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Discurso y silencio en Les Catilinaires de Amélie Nothomb

Illanes Ortega, María Inmaculada

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Número 17 2006-07 99-117 — 99 — Discurso y silencio en Les Catilinaires de Amélie Nothomb INMACULADA ILLANES ORTEGA UNIVERSIDAD DE SEVILLA La tercera novela de Amélie Nothomb, publicada en 1995, se presenta al lector bajo un título de marcada significación intertextual: las Catilinarias es el nombre con el que se conoce uno de los más célebres discursos de Cicerón, tradicional materia de estudio para los alumnos de letras clásicas. No es la primera vez que la joven autora se complace en la introducción de referencias culturales y literarias, ni será la última, ya que el juego intelectual es sin duda un elemento clave en su narrativa. Por ello, el recurso al título de una de las obras maestras de la oratoria clásica como carta de presentación del relato supone la introducción de una serie de referencias significativas, que la lectura del texto permitirá descubrir. En primer lugar, existe una evidente relación entre el origen latino del título y la profesión del narrador protagonista. Aunque los hechos narrados comienzan justo a partir del momento de su jubilación, Émile Hazel ha ejercido durante años como profesor de latín y griego en la educación secundaria, una profesión que responde además, en su caso, a una verdadera vocación por el conocimiento tanto de la cultura clásica como del funcionamiento y estructura del lenguaje verbal. Así lo revelan diversos fragmentos del texto como el discurso pedante con que intenta apabullar a su INMACULADA ILLANES ORTEGA Discurso y silencio en Les Catlinaires de Amélie Nothomb — 100 — vecino (Nothomb, 1995: 48-55), los comentarios didácticos que ofrece a menudo a su mujer (id. : 15, 85,127…), sus dudas sobre la exactitud de su expresión “quoi, je ne vois pas comment dire”, (id.: 9) o la complacencia que manifiesta ante determinados hallazgos de su propia creatividad discursiva (id. : 86-88). Por otra parte, la elección de este título de entre la amplia obra oratoria latina no podría ser arbitraria. La célebre frase inicial de este discurso resulta especialmente significativa en relación con el contenido del relato: « Quousque tandem Catilina patientia nostra abutere? » (¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?) exclama Cicerón ante el Senado, mientras señala con dedo acusador al conspirador. Una frase que, sin duda, expresa de modo explícito el sentimiento del protagonista, cuya paciencia es puesta a prueba por la actitud de su singular vecino, y que bien podría haber figurado como epígrafe de la novela. Sin embargo, el guiño cultural se hace mucho más sutil, permitiendo sólo al lector iniciado en latines el placer de descubrir el juego intertextual. Por último, el título establece una relación de significación mucho más profunda con el texto que encabeza, ya que contiene importantes referencias a la propia estructura temática del relato. La referencia al maestro de la oratoria viene a subrayar el valor que, como hemos señalado anteriormente, se concede en él a la palabra. No en vano, en el sistema cultural y educativo del mundo latino, la oratoria es precisamente el arte (entendido como « técnica ») del discurso. Y la palabra es, sin duda, no sólo la materia formal, sino también el elemento temático fundamental de esta novela, articulada sobre la presencia/ausencia de la misma, esto es, sobre la oposición entre la expresión verbal y su negación: el silencio. Desde su inicio, el texto se presenta como una especie de confesión personal, el discurso de un narrador homodiegético que acomete el intento de explicarse a sí mismo mediante la exposición de los acontecimientos que lo han llevado a su actual estado de inseguridad, que resume la rotunda afirmación que abre el relato: « on se sait rien de soi ». La palabra, escrita en este caso, servirá pues de medio para el auto-análisis y también en cierta medida para la auto-justificación, si bien la « terapia literaria », aunque pueda aportar cierto consuelo, no bastará para superar la ignorancia sobre Número 17 2006-07 99-117 1Incluso la televisión está excluida de este misántropo refugio, por ser fuente de un ruido que el narrador califica de « vulgar » y su mujer de « infernal » (id. : 89). — 101 — los misterios de la propia personalidad, por lo que la conclusión coincide con el punto mismo de partida: « Je ne sais plus rien de moi ». La palabra, expresión del pensamiento, será, pues, el instrumento utilizado para tratar de superar una crisis surgida, precisamente, de la acción del silencio. Un silencio que, de ser expresión de una armonía y una paz deseadas con anhelo, se convertirá en peligrosa trampa de la que el individuo no conseguirá salir indemne. Todas sus explicaciones, todas sus palabras, todas sus « letras » no bastarán al viejo profesor para escapar a la transformación que el silencio será capaz de imponerle, hasta el punto de convertirlo en quien nunca creyó ser, en un desconocido para sí mismo. 1 El silencio como paz y armonía El relato de los hechos que han conducido al narrador protagonista a su actual estado se inicia (después de algunas dudas sobre la pertinencia de esta elección) en el momento de su jubilación como profesor y su traslado, junto a su mujer, a una aislada casa en el campo. En ella creen haber encontrado la perfecta expresión del refugio deseado durante años, un lugar en el que disfrutar de su perfecta relación de pareja, rodeados de un idílico entorno natural y alejados por fin de la enojosa compañía de la sociedad humana . 1 Esta aspiración a una perfecta « soledad a dos » se verá, en principio, satisfecha por su nueva vida de retraités. Un retiro profesional, físico y espiritual, cuya máxima expresión son los paseos en pareja por los bosques nevados que rodean la casa. La ausencia de otros seres humanos, la disponibilidad temporal, el sentimiento de armonía con la naturaleza, la calma del paisaje invernal, la blancura de la nieve… todo se conjura para crear un idílico universo de paz, un locus amoenus en el que gozar del amor, alejados del mundanal ruido: INMACULADA ILLANES ORTEGA Discurso y silencio en Les Catlinaires de Amélie Nothomb 2El subrayado es nuestro. — 102 — [des] promenades dans la forêt si blanche et silencieuse que nous 2 nous arrêtions souvent de marcher pour nous regarder d’un air étonné. (id. : 12) En este caso, sin embargo, el tópico clásico del espacio natural como entorno ideal del amor se encuentra ligeramente modificado. Se trata de un amor invernal, de vejez, en el que la pasión ha sido reemplazada por un sentimiento mucho más reposado, de armónica y placentera convivencia. Por ello, la exhuberancia de la naturaleza aparece cubierta por el pesado manto de la nieve, que niega con su deslumbrante blancura el « ruidoso » colorido de la vegetación y cuya textura amortigua el sonido de los pasos, creando un espacio casi irreal, de vacío y de silencio: « Si le silence devait s’incarner en une matière, ce serait dans la neige » (id.: 34). Y es que, durante el idílico comienzo de su vida en la nueva casa, el narrador confiesa sentirse plenamente feliz, como nunca antes, instalado en la calma de una vida eminentemente contemplativa. Como un místico puramente terrenal, se extasía en la contemplación de su amada, gozando del placer de un amor tan inefable que sólo encuentra su máxima expresión en el silencio. La compenetración de ambos es tan profunda que no necesitan palabras para establecer entre ellos estrechos lazos de comunicación: « Nous ne disions rien, nous redécouvrions que le mutisme équivalait au bonheur » (ibid.). La ruptura de esta pacífica y feliz existencia, provocada por la irrupción en sus vidas del vecino y su extraño comportamiento, introducirá un cambio sustancial en la relación comunicativa de la pareja: la destrucción de la armonía viene marcada por la desaparición del placer del silencio. La nueva situación provoca un malestar compartido que convierte el silencio en una enojosa manifestación de esta ausencia de paz, puesto que ambos saben que callan por no hablar de él, por no dejar que su presencia se imponga entre ellos más allá de las dos horas de su diaria visita. Número 17 2006-07 99-117 3Así, Claire, la joven ex alumna que visita a los Hazel, intenta ser amable con el vecino de sus amigos abriendo la posibilidad de un diálogo mediante la introducción de un comentario tan banal como exento de agresividad: la valoración positiva de — 103 — De este modo, el habitual mutismo ensimismado de Juliette, percibido por el narrador como « un univers feutré, riche de promesses et peuplé d’animaux mythologiques » (id. : 23), será transformado por las reiteradas visitas del doctor Bernardin en un silencio mucho menos poético, indicio de angustiosos pensamientos difíciles de compartir: Nous n’osions pas en parler […] Quand vint l’après-midi, nous n’avions pas encore échangé un mot. (id. : 77) 2 El discurso como interacción social Por el contrario, la relación con los otros impone como primera ley la obligación del discurso, al ser el lenguaje, instrumento de comunicación, elemento fundamental en el proceso de socialización del individuo. Por ello, si la comunión amorosa no necesita de palabras, el establecimiento de un diálogo se convierte en una norma de obligado cumplimiento en el trato con extraños, ciertamente enojosa para quien pretende aislarse en su muda soledad compartida. La cortesía, no obstante, fruto de la buena educación, convierte en ineludibles ciertos ritos verbales como el saludo: Quelques secondes passèrent avant que je prenne conscience de mon impolitesse et que je prononce les paroles attendues: - Bien sûr. Vous êtes le docteur. Entrez. (id. : 14-15) No obstante, si la situación de cercanía personal se mantiene, la apertura del canal de contacto mediante el saludo ha de verse prolongada por el establecimiento de un intercambio verbal más amplio, evitando toda intromisión directa en el ámbito de la intimidad del interlocutor . A pesar de su marcado carácter 3 INMACULADA ILLANES ORTEGA Discurso y silencio en Les Catlinaires de Amélie Nothomb la región escogida como residencia por sus interlocutores en forma de afirmación exclamativa contiene, junto con un halago a su buen criterio, un valor perlocutivo de demanda de confirmación, lo que supone una petición de respuesta mucho menos exigente (y, por tanto, menos agresiva) que el recurso a la interrogación directa. Sin embargo, la capacidad del doctor Bernardin para ignorar toda inferencia directa sobre el sentido del discurso que se le dirige frustra el amable intento de la joven, provocando la incomodidad tanto de ésta como de sus anfitriones: « Il y eut un froid. Un froid irrémédiable. La petite n’osait plus parler à l’intrus, elle ne s’adressait désormais qu’à nous, mais elle avait perdu son naturel et son ton allègre. Quant à Juliette et moi, nous étions si crispés que nous parlions d’un air emprunté. Nos sourires sonnaient faux » (id. : 94). 4Hazel no sólo asume sus limitaciones en este sentido, sino que les busca incluso una explicación: « [...] il avait ce courage ou ce culot que je n’avais jamais eu: ne rien répondre [...] Et je l’enviais d’en être capable » (id. : 54). « - La loi ne nous force pas à lui ouvrir la porte. C’est la politesse qui nous y contraint. - Sommes-nous obligés d’être polis ? Elle touchait à nouveau un point sensible. — 104 — convencional, el discurso social resulta ineludible, no sólo por tratarse de un hábito profundamente arraigado, sino porque el silencio resulta hostil entre aquellos que no comparten una íntima confianza. Para llenar el espacio que los separa, protegiendo al mismo tiempo su yo personal, los interlocutores se ven obligados a establecer un canal de contacto y el lenguaje es el recurso socialmente aceptado para ello. El discurso se convierte así en un modo de eludir la irritante conciencia del vacío que separa a seres extraños: « J’étais horrifié. Vite, parler, dire n’importe quoi » (id. : 68). De este modo, el uso puramente fático del lenguaje se convierte en protagonista casi exclusivo de las « conversaciones » mantenidas durante las metódicas visitas que el doctor Bernardin inflige diariamente a sus vecinos. Bien educados, respetuosos de las normas de cortesía e incapaces de sustraerse a ellas , los Hazel se 4 Número 17 2006-07 99-117 - Personne n’est obligé d’être poli. - Alors ? - Le problème, Juliette, ne tient pas à notre devoir, mais à notre pouvoir. - Je ne comprends pas. - Quand on a soixante-cinq années de politesse derrière soi, est-on capable d’en faire fi ? - Avons-nous toujours été polis ? - Le simple fait que tu me poses cette question prouve à quel point nos manières sont enracinées en nous. Nous sommes si polis que notre politesse est devenue inconsciente. On ne lutte pas contre l’inconscient » (id. : 35-36) . 5La tercera visita es especialmente significativa a este respecto, pues Bernardin obliga a su vecino a abrirle la puerta con sus insistentes y violentas llamadas, exige el café que le había sido ofrecido en las ocasiones anteriores y no duda en invadir el espacio más íntimo de la vivienda, el dormitorio conyugal. 6Definido por el lingüista H.P. Grice (1975: 41-58), este principio establece el compromiso de contribuir a la conversación de acuerdo con las expectativas correspondientes a la situación y la finalidad establecidas para el diálogo. De él derivan una serie de reglas particulares, relacionadas con las categorías de cualidad (veracidad), cantidad (concisión), modalidad (claridad) y relación (pertinencia), además de las reglas sociales relacionadas con la cortesía. De la necesidad de asunción de este principio por parte de los interlocutores deriva, precisamente, uno de los elementos fundamentales para la construcción del — 105 — sienten obligados a hablar a su visitante, a pesar de la falta de entusiasmo de su interlocutor, cuya actitud contradice abiertamente las connotaciones que pudiesen derivarse de su nombre (San Bernardino de Siena fue un célebre predicador del siglo XV). Y es que el irritante sentimiento de hostilidad que el doctor genera en sus vecinos nace, precisamente, de su absoluta ignorancia de las reglas básicas de la comunicación social, una ignorancia que, dada su condición de médico, sólo puede ser entendida como voluntaria y que, por tanto, resulta abiertamente agresiva para sus interlocutores. Su actitud viola sistemáticamente no sólo las más elementales normas de la cortesía, al imponer su presencia en el espacio íntimo del hogar ajeno , sino, sobre todo, la norma 5 fundamental que rige los intercambios conversacionales: el principio de cooperación . Ello supone un abierto desafío a su 6 INMACULADA ILLANES ORTEGA Discurso y silencio en Les Catlinaires de Amélie Nothomb sentido en el discurso dialógico: las inferencias conversacionales. Cuando una intervención contradice en apariencia alguna de las reglas de la interacción discursiva, el receptor interpreta que el principio fundamental de cooperación no ha sido violado y que, por tanto, debe inferir una significación distinta de la literal para dicho enunciado. 7Je résolus de me taire aussi. […] Pourtant, au début, j’entrai dans son silence avec confiance. Cela paraissait facile. […] J’essayai de tenir encore, comme un plongeur tente de prolonger une apnée. C’était un séjour terrible que le silence de notre voisin. Mes mains devenaient moites et ma langue sèche. Le pire, c’est que notre hôte semblait incommodé par ma tentative. Il finit par me regarder d’un air outré, comme pour signifier : « Vous êtes bien grossier de ne pas me faire la conversation ! » (id.: 23). — 106 — esforzado anfitrión, que recurrirá, tan obstinada como infructuosamente, a distintas estrategias para conseguir su colaboración discursiva. El empecinado mutismo del doctor Bernardin, sus intervenciones tardías, forzadas y extremadamente breves, obligan a su interlocutor a asumir la responsabilidad del mantenimiento de un intercambio verbal absolutamente necesario para ambos , una 7 tarea nada fácil, dada la resistencia de su oponente, que convierte el diálogo en un auténtico combate en el que ambos miden sus fuerzas: J’étais épuisé comme si je venais de me battre contre le cyclope, pire encore, contre le contraire du cyclope. En effet, ce dernier s’appelait Polyphème, soit « celui qui parle beaucoup ». Affronter un bavard est une épreuve, certes. Mais que faire de celui qui vous envahit pour vous imposer son silence. (id. : 27) Superado el desconcierto inicial, Hazel opta, en primer lugar, por el recurso a la interrogación directa, una modalidad de apertura que exige una intervención de respuesta. Sin embargo, el laconismo de su interlocutor, que responde únicamente « sí » o « no » a las interrogaciones totales y de forma absolutamente breve a las Número 17 2006-07 99-117 8Atónitos y divertidos a un tiempo, los Hazel encuentran un filón temático para la conversación interrogando a su vecino sobre las hortalizas y verduras que consume habitualmente (id. : 26-27). 9Aunque la descripción que el narrador hace de Mme Bernardin es ciertamente exagerada y caricaturesca, fruto de su sorpresa y su irritación, no cabe duda de que la esposa del doctor es un ser física y psíquicamente limitado. — 107 — parciales, dificulta enormemente la articulación de un diálogo fluido y no tarda en agotar las posibilidades de relanzar la conversación, teniendo en cuenta los estrictos límites que la cortesía impone a la interrogación entre extraños . 8 Por otra parte, este laconismo provoca la ampliación de las intervenciones más allá de los enunciados puramente verbales. Ante la escasez de palabras del doctor, su anfitrión concede una mayor importancia a la consideración de todo su lenguaje corporal, ampliando el « habla » a los gestos de su interlocutor, elementos que se convierten en « expresiones » de un pensamiento que se resiste a ser verbalizado. En revanche, le visage de notre hôte n’afficha rien. Au moment où j’avais prononcé ma dernière réplique, j’avais observé ses traits avec attention. Rien. Pas le plus furtif éclair dans son regard. Il ne cilla même pas. Pourtant, il était hors de doute qu’il m’avait entendu. Je dois avouer qu’il m’impressionna. (id. : 53) De este modo, Hazel llega incluso a considerar como posible fuente de sentido los gruñidos y ruidos corporales emitidos por su vecino, así como por su esposa, un ser extraño e informe que parece privado de la inteligencia necesaria para participar en una simple conversación . Sin embargo, esta forma de expresión « animal » 9 resulta poco inteligible, lo que obliga a multiplicar los esfuerzos por mantener la interacción y a realizar constantes hipótesis sobre el posible sentido de estas « intervenciones » : INMACULADA ILLANES ORTEGA Discurso y silencio en Les Catlinaires de Amélie Nothomb 14 La ternura que le inspira su esposa, a la que ha amado desde niña, provoca en él un instinto de protección en el que al amor se une el sentimiento de una cierta superioridad, sobre todo intelectual. A los ojos de Émile, Juliette es « una niña de cabellos blancos » y, por ello, resta validez a sus opiniones, considerando que su inocencia la incapacita para emitir juicios sólidos sobre los demás. — 114 — Por otra parte, las conversaciones de los Hazel sobre sus vecinos ponen progresivamente de manifiesto la distinta valoración que ambos hacen de los mismos elementos, un desacuerdo que el narrador se resiste a asumir, por cuanto supondría una clara fisura en su perfecta unión con su adorada Juliette. De este modo, el deseo de protección de la inocencia de su esposa, de la que se siente responsable , así como de preservar a toda costa la armonía de su 14 relación (amenazada por la irritación que le produce el bondadoso criterio de ella), serán los argumentos con los que justificará su cada vez más evidente esfuerzo por eludir el intercambio de pareceres con ella sobre los Bernardin. 3.3 EL SILENCIO COMO OCULTACIÓN DE INFORMACIÓN Es así como la impuesta presencia del vecino termina por destruir uno de los componentes fundamentales de la armónica convivencia de los Hazel: la complicidad silenciosa existente entre ambos. Les deux mois d’oppression de monsieur Bernardin avaient cassé quelque chose dont j’ignorais la nature et dont je ressentais cependant la destruction avec une acuité douloureuse. Par exemple, si Juliette ne m’aimait pas moins qu’avant, il n’y avait plus entre nous ce climat d’enfance idyllique. Elle ne me faisait plus aucun reproche quant à ma conduite passée et semblait même l’avoir oubliée. Cela ne m’empêchait pas de sentir en elle une tension constante. (id. : 104) Si la confianza mutua y la intimidad compartida hacían innecesarias las palabras en un idílico universo conyugal, la alteración que las visitas del doctor provocan en el espíritu del narrador termina por crear en éste un espacio íntimo del que su Número 17 2006-07 99-117 — 115 — esposa quedará excluida. Considerando que su bondad natural incapacita a Juliette para comprender el mal y, por tanto, para realizar un análisis lógico riguroso sobre la situación, e incluso para aceptar las conclusiones derivadas del mismo, Émile decide abordar esta tarea en solitario, amparado en el silencio de sus largos insomnios. Su erudición filosófica y filológica le servirán como herramientas para articular todo un sistema hipotético-deductivo con el que tratará de comprender y explicar las actitudes de su vecino, cuyos resultados no compartirá con su mujer. De este modo, el silencio se convierte definitivamente en la trampa que atrapa a Hazel. Su renuncia a comunicar sus pensamientos lo dejará a solas consigo mismo y favorecerá el desarrollo de un proceso de introspección que tendrá inesperadas consecuencias. 4 De la reflexión sobre el sentido a la transformación del yo El nuevo espacio creado por el silencio será, pues, el del discurso interior. Empujado por unos acontecimientos externos que lo sitúan en una posición hasta entonces desconocida, el narrador descubre que sus esfuerzos por comprender al otro le obligan también a tratar de comprenderse a sí mismo: L’avantage des nuisances est qu’elles poussent les individus jusque dans leurs derniers retranchements. Moi qui n’avais jamais pratiqué l’introspection, je me surpris à explorer mes tréfonds comme si j’espérais y trouver une force encore inexploitée. (id. : 56) La búsqueda del sentido, surgida inicialmente de la falta de cooperación conversacional, irá adquiriendo mayores dimensiones conforme avanza el relato, hasta transformar completamente al individuo. El desarrollo de estrategias para garantizar una mínima interacción conversacional y el recurso a las inferencias para obtener el valor ilocutivo de las breves intervenciones de su interlocutor conducirán, como hemos visto, al narrador a un estado INMACULADA ILLANES ORTEGA Discurso y silencio en Les Catlinaires de Amélie Nothomb — 116 — de alteración nerviosa que convertirá en una auténtica obsesión el deseo de hallar una explicación (y una salida) a tan insostenible situación. Inspirado por su formación filológica, Hazel toma conciencia de enfrentarse a un problema de vastas dimensiones, que no puede sino asumir, con cierta ironía, como un dictado de su destino: «monsieur Bernardin était l’emmerdeur mythologique [et] c’était à moi, philologue, qu’il revenait de rencontrer une nouvelle figure archétypale » (id. : 86-8). Una vez aceptado el desafío de afrontar esta prueba del destino, el profesor pondrá toda su energía en desentrañar el sentido de los mensajes codificados de su oponente. A través de la observación y de la aplicación de la lógica deductiva a los datos obtenidos de ella, articulará toda una serie de hipótesis que someterá sistemáticamente a verificación antes de sustentar sobre ellas nuevas inferencias. Sin embargo, la falta de colaboración del objeto de su análisis y la ausencia de contraste de sus valoraciones (al ocultárselas a su esposa) le llevarán a construir la argumentación sobre sus propios criterios, eliminando así la posibilidad de interferencias que pudieran conducirla por nuevos caminos. Es así como la irritante conducta del maleducado visitante termina por encontrar una justificación y convertirse en el grito desesperado de quien necesita angustiosamente escapar de una existencia vacía. Ante la incapacidad de su vecino para captar el mensaje, el doctor intentará infructuosamente quitarse la vida. Tras comprender su error al haberlo salvado, aquél le ofrecerá su colaboración y terminará por ejecutar él mismo a quien le ha convertido de víctima en libertador. Éste es, en resumen, el itinerario seguido por el narrador en su reflexión, detallada en un discurso que se pretende sólidamente justificado en su argumentación (no faltan los comentarios y referencias de orgulloso intelectual), pero que, como señalábamos anteriormente, se encuentra viciado por la falta de perspectiva externa. Así, Hazel « interpreta » los silencios de su vecino como confirmación de sus propias hipótesis (aplicando, un tanto interesadamente, el principio de que « quien calla, otorga ») hasta Número 17 2006-07 99-117 — 117 — llegar al convencimiento de que, al asesinar a su vecino, no hace sino cumplir la voluntad de éste, enmendar finalmente los errores a los que le había llevado anteriormente su falta de comprensión y satisfacer, además, el deseo de su esposa de liberar a la desgraciada señora Bernardin de su « verdugo ». El tan esforzadamente buscado sentido es, finalmente, hallado, aunque, más que de una explicación, se trate de una autojustificación. Porque, sirviéndose del silencio como arma, el Mal ha terminado por imponerse, transformando al individuo de pusilánime, correcto e inofensivo intelectual en asesino convencido de lo correcto de su acto. Es el silencio el que ha conducido inexorablemente a Hazel de la palabra, a la que ha dedicado los sesenta y cinco años de su vida, a la acción, descubriéndole facetas insospechadas de su personalidad hasta situarlo frente a un yo nuevo, desconocido, que intentará en vano comprender a través, de nuevo, del recurso al discurso: su relato tendrá así un valor terapéutico (al no compartir sus pensamientos con su esposa, lo hace con un desconocido lector), redentor (más que de una confesión se trata de una auto-justificación) y quizá también ejemplar, ya que el narrador concede a su experiencia un valor mítico, arquetipal. Con ello, el viejo profesor de letras clásicas se sentirá finalmente incorporado, en cierta medida, al universo literario al que ha estado ligado toda su vida, por vocación y por profesión. BIBLIOGRAFÍA GRICE, H.P. (1975): « Logic and conversation », Syntax and Semantics, vol. II, Speech Acts, Academic Press Inc., 41-58. NOTHOMB, Amélie (1995): Les Catilinaires, Paris: Albin Michel («Livre de Poche», 2003).