Anales del Toreo. Obra dirigida por Francisco Arjona Guillén, Cúchares, escrita por José Velázquez y Sánchez e ilustrada por Teodoro Aramburu. Sevilla, 1868. Edición Facsímil, Universidad de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Sevilla, 2004 [Reseña]
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De manera bien dosificada, la colección de tauromaquia que la Fundación de Estudios Taurinos publica, con el patrocinio de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, en la Universidad de esta misma ciudad, proporciona a Revista de Estudios Taurinos N.º 21, Sevilla, 2006, págs. 207-212 Fig. n.º 58.- Anales del Toreo. Reseña histórica de la lidia de reses bravas. Galería biográfica de los principales lidiadores. Razón de las primeras ganaderías españolas, sus condiciones y divisas. Obra dirigida por Francisco Arjona Guillén, Cúchares, escrita por José Velázquez y Sánchez e ilustrada por Teodoro Aramburu. Sevilla, 1868. Edición Facsímil, con una Introducción de Marcos Fernández Gómez (“José Velázquez y Sánchez (1826-1880). Aproximación a la vida y obra de un publicista desmesurado”) y un Estudio Preliminar de Carlos Martínez Shaw (“Los Anales del Toreo de José Velázquez y Sánchez. La primera historia moderna de la fiesta de toros”). Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Universidad de Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, Sevilla, 2004.
Alberto González Troyano 208 los lectores libros nuevos, al mismo tiempo que recupera títulos poco asequibles. El que presentamos hoy1es un buen ejemplo de esta última tendencia: una obra difícil o imposible de encontrar fuera de un reducido número de bibliotecas. Por tanto, los apasionados y nostálgicos lectores de la historia de las corridas de toros tendrán un nuevo motivo para ilusionarse. El pasado se nos hace más próximo, y aquellas proezas taurinas que no conocimos, cuando menos ya pueden ser leídas en fuentes que las captaron de manera inmediata y las escribieron de primera mano. Unas recuperaciones realizadas, además, con la mediación de prólogos, introducciones y notas que avalan, resaltan y justifican el valor del material reeditado. Pero creo que la finalidad de estos rescates no se agota con esta amable consigna de puesto que no vivimos aquellos tiempos, cuando menos leamos los libros que los evocan, ya que con estas reediciones se está consiguiendo algo más, y ustedes me permitirán que antes de adentrarme en el libro de Velázquez y Sánchez que hoy nos convoca, reflexione sobre esta cuestión. Porque, de forma deliberada o no, se ha entretejido un campo de conocimiento, se han situado eslabones, gracias a los propios textos publicados que han dejado de ser reliquias y han cobrado vida –gracias, también, a quienes han sabido prologarlos y valorarlos–, permitiendo ya ambicionar otros retos. Es decir, empieza ya a vislumbrarse como posible esa historia del toreo a pie del siglo XVIII y primera parte del XIX que tanto se necesita. Así, pues, quizás ha llegado el momento de articular estas reediciones con un nuevo planteamiento historiográfico, de manera que las ideas que se vierten en estas necesarias introducciones puedan también ser las pautas para una reorganización y una nueva lectura de los 1Este texto recoge las palabras que acompañaron la presentación de esta nueva edición en el Salón de Carteles de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla el día 10 de Mayo de 2005.
conocimientos que tenemos del toreo a pie, de acuerdo con el rigor y los métodos que hoy se nos brindan. La información que la Fundación de Estudios Taurinos ha sabido acumular es de obligada responsabilidad el convertirla ya en una nueva forma de leer –y escribir– el pasado de las corridas de toros. Y a este respecto, esta edición facsímil de la primera de los Anales del Toreo de José Velázquez y Sánchez (publicada en Sevilla, en 1868) representa un nuevo estímulo. Se trata de un libro tan rico por la información que aporta como válido, dada la fecha en que fue escrito, por el enfoque metodológico en que se apoya. Fue un adelantado en su momento y, como consecuencia, era de justicia literaria el recuperarlo. Pero, además, gracias a la palabra cómplice y sabia de Marcos Fernández Gómez y de Carlos Martínez Shaw, lo que podía haber sido una mera restitución, se carga con otros alicientes, ya que sus introducciones y estudios nos familiarizan con el autor, con los avatares de sus múltiples dedicaciones, en la Sevilla del siglo XIX, y, a la vez, al compararlo con los otros escritos taurinos de la época, se proporciona una incisiva mirada crítica sobre los logros y defectos de la historiografía taurina. A Marcos Fernández Gómez, director del Archivo Municipal de Sevilla, le ha correspondido ofrecer un primer plano del autor en la Sevilla de mediados del siglo XIX. Sus ajustadas palabras lo enmarcan así: «Variedad y fecundidad son las características más significativas que destacaron sus contemporáneos de su producción literaria, que le llevó, con desigual fortuna desde luego, a cultivar indistintamente todos los géneros y sus variedades, desde el drama y el juguete cómico a la investigación histórica o la recopilación de cuentos y leyendas populares, pasando por la novela histórica y costumbrista, la zarzuela, la poesía lírica y satírica, el estudio biográfico, la crítica literaria, el ensayo sobre tauromaquia y la crítica taurina en verso y prosa…Velázquez fue un escritor incansable, de verbo fácil e Recensiones de libros 209
ingenioso, a veces enrevesado, consecuencia de su propia abundancia, un torrente incesante de escritura dirigido a cien lugares diferentes». Este retrato puede resultar también válido para otros escritores de la época que se vieron obligados a dispersar su escritura como único medio para sobrevivir en un oficio, como el de las letras, de escasa rentabilidad. Pero resalta Marcos Fernández Gómez que, en Velázquez y Sánchez, se dio también un rasgo que lo diferenciaba del literato y del periodista habitual: «su gusto por el archivo», por el documento y el dato que aguardaban, casi perdidos, que alguien los desvelase y los interpretara. Una querencia apasionada por los papeles antiguos que sin embargo, en su caso, no debe ser confundida con la tarea atesoradora del simple erudito. Porque su recurso a los textos del pasado suponía, además, reutilizarlos de acuerdo con una concepción positivista de la historia. Por ello, cuando entre sus múltiples ocupaciones –fue el primer funcionario que introdujo una nueva racionalidad en la organización del Archivo del Ayuntamiento de la ciudad– decidió enfocar el pasado y la época contemporánea del toreo, era previsible que su labor lograse unos méritos poco habituales hasta entonces en los escritores taurinos, poco dados a buscar y revisar bien los documentos y a utilizar los datos con rigor. De valorar esta faceta de Velázquez y Sánchez se encarga Carlos Martínez Shaw, catedrático de Historia Moderna. Tan importante como tener acceso a un libro, como estos Anales, es verificar la fiabilidad que ofrece, la perspectiva crítica utilizada y el lugar que ocupa dentro del campo de la historiografía taurina. De ello da debida cuenta Carlos Martínez Shaw, pormenorizando todo cuanto supuso la primera edición, publicada por entregas, que es la que se reproduce en el facsímil. Comenta la tutela simbólica pedida a un diestro de renombre –en este caso Cúchares– para que ampare con su experiencia taurina la labor escrita del historiador. A este respecto Velázquez y Sánchez sigue una tradición que contaba con ejemplos Alberto González Troyano 210
Recensiones de libros 211 muy relevantes y que se mantendría hasta Guerrita, que aún apadrinó la célebre Tauromaquia concebida por Leopoldo Vázquez. Señala otro elemento habitual hasta entonces en este tipo de historias: la búsqueda de los orígenes de la tauromaquia (tentación a la que también habían respondido Daza, Fernández de Moratín y Vargas Ponce) como una forma de justificar su prestigio. Pero sobre todo resalta lo que, con respecto a una normalización de la historia de la corrida de toros, supuso el eliminar el tono de epopeya y la consideración heroica y romántica del diestro, artificios retóricos que habían presidido la óptica de tantos libros de toros anteriores. Con ello la historia de la fiesta se adecuaba con el parámetro de la historia general, al subrayar los vínculos que unían su trayectoria con el resto de los acontecimientos sociales y políticos. Las dos presentaciones capacitan, pues, espléndidamente al lector para confrontarse con las páginas de estos Anales. Pero, además, tanto Marcos Fernández Gómez como Carlos Martínez Shaw hacen gala de una escritura elegante y precisa, dando con ello el mejor ejemplo de cómo el buen oficio de historiador puede compaginarse con el de un buen narrador. El único inconveniente de las virtudes de sus respectivas prosas es que contrastan vivamente con las páginas de Velázquez y Sánchez que siguen a sus introducciones. En efecto, el autor sevillano debió incubar su estilo en una época, la década de los treinta y cuarenta del siglo XIX, en que los escenarios y las revistas románticas imponían un tono declamatorio y ampuloso del que él se sintió deudor. Por ello, no debe extrañar que tanto Don Ventura como Néstor Luján se quejaran del tono «campanudo y altisonante» del libro. También puede extrañar a un lector actual. Pero este defecto de época queda compensado por sus muchas otras aportaciones positivas. De estos Anales del Toreo se llevaron a cabo tres ediciones. Se reproduce la primera, publicada en su momento por medio de entregas periódicas. Antes de que finalizase, debió surgir algún problema y no apareció la tercera parte, la dedicada
a las ganaderías; aunque estaba anunciada. Sí se completó ya en la segunda edición. Sería útil, por tanto, dado que son pocas páginas, que se realizara un encarte que pudiera añadirse y quedara así completada una obra tan estimable y cuya reedición merece tantos aplausos. Alberto González Troyano Fundación de Estudios Taurinos Alberto González Troyano 212