El "sueño latinoamericano": la esperanza en el futuro
Abstract
En sintonía con el autor J. Rifkin, el autor considera que el "sueño norteamericano" está periclitado. Por el contrario está en desacuerdo con ese mismo autor en la consideración de que en el futuro será el "sueño europeo". El autor considera que en el ho
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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78-100 El “sueño latinoamericano”: la esperanza en el futuro1 Francisco Javier Caballero Harriet2 Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (España) Resumen En sintonía con el autor J. Rifkin, el autor considera que el “sueño norteamericano” está periclitado. Por el contrario está en desacuerdo con ese mismo autor en la consideración de que en el futuro será el “sueño europeo”. El autor considera que en el horizonte se atisban indicios que posibilitan afirmar que el porvenir será latinoamericano. La implementación del orden feudal, frente al cosmos abierto de la reforma protestante, realizada por la colonización española, así como la inexistencia de una clase social burguesa en el momento de la independencia y construcción de los nuevos estados latinoamericanos y la aparición del fenómeno de la emergencia (el regreso a/de las culturas) como contraposición a la pretensión de universalización y unificación de la globalización neoliberal constituyen claves a partir de las cuales el autor sostiene la esperanza latinoamericana. Palabras clave: Latinoamérica, cultura, neoliberalismo, feudalismo. THE “LATIN AMERICAN DREAM”: HOPE IN THE FUTURE Abstract In line with the author J. Rifkin, the author considers that the “American dream” is died out. Rather disagree with the same author in the consideration that in the future will be the “European dream”. In this sense, the author believes that on the horizon that enable peek evidence to say that the future will be Latin American. The implementation of the feudal order by the Spanish colonization, facing the open cosmos of the Protestant Reformation and the absence 1 Este trabajo es un extracto de la cuarta parte del libro de mi autoría Algunas claves para otra mundialización, Santo Domingo, FUNGLODE, 2009. 2 Dr. Francisco Javier Caballero Harriet, Catedrático de Filosofía del Derecho en el Departamento de Derecho Administrativo, Constitucional y Filosofía del Derecho de la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (España). http://institucional.us.es/araucaria/
79 El “sueño latinoamericano”: la esperanza en el futuro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78–100. of a bourgeois class at the time of independence and construction of the new Latin American states and the emergence of the phenomenon of emergency (the return to / from the cultures) as opposed to the claim of universality and unification of neoliberal globalization are key from which the author holds the Latin American hope. Keywords: Latin America, culture, neo-liberalism, feudalism. Soy consciente del riesgo que se corre al tratar de prever el futuro, de crear anticipadamente lo que vendrá, de adivinar el devenir. Pero también se que es tarea del intelectual “tratar de analizar qué aspectos del pasado son importantes, qué tendencias apuntan y qué tipos de problemas presentan”. Así pues, como señala Eric J. Hobsbawm, “dentro de ciertos límites, nosotros debemos hacer un esfuerzo de predicción, pero sin olvidar nunca el peligro que se corre de convertir esa previsión en caricatura”3. De ahí que trataré de reflexionar, de forma sumaria, a partir de las experiencias de los “sueños americano y europeo” y, algunos aspectos que considero relevantes de la propia historia sudamericana, sobre si existe la posibilidad de que, en el futuro, sea “el sueño latinoamericano”. 1. Despejar tópicos A veces los tópicos repetidos hasta la saciedad se convierten en verdades y operan como dogmas en la mente de las personas que los admiten sin el más mínimo cuestionamiento. Tal es el caso del término, hoy muy en boga, globalización. Son muchos los autores que, como E. Morin, sitúan el inicio de la globalización en el descubrimiento de América. El autor francés afirma que “la globalización –“la planetización” (como él prefiere utilizar)- es la última etapa conocida de un proceso iniciado con la conquista de las Américas y el desarrollo de las navegaciones alrededor del mundo y que culmina con la relación cada vez más estrecha entre todas las partes del mundo”4. Y, esta afirmación, además de ser, en parte, incorrecta, puede inducir a error a la hora de analizar el hecho histórico del descubrimiento y conquista de “las Américas” y sus consecuencias para el devenir social, económico y político de la América del sur. Y es que más allá del evidente hecho de la ampliación de la geografía y de la generalización de la navegación como medio de transporte y de la inmediata fiebre desatada por conseguir, de la forma que fuere5, los tesoros del Nuevo Mundo, 3 HOBSBAWM, E. J., Entrevista sobre el siglo XXI, p. 14. El autor se refiere al deber del historiador que yo hago extensivo al deber del intelectual en general. 4 MORIN, E., “En el corazón de la crisis planetaria”, La violencia en el mundo, Barcelona, Paidós, 2004, p. 54. 5 A modo de ejemplo traigo a colación un texto de GALEANO, E., Las venas abiertas de América Latina, Madrid, 2005, pp. 28 y 29, que, a su vez extrae la información de CAPITAIN, L., y LORIN, http://institucional.us.es/araucaria/
80 Francisco Javier Caballero Harriet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78-100 el descubrimiento y la conquista de América tenían su fundamento en la expansión e implantación de una determinada ideología que constituía el elemento esencial y necesario para garantizar su explotación en el futuro6 y que, a mi entender, va a ser determinante en el desarrollo histórico latinoamericano. Esta determinada ideología no se corresponde precisamente con la ética protestante, que surgirá de la Reforma de Lutero y Calvino. Realmente la historia protestante de la redención de la humanidad, como fundamento ideológico, estará en la base del desarrollo imperial de Gran Bretaña en el Norte de América. La ética protestante cristalizará en lo que Max Weber llamó “espíritu del capitalismo”, dará pie a una forma de orden capitalista moderno entendido como “organización racional del trabajo formalmente libre”7 y estará en la base del desarrollo del liberalismo que, finalmente, desembocará en el neoliberalismo, esto es, en la globalización neoliberal. E. Morin, estaría en lo cierto al relacionar el inicio de la globalización con la conquista de América del norte (parte de lo que luego serían los Estados Unidos de América) pero, este no es el caso de lo que, comúnmente, se entiende como descubrimiento y conquista de América. 2. La gran aculturación y el imaginario feudal Por el contrario, ese determinado sistema ideológico, será el del imaginario feudal que, como ideología coherente, suponía toda una teoría del sistema social: el orden feudal8. Los obispos Gerardo de Cambray y Adalberón de Laon a comienzos del siglo XI van a conformar, con las piezas dispersas de los escritos de Agustín de Hipona, Gregorio Magno, Jerónimo, Bonifacio, AlcuiH., El trabajo en América, antes y después de Colón, Buenos Aires, 1948, dice: “Tres años después del descubrimiento, Cristóbal Colón dirigió en persona la campaña militar contra los indígenas de la Dominicana. Un puñado de caballeros, doscientos infantes y unos cuantos perros especialmente adiestrados para el ataque diezmaron a los indios. Más de quinientos, enviados a España, fueron vendidos como esclavos en Sevilla y murieron miserablemente. Pero algunos teólogos protestaron y la esclavización de los indios fue formalmente prohibida al nacer el siglo XVI. En realidad no fue prohibida sino bendita: antes de cada entrada militar, los capitanes de conquista debían leer a los indios, ante escribano público, un extenso y retórico “Requerimiento” que los exhortaba a convertirse a la santa fe católica (…)”. Ver igualmente SILVA, J. F., El mural Ecuador de Oswaldo Guayasamín, (Ensayo de interpretación), Pichincha, 1980. 6 ELLIOTT, J. H., Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492 – 1830), Madrid, 2006, pp. 588 y 589 dice: “El hecho de que las tierras bajo el poder de España incluyeran numerosas poblaciones sedentarias indígenas y ricos yacimientos mineros encaminó a una estrategia imperial que tenía como objetivo introducir el cristianismo y la “policía” o civilidad al estilo europeo en dichas poblaciones y explotar los recursos minerales, según la equiparación contemporánea, no descabellada, entre metales preciosos y riqueza”. 7 WEBER, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, p. 14. 8 MAURO, F., “Colonisations latines” en Civilisation latine (bajo la dirección de DUVY, G.), Paris, 1986, p. 236 dirá: “La sociedad española en América es, se ve, la mas latina, la mas romana de todas las sociedades coloniales de la época. Es la más pura proyección en el Nuevo Mundo, de la idea del Imperio, en el sentido legado por las sucesivas generaciones europeas, desde la Edad Media”. http://institucional.us.es/araucaria/
81 El “sueño latinoamericano”: la esperanza en el futuro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78–100. no y otros, un nuevo sistema social en cuyo centro está “el postulado de una coherencia entre el cielo y la tierra, las dos partes de un mundo homogéneo, construidas a partir de un único plan y que se encuentran por ende relacionadas, (…). El nivel superior representa para el otro un modelo tan acabado que cualquier proyecto de reforma en este estado exige un esfuerzo particular para vencer la ley de la gravedad”9. Se trataba de la reproducción en la tierra del orden celeste a través de un sistema político - social en el que la monarquía universal fuera, en lo político, la imagen del orden monoteísta del más allá y, por tanto, en lo social, voluntarista, determinista, predestinado y tri-funcional, (dos funciones dominantes oratores (obispos) y bellatores (príncipes), y una dominada (pauperes)10 en el que, para mejor desarrollo de la funciones de cada cual, era necesario un “orden de la diferencia” que estableciese la jerarquía bajo el temor. Ya, a comienzos del siglo VII, en un tratado de moral cívica, Isidoro de Sevilla había adelantado la justificación coactiva de ese modelo diciendo “aunque la gracia del bautismo redime a todos los fieles del pecado original, Dios el justo discriminó en la existencia de los hombres e hizo a unos esclavos y a otros señores con el propósito de que la libertad de cometer el mal fuese restringida por los poderosos. Pues ¿cómo podría prohibirse el mal si nadie tuviese miedo?”11. A partir del siglo XI, en los siglos siguientes, el modelo se generaliza entre las dinastías de toda Europa y, en él, como señala Von Martin, “el hombre medieval, cuya conciencia no se halla aun en rebeldía contra su condición, sino al unísono de ella, se siente miembro de un todo social graduado según multitud de relaciones de dependencia, hasta el punto de que es éste el que da al individuo derecho a la existencia. (…) y, además, ese mismo individuo, “cree que la estructura jerárquico –estamental es “natural” y querida por Dios, esta creencia constituye el elemento aglutinante de la sociedad medieval”12. Con el descubrimiento y la conquista de América se expande el reino de Castilla y su modelo feudal al Nuevo mundo. El papa Alejandro VI proclama 9 DUBY, G., Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo, Madrid, 1992, p. 98. 10 DUVY, G., Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo, p. 144, dirá: “¿Los pobres? La significación de la palabra no es económica en el vocabulario social. Tampoco jurídica: no se trata aquí de esclavos. De “servi”, puesto que esta gente no pertenece al “pueblo”, están situados fuera del campo de la acción real, integrados en un orden diferente, doméstico, privado y responden como las mujeres a otro poder, a otra moral. Los pobres son los varones adultos de condición libre que no pueden defenderse. El grupo de los pobres constituye la parte desarmada del “pueblo”. ¿Qué diferencia podía existir entre esta clase social y los indios sudamericanos objeto de la controversia entre los religiosos españoles Bartolomé de la Casas y Sepúlveda? Véase sobre esta cuestión la interesante tesis doctoral de ALVAREZ – CIENFUEGOS FIDALGO, J., Visión ética, jurídica y religiosa del indio en la polémica entre Las Casas y Sepúlveda, San Sebastián, 1998. Igualmente ver DEIVE, C. E., La Española en la esclavitud del indio, Santo Domingo, 1995 11 DUVY, G., Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo, pp. 110 y 111 (cit., Isidoro de Sevilla, Sentencias, III, 47, PL 83, 717). 12 VON MARTIN, A., Sociología de la cultura medieval, Madrid, 1970, pp. 65 y ss. http://institucional.us.es/araucaria/
82 Francisco Javier Caballero Harriet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78-100 a la reina Isabel de Castilla señora y dueña de las tierras descubiertas y de sus gentes convertidas en vasallos13 y será, por tanto, el imaginario feudal y, por ende, la estructura social jerárquico-estamental de ese orden feudal, con adaptaciones de detalle14, lo que los descubridores-conquistadores a su servicio, van a trasladar e implantar en esas tierras15. Se tratará, bajo pretexto de ampliación del reino de Dios sobre la tierra16, al margen de otro tipo de consideraciones (en las que no voy a entrar y sobre las que existe amplia literatura), desde el punto de vista antropológico, de un extraordinario y sin precedentes fenómeno de aculturación axiológico-jurídico-económico-político y de homogeneización de la estructura social en general y, consecuentemente, ideológico materializado sobre la diversidad y heterogeneidad de las culturas autóctonas que va a resultar definitivo en el devenir de esos pueblos (desde ese momento) latinoamericanos. Por tanto, la alianza entre la Iglesia y el Estado va a ser la piedra angular del edificio feudal, esto es, del orden social y su imaginario implantado en la América del Sur que posibilitará a la España imperial mantener y explotar, durante trescientos años en un escenario de continuos enfrentamientos y luchas seguidos de acuerdos de coyuntura con las etnias y culturas autóctonas mediatizadas, su imperio en las Indias. Trescientos años son muchos años…, los suficientes para asentar un orden social donde con, anterioridad, existían una pluralidad y diversidad de órdenes sociales, de creencias, de conocimien13 ELLIOTT, J. H., Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América, 1492 – 1830, pp. 160 y 161 dice: “Isabel y Fernando habían establecido el principio fundamental de que los habitantes indígenas en los nuevos territorios de ultramar de la corona de Castilla eran sus vasallos y, como tales, no debían ser esclavizados. “¿Qué poder tiene el almirante para dar a nadie mis vasallos?”, preguntó Isabel en 1498, cuando le contaron que Colón había permitido a cada colonizador que regresara a La Española volver a España con un esclavo. Todos los esclavos debían ser liberados inmediatamente. Sin embargo, había excepciones que los conquistadores y primeros colonizadores no tardaron en explotar. (…)”. 14 En realidad, algunas sociedades, como por ejemplo, el imperio Inca así como la sociedad andina que le precedió, eran sociedades jerarquizadas. Con respecto a esta última, ROSTWOROWSKI, M., Historia del Tahuantinsuyu, Lima, 2006, dice: “Con el examen de la sociedad andina de finales del siglo XV destaca una sociedad jerarquizada, que antes del dominio Inca estaba compuesta por macroetnias gobernadas por sus curacas (señor principal del pueblo) quienes, a su vez tenían bajo su autoridad a una serie de señores menores, y si bien en este sentido su estructura no varió, el advenimiento de los incas significo para los grandes señores una pérdida de poder y de buena parte de sus riquezas”. Ver, igualmente, KOHUT, K., y ROSE, S. V. (Editores), La formación de la cultura virreinal, vol. 3, s. XVIII, Madrid, 2006. 15 En su particular visión de los efectos de la conquista de América, MARTI, J., Obras Completas, La Habana, 1963-1966, v. 6, p. 98 dice: Después de que la conquista hubiese interrumpido la obra natural y majestuosa de la civilización americana, se vio crear, con la llegada de los Europeos, un pueblo extraño, no español, porque la savia nueva rechaza el cuerpo envejecido; no indígena, porque ha sido necesario sufrir la ingerencia de una civilización devastadora, dos palabras que en su antagonismo, constituyen una acusación; se vio crearse un pueblo mestizo en su forma, que con la reconquista de su libertad, desarrolla y encuentra su alma original” 16 Ver ELLIOTT, J. H., Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492 – 1830), cap. 7 titulado “América como espacio sagrado. El plan providencial de Dios.”. http://institucional.us.es/araucaria/
83 El “sueño latinoamericano”: la esperanza en el futuro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78–100. tos, de particulares racionalidades17 y consolidar una única forma de entender el mundo y la vida que va a resultar determinante, de manera especial, en el momento de la independencia y la formación de los estados nacionales en Latinoamérica. 3. La Reforma y el Norte de América Durante estos tres siglos de dominación imperial española sobre Latinoamérica, en el exterior, habían ocurrido hechos de enorme trascendencia. De entre ellos, el más importante, no solo desde el punto de vista religioso, que lo fue enormemente, sino por lo que significó en el terreno político, económico y social para toda la sociedad occidental, fue la Reforma protestante. De ella surge un nuevo orden, una nueva mentalidad, un nuevo estilo de vida, sometido a ciertas normas, es decir, a una ética determinada que cimentará el capitalismo moderno entendido como utilización industrial racionalizada del capital y como organización racional del trabajo18. A finales del siglo XVII, J. Locke, como culminación de las aportaciones que habían venido realizando los constitucionalistas ingleses Hooker, Coke, Sidney, Tyrrel, Milton, etc., a partir de su propia observación empírica de la realidad inglesa, en el Segundo Ensayo sobre el Gobierno civil, coincidiendo con el final de la Revolución inglesa, propone la monarquía constitucional, es decir, el modelo de Estado liberal como pieza fundamental del nuevo orden capitalista esto es, la economía de mercado y el aparato administrativo moderno funcionando como dos subsistemas que se ajustan con criterios de utilidad en base a “una correcta proporción en la distribución de cargas”, en el interior de un sistema monárquico común, al servicio de la burguesía como nueva clase emergente. Se había sembrado el caldo de cultivo para que la Revolución en las colonias del Norte de América, en la segunda mitad del siglo XVIII, sacase adelante los objetivos de los segregacionistas19. En realidad no se trataba de una 17 Ver HODGEN, M. T., Early Anthopology in the Sixteenth and Seventeenth Centuries, Filadelfia, 1964, caps. 5, 6 y 7. Igualmente es de interés consultar la reciente publicación de MANN, Ch. C., 1491. Nuevas revelaciones sobre las Américas antes de Cristóbal Colón. Paris, 2005. El autor basándose en estudios etnológicos, antropológicos, científicos e históricos muestra que, en la época precolombina, habitaban en América civilizaciones brillantes y evolucionadas lejos del tópico, que los historiadores han contribuido a crear presentando un continente poco evolucionado. 18 WEBER, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, p. 57. 19 Si hubiera que citar un personaje representativo entre ellos, no habría demasiadas dudas en señalar a John Dickinson. Se trataba de un abogado de Filadelfia que, a su vez, era pequeño propietario independiente que encarnaba el espíritu del whig norteamericano. De él dice PARRINGTON, V. L., El desarrollo de las ideas en los Estados Unidos: Las ideas coloniales: 1620 a 1800, v. I, cap. III, p. 321: “La figura sobresaliente de este partido moderado de los conciliacionistas, durante los días de tediosos debates, fue John Dickinson, de Filadelfia. Sus Letters from a Pennsylvania Farmer (Cartas de un agricultor pensilvano), publicadas entre el 2 de diciembre de 1767 y el 15 de febrero de 1768, causaron gran sensación tanto en América como en Inglaterra, y, si hemos de creer a Hutchinson, “eran un credo político transitorio para las colonias”. Mas tarde fue el autor principal de una serie notable http://institucional.us.es/araucaria/
84 Francisco Javier Caballero Harriet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78-100 transformación social sino, en principio, de la lucha contra “el mismo proceder arbitrario que, en la metrópoli, había causado la revolución de 1688 y, volvían a tomarse los mismos argumentos empleados por Locke en aquellos momentos, ahora, defendidos por autores norteamericanos como Blackstone y Cadem. Como señala L. V. Parrington, “Locke había enunciado el principio revolucionario en la doctrina de que el individuo tiene ciertos derechos naturales que ningún estado puede violar sin menoscabo del pacto original; había afirmado que los impuestos sin la representación son tiranía que viola esos derechos, y había sancionado el derecho y la obligación de resistir la soberanía usurpadora. Las nobles palabras de que “las cadenas pesan por mucho que las doremos y pulamos” eran un reto al poder arbitrario, y tocaron una cuerda sensible en el corazón de los colonos liberales20. De ahí que esa, en principio, lucha contra el poder arbitrario del Imperio británico concluirá en la Declaración de independencia realizada en Filadelfia en 1776 por lo que, a partir de este momento, las Colonias Unidas serán consideradas Estados Unidos y libres y, en 1787, se dotarán de una Constitución federal. 4. Los vientos revolucionarios: la crisis Trece años después de aquella Declaración de Filadelfia, en 1789, estallará la que los historiadores en general han considerado mítica: la Revolución francesa. En el final del siglo XVIII los vientos revolucionarios se habían convertido en verdadero huracán transformador. En la Francia monárquica en la que sucesores seguían viviendo de las rentas absolutistas de Luís XIV, se daban las condiciones suficientes e imprescindibles para que tuviese lugar la Gran Revolución. Al extraordinario y nuevo bagaje intelectual conformado por principios y teorías expresados en las obras de Montesquieu, Rousseau, Diderot, Voltaire, D’Alambert… que venía produciendo, a modo de fina lluvia sobre los campos sedientos, su efecto sobre el imaginario francés, había que añadir un clima de hartazgo generalizado en la población con respecto a la monarquía que simbolizaba la perpetuación del modelo feudal. Pero, estas dos condiciones no hubieran sido suficientes sin una tercera fundamental: el surgimiento, desarrollo y asentamiento de una nueva clase social, cada vez más amplia que de escritos oficiales: la declaración de Derechos del congreso de la ley del timbre; las dos peticiones a la corona y la alocución a los habitantes de Québec, del primer congreso continental; y finalmente los Artículos de Confederación. El profesor Tyller llama a Dickinson “el redactor de la revolución”; pero parece más justo y más de acuerdo con los hechos darle el título de “vocero de los whigs coloniales”. Desde que ingresó en la vida pública hasta la adopción de la Constitución, Dickinson fue partidario constante de la filosofía política de que John Pym fue el primer representante, Locke el sostenedor teórico, y Pitt el defensor parlamentario; filosofía que él aceptaba como síntesis final de la larga lucha por la libertad inglesa”. 20 PARRINGTON, V. L., El Desarrollo de las Ideas en los Estados Unidos: Las ideas coloniales: 1620 a 1800, v. I, pp. 276 y 277. http://institucional.us.es/araucaria/
85 El “sueño latinoamericano”: la esperanza en el futuro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78–100. venía acumulando el poder material, esto es, el poder económico. Se tratará de la burguesía que no solo servirá de “quintacolumnista” que acabe con el Ancien Régime feudal sino que, además, será en el inmediato futuro la contraparte fundamental en el contrato no social, sino de conveniencia con la clase política, redactado en el mármol del “sufragio censitario”21 y sobre el que se edificará el Estado moderno. Poco o nada de esto llegaba al Nuevo Mundo. La Iglesia, la Inquisición y las universidades22 realizaban la función de vigilantes nocturnos para impedir la entrada de nuevas ideas que perturbasen el orden querido por Dios. Como señala J. H. Elliott, “los criollos críticos hacia la política real siguieron dependiendo, pues, de la teorías contractuales y del bien común expuestas en la bibliografía jurídica castellana medieval y en las obras de los escolásticos españoles del siglo XVI. Durante la primera mitad del siglo XVIII los jesuitas actualizaron esta tradición escolástica incorporando a ella las teorías de la ley natural de Grocio y Pufendorf”23. Pero la cultura política del mundo latinoamericano, a pesar de esta incursión de las Universidades jesuíticas en los prolegómenos del derecho natural racionalista y sus consabidas teorías políticas y de la importación, en las dos últimas décadas de 1700, de algunas ideas de la Ilustración, que ya en tierras latinoamericanas, carecían de la dimensión de la disconformidad política24, estaba muy lejos de conformar el arsenal intelectual e ideológico necesario para una transformación revolucionaria en momentos en que el Imperio hispano y su monarquía ya comenzaba su ruina y su decadencia y que hacia 1808 se convertiría en bancarrota. En el imaginario latinoamericano estaba bien asentado el orden de estructura feudal25. Si bien faltaba el elemento intelectual adecuado para provocar y sustentar un revolución de gran calado que condujese a una radical transformación 21 El sufragio censitario plasmado en la ley electoral va a ser uno de los pilares (el otro será la ley de la Guardia Nacional) que va a cimentar el Estado moderno, por ejemplo en Francia, fruto del contrato (la Carta de 1830) entre el Rey y la clase social burguesa. Mediante la ley electoral “el censo de elegibilidad fue descendido de 1000 a 500 francos, el censo del electorado de 300 a 200 francos, a 100 francos para algunos ciudadanos: miembros del Instituto, oficiales retirados; y el número de electores se elevó a alrededor de 190.000 para 32 millones y medio de franceses, cifra del censo de 1831 (Ver sobre la cuestión LUCAS – DUBRETON, J., La Restauration et la Monarchie de Juillet, Paris, 1926, pp. 159 y ss.). 22 Ver ELLIOTT, J. H., Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América, 14921830, p. 488. 23 ELLIOTT, J. H., Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América, 1492 – 1830, p. 483, dice: (…) La censura de libros era un obstáculo adicional. Era práctica habitual en las Indias españolas que ningún libro pudiera imprimirse sin la concesión de una licencia por parte de los virreyes o los presidentes de las audiencias. Tal permiso no se expedía hasta que sus contenidos hubieran sido aprobados por el tribunal local de la Inquisición”. 24 ELLIOTT, J. H., Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América, 1492 – 1830, p. 488. 25 ELLIOTT, J. H., Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América, 1492 – 1830, p. 532, dice: “Las instituciones de gobierno imperial habían arraigado profundamente en el mundo americano hispánico, al contrario que en el británico”. http://institucional.us.es/araucaria/
86 Francisco Javier Caballero Harriet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78-100 social, no era menos cierto que, en la segunda mitad del siglo XVIII, el clima de descontento y hostilidad latinoamericano frente a la metrópoli, como consecuencia de los excesos de todo tipo (entre los que destaca sobremanera la barbarie de las mitas), de las gravosas reformas fiscales y administrativas (sobre el impuesto de tributación, las exacciones religiosas, la política de reasentamiento, etcétera), cada vez más onerosas, agobiantes y empobrecedoras, había crecido considerablemente hasta el punto de que las protestas, disturbios, rebeliones y revueltas locales contra los corregidores y los curacas, se fueron generalizando hasta culminar en las fallidas rebeliones regionales, esto es, la insurrección andina liderada por Túpac Amaru II de 1780-82 y la revuelta de los Comuneros de Nueva Granada de 1781. No obstante, la crisis definitiva, estaba servida26. 5. Independencia, no Revolución Se estaba en puertas de un acontecimiento político de gran trascendencia. La inexistencia real, en la generalidad de quienes conformaban las elites intelectuales (con evidentes e inofensivas excepciones), en las elites gobernantes (fuesen prometrópoli o independentistas) y consecuentemente, en el imaginario colectivo, de nuevos fundamentos teórico-políticos que diesen soporte a un nuevo modelo socio-político, hacía inviable una verdadera y radical transformación social por la vía revolucionaria al estilo francés, por ejemplo. De ahí que por mucho que creciese la tensión entre la colonia latinoamericana y la metrópoli, el modelo social implantado por los conquistadores tras el descubrimiento, esto es el modelo de corte jerárquicofeudal, no corría ningún riesgo. El gran evento político que está por llegar no va a transformar la sociedad. Tampoco va a producir un verdadero y profundo cambio en la dirección de los gobiernos porque no existe, en ese momento, una poderosa clase social emergente (como lo era la burguesía en Europa) que, desde el poder, quisiera defender sus intereses. La lucha por el poder era simplemente una disputa entre elites de la jerarquía social (pro y contra la metrópoli con infinidad de variantes). En ese escenario, dadas esas condiciones materiales, solo cabía la ruptura del cordón umbilical con la metrópoli, esto es, la independencia que se materializará a lo largo del siglo XIX. El año1808 va a resultar clave en el proceso hacia la independencia de los territorios latinoamericanos. En ese momento España se encuentra sumida en un profundo caos como consecuencia de la abdicación de Carlos IV en favor 26 ELLIOTT, J. H., Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América, 1492 -1830, p. 520 y ss. Dice el autor: “Al proclamar la revuelta, Túpac Amaru explotaba un rico filón de orgullo cultural y conciencia colectiva andina, que buscaba la creación o recreación, de un orden social utópico bajo la soberanía inca” (p. 523); “En Nueva Granada los indígenas fueron menos radicales en sus reivindicaciones y no se llegó a la brutalidad de la rebelión peruana” (p. 531). http://institucional.us.es/araucaria/
93 El “sueño latinoamericano”: la esperanza en el futuro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78–100. nostálgicos, sueñen en volver a intentar experiencias con recetas políticas del pasado53, etcétera. Poco tengo que objetar al respecto. Simplemente diré que esto es un síntoma de vitalidad, ilusión y esperanza en el futuro pero, un síntoma que contiene poca originalidad y, por tanto, no supone innovación, siendo más propio de sueños nostálgicos54. El gran reto político-económico del futuro no se refiere a fronteras, agrupaciones o escisiones de territorios, soberanías, a crecimiento y desarrollo, a costes y beneficios monetarios… sino que tiene que ver, fundamentalmente, con la convivencia55. Y convivir, significa “vivir con”, vivir con el otro yo, reconocer la alteridad. Se trata de la convivencia en las culturas y entre culturas que exige una recreación del pensamiento político-económico sobre bases de equidad para un mundo global en el que “si las cuestiones de alteridad cultural no encuentran una salida pacífica fundada en la convivencia cultural, serán factores de guerra por lo menos de tanta magnitud como las desigualdades económicas Norte –Sur”56. Y Latinoamérica es, sin duda el espacio en el que se reconoce el carácter heterogéneo de las sociedades-culturas lejos del comunitarismo, premisa fundamental para que se den las condiciones axiológico-éticas necesarias para que otro mundo sea posible. Esto es, para que resurjan y se recreen de manera original las cuestiones esenciales de la igualdad, la solidaridad, el trabajo, el derecho como auténtico ordenador social, la sociedad de masas, los proyectos políticos al servicio de la libertad57, los proyectos de emancipación colectivos como aspiración legítima de las culturas, las lenguas como patrimonio irrenunciable de la diversidad cultural, la ecología más allá de la perversa idea de que nuestra felicidad depende del mayor crecimiento, de la mayor productividad, de la elevación del poder adquisitivo y, por tanto, del cada vez mayor consumo. La cosa ha empezado por Bolivia (se han dado movimientos similares 53 DEBAY, R., Révolution dans la révolution, Paris, 1969, p. 111, en plena efervescencia revolucionaria latinoamericana, decía “(…) las indicaciones del método reagrupados bajo el nombre de “castrismo” constituyen en las condiciones concretas de la gran mayoría de los países de América del sur “un guía para la acción”, el más seguro de todos. Como tal, eso que se llama castrismo y que no es otra cosa que leninismo, no es en absoluto un modelo cerrado: incorporado y recreado por las masas latinoamericanas, es el que guía los primeros pasos de la Liberación nacional. Escuchemos bien el rumor que nos viene de las montañas vecinas de Colombia, y Venezuela: América latina ha entrado en la edad sin término de los combates, donde nada le espera que no sean las victorias difíciles y ciertas”. 54 Ver USLAR PIETRI, A., “Final de un ciclo político. Venezuela en el umbral de un gran cambio”, Le Monde Diplomatique, enero, 1999. 55 Ver PETRELLA, R., El bien común. Elogio de la solidaridad, Madrid, 1997, p. 17. El autor señala que, a partir del indeclinable imperativo de “ser y hacer juntos”, se impone “la urgencia y la necesidad de reflexionar sobre el bien común, tanto en el plano de las diferentes sociedades que componen la sociedad mundial como en el de la sociedad mundial en si misma”. 56 WOLTON D., La otra mundialización. Los desafíos de la cohabitación cultural, Barcelona, 2004, p. 87. 57 Ver CASSEN, B., “Una experiencia del poder popular en Brasil. Democracia participativa en Porto Alegre”, Le Monde Diplomatique, agosto-septiembre, 1998. Ver igualmente, COTLER J, 12, J. Clases, Estado y Nación en el Perú, Lima, 2005, pp. 335 y ss. http://institucional.us.es/araucaria/
94 Francisco Javier Caballero Harriet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78-100 en Perú, Ecuador, etc.), el resto de los fenómenos políticos ocurridos en los últimos tiempos en Latinoamérica, son de otra naturaleza y poco tienen que ver con la cuestión dado que no ofrecen otra novedad que la tradicional deriva hacia la izquierda o la derecha. El caso Bolivia, que representa el regreso de las “viejas” culturas que vienen al encuentro de las “nuevas” culturas, recrea un escenario social, político, jurídico, económico, nuevo, sí toca la cuestión. Un indígena aymara (“vieja” cultura) presidente de la nación boliviana. El hecho no solamente tiene un carácter simbólico, sino que abre todo un horizonte insospechado de posibilidades y de pretextos para la creatividad, esa creatividad de la que J. Martí habló en su momento. Puede que la experiencia resulte fallida porque, al enfrentarse con la práctica, lejos de recrear un nuevo Estado mediante ese nuevo Contrato Social que es el Pacto de convivencia cultural, se sienta tentado, inclinado no a innovar, es decir, a crear, sino a aplicar recetas que en el pasado no resultaron precisamente exitosas y, como consecuencia, se produzca el enfrentamiento58. Y, el enfrentamiento engendra odios, fomenta la división, genera enemigos. No obstante, es preciso recordar que en la conciencia de los pueblos la voz de la naturaleza (la de las “viejas” culturas) y la voz de la razón (la de las culturas “desarrolladas”) es solamente una y que la verdad radical es la de las miradas que se penetran y se comunican, la de las voces que se hablan en verdadera reciprocidad. No debe ser la fuerza la que tenga la última palabra, puesto que, “la emancipación por la violencia, es decir la realización de un valor por medio de la negación es una de las contradicciones del sistema”59 y, más aún, la negación esencial del propio sistema que surge a partir del nuevo Contrato Social. De todas formas, independientemente del éxito o fracaso de esta primera experiencia, esta va a ser la tendencia en el futuro: el regreso a/de las culturas60. Para finalizar señalaré que ha llegado la hora de la vieja Quisqueya, de la nueva República Dominicana. Ha llegado la hora de las actuales versiones de los Hostos, Bono, Ureña… Ha llegado la hora de que la Universidad Autónoma de Santo Domingo asuma su responsabilidad histórica de ser la Primada de América y sea el verdadero faro del saber que emplace en la senda a toda la intelectualidad del cono sur de América, para que ésta, a su vez, ponga neón resplandeciente al futuro latinoamericano. Ha llegado la hora Latinoamericana. La hora en que, superando las cadenas de las tutelas interesadas, de las ingeren58 CARVALHO, R., “Y ahora que ya todos somos enemigos, ¿qué hacemos con el odio, presidente?” Carta (10) distribuida a través de Internet. Si bien es preciso reconocerle un cierto grado de originalidad, no es precisamente un signo que albergue demasiadas esperanzas, la Constitución aprobada, en diciembre del 2007, en los cuarteles militares de Sucre, solamente, los votos de los congresistas del MAS, es decir, del partido del presidente Evo Morales y la ausencia, en ese escenario, de la oposición parlamentaria. 59 DUMONT, L., Homo aequalis, Madrid, 1999, p. 24. 60 Ver APARISI VELASQUEZ, P., Desarrollo comunal en la era global. Derecho en el s. XXI. http://institucional.us.es/araucaria/
95 El “sueño latinoamericano”: la esperanza en el futuro Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 78–100. cias manipuladoras61, de los complejos, y neutralizando los mecanismos paralizadores, ofrezca al mundo el modelo del Nuevo Contrato Social que, realizado a modo de “pactum unionis”, sobre la base indefectible de la solidaridad, entre todas las culturas latinoamericanas, tendrá por objeto la convivencia cultural comunicativa en la que el individuo entendido, no como el ente abstracto kantiano, sino como la realidad tridimensional, esto es como sujeto cultural, como sujeto político-democrático y como sujeto de derechos universales se libere de las cadenas que suponen el falso trinomio crecimiento/desarrollo/dicha y pueda encontrar su evolución a través del definitivo equilibrio con el medio, esto es, en palabras de J. J. Rousseau en el Second Discours, la verdadera felicidad . Realmente, mi sueño es latinoamericano. ¡Este es mi sueño latinoamericano! Bibliografía AGUIRRE, M., “Militarización de la lucha contra el narcotráfico. La droga excusa de Washington en América latina”, Le Monde Diplomatique, abril, 1997. ÁLVAREZ – CIENFUEGOS FIDALGO, J., Visión ética, jurídica y religiosa del indio en la polémica entre Las Casas y Sepúlveda (Tesis doctoral). San Sebastián, 1998. ÁLVAREZ PUGA, E., Abajo la democracia. El triunfo de la tiranía neoliberal. Ediciones B, Barcelona, 2005. APARISI VELASQUEZ, P., Desarrollo comunal en la era global. Derecho indígena en el s. XXI. Ed. del Congreso, Lima, 2005. BARTAK, K., “Bruselas capital de los grupos de presión. Las instituciones europeas condicionadas”, Le Monde Diplomatique, octubre, 1998. BARTHÉLEMY, F., “Esterilización forzosa de la población indígena en Perú”, Le Monde Diplomatique, Mayo, 2004. BAUDRILLARD, J., “La violencia de lo mundial”, La violencia en el mundo, Barcelona, Paidós, 2004. BETTELHEIM, Questions sur la Chine après la mort de Mao Tsé –tung. Maspero, Paris, 1978. BELORGEY, N., “Les origines de la légitimation non démocratique de l’Union européenne”, Cités, Paris, 2003. 61 Ver AGUIRRE, M., “Militarización de la lucha contra el narcotráfico. La droga excusa de Washington en América latina”, Le Monde Diplomatique, abril, 1997; SEITENFUS, R, “Los dilemas de la integración latinoamericana. Washington maniobra contra MERCOSUR”, Le Monde Diplomatique, febrero, 1998; VIGIL, E., “América latina, horizonte 2000. El gran retorno de Washington”, Le Monde Diplomatique, enero, 2000; FUENTES, C., “Europa y América Latina”, Le Monde Diplomatique, noviembre, 2003. http://institucional.us.es/araucaria/
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