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¿Una pintura de Bernabé de Ayala en Lebrija?

Abstract

Análisis del óleo sobre lienzo de la segunda mitad del siglo XVII de la Capilla Sacramental de la Iglesia Parroquial de Santa María de la Oliva de Lebrija. El autor reflexiona sobre la autoría de la obra, centrándose sobre todo en la figura de Barnabé de Ayala.

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¿Una pintura de Bernabé de Ayala en Lebrija?

Author: Cordero Ruiz, Juan
Year: 2002
Source: https://idus.us.es/bitstreams/407ec9bb-d49c-4c6a-b124-ab9ee5bbc3ab/download
¿UNA PINTURA DE BERNABÉ
DE AYALA EN LEBRIJA?
Juan Co de o Ruiz
103
Desde siemp e, o sea, desde que en la Iglesia Pa oquial de San a
Ma ía de la Oli a de Leb ija se cons uyó la Capilla Sac amen al en
1672, conocida popula men e con el nomb e de “Sag a io de e ano”,
había un cuad o en el mu o de esa capilla, en un hueco sob e su pue a
de en ada, que linda con el Pa io de los Na anjos. El luga que ocupaba
dicho cuad o o ecía g an di icul ad pa a ap ecia lo, an o po los e ec os
del con aluz como ambién po el oscu ecimien o y de e io o que el
p opio lienzo su ía po el paso del iempo, ello hizo que no se p es ase
a ención a esa pin u a. Pasó, en odo caso, como ob a de poco
in e és pa a los di e sos in es igado es que isi a on la capilla. Solo
se ci a como “un lienzo con un A cángel, del siglo XVII”, en el
“In en a io A ís ico de Se illa y su P o incia” que edi ó el Minis e io
de Cul u a en 1982.
Se a a, e ec i amen e, de un óleo sob e lienzo de la segunda mi ad
del siglo XVII, que mide 1.85 m. x 1.05 m. Su es ado de conse ación e a
pésimo, con unos agmen os desga ados y o os o almen e pe didos;
el aspec o que p esen aba, apenas e a isible y no daba pis as de una
g an calidad. El ema es un ángel pasiona io, un bello se alado en
elegan e pos u a, ica indumen a ia, de magis al composición, lleno de
mo imien o en sus elas y desplegadas alas; po a una escale a y
una caña con una esponja en el ex emo, como a ibu os de la Pasión.
Un ondo de cielo azul con una pequeña escena del Cal a io, y el
ángel posa sus icas calzas sob e un suelo de osas en el bo de in e io
del lienzo, ( igu a 1)
104 JUAN CORDERO RUIZ
El cuad o, qui ado del luga que siemp e ocupó, ya es aba a umbado
en un des án pa a se de ini i amen e des uido, al e a su es ado. En el
año 1994, el S . Cu a Pá oco Don An onio Sánchez Ramí ez, puso el
cuad o en manos de la P o eso a de Res au ación de la Facul ad de Bellas
A es de Se illa, Da Asunción Fe e , la cual ealizó una magni ica labo
de es au ación; mejo di íamos de eposición, pues ya hemos dicho el
es ado deplo able en que se encon aba la pin u a. G acias a es a me i o ia
y pacien e labo , e minada en el mes de eb e o del 2002, hoy podemos
ap ecia una bellísima ob a de g an a monía c omá ica, ec eada sob e los
es os o iginales no a ec ados po la deg adación de los pigmen os, los
acei es, ba nices y o os elemen os. 1
Se nos p esen a aho a, en su nue o aspec o, como una ob a que se
despega un poco de o as pin u as se illanas simila es de es a segunda
mi ad del siglo XVII. Si enemos p esen e es e eju enecimien o de la
ob a — que puede deso ien a nos un poco —una p ime a imp esión nos
conduce a las mejo es pin u as del mejo alle de F ancisco de Zu ba án.
Po su es ado ac ual de limpieza y es au ación se nos p esen a como
una bella ob a, con una ica polic omía que la dis ancia a o ablemen e
de sus posibles homologas, casi odas ellas enneg ecidas y en muy mal
es ado. Pese al p oceso su ido, nos quedan algunos elemen os muy
iables, como son el p opio lienzo del sopo e o iginal, la iconog a ía
y la iconología, el o malismo composi i o, el diseño o namen al de la
indumen a ia, y poco más. Todos es os elemen os nos si úan la pin u a
en ese en o no cuyo núcleo cen al es F ancisco de Zu ba án, si bien
con una mayo dulzu a, ba oquismo, mo imien o y deco a i ismo
en los opajes, que lo despega un poco de la sob iedad del maes o
ex emeño.
* * *
Cuando opezamos con una pin u a como la p esen e, ayunos de una
i ma o e e encias documen ales, el ecu so pa a da a la y adsc ibi la a un
au o no es ácil, y el sis ema usual es la compa ación es ilís ica con o as ob as
de bien conocida au o ía. El análisis compa a i o y casi de ec i esco de odos
sus elemen os ma e iales, es ilís icos y mo ológicos nos lle an a de iniciones
concluyen es —y a eces excluyen es— sob e la clasi icación de una pin u a.
1 Los in e esados en da os sob e el p oceso de la es au ación pueden acudi al in o me écnico que
elabo ó la P o eso a Ti ula de la Facul ad de Bellas A es de Se illa, Da Asunción Fe e .
¿UNA PINTURA DE BERNABE DE AYALA EN LEBRIJA? 105
También exis e una especie de “calig a ía” pic ó ica, consis en e en
el modo de ex ende se la ma e ia pic ó ica sob e el lienzo, bien en capas
g uesas o inas, es egadas o deposi adas, di eccionalmen e o denadas o
deso denadas las pinceladas; en la pas osidad o luidez de la pin u a, en las
eladu as o ma ices po anspa encias que consigue un pin o ; en el azo
de eco ido co o, la go, ec o o cu o del g ueso o delgado pincel, y
po un sin in de huellas calig á icas (que suelen escapa al con ol del
p opio a is a, y que, po ello, cons i uyen un ace ado código g a ológico
de iden i icación) Con o man es e código unas muy iables huellas de la
pe sonalidad in ans e ible de un au o , que se suelen con undi con su es ilo
o mane a. Pues, bien, casi odo ello lo ha pe dido la ob a que nos ocupa,
ganando, eso sí, una escu a y una belleza al ez ajenas al o iginal, po esa
epa ación y eposición ine i able de las pa es de e io adas.
Quedan o os medios más cien í icos de análisis, como los de ipo
químicos, ísicos o biológicos. E ec os de o og a ía cien í ica de luz
asan e, ayos X, ul a iole a o in a ojos, que en algunas ocasiones suelen
a oja in e esan es da os pa a la ca alogación, mos ándonos da os que
es aban ocul os pa a el ojo humano común, bien po suciedades o po capas
pic ó icas pos e io es. De igual modo pueden de ec a se los diseños básicos
que subyacen, las co ecciones, añadidos pos e io es y a epen imien os
del p opio au o y las di e en es y sucesi as capas de pin u a; el ipo de
pigmen os, aglu inan es y o as muchas pa icula idades de los ma e iales
empleados. Eos a ances ecnológicos de hoy nos pueden so p ende con una
mul i ud de da os sob e ob as p e é i as, aunque en el caso que nos ocupa
poco pueden añadi a lo que ya emos y sabemos.
* * *
El si ua es a pin u a bajo la in luencia de F ancisco de Zu ba án es
e iden e has a pa a el ojo menos expe o. A pa i de ahí apenas puede ase
gu a se nada más, dado el g an desconocimien o que exis e oda ía sob e
ese enómeno es ilís ico que se c ea en o no al maes o de Fuen e de
Can os. Las g andes desigualdades cuali a i as en e an as ob as elacio
nadas con es e maes o, nos emi en au omá icamen e a un g an alle , a un
desigual g upo de discípulos y seguido es, y a unos asgos ca ac e ís icos
y pe sis en es de su g an pe sonalidad que a lo an en muchos pin o es con
empo áneos y pos e io es. Sin duda se a a de un es udio pendien e en
la his o ia de la pin u a se illana que es á espe ando au o es cuali icados.
Algunos es udiosos han ozado es e ema, a ando de ae alguna luz sob e
106 JUAN CORDERO RUIZ
lo que pod íamos llama “la desconocida escuela zu ba anesca”, pe o no
se ha llegado a mucho; lo in es igado no nos pe mi e es ablece una cla a
nómina de au o es y ob as, pe sis iendo la nebulosa en o no a es e ema.
Has a aho a, a ojando un poco de luz sob e los llamados discípulos de
Zu ba án, y con el í ulo “Be nabé de Ayala, pin o ”, des aca la publicación
de nues o maes o el p o eso He nández Díaz, quien, con el mayo igo ,
ecoge cuan os es udios se hicie on con an e io idad, ellenando algo es e
g an acío his o iog á ico a que nos liemos e e ido. Pe o la pin u a de
Leb ija pa ece que pasó desape cibida a nues o p o eso , quien en
1972, y an e io men e, en 1967, cuando esc ibió sob e “Jose a de Ayala,
pin o a ibé ica del siglo XVII”, ya había concluido y edac ado su abajo
(inédi o oda ía) pa a el “Ca álogo a queológico y a ís ico de Se illa y su
p o incia”, e e ido a Leb ija.
Fue una g an ocasión pe dida la conmemo ación del cua o cen ena io
del nacimien o de Zu ba án (1998), al ando un Cong eso o Symposium
donde los especialis as apo asen esos da os sob e el zu ba anismo, que
eclama la his o ia del a e. También ue ocasión despe diciada la g an
exposición celeb ada en el Museo de P ado en 1988, edi ándose po el
Minis e io de Cul u a un impo an e ca álogo, con algunos es udios que,
desg aciadamen e, deja on ue a el capi ulo e e en e a sus discípulos
y seguido es.
Es lo cie o que en es e comienzo del año dos mil, poco o nada hemos
a anzado en el conocimien o de la ida y ob a de an os buenos pin o es de
la escuela se illana, quienes pin a on con asgos semejan es a las au én icas
ob as del maes o ex emeño.
% :Jc
Al e e i nos a es a ecupe ada ob a leb ijana, y siguiendo
cuidadosamen e ese mé odo compa a i o a que hacemos e e encia,
hemos excluido la mano del maes o po encon a aquí unos asgos
más dulci icados y pe iles es umados, que encajan menos con la sólida
cons ucción es á ica y el o malismo escul ó ico de Zu ba án, y son
más p opias de las nue as ó mulas dinámicas y apo osas que aen
Valdés, He e a o Mu illo.
Reducimos el cí culo a pin o es que, con g an calidad y habiendo
bebido en las uen es zu ba anescas, cap a on sus mejo es mane as,
pe o a anza on más hacia el nue o gus o se illano que capi aneaba la
escuela undada po Mu illo; pin o es que ue an capaces de esos bellos y
¿UNA PINTURA DE BERNABE DE AYALA EN LEBRIJA? 107
angelicales os os idealizados, como el
del A cángel leb ijano, igu a 2, que se
dis ancian de los más popula es y udos
de Zu ba án, de quien solo encon amos
algunos asgos de semejanza en la
conocida Inmaculada del MuseoCe albo
de Mad id.
Hay un da o no desp eciable pa a
con i ma la posible c onología de la
ob a: la echa de ejecución de la Capilla
Sac amen al en e 1672-1673, que ue
el luga donde siemp e se colocó, y que
pa ece un si io de pe ec a adecuación a
su o ma y amaño, como ob a ealizada
ex-p o eso pa a ese espacio. Ello nos
hace pensa en a is as que es u iesen en ac i o y gozasen de g an maes ía
en ese momen o, capaces de ealiza es a ob a. Apa e de o os muchos
con es ilos más dis an es, coincide en ese momen o, en Se illa y en 1660,
el pin o Be nabé de Ayala, quien igu a en e el g upo de a is as que
jun amen e con Mu illo, Valdés Leal, F ancisco de He e a, Sebas ián
de Llanos y Valdés, Co nelio Scu , y o os maes os, in e inie on en la
undación y sos enimien o du an e los p ime os diez o doce años de la
Academia Se illana. Sabemos que al menos has a 1672 i ía es e pin o
“ an discu ido y no del odo conocido”, como dice el p o eso de la Banda
y Va gas, al e e i se a Be nabé de Ayala.
El ija nos en un posible au o de la ob a descubie a en Leb ija, p.e,
Be nabé de Ayala, en aña el mismo iesgo que ci a a o o de los muchos
a is as que pin a on en o no al maes o de Fuen e de Can os. Así son. de
i mes y iables, las e e encias pa a es ablece pa alelismos y semejanzas
es ilís icas. Po que al no con a con documen ación en la que apoya nos,
hemos de ecu i a es e mé odo compa a i o con o as ob as de au o ía
cie a, pa a decan a nos po un au o . Y opezamos con g andes di icul ades
pa aque el mé odo es ilís ico-compa a i o esul e e icaz: las ob as con las que
pudié amos compa a las son de incie a y dudosa mano, y su es ado ac ual
de “limpieza” no las hacen compa ables a es a de Leb ija.
¿Y po qué decimos que son de “incie a y dudosa” mano las ob as en
las que podíamos apoya nos? Po que los es udiosos e in es igado es que se
108 JUAN CORDERO RUIZ
han ocupado de ello no concue dan en sus p opues as. Po ejemplo: la
más cie a, una g an pin u a echada, bien documen ada y ñ mada de
Be nabé de Ayala, se encuen a en Lima (Pe ú), como ya la es udió nues o
ex in o compañe o de Academia Jo ge Be nales Balles e os en “A chi o
Hispalense” de 1969. (Figu a 3) Es una pin u a que ep esen a a la Vi gen
de los Reyes de Se illa, ob a que, po sus condicionamien os iconog á icos,
puede cons i ui una excepción en la p oducción del pin o y, po ello, poco
signi ica i a, es ilís icamen e hablando, pa a oma la como e e en e de
o as ob as. Como podemos obse a po la imagen es una pin u a muy
a ec ada po el ema; o zada po unas exigencias iconog á icas, apenas
deja espacio pa a la mani es ación pe sonal del au o , quien se exp esa en
ella con g andes desigualdades de calidad y es ilo.
A pa i de ahí odas las ob as son a ibuciones con mayo , meno o
ninguna a gumen ación; se apoyan unas en o as, pe o igno ándose siemp e
cual e a el es ilo pe sonal de Ayala. Como ocu e con el g upo de las
Sibilas que, elacionas en e sí,
dan pié a Gómez Cas illo pa a
a ibui le o as ob as al maes o
Ayala, incluidas las del Con en o
se illano del San o Angel. Mien
as pa a Césa Pemán cons i uyen
un g upo apa e de un nue o
au o desconocido, que denomina
“maes o de las Sibilas”.
E iden emen e nada ienen
que e es as ob as con la au óg a a
limeña, ni és a con el cob e, con
una Vi gen del Ca men de la
colección mad ileña, ambién i 
mado, que nos mues a He nández
Díaz. Ceán Be múdez, secundado
po Césa Pemán, se decan an
po que las pin u as del San o
Angel sean de Miguel Polanco, y
H. Díaz, en una pos u a ecléc ica
c ee unas ob as de los Polanco y
o as de Be nabé de Ayala. Fig. 3
¿UNA PINTURA DE BERNABÉ DE AYALA EN LEBRIJA? 109
Que hay di e encia en e las ob as del Pozo San o, el g upo de las
Sibilas, las del San o Ángel, las del Museo se illano, la Ca ed al y o as
colecciones pa icula es, es e iden e. Aunque más desconce an e que la
dudosa elación de es as ob as en e si, es el abismo es ilís ico y concep ual
que las sepa a de la ob a i mada y echada (1662) de Lima. Es amos,
po an o, sin sabe cual e a ealmen e el es ilo de Be nabé de Ayala, y,
consecuen emen e, no enemos base i me pa a elaciona , y compa a , a es e
au o con la ob a de Leb ija, ¡ni con ninguna o a! Asigna le hoy, con los
da os que hoy enemos, cualquie ob a a Be nabé de Ayala, es pu a a en u a,
sencillamen e po que no sabemos como pin aba.
Renunciamos aquí a ese análisis calig á ico que hemos mencionado
an es po no dispone de elemen os su icien es y iables. Las ex u as,
con la limpieza y eposición de pa es, las eladu as y o as huellas de la
ma e ia pic ó ica, suelen desapa ece con es e ipo de es au aciones. Po
o a pa e, los é minos compa a i os de es os de alles calig á icos deben
hace se con la p esencia simul ánea de las dos ob as, pues se a a de
un mime ismo su il, di ícil de e ene en la memo ia ni ampoco en la
ep oducción o og á ica. Po o o lado, como hemos dicho an es, no
puede apo a nos mucho, en es e sen ido, un p o undo análisis cien í ico
de sus ma e iales.
De eniéndonos an solo en los aspec os mo ológicos y es ilís icos
no a ec ados po la es au ación, podemos a iesga algunas conclusiones.
¿Hay que e en el a cángel de Leb ija solo in luencias zu ba anescas,
como lo e idencian, en e o os de alles, los pliegues de su opaje?
E iden emen e, hay au en ica comunión con las ob as cie as de Zu ba án.
Aunque ambién enemos en cuen a que Zu ba án do a a sus elas de un
peso y una g a edad singula —como modelos congelados y en eposo—
que, incluso cuando le obliga el ema de alguna Inmaculada, di ie e de esa
ela dinámica y lo an e del Ángel Pasionis a leb ijano. Pe o los b ocados y
joyas de la indumen a ia nos emi en inequí ocamen e a un conocimien o
de la ob a de Valdés Leal en es a pa cela o namen al. También ese os o,
de indudable dulzu a mu illesca, solo puede se p oduc o de la posible
in luencia del pin o de las inmaculadas sob e su compañe o de la Academia.
Es po ello que conside amos es a ob a supe ado a del es ilo es á ico,
obus o, sob io y seco de Zu ba án, pa a aden a se en el más dinámico,
dulce, ico y amable de la e apa pos e io de la escuela se illana. Y la
conclusión es es a: se a a de un g an maes o que, pa iendo del más

110 JUAN CORDERO RIJ1Z
depu ado es ilo de Zu ba án, lo supe a al bebe en las más elegan es,
dinámicas y g áciles o mas que cul i a la nue a gene ación de maes os
que oma on el ele o al maes o ex emeño. Y has a ahí llegamos,
po que a en u a un nomb e, como sen imos el deseo, no deja de se pu a
especulación sin undamen o.
* * *
Y aho a que emos e e i nos some amen e a algunas ob as que, po su
pa ecida iconog a ía angelical, su indumen a ia, su ba oquismo a anzado
y los elemen os o namen ales de su a uendo, gua dan cie a semejanza en e
sí y con nues o ángel leb ijano. Es ablece emos así un conjun o más o
menos homogéneo como salidos de la misma mano, al que pueden ag ega se
o as ob as de dis in o ema; pe o, epi amos, mien as no a ancemos más
en la iden i icación indudable de la mane a singula del pin o , no pod emos
a ibui ese conjun o a un conc e o au o .
El A cángel San Gab iel ( igu a 4) de la Iglesia de N a. S a. De la Paz
de Se illa. Es ob a muy p óxima a
la leb ijana po su indumen a ia,
bo dados, posición de las alas,
plegado de las elas, ondo lejano y
el suelo lo ido. El ipo de calzado
no deja muchas dudas sob e una
misma pa e nidad, así como el
plegado dinámico de las elas que
uelan , algunos de alles de la
o namen ación, el suelo de osas
ípicas, así como el ondo de bajo
ho izon e. Es á muy dis an e, en
cambio, la exp esión del os o y la
igidez de la igu a. He nández Díaz
lo clasi ica como ob a de Be nabé de
Ayala “en a ención a su jugosidad,
empas e y pincelada”. Noso os,
con odas las ese as, solo nos
a e emos a deci que pueden se
ob as del mismo au o es e San
Gab iel y el Ángel Pasiona io de
Leb ija. Fi >. 4
¿UNA PINTURA DE BERNABÉ DE AYALA EN LEBRIJA? III
El A cángel San Miguel (Figu a 5)
se dis ancia más, an o de su pa eja, el San
Gab iel de N a. S a. de la Paz, como del
Pasiona io leb ijano. Apenas puede anali
za se po el mal es ado en que se encuen a.
Es más osco y de amane ada composición;
de mo imien o inexp esi o y en a ado, que
nada iene que e con el a monioso i mo
del ángel de Leb ija. No sabemos si, al e ec
ua se sob e él la misma in e ención es au
ado a, nos p opo ciona ía alguna so p esa el
a amien o de sus elemen os deco a i os.
El Ángel de la Gua da de la Colección
Folch y To es de Ba celona (Figu a 6)
solo lo conocemos po ep oducciones
o og á icas, y, o malmen e, sí encon amos
pun os de mayo conco dancia con el ángel
leb ijano.
Guiados po el expe o c i e io
de Gómez Cas illo, (en su discu so de
ing eso en es a Real Academia) quien
a i ma “sin ninguna duda, que es ob a
de Be nabé de Ayala”, end íamos una
e e encia bas an e i me pa a encauza
la ob a de Leb ija al ci ado pin o . Pues
si bien igno amos los a gumen os del S .
Gómez Cas illo pa a a i ma la au o ía
a Be nabé de Ayala, lo que sí esul a
e iden e es que las dos ob as pa ecen de
la misma mano.
El o igen de la iabilidad del S .
Gómez Cas illo en el “es ilo de Be nabé
de Ayala”, iene po undamen o la opi
nión (no undamen ada, pe o de bas an e
c édi o pa a él, de los he manos An onio
y Anice o B a o, coleccionis as se i
llanos del siglo XIX que asignan, de Fie. 6
Fig. 5
112 JUAN CORDERO RUIZ
modo inequí oco a Be nabé de
Ayala, unos cuad os que ep e
sen an a Sibilas Bíblicas, de la
colección del Ma qués de Fon
ana. Y guiado po el es ilo
del au o de es os cuad os, ya
es ablece semejanzas, pa eci
dos, a ibuciones, incluso au o
ía cie a, a o as muchas ob as.
En es e deseo de ene un
nomb e p opio pa a es a in e
esan e p oducción, es ablece
pa a Be nabé de Ayala dos
e apas: la p ime a en la que
sigue ielmen e a Zu ba án, y
una segunda en la que iene
in luencias de Valdés Leal y o os
pin o es como He e a el Mozo. Se c ea de es e modo un au o , g upo o
alle con el nomb e p opio de Ayala, eng osando su p oducción: po aho a
un buen nomb e con que i ma odas esas ob as que es ilís icamen e se
pa ecen en e sí. Pe o nos asal a desa ian e
una p egun a sin espues a: ¿Cómo pin aba,
cie amen e, Be nabé de Ayala?
Y en amos en el conjun o de las pin u as
expues as en la se illana iglesia del San o
Angel. “Jacob luchando con el ángel”, igu a
7. Pin u a que Ceán Be múdez a ibuye a
los Polanco, Césa Pemán conc e a en Miguel,
Gómez Imaz a F ancisco Va ela, y He nández
Díaz lo elaciona con Ayala, igual que Gómez
Cas illo. Noso os, sin en a en nomb e de
au o , sí le encon amos elaciones es ilís icas,
composi i as y mo ológicas con el au o de
nues o cuad o leb ijano.
Den o de la misma colección encon a
mos buen pa ecido de es e A cángel San Ra ael
>8- 8 (de alle del cuad o del San o Ángel, igu a 8) con
¿UNA PINTURA DE BERNABÉ DE AYALA EN LEBRIJA? 113
el ángel leb ijano. Más que a de alles mo ológicos de pa ecido o igen o
modelo común, nos ijamos en su dominio dibujís ico y composi i o, en
sus i mos lineales al “plan a ” la igu a y en esas cin as que uelan con
semejan e es uc u a en sus plegados, p opias de la in en i a de una misma
mano c eado a.
De semejan e modo encon amos pun os comunes que elacionan
esos ángeles ( igu as 9 y 10), sacados del conjun o de ob as de la Iglesia del
San o Ángel. No enemos po menos que elaciona los es ilís icamen e con
el au o del cuad o leb ijano, sea es e quien ue e.
* * *
Como o o capí ulo casi inédi o en el insu icien e es udio de la
escuela de Zu ba án, no que emos deja de menciona , y ae aquí
espigados algunos ejemplos g á icos, de lo que ep esen ó la apo ación
pic ó ica se illana a las dis in as escuelas indígenas de la Amé ica
colonial; señalando pis as donde as ea posibles ob as que nos den
da os más iables de algún maes o desconocido, como el del Ángel
de Leb ija que hoy nos ocupa.
Juan Co de o Ruiz
Figu as 9 y 10
114 JUAN CORDERO RUIZ
Algunos ejemplos de in luencia se illana en la pin u a de la Amé ica Colonial
¿UNA PINTURA DE BERNABE DE AYALA EN LEBR1JA? 115
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*** To es Ma ín, Ramón. “Zu ba án, el pin o gó ico español del siglo
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“Algo sob e los discípulos de Zu ba án” Re is a de Es udios
Ex emeños, núme o XXI, 1965