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Luis de Valdivia y la articulación espacial de Chile

Díaz Blanco, José Manuel

Abstract

Este trabajo estudia las percepciones e ideas del P. Luis de Valdivia, S.I. (c. 1561-1642) acerca de la articulación espacial del Reino de Chile a fines del siglo XVI y comienzos del siglo XVII. Defiende que éstas se fundamentaron en la concepción de Chile como unidad política y geográfica, pero que no fueron ajenas a la comprensión de sus divisiones internas (dicotomía “tierra de guerra”-“tierra de paz”, diferente personalidad de las ciudades españolas, atomización de las sociedades indígenas de la Araucanía…) y tampoco a la consciencia de su integración en grandes conjuntos supraterritoriales (el orden provincial de la Compañía de Jesús, la Monarquía Hispánica y la Cristiandad). La base documental es un epistolario del jesuita reconstruido en archivos de España, Chile e Italia.

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Departamento de Historia Universidad de Santiago de Chile Revista de Historia Social y de las Mentalidades Volumen 15, Nº 2, 2011: 89-107 Issn: 0717-5248 josé ManUel Díaz BlanCo** RESUMEN Este trabajo estudia las percepciones e ideas del P. Luis de Valdivia, S.I. (c. 1561-1642) acerca de la articulación espacial del Reino de Chile a fines del siglo XVI y comienzos del siglo XVII. Defiende que éstas se fundamentaron en la concepción de Chile como unidad política y geográfica, pero que no fueron ajenas a la comprensión ABSTRACT This paper studies Father Luis de Valdivia´s (S.J.) perceptions and ideas about the Kingdom of Chile´s geographical articulation at the end of the 16th century and the beginnings of the 17th century. It asserts that these perceptions were based on the conception of Chile as a political and geographical unity, while LUIS DE VALDIVIA Y LA ARTICULACIÓN ESPACIAL DE CHILE.* LUIS DE VALDIVIA AND THE SPATIAL ARTICULATION OF CHILE. * Recibido: Diciembre 2010; Aprobado: Abril 2011. Las abreviaturas empleadas en este trabajo son las siguientes: AAS: Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago de Chile; ACSI: Archivo del Colegio de San Ignacio; AGI: Archivo General de Indias (CPV: cartas del padre Valdivia; Chile: Audiencia de Chile); A mis manos han llegado: Martín María Morales (ed.), A mis manos han llegado: cartas de los PP. Generales a la Antigua Provincia del Paraguay (1608-1639), Madrid-Roma, Universidad Pontificia Comillas-Institutum Historicum Societatis Iesu, 2005; AN: Archivo Nacional Histórico de Chile (MV: fondo Morla Vicuña; VM: fondo Vicuña Mackenna); ARSI: Archivum Romanum Societatis Iesu (AH: Assistentia Hispaniae; Chilensis: Provincia Chilensis; Paraquariae: Provincia Paraquariae); BH-Ch: José Toribio Medina (ed.), Biblioteca Hispano-chilena, 15231817, 3 vols., Ámsterdam, Nascimento, 1965; BNS: Biblioteca Nacional de Chile (MBA: Manuscritos Barros Arana; MM: Manuscritos Medina); CDIHCh: José Toribio Medina (ed.), Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile, 7 vols., Santiago, 1956-1963; MP: Antonio de Egaña (ed.), Monumenta Peruana, 8 vols., Roma, Institutum Historicum Societatis Iesu, 1954-86. ** Profesor del Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Sevilla, Sevilla, España. E-mail: [email protected] 90 pp. 89-107 Luis de Valdivia y la articulación espacial de Chile. de sus divisiones internas (dicotomía “tierra de guerra”-“tierra de paz”, diferente personalidad de las ciudades españolas, atomización de las sociedades indígenas de la Araucanía…) y tampoco a la consciencia de su integración en grandes conjuntos supraterritoriales (el orden provincial de la Compañía de Jesús, la Monarquía Hispánica y la Cristiandad). La base documental es un epistolario del jesuita reconstruido en archivos de España, Chile e Italia. Palabras clave: Luis de Valdivia, Chile, Araucanía, Monarquía Hispánica, Compañía de Jesús, Cristiandad, siglos XVI-XVII. recognizing its internal divisions (the “land of war”/“land of peace” dichotomy, the different character of the Spanish cities, the atomization of the indigenous societies of the Araucanía…) as well as an awareness of its subservient place within larger entities (the provincial order of the Society of Jesus, the Spanish Monarchy and the Christendom). The documental basis is a series of correspondence held in the Jesuit archives of Spain, Chile and Italy. Keywords: Luis de Valdivia, Chile, Araucanía, Spanish Monarchy, Society of Jesus, Christendom, 16th-17th centuries. i. preámbUlo. Las siguientes líneas pretenden realizar una pequeña contribución al tema de la articulación espacial del Reino de Chile, no de un modo absoluto, posibilidad que queda fuera de nuestro alcance, sino desde la perspectiva personal del célebre P. Luis de Valdivia, S.I. No vamos a hablar, por tanto, de realidades en sí, sino de percepciones, las que dejó en sus escritos el conocido jesuita, que residió en Chile durante tres etapas de su vida: 1593-1601, 16051606 y 1612-16191. Eso sí, debemos decir que confiamos en gran manera en la capacidad de observación y análisis de Valdivia -que fue mucha, aunque no careciese de defectos-, por lo que en consecuencia no renunciamos a pensar que la exposición de sus ideas quizás pueda iluminar algunas características objetivas de la estructuración espacial chilena a fines del siglo XVI y comienzos del XVII y servir así de ayuda a quien se proponga abordar este tema con mayor profundidad. 1 Entre la abundante y desigual bibliografía, considero indispensable destacar la monografía de Zapater Equioiz, Horacio, La búsqueda de la paz en la guerra de Arauco: padre Luis de Valdivia, Andrés Bello, Santiago, 1992. Recientemente, he centrado mi tesis doctoral en esta figura: Díaz Blanco, José Manuel, Razón de Estado y Buen Gobierno. La dimensión americana de la Pax Hispanica, Sevilla, 2008. Todas las referencias a los acontecimientos de Valdivia y la frontera son resúmenes de lo que expuse en este trabajo. En la actualidad corresponden al libro: Razón de Estado y Buen Gobierno. la Guerra Defensiva y el Imperialismo Español en Tiempos de Felipe III. Sevilla, Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 2010. 91 José Manuel Díaz Blanco ii. articUlando Un espacio en medio de Una gUerra. Luis de Valdivia siempre consideró Chile como una unidad política y geográfica. La consciencia de los niveles inferiores de división interna, así como de los superiores de integración externa, no le llevaron nunca a abandonar esa conceptuación fundamental de Chile, al que se refiere constantemente en sus cartas según la titulatura oficial de Reino de Chile, con la clara pretensión de abarcarlo globalmente. Ese espacio estaba integrado por las “dos naciones” de indios naturales y españoles2. En tal sentido los extranjeros no eran tanto los que no habían nacido dentro de sus fronteras como los europeos no castellanos, principalmente los que por aquellas fechas mandaron alguna expedición marítima a sus costas: ingleses y, más que ningún otro, holandeses3. El castellano estaba en su tierra, un reino de la Corona, y por supuesto los indios también. Esta concepción plurinacional de Chile, de perfil profundamente dual4, no dejaba de tener una importante proyección sobre el espacio, que podía estructurarse internamente según en unas zonas u otras las “dos naciones” viviesen más o menos (o nada) armónicamente bajo dominio español. El triunfo de la rebelión en el territorio comprendido entre el río Bío-Bío y el archipiélago de Chiloé llevó a que Valdivia lo denominase genéricamente “tierra de guerra” o “del enemigo”, donde viven los “indios de guerra”5, por oposición a lo que llamaba “tierra de paz”, hogar de los “indios de paz”6. Dejando de lado la frontera que separó Chiloé de los territorios rebeldes más australes (Valdivia nunca prestó excesiva atención ni conoció bien estas regiones7), la “tierra de paz” y la “tierra de guerra” se miraban de frente 2 AGI, Chile, leg. 65, CPV; BNS, MM, t. 119, doc. 2.099; Valdivia a Felipe III, Concepción, 12 de abril de 1617, que se refiere a ellas como “naciones ensangrentadas”. 3 AGI, Chile, leg. 65, CPV; AN, MV, vol. 35, fols. 60r-69r; BNS, MM, t. 116, doc. 2.007; AAS, vol. 80, pp. 269-72: Valdivia a Felipe III, Concepción, 20 de octubre de 1614. 4 Valdivia no fue ajeno al extenso fenómeno social del mestizaje, pero pese a ello no pudo superar una concepción de la sociedad colonial esencialmente bimembre. 5 AN, Jesuitas, vol. 424, fols. 158r-161v; Valdivia al provincial de Toledo, Concepción, 30 de agosto de 1613. 6 AGI, Chile, leg. 65, CPV; AN, MV, vol. 35, fols. 79r-83v; BNS, MM, t. 115, doc. 1.972; Valdivia a Alonso Núñez de Valdivia, Concepción, 5 de mayo de 1616. 7 La mejor entre las escasísimas referencias a ellos en el epistolario valdiviano se encuentra precisamente en la carta citada supra nota 4. A esta norma constituyen una importante excepción las cartas anuas de las misiones de la tierra de guerra chilena conservadas en ARSI, Chilensis, vol. 6, donde hay siempre una sección para la de Chiloé, pero que no son más que dos, una escrita en 1618 y otra en 1619, y que evidentemente no hacen sino reflejar lo que desde el archipiélago le escribían los misioneros jesuitas. 92 pp. 89-107 Luis de Valdivia y la articulación espacial de Chile. en una zona fronteriza cuya columna vertebral seguía el cauce del río Bío-Bío y se articulaba a través de los fuertes de la Raya, creada precisamente por la Guerra Defensiva y comenzada a ser llamada así en función de la reforma valdiviana8. Cuando el jesuita habla de la Raya, habla de la frontera, muchas veces en plural, “las fronteras de guerra” o “de paz”9, comprendiendo quizás que existían distintos sectores en ella con problemas particulares. Si ello fue así, quizás cabría entender estos tramos como reflejos de las divisiones internas de la “tierra de guerra”, de las que hablaremos a continuación, cada una de cuyas unidades septentrionales basculaba en sus ataques hacia determinados fuertes de la Raya, generalmente los más cercanos. En la frontera no sólo había fuertes10. También había ciudades propiamente fronterizas: Concepción y Chillán. Valdivia las comprendía así por haber sido escenario ocasionalmente de negociaciones de paz con el enemigo, pero sobre todo merced a la relación de dependencia entre su prosperidad material y el nivel de conflictividad registrado en la Raya. En las épocas de hostilidades las economías penquista y chillaneja se resentían y en las de paz se desarrollaban sin traumas. Justo es decir que Valdivia no esgrimía esta teoría de forma desinteresada, sino muy a sabiendas de la ayuda que a todas luces prestaba a la Guerra Defensiva. Así, y siempre según su propio punto de vista, antes de 1612 la guerra tenía sumida en una considerable depresión económica a las dos ciudades11. Después, las paces concertadas con los rebeldes en el marco de su proyecto político comenzaron a redundar en efectos beneficiosos 8 Provisiones y cartas del rey Felipe III nuestro señor y del excelentísimo marqués de Montesclaros, virrey del Perú, con otros sus órdenes y decretos sobre la nueva forma que se da en la guerra y buen asiento del Reino de Chile, Lima, Francisco del Canto, 1612. 9 AGI, Patronato, leg. 229, r. 18, n. 1; BNS, MM, t. 112, doc. 1.892; AN, VM, vol. 289, fols. 33-50; AAS, vol. 80, pp. 11-24; ACSI, caja 2/J/295, carp. 3, pp. 569-81; Valdivia a Felipe III, Concepción, 1 de septiembre de 1613. 10 Entendemos el concepto “frontera” como el espacio de interacción entre distintas culturas. La historia fronteriza ha vivido en los últimos años una etapa de gran vivacidad creativa en Chile, siendo su principal cultivador en la actualidad Sergio Villalobos, entre cuya obra puede destacarse. Vida fronteriza en la Araucanía: el mito de la guerra de Arauco, Santiago, 1995. Otros textos de interés pueden ser los de Boccara, Guillaume, como “Notas acerca de los dispositivos de poder en la sociedad colonial fronteriza, la resistencia y la transculturación de los reche-mapuches del Centro-Sur de Chile (siglos XVI-XVIII)”, Revista de Indias, 208 (1996), pp. 659-695 o. “El poder creador: tipos de poder y estrategias de sujeción en la frontera sur de Chile en la época colonial”, Anuario de Estudios Americanos, LVI-1 (1999), pp. 65-94 y más recientemente María Ximena Urbina Carrasco, La frontera de arriba en Chile Colonial. Interacción hispano-indígena en el área entre Valdivia y Chiloé e imaginario de sus bordes geográficos, 1600-1800, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso-Centro de Estudios Diego Barros Arana-DIBAM, 2009. 11 BH-Ch, II, doc. 204. 93 José Manuel Díaz Blanco que empezó a reseñar en su correspondencia al menos desde 161612 y que en 1619 quiso significar como uno de los principales logros de su gestión política al hacer recapitulación de ella antes de su largo viaje a Lima y Europa, del que, contrariamente a sus deseos, ya no regresó jamás13. Valdivia parece haber tenido claras las diferencias entre estas ciudades de la frontera y las que disfrutaban realmente de la paz, debido a su lejanía física con respecto al conflicto bélico. En ocasiones esas distancias se expresan desde cierto marco institucional al poder acoplarse a la provincialización diocesana en dos obispados: el de La Imperial-Concepción, que abarcaba los términos de Concepción y Chillán, y el de Santiago, que englobaba los alfoces de la capital y La Serena. Cuando el marqués de Montesclaros ordenó la visita de los indios que vivían bajo el gobierno español, él limitó sus esfuerzos al primero de ellos y dejó el resto de la labor al fiscal de la Real Audiencia, Hernando Machado14. Por supuesto, ello obedece fundamentalmente a la imposibilidad de asumir tanta carga de trabajo, pero en cualquier caso no deja de resultar significativo que, al dividirla, se reservase la jurisdicción del obispado fronterizo, el que englobaba las tierras en las que su Guerra Defensiva resultaba verdaderamente determinante, y se descargase de las tierras más al norte, a las que ni siquiera tenía tiempo de acudir, puesto que, pese a la resonancia que allí tenían los acontecimientos de la frontera, ninguno de esos acontecimientos se desarrollaba verdaderamente allí. Sin embargo, la verdadera expresión de contrastes entre las ciudades fronterizas y las de paz se condensaba en el hecho profundo de que la suerte material de éstas dependía mucho menos del estado de la guerra que la de aquéllas. No puede negarse que esta consideración varió sustancialmente según el diferente posicionamiento político de Valdivia a lo largo del tiempo. En 1600, cuando disfrutó de excelentes relaciones con la oligarquía santiaguina y hasta se integró en el lobby que pretendía la legalización de la esclavitud de los indios de guerra, puso su prestigio de rector del Colegio de San Miguel al 12 AGI, Chile, leg. 19, r. 1, n. 18; AN, MV, vol. 2, fols. 157r-158v; BNS, MBA, t. 12, doc. 66; Valdivia a Felipe III, Concepción, 20 de octubre de 1616. 13 AGI, Chile, leg. 65, CPV; AN, MV, vol. 35, fols. 160r-164r; BNS, MM, t. 120, doc. 2.127; Valdivia a fray Pedro de Valdivia, O.S.A., Concepción, 21 de enero de 1619. AHPTSI, estante 2, caja 85, carpeta 1; Valdivia al P. Alonso de Escobar, S.I., Concepción, 7 de marzo de 1619. 14 AGI, Chile, leg. 65, CPV; Valdivia a Felipe III, Concepción, 20 de febrero de 1614: Valdivia y Machado trabajaron en la visita “cada cual en uno de los dos obispados”. Sobre la figura de este destacado funcionario de la Monarquía, véase Paniagua Pérez, Jesús y Viforcos Marinas, Mª. Isabel, El humanismo jurídico en las Indias. Hernando Machado y su memorial sobre la guerra de Chile, Diputación, Badajoz, 1997. 94 pp. 89-107 Luis de Valdivia y la articulación espacial de Chile. servicio de la información con la que se quiso convencer a Felipe III del estado de precariedad en que los últimos hechos de la guerra habían dejado a Chile en general y a Santiago en particular15. Cuando la evolución de su pensamiento político lo ubicó en posiciones radicalmente contrarias a ésas y lo hizo enfrentarse a la misma oligarquía con la que antes había colaborado, no dejó de intentar restar legitimidad a las críticas que ésta elevaba contra la Guerra Defensiva resaltando la tremenda desconexión entre Santiago y el conflicto bélico en la frontera, alejados geográficamente cientos de kilómetros16. Por supuesto, la lejanía de La Serena era muy superior. Valdivia entonó más silencios que palabras con respecto a la ciudad más septentrional del Chile Colonial. Como Chiloé y las regiones australes de la tierra de guerra, probablemente bastante menos, Valdivia pensó muy poco en el Norte Chico; estaríamos tentados a decir que prácticamente nada. Lejano y en gran parte desconectado del resto del Reino, el padre sólo lo pisó en una ocasión, en 1593, cuando llegó por primera vez a Chile en la expedición que, conducida por el P. Baltasar Piñas, asentaría la presencia en sus tierras de la Compañía de Jesús. Él y sus compañeros se detuvieron en La Serena apenas dos semanas y Valdivia escribió desde ella su primera carta chilena, en la que la describe como un “pueblo” o “ciudad” harto necesitada de asistencia espiritual17. Realmente, Valdivia conoció La Serena antes que ningún otro punto de la geografía chilena, pero, cuando la abandonó para dirigirse a Santiago, lo hizo para siempre y sólo Cuyo, sobre el que no hay referencia alguna en sus escritos, parece haberle importado menos. Desde luego, las ausencias pueden decir tanto como las citas más prolijas. Valdivia describió con muchos más detalles las divisiones internas de la tierra de guerra, sin duda porque lo necesitaba para exponer la evolución de los distintos tratados de paz en los que iba participando. En ello hay que advertir algunas diferencias entre la documentación de su segunda etapa chilena y la tercera, que son las que, a diferencia de la primera, nos proporcionan información sobre este tema. Las fuentes de 1605 son sobre todo colectivas y en ellas se hacen patentes observaciones que Valdivia compartió con sus colaborado15 AGI, Patronato, leg. 228, r. 12, n. 1; información, Santiago, septiembre de 1600. La declaración de Valdivia en fols. 47-52. Hay copia en AN, VM, vol. 278, fols. 256-87 y MV, vol. 33, fols. 316r-360r y CDIHCh, t. V, doc. 52, pero en todos los casos son fragmentos que no incluyen las declaraciones del jesuita. 16 AGI, Chile, leg. 65, s.n.; ARSI, Chilensis, vol. 4, n. 3; AHPTSI, C-263, n. 16; BH-Ch, II, doc. 219; memorial de Luis de Valdivia, s.f. [1620-21]: “Santiago, que dista 85 leguas de las fronteras de guerra, y por esto no les llegan relaciones ciertas [de la guerra]”. 17 MP, V, doc. 112, pp. 460-461. 95 José Manuel Díaz Blanco res de entonces, como Alonso García Ramón, Lorenzo del Salto o Francisco Fris. Las fechadas con posterioridad, las de la Guerra Defensiva y sus fases preparatorias, son estrictamente individuales y sólo reflejan las opiniones del padre. En uno y otro caso las hemos manejado como fuentes válidas, porque siempre contaron con la aprobación de Valdivia y con una participación suya cuanto menos razonable, si no exclusiva. El jesuita entendía la tierra de guerra como pura división. Aunque considerase a los indios como una “nación” y se refiriese en conjunto a los “indios de guerra”, tuvo claro que la política araucana adolecía de una acusada atomización. Hay que reconocer que, una vez más, Valdivia hacía un grueso favor al arbitrio que había promocionado al pensar así. La fragmentación política de la tierra de guerra obedecía a la inexistencia de una autoridad central, vacío que precisamente podría llenar la Monarquía gracias a la Guerra Defensiva. La inexistencia de una formación estatal o de una entidad política que jugase dicho papel aumentaba el protagonismo político de los marcos asociativos indígenas, sobre los que Valdivia dio noticias tanto de su estructura organizativa general como de la composición concreta de muchas de sus unidades. Respecto a lo primero resulta particularmente clara una de las fuentes de 1605, la Memoria de cómo se han de entender las provincias de los indios de Chile, según la cual, diuidieron estos yndios esta tierra para conbocar jente en prouinçias. A las más prouinçias diuidieron en 9 reguas y alguna o algunas que no alcansó este númº diuidieron en 7 y otras en 5. A la prouinçia de 9 llaman ayllaregua, porque aylla en su lengua quiere desir 9, la de 7 llaman relgueregua porque en su lengua quiere desir 7 y a la prouinçia de 5 reguas llaman los quechereguas porque queche quiere desir 518. Este texto evidencia que ya en 1605 Valdivia conocía la arquitectura interna de las sociedades indígenas sobre la que tanto escribiera luego durante su tercera etapa chilena. La célula básica eran los rehue, que, por sus limitadas dimensiones, se asociaban en conjuntos más amplios a los que el jesuita designaba en castellano “provincias” o “estados”, término que hizo sinónimos de quecherehue, relguerehue y, sobre todo, aillarehue. 18 AGI, Patronato, leg. 228, r. 48, n. 3; “Memoria cómo se an de entender las prouinçias de los yndios de Chile y algunos tratos particulares que entre ellos tienen con la declaraçión de los nonbres de los caçiques que de presente an dado la paz y de los que la tienen dada de poco tienpo a esta parte, que a todos se le an leýdo las prouiçiones por que la an dado de nuebo”. 96 pp. 89-107 Luis de Valdivia y la articulación espacial de Chile. La Memoria también nos informa de que el rehue podía descomponerse en partes menores. Según sus propias palabras, “cada regua se diuide en dos mitades que cada una llaman llacachuyn, que quiere desir la mitad de la población, y quando la vna mitad es de gente más principal que la otra, la llaman nugal, que quiere desir caueça y rey, y a la otra llaman huenchu, que quiere decir como gente ydalga”19. Pese al interés evidente de estas anotaciones, Valdivia nunca volvió a reflejar por escrito estas distinciones, al menos dentro del conjunto documental suyo que he logrado recopilar20. Por el contrario, la Memoria no habla de otras realidades a las que Valdivia sí se referiría con frecuencia durante los años de la Guerra Defensiva ni consigna el sinónimo de rehue que, al menos con mayor asiduidad, empleó entonces. En concreto, parece escapar a la Memoria la percepción de los utanmapu, modelo organizativo superior a los aillarehue, a los que englobaban. Los utanmapu fueron formaciones específicamente de guerra y se apunta que su origen pueda situarse en los días de la gran rebelión (1599-1604), datación que, de confirmarse, podría quizás explicar la ausencia en las fuentes de 1605: su formación era tan reciente entonces que ni Valdivia ni ninguno de sus colaboradores de entonces pudieron alcanzar todavía a captar su existencia. Las cartas de la Guerra Defensiva, en cambio, consignan una información sobre ellas relativamente abundante y desde luego de notable interés. Así, nos informan que la tierra de guerra se dividía en tres utanmapu que Valdivia denominaba “de la cordillera”, “de en medio” y de “de la costa”21, todos los cuales integraban los aillarehue que se extendían por su marco geográfico, así como obviamente los rehue que se incluían en ellos. Valdivia también se habituó a emplear una expresión castellana como sinónima de utanmapu, que parecer haber sido “provincias de guerra”22. Los rehue, a los que se refería continuamente como “reguas” -castellanización que aun hoy utilizan muchos historiadores y antropólogos con frecuencia-, fueron grandes protagonistas del epistolario valdiviano posterior a 1612, donde quedó registrado para ellos un volumen apreciable de sinónimos. Por ejemplo, en la carta que escribió a Fernando Carrillo, Presidente de Indias, 19 Id. 20 Se debe sin duda a que la voz “llacachuyn” es una transcripción ocasional o variación en el mejor de los casos del término más rigurosamente fijado por la antropología “llaucahuin”, mitad de un caví o cahuín, expresión sinónima de rehue que Valdivia no utilizó. 21 AGI, Chile, leg. 65, CPV; AN, MV, vol. 35, fols. 109r-117r; BNS, MM, t. 120, doc. 2.108; Valdivia a Felipe III, Concepción, 31 de enero de 1618. 22 AGI, Chile, leg. 65, CPV; AN, MV, vol. 35, fols. 98r-108r; BNS, MM, t. 119, doc. 2.093; Valdivia a Felipe III, Concepción, 15 de marzo de 1617. 97 José Manuel Díaz Blanco el 1 de febrero de 1618, los llama “cabezadas”, pero poco después usa el término “parcialidad”23. Según parece, esta última opción fue su preferida; aunque en algún texto de 1605 y 1606 recurra a él con alguna otra significación24, completamente perdida, en cualquier caso, en su época de mayor madurez y conocimiento, a partir de 1612. La comprensión de esta estructura social y su modesto y vacilante trasvase al castellano por parte de Valdivia podría quizás representarse gráficamente de la siguiente manera: MAPUDUNGUN CASTELLANO Utanmapu Provincia de guerra Aillarehue (9) Relguerehue (7) Quecherehue (5) Provincia / Estado Rehue Parcialidad Llacachuyn-llaucahuin (Nugal o Huenchu) Sin traducción Creo que este esquema es válido en términos generales, aunque tanta claridad es engañosa y no abarca muchas complicaciones concretas del enrevesado entramado étnico de las sociedades indígenas de Chile. De estos casos particulares se puede aportar alguna noticia aislada, pero su globalidad se nos escapa hoy irremediablemente. Se puede observar en la ubicación de la belicosa provincia/aillarehue de Purén, de la que Valdivia afirma en la misma misiva a Carrillo que pertenecía simultáneamente al utanmapu de en medio y al de la costa, aunque el día anterior, en una carta para Su Majestad, la circunscribía 23 AGI, Chile, leg. 65, CPV; BNS, MM, t. 120, doc. 2.109; Valdivia a Fernando Carrillo, Presidente del Consejo de Indias, Concepción, 1 de febrero de 1618. 24 Por ejemplo en AGI, Patronato, leg. 228, r. 57, n. 6; BNS, MM, t. 113, doc. 1.940; AN, VM, vol. 280, fols. 112-162; AAS, vol. 53, pp. 317-65; “Relación puntual y verdadera de la guerra que el gobernador Alonso García Ramón hizo este verano de 1606 a los indios enemigos del Reino de Chile y de los puestos de las ciudades y presidios que dejó poblados en el dicho tiempo y del suceso que tuvo en la jornada que hizo a la despoblada ciudad de La Imperial y los cautivos y cautivas que libró de poder de los dichos enemigos y de los buenos cimientos que deja echados para la pacificación del Reino y esperanzas grandes que con ellos hay de acabarla y que Su Majestad sea muy servido del mucho cuidado y trabajo personal del dicho gobernador, abril de 1606”. 104 pp. 89-107 Luis de Valdivia y la articulación espacial de Chile. acogiesen a su protección. Este hecho, que irritó al ulmen, resultó especialmente humillante por cuanto precisamente entonces su aillarehue, Purén, en vez de solidarizarse con su problema, dio pasos muy importantes para firmar la paz con los españoles, algo a lo que hasta entonces la “indómita” provincia no se había avenido jamás. Antes de que la ignominia se hubiese consumado completamente, Anganamón salió hacia Elicura, rehue de Tucapel que recientemente había llegado a un acuerdo con Valdivia, para encararse con los tres jesuitas que apenas cuatro días antes se habían desplazado para predicar a sus indios e intentar proseguir las negociaciones con Purén. Una vez allí, exigió sus mujeres a los padres y, tras la negativa de éstos, los mató junto a los más de 100 indios de Elicura que intentaron protegerlos. Este hecho atroz, que supuso para la Guerra Defensiva una crisis tan profunda que no se cerró definitivamente hasta 1617 (cuando murió Alonso de Ribera y llegaron a Chile las primeras noticias de la renovación de la reforma por Felipe III y el virrey príncipe de Esquilache), fue analizado por el padre como consecuencia de la voluntad del Anticristo. En concreto, creyó que Anganamón había sido poseído por él y a causa de ello perdió toda lucidez para juzgar cabalmente los acontecimientos y actuar con sosiego. Según sus propias palabras, Anganamón quedó sometido a una “furia infernal”37. Así pues, para Valdivia, Chile fue uno de los frentes de una guerra global entre el Catolicismo, camino auténtico de Dios, y cualquier otra confesión, siempre ardid del Diablo para condenar las almas. Coherentemente, fue una de las provincias de la Monarquía que por antonomasia se esforzaba por esta causa y también de la Compañía de Jesús, que contribuía a ese objetivo en la medida de sus posibilidades. Todas estas observaciones confluyen en la idea fundamental de que el Reino, más allá de su indiscutible individualidad jurídica y política, formaba parte de un todo de carácter esencialmente religioso católico. También político, aunque de forma secundaria, puesto que la política se encontraba al servicio de la causa divina y no tenía ni justificación siquiera desligada de ella. Con ello se termina de dibujar el concepto que Luis de Valdivia tuvo de la articulación espacial chilena. Como adelantamos, éste se hallaba sustentado sobre el principio de Chile como unidad, si bien sin perder de vista los niveles de regionalización interna, muy acusada en territorio tan extenso y variopinto étnicamente, ni los niveles de integración externa en conjuntos espaciales su37 AGI, Patronato, leg. 229, r. 18, n. 1; BNS, MM, t. 112, doc. 1892; AN, VM, vol. 289, fols. 33-50; AAS, vol. 80, pp. 11-24; ACSI, caja 2/J/295, carp. 3, pp. 569-581; Valdivia a Felipe III, Concepción, 1 de septiembre de 1613. 105 José Manuel Díaz Blanco periores. Se trata, sin duda, de una visión muy equilibrada, que demuestra perfectamente que, sin perder la referencia básica, se puede atender a lo pequeño sin dejar de tener en cuenta incluso las vinculaciones supraterritoriales más amplias. La historiografía colonialista actual, aunque obviamente no pueda asumir las claves providencialistas del pensamiento jesuítico, debiera quizás tener muy presente este equilibrio entre las escalas micro y macro. iii. fUentes y bibliografÍa. 1. AAS, vol. 80, pp. 269-72: Valdivia a Felipe III, Concepción, 20 de octubre de 1614. 2. AAS, vol. 53, pp. 317-65 3. AAS, vol. 80, pp. 11-24; 4. AAS, vol. 53, fols. 5-48; “Autos en raçón de las paces de los indios sobre el perdón general”, 1605. 5. ACSI, caja 2/J/295, carp. 3, pp. 569-81; Valdivia a Felipe III, Concepción, 1 de septiembre de 1613. 6. AGI, Chile, leg. 65, Valdivia a Felipe III, Concepción, 12 de abril de 1617. 7. AGI, Patronato, leg. 228, r. 12, n. 1; información, Santiago, septiembre de 1600. 8. AGI, Chile, leg. 65, s.n. 9. AGI, Patronato, leg. 228, r. 48, n. 3 10. AGI, Chile, leg. 65, Valdivia a Felipe III, Concepción, 31 de enero de 1618. 11. AGI, Chile, leg. 65, Valdivia a Felipe III, Concepción, 15 de marzo de 1617. 12. 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