El centro de Andalucía entre los siglos V y VII: de las ciudades herederas de Roma a las sedes episcopales hispanovisigodas
Abstract
Entre los siglos V y VII la zona central de Andalucía se convirtió en el territorio a cuya conquista aspiraron varios pueblos: vándalos, suevos, visigodos y bizantinos. De gran importancia resulta la geografía para entender lo ocurrido, puesto que se trata de la llave para dominar la zona meridional y, por extensión, el resto de Hispania. La población autóctona, dirigida por la aristocracia local, no manifestó una preferencia manifiesta hacia ninguno de los invasores, por lo que la resolución del conflicto no fue rápida. Al final, sus dirigentes optaron por apoyar el proyecto de un reino visigodo hispano y católico.
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233 EL CENTRO DE ANDALUCÍA ENTRE LOS SIGLOS V Y VII: DE LAS CIUDADES … Habis 43 (2012) 233-247 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 EL CENTRO DE ANDALUCÍA ENTRE LOS SIGLOS V Y VII: DE LAS CIUDADES HEREDERAS DE ROMA A LAS SEDES EPISCOPALES HISPANOVISIGODAS Francisco Salvador Ventura Universidad de Granada [email protected] ANDALUSIA BETWEEN THE VTH AND VIITH CENTURIES: FROM THE HEIRS OF ROMAN TOWNS TO THE HISPANO-VISIGOTHIC EPISCOPAL SEES RESUMEN: Entre los siglos V y VII la zona central de Andalucía se convirtió en el territorio a cuya conquista aspiraron varios pueblos: vándalos, suevos, visigodos y bizantinos. De gran importancia resulta la geografía para entender lo ocurrido, puesto que se trata de la llave para dominar la zona meridional y, por extensión, el resto de Hispania. La población autóctona, dirigida por la aristocracia local, no manifestó una preferencia manifiesta hacia ninguno de los invasores, por lo que la resolución del conflicto no fue rápida. Al final, sus dirigentes optaron por apoyar el proyecto de un reino visigodo hispano y católico. PALABRAS CLAVE: Antigüedad Tardía, Visigodos, Bizantinos, Hispania, Historia de Andalucía. ABSTRACT: Between the Vth and the VIIth centuries, the central area of Andalusia became coveted territory for many tribes and peoples: Vandals, Suebi, Visigoths and Byzantines. To deepen understanding this historical period we must taken in account Geography and the key role of that zone to control not only the South but the whole Hispania. The pre-existing population, leaded by an autochthonous aristocracy, did not reveal any significant preference towards an invader in particular. That is why the resolution of the conflict was not immediate. At the end of the period, local leaders opted to support the project of a Visigothic Kingdom, Hispanic and Catholic. KEYWORDS: Late Antiquity, Visigoths, Byzantines, Hispania, History of Andalusia. RECibiDO: 22.06.2012. aCEPTaDO: 30.07.2012
234 FRANCISCO SALVADOR VENTURA Habis 43 (2012) 233-247 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 Para cerrar el bloqueo Leovigildo sólo tenía que reforzar el control del valle del Genil y de toda la depresión de Antequera, lo que podía haber logrado en su incursión sobre las tierras malagueñas del 5711. En la primera demanda de Teodulfo, obispo de la iglesia malacitana, se presentó ante nosotros una súplica afirmando que la antigua diócesis de dicha ciudad había sido desgarrada en otro tiempo con ocasión de algunas operaciones militares, y había pasado parcialmente a poder de las iglesias de Écija, Elvira y Cabra2. Ha quedado ya obsoleta la teoría de la crisis de la ciudad durante el siglo iii y la ruralización consiguiente de la sociedad, cuyos efectos se extenderían a la mayor parte del Medievo. Hoy se considera ya probado que la vida urbana no desapareció, sino que se vio sujeta a un proceso de transformación según el cual las ciuitates continuaron siendo los centros articuladores del territorio, si bien pasaron de ser las células básicas del imperio Romano hasta el siglo iV inclusive, a convertirse, tras un periodo transitorio de autogobierno, en las unidades sobre las que se asentaron las entidades políticas que emergieron tras el derrumbamiento del imperio de Occidente, con la particularidad de haber desarrollado una progresiva función religiosa que devino esencial3. El proceso se extiende entre los siglos V y Vii y ofrece durante todo el periodo el denominador común de que las ciudades no dejaron nunca de ser las unidades básicas sobre las que dirimían los conflictos. No obstante la generalidad del proceso, se detectan singularidades manifiestas en los diferentes territorios, consecuencia sobre todo del anterior mayor o menor grado de implantación urbana. La zona meridional hispana presentaba un alto nivel de romanización, cuyo testimonio más inequívoco era precisamente la densa red ciudadana sobre ella establecida. Estas tierras del sur resultaron cruciales para el desarrollo de los acontecimientos en toda Hispania durante este periodo de transformación, dado que sobre su territorio se desenvolvieron enfrentamientos vitales para la ulterior suerte del resto de la Península4. 1 L. a. García Moreno, Leovigildo. Unidad y diversidad de un reinado (Madrid 2008) 49. 2 Concilio I de Sevilla, canon 1. 3 Un panorama general sobre la transformación de la ciudad durante la antigüedad Tardía se puede consultar en L. a. García Moreno, “La ciudad en la antigüedad Tardía (siglos V a Viii)”, L. a. García Moreno, s. Rascón Marqués (eds.), Acta Antiqua Complutensia. I. Complutum y las ciudades hispanas en la Antigüedad Tardía (alcalá de Henares 1999) 7-25. 4 F. salvador Ventura, “Los siglos Vi y Vii en el sur de Hispania. De periodo de autonomía ciudadana a pilar del reino hispano-visigodo”, F. salvador (ed.), Hispania meridional durante la Antigüedad (Jaén 2000) 183-203.
235 EL CENTRO DE ANDALUCÍA ENTRE LOS SIGLOS V Y VII: DE LAS CIUDADES … Habis 43 (2012) 233-247 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 sin embargo, a la hora de afrontar el estudio de esta época no se suele tener suficientemente en cuenta la imprescindible componente geográfica, no siempre es valorada en su justa medida. La consideración adecuada de los condicionantes espaciales resultará oportuna para evitar ser contaminados por convenciones administrativas actuales y vital para comprender mejor el decurso de los acontecimientos, que, de otro modo, perderían gran parte de su sentido. En aras de ello, habría que recordar la existencia en lo que hoy es andalucía de tres unidades geográficas claramente delimitadas: la amplia depresión del Guadalquivir, abierta hacia el atlántico; el complejo montañoso denominado las Cordilleras béticas y la estrecha y muy accidentada fachada mediterránea. Dentro de las Cordilleras béticas se encuentra el conocido como surco intrabético, compuesto por una sucesión de hoyas (antequera, Granada, Guadix y baza), regadas por los ríos Guadalhorce, Genil y Guadiana Menor, respectivamente. sus características geográficas convierten este territorio en la espina dorsal que pone en relación cada una de las tres unidades antes mencionadas, porque, de un lado, permite el acceso a la zona central del valle del Guadalquivir; de otro, se comunica con la zona mediterránea mediante angostos valles; y, al mismo tiempo, sirve de vía natural entre el área meridional y el Levante. De hecho, hoy es la ruta por la que transcurre en su mayor parte la autovía a-92, eje vertebrador para la comunicación entre todos los territorios de andalucía. Tal función estratégica resulta de singular importancia a lo largo de los siglos, pero, en particular lo fue durante este periodo en el que dos potentes contendientes se encontraban apostados a uno y otro lado de este pasillo natural, cuyo control, sin duda, sería definitivo para quien lo llegara a detentar. 1. Co n t i n U i d a d : C i U d a d e s h e r e d e r a s d e ro m a (s i g l o s v y p r i m e r a m i t a d d e l vi). La expedición de Vito sería la última comandada por un general imperial en estas tierras. Su desarrollo y fracaso facilitaron el surgimiento y consolidación de poderes locales basados en las oligarquías municipales, a las que el episcopado, emparentado con ellas, ofrecía legitimación institucional e ideológica5. El desmoronamiento del imperio Romano de Occidente se hizo efectivo a comienzos del siglo V con la llegada de los pueblos germánicos que habían atravesado la frontera del Rhin el año 406. según el cronista Hidacio, los cuatro pueblos que cruzaron los Pirineos establecieron un pacto, gracias al cual se repartieron 5 L. a. García Moreno, Historia de Andalucía. II. Andalucía en la Antigüedad Tardía. De Diocleciano a Don Rodrigo (sevilla 2006) 45-46.
236 FRANCISCO SALVADOR VENTURA Habis 43 (2012) 233-247 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 el territorio hispano6. En concreto, a la zona sur llegaron los vándalos silingos, a quienes, según el pacto, correspondió la bética. su asentamiento en el terreno no supuso mecánicamente la suplantación de esta población minoritaria por la mayoritaria de hispanorromanos residentes en la zona. Con toda probabilidad los dirigentes locales alcanzaron diversas fórmulas, según los casos, para entenderse y convivir con estos pueblos que se asentaron en las proximidades de los núcleos urbanos, a quienes debieron de realizar algún tipo de concesiones que les permitieran proseguir detentando sus riquezas y privilegios7. No parece que al principio se produjeran grandes sobresaltos, a juzgar por la ausencia de noticias de ello. sería unos años después, cuando tras la intervención victoriosa y efímera de los visigodos aliados del emperador para restablecer su autoridad y la posterior fracasada de las tropas imperiales, tuvo lugar una serie de razzias que son las que han pervivido en la memoria asociadas al pueblo de los vándalos. De todos modos, la visión apocalíptica ofrecida por Hidacio no parece que fuera de una envergadura tal, de manera que no dejaron a su paso un rastro tan desolador de saqueos y destrucción. En concreto, se refiere a las correrías vándalas en dos ciudades, Hispalis y Cartago Spartaria8, ciudades que son las mencionadas probablemente por razones de orden simbólico, al ser las capitales de las dos provincias que englobaban los territorios del sur, bética y Cartaginense. Probablemente no serían las únicas, pero lo que resulta claro es que, para desplazarse de una a otra, debieron de transitar por la vía que atravesaba los valles intrabéticos citados, donde es posible que alguna de sus ciudades se viera igualmente afectada. En cualquier caso, los saqueos se extendieron entre 422 y 425, y, poco tiempo después, en 429 los vándalos se trasladaron al norte de África donde crearon un reino con un periplo vital de poco más de un siglo. La desaparición de los vándalos del área peninsular, el regreso de los visigodos al norte de los Pirineos, la debilidad de una autoridad imperial poco más que nominal, dejaba una situación abonada para que los suevos, el único pueblo germano entonces instalado dentro de Hispania, ideasen la posibilidad de extenderse al resto de la Península y se pusieron manos a la obra. El primer episodio de esta expansión del que informan las fuentes es el enfrentamiento bélico que tuvo lugar junto al río Genil el año 438, entre un ejército suevo y otro dirigido por un general de nombre andevoto9. No se especifica nada más al respecto, pero el lugar de la 6 Hydat. Chron. 49. 7 P. Ubric Rabaneda, La Iglesia en la Hispania del siglo V (Granada 2004) 32. 8 Hydat. Chron. 86. 9 No se tienen datos acerca del origen de este personaje que comandaba el ejército que se enfrentó a los suevos. No hay evidencias de que fuera un general romano, por lo que se ha tendido a pensar que debía tratarse de un propietario local (L. a. García Moreno, “andalucía durante la antigüedad (ss. V-Vii). aspectos socio-económicos”, I Congreso de Historia de Andalucía [Córdoba 1978] 302; F. salvador Ventura, Prosopografía de Hispania meridional. III. Antigüedad Tardía (300711) [Granada 1998] nº 20; P. Ubric Rabaneda, Op. Cit. 75), si bien en una reciente publicación García
237 EL CENTRO DE ANDALUCÍA ENTRE LOS SIGLOS V Y VII: DE LAS CIUDADES … Habis 43 (2012) 233-247 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 batalla estaría hablando del interés estratégico de una zona, cuyo control, como ya se ha indicado, podría proporcionar una posición ventajosa ante ulteriores pretensiones de conquista en cualquier otro territorio meridional. Y la prueba está en que poco después los suevos pasaron a controlar las ciudades emeritense (año 439) e hispalense (año 441). El imperio intentó de nuevo intervenir, cosechando una derrota su general Vito, hasta que al final recurrió a los aliados visigodos instalados en la Galia, que fueron los encargados de derrotar a los suevos a mediados de la década de los cincuenta. a partir de entonces, este pueblo quedó definitivamente recluido a la zona noroccidental hispana y la campaña visigoda terminó al verse el rey Teodorico ii obligado a regresar a la Galia10. a partir de ese momento la zona meridional quedó de nuevo englobada en el imperio de Occidente, si bien sólo de forma nominal, hasta el año 476. Pero de facto, desde mediados de la centuria, hasta bien entrada la siguiente, el sur quedó al margen de cualquiera de los grandes poderes constituidos en la época: el imperio Romano de Oriente, que sobrevivió a los empujes germánicos y que intentó más tarde reconstruir el imperio en las fronteras anteriores a la división; el frágil reino suevo arrinconado en la zona antes señalada; y el reino visigodo de Tolosa en la Galia, que, tras la derrota de Vouillé en 507 a manos de los francos, se transfirió a la Península ibérica, aunque ello no supuso el control automático y exhaustivo de todo el territorio, algo que tardó varias décadas en conseguirse. La ausencia de un poder superior sobre esta zona no es, como es lógico suponer, sinónimo de imperio del caos. Muy al contrario, las ciudades romanas preexistentes venían siendo gobernadas por unas aristocracias locales, cuyos herederos siguieron a su frente, perpetuando sus formas de gobierno, si bien con la salvedad de que en estos momentos no tenían por qué rendir cuentas a poder superior alguno. Una novedad significativa se puede apuntar respecto de la caracterización de estos grupos dominantes, que es su progresiva instalación al frente de los nuevos núcleos de poder emergentes, las sedes episcopales. se podría afirmar que se asiste a una elitización del poder episcopal, proceso que se conoce relativamente bien en el caso de la iglesia hispalense, no en vano se trata de la capital de la provincia, diócesis que mantenía relaciones directas con la sede central de Roma. También se tienen noticias de algunos miembros de estas élites a través de epítetos de inequívoca ascendencia romana como los de clarissimus e inlustris, que algunas inscripciones funerarias de la zona ofrecen, aunque ninguno ha sido hallado en el área intrabética, sino en las vecinas áreas próximas a la ciudad de sevilla11. Muy ilustrativo Moreno lo ubica como un jefe de un grupo de vándalos desgajado del grueso que pasó a África, L. a. García Moreno, Leovigildo..., 44-45. 10 Para entender mejor la compleja serie de acontecimientos que tuvieron lugar durante la primera mitad del siglo V en Hispania sirve de guía el ya citado libro de P. Ubric y también puede resultar de utilidad J. arce, Bárbaros y romanos en Hispania. 400-507 A.D (Madrid 2005). 11 F. salvador Ventura, “La Hispalis tardoantigua entre los siglos V y Viii: de baluarte de la aristocracia meridional a pilar del reino visigodo de Toledo”, a. Jiménez sancho (ed.), La catedral en
238 FRANCISCO SALVADOR VENTURA Habis 43 (2012) 233-247 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 para definir estas élites y su protagonismo tras la derrota del general romano Vito resulta el fragmento de García Moreno con el que se abre este epígrafe, algo más ampliado en el párrafo siguiente: “sin duda que el fracaso de la expedición de Vito, la última comandada por un general del imperio en estas tierras, y la reacción ante ella suscitada entre los provinciales pudieron ser así causa no pequeña en el surgimiento y cimentación en el mediodía hispánico de poderes locales más o menos autóctonos, basados en las grandes ciudades de la región y en los epígonos de la aristocracia meridional, a la que la jerarquía eclesiástica cada vez más iba a ofrecer el apoyo de unas estructuras acostumbradas tanto al gobierno de las personas como, sobre todo, de las almas. Poderes y autonomías locales que habrían de jugar un papel histórico nada despreciable en estas tierras durante más de un siglo con posterioridad al desastre de Vito”12. 2. Co n f l i C t o : v i s i g o d o s y b i z a n t i n o s e n p U g n a p o r l a z o n a (s e g U n d a m i t a d d e l s i g l o vi) A partir de mediados del siglo VI tres fuerzas se disputan el control del área meridional: los bizantinos, los visigodos y la aristocracia autóctona. Los primeros desembarcan con la intención de aprovecharse de un conflicto dinástico para adueñarse del reino visigodo... Los visigodos tras la llegada de los orientales se preocupan en gran medida por su presencia y por dominar el Sur ante la posibilidad de que éste se uniese a los invasores ... La aristocracia meridional pretendía permanecer en su cómoda situación de autonomía13. a mediados de la centuria siguiente toda el área se vio envuelta en un conflicto en el que estaba en juego la suerte posterior de Hispania, cuyos contendientes fueron dos fuerzas con ambiciones de controlar la totalidad de la Península. De un lado, se hallaban los visigodos instalados ya al sur de los Pirineos, pero lejos de haber dominado aún la totalidad del territorio peninsular, y de otro los bizantinos, quienes durante el reinado del emperador Justiniano pretendieron la reconstrucción del imperio Romano, poniendo en práctica su política de Renouatio Imperii. Los primeros desde el norte se intentaban proyectar hacia la aún en su mayor parte autónoma región del interior del valle del Guadalquivir y los segundos se la ciudad. II, De Isidoro a Abd Ar Rahman (sevilla 2006) 14-15. 12 L. a. García Moreno, Historia de España visigoda (Madrid 1989) 58-59. 13 F. salvador Ventura, Hispania meridional entre Roma y el Islam. Economía y sociedad (Granada 1990) 74.
239 EL CENTRO DE ANDALUCÍA ENTRE LOS SIGLOS V Y VII: DE LAS CIUDADES … Habis 43 (2012) 233-247 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 querían extender hacia el interior partiendo de la seguridad de las bases costeras que acababan de emplazar en el sur y sureste mediterráneos. El resultado fue que durante la segunda mitad del siglo Vi la zona se convirtió en un área fronteriza, en una suerte de tierra de nadie (desde el punto de vista de los ‘invasores’), cuyos dirigentes aristocráticos no dieron muestras reconocibles de decantarse claramente por uno u otro bando, lo cual explica el estancamiento producido en la situación durante años. Definitivos para la resolución del conflicto resultaron tres hitos de gran trascendencia para el decurso de los acontecimientos: las conquistas sistemáticas del rey visigodo Leovigildo, el fracaso de la revolución de su hijo Hermenegildo y la conversión de los visigodos al catolicismo de su otro vástago y sucesor al frente del reino Recaredo. Pero es necesario remontarse a los antecedentes directos del conflicto, para observar cómo concurren los diversos agentes al enfrentamiento14. Ya se ha visto cómo desde mediados de la centuria anterior la zona meridional se mantenía al margen de cualquier entidad política de envergadura, mientras era gobernada gracias a la gestión de las diferentes oligarquías ciudadanas. En la década de los años treinta y cuarenta del siglo Vi, la situación cambió bruscamente al aparecer en el escenario dos poderosos actores. De un lado el imperio bizantino, bajo el mandato de Justiniano, se había propuesto la reconstrucción de los límites anteriores que abarcaban la totalidad del Mare Nostrum. El primer paso se había dado en el norte de África con el reino vándalo, el segundo con el reino ostrogodo de italia, mientras se hallaba apostado en una fortaleza en Septem, del otro lado del Estrecho, a la espera de la ocasión propicia para conseguir el tercero, para hacer lo propio con Hispania. En la otra vertiente, los visigodos se habían instalado ya en la Península y controlaban el nordeste y el centro, de manera que ante la cercanía física del enemigo acechante se proyectaron hacia el sur, para estar preparados ante la más que segura eventualidad, estableciendo el rey Teudis (531-548) su centro de operaciones en Hispalis. sin embargo, esta presencia goda en el bajo Guadalquivir no implicaba el control directo del resto de los territorios meridionales, algo que no debe darse por supuesto al no existir ninguna evidencia para sostener este particular. Los bizantinos habían procedido hasta ahora aprovechando la ocasión de alguna disputa sucesoria para declararse partidarios de uno de los bandos contendientes y con ello intervenir directa y eficientemente. La oportunidad fue brindada por la rebelión del noble godo atanagildo (551-555) contra el soberano agila (549-555) que partió precisamente de la ciudad hispalense, para la que el primero acudió a la más cercana solución de solicitar la ayuda de los imperiales. Pero, tras conseguir rápidamente su objetivo de acceder al trono, pasó a combatir a sus anteriores aliados orientales, de manera que el exiguo ejército enviado desde bizancio prefirió, en vez del enfrentamiento abierto, hacerse fuerte en la franja costera mediterránea 14 F. salvador Ventura, Hispania meridional..., 28-33.
240 FRANCISCO SALVADOR VENTURA Habis 43 (2012) 233-247 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 del sur y sureste, bastante fácil de defender gracias a las características orográficas de la zona y mantenerse a la expectativa de una situación más favorable15. si se permaneciera en este punto sin profundizar aún más, se estaría ante la versión tradicional de enfrentamiento entre visigodos y bizantinos. a continuación, se asistiría a una retahila de acontecimientos, muchos de los cuales carecerían de sentido, al menos en un principio. No se podría entender cómo una sola ciudad, Córdoba, pudo derrotar a un ejército visigodo, o bien, cómo es posible que el temible y poderoso ejército imperial, que, además, compartía las creencias religiosas de la mayor parte de la población hispana, no consiguiera en poco tiempo hacerse con el control de toda la Península. La respuesta a tales interrogantes solamente puede obedecer a la existencia de una tercera fuerza, que no aparece nítidamente personalizada en las fuentes, ni en un discurso belicista tradicional, pero que de una forma callada estuvo presente en los acontecimientos, la población hispanorromana de la zona meridional16. Pero sería más exacto decir la aristocracia meridional, que venía rigiendo sus destinos de forma independiente desde mediados de la centuria anterior. No hay que perder de vista, además, que la práctica totalidad de la población residente en el área meridional no pertenecía a ninguno de los dos primeros bandos enfrentados, y que si ésta se hubiera inclinado por los imperiales, su apoyo habría contribuido con claridad a la consecución de sus pretensiones, y no precisamente a quedar replegados en una estrecha y segura franja costera. Ello no quiere decir tampoco que estuviera de parte de los visigodos. Prueba de esto se encuentra en el hecho de que, como se ha señalado, una sola de las ciudades del sur consiguiera mantenerlos a raya y de los esfuerzos que posteriormente hubo de realizar el rey Leovigildo para lograr su sumisión. así pues, es evidente que esta fuerza existía y que jugó un papel difícil de definir, pero que se puede aislar como la ausencia de una postura clara y uniforme en favor de alguno de los dos contendientes y la intención de proseguir con la reciente práctica de gobiernos locales. Cuando llegara a producirse una opción clara, la suerte estaría echada a favor del sentido en el que se inclinase, tal y como en efecto se pudo corroborar algunos años más tarde. Un brusco giro en la situación se originó tras el ascenso al trono visigodo de un soberano de fuerte personalidad, que influyó considerablemente en la situación, Leovigildo (569-586). Tras su designación comenzó una política sistemática orientada en tres direcciones, a saber: fortalecimiento del poder real, para lo que se dedicó a imitar a bizancio17; consecución de la unidad territorial de toda la 15 Un relato pormenorizado sobre el contexto mediterráneo en la época y sobre las circunstancias de la llegada de los bizantinos a la Península se encuentra en M. Vallejo Girvés, Bizancio y la España tardoantigua (ss. V-VIII). Un capítulo de historia mediterránea (alcalá de Henares 1993). 16 Esta variable del conflicto es fundamental en la interpretación ofrecida en F. salvador Ventura, Hispania meridional..., 37-38. 17 K. F. stroheker, “Leovigild”, Germanentum und Spätantike (Zurich 1965) 134-191.
241 EL CENTRO DE ANDALUCÍA ENTRE LOS SIGLOS V Y VII: DE LAS CIUDADES … Habis 43 (2012) 233-247 - © Un i v e r s i d a d d e se v i l l a - i.s.s.N. 0210-7694 Península bajo su poder, para lo cual desarrolló una incansable actividad militar; y unificación religiosa de toda la población del reino, bajo las creencias arrianas profesadas por los visigodos. Los dos primeros objetivos los consiguió ampliamente, mientras en el tercero se topó con la firme reacción de numerosos obispos que le llevó a desistir. sería su sucesor Recaredo quien culminó la tarea política del progenitor, pero cambiando de signo, con su conversión y la de los visigodos al catolicismo. En consonancia con sus pretensiones territoriales, Leovigildo desarrolló una serie de campañas en la zona meridional contra los bizantinos18 -las aparentemente menos afortunadasy contra ciudades19 -como Córdobay territorios20 -como la Orospedameridionales -las más exitosas-. La secuencia cronológica es bastante elocuente acerca de las intenciones del monarca godo, si se tiene presente como punto de partida que estaba sometido a la monarquía goda poco más que el bajo Guadalquivir. En primer lugar, dirige su atención a nuestra zona, la que el cronista Juan de biclaro denomina loca bastetaniae et malacitanae. Tras ambas denominaciones genéricas se esconden las dos áreas intrabéticas que se sitúan a espaldas de los dos grandes núcleos bizantinos hispanos, Cartagena y Málaga respectivamente. Los ataques no parecen estar dirigidos contra los territorios bizantinos, sino contra las zonas limítrofes, con el doble objetivo de mantenerles bajo vigilancia y de evitar los posibles contactos con el Medio y el alto Guadalquivir, zonas gobernadas por las correspondientes aristocracias de la zona, aún no sometidas a su poder. Consiguió su objetivo en 570 y dos años después se empleó en someter la ciudad de Córdoba, diu rebellis para los visigodos. sólo restaba unos años más tarde, en 577, someter el área de la Orospeda para culminar el control de todo el interior meridional21. así pues, al final de su reinado, salvo la zona dominada por los imperiales en la franja costera, la mayor parte del área meridional estaba bajo su control. aunque durante mucho tiempo un gran número de historiadores, algunos de ellos todavía en la actualidad, han deducido de estas noticias que el medio y alto valle del Guadalquivir eran zonas dominadas por los bizantinos, puesto que el monarca visigodo se vio obligado a someterlas manu militare, parece claro desde hace algunas décadas que la clave interpretativa está en consonancia con la existencia de ese tercer vector en el conflicto insuficientemente considerado hasta fechas recientes22. Cuando parecía que la situación se estaba decantando del lado visigodo surgió un nuevo e inesperado conflicto que estuvo a punto de dar al traste con la 18 ioh.-bicl. Chron. a. 570. 2. 19 ioh.-bicl. Chron. a. 572. 2. 20 ioh.-bicl. Chron. a. 577. 2. 21 P. Castillo Maldonado, La época visigótica en Jaén. Siglos VI y VII (Jaén 2006) 51-69. 22 Entre otros, son bastante ilustrativos acerca de esta cuestión los tres siguientes: L. a. García Moreno, Historia de España visigoda…, 113-131; F. salvador Ventura, Hispania meridional..., 45-46; M. Vallejo Girvés, Bizancio..., 123-131.