Fernando Savater frente a la actualidad: ¿prohibido prohibir? O acerca de la despenalización frente al Estado clínico
Abstract
Este artículo pretende esbozar un análisis aproximativo sobre uno de los rasgos menos divulgados del pensamiento de Fernando Savater: el polémico asunto de la despenalización de prácticas personales como el consumo de drogas y las prácticas del aborto, la
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Fernando Savater frente a la actualidad: ¿prohibido prohibir? O acerca de la despenalización frente al Estado clínico Israel José Pérez Calleja | Universidad de Castilla-La Mancha Se le reprocha a Savater, en cierto momento, no estar a la altura de los que son rebeldes, producto quizá de que la madurez lo trastoca todo; se le acusa de haber traicionado a Cioran y Nietzsche, «filósofos del dolor» (y yo que creía que el uno era humorista negro y el otro pensador de la risa), sumado a cierta proclividad a lo edificante. No está mal, teniendo en cuenta la cantidad de improperios que las buenas conciencias le brindan cuando reflexiona sobre la droga, el militarismo, la sexualidad, el Estado clínico, etc. (H. Subirats, Fernando Savater). Resumen: Este artículo pretende esbozar un análisis aproximativo sobre uno de los rasgos menos divulgados del pensamiento de Fernando Savater: el polémico asunto de la despenalización de prácticas personales como el consumo de drogas y las prácticas del aborto, la eutanasia y la clonación, dotadas aquéllas de una indudable y delicada dimensión ética. De esta manera, en el presente escrito trazaremos, de la mano del filósofo vasco, un estado general de la cuestión, así como las razones que sustentan su posición, en la mayoría de los casos muy favorable y en otros condicionada, acerca de la necesidad de legalizar unas conductas que, independientemente de la actual legislación prohibicionista, se vienen sucediendo en la clandestinidad con funestas consecuencias; todo lo cual articulado en torno a una cuestión capital que gravita permanentemente en la tesis propuesta por el autor: la crítica del Estado Clínico o Terapéutico como fatal institución intervencionista que, desde el ámbito de la salud, constriñe la autonomía y libertad del individuo, esfera personal en la que el pensador sitúa este tipo de decisiones individuales. Palabras clave: Despenalización, izquierdismo, moral, droga, aborto, eutanasia, clonación, Estado Clínico, salud, autonomía. Abstract: This article intends to outline an approximate analysis on one of the characteristics less divulged of the thought of Fernando Savater: the controversial matter of the legalization of personal practices as the drug use and the practices of the abortion, the euthanasia and the cloning, gifted those of a doubtless and delicate ethic dimension. In this manner, in the present writing, we will draw, from the hand of the Basque philosopher, a general situation of the question, as well as the reasons that support their position, in most
E cases very favourable and in other conditioned, about the need to legalize some conducts that, independently of the present prohibitionist legislation, are happening in the secrecy with very bad consequences; all which articulated around a capital question that gravitates permanently in the proposed thesis by the author: the criticism of the Clinical or Therapeutic State as fatal interventionist institution that, from the environment of health, restricts the autonomy and the liberty of the individual, personal sphere in which the thinker situates this type of individual decisions. Keywords: Legalization, leftism, moral, drug, abortion, euthanasia, cloning, Clinical State, health, autonomy. Algunas consideraciones preliminares n el presente artículo se tratará de esbozar una panorámica general acerca de una serie de contenidos escasamente transitados por estudiosos, lectores y crítica de la obra de Fernando Savater, los cuales, ya sea por la nimia profusión del propio autor en lo que concierne a la temática general en estas páginas desarrollada, o bien por la inexistencia de estudios rigurosos al respecto, pudieran resultar tan desconocidos para el gran público como muy atractivos por mor de su actual trascendencia social. En los siguientes apartados de este escrito de carácter aproximativo se procederá, por tanto, a examinar las polémicas ideas de este filósofo sobre la conveniencia de despenalizar una serie de prácticas personales, como son el consumo de drogas, la interrupción voluntaria del embarazo o aborto, la eutanasia o suicidio inducido y auxiliado, y manipulaciones genéticas como la clonación; todo ello tamizado en el capítulo conclusivo por esa entidad intervencionista que ha hecho bandera del prohibicionismo y a la que convencionalmente se la denomina Estado Clínico. Y es que característica de Fernando Savater, ponderada por los mejores conocedores de su obra [1] , es la de ser un intelectual en el más amplio sentido del término, comprometido de manera nada escapista con aquellas problemáticas más candentes que afectan de uno u otro modo al acontecer diario que le circunda, tal y como podrá comprobarse a continuación. Si bien las problemáticas analizadas en este artículo gozan hoy día per se de una inusitada atención, no ha sido precisamente la producción escrita que Fernando Savater sobre las mismas la causa última de su nombradía, ni de su consolidación como figura clave del pensamiento contemporáneo occidental y latinoamericano, sino que aquélla se debe más bien a sus ensayos sobre dos disciplinas, tan concomitantes y alejadas a un mismo tiempo, como son la ética y la política. Así, las publicaciones de orden ético de Savater han gozado de una gran aceptación, a partir de una propuesta
moral ateísta y laica basada en unos fundamentos individualistas compatibles con la correcta convivencia común, y han corrido en paralelo con la construcción racional de un discurso político de acusadas raíces progresistas, eminentemente democrático y participativo, en el que su tenaz resistencia cívica frente a la amenaza nacionalista [2] le ha granjeado, por un lado y muy a su pesar, un reconocimiento ampliamente compartido y, por otro lado, enemistades muy próximas a la inquina personal. Precisamente, en aquello que tiene que ver con la parte política de su obra compatible también con sus tesis éticashabría que situar una de las líneas transversales de su planteamiento sobre la idoneidad de despenalizar, por citar el ejemplo más paradigmático y extensamente tratado en páginas sucesivas, el consumo de estupefacientes: nos estamos refiriendo al distanciamiento ideológico entre los actuales representantes del progresismo político y un autor como Fernando Savater, confeso de un proyecto político verdaderamente izquierdista, que, tras la connivencia de nacionalismo radical e izquierdismo en el País Vasco [3] , también ha visto, defraudado, cómo el progresismo izquierdista de hoy en día se ve incapacitado para articular una solución a ese conjunto de problemáticas político-sociales con un trasfondo eminentemente ético, que la sociedad viene planteando sin ser escuchada. Al hilo de lo anterior, no cabe sino lamentar que las reflexiones de Savater sobre tales objetos no hayan sido tan frecuentes como las dedicadas a, por ejemplo, la globalización, el anarquismo [4] , el antimilitarismo [5] , la literatura [6] , la sexualidad [7] , la tortura [8] , etc. Como quiera que una obra, tanto cuantitativa como cualitativamente hablando, tan significativa como es la de Fernando Savater no ha gozado, salvo escasas y honrosas excepciones [9] , de la atención que merece (tan sólo se observa la aparición de breves artículos puntuales o someras recensiones críticas a rebufo de su penúltima publicación), parece lógico que su firme [10] posicionamiento sobre asuntos como los aludidos, incluido el de la amenaza representada por el Estado clínico para la libertad personal, apenas haya sido abordado. La despenalización desde una óptica savateriana. Apuntes para un posicionamiento Este apartado central del artículo tiene como objeto fundamental, en primer lugar, profundizar aquellos puntos (más allá de divergencias estrictamente políticas como el enfoque dispar del constitucionalismo o del nacionalismo) en los que Fernando Savater
considera desalentadora la actitud del actual izquierdismo frente a algunos de los grandes problemas de la sociedad; y, en segundo lugar, esbozar razonadamente algunas de las libertades individuales coaccionadas por el Estado Clínico. Es decir, a lo largo de las siguientes páginas se tratará de analizar una serie de causas que también han contribuido a ese estado de desengaño ideológico del pensador respecto a una tendencia política mancillada (en un acto de herejía, según él) por "estos maquiavelos de guardarropía, ansiosos de tocar por última vez algo de poder antes de desaparecer en el sumidero de la historia [...] aunque todo salga de la cabeza, no conviene confundir la caspa con las ideas... ni siquiera para ser de izquierdas" [11] . Algunas de las polémicas entre Fernando Savater y esa izquierda política se basan en la distinta respuesta que ambos vienen ofreciendo a temas como la despenalización del uso de las drogas, del aborto, de la eutanasia o de la clonación. Sobre este conjunto de demandas sociales planteadas desde algunos sectores de la sociedad, Savater reprocha al progresismo actual su ambigüedad, que le habría llevado a construir un discurso demasiado prudente respecto a la conveniencia de despenalizar algunas prácticas que, parezcan bien o mal, vienen aconteciendo. En opinión del filósofo, de lo único que se trataría sería de otorgar a las mismas, con matizaciones, una dimensión legal y pública para rescatarlas de su actual mercado clandestino [12] . En este sentido, Savater se pregunta si "¿Alguien cree de veras que un negocio fabuloso nacido precisamente de la prohibición de determinadas sustancias que ya forman parte de los deseos de mucha gente y de la persecución de la venta a algo que quiere ser comprado va a ser liquidado aumentando la prohibición y la persecución?" [13] . A su entender, la prohibición o, mejor dicho, la penalización de estas prácticas, aceptada como un signo de antimodernismo que siempre ha sido entendido en una clave ideológica conservadora, ha sido también adoptada por cierto progresismo: "[...] partidos y personalidades de la izquierda han colaborado también, incluso con cierto entusiasmo virtuoso, a consolidar esta mixtificación. Es precisamente el discurso de la izquierda sobre este problema lo que merecería la pena analizar con cierto detalle" [14] . Despenalización del uso de las drogas Nuestra cultura, como todas las demás, conoce, utiliza y busca drogas. Es la educación, la inquietud y el proyecto vital de cada individuo el que puede decidir cuál droga usar y cómo hacerlo. El papel del Estado no puede ser sino informar lo más completa y
razonadamente posible sobre cada uno de los productos, controlar su elaboración y su calidad, y ayudar a quienes lo deseen o se vean damnificados por esta libertad social (F. Savater, Ética como amor propio). En lo que tiene que ver con la conveniencia de la legalización de las drogas [15] , Fernando Savater establece, en primer lugar, una llamada de atención sobre los distintos y errados términos usados al respecto. Así, mantiene que el término "legalizar" no es del todo correcto cuando nos referimos a la idoneidad o no de penalizar o despenalizar una conducta como es el uso de sustancias. Savater detesta de suyo los términos "legalizar" o "ilegalizar" para referirse al uso de las drogas, ya que las mismas no son otra cosa que sustancias que se encuentran en la naturaleza (también las hay producto de la manipulación e ingenio de los seres humanos), por lo cual resulta imposible "legalizarlas" o "ilegalizarlas": Se puede prohibir el alpinismo pero no ilegalizar las montañas; se puede regular el tráfico, pero no ilegalizar todo tipo de vehículos. Del mismo modo, se puede «penalizar» la manufactura, el uso y la venta de determinadas sustancias, pero no «ilegalizarlas»: si abundan en la naturaleza, si vivimos en el siglo de la química y es cierto que la mente humana no olvida lo que ya sabe nunca faltarán abundantes drogas a nuestro alrededor, tan «legales» o «ilegales» como el mar, en el que también se ahoga mucha gente. De modo que lo que algunos proponemos no es «legalizar» las llamadas drogas sino despenalizar su uso [16] . Partiendo de esta primera consideración terminológica, Savater opina que, en la actualidad, más que a "ilegalizar" las drogas, sustancias imposibles de ilegalizar, a lo único a lo que puede aspirar el Estado es a sancionar su uso y tráfico, como así hace. Dicho lo cual, se muestra completamente a favor de la despenalización del uso de sustancias y, por consiguiente, partidario de un comercio articulado de las mismas. Al respecto, dice: [...] es evidente que no será cosa de un día ni de una semana. Resulta obvio que levantar tímidamente la prohibición en un sitio y mantenerla en el resto del mundo no es solución adecuada: pero comenzaría a serlo si la medida se tomara en una docena de países avanzados. ¿Que es cosa difícil? ¿Que se trata de una utopía? No parece más difícil ni más utópico que seguir manteniendo la cruzada actual y creer contra toda evidencia que así puede resolverse el problema [17].
Así pues, dando por descontada la incapacidad de la derecha política para dar un paso al frente en el plano político sobre este asunto, Savater reclama a la izquierda progresista la necesidad de establecer una actuación, por ser el solo sujeto político capacitado para deslegitimar el planteamiento actual de penalización del consumo y tráfico de drogas, pues dicho medio represor no es el idóneo para combatir los efectos perjudiciales producidos por el abuso de estas sustancias [18] . Sostiene así que nadie está en condiciones de sancionar prácticas personales, aunque conlleven un riesgo mortal para sus protagonistas, siempre que las mismas no supongan una amenaza para terceras personas. El propio Savater cuestiona si es que "no se considera «progresista» defender el derecho a placeres privados de los que no puede obtenerse beneficio público" [19] . Tal y como ya se ha insinuado, varias son las razones [20] esgrimidas para considerar contraproducente la vigente penalización del uso de las drogas como solución a los cada vez más perniciosos efectos de su consumo y abuso: a) La primera está basada en que las tentaciones, por dañinas que sean, siempre que no afecten a terceras personas (como sí ocurre en el caso del tabaquismo), no pueden ser reguladas por el camino punitivo de la penalización, ya que otorgar la categoría de perjudicial a este tipo de prácticas no hace sino retroalimentar el grado de apetencia de consumo [21]. En palabras del propio Fernando Savater, "no sólo la fuerza de las drogas proviene del negocio de lo prohibido, sino también, psicológicamente, de la tentación de lo prohibido" [22] , como se desprende también de esta reflexión: Las tentaciones, hijo mío, no se pueden combatir a base de prohibiciones porque las prohibiciones las fomentan y además perjudican a las personas que empleando mejor su libertad son capaces de usar las cosas sin abusar de ellas. Siempre habrá quien utilice lo que está a su alcance (la química, el erotismo, la política, la religión, cualquier cosa) para autodestruirse o para castigarse por sus pecados. Pero lo único que puede hacerse si queremos una sociedad adulta y no represiva es educar para la templanza y preparar para la prudencia a los individuos libres. ¿Acaso porque hay quien se tira desde un sexto piso vamos a construir todas las casas de una sola planta? [23]. b) La segunda razón es aquélla que tiene que ver con reconvenir al Estado para que
delimite su campo de actuación en este punto, ya que el ámbito privado o moral, en el que él mismo sitúa esta conducta, no forma parte de las competencias coercitivas de dicho Estado. Es decir, la Administración debe ser la primera en dar un paso hacia adelante para despenalizar el uso de sustancias, debido a que el individuo debe ver reparado cuanto antes uno de los derechos inmanentes a los seres racionales libres, como es, mantiene Savater, "el de hacer con sus vidas aquello que crean conveniente, siempre que no dañen directamente a otros" [24] . En ese sentido, cabe resaltar el permanente requerimiento de Savater para que el Estado deje de ejercer una función coactiva que redunda perjudicialmente en sus ciudadanos. El autor critica el ejercicio penalizador del uso de las drogas como un ejemplo evidente de cómo el Estado (he aquí su versión clínica que viene a complementar el hostigamiento moral de las teocracias religiosas respecto a esta esfera personal del individuo) difunde su intervensionismo, quedando, por consiguiente, cada vez más arruinado el ámbito privado. c) Según el filósofo, la prohibición del consumo de sustancias ha alimentado el riesgo mental y físico de sus efectos, debido a que con la persecución se ha creado un poderoso y paralelo comercio ilegal donde la práctica de adulteraciones y el disparado precio de las sustancias ha esclavizado económicamente a buena parte de la comunidad drogodependiente, hasta el punto de conseguir el efecto contrario entre los drogadictos. Mientras, lo que sigue sin decirse, asevera Savater, es que "el gran negocio de la droga y, en cuanto tal negocio, origen de adulteración y crímenes es su prohibición" [25] . La causa que vendría a explicar la idoneidad de una despenalización sería el decrecimiento que se conseguiría del número de accidentes, delitos y crímenes generados por el actual escenario clandestino que viene derivando de la prohibición [26] . A partir de este panorama resulta poco conveniente, atendiendo a sus criterios de análisis, seguir apostando por la vía punitiva. De modo que la pregunta que debemos plantear es la siguiente: ¿qué propone Savater frente a la actual penalización del uso de las drogas para combatir los efectos desprendidos del abuso de las mismas? Su respuesta no conoce más alternativa viable a la penalización que la pura y simple despenalización, asumiendo el consumo y comercio como una elección personal del individuo: "El verdadero abuso referido a las drogas es el que cometen quienes las proscriben, no quienes las toman. Por supuesto cuentan con la complicidad de la parte
peor informada, más timorata o más reaccionaria de la población internacional, tanto de derechas como de izquierdas" [27] . Pese a ello, Fernando Savater sí concede al Estado un rol de auxilio voluntario, al considerar que la Administración puede ejercer labores de información sobre los peligros del consumo desmedido de estupefacientes. En este mismo sentido, también cree posible la intervención de algunas estructuras del Estado encaminadas a abortar la práctica de adulteraciones, e incluso lo considera facultado para arbitrar cierto apoyo si, llegado el momento y por decisión voluntaria, un consumidor decide pedirle ayuda. Es decir, valora en su justa medida la conveniencia de la existencia, en circunstancias determinadas, de clínicas de desintoxicación y de proyectos sociales al respecto [28] . De ahí que no dude en plantear el establecimiento de programas encaminados a informar a los consumidores sobre el límite del uso y abuso de estas sustancias, límite, dicho sea de paso, del que es firmemente partidario [29] : Es imprescindible una campaña informativa sin mitologías, donde se eduque sobre las características de un producto peligroso pero, además, se garantice el acceso a esa sustancia en cantidad y pureza adecuadas. Caso contrario, no hay información que valga. Me gustaría que alguien me explicara qué tiene esto que ver con el "problema" droga en los planos jurídico, legal y moral, que produce un superávit de malestar cultural sobreagregado al dolor que un individuo subjetivamente puede experimentar por causa de algún estupefaciente [30] . En un plano más particular, Fernando Savater, quien se confiesa abiertamente consumidor de algunas de estas sustancias, en ningún momento deja de lado ni silencia la gravedad de los efectos derivados de un uso abusivo de los estupefacientes, gravedad provocada -recuerda una vez máspor lo siguiente: "Es verdad, muchos se han matado, se matan y se matarán por medio de drogas, prohibidas o no: pero otros muchos logran el mismo resultado con la religión, la política, el sexo, el alpinismo... o el trabajo, nada de lo cual está prohibido. Las prohibiciones no salvan a nadie de sí mismo, sólo sirven para aumentar los riesgos y los precios" [31] . Despenalización de la práctica abortiva Si se dice que el embrión o el feto son algo valioso porque va a dar lugar a un ser humano, la discusión es posible y puede continuar de modo ponderado. Pero si se dice que el aborto es «el asesinato de un niño», ya no queda más que ponerse a dar gritos
coléricos. Resulta evidente que un embrión o un feto no son un niño, por lo mismo que un huevo no es un pollo. Decir que el aborto es «el asesinato de un niño» me parece tan extravagante como asegurar que uno acaba de comerse «una tortilla de pollos» (F. Savater, Política para Amador). El segundo gran asunto que ilustra el desencuentro entre el pensamiento de la izquierda actual y el de Fernando Savater es el de la penalización del aborto. El filósofo se acerca a este tema tratando el mismo, más que como un asunto de responsabilidad penal, como un problema moral. Incide en la perjudicial vena clerical que circula desde hace tiempo entre las corrientes más descafeinadas de un progresismo que parece equiparar una opinión favorable de la despenalización de la práctica abortiva en determinadas circunstancias con el hecho de ser partidario del aborto en sí [32] . Savater lamenta que se siga concibiendo el aborto, por muy penosa que fuere la circunstancia, como un vil asesinato, más aún teniendo en cuenta el protagonismo de aquellos voceros de la moral que no cesan de calificar interesadamente esta práctica como un infanticidio en "nombre del absurdo «derecho a nacer de los no nacidos»" [33] , aunque se condene a no poder vivir a esos futuros niños nacidos. De esta situación, el autor señala al clericalismo como gran cómplice, ya que la autoridad metafísica de aquél parece haber impuesto sus más estrictas doctrinas morales [34] . A diferencia de su visión respecto de la conveniencia de la no prohibición del uso de las drogas, Fernando Savater introduce una matización esencial a la hora de compartir la defensa de ambas despenalizaciones, ya que en este caso lo que se persigue es la despenalización de una conducta moral en la que un abanico de condicionantes convierten este asunto en algo más controvertido y delicado que el anterior, sin olvidar, remarca, que el "aborto será y es un problema personal y, por lo tanto, tiene que ver con la dimensión moral de la persona que tiene que afrontarlo" [35] . Savater reclama el derecho de las personas a actuar de acuerdo a su conciencia en el ámbito moral, que es donde sitúa, al igual que el consumo de drogas, mas con unas dimensiones éticas menos claras, el ejercicio de esta práctica, teniendo en cuenta que resulta muy discutible a día de hoy dilucidar tanto científica como éticamente si la interrupción del embarazo supone la terminación de una vida: Entiendo que uno puede aceptar puesto que es una vida que está simplemente haciéndose, pero que todavía no es una vida humana, porque ésta como tal se alcanza
resultaría tan contraproducente como la atención a la religión, entendida como sendero metafísico hacia la salvación mediante dogmas teológicos, en lugar de clínicos. El autor vasco conecta este razonamiento con una contraposición de contenido vital que no debe ser pasada por alto. Así, aparecen dos opciones bien delimitadas respecto a este asunto en el discurso savateriano; por una parte, se podría entender la vida como un simple y mecánico funcionamiento, es decir, estaríamos ante un modelo de vida en el que imperaría un único patrón de medición del buen comportamiento dictado por lo socialmente establecido; por otra, se podría concebir la vida como un continuo experimento hilvanado desde la individualidad irrepetible y en la que lo primordial fuera, en palabras del propio Savater, "añadir vida a los años" [53] y no años a la vida, como persigue la opción vital entendida como rutinario funcionamiento; o, por ser más concisos todavía y fieles a la literalidad del pensamiento de nuestro protagonista, "en la vida como experimento el individuo se toma en serio su libertad y en la vida como funcionamiento el Estado se toma serias libertades con los individuos" [54] . Es decir, el ensayista señala la vigencia del Estado Terapéutico como una rémora para el desarrollo de la libertad individual debido a que la Administración se ha atribuido, con la pasividad de los contribuyentes, unas competencias que no le corresponden y entiende de modo erróneo, pero sin propósito de enmienda ante la carestía de voces que la reconvengan, que está legítimamente facultada para administrar in perpetuum a todas las personas, hayan requerido su intervención o no, un modelo de vida supuestamente bueno, obviando, de esta manera que lo único cierto es que "la libertad puede traer buenas o malas consecuencias, de otro modo no es libertad" [55] . Acierta Fernando Savater cuando apunta directamente al tratamiento que el Estado destina a un asunto tan delicado como es la drogadicción como máximo exponente intervencionista del Estado Clínico (luego de otros temas ya tratados como la práctica abortiva, la eutanasia o la clonación). De este modo, dirige su mirada crítica hacia este asunto, no ya sólo por la trascendencia del mismo y por los perjuicios derivados de su actual prohibición [56] , sino como una de las tareas urgentes que se deben acometer para erosionar los cimientos terapéuticos de ese Estado Clínico en el que la intransferible libertad y autonomía personal de los individuos está completamente amordazada. De esta manera, puede observarse cómo Savater, influenciado por Thomas Szasz [57] , responde a las principales objeciones que, a modo de falacias
aceptadas como verdades irrefutables, los albaceas del Estado Clínico efectúan para derogar, cuando no ridiculizar, los argumentos a favor de una despenalización del uso de drogas: 1. La droga mata. Este intelectual relaciona directamente el grado de nocividad de las sustancias con el volumen de las dosis de las mismas consumido. Fernando Savater arguye frente a esta consideración que lo mortalmente comprobado es que la mitología prohibicionista impuesta por el Estado Clínico es la principal causante y lo realmente perjudicial para el consumidor, ya que la misma impide el imprescindible conocimiento por parte de aquél, tanto de la composición y pureza del estupefaciente como de los límites que separan el uso responsable del abuso homicida. 2. Es inmoral permitir el consumo de drogas. Esta falacia sería la basada en entender que con la despenalización de esta práctica se estaría potenciando un vicio y abandonando a su suerte a los enfermos drogodependientes, cuando no abriendo las puertas de la drogadicción a nuevos huéspedes en un futuro irrecuperables. Todo ello sin reparar, refuta Savater, en que ese supuesto daño que se autoinfringen los consumidores es voluntariamente elegido en muchas ocasiones, y si puede llegar a resultar fatalmente mortal es debido a las nefandas consecuencias derivadas del mercado oscurantista fomentado por la prohibición. Es decir, nuestro protagonista entiende este tipo de prácticas no como un vicio, como así lo concibe el Estado Clínico, sino como un derecho individual a respetar. 3. La despenalización aumentaría el número de drogadictos. Fernando Savater cree que se desencadenaría el escenario opuesto profetizado por el prohibicionismo cuando la accesibilidad a estas sustancias estuviera legalmente regulada. Así, el filósofo sostiene que, una vez superado el lógico efecto novedoso de la medida, el consumo se estabilizaría, contrariamente a lo que sucede en la actualidad donde la clandestinidad, lo prohibitivo, la adulteración lucrativa y la desinformación convierten esta práctica en un deseo tan apetecible como, ahora sí, altamente peligroso. 4. El comercio de las drogas continuará por medio de las multinacionales farmacéuticas. Frente a esta falacia, Fernando Savater contrapone el hecho de que en la actualidad ya existen muchas y grandes multinacionales que comercializan con multitud de productos, algunos de ellos con un potencial destructivo mucho más
temible que el de las drogas. Precisamente, argumenta, el control exhaustivo de este mercado permitiría, de un lado, erradicar el peligroso comercio clandestino y semigangsteril y, de otro, garantizaría a los consumidores unas sustancias higiénicamente reguladas. Reclama como poco menos que imprescindible para hacer valer este razonamiento frente al Estado Terapéutico una profunda mentalización, minoritaria todavía, sobre los abusos paternalistas del Estado Clínico y sobre el inaplazable ahondamiento en el ejercicio de la responsabilidad individual, ya que podría llegarse al caso de que la Administración, paradójicamente y con la misma escasez de argumentos que esgrime hoy para penalizar y, a su vez, con la acotación de los últimos resortes de autonomía personal, pudiera prescribir el consumo de sustancias en aras de un nuevo concepto, otra vez unilateralmente institucionalizado, de salud pública. 5. Los drogadictos no son más que enfermos a los que se debe ayudar, situación que la despenalización no resuelve. Fernando Savater sostiene que el uso de las drogas no debe ser considerado como una enfermedad si el individuo que las consume lo hace libre, consciente y reguladamente. De tal manera que, como sujeto libre, una determinada persona que utilice este tipo de sustancias está en su perfecto derecho de solicitar auxilio médico a la Administración, y el Estado, del mismo modo, está obligado a atender su reclamación (he aquí el Estado como garantía). Pero si otra persona, también consumidora, no se considera enferma sino voluntariamente usuaria de sustancias que el Estado Terapéutico le dificulta sobremanera, es decir, se siente perseguida por el Estado Clínico, la Administración se estaría extralimitando y arrogándose competencias que no le incumben y, por consiguiente, no sólo estaría garantizando sino imponiendo a los individuos un modelo vital uniforme. Como corolario de esta última argumentación, léase la siguiente reflexión del propio autor: En el Estado Clínico los médicos se ven constreñidos a convertirse en sacerdotes y aun inquisidores de la salud, apoyando a los políticos que la instituyen en obligación pública por ellos definida. Se trata de una nueva versión de la antigua y muy retrograda alianza entre el Trono y el Altar, ahora entre el Despacho y la Camilla. Determinadas sustancias como determinados comportamientos o hábitos quedan convertidos en reos de insalubridad y canalizan los afanes persecutorios de individuos adoctrinados de tal modo que temen más los peligrosos efectos de la libertad que el peligro de perderla. Para todo lo que nos conviene hay que pedir receta o atenerse a las
consecuencias. [...] Porque, como en cierta ocasión escribió Joseph Conrad, «estrictamente hablando, la cuestión no es cómo ser curado, sino cómo vivir» [58] . Referencias bibliográficas Obras del autor F. Savater, Las razones del antimilitarismo y otras razones, Barcelona, Editorial Anagrama, 1998 (1ª ed.: 1984), págs. 191-196. , Instrucciones para olvidar el "Quijote" Y otros ensayos generales, Madrid, Taurus, 1985, págs. 142-149. , El contenido de la felicidad. Un alegato reflexivo contra supersticiones y resentimientos, Madrid, Ediciones El País, 1994 (1ª ed.: 1986), págs. 141-161. , Perdonadme ortodoxos, Madrid, Alianza Editorial, 1986, págs. 179-201. , A decir verdad, Madrid, F. C. E., 1987, págs. 136-141. , Ética como amor propio, Madrid, Mondadori España, 1989 (1ª ed.: 1988), págs. 287294. , Humanismo impenitente. Diez ensayos antijansenistas, Barcelona, Editorial Anagrama, 1990, págs. 103-117 y 127-162. , Enfermos de salud, Madrid, Elba, 1991. , Política para Amador, Barcelona, Editorial Ariel, 2003, (1ª ed.: 1992), págs. 209-216. , Diccionario filosófico, Barcelona, Editorial Planeta, 1995, págs. 25-31 y 63-66. , Libre mente, Madrid, Espasa-Calpe, 1995, págs. 110-123. , Ética, política, ciudadanía, México D. F., Grijalbo, 1998, págs. 70-73. , Ética y ciudadanía, Barcelona, Montesinos, 2002, págs. 40-42, 68-70, 74-76, 84, 100 y
159-162. , Mira por dónde. Autobiografía razonada, Madrid, Taurus, 2003, págs. 205-215. , El valor de elegir, Barcelona, Editorial Ariel, 2003, págs. 121-135 y 163-177. Obras sobre el autor J. Arias, Fernando Savater: El arte de vivir. Un diálogo apasionante sobre los temas más candentes de este fin de siglo, Barcelona, Editorial Planeta, 1996. M. R. Barnatán, Fernando Savater contra el Todo, Madrid, Anjana Ediciones, 1984. J. Prado Galán, Fernando Savater. Grandeza y miseria del vitalismo, México, Universidad Iberoamericana, 2002. J. A. Saiz Aranguren, La voluntad de excelencia. El proyecto ético en Fernando Savater (Tesis Doctoral), Universidad del País Vasco, 2003. J. Sánchez Tortosa (ed.), Pensamientos arriesgados. (Casi) todo Savater, Madrid, La Esfera de los Libros, 2002. F. Savater y J. L. Pardo, Palabras Cruzadas. Una invitación a la filosofía, Valencia, PreTextos, 2003. H. Subirats (ed.), Fernando Savater, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1993. , Fernando Savater. Misterios gozosos, Madrid, Editorial Espasa-Calpe, 1995. [1] Véanse algunas de las alabanzas sobre su obra en las siguientes referencias bibliográficas: E. Gil Calvo, Querer y no querer: los dilemas éticos de Savater, en Cuadernos Hispanoamericanos 513 (1993), pág. 61; H. Subirats (ed.), Fernando Savater, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1993, págs. 13-25; El apóstata razonable. Homenaje a Fernando Savater, en Letras Libres (México) 30 (2001), pág. 39; J. Ferrer Solá, Fernando Savater: tormento y gozo de un filósofo burlón , en Turia 32-33 (1995),
pág. 124; J. Marías, Savater o ¿cómo que todo? Homenaje a Fernando Savater , en Turia 32-33 (1995), págs. 38-39 o M. Arranz, Dignidad en la incertidumbre , en Letras Libres (España) 27 (2003), pág. 67. Como referente de esta admiración profesada hacia Fernando Savater, léase esta reflexión: "Fernando Savater puede representar perfectamente, en la España de hoy, el modelo de intelectual comprometido y a la vez independiente, cuyo mayor y mejor empeño estriba en mostrar las causas que generan unos efectos, y explicar cómo éstos provienen de aquéllas, en un impecable movimiento de la razón, según esa trayectoria que fijarían para siempre sus bienamados Voltaire, Diderot, Montesquieu, D´Alambert, etc." (J. Ferrer Solá, art. cit., pág. 124). [2] Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades acogió en su número 11, correspondiente al primer semestre del año 2004, un artículo sobre la amenaza nacionalista firmado por Fernando Savater y de título La rentabilidad del terror: el caso vasco, en el que combate desde la razón los abusos criminales de esta idea política. En este mismo sentido, para profundizar en esta temática de su obra, véanse estas recopilaciones de artículos del autor: Contra las patrias, Barcelona, Tusquets, 1996 (1ª. ed.: 1984); El mito nacionalista, Madrid, Alianza Editorial, 1996 y Perdonen las molestias. Crónica de una batalla sin armas contra las armas, Madrid, Suma de letras, 2002 (1ª ed.: El País, 2000). [3] Cfr. F. Savater, El gran fraude. Sobre terrorismo, nacionalismo y ¿progresismo?, Madrid, Aguilar, 2004. [4] Vid. F. Savater, Para la anarquía y otros enfrentamientos, Esplugues de Llobregat (Barcelona), Editorial Orbis, 1984 (1ª. ed.: Tusquets Editores, 1977). [5] Vid. F. Savater, Las razones del antimilitarismo y otras razones, Barcelona, Editorial Anagrama, 1998. [6] De todas las disciplinas que componen el género literario, Fernando Savater ha cultivado la novela (El jardín de las dudas, Barcelona, Editorial Planeta, 1993), la literatura infantil (El gran laberinto, Barcelona, Ariel, 2005 o A rienda suelta, Madrid, Alfaguara, 2002), el teatro (Último desembarco y Vente a Sinapia, Madrid, EspasaCalpe, 1988), crítica cineasta ( Psicoanálisis y cine , en F. Savater, Instrucciones para olvidar el "Quijote" Y otros ensayos generales , Madrid, Taurus Ediciones, 1985, págs.
102-104 o Elogio del cine, en F. Savater, Libre mente, Madrid, Espasa-Calpe, 1995, págs. 95-98), hípica ( El juego de los caballos , Madrid, Siruela, 1996 o A caballo entre milenios , Madrid, Aguilar, 2001), gastronómica (Los pensadores del pienso, en F. Savater, Impertinencias y desafíos, Madrid, Editorial LEGASA, 1981, págs. 125-128 o Placeres inconfesables del renunciamiento, en F. Savater, Instrucciones para olvidar el "Quijote" Y otros ensayos generales, ed. cit., págs. 150-152), taurina (Desengaño del Toreo, en F. Savater, Sobras completas, Madrid, Ediciones Libertarias, 1983, págs. 125-129; Aproximación a la tauroética, en F. Savater, Humanismo impenitente. Diez ensayos antijansenistas, Barcelona, Editorial Anagrama, 1990, págs, 151-168 o El torero como héroe, en F. Savater, La voluntad disculpada, Madrid, Taurus, 1996, págs. 559-564), vinícola (Elogio de la taberna, en F. Savater, Sobras completas, ed. cit., págs. 131-137 o El vino en España, Vino y melancolía y Elogio de mal gusto, en F. Savater, Sobre vivir, Barcelona, Ariel, 1994 (1ª. ed.: 1983), págs. 317-327) y turística (San Sebastián, Barcelona, Destino, 1987). [7] Vid. F. Savater, Génesis del pesimismo genital, en F. Savater (ed.), Filosofía y sexualidad, Barcelona, Editorial Anagrama, 1988, págs. 9-27; Los diez mandamientos en el siglo XXI. Tradición y actualidad del legado de Moisés, Barcelona, Random House Mondadori, 2004, págs. 105-121 o Los siete pecados capitales, Barcelona, Random House Mondadori, 2006, págs. 105-118. [8] Vid. F. Savater y G. Martínez-Fresneda, Teoría y presencia de la tortura en España, Barcelona, Editorial Anagrama, 1982. [9] Las dos principales publicaciones sobre el pensamiento de Fernando Savater, tal y como sucede con la mayoría de los artículos existentes acerca del mismo, aparecen circunscritas al campo de la ética (J. Prado Galán, Fernando Savater: Grandeza y miseria del vitalismo, México, Universidad Iberoamericana, 2002 y J. A. Saiz Aranguren, La voluntad de excelencia. El proyecto ético en Fernando Savater, (Tesis Doctoral), Universidad del País Vasco, 2003), estando prácticamente desierto el análisis de su obra política. En esta línea, cabe reseñar sendas antologías comentadas de la producción escrita savateriana que podrían servir para ofrecer una aproximación general a su obra (H. Subirats (ed.), Misterios gozosos, Madrid, Editorial Espasa-Calpe, 1995 y J. Sánchez Tortosa (ed.), Pensamientos arriesgados. (Casi) todo Savater, Madrid, La Esfera de los Libros, 2002); y cuatro publicaciones a modo de entrevistas o diálogo
cruzado que ofrecen una versión más personal del filósofo (M. R. Barnatán, Fernando Savater contra el Todo , Madrid, Anjana Ediciones, 1984; H. Subirats (ed.), Fernando Savater, ed. cit.; J. Arias, Fernando Savater: El arte de vivir. Un diálogo apasionante sobre los temas más candentes de este fin de siglo, Barcelona, Editorial Planeta, 1996 y F. Savater y J. L. Pardo, Palabras Cruzadas. Una invitación a la filosofía, Valencia, PreTextos, 2003). En este mismo sentido, subráyese el siguiente ensayo de Alberto González Troyano puesto que permite descifrar las claves más importantes para manejarnos por la escritura savateriana: Las claves de una escritura, en F. Savater, La libertad como destino, Barcelona, Fundación José Manuel Lara, 2004, págs. 9-33. [10] Acerca de la evolución del pensamiento de Fernando Savater sobre algunos núcleos de su reflexión, él mismo señala lo siguiente: "[...] si pensara en todo punto exactamente igual no hubiera tenido pretexto válido para seguir escribiendo. En nuestro país hay una curiosa superstición que desconfía de cualquier cambio de opiniones como señal de oportunismo venal (si las opiniones son políticas) o de incompetencia intelectual (si pertenecen al campo del conocimiento teórico). Hay quien dice «si se equivocó antes, también puede equivocarse ahora», como si no fuese más probable que quien nunca cree haberse equivocado esté equivocado siempre" (F. Savater, La voluntad disculpada, ed. cit., pág. 12. Nótese que esta obra es una compilación revisada en la que se incluyen los siguientes ensayos: Nihilismo y acción, La filosofía tachada, La tarea del héroe. Elementos para una ética trágica y De los dioses y del mundo). [11] F. Savater, Terror y conflicto político, en El País, 07-10-2001. [12] Sobre la clandestinidad, Fernando Savater lamenta el tabú que supone tratar abiertamente este tema (Vid. F. Savater, La cruzada de las drogas, en F. Savater, A decir verdad, Madrid, F. C. E., 1987, pág. 150). [13] Ibíd., págs. 147-148. [14] F. Savater, La izquierda y la droga, en F. Savater, Perdonadme ortodoxos, Madrid, Alianza Editorial, 1986, págs. 195-196. [15] Pese a no haber dedicado una investigación exhaustiva sobre este asunto, Fernando Savater siempre ha destinado al mismo cierta atención, como se vislumbra
en la siguiente afirmación: "Hace bastantes años que empecé a tratar el tema de las drogas. El primer artículo que escribí sobre el tema de la despenalización de las drogas y la lucha contra la persecución de las drogas fue hace ya 15 ó 16 años, pero, por supuesto, no fui yo el primero en escribir sobre este asunto. [...] Hace 15 ó 16 años, cuando empecé a escribir sobre esto, hablar de la despenalización de las drogas era como hablar de la despenalización del canibalismo; la gente que te miraba creía que estabas bromeando. Con el tiempo se ha ido convirtiendo en un lugar común para bastante gente; no es un lugar común que se dice en público, en voz alta, sino que se suele decir en voz baja" (F, Savater, Ética y ciudadanía, Barcelona, Montesinos, 2002, pág. 101). [16] F. Savater, El disparate de las drogas, en F. Savater, Libre mente, Madrid, EspasaCalpe, 1995, pág. 110. [17] F. Savater, La cruzada de las drogas, en F. Savater, op. cit., pág. 149. [18] Un reciente informe elaborado por el Observatorio de Drogas de la UE señalaba que cada año se producen en Europa entre 7.000 y 8.000 defunciones relacionadas directamente con las drogas. Esas cifras no incluían las muertes por accidentes, enfermedades crónicas o actos de violencia vinculadas con el consumo de las mismas (El País, 23-11-2006). [19] F. Savater, La izquierda y la droga, en F. Savater, op. cit., pág. 197. [20] Aunque Fernando Savater, en uno de sus alegatos a favor de la despenalización (Vid. F. Savater, Tesis sociopolíticas sobre las drogas, en F. Savater, Ética como amor propio, Madrid, Mondadori España, 1989, págs. 287-294), expone ocho tesis para respaldar tal medida, hemos recogido el sentido de aquéllas en tres grandes apartados. [21] Cfr. F. Savater, El valor de elegir, Barcelona, Editorial Ariel , 2003, págs. 121-135. [22] F. Savater, Las drogas y sus exorcistas, en F. Savater, Libre mente, ed. cit., pág. 114. [23] F. Savater, Política para Amador, Barcelona, Editorial Ariel, 2003, pág. 210. [24] F. Savater, El disparate de las drogas , en F. Savater, op. cit. , págs. 110-111.
[25] F. Savater, Droga e ideología , en F. Savater, Perdonadme ortodoxos , ed. cit., pág. 201. [26] Sobre este respecto, Fernando Savater señala lo siguiente: "A partir de la prohibición y del negocio que se basa en la prohibición, se ha convertido en un problema de escala mundial, en un gangsterismo generalizado" (F. Savater, Ética, política, ciudadanía, México D. F., Grijalbo, 1998, pág. 72). [27] F. Savater, Droga e ideología, en F. Savater, op. cit., pág. 201. [28] Cfr. F. Savater, La cruzada de las drogas, en F. Savater, op. cit., pág. 149. [29] Cfr. F. Savater, El Estado Clínico, en F. Savater, Humanismo impenitente. Diez ensayos antijansenistas, ed. cit., pág. 137 o H. Subirats (ed.), Fernando Savater, ed. cit., pág. 75. [30] F. Savater, Extracto de un reportaje realizado a Fernando Savater por Sergio Cechetto, http://www.revistalote.com [31] F. Savater, Mira por dónde. Autobiografía razonada, Madrid, Taurus, 2003, pág. 207. [32] Cfr. F. Savater, Algunas falacias clericales sobre el aborto, en F. Savater, Las razones del antimilitarismo y otras razones, Barcelona, Editorial Anagrama, 1998, pág. 192 o F. Savater, Ética, política, ciudadanía, ed. cit., pág. 41. [33] F. Savater, Política para Amador, ed. cit., pág. 163. [34] Cfr. F. Savater, Algunas falacias clericales sobre el aborto, en F. Savater, op. cit., pág. 196. [35] F. Savater, Ética y ciudadanía, ed. cit., pág. 161. [36] Ibíd., págs. 161-162. [37] F. Savater, Algunas falacias clericales sobre el aborto, en F. Savater, op. cit., págs. 193-194.