Hacia una democracia de percepción. (La Ausencia de la Presencia)
Full text
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 HACIA UNA DEMOCRACIA DE PERCEPCION (La Ausencia de la Presencia) Rafael Cid Aneca (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) /UCM Eje temático: Globalización y Democracia La representación político-social de los medios y su mutación democrática. Palabras clave: Democracia, representación y percepción “Ya no existe lo que podríamos llamar primera naturaleza, la autenticidad de la experiencia de cada uno es producto de la segunda naturaleza, de la avalancha de imágenes de los medios de comunicación” (Elfriede Jelinek. Premio Novel de Literatura 2004) La democracia puede morir de éxito víctima de la voracidad de los medios de comunicación. Si las antenas parabólicas de Occidente tuvieron un efecto corrosivo sobre la famélica sociedad civil del Este comunista, anticipando su autodestrucción, el impacto de tradicionales y modernos medios de comunicación sobre la democracia en uso y desuso puede colapsar al menos malo de los sistemas de gobierno conocidos. Mientras, a principios del siglo XX, la prensa redimía su origen espurio de mero trágala publicitario haciendo “presente” lo que poderes varios de la época querían “ausente”, hoy su principal mérito radica justamente en lo contrario. El modelo mediático hegemónico actúa para cambiar el “presente” real y autónomo por lo “ausense” protésico y dependiente. Al solapar la realidad global enfeudándola al carro de los intereses dominantes, los media colaboran sustancialmente en hacer “ausente” lo “presente”, incitando de paso a la aparición de una “democracia de percepción” de difusa titularidad. La soberanía nacional, de donde emana en teoría el poder político en las democracias, ya no reside sólo en el pueblo sino también en una autista y maleable opinión pública apareada sin solución de continuidad con la opinión publicada. Se trata, pues, de un viraje equinoccial que precisa para consumarse de la metabolización del concepto de representación, fundamento de la acción política a gran escala. ¿Cómo? A través del mismo proceso de degeneración organizativa denunciado
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 por Moisej Iakolevich Ostrogorskij, Robert Michels, Vilfredo Pareto y Gaetano Mosca, entre otros, que hizo de la estructura partidaria y su nomemklatura el suplantador de la dinámica transformadora del demos original. A la ya tradicional oligarquización democrática de los partidos hoy se han venido a sumar la devastación provocada por los medios de comunicación, al reclamar para sí valores del siempre conflictivo “modelo representativo” (Hanna Fenichel Pitkin) que hacen del pueblo soberano un agente terminal sancionador de decisiones y deliberaciones ajenas. La mutación de esa democracia que ha incubado su paso a mejor vida como “democracia de percepción”, no ha venido de adversarios redomados o enemigos declarados. Ha sido precisamente un uso entrópico de la libertad, en su jibarizada versión mercantil, lo que amenaza las bases de su existencia. Al hacer contingente y no sustancial “la expresión de la libertad de expresión”, dada la titularidad privada de sus medios de producción, y por tanto dejar su implementación social como bien de primera necesidad social en manos de sus dueños y amos, se ha fomentado una representación degenerada y dolosa. Esta impronta convierte a la galaxia mediática en una especie de tercera cámara representativa, que, como la “cámara estrellada” de los regímenes tardofeudales, quiere simular una apertura social cuando sólo encubre nuevos “representantes de designación real”. Es un modelo informativo que sirve a la refeudalización social global. Las llamadas a la regeneración que contienen las teorizaciones de la denominada “democracia participativa” (Philip Pettit y J.G.A. Pocock a la cabeza) no mejoran este pronóstico, aunque sirven para cuestionar la falacia de una imposibilidad física de democracia real en la actualidad mediante la canonización de esos entrometidos media como auténtica “ágora virtual” en la sociedad de masas.. La isegoría (igualdad de habla), isonomía (igualdad legal) y parresía (imperativo de veracidad) no son caducos atributos interactivos de la democracia directa, inaplicables en sociedades complejas e indirectas, sino el AND ineludible para la existencia misma de la democracia cuya impronta los actuales medios ventrílocuos quieren suplantar. La cuestión final es si la autenticidad de la experiencia humana y con ella la construcción social de la realidad será producto de una segunda naturaleza fabricada por los medios de comunicación. Porque todo poder es representación y toda representación prefigura el poder. Hablar hoy de democracia significa de alguna manera referirnos a autodeterminación, acción directa y autogestión personal. Aunque su praxis haya sufrido profundas
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 rectificaciones a lo largo de los tiempos, desde la democracia directa ateniense a la democracia representativa vigente siempre se ha presumido la presencia de esos valores pioneros. Da igual que la combinación de isegoría, isonomía y parresía, friso que calificaba la esencia de la democracia griega, sea hoy a su manera un pasado remoto. Tampoco importa demasiado que hasta alcanzar una representación normativizada con el sufragio universal, secreto y directo haya sido necesario experimentar con sistemas imperfectos confiscadores del ejercicio del voto. Históricamente fue una constante ligar democracia a “gobierno del pueblo”, nunca a un privilegio de notables. Quizá por eso tradicionalmente la democracia-fetiche ha tenido tan buena prensa. Aunque a menudo se olvide la juventud de esta democracia indirecta por representativa y representativa por indirecta, que fue instaurada plenamente por primera vez en 1906 en Finlandia y que no alcanzó mayoría de edad hasta el cercano 1965, cuando en Estados Unidos de América se impuso también el voto sin discriminación en el hasta entonces terreno vedado de las elecciones federales. De hecho, al analizar la democracia representativa realmente existente (indirecta) son mayoría los estudiosos que siguen viendo en los viejos valores “rebautizados” la garantía del concepto. Robert Dahl, por ejemplo, habla de la necesaria existencia de “inclusión” (sufragio universal) y “controversia política” para poder nombrar la verdadera democracia. Otros pensadores añaden a esos dos activos el que los ciudadanos puedan “revocar” a sus representantes. Al margen de que exista un Estado de Derecho y una Constitución, escrita o no, la clave democrática sigue radicando en una cierta idea de soberanía del individuo. Pero sería absurdo negar que a la complejidad física que hizo impracticable aquella democracia directa (de máximos), en el imaginario político de la sociedad de masas el término “representativo” se ha institucionalizado como si de pensamiento único se tratara. Una hazaña intelectual, por cierto, dado que en su literalidad “representación entraña la fictio iuris de que alguien está presente en un sitio en el que se encuentra materialmente ausente” (1993,9). Una abstracción que junto a “Estado”, el mayor artificio “representativo” del sistema político, ha desplazado a los más cercanos conceptos de “Poder” y “Autoridad” como referentes del mismo árbol ideológico. La lógica cuantitativa de la sociedad de masas, anuladora del pathos cualitativo de la primera democracia, se ha valido del concepto de “representación” para escribir el guión que legitima el nuevo sistema democrático. Y lo ha hecho incorporando la técnica de división del trabajo a la acción política de la sociedad civil, a través de los partidos
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 como agentes naturales de participación. Se trata, pues, de una transferencia de competencias (y al mismo tiempo de su naturaleza) del individuo a los partidos políticos, con tres primeras consecuencias claras: la recuperación del elitismo; la socialización de lo público por lo privado y el riesgo de alienación para los titulares de la soberanía. Una prueba de tal “divorcio” es la bajísima participación política que registran hoy elecciones y referendos, cuando precisamente la democracia representativa (de mínimos) venía justificada para lograr una más amplia “inclusión” ciudadana en la gestión de las sociedades complejas. Pero no es esta la principal contradicción del sistema representativo. En realidad la generalización de la participación política, asumida como progreso histórico, había servido para nivelar la “natural” desigualdad en el reparto de la riqueza dando voz y votos a los que sólo eran sujetos imponibles cara al fisco. Basta recordar que en sus orígenes la rebelión de los colonos ingleses en América se hizo al grito de ¡impuestos sin representación es tiranía! Entonces, la democracia representativa se entendía como el modelo que, aún en un entorno de flagrante concentración de recursos económicos, permitía a cualquier persona llegar al Poder, socializándolo de paso con esa demostración de teórica liberalidad. Sin embargo, al desatarse la dinámica elitista que fagocita la representación, el resultado es el contrario: el monopolio de la política por una casta de notables “libremente” elegidos por sus representados. Una vuelta de tuerca que coloca política y economía en manos de unos pocos, “seleccionados” democráticamente porque los medios hacen que la “percepción” de esa delegación sea legítima. Llegamos así al último eslabón de esta saga-fuga democrática. Su artífice: la irrupción de los media como nuevos representantes de la opinión pública -que es la expresión de la ciudadanía agregadacuando el desprestigio de los partidos parece tocar techo. Hoy los nuevos púlpitos que adoctrinan a las gentes son los medios de comunicación de masas. El llamado “cuarto poder” se está erigiendo de facto en representante de los ciudadanos, produciendo una opinión pública paulovianamente ahormada para el consenso y el statu quo. Este nuevo proceso constituyente que ocupa a prensa, radio y televisión (¿e Internet?) fomenta una democracia de percepción y promueve la ausencia de la presencia humana, suplantando la voz de los ciudadanos por la de sus ventrílocuos, que a su vez responden estratégicamente a la voz de su oculto amo. Vivimos así el penúltimo tramo de una deriva seudoaristocrática empeñada en sustituir al ciudadano real por su doble virtual, en relación de muchos a pocos, a través de los
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 medios de comunicación como terminales del hombre (Marshall McLuhan). La actual representación de los media está alejando al sujeto del objeto, pervirtiendo su lógica emancipadora. Los medios distancian, opacan, en vez de, mediante una pluralidad de información veraz y opinión responsable, ayudar a superar las barreras cuantitativas que impiden al ciudadano alumbrar al espíritu de la auténtica democracia directa, porque el estado actual de la técnica podría servir para salvar la barrera física que implica la palabra “directa”. Esta ponencia asume, pues, como principal objetivo el de incitar a explorar el cometido que desempeña en la actualidad el concepto de representación sociopolítica en la operativa de los medios de comunicación de masas, e identificar su potencial relación con la crisis de legitimidad de la democracia vigente. Como la libertad de expresión e información han sido universalmente reconocidas, tanto en el vasto discurso académico como en la práctica política, como elementos esenciales para la articulación armoniosa de la vida en sociedad, deberíamos saber, como problema raíz de esta investigación, si el creciente protagonismo político de la opinión pública es parte sustantiva del nuevo paradigma mediático. Una opinión pública manufacturada por los medios (opinión publicada) que, en su dimensión de diario plebiscito refrendatario, les sirve de aval representativo como sí, reinventando a Hugo Grocio, de un vampirizante derecho de presa se tratara. Hoy ya no basta sólo con explicar la fenomenología y las potencialidades de las técnicas artificiales de comunicación. El creciente y acumulativo poder de los medios en el discurrir de la existencia de los individuos y de los pueblos parece demandar un análisis de mayor calado que trate de echar luz sobre la naturaleza misma de este proceso de múltiples registros. Si como sostienen cada vez con mayor precisión, contundencia y elementos de juicio muchos especialistas, los medios de comunicación aportan el principal nutriente cognitivo para que las personas se realicen individual y socialmente e interpreten el mundo circundante y sus valores, parece clara la exigencia de testar hasta dónde ha llegado su amenaza. Todo ello teniendo en cuenta que el déficit democrático que lastra el buen gobierno en nuestras comunidades complejas, y el desarraigo consiguiente, suele achacarse precisamente a una carencia de elementos de información que enriquezcan la deliberación necesaria para un más veraz participación democrática. De tal forma que si, lejos de servir para constatar la presencia soberana de los ciudadanos y sus intereses, la propia inercia de los medios fomenta su ausencia del centro de gravedad del espacio
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 público, solapando incluso la propia identidad en favor de una nueva suerte de representatividad vicaria, la disidencia entre sujeto-objeto podría alcanzar un punto de difícil retorno, instaurando quizás una mutación de efectos imprevisibles. Pensamos que el enfoque representacional pretendido en este discurso sobre la calidad de la trabazón existente entre los media y los mecanismos de la teoría democrática, entendida ésta como el método más válido para gestionar la convivencia en las sociedades postindustriales, está aún poco desarrollado y falto de pormenorizado debate. De manera casi general, las investigaciones que hasta ahora se han hecho sobre dicho entorno han incidido fundamentalmente en el aspecto de la capacidad de intermediación de prensa, radio y televisión desde la perspectiva de la conexión, unidireccional o bidireccional, entre un emisor y un receptor, sin apenas ahondar en el sustrato identitario que dicho flujo alimenta. De ahí la justificación y oportunidad, a nuestro entender, de esta perspectiva en profundidad. Nuestra hipótesis, a la hora abordar el trabajo propuesto, arguye la necesidad, oportunidad y conveniencia de mostrar la raíz de un proceso que intuimos clave en la función representativa de los medios de comunicación de masas. Un acervo consistente en el paulatino y silencioso solapamiento e institucionalización mediática de actividades exclusivamente realizadas hasta la fecha por los partidos políticos y otros organismos representativos y mediadores convencionales. A fin de mostrar las variables y grandes rasgos que soporta nuestro proyecto sería preciso emplear un método de trabajo especulativo-comparativo, consistente en realizar una atenta lectura deliberativa (en la línea del llamado content-analysis) de la última producción intelectual de un grupo de pensadores, expertos y teóricos ad hoc. Personalidades que desde una amplia gama de materias implicadas en la trama, como comunicación, teoría política, sociología, filosofía, historia, psicología e incluso economía, hayan reflexionado en torno al tema. Confrontando estas novedosas aportaciones y su rastro interdisciplinar podríamos ayudar a esclarecer o deconstruir la dimensión del conflicto sobre los límites y carencias del derecho a la información para la formación de una conciencia democrática en la ciudadanía y la gobernación en tiempos de crisis. El subtítulo Ausencia de la Presencia es enunciativo y orientativo. Sugiere una narración del proceso de anulación de la presencia o, si se quiere, una indagación en torno al mecanismo de suplantación del protagonista de la información por su réplica. Por eso en este apunte son limitadas las referencias a los temas clásicos de la mayoría de
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 los estudios sobre los mass media, y especialmente acerca de su dimensión más celebrada y progresista como eficaces aproximadores culturales, valiosos dinamizadores sociales o positivos agentes de interacción. No es ése el territorio en que se mueve la presente exploración. De suyo, por el carácter fragmentario, episódico e incluso simplificador de su contenido, podríamos calificar este trabajo de “estereotipo”, por usar un término acuñado por el comunicólogo Walter Lippman. Abundando en la terminología de la disciplina, avanzaríamos que la idea de Una democracia de percepción / Ausencia de la Presencia brota de un impulso por desvelar en la postmodernidad la criptografía del famoso paradigma de .Harold. Dwight Lasswell (“¿quién dice qué, en qué canal, a quién y con qué efectos?”). Tenemos la percepción de que en un mundo inmerso en la compulsión de los medios, hasta el nivel de disputar su capacidad socializadora a los grupos primarios (1), la naturaleza del fenómeno no la determina ya un primer “quién” emisor y un segundo “quién” receptor, equidistantes. Sino que debido a esa sustancial aceleración del contexto, su epicentro y capacidad normativa se ha desplazado desde un representado (el segundo “quién” que en realidad es “quiénes”), idealmente investido de auctoritas, a un representante (el primer “quién”) realmente dotado de potestas, que domina casi en exclusiva también el “qué” y modularía el “con qué”. ¿Y cómo sería esa dimensión? Nuestro análisis incide en el sentido de que la simbiosis del concepto de representación sociopolítica y la prevalencia mediática de una “muestra” de triunfadores y famosos en un universo generalizado de anónimosinvisibles cristaliza en un nuevo paradigma. Sobre todo cuando esa élite de iniciados que se asoman monopolísticamente a los medios de comunicación, según demostraron Katz y Lazarsfeld, se constituyen en los líderes de opinión que vehiculan el continuum cultural necesario para fabricar el consenso entre las masas receptoras de los mensajes. Como escribía en 1867 Maurice Joly en El arte de medrar respecto a los juegos de poder de su época, la competencia y la fama han fomentado en la sociedad un estado de guerra regido por leyes donde imperan instintos contrarios a la igualdad (2). Algunas de las cuestiones básicas a las se trataría de responder con esta hoja de ruta deliberativa serían: ¿Qué importancia tiene la representación frente a la acción directa? ¿Cómo se aborda la cuestión de la representatividad en los medios? ¿Qué modelos de representación mediática existen? ¿Cómo se analiza el vínculo representanterepresentado en los medios? ¿Cuáles son los tipos de conexión entre influencia de los medios y calidad democrática? ¿Se puede hablar de una centralidad de la representación
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 mediática en la sociedad contemporánea? ¿Hay medios más representativos que otros? ¿Cuales han sido los mecanismos que han hecho posible el proceso de hegemonía de la representación virtual? ¿Qué perspectivas se vislumbran cara al futuro? ¿Existen mecanismos para manejar el conflicto entre la representación política y la mediática? ¿Es posible la democracia avanzada con medios de comunicación privados? ¿Son los medios fines solapados de la postdemocracia ? Lógicamente no todos los comunicólogos y estudiosos de referencia reflejan en sus textos cada una de las cuestiones planteadas, por lo que las conclusiones de la investigación que se emprenda deben obtenerse de una valoración conjunta de las pertinentes aportaciones académicas. Pero al levantar acta de la reflexión sobre este corpus doctrinal, en la perspectiva que nos ocupa, podremos hacernos una idea del estado de la cuestión sobre el problema de la representación sociopolítica en la sociedad de la información. Y sobre todo, acerca de su inserción en el debate abierto en torno al concurso de ideas para una revitalización de la mediocracia, término avalado por el Consejo de Europa, en línea con hacerla más próxima a la realidad de las gentes. En suma, de la posibilidad de la formulación de un autodemocracia con ayuda de los medios de comunicación. La indagatoria anticipada, esbozo de un trabajo en curso más denso y dilatado en el tiempo, analizaría siete grandes planos o apartados, que a su vez dan oportunidad para otras reflexiones colaterales y complementarias. El primero sería una introducción de aproximación al puzzle presencia-ausencia, medios, deliberación y su contexto. El segundo tendría como eje el concepto de representación y su poso en los medios de comunicación, incidiendo sobre todo en la dimensión política de dicha representación, entendido el concepto “política” en su versión más intensa y profunda. Es decir, como pieza maestra del buen gobierno en las sociedades complejas. En tercer lugar abordaríamos el tema de la comunicación y la información, desde la perspectiva de valores democratizadores de la realidad. Verbigracia, como elementos cognitivos indispensables, tanto en el orden individual como en el social. En este contexto se plantearía el papel de los medios de comunicación de masas como agentes representativos, mediadores interactivos y forjadores de conciencia para la acción política. Y sobre todo avanzaríamos la sospecha de que los mass media convencionales están abandonando la interacción comunicacional humana en favor de una instrucción informativa de remembranzas paulovianas. Esto último en esa línea de la sombra que va de la comunicación analógica a la digital estudiada por Paul Watzlawick.
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 A continuación expondríamos una meditación intelectual sobre los nexos y complicidades entre democracia deliberativa y medios de comunicación de masas. Y sobre todo de cómo se plantea esa asimilación democrático-deliberativa en el panorama mediático. La profundidad de campo de la información como tejido conjuntivo de lo deliberativo ocuparía en este esquema un lugar preferente. Otro aspecto que impulsa nuestras pesquisas enfocará las presuntas afinidades o incompatibilidades democráticas entre ambos términos. En quinto lugar pretendemos glosar los parámetros normativos de la práctica informacional. Siguiendo las grandes líneas de la teoría pura del derecho, trataremos de verificar lo que de orden normativo encierra en sí mismo el código de los media. Ello para patentizar que la propia dinámica de jerarquía de valores de los sistemas comunicacionales predispone hacia una segunda naturaleza prescriptiva o proscriptiva, dejando atrás su sustrato descriptivo o meramente informativo, como aporte de hechos para el vigor cognitivo. Lógicamente de ahí se deducirá un encadenamiento asintónico con el sesgo deliberativo de última generación, visualizando el caudal de doble velocidad (tecnológico y político) que impregna a la galaxia mediática. Seguidamente entraríamos en la dimensión económica-mercantil de los medios, para proyectar hasta qué punto esa dinámica influye en su discurso, tanto axiológica como teleológicamente. Este capítulo se monitorizaría desde la perspectiva de algunas de las más recientes y validadas teorías de la organización, para mostrar los niveles de autonomía, inercias, dependencias o parasitismos de los medios de comunicación en el contexto empresarial. El debate esfera pública-esfera privada y sus consecuencias debe ocupar igualmente un espacio en dicho contexto. Finalmente -y con carácter previo al análisis de la cobertura deliberativa con que los media de referencia abordaron en España el referéndum sobre la Constitución europea, usado como test dado su impregnación representativa de alta gama-, esbozaríamos un criterio en torno a las nuevas tecnologías y su correlato de sociedad de la información, visto respecto a la cuestión central de la representación política. O sea, no tanto como una panorámica de la abultada historia pendular ya existente sino más bien sobre la manera en que el nuevo horizonte mediático y procedimental se instala en el marco representativo. Y sería en éste ámbito precisamente donde intentaríamos esbozar lo que a nuestro entender es el señuelo en ciernes para una nueva entronización de los medios gracias a la irrupción de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC). La
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 de los medios es diferente, puesto que lo que pervierte la representación es una acción exterior al ciudadano, que emana de la clase dominante, para alterando su conciencia de la realidad construir un imaginario que refuerce el estatu quo con sus aquiescencia. Podría decirse, pues, que es un tipo placebo de representación virtual global. Roto pues el contrato social inicial se hace necesario elaborar otro contrato social que incluya a los media, su propiedad, uso y naturaleza, para garantizar el ideal democrático de gobierno de la mayoría, en una perspectiva “inteligente” y liberadora, basada en la información veraz y en la deliberación consciente, y no el sesgo autista que demuestra los escasos índices de participación ciudadana en las elecciones. En suma, en este gran viraje que protagonizan los medios de comunicación como representantes políticosociales se ha gestado un cambio de titularidad democrática. Por primera vez de manera generalizada desde la Declaración de Independencia Norteamericana (1776), primero, y la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), después, queda cimentado urfbi et orbi el desahucio originario del principio de dignidad humana. Se ha pasado del concepto de libertades y derechos como propiedad (derecho de gentes) a otro como posesión (libertades negativas y derechos otorgados), con la consiguiente sacralización del mercado capitalista como regulador moral. Porque la función esencial de la prótesis mediática es hacer del individuo autónomo un individuo autómata. El único camino para enfrentar esta mutación democrática en ciernes pasa por un contrato social que incluya a los medios de comunicación en la sociedad del conocimiento como patrimonio social inembargable. Hay que descifrar esa caja negra en que se ha convertido el paradigma representativo, desde un inicial tánden genérico formado por un emisor y un receptor, reos de posible y desigual revocación –proactiva en la versión original y luego sólo reactiva en la modalidad mediática-, a otro casi innato y privado que, de consolidarse, involucraría el ocaso de la esfera pública y por el ende el fin de la política realmente existente. Porque, como han resaltado hace tiempo los comunicólogos, gran parte del material de los medios masivos “describe un mundo que no corresponde al que existe a nuestro alrededor. Este mundo mítico se caracteriza principalmente por una representación excesiva de los poderosos e insuficiente de los miembros de la clases inferiores” (1974, 189). Eso mientras nos preguntamos con Watzlawick si ¿es real la realidad? ---------------------------------------- (1). A pesar de una acusada desaceleración por la competencia de internet, según datos del Estudio General de Medios de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación,
I CONGRESO NACIONAL ULEPICC-España || ISBN: 84-690-1432-3 en 2005 el consumo promedio de TV en España fue de 221,7 minutos persona/día, lo que para un umbral de vida estandar de 80 años significa dedicar casi 12,3 años de la propia existencia a la exposición catódica. En 1948 el promedio en EEUU era de 180 minutos/día. (2). “La monomanía de la notoriedad, que forma parte ya de las costumbres, ha creado ridículos que ninguna otra época había conocido. Montesquieu decía que el principio de las monarquías era el honor. Digamos pues que el principio de las democracias o de los estados que pretenden serlo es la gloriola (famoseo).El público es como ese emperador romano que se hacia masticar los alimentos para ahorrarse esfuerzos. Recibe su opinión ya hecha en todos los géneros y para todas las obras” (2002, 206-212). Bibliografia Dahl, Robert. La poliarquía: del autoritarismo a la democracia. Madrid. Guadiana Publicaciones. 1974. Grocio, Hugo. Del derecho de presa. Madrid. Centro de Estudios Constitucionales 1987. Habermas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa: complementos y estudios previos. Madrid. Ediciones Cátedra 1997. Joly, Maurice. El arte de medrar. Barcelona. Galaxía Gutemberg 2002. Klapper, J. T. Efectos de la comunicación de masas. Madrid. Editorial Aguilar 1974. Laclau, Ernesto. Politics, Theory and Contemporany Culture.Nueva York. Columbia University Press 1993. Lippmann, Walter. La opinión pública. Madrid. Editorial C. de Langre 2003. Macpherson,C.B. La teoría política del individualismo posesivo. De Hobbes a Locke. Madrid. Editorial Trotta 2005. McLuhan, Marshall. La comprensión de los medios como las extensiones del hombre. México. Editorial Diana. 1973 Mosca, Gaetano. La clase política. Madrid. Fondo de Cultura Económica.2004. Michels, Robert. Les partis politiques. París. Flammarion. 1971. Nino, Carlos Santiago. La constitución de la democracia deliberativa. Barcelona. Editorial Gedisa 1997. Pettit, Phillip. Republicanismo. Barcelona. Ediciones Paidós 1999. Pitkin, H. F. El concepto de representación. Madrid. Centro de Estudios Constitucionales 1982. Pocock, J.G.A. El momento maquiavélico.Madrid. Editorial Tecnos 2002. Watzlawick, Paul. ¿Es real la realidad?: confusión, desinformación, comunicación. Barcelona. Editorial Herder.1979