Un cincuentenario peculiar : la memoria de la Segunda República Española en la prensa diaria de 1981
Abstract
La comunicación analiza la imagen que los principales diarios españoles ofrecieron acerca de la Segunda República en su cincuentenario. Casi todos ellos coincidieron en señalar que el régimen monárquico en España era ya un hecho inamovible, si bien los de nueva creación se esforzaron además por rescatar una imagen más positiva de la República.
Full text
1 UN CINCUENTENARIO PECULIAR: LA MEMORIA DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA EN LA PRENSA DIARIA DE 1981 Carlos Barrera Jordi Rodríguez-Virgili (Universidad de Navarra) Índice: 1. Introducción 2. Los nuevos periódicos, entre el “monarquismo pragmático” y el “republicanismo nostálgico” 3. La prensa conservadora, entre el olvido y el recuerdo para no repetir los errores del pasado 4. Epílogo Resumen: La comunicación analiza la imagen que los principales diarios españoles ofrecieron acerca de la Segunda República en su cincuentenario. Casi todos ellos coincidieron en señalar que el régimen monárquico en España era ya un hecho inamovible, si bien los de nueva creación se esforzaron además por rescatar una imagen más positiva de la República. Abstract: This paper analyses the image that the main Spanish newspapers provided about the fiftieth anniversary of the Second Republic. Almost all of them coincided in pointing out that the new Spanish monarchy was steady and strongly established although those recently founded strove for rescuing a more positive image of the Republic too. 1. Introducción La efeméride de los cincuenta años de la proclamación de la Segunda República Española, el 14 de abril de 1981, coincidió con un tiempo políticamente tormentoso y de peculiares características. Apenas siete semanas antes había tenido lugar la intentona golpista del 23 de febrero, finalmente abortada pero que supuso, entre otros efectos, una
2 valoración crecientemente positiva de la actuación del rey Juan Carlos y, por extensión, de la imagen de la nueva monarquía constitucional. En estas circunstancias, la conmemoración del cincuentenario se vio relegada a un plano más bien secundario dado que en extensos sectores de la vida pública española se vio la necesidad de hacer piña junto al nuevo régimen cuya existencia se había visto gravemente puesta en peligro desde sectores involucionistas de la ultraderecha política y militar. En esta comunicación se examina cuál fue la imagen que de la Segunda República se proyectó en los principales órganos de prensa diaria editados en España a propósito de dicha efeméride. Tomamos como muestra representativa tanto periódicos de alcance nacional (ABC, Ya, Pueblo, El País, Diario 16 y El Alcázar) como otros publicados en dos territorios con notable implantación nacionalista y antiguas simpatías republicanas como Cataluña (La Vanguardia, Avui y El Periódico de Catalunya) y el País Vasco (El Correo Español-El Pueblo Vasco y Deia). Como puede deducirse de su enumeración, también se han tenido en cuenta las distintas orientaciones ideológicas de esos periódicos de información general de forma tal que reflejaran lo más equilibradamente posible todo el espectro político posible desde la ultraderecha hasta la izquierda moderada. Como ha sido puesto de manifiesto por varios autores, la memoria de la guerra civil fue un elemento que intervino activamente en el diseño y en los métodos seguidos para el proceso de la transición política a la democracia por parte de los principales autores implicados: desde los provenientes de una u otra manera con el franquismo hasta los partidos de la oposición democrática. Dicha memoria, que llevaba consigo fundamentalmente la reconciliación mediante el olvido de lo ocurrido en dicha guerra fratricida, comprendía también inevitablemente la memoria de los años de la Segunda República dado que este período acabó desembocando en la guerra civil de 1936. Intentando no repetir los errores que hicieron fracasar aquel experimento democrático anterior se veía más factible que llegara a buen puerto el nuevo sistema democrático que se gestó en la transición (Aguilar, 1995; Mainer y Juliá, 2001; Álvarez Tardío, 2005). En este contexto tuvo lugar el cincuentenario de la Segunda República. No eran los mejores momentos para destacarla o hacer apología de ella porque se podía correr el riesgo de desestabilizar el proceso democrático recién iniciado y la viabilidad del nuevo
3 régimen constitucional. Además, como se verá, los actos o manifestaciones externas organizadas por grupos republicanos para recordarla fueron habitualmente perseguidos y prohibidos por las autoridades políticas ya desde abril de 1976. Estas razones explican que periódicos de fondo republicano, aun mostrando las características positivas del intento democrático de los años treinta, no se extremaran en su aprecio y se alinearan, de forma pragmática, junto a la monarquía como garante y valedora de la nueva democracia española y de los valores que, en su día, encarnó el régimen republicano. Para la prensa más conservadora, la imagen de la República fue considerada, por lo general, o bien como un hecho para el recuerdo, o bien, de forma más negativa, como un período inestable y fracasado. Aunque el punto central lo situamos en la conmemoración del cincuentenario, se hará mención también de tomas de postura adoptadas en las anteriores conmemoraciones del 14 de abril desde la muerte de Franco. Si bien no se dieron exactamente las mismas alarmantes circunstancias de 1981, en más de una ocasión coincidieron con contextos dignos de ser destacados para su debida comprensión. En abril de 1976, bajo el primer gobierno de la Monarquía con Carlos Arias como presidente, el ritmo de los acontecimientos reformistas era aún lento e incierto y el régimen monárquico todavía no se había consolidado ni mucho menos. En 1977, la conmemoración republicana vino a coincidir con la controvertida legalización del Partido Comunista de España y la subsiguiente crisis militar que sobrevino. En 1978 se estaba ya en plena gestación de una nueva Constitución democrática que consagraría la Monarquía como forma de gobierno, y un año más tarde ya podía hablarse en puridad de la nueva monarquía constitucional y democrática. En abril de 1980 se asomaban ya, sin embargo, negros nubarrones dado el creciente deterioro de la situación política y económica española con una democracia incipiente y no asentada todavía, y ruidos de sables como fondo. Tampoco cabe olvidar que, en los primeros pasos de la transición, la monarquía como institución, y por tanto el propio rey Juan Carlos como monarca, fueron especialmente protegidos desde el punto de vista de las críticas que podían sobrevenirle a través de la prensa. Es un elemento que hay que tener en cuenta a la hora de interpretar los contenidos de los diarios de aquella época.
4 En el primer gobierno formado por Adolfo Suárez en julio de 1976 fue nombrado ministro de Información y Turismo Andrés Reguera Guajardo. Éste, consciente de la inutilidad política de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, prefirió adoptar una política más sutil y reunió a los principales directores de medios informativos y, al tiempo que les pedía ayuda “para instaurar la libertad de prensa”, les concretaba tres temas que había que tratar “con máximo cuidado”. Como explica Elisa Chuliá (2001: 209), se trataba de: “La Corona, que constituía la base para la reforma; el Ejército (…); y la unidad territorial española, asunto muy sensible para los militares”. Meses después, el decreto de 1 de abril de 1977 sobre libertad de expresión vendría a ratificar este especial trato hacia la monarquía cuando, tras derogar los aspectos más punitivos de la Ley de 1966, se guardaba la posibilidad de proceder al secuestro de la edición si se atacaban esas tres mismas realidades mencionadas (Barrera, 1995: 35-36). No en vano en su preámbulo se hablaba de la necesidad de defender “aquellas instituciones cuya marginación de toda contienda política es la primera garantía de su fecunda serenidad”. Dar pábulo a los grupos o a las ideas republicanas podía, por tanto, considerarse como una ofensa a la “protegida” monarquía. Mediante un análisis comparativo se incidirá en las principales líneas argumentales que presentaron los distintos periódicos respecto del significado histórico de la República y su relectura en el contexto específico y peculiar de 1981, en plena transición democrática aún no consolidada y bajo la monarquía parlamentaria y constitucional consagrada por la Constitución de 1978. 2. Los nuevos periódicos, entre el “monarquismo pragmático” y el “republicanismo nostálgico” Con los nuevos aires que se abrieron en la transición vinieron también nuevos diarios, dispuestos a cubrir una serie de espectros ideológico-políticos que durante los años de la dictadura de Franco eran sencillamente inviables. El progresivo reconocimiento del pluralismo social y político tuvo su correlato en un mayor pluralismo informativo en los medios de comunicación escritos. Entre los de ámbito nacional destacaron El País y Diario 16, nacidos en mayo y octubre de 1976 respectivamente, y que buscaron un lugar entre el centro y la izquierda moderada, tanto en términos políticos como sociológicos. En Cataluña y el País Vasco surgieron lógicamente periódicos de clara
5 tendencia nacionalista; fueron los casos de Avui en abril de 1976 (escrito íntegramente en catalán), Deia en junio de 1977 y Egin a partir de septiembre de ese mismo año. El mayor éxito dentro del mercado de prensa barcelonés fue, sin embargo, El Periódico de Catalunya desde su nacimiento en octubre de 1978, pues pronto se convirtió, con su fórmula de diario popular, más avanzado políticamente y catalanista en el segundo detrás la todopoderosa Vanguardia. Las tradiciones en las que bebían estos nuevos diarios, todos ellos hijos de su tiempo, carecían de raíces monárquicas. Tan sólo en el caso de algunos sectores accionariales de El País se podía hablar de vinculaciones indirectas con la Corona. Pero al ser hijos de su tiempo estos periódicos participaron de algún modo en dos pactos tácitos, no escritos, en los que se vieron involucrados prácticamente todos los diarios de la época: el del consenso básico con la clase política en torno al proceso de la transición mismo, y el más específico que atañía a la figura casi intocable del rey Juan Carlos como garante de ese proceso. Sólo en los casos de Deia y Egin se percibieron distanciamientos de cierto calibre respecto a la aceptación de la Constitución de 1978, debido a su clara alineación con la postura reticente del nacionalismo vasco en esta cuestión (Barrera y Zugasti, 2006). De entre estos periódicos, El País fue no sólo el que mayor número de editoriales dedicó a las conmemoraciones del 14 de abril durante la transición sino también el que más razonamientos y argumentaciones proporcionó. Al irse convirtiendo además en el diario básico de referencia en la época, sus tomas de postura adquirían mayor notoriedad e influencia pública. En el editorial dedicado a la conmemoración del quincuagésimo aniversario de la República volvió a insistir en una de las tesis que ya venía exponiendo desde años atrás, a saber, que eran más importantes los “contenidos institucionales” que las “formas de gobierno”. Basados en esa distinción, la balanza se tornaba indefectiblemente a favor de la gestión realizada por Juan Carlos I y, por tanto, de la Monarquía como el régimen político más adecuado y conveniente para España. Así lo razonaba en ese editorial, escrito al calor del reciente intento del golpe de estado: “Si para los golpistas los contenidos políticos prevalecen sobre las formas de gobierno, resulta lógico que el cincuentenario de la II República sea contemplado por los defensores de la Constitución y de la democracia con la
6 perspectiva que concede el paso de los años y el aprecio por el régimen que garantiza hoy las libertades” 1 . Dentro de estos parámetros, no extraña que el editorial insistiera en que no cabía contraponer el 14 de abril a “la Monarquía parlamentaria, situada, por merecimientos propios, en la misma estela de convivencia civil y de voluntad de progreso en la que trató de inscribirse el experimento republicano y que fue interrumpida por la guerra civil y la dictadura franquista”. Y más adelante añadía que “la derecha y la izquierda parlamentarias se han comprometido con la Constitución y con el respeto a la legalidad de forma mucho más sincera y consecuente que las formaciones equivalentes de la II República” 2 . Era otra forma de destacar ese consenso básico tan característico del espíritu de la transición y, en cambio, tan contrapuesto al disenso de los años treinta. El resto de los nuevos diarios mencionados coincidieron con El País a la hora de interpretar el significado del cincuentenario en sus pautas principales. Llama la atención, en primer lugar, el hecho de que también los títulos de sus editoriales fueron lacónicos y carentes de matices valorativos: “50 años después” (Diario 16), “Medio siglo después del 14 de abril” (El Periódico de Catalunya), “Als cinquanta anys de la República” (Avui), o el artículo del comentarista habitual David Barbero en Deia, titulado “Hace medio siglo”. Insistiendo en las tesis centrales que El País defendía, El Periódico de Catalunya resumía al final de su editorial su postura con elocuentes palabras: “El dilema ya no está entre República o Monarquía, sino entre democracia o tiranía”. Y lo remachaba aludiendo a que “las esperanzas de los hijos y los nietos del 14 de abril, ahora bajo una monarquía constitucional y democrática, una vez más pueden quedar defraudadas” 3 : palabras que hacían una clara referencia a los recientes sucesos del 23 de febrero. Similar planteamiento hacía Diario 16 cuando afirmaba solemne que “ha tenido que llegar la Monarquía de Don Juan Carlos para que los republicanos de toda la vida (…) puedan conmemorar en paz una fecha de la historia de España” 4 . También se mostraron esencialmente pragmáticos significados órganos portavoces de las ideas nacionalistas en Cataluña y el País Vasco como Avui y Deia. El primero 1 El País, 14 de abril de 1981, p. 10: “50 años después”. 2 Ibid. 3 El Periódico de Catalunya, 14 de abril de 1981, p. 4: “Medio siglo después del 14 de abril”. 4 Diario 16, 14 de abril de 1981, p. 2: “Cincuenta años después”.
7 señalaba explícitamente que “tots els partits han acatat la Constitució i, en conseqüència, la monarquia com a sistema”, al tiempo que –desde su óptica más particularista– adjudicaba a la monarquía tanto la vuelta de la democracia como “l’intent de solucionar el contenciós històric de les nacionalitats”, que “també s’ha fet sota el seus auspicis” 5 . David Barbero, en su artículo mencionado en Deia, tampoco discutía el papel de la Corona en la transición y repetía casi al pie de la letra lo dicho por El Periódico: “El dilema no está en elegir entre monarquía y república, sino en garantizar la continuidad del sistema democrático” 6 . Todas estas posiciones prácticamente comunes en cuanto al papel de la monarquía representada por Juan Carlos I en el desarrollo democrático de España resaltaban, de forma especial, por su componente pragmático. Suponían la aceptación de un hecho consumado e incontrovertible, que inevitablemente ceñía las referencias al régimen republicano a otras vertientes distintas a la de su presentación como alternativa política. De ahí que abundaran las reflexiones de componente histórico, sentimental o nostálgico, expresadas en grados diversos. El diario que lo hizo con mayor vibración o emotividad fue El Periódico de Catalunya, que comenzaba su editorial con estas significativas palabras: “Hoy hace cincuenta años, España vivía uno de los grandes entusiasmos colectivos de su historia”. Es más, las tres cuartas partes de dicho editorial las dedicaba a recordar el significado de aquella República que –terminaba diciendo– “fue la penúltima ocasión que vivió nuestro país para incorporarse al siglo XX” desde el punto de vista de la modernidad y la democracia 7 . El discurso más elaborado fue el de El País, que dedicó varios párrafos a analizar cómo la Segunda República fue “una experiencia histórica cargada de enseñanzas para nuestro presente y para nuestro futuro”, destacando tanto las grandes diferencias existentes entre la España de 1931 y la de 1981 como algunas otras circunstancias que, sin embargo, a su juicio, habían “permanecido sustancialmente inalteradas”. Al final de ese examen se atrevía a realizar una especie de juicio histórico sobre las responsabilidades de derechas e izquierdas en el fracaso del experimento republicano, que incluía ciertas enseñanzas aplicables a la España del momento: 5 Avui, 14 de abril de 1981, p. 3: “Als cinquanta anys de la República”. 6 Barbero, David: “Hace medio siglo”, en Deia, 14 de abril de 1981, p. 15. 7 El Periódico de Catalunya, 14 de abril de 1981, p. 4: “Medio siglo después del 14 de abril”.
8 “El actual Gobierno haría mal en olvidar que el 18 de julio empezó a gestarse materialmente cundo José María Gil-Robles se hizo cargo del Ministerio de la Guerra y modificó la política militar del anterior bienio. Y la izquierda, a su vez, no puede ignorar que la aventura de Asturias y de Cataluña, en octubre de 1934, tuvo una gran responsabilidad en la marcha colectiva hacia el abismo de la II República y de la sociedad española”. Este último párrafo constituía algo así como un reparto de culpas muy en consonancia con el espíritu de la transición. No en vano el cincuentenario de producía, como el propio periódico decía al comienzo, “en unas circunstancias históricas tan singulares y en un ambiente político tan crispado y enrarecido que cualquier glosa del 14 de abril debe tomar en cuenta el marco actual de su conmemoración” 8 . Se trataba, pues, de unos elementos coyunturales que sin duda condicionaban el mensaje que la prensa lanzó a los ciudadanos. También El Periódico de Catalunya dedicó largos párrafos a glosar, con una mirada retrospectiva, el significado del 14 de abril. Hizo especial hincapié en lo que llamó “sentido regeneracionista de la República”, que adquirió significados muy diversos y bastantes veces contradictorios para distintos sectores sociales y políticos de la España de entonces. Así concluía que resultó “insuficiente para unos y excesiva para otros” 9 , dependiendo de las lecturas que hicieron de sus medidas o de las metas que se proponían: antioligárquica, anticlerical, libertaria o sovietizante. Avui, por su parte, se detuvo especialmente en el recuerdo de la proclamación finalmente frustrada, por vía de negociación y pacto, de la República catalana por Francesc Macià. Por eso afirmaba que “per als catalans, la proclamació de la República té un dring especial” 10 , dado que se pudo obtener la recuperación de la Generalitat y de un nuevo Estatut. De entre los periódicos de nueva creación, el que menos énfasis puso en el significado histórico y emotivo de la República fue Diario 16, que se felicitaba de que “nuestra Monarquía, que poco a poco va calando en el alma de la sociedad española, ha aportado 8 El País, 14 de abril de 1981, p. 10: “50 años después”. 9 El Periódico de Catalunya, 14 de abril de 1981, p. 4: “Medio siglo después del 14 de abril”. 10 Avui, 14 de abril de 1981, p. 3: “Als cinquanta anys de la República”.
9 grandes dosis de racionalidad y normalidad a esta sociedad aquejada de tensiones”. Y por eso concluía: “Bajo ella, el aniversario de la República es la conmemoración de un hecho histórico de indudable influencia en nuestra Patria” 11 . Esa consideración básica de la efeméride como un simple hecho histórico, se repetía también en los demás, si bien con otras tonalidades algo más emotivas. El País, siguiendo su argumento de distinción entre formas y contenidos, dictaminaba que “conmemorar hoy el cincuentenario de la II República no es celebrar en abstracto el derrocamiento de la forma monárquica de gobierno, sino, simplemente, levantar acta de que la Restauración cayó por el vaciamiento de sus contenidos democráticos”; de ahí que celebrara que “sea precisamente un nieto de Alfonso XIII, destronado en 1931, quien haya contribuido de manera decisiva a la recuperación de la soberanía, de la dignidad y de las libertades por el pueblo español” 12 . Los nuevos diarios catalanes participaban también de ese mismo sentimiento. El Periódico de Catalunya confiaba en que el “futuro de convivencia” que estaba dibujando la nueva monarquía constitucional y democrática era “la mejor reflexión que podemos hacer los ciudadanos españoles en este aniversario” 13 . Avui, por su parte, también hacía hincapié en esa misma meta cuando expresaba, a modo de deseo, incluyendo sus aspiraciones autonomistas o nacionalistas: “Només del seny, la paciència, el rigor i el treball de tots és d’on pot sorgir la consolidació definitiva del mínims necessaris per a fer possible la convivència creadora dels pobles de l’Estat espanyol” 14 . Tan sólo David Barbero, en el diario nacionalista vasco Deia, incluyó una referencia ligeramente reivindicativa al escribir que “el 14 de abril de 1931 queda todavía como una fecha a recuperar y a revalorizar históricamente”, dada la distorsión que a su juicio había sido sometida de forma premeditada en la historiografía y en la educación. Sin embargo, a pesar de esa demanda, reconocía que no había lugar para un dilema entre monarquía o república en la España de entonces 15 . La mayoría de estos nuevos diarios situados entre el centro y la izquierda o en el emergente ámbito nacionalista de la época fueron, pues, conscientes de los delicados 11 Diario 16, 14 de abril de 1981, p. 2: “Cincuenta años después”. 12 El País, 14 de abril de 1981, p. 10: “50 años después”. 13 El Periódico de Catalunya, 14 de abril de 1981, p. 4: “Medio siglo después del 14 de abril”. 14 Avui, 14 de abril de 1981, p. 3: “Als cinquanta anys de la República”. 15 Barbero, David: “Hace medio siglo”, en Deia, 14 de abril de 1981, p. 15.
16 fulminante, espectacular” de los dos intentos republicanos. Y adoptando una actitud eminentemente pragmática, se preguntaba: “Tenemos Monarquía. ¿Hay alguna razón para cambiarla? A nuestro juicio sería insensato empeñarse en reemplazar el envase en vez de ponerse a llenarlo de sustancia democrática” 30 . Por lo tanto, para el diario, los propagadores de la “mitificación republicana” tenían la pretensión de “eliminar una forma de gobierno que por sus características puede oponer una resistencia mayor” para alcanzar “objetivos ulteriores nada democráticos”. No desaprovechó Ya la ocasión para pedir, en aquella España de 1976, una aceleración palpable de las reformas que “haría” monárquicos, frente a una lentitud en la evolución que “haría” republicanos 31 . Si Diario 16 y El País habían criticado la persecución a la que se había sometido durante la transición a los grupos republicanos, Ya, al contrario, en un editorial de portada en 1977, consideraba las celebraciones como desfasadas en el tiempo. Para este periódico, “las consignas, proclamas y anuncios de actos convocados por grupos políticos marginales” pretendían dar a la República “una actualidad a todas luces artificiosa” 32 . Le parecían también “un desconocimiento de la voluntad libremente manifestada por el pueblo español en el pasado referéndum, un error político y un anacronismo histórico”. Apelando al espíritu de consenso y reconciliación nacional, instaba a entregar a la historia las fechas y los símbolos de uno y otro lado, porque había demasiados problemas por resolver entre todos como para agravarlos con artificiales conmemoraciones del pasado. En 1981, Ya trató el cincuentenario básicamente con el suplemento que lanzó en su edición del domingo 12 de abril. El diario de La Editorial Católica no era partidario de un pacto del olvido o del silencio, pero no quería emplear la historia como un arma política, rechazaba su instrumentalización como táctica política en sí. En este 30 “Contenidos de la monarquía y de la República”, en Ya, 14 de abril de 1976, p. 7. En las páginas de información nacional aparecía un extenso reportaje, sin firma, titulado “Ni libertad ni democracia con los dos ensayos de República”, donde hacía un repaso de la accidentada historia de la Segunda República. Ya, 14 de abril de 1976, p. 12. 31 Ibid. 32 Ya, 14 de abril de 1977, p. 1: “Anacronismos”.
17 suplemento se narraba la historia de la República a través de los editoriales de su colega El Debate y se publicaban diversas crónicas del ambiente de la época y varias entrevistas. Quizás lo más destacable era su interpretación del fracaso republicano: si El País hacía un reparto de culpas, Ya afirmaba rotundamente que “a la República la hicieron fracasar los propios Republicanos” 33 . El día propiamente dicho del cincuentenario, el 14 de abril de 1981, Ya solamente publicó una colaboración de Vicente Palacio Atard que profundizaba en esa misma tesis de la responsabilidad de los propios republicanos, ya que hicieron un régimen “excluyente de media España” y así “no fue posible la democracia y, por no serlo, no fue posible la paz” 34 . Los otros dos periódicos, de entre los tradicionales, que habían vivido la República optaron por una cobertura de baja intensidad del cincuentenario, rayana como consecuencia en el olvido de tan significada fecha. La Vanguardia tan solo ofreció una noticia sobre el coloquio internacional sobre la República que se había celebrado en Tarragona con la participación de conocidos historiadores 35 , y publicó el 14 de abril el mismo artículo de Antonio Garrigues en ABC ya comentado 36 . Menos aún trató el tema El Correo Español-El Pueblo Vasco, que se limitó prácticamente a reproducir la mencionada colaboración de Vicente Palacio Atard publicada en Ya 37 . Una actitud bastante similar fue la adoptada por el vespertino Pueblo, perteneciente a la cadena estatal de prensa, que sólo dio una breve nota anunciando las celebraciones de ARDE (Acción Republicana Democrática Española) y reprodujo algunos párrafos de un artículo de Javier Tusell publicado en El País y del escrito por Antonio Garrigues en ABC 38 . Desde la ultraderecha nostálgica del franquismo, el diario El Alcázar aprovechó la conmemoración del cincuentenario para cargar contra la Segunda República, el consenso político de la Transición e incluso la prensa ideológicamente rival. Aunque no dedicó ningún editorial específico a la cuestión, manifestó su posición a través de notas de redacción, de su director Antonio Izquierdo y de los artículos de sus colaboradores 33 “Hace 50 años se proclamó la República”, suplemento dominical, Ya, 12 de abril de 1981, pp. 1-13. 34 Palacio Atard, V., “14 de abril de 1931”, en Ya, 14 de abril de 1981, p. 8. 35 “Malefakis analizó las conquistas de la II República”, en La Vanguardia, 11 de abril de 1981, p. 8. 36 Garrigues, A., “El 14 de abril”, en La Vanguardia, 14 de abril de 1981, p. 5. 37 Palacio Atard, Vicente, “14 de abril de 1931”, en El Correo Español-El Pueblo Vasco, 14 de abril de 1981, p. 24. 38 Cfr. Pueblo, 14 de abril de 1981, pp. 2 y 18; 15 de abril de 1981, p. 2.
18 habituales. En su columna de portada del 11 de abril de 1981, Antonio Izquierdo comentó con cruel ironía la propuesta de Ramón Tamames de conmemorar en la Casa de la Villa el cincuenta aniversario de la Segunda República. El director se preguntaba: “¿Qué pretenden conmemorar los concejales socialcomunistas? ¿El 14 de abril? ¿El establecimiento de la República? ¿La orgía incendiaria de mayo de 1931? ¿La caída de la dinastía de la Casa de Borbón? ¿El inicio de un proceso revolucionario que culminaría en un intento comunista de asalto al poder? ¿El modelo de revolución social de Casas Viejas? ¿El patético y definitivo discurso de Gil Robles en el Parlamento? ¿Las tristes noches de Paracuellos del Jarama?” 39 . La nota de la redacción que acompañaba a esa noticia también arremetía contra la República, afirmando que la fecha del 14 de abril “no fue la jornada gloriosa que se acostumbra a describir”, y señalando que fue “el consenso vergonzante de los políticos” lo que hizo posible el derrumbe de un régimen monárquico y el advenimiento de una república que “concluyó como todos sabemos” 40 . El 14 de abril de 1981, los colaboradores de El Alcázar se volcaron en el señalado aniversario. Con una clara línea discursiva se criticaba la “detestable” República, que era la única culpable de su propio fracaso e incluso de la Guerra Civil. Así podía leerse: “La segunda República lo hizo muy mal y cuanto ahora se está diciendo para disimularlo, parte de mentiras y manipulaciones flagrantes”. No había lugar para matices cuando continuaba: “Aquella República fue un desastre y tuvo la culpa de la Guerra Civil. Las cosas son como son y pretender cambiarlas es una trampa. Una trampa y una vileza” 41 . Ismael Medina criticaba la conversión monárquica de algunos republicanos, razonando que “sostener y demostrar con pintorescos argumentos que la actual Monarquía es heredera y continuadora de la II República (…) no entraña sólo un descomunal dislate histórico y político (…), sino que destruye o niega las razones de legitimidad de la Monarquía hasta ahora esgrimidas”. Era una alusión directa al diario de Prisa, al que acusaba directamente de prestar un flaco favor a la monarquía: “El 39 Izquierdo, A., “Retorno”, en El Alcázar, 11 de abril de 1981, p. 1. 40 “Los comunistas piden que se celebre el aniversario de la II República”, en El Alcázar, 11 de abril de 1981, p. 7. 41 Vizcaíno Casas, F., “El retablo”, en El Alcázar, 14 de abril de 1981, p. 4.
19 deservicio de El País a la Corona no puede ser más procaz”. 42 4. Epílogo No corrieron, en abril de 1981, buenos tiempos para los republicanos desde los puntos de vista político, social y mediático. Si bien es cierto que ya se venía detectando una decreciente intensidad en sus movilizaciones a medida que avanzaban y se consolidaban el régimen monárquico y las reformas democráticas, la cercanía de los sucesos del 23-F aumentaron aún más, si cabe, su sensación de soledad política. El reconocimiento prácticamente unánime de la decisiva acción del rey Juan Carlos en la noche de la intentona golpista de 1981 jugó todavía más en contra de la capacidad de acción republicana puesto que gran parte de las mismas huestes republicanas, al menos las de signo más moderado mismos así lo reconocieron. Sirva como botón de muestra la entrevista que, el 15 de abril de 1980, Diario 16 hizo a Justino de Azcárate, uno de los integrantes de la conocida Agrupación al Servicio de la República. En ella declaraba cosas como que ya “no tiene vigencia la oposición República-Monarquía”, y que “el cambio respecto al régimen de Franco ha sido más profundo que el de la República respecto a Alfonso XIII” 43 . Entre la prensa diaria de información general resultó palpable que, pese a la coincidencia básica en resaltar la importancia de la nueva monarquía como factor de estabilidad y democratizador, no fue igualmente valorada la Segunda República en términos de memoria histórica. La mayoría de los diarios nacidos al socaire de los nuevos tiempos democráticos, al tiempo que manejaban un monarquismo más bien pragmático y “juancarlista”, se esforzaron por presentar el experimento de 1931 como un hecho positivo en la historia de España, que contó además con un fuerte respaldo popular. Por el contrario, los diarios más tradicionales y vinculados de un modo u otro a períodos anteriores de la historia de España tendieron a mostrar la Segunda República como un hecho histórico en el que hubo más de fracaso que de logros en términos sociales y políticos. No obstante, esta imagen no se transmitió tanto en los editoriales como en el tratamiento informativo otorgado. Caso aparte, como suele suceder 42 Medina, I., “Los republicanos y su gusto por la farsa”, en El Alcázar, 14 de abril de 1931, p. 5. 43 Diario 16, 15 de abril de 1980, p. 2.
20 habitualmente en este tipo de estudios, fue El Alcázar, que no compartió el mismo espíritu de convivencia que sí mostró el resto de periódicos. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Aguilar Fernández, P. (1996). Memoria y olvido de la guerra civil española. Madrid: Alianza. Álvarez Tardío, M. (2005), El camino a la democracia en España. 1931 y 1978. Madrid: Gota a Gota. Barrera, C. (1995), Sin mordaza. Veinte años de prensa en democracia. Madrid: Temas de Hoy. Barrera, C. y Zugasti, R. (2006), The role of the press in times of transition: the building of the Spanish democracy (1975-1978). En K. Voltmer (Ed.), Mass Media and Political Communication in New Democracies (pp. 23-41). Abingdon, Oxon: Routledge. Chuliá, E. (2001), El poder y la palabra. Prensa y poder político en las dictaduras. El régimen de Franco ante la prensa y el periodismo. Madrid: Biblioteca Nueva/UNED. Mainer, J.C., y Juliá, S. (2000), El aprendizaje de la libertad, 1973-1986. Madrid: Alianza.