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Las procesiones de sangre en Sevilla y Nueva España. A propósito de una pintura mural en la iglesia conventual de Huexotzingo

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Las procesiones de sangre en Sevilla y Nueva España. A propósito de una pintura mural en la iglesia conventual de Huexotzingo

Author: Palomero Páramo, Jesús Miguel
Year: 1981
Source: https://idus.us.es/bitstreams/9413455e-9c49-4321-9135-f9814420abc2/download
LAS PROCESIONES DE «SANGRE»
EN SEVILLA
Y
NUEVA
ESPANA.
A PRQPOSITO DE UNA PINTURA MURAL
EN LA IGLESIA CONVENTUAL DE HUEXOTZINGO
Jesús
Miguel
Palome o Pá amo
b
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
GRANADA
J
AEN MALAGA
CORDOBA
HUELVA
SEVILLA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
Las p ocesiones de Semana San a cons i uyen una de las mani es aciones que po su
emo i idad y iqueza de con enido conci an en mayo g ado la a ención
y
sensibilidad del
mundo hispánico. Al esplendo de es os ac os han con ibuido decisi amen e las Co adías
que,
en el cumplimien o de sus eglas, conmemo an públicamen e los su imien os que so-
po ó C is o en su pasión, cons i uyendo la exp esión cas iza de la e y de la piedad eligiosa
popula . Es a cos umbe, que se había iniciado en la península, pasó de i~media o a Amé ica
donde, has a cie o pun o, según ha ad e ido Rica d, suplan ó a las ce emonias de ca ác e
pagano
l.
De odos modos, an o en España como en Amé ica, el in e és de es as p oce-
siones se in ensi icaba cuando la es ación peni encial co ía a ca go de una co adía de
sang e o de disciplina.
Po lo que espec a a Se illa el o igen de sus p ocesiones de Semana San a es iba en el
Vía C ucis a la C uz del Campo que, en la Cua esma de 1521, e igía canónicamen e en Se illa
el
I
Ma qués de Ta i a
2.
El 4 de agos o de 1519 en aba en Je usalén como consecuencia de
su pe eg inación a Tie a San a don Fad ique En íquez de Ribe a, p ime Ma qués de Ta i a,
a quien acompañaba el poe a Juan del Encina. Imp esionado po el escena io, p ac icó el Vía
C ucis de las Doce Es aciones que, según una an igua adición, e a el que seguía a dia io la
Vi gen. Don Fad ique omó las medidas en a as cas ellanas y con unas poesías de Encina las
publicó a su llegada a Se illa, en 1521.
En la Cua esma de es e mismo año decide implan a es e eco ido en Se illa con las me-
didas aídas de Je usalén. La p ime a es ación la e ige en su palacio de San Es eban, que a
~a ii de es e momen o se ía conocido popula men e como ((Casa de Pila os)), ya que había
sido en el P e o io donde se inició el ((Camino de la Ama gu a)), ijándose la úl ima en la Hue -
a de los Angeles, camino del Humillade o de la C uz del Campo, a los 997,13 me os de
la salida, que ue la dis ancia eco ida po C is o en su pasión.
La p ocesión salía de la ((Casa de ~ila ob) los sie e ie nes de Cua esma, ezando los na-
za enos en el camino 1321 c edos
y
pad enues os que simbolizaban los pasos que, según la
adición, dio C is o con la c uz a cues as. Los peni en es y lagelan es salían con capuchas y
en cada una de las caídas de C is o hacían lo p opio con sus c uces
y
disciplinas.
Pa alelamen e las Co adías se illanas comienzan a ealiza
su
es ación peni encial que
du an e el siglo
x i
solía ija se en la isi a a cinco sag a ios. Es a indisc iminación en el a-
yec ose man u o has a 1604, en cuyo año el ca denal don Fe nando Niño de Gue a a o de-
na en el Sínodo celeb ado en Se illa, la obligada es ación de las Co adías de Se illa a la Ca-
ed al y las de T iana a la pa oquia de San a Ana po calles p e iamen e designadas po el
P o iso . Iban p ecedidas po un muñido con campanilla, a quien siguen en icua o niños
de la Doc ina. A con inuación enía el es anda e de la Co adía y la c uz pa oquia1 con su
manguilla lle ada po un sac is án si la He mandad es aba es ablecida en una pa oquia.
Luego, los he manos de luz acompañaban al «paso» del Seño seguidos po los peni en es
que po aban c uces y los aspados, empalados a pa e de los lagelan es que se disciplina-
ban. Inmedia amen e les seguía un ep esen ación de la comunidad eligiosa con ci ios, en el
caso de que la He mandad es u iese domiciliada en un monas e io. La p ocesión se ce aba
con el ((paso)) de la Vi gen escol ado po he manos con luces y hachones.
Algunas Co adías, como la del Descendimien o, p esc ibía que los he manos debían de
i ezando el osa io.
Y
en 1624 Claudio Rainsan e y Alonso Fe nández de Có doba, He mano
Mayo y P ios e de la Maca ena, ad ie en que la Co adía ((ha salido con sus únicas
y
es an-
da es, descalzos, con unas hechu as de C is o C uci icado en las manos y un osa io, p o o-
cando a los ieles a de oción y peni encia)). Pe o jun o a los peni en es, que lle aban el osa-
io
y
el c uci ijo, se encon aban ambién los ((he manos de luz)), si solamen e alumb aban
con an o chas, elas o hachas emb eadas; ((de c uz» si po aban una c uz de made a al
homb o,
y
los ((e npalados)) y ((aspados)) si se en ablillaban con un made o al o so o se suje-
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aban los b azos y las pie nas con una c uz decussa a. Los lagelan es cons i uyen un g upo
especial.
Lle aban el os o cubie o con capi o es y las espaldas desnudas. Todos con disciplina
y lá igo. Caminan len amen e
y
se an golpeando las espaldas an e la admi ación y el pasmo
de los p esen es. Al eg esa la Co adía de su es ación es aban p epa adas en capilla a ias
asijas g andes con ino he ido, a ayán en pol o, lau el, osas, iole a
y
ome o pa a que se
la a an las he ida; que se habían hecho du an e el ayec o, siendo asis idos en es a ope a-
ción po aquellos he manos que, po di e en es causas, no hubiesen concu ido a la p oce-
sión; y si de es os no había, en onces los de luz cumpli ían es a misión. La He mandad de las
Ciga e as imponía una lib a de ce a de mul a a quien se excusase
y
no asis ie a a los «dis-
-
ciplinan es de sang e)) de su Co adía.
sin
emba go, la modes ia, compos u a
y
el silencio de 10s p ime os mOmen oS ue dan-
do paso a una se ie de deso denes
y
escándalos, p omo idos Po la indecencia de algunos
-
disciplinan es que hacían la es ación de peni encia bajo únicas co as y anspa en es,
y
las
bu las y b omas que p o ocaban cie as muje es de mo alidad dudosa, apa e de la p o esión
de i ilidad que el. p e endien e eje cía sob e su enamo ada.
Cuando Blanco Whi e esc ibe sus imp esiones sob e el Jue es San o se illano de 1806
señala que hacía escasamen e cua en a años que habían desapa ecido los disciplinan es de
sang e y ap ueba la o den gube namen al que p ohibió «la epugnan e exhibición de gen e
bañada en su p opia sang e)). Los lagelan es p ocedían de los más abyec o de las clases ba-
jas y ((an es de inco po a se a la p ocesión se he ían la espalda
y
ya en ella se azo aban unos a
o os con disciplina has a hace que la sang e co ie a po sus hábi os. Fácil es comp ende
que la eligión nada enía que e con es a olun a ias lagelaciones. En e ec o -con inúa
Blanco Whi e- es aba muy ex endida la idea de que es e ac o de peni encia enía un exce-
len e e ec o sob e la cons i ución ísica, y mien as po un lado la anidad se sen ía halagada
po el aplauso con que el público p emiaba a la lagelación más sang ien a, una pasión
oda ía más ue e buscaba imp esiona i esis iblemen e a las obus as beldades de las cla-
ses humildes))
3.
Además el pano ama se complica con la p esencia del a san e.
Y
así los icos, que
salían como he manos de luz, alquilaban o hacían azo a se a sus semido es, lo cual ya ue
p ohibido po el Sínodo se illano de 1604, pe o se siguió haciendo.
Y
los que pudo osamen e
no se descub ían las espaldas encon a on el sub e ugio de usa únicas acolchadas y al-
mohadones en los que el golpe e a más uidoso que c uel. Po o a pa e, bajo el p e ex o de
la p ocesión, se celeb aba una e dade a masca ada a la que la gen e acudía a di e i se co-
-1-10
si se a a a de una e ia, Ya que el i ine a io es aba jalonado po pues os
y
ende e es am-
bulan es de bebidas y comes ibles.
El Cabildo, según e ie e Ma u e, a ó median e eglas
y
ecomendaciones de acaba
con es a co upción; siendo p eciso pa a su de ini i a desapa ición la p omulgación de una
Real O den po Ca los III en 1783 p ohibiendo ene gicamen e en las p ocesiones de Semana
San a que se celeb a an en sus einos la asis encia de peni en es de sang e, empalados y
o os espec áculos ajenos al espí i u eligioso que les impulsó.
Desg aciadamen e no se conoce has a la echa en Andalucia ningún es imonio
ico-
nog á ico del siglo
x i
que ilus e una p ocesión de sang e donde se e leje el e o , la com-
pos u a
y
de oción p imi i as. No sucede lo mismo en Amé ica y en las ecien es ob as de
es au ación ealizadas a lo la go de 1980 en la iglesia con en ual de Huexo zingo (Puebla.
México) acaba de apa ece , as sepa a los e ablos cola e ales del lado de la epís ola y e&-
bie a po una capa de cal que no ha log ado desp ende se en su o alidad, una in e esan e
pin u a mu al que ep esen a una p ocesión de disciplina en Nue a España du an e el e cio
inal del
x l.
Tengase en cuen a que el con en o se concluye en 1570 y que el e ablo mayo
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del emplo se ealiza en e
1584
y
1586.
Con pos e io idad al e ablo mayo se debie on de
lab a los la e ales ya que p esen an las ca ec e ís icas de la a qui ec u a de made a en el
pe iodo manie is a, blanqueándose en onces los mu os de la iglesia. Consecuencia inmedia a
de es a ac i ud ue la pé dida de la imp esionan e iqueza iconog á ica y pedagógica que
o ecían las pin u as mu ales pa a los ieles, según se desp ende del lienzo que acaba de apa-
ece con el ema de una p ocesión de sang e
4.
Una ep esen ación que no esul a ex aña ya que an o las Co adías como las p oce-
siones debie on de ins i ucionaliza se en Amé ica en echa emp ana alcanzando de inme-
dia o en e los indios una a o able acogida
y
un c ecido g ado de pa icipación pues o que
en
1624
cuando ay Juan de G ijalba, p io del con en o de San Agus ín de México, publica
la
C ónica
de la O den
de
N.
P.
San Agus in en las p o incias de Nue a España
e ie e que,
aunque los españoles ue on a iciondos a las p ocesiones, los indios enían a esul a en es e
pun o sus maes os
5.
Con an e io idad a la llegada de Zumá aga a México, ay Ped o de Gan e ya había un-
dado en San José de los Na u ales la Co adía del San ísimo Sac amen o.
Y
en San José se
domicilian ambién la de las Animas, la del Co dón de San F ancisco, la de San Diego de Al-
calá, la de la San ísima T inidad, la de la Ve a C uz, la de la Soledad
y
la del San o En ie o.
Todas es aban bajo la di ección de los anciscanos a cuyo ca go se encon aba la pa oquia
de San José de los Na u ales. Asimismo los dominicos y agus inos o ganizan sus p opias
co adías e~ibiendo ambién a las que quie en es ablece se en sus con en os.
Y
mien as el
dominico ay Tomás de San Juan undó la Co adía del Rosa io; los agus inos u ie on po
no ma o ganiza en odos sus con en os una Co adía dedicada a las Animas y o a a la Vi -
gen. Una ez es ablecida la Co adía en el con en o se ija on una se ie de no mas que
exigían a la Co adía y a la comunidad p es aciones simila es. De acue do con es e comp o-
miso la Co adía debía de cumpli las siguien es condiciones:
1.
Edi ica la capilla en el sola adjudicado o adecen a la, si ya es aba cons uida.
2.
Acompaña con ce a y música a la comunidad en su ies a p incipal.
3.
Acompaña con ce a
3
la comunidad en el en ie o de un eligioso.
4.
Acompaña con ce a a la comunidad en odas las ies as gene ales del con en o,
apa e del Jue es San o, Vie nes San o
y
Domingo de Resu ección.
d
5.
La He mandad se obligaba pe pe uamen e a deci en el con en o odas aquellas mi-
sas que se su aga an po el alma de sus he manos di un os.
6.
Con ibui anualmen e con una limosna a las necesidades del con en o.
Po su pa e la comunidad enía que co esponde de la siguien e mane a:
1.
Celeb a la unción p incipal de la He mandad.
2.
Celeb a la segunda es i idad de la He mandad con la misma solemnidad e idén icas
ce emonias que en la unción p incipal del ins i u o.
3.
P edica los se mones del Domingo de Ramos, Jue es y Vie nes San o.
4.
Acompaña con doce eligiosos como mínimo a la Co adía en la es ación de peni en-
cia que celeb e en la Semana San a.
5.
Asis i a los he manos en e mos, ayudándoles a bien mo i
y
doblando las campanas
en su en ie o.
6.
Sali a ecibi a los he manos allecidos que decidan en e a se en la capilla de la He -
mandad y hace les las exequias usuales en es os casos.
Pe o si es os comp omisos y obligaciones ue on comunes a las Co adías de «luz» y a
las de «sang e»; las di e encias en e unas
y
o as son no able cuando salen en p ocesión.
Según G ijalba las p ocesiones de disciplina salían en la cua esma lle ando sus miemb os ci-
ios, pasos
y
es anda es de acue o con la cos umb e española
6.
Zo i a queda espan ado del
gas o que se hacía en la adquisición de elas
y
Mo olii,ía ci a en doce mil el núme o de dis-
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ciplinan es que se lace aban el Jue es San o en México. llegando en Texcoco y Tlascala a
ein e mil, aunque econoce que la gen e pues a en p ocesión apa en a más de
10
que es. Se-
gún Mo olinía en el Jue es San o mexicano los indios eco ían p ocesionalmen e el i ine a io
de la es ación peni encial en o mación de sie e u ocho de ondo sin disc iminación de sexo
ni
edad, ya que pa icipaban homb es, muje es y muchachos, no al ando ampoco los impedi-
dos y lisiados.
«Y
en e o os cojos - e ie e admi ado el anciscano- i uno que e a cosa
pa a no a , po que enía secas ambas pie nas de las odillas abajo, y con las odillas y la mano
de echa en ie a siemp e ayudándose, con la o a se iba disciplinando, que en solo anda
ayudándose con ambas manos enía bien que hace )). Las disciplinas.e an de alamb e o de
co deles, «que no escuecen menos)). Es a p ocesión de disciplina -concluye Mo olinía-
«es de mucho ejemplo y edi icación a los Españoles que se hallan p esen es, an o que o se
disciplinan con ellos, o oman la c uz o lumb e pa a alumb a los
y
muchos Españoles he is o
i llo ando y odos ellos an can ando el Pa e Nos e
y
A e Ma ia, C edo y Sal e Regina, que
muchos de ellos po odas pa es lo saben can a . El e ige io que ienen pa a después de la
disciplina es la a se con agua calien e y ají»
8.
Recogimien o, compos u a y de oción que se obse a igualmen e en la p ocesión de
sang e de Huexo zingo, cuya ep esen ación iconog á ica y es imonial se dis ibuye en es
egis os ho izon ales (Iáms.
1-21.
En la aja supe io , los disciplinan es de sang e, cubie os
con capi o es bajos, se azo an las espaldas. En el egis o in e medio los naza enos po an los
a ibu os de la Pasión: la lanza de Longinos y la esponja con la caña, las escale as del Des-
cendimien o, las monedas de la aición, la co ona de espinas, el ma illo, el paño de la Ve ó-
nica, el suda io, los cla os, la caña del ((Ecce Ho no))
y
la columna con los lagelos, encabeza-
dos po o o encapuchado que lle a el es anda e de la Co adía. En la zona in e io p osigue
el des ile de 10s lagelan es que ezan el osa io mien as se golpean la espalda.
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NOTAS
1 RICARD, Robe . La Conquis a Espi i ual de
Mdxico. México,
1947,
p. 339.
2 Sob e es e asun o y los pun os subsiguien-
es &ase mi lib o La imagine lá p ocesional
se illana: mis e ios, naza enos y c is os. Se-
.
illa, 1981.
3 BLANCO WHITE, José. Ca as de España.
Mad id, 1972, p.
222.
4
Ace ca de la edi icación del con en o y las
pin u as mu ales de la ((Sala de P o undis)),
de la pieza inmedia a y del claus o -las úni-
cas conocidas y publicadas- éase la ob a
gene al de Diego Angulo. His o ia del A e
Hispanoame icano.
1,
Ba celona, 1945, pp.
203-214 y II, Ba celona, 1950, pp. 355-357.
Sob e el e ablo mayo y los la e ales de
Huexo zingo es ú il e in e esan e el abajo
de Guille mo To a . Pin u a y escul u a del
enacimien o en México. México, 1979, pp.
282 y
SS.
5 Lib. II, cap.
6,
ol. 72.
6 Lib. II, cap.
6,
ol. 72 .
7
1,
pp. 191, 210-211
y
512.
8 T a ado
1,
cap. 13.
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