Sevilla al final del siglo xx. La transformación de la ciudad
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Sevilla al final del siglo XX. La transformación de la ciudad 1. El año «admirabilis» de 1992 El año 1992 quedará como un hito en la historia urbana de Sevilla. El período comprendido entre 1985 y 1992, un lapso verdaderamente corto para el ritmo de las transformaciones urbanas en ciudades medias, produjo notables cambios, fruto de la acumulación de factores de diversa índole: a) el previo rodaje de las instituciones democráticas, incluidas las administraciones municipal y autonómica; b) la continuidad y decisión de gobiernos socialistas en las administraciones, especialmente en la central; c) las circunstancias favorables de las coyunturas internacionales, conformando un marco de bonanza tanto económica como política; d) la adecuación técnica nacional, confluente en la tradicional receptividad de Sevilla en momentos decisivos, a la hora de integrar contribuciones externas; e) el paraguas simbólico de la conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América; f) la coincidencia en 1992 de grandes acontecimientos, con el fulgor especial de la Olimpiada de Barcelona, lo que conllevó una acumulación/distribución de inversiones en pos de un «equilibrio» norte/sur a la hora de afrontar proyectos de envergadura como el tren de alta velocidad; y además g) todo ello traspasando el límite de la coyuntura favorable, obviando las amenazas de la crisis económica internacional y la crisis política nacional, cuyos efectos permanecieron latentes bajo la euforia de las celebraciones para manifestarse drásticamente después con el consiguiente cambio político, salvo en la autonomía andaluza. 2, El cambio urbano de Sevilla El período 1985-1992 fue de gran operatividad, en el que se ha venido a demostrar, una vez más, cómo en esta ciudad es más eficaz el impulso de la
28 excepcionalidad que la pauta cotidiana de la acción ordinaria de las actividades sociales y económicas. Durante el siglo XVI, como monopolio del comercio de Indias, esta ciudad vivió una vicisitud que alteró profundamente su paisaje en un proceso en el que el movimiento del oro y la plata, la presencia de forasteros y la modernización de las instituciones de todo tipo, trajeron consigo la construcción de sedes modernas, el desarrollo de obras civiles y religiosas, la transformación del caserío y, en definitiva, la definición de nuevos espacios urbanos con el Arenal como núcleo simbólico, tal como nos lo reflejan las imágenes de la Sevilla de entonces, que destacan el puerto de la ciudad. Al conmemorarse los cinco siglos del Descubrimiento de América, la celebración de la Exposición Universal ha sido el instrumento impulsor de los más copiosos cambios de la Sevilla contemporánea. Se ha dicho, con razón, que la Exposición Iberoamericana de 1929 había sido el motor, lento pero cierto, que había permitido dinamizar una Sevilla que llegaba cansina al siglo XX, y que ante la ausencia de una transformación regular, para la que otras ciudades se habían dotado de su correspondiente plan de ensanche, aquí contamos con la lenta, compleja y difícil acción producida por los veinte años de ejecución de la Iberoamericana para alcanzar objetivos que dieran tono a la ciudad durante más de medio siglo. Máxime cuanto que los años de la modernidad europea también iban a ser para Sevilla un período mortecino. Sólo el impulso desarrollista de los sesenta y setenta generaría un crecimiento anárquico, cuantitativamente relevante, pero cualitativamente nefasto, al igual que en otras ciudades españolas, produciendo una periferia desequilibrada y con escasas aportaciones de arquitectura de interés. 3. Planeamiento urbanístico y Exposición Universal Con la restauración democrática, Sevilla pudo vivir un período de restitución de un cierto orden urbanístico, tanto desde el punto de vista conceptual, mediante la primera etapa, en años de austeridad, como en lo relativo al establecimiento, bien que mal, de los parámetros y objetivos de orden general, descritos en el nuevo Plan General de Ordenación Urbana, y cumplidos gracias a la acción estratégica de la Exposición. Es sabido que la confluencia técnica y administrativa de la redacción y aprobación de los planes de la ciudad y de la Expo fue difícil. Baste recordar que la excepcionalidad de Expo '92 se sustentó en el Actur de la Cartuja, un instrumento extramunicipal del planeamiento urbanístico tardofranquista muy operativo en Sevilla (Polígono Aeropuerto). Con las
29 transferencias, esa circunstancia fue aprovechada por la Junta de Andalucía, junto a la titularidad de los suelos expropiados, haciéndola valer, en alianza con la dinámica propia de la administración central, en especial del comisario general de Expo '92, en un marco de decisiones metropolitanas, superiores a la normal vicisitud del urbanismo en cualquier ciudad. Por consiguiente, las decisiones municipales estuvieron bajo el triple paradigma de la Exposición Universal como cuestión de Estado, de la justificación de un territorio supramunicipal y, decisivamente, del poder de la inversión económica, en prueba de un pragmatismo que ayudó a superar repugnancias intelectuales y a hacer prevalecer el orgullo del protagonista. Los hechos están ahí y deben ser reconocidos en lo que tienen de incontrovertibles. Fortísimas inversiones se produjeron en la realización de estructuras regionales o nacionales (autovías, tren de alta velocidad), e igualmente ingentes fueron las destinadas a operaciones estructurales del planeamiento general de la ciudad como son los sistemas generales viarios, ferroviarios y fluviales. La construcción de rondas exteriores e intermedias, la polémica nueva configuración ferroviaria y la completa recuperación de la dimensión urbana del Guadalquivir a su paso por la ciudad, trajeron inversiones copiosas y concentradas en el tiempo. Todo ello implicó la realización de amplios espacios, grandes piezas arquitectónicas e importantes obras de ingeniería, que se han convertido en hitos urbanos y territoriales de primera magnitud al punto de transformar el paisaje de Sevilla. 4. Hitos territoriales de la Sevilla transformada Los elementos fundamentales del nuevo paisaje de Sevilla se han incorporado a la percepción cotidiana. Más allá de que podamos considerarlos acertados o no, o que hubiese sido posible resolver determinados elementos, modelos o diseños de una manera alternativa más conveniente, su presencia delata una ciudad diferente, por más que se trate de negar su evidencia o se desee conjurarla bajo la nerviosa afirmación de que nada ha pasado y hemos vuelto a donde estábamos. La Sevilla transformada es reconocible en numerosas piezas cuya jerarquía debe establecerse a partir de aquellas que muestran un carácter más elocuente, como son los hitos de valor territorial. Faltos de piezas significativas en el crecimiento urbano de las últimas décadas, de la misma manera que tal crecimiento era informe y desarticulado, sin carácter y vulgar, sólo la realización de una estructura más racional, que comunica mejor las
30 partes de la ciudad, que la hace más accesible, se corresponde con los intentos de caracterizar esa nueva dimensión urbanística mediante el establecimiento de unidades arquitectónicas de calidad y escala, coherentes con esa transformación. En la Sevilla del Antiguo Régimen perseveró como hito principal la Giralda; así aparece en las imágenes más significativas desde el siglo XVI, acompañada de las torres de iglesias, de la del Oro, también de la mole catedralicia, por encima de las murallas de la ciudad, además de su puerto fluvial. Un conjunto de referencias que se ven incrementadas por la importancia de las piezas extramuros, comenzando por el Hospital de la Sangre y concluyendo con la Fábrica de Tabacos, siempre obras de envergadura, excepcionales por su magnitud y tipología respecto a las construcciones no sólo existentes, sino posibles en el interior del casco antiguo. Hoy estamos ante un salto de escala, ante necesidades simbólicas que respondan tanto a una nueva dimensión como a una nueva cualidad urbana. Pero ello no es óbice para que algunos parámetros mantengan su virtualidad. Así, el valor de los elementos verticales, que operan en la distancia, al tiempo que juegan un mecanismo de contraste perceptivo en su entorno inmediato. En segundo lugar, la necesidad de establecer grandes piezas arquitectónicas que resuelvan problemas de excepcional magnitud y que permitan nuclear zonas de crecimiento o puntos externos de la ciudad. Por último, la persistencia de la substancia geográfica e histórica de Sevilla mediante la revalorización del río como su espacio principal. 5. £1 Guadalquivir, columna vertebral de la ciudad Debemos comenzar por la componente seminal y directriz de Sevilla: el Guadalquivir. Decisivo también para este último capítulo de su historia urbana, aunque quede mucho por analizar, proponer y llevar a cabo para que el río llegue a ser el sistema pleno que reconocemos en las grandes ciudades fluviales de Europa. Dijimos que la Exposición Universal se sitúa dentro del Actur de Cartuja, el territorio susceptible de ser urbanizado tras la construcción, en los años setenta, de la última gran corta dentro de la serie de alteraciones operadas en el cauce de río, especialmente como reacción ante el régimen inmisericorde de las inundaciones a que siempre estuvo sujeto. No es éste el lugar para evaluar los aspectos positivos y negativos de la ubicación y modelo de Expo '92, pero no cabe duda de que su posición de frente fluvial y de vecindad respecto a la del centro histórico, ha implicado un desafío inmenso, levantando el tapón de Chapina, coadyuvando a la decisión del des-
31 mantelamiento del ramal ferroviario de la calle Torneo, la remodelación de esa vía devenida en privilegiada y, consecuentemente, el establecimiento de los puentes necesarios para la comunicación tanto urbana como metropolitana. La remodelación de todo el sector ha sido una operación tan silenciosa como crucial para comprender algunos aspectos sustanciales del proceso; tanto que es el que ha arrastrado conflictos y demorado soluciones. Quien tenga la oportunidad de examinar la ciudad desde el aire, se sorprenderá de la magnitud impresionante que representa este amplio segmento de Sevilla que desde San Jerónimo conduce por la nueva avenida de Torneo hasta Plaza de Armas, Chapina, y los terrenos de Triana «reaparecidos» ante la Expo '92. Una larguísima cinta que los años siguientes, en diálogo con el río, ya es el nuevo desafío de contextualización fluvial de Sevilla, para la que durante toda la Edad Contemporánea no había habido más realidad fluvial que la del frente del Arenal, Paseo de Colón y calle Betis, con las adiciones portuarias y el desgraciado diálogo entre las traseras de la calle Castilla y Arjona hasta Chapina, ejemplo paradigmático del desentendimiento de los sevillanos hacia su río durante décadas. Al extenderse la dársena hasta San Jerónimo, surge todo el río histórico urbano. Cae la ficción del tramo comprendido entre la Torre del Oro y el puente de Triana, y el símbolo del Arenal y la calle Betis ya no permanece como encubridor de olvidos, fracasos e indolencias. Arjona muestra lo que nunca debió ser, antes que nada por la ignorancia y el desprecio que refleja. El nuevo territorio en expectativa del borde de Triana permanece hoy como un potente desafío, con el enrarecido vacío de los edificios fronteros a la Expo, piezas cuasi metafísicas que sólo empezarán a cambiar con la inminente puesta en uso por la Junta de Andalucía de su sede de Torre Triana. Por su parte, el amplio enclave de la Plaza de Armas muestra crudamente lo difícil que es hacer ciudad en procesos urbanísticos y arquitectónicos acelerados: empezando por la posición y el diseño del puente de Chapina, siguiendo por la nueva estación de autobuses, pasando por la procelosa vicisitud de la reordenación del área de la antigua estación de ferrocarriles, y concluyendo con el esfuerzo extraordinario de llevar a término la configuración urbana de la nueva avenida de Torneo y su prolongación. Cuestión de tiempo, como la culminación del paseo de Cristóbal Colón que, más allá de su caracterización como obra de conjunto del regionalismo, ha sido ahora, sesenta años más tarde, con el edificio de oficinas de Previsión Española y el teatro de la Maestranza, cuando ha cumplido su perfil arquitectónico. De igual modo, un frente sin esa personalidad central del antiguo Arenal, Torneo habrá de tener en su día una faz muy distinta a
32 la presente, con su destino unido al del casco antiguo, especialmente el barrio de San Vicente y la Alameda. Otra cosa es el desarrollo en curso de las traseras de Macarena Norte, desde la Resolana a Bachillera, y de ésta a San Jerónimo. Partes substanciales de un plan, de una operación urbanística cuya articulación unitaria debería controlarse, trascendiendo las meras necesidades locales de los populosos barrios que jalonan toda la espina septentrional de la ciudad. Una estrategia que ahora sólo puede ser operada desde la normalidad urbanística, tan necesaria en la Sevilla que encara el final del siglo XX, Una normalidad que, no obstante, corre el peligro de ser afrontada dando satisfacción a problemas puntuales, expresados en términos superficiales, cuando ello no es óbice para que la visión global que conviene a la prosecución de la construcción de la imagen de Sevilla, pasa por la puesta en valor de elementos referenciales arquitectónicos, cuyo destino funcional puede y debe ser trascendido. 6. El área de la Cartuja bajo el peso de la fiesta En primer lugar, más acá de la escala metropolitana que quiera asignarse a toda el área, su fachada fluvial se ha constituido en una nueva parte de la ciudad de extraordinaria importancia. Aunque la ordenación de la Exposición Universal, cerrada en sí misma, ha forzado una implantación ajena al río casi en su totalidad, con la sola excepción del Pabellón de la Navegación, su relevancia urbana es inequívoca, se vivió intensamente en los meses del certamen y se reactiva ahora con Isla Mágica, parque temático aplicado torticeramente alrededor del lago de Expo '92, en el que el ya enrarecido panorama arquitectónico de la muestra universal ha sufrido su completa degeneración y su indolente y parcial supervivencia en el resto, con un parque tecnológico (el proyecto Cartuja 93) de escasa vitalidad, algún uso universitario que empieza a operar este curso 97/98 y el contrapunto del parque metropolitano, gran espacio verde de intensa utilización, pero cuya gestión, todavía autonómica, se resiste a asumir el Ayuntamiento de Sevilla. La falta de pulso integrador de los hitos arquitectónicos que la Expo '92 legó puede sintetizarse en su pieza más cualificada, el Pabellón de la Navegación. Si la obra más sabiamente compuesta no ha sido potenciada adecuadamente, ¿qué decir de otras piezas no demolidas, como el Pabellón de Francia, abandonado a su destino previsto como terminal de la nueva Biblioteca Nacional de París? El teatro experimental podría ser la excepción entre las arquitecturas pensadas «también» para Sevilla.
33 7. Los nuevos puentes y otros hitos visuales No es errado decir que los nuevos puentes son los hitos más significativos de estos años respecto a la condición fluvial de Sevilla. Sin duda es así respecto a la articulación de la estructura de comunicaciones del territorio, pero de igual modo cabe evaluar su importancia como imágenes relevantes del paisaje urbano. Los dos puentes extremos, los que se corresponden con la ronda exterior, fueron diseñados con una clara intención simbólica, excediendo la mera necesidad funcional, para muchos con derroche dimensional o económico. Pero siendo ello cierto y posible en años de gran volumen de inversión pública, su caracterización simbólica expresó el deseo de las instituciones de configurar los testimonios del «poder» en este capítulo de nuestra historia, de igual modo como otros momentos del pasado establecieron, con similar voluntad, sus monumentos. Desde ese enfoque se dirimió la voluntad de la Junta de Andalucía de llevar a cabo el viaducto y puente del Alamillo, al menos en la mitad que le correspondía, al norte del río histórico. El gran pilono inclinado del Alamillo, enorme macroestructura, uno de los dos vastagos que iban a simbolizar la gran puerta del valle, opera como el hito más visible desde múltiples perspectivas en el acceso a la ciudad, y desde ella apareciendo en mil lugares de forma sorprendente. El puente que opera con similares principios de partida es el del Centenario. Un puente «clásico» que cierra el trazado sur metropolitano, allí donde la condición de ría del Guadalquivir se hace más evidente, donde dársena, canales y astilleros se articulan con los atributos portuarios actuales de la vieja substancia fluvial de Sevilla. Los otros puentes construidos en estos años tienen una función diferente, son de orden urbano, comunican la ciudad con el área de Cartuja, la ciudad vieja con la ciudad nueva, como los de Barqueta, Cartuja, el más elegante, e incluso Chapina, mientras que el de Delicias es complementario al servicio de la nueva red viaria interior de la ciudad y facilita la comunicación ferroviaria del puerto. Pero eso no es todo al respecto. El río es también un fulcro continuo de tensiones visuales, habiendo surgido nuevos perfiles antes inéditos, no sólo allí donde se ha abierto el nuevo horizonte de la extensión fluvial, sino en el propio paisaje establecido anteriormente, con la aparición de edificios que se han incorporado a la mirada del ciudadano. Este es un aspecto obje- to de atención especial en la opinión pública que conviene subrayar. En efecto, si nos situamos en el puente de San Telmo, construido hace algo más de medio siglo, la mirada al segmento central del río, con la Torre del Oro en primer plano, poco refleja del carácter del Arenal de los siglos XVI y XVII; el puente de Triana, sustituto del de barcas, ha llegado a ser un refe-
34 rente «sevillanísimo», aun respondiendo a una «moderna técnica extranjera» del siglo XIX, y en Triana desapareció el castillo de la Inquisición mientras la calle Betis reservó sólo algunos de sus perfiles y el borde de la plaza de Cuba muestra toda la mutación volumétrica y formal que representa el barrio de Los Remedios. Entonces, ¿cuál es la vieja estampa? Nada es igual porque nada estuvo nunca estático, pues cada capítulo de la historia urbana de Sevilla, con acierto o desacierto, dejó su huella. ¿Podría ahora detenerse ese dinamismo? El edificio sede de Previsión Española, en lugar especialmente delicado, es una pieza que denota una gran inteligencia y sensibilidad, y el Teatro de la Maestranza emerge en su rotundidad entre lo deseado y lo inevitable, integrando compromisos hoy seguramente inútiles. Vicisitud del paseo de Cristóbal Colón también superada por el nuevo perfil emergente tras el puente de Triana por la torre de ese nombre, destinada a acoger varias consejerías de la Junta de Andalucía, pieza principal del tardío y titubeante proceso, aún incompleto, de construcción de las instituciones. Este sistema, históricamente reiterado en distintos momentos, lugares y culturas, ¿es un factor inmutable válido, también, para nuestra sociedad contemporánea? Los ideales modernos, orientados hacia la democratización y satisfacción de las necesidades sociales, pareciera que debiesen volcar todos los recursos en acciones urbanísticas y arquitectónicas funcionales, destinadas a articular servicios propios de una mejor calidad de vida de toda la población. Sin embargo, la experiencia del siglo XX demuestra que tal cosa no ha contravenido la continua reaparición de la búsqueda de valores simbólicos, cuya formalización signifique la inversión de recursos copiosos en materializarlo, más allá de la estricta reorientación de los diseños funcionalistas hacia otros que implican connotaciones estéticas suplementarias. Todo esto forma parte no sólo de la historia del lenguaje arquitectónico, sino que responde también a una idea del valor añadido sobre la mera estimación economícista, lo que nos remite a «otra» lectura de la política de inversiones para un momento histórico determinado, como es el de la construcción de la capitalidad andaluza. La interrupción de esta filosofía ha sido recordada en circunstancias de crisis y comportaría la quiebra de todo un sistema de valores, Pero tal quiebra, ¿no era el paradigma más radical del proyecto moderno? El decurso de los hechos, y no sólo en los países desarrollados, ha venido a mostrarnos cómo el ideal de austeridad y racionalidad florece en tiempos de crisis, y la opulencia renace de sus cenizas, una y otra vez, reclamando la convención monumental de los símbolos del poder.
35 8. La salvaguarda de la herencia recibida Pero la condición contemporánea en las décadas finales del siglo XX ha incorporado otras relativizaciones respecto a los paradigmas radicales de las primeras décadas. Así, el entendimiento de la herencia arquitectónica como un valor cierto, cultural y económico. Hoy carece de sentido el desprecio por el patrimonio y resulta coherente coordinar salvaguarda y progreso, sobre todo tras demostrarse cómo desde las posiciones ideológicas más conservadoras se producía al tiempo la destrucción de nuestros centros históricos y la mixtificación de la restauración de corte clásico, por lo demás aplicada con tacañería a una reducida serie de monumentos. Aunque no sin demoras, con dudas e inseguridad, pero también con no pocas dificultades objetivas, las instituciones encararon una política de rehabilitación de edificios históricos para instalar algunas de sus sedes. La Junta de Andalucía está transformando el palacio de San Telmo como sede de la Presidencia, la collación de San Bartolomé acoge en diversos edificios la dispersa ubicación de la Consejería de Cultura, o la antigua algodonera de Tabladilla reformada acoge ya a la Consejería de Agricultura y Pesca. De igual modo, el Parlamento de Andalucía ha encarado la voluminosa rehabilitación del Hospital de la Sangre, la Diputación Provincial lo ha hecho con el antiguo cuartel de Intendencia de la Puerta de la Carne, o el Ayuntamiento, en lo exclusivamente representativo, hizo lo propio con sus Casas Consistoriales. Pero el examen de esta coordenada en la Sevilla contemporánea exige reconocer un cierto decaimiento de los últimos años y algunas muestras de tibieza política, como la frustrada ubicación del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en las antiguas Atarazanas. Como lo son las paradojas contenidas en el importante tema de la intervención en el rico y amplísimo patrimonio heredado, para el que un enfoque planificador de gran alcance político, verdaderamente encomiable, no se ha visto correspondido con un conjunto suficientemente generoso en obras. La gran paradoja fue la concentración de inversiones en la rehabilitación del antiguo monasterio de la Cartuja de las Cuevas. Fue cuestión de Estado encararlo de una vez, al ser núcleo principal, justificación simbólica, de la implantación de la Exposición Universal. Hoy tal decisión reclama una acción consecuente mediante el desenvolvimiento seguro, por modesto que sea, de su carácter de institución cultural, como Conjunto Monumental activando decididamente la implantación del citado Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, y mediante la total operatividad, tan necesaria por otra parte, del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.