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https://doi.org/10.36576/2660-955X.52.447 CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 MARÍA ZAMBRANO Y DANTE ALIGHIERI: EL EXILIO COMO RITO INICIÁTICO MARÍA ZAMBRANO AND DANTE ALIGHIERI: EXILE AS A RITE OF PASSAGE M ARÍA R ODRÍGUEZ L ORCA Contratada predoctoral FPU Universidad de Sevilla Sevilla/España. [email protected] ORCID: 0009-0003-3974-6045 Recibido: 13/10/2024 Revisado: 15/01/2025 Aceptado: 06/02/2025 Resumen: La intención del presente artículo es aproximar el pensamiento filosófico de Zambrano al de Dante, tomando como referencia una experiencia compartida por ambos: el exilio. Para ello, comenzaremos analizando la lectura zambraniana de la Commedia y, seguidamente, nos detendremos en el examen del exilio como fuente de conocimiento y condición necesaria para que haya filosofía. En el exilio, tanto Dante como Zambrano ven tambalearse los fundamentos de su existencia; alejados de sus vínculos afectivos y de sus compromisos políticos, ambos se enfrentan a la pérdida de su identidad anterior y a la falta de sentido. Esta situación los conduce a experimentar una transformación ontológica que tiene como resultado el renacimiento, es decir, el desarrollo de una nueva manera de ser y estar en el mundo. La experiencia del exilio tiene un valor transformador tanto en Dante como en Zambrano puesto que les permite adquirir conciencia sobre la carencia de fundamento de su existencia y adoptar una mirada lúcida sobre su presente. Palabras clave: Dante, Divina Comedia, exilio, libertad, razón poética, viaje, Zambrano. Abstract: The purpose of this paper is to bring Zambrano's philosophical thought closer to Dante's, taking as a reference an experience shared by both: the exile. To do so, we will begin by analysing Zambrano's interpretation of the Commedia, and then we will examine exile as a source of knowledge and a necessary condition for philosophy to exist. In exile, both Dante and Zambrano see the fundaments of their existence crumble; far from their emotional attachments and political engagements, they both face the loss of their former identity and the meaninglessness of their existence. This situation leads them to experience an ontological
448 MARÍA RODRÍGUEZ LORCA CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 transformation that results in rebirth, i.e. the development of a new way of being and living in the world. The experience of exile has a transformative value for both Dante and Zambrano, as it allows them to become aware of the groundlessness of their existence and to take a lucid look at their present. Keywords: Dante, Divine Comedy, exile, freedom, poetic reason, journey, Zambrano. 1. INTRODUCCIÓN En Filosofía y Poesía, María Zambrano afirma lo siguiente: “La Divina Comedia realiza ese momento feliz, tal vez no repetido, de unión sin vagas y nebulosas identificaciones, entre poesía, religión y filosofía” (2001, p. 75). En esta obra, la filósofa señala que el ser humano no se encuentra por completo ni en la filosofía, ni en la poesía1, y por ello reivindica la necesidad de encontrar algo que combine ambos enfoques, el carácter universal de la primera y el interés por lo concreto de la segunda: la razón poética. Esta manera alternativa de comprender la razón, podemos rastrearla en Dante, y concretamente, en la Divina Commedia, una obra en la que el viaje del protagonista, un individuo perdido en una selva oscura que desea salir de su absoluta desorientación, se convierte en un reflejo del camino de la humanidad hacia la salvación. El motor de este viaje del poeta será el amor2: el amor universal hacia Dios, patria originaria de todo ser humano, y el amor concreto hacia Beatrice, aquella mujer florentina de la que se enamoró en su más tierna infancia. Tanto para Zambrano como para Dante, el amor es fundamental, puesto que es aquella potencia que nos empuja a la trascendencia y nos transforma, “es la salida de sí, un poseerse por haberse olvidado, un olvido por haber ganado la renuncia total” (Zambrano, 2001, p. 110). Dante llega hasta el punto de definir la filosofía como un amoroso uso di sapienza (Cv. III, xii, 12), enfatizando lo importante 1 En palabras de la propia Zambrano: “No se encuentra el hombre entero en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía. En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser. La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método” (2001, p. 13). 2 El amor es tan importante en la Divina Commedia que la propia salvación del poeta se produce por y gracias al amor. Es Beatrice, su amada, la que desea su salvación y desciende a los infiernos para pedirle a Virgilio que lo rescate de la oscuridad de la selva (Inf. II, 57-73). Además, el amor otorga esperanza al poeta en los momentos más difíciles de su viaje, como cuando ha de atravesar un recinto de fuego (Pg. XXVII). En el paraíso, la ascensión del protagonista de cielo en cielo no es una ascensión física, sino que supone un acrecentamiento de su capacidad de ver y esta es mediada por los ojos y la sonrisa de Beatrice, cuya luminosidad aumenta conforme más se acerca a Dios. Estos son tan solo algunos ejemplos de los muchos que encontramos en la Commedia en los que el amor se nos presenta como protagonista en el viaje iniciático de Dante.
MARÍA ZAMBRANO Y DANTE ALIGHIERI: EL EXILIO COMO RITO INICIÁTICO 449 CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 que es el amor —la correcta predisposición para aproximarse al saber— en el estudio de nuestra disciplina. Esta aproximación amorosa al conocimiento y, por tanto, a la realidad, es contraria a la actitud de aquel que cree saberlo todo, dejándose llevar por una “razón soberbia”3 que Zambrano define de la siguiente manera: “soberbia de la razón es soberbia de la filosofía, es soberbia del hombre que parte en busca del conocimiento y que se cree tenerlo” (Zambrano, 2004b, p. 109). Al contrario de esta, la razón poética es una razón humilde, que es consciente en todo momento de sus propias limitaciones, no percibiéndose a sí misma como dueña y señora del conocimiento. Esta, se aproxima al mundo como algo misterioso, cuyo significado último y verdadero escapa de su comprensión, y asume el fracaso de no poder comprenderlo plenamente. Además, la filósofa añade: “a quien prefirió la pobreza del entendimiento, a quien renunció a toda vanidad y no se ahincó soberbiamente en llegar a poseer por la fuerza lo que es inagotable, la realidad le sale al encuentro y su verdad no será nunca verdad conquistada, verdad raptada, violada; no es alezeia, sino revelación graciosa y gratuita; razón poética” (ibid., p. 158). De manera que, es precisamente aquel que reconoce los límites de la razón el que consigue que la realidad “le salga al encuentro” y se le muestre en su verdad. Solo así, adoptando una razón poética, adquirimos conciencia del carácter abierto e inagotable de la realidad.4 Con este artículo, pretendemos establecer paralelismos entre el pensamiento filosófico de Zambrano y el de Dante5, basándonos en una experiencia 3 Zambrano utiliza esta expresión para criticar una razón demasiado racionalista tanto en Pensamiento y poesía en la vida española (tal y como se refleja en las citas del texto) como en Filosofía y poesía, obra en la que exclama “¡soberbia de la filosofía!” (2001, p. 25). Nos parece pertinente retomar el adjetivo “soberbia” porque consideramos que nos ayuda a comprender la actitud contraria: la humildad de aquel que se aproxima al conocimiento sin pretensión de dominarlo o conquistarlo. Esta defensa de una razón humilde la podemos ver reflejada en la actitud del propio Dante en la Commedia: el suyo en ningún momento es un viaje autoimpuesto (a diferencia del soberbio Ulises, v. Inf. XXVI), sino que es un viaje guiado por una potencia superior a sí mismo y que escapa por completo de su control racional. De esta manera, el protagonista es en todo momento consciente de su incapacidad de expresar a la perfección sus experiencias a través de un lenguaje tan limitado como lo es el humano. 4 A partir de estas dos maneras de comprender la razón podemos individuar dos actitudes, dos formas básicas, de relacionarnos con el mundo. Por un lado, la de aquellos que se aproximan a lo otro con la voluntad de dominarlo o conquistarlo, pretendiendo conocer la verdad de las cosas a partir de su representación de las mismas. Y, por otro lado, la de aquellos que adoptan una actitud amorosa que los empuja a abrazar la realidad y reconocer su carácter autónomo e irreductible. La primera correspondería a una razón soberbia, mientras que la segunda es propia de una razón poética. 5 Estos paralelismos entre Dante y Zambrano no son simplemente filosóficos, sino también biográficos. Por un lado, ambos vivieron guerras intestinas que crearon discordia entre sus conciudadanos: en el caso de Zambrano, la guerra civil española; en el caso de Dante, el conflicto entre güelfos blancos y güelfos negros que supuso la división de Florencia en dos bandos. Por otro lado, ambos padecieron el exilio como consecuencia de estos conflictos: la filósofa malagueña, por su apoyo al partido republicano, Dante, por su apoyo a los güelfos blancos. Además, en ambos casos
450 MARÍA RODRÍGUEZ LORCA CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 compartida por ambos: el exilio. Para ello, comenzaremos analizando la lectura zambraniana de la Commedia, señalando sus características más reveladoras. Seguidamente, abordaremos el exilio como condición necesaria para la filosofía y como fuente de conocimiento, y examinaremos los parecidos entre ambos autores a la hora de describir esta experiencia. Nuestro objetivo es destacar el papel fundamental que jugó el exilio en la vida de ambos y señalar cómo éste influyó en la composición de sus obras y en su manera de percibir la realidad. De la mano de Zambrano, interpretaremos la célebre Commedia como una expresión de esa razón poética que se aproxima al conocimiento de manera amorosa y receptiva, sin violentar la realidad. De esta manera, aproximaremos a dos pensadores que, a pesar de estar separados por muchos siglos, se hallan unidos por una experiencia desgarradora que dejó mella en su existencia y configuró su modo de estar en el mundo. 2. LECTURA ZAMBRANIANA DE LA COMMEDIA En una carta enviada a su querida amiga Elena Croce, Zambrano reconoce el papel fundamental que desempeñó en su juventud la lectura tanto de la Vita Nuova como de la Divina Commedia, dos obras en las que el amor es el protagonista y que contribuyeron a la formación intelectual de la malagueña6. Aunque podemos rastrear referencias a la obra de Dante en distintos textos de la autora, solo escribió dos ensayos dedicados en concreto a la Commedia: “Infierno” y “Dante espejo humano”7. La interpretación zambraniana de la Commedia se caracteriza por la lectura situada que realiza de la obra. La pensadora malagueña otorga una especial importancia al exilio político que tuvo que vivir el poeta y que, a su modo de ver, influyó en la composición de su obra maestra. Probablemente, si el poeta no hubiera experimentado en su propia piel las consecuencias del exilio, no habría podido escribir una obra como la Divina Commedia: el exilio fue bastante largo: Dante murió en el exilio; Zambrano, aunque tuvo la oportunidad de regresar a España, lo hizo bien entrada la vejez. 6 En la carta del 4 de junio de 1966 dirigida a Elena Croce, Zambrano escribe lo siguiente: “No sé si te he dicho que volví a leer hace unos meses la Vita Nova y la Divina (Comedia), con el pretexto de escribir un artículo sobre Dante para Puerto Rico, cosa que hice. En esos libros se apacentó mi juventud mucho más que en el Quijote, que sólo con la madurez me ha alimentado” (Croce, Zambrano, 2020, p. 82). 7 Ambos ensayos se mantuvieron inéditos estando la filósofa en vida y no fueron publicados hasta años más tarde por Joaquín Verdú de Gregorio (2000) en su libro La palabra del atardecer, Endymion, Madrid, pp. 233-267, quien reunió ambos textos en uno solo. Sin embargo, para redactar el presente artículo, hemos optado por emplear la edición de Elena Laurenzi (2007) en la que se nos presentan ambos ensayos como dos textos separados, tal y como aparecen en los manuscritos originales, y en la que, además, se nos ofrece un elaborado estudio introductorio en el que se rastrea el fructífero diálogo entre Dante y Zambrano.
MARÍA ZAMBRANO Y DANTE ALIGHIERI: EL EXILIO COMO RITO INICIÁTICO 451 CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 Si no es suficiente experimentar un destino así para crear la Divina Comedia y la obra toda que por ser del mismo autor queda un tanto empalidecida bajo su fulgor, tampoco hubiera sido posible sacar a la luz tan hondas tinieblas y hacer descender tanta celestial claridad, sin haber pasado en vida, por obra de las circunstancias históricas y del amor, por tantos infiernos, purgatorios y cielos. (Zambrano, 2007, p. 64). Así pues, la filósofa nos presenta a Dante como aquel que tuvo que pasar en vida por muchos infiernos, purgatorios y cielos, siendo esta experiencia vital la que lo empujó a componer su obra: “este triple peregrinar, el de su exilio, el de su corazón en busca de adecuado y nutriente, vivífico alimento que no halló más que en sus visiones de amor-conocimiento, el peregrinar de Italia en su historia, le dieron libertad y aliento, soledad y desasimiento también para volcarse en su obra” (Zambrano, 2007, p. 72). Partiendo de esta lectura situada de la Commedia, pasaremos a exponer las ideas principales de la interpretación zambraniana de la misma. En el primero de los ensayos, “Dante espejo humano”, la filósofa señala que en la célebre obra del poeta florentino es posible ver reflejada la propia condición humana en sus múltiples formas y expresiones y, a causa de ello, la considera un “espejo múltiple” en el que podemos observar las distintas caras que puede adoptar el ser humano haciendo uso de su libertad: Lo que nos ofrece en su obra en efecto, es la condición humana en toda su plenitud, en la actualización plena de sus posibilidades: hasta aquí puede bajar el hombre, hasta allá puede ascender; hasta estos últimos confines de la desdicha y de la beatitud, y en la tierra simplemente adonde el hombre puede extender su potencia y su intelecto. A esta idea verificada por la experiencia responde la obra de Dante. Es un espejo múltiple. (Zambrano, 2007, p. 60). Otra idea fundamental en este ensayo es su comprensión del viaje dantiano como un proceso alquímico. Según Zambrano, el viaje del poeta puede ser comparado a una transformación alquímica que, en vez de convertir el plomo en oro, consiste en transformar la oscuridad en luz. Por este motivo, la filósofa malagueña considera que el purgatorio —el lugar intermedio— juega un papel fundamental en este viaje, ya que es el momento en el que la transformación alquímica se produce y la oscuridad del infierno va convirtiéndose progresivamente en luz, llegando a su máximo esplendor al alcanzar el paraíso. De este modo, el momento de purificación pasa a ser el más importante del viaje, ya que es precisamente el que permite lavar la oscuridad que se hallaba en nuestro interior en el comienzo del mismo y sanar esas heridas espirituales que nos impedían ver con claridad. Zambrano señala que, para que dicha transformación alquímica se lleve a cabo, es fundamental atreverse a mirar cara a cara la oscuridad del infierno, tal y como hace Dante al inicio de su peregrinaje, y recorrerlo hasta el final,
452 MARÍA RODRÍGUEZ LORCA CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 introduciéndose incluso en sus rincones más recónditos, ajenos a la luz del sol. La filósofa malagueña interpreta el viaje del poeta como un “camino desde la oscuridad más honda hasta la beatitud suprema, viaje de la luz palpitante que se alumbra en la tiniebla y que llega por fin a la fuente de toda luz” (Zambrano, 2007, p. 102). Símbolo de esta “luz palpitante que se alumbra en la tiniebla” es la figura de santa Lucía, santa de gran importancia tanto para Dante como para Zambrano. El poeta florentino le tiene especial aprecio, siendo ésta, representación de la gracia iluminadora, una de las tres mujeres (junto con su amada Beatrice y la Virgen María) que desea la salvación del poeta y que le permite llevar a cabo ese viaje que lo reconducirá a la diritta via de la que se había extraviado8. Para Zambrano, la santa simboliza la luz auroral que vence a las tinieblas descendiendo en ellas e iluminándolas, no negándolas como si no existieran: Santa Lucía puede simbolizar muy bien la luz interior, la luz del corazón a la que se remite enteramente quien ha descubierto esa otra luz, fuente de la inteligencia y del amor, — “Deum de Deo, Lumen de Lumine” — y que alumbra en medio de la oscuridad más completa, esa luz a la que las más hondas tinieblas no vencen. (Zambrano, 2007, pp. 100-101). Además, la lectura zambraniana se caracteriza por presentar una visión antiheroica de Dante. En ella, se nos describe al poeta como un ser humano frágil y vulnerable, en un estado de pasividad y receptividad, que, como señala Elena Laurenzi, era inusual en un varón occidental (Laurenzi, 2007, p. 48). En esa época, los poetas cortesanos tendían a idealizar a la amada, lo que implicaba que la mujer dejaba de tener existencia autónoma y se transformaba en una idea que el poeta podía dominar y poseer. Sin embargo, para Zambrano, esta actitud es contraria al amor, que implica el reconocimiento de lo otro como irreductible a uno mismo. Según la filósofa, Dante era consciente del carácter transcendente del amor, que supone un continuo vivir fuera de uno mismo y, a causa de ello, el poeta se hallaba en el exilio —fuera de sí— incluso antes de sufrir las consecuencias de su actividad política a favor de los güelfos blancos. El amor que experimenta y padece —de ahí la pasividad que lo caracteriza— le provoca confusión, es el origen de su peregrinaje, y tiene el poder de transformarlo, ya sea para sumirlo en la miseria (como en algunos episodios de Vita Nuova9) o para salvarlo (como sucede en la Commedia). 8 Santa Lucía, martirizada con la ceguera, es la protectora de los enfermos de la vista. En un pasaje autobiográfico de su obra filosófica Convivio (III, ix, 15-16) Dante afirma haber padecido una oftalmia, lo que podría explicar su especial devoción a la santa. Ésta, además de ser una de las mujeres que permiten el viaje del poeta, interviene en un momento clave de su viaje (Pg. IX) y es colocada por Dante entre los beatos del Empíreo (Pd. XXXII 136-138). 9 En esta obra aparece a menudo la comprensión del amor como una enfermedad que hace al poeta miserable y lo sume en la agonía por no ser correspondido por su amada. Recordemos
MARÍA ZAMBRANO Y DANTE ALIGHIERI: EL EXILIO COMO RITO INICIÁTICO 453 CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 En el segundo ensayo, titulado “Infierno”, Zambrano llega incluso a comparar la pasividad de Dante con la de los personajes femeninos10. Estos personajes, a diferencia de los héroes que tratan de conquistar la realidad y volverla pensable, se caracterizan por dejarse guiar y ser encontrados por otros, lo que los dota de una receptividad de la que los personajes masculinos carecen. Tal y como expresa Elena Laurenzi: Dante sperimenta l’amore che confonde, che abbatte le sicurezze (...) In questo smarrimento d’amore, la sua anima si fa simile a quella di una donna, di una giovane donna: la sua figura richiama quella di Euridice e le innumerevoli rappresentazioni di giovani vergini rapite, visitate, annunciate che popolano le narrazioni mitologiche e religiose. Figure femminili in cui si manifesta il valore della passività nella conoscenza (...). (Laurenzi, 2007, p. 47)11. De esta manera, a través de la interpretación zambraniana, se enfatiza el carácter receptivo del poeta, que se aproxima al conocimiento movido por el amor, un amor que lo impulsa a la trascendencia y, por tanto, a salir de sí mismo y de su representación del mundo. Este acto de “salir fuera de sí”, Zambrano lo relaciona con la experiencia del exilio, puesto que ésta hace que el ser humano abandone su identidad, aquel lugar en el que era “alguien”, para enfrentarse a la ausencia de sentido y a la falta de fundamento originaria de nuestra existencia. Solo a través de esta experiencia de desarraigo podemos despegarnos de nuestra imagen del mundo y mirar, con una actitud receptiva y amorosa, la verdad que escapa a todo aquel que pretende poseerla a la fuerza. 3. EL EXILIO COMO FUENTE DE CONOCIMIENTO El análisis del exilio que realiza Zambrano puede ayudarnos a comprender, desde un punto de vista filosófico, la experiencia de Dante como exiliado. En ambos casos, la experiencia del exilio fue vital para la composición de sus obras ese sueño que tiene Dante en el que el amor personificado en la figura de un hombre obliga a Beatrice a comerse su corazón (v. VN. III) o en el dolor que lo invade cuando su amada le niega el saludo (v. VN. XII). 10 “El héroe es como una doncella, a quien en medio de una ocupación inocente y aun festiva, de repente se sustraía [sic] a la realidad habitual, a su mundo y se le abre un abismo infernal, los mismos ínferos, así Perséfone, Eurídice quizás a quien Dante poeta se asemeja más que a su patrón Orfeo en ese instante inicial. Es a las muchachas [y] a las jóvenes esposas a quienes han sucedido estas cosas, y a ellas también es a quienes han sorprendido las más peregrinas visitas anunciadoras” (Zambrano, 2007, p. 118). 11 “Dante experimenta el amor que confunde, que destruye las seguridades (...) En esta turbación del amor, su alma se asemeja a la de una mujer, a la de una joven mujer: su figura nos recuerda a la de Eurídice y a las innumerables representaciones de jóvenes vírgenes secuestradas, visitadas, anunciadas que pueblan las narraciones mitológicas y religiosas. Figuras femeninas en las que se manifiesta el valor de la pasividad en el conocimiento (...).” (Traducción propia).
454 MARÍA RODRÍGUEZ LORCA CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 y los empujó a desarrollar una manera más lúcida y menos violenta de relacionarse con la realidad. Por este motivo, hemos considerado pertinente destacar las similitudes entre ambos, partiendo de la idea de que para ellos el exilio no es una cuestión meramente política, sino que va más allá, convirtiéndose en su modo de estar en el mundo. El exilio pasa a ser de esta manera una cuestión metafísica, que configura su ser y determina su forma de acercarse a la realidad. De acuerdo con Elizalde, consideramos que “(...) el exilio puede ser la condición necesaria para la filosofía entendida como forma de vida y no solamente como discurso teórico, como saber de experiencia” (2012, p. 486). A través de las distintas secciones que conforman este apartado, se pretende examinar las características más relevantes de la experiencia del exilio que la convierten en fuente de conocimiento y en un espejo de la condición humana. Para ello, se tomará como base de este análisis la idea expresada por Pérez Baquero de que “el exilio es un lugar privilegiado desde donde acceder a un conocimiento de otra forma restringido” (2023, p. 128). 3.1. Las metáforas del exilio Dante y Zambrano recurren a menudo a imágenes metafóricas para representar su manera de vivenciar el exilio. Por este motivo, una comprensión filosófica del mismo debe empezar con un análisis detallado de dichas metáforas, que nos revelarán tanto los parecidos como las diferencias en su forma de experimentarlo. La primera de las metáforas del exilio empleada por Dante es la imagen del barco “sin vela ni gobierno”. Podemos observarla en el siguiente fragmento del Convivio: Poi che fu piacere delli cittadini della bellissima e famosissima figlia di Roma, Fiorenza, di gittarmi fuori del suo dolce seno — nel quale nato e nutrito fui in fino al colmo della vita mia, e nel quale, con buona pace di quella, desidero con tutto lo core di riposare l’animo stancato e terminare lo tempo che m’è dato —, per le parti quasi tutte alle quali questa lingua si stende, peregrino, quasi mendicando, sono andato, mostrando contra mia voglia la piaga della fortuna, che suole ingiustamente al piagato molte volte essere imputata. Veramente io sono stato legno sanza vela e sanza governo, portato a diversi porti e foci e liti dal vento secco che vapora la dolorosa povertade (...).12 (Cv., I, iii, 4-5). 12 “Desde que fue voluntad de los ciudadanos de la muy hermosa y famosa hija de Roma, Florencia, expulsarme de su dulce seno — en el que nací y fui criado hasta alcanzar el cenit de mi vida, y en el cual, con total beneplácito de aquélla, deseo de todo corazón reposar el ánimo cansado y terminar mis días —, peregrino, prácticamente mendigando, he ido por casi todas las partes en que se habla esta lengua, mostrando a mi pesar la herida que causa la fortuna, que muchas veces suele imputarse injustamente al propio herido. Ciertamente he sido barco sin vela ni
MARÍA ZAMBRANO Y DANTE ALIGHIERI: EL EXILIO COMO RITO INICIÁTICO 455 CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 En este fragmento autobiográfico del Convivio el poeta se presenta a sí mismo como un “barco sin vela ni gobierno”, es decir, como una persona que carece de guía y que, por tanto, se halla perdida en la inmensidad del océano, que lo empuja de un lado para otro sin seguir ningún criterio. Es un náufrago que ha perdido el control sobre su vida y simplemente se deja llevar por la fuerza de las olas del mar. Dante describe las precarias condiciones en las que vive: como un mendigo que carece de hogar y medios para subsistir, se mueve continuamente de corte en corte, sobreviviendo a base de la caridad de otros. Esta situación de eterno peregrino provoca que no llegue a echar raíces, ni a sentirse parte de ningún sitio. Esta imposibilidad de formar parte de lugar alguno la encontramos también en Zambrano, que no considera ninguno de los países en los que vive como su hogar13. Esta metáfora nos recuerda a la imagen del exilio como “un océano sin isla alguna a la vista, sin norte real, punto de llegada, meta” (Zambrano, 2014, p. 45). Tanto esta metáfora como la anterior nos transmiten el padecer el exilio como un encontrarse en medio de la inmensidad del océano y en un estado de absoluta soledad. Además, nos mueven a pensar en la ausencia de refugio, en el desamparo y en el sentirse arrojado a la vida sin ningún fundamento o camino predeterminado como “correcto” que dé sentido a nuestra existencia y nos proporcione una sensación de alivio semejante a la que sentimos cuando estamos en nuestro hogar. La segunda metáfora que encontramos en la obra de Dante para describir el exilio es la tan citada “selva oscura” en la que se encuentra absolutamente perdido y desorientado al inicio de su viaje. Recordemos los primeros versos del proemio: Nel mezzo del cammin di nostra vita mi ritrovai per una selva oscura, che la diritta via era smarrita. Ahi quanto a dir qual era è cosa dura esta selva selvaggia e aspra e forte che nel pensier rinova la paura!14 (Inf. I, 1-6). gobierno, empujado a distintos puertos, rías y costas por el viento seco que exhala la dolorosa pobreza (...).” (Trad. Fernando Molina Castillo en: Alighieri, 2005). 13 Zambrano va todavía más lejos al afirmar que no hace falta haber sido expulsados de nuestra patria para sentirnos exiliados; quien no logra sentirse parte de ningún sitio también padece el exilio. “Falta ante todo al exiliado el mundo, de tal manera es así que no sólo se es exiliado por haber perdido la patria primera, sino por no hallarla en parte alguna” (Zambrano, 2014, p. 39). 14 “De nuestra vida en medio del camino Por una selva oscura me encontré Porque la recta vía había perdido. ¡Cuán dura cosa es decir cuál era
462 MARÍA RODRÍGUEZ LORCA CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 alquímica” interior pueda llevarse a cabo. Darnos tiempo para asumir la propia situación vital es fundamental para disponer de nuestra vida, siendo esta la única manera de alcanzar una verdadera libertad. La situación de Dante en la Commedia nos sirve como ejemplo para entender el papel fundamental que juega el tiempo en el paso de la inconsciencia a la conciencia-libertad. A éste se le concede la oportunidad de emprender un viaje alternativo, más largo y arduo que el que pretendía realizar en un principio, repleto de obstáculos y pruebas que superar, pero que, a largo plazo, será más beneficioso para él, ya que lo ayudará a despertar del sueño en el que se hallaba sumido y recuperar la libertad. El poeta comienza su viaje dependiendo de la guía y los consejos de su maestro, sin embargo, al llegar al paraíso terrenal, Virgilio le dice que ya no será necesario que él sea su guía, ya que ha conseguido retomar la recta vía. Tras haber atravesado el infierno y el purgatorio, Dante ya es dueño de sí mismo, habiendo alcanzado la libertad de espíritu que le permitirá seguir su propio deseo sin desviarse de la verace via: Non aspettar mio dir più né mio cenno; libero, dritto e sano è tuo arbitrio, e fallo fora non fare a suo senno: per ch’io te sovra te corono e mitrio.22 (Pg. XXVII, 139-142). Solo cuando Dante deja de lado la soberbia del que cree saberlo todo y adopta una razón humilde, consciente de sus límites, consigue salvarse y recuperar esa libertad (entendida como autoconciencia) que le permitirá distinguir lo verdadero de lo falso, el bien del mal. En definitiva; al conseguir despertar del sueño en el que estaba sumido, el poeta adopta un estado de vigilia que le permite entrar en contacto directo con la realidad. En este sentido, consideramos relevante la visión de Dante como “poeta de la atención” que nos ofrece Cristina Campo23 (2010, p. 118). Esta autora diferencia claramente entre atención e imaginación: mientras que la primera la relaciona con la opinión, con lo ilusorio, la segunda la vincula intrínsecamente con la realidad. En palabras de Campo: “pues si la atención es espera, aceptación ferviente, valerosa de lo real, la imaginación es impaciencia, fuga en lo arbitrario: eterno laberinto sin hilo de Ariadna” (ibid., p. 118). La atención nos conduce al encuentro con el tiempo y nos permite un progresivo acrecentamiento de nuestra conciencia y libertad, que son las que nos conducirán a la verdad. Ésta es “es el único camino de lo inexpresable, la sola vía del misterio, ya que está inmediatamente vinculada con lo real: y sólo por alusiones emboscadas en 22 “No esperes ya de mí palabra o gesto; Libre es tu albedrío, y recto y sano: Error sería no actuar con su criterio, Por esto sobre ti yo te corono.” (Alighieri, 2021b, p. 425). 23 Cristina Campo es el pseudónimo con el que Vittoria Guerrini firmaba sus obras.
MARÍA ZAMBRANO Y DANTE ALIGHIERI: EL EXILIO COMO RITO INICIÁTICO 463 CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 lo real se manifiesta el misterio” (ibid., p. 118). Por el contrario, la imaginación es esa tela de araña que nos atrapa en ensoñaciones y falsas representaciones de la realidad, volviéndonos ciegos ante la verdad. A causa de ello, siguiendo las matizaciones de Cristina Campo, consideraremos a Dante y a Zambrano como dos “poetas de la atención”, caracterizados por adoptar un estado de vigilia que los diferencia de aquellos que prefieren vivir en los sueños de su imaginación. Esta atención a la que se refiere Campo se adquiere a través del regreso al origen —estado prenatal— que nos conecta con ese “ser escondido” o “sentir originario” (Zambrano, 2019) —que para Dante sería la unión originaria con Dios— del que nos hemos ido alejando al llenar nuestra vida de ensoñaciones que nos alejan de la realidad. 3.4. El exilio y el valor de la esperanza En el canto XXV del Paradiso, el poeta florentino es examinado por el apóstol Santiago sobre el valor de la esperanza, una de las tres virtudes teologales (junto con la fe y la caridad). Entonces, Dante afirma que para él ésta es la virtud más importante, puesto que es la que más ha necesitado a lo largo de su vida. En el desamparo y la soledad del exilio, la esperanza se convierte en su único auxilio; ésta lo ayuda a sobrellevar con valentía los momentos más desgarradores de su existencia sin perder nunca la fe en que su situación futura mejore. De hecho, Dante, retomando una fórmula común en las escuelas medievales de teología, la define como “uno atender certo de la gloria futura” (Pd. XXV, 6768)24. El viaje iniciático del poeta nos enseña que, para llegar a la luz, a la salvación, antes hay que experimentar la oscuridad, atravesar el infierno y alumbrarlo con la luz de la conciencia. Es precisamente el convencimiento de que el sufrimiento presente no es más que algo temporal —el paso previo necesario para alcanzar el paraíso— lo que hace que el poeta considere, movido por la esperanza, su existencia como abierta a la salvación. Zambrano, por su parte, habiendo experimentado también el sufrimiento y la falta de fundamento que sale a la luz en el exilio, considera que la esperanza es el modo más adecuado de tratar con el tiempo: “la esperanza al proporcionar el sentido de la historia, de toda historia, construye la continuidad en la vida. Ese soplo tantas veces apenas perceptible resulta ser constructor” (Zambrano, 2004a, p. 106). La filósofa (2014) relaciona la esperanza con el futuro y señala que éste último tiene condición salvadora y debe presentarse como un renacimiento, es decir, como el rescate de aquello que habíamos perdido (cfr., p. 79). Además, la autora atribuye a la esperanza esa capacidad de lanzarnos a la vida aun cuando nos enfrentamos a situaciones insoportables, en las que la salvación 24 “seguro esperar a la futura gloria” (Alighieri, 2021c, p. 393).
464 MARÍA RODRÍGUEZ LORCA CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 parece imposible, y, precisamente por ello, nos hace agonizar, ya que nos impide buscar consuelo en la muerte: Agonizar es no poder morir a causa de la esperanza. No, nadie nos rechaza desde la muerte, nadie nos lanza otra vez a la vida, sino la esperanza oculta. La esperanza que brota desesperadamente ante cada sufrimiento insoportable. Y cuanto más insoportable es lo que se padece, más honda renace la esperanza. Quizá hayamos de padecer por eso; para que la esperanza se revele en toda su profundidad (Zambrano, 2011, p. 266).25 Con estas reflexiones finales sobre la esperanza, nuestra intención es señalar el papel fundamental que ésta juega tanto en la vida y obra de Dante como en la de Zambrano. El no perder nunca la esperanza es lo que impulsa a ambos autores a seguir escribiendo, pese a su desgarradora condición de exiliados. En definitiva, la esperanza es aquella virtud que nos mantiene abiertos a la salvación. Tal y como expresa Zambrano: “(...) es la trascendencia misma de la vida que incesantemente mana y mantiene el ser individual abierto” (2004a, p. 100). 4. CONCLUSIONES A lo largo de estas páginas hemos establecido paralelismos entre el pensamiento de María Zambrano y el de Dante Alighieri con la intención de profundizar en su comprensión filosófica del exilio. En ambos casos, hemos destacado su preferencia por una razón poética, caracterizada por la humildad con la que se acerca a lo otro, en contraposición a esa razón soberbia y dominadora que predomina en la cultura occidental. Esta ha sido la idea de fondo que ha recorrido todo nuestro artículo, configurando su manera de padecer y comprender su propio exilio. En el segundo de los apartados, hemos analizado la lectura zambraniana de la Commedia, que nos ha conducido a identificar el papel fundamental que juega la experiencia del exilio en su interpretación. La filósofa caracteriza la célebre obra del poeta florentino como un “espejo múltiple” en el que podemos ver reflejada la condición humana en sus más diferentes formas y expresiones. A través de la lectura zambraniana, hemos interpretado el viaje dantiano como 25 En el imaginario filosófico zambraniano, la esperanza adquiere otros matices además de los ya expuestos. Por un lado, la autora la define como “hambre transcendente” (Zambrano, 2011, p. 92). En este sentido, se vincula con un futuro desconocido, en el que se espera alcanzar aquello de lo que se carece en el presente. A esta hambre transcendente de amor y de justica dedica precisamente Antígona sus últimas palabras: “Amor. Amor, tierra prometida” (2021, p. 236). Por otro lado, en Filosofía y Poesía, Zambrano define la esperanza como el “consuelo de la razón” (2001, p. 34). En este sentido, la esperanza es propia del filósofo y no del poeta, ya que este último abraza la realidad tal y como se le presenta, mientras que el filósofo siempre espera obtener algo más de ella.
MARÍA ZAMBRANO Y DANTE ALIGHIERI: EL EXILIO COMO RITO INICIÁTICO 465 CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 un “proceso alquímico” en el que el paso por el purgatorio, lugar de purificación y transformación, se convierte en protagonista. Además, hemos destacado la visión antiheroica que la malagueña nos ofrece del poeta, en la que destaca su pasividad y receptividad aproximándolo a los personajes femeninos. En el tercer apartado nos hemos centrado en el análisis filosófico del exilio, comprendiéndolo como condición necesaria para la filosofía y como un modo de estar en el mundo que constituye un saber de la experiencia. Este apartado ha sido dividido en cuatro subapartados que tenían como objetivo analizar las distintas perspectivas desde las que examinar el exilio. En primer lugar, nos hemos centrado en el análisis de algunas metáforas empleadas tanto por Dante como por Zambrano con la intención de mostrar la comprensión de la experiencia del exilio que encierran en su interior. De este análisis podemos extraer como conclusión que en ambos casos el exilio está asociado a la soledad, al desamparo y a la ausencia de un guía que pueda orientarnos y ayudarnos a escapar de esa situación. En segundo lugar, hemos interpretado el exilio como un rito iniciático en el que es necesario experimentar la muerte para poder renacer. Ambos autores insisten en la importancia de descender a los infiernos y alumbrarlos con la luz de la conciencia, tal y como nos muestra Dante con su viaje ultramundano y Zambrano al destacar la importancia de no olvidar el pasado por muy doloroso que sea. Seguidamente, hemos interpretado la experiencia del exilio como aquella que nos conduce a “despertar del sueño”, condición necesaria para renacer. En este despertar, al exiliado se le desvela la falta de fundamento que caracteriza su existencia y que ha estado intentando tapar con ensoñaciones y construcciones ideales. Al despertar, recobra la conciencia, y con ella, la libertad. De esta manera, siguiendo la distinción entre imaginación y atención que establece Cristina Campo, hemos interpretado a Dante y a Zambrano como dos poetas de la atención. Por último, hemos destacado el valor de la esperanza a la luz del exilio: es precisamente el considerar su existencia como abierta —abierta a la salvación— lo que impulsa a ambos autores a seguir viviendo y escribiendo pese a sus precarias condiciones vitales. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ALIGHIERI, D. (2003). Convivio (ed. Franca Brambilla Ageno). Le Lettere. ALIGHIERI, D. (2005). Convivio (trad. Fernando Molina Castillo). Cátedra. ALIGHIERI, D. (2010). Vida Nueva (ed. bilingüe Raffaele Pinto). Cátedra. ALIGHIERI, D. (2021a). Divina Comedia. Infierno (ed. bilingüe Raffaele Pinto). Akal. ALIGHIERI, D. (2021b). Divina Comedia. Purgatorio (ed. bilingüe Raffaele Pinto). Akal. ALIGHIERI, D. (2021c). Divina Comedia. Paraíso (ed. bilingüe Raffaele Pinto). Akal.
466 MARÍA RODRÍGUEZ LORCA CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 52, 2025, 447-466 ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 ARQUÉS, R. (2011). Traduzioni e irradiazioni ispaniche novecentesche della Commedia di Dante (Ángel Crespo, Luis Martínez de Merlo, Abilio Echevarría e María Zambrano). Critica del testo. Nº. XIV / 3, 119-147. CAMPO, C. (2010). Atención y poesía (trad. María Zambrano). Aurora. Papeles del «Seminario María Zambrano». Nº. 11, 117-119. CROCE, E.; Zambrano, M. (2020). Hasta pronto, pues, y hasta siempre. Cartas, 1955-1990 (ed. Elena Laurenzi). Pre-textos. ELIZALDE, M.I. (2012). Significados del exilio en María Zambrano. Bajo Palabra. N.º 7, 485494. LAURENZI, E. (2007). “La sete naturale” en: Zambrano, M. (2007). Dante Specchio Umano. Città Aperta. LÓPEZ CORTEZO, C. (2022). La Estructura Moral del Infierno. Akal. MARTÍN, F.J. (2023). Razón poética y exilio. Aurora. Papeles del «Seminario María Zambrano» N.º 24, 3442. https://doi.org/10.1344/Aurora2023.24.3 PÉREZ BAQUERO, R. (2023). Antígona entre los vivos y los muertos: exilios y espectros en María Zambrano. Alpha. N.º 57, 119-132. https://doi.org/10.32735/S0718-22012023000573280 PINO CAMPOS, L.M. (2005). La condena de Antígona y el exilio de María Zambrano: apuntes en torno a la historia sacrificial. Revista de Filología. N.º 23, 247-264. TRUEBA, V. (2020). Experiencia y pensamiento del exilio en María Zambrano. Versants. Vol. 3. N.º 67, 161-172. DOI 10.22015/V.RSLR/67.3.12 VARELA-PORTAS, J. (2011). El exilio de Dante como construcción ideológica (Paradiso XVII). Revista de Filología Románica. Nº VII, 415-423. https://doi.org/10.5209/rev_RFRM.2011.38714 ZAMBRANO, M. (2001). Filosofía y poesía. Fondo de Cultura Económica. ZAMBRANO, M. (2004a). Los bienaventurados. Siruela. ZAMBRANO, M. (2004b). Pensamiento y poesía en la vida española. Biblioteca Nueva. ZAMBRANO, M. (2007). Dante Specchio Umano (intr. Elena Laurenzi). Città Aperta. ZAMBRANO, M. (2011). Delirio y destino. Los veinte años de una española. Horas y Horas. ZAMBRANO, M. (2014). El Exilio como Patria (intr. y notas Juan Fernando Ortega Muñoz). Anthropos. ZAMBRANO, M. (2019). Claros del bosque (intr. Joaquín Verdú). Alianza. ZAMBRANO, M. (2021). La Tumba de Antígona y otros textos sobre el personaje trágico. Cátedra.