scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Un ciudadano imparcial, amante de la felicidad de su Patria ... toma la pluma para vindicar la opinión de un distinguido ciudadano ... que ha sido horriblemente calumniado ... general D. Juan O-Donojú ...

G.A.F

Full text

XJn ciudadano imparcial /amante de la felicidad de su Patria, que no puede ver con indiferencia ultrajadas injusta¬ mente por caprichos ó resentimientos personales, ó tal vez por otra cosa peor, las autoridades legítimamente constitui¬ da^, toma la pluma para vindicar la opi¬ nión de un distinguido ciudadano, que reúne ademas la calidad de Gefe polí¬ tico de una de las mas importantes pro¬ vincias de la Monarquía, y que ha si¬ do horriblemente calumniado en estos dias. Apenas hay moderación que bas¬ te para no excederse, cuando se refle¬ xiona sin preocupación sóbrelos incon¬ venientes y males que puede producir el abuso que se hace por algunos de la libertad ; y cuando se hace el examen y comparación de los vicios y conduc- ta del calumniador, con las virtudes y proceder del calumniado. Cierta espe¬ cie de hombres que ya se van conocien¬ do, se han declarado de algún tiempo á esta parte sus enemigos; á noventa le¬ guas de distancia fueron á vomitar el veneno que abrigaban sus corazones: con los colores mas negros hicieron su re¬ trato en la tribuna, y el pueblo mismo, que fue testigo de sus largos sufrimien¬ tos por la causa justa, lo ha oido llamar déspota é inconstitucional. Felizmente es bastante conocido, y me lisongeo de que sus detractores habrán sido despre¬ ciados de los hombres sensatos; estos sa¬ ben que las opiniones no varían de un momento áotro, y que son indelebles cuando se graban con trabajos y amar-* guras: el pueblo, empero, se deja alu¬ cinar con facilidad, ni es necesario pa¬ ra persuadirle un entendimiento privi¬ legiado: calor en la expresión, adema¬ nes y contorciones, impavidez y des¬ vergüenza , son las cualidades que hacen brillar efímeramente á ciertos seres mi- ( 3 ) , serables que, no teniendo otra recomen¬ dación, mendigan el aura popular, dan¬ do á sus mentiras un aire de importan¬ cia, anunciándose siempre con protes¬ ta» de sinceridad, y encubriendo su ca¬ rácter maligno con una estudiada hipo¬ cresía : sus labios pronuncian en toda ocasión amor á la Patria, y deseos del bien; pero sus almas pequeñas y rastre¬ ras jamas miraron tan alto: solo anhelan el desorden, la anarquía y la sangre, y sus maquinaciones no tienen otro obje¬ to., ni se dirigen á otro fin. ¡Ojalá los tiros que se asestan fuesen solo á su persona; acostumbrado está á padecer, y las desgracias le hicieron sufrido! Mas no es él el blanco de las iras; lo es la autoridad que egerce, pues todo freno es duro al bruto que no está domado. Cuando los espíritus están inquietos, y en movimiento las pasiones, nada es necesario para exaltarlas sino audacia, y fuerza en el pulmón. ¿Qué importa que no haya método en .el discurso, ló¬ gica ni razones? Los Zoilos que asi se ( 4 ) . , presentan á hablar en público, levan¬ tando su desvergonzada frente en medio de un pueblo ilustrado, á quien quisie¬ ran conducir ai precipicio, desmorali¬ zándole con su egemplo y palabras, creen que los concurrentes no analizan , no buscan pruebas, no comparan; ¡mise¬ rables! la multitud de ciudadanos bene¬ méritos é ilustrados que asisten á tan patrióticas reuniones, os consideran co¬ mo los agentes del genio del mal , que quisieran vernos envueltos en una hor¬ rorosa anarquía; Yo no ruego á mis compatriotas mas, si no que adquieran noticias que les pongan en estado de conocer á esos ora¬ dores que tratan de alucinarnos. La ver¬ dad se avergüenza de ser anunciada por la boca del vicioso; y la virtud jamas está mas honrada que cuando la maldi¬ ce la lengua del hombre corrompido. ¿Qué ideas puede concebir, qué inten¬ ciones abrigar, cuáles pueden ser los deseos del hombre que no tiene ni do¬ micilio, ni estado, ni bienes, ni desti- no? ¿Podrá decir una palabra que ten¬ ga relación con los filantrópicos deseos de un hombre de bien? Tal vez arran¬ cará pasageros aplausos de algún in¬ experto que le oiga y trague el veneno sin preveer las consecuencias de su ne¬ cia y reprehensible docilidad; pero el sabio; el modesto ciudadano que ve la desgracia de su Patria en el descrédito de las autoridades constituidas, en el desprecio que se hace de las leyes, en el rompimiento de los vínculos de la so¬ ciedad , volverá la cara horrorizado, y llorará con los buenos considerando las arterías de que se vale la maldad para extravir la opinión y pervertir á un pue¬ blo, que llamó la atención y fue el asom¬ bro de la culta Europa. Madrileños, ante vosotros se infamó al digno General D. Juan O-Donoju, y ante vosotros desmiento á sus calumnia¬ dores: contestaré á los cargos principa¬ les que en su ausencia se le hicieron en la tribuna de la Fontana de Oro, hirien¬ do asi alevosamente su opinión: ai de- ( 6 ) fénderle prevengo * vuestro juicio, para que no dejándoos alucinar por las apa¬ riencias, continuéis por el camino que comprendisteis; se os quiere extraviar, y fuera de él todos son precipicios. En el preámbulo del mordaz discur¬ so con que se bizo la acusación, quiso ocultar el autor sus depravadas inten¬ ciones con un mentido parentesco, que dijo le unía al General: esta suposición tan insignificante en cualquiera otro ca¬ so, también habría sido indiferente, mas no en la actualidad que ha servido de máscara á la maledicencia, para fingir los caractéres de la sinceridad y de un Espartano desprendimiento. No sé si por casualidad, ó por la educación, que se transmiten las familias, despreciando otras preocupaciones, la del ciudadano O-Donojú dichosamente no cuenta nin¬ guno de las cualidades del panegirista; por consecuencia mintió el orador, y no hay tal parentesco. Anunciado como deudo, no conside¬ ró su retórica bastante este lugar co- mun para captarse eí aprecio del audi¬ torio, y atraerse su atención; hasta aquí solo aparecía un hombre con quien na¬ da pueden las relaciones de la Sociedad, cuando son contrarias al interes común, pero faltaba que este mismo hombre fuese conocido por sus servicios hechos en favor de la comunidad: en efecto, con solo decir que estuvo en primeros de Enero en la ciudad de San Fernando, que fue á ella para tratar con los cau¬ dillos de la revolución mas justa nego¬ cios de alta importancia, que volvió á Sevilla con un pliego del General en Gefe, que pasó después comisionado por los buenos á contribuir á la decisión de al¬ gunos batallones, que regresó á la Isla, y que hizo un donativo al Egército sal¬ vador, ¿quien no creería al oir tamaños méritos que estaba en la presencia de uno de los primeros héroes de la Patria? Mas á que estado quedaría reducido el heroe y sus servicios si se tratase de analizarlos detenidamente. Omito hablar de este punto, aunque tengo todas las noticias necesarias para elio, porque no lo creo del caso en este lugar, por con¬ formar mis ideas á la generosidad de la persona que me propongo defender, y porque aunque todos los que dijo y ma¬ chos mas fuesen ciertos, ni por esto le darían derecho para infamar y desacre¬ ditar aun digno ciudadano,que ha he¬ cho y está haciendo otros algo mas im¬ portantes que los suyos. Anunciado pues como un héroe, y como mas amigo de la verdad que de sus parientes, ya era tiempo de empe¬ zar las honras: así les llamo 1 á los in¬ sultos que se hicieron al benemérito ciudadano, cuya reputación se quiso mancillar. El Gefe político de Sevilla, dijo el calumniador, amontonando palabras y fraces tan abultadas y débiles por ca¬ recer de pruebas, como impropias del idioma culto y civil , obra contra la Constitución, procede despóticamente, no merece la confianza del Gobierno jii del Público, en nada contribuye á la prosperidad de la Provincia, Sevilla está en la mayor apatía por tener tal Gefe á la cabeza: á todas estas propo¬ siciones generales y no contraidas, se agregaron algunas etecteras para darle fuerza con respecto á los ignorantes; puei los que no lo son, solo se con-» vencen con hechos, y esto cuando estan en antecedentes. El mismo que ha llamado déspota al ciudadano O-Donojú, expresándose á su manera y en su delicado lenguage, habia dicho antes que era un emplastador; y aunque tuvo igual razón para lo uno que para lo otro, se conoce en la variedad lo bien fijadas que tiene las ideas, á menos que convenga en que ignora la propiedad de estas voces, y que para el tal erudito lo mismo es el que todo lo atropella, que no conoce mas leyes, justicia, ni razón, que su capricho y an¬ tojo; que el tímido y apocado, pero con imaginación al mismo tiempo y trave¬ suras para entretenerlos á todos, eterni¬ zar los negocios, y no resolver jamas di- (i6 ) ciliar las ideas del discurso de nuestro flamante orador. La Provincia de Sevi¬ lla dice, está comprometida por el li¬ beralismo moderado de su Gefe políti¬ co: el liberal moderado nunca puede ser déspota. ¿En qué imaginación mediana¬ mente organizada cabe confundir é iden¬ tificar a un hombre orgulloso, arrebado, tenaz, cuya ley es su antojo, cuyo derecho es su capricho, con otro dete¬ nido, circunspecto,adherido siempre á las disposiciones de la Superioridad, conci¬ liador, político y afable? El que pueda hacer un todo de elementos tan encontra¬ dos conseguirá formar un hombre déspota y moderado al mismo tiempo, cual han querido pintar al Gefe político de Sevilla. Prescindamos de contradiciones que son muchas, y sin impugnarlas ellas re¬ ciprocamente se destruyen: oigamos la demostración del aserto. ¿P or qué está comprometida la Provincia? por el libe¬ ralismo moderado de su Gefe. ¿Y con qué se prueba que el liberalismo mode¬ rado compromete á los pueblos? Pues yo convengo sin repugnancia en el moderantismo de O-Donoju. El orador no di¬ jo sobre esto una palabra, y ciertamen¬ te es doloroso no hubiese desplegado su griega elocuencia sobre la materia; pero temió sin duda ofender Ja delicadeza de los Madrileños, y ano haberle detenido el respeto que impone un Pueblo sábio, el se habría dado á conocer. Está visto que todo el crimen de O-Donoju con¬ siste en que es liberal moderado: yo quisiera saber como se puede ser libe¬ ral sin moderación : esta virtud es el escollo donde se estrellan la tiranía yí* ; la licencia, extremos odiosos á losEspaño- % les, extremos que ba cuidado de evitar v ^ 1 nuestra Constitución. Diga pues de una vez, repito, ese nuevo orador lo que quie¬ re, para que le conozcamos, y no profa¬ ne el sagrado amor déla Patria, encu¬ briendo con él perversas intenciones. Otro articulo de acusación : se dijo c l U e unos bribones habian apaleado en e cam Po á dos ciudadanos. Sea por lo que se fuere, pues la causa no está pro- 3 (*«) bada, se produjo la queja por quienes no eran los ofendidos, al Gefe político; en¬ tre ellos, uno de nuestros oradores en cuestión, y la desestimó de los que la produgeron. ¿Y este hecho qué prue¬ ba? Que la demanda se presentó ante Juez incompetente y por quien no tenia acción para pedir: que el Gefe político conoce la división de poderes, respeta las leyes, no se atribuye facultades que no tiene, y deja á cada tribunal expedito el egercicio de sus funciones. Pues aun hay mas, el Gefe político comisionó persona de carácter que invitase al que se decía agraviado á que la produgese por si, y designase los autores del agravio, y este no solo se negó á hacerlo, sino que negó también absolutamente la certeza del he¬ cho. Juzgúese ahora del valor de esta acusación. Los síntomas de convulsión que se notaron en Sevilla á principios de Se¬ tiembre y fines de Noviembre, se atri¬ buyen también á la moderación del ciu¬ dadano que manda la Provincia, sin re- flexiónar que unos y otros tuvieron su origen en la Corte, que se resintieron de ellos todas las ciudades del Reino, y que eon igual razón, y estribando en los mis¬ mos principios podría decirse que los ocasionaron el liberalismo moderado de todas las autoridades de la Península. Solo les faltó manifestar que la única causa de estos movimientos era la justicia y equi¬ dad en que está fundado nuestro nuevo sis¬ tema, y que no seríamos dichosos mien¬ tras no hubiese en cada plaza un cadalso, no se cruzasen por las calles de toda pobla¬ ción cuadrillas de asesinos, no hubiese un español que contase con un momento de seguridad, nadásemos en sangre, apuráse¬ mos el cáliz de la amargura, viviésemos al¬ gunos meses en la anarquía, succediesen á estos otros de un Gobierno inciertoy vaci¬ lante, hasta que muertos nosotros, y can¬ sados de sufrir nuestros míseros hijos, in¬ dinasen la frente al yugo que quisiese im¬ ponerles un tirano, y volviese la Patria al principio, yaciendo en la esclavitud, de ciiyas cadenas aun le quedan las seriales. (* 0 ) , . Ultimo cargo y mas calumnioso, si es que puede darse grados en la menti¬ ra ; los Gefes de la Isla instaron á O-Do- nojú á que se declarase, pero él titubea¬ ba aguardando ver de que lado soplaría el viento, y su indecisión, y no haber to¬ mado parte en las ocurrencias de pri¬ mero de Enero comprometieron á varios Comandantes que mandaban Cuerpos: eran ya pasados siete dias que elegérci- to había aclamado libertad, cuando re¬ cibió un pliego del General Quiroga, ofreciéndole el mando, a esto estabaie elucido, sin mas explicaciones, y sin mas antecedentes. Prescindiendo de lo imprudente que sería confiarse en esta promesa, y de la imposibilidad de trasladarse á aquel pun¬ to que era lo mas, pues no el mandar, si¬ no el ser útil habría sido lo único que le moviese, el egército no decidido, estaba ya á las órdenes del General Freyre; O-Do- nojú no contaba con otros auxilios que sus buenos deseos, ni fuerzas, ni noticias, ni plan, ni relaciones, ni salud,jyob- I 7 servado por sus opiniones conocidas ¿qué arbitrio le quedaba? ¿Podrá decirse sin notoria injusticia que esperó ver de que lado soplaría el viento cuando eí públi¬ co , que supo manifestar y sostener su opinión con energía y con firmeza, ar¬ rostrando trabajos incalculables con pe¬ ligro inminente de su vida, amenazado de tormentos y suplicios en medio de la tempestad mas furiosa que se formó con¬ tra la libertad? ¿Podrá decirse que es¬ peraba ver de qué lado soplaría el vien¬ to, el que soplando contrario, publicó la Constitución en Sevilla asiendo la ocasión por los cabellos, y ocultando la segunda orden del General Freyre, en que se le prevenia quedase nula y sin ningún valor la dada pocas horas antes? Y en cuanto á Gefes comprometidos cí¬ tense cuales son; á esta falsedad solo pue¬ den oponerse argumentos negativos. Faltaba que el Gobierno estuviese inculcado en los delitos de O-Donoju. ¡ El Gobierno, compuesto de los auto¬ res del sistema, de los Padres de la Pa- . < 2 2 ) tria! Esto no importa: él es delincuen¬ te porque le ha conferido y conservado los mandos político y militar, aunque para ello le haya facultado la Represen¬ tación nacional en cualquiera caso en que la conservación ó restablecimiento del orden público, y de la tranquilidad y seguridad general asi lo requieran. ¿Pero qué valor tienen las decisiones del Congreso cuando no son conformes á las ideas de esta clase de políticos ? Y por si se contestase que no estamos en el caso que previo la ley, sepan los que asi lo creyeren que á la reunión de los mandos se ha debido el acierto en las providencias, la prontitud y oportuni¬ dad de la egecucion, y los felices resul¬ tados que todos hemos visto en los mo¬ vimientos ocurridos, y otros que se so¬ focaron en su origen. Ocupó la tribuna para dar con su autoridad fuerza á las necedades de sus dignos antecesores, otro doctor de igual talante á los dos que lehabian precedido, persuadiendo al Pueblo representase al ( 23 ) Gobierno á fin de que no se le permitiese mandar á un protector de serviles, d libe¬ rales moderados, pues para este señor todos son unos según lo manifestó él mismo. Per# si hay alguno tan fatuo co¬ mo este presumido y desatinado decla¬ mador que siga su consejo, esperaremos la contestación á su ilegal solicitud.: y entre tanto concluiré con asegurar, que ni el interes propio, ni la esperanza de protección me han hecho tomar la plu¬ ma en favor del General Q-Donoju: re¬ laciones de amistad me unen con él ha¬ ce mucho tiempo, pero no ellas, sino el deseo de quitar la máscara á estos ene¬ migos conocidos de la paz y de la unión, y de vindicar la opinión injustamente ultrajada de tan digno ciudadano y de la autoridad que egerce, son los únicos motivos que me han impelid j á hacerlo. El publico imparcial podrá juzgar ahora úe la razón con que proceden sus enemi¬ gos. Sevilla de Diciembre de 1820. G. A . F. SSVILLAí EN LA IMPRENTA MAYOR DE LA CIUDAD. tiU *' .V» .1 . % ■ 1 ■■ T S > ■ ■ - ■ V V • • • . • i tiv>; . : rq i :U, • './ •*-•!.) «*{ ¿ 1 ■■ v i «oí i! o >: • I •; i,' • /•',:!( ¿I *3!f;'hí*r> i*- ' > I v ^kí| üf ’ r v5C»*os ¿(v'-’.ni 1 b */•; fUi V L: 5 I ., ;v’ ■ r’ r:>-:i ' ;> 'o ' ; . ; í j ; . y bbv ;fii ; • : - ' ‘ ■ ! 'SQ ;¿j 5 : 03 í > V .Í . ; » j ' /V ;v J í; -Vi.; *rn:un!'l :K - ■ • —