¿UNA PINTURA DE BERNABÉ
DE AYALA EN LEBRIJA?
Juan Co de o Ruiz
103
Desde siemp e, o sea, desde que en la Iglesia Pa oquial de San a
Ma ía de la Oli a de Leb ija se cons uyó la Capilla Sac amen al en
1672, conocida popula men e con el nomb e de “Sag a io de e ano”,
había un cuad o en el mu o de esa capilla, en un hueco sob e su pue a
de en ada, que linda con el Pa io de los Na anjos. El luga que ocupaba
dicho cuad o o ecía g an di icul ad pa a ap ecia lo, an o po los e ec os
del con aluz como ambién po el oscu ecimien o y de e io o que el
p opio lienzo su ía po el paso del iempo, ello hizo que no se p es ase
a ención a esa pin u a. Pasó, en odo caso, como ob a de poco
in e és pa a los di e sos in es igado es que isi a on la capilla. Solo
se ci a como “un lienzo con un A cángel, del siglo XVII”, en el
“In en a io A ís ico de Se illa y su P o incia” que edi ó el Minis e io
de Cul u a en 1982.
Se a a, e ec i amen e, de un óleo sob e lienzo de la segunda mi ad
del siglo XVII, que mide 1.85 m. x 1.05 m. Su es ado de conse ación e a
pésimo, con unos agmen os desga ados y o os o almen e pe didos;
el aspec o que p esen aba, apenas e a isible y no daba pis as de una
g an calidad. El ema es un ángel pasiona io, un bello se alado en
elegan e pos u a, ica indumen a ia, de magis al composición, lleno de
mo imien o en sus elas y desplegadas alas; po a una escale a y
una caña con una esponja en el ex emo, como a ibu os de la Pasión.
Un ondo de cielo azul con una pequeña escena del Cal a io, y el
ángel posa sus icas calzas sob e un suelo de osas en el bo de in e io
del lienzo, ( igu a 1)
104 JUAN CORDERO RUIZ
El cuad o, qui ado del luga que siemp e ocupó, ya es aba a umbado
en un des án pa a se de ini i amen e des uido, al e a su es ado. En el
año 1994, el S . Cu a Pá oco Don An onio Sánchez Ramí ez, puso el
cuad o en manos de la P o eso a de Res au ación de la Facul ad de Bellas
A es de Se illa, Da Asunción Fe e , la cual ealizó una magni ica labo
de es au ación; mejo di íamos de eposición, pues ya hemos dicho el
es ado deplo able en que se encon aba la pin u a. G acias a es a me i o ia
y pacien e labo , e minada en el mes de eb e o del 2002, hoy podemos
ap ecia una bellísima ob a de g an a monía c omá ica, ec eada sob e los
es os o iginales no a ec ados po la deg adación de los pigmen os, los
acei es, ba nices y o os elemen os. 1
Se nos p esen a aho a, en su nue o aspec o, como una ob a que se
despega un poco de o as pin u as se illanas simila es de es a segunda
mi ad del siglo XVII. Si enemos p esen e es e eju enecimien o de la
ob a — que puede deso ien a nos un poco —una p ime a imp esión nos
conduce a las mejo es pin u as del mejo alle de F ancisco de Zu ba án.
Po su es ado ac ual de limpieza y es au ación se nos p esen a como
una bella ob a, con una ica polic omía que la dis ancia a o ablemen e
de sus posibles homologas, casi odas ellas enneg ecidas y en muy mal
es ado. Pese al p oceso su ido, nos quedan algunos elemen os muy
iables, como son el p opio lienzo del sopo e o iginal, la iconog a ía
y la iconología, el o malismo composi i o, el diseño o namen al de la
indumen a ia, y poco más. Todos es os elemen os nos si úan la pin u a
en ese en o no cuyo núcleo cen al es F ancisco de Zu ba án, si bien
con una mayo dulzu a, ba oquismo, mo imien o y deco a i ismo
en los opajes, que lo despega un poco de la sob iedad del maes o
ex emeño.
* * *
Cuando opezamos con una pin u a como la p esen e, ayunos de una
i ma o e e encias documen ales, el ecu so pa a da a la y adsc ibi la a un
au o no es ácil, y el sis ema usual es la compa ación es ilís ica con o as ob as
de bien conocida au o ía. El análisis compa a i o y casi de ec i esco de odos
sus elemen os ma e iales, es ilís icos y mo ológicos nos lle an a de iniciones
concluyen es —y a eces excluyen es— sob e la clasi icación de una pin u a.
1 Los in e esados en da os sob e el p oceso de la es au ación pueden acudi al in o me écnico que
elabo ó la P o eso a Ti ula de la Facul ad de Bellas A es de Se illa, Da Asunción Fe e .
¿UNA PINTURA DE BERNABE DE AYALA EN LEBRIJA? 105
También exis e una especie de “calig a ía” pic ó ica, consis en e en
el modo de ex ende se la ma e ia pic ó ica sob e el lienzo, bien en capas
g uesas o inas, es egadas o deposi adas, di eccionalmen e o denadas o
deso denadas las pinceladas; en la pas osidad o luidez de la pin u a, en las
eladu as o ma ices po anspa encias que consigue un pin o ; en el azo
de eco ido co o, la go, ec o o cu o del g ueso o delgado pincel, y
po un sin in de huellas calig á icas (que suelen escapa al con ol del
p opio a is a, y que, po ello, cons i uyen un ace ado código g a ológico
de iden i icación) Con o man es e código unas muy iables huellas de la
pe sonalidad in ans e ible de un au o , que se suelen con undi con su es ilo
o mane a. Pues, bien, casi odo ello lo ha pe dido la ob a que nos ocupa,
ganando, eso sí, una escu a y una belleza al ez ajenas al o iginal, po esa
epa ación y eposición ine i able de las pa es de e io adas.
Quedan o os medios más cien í icos de análisis, como los de ipo
químicos, ísicos o biológicos. E ec os de o og a ía cien í ica de luz
asan e, ayos X, ul a iole a o in a ojos, que en algunas ocasiones suelen
a oja in e esan es da os pa a la ca alogación, mos ándonos da os que
es aban ocul os pa a el ojo humano común, bien po suciedades o po capas
pic ó icas pos e io es. De igual modo pueden de ec a se los diseños básicos
que subyacen, las co ecciones, añadidos pos e io es y a epen imien os
del p opio au o y las di e en es y sucesi as capas de pin u a; el ipo de
pigmen os, aglu inan es y o as muchas pa icula idades de los ma e iales
empleados. Eos a ances ecnológicos de hoy nos pueden so p ende con una
mul i ud de da os sob e ob as p e é i as, aunque en el caso que nos ocupa
poco pueden añadi a lo que ya emos y sabemos.
* * *
El si ua es a pin u a bajo la in luencia de F ancisco de Zu ba án es
e iden e has a pa a el ojo menos expe o. A pa i de ahí apenas puede ase
gu a se nada más, dado el g an desconocimien o que exis e oda ía sob e
ese enómeno es ilís ico que se c ea en o no al maes o de Fuen e de
Can os. Las g andes desigualdades cuali a i as en e an as ob as elacio
nadas con es e maes o, nos emi en au omá icamen e a un g an alle , a un
desigual g upo de discípulos y seguido es, y a unos asgos ca ac e ís icos
y pe sis en es de su g an pe sonalidad que a lo an en muchos pin o es con
empo áneos y pos e io es. Sin duda se a a de un es udio pendien e en
la his o ia de la pin u a se illana que es á espe ando au o es cuali icados.
Algunos es udiosos han ozado es e ema, a ando de ae alguna luz sob e
106 JUAN CORDERO RUIZ
lo que pod íamos llama “la desconocida escuela zu ba anesca”, pe o no
se ha llegado a mucho; lo in es igado no nos pe mi e es ablece una cla a
nómina de au o es y ob as, pe sis iendo la nebulosa en o no a es e ema.
Has a aho a, a ojando un poco de luz sob e los llamados discípulos de
Zu ba án, y con el í ulo “Be nabé de Ayala, pin o ”, des aca la publicación
de nues o maes o el p o eso He nández Díaz, quien, con el mayo igo ,
ecoge cuan os es udios se hicie on con an e io idad, ellenando algo es e
g an acío his o iog á ico a que nos liemos e e ido. Pe o la pin u a de
Leb ija pa ece que pasó desape cibida a nues o p o eso , quien en
1972, y an e io men e, en 1967, cuando esc ibió sob e “Jose a de Ayala,
pin o a ibé ica del siglo XVII”, ya había concluido y edac ado su abajo
(inédi o oda ía) pa a el “Ca álogo a queológico y a ís ico de Se illa y su
p o incia”, e e ido a Leb ija.
Fue una g an ocasión pe dida la conmemo ación del cua o cen ena io
del nacimien o de Zu ba án (1998), al ando un Cong eso o Symposium
donde los especialis as apo asen esos da os sob e el zu ba anismo, que
eclama la his o ia del a e. También ue ocasión despe diciada la g an
exposición celeb ada en el Museo de P ado en 1988, edi ándose po el
Minis e io de Cul u a un impo an e ca álogo, con algunos es udios que,
desg aciadamen e, deja on ue a el capi ulo e e en e a sus discípulos
y seguido es.
Es lo cie o que en es e comienzo del año dos mil, poco o nada hemos
a anzado en el conocimien o de la ida y ob a de an os buenos pin o es de
la escuela se illana, quienes pin a on con asgos semejan es a las au én icas
ob as del maes o ex emeño.
% :Jc
Al e e i nos a es a ecupe ada ob a leb ijana, y siguiendo
cuidadosamen e ese mé odo compa a i o a que hacemos e e encia,
hemos excluido la mano del maes o po encon a aquí unos asgos
más dulci icados y pe iles es umados, que encajan menos con la sólida
cons ucción es á ica y el o malismo escul ó ico de Zu ba án, y son
más p opias de las nue as ó mulas dinámicas y apo osas que aen
Valdés, He e a o Mu illo.
Reducimos el cí culo a pin o es que, con g an calidad y habiendo
bebido en las uen es zu ba anescas, cap a on sus mejo es mane as,
pe o a anza on más hacia el nue o gus o se illano que capi aneaba la
escuela undada po Mu illo; pin o es que ue an capaces de esos bellos y
¿UNA PINTURA DE BERNABE DE AYALA EN LEBRIJA? 107
angelicales os os idealizados, como el
del A cángel leb ijano, igu a 2, que se
dis ancian de los más popula es y udos
de Zu ba án, de quien solo encon amos
algunos asgos de semejanza en la
conocida Inmaculada del MuseoCe albo
de Mad id.
Hay un da o no desp eciable pa a
con i ma la posible c onología de la
ob a: la echa de ejecución de la Capilla
Sac amen al en e 1672-1673, que ue
el luga donde siemp e se colocó, y que
pa ece un si io de pe ec a adecuación a
su o ma y amaño, como ob a ealizada
ex-p o eso pa a ese espacio. Ello nos
hace pensa en a is as que es u iesen en ac i o y gozasen de g an maes ía
en ese momen o, capaces de ealiza es a ob a. Apa e de o os muchos
con es ilos más dis an es, coincide en ese momen o, en Se illa y en 1660,
el pin o Be nabé de Ayala, quien igu a en e el g upo de a is as que
jun amen e con Mu illo, Valdés Leal, F ancisco de He e a, Sebas ián
de Llanos y Valdés, Co nelio Scu , y o os maes os, in e inie on en la
undación y sos enimien o du an e los p ime os diez o doce años de la
Academia Se illana. Sabemos que al menos has a 1672 i ía es e pin o
“ an discu ido y no del odo conocido”, como dice el p o eso de la Banda
y Va gas, al e e i se a Be nabé de Ayala.
El ija nos en un posible au o de la ob a descubie a en Leb ija, p.e,
Be nabé de Ayala, en aña el mismo iesgo que ci a a o o de los muchos
a is as que pin a on en o no al maes o de Fuen e de Can os. Así son. de
i mes y iables, las e e encias pa a es ablece pa alelismos y semejanzas
es ilís icas. Po que al no con a con documen ación en la que apoya nos,
hemos de ecu i a es e mé odo compa a i o con o as ob as de au o ía
cie a, pa a decan a nos po un au o . Y opezamos con g andes di icul ades
pa aque el mé odo es ilís ico-compa a i o esul e e icaz: las ob as con las que
pudié amos compa a las son de incie a y dudosa mano, y su es ado ac ual
de “limpieza” no las hacen compa ables a es a de Leb ija.
¿Y po qué decimos que son de “incie a y dudosa” mano las ob as en
las que podíamos apoya nos? Po que los es udiosos e in es igado es que se
108 JUAN CORDERO RUIZ
han ocupado de ello no concue dan en sus p opues as. Po ejemplo: la
más cie a, una g an pin u a echada, bien documen ada y ñ mada de
Be nabé de Ayala, se encuen a en Lima (Pe ú), como ya la es udió nues o
ex in o compañe o de Academia Jo ge Be nales Balles e os en “A chi o
Hispalense” de 1969. (Figu a 3) Es una pin u a que ep esen a a la Vi gen
de los Reyes de Se illa, ob a que, po sus condicionamien os iconog á icos,
puede cons i ui una excepción en la p oducción del pin o y, po ello, poco
signi ica i a, es ilís icamen e hablando, pa a oma la como e e en e de
o as ob as. Como podemos obse a po la imagen es una pin u a muy
a ec ada po el ema; o zada po unas exigencias iconog á icas, apenas
deja espacio pa a la mani es ación pe sonal del au o , quien se exp esa en
ella con g andes desigualdades de calidad y es ilo.
A pa i de ahí odas las ob as son a ibuciones con mayo , meno o
ninguna a gumen ación; se apoyan unas en o as, pe o igno ándose siemp e
cual e a el es ilo pe sonal de Ayala. Como ocu e con el g upo de las
Sibilas que, elacionas en e sí,
dan pié a Gómez Cas illo pa a
a ibui le o as ob as al maes o
Ayala, incluidas las del Con en o
se illano del San o Angel. Mien
as pa a Césa Pemán cons i uyen
un g upo apa e de un nue o
au o desconocido, que denomina
“maes o de las Sibilas”.
E iden emen e nada ienen
que e es as ob as con la au óg a a
limeña, ni és a con el cob e, con
una Vi gen del Ca men de la
colección mad ileña, ambién i
mado, que nos mues a He nández
Díaz. Ceán Be múdez, secundado
po Césa Pemán, se decan an
po que las pin u as del San o
Angel sean de Miguel Polanco, y
H. Díaz, en una pos u a ecléc ica
c ee unas ob as de los Polanco y
o as de Be nabé de Ayala. Fig. 3
¿UNA PINTURA DE BERNABÉ DE AYALA EN LEBRIJA? 109
Que hay di e encia en e las ob as del Pozo San o, el g upo de las
Sibilas, las del San o Ángel, las del Museo se illano, la Ca ed al y o as
colecciones pa icula es, es e iden e. Aunque más desconce an e que la
dudosa elación de es as ob as en e si, es el abismo es ilís ico y concep ual
que las sepa a de la ob a i mada y echada (1662) de Lima. Es amos,
po an o, sin sabe cual e a ealmen e el es ilo de Be nabé de Ayala, y,
consecuen emen e, no enemos base i me pa a elaciona , y compa a , a es e
au o con la ob a de Leb ija, ¡ni con ninguna o a! Asigna le hoy, con los
da os que hoy enemos, cualquie ob a a Be nabé de Ayala, es pu a a en u a,
sencillamen e po que no sabemos como pin aba.
Renunciamos aquí a ese análisis calig á ico que hemos mencionado
an es po no dispone de elemen os su icien es y iables. Las ex u as,
con la limpieza y eposición de pa es, las eladu as y o as huellas de la
ma e ia pic ó ica, suelen desapa ece con es e ipo de es au aciones. Po
o a pa e, los é minos compa a i os de es os de alles calig á icos deben
hace se con la p esencia simul ánea de las dos ob as, pues se a a de
un mime ismo su il, di ícil de e ene en la memo ia ni ampoco en la
ep oducción o og á ica. Po o o lado, como hemos dicho an es, no
puede apo a nos mucho, en es e sen ido, un p o undo análisis cien í ico
de sus ma e iales.
De eniéndonos an solo en los aspec os mo ológicos y es ilís icos
no a ec ados po la es au ación, podemos a iesga algunas conclusiones.
¿Hay que e en el a cángel de Leb ija solo in luencias zu ba anescas,
como lo e idencian, en e o os de alles, los pliegues de su opaje?
E iden emen e, hay au en ica comunión con las ob as cie as de Zu ba án.
Aunque ambién enemos en cuen a que Zu ba án do a a sus elas de un
peso y una g a edad singula —como modelos congelados y en eposo—
que, incluso cuando le obliga el ema de alguna Inmaculada, di ie e de esa
ela dinámica y lo an e del Ángel Pasionis a leb ijano. Pe o los b ocados y
joyas de la indumen a ia nos emi en inequí ocamen e a un conocimien o
de la ob a de Valdés Leal en es a pa cela o namen al. También ese os o,
de indudable dulzu a mu illesca, solo puede se p oduc o de la posible
in luencia del pin o de las inmaculadas sob e su compañe o de la Academia.
Es po ello que conside amos es a ob a supe ado a del es ilo es á ico,
obus o, sob io y seco de Zu ba án, pa a aden a se en el más dinámico,
dulce, ico y amable de la e apa pos e io de la escuela se illana. Y la
conclusión es es a: se a a de un g an maes o que, pa iendo del más
110 JUAN CORDERO RIJ1Z
depu ado es ilo de Zu ba án, lo supe a al bebe en las más elegan es,
dinámicas y g áciles o mas que cul i a la nue a gene ación de maes os
que oma on el ele o al maes o ex emeño. Y has a ahí llegamos,
po que a en u a un nomb e, como sen imos el deseo, no deja de se pu a
especulación sin undamen o.
* * *
Y aho a que emos e e i nos some amen e a algunas ob as que, po su
pa ecida iconog a ía angelical, su indumen a ia, su ba oquismo a anzado
y los elemen os o namen ales de su a uendo, gua dan cie a semejanza en e
sí y con nues o ángel leb ijano. Es ablece emos así un conjun o más o
menos homogéneo como salidos de la misma mano, al que pueden ag ega se
o as ob as de dis in o ema; pe o, epi amos, mien as no a ancemos más
en la iden i icación indudable de la mane a singula del pin o , no pod emos
a ibui ese conjun o a un conc e o au o .
El A cángel San Gab iel ( igu a 4) de la Iglesia de N a. S a. De la Paz
de Se illa. Es ob a muy p óxima a
la leb ijana po su indumen a ia,
bo dados, posición de las alas,
plegado de las elas, ondo lejano y
el suelo lo ido. El ipo de calzado
no deja muchas dudas sob e una
misma pa e nidad, así como el
plegado dinámico de las elas que
uelan , algunos de alles de la
o namen ación, el suelo de osas
ípicas, así como el ondo de bajo
ho izon e. Es á muy dis an e, en
cambio, la exp esión del os o y la
igidez de la igu a. He nández Díaz
lo clasi ica como ob a de Be nabé de
Ayala “en a ención a su jugosidad,
empas e y pincelada”. Noso os,
con odas las ese as, solo nos
a e emos a deci que pueden se
ob as del mismo au o es e San
Gab iel y el Ángel Pasiona io de
Leb ija. Fi >. 4
¿UNA PINTURA DE BERNABÉ DE AYALA EN LEBRIJA? III
El A cángel San Miguel (Figu a 5)
se dis ancia más, an o de su pa eja, el San
Gab iel de N a. S a. de la Paz, como del
Pasiona io leb ijano. Apenas puede anali
za se po el mal es ado en que se encuen a.
Es más osco y de amane ada composición;
de mo imien o inexp esi o y en a ado, que
nada iene que e con el a monioso i mo
del ángel de Leb ija. No sabemos si, al e ec
ua se sob e él la misma in e ención es au
ado a, nos p opo ciona ía alguna so p esa el
a amien o de sus elemen os deco a i os.
El Ángel de la Gua da de la Colección
Folch y To es de Ba celona (Figu a 6)
solo lo conocemos po ep oducciones
o og á icas, y, o malmen e, sí encon amos
pun os de mayo conco dancia con el ángel
leb ijano.
Guiados po el expe o c i e io
de Gómez Cas illo, (en su discu so de
ing eso en es a Real Academia) quien
a i ma “sin ninguna duda, que es ob a
de Be nabé de Ayala”, end íamos una
e e encia bas an e i me pa a encauza
la ob a de Leb ija al ci ado pin o . Pues
si bien igno amos los a gumen os del S .
Gómez Cas illo pa a a i ma la au o ía
a Be nabé de Ayala, lo que sí esul a
e iden e es que las dos ob as pa ecen de
la misma mano.
El o igen de la iabilidad del S .
Gómez Cas illo en el “es ilo de Be nabé
de Ayala”, iene po undamen o la opi
nión (no undamen ada, pe o de bas an e
c édi o pa a él, de los he manos An onio
y Anice o B a o, coleccionis as se i
llanos del siglo XIX que asignan, de Fie. 6
Fig. 5
112 JUAN CORDERO RUIZ
modo inequí oco a Be nabé de
Ayala, unos cuad os que ep e
sen an a Sibilas Bíblicas, de la
colección del Ma qués de Fon
ana. Y guiado po el es ilo
del au o de es os cuad os, ya
es ablece semejanzas, pa eci
dos, a ibuciones, incluso au o
ía cie a, a o as muchas ob as.
En es e deseo de ene un
nomb e p opio pa a es a in e
esan e p oducción, es ablece
pa a Be nabé de Ayala dos
e apas: la p ime a en la que
sigue ielmen e a Zu ba án, y
una segunda en la que iene
in luencias de Valdés Leal y o os
pin o es como He e a el Mozo. Se c ea de es e modo un au o , g upo o
alle con el nomb e p opio de Ayala, eng osando su p oducción: po aho a
un buen nomb e con que i ma odas esas ob as que es ilís icamen e se
pa ecen en e sí. Pe o nos asal a desa ian e
una p egun a sin espues a: ¿Cómo pin aba,
cie amen e, Be nabé de Ayala?
Y en amos en el conjun o de las pin u as
expues as en la se illana iglesia del San o
Angel. “Jacob luchando con el ángel”, igu a
7. Pin u a que Ceán Be múdez a ibuye a
los Polanco, Césa Pemán conc e a en Miguel,
Gómez Imaz a F ancisco Va ela, y He nández
Díaz lo elaciona con Ayala, igual que Gómez
Cas illo. Noso os, sin en a en nomb e de
au o , sí le encon amos elaciones es ilís icas,
composi i as y mo ológicas con el au o de
nues o cuad o leb ijano.
Den o de la misma colección encon a
mos buen pa ecido de es e A cángel San Ra ael
>8- 8 (de alle del cuad o del San o Ángel, igu a 8) con
¿UNA PINTURA DE BERNABÉ DE AYALA EN LEBRIJA? 113
el ángel leb ijano. Más que a de alles mo ológicos de pa ecido o igen o
modelo común, nos ijamos en su dominio dibujís ico y composi i o, en
sus i mos lineales al “plan a ” la igu a y en esas cin as que uelan con
semejan e es uc u a en sus plegados, p opias de la in en i a de una misma
mano c eado a.
De semejan e modo encon amos pun os comunes que elacionan
esos ángeles ( igu as 9 y 10), sacados del conjun o de ob as de la Iglesia del
San o Ángel. No enemos po menos que elaciona los es ilís icamen e con
el au o del cuad o leb ijano, sea es e quien ue e.
* * *
Como o o capí ulo casi inédi o en el insu icien e es udio de la
escuela de Zu ba án, no que emos deja de menciona , y ae aquí
espigados algunos ejemplos g á icos, de lo que ep esen ó la apo ación
pic ó ica se illana a las dis in as escuelas indígenas de la Amé ica
colonial; señalando pis as donde as ea posibles ob as que nos den
da os más iables de algún maes o desconocido, como el del Ángel
de Leb ija que hoy nos ocupa.
Juan Co de o Ruiz
Figu as 9 y 10
114 JUAN CORDERO RUIZ
Algunos ejemplos de in luencia se illana en la pin u a de la Amé ica Colonial
¿UNA PINTURA DE BERNABE DE AYALA EN LEBR1JA? 115
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