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Notas sobre la mezquita mayor de la Sevilla almohade

Jiménez Martín, Alfonso

Abstract

La mezquita mayor de Sevilla fue construida entre los años 1172 y 1198, siendo consagrada como catedral en 1248; el edificio musulmán empezó a ser destruido en 1433, a medidaque se iba construyendo la catedral gótica, pero se salvaron del derribo dos lados del patio y latorre. En este artículo presentamos el estado actual de ciento dieciocho años de investigaciones,que se hicieron sistemáticas a partir de 1992, integrando excavaciones arqueológicas tradicionales, estudios de paramentos, fotogrametrías, nuevas traducciones de los textos árabes y recopilación de documentos e imágenes fechados desde el siglo XIII hasta nuestros días

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Notas sobre la mezquita mayor de la Sevilla almohade ALFONSO JIMÉNEZ MARTÍN* Resumen La mezquita mayor de Sevilla fue construida entre los años 1172 y 1198, siendo consagrada como catedral en 1248; el edificio musulmán empezó a ser destruido en 1433, a medida que se iba construyendo la catedral gótica, pero se salvaron del derribo dos lados del patio y la torre. En este artículo presentamos el estado actual de ciento dieciocho años de investigaciones, que se hicieron sistemáticas a partir de 1992, integrando excavaciones arqueológicas tradicionales, estudios de paramentos, fotogrametrías, nuevas traducciones de los textos árabes y recopilación de documentos e imágenes fechados desde el siglo XIII hasta nuestros días. The main mosque of Seville was built between the years 1172 and 1198, and inaugurated as cathedral in 1248. This muslim building was destructed in 1433, as the new cathedral was built. But only two sides of the court, and the tower were saved from the demolition. With this paper we want to present the actual state of 118 years of investigations (researches), which becames methodical since 1992, integrating traditional archeological excavations, studies about dressing, photogrammetry, new translations of the arabic texts and compilations of documents and dated images from the 13th century till our days. * * * * * El contacto con el Islam permitió a los habitantes de los reinos cristianos peninsulares un conocimiento de la arquitectura de las mezquitas bastante preciso, empezando por la repetida tarea de adaptar las mayores como iglesias y las pequeñas a los fines más diversos, especialmente como almacenes, pues los oratorios islámicos superaban en número y extensión las necesidades religiosas de los nuevos habitantes de las ciudades y campos andalusíes; de esta manera incluso aquellos que no formaron parte de las huestes de la Reconquista, ni fueron beneficiarios directos de los repartimientos, supieron perfectamente como eran los oratorios islámicos, cuales elementos los componían e incluso reconocían su tipo arquitectónico en otros contextos, por absurdos que fuesen, como acredita el propio Cristóbal Colón que, al poco de la toma de Granada, descubría mezquitas en las Antillas y no digamos Hernán Cortés, a quien algunos templos indígenas le parecieron oratorios musulmanes, incluso menciona que en 1525 pasaron por un pueblo de mezquitas cuando la expedición a Las Hibueras. Artigrama, núm. 22, 2007, 99-122 — I.S.S.N.: 0213-1498 * Maestro Mayor de la Catedral de Sevilla. Las antiguas mezquitas, transformadas o no, eran reconocidas como tales con notable facilidad; así un turista alemán, el médico Hieronymus Münzer, que visitó Sevilla en 1494, escribió, al referirse a su catedral que, la mitad —que antiguamente era mezquita— ha sido derribada ahora, y en su lugar se levanta ahora una soberbia iglesia en honor de la bienventurada Virgen María y en 1583, informaron a Felipe II que en medio del sitio de la dicha fortaleza [de la villa de Almonaster la Real] en un alto della esta edificada una yglesia de tiempo antiguo de moros y despues fue Redificada y hecha en ella una yglesia y capilla de nuestra Señora de la conçepçion, adaptación que había acaecido trescientos veinte años antes. Por todo ello no extraña que uno de los patriarcas de la erudición tradicional sevillana, Alonso de Morgado, identificara con todo rigor, en 1586, las partes subsistentes de la mezquita almohade, convertida en catedral hispalense en 1248, mencionando incluso el parentesco de su torre con las de Marrakech y Rabat, según pudo informarse en la descripción que publicara Luís del Mármol Carvajal de las mismas. Sin embargo, el conocimiento exacto y documentado de las circunstancias de la construcción del edificio musulmán que nos ocupa fue una aportación del siglo XX, pues hasta 1930 el agustino Melchor Martínez Antuña no publicó en castellano el texto de Ibn Sahib al-Salatitulado Al-Mann bi-lImama, con lo que la mezquita almohade de Sevilla se convirtió en el monumento andalusí mejor y más extensamente documentado por un testigo presencial de su construcción, circunstancia excepcional que nunca agradeceremos bastante. El relato se puede resumir en estos años, que el cronista suele ofrecer en forma de días concretos: 1169. Comenzó la reurbanización del sector meridional de Sevilla con la construcción de diversos recintos militares periféricos, ubicados entre el límite sur de la ciudad andalusí vieja, el trazado de la nueva muralla almoravid y el cauce del Tagarete. 1172. El príncipe de los alarifes, Ahmad ibn Basu, tras la expropiación, explanación y replanteo de los terrenos necesarios, que estaban ubicados a la entrada de la Alcazaba, comenzó las obras de la mezquita, que quedaron detenidas cuatro años después, cuando la sala de oración estaba prácticamente terminada. 1182. El califa AbuYa’qub Yusuf obligó al uso de la inconclusa mezquita y así se inauguró, sin que el alminar estuviera iniciado, ni resuelto su entorno inmediato, aunque el patio, que no se menciona, probablemente tendría algo edificado. 1184. El mismo califa almohade decidió encerrar la sala de oración en un recinto amurallado para separarla de la ciudad, incluyendo la construcción del alminar en el ángulo suroriental de la sala, donde conver100 ALFONSO JIMÉNEZ MARTÍN gían las murallas previstas. Estas obras fueron acometidas por el mismo Ahmad ibn Basu, pero se detuvieron al poco, a causa de la muerte del califa. Su sucesor, AbuYusuf al-Mansur, ordenó continuar la torre, pero abandonó la idea de construir el recinto por donde había ordenado su padre; poco después las obras volvieron a pararse. 1188. El califa ordenó la continuación de las obras de la torre, bajo la dirección de `Alial-Gumari; probablemente en este momento se reanudaron las obras del patio, concluyeron las labores en la sala de oración y comenzaron a materializar la solución definitiva del entorno. 1198. El califa AbuYa’qub Yusuf ordenó concluir la torre con la colocación de las cuatro esferas doradas que la remataban, obra de un siciliano, Abu-l-Layth, como acredita otro cronista musulmán, Ibn Abi Zar. Así pues, tenemos todas las fechas necesarias e incluso los nombres de los autores y sus responsabilidades, datos que, repitámoslo, dibujan el panorama edilicio más preciso del Islam occidental, tanto que sirven de guía a las investigaciones arqueológicas que, hasta el presente, verifican puntualmente lo que atestiguan los textos. Las investigaciones sobre las formas del edificio tuvieron su inicio con los primeros trabajos de restauración sistemáticos, pues la descripción gráfica más extensa y antigua de los elementos musulmanes subsistentes en la catedral es la de la Sevilla Monumental y Artística. Historia y descripción de todos los edificios notables, religiosos y civiles, que existen actualmente en esta ciudad y noticias de las preciosidades artísticas y arqueológicas que en ellos se conservan, de 1890, pues incluyó un dibujo del arquitecto Adolfo Fernández Casanova, director de las obras de restauración de la época, diferenciando las zonas que consideraba pertenecientes a la mezquita; no se trata, por lo tanto, de una restitución de la planta de la mezquita sino, y no fue poco, un primer acercamiento a la identificación de lo que de ella subsistía. El más antiguo de los ensayos de restitución de la planta del edificio almohade se titula Diseño de la mezquita de Sevilla: es un dibujo a escala 1: 200, firmado en julio de 1896 por Juan B. de Aguilar Solano, de quien nada más sabemos. Como este plano, que injertó los datos reales de la mezquita sevillana sobre un esquema general tomado de la cordobesa, ha permanecido inédito hasta el año 2005, se puede afirmar que la primera restitución publicada es la muy esquemática que aparece en un artículo de Henri Terrasse de 1928, en el que se mezclan los bien atestiguados conocimientos del autor sobre la arquitectura musulmana con una serie de datos del edificio verdaderamente deplorables, incluida la datación de una clave de bóveda neogótica como medieval, cuando hacía dieciocho años que se habían publicado tanto su fecha como su autor. NOTAS SOBRE LA MEZQUITA MAYOR DE LA SEVILLA ALMOHADE 101 102 ALFONSO JIMÉNEZ MARTÍN Fig. 1. Apariencia global de la aljama de Sevilla en 1182. Fig. 2. Apariencia global de la aljama de Sevilla en el primer semestre de 1184. Las investigaciones que podemos calificar de arqueológicas en el sentido habitual de la palabra las dirigió entre 1941 y 1973 el arquitecto Félix Hernández Giménez quien, de manera sistemática, se dedicó en exclusiva a explorar y consolidar los restos de la mezquita, contando con la colaboración del arqueólogo Francisco Collantes de Terán y Delorme, pero no me consta que, salvo una breve reseña publicada por este último, fueran sus obras y sus hallazgos objeto de divulgación alguna; en cualquier caso tales trabajos permitieron establecer la perfecta simetría y regularidad del edificio musulmán. Durante aquellos años, concretamente en 1965, publicó Chueca Goitia una restitución del alzado de la torre, otra de la planta de la mezquita y un detalle del alzado existente; la primera era original del autor de la publicación y las otras dos son atribuidas a Torres Balbás, Rafael Manzano, lo que permite deducir que se trata de un trabajo escolar realizado por el segundo cuando fue alumno del primero, cosa que debió ocurrir antes de 1961. Se trata de una restitución mucho mejor que las anteriores, heredera de las ideas de Terrasse y de algunos datos de Hernández y Collantes de Terán, realizada con menos prisas, mejor documentada y con una calidad métrica y gráfica muy superior, aunque con las salvedades propias de un trabajo de estudiante. Otro ensayo de restituNOTAS SOBRE LA MEZQUITA MAYOR DE LA SEVILLA ALMOHADE 103 Fig. 3. Apariencia global de la aljama de Sevilla en 1198. ción de la planta es el que publicó Juan Luis Trillo de Leyva en 1992 con los datos que le suministré para la ocasión; este gráfico se basó en el de Rafael Manzano, aportando diversas novedades. Posteriormente he publicado sucesivas versiones de esta planta; así en 1995 salieron dos ediciones de una misma publicación en la que aparece tan mal editada que hasta la Giralda queda en el costado de poniente, presentando como novedad los resultados de las excavaciones que promoví entre 1992 y 1995. En los años 1996 y 1997 publiqué sendas restituciones cuya diferencia esencial reside en la incorporación de datos procedentes de nuevas excavaciones, dirigidas por el arqueólogo Álvaro Jiménez Sancho. En 1999 se volvió a editar el mismo libro de 1995, aunque con la planta reproducida al derecho. Estas restituciones son las que sirvieron de base a la maqueta electrónica que elaboró por entonces el arquitecto José Antonio Fernández Ruiz, desarrollada posteriormente por la Escuela de Estudios Árabes, de Granada, en la serie de restituciones infográficas que en estas páginas usamos. En 2005 he publicado otra versión, añadiendo 104 ALFONSO JIMÉNEZ MARTÍN Fig. 4. La clave neogótica que Terrassa usó como documentación medieval sobre la torre de la mezquita. Fig. 5. Propuesta de Chueca Goitia para el alzado de la torre; obsérvense las líneas verticales, calco de los cables del pararrayos. datos nuevos y que ahora, con los últimos detalles y discusiones ofrezco a la consideración de los lectores. Antes de entrar en la descripción de las formas arquitectónicas que configuran los restos del edificio musulmán conviene dedicar unas líneas a la mezquita subterránea, tanto en lo que concierne a sus cimentaciones como en lo que atañe a los restos que hemos podido documentar en las excavaciones arqueológicas. Consta que tanto la sala de oración, como el patio e incluso la torre, la que en el siglo XVII Agustín de Rojas Villandrando denominaría Giralda, se asientan sobre terrenos que habían sido pantanosos hasta la época del califato de Córdoba, sobre los que había crecido un conjunto de casas, oratorios, mercados y jardines extramuros, que los almohades expropiaron y derribaron, y cuyos muy expresivos restos hemos documentado en las excavaciones; como estos edificios se asentaban en una superficie inclinada hacia el sureste, Ahmad ibn Basu consideró conveniente nivelar diversas partes construyendo una potente cuña de argamasa para garantizar la estabilidad y regularidad de la sala de oración; sin embargo, en la parte del patio prefirieron labrar una decena de aljibes, como si prolongaran las naves del oratorio hacia el norte, formados por otras tantas bóvedas de cañón, que permitieron tener agua en abundancia, como es habitual en tantas y tantas mezquitas. Sabemos que la sala de oración se pavimentó con ladrillos de los llamados posteriormente mazaríes y el contorno con grandes sillares de piedra, siendo probable que el hueco del patio quedara terrizo, pero sin arbolado. Para describir lo que conocemos del edificio visible tomaré como base el patio, ya que se conserva en gran parte, aunque debe muchos de sus detalles, sobre todo la pavimentación, a las obras de don Félix en la etapa que se inauguró en 1948. Sabemos que las caras exteriores de los estribos dibujaron un rectángulo de 43,32 metros, en dirección norte-sur, por 81,36 metros en sentido perpendicular, dimensión esta última que corresponde obviamente al ancho del edificio completo; conviene advertir que las referencias a los puntos cardinales no son convencionales, sino exactas. El lado de levante del rectángulo del patio lo forman el muro exterior, con sus estribos, y sendas danzas de siete arcos gemelos, de herradura túmida, doblados y con arranques en nacela; los huecos tienen 3,63 metros de luz libre, pero si añadimos a ésta la dobladura resultan 4,53 de luz virtual; llevan alfices muy altos, que se pierden visualmente ante la potencia de la cornisa y de los fuertes estribos que apean los pilares. El alero está constituido por una espesa batería de modillones perfilados mediante tres nacelas escalonadas en voladizo, cuyo ritmo sólo interrumpen los estribos que separan los arcos, donde dos de los modillones se transforman en ménsulas con perfil en forma de S. El único elemento NOTAS SOBRE LA MEZQUITA MAYOR DE LA SEVILLA ALMOHADE 105 106 ALFONSO JIMÉNEZ MARTÍN Fig. 6. Restitución de la planta del edificio de acuerdo con los últimos datos. de transición entre la cornisa y el orden de arcos y estribos es una moldura muy simple que va siguiendo las inflexiones horizontales de la fábrica; todo esto va rematado por unos hilos de tejas y unos merlones de gradas, con cinco escalones por cada lado. Aunque, como antes indiqué, esta apariencia es fruto de las obras de la segunda mitad del siglo XX, pues los trabajos de don Félix fueron continuados por otros arquitectos hasta 1992, lo cierto es que cuando hemos podido documentar partes intactos, responden siempre con exactitud a lo que Hernández Giménez y sus sucesores nos han legado, salvo la decoración menuda del tejaroz que protege la puerta del Perdón por su cara interna, inventada por don Félix. El modelo que acabo de describir se repite en todos los tramos que abren al Patio, e incluso en las arquerías que subdividen las galerías cortas de éste. Lo único que varían son las plantas de los pilares, ya que los del lado sur son cruciformes, con estribo por dentro y por fuera y arcos duplicados en profundidad, siguiendo la solución de emergencia que se arbitró en el año 954 para el patio de la mezquita de Córdoba; los pilares de los lados de Poniente y Levante son como los anteriores pero cortados por la mitad, mientras los del lado norte carecen del estribo interno. Estas variaciones, que en nada afectan a la apariencia de los arcos vistos desde el patio, responden con todo rigor a las solicitaciones formales, y por lo tanto constructivas, de los elementos que en ellos confluyen y a la conformación de los espacios que delimitan. Se trata, por lo tanto, de un auténtico orden compositivo en el sentido más riguroso de este término arquitectónico. Estos elementos y sus relaciones dan sustancia a las galerías del patio, descritas por Morgado, y que son tres en la actualidad: una sencilla, ubicada al norte, con la puerta del Perdón en el centro y dos paralelas, en el costado de levante, separadas por danzas de arcos sobre sencillos pilares rectangulares. Estas galerías dobles, atajadas sólo por los arcos que NOTAS SOBRE LA MEZQUITA MAYOR DE LA SEVILLA ALMOHADE 107 Fig. 7. Uno de los diez aljibes que ahuecan el patio de los Naranjos. Lo más interesante de la torre, además de ser un notable esfuerzo constructivo, es que la decoración de sus cuatro fachadas exteriores se pliega de forma muy inteligente a los dictados de sus ventanas, y éstas al trazado tiránico de la rampa, para dar un conjunto jugoso y sutil, prodigio de diseño y previsión compositiva. Lo fundamental de la decoración son los huecos, casi siempre en forma de bíforas, con columnas de mármoles como maineles y arcos de formas muy variadas, que ocupan en centro de cada cara, en series desfasadas, ya que siguen con fidelidad el recorrido ascendente de la rampa; a los lados, sin llegar a las esquinas y asociándose por parejas de ventanas, se forman paños decorativos simétricos, pero distintos en cada fachada, de los que se denominan de hombro y escalón, subdivididos a veces por medio de tramas menores, que se asemejan a grandes atauriques. Como el edificio arranca del suelo y corona en la antigua azotea del almuédano, son necesarias zonas de transición que permitan el correcto comienzo y el adecuado final de la cinta decorativa; así la parte inferior de la torre islámica tiene ventanas pequeñas y aisladas, entre paños lisos, y la superior un friso de arquillos entrelazados que dan la necesaria banda horizontal para su remate, cuyas ventanas son simples saeteras, las mínimas para iluminar los tramos altos de 114 ALFONSO JIMÉNEZ MARTÍN Fig. 17. El cuerpo principal de la Giralda, que muestra las huellas de los cables del pararrayos. la rampa; así pues, el observador poco avisado creerá estar ante un torre compuesta al estilo cristiano, de caras repetidas y niveladas, cuando en realidad es una espiral que gira en el mismo sentido que lo hacen los peregrinos musulmanes cuando, a paso ligero, circundan la Qaaba, giro que se documenta en cuantos alminares andalusíes conocemos. Para la decoración los almohades utilizaron el propio ladrillo recortado, probablemente estucado con un mortero de cal de color marfileño; es seguro que no son de esta época los azulejos de color negro que don Leopoldo Torres Balbás y quienes le copian creyeron islámicos, pero hay dos argumentos en contra: conservamos en el archivo de la Catedral trece facturas, fechadas entre el 6 de marzo de 1564 y el 17 de noviembre del año siguiente, que dan cuenta de la adquisición de nada menos que dos mil sesenta y seis piezas de dichos azulejos, más que suficientes para la decoración del cuerpo renacentista y para extenderlos a la parte almohade, en el juego de artificios que tanto gustaban a Hernán Ruiz Jiménez, temprano antecesor del trencadís gaudiniano; por otra parte es cosa demostrada y publicada que no hubo azulejería en los exteriores de los NOTAS SOBRE LA MEZQUITA MAYOR DE LA SEVILLA ALMOHADE 115 Fig. 18. La composición escalonada de la decoración almohade de la Giralda; son del XVI los discos de azulejos negros y las balaustradas de las bíforas. Fig. 19. Fotografía antigua que muestra las yeserías que existieron en las albanegas de las bíforas. edificios andalusíes de época almohade, pues incluso se ha documentado que los de la torre de Oro son del siglo XIV, o posteriores. En las obras de 1886 se destruyeron unas interesantes yeserías que enmarcaban los arcos de las bíforas de la torre almohade, y de las que se conservan algunas fotografías, aunque ignoramos si eran musulmanas o posteriores, pero en cualquier caso es indudable que eran de gran calidad. De lo que si estamos seguros es que el edificio estaba decorado por el mismo medio, como atestiguan los restos conservados en la cara interna de la puerta del Perdón, sobre el retablo barroco allí existente, en la bóveda que cubre sus hojas de madera y bronce y en las puertas del frente oriental del patio, decoración que, como en el caso de la torre, certifica la existencia de una segunda etapa musulmana, quizás puramente decorativa, que enriqueció la muy austera apariencia original de los huecos almohades. No ha sido difícil, contando con la planimetría elaborada por don Antonio Almagro Gorbea, restituir el aspecto primigenio de esta torre, pues contamos con la descripción de dos crónicas musulmanas, que dan cuenta del remate de esta manera las manzanas de admirable obra, mucha colaboración, gran tamaño y dorado dibujo, de elaborado renombre y tamaño [...]. La cantidad de oro con que decoraron estas tres manzanas grandes y la cuarta pequeña fue siete mil mizcales grandes [...]. Cuando se terminaron, se cubrieron con unas fundas de piezas de algodón para que no les alcanzase la suciedad de las manos y el polvo. Fueron transportados con gran rapidez hasta el alminar, entre aclamaciones y regocijos, durante el trayecto, y se elevaron hasta lo más alto del alminar […] Entonces se les quitaron las fundas y casi se cegaron los ojos por tanto resplandor del oro puro y brillante y los rayos de sus reflejos» e «hizo las manzanas de tan desmesurada grandeza que no se conoce su peso, y solo se sabe que la central de ellas no entró por la puerta de los almuédanos, sino arrancando algo del mármol de la parte inferior […]. También disponemos de información cristiana, pues la Crónica General dice muchas son las sus nobresas, e la su beldad e la su alteza, ca ha sesenta brasas, en el trecho de la su anchura e cuatro tanto en lo alto. Otrosi tal alta, e tan llana, e de tan mestría es fecha la su escalera, que cualesquier que alli quieren subir con bestias, suben hasta encima della. Otrosi en somo adelante a la otra Torre que a ocho brasas, fecha a grandes maravillas. Et encima della estan quatro maçanas alçadas una sobre otra; tan grandes et tan de grant obra et de tan gran nobleza son fecha que en todo el mundo non podrian ser otras tan nobles nin tales: la de somo es la menor de todas, et luego la segunda que esta so ella es mayor, et muy mayor la tercera. Mas de la quarta non podemos retraer, que tan grant et de tan estranna obra que es dura cosa de creer a qui lo non viese: esta es toda obrada a canales, et las canales della son doze, et ay en la anchura de cada canal cinco palmos comunales; este conjunto, la cúpula de fábrica y las cuatro esferas metálicas, cayó a resultas 116 ALFONSO JIMÉNEZ MARTÍN de un terremoto del 24 de agosto de 1356. Afortunadamente se conservan algunas representaciones del edificio fechadas en el siglo XV que, junto a los relatos antiguos que acabamos de recordar, permiten saber como era la torre entre 1480 y 1557 y dibujar, con buen fundamento, como había sido antes de 1356; la más fiel de todas es el relieve, datado en 1499, que se conserva engastado en el coro de la parroquia de un pueblo burgalés, Villasana de Mena. El último elemento que las investigaciones han añadido al panorama de la gran aljama almohade ha sido su mida’a, que se descubrió en los primeros días de octubre de 1994 y cuya publicación no pasó de ser el cumplimiento de un trámite administrativo, no siendo posible su visita por haber sido enterrada de nuevo, como tributo a la aparente unidad actual del conjunto catedralicio: se trata de un edificio perfectamente simétrico, con dos patios de letrinas centrados por sendas fuentecillas. 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