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El Pobrecito hablador : revista satírica de costumbres

Larra, Mariano José de, 1809-1837

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EL POBRECITO HABLADOR. Retista satírica de costumbres, <kc. écc. POft 1X> BÁCai^LER D. JUAN PEREZ DE MÜNGüÍA, 1. IQuién es el Público, ydónde se le encnentra? Articulo robado. MADRID. IMPRENTA DE REPULLÉS. Agosto de 1832. fWoa*i»Mr m_ Í;r* .^ =- -!- ~:.fi íWBWvíaa*S;:*tt «'Tfiti* ;: :Sm SST .;3áKW,' Vi;í «»:**: v, .4. f£“»íii!ít. «r swif ií -fí 1si^i •cAn^f ‘ .. • "---^.íó '/«íT - .“jpüí^ife^ ;-..í-iAflftli. ail; MXM %m ofc^Á DOS PALABRAS. No tratamos tfe redactar mperiódko: L** porque no nos creemos ni con facultad ,ni con ciencia para tan vasta empresa ;2.*' pOT(pie no gustamos de adoptar sujeciones ,ymucho menos de imponérnoslas nosotros mismos. Emitir nuestras ideas tales cuales se nos ocurran, ólas de otros, tales cuales las encontremos para divertir al púolico, en fMetos sueltos de poco volúmn yde menos precio, este es rmestro objeto^ porque en cuanto áaepello de instruirle, como suelen decir arrogantemente los qm escriben de profesión ópor casualidad para el público, ni tenemos la presunción de creer saber mas que él ,ni estamos muy seguros de que él lea con ese objeto cuando lee. No siendo nuestra intención sino divertirle ,no seremos escrupulosos 4 en ta deccíon de las medios ,siempre que estos mpmdan acarrear perjuicio nuestro, ni de tercero, siempre que sean lícitos, honrados ydecorosos, Anadie se ofenderá ,álo menos ásabiendas ;de nadie bosquejaremos retratos ;si algunas caricaturas por casualidad se pareciesen áalguien, en lugar de corregir nosotros el retrato, aconsejamos al original que se corrija :en su mano estara ,pues, que deje de parecersele. Adoptamos por consiguiente con gusto toda la responsohilidad que comeemos del epíteto satíricos qtK ms hemos echado encima :solo protestamos qm nuestra sátira mserá nunca personal ,al paso que consideramos la sátira de los vicios ,de las ridiculeces yde las cosas ,útil ,necesaria ,ysobre todo muy divertida. Siendo nuestro objeto divertir por cualquier medio ,cuando no se le ocurra ánuestra pobre imaginación nada qm nos parezca suficieme ósatisfactorio, declaramos francamente qm robaremos donde podamos nuestros materiales, publkánddos íntegros ómutilados ,tra- 5 lucidos ,arreglados órefundidos ,datando la fuente ,óapropiándonoslos descaradamente, porque como pobres habladores hablamos lo nuestro ylo age^ no ,seguros de que al piiblico lo que le importa en lo que se le da impreso no es el nombre del escritor ,sino la calidad del escrito ,yde que vale mas divertir con cosas agenas que fastidiar con ¡as propias. Concurriremos álas obras de otros como los faltos de ropa álos bailes del Carnaval pasado: llevaremos nuestro miserable ingenio, le cambiaremos por el bueno de los demas ,y con ribetes distintos lo prohijaremos, como lo hacen muchos sin decirlo; de modo que habrá artículos que sean una capa agena con embozos nuevos. El de hoy será de esta laya. Ademas, iquién nos podrá negar que semejantes artículos nos pertenezcan después de que los hayamos robado? Nuestros serán indudablemente por derecho de conrpuista. Habrálos también sin embargo enteramente niKstros. Siguiendo este sistema mpodemm 6 fijar las materias de hablaremos; sabemos poco ,yaun salamos menos lo que se nos podrá «urriCf ólo que podremos encontrar. Reírnos de las ridiculeces; esta es nuestra divisa: ser leídos ;este es nuestro dsjeto : decir la verdad ;este nuestro medio. Aunque ms damos tratamiento de n<K ,bueno es advertir que no somos mas que uno ,es decir ,que no somos lo que parecemos; pero no presumimos tampoco ser mas ni mems qm msestros coescritores de la época. ^^mtcw^téra / {^Jrtimh mutilado, 6sm refundido. Hermite de la OiaONée dAntin. ) El Doctor tn te le pones, el Montal^n no le tienes , con qoe quitándote el Don Tienes áqoedar Joan Perei. S^igrgma antigüé €(*utrm ti Df, D, Jmin Ptrtt da Montmlban, Y Xovengo áser lo que se llama en el mundo un buen hombre ,un infeliz ,un pobrecillo ,como ya se echará de ver en mis escritos: no tengo mas defecto, óllámese sobra si se quiere ,que hablar mucho ,las mas veces sin que nadie me pregunte mi opinión: váyase porque otrcs tienen el de no hablar nada ,aunque se les pregunte s la suya. Entremétome en todas partes como un pjbrecito ,yformo mí Opinión, yla digo, venga óno al caso, como un jwbrecito. Dada esta primera idea de mi carácter pueril éinocentón, nadie estrañará que me halle hoy en mi bufete con gana de hablar ,ysin saber qué decir jempeñado en escribir para el publico, ysin saber quien es el publico. Esta idea ,pues ,que me ocurre al sentir tal comezón de escribir será el objeto de mi primer artículo. Efectivamente ,antes de dedicarle nms~ tras vigilias ytareas quisiéramos saber con quien nos las 'habernos. Esa voz público, que todos traen en boca ,siempre en apoyo de ‘sus opiniones, ese comodín de todos los partidos ,de todos los pareceres ,|es una palabra vana de sentido, óes un ente real yefectivo ?Según lo mucho que se habla de él, según el papelón que hace en el mundo ,según los epítetos que se le prodigan, yli consideraciones que se le guardan, parece que debe de ser alguien. El público es }7fw- p Prado yel público es indulgerae yel pú« blico es imparcial , el publico es respetabk jno hay duda ,pues ,en que existe el publit». En este supuesto, ¿(psién es el público yjdonde se le eneuentra i Sáigome de casa con mi cara infantil ybobalicona ábuscar al publico por esas calles ,áotservarle ,yátomar apuntacioKs en mi registro acerca del carácter ,por mejor decir ,de los caracteres distintivos de ese respetable señor. Paréceme áprimera vista, según el sentido en que se usa generalmente esta palabra ,que tengo de encontrarle en 1<k dias yparages en que suele reunirse mas gente. Elijo un domingo, ydonde quiera que veo un numero grande de personas llámolo publico, áimitación de I<s demas. Eíte dia un sin numero de oficinistas y de gentes ocupadas óno ocupadas el resto de la semana ,se afeita ,se muda, se viste yse perfila: veo que i primera hora llena las iglesias, la mayor parte por ver yser visto jobserva Í6 Ten las lenguas de la concurrencia, co* mo el aire Ja veleta, ycomo el agua la piedra del inolinoj ya los densos vapores de Baco comienzan ásubirse á la cabeza del público, que no se entiende ási mismo. Casi voy áescribir en mi libro de memorias: el respetable público se emborracha-^ pero felizmente rómpese la punta de mi lápiz en tan mala coyuntura, yno siendo aquel lugar propio para afilarle, quédase in pectore mi observación ymi habladuría. Otra clase de gente entre tanto mote ruido en los villares, ypasa las noches empujando las bolas, de lo cual no hablaré, porque este es de todos los públicos el que me parece mas tonto. Abrese el teatro ,yáesta hora creo que voy ásalir para siempre de dudas, yconocer de una vez al publico por su indulgencia ponderada, su gusto ilustrado, sus fallos respetables. £áta parece ser su casa, el templo donde emite sus oráculís sin apelación. Represéntase una comedia nueva: una parte 4cl publico la aplaude con furor jes i7 sublime, divina jnada se ha hecho mejor de Moratiü acá: otra Ja silva despiadadamente ;es una porquería, es un saínete; nada se ha hecho peor desde Comella hasta nuestro tiem|». Uno dice: está en prosa, yme gusta solo por eso; las comedias son la imitación de Ja vida; deben escribirse en prosa. Otro: está en prwa, yla comedia debe escribirse en verso, porque no es mas que una ficción para agradar álos sentidos; las comedias en prosa son cuentecitos casertK, ysi muchos Jas escriben asi es porque no saben versificarlas. Este grita: |dónde está el verso, la imaginación, la chispa de nuestros antiguos dramáticos? Todo eso es frío; moral insípida, lenguaje helado; el clasicismo es la muerte del genio. Aquel clama: jgracias áDi<» que vemos comedias arregladas ymorales !La imaginación de nuestros anrigut» era desarreglada; iqué tenían? Escondidts, rapadas, enredt» interminables ymonótonos, cuchilladas, graciosos pesados, confusión de clases, de género^ 18 el romanticismo es la perdición del teatro jsolo puede ser hijo de una imaginación enferma ydelirante. Oido esto, vista esta discordancia de pareceres, já qué me canso en nuevas indagaciones? Recuerdo que Latorre tiene un partido considerable, yque Luna sin embargo es también aplaudido sobre esas mismas tablas donde busco un gus- to fijo; que en aquella misma escena los detractotes de la Lalande arrojaron coronas ála Tossi, yque los apasionados de la Tossi despreciaron, destroxaron ála Lalande; yentonces ya renuncio ámis esperanzas. ¡Dios mió! ¿dónde está ese publico tan indulgente, tan ilustrado, tan imparcial, tan justo, tan respetable, eterno dispensador de la fama, de que tanto me han hablado, cuyo fallo es irrecusable, constante, dirigido por un buen gusto invariable, que no conoce mas norma ni mas leyes que las del sentido común, que tan pocos tienen? Sin duda el público no ha venido al teatro esta noche: acaso TIO concurre álos espectáculos. 19 Reúno mis notas, ymas confuso que antes acerca del objeto de mis pesquisas ,llego á¡oformanne de personas mas ilustradas que yo. Un autor silvado me dice cuando le pregunto: Iquién es el publico í"Preguntadme mas bien cuántos necios se necesitan para comjwner un publico.” Un autor aplaudido me responde: "es la reunión de personas ilustradas, que deciden en el teatro del mérito de las producciones literarias.” Un escritor cuando le sil van dice que el publico no le silvo, sino que fue una intriga de sus enemigos, sus envidiosos, yeste ciertamente no es el público ípero si le critican 1(» defecto de su comedia aplaudida llama al publico en su defensa; el público la ha aplaudido; el publico no puede ser injusto; luego es buena su comedia. Un periodista presume que el publico está reducido ásus suscriprores, yen este caso no es grande el publico de I<K peri(KÍistas españoles. Un abogado cree que el publico se compone de 20 sus clientes, Aun médico se le figura que no hay mas publico que sus enfermos, ygracias ásu ciencia este público se disminuye todos los dias; yasi de los demas: de modo que concluyo la noche sin que nadie me dé una razón exacta de lo que busco, ¿Sera el publico el que compra la Galería fúnebre de espectros ysombras ensangrentadas, ylas poesías de Salas, óel que deja en la librería las vidas de los españoles célebres yla traducción de la Iliada? ¿El que se da de cachetes por coger billetes para oir áuna cantatriz pinturera, óel que los revende? |EI que en las épocas tumultuosas quema, asesina yarrastra, óeí que en tiempos pacíficos sufre yadula? Yesa Opinión publica tan respetable, hija suya sin duda, ¿será acaso la misma que tantas veces suele estar en contradicción hasta con las leves y con la justicia? ¿Será la que condena ávilipendio eterno al hombre iuicioso que rehúsa salir al campo áverter su sangre por el capricho óla imprudes- 21 cía de otro, que acaso vale menos que él? ¿Será la que en el teatro yen la sociedad se mofa de los acreedores en obsequio de los tramposos, ymarca con oprobio la existencia yel nombre del marido que tiene la desgracia de tener una loca úotra cosa peor por muger? ¿Será la que acata yensalza al que roba mucho con los nombres de señor óde héroe, ysanciona la muerte infamante del que roba poco? ¿Será la que fija el crimen en la cantidad, la que pone el honor del hombre en el temperamento de su consorte, yla razón en la punta incierta de un hierro afílado? ¿En qué consiste, pues, que para grangear la opinión de ese publico se quema las cejas toda su vida sobre su bufete el estudioso éinfatigable escritor ,ypasa sus dias manoteando ygesticulando el actor incansable? ¿En qué consiste que se espone ála muerte por merecer sus elogits el militar arrojado? ¿En qué se fundan tantos sacritícios que se hacen por la htma que de él se espera? Solo concibo, yme esplico perfectamente, el trabajo, el estudio que se emplean en sacarle les cuartos. Llega empero la hora de actstarse, yme retiro acoordinar mis notas del dia: léolas de nuevo, reúno mis ideas, yde mis observaciones condujo; En primer lugar que el publico es el pretexto, el tapador de los fines particulares de cada uno. £1 escritor dice que emborrona papel ,ysaca el dinero al publico por su bien ylleno de respeto hacia él. El medico cobra sus curas equivocadas, yel abogado sus pleitos perdidos por el bien del público, £1 juez sentencia equivocadarmute al inocente por el bien del publico. El sastre, el librero, el impresor, cortan, imprimen yroban por el mismo motivo jyen fin, tjasra el.... ¿Pero áqué me canso? Yo mismo nabré de confesar que escribo para el publico, so pena de tener que confesar que escribo para mí. Yen segundo lugar concluyo: que 23 no existe un público único, invariable, juez imparcial, como se pretende; que cada clase de la sociedad tiene su pjblico particular, de cuyos rasgos ycaracteres diversos yaun heterogéneos se compone la fisonomía monstruosa del que llamamos publico; que este es capricht^, ycasi siempre tan injusto y parcial como la mayor parte de los hombres que le componen; que es intolerante al mismo tiempo que sufrido, yrutinero al mismo tiempo que novelero, aunque parezcan dos paradojas; que prefiere sin razón, yse decide sin motivo fundado; que se deja llevar de impresiones pasageras; que ama con idolatría sin por qué , yaborrece de muerte sin causa; que es maligno ymal pensado, yse recrea con la mordacidad ;que por lo regular siente en masa yreunido de una manera muy distinta que cada uno de sus individuos en particular; que suele ser su favorita la medianía intrigante y charlatana, yobjeto de su olvido ó de su desprecio el mérito modesto;que 24 olvida con facilidad éingratitud los servicit» mas importantes, ypremia con usura áquien le lisonjea yle engañajypor ultimo, que con gran sinrazón queremos confundirle con la posteridad, que casi siempre revoca sus fallos interesados. NOTA. £l pobrecito hablador ,por no dejar meter basa á, luidie^ no admite mda contestaciones. En el siguiente número daremos una sátira fuisstrü en tercetos contra la Corte. EL POBRECITO HABLADOR. RETISTA SATÍRICA DI COSTUMBRES, ÓCC, ÓCC. POB Bl BáCaiUEB DON JUAN PEREZ DE MUNGüfA. N." 4.*’ CosTCMBBBS. =Emneüoi jdesempeüos. (Jrtkulo parecido aotro.) ¿(Jné co*a ei por acá el autor de una comedia ?(Artículo nueftro.J ‘MADRID. imprenta de REPÜLLÉS. Setiembre de 1832. Se hallará con los números anteriores en la übreria de Eicamilla, caüe de Carretas. 8 tiempo en una cara ,como la debe tener precisamente el judío errante si vive toda- TÍa desde el tiempo de Jesucristo. Rostro acucbillado con varios chirlos ygirones tan bien avenidos ycolocados de trecho en trecho, que mas parecían nacidos en aquella cara que efectos de encuentros desgraciados, mirar vizco, como de quien mira yno mira ,barbas independientes, crecidas, yque daban claros indicios de no tener con las navajas todo aquel trato yfamiliaridad que exige el aseo, ruin sombrero con oficios de quitaguas, capa de estas que no tapan lo qUe llevan debajo, con anchas cenefas de barro de Madrid, bolas ózapatos, que es- to no se conocía, con mas lodo que cordobán, manos de cerdo, uñas de escribano, y una pierna ,de dos que tenia, que por ser coja, en vez de sustentar la carga del cuerpo ,le servia áeste de carga ,yera de él sustentada, por donde del tal corredor' se podía decir exactamente aquello de que tripas llevan pies ,metal de voz ademas que atSdos los ruidos desapacibles, se asemejaba, yaíre en fin misterioso yescudriñador. —¿Está eso, señorito?—E^tá ;tío, deselo usted. —Es inútil ;yo no entrego mi dinero de esta suerte Caballero ,no hay cuidado. —No lo habrá ciertamente, porque no lo daré. Aqui empezó una de votos yjuramentos del honrado corredor, . de quien tan injustamente se desconfiaba. Jde lamentaciones depreratorias de mi $obrinoj que reía escapársele de las manos sb repetidoD por ana etiqoeta de esta especie-, pero yo me manture firme, yle fue preciso ceder al hebreo mediante nna honesta gratificación que con sus rotos cangeamos. En el camino nuestro Cicerón masaplacado sacó de la faltriquera un paquetilio, y mostráudomelo secretamente ,caballero, me dijo al oido: cigarros habanos, cajetillas, cédulas de... yotras frioleras, por si usted gusta. —Gracias ,honrado corredor. Llegamos por fin áfueraa de apisonar con los pies calles yencrucijadas áuna casa yi un cuarto cuarto, que alguno hubiera llamado guardilla áhaber rirido en él uu poeta. No podré cspllcar cua'n mal se arenían aestar juntos unos con otros ,yen aquel tan incongruente desran, las diversas prendas que de tan varias partes alli se habian venido áreunir, ¡Oh, si hablaran todos aquellos cautivos! El deslumbrante vestido de la belleza, ¿qué de cosas diría dentro de sus limites ocurridas ?¿Qué el collar muchas veces importuno con prisa desatado y arrojado con despecho.? ¿Qué sería escuchar aquella sortija de diamantes ,inseparable compañera de los hermosos dedos de marfil de su hermoso doeño? ¿Qué diálogo pudiera trabar aquella rica capa de embozos de chinchilla con aquel cluu de cachemir^ 10 Desvié mí pensamiento de estas locaras ,y parecióme bien que no hablasen. Admíreme sobremanera de reconocer en los dos prestamistas que dirigían toda aquella máquina ádos personas que mucho de las sociedades conocía, yde quienes nunca hubiera presumido que pelecharan en aquel comercio :avergonzáronse ellos algún tan- to de hallarse sorprendidos en tal ocupación ,yfulminaron una mirada de estas que llevan en sí toda una larga reconvención sobre el israelita que de aquella manera había comprometido su buen nombre, introducienda profanos, no iniciados ,en el santuario de sos misterios. Hubo de entrar nii sobrino ála pieza inmediata, donde se debia buscar la repetición ycontar el dinero; yo imaginé que aquel debia de ser Jugar mas ápropósito todavía para aventuras que el mismo puerto Lapice, calé el sombrero basta las cejas, levanté el embozo hasta los ojos, póseme á lo oscuro, donde podía escuchar sin ser notado ,ydi ámi observación libre rienda que caminase por do mas le pluguiese. Poco tiempo habría pasado en aquel recogimiento cuando se abre la puerta, yun joven vestido modestamente pregunta por el corredor. "Pepe, te he esperado inútilmente, te be visto pasar ybe seguido tus huellas, la estoy aqui, ysin un cuarto; no tengo re- fi ear50.—Ya le he diehe áusted (jue per ropas es imposible ¡Un frac nuero! ¡Uoa levita tan poco usada !¿Xo ha de valer esto mas de diez rseis duros que necesito? — Mire usted. Aquellos cofres, aquellos arinarios están llenos de ropas de otros como usted; nadie parece ásacarlas ,vnadie da por ellas el valor que se prestó. —Mi ropa vale mas de cincuenta duros ;te juro que antes de ocho dias vuelvo por ella. —Kso mismo decia el dueño de aquel sortú ,que ha pasado en aquella percha dos inviernos, jla que trajoaquel chal, que lleva aquí dos carnavales, jla... —Pepe, te daré lo que quieras; mira, estoy comprometido; jno me queda mas recurso que tirarme un tiro!’* Al llegar aqui el diálogo eché mano de m! bolsillo, diciendo para mí ;no se tirará uii tiro por diez yseis duros un joven de tan buen aspecto. ¿Quién sabe si no habrá comido hoy su familia, si alguna desgracia... Iba államarle ,pero me previno Pepe d¡- ciéndole. —¡Mal hecho! —Tengo que ir esta noche sin falta á easa de la señora de .** yestoy sin trage :he dado palabra de no faltar áuna persona respetable. Tengo que buscar ademas un dominó para una prima mía, áquien hepromelido acompañar... Al oir esto solté insensiblemente mi bolsa en mi faltriquera, menos poseído ya de mi ardiente caridad. —¡Es posible! Traiga usted una alhaja. —una me queda ,tú lo i2 sabes ;tienes mi relot, mis botones ,mi cadena.,. —¡Diez yseis duros !—Mira, con ocho me contento Yo no puedo hacer nada en eso; es mucho.—-Con cinco me contento, rfirmaré los diez yseis, yte daré ahora mismo uno de gratificación... .—Ya sabe usted que jo deseo servirle, pero como no soj el dueño... ¿A ver el frac? — Respiró el joven ,sonrióse el corredor; tomó el atribulado cinco duros, dió de ellos uno ,jfirmó diez jseis ,contento con el buen negocio que habia hecho. —Dentro de tres dias vuelvo por ello, ADios. Hasta pasado mañana. — Hasta el año que viene. Yfuese cantando el especulador. Retumbaban todavia en mis oidos las pisadas jleJioriture del atolondrado, cuando se abre violentamente la puerta, jla señora de H.** Z. en persona ,con los ojos encendidos, jtoda fuera de sí, se precipita en la habitación, —:Don Fernando! — Asu voz salió uno de los prestamistas, caballero de no mala figura yde muj galantes modales. —¡Señora! —¿Me ha enviado usted esta esquela? —Estoy sin un maravedí ;mi amigo no la conoce áusted... es un hombre ordinario... ycomo hemos dado ya mas de lo que valen los aderezos que tiene usted ahí... —¿Pero no sabe usted que tengo repartidos los billetes para el baile de esta noche? Es preciso darle, ó Í3 me muero del sofoco. —Yo, señora... — . Píecesito indispensablemente mil reales ,j retirar, siquiera hasta mañana, mi diadema de perlas ymis braceletes para esta noche: en cambio vendrá una bajilla de plata y cuanto ten^o en casa. Debo álos músicos tres noches de función ;esta mañana me han dicho decididamente que no tocarán si no los pago. El catatan me ha enriado la cuenta de las velas ,yque no enviará mas mientras no se la satisfaga. —Si jo fuera solo...^—¿Reñiremos? ¿No sabe usted que esta noche el juego solo puede producir... ¿No lleva usted parte en la banca? —jNos fue tan mal la última noche! —¿Quiere usted mas billetes? No me han dejado mas que estos seis. Envié usted ácasa por los efectos que he dicho Yo conozco... por mi... pero aqui pueden oirnos; entre usted en ese gabinete. Entráronse ,yse cerró la puerta tras ellos. Siguióse áesta escena la de un jugador perdidoso que habia perdido el último maravedí ,ynecesitaba armarse para volver á jugar; dejó un relox ,tomó diez, 6rmó quince ,yse despidió diciendo: tengo corazonada :voy ásacar veinte onzas en media hora, yvuelvo por mi relox :otro jufador ganancioso vino ásacar unas sortijas el tiempo de su prosperidad :algún empleado vino átomar su mesada adelantada sobre su sueldo ,pero descabalada de los f4 rreddos intereses íaignn necesitado Terdartero se remedió, si es remedio comprar un duro con dos ;jsolo mentaré en particular al cnado de un personaí^e ,que riño por nn arescatar ciertas alhafas que habia mas de tres años que cautivas en aquel Argel estaban. Habíanse vendido las alhajas, desconfiados ya los prestamistas de que nunca las pagáran ,yporque los intereses estaban apunto de traspasar su valor. No quiero pintar la grita yla zalagarda que en aquella bendita casa se armó. Después de dos años de reclamaciones inútiles, hoy venían por las alhajas ;ayer se habían vendido. Juró yblasfemó el criado, yfuese, prometiendo poner el remedio de aquel atrevimiento en manos de quien mas conviniese. ¿Es posible que se viva de esta manera? ¿Pero qué mucho ,si el artesano ha de parecer artista, el artista empleado ,el empleado título, el título grande, yel grande Príncipe? ¿Como se puede vivir haciendo menos papel que el vecino? -Bien haya el lujo! ¡Bien haya la vanidad! En esto salía ya del gabinete la bella convidadora ;habíase secado el manantial de sus lágrimas. AOíos, yno falte usted ala noche, dijo misteriosamente una voz penetrante y agitada Descuide usted; dentro de media hora enviare aPepe, respondió una voz ronca ymal segura. Bajó los ojos la belle- 15 z3 ,compaso süs blondos cabellos ,arregló su mantilla jjsalió precipitadamente, Apoco salió mi sobrino, que después de darme las gracias se empeñó tercamente en hacerme admitir un billete para el baile de la señora de Sonreimc, nada dije ámi sobrino, ya qne nada había oido, yasistí al baile. Los músicos tocaron, las luces ardieron. ¡Oh elocuencia de la belleza! ¡Oh utilidad de los usureros! jVo quisiera acabar mi articulo sin advertir que reconocí en el baile al famoso prestamista, yen los hombros de su muger el chal maguilico que llevaba tres Carnavales en el cautiverio, ydejó de asombrarme desde entonces el lujo que en ella tantas veces no había comprendido. Pietiréme temprano, que no Ies sienta bien ámis canas ver entrar áFebo en los bailes; acompañóme mi sobrino, que iba á otra concurrencia. Bajé del coche ,ynos despedimos. Parecióme no encontrar en su voz aquel mismo calor afectuoso, aquel interés con que por la mañana me dirigía la palabra. Un áDios bastante indiferente me recordó que aquel dia había hecho un favor, yque el tai favor ya había pasado. Acaso había sido yo tan necio ,como Joco mi sobrino. No era mucho, decia yo ,que nn joven los pidiera ;¡pero que los diera un viejo! Para distraer estas melancólicas imagi- i6 naciones, que tan triste idea dan de la Immapidad ,abrí un libro de poesía ,yacertó aser en aquel punto en que dice Bartoiome de Argensola; De estos niños Madrid rive logrado, yde riejos tan frágiles como ellos, porgue en la aiisina escuela se han criado. TEATROS ¿QCÍ CW* *» P0« áCÁ «1 ÁVTOt D* es 4COXSSti ? (Articulo nuestro.) Como el teatro lle^a camino áe redneírse áuna dirersion puramente ideal, nos damos prisa áinsertar entre nuestras habladurías unas cuantas concernientes áeste ramo ,antes de que dé la última boqueada esta espirante fantasma. ARxiceio Nuestras dudas se nos ofrecen al entrar en esta materia :al hacer aquella sencilla pregunta, ¿estaría de mas que esplicásemos qué quiere decir por acá, qué autor, jqué comedia? ¿Lo saben todos? No. ¿Lo saben algunos? Como de esos algunos habrá que (i) G>iao coDocemo* el público qtie ba da leernos ,nos apresnramos ádar la satisfacción al lado de lasque pudiera creerse ofensa. Repetí— «nos que respetamos ,como nadie ,loa nsoa establecidos. Mas. Sabemos que la mejor roluntad anima alas personas que tienen parte en el gobierno de los teatros :DMOtros mismos en parti— cnlaT debemos farores, áque sabemos estar a— gradecidos, yaprorecbamos esta ocasión para dar publicamente las gracias álos señores de la comisión ya D. C. C. ,encargado de la parte di— rectira ,que en ocasiones ban tenido la bondad de distinguimos. Tahora que hemos cumplido con lo que el agradecimiento bm presmibe, eutn- 24 Hombre de talento ,arroja tn ploma, Jcoando inspirado del estro que te domina quieras escribir para tu gloria ,guarda tus producciones para tiempos mas felices: háganlas iguales los necios que te menosprecian, ócierren en buen hora los teatros, que no para tí hinches de plata ,como no para ella llena de miel la laboriosa abeja sus panales. Quema tus borrones,/ antes que compres tan cara tn ignomia, busca cordeles, yahoga para siempre ese fatal yestéril talento ,que ningún respeto se merece, que ningún premio se grangea, que solo para tu tormento te dio entre tus compatriotas la naturaleza. Mas nos queda todavia que decir en tan fecunda materia, ypara otros artículos reservamos el acabar de probar que el autor de una comedia no es nadie por acá de una manera irrecusable ;donde probaremos que el teatro se arruina ,yque debe arruinarse ,que nada tiene de particular que solo se vea salir áluz una comedia nueva de años en años, que es un hombre sobrenatural e! que en el día las compone, yen fin, que si las comedias son buenas debe tratarse de protejer sbis que sean capaces de componerlas; ysi son malas deben prohibirse deí todo, vcerrarse los teatros ,yenviar ápaseo al loco que las escribe. El Bachiller.