EL PAPEL
DE
ANDRÉS
DE
ALMANSA
Y
MENDOZA
EN LA POLÉMICA GONGORINA
Ma JOSÉ OSUNA CABEZAS
Uni e sidad de Se illa
Cuando allá po 1613 se di undie on de o ma manusc i a los poemas mayo es de Góngo a, el
Poli emo y las Soledades, en los cí culos mad ileños se o iginó al e uelo que se puede a i ma
que el mundo li e a io se di idió en dos: aquéllos que admi aban a Góngo a y su a e y aquéllos
que lanzaban c í icas u ibundas con a el au o y sus e sos. Uno de esos admi ado es de Gón-
go a ue And és de Almansa y Mendoza, que decidió acompaña las ob as del co dobés con sus
Ad e encias pa a in eligencia de las Soledades, con las que quiso sali «al campo a de ende un
o ellino de pa ece es y obje os (si se les puede da es e nomb e) que la en ole a de algunos
con í ulo de doc os, cu iosos y alien es ingenios an le an ado con a las Soledades».1
Es as Ad e encias son impo an es en un doble sen ido: en p ime luga po se el p ime
comen a io que se hizo de la ob a del co dobés y en segundo luga po el e uelo que o igina-
on, sob e odo, al es a esc i as po uno de los pe sonajes acaso más cu ioso, además de más
discu ido, de la polémica gongo ina, y con el que c eemos que pa e de la c í ica ha come ido
algunas injus icias, al educi lo a un simple «co e eidile» e incluso culpable de que se a aca an
an du amen e las ob as de Góngo a.
Un b e e eco ido po las opiniones que se e ie on en la época en con a de Almansa -el
nomb e de es e pe sonaje es casi omnip esen e en odos los ex os de los p ime os momen os de
la polémica- y que la c í ica pos e io ha acep ado sin palia i os, nos ilus a á al espec o.
Sin duda, los a aques más du os hacia es e pe sonaje inie on de la mano del au o de a ias
ca as con a Góngo a, a ibuidas gene almen e a Lope de Vega. Y así en Ca a de un amigo de
D.
Luis de Góngo a, que le esc ibió ace ca de sus
«Soledades"
podemos lee pá a os como és os:
Vn quade no de e sos desiguales y consonancias e á icas se ha apa ecido en es a co e con nomb e
de Soledades, compues as po uesa me ced, y And és de Mendoza se ha señalado en espa ci copias
del.
Y no sé si po p e endien e de esc iui g acioso, o po o o sec e o in luxo, se in i ula hijo de uesa
me ced, haziéndose an seño de su co espondencia, y de la decla ación y publicación des a poesía,
que po es o y po se ella de al calidad, jus amen e es án dudosos algunos de o os de ues a me ced
de que sea suya.
[...]
Haga uesa me ced lo possible po ecoxe es os papeles, como lo an haziendo sus a icionados an o po
emenda la opinión de uesa me ced como compadecidos del juicio de Mendoca. Y sob e es o enca go
a uesa me ced la conciencia, pues pa eciéndome que si ue a uesa me ced y que él adquie e amoso
enomb e, haze lo possible po pe suadi que en iende lo que uesa me ced, si lo esc iuió, ue pa a
1 Ci amos po la ed. de Emilio O ozco en En o no a las
•Soledades'
de
Góngo a:
Ensayos,
es udios
y edición de
ex os c í icos de la época
e e en es
al poema, G anada, Uni e sidad de G anada, 1969, págs. 197-204, pág. 198.
Ac as del VII Cong eso de la AISO, 2006, 489-494
AISO. Ac as VII (2005). M.ª José OSUNA CABEZAS. El papel de And és de Almansa y ...
490 Ma
JOSÉ OSUNA CABEZAS
que
él se
desuanecie a,
y lo a
es ando an o,
que ha
esc i o
y
po ía
en
ello
muy
copiosos co ola ios
de
su
cano a
y
es o gada p osa, diziendo
que
disculpa
y
explica
a
uesa me ced: mi e
en qué
pa a á
quien ae es o
en la
caueca,
y n
ayuno quo idiano
en el
es ómago.2
Las c í icas con a Almansa con inua án. P ác icamen e se hace un e a o de él en Ca a que
se esc ibió echadiza a don Luis de Góngo a:
Llegó
a mis
manos
una
ca a
de
Vues a Me ced
en que
esc ibe
al
seño Mendoza amilia men e [...].
Si bien imagino
yo que
ues a me ced
no le
esc ibe
po
amo ,
ni po
jus a co espondencia, sino
po que
le ha
pa ecido
que
como
el al
Mendoza
es el
Pa anin o
de los
p edicado es,
el que
due me
con
sus celdas
y
lle a
las
cédulas
a los
pulpi os,
el que
anda
en los
coches
con los
seño es, conoce odas
las damas,
oye
odas
las
comedias en e
los
poe as,
es
cuali icado
de los
se mones, consul o
de los
sone os, embajado
de la
Seño ía
de la
disc eción
en
es a Co e, agen e
de la
Pue a
de
Guadalaja a,
y Me cu io
de las
nue as
y
sá i as des e Reino,
se
conse a á mejo
la
opinión
de
disc e o dando
a
en ende
que
aquella p osa pa a Mendoza
no es
cuidado,
y que con una
ca a
de
es as odos es án
en admi ación, mayo men e
los que
me ecen
sus
besamanos
de
Vues a Me ced
con
queda pa a
con
los o os g aduados
de
impe ios,
a
quien Vues a Me ced llama pa ocinado es, cosa
muy
igual
al que
me eció
la
ca a.3
La igu a de Almansa ambién apa ece á en las ca as de Lope di igidas al duque de Sessa, en
la que nues o pe sonaje ampoco sale bien pa ado. En una de ellas, en iada desde Toledo cuando
Lope ue a o dena se sace do e, se hace una mención explíci a a Almansa:
En Zocodo e
me
asió
la
mano Mendoza; pensé
que me la
que ía mo de
y
cub íla
con el
man eo;
no
quie o
yo
deci
en
es o
que es
pe o, sino
que lo es de
odas bodas, pues
se
halla has a
en las de los
quemados; huélgome
que no
end á
que
esc ibi
de mí en
es e magos o, como dijo
el
Conde
de
Lemos
iejo;
ya me
pa ece
que
oigo
su
elación
en la
p osa diabólica
con que le
iene engañado
el
co dobés
su pad e.4
Es as mues as dejan cons ancia de la conside ación que se enía de Almansa en el cí culo
de los asiduos a la co e. Po eso no ex aña que la c í ica pos e io le asigna a el papel de un
simple co e eidile y le a ibuye a la conside ación de un se poco digno de ap ecio. Así, lejos
de eplan ea se lo que e dade amen e signi icó es e pe sonaje en el con ex o de la polémica
gongo ina, no se hizo más que echa leña al uego. De es e modo, A igas incluso iden i ica a
Almansa con el e a o que se hace de un desconocido po pa e de Suá ez de Figue oa en el
ali io IV de su Pasage o-?
No
es an
eloz
el
ayo como
sus
pies pa a
da con
lige ísima ocasión
una
uel a
al
mundo.
[...] Si le
u ié ades
po
amigo, pudié ades
a
ojos ce ados ocupa
el
pulpi o,
y aun
es oy
po
deci osa p edica
sin medi ación, casi
de
epen e. Subie a ues o nomb e
a las
nubes, exage a a pomposamen e ues as
le as,
y
espa cie a ues as alabanzas
con an
esonan es hipé boles
y
enca ecimien os,
que no
hicie an
an a ope ación
si
odas
las
hojas
de los
á boles ue an lenguas;
si
odas
las
a enas
del ma
ue an oces.
Igno a o almen e
los
p ime os udimen os la inos;
mas
encomienda
a la
memo ia
con an
g ande
pun-
ualidad
las
au o idades
de
Esc i u a
y
E angelios,
que
deja asomb ados
la
p ime a
ez que le
oyen
a
los
más
en endidos, juzgándole
po
es emo e udi o
en
le as humanas.
Su
p osa
es
edundan e
y
hueca.
[...]. Válese
de
exquisi as palab as: condensa , e ocede , equipa a , asun o
y
o as
así.
Huye cuan o
puede
los
é minos humildes, siguiendo cie a a ec ación os en a i a. En e
el
ulgo ado nado
de
neg o
se usu pa con e sando
la
p esidencia,
sin
sol a apenas
un
pun o
la
pelo a
de la
mano. Opina ácilmen e,
ni deja cosa indecisa,
con la
co apisa
a
cada paso
de a mi e
[...].
Fue
sac is án
de
monjas,
y no
sólo
se esme ó
en el
cuidado
que
pide semejan e ocupación, sino
que
pasó
al de
en ende
el
can o llano,
al
de o icia
una
misa, colga
una
iglesia
y
ene
con
pa icula aseo
sus
o namen os. Tu o ambién en ada
2 Ci amos
po la ed. de
An onio Ca ei a,
«La
con o e sia
en
o no
a las
Soledades:
Un
pa ece desconocido,
y edición c í ica
de las
p ime as ca as»,
en
Gongo emas, Ba celona, Península,
1998,
págs. 250-53, págs.
250 y
251-52.
3 Ci amos
po la ed. de
O ozco,
Lope
y
Góngo a
en e a en e, Mad id, G edos,
1973,
págs. 263-66,
pág. 263.
4 «Ca a
al
Duque
de
Sessa», echada
en
Toledo,
a 8-9 de
mayo
de
1615,
en
Lope
de
Vega, Ca as,
ed. de
Nicolás
Ma ín, Mad id, Cas alia,
1985,
págs. 137-39, págs. 138-39.
5 Véase Miguel A igas, Don Luis
de
Góngo a
y
A go e:
Biog a ía
y
es udio c í ico, Mad id, Tipog a ía
de la
Re is a
de A chi os,
1925,
págs. 132-34.
AISO. Ac as VII (2005). M.ª José OSUNA CABEZAS. El papel de And és de Almansa y ...
El papel de And és de Almansa y Mendoza en la polémica gongo ina 491
en Palacio; mas pe se e ó poco en él, nau agio que a ibuye al igo de la en idia. Ha ecuen ado cá -
celes has a se comba ido de los miedos que in unde la impu ación de una mue e. Felicísimo mil eces
el poe a que le enca ga e sus imas, aunque en o ma de pede nales; que ue a de la p on a ex ensión
po in ini as manos, end á en él, si no undada de ensa in elec ual, po lo menos, ma e ial escudo pa a
ence a odos con mayo esis encia de oces. En suma, él es de co eza singula ísima, y de na u al,
que si le empla a la p udencia, aún ue a más amoso. Sob e odo, iene a se an in eliz, que, habiendo
a ado en e o o, mue e casi de pob eza, debiéndose a su b iosa pe ulancia no enue soco o pa a el
común sus en o, ya que me ecen pa icipa los o iciosos mé i os del igueño de la o aleza de Cipión,
de la bene olencia de Pompeyo y de la o una de Césa .6
Aho a bien, si Almansa e a un ipo an poco digno de conside ación, ¿po qué con ió Góngo a
a él sus g andes poemas, su ob a maes a? O ozco piensa que la elección de Góngo a ue de lo
más ace ada pa a sus p opósi os: que oda la co e conocie a sus poemas. Sabía quién e a Almansa
y pa a qué se ía. Eso explica ía que pos e io men e ambién le con ia a la di usión de su Ca a
en espues a de la que le esc ibie on. Aunque la eo ía de O ozco es bas an e e osímil, c eemos
que Góngo a no le b inda ía su amis ad y su con ianza a alguien así, al que incluso no duda en
de ende -en la ca a ci ada an e io men e- cuando odos se ceban con a él.
Además, con mucha apidez se ha ol idado que es e And és de Almansa y Mendoza, además
de se al ez odo lo que de él se dice, es au o de nume osas elaciones y ca as que ue on
publicadas en la Colección de lib os a os o cu iosos1 y que han sido nue amen e edi adas en
2001 po los p o eso es Hen y E inghausen y Manuel Bo ego. En el p ólogo a la ecopilación,
los edi o es nos dan una imagen de Almansa bien dis in a de la que hemos enido iendo has a
aho a;
Si hay un pe sonaje con un p o agonismo indiscu ible en el siglo XVII po su papel en la his o ia de
la p imi i a p ensa española, es And és de Almansa y Mendoza. Así lo dejó a es iguado hace más
de un siglo la publicación de una se ie de ca as nume adas apa ecidas en e 1621 y 1624 que se le
ha enido a ibuyendo. Nues as p opias pesquisas no han hecho más que con i ma que es el más
impo an e pe iodis a conocido de los p ime os años del einado de Felipe IV, siemp e que po «pe-
iodismo- en endamos una p ensa que oda ía no ha alcanzado una e dade a egula idad, ni mucho
menos una egula idad pe iódica y que en ocasiones se di ulga oda ía de mane a manusc i a, como
ocu e con la p ime a de las elaciones almansianas, de la cual no se conoce oda ía ninguna edición
imp esa.8
Ya en 1892 el ma qués de la Fuensan a del Valle -Feliciano Ramí ez de A ellano- en su ob a
La his o ia del pe iodismo polí ico p oclamaba a Almansa como uno de los undado es del pe io-
dismo en pleno Siglo de O o y no duda en compa a su ac i idad con la de Bu e en Ingla e a
en 1662 y la de Renaudo en F ancia en
1631.9
Así que nues o pe sonaje pasa de se un ecuen ado de coches de seño es, un bocazas,
un pe o que asis e incluso a las bodas de los quemados a se el pe iodis a más impo an e de
los p ime os años del einado de Felipe IV. El cambio es an abismal, que pa ecie a que es amos
hablando de pe sonas dis in as.
De odo es o su ge una p egun a: si Almansa e a un gace ille o has a cie o pun o impo an e
en su época -aunque el e dade o econocimien o de su labo ha enido que espe a más de es
siglos-, ¿po qué se ceba on en él sus con empo áneos, en especial Lope y en meno medida
Que edo? Pueden con lui a ias azones. En p ime luga , hay que pe ca a se de que los ex os
6 C is óbal Suá ez de Figue oa, El
pasaje o,
ed. de Ma Isabel López Bascuñana, 2 ols., Ba celona, P omociones
y Publicaciones Uni e si a ias, 1988, ol. I, págs. 305-07.
1 Ca as de And és de Almansa y Mendoza: No edades de es a
Co e
y a isos
ecibidos
de
o as
pa es: 1621-1626,
Mad id, Miguel Gines a, 1886.
8 And és de Almansa y Mendoza, Ob a pe iodís ica, ed. de Hen y E inghausen y Manuel Bo ego, Mad id,
Cas alia, 2001, pág. 12.
9 Discu so leído an e la Real Academia de Ciencias
Mo ales
y
Polí icas
en la
ecepción
pública... el domingo 24
de ab il de 1892, Mad id, [s. nj, Imp. de Ra ael Ma co y Viñas, 1982.
AISO. Ac as VII (2005). M.ª José OSUNA CABEZAS. El papel de And és de Almansa y ...
492 Ma JOSÉ OSUNA CABEZAS
donde apa ecen las ci adas c í icas a Almansa se inse an en los p ime os momen os de la polémica
gongo ina, donde oma la pluma sa í ica ue algo ecuen e. En segundo luga , hay que ene
en cuen a que los enemigos de Góngo a buscaban desac edi a lo de odas las mane as posibles;
Góngo a les esul a ía una diana más di ícil pe o Almansa e a un blanco pe ec o. Además, y a
pesa de los pocos da os biog á icos que enemos de Almansa, pa ece se que pe enecía a una
clase social baja ( eco demos que, en e o as cosas, Lope dice que hay que ene cuidado con
«quien ae n ayuno quo idiano en el es ómago») e incluso se le acusó de se neg o o mula o.
Así Que edo, en una ca a di igida al ma qués de Velada, se e ie e a él de la siguien e mane a:
«Mendoza el neg o en duda y mula o de con ado» y el ma qués le esponde «And és, aquel ano-
checido de os o, an Mendoza po línea cu a como mula o po línea ec a».10 De odas o mas,
como señala Manuel Bo ego, esul a di ícil sabe «si se ía descendien e de alguna de las nume osas
amilias de escla os dedicados a la a esanía que habían conseguido comp a su libe ad en ie as
andaluzas o si e a el u o de los esca ceos amo osos de algún Mendoza, como pod ía suge i lo
la indicación del ma qués de Velada, Mendoza po línea cu a-'.11 Según es o, a los enemigos de
Góngo a les escandaliza ía que hubie a dado su con ianza a un pe sonaje que no enía ca ego ía
social pa a a a emas, an ele ados. Po o a pa e, en la an ipa ía que sen ía Que edo hacia
Almansa pudo in lui que los dos se dispu a an la exclusi a del ela o de las incidencias del iaje
de Felipe IV po Andalucía, como pa ece desp ende se de la ca a del ma qués de Velada cuando
dice que Almansa «ha en iado aquí quejas de que uesa me ced esc ibe las nue as sin licencia.
Po amo de Dios, se aya a la mano».12
Almansa ambién ue un blanco segu o po su se ilismo. A lo la go de oda su ida in en ó
g anjea se el a o de odos los pode osos (él mismo decía que «los pob es de nadie somos deudos:
deudo es de odo, sí»), de ahí que dedica a sus ex os al duque de Sessa, al duque de Le ma, al
conde-duque de Oli a es, al duque de Béja , al duque de Medinasidonia, e c., sin ol ida ampoco
a las damas más ilus es como, po ejemplo, doña Vi o ia Colona, duquesa de Medina de Rioseco
y doña Ca alina de Zúñiga y Sando al. Sin emba go, pa ece se que nunca consiguió que ninguno
lo a o ecie a, cosa de la que se queja en nume osas ocasiones en sus ca as. Aho a bien, ¿quién
en esa época no in en ó consegui el a o de los pode osos? ¿acaso Lope no dio las mayo es
mues as de se ilismo con el duque de Sessa pa a ocupa el pues o de c onis a de la co e?
Hay un e ce mo i o que aducen los p o eso es E inghausen y Bo ego: puede se que Almansa
además de dedica se a la di usión de no icias, ambién di undie a ob as alsas con nomb es conocidos
como Lope o Que edo, asegu ando un mayo éxi o pa a las mismas y lógicamen e pe judicando
la epu ación de esos au o es. Los es imonios de malhumo que despe aban en Lope los ciegos,
elacione os y mula os dedicados a ales menes e es son e iden es en el memo ial descubie o y
publicado po Ma ía C uz Ga cía de En e ía.13
10 F ancisco de Que edo,
Epis ola io
comple o de D. F ancisco de
Que edo-Villegas,
ed. de Luis As ana Ma ín,
Mad id, Ins i u o Edi o ial Reus, 1946, págs. 117 y 121.
11 «El pe iodismo de And és de Almansa y Mendoza: apun es biog á icos», en Las elaciones de
sucesos
en España
(1500-1750): Ac as del P ime
Coloquio
In e nacional, Alcalá de Hena es, Publica ions de la So bonne y Se icio de
Publicaciones de la Uni e sidad de Alcalá, 1996, págs. 9-18, pág. 13.
12
Epis ola io
comple o,
ed. As ana Ma ín (1946), pág. 121.
13 Ex aemos algunos agmen os donde se pone de mani ies o lo que enimos diciendo: «Mandado es á, que
algunos homb es que inquie an al ulgo, as idian la nobleza, deslus an la policía, in aman las le as, y desac edi an
la nación española, no p egonen po las calles Relaciones, Coplas y o os géne os de e sos: pe o su desobediencia
y ida agabunda, les ha dado a euimien o a p osegui en es e o icio [...]. De su pa e ad ie e la piedad Ch is iana
y el gouie no ciuil, que son ciegos y pob es ( no de los es es ados en que diuidio las ciudades el Filoso o) pe o
es o es engaño, pues po algunos que no la engan, ay in ini os con is a, homb es sanos, mula os y agabundos
[...]. Es cosa digna de cas igo y de emedio e los sucesos que buscan, las T agedias que ab ican, las ábulas que
inuen an, de homb es que en las ciudades de España ue gan sus hijas, ma an sus mad es, hablan con el demonio,
niegan la Fe, dizeh blas emias, y a i man que los cas iga on en al pa e, donde nunca se io ni oyó al cosa. Y
o as ezes ingen milag os, y que la Vi gen nues a Seño a baxa del cielo, con e sos an desa inados, palab as
an indecen es y men i as an descubie as [...]. Sin es o la libe ad con que a los ojos de los que nunca ie on ales
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El
papel de And és de Almansa y
Mendoza
en la
polémica gongo ina
493
Puede se que Almansa pe enecie a a ese g upo que ei e adamen e c i ica Lope, po que
eco demos que en el p ime agmen o que ep odujimos se ponía en duda que el poema pe -
enecie a a Góngo a p ecisamen e po es a di undido po Almansa. Y Que edo ambién pa ece
inclui lo en es e g upo al hace e e encia a su cualidad de neg o o mula o, ya que e a una ac-
i idad ecuen ada po ellos.
En cualquie caso, es e iden e que Almansa no gozaba del ap ecio de sus con empo áneos
y que a lo la go de los siglos su imagen no ha hecho más que i empeo ándose, has a el pun o
de que en 1930 He e o Ga cía lo hizo poco menos que el culpable de odo. Cuando es e in-
es igado esc ibe su lib o Es imaciones li e a ias del siglo XVII no imaginó la dimensión de la
polémica que o igina on las Soledades, ya que se desconocía g an pa e del co pus que in eg a
la misma. Y, a pesa de que A igas había dado no icias del es imonio de Ped o de Valencia,
conside a que la p ime a censu a a la ob a del co dobés enía de la mano de Juan de Jáu egui
en su An ído o. Es o le hace expone el siguien e plan eamien o, en el que no esca ima culpas
pa a Mendoza:
An es del a aque de Jáu egui, es Góngo a, azuzado po las absu das especies que le en iaba Mendoza
desde la co e, el que nos pin a a sus e oces enemigos. Góngo a come ió el e o de no imp imi
sus e sos con odo el peso de su nomb e en la po ada, en ez de en ia los en ca apacio a un ipo
desp es igiado y moles o [...] El egodeo especial de es e en eme ido ue du an e odo es e lapso de
iempo indispone a oda la Co e con don Luis, me iendo los poemas po los ojos a odo el que podía
e en ellos ocasión de moles ia.14
Es e mo i o, según He e o Ga cía, ue el que inci ó a Góngo a a pone se u ioso y a eme e
con a odo y con a odos. No e a cues ión de es ilos ni oscu idades, sino de encillas pe sonales.
En es e sen ido ecue da agmen os en los que Lope se e ie e a ello, como los que apa ecen en
la Ca a echadiza:
Si alguna causa dio p ime o mo imien o a los que en es e y en o os luga es se han a e ido al
inaccesible ingenio de V.m., ya en el Poli emo, ya en las Soledades, ue sólo el habe los iado de
Mendoza [...]. Si V.m. le en ia a [los poemas] a D. Juan de Jáu egui, mejo supie a de ende los que los
o endió.15
Cuando O ozco es udia y edi a el ex o de Almansa en la década de 1960 man iene p ác ica-
men e la misma pos u a que He e o Ga cía: «Las Ad e encias que gus a on a don Luis moles a on
a los ad e sa ios y le aumen ó el núme o de los enemigos [...] segu amen e Lope y Jáu egui -y,
en pa e, Que edo- hubie an man enido o a ac i ud de no in e eni Almansa y Mendoza con
su esc i o».16
Puede se e dad que las Ad e encias ue an el de onan e de una polémica epis ola en e
el cí culo de Lope y Góngo a y que ambién anima an a Jáu egui a esc ibi su An ído o, pe o de
odos modos y sin p e ende hace u u ibles, es di ícil imagina que sin es as Ad e encias odo
hubie a sido a o able pa a Góngo a. Tal ez las eacciones hubie an sido de índole dis in a pe o
papeles, imp imen y p egonan que aquello lo compuso Alonso de Ledesma, Liñan de Riaza, Bal asa de Medinilla,
Lope de Vega, y o as pe sonas conocidas po sus lib os y es udios en es e géne o, con g an daño de su opinión y
aun de su ida, imp imiendo sa y as con a las ciudades, y a las pe sonas que se pueden conoce po los í ulos, o icios
y sucesos» (JVP C uz Ga cía de En e ia, Sociedad y poesía de co del en el ba oco, Mad id, Tau us, 1973, págs. 88-89).
Y las mismas c i icas apa ece án ambién en algunas ob as de ea o. Valga como ejemplo el siguien e agmen o en
el que habla el pe sonaje de Rod igo: «No sé cómo se consien e / que mil inben adas cosas / po yno an es se
bendan / po los ciegos que las oman. / Allí se cuen an milag os, / ma i ios, mue es, deson as, / que no han
passado en el mundo, / y al in se ende y se comp a. / Pues, ¿qué, si oman el nomb e, / pa a que sean amosas,
/ de algún omb e conocido?» (Lope de Vega, San iago el Ve de, comedia de 1615, ci ado po A hu L.-F. Askins y
Víc o In an es en su Nue o dicciona io bibliog á ico de pliegos suel os
poé icos:
Siglo
XVII,
Mad id, Cas alia, 1997,
pág. 91).
14 Miguel He e o Ga cía, Es imaciones li e a ias del siglo
XVII,
Mad id, Volun ad, 1930, págs.
210-11.
15 Ci amos po la ed. de O ozco (1973), pág. 264.
16 O ozco (1969), pág. 187.
AISO. Ac as VII (2005). M.ª José OSUNA CABEZAS. El papel de And és de Almansa y ...
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las hab ía habido de igual mane a. Góngo a con aba quizá con demasiados enemigos y había
p esen ado un poema demasiado no edoso pa a su iempo. Ésa ue su única culpa y a la ez su
mayo g andeza.
Sea como ue e, a la conclusión a la que que emos llega con lo dicho es que la c í ica gon-
go ina iene que eplan ea se la igu a de Almansa y deja de educi la a un simple co e eidile y,
si lo ue a, hace lo con ma izaciones. Cons e, pues, un in en o de ei indicación de es e gace ille o,
que omó la a dua, di ícil y desigual emp esa de de ende las Soledades gongo inas.
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