Investigaciones arqueológicas en el Castillo de Jimena de la Frontera, Cádiz: fase I (2002)
Abstract
Con este artículo intentamos presentar los resul-tados de la primera fase de estudios arqueológicos en el castillo de Jimena de la Frontera (Cádiz) que se han dividido en dos actuaciones concretas. Por un lado el estudio arqueológico de alzados en toda el área de la fortaleza y por otro la realización de cinco sondeos estratigráficos para poder conocer la evolución del yacimiento y aportar información de gran utilidad al proceso de rehabilitación que se plantea en dicho castillo.
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131 INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL CASTILLO DE JIMENA DE LA FRONTERA. CÁDIZ. FASE I. (2002) MIGUEL ÁNGEL TABALES RODRÍGUEZ PABLO OLIVA MUÑOZ GREGORIO MORA VICENTE ROSARIO HUARTE CAMBRA AMPARO GRACIANI GARCÍA JOSÉ MARÍA CALAMA RODRÍGUEZ ARTURO PÉREZ PLAZA LUIS ALBERTO NÚÑEZ ARCE Resumen: Con este artículo intentamos presentar los resultados de la primera fase de estudios arqueológicos en el castillo de Jimena de la Frontera (Cádiz) que se han dividido en dos actuaciones concretas. Por un lado el estudio arqueológico de alzados en toda el área de la fortaleza y por otro la realización de cinco sondeos estratigráficos para poder conocer la evolución del yacimiento y aportar información de gran utilidad al proceso de rehabilitación que se plantea en dicho castillo. Abstract: In this lines we try to present the results of the first phase of the archaeologicals works in Jimena de la Frontera castle wich have been divided in two concretes actions. First, the archaeological study of the castle walls, and second the opening of five sounding for the knowledge of the field and the support of the rehabilitation process. 1. OBJETO. Presentamos los resultados de la Primera Campaña de estudios arqueológicos en el “Castillo de Jimena de la Frontera”, en realidad “Antigua ciudad amurallada de Oba-Shemina”. Los trabajos realizados (1) han contado con la presencia de un extenso equipo interprofesional compuesto por arqueólogos, historiadores del arte y arquitectos que se han volcado principalmente en la comprensión de la estructura emergente desgranando su superficie y caracterizando cada fábrica (2). Dicho estudio ha estado acompañado por la excavación de cinco sondeos estratigráficos en las zonas esenciales del conjunto; sus resultados, muy clarificadores, nos permiten a día de hoy plantear los futuros trabajos de excavación y prospección extensiva con un conocimiento del sustrato cuando menos aceptable. En la ladera oriental de la ciudad se ha procedido a limpiar e identificar una parte del complejo poliorcético completamente destruido al menos en tres ocasiones, extremo que ha conllevado la organización de una consolidación de emergencia de las estructuras más llamativas, que son las del período alto y bajoimperial romano. Mediante un sondeo en la base de la muralla más antigua pudimos establecer una teoría sobre la adscripción cronológica de los tres amurallamientos sucesivos (alto y bajo romano) y almohade-meriní. Por su parte, en el extremo opuesto, en el lado oeste, las bóvedas concrecionadas que suportaban una terraza destruida avanzada sobre la ladera, han sido limpiadas e interpretadas como la base de un magnífico templo tetrástilo próstilo muy similar a los de la tríada capitolina de la cercana Baelo, completamente desaparecido salvo algunos detalles de su molduración recuperados in situ y en los rellenos. En este sector se ha hecho patente más que en ninguna otra zona la necesidad de acometer tareas urgentes de consolidación de unas estructuras de dos mil años de antigüedad que amenazan desplome. En el interior del aljibe almohade se ha realizado un notable esfuerzo para vaciar una mínima parte de su relleno hasta conocer su profundidad máxima, que se manifestó a tres metros de profundidad, determinando una altura de 6’35 mts hasta la clave desde el pavimento de losas. En la fortaleza, junto a la torre del homenaje se planteó un corte que determinó la fecha clara de su erección, a inicios del siglo XVI, así como el descubrimiento de la articulación de dependencias interiores de época moderna. Al exterior, descubrimos la factura y sección del foso militar de 1812 así como parte de la urbanización romana e islámica de la ciudad cortada por éste. En definitiva, tareas que han aportado algo de luz tanto en la datación como en la valoración del conjunto, pero que a su vez, como era de esperar, plantean por un lado nuevas y futuras indagaciones y por otro un programa de consolidaciones y puesta en valor ambicioso. 2. ANTECEDENTES HISTÓRICOS. Los primeros indicios de ocupación prehistórica en el sector lo constituyen las Pinturas Rupestres de la Laja Alta y la Cueva de la Chinchilla en el mismo cerro del castillo. En el siglo I a.C. hay evidencias de la existencia de un asentamiento libio-fenicio bajo la denominación de “OBA”en base a las monedas bilingües localizadas. En la descripción de la Bética de Plinio se señala el origen púnico de los habitantes de las costas y de algunas ciudades interiores vinculadas a una procedencia norteafricana y fenicia. Avieno denomina libio-fenice a los pueblos que ocupaban las costas malagueña y gaditana. Isidoro Gómez habla de poblamientos anteriores (tartesos, bástulos, turdetanos) basándose en la toponimia. Se constatan acuñaciones de monedas desde el 100 al 23 a.C. El modelo de moneda bilingüe se data entre el 47 y el 44 a.C. Tras la conquista romana de los nuevos territorios se respetan algunos de los nombres de poblaciones ya existentes. Se latiniza
132 el nombre del municipio pasando a denominarse Respublica Obensis. Goza de estatuto de municipio de derecho latino durante el gobierno de Vespasiano ( 69-79 d.C.) convirtiéndose en una ciudad regida por un senado local y aparecen magistrados como los duumviri y los aediles. Hay inscripciones que pueden fecharse en el siglo I y el II d.C. Desde el siglo III d.C. desaparece la documentación referente a Oba y no se conoce la influencia de las invasiones germánicas en la zona. En las proximidades de San Pablo de Buceite se encontró una lucerna de bronce cincelado con forma de paloma y atribuible al siglo IV, en el cerro de los Zarzales una moneda de Constantino, también del siglo IV. Parece que durante este periodo Jimena se convierte en un mero puesto fronterizo. Entre los siglos V-VIII (aprox. 554 d.C.) los bizantinos se instalan en una amplia franja de terreno entre la desembocadura del Júcar y la del Guadalquivir. Parece que la instalación de una guarnición bizantina no tiene duda basándose en materiales de cimentación romano-bizantinos del castillo (Corzo). Se especula sobre la Torre del homenaje y su doble muralla defensiva como estructura de inspiración romano-bizantina. En 572 Leovigildo expulsa a los bizantinos volviendo la ciudad a manos visigodas como puesto militar. No existen referencias documentales relacionadas con Jimena en época de la conquista islámica. Parece que en el curso de la campaña que Musa llevó a cabo contra Medina Sidonia, en 711, pudo pasar a poder musulmán el enclave de Jimena. Desde el año 1059 pasa a depender del Reino Taifa de Sevilla. A finales del siglo XII, según Alfajeme Ruano, durante el dominio almohade sevillano, el castillo sufre reformas: transformación del torreón circular, construcción de los aljibes, torre albarrana y puerta de entrada. Parece que en esta época no tiene importancia poblacional sino tan sólo de tipo militar. La primera noticia escrita sobre la Jimena islámica la encontramos en el año 1293 en un texto en el que el sultán merinita Abu Yacub entrega al rey nazarí de Granada las ciudades de Algeciras, Ronda y sus distritos además de algunos castillos entre los que figura el de XEMINA con una importante población como consecuencia de las conquistas castellanas de todo el occidente andaluz. En 1431 Jimena cae en manos cristianas tras el asalto del Mariscal de Castilla Pedro García de Herrera. Se despuebla la villa volviendo a su carácter puramente militar dependiente de Jerez.. Poco después, en 1451 se reconquista por parte musulmana para volver en 1456 definitivamente a ser conquistada por los castellanos. Tras siglos de abandono, al pasar la población a ocupar el emplazamiento actual en la ladera Norte, en 1811 se realizó la última gran reparación durante la Guerra de la Independencia. En el presente, la denominación “Castillo” hace referencia al antiguo conjunto urbano amurallado romano e islámico. La alcazaba o alcázar, muy transformada a comienzos del XIX, y abandonada desde entonces, se sitúa al sur, sobre uno de los dos promontorios que destacan sobre el terreno. En el extremo Norte, existe una elevación similar en la que en la actualidad se ubica el cementerio local. El resto de la antigua villa, accesos y arrabales ha soportado y lo sigue haciendo en parte una actividad agropecuaria que ha contribuido a la desaparición y ocultamiento de los restos de la antigua ciudad. En el centro de la villa se han ido abriendo grandes aljibes desde la época romana, destacando por su volumen el gran aljibe almohade, el recién restaurado aljibe de Edad Moderna, y desde los años setenta del siglo XX, la cisterna municipal, en pleno uso. 3. PLANTEAMIENTO METODOLÓGICO La primera campaña de estudios arqueológicos en el castillo de Jimena ha culminado las siguientes actividades: 1. Redacción del Programa General de actuación arqueológica en el castillo y primer análisis de las edificaciones: a) Coordinación del Proceso con la Delegación Provincial de Cultura de Cádiz. b) Coordinación técnica y científica con la dirección Facultativa. c) Documentación bibliográfica básica. d) Seguimiento de los levantamientos planimétricos del castillo. e) Toma de datos in situ relativos a la estructura conservada. f) Elaboración de la Primera Aproximación a su evolución Constructiva. g) Organización de un Programa General de Investigación Arqueológica del castillo. 2. Estudio de alzados. Se ha realizado durante los primeros meses en la primera fase al mismo tiempo que las excavaciones y limpiezas arqueológicas. Consta de cuatro actividades: a) Aproximación básica a la edificación: identificación, numeración, estudio de adosamientos, tipos de fábrica, etc. b) Análisis estratigráfico. c) Análisis crítico-descriptivo. 3. Sondeos prospectivos en los diferentes ámbitos del conjunto destinados al establecimiento de un perfil topográfico y ocupacional general para cada una de las fases de ocupación. Los cortes terminados fueron: S-I: Base del torreón circular de la alcazaba. S-II: Foso y antefoso de la alcazaba. S-III: Sondeo muralla oriental. S-IV: Inmediaciones de la plataforma abovedada meridional. S-V: Aljibe almohade 4. Limpieza arqueológica y excavación de los sectores: a) Sistema de accesos actual al castillo y aljibe. Limpieza de la muralla, la barbacana, liza y antemuro del sector oriental. b) Plataformas y bóvedas del sector occidental de la muralla. 4. ESTUDIO BÁSICO DE LA ESTRUCTURA EMERGENTE. Sistemas de Adosamiento. Se aprecian las siguientes evidencias generales:
133 1. El castillo es monofásico, superponiéndose todos sus lienzos sobre restos previos sin adosamientos ni encastres laterales. 2. El torreón del homenaje es una entidad unitaria sin conexión con alzado alguno, salvo con el murete diafragma que le sirve a oriente como caja de la escalera de acceso a la primera planta. Éste se le adosa. 3. La Puerta del Reloj es una entidad plurifásica que manifiesta la presencia de al menos cinco procesos de transformación (dos romanos, un impreciso y dos islámicos) cuyo resultado final es el que hoy observamos probablemente inalterado en lo sustancial desde la época benimerí. 4. El sector occidental presenta una continuidad muraria sólo rota por refacciones e implementaciones de épocas diversas. Creemos que es la antigua muralla romana reparada en numerosas ocasiones. 5. El sector oriental refleja dos áreas diferenciadas. La situada junto a la puerta del reloj presenta al menos tres líneas de muralla destruidas (dos romanas y una bajomedieval). Junto al castillo la muralla es integramente islámica con tres salvedades: 5.1. Está coronada por las reformas napoleónicas. 5.2. En algún punto se yuxtapone sobre restos de la muralla romana “antigua”. 5.3. Afloran los restos de la segunda muralla romana, desestimada en la Edad Media, y hoy visibles a manera de falsa barbacana, situados sin ninguna concomitancia a un metro al exterior de los lienzos. 6. El sector meridional es inaccesible momentáneamente por la presencia del cementerio local así como de huertos particulares y cortados de difícil acceso. Tipos de Fábrica. Tras una primera aproximación al castillo advertimos el empleo de un número elevado de fábricas que delatan una diversidad edilicia superior a lo común explicable por las diversas reformas emprendidas desde la protohistoria hasta nuestros días. Inicialmente han sido detectados dieciséis tipos con diversas variantes o subtipos que no trataremos en este apartado provisional. Parece existir una clara correlación entre los tipos de fábrica y los períodos históricos en los que éstas fueron habituales; solamente hay divergencias en uno de los tipos (mampostería menuda regularizada) presente en reformas de difícil adscripción desde la Edad Media hasta nuestros días. La siguiente clasificación está abierta a la incorporación de nuevas fábricas, así como a los ajustes cronológicos derivados de la investigación. Los paralelos tipológicos y las relaciones básicas de anteroposterioridad son el argumento provisional esgrimido para su montaje y por tanto están sujetos a la crítica y a la revisión. Es habitual en nuestros trabajos incorporar nuestras clasificaciones tipológicas (Tabales 1997) tanto a la primera lectura como a los estudios pormenorizados posteriores; sin embargo, salvando generalizaciones claras, es evidente que dicha estructuración falla en los distintos aparejos relacionados con el mampuesto. Por FIG. 1. Planta actual del castillo en la que quedan señalados los distintos sistemas de adosamiento localizados.
134 ello, y dado que la mayor parte de los tipos aquí presentes son variaciones de dicha fábrica, hemos considerado oportuno crear una nueva secuencia numerada que servirá de matriz a futuros trabajos. A pesar de que las fábricas murarias que han sido sistematizadas en los diferentes sectores del recinto de Jimena de la Frontera no destaquen por su excepcionalidad en cuanto a calidad de ejecución y tratamiento superficial, hay que reconocer un doble interés a este conjunto con relación a este asunto. Por una parte, las tipologías predominantes ponen de manifiesto las vinculaciones y las relaciones constructivas que históricamente ha existido con otros centros del entorno, como por ejemplo en lo que se refiere a las fábricas romanas, con la Carteia imperial. En segundo lugar, a través de la diversidad de fábricas que hemos podido determinar, quedan patente las constantes intervenciones que históricamente se han producido en este sector, desde el siglo II a.C. (especialmente en el sector oriental, que ha sido excavado) hasta las recientes actuaciones de carácter parcial de hace unos años. No obstante, los restos murarios corresponden fundamentalmente a las épocas romana (alto y bajoimperial), medieval (islámico, XII-XIII y cristiano XIV), moderno (XV-XVII) y contemporánea (de época napoleónica, a comienzos del siglo XIX). Aunque en menor medida hay fábricas mixtas, las fábricas predominantes en Jimena de la Frontera son las pétreas, de modo que la presencia de piezas latericias se limita, prácticamente, a acuñamientos y a verdugadas de ladrillo de un pie que se alternan en hiladas con mampuestos reutilizados (B.2.1) y que por tanto tienen como finalidad la de regularizar fábricas de mampostería. Las fábricas pétreas corresponden a una amplia diversidad (sillería, opus vittatum y diversos tipos de mampostería); de entre las de época romana, las fábricas predominantes concretamente fueron realizadas en opus vittatum, una técnica muy habitual en la Bética romana, como en otras provincias del Imperio, por su practicidad, facilidad de ejecución y solidez. Los sectores de mayor complejidad tipológica son el sector 1 (de la Puerta del Reloj, donde llegan a encontrarse hasta 8 tipologías diferentes) y el 2 (sector de la muralla oriental, especialmente en la zona recientemente excavada); en dichos sectores, las fábricas más antiguas corresponden cuanto menos al siglo I a.C. e incluso, en función de la cerámica de excavación, podrían retrotraerse al siglo II a.C. (A.1.0, Sector muralla Oriental). En cuanto a la calidad de ejecución y tratamiento superficial, por la finura en su tratamiento pulido de su haz, destacan algunas fábricas del Sector de la Puerta del Reloj y de la muralla Occidental, correspondientes a época romana. Concretamente, las tipologías A.1.1 y A.1.2, referidas como Opus Quadratum y Opus vittatum A, respectivamente, que aparecen en el Sector de la Puerta del Reloj y la tipología A.1.3. referida como Opus Vittatum B, en el Sector de la muralla Occidental, en la fábrica correspondiente al basamento del templo. En general, los diversos tipos constatados de fábricas pétreas están conformados por piezas bastante irregulares, a excepción de las piezas isódomas del A.1.4 bis y de las seudoisódomas, en FIG. 2. Planta actual del castillo con los diversos tipos de fábrica identificados.
135 hiladas de diferente altura del Opus quadratum (A.1.1.) y de los Opus vittatum C y D (A.1.4 y A.1.5). Esta irregularidad en cuanto a las piezas está también presente en las fábricas de mampostería ordinaria, donde en contraposición para obtener la horizontalidad de tendeles y regularizar las fábricas en la medida de lo posible, se recurre a cuñas regularizadoras pétreas o cerámicas, (B.1.1, B.1.3 y B.1.4), encadenados de sillares y sillarejos en los ángulos, hiladas alternas de regularización (Mampostería regularizada B.1.2). Por esta amplia diversidad tipológica, el Castillo de Jimena de la Frontera se ofrece como un abanico de soluciones, especialmente en cuanto a fábricas de mampostería de diferentes momentos de la Historia. 5. ANÁLISIS DE PARAMENTOS. Sector de la Puerta del Reloj. Proceso 1. Construcción de una muralla de opus vittatum que forma parte del amurallamiento primitivo de la ciudad romana de Oba. En este momento no existe puerta alguna constatada. La superficie y la tipología muraria denotan un grado de perfección no superado en los siglos siguientes. La cronología provisional es del siglo I d.C. si bien existen dudas razonables respecto a una reparación del lienzo a comienzos del siglo III en virtud de evidencias numismáticas asociadas. Proceso 2. Adosamiento a la muralla citada de una torre de sillares de opus quadratum de roca caliza muy bien tallados y dispuestos a hueso, con retoques in situ de acoplamiento y módulo helenístico. Se trata de una torre sin paralelos “localizados” en el yacimiento, con una factura que nos hace pensar en una reutilización de las piezas procedentes de alguna edificación púnica. Su presencia en una muralla en la que no existen torres de flanqueo y en la cual los accidentes topográficos son salvados mediante un sistema de cremallera nos delata la posible presencia de una puerta en este lugar en la época en la que fue levantada, tal vez durante el siglo I d.C. No sería una puerta principal ya que no existe espacio entre la muralla y la roca madre suficiente como para cobijar un vano superior a los 1’5 mts. Proceso 3. Tanto la muralla romana como la torre citada con anterioridad sufren una destrucción en un momento indeterminado durante el período tardoromano (siglos II al IV). Proceso 4. Reconstrucción de la muralla bajo parámetros formales, tipológicos y topográficos muy diferentes a los anteriores. La torre de sillares servirá a hora de apoyo a un nuevo lienzo que formará parte de una nueva muralla que se dotará de plataformas cuya misión será soportar torreones de flanqueo de una nueva puerta situada en el lugar donde hoy se encuentra la del Reloj, sobre los restos de la primitiva muralla, completamente anulada. Esta operación implica una reforma urbanística de primer orden en el que destaca la aparición de nuevas calles y una articulación del espacio urbano interior más abigarrada. Hay que situarla durante el siglo III o IV de nuestra Era y supone la ampliación de un tramo de muralla hacia el Este para defender la vaguada más accesible a la ciudad, probablemente destruida por alguna de las invasiones anteriores (Mauris, francos, alamanes..) Proceso 5. Tal vez durante el período visigodo, bizantino o incluso emiral asistimos a la creación de un gran baluarte rectangular de mampostería con recios muros de tres hojas que suplirá a las torres anteriores. Se trata con toda probabilidad de crear un control adecuado a un acceso cuya importancia cambia ahora drásticamente. Es ahora cuando parece adivinarse un cambio de tendencia en la ubicación extramuros del poblamiento por lo que cambia el carácter de la puerta que ahora será primario, lo cual no significa que el flanco occidental de la ciudad, donde se localiza la puerta principal hasta ese momento, deje de tener una cierta prevalencia (no olvidemos la hipotética presencia de un poblamiento mozárabe en aquel sector hasta el siglo XI). Proceso 6. En el siglo XII o tal vez en el XIII de nuevo vemos cambios en la portada cuya trascendencia será ya definitiva. Es en estos momentos almohades o meriníes cuando la puerta y sus flanqueos adquieren su fisonomía actual mediante la eliminación del bastión rectangular de control y la creación en su lugar de la esbelta torre almenada (mal llamada albarrana) que hoy observamos en el lado oriental del vano. Éste a su vez adquiere su tipología actual a la vez que se articula una nueva muralla de fábrica mixta que sustituye a la romana, tal vez vigente allí hasta ese instante (y de la cual aún quedan huellas en cimientos y en lienzos contiguos). Proceso 7. Bajo la fisonomía actual de la puerta y su entorno se aprecian obras de renovación y adosamiento de nuevos lienzos quizás durante las guerras fronterizas del siglo XV. Lo más llamativo de dicha renovación es la presencia vertical de una enorme grieta en el paramento situado al Oeste de la puerta. La tosquedad de dicho adosamiento denota un alto grado de precipitación probablemente debido a la inminencia de nuevos ataques. Proceso 8. Incorporamos aquí una serie de alteraciones menores, retoques y destrucciones naturales que se desarrollan desde el siglo XIV hasta la década final del siglo XX. Se corresponden con el largo período de abandono sufrido por el monumento hasta el presente, y culmina con las obras de reparación emprendidas recientemente. A este proceso pertenecen pues las tareas de reconstrucción de la coronación de la torre del reloj, de las almenas contiguas y de los parcheos y recalces de cimentación. Sector de la Muralla Oriental. Proceso 1. Los restos excavados en el lienzo oriental delatan la existencia de una muralla primitiva con aparejo de sillarejo regularizado, muy bien escuadrado y acabado aunque de hiladas no isódomas, perfectamente encadenado mediante sillares en los ángulos. Se trata de un muro de pie y medio con una función a medio camino entre lo militar y lo propagandístico. Es, en definitiva, una muralla en cremallera situada en la cresta de una vaguada situada en el centro del lado oriental de la ciudad que bien podría fecharse, sobre todo por paralelos con Carteia (Termas públicas) y Baelo Claudia (templos capitolinos, murallas...) en el período tardorepublicano o en el primer período altoimperial (siglos I a.C.-I d.C.). En este período deben incorporarse la torre y el lienzo de opus vittatum del sector de la puerta. Probablemente duraron hasta el siglo III o el IV, momento en el que todo este flanco fue anulado para adelantar la fortificación unos metros
136 y reforzar su resistencia militar. Sin embargo debe hacernos reflexionar el hecho de que en los rellenos fundacionales de dicha muralla prístina aparecen paquetes de cerámica protohistórica de los siglos VIII-VI a.C., así como abundante material iberopúnico de los siglos IV al II a.C. Lo fácil, sería si no fuera por los paralelos formales romanos, adscribir esta parte del amurallamiento obense al período cartaginés, por lo que insistimos en el carácter provisional de este primer acercamiento arqueológico. Proceso 2. Tras las invasiones del siglo III-IV, debido a ellas o como prevención ante ellas, se aprecia una renovación de la muralla antigua que deviene según los lienzos, en una sustitución, reparación o mantenimiento de aquella. Así, en el sector central, la vulnerabilidad generada por el muro de la vaguada citada fue resuelta mediante la construcción de un potente muro de tres hojas y caras de opus vittatum calizo, de metro y medio de espesor. En este muro nuevo, parcialmente recuperado en nuestra excavación, se edificaron dos torres, no eliminándose del todo el lienzo antiguo y creándose tirantes intermedios destinados a garantizar la rigidez. Se trata de una magnífica obra realizada con un buen aunque tosco hormigón interno y un cuidado aparejo externo no isódomo y con superficie sin pulir. Es en esta época cuando se levanta, tal vez sustituyendo a la muralla primitiva, lo que hoy se considera barbacana del flanco suroriental, junto al castillo, y que mantiene un vittatum algo descuidado. En ese punto los muros árabes posteriores se retrotrajeron un metro al interior, pero en otros puntos (Unidades 725 y 729) sirvieron de base a sus murallas. Por otro lado, tanto al Norte de la puerta como en el resto de la muralla (flanco occidental) se mantuvo la cerca romana antigua, lo que nos hace suponer que los embates más destructivos de la tardoantigüedad se produjeron por el lado citado. La cronología esgrimida (siglos III al IV) descansa sobre dos pilares: el primero es el material cerámico asociado a la destrucción del primer muro, que oscila entre los siglos citados, y la ausencia de materiales posteriores hasta el siglo XII; y el segundo es el de los paralelos tipológicos, todos ellos altoimperiales, que nos incitan a no establecer fechas más tardías (como la visigoda, o bizantina). Proceso 3. Se produce un salto de casi mil años hasta apreciar la siguiente tanda de reformas claras. No es fácil advertir cronologías con precisión cuando hablamos de mampostería al vernos obligados al uso de paralelos formales siempre escurridizos. Sin embargo apreciamos el empleo en los períodos más antiguos de una mampostería alternante de hiladas fajeadas e hiladas escuadradas, visible también en otros puntos de la cerca y que podrían ser almohades o meriníes a juzgar por los paralelos del entorno (Ronda, Medina Sidonia..). Lo cierto es que durante la baja Edad FIG. 3. Alzado estratigráfico de la Puerta del Reloj.
137 Media (siglos XIII al XV) se reparan y levantan nuevos lienzos empleando materiales cada vez más pobres y aparejos menos cuidados. El análisis de paramentos advierte la presencia de al menos cuatro fábricas distintas, todas ellas con el mampuesto regularizado de menor o mayor calidad como fundamento. La disposición general de los muros en el presente parte pues de este período salvo en el caso del lienzo excavado, donde la muralla islámica (y su paso de ronda interno) se apoyan toscamente y no de modo directo sobre la primera muralla romana, dejando la exterior bajoimperial destruida a sus pies. Proceso 4. Dentro del empleo de la mampostería regularizada detectamos algunos parches muy similares en aparejo al empleado en el muro de la torre del homenaje, datada por nuestro equipo en el reinado de los Reyes Católicos avanzado (en torno a 1500) según la cerámica. Es un período en el que la población comienza a abandonar la ciudad y se desplaza a la ladera Este (su emplazamiento actual) por lo que no parecen lógicas otras reformas que no sean las del castillo superior y sus inmediaciones. Así es en este caso ya que dichos parches se sitúan en el muro de la alcazaba y no en otros lugares de la cerca. Proceso 5. Parches y retoques desde el siglo XIX. Responden a dos iniciativas bien distintas pero difíciles de separar ya que se caracterizan por el empleo de mamposterías muy mal concertadas y de poca maestría. Nos referimos inicialmente a las obras emprendidas por el general Navarro en 1812 durante la guerra de la independencia, a base de hiladas irregulares de piedra desigual recercadas con fragmentos cerámicos, que se hacen patentes sobre todo en las coronaciones almenadas superpuestas del sector de la alcazaba. Otros parcheos, distribuidos por todos los lienzos tienen su origen en diversas reparaciones desde entonces, sobre todo las emprendidas en la década de los noventa, perceptibles sobre todo en el centro del lienzo. Sector Muralla Occidental. Proceso 1. La mayor parte de la muralla occidental conserva aún, y a diferencia del sector opuesto, una proporción considerable del primitivo cercado romano. Este se manifiesta según el mismo trazado actual hasta el emplazamiento de la alcazaba donde sólo se intuye su presencia en el basamento de una de las torres cercanas a la del homenaje, así como bajo la torre que flanquea el muro de la fachada de la alcazaba. En definitiva, se trata de un paramento de opus vittatum en el que se advierten al menos tres calidades diferentes que van desde el sillarejo almohadillado hasta el sillarejo con la superficie pulida. Se trata de fábricas que arrancan desde la roca madre sin superponerse a nada anterior. En principio, la cronología romana del I al IV viene fundamentada exclusivamente por analogía con fábricas similares en Baelo y Carteia. A diferencia del sector oriental, aquí no es posible distinguir de momento si existieron reformas o no en época bajoimperial, pero parece clara su adscripción generalizada a la primera fase obense. Proceso 2. Reformas bajomedievales consistentes por un lado en implementaciones de la muralla romana en la coronación, lo cual implica probablemente transformaciones en la merlatura durante la época islámica, a su vez ya desaparecida. Por otro lado, se advierten taponamientos y parches progresivamente más frecuentes a medida que nos alejamos en uno y otro senFIG. 4. Alzado estratigráfico de la muralla oriental. Extremo sur.
138 tido desde el bastión del templo y de la puerta. La cronología de estas operaciones debe ser diferente a juzgar por el empleo de al menos dos tipos de mampostería; una de ellas, regularizada con hiladas alternas muy cuidadas, podría ser almohade mientras que la otra, ordinaria irregular con tendencia a la horizontalidad, es probablemente meriní. En cualquier caso, independientemente de dichas conjeturas, lo claro es que a diferencia del sector oriental, todas las reformas emprendidas en esta fachada a un posible arrabal antiguo, se ejecutaron sobre la misma línea de la cerca romana. Sin embargo debe hacerse constar la inexistencia, salvo una posible escarpa (u.827), de restos islámicos en la cara externa del castillo, algo atribuible a la intensidad de las reformas emprendidas allí durante la invasión francesa. Proceso 3. Obras emprendidas por el ejército en 1812 durante la guerra contra Francia. Destinadas a fortificar el sector de la torre del homenaje, consisten en el uso de una mampostería irregular menuda regularizada con fragmentos latericios y cerámicos. En algún caso la obra supone el adosamiento a los lienzos romanos previa sustitución de parte de aquellos; en otras se superpone directamente sobre lienzos islámicos y, por último, en la torre 30, embute directamente las estructuras murarias precedentes. Se trata de una obra de considerable entidad en este sector donde arranca desde la roca eliminando casi todos los vestigios anteriores. Sector Acceso a la Alcazaba. Proceso 1. Los muros dispuestos en la alcazaba como límite urbano responden a un esquema edilicio militar contemporáneo lo cual no es óbice para descartar una presencia fortificada previa en la misma zona. La realidad constatable se circunscribe, en cuanto a lo romano se refiere, a la presencia, embutida por la torre occidental de esta fachada, de un fragmento de lienzo (u. 769) del tipo que hemos venido en denominar vittatum C, presente en otros tramos de la muralla primitiva. No podemos otorgar a ese minúsculo residuo ninguna función clara por lo que, salvando el hecho irrefutable de la existencia de amurallamiento en el espolón que hoy ocupa la alcazaba, no podemos deducir la existencia de un área fortificada bajo la actual. Los restos de signinum localizados por Sassoon y las evidencias de roca tallada en su superficie no hacen más que abundar en una presencia que, por desgracia hasta ahora no ha sido refrendada por el sondeo estratigráfico practicado a los pies de la torre del homenaje. Proceso 2. Los dos muros diafragma de la fortaleza contemporánea descansan íntegramente sobre lienzos preexistentes levantados mediante el empleo de mampuestos irregulares similares a los empleados en las reformas almohades y meriníes de la torre del reloj. A falta de excavaciones que contribuyan a afinar mejor las cronologías (cosa difícil al apoyar directamente sobre la roca) no tenemos más remedio que plantear la posibilidad de una datación equivalente a la citada, a la par que teorizar sobre la existencia en este período norteafricano de una fortificación no demasiado diferente a la actual. De hecho, ésta última vendría únicamente, si nuestras observaciones no son erróneas, a suplementar las anteriores, alterando la merlatura y adecuándola a la fusilería moderna. Proceso 3. Operaciones destinadas a recrecer los muros y adecuar los merlones según la costumbre contemporánea. Se data claramente en 1812 siendo el general Navarro su aparente responsable. Su fábrica, a base de mampostería irregular enripiada con cerámica y ladrillos, es muy homogénea, superponiéndose a FIG. 5. Alzado estratigráfico de uno de los sectores de la muralla occidental.
139 los muros islámicos previos de manera directa y creando a veces una línea de nivelación sobre la cual se labra ex nuovo. Debe entenderse este muro dotado de su foso (localizado en la zanja SE II) y de una línea de estacas lígneas, según la costumbre de la época. 6. LIMPIEZA ARQUEOLÓGICA DEL LIENZO ORIENTAL. El trabajo realizado consistió en la limpieza arqueológica de la zona partiendo de sectores de cinco metros de anchura cada uno, que identificamos con las letras de la A a la M, partiendo desde la Torre del Reloj, en el extremo sur, hasta llegar al lienzo rehecho en 1992. El sistema ideado se basaba en el rebaje exhaustivo de cada sector, llegando hasta la cimentación de los lienzos en los lugares que fuese oportuno, intentando aclarar en todos los casos la secuencia estratigráfica de las fases, mediante la recogida sistemática del material que los rellenos ofrecían. Sectores A/B. En el sector A solo podemos apuntar cronologías bajomedievales. En este caso se trata de una alberca constituida como espacio rectangular solado por medio de pavimento de ladrillos a la palma en escuadra respecto a cenefa perimetral dispuesta a soga. El módulo de losa es de 0´27 x 0´14 x 0´04 m. Este piso se asienta en una cama de cal de gran dureza, la cota a la que queda situado es 186´18, que significó la máxima bajada en este tramo. El registro presentaba una colmatación fechada en el siglo XIV, por lo que su mantenimiento en el tiempo debió ser breve. Está flanqueado por dos paramentos irregulares, de mampuesto calizo trabado con argamasa, con tejas y ladrillos de nivelación en las hiladas. Esta apariencia queda simulada con estuco exterior, localizándose en determinados casos hasta tres capas. El sector B se planteaba como un espacio cuadrangular delimitado por la atalaya, el paramento 501 al este, 502 al sur y 503 al oeste. Todos tienen como común denominador su ascendencia romana, si bien han sido recrecidos en etapas posteriores. Presentan un aparejo irregular de caliza formado por bloques de mampuestos dispuestos en hiladas con una traba de argamasa consistente, parecida al opus vittatum aunque más irregular. Alcanzan una anchura total que ronda los 1´80 m y presentan en su interior emplecton de sillarejo y cal. Sectores C/D. El primer elemento destacable es el paramento 521 situado bajo la línea de camino y construido mediante un opus vittatum A con sillares irregulares trabados a hueso. A este elemento se le adosa el flanco meridional de una primitiva torre embutida en la actual del Reloj y labrada siguiendo un aparejo del tipo opus quadratum con sillares regulares de caliza trabados a hueso. Ambos elementos se encuentran colocados directamente sobre la roca madre, sin presentar cimentación alguna. La torre era maciza, como evidencia el hueco dejado en la actualidad por el robo de uno de sus sillares y podríamos fechar ambos elementos entre los siglos II-I a. C. FIG. 6. Alzado estratigráfico del acceso a la zona de la alcazaba.
146 ciudad, ubicado en una plataforma entre los aljibes almohade y cristiano. Precisamente aquella fue la que generó más problemas pues al quedar descubierta quedaba a merced de su destrucción debido a la presión del agua, efecto paliado con la construcción de dos pilares pétreos de fijación. Antes de nuestra intervención el aspecto general de la zona era de espacio abierto y carente por completo de estructuras a excepción del tramo de muro identificado como unidad 579, en pésimo estado de conservación. En rigor la superficie ocupada por los sectores H-K se presentaba desguarnecidas por completo de defensa, por concentrarse en esos metros la mayor debilidad de la fortaleza. Fuera de esta valoración inicial los resultados de la excavación resultaron sorprendentes, pudiéndose establecer las siguientes reflexiones: UNIDAD ELEMENTO CRONOLOGÍA COTA 699 Pavimento de opus signinum vinculado a muro 575. Siglo II-I a. C 189´88 / 189´50 575 Paramento en damero, muralla oriental. Siglo I a. C.. 191´05 / 188´54 660 Zapata interior de muralla 534. Siglos II-III. 188´93 / 188´23 534 Muralla de levante. Siglos II-III. 190´01 / 187´63 647 Pavimento calizo Siglos II-III 189´92 / 579 Muralla de cierre oriental Siglos XII-XIV. 193´13 / 191´10. 578 Pavimento calizo dispuesto en vías. Siglos XV-XVI. 191´59 / 191´15 Avalados por los resultados alcanzados en el sector C de la ladera este, intuíamos la existencia de un muro que actuase de defensa previa a la definitiva cerca de los siglos II-III. Como testimonio de ello resultaba en aquel estanco un paramento de opus vittatum (identificado como 521), al que se adosa una torre de opus quadratum (526). La conclusión en aquel punto era que aquella primitiva cerca, fechada tipológicamente en tiempos de Augusto (31 a. C - 14 d. C), fue fagocitada en un momento determinado por la que vemos de forma general a lo largo de toda la ladera (534). No obstante en ningún punto de la superficie volvimos a ver huella del vittatum, que debía trazar un recorrido diferente a la emergente, como evidenciaba su alineación. En el corte III hallamos un enorme fragmento de muralla que puede ponerse en relación con aquella primitiva cerca. Se trata de la unidad 575, formada por un aparejo en damero irregular, combinado en determinados puntos con la citada fábrica de vittatum. La disposición consiste en alternar bloques de sillares en hiladas con rellenos de mampuestos dispuestos en líneas horizontales que alcanzan la altura de los primeros. Presenta una disposición angular; el frente de levante posee 7´59 m de longitud por 0´550´60 m de anchura. Este lado conserva un alzado máximo de 2´12 m de altura. En su extremo sur está fracturado por las obras de inclusión de la tubería antes descrita, no obstante es posible que su recorrido continúe, a cotas muy bajas o bien a la altura de cimentación, por los sectores no excavados H-I. Como decíamos, en el extremo norte realiza el muro un giro de 90º al oeste del corte. El lado resultante presenta una longitud de 2´50 m por una anchura de 0´68-70El alzado ronda los 2´00 m. El aparejo de damero, por definición mixto, combina la arenisca, empleada puntualmente en los sillares mayores, con la caliza del resto de los módulos que conforman el sillarejo. Todo está trabado a hueso, resultando ambas caras perfectamente careadas. El muro descansa exteriormente sobre la roca madre arenisca, trabajada en plano horizontal, en torno a la cota 188´54; interiormente presenta una leve zapata de 0´12-0’15 m de grosor a las cotas de 189´48 (lado oriental) y 189´30 (frente norte). Evidencia un dominio total de la cantería. Alcanzamos la cimentación del paramento por sus dos caras por medio del planteamiento de sendas excavaciones en cada una. La exterior (este) se situó entre los muros 576, 534 y el propio 575. La interior (oeste) entre el propio ángulo del damero y el paramento 590. Antes de continuar cabe especificarse que ambas propuestas se efectuaron tras haber excavado de forma casi general la superficie del corte, apoyándonos en perfiles formados por paramentos descubiertos cuya adscripción cronológica era posterior. Comenzamos las descripciones por el lado exterior. De este modo en el frente de levante descubrimos un gran lienzo de muralla en bastante mal estado, adosada al damero y adoptando su misma planta acodada. Identificamos este lienzo con la unidad 534, dada de manera general en toda la ladera. Se trata de un paramento con fábrica algo diferenciada del recorrido oriental (opus mixtum vittatum), en cuanto a que presenta hiladas de sillarejo pseudoisódomos tendentes al tizón con inclusión de lascas de piedra para calzar las hileras. Ha sido revelado un frente de 7´60 m de longitud, con una anchura de 1´10 m; el alzado máximo es de 1´70; las cotas a las que oscila 190´01 / 186´63. Interiormente presenta como cimentación una zapata de mampuesto (opus incertum) trabada con barro, de anchura de 0´50 m (unidad 660). El elemento recorre una distancia total de 6´75 m, oscilando entre las cotas de 188´93 / 188´23, altura esta a la que se asienta directamente sobre la roca arenisca, trabajada en plano horizontal para soportar esta misión. Por su frente externo el muro presenta una primera zapata de 0´15 m de anchura a la cota 188´50; puesta en relación con la media general de la muralla en la ladera (186´00), restaría por ser excavado más de dos metros de alzado. Ha sido en el corte III en el único que hemos podido determinar con claridad tanto la anchura como el interior de esta defensa. Vinculado a este lienzo se encuentran los restos de un pavimento de losas calizas (unidad 647) que evidencia la urbanización del
147 espacio resultante entre los sistemas de fortificación 575-534. Esta solería debe ser análoga a la unidad 585, visible en los sectores de limpieza arqueológica E-F, manteniendo incluso su misma cota (189´97). Para mantener la estabilidad de ambos muros se construyeron igualmente una serie de paramentos de entibo adosados, como es el caso del registrado como 576. Por último se adosa un postrero baluarte a la muralla de opus mixtum vittatum (645) en el mismo recodo norte, entendido como nuevo refuerzo del ángulo; la cota marcada por su zapata (187´88) marcó el fin de nuestro rebaje. El material asociado a estas estructuras sorprendió por su antigüedad desde el inicio de la excavación al exterior de los sistemas defensivos. Encontramos un elevado número de restos romanos en capas fechadas en cronologías modernas (unidad 577). Podemos decir que la secuencia clásica se inicia a partir de la cota 189´43, desde la que comienzan los rellenos 591-594. El primero de ellos cierra en siglo V d. C, el segundo presenta una cronología que va desde los siglos V-II a. C, es decir en época ibérica. Desde la cota 189´15 hasta la roca madre (188´54) todos los rellenos que se suceden presentan una cronología de Bronce Final, entre los siglos VIII-VII a. C, exhibiendo de forma exclusiva y abundante piezas de pastas oscuras, acabados toscos o bruñidos, platos de borde almendrado, recipientes cerrados de borde vuelto etc. Los materiales obtenidos en ningún caso son romanos, tan solo podemos hablar de piezas ibéricas sobre la unidad 660 caracterizadas por una alfarería de pastas anaranjadas decoradas con bandas de pigmento rojo y negro. El mismo material se obtuvo de los rellenos que rodeaban la muralla 534 por su lado norte. La recogida de la cerámica se efectuó con suma precisión, identificando las tongadas de tierra de diferente color ayudados por medio del riego de la misma antes de efectuar cada cavada. Como ha resultado evidente a lo largo de toda la ladera de levante, las murallas en ningún caso presentan zanja de cimentación, por lo que la recogida de material adscrito a cada muro ha sido imposible, ya que tampoco topamos con restos cerámicos incluidos en el interior de las llagas. La abundancia de material del Bronce Final nos llevó incluso a la posibilidad de retraer las cronologías de las murallas hasta fechas protohistóricas, si bien no parece posible tal perspectiva, ya que en estos periodos (en los que podemos incluir ejemplos como Castillo de Doña Blanca en el Puerto de Santa María, Tejada la Vieja en Huelva, Carmona, Mesa de Setefilla en Lora del Río, y Alcalá de Guadaira, las tres últimas en Sevilla), predomina como único tipo de fábrica la acumulación de piedras en seco sin aparejo definido, como mucho intentando una formalización exterior, que usualmente presenta perfil ataludado, con un grosor medio de cuatro metros. Estos condicionantes se separan por completo del paramento en damero 575, deudor de un dominio excelente de la estereotomía, con frontales careados y aplomados y un grosor que oscila los 0´60 m. Tipológicamente este elemento está fechado con cierta exactitud a partir de los siglos II-III a. C, pudiendo retraerse como mucho al IV en lugares determinados como Etruria. El adosamiento del resto de los muros al damero condiciona su antigüedad. En nuestro caso este lienzo queda datado en el marco de los siglos II-I a. C, hecho que intentaremos clarificar con posterioridad. La contemplación del doble sistema defensivo de la zona oriental del corte, y los problemas cronológicos que suscitaba el material adscrito nos llevó a la excavación del interior del muro 575, en una cuadrícula formada por el ángulo del mismo, el perfil occidental del corte y el paramento 590, de cronología posterior (en total 3´75 m2). El resultado fundamental de esta cata fue la consecución de un único nivel de pavimento que se apreciaba en toda la superficie, completamente machacado por un derrumbe material, fundamentalmente formado por tegulae romana. Definitivamente las zanjas de cimentación de la muralla no existen, ya que esta se apoya directamente en la roca, adaptada en plano para esa misión. No obstante el paramento presenta al interior dos zapatas de las que carece su frente externo. Entre la roca madre y el pavimento mencionado se presentan dos rellenos muy similares formados por una matriz arcillosa con escasos restos de acarreo y abundante material cerámico, adquiere una tonalidad rojizo anaranjada debido a la presencia del arenisco y la greda que este desprende, puede apreciarse en todo este paquete un alto nivel de carboncilla, aspecto común en el resto de los rellenos determinados en el otro extremo de la muralla, pero que no evidencia un horizonte de fuego generalizado. Se trata de los rellenos 700 y 702, ambos presentan un panorama que va del siglo V al II a. C. Si bien la existencia de cerámicas bruñidas del Bronce Final es mayoritaria, puede apreciarse en ambos paquetes producciones ibéricas a torno, de pastas anaranjadas y superficies alisadas que condicionan la data final. No obstante la abundante carga material de los siglos VIII-VI condiciona la existencia de un conjunto habitacional (probablemente urbano) del que no tenemos hasta la fecha más indicio que el material. Ambos rellenos se sitúan bajo el pavimento de opus signinum 699 (189´88 / 189´50). Este se sitúa como único suelo vinculado al damero, quedando anulado por completo por un paquete formado por un copioso derrumbe de tejas, en el que la huella de incendio es patente (unidad 698, cotas 191´25 / 189´98). Este conjunto cierra en siglo II d. C; es decir fecha la destrucción del signinum, cuya presencia condicionaría un espacio interior, o al menos cubierto, inmediato a la muralla. Los datos obtenidos en la cata fueron fundamentales ya que inscriben con cierta exactitud la muralla de damero 575 en el siglo II a. C. A pesar de ello preferimos optar por un marco que alcance los siglos II-I., atendiendo sobre todo al muro de vittatum del sector C (521), cuya tipología no parece generalizarse hasta tiempos augusteos. Un sustrato material tan abundante fechado en el siglo VIII-VII a. C manifiesta la existencia de una comunidad en la zona, que no debe sorprendernos en el trasiego comercial que el Campo de Gibraltar soporta partir de esas fechas. La presencia de una muralla que la cerrase no debe ser obligatoria, ya que muchos de estos poblados obtenían la defensa necesaria de la misma topografía del terreno. Con respecto al muro en damero, su estrechez debe quedar condicionada, como en otras ciudades romanas, por la necesidad de mantener este elemento, que posee un valor administrativo y simbólico. La poliorcética del momento induce a la formación de murallas de casertas o casamatas, de cuatro metros de anchura como mínimo, formada por dos paramentos paralelos entibados por otros perpendiculares, cuyo espacio interno se rellena de ripio o bien queda transitable. Evidentemente nuestro damero no responde a estas características, como evidencia el perfecto corte de sus caras, por lo que tendría una misión propagandística. Probablemente la ciudad de este periodo no tuviese una necesidad
148 de fortificación imperante, aprovechando lo escarpado del cerro de San Cristóbal como protección. Con respecto al paramento 534 pensamos que la propia destrucción del suelo 699 fechada en siglo II d.C, pudiese estar en relación con su erección. En su disposición ha mantenido algunos rasgos comunes respecto al lienzo general de la ladera de levante que fechamos en esta centuria (siglos II-III d. C) como consecuencia de una sensación de inestabilidad generalizada en la región, como dijimos vinculada a los constantes asaltos de las tropas mauritanas, cuyo máximo apogeo significa la década de 170. Esta acción supone una leve ampliación de la ciudad a oriente, zona históricamente más débil por la probable existencia de vaguadas naturales. El espacio ganado será urbanizado por medio de una vía caliza ya apreciable en sectores meridionales. Sobre el citado relleno de destrucción fechado en siglo II se superponen paquetes de cronología moderna, en este caso la unidad 655 (191´44 / 191´09) datada entre los siglos XVIXVIISe trata de una capa sellada por un pavimento de guijarros dispuestos a partir de vías longitudinales. La cota máxima del firme es 191´59, adquiriendo la datación anterior. Este elemento se adapta perfectamente al nuevo perímetro urbano fijado por la muralla 579, en pésimo estado de conservación (193´13 / 191´10). Este nuevo cierre de levante está compuesto por sillarejo calizo sin aparejo definido, con ladrillos y tejas calzando las hiladas pétreas. Presenta una anchura total de 1´10 m, su datación está en función del programa de reestructuración del castillo durante la fase norteafricana (siglos XII-XIII). El lienzo, carente por completo de cimentación, debe ser entendido como nuevo refuerzo de la ladera de levante. Se asienta parcialmente sobre estructuras precedentes (unidad 575), significando un leve receso del perímetro urbano. El mantenimiento frente al mismo de la segunda cerca romana puede condicionar que en esta zona aquella actuase como barbacana, hecho que resulta imposible afirmar. La excavación pormenorizada de los sectores H-I deben dar la solución al cierre definitivo de las defensas, si bien las plantas generadas por el trabajo de campo aportan orientaciones casi definitivas. La meriní parece haber sido la más dañada, pudiendo afirmarse que la mayoría de los fragmentos que jalonan la ladera oriental formaban parte de su recorrido. Haciendo balance de lo hasta ahora descrito encontramos claras evidencias para determinar como mínimo tres refuerzos defensivos del frente oriental del castillo, incluso con opciones de uno más. El primero de ellos sería el paramento en damero (575) fechado en el siglo I a. C. El siguiente episodio estaría descrito por la muralla 534 que supondría una mínima ampliación de la ciudad antigua y en ningún caso la eliminación del primer perímetro, cuyo recorrido pervive en este espacio, de hecho la nueva cerca se adosa al quiebro del primero, urbanizándose el espacio entre ambas mediante un pavimento de calizas y estribos de consolidación. Existe la posibilidad de que esta muralla fuese reforzada nuevamente, como parece evidenciar el tramo 645. Por último se conoce la construcción de un recinto meriní (siglos XII-XIII), cuyo testigo fundamental es el lienzo 579 que recorre la superficie del corte por encima del muro inicial, sobre el que se asienta en determinados puntos, pero sin respetar el esviaje de 90º que los anteriores muros presentan hacia el oeste en su flanco septentrional. Todas las estructuras descritas presentan de forma general un abandono paulatino a caballo entre los siglos XVI-XVII, momento en que la ciudad se traslada a su emplazamiento actual. A partir de entonces se aprecian algunos restos de edificación propios de las huertas y establos que jalonaron la superficie desde ese momento, y hasta fechas recientes. El acarreo de piedra, las lluvias y el pésimo estado de la muralla almohade condicionaron su definitivo derrumbamiento, el paso del tiempo por la ladera enterró la memoria de un pasado remoto y milenario. SE IV. Plataforma abovedada. Situado en la cuadrícula S-E de las que forman la superficie de limpieza de las nueve bóvedas. Se trata de una planta de 4´50 x 3´80 m. El objetivo de este sondeo era determinar con mayor claridad la secuencia estratigráfica obtenida en la limpieza arqueológica, y la presencia de estructuras vinculables al acceso de la ciudad. Partimos de la cota general de 192´07 del relleno inicial, alcanzando la máxima de 190´48. Los resultados obtenidos en este sentido pueden considerarse de manera siguiente. UNIDAD ELEMENTO CRONOLOGÍA COTA 766 Relleno de anulación de estructuras. Siglos II-III. 190´10 / 190´48. 753 Pavimento calizo .Siglos II-III. 190´70 773 / 745 Recodo Siglo II-III. 191´66 / 190´70 741 Solería caliza. Siglos XIV-XV. 191´70 / 191´60. 736 Capa de cal de anulación de estructuras. Siglo XVI. 192´00 / 191´96 735 Relleno General Siglo XVI-XVII 192´07 / 192´00. Con respecto a los niveles romanos, la presencia de testimonios adscritos al cambio de Era es nula, descubriéndose como principal testigo los restos de un pavimento calizo de corte irregular entre los que se aprecia la huella de un gozne de puerta (gorronera). Nos referimos a las unidades 753-754, localizadas a la cota 190´60-67. El suelo parece vinculado a una estructura angular formada por los paramentos 744-745, que alcanzan una cota máxima de 191´66. En ambos casos se trata de muros de sillarejo irregular alterno con sillares de magnitud trabados con argamasa, con un grosor de 0´80 m. Descubiertas con dificultad
149 las caras exteriores de los mismos, comenzamos la excavación en la parte interior del recodo con la intención de determinar más claramente su función, si bien solo sacamos en consecuencia su completa destrucción, que dificultaba incluso la comprensión de su frente interno. No obstante una vez superados los rellenos más superficiales y traspasada la cota de piso relacionada (la que marcaba el pavimento de caliza 753, es decir 190´67), encontramos un potente paquete de colmatación formado por los derribos de edificios anteriores, pudiendo rescatar en este sentido parte de una cornisa y tambores de columnas. Este relleno se excavó (sin ser culminado) hasta la cota de 190´46 (unidad 766). Tanto el pavimento calizo como el ángulo deben ser fechados en el marco cronológico de los siglos II-III. Las similitudes con otros elementos hallados en la limpieza y la cota a la que aparecen así lo determinan. El hecho de que se conserve una gorronera genera la presencia de un acceso, si bien no parece obedecer a un tránsito de la consistencia necesaria para ser entendido como entrada urbana. Más problemas ofrecen los muros, cuyo pésimo estado de conservación dificulta su entendimiento, si bien su potencia edilicia los ponen en contacto con algún elemento defensivo, probablemente una torre o bastión. A ello habría que unir la imagen interior que presentan, sin estructura alguna ni frentes careados, que pudiese hacer pensar en un elemento macizo. Sea como fuere tanto el pavimento como el muro se realizaron sobre el derribo de estructuras anteriores, en este sentido se han recogido varios fragmentos arquitectónicos de relevancia, cuyo estilo resulta afín a las unidades iniciales de la limpieza arqueológica (unidades 727-728), por lo que han sido datadas en el siglo I a.C. Debemos entender la permanencia de la secuencia general en toda nuestra intervención respecto a la Edad Antigua, es decir un importante pasado alrededor del cambio de Era modificado en su perímetro exterior durante los siglos II-III. En el caso del sondeo IV la anulación de las estructuras “clásicas” quedan claramente manifestadas por el relleno de aterrazamiento 766. La posterior urbanización de este espacio debió tener un marcado sentido militar, ya que apreciamos los restos de un pavimento calizo y de un posible bastión defensivo que deben ponerse en relación con el refuerzo de la muralla original, unidad 717. A partir de esta fase encontramos niveles de relleno y colmatación fechados en los siglos XIV-XV. Es en este momento cuando se aprecia la siguiente etapa constructiva, de difícil comprensión respecto de su funcionalidad debido al pésimo estado de las estructuras. Encontramos un nivel de pavimento generalizado identificado con la unidad 741, formado por losas calizas muy desiguales trabadas con argamasa. Este piso ronda las cotas de 191´70 / 191´61. Vinculado con el mismo aparecen paramentos en los perfiles este y sur (744-742), alguno de ellos presenta capas de enlucido, no obstante su alzado es escaso. En el perfil occidental se aprecia un muro (770) de 0´68 m de anchura y recorrido de 6´50 m que parece conformarse como medianera de una residencia. En cualquier caso estas estructuras se encuentran soterradas bajo niveles generales de relleno que datan la ruina de este entorno, o al menos su desocupación en los siglos XVI-XVII. SE V. Aljibe almohade. El sondeo V se llevó a cabo en uno de los aljibes que se hallan repartidos por el interior del castillo. En concreto se trabajo en la esquina nororiental del aljibe situado delante del actual cementerio. El corte tenía unas dimensiones de 3.35 x 3 metros y también se aprovechó para hacer una pequeña auscultación en el flanco oriental exterior del mismo. Los objetivos perseguidos eran, en el caso de la zona exterior, intentar localizar algún tipo de estructura relacionada con el aljibe; mientras que en el interior intentábamos localizar la solería para así conocer su profundidad y estado de conservación. Tan solo identificamos dos unidades: UNIDAD ELEMENTO CRONOLOGÍA COTA 779 Relleno de colmatación Siglo XVI 193.64 - Bóvedas Siglo XII 197.24 780 Solería original del aljibe Siglo XII 190.54 Roca madre - 196.27 El aljibe se trata de una gran construcción, en su mayor parte subterránea aunque con las bóvedas sobre la superficie, de planta cuadrangular y con 3 naves orientadas de norte a sur. Sus más claras características son los arcos de medio punto, las bóvedas ligeramente apuntadas con resalte de la imposta y las enjutas caladas, lo que ofrece una imagen muy parecida a la de los arcos de los Caños de Carmona de Sevilla. Es esta una de las razones por las que se data en época almohade. En el sondeo del exterior no se llegó a localizar ningún tipo de estructura relacionada con el aljibe, apareciendo casi de inmediato la roca arenisca en la que está excavado. En cuanto al sondeo interior se llevó a cabo con gran esfuerzo debido a la naturaleza del relleno que colmata la estructura. Identificamos una sola unidad estratigráfica en cuyo interior podían distinguirse diferentes tongadas como resultado del vuelco de materiales desde el exterior del aljibe. Según nos comunican los obreros la mayoría del material que actualmente encontramos en el interior de la estructura proviene de la excavación, unos metros más arriba, del actual depósito municipal de agua. Este relleno comenzaba a la cota 193.64 y bajaba hasta 190.54 en donde se encontraba la solería final del aljibe. Dicha solería está formada por ladrillos colocados a la palma enmarcados por una cenefa a soga. Es de destacar que el aljibe sigue conteniendo una considerable cantidad de agua que se nivela a la cota 190.94. En total, una vez descubierta la solería, comprobamos que, desde la coronación de las bóvedas, el aljibe tiene una profundidad de 6.50 metros de los que se hallan cubiertos por el agua, aproximadamente, los primeros 0.40 metros.
150 9. APROXIMACIÓN A LA ESTRATIGRAFÍA DEL YACIMIENTO. Los sondeos practicados en los diferentes sectores de la ciudad han rebelado una topografía poco alterada si se la compara con otros yacimientos similares. La roca natural aflora a una cota relativamente cercana a la actual debido a múltiples factores entre los que destaca sobre todo el uso agrícola al que fue sometido el recinto amurallado durante los últimos quinientos años. Por otro lado, aunque aún no estamos capacitados para establecer consideraciones generales sobre el urbanismo interior, sí puede advertirse una superposición muy directa de las edificaciones islámicas meriníes sobre las romanas, con soterramientos muy débiles y sin solución de continuidad. Nuestras apreciaciones, por otro lado, además de puntuales, se circunscriben a la mitad meridional del conjunto. Las limitaciones de distinto signo sufridas por nuestro equipo han imposibilitado practicar un sondeo en la zona norte, junto al cementerio, pues aunque se ha realizado un corte en el interior del aljibe almohade, situado en dicha zona, no es representativo de la estratificación urbana. A pesar de todos los inconvenientes sí estamos en condiciones de aportar una visión aproximada de la mitad meridional y en ese sentido establecemos la siguiente secuencia general: FIG. 10. Reconstrucción hipotética del aljibe almohade. Nº PROCESO CRONOLOGÍA COTAS 1 RELLENOS DE AMORTIZACIÓN 2ª mitad del s.XX 198-192 2 EXPLOTACIÓN AGRÍCOLA ss. XVI-XX 198-192 3 FORTIFICACIÓN ALCAZABA 1812 205 4 RELLENO DE ABANDONO s.s. XVI-XVII 198-192 5 OBRAS MODERNAS Inicios del s. XVI 204 6 URBANIZACIÓN NORTEAFRICANA ss. XII-XV 191-197 7 FORTIFICACIÓN NORTEAFRICANA ss. XII-XIV 191-193
151 8 RELLENOS DE AMORTIZACIÓN ¿? 190 9 URBANIZACIÓN BAJOIMPERIAL ss. III-IV d.C. 192 10 FORTIFICACIÓN BAJOIMPERIAL ss. III-IV d.C. 190 11 RELLENOS DE AMORTIZACIÓN ss. III-IV d.C. 191 12 FORTIFICACIÓN REPUBLICANA s. I a.C. 191 13 RELLENOS PÚNICOS ss. IV-II a.C. 189 14 RELLENOS PROTOHISTÓRICOS ss. VIII-VI a.C. 188 autores (Torremocha, Regueira, Corzo, Sasoon, etc..) consistente en la presunción de una ocupación romana a la que se superpuso en el siglo XII un nuevo amurallamiento que se sirvió parcialmente del anterior y sobre el cual se levantaron en el siglo XV la torre del homenaje y en el XIX las defensas de la alcazaba. Una revisión pormenorizada de los sistemas de adosamiento, así como la identificación de los diversos tipos de aparejos presentes en la cerca urbana y de la fortaleza, así como la lectura de paramentos y los sondeos estratigráficos practicados evidencian efectivamente la presencia de cuatro grandes sistemas amurallados: - Muralla urbana romana - Muralla islámica - Reformas castellanas. - Reformas de la guerra de la independencia. No obstante, y en contraposición con la uniformidad de las tres últimas operaciones, la denominada fase romana ofrece al menos tres variables constructivas que responden a concepciones militares diferentes: • Primera fase romana. - Primeras estructuras, caracterizadas por el uso de fábricas de opus vittatum con emplecton cementicio. Son aparejos de bloques a hueso de roca arenisca local dispuestos en hiladas horizontales, a veces isodomas, otras con piezas cuadrangulares bien escuadradas pero de distinto tamaño, manteniendo la regularidad de hilada, e incluso en ocasiones con sillares bien escuadrados a juntas vivas. La característica principal de estos muros es el perfecto acabado ya que las piezas aparecen a cara vista tallada. - Corresponden a esta fase en la cara oriental de la cerca urbana, dos fragmentos de lienzo situados en las inmediaciones de la puerta del reloj (uno bajo el camino actual del cementerio y la misma puerta, y el otro en un huerto contiguo). El de la puerta disponía de una torre cuadrangular de sillares de roca caliza. En el perímetro de la cerca se advierten fragmentos de lienzos o zócalos con esta fábrica bien aislados o bajo murallas islámicas. En el sector occidental, hacia el río, el bastión de las bóvedas y los lienzos contiguos responden también al mismo esquema. - La cronología es claramente altoimperial, con paralelos de aparejos similares durante el período augusteo (cambio de Era), si bien, como sucede en las principales ciudades romanas de la zona (Carteia, Lacipo, Baelo, etc...) existe una vinculación entre las tendencias constructivas romanas representadas por el uso del vittatum de calidad (Ocuri, Carteia) y la tradición púnica representada por la tendencia a la horizontalidad combinada con Deben tenerse en cuenta como resumen las siguientes consideraciones: Los niveles protohistóricos se han localizado en la base de la muralla oriental de la ciudad, tanto al interior como al exterior de la misma. Pertenecen a rellenos arquitectónicos vinculados con la edificación romana por lo que ignoramos si su posición es primaria o secundaria. En cualquier caso, y bajo la óptica topográfica que nos atañe, puede afirmarse además de la existencia de ocupación en el promontorio durante los siglos VII-VI, que la posibilidad de localización de restos arquitectónicos de este período es notable desde escasos centímetros bajo la superficie actual. La misma consideración debe hacerse respecto a los rellenos púnicos, ya que se superponen a los anteriores en la misma zona y bajo los mismos condicionantes. Sin embargo aquí debe constatarse la existencia de un paramento destruido por una de las torres del lienzo bajoimperial, que aflora en la ladera oriental, lo que advierte para intervenciones futuras de la existencia de construcciones de ese período en esa parte del cerro, sin edificios conservados sobrepuestos. Las murallas romanas primitivas aportan un probable nivel de ocupación interior en el sector oriental por debajo del metro desde la superficie actual. En este sector, por tanto deberá tomarse en consideración a la hora de excavar, que en menos de un metro se suceden niveles de pavimentación desde el siglo XV al I a.C. sin una pauta de superposición. La ocupación del siglo III-IV se manifiesta en el sector oriental de manera clara mediante la conservación de pavimentos de losas calizas y suelos de signinum de mala calidad a escasos centímetros de la superficie actual; por el contrario en la parte occidental, junto a las bóvedas, se ubica a algo más de un metro debajo de grandes niveles de escombros medievales. En ambos casos, y suponemos que en el resto de la villa, el acceso a dichas cotas es relativamente cómodo. En todo el yacimiento, desde el castillo hasta la puerta del reloj, los niveles de pavimentación medievales son fácilmente accesibles pues se localizan bajo las capas de amortización (siglos XVI al XX) que constituyen la superficie actual. Es previsible, por tanto una relativa conservación de las estructuras islámicas inmediatamente debajo de la superficie; esto es visible sobre todo en la zanja practicada junto a la muralla diafragma del castillo. 10. RESULTADOS FASE 1-2002 Fases de ocupación Las observaciones indagatorias iniciales apuntan hacia un esquema de superposición muy similar al argumentado por diversos
152 FIG. 11. Planta general de la fortaleza con las fases de ocupación.
153 FIG. 12. Reconstrucción hipotética del sector de acceso a la antigua ciudad de Oba. bloques de distinto tamaño (Carteia, Baelo, Dhuga, Lixus...). Por tanto, y como hipótesis de trabajo entendemos que este primer cercado (detectado hasta el momento) es del siglo I d.C., realizado por gente de origen púnico muy influenciado por la técnica romana. - El esquema supondría la existencia de una ciudad púnica amurallada y mejorada por los invasores en el período altoimperial. El tipo de muralla, su escasa consistencia, las fábricas a hueso vistas, el bastión de las bóvedas, que cimentaba un templo de entrada, nos hablan de un fin para este pomerium menos militar que propagandístico. Parece un bello escenario imperial destinado a impresionar a la población autóctona y en menor grado para una defensa efectiva (en esa época no existen peligros evidentes). Nos viene a la mente el caso de la Puerta de Sevilla en Carmo. Como allí, el templo se erigía sobre un podium (del que perdura parte de una moldura) y se conformaba como una estancia rectangular precedida de un pórtico de un tramo tetrástilo; no sería muy diferente a cualquiera de los capitolinos hoy conservados en Baelo Claudia o los del foro de Singilia Barba. - Esto no quita para que bajo los muros romanos aparezcan vestigios púnicos o protohistóricos de carácter defensivo. El hecho de la existencia de un asentamiento en altura (Oba) con acuñaciones republicanas con caracteres latinos y cartagineses evidencian la existencia de una fortaleza en el promontorio. Así lo atestiguan los restos cerámicos encontrados en sendos paquetes situados bajo la muralla oriental (uno del Bronce Final (VIII-VI a.C. y el otro púnico del IV-II a.C.) que al menos ponen de manifiesto una ocupación clara desde mediados del primer milenio. En otro orden de evidencias, ya en el campo de los indicios, cabe destacar la presencia de sillares como los de la torre, regidos por patrones modulares heleno-púnicos, o el tipo de fábrica empleado en la muralla más antigua. Dichas evidencias nos mueven a hipotetizar la existencia de una estructura urbana sólida anterior a la ocupación romana. - Desde el punto de vista urbano, la zanja efectuada junto al foso del castillo, nos aporta datos relativos a la existencia de una cisterna ovalada (recubierta de opus signinum) similar a la de otros yacimientos (Ocuri...) junto a un silo campaniforme; ambas estructuras, muy profundas, nos hablan de aprovisionamiento de la ciudad en época romana. • Segunda fase romana - Conformada mediante una nueva muralla que en algunos puntos forra literalmente a la anterior y que en otros se anticipa unos metros. Está presente exclusivamente en la cara oriental de la cerca, que es la más expuesta ya que presenta los terraplenes más suaves del montículo. Su fin no es otro que reforzar el flanco más débil. - Sus fábricas son similares a las anteriores; de hecho es posible que muchos bloques fueran reutilizados en dicho refuerzo; se caracterizan por el uso de un opus vittatum regularizado mediante bloques a soga unidos con argamasa pero con la superficie ligeramente desbastada. En la única torre de este período se
154 advierte un emplecton de opus caementicium por compresión con caementa de gran calibre. - En algún punto el intervalo entre la nueva muralla y la antigua es lo suficientemente espacioso como para requerir su atado mediante tirantes de mampostería a manera de casamatas. - Existen paralelos de estas fábricas en Lacipo, Carteia, Baelo y su cronología no es demasiado precisa si bien, el grado de inacabado, los materiales superficiales recogidos en su base, la noticia de la recuperación de esta técnica en época de Diocleciano (inicios del siglo IV), etc... nos permiten conjeturar sobre el período Bajoimperial para su levantamiento (siglos II al IV). Probablemente a raíz o como consecuencia de la invasión de los mauri a fines del II o de los francos y alamanes en el III. La cronología del V (Vándalos) o del VI (Bizantinos) nos parece inicialmente excesiva dado el aparejo y la lógica militar, aunque no estamos momentáneamente en condiciones de establecer tal precisión. - En la zona del bastión abovedado se detecta la desaparición del templo altoimperial y la repavimentación de la terraza mediante losas calizas; también se advierten reformas en las inmediaciones de la probable puerta de la ciudad, encaminadas a adecentar quizá una destrucción parcial de la misma. - En la zona oriental, junto a la muralla recién avanzada, se pavimentará mediante grandes losas calizas una calle perimetral que en épocas posteriores acabaría siendo absorbida por viviendas. • Tercera fase romana - El análisis superficial del sistema de acceso de la Puerta del reloj evidencia la existencia de al menos dos ampliaciones de la torre en época preislámica. La primera ampliación debe corresponderse con la reforma bajoimperial del sector oriental de la muralla. La segunda supone la construcción de un potente bastión rectangular de potentes muros y tirantes interiores que serviría de flanqueo a un probable paso de doble arco con intervallum, como en Carmona. Su fábrica es de mampostería regularizada con cuñas y unión mediante barro. - La cronología de esta última reforma no es precisa, pero en cualquier caso no es anterior a la época bajoimperial. Sin embargo su importancia es capital ya que evidencia la existencia de una portada a la ciudad de entidad por este sector, contrapuesto, al menos eso parece en principio, al acceso ancestral, situado junto al bastión-templo del lado occidental. - Es improbable la existencia de un paso en este lugar desde la primera fase romana. De hecho, la existencia de una torre de sillares, mientras que el resto de lienzos discurre en cremallera siguiendo la topografía natural, parece dignificar un arco de ingreso. En la segunda fase (la de la ampliación de la cerca oriental) existiría sin duda una puerta, de ello da fe la potencia del bastión cuadrangular que forra al anterior y la reciente aparición en los primeros días de la limpieza arqueológica de una calzada de roca caliza que parece proceder del exterior. Las reformas islámicas se hacen patentes en todo el perímetro urbano y parecen (Torremocha 1997) adecuarse especialmente al sector oriental de la cerca. Si las noticias son ciertas la mayor parte de la obra sería realizada durante la época almohade y meriní (siglos XII al XV), período de actividad militar que justificaría dicha reparación. De momento advertimos algunas evidencias que aportan cierta solidez a dicha afirmación: - La existencia de aljibes interiores con arcos de medio punto y bóvedas ligeramente apuntadas con resalte de imposta, y en uno de los casos, con las enjutas caladas de manera similar a la del acueducto de los Caños de Carmona en Sevilla, parecen encuadrarse dentro de dicho período. - Los aparejos utilizados en la construcción de la puerta de la Buhedera y en otros sectores de la muralla responden al uso de una mampostería bien escuadrada y regularizada con algunas variantes (pseudoisodoma, mixta, regularizada) habitual en castillos y fortalezas de la zona (Castellar, Ronda, Medina Sidonia,Tarifa...) - Respecto a la ubicación de las reformas parece clara una triple solución según el sector: así, en el lado occidental, las reformas son simplemente de coronación, parcheado o implementación del muro romano; en el lado oriental existe un forro desde la primera torre, junto a la puerta, de la segunda muralla romana, mientras que en el resto de la ladera suroriental hay un retranqueo de algo más de un metro respecto a la muralla segunda, que queda convertida, más que en barbacana, en base de camino exterior de ronda. En el área del castillo, la torre del homenaje responde a un esquema mudéjar monofásico en el que no parecen advertirse fases preexistentes alzadas. Las bóvedas ochavadas esquifadas y los vanos apuntados y abocardados, con imposta resaltada (como la de los aljibes), junto al tipo circular, propio de las atalayas, nos apuntan hacia la segunda mitad del siglo XV para su erección. Es muy probable que dicha torre se yuxtaponga sobre algún bastión islámico o romano. Respecto a la fase de la guerra de la independencia, sus fábricas son tan elocuentes (mampostería enripiada con ladrillos en pseudocloisonné) que permiten atribuir todo el castillo actual a dicha reforma militar. En los fundamentos de dichos muros se advierten tipos murarios islámicos y romanos que evidencian una reutilización de estructuras militares de dominio previas, pero hoy por hoy, los alzados y la merlatura artillera indican una obra de calibre que supuso la eliminación de la alcazaba antigua. Notas (1) Trabajos financiados por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en colaboración con el Ilmo. Ayuntamiento de Jimena de la Frontera. Formaron parte de los estudios de apoyo a la restauración del castillo, dirigida por el arquitecto Don Francisco Reina. (2) Agradecemos la colaboración de Don Hamo Sasoon y de Don Antonio Regueira durante el proceso de excavaciones. (3) El elemento se identifica con la unidad 34 en el fichero de control tipológico, tipo A.1.3. Opus vittatum B.
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