CUADERNOS DEL CEMYR Nº 7,1999 (69-93)
Me cedes BORRERO FERNÁNDEZ
CAMBIOS POLÍTICOS Y PAISAJE AGRARIO
EN LA EDAD MEDIA. EL EJEMPLO DEL
CAMPO ANDALUZ (S. XIII-XV)
Sin duda, una de las elaciones más pe manen es en la his o ia es la que
man iene el homb e y la na u aleza. Una elación que no siemp e es ácil,
que a eces se plan ea como una au én ica ba alla en la que la ic o ia no
co esponde al mismo con endien e en odos los casos. Es cie o que el hom-
b e pa a consegui su supe i encia ha in en ado a lo la go de los siglos
con ola la na u aleza, u iliza la en su p o echo, se i se de ella adap ándo-
la a sus necesidades, pe o ambién es cie o que es ácil encon a ejemplos
cla os del dominio, a eces é eo, que esa misma na u aleza ha eje cido
sob e el homb e.
P ecisamen e po que esa elación ha sido siemp e muy in ensa, ha dado
luga a in e esan es ec eaciones poé icas o li e a ias del paisaje, an o del
en o no ísico que odea al homb e como de aquel que el homb e imagina
más allá de su cí culo ce cano. Pe o quizás donde esa elación se haga más
pa en e, más p ác ica si se quie e, sea en su ida co idiana. Po que el hom-
b e, como bien descub ie on los humanis as, no iene a la na u aleza como
simple elón de ondo del discu i de su exis encia, sino que es á inse o en
ella, depende de ella, necesi a con ola la y modi ica la.
En es e abajo habla emos de un aspec o de esa elación, conc e amen-
e de la acción del homb e sob e el medio ísico que le odea. En una pala-
b a, de su in en o de humaniza la na u aleza sal aje y ap o echa se de ella,
an o ex ayendo de la misma los alimen os básicos pa a su supe i encia,
como modi icando el espacio has a consegui un medio ísico con o able.
Es a acción del homb e sob e el espacio da luga a la apa ición de lo que
se conoce como paisaje ag a io, un espacio na u al con olado po el hom-
b e, que suele e leja , en cada caso, las ca ac e ís icas básicas del g upo
humano que lo cons uyó. Así, paisaje ag a io y ci ilización es án ín ima-
men e elacionados. Dicho de o a mane a, el modo de ida, la men alidad,
la es uc u a económica o la je a quización social del g upo humano que
ocupa un espacio na u al in lui á decisi amen e en el ipo de paisaje ag a io
que esul e.
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1 J. A. Ga cía de Co áza , La o ganización social del espacio en la España medie al. La
Co ona de Cas illa en los siglos VIII a XV, Ba celona, Edi o ial A iel, 1985, p. 12.
Si es e aspec o de la elación homb e-na u aleza la cen amos en la Edad
Media, los ejemplos de los di e en es esul ados ob enidos, de los dis in os
paisajes ag a ios apa ecidos son múl iples. Bás enos eco da el p o undo
e ec o ans o mado que en el paisaje del Occiden e medie al causó el e-
nómeno de las o u aciones en e los siglos XI y XIII. Sin emba go, nues o
obje i o no es an o analiza es os p ocesos gene ales po los que el homb e,
lanzado sin duda po la pu a necesidad, abo da a la na u aleza y la in en a
some e . In en amos i un poco más allá, analizando la in luencia que en es e
p oceso de cambio, de o mación de paisaje ag a io, eje cen es uc u as po-
lí icas p ees ablecidas, en endiendo po ales sociedades consolidadas, con
economías y men alidades especí icas.
Posiblemen e el mejo ejemplo de es e p oceso lo engamos en la España
medie al. Un espacio ísico que du an e ocho siglos i ió un con inuado as-
ase de pode polí ico. El encuen o de una España c is iana y una España
musulmana, de dos ci ilizaciones di e en es que luchan po el mismo e i o-
io, da luga a que ese e i o io, ese espacio ísico, aya cambiando de dueño
y su a, po an o, a iaciones en la cons i ución de sus paisajes ag a ios.
Como bien dijo el p o eso Ga cía de Co áza , habla de espacio en la
España medie al es habla de econquis a y epoblación, es deci de con ol
mili a y ocupación del e i o io musulmán po la población c is iana del
No e. Sin en a al de alle en la p oblemá ica expues a po el ci ado au o en
la In oducción de su ob a, ya clásica, La o ganización social del espacio en
la España medie al1, es e iden e que cuando una sociedad ocupa un espacio
lo o ganiza, lo modi ica, lo adap a, se lo a ibuye plenamen e. Cla o es á que
los esul ados de esa o ganización del espacio, de la c eación de esos nue os
paisajes humanos, depende án de las ci cuns ancias conc e as en las que se
lle e a cabo el con ol y la ocupación del e i o io, es deci de las ci cuns-
ancias en las que se p oduzca la econquis a y la epoblación de ese nue o
espacio. Po supues o que la acción mili a de con ol —el hecho de a -
mas— es un ac o a ene en cuen a, ya sea po que puede p o oca cambios
inmedia os, caso de la exis encia de campañas de as ado as p e ias o en-
en amien os mili a es di ec os, o, p ecisamen e, po lo con a io, es deci
po p opicia un as ase del espacio sin modi icación alguna, caso de las
endiciones pac adas sin lucha. Sin emba go, los g andes cambios en el pai-
saje se p oducen ealmen e con la ocupación humana, es deci con la epo-
blación, enómeno a a és del cual la sociedad se elaciona di ec amen e
con ese nue o espacio ísico.
Pa a en ende los di e en es esul ados de esos cambios en el paisaje
hay que ene en cuen a dos ac o es p imo diales: el ipo de sociedad que
epuebla y la si uación p e ia del espacio a epobla . Po lo que se e ie e a
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la sociedad ocupado a del espacio, su di e en e g ado de je a quización, de
consolidación polí ica, se ha á sen i de o ma cla a en el esul ado espacial,
en el ipo de paisaje que o je. Quizás el mejo ejemplo nos lo dé la p ime a
epoblación, esa que se desa olló en e el siglo IX y X y que u o su escena-
io en ie as leonesas y cas ellanas. Mien as que la sociedad leonesa, más
je a quizada, desa olló una epoblación de ipo o icial, en la que se e lejó
p ecisamen e esa je a quización po la p esencia de g andes p opiedades
jun o a pequeñas pa celas que di ícilmen e sob e i ie on a la p esión de las
p ime as, la sociedad cas ellana, que en palab as de Ga cía de Co áza e a
más luida, p opició la llamada epoblación p i ada, y dio luga a un paisaje
colmado de pequeñas p opiedades de ue es aíces y base de un ipo huma-
no y social de la go u u o2.
Pe o e iden emen e no sólo hay que ene en cuen a la sociedad que o ga-
niza el espacio; ambién es undamen al conoce cómo e a ese espacio an es
de se ocupado. En amos aquí en una de las más in e esan es cues iones que
odean es e ema: la he encia que ecibió esa España medie al c is iana en
impa able p oceso expansi o desde el siglo IX. Cie amen e cuando se habla
de la he encia de la España medie al c is iana pensamos de inmedia o en el
legado musulmán, lo cual es lógico dado que es el mundo musulmán el que
alimen a de espacio a esa o a España no eña. Pe o ambién en o no a es a
cues ión, al igual que en el de la sociedad ocupado a de e i o ios, hab ía que
dis ingui cla amen e momen os, épocas y, po supues o, espacios. Así, en el
á ea cas ellana, la he encia musulmana no se hace pa en e has a que se inco -
po a Toledo, es deci , has a que se alcanza la línea del Tajo. Con an e io idad,
se án o as he encias, quizás menos pa en es, quizás menos conocidas y desde
luego menos in ensas, las que asumi án, adap a án o abso be án los nue os
poblado es, imponiendo, eso sí, en el e i o io sis emas más complejos, an o
polí icos, como sociales o económicos. De alguna o ma, es as ca ac e ís icas
p e ias del espacio ocupado has a el Tajo hicie on que el paisaje de la Mese a
no e cambia a al compás de la nue a ealidad social que se le implan aba sin
g andes di icul ades. P ime o ue on las comunidades aldeanas al no e del
Due o, después una es uc u a de poblamien o en o no a g andes núcleos
desde los que una ed de caminos adiales unían dis in as illas y aldeas se-
cunda ias3, es deci , una au én ica je a quización demog á ica de los núcleos
de población en palab as del p o eso Po ela4. Po supues o que, a pa i de
es a línea de on e a del siglo XI, la ocupación del espacio po la epoblación
2 Ibidem, p. 18.
3 A. Ba ios y A. Ma ín, «Demog a ía medie al: modelos de poblamien o en la Ex emadu a
cas ellana a mediados del siglo XIII», S udia His o ica, I, nº 2 (1983), pp. 113-148.
4 E. Po ela, «Del Due o al Tajo», en La o ganización social del espacio..., op. ci ., p. 104.
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debe á con a con una he encia di ícil de soslaya : el bien o ganizado y conso-
lidado mundo musulmán de al-Andalus, un mundo donde había unas edes de
poblamien o y una economía ag a ia que espondían a un modo de ida, a una
ci ilización bien di e en e de la que ocupa ía el e i o io as el con ol mili a
ob enido po la llamada Reconquis a. ¿Cómo a ec ó es e cambio polí ico al
paisaje? Es en es e pun o en el que oma sen ido el í ulo de nues o abajo.
C eemos, y así in en a emos demos a lo, que los cambios de pode polí ico
en un e i o io p o ocan ans o maciones en el espacio ocupado, y lo hacen
po que la sociedad —como decíamos al p incipio— iende a o ganiza el es-
pacio que ocupa de acue do a sus in e eses sociales, polí icos y, po supues o,
económicos.
Ahonda emos en es a cues ión omando como ejemplo el caso andaluz
y más conc e amen e la Andalucía occiden al, cuyo con ol y ocupación se
desa olla en e los siglos XIII y XV. T a a emos de un espacio en el que la
solidez de las es uc u as musulmanas p e ias es incues ionable. Es la zona
de las g andes y mí icas u bes de al-Andalus, de los icos y alabados campos
ag ícolas, de las u as come ciales y los g andes pue os que conec aban el
Islam hispano con el o ien al. Po o a pa e, hablamos de una época —la
baja Edad Media— en la que la sociedad cas ellana es á bien consolidada y
es uc u ada; una sociedad, además, que iene expe iencia de siglos en la
ocupación y ans o mación de e i o ios ajenos, es deci , que pa ece sabe
lo que quie e y puede hace con los nue os e i o ios. ¿Cuál ue el esul ado
de es e encuen o?
E iden emen e los esul ados se pueden analiza desde muchas pe spec i-
as, ya que el espacio se o ganiza an o desde un pun o de is a ísico, como
social o pu amen e adminis a i o. Noso os cen a emos el análisis, an e la
imposibilidad de hace lo en odo su conjun o, en la o ganización ísica, que
es, además, la que de o ma más cla a e leja los cambios en el paisaje. Habla-
emos así de paisaje humano y de paisaje ag a io, dicho en o as palab as, de
cambios en la es uc u a del poblamien o y de cambios en la dis ibución de
los di e en es cul i os en el espacio u al de la Andalucía bajomedie al y, con-
c e amen e del e i o io bajo con ol de la ciudad de Se illa.
CAMBIOS EN EL POBLAMIENTO5
El p opio í ulo del epíg a e supone que pa imos de la base de que hubo
modi icaciones en el poblamien o al pasa el e i o io del bajo Valle del
5 Es e apa ado es un ex ac o de un es udio más de allado que p esen é al Cong eso in e -
nacional conmemo a i o del 750 ani e sa io de la conquis a de Se illa po Fe nando III
con el í ulo, «El poblamien o u al se illano an es y después del Repa imien o», Se i-
lla, 1248. 750 ani e sa io de la inco po ación de Se illa a Cas illa (en p ensa).
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Guadalqui i de manos musulmanas a manos c is ianas, lo que, en p inci-
pio, pa ece p esupone que conocemos la ealidad an e io al as ase de
pode polí ico en la zona. ¿Cómo e a el poblamien o en el e i o io u al de
la Se illa almohade?
Se illa e a la capi al de una co a, de una p o incia muy amplia que,
según Ra ael Valencia, co espondía en g an pa e a la an igua di isión o-
mana, el llamado con en us de Hispalis. Es e mismo au o , en la desc ipción
que hace de las subdi isiones in e nas que p esen a la co a, los llamados
aqalim, e una in e esan e ealidad en cuan o al poblamien o6. Las di isio-
nes de la co a se iden i ican como coma cas na u ales, lo que se co espon-
de ía pe ec amen e al o igen e imológico del é mino que las designa: clima7.
Así, y pa iendo de es a ealidad, se pe ila una o ganización e i o ial que
no iene como base la p esencia de un núcleo de población impo an e, espe-
cie de cabece a de dis i o, sino que simplemen e son e i o ios di e encia-
dos en e sí como espacios na u ales especí icos. De la Ma isma a la Sie a,
de la Ribe a a las onduladas colinas del Alja a e, se dibuja on en el espacio
nada menos que once dis i os di e en es en e sí. P ecisamen e es a misma
ealidad, es e ue e peso de las coma cas na u ales en las di isiones admi-
nis a i as, la e emos en época c is iana. Sin cae en de e minismo geog á-
ico, es e iden e que las dema caciones adminis a i as u ie on en cuen a
la ealidad pu amen e ísica del e i o io.
Cla o que habla de di isiones adminis a i as no es exac amen e habla
de poblamien o. Y en es e sen ido, el conocimien o que enemos de la eali-
dad musulmana an e io a la conquis a es muy escaso. Se han hecho ap oxi-
maciones al ema a a és de es udios de la oponimia, así como de la
signi icación, a eces exclusi amen e ilológica, de é minos como alque-
ía, macha , o de aquellos que designan o es o sis emas de ensi os más o
menos complejos. Sin emba go, es o poco nos acla a, ya que la signi ica-
ción de es os é minos a ía mucho según la zona geog á ica a la que se
e ie an y según el iempo his ó ico en el que nos cen emos. Como a i ma
el p o eso Vall é, la iple denominación que eciben los núcleos que com-
ponen un dis i o —alque ía, o e y cas illo— enía un sen ido de di e en-
ciación ísica, social e incluso iscal, que hoy día se nos escapa8.
6 Ra ael Valencia, La Se illa musulmana has a la caída del Cali a o, Tesis Doc o al inédi a
(1986).
7 J. Vall é, La di isión e i o ial de la España musulmana, Mad id, 1986, p. 236. Es e
au o piensa que, si bien no se puede asigna con segu idad al é mino iqlim el signi ica-
do de coma ca na u al, es muy posible que en de e minados casos se co espondie an
ambos é minos.
8 J. Vall é, op. ci ., p. 242. Al espec o es in e esan e esal a el caso del é mino alque ía.
Según odos los a abis as consul ados, la alque ía se ía la mayo en idad de población de
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De hecho, lo poco que sabemos al espec o es a a és de una uen e
c is iana, conc e amen e del llamado Lib o del Repa imien o. Teó icamen-
e el Lib o del Repa imien o de Se illa, concebido como au én ico ca as o
de las ie as a epa i en e los conquis ado es, al es a ealizado en los
momen os inmedia amen e pos e io es a la conquis a, debe ía e leja con
cie a exac i ud la ealidad espacial de la Se illa almohade. Se i ía, así, de
indicado pe ec o de la o ganización an e io y pun o de pa ida de los u u-
os cambios. Sin emba go, la excelencia de la uen e no es óbice pa a que
p esen e impo an es p oblemas como base pa a un es udio del poblamien-
o. De ellos, quizás el más impo an e sea el hecho de que aunque eó ica-
men e desc ibe una ealidad poblacional musulmana aún in ac a, esa ealidad
ue alo ada y ap eciada po no musulmanes, es deci po el nue o pode
polí ico cas ellano. Sin duda, la Jun a de Pa ido es nomb ada po el mona -
ca pa a ealiza el in en a io de ie as a epa i incluyó si no odos, una
g an mayo ía de los luga es de hábi a que el e i o io p esen aba, incluso
ealiza on mediciones de ie as, pe o ¿en endie on lo que eían?, ¿ e leja-
on en su lib o la ealidad del poblamien o, o simplemen e la in e p e a on a
su mane a?
Es e cúmulo de p oblemas p e ios no nos debe impedi una ap oxima-
ción al ipo de poblamien o que p esen aba la zona u al se illana en la p i-
me a mi ad del siglo XIII, es deci con an e io idad a la conquis a. Como ya
hemos dicho, el e i o io es aba di idido en una se ie de dis i os, en mu-
chos de los cuales no había un núcleo ec o . Po supues o que es o no quie e
deci que es a zona u al no u ie a núcleos de población impo an es, sino
simplemen e, como ya ad e imos, que és os no e an la base de la o ganiza-
ción e i o ial. Además de es os g andes núcleos —muchos de ellos de muy
an iguo o igen y con ue es sis emas de ensi os—, se es ablecía una ed de
poblaciones meno es que pod íamos llama aldeas, jun o a las que apa ecen
las mí icas alque ías. Sin en a en la posible polémica de la signi icación de
es e é mino —ya expues a en cie a mane a con an e io idad—, c eemos
pode a i ma que las alque ías apa ecen, en el e i o io se illano y en los
momen os an e io es a la conquis a, como en idades u ales ca ac e izadas
po su unidad en la p opiedad. Se ían así sinónimo de g an inca y como al
ca ác e u al, equi ald ía al concejo cas ellano y end ía un núcleo de población, un
e i o io y una ju isdicción sob e el mismo; un e i o io és e en el que se localiza ían
aldeas o núcleos meno es. Como de inición eó ica, no le negamos alo a es a desc ip-
ción de la alque ía musulmana, sin emba go pie de odo sen ido cuando se con abilizan
las alque ías de una co a a pa i de de e minadas uen es á abes y nos encon amos con
más de 1.000 en é minos como el de Có doba o Niebla —sin con a que en el p ime o
de los casos exis ían o os 450 encla es singula izados po su ca ác e mili a —. Es
e iden e que el ipo de poblamien o que e leja una alque ía en época musulmana nada
iene que e con lo que en el mundo c is iano de la época se denomina ía concejo o illa
u al.
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p esen a ían un case ío más o menos complejo de i ienda p incipal, depen-
dencias ag ícolas y alojamien o pa a una población elacionada di ec amen-
e con la explo ación y man enimien o de la misma. Dado el desconocimien o
que enemos de la es uc u a de la p opiedad de la ie a y especialmen e de
los sis emas de explo ación que se emplean en es a Se illa musulmana, di í-
cilmen e podemos calib a el peso poblacional que es as alque ías u ie on.
Es posible que nos encon emos an e una ealidad que no iene compa ación
alguna con los ipos clásicos de hábi a que se pe ilan en la ci ilización
c is iana. Es amos an e luga es de habi ación, pe o dudamos que es emos
an e núcleos de población en un sen ido ju ídico pleno, al menos desde el
pun o de is a de la ci ilización c is iana. A es a conclusión llegamos con
los da os que apo a el Lib o del Repa imien o de Se illa. Según és e, en la
coma ca del Alja a e apa ecen con abilizadas unas 220 —se ían una peque-
ña pa e de esas supues as 8.000 de las que habla Al-Himya i9—, mien as
que en o as zonas, caso de la Campiña, no se mencionan siquie a. Po el
con a io, en es a úl ima coma ca se habla de o es y macha es, oponimia
que en ningún caso se con unde con núcleo de población10.
¿Cómo se dis ibuyen en el e i o io es os ipos de núcleos de hábi a ? En
o as palab as, ¿cómo e a la es uc u a del poblamien o en la Se illa que he e-
dan los cas ellanos? C eemos que odos los indicios apun an a la exis encia de,
al menos, es zonas bien di e enciadas en cuan o a su poblamien o11:
- La Sie a, en la que pa ece que las illas y luga es exis en es man ie-
nen una es uc u a más o menos secula , siguiendo las g andes líneas de
comunicación exis en es desde época omana12.
- La Campiña, en endida como campiña se illana, se p esen a como una
zona con escasos núcleos de población y con una si uación de cie o aban-
dono. Se documen an sólo dos núcleos de población —Alcalá de Guadaí a y
Leb ija—, es ando el es o del e i o io ocupado p incipalmen e po o es,
co ijos y, signi ica i amen e, po los denominados illa es que Julio Gon-
zález iden i ica con incas a uinadas.
9 Al-Himya i, Ki ab a -Rawd al-Mi’ a , Valencia, 1963. T ad. de Mª Pila Maes o Gonzá-
lez, p. 211.
10 Realmen e, la de inición de macha hace e e encia siemp e a un ipo de explo ación
ag a ia —dedicada al ce eal y la ganade ía—, en la que no apa ecen edi icaciones ag a-
ias en núme o su icien e como pa a con undi la con núcleo de población.
11 La in o mación pa a es e in en o de sín esis se ha ex aído de J. González, El Repa i-
mien o de Se illa, Mad id, 1951.
12 Dado que es a zona no en ó en el epa o po meno izado de ie as ealizado en los años
50, conocemos su es uc u a de poblamien o sólo a a és de las g andes concesiones
del mona ca a ins i uciones — ipo ó denes mili a es o iglesia hispalense—, así como
po la asignación de muchos de sus pueblos al concejo se illano.
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- El Alja a e y la Ribe a. Sin duda la zona mejo documen ada dado que
ue la que i ió más in ensamen e el epa o de ie as. T adicionalmen e se
la ha conside ado como la pe la del e i o io se illano y en ese sen ido se
exp esan odos los c onis as y iaje os que hablan de ella a lo la go del pe-
iodo de dominación musulmana. En e sus elogios apa ece siemp e el he-
cho de es a bien poblada, de posee nume osas alque ías y un núme o
impo an e de lo que desde el pun o de is a c is iano llama íamos illas. El
Id isi habla de la exis encia en es a coma ca de nada menos que ocho nú-
cleos de población impo an es13. Exage ación o no, lo cie o es que a me-
diados del XIII se con abilizan en es a coma ca cua o g andes illas, más
o as es de meno en idad a las que igualmen e podemos da les el ca ác e
de núcleo de población impo an e. A es o suele añadí sele un ele ado nú-
me o de alque ías, que, de nue o según los c onis as musulmanes, ma ca-
ban con un signo ca ac e ís ico el paisaje u al de la zona. Se ían esas
es ellas blancas sob e un ma de oli os de las que hablaba un poe a musul-
mán y que no son sino la plasmación li e a ia de un paisaje ag a io que
esponde a un sis ema económico y a una ealidad social que p opicia la
exis encia de un paisaje mucho más humanizado, más densamen e ocupado,
que el de las o as dos g andes coma cas desc i as.
¿Qué cambios se p oduje on sob e es a ealidad he edada as la con-
quis a c is iana? En los úl imos años se ha esc i o mucho y bien sob e la
in ensa polí ica de eo ganización que lle ó a cabo la Co ona en la zona que
nos ocupa. La eo ganización de las di isiones adminis a i as —caso de la
concesión de al oz a Se illa— se p oduje on a los pocos años de la capi ula-
ción. Po supues o, ambién de o ma inmedia a, las múl iples concesiones a
amilia es del ey, allegados a la co e, ins i uciones eclesiás icas y g andes
pe sonajes de la sociedad del momen o pusie on en ma cha lo que hab ía de
se un cambio p o undo en la concepción del espacio he edado14.
En diciemb e de 1252, el hijo del mona ca conquis ado o o gaba a Se-
illa, en dos impo an es p i ilegios odados, un amplísimo e i o io como
al oz. El obje i o e a cla o: hace de Se illa una g an ciudad. El que había
sido el obje i o polí ico más ansiado po Fe nando III, se con e ía así en una
de las u bes con mayo al oz de la Península. En e ec o, se amplió lo que
había sido co a musulmana, sumándole a la misma g an pa e de los e i o-
ios de o as co as, caso de la de Cons an ina —co a de Fi ish— al No e, o
13 Id isi, Geog a ía de España, Valencia, 1974, p. 15.
14 Además del clásico lib o, ya ci ado, de J. González, El Repa imien o de Se illa, en los
úl imos años M. González Jiménez ha e omado el ema en a ios abajos, en e los que
des acamos los siguien es: «Bases demog á icas, económicas y sociales de la Se illa
al onsí», en M. González Jiménez, M. Bo e o Fe nández e I. Mon es Rome o-Camacho,
Se illa en iempos de Al onso X el Sabio. Se illa, 1987, pp. 15-94. En o no a los o íge-
nes de Andalucía. La epoblación del siglo XIII, Se illa, 1988. Del mismo au o , «Anda-
lucía Bé ica», La o ganización social del espacio..., op. ci ., pp. 163-194.
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CAMBIOS POLÍTICOS Y PAISAJE AGRARIO EN LA EDAD MEDIA 77
la de Mo ón, si uada al Es e de la capi al. En conjun o, una ex ensión de
ie as an inmensas como nunca había dis u ado Se illa a lo la go de su
his o ia.
Sin emba go, p ecisamen e en es e p ime g an cambio ealizado po el
nue o pode polí ico ins alado en la zona, enemos un cla o ejemplo de que
el espacio no puede se ans o mado a p io i, y que es la sociedad en su
conjun o, con la pues a en ma cha de su i mo i al, con el cumplimien o de
sus necesidades económicas y ambién de sus exigencias sociales, la que
modela el espacio, lo cambia y lo hace p opio. En e ec o, muy p on o se io
que el amplísimo al oz concedido a Se illa e a más eó ico que eal, po lo
que los cambios ue on inmedia os. En es e caso, se puede a i ma que ue
la sociedad —en endiéndola en su sen ido más polí ico— la que a a e o -
ma , a eces d ás icamen e, esa p ime a delimi ación del al oz ealizada po
Al onso X. Sin en a en de alles, ya que es és a una cues ión bien deba ida15,
di emos simplemen e que el e i o io adjudicado a Se illa se edujo de o -
ma conside able, adap ándose más a la que había sido di isión adminis a i-
a an e io , aunque siemp e con una ex ensión supe io , especialmen e po
el No e. Los mo i os de la emodelación ue on undamen almen e polí i-
co-mili a es y, po an o, la delimi ación de ini i a del e i o io se illano
espondió a azones de es a egia de ensi a, en un p oceso de cons ucción
de una on e a más e ec i a an o en e al eino g anadino, como en e al
ecino del Oes e, Po ugal16.
Así, el al oz quedó cons i uido en la segunda mi ad del siglo XIII po la
suma de una se ie de dis i os que pueden iden i ica se pe ec amen e con los
aqalim musulmanes de la co a se illana, y que, como decíamos, espondían a
coma cas na u ales. El Alja a e, la Ribe a, la Sie a y la Campiña, jun o a la
zona de Ma ismas, cons i uían un ico legado na u al de la e apa an e io .
Pe o si en la delimi ación ju ídico-adminis a i a el pasado, al es a
ma cado po azones de ipo geog á ico, se man u o en g an medida, la ed
15 M. Bo e o Fe nández, «El concejo de Se illa», en M. González Jiménez, M. Bo e o
Fe nández e I. Mon es Rome o-Camacho, Se illa en iempos de Al onso X, op. ci ., pp.
100-156. De la misma au o a, «La on e a de Se illa con el eino de G anada en
iempos de Al onso X», en IV Coloquio de His o ia medie al andaluza, Alme ía, 1988,
pp. 5-22.
16 La p oblemá ica de es a on e a en el siglo XIII ha sido analizada po F. Pé ez-Embid, La
on e a en e los einos de Se illa y Po ugal, Se illa, 1975. Hace poco, una e lexión
in e esan e sob e el ema la hace F. Ga cía Fi z, «Los con lic os ju isdiccionales, a icu-
lación e i o ial y cons ucciones mili a es a inales del siglo XIII en el al oz de Se illa:
la Sie a de A oche», A chi o Hispalense, 230, (1992), pp. 24-51. Es amos, además,
an e unos con lic os y delimi aciones e i o iales que se man end án en el iempo, como
es ácil e en M. González Jiménez, «Con lic os on e izos en la Sie a de A oche. El
plei o de Ba ancos (1493)», Huel a en su His o ia. Miscelánea his ó ica, La Rábida,
1986, pp. 193-200. La o a zona on e iza es analizada en M. Bo e o Fe nández, «La
on e a de Se illa con el eino de G anada en iempos de Al onso X», op. ci .
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zonas coma cales desc i as, sino que p edomine un ipo conc e o de illa,
pequeña po sus dimensiones poblacionales —en e 100 y 300 ecinos—,
pe o aglu inado a de una g an pa e de los e ec i os humanos de la coma ca,
ya que acogen a más del 50% de los mismos. El esul ado de la o ganización
del espacio po los cas ellanos es e iden e: el Alja a e de ines del siglo XV
nada iene que e con esa poé ica imagen del dis i o en época musulmana
en la que se ap ecia un escaso núme o de illas odeadas po una ap e ada
ed de alque ías. Sin emba go, como decíamos, la he encia pe manece. Sin
duda es es e un buen ejemplo de que la nue a sociedad —en endida en su
sen ido amplio y no sólo polí ico— que se es ableció en es e espacio no
hizo, como a eces se ha dicho, abla asa de la si uación an e io ; muy al
con a io, la asimiló y la ans o mó, la adap ó a sus necesidades sociales y
económicas, con lo que, si bien la endencia a la concen ación del pobla-
mien o se desa olló, no hizo desapa ece la ca ac e ís ica más singula del
hábi a de la coma ca: la p oximidad geog á ica de sus núcleos de pobla-
ción, es deci , su denso poblamien o.
CAMBIOS EN EL PAISAJE AGRARIO
Si la ed de poblamien o cambia al aplicá sele unas es uc u as polí i-
cas, sociales y económicas di e en es, no esul a di ícil admi i que ambién
el paisaje ag a io, el mapa de los cul i os, se modi ica a as la conquis a del
e i o io po los cas ellanos. Aho a bien, como en el ámbi o de análisis an-
e io , el pun o de pa ida, la he encia paisajís ica musulmana, no es bien
conocido. Es cie o que los c onis as y sob e odo los iaje os musulmanes
desc iben es a zona con elogiosas palab as; quizás po ello la imagen que se
enía del Valle del Guadalqui i en el No e c is iano e a casi mí ica, has a el
pun o de de ini la zona como un pu o e gel: ie as é iles, hue as magní-
icas y oli a es p oduc o es de excelen e acei e; nada compa able a las ie-
as de secano de la Mese a. Sin emba go, la ealidad que encon a on los
cas ellanos no se co espondía exac amen e con es a imagen.
Esa ealidad la conocemos sob e odo a a és del ya ci ado ca as o de
ie as que és os úl imos ealiza on de o ma inmedia a a la conquis a. Se-
gún el Lib o del Repa imien o, la zona u al ce cana a la ciudad p esen aba
en los años 50 del siglo XIII una cla a si uación de descuido, de abandono,
cuando no de des ucción. El ce co de la ciudad, las campañas de de as a-
ción y cas igo po pa e de las opas cas ellanas, muy p olongadas en el
iempo, causa on cla amen e una deg adación del paisaje ag a io. Los da os
son cla os. Mul i ud de oli a es quemados en el Alja a e, macha es y co i-
jos despoblados y abandonados de cul i o en la Campiña, son, en e o as,
p uebas e iden es de que la he encia musulmana llegó en ela i as malas
condiciones a manos de los nue os ocupan es del e i o io. E a e iden e
que había que pone en ma cha de nue o la ag icul u a de la zona.
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CAMBIOS POLÍTICOS Y PAISAJE AGRARIO EN LA EDAD MEDIA 85
Pe o es a pues a en ma cha del campo se illano se lle a ía a cabo as el
Repa imien o, es deci , con nue os p opie a ios y con una cla a des ucción
de las es uc u as básicas sob e las que se había sus en ado el paisaje ag a io
musulmán: las incas, las pa celas, ya no e an las mismas. Y no sólo es o, el
nue o pode polí ico que ocupaba la zona ep esen aba un ipo de ida di e-
en e, una men alidad económica dis in a y ambién, —po qué no deci lo—,
unos gus os alimen icios dis in os.
Hubo, además, un ac o que no podemos ol ida . Como imos en el
apa ado del poblamien o, la o ganización del e i o io p e is a y decidida
po el pode no dio buenos esul ados. A los pocos años de la conquis a,
buena pa e de los epoblado es c is ianos se ma chan y el g ueso de la po-
blación u al —los mudéja es— son expulsados. Así pues, la imagen de los
campos debió se básicamen e de desolación y abandono28. Es e iden e que
la zona i e en la segunda mi ad del siglo XIII un in enso p oceso de e oce-
so de cul i os, de abandono de campos y de ampliación de á eas con o ma-
ciones ege ales na u ales. Una si uación que se p olonga á a lo la go del
XIV, y que sólo en el XV, con la apa ición de un ue e c ecimien o demog á-
ico, se consegui á palia .
Di e en es p opie a ios, dis in a es uc u a de la p opiedad de la ie a y
g andes di icul ades pa a el elanzamien o económico de la zona, son ac o-
es que esul an decisi os pa a imp imi un cambio en el paisaje ag a io; un
cambio que se p oduci á en un p oceso na u al de adecuación a las nue as
ealidades humanas, sociales y económicas.
Quizás el cul i o que mejo e leje es e cambio, len o pe o impa able, sea
el de la id. Como es bien sabido, en el mundo islámico exis e una p ohibición
co ánica que impide al musulmán bebe ino. Es cie o que la id se cul i aba
pa a la p oducción de u as de mesa y u as pasas, especialmen e es e úl imo
p oduc o con un g an me cado in e nacional, y po supues o ambién es cie o
que las comunidades mozá abes y judías podían consumi , y consumían, ino
en al-Andalus, po no habla de los musulmanes que lo hacían con a iniendo
lo dispues o po el Co án. Sin emba go, es e iden e que es a si uación ue un
ac o nega i o pa a la expansión de la id en al-Andalus. Y aún hay una
ci cuns ancia más a ene en cuen a. En el pe iodo an e io a la conquis a,
domina en la zona un pode islámico —el almohade— más in eg is a, más
es ic o con las no mas co ánicas, lo que sin duda debió in lui como eno a
la expansión de la id. Es más, hablamos de una época — ines del siglo XII
28 Sólo así se explican los es ue zos epoblado es que se lle a on a cabo a los pocos años
del Repa imien o. Es el caso de la epoblación de Co ia y Puebla del Río, lindan es con
la Ma isma y pue as del Alja a e po el su —1271-1272—; asimismo, la de Alcalá de
Guadaí a —1280—, encla e es a égico pa a la de ensa de Se illa en e al e i o io
on e izo g anadino, o las epoblaciones de pueblos se anos, si uados en la Ru a de la
Pla a, caso de Almadén y el Real de la Ja a —1273—. M. González Jiménez, La epo-
blación de la zona de Se illa en el siglo XIV, op. ci ., p. 26.
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y p ime a mi ad del XIII—, en la que las comunidades mozá abes y judías,
consumido as legales de ino, ienen ya, como consecuencia de un impo -
an e p oceso de emig ación al no e c is iano, una p esencia mínima en
suelo musulmán.
Todo lo dicho nos si úa an e una escasa he encia i i inícola en la Anda-
lucía de mediados del siglo XIII, lo que explica ía la escasez de es e ipo de
ie as en los epa imien os. En e ec o, en Se illa, los lo es de ie as que se
epa en los cons i uyen básicamen e ie a de ce eal y oli a y en mucha
meno p opo ción ie as de iñas. Es más, ni siquie a la p ime a p e isión
de epa o se pudo cumpli . Así, mien as que los caballe os hidalgos debían
ecibi eó icamen e seis a anzadas de iña, en la p ác ica sólo ecibie on
cua o29.
Es a si uación a a cambia muy p on o. El papel del ino en la alimen-
ación medi e ánea medie al es undamen al, po lo que la nue a sociedad
ins alada en el e i o io debe á hace un impo an e abajo de plan ación de
ides. Y así ue. En es e sen ido es in e esan e esal a que la expansión de
los campos de iña se elaciona di ec amen e con el con inuado enómeno
epoblado que hubo que desa olla en la zona30. A lo la go de la segunda
mi ad del siglo XIII y du an e odo el siglo XIV, en la zona del Valle del Gua-
dalqui i , odos y cada uno de los es ue zos epoblado es que lle a on a
cabo ins i uciones polí icas —caso de los concejos—, pa icula es que in-
en a on pone en uncionamien o las g andes p opiedades adqui idas en los
epa imien os y abandonadas en p incipio po al a de mano de ob a, así
como medianos p opie a ios que in en an saca p o echo a sus incas, u ili-
za án la en ega de pequeñas pa celas pa a iñas a campesinos ecién llega-
dos. Los epa os concejiles, las amosas ca as pueblas, o los con a os de
plan ación, ue on los sis emas empleados pa a ello. El esul ado ue la apa-
ición de un nume osísimo g upo campesino p opie a io o usu uc ua io de
pa celas de iña, y po an o la apa ición en el paisaje ag a io de impo an es
anjas i i inícolas, gene almen e en los al ededo es de las ciudades, illas
y aldeas31.
Pe o habla de nume osísimo g upo de campesinos poseedo es de pa -
celas de iña puede no deci mucho, po ello quizás mejo sean las ci as.
E iden emen e és as cambian de unas coma cas a o as. Mien as en el Alja-
29 J. González, op. ci ., . II, p. 207. La misma can idad se p e é pa a Ca mona y Je ez (M.
González Jiménez, En o no a los o ígenes de Andalucía. La epoblación del siglo XIII,
Se illa, 1980, p. 107.
30 No se debe ol ida el acaso de la p ime a epoblación o icial.
31 El p oceso es á es udiado en M. Bo e o Fe nández, «Le ignoble d’Andalousie au bas
Moyen Âge», Le igne on, la i icul u e e la ini ica ion en Eu ope occiden ale, au
Moyen Âge e à l’époque mode ne. Fla an, 11, 1989, pp. 119-146.
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CAMBIOS POLÍTICOS Y PAISAJE AGRARIO EN LA EDAD MEDIA 87
a e, en e el 70% y el 80% de la población ecinal posee alguna pa cela de
iña, en la Campiña la p opo ción baja a un 40% Muy especial es el caso de
las coma cas se anas, donde se llega a supe a en algunos luga es el po -
cen aje del 80% de ecinos p opie a ios de iñas32. Aho a bien, es e al ísimo
núme o de p opie a ios no se aduce en una p imacía de es e cul i o en el
paisaje ag a io. Es amos hablando de campesinos, de p opie a ios o usu-
uc ua ios de pequeñas pa celas que no alcanzan la hec á ea po é mino
medio33.
En cualquie caso, algo es e iden e. La iña se expandió de o ma o-
unda en el e i o io de la Andalucía bajomedie al. Su p esencia es cons an-
e, sea cual sea la coma ca económica a la que nos ace quemos, y ma ca, po
an o, el paisaje u al en los al ededo es de los núcleos de habi ación. Po
supues o que, especialmen e a lo la go del siglo XV, comienzan a pe ila se
zonas en las que se ap ecia una mayo p esencia de la iña; zonas que an a
ene en el cul i o de la id su p incipal mo o económico. En el e i o io
se illano es a ían en es a posición la anja lindan e con la coma ca del Con-
dado de Niebla, ocupada po localidades como Manzanilla o Cas illeja del
Campo, con más del 10% del e i o io ocupado po las iñas de sus ecinos.
Pa ecida si uación i e la zona de Cazalla y Cons an ina en la Sie a. Según
un es udio del p o eso Lade o Quesada sob e el alo de los diezmos del
ino, sabemos que e a la zona de mayo p oducción inícola de Se illa34.
Pe o además conocemos o os da os igualmen e e elado es. Aquí, el po -
cen aje de ecinos p opie a ios no sólo es al ísimo, como ya imos, sino que
las pa celas que poseen son muy g andes. Así, mien as que la media de
supe icie de una pa cela del Alja a e o la Campiña es á en e 1 y 1’5 a an-
zadas, en Cazalla la supe icie media de las pa celas es de nada menos que
cinco a anzadas35. E iden emen e es o se debió e leja de o ma o unda en
el paisaje ag a io.
Po de ás de es as ci as hay una ealidad que no que emos deja de
menciona , po que ambién iene su e ec o inmedia o en la con igu ación
del paisaje u al. Me e ie o al muy ma cado ca ac e social de es e cul i o.
La iña apa ece cla amen e como el undamen o de la economía campesina,
32 Los da os sob e la iña en la Sie a se encuen an analizados en M. Bo e o Fe nández,
«Les igne ons dans la socié é u ale de Sé ille à la in du Moyen Âge», Vigne ons.
Bulle in du Cen e Pie e Léon d’his oi e économique e sociale, 3-4, 1996, pp. 21-40.
33 Así, en el Alja a e, la única coma ca de la que enemos da os globales, las iñas de los
ecinos no supe an las 2.000 hec á eas. M. Bo e o Fe nández, El mundo u al se illa-
no en el siglo XV, op. ci .
34 M.A. Lade o Quesada, «Dos cosechas del iñedo se illano. 1491 y 1494», A chi o
Hispalense, 193-194, 1980, pp. 193-222.
35 M. Bo e o Fe nández, «Les igne ons dans la socié é u ale de Sé ille...», op. ci ., p. 35.
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MERCEDES BORRERO FERNÁNDEZ88
y es á, al menos en es a época y sal o casos excepcionales36, ue a de las
ape encias de los g andes p opie a ios. La ue e dedicación de abajo que
exige el ciclo de cul i o de la iña, así como el que la p oducción i i inícola
andaluza no hubie a encon ado aún, sal o casos excepcionales, un in e e-
san e me cado in e nacional, dio luga a que las g andes ue zas económi-
cas, los g andes p opie a ios de la coma ca, se desp eocupa an de la id.
Sólo así se explica que, cuando encon amos es e ipo de cul i o en e las
posesiones de monas e ios, cabildos ca ed alicios o g andes oliga cas, sus
p opie a ios, gene almen e, no mues an in e és po el mismo. Po lo gene-
al lo en egan, muy pa celado, en en i eusis a campesinos luga eños, con lo
que se puede a i ma que lo u ilizan exclusi amen e pa a asen a mano de
ob a de la que se se i án pa a a ende a los g andes cul i os que les ocupan:
el oli a y el ce eal37.
Es amos, po an o, an e un cul i o, el de la id, que ha ido ocupando el
paisaje ag a io andaluz de o ma in ensa a lo la go de los siglos bajomedie a-
les, dando sen ido a la ida de la mayo pa e de los campesinos de la zona. Un
cambio decisi o con espec o a la he encia ecibida, debido an o a las enden-
cias alimen a ias de la nue a ci ilización que se ins ala en el e i o io, como a
la p opia es uc u a de la sociedad que se implan a en su zona u al.
Muy di e en e ue el p oceso de e olución del paisaje oli a e o. El oli a ,
á bol que ido, alabado y al pa ece mimado po los musulmanes, ue pe ec a-
men e acep ado po los nue os ocupan es del e i o io. En es e caso, es amos
con encidos de que la he encia ue no sólo bien ecibida, sino bien ap o echa-
da y man enida en los lími es na u ales que p opician su desa ollo. Se a a,
además, de una he encia que no sólo se e ie e al cul i o en sí, sino ambién a
oda la in aes uc u a que conlle a su p oducción y su ans o mación en p o-
duc o come cial. Todo un conjun o que da a una coma ca oli a e a un sello
muy especial. Casas seño iales, almacenes, ba acones pa a la mano de ob a
empo e a —las conocidas casas de cogede as o de gañanes— y, po supues o,
los molinos de iga, p ensas pa a la ob ención del acei e de o igen islámico
que aún hoy es án p esen es en cie os paisajes se illanos.
Pe o la he encia no llegó in ac a. El oli a , como cul i o a bó eo que es,
p ecisa de cuidados con inuados pa a man ene un óp imo endimien o. Las
36 Uno de esos casos se encuen a en la Sie a, especialmen e en el zona de Cazalla y
Cons an ina, donde es ácil encon a algunos p opie a ios de medianas ex ensiones de
iñedo pe enecien es a la oliga quía u bana de la ciudad. Posiblemen e, la calidad de
las iñas de la zona y el buen me cado que enían en Se illa explique es a excepcionalidad.
37 Decimos es o po que no c eemos que el in de la polí ica de en egas de pa celas en
en i eusis ue a el de gene a en as, ya que és as son muy bajas y a ec adas además,
dado el égimen ju ídico de la en ega, a una de aluación cons an e. Un análisis po me-
no izado de es a cues ión se puede e en mis abajos, El mundo u al se illano..., op.
ci ., pp. 213-310, y «Le ignoble d’Andalousie...», op. ci .
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CAMBIOS POLÍTICOS Y PAISAJE AGRARIO EN LA EDAD MEDIA 89
ases mili a es p e ias a la capi ulación de Se illa debie on causa en los
oli a es del en o no de la ciudad —p ecisamen e la coma ca oli a e a po
excelencia— se ios p oblemas. Así lo e leja el ci ado Lib o del Repa i-
mien o, en el que algunos oli a es en egados a los caballe os epoblado es
se desc iben como quemados. Es posible que muchos á boles se pe die an y
que el paisaje oli a e o musulmán a da a un iempo en ecupe a se. El len-
o p oceso de desa ollo de la economía ag ícola de la zona, p o ocado en
g an pa e po la escasez de mano de ob a, debió de di icul a la labo . En
cualquie caso, es bien conocida la esis encia y la longe idad de es os á bo-
les, que bien pudie on man ene se en espe a de mejo es iempos pa a ol e
a se la g an iqueza de la coma ca.
Es di ícil sabe si hubo o no una expansión de las zonas oli a e as, as
el necesa io p oceso de ecupe ación, ya que desconocemos la ex ensión del
mismo en época almohade. Lo cie o es que el oli a es á, en época c is ia-
na, p esen e p ác icamen e en odas las coma cas na u ales del al oz se illa-
no, des acando, eso sí, la que había sido zona oli a e a po excelencia en el
pe iodo an e io y que siguió siéndolo en los siglos XIII, XIV y XV: el Alja a e.
En cualquie caso lo que sí pa ece cie o es que no hubo educción del espa-
cio u al dedicado a es e cul i o. Es posible, incluso, que el oli a c is iano
gana a e eno a cos a del o o g an á bol musulmán, la higue a, p esen e
jun o al oli a en cualquie desc ipción de los campos de al-Andalus y me-
nos documen ado que és e en las uen es c is ianas.
Con espec o al cul i o del oli a , an decisi o en la con o mación del
paisaje ag a io andaluz, hay que menciona , al igual que lo hacíamos con la
iña, su elación con lo que pod íamos cali ica de paisaje social, es deci su
elación con un ipo especí ico de p opie a ios. El buen me cado in e nacio-
nal de su p oducción —el acei e— a la ez que las exigencias que es e cul-
i o p esen a en mano de ob a y cuidados con inuos, hizo que el oli a ue a
de alguna o ma monopolizado po un ipo de p opie a io que unía a su
po encia económica —se p ecisan ue es in e siones pa a su pues a en un-
cionamien o— su men alidad de p oduc o , de adminis ado di ec o de sus
posesiones. Nos e e imos a la oliga quía u bana. Un g upo que no sólo
consigue hace se, a lo la go de los siglos XIII y XIV, con impo an es explo a-
ciones oli a e as —a eces median e la p olongada comp a de pequeñas
pa celas—, sino que con ola la o alidad de la p oducción de acei e al oma
en a iendo las g andes p opiedades que el Repa imien o o las donaciones
egias habían en egado a ins i uciones eclesiás icas — an o egula es como
secula es—. Hay, pues, de nue o, una elación di ec a en e ipo de cul i o y
ipo de g upo social que lo con ola38.
38 Es e ema se encuen a analizado en M. Bo e o Fe nández, «Los ecu sos na u ales de
Andalucía: p opiedad y explo ación», Andalucía 1492: azones de un p o agonismo,
Se illa, 1992, pp. 85-122.
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Po úl imo a a emos del paisaje de campos abie os, de campos de
ce eal. ¿Cuál ue la he encia y cuáles las modi icaciones que se p oduje on?
Es bien sabido que el Su peninsula ue siemp e de ici a io de es e p oduc-
o an básico en la alimen ación. En época musulmana, la p esencia ce cana
del llamado g ane o a icano, po o o lado una zona den o de la misma
ó bi a polí ica, no debió de causa especiales p eocupaciones pa a la adqui-
sición de es e p oduc o. Los amplios campos campiñeses si uados al es e de
la capi al del Guadalqui i e an dedicados, po lo que apa ece en el Repa i-
mien o, a es e cul i o anual. Su pe il paisajís ico es abie o, si se quie e
monó ono y, dado el sis ema de explo ación —el bienal o de ba becho—,
combinado con zonas de pas o empo al pa a la ganade ía.
En es e caso, la he encia no es an decisi a. El ce eal es á p esen e en
ambas cul u as, y además, dado que es un cul i o, como decíamos, anual,
los campos no su en po gue as o de as aciones más que la pé dida coyun-
u al de las cosechas o, en odo caso, el abandono empo al, lo que po o a
pa e incluso puede se bene icioso pa a su u u a p oducción. Es posible
que, con el cambio de pode polí ico en la zona, las es uc u as de explo a-
ción de ce eal de época musulmana su ie an modi icaciones, aunque no
c eemos que es o cambia a decisi amen e el paisaje de la zona campiñesa,
dado su ca ác e de paisaje abie o. Reco demos, además, que las in aes-
uc u as ag ícolas que p ecisa es e cul i o no die on luga siemp e —como
en el caso del oli a — a cen os de adminis ación y ges ión pe ec amen e
localizados en el paisaje, sino que és os podían si ua se allí donde el p opie-
a io lo c eye a más opo uno.
Sin emba go, y a pesa de lo dicho, es e ipo paisajís ico, es as zonas de
p oducción ce eale a, an a i i con el cambio polí ico un impo an e p o-
ceso de ans o mación; una ans o mación, además, causada en p incipio
po un ac o pu amen e polí ico-mili a .
En e ec o, la zona ce eale a po excelencia, aunque no exclusi a39, e a la
Campiña. Una coma ca que as la conquis a de Se illa y su e i o io quedó
como on e a con el eino naza í de G anada. Ya eíamos al p incipio que
en el Lib o del Repa imien o es a zona apa ece desc i a como un e i o io
de campos acíos, con nume osos illa es, es deci con an iguas pequeñas
ag upaciones humanas abandonadas y des uidas. En los años que siguie-
on, las co e ías de benime ines y los múl iples a aques del o o lado de la
on e a hicie on de és e un e i o io di ícil. La imagen que nos mues a es
p ueba e iden e de ello: escasa población, dominio de las g andes p opieda-
des y ex ensos seño íos de on e a pe enecien es a ó denes mili a es o a
39 Exis e una amplia zona dedicada al cul i o del ce eal en el ex emo su de la coma ca
alja a eña, conc e amen e el e i o io conocido como Campo de Tejada. M. Bo e o
Fe nández, El mundo u al se illano..., op. ci .
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CAMBIOS POLÍTICOS Y PAISAJE AGRARIO EN LA EDAD MEDIA 91
miemb os de la nobleza. Nos encon amos, así, con una coma ca en la que
abundan los g andes p opie a ios absen is as, poseedo es a eces de eno -
mes ex ensiones de ie a, pe o en la que, como ya imos en el apa ado del
poblamien o, cos ó mucho ins ala población, po lo que la al a de mano de
ob a es e iden e. Es e cúmulo de ci cuns ancias dio luga a que ales ie as
no siemp e ue an cul i adas, es ableciéndose así una impo an e anja de
e i o io, coinciden e con la amplia on e a, donde ol ió a impe a el
ma o al. Fue, po an o, una zona en la que se man u o du an e mucho
iempo una explo ación ganade a, combinada con la más o menos coyun u-
al p oducción de ce eal.
Es a si uación se p olongó a lo la go de los siglos XIII y XIV, y sólo con el
inicio del XV las ci cuns ancias pa ecen cambia ; y con ellas el paisaje, an o
humano como ag a io. El inicio del decisi o cambio puede da a se en 1410,
con la oma de An eque a. A pa i de en onces, la si uación de on e a ac i a
se aleja y comienza a elanza se la ac i idad ag ícola de la zona40. Cla o que,
en muchos casos, el la go iempo anscu ido había p opiciado un a ance de
la que pod íamos llama na u aleza sal aje y, po an o, la pues a en cul i o de
es as ie as debía pasa po una au én ica emp esa o u ado a, que desb a a a
la zona y p epa a a el e eno pa a una nue a e apa p oduc i a.
El p oceso ue len o. En el á ea campiñesa del al oz se illano, la que
quedó más p on o en la e agua dia on e iza, la pues a en ma cha del e i-
o io pa ece e idencia se ya en los úl imos decenios del siglo XIV, aunque
se á en la siguien e cen u ia cuando la coma ca se elance humana y econó-
micamen e, como ya imos en el apa ado sob e el poblamien o. Más a dío
ue el esu gi de la o a campiña, la más o ien al y po an o más ce cana a
la línea de on e a: la campiña seño ializada desde el siglo XIII.
En es a zona, no es ácil encon a un especial in e és de los g andes
p opie a ios po pone en cul i o las ie as du an e los siglos XIV-XV. Las
azones ue on múl iples; quizás al a de mano de ob a, quizás simplemen e
desin e és po cambia una polí ica económica que p opo cionaba a es os
seño es, sin media in e sión alguna, buenas en as po el a endamien o de
pas os. Sea cual sea el mo i o, el hecho es que el p oceso o u ado de es as
ie as pa ece inicia se de o ma poco o icial. Son los ecinos de algunas de
es as localidades los que, al compás del c ecimien o demog á ico que se
p oduce en la Andalucía occiden al a pa i de los años inales del siglo XV,
comienzan a desmon a pa celas y cul i a ce eal. El ejemplo más cla o de
40 Las ci cuns ancias especí icas po las que pasa es a zona on e iza desde el pun o de
is a ag a io es án analizadas en mis siguien es a ículos: «Algunas no as sob e el mun-
do u al en la coma ca de Osuna du an e la Baja Edad Media», Osuna en e los iempos
medie ales y mode nos (siglos XIII-XVIII), Se illa, 1995, p. 113-135. «La ac i idad ag a-
ia en Ma chena en la Baja Edad Media», Ma chena bajo los Ponce de León. Fo mación
y consolidación del seño ío (s. XIII-XVI), Se illa, 1997, pp. 77-104.
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MERCEDES BORRERO FERNÁNDEZ92
lo que decimos nos lo o ecen las ozas que se p oduje on en la zona de
Mo ón y Osuna41.
Las llamadas ozas se de inen como pa celas en las que se e ec úa un
abajo de desmon e, e i ada de ege ación y p epa ación pa a su pos e io
cul i o con ce eal. Es e abajo de ans o mación del paisaje ag a io, inicia-
do, como hemos dicho, po los ecinos de la zona de o ma pa icula , se
desa olla ex ao dina iamen e al desapa ece la on e a de G anada. La
ampli ud del enómeno se nos escapa an e la al a de da os conc e os. Sabe-
mos, sin emba go, que, a ines de es a cen u ia, son ya los concejos, las
adminis aciones locales las que comienzan a egula el p oceso, aunque
se á a p incipios del siglo XVI cuando és e alcance un ue e desa ollo con la
in e ención de los p opios seño es de es os luga es. Es de es e momen o
del que enemos los p ime os da os, e e idos conc e amen e a Osuna. Aquí,
en menos de cua o años —1500-1504—, se en ega on más de 4.000 hec á-
eas de e eno pa a o u a . Una impo an e ci a que se hace aún más so -
p enden e si acep amos la decla ación del seño de es e luga , quien a i ma
que en los años 30 de es e mismo siglo se habían epa ido en e los ecinos
más de 10.000 hec á eas de mon e42. Si a es o le sumamos lo que la misma
polí ica es aba p oduciendo en Mo ón y El A ahal, el enómeno de ans o -
mación del paisaje es e iden e. Ya no había on e a, ya no había pelig o, y
en la Andalucía occiden al se i ía una si uación cla a de exceden e de mano
de ob a. Así, lo que se había iniciado como una ans o mación paisajís ica
len a, que pod íamos cali ica de popula , se con i ió en una emp esa seño-
ial de la que se saca ían buenas en as. Se p odujo de es e modo una acele-
ación que dio luga a que una amplia coma ca con una dedicación casi
p e e en emen e ganade a en los siglos p eceden es se ans o ma a en zona
ag ícola.
Como es ácil ap ecia , las ci cuns ancias que acompañan a es e cambio
de paisaje son bien di e en es a las an e io men e mencionadas. Aquí, el
ac o polí ico-mili a es un condicionan e decisi o, al que se uni á más a -
de una ealidad social impo an e: la p esencia de la nobleza, un g upo so-
cial adicionalmen e acapa ado de las ex ensísimas ie as ce eale as de la
campiña.
41 A. Viña B i o, Mo ón y Osuna en la Baja Edad Media, Écija, 1991. Además, sob e el
ema especí ico de las « ozas», éanse mis a ículos: «Algunas no as sob e el mundo
u al en la coma ca de Osuna du an e la Baja Edad Media», Osuna en e los iempos
medie ales y mode nos... op. ci ., pp. 113-135. «Las ‘ ozas’. Un ejemplo de ac i idad
ag ícola o u ado a en la Banda Mo isca», La Banda Mo isca du an e los siglos XIII, XIV
y XV. Ac as de las II Jo nadas de emas mo onenses, Se illa, 1996, pp. 175-200.
42 M. Bo e o Fe nández, «Las ozas en Mo ón y Osuna...», op. ci ., p. 184. Es in e esan e
al espec o el es udio de J. P. Mo illa Cala, «Tie as, paisajes y líneas: usos y on e as en
el e i o io mo onés inimedie al», La Banda Mo isca du an e los siglos XIII, XIV y XV,
op. ci ., pp. 119-147.
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CAMBIOS POLÍTICOS Y PAISAJE AGRARIO EN LA EDAD MEDIA 93
CONCLUSIONES
Hemos in en ado aza el p oceso de ans o mación ísica que i e el
paisaje u al se illano con el cambio de pode polí ico que se da en la zona a
mediados del siglo XIII. Pa ece e iden e que en es e p oceso de cambio in lu-
ye on muchos ac o es en e los que no hay que ol ida el pu amen e ísico
o geog á ico, lo que sin duda se e leja en la ue e di e enciación coma cal
que se puede ap ecia , an o en el ámbi o del poblamien o como en el de
mapas de cul i os. Sin emba go, en la o mación de ese nue o paisaje hubo
mucho más. La he encia musulmana ue un pun o de pa ida que no debe-
mos ol ida , ya que en ningún caso se deja á de ene en cuen a.
Sob e ella, en p ime luga se implan a á un p og ama polí ico de la
mona quía cas ellana, aplicado a a és del Repa imien o. Más a de, la ea-
lidad comenzó a impone se y apa ecie on las di íciles coyun u as económi-
cas y especialmen e mili a es y demog á icas que i e la zona en la segunda
mi ad del XIII y p ác icamen e du an e odo el XIV. Los condicionan es im-
pues os po la nue a si uación de on e a de g an pa e del e i o io p opi-
cia on una len i ud ex ema en su pues a en ma cha, y con ello, quizás,
p o oca on enómenos económicos no p oyec ados, posiblemen e ampoco
deseados, po el p og ama polí ico del pode cen al.
Como a i mábamos al p incipio, una ed de poblamien o y un paisaje
ag a io no son sino la espues a ísica a unas ealidades de ipo económico y
social. Pues bien, esas ealidades se con o ma on a lo la go del XIV y se conso-
lida on en el XV. Po ello, es en es a úl ima cen u ia cuando el poblamien o del
al oz se illano p esen a una isonomía de inida, en la que es posible de ec a
el e ec o que sob e la misma han eje cido la consolidación de una es uc u a
de epa o de la ie a en e los dis in os g upos sociales, una au én ica dis i-
bución de los cul i os básicos de la zona y, sob e odo, las elaciones socio-
económicas, o si se quie e socio-labo ales, en e los que de en an la p opiedad
de la ie a y los que la ponen en uncionamien o con su abajo. Es en onces,
al inal del p oceso, cuando enemos lo que el p o eso Ga cía de Co áza
llama una o ganización social del espacio, que se plasma ía ísicamen e en un
ipo de ag upación humana y en un mapa de cul i os adap ados a esa ealidad
social y económica impues a en un e i o io.
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