los facultativos D. J... G- . . . , D. J... H... y D. J... D..., se desprende lo siguiente : el Duque de*** , , sin curarse de su parálisis, ni recobrar el vigor de sus fuerzas físicas, morales é intelectuales, ya á consecuencia de su modo de vivir, ya bajo el influjo de la estacion y las grandes vicisitudes atmosféricas de la misma, fué acometido de una afeecion aguda y grave, caracterizada de una pulmonía bastante intensa, complicada con una irritacion inflamatoria del estómago é intestinos, la que produjo diarrea con evacuaciones abundantes, habiéndose ulcerado la region del sacro, causa del decúbito; ulceracion que pasó desapercibida, hasta que un criado la descubrió, tres dias antes de morir el enfermo, y que fué curada con polvos de quina, sintiéndola desde 575 -entonces el paciente. Durante el curso de la pulmonía y afeccion gástrica, tuvo el enfermo muchos intervalos lúcidos, en especial, en las últimas horas de su existencia, ya por la preponderancia que tomaron los pulmones y sistema gástrico en la sensibilidad, ya por los excitantes y revulsivos que se aplicaron al Duque, manifestándose dicho despejo intelectual por su menor somnolencia; por el conocimiento de las personas que le rodeaban, entre ellas, el escribano  por su mayor facilidad en explicarse; por la mayor fijeza de su atencion , y por el completo acuerdo que existia entre las preguntas que se le hacían y sus contestaciones , las que, aunque no eran rápidas, aunque eran dadas con monosílabos, no dejaban, por eso, de estar en armonía con las preguntas, ni de revelar el pleno conocimiento de lo que contestaba. Despues de las excitaciones, caía en fina postracion, necesaria en su estado, y no pudo firmar el testamento que otorgó, tanto por la falta de fuerza física, como por la dificultad de su respiracion y la tos molesta que le atormentaba. Las declaraciones de otros testigos, cuya interrogacion pidió posteriormente D. M... T. las ampliaciones de las mismas sobre varios capítulos, consignados en pliegos cerrados, que se abrieron en el acto de la informacion respecti- 376 va, confirman lo mismo que las anteriores; que el Duque tuvo intervalos lúcidos; que en uno de estos, el cual duró desde las doce hasta las dos de la tarde, otorgó testamento, con conocimien to de lo que hacia, y que entre ocho y nueve de la noche del 17 de Noviembre, es decir, seis ó siete horas despues de haber hecho testamento, falleció. Evacuadas todas las diligencias preindicadas, y en el curso de la instancia entablada por el representante de los Sres. L... y V..., se redactó una consulta, en la que se consignaron sucintamente las principales circunstancias del Duque de*** desde la enfermedad que le invadió en Guadalajara, hasta su muerte, terminando este documento con las siguientes lineas: «Partiendo de estos hechos, que son los que califican, con la posible exactitud, la situacion del paciente, se desea saber si la enfermedad referida, y el estado á que habia llegado por trascurso del tiempo, por el abandono en que vivió y por los padecimientos morales, hacían médicamente, cuando no segura ó probable, á lo menos posible, la curacion de tal enfermedad, y aun tambien posibles, y muy probables, los intervalos lúcidos suficientes para otorgar, con el debido conocimiento, su última disposicion testamentaria, despues de restituido el enfermo á. 577 su casa, viviendo con su hijo y sus criados, con el cuidado, esmero, atenciones y respetos que exigia su clase y dignidad.» Los Sres. Recamier y Ferrus, profesores distinguidos de París, á quienes se remitió la consulta, contestaron de la manera siguiente: Hechos. 1.° Un hombre, en una alta posicion social, dotado de facultades eminentes, pasó su vida en medio de agitaciones de todas las pasiones, cargos, negocios, embajadas, viajes, fatigas, placeres de los sentidos llevados al exceso, y hasta en una edad avanzada, 2.° A los setenta y tres años de edad, este hombre fué puesto en interdiccion, á causa de una debilidad moral, ó de imbecilidad acreditada de oficio, por los Sres. Marjolin, Esquirol y Ferrus, designados para este efecto, en virtud de providencia del tribunal de primera instancia del departamento del Sena, médicos que acreditaron igualmente el estado de excesiva debilidad_ física, en el cual se hallaba el Sr. Duque de***. Hasta entónces, el Sr. Duque no habia dado ninguna señal de delirio, y todo lo que el magistrado, en sus interrogaciones, pudo sacarle, á fuerza de preguntas, fueron quejas sobre la conducta de su hijo para con él, y manifestó profundo disgusto, del que se ha resentido y re.- siente aún. 384 que sumergió al enfermo la fascinacion que sobre él ejercian ciertas personas, apoderadas de su voluntad. Los dos interrogatorios que sufrió el Sr. Duque, revelan la misma índole de los hechos. La memoria le falta, principalmente para 1( s nombres propios y apellidos, y con respecto á los hechos antiguos. En cuanto á los recientes, de unos se acuerda, de otros no; la debilidad ó poca energía de su atencion no permite que sus impresiones sean profundas; por lo mismo se borran con facilidad, y la memoria falta. Pero sus contestaciones son, por punto general, adecuadas á las preguntas; la atencion se fija siempre en todo aquello sobre que se la llaman, y si relativamente á algunas preguntas, muy pocas, no hay completo acuerdo ó inmediata relacion, fácil es advertir que á la sazon le domina una preocupacion ó mala inteligencia, y á ella obedece al contestar. Por ejemplo, se le pregunta qué edad tiene, y contesta: «No me hallo en el caso de casarme en este instante; no hay inconveniente en decir que no se trata de casarme en este momento.» El desacuerdo, en apariencia, es notorio. Mas, ¿no se trasparenta aquí una preocupacion del Duque? ¿No se deja ver la creencia equivocada, en que está, del objeto para el cual se le hace la pregunta? ¿Seria fuera 585 de propósito sospechar que, ántes del interrogatorio, recibió el enfermo, de ciertas personas interesadas, algunas lecciones, que luego no supo decorar, por falta de memoria? Y no es gratuito, por cierto, este modo de pensar, cuando contesta acorde á todo lo demás, y cuando, siempre que se trata de las personas que le son simpáticas, se le vé vacilar, guardar silencio, faltar á la exactitud, enfadarse, ó escaparse por la tangente, como lo haría una persona empeñada en no decir la verdad, siempre que temiese que pudiera serle desventajosa. La voluntad, las simpatías del Duque, estaban todavía, á la sazon, por dichas personas, y siempre que, por la naturaleza de las preguntas, temia su limitado conocimiento que podía perjudicarles, segun lo que contestase, se encerraba en el silencio, ó manifestaba con respuestas, que podían ser falsas, pero no desacordadas, que en aquella parte quena ser impenetrable. Se le pregunta: , Cuando os envian fondos, quién los recibe? No contesta. ¿Quiénes son las personas que merecen vuestra confianza? Igual silencio. Son esas personas la Sra. de M... y el médico Y...? «Eso es mucho preguntar, » responde, y probablemente lo hacia con el tono y el ademan del disgusto, por no decir de la indignaeion. Un hombre que responde á todo, y siem- CAMBIO Ahlico.—Tomo L  . ► 5 8 6 pre de acuerdo, en especial, cuando para contestar no tiene necesidad de apelar á la memora, ó cuando ésta no le es infiel, ¿no significa algo, si adopta una conducta diferente, siempre que se trata de las dos personas que poseen su confianza y su cariño, y que probablemente le harían de antemano advertencias relacionadas con su silencio y sus ardides? Véase cómo las compromete, siempre que, en su limitada vista, no advierte lo trascendental de las preguntas. Declara pronto, y sin vacilar, que no ha firmado ventas, que no ha hecho empréstitos, consentido contratos, etc., etc. A falta de otras pruebas, bastarían los dos interrogatorios que hemos trascrito á propósito, para dejar demostrado que en el Sr. Duque de***, no habia más alteracion que la de su memoria, ni más fenómeno notable en las demás facultades del mismo, que la debilidad. Pero esta verdad brilla resplandeciente, desde luego que se añade á lo dicho la declaracion de los facultativos, por los cuales fué examinado el Sr. Duque. «Se halla en estado de debilidad intelectual, caracterizada principalmente por una pérdida incompleta de la memoria.» Tales son las palabras con que empiezan dichos facultativos su terminante declaracion. «No obstante, el Sr. Duque contestó verbalmente 7z;7 con mucha exactitud á algunas de nuestras preguntas, relativamente al motivo de nuestra visita, corno asimismo, aunque experimentando una gran dificultad para ejercer los movimientos voluntarios , respondió muy correcta y juiciosamente, por escrito, á una pregunta, que se le hizo por escrito.» Igualmente son palabras textuales de los médicos declarantes. No es ménos terminante la conclusión segunda de dichos facultativos: «Esta debilidad intelectual, dicen, aunque no la consideramos absolutamente como un estado de demencia, está, sin embargo, bastante declarada para formar juicio, que, sin hallarse en la imposibilidad de ocuparse en los negocios, el Sr. Duque de' debe estar inhábil para dirigirlos.» Estas últimas palabras, dichas por profesores inteligentes en la materia, prueban poderosamente que la razon del Duque no estaba en desacuerdo; que estaba sólo débil, sin ser, sin embargo, esta debilidad la de la demencia, y que sólo era inhábil para dirigir los negocios. No es ménos evidente la verdad que estamos sosteniendo, cuando se fija la atencion en la consulta dirigida á los profesores Recamier y Ferrus, despues del fallecimiento del Sr. Duque. En este documento se consigna que, á su vuelta (le Francia, dicho señor ofreció la misma inte- 588 oT dad de razon que rabia manifestado anteriormente, sin más alteracion que la de la memoria, y como á la sazon se hallaba libre de la fascinacion en que le hablan tenido la M... y el médico Y..., en vez de empeorar, fué mejorando notablemente, no sólo en cuanto al vigor de sus fuerzas físicas, morales y mentales, en general, sino hasta en lo relativo á la memoria; estado lisonjero, que fué continuando, á pesar de la avanzada edad del Sr. Duque, hasta que le sobrevino la última enfermedad, á cuya fuerza sucumbió. Resulta, pues, que el Duque de***, desde que le acometió el ataque apoplético, hasta que se vió invadido por la enfermedad que le causó la muerte, no experimentó más alteracion que la de la memoria, conservando las demás facultades en un estado de debilidad, más ó ménos relacionada con aquella alteracion, pero sin llegar á constituir ninguna de las formas de enajenacion mental, ni siquiera la demencia, que es la única con la cual pudiera confundirse el estado achacoso de nuestro enfermo. É sa misma alteracion de la memoria, en la que convenimos, por verla demostrada por todos los documentos, no era general ni constante. Se olvidaba de unas cosas; de otras no. Los sucesos antiguos y los apellidos era lo que mé- 589 nos recordaba. Unas veces conocía á las personas allegadas; otras no: de suerte que, en lo concerniente á la memoria, única facultad intelectual verdaderamente lisiada, habia intervalos lúcidos, relativamente á ciertos objetos ó ciertas cosas, y lucidez continua en cuanto á otros. Por lo tocante, pues, á la primera dolencia sufrida por el Sr. Duque de', los infrascritos no titubean en resolver la cuestion propuesta, de un modo terminante, diciendo: que dicho señor tuvo lucidez contínua en lo concerniente á todas las facultades, excepto la memoria, y lúcidos intervalos en lo concerniente á esta facultad intelectual. La segunda dolencia del Sr. Duque de*** fué una contusion, que recibió al acostarse, en cuan- to llegó á Guadalajara. Esta contusion, cuyo sitio fué una pierna, degeneró en una úlcera. Enfermedad puramente local y de poca trascendencia, no tuvo relacion alguna directa con las facultades intelectuales y afectivas del enfermo. Estas siguieron, sin más alteracion que las producidas por la dolencia anterior. Es esto tan evidente, que basta lo dicho para no ocuparnos más en la influencia de esta segunda afeccion. Vamos á la tercera dolencia de nuestro enfermo. Fué una pulmonía, complicada con una 590 inflamacion del estómago é intestinos bastante intensa. Para saber si en ella fueron posibles y probables los intervalos lúcidos, basta tener presente lo que suele observarse en la práctica, respecto de esa clase de afecciones. Durante el curso de una pulmonía, las facultades del entendimiento y de la voluntad no suele n alterarse, y hay enfermos que sucumben á dicha enfermedad, sin presentar semejante alter acion. Cuando la pulmonía termina por supu racion, causando la muerte al enfermo, suele haber coma, ó sopor profundo, ó subdelirio. Si termina por gangrena, hay síntomas atóxicos y adinámicos, y por lo mismo, alteracion de las facultades intelectuales, ántes de sucumbir el enfermo. En la inflamacion del estómago é intestinos, los órganos cerebrales suelen afectarse simpáticame nte más á menudo que en la anterior afeecion , pero raras veces se presenta el delirio, á ménos que la afeccion intelectual sea tifoidea, en cuyo caso hay realmente un período, en el que el delirio se presenta, pero no de tal suerte, que, antes de sucumbir, no tengan los enfermos intervalos lúcidos, en los cuales gozan de su completa razon. Mirada, pues, la cuestion en abstracto, esto es, sin. hacer aplicacion á caso alguno, y bajo 591 'el punto de vista de lo que la práctica demuestra, fueron posibles y probables los intervalos lúcidos, durante la enfermedad que condujo á la muerte al Sr. Duque de***. Concretando la cuestion al caso que nos ocupa, no sólo fueron posibles y probables, sino ciertos, segun el testimonio de los facultativos que asistieron al enfermo en su última dolencia. Hubo alteracion en sus facultades intelectuales, pero con intervalos lúcidos, en especial, en el último dia de su existencia, y á la hora en que otorgó su testamento. Segun el Dr. G..., uno de esos intervalos duró dos horas, desde las doce, ó medio dia, hasta las dos de la tarde; en él estuvo el enfermo en goce completo de sus funciones intelectuales. Siempre que tomaba incremento el estado de excitacion de otro órgano, que no fuese ninguno de la cabeza, ésta se , despejaba, así como despues de esta excitacion, se manifestaba mayor languidez. Aunque con dificultad, por su estado morboso, el Duque contestaba acorde á todo lo que se le preguntaba, y al indicarle si quería otorgar testamento, dijo que si. El Dr. H... y el Dr. D... afirman, en el fondo, lo dicho por el Dr. O..., aunque cada uno depone en términos diferentes, y más ó ménos pormenores, en último resultado, todos declaran, que en el postrer dia de su existencia, 392 tuvo el enfermo intervalos lúcidos, y uno notable, que se aprovechó para que otorgara testamento, teniendo el paciente la suficiente capacidad para poder distinguir y concebir las preguntas que sus deudos creyeron deberle hacer, por medio de las personas que consideraron conducente, respecto de sus intereses. El resultado de las declaraciones de los testigos del testamento, del escribano y demás personas, está enteramente en armonía con la declaracion de los facultativos . Una de las personas á quien reconoció, fué el escribano, .y éste autorizó el acto, fundado, no sólo en su conciencia y el testimonio de sus sentidos, sino en la declaracion y juicio de los médicos. Para invalidar la fuerza lógica de esta prueba, fundada en la declaracion de los testigos testamentarios y periciales, seria necesario poner en duda, ó la veracidad, ó el sentido comun de los mismos, y suponiendo, como debemos, que ni les faltó veracidad, ni el sentido comun, para nosotros queda demostrado que hubo, du rante la última dolencia del Sr. Duque de m , intervalos lúcidos, notablemente en el último dia de su existencia, y á la hora en que otorgó su. disposicion testamentaria. Juzgar de esta suerte, es tanto más acertado,. cuanto que lo declarado por los testigos ordina- 593 ríos y por los facultativos, 'está en completa consonancia con lo que suele presentarse durante el curso de las enfermedades iguales á las que padeció el Sr. Duque. Ya hemos dicho, ántes de concretarnos á la enfermedad de este señor, que, en la pulmonía, sólo en ciertos casos habia alteraciones mentales; que éstos tenian siempre intervalos lúcidos, y que en la inflamacion del estómago é intestinos, sólo solía haberla cuando tenia carácter tifoideo , siendo, igualmente , ordinarios los intervalos lúcidos. De manera, que aplicando al caso particular que nos ocupa, lo que suele observarse en la práctica del arte, la declaracion de los testigos arriba indicados, puede mirarse como una confirmacion de lo que tiene demostrado la experiencia. Hubo, pues, no sólo posibilidad, no sólo probabilidad de intervalos lúcidos en la enfermedad que causó la muerte al Duque de***, sino realidad de los mismos. Nada se opone lógicamente á esta conclusion. Ni pueden citarse, como argumentos en contra., de alguna valía, la naturaleza de los padecimientos anteriores del Sr. Duque, por los cuales fué declarado inhábil para dirigir los negocios de su casa , ni la contestacion dada por los Sres. Recamier y Ferrus á la consulta que se les dirigió desde Madrid. 400 hacerlo el Duque de***, puesto que todos los documentos demuestran, que, llamándole la atencion sobre un objeto y sobre una idea, la fijaba , se hacia cargo de ella, y contestaba de acuerdo con lo que se le decia, notándose tan sólo lentitud, embarazo y dificultad en los movimientos que necesitaba para expresar su pensamiento y voluntad, ya por la debilidad de sus órganos encefálicos, ya por el estado ó periodo avanzado de su Ultima enfermedad. Esta misma razon podemos dar, en cuanto á serle imposible firmar el testamento que otorgó. Ni la postracion de sus fuerzas físicas, ni la tos, ni la anhelacion, le consintieron ese acto manual; pero de que los progresos de la enfermedad hubiesen ya imposibilitado su brazo y hecho insostenible la posicion necesaria para escribir, no se deduce que hubiesen hecho otro tanto con la fuerza moral é intelectual. Estas fuerzas, propias del alma, del principio de la vida, todavía no apagado, todavía no vencido por el mal, tenian aún en la palabra, aunque lenta y entrecortada, del enfermo, un intérprete fiel, legitimo y eficaz. Estamos persuadidos que si lbs Sres. Recamier y Ferrus hubiesen tenido á la vista los mismos documentos que nosotros, ó si en la con s ulta que se les dirigió no se hubiesen conten- Lado sus redactores con esa brevedad ó resúmenY tan perjudicial en cuestiones de esta clase, en las cuales, hasta el último pormenor no está destituido de importancia, de seguro que hubieran opinado de un: modo muy diferente, y que hubieran sido del mismo dictámen que nosotros. No habiendo, pues, otras consideraciones que 'rebatir, contrarias á la opinion que hemos consignado, podemos dar por suficientemente discutida la cuestion, bajo este punto de vista, afirmando que el Duque de***, durante el curso de la dolencia que le causó la muerte, tuvo intervalos lúcidos suficientes para ejercer su voluntad y libre albedrío, y puesto que queda demostrado que los hubo, lo queda tambien la posibilidad y probabilidad de los mismos. Réstanos, por último, hablar de la úlcera gangrenosa que se presentó durante la última enfermedad del Duque, y que fué descubierta por uno de sus criados. De esta úlcera debemos de-. cir, á poca diferencia, lo que hemos dicho de la que provino de la contusion. Enfermedad local, producida por el decúbito, no podía, por si sola, alterar el estado de las facultades intelectuales y afectivas del enfermo. Este no la sentia, primero, porque el tejido estaba gangrenado, esto es, muerto; segundo, porque era mayor el dolor de otros órganos. Además, que no se eche en C1111E1110 MÉDIC0.--Tomn T. o,2 olvido la circunstancia de que, en cuanto fué notada dicha úlcera y se trató con quina, sus bordes se inflamaron, y desde entónces el enfermo se quejó de ella. Por lo tanto, cualquiera partido que se pretendiese sacar de la insensibilidad del enfermo, respecto de dicha úlcera, quedaria inutilizado con este última consid.eracion, no necesaria por otro lado. En virtud, pues, de todo lo que precede, los infraseritos se creen en el caso de poder afirmar que el Sr. Duque de***, en todas las dolencias que ha sufrido, ha gozado de la plenitud de su razon, cuando no , de un modo continuo, en ciertos intervalos, y que, atendiendo á la naturaleza de esas mismas dolencias y á-lo que la práctica diaria deja observar en las mismas, tocante á la generalidad de los enfermos, aunque no quedara probado por las pruebas testimoniales que hubo intervalos lúcidos en las enfermedades qUe padeció el Sr. Duque, serian aquellos posibles 'y probables, de probabilidad no remota y.de naturaleza no equivoca. Madrid 20 de Julio de 1850. 'FIN DEL TOMO PRIMERO. INDICE. PÁGINAS. PRÓLOGO É INTRoDuccioN.—Objeto de este libro y lo que contiene.  5 DISCURSO pronunciado en la sesion del 15 de Febrero de 1865 en la Real Academia de Medicina de Madrid, sobre la distincion fundamental de la pasion y la locura.  51 DISCURSO, continuacion del anterior, pronunciado en la sesion de 19 de Febrero  102 DISCURSO, conclusion del mismo asunto, pronunciado en la sesion del 5 de Marzo  185 DISCURSO pronunciado en el Congreso Médico español en la sesion del 29 de Setiembre de 1864, sobre el criterio moral en la perpetracion de un delito. . . .  270 CONSULTA médico-legal sobre el estado mental del señor Duque de *** en su última enfermedad, al otorgar su testamento  333 • •