LO VERDADERO YLO FALSO
DE ESTA TEORIA
EDUARDO DE HARTMANíT^ ó^
TRADUCIOO DE LA ULTIMA EDICION ÍLEMANA /S / ^
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SEVILLA
Adminis aeion
¿e Ja Biblio eca Cien í ico-Li e a ia
UERENA S.
Imp. de R. Balda aqi
leT-s
MADRID
Lib e ía de Vic o iano
Sua ez.
JACOMETREZC 7£.
CAPÍTULO I
Es ado ac ual del
No puede nega se que el da wimsmo ocu-
pa luga p e e en e en el mo imien o cien í ico
de nues o iempo. Las p incipales ob as de
Da win yde Hceckel han enido muchas edi-
ciones; nume osos esc i os elemen ales han p o-
pagado en odas di ecciones la nue a eo ía, y
an o en los lib os como en los dia ios la polé-
mica cien í ica ypopula ha adqui ido un des-
a ollo incalculable. Es e desa ollo, cons an e
en los úl imos ocho años, es an o mas de ad-
mi a cuan o que el sis ema ue ecibido al p Ln-
cipio con descon ianza en odas pa es; mas no
ha dejado de a o ece le el a do con que ue
6
comba ido po la eología de odas las con esio-
nes, unida ála iloso ía de las cá ed as. Con a
ad e sa ios que se apoyaban en a gumen os
poco undados yan icien í icos, se le an a on
pa ida ios aná icos que, en su eme a io en-
usiasmo, saca on de la eo ía consecuencias que
su au o sólo habia indicado con imidez, ó e-
lado de in en o. Tamaña eme idad exaspe ó
más ymás álos enemigos del sis ema. Po o a
pa e, la escuela ma e ialis a no a dó en con-
isca el da winismo en p o echo de sus en-
dencias, ycuando Da id S auss enca nó en él
el símbolo de su nue a c eencia, se pudo e
cuán p o undamen e habia pene ado la nue a
eo ía has a en los espí i us que, po sus hábi os
ilosó icos, podian c ee se mejo p o egidos con-
a la i e lexión ma e ialis a.
Has a en el mundo cien í ico se ab ió paso
yp e aleció la opinión que, bajo el pun o de
is a adop ado has a en onces, e a imposible
comba i las nue as eo ías, yque no habia o o
emedio que inclina se an e ellas. Unicamen e
los iejos maes os que habían pe dido la elas-
icidad in elec ual necesa ia pa a ehace su
educación, se mos a on comple amen e e ac-
a ios ála in luencia del da winismo. Espí i us
e lexi os que p ocu asen disce ni lo e dade-
o de lo also en el nue o sis ema, hubo muy
13
posición pe dida ámi pa ece , la pe manencia
de la especie; disminuye el alo de la lucha
po la exis encia yde la selección na u al casi
an o como lo exage a Da win, y ae áuna
cues ión cien í ica a gumen os eológicos, que
ue an comple amen e impe inen es, si el asun-
o se hubiese a ado más ilosó icamen e.
Omi e en cambio las in es igaciones ilosó-
icas, que hab ían es ado muy en su luga al
p incipio, sob e la ley de la e olución in e na,
que conside a con azón como el p incipio uni-
e sal de la na u aleza o gánica. Es o no obs-
an e, el lib o es ámi pa ece el p ime o, pu-
blicado en Alemania, que ha dilucidado el sis-
ema da winis a en oda su ex ensión, con ple-
no conocimien o del asun o, con lógica se e a
yc í ica p o unda; que ha des anecido con un
examen decisi o éinapelable la alsa au eola
con que se cub ia el da winismo, aliéndose de
la eo ía de la descendencia, de suyo e iden e,
pa a edi ica un concep o pu amen e mecánico
de la na u aleza o gánica. Bajo es e pun o de
is a, c eo que es a ob a señala el lími e, ápa -
i del cual el da winismo ha empezado ádes-
cende del pues o p eponde an e que habia ad-
qui ido en Alemania.
Reduciendo ásu jus o alo la c í ica, con
ecuencia exage ada, del S . Wigand po me-
14
dio de una demos ación que ocupe el é mino
medio en e las dos pa es, ydesechando las
hipó esis inadmisibles de es e au o , no pod á
menos de no a se que la posición media en e
el da winismo ysus más ecien es ad e sa ios,
es p ecisamen e en la que yo me coloqué en la
Filoso ía de lo Inconscien e, cap. X, donde es-
án indicados odos los a gumen os sólidos,
an o de las pa es e dade as del da winismo
como de las insos enibles óexage adas en su
aplicación, como e á el lec o que se ome el
abajo de compa a el asun o del capí ulo ci-
ado con la exposición que aho a oy áp e-
sen a .
Mas es as p uebas es án expues as suma ia-
men e en la Filoso a de lo Inconscien e yag u-
padas con poco o den, po lo que c eo ú il
p esen a de nue o, con a el da winismo de
moda, a gumen os más p o undos, aunque
sumamen e p ecisos ydesemba azados de o-
dos los de alles cien í icos sin in e és. Mi in
en es e lib o es pone al público, en gene al,
en es ado de o ma opinión po sí mismo
sob e el alo del da winismo, poniéndole á
la is a con el mé odo posible los elemen os
pa a dicho juicio, especialmen e el conjun o
de hipó esis combinadas en la idea gene al
del da winismo; expone los p incipios de
lo
explicación de mane a que los en iendan has-
a los p o anos, yseñala , po úl imo, po
medio de conside aciones ilosó icas, las conse-
cuencias que se deducen de la sen encia p o-
nunciada sob e el sis ema de Da win.
CAPÍTULO 11.
Del pa en esco ideal ygenealógico en e
los ipos.
Las ciencias que es udian la na u aleza o -
gánica, ienen po base es e hecho p imo dial:
que odos los ipos del eino animal y ege al
p esen an en e sí cie a semejanza 6pa en-
esco, yque con o me al g ado de es a seme-
janza, o man un sis ema coo denado que se
llama na u al, p ecisamen e po que en luga
de impone se a i icialmen e, mejo ópeo , á
los enómenos conc e os, es el esul ado de es-
os mismos enómenos. La bo ánica yla zoolo-
gía se han aplicado siemp e á saca el sis ema
na u al de los enómenos de la na u aleza, yá
cons ui lo has a en sus meno es de alles de con-
2
18
o midad siemp e con el mismo p incipio, es o
es, midiendo exac amen e el g ado de la seme-
janza en e los ipos.
An es que se pensa a en una eo ía de la
descendencia, se igu aba g á icamen e, en o -
ma de á bol, la clasi icación de los ipos; mas
no sin asomb o se obse ó que la clasi ica-
ción na u al cons uida con la lo a y auna
ac uales, p esen aba en sus sé ies g andes la-
gunas, algunas de las cuales se llena on ines-
pe adamen e con las especies ósiles descubie -
as po la paleon ología. De es a sue e, con
el descub imien o de ipos homólogos que eem-
plazaban en el pasado álas especies ac ualmen e
i as, la paleon ología comple ó yen iqueció
la clasi icación na u al, pe o sin aspasa nun-
ca sus lími es. La no edad que ajo ue, que
ádi e encia de las especies ac uales que sólo
es án elacionadas en el espacio, las paleon o-
lógicas lo es án ála ez en el espacio yen
el iempo; pe o de es a elación de sucesi idad
no puede induci se la exis encia en e las es-
pecies de un ínculo de causalidad, po un
simple pos hoc e go p op e hoc. Cie o que
el animal (es o no puede deci se de la plan a)
pasa en su desa ollo emb iona io po una sé-
ie de es ados que concue dan en lo esencial
con los g ados p incipales de la clasi icación na-
19
u al, pe o es e descub imien o no bas a en ma-
ne a alguna pa a supone en e los ipos del á -
bol genealógico la exis encia de un pa en esco
eal, es o es, que los unos de i an de los o os
;
au o iza solamen e ásupone un ínculo pu a-
men e ideal.
Tan o menos undada se ía es a conse-
cuencia, cuan o que la analogía de las ases del
desa ollo emb iona io de los animales con los
p incipales ca ac e es de la clasi icación na u al,
no puede es udia se sino en algún que o o
pun o, cum g ano salís; no sólo ácausa de p e-
sen a la compa ación g andes lagunas, sino
ambién po que las condiciones de la ida em-
b iona ia yde la o dina ia, di ie en an o en su
espec i o desen ol imien o que excluyen oda
con o midad bien de inida. La paleon ología
mues a que el eino o gánico conside ado co-
mo un odo, habiendo pa ido de un p incipio
simple, adqui ió po g ados un desa ollo más
ymás ico, ámedida que de iempo en iempo
ipos más ele ados se anadian ála suma de los
ya exis en es. Pe o áun suponiendo que el desa -
ollo mic ocósmico dbl gé men indi idual es el
esúmen del desa ollo mac ocósmico del ele-
men o p imi i o o gánico, no puede induci se,
ápesa de es o, de la semejanza de ios ipos,
o a cosa que un lazo de sín esis pu amen e
20
ideal en e ellos, álo ménos, mien as no nos
engan de o a pa e azones que obliguen á
admi i o a cosa. En an o, enemos dos con-
side aciones impo an es que co obo an la opi-
nión de un lazo pu amen e ideal en e los i-
pos: p ime a, el ca ác e e ec i amen e ideal
de la semejanza en e los ipos del eino mi-
ne al yde las ob as humanas; segunda, el c u-
zamien o sucesi o de los amales de la clasi i-
cación na u al, es o es, la complejidad de las
elaciones en e ios ipos.
La analogía del eino mine al con el animal y
el ege al, po la cos umb e de jun a los en el
es udio, puede pa ece más concluyen e de lo que
ealmen e es, dada la di e encia en e la na-
u aleza o gánica yla ino gánica; di e encia que
iende ádisminui el concep o pu amen e me-
cánico del cosmos, adop ado po el da winismo.
En el eino mine al, las o mas c is alinas que
pasan po es ados apa en emen e amo os, p e-
sen an ipos que pueden clasi ica se, como los
o gánicos, en un o den na u al; sin emba go,
ánadie se le ocu i á pensa que exis e lazo
genealógico en e el ipo más complicado yel
más simple, que el uno p ocede del o o po
e olución.
De los mine ales que c is alizan en el sis-
ema de uno ó de es ejes, nadie duda que
21
cada uno de es os cue pos obedece en su c is-
alización áuna ley inmanen e, nadie piensa
aquí en una elación genealógica eal; pe o se
a a de los animales ma inos in e io es, del
ipo adial ybila e al, yen seguida se buscan
ipos in e medios que se in e p e an, no como
los é minos medios de un pa en esco ideal,
sino como ansiciones genealógicas eales, as-
o mándose un ipo en o o ipo. No poseyendo
la p ueba di ec a, expe imen al, de la ansición
genealógica de una o ma áo a, la semejanza
de los ipos mine ales nos ad ie e que seamos
p uden es en in e p e a las o mas in e me-
dias que se descub en, aun cuando es emos cie -
os en gene al de la eo ía de la descendencia.
Ni la posibilidad eó ica de la as o macion
po g ados in e medios cambia el es ado de la
cues ión; po que si omamos es a posibilidad
po p ueba su icien e del o igen eal, po la
misma azón pod á sos ene se que la hipé bole
de i a de la pa ábola, és a de la elipse, és a del
cí culo ó(con un eje in ini amen e pequeño) de
la línea ec a. La plu alidad de las o mas in-
e medias, en inmedia o con ac o unas con
o as, lo mismo puede se esul ado más ó
menos desa ollado de una causa gene al in-
e na, que señal de una gene ación e ec i a,
an o si es e desa ollo se p esen a únicamen e en
22
el iempo, como si se p esen a en el iempo yen
el espacio. Po ejemplo, el pez do ado déla Chi-
na es ama illo con mezcla de neg o en odas las
p opo ciones posibles, pudiendo pasa , po una
se ie de ansiciones g aduales, del ama illo al
neg o pu o; sin emba go, es a se ie de colo es
in e medios no puede in e p e a se como una
sé ie gené ica, po que la expe iencia enseña
que odas es as a ian es pueden encon a se
en una sola gene ación salida de un solo pa
(Wigand, p. 429).
Se a a en es e ejemplo, nó ese bien, de
a iedades en las que la expe iencia ha e ela-
do, álo menos has a cie o pun o, la exis encia
de se ies genealógicas; aho a bien, si de la seme-
janza en e las o mas in e medias no podemos
conclui que exis a en e ellas lazo genealógico,
¿cuán p uden es no hab emos de se en a i ma
la exis encia de semejan e lazo en e ipos de
aza óde especie, cuando nada nos dice la expe-
iencia? Supongamos que, áp io i, se econoce
la necesidad de g ados eales de ansición; pues
ni aun en onces el descub imien o de o mas
in e medias paleon ológicas, impo an e siem-
p e po que llena las lagunas del sis ema, p ueba
que la o ma in e media descubie a sea un
é mino de la sé ie gené ica supues a. Los
pa ida ios p uden es de la eo ía de la deseen-
29
leza misma, la iliación genealógica no puede
exp esa odas las elaciones de a inidad ideal
en e los se es, po que es as úl imas son mu-
cho más nume osas, más complejas que las de la
iliación, educida necesa iamen e álazos sim-
ples, lineales en cie o modo. Po la misma a-
zón, la cons ucción g á ica de un á bol genea-
lógico simple no puede se i en modo alguno
pa a igu a el sis ema de los se es, po que no
puede exp esa el pa en esco anula ni el e i-
cula .
Exis e pa en esco anula cuando, en una
se ie de ipos, se encuen a un ca ác e común
al p ime o yal segundo, al segundo yal e ce-
o, e c., en in, al p ime o yal úl imo. (i
)
En es e caso, es po lo común di icilísimo
halla la con o midad en e la iliación genealó-
gica yel sis ema na u al, yen al in es igación
con di icul ad deja de incu iese en e o es de
g an mon a. La a ea es más di ícil aun en el
caso de pa en esco e icula , es o es, cuando el
pa en esco anula se complica po la adición de
semejanzas nue as que se in e calan en e los
(1) Wigand ci a como ejemplos, p. 26i: los géne os
A abis, Alyssum., Sisymb ium, Lepidium^ los o denes Cha ophy-
Uincey Cheno podince,Fagopy inae, U icince^ las amilias P i-
mulacua^ Plumbaginece, Pian agineoe, yen in, omándolas de
Da win, las a iedades de ios c us áceos.
30
anillos aislados de la cadena. En el Apéndice
núme o 5, el S . Wigand expone p olijamen e
la sé ie de las o mas del ca acol ac ual IÑe i i-
na i gínea, y, p. 41 2, ep esen a g á icamen e
el pa en esco e icula de los 14 ipos p incipa-
les. Que es os ipos sean a iedades, como ad-
mi e Wigand, óque, según o os au o es, cons-
i uyan especies, es comple amen e indi e en e
álos pa ida ios de la a iabilidad de las espe-
cies. Mas como quie a que es o sea, es e ejem-
plo mani ies a cla amen e que una colección de
ipos p esen a elaciones de pa en esco mucho
más complicadas que las comp endidas en la
iliación genealógica; po que cada ipo, no sólo
se e ie e áuno, sino ámuchos, ni se e ie e
po un sólo ca ác e , sino po dos ómás. Es-
as elaciones cons i uyen, no el ínculo en cie -
o modo unila e al de una iliación genealógica,
sino un sis ema de ínculos en elazados como
el en ejado de una hoja, ómejo aun, una e-
p esen ación g á ica en las es dimensiones del
espacio. El sis ema na u al se asemeja mucho en
algunas de sus pa es áun able o de doble ó i-
ple en ada; según que se lo mi e en un sen ido
óen o o, los ipos se ag upan de di e en e ma-
ne a. (i)
(1) Las solanaceasj las esc o iila iaceas, las labiadas ylas
bo agineas, se colocan po la o ma de su co ola en las ubi~
31
La di e encia de clasi icación, según el mé-
odo na u al óa i icial, consis e sólo en la mul-
iplicidad de las a inidades ideales, ysin em-
ba go, la clasi icación más pe ec a no oma en
cuen a más que un núme o exiguo de es as a i-
nidades.
No pudiendo busca el o igen genealógico
más que en una de es as sé ies de a inidades,
esul a que las o as deben se mani es ación de
o o p oceso na u al queel de la descendencia; en
o os é minos, dichas semejanzas deben desa -
olla se expon áneamen e en los dis in os ama-
les del á bol genealógico. Mas ad ié ase que
el esul ado del pa en esco sis emá ico ideal se
p esen a siemp e igual, cuali a i amen e, al de
la descendencia genealógica; de donde esul a
que, aun en los ipos de la na u aleza o gánica,
la semejanza no implica en mane a alguna lazo
genealógico en el pasado, ya se a e de la ilia-
ción di ec a en e dos ipos, ya del o igen común
de dos ipos que p esen an un mismo ca ác e .
Si la eo ía de la selección pudiese explica los
ca ac e es mo ológicos de los ipos, que es de
lo a jla b a ijio a, po la ex uc u a del g ano en las angios-
e maygymnospe ma (Linneo)j las amilias ecinas, las • e -
benáceas^ con ol uláceasyacan haceas^ e c., se ag upan según
el ca ác e dis in i o adop ado en una úo a de es as cua o
amilias. Lo mismo sucede con los hongos.
32
lo que a amos p incipalmen e aquí, hab ia es-
pe anza de llena con ella las lagunas que p e-
sen a la eo ía de la descendencia pa a explica
el pa en esco sis emá ico; pe o como no suce-
de así, según e emos p on o, es p eciso ol e
ála ley de e olución in e na déla ida o gánica,
po cuya i ud los ipos ideales se ealizan en
odas las elaciones de a inidad que les son p o-
pias. En onces la misma descendencia genealó-
gica es á comp endida en es a ley de e olución
o gánica, yle si e como de ehículo en el
p oceso na u al pa a la ealización de las ideas,
exis iendo además o os p ocedimien os yca-
minos.
La palab a descendencia no es un «pana-
cea» que enga la i ud de mani es a la e o-
lución in e na, yde explica sa is ac o iamen e
odos los mis e ios del pa en esco sis emá ico
como esul ados ex e nos del lazo gené ico y
de la he encia. Pod ían echazá selas analogías
en e las c eaciones de la na u aleza ino gánica
ylas ob as humanas, si los esul ados ob enidos
jus i icasen la explicación, po medio de la des-
cendencia, de odas las semejanzas en e los i-
pos o gánicos; pe o habiéndose mos ado la de-
iciencia de es e p incipio en la misma na u a-
leza o gánica, no es posible conclui de un pa-
en esco ideal el pa en esco genealógico. Po se-
33
duc o a que al conclusión pudie a pa ece , des-
cansa la en bases lógicamen e insos enibles; (i)
yaunque no podamos conside a la descenden-
cia ni jus i ica la á í ulo de hipó esis sino como
un p oceso en e o os pa a ealiza las ideas,
las azones que la apoyen deben deduci se de
o a pa e, (2) no de las semejanzas sis emá i-
cas ni de sus elaciones con los pa en escos ge-
nealógicos yemb iogénicos.
En la Filoso ía de lo Inconscien e he esu-
mido las azones po las que la eo ía de la des-
cendencia es una hipó esis absolu amen e ina-
(1) La p oposición e dade a «iden idad de o igen im-
plica semejanza,» es alsa si se la in ie e diciendo: «la seme-
janza implica iden idad de o igen.» (Wigand, Genealogía de
las células p imi i as
.
B unswick, p.47.)
(2) Nó ese, en e pa én esis, que del pa en esco genea-
lógico de las lenguas salidas de una misma mad e, no se pue-
de conclui po analogía el pa en esco genealógico de las es-
pecies- iposj po que la lengua (como_ el can o de los pája os)
no ep esen a más que un aspec o del ins in o ípico del alma
de lospueblosj pe o los pueblos cuyas lenguas son semejan es,
pe enecen siemp e áun amal de la misma a iedad, nunca
áespecies dis in as. Sí alguna conclusión analógica pudie a
saca se de la e olución genealógica de las lenguas ála de las
especies- ipos, se ía es a: que en la o mación de las a ias es^
pecies no hubo más iliación genealógica que en la de las
lenguas mad es. Ad ié ase que es e aciocinio po analogía
no p ueba nada, pe o no p oba ia más si se le in ocase en a»
o delas hipó esis con a ias.
3
acable; se educen álas simples consecuencias
de dos p oposiciones indes uc ibles; omne i-
um ex o o; omne o um ex o a io. En suma^ los
mismos pa ida ios de la o mación di ec a de
las especies po un ac o de c eación especial,
no pueden inclui es e ac o en el sis ema gene-
al de la na u aleza, sino suponiendo la c eación
de un llue o de una especie de e minada en el
o a io de o a especie (p obablemen e su p ó-
xima pa ien e.) Mien as no se u ie on ideas
más p o undas ace ca de como Dios habia c ea-
do las di e en es especies en los a ios pe íodos
geológicos, podia sa is ace la exp esión «c ea-
ción di ec a;» pe o noso os, hijos de los iem-
pos mode nos, no somos lib es en echaza ó
admi i la eo ía de la descendencia; debemos
acep a la, po que no podemos explica el mis-
e io de la c eación po las ideas simples de o o
iempo, a cilla pe i icada, soplo di ino, e c.
En el -p ocessus de la na u aleza, las espe-
cies nue as, aun las más ce canas álos o ígenes
de la o ganización p imi i a, debie on se en-
jend adas po an epasados dis in os de ellas (no
impo a el g ado.) Si cada ipo o gánico debía
po necesidad ineludible descende de un ipo
an e io , bas aba que el medio empleado una
ez, apa eciese como el ehículo o dina io de
la ealización del pa en esco ideal en e los i-
35
pos na u ales, sin que po es o ago ase comple-
amen e la solución del p oblema. El pa en es-
co ideal necesi a de o os medios, de o os p o-
cesos de ealización, además del pa en esco ge-
nealógico; és e no excluye áaquél, como pien-
san los da winis as, eemplazándolo, sino que
de i a de él, como la especie de i a del géne o.
CAPÍTULO III.
Teo ía de la gene ación he e ogénea ydel
as o mismo.
Dejando áun lado las o as pa es del pa en-
esco ideal en el sis ema de los se es, nos conc e-
amos al examen de la eo ía de la descenden-
cia. Es a eo ía, epe imos, es más comp ensi a
que el da inismo, el cual, a i mando que una
especie nace de o a po as o macion g adual
del ipo, po una suma de a iaciones minima-
les, no pasa de se una eo ía as o mis a pa -
icula . La eo ía de la descendencia no excluye
es e pun o de is a, aunque ampoco lo impli-
ca, yademás del as o mismo, admi e o as
hipó esis sob e la iliación de los ipos. No es el
as o mismo el supues o iás p obable, po que
38
la expe iencia no nos enseña ningún caso de
as o macion e ec i a éindubi able de una es-
pecie en o a; al con a io, más bien con i ma
áp ime a is a el an iguo dogma de la pe ma-
nencia de las especies, que sólo puede des ui -
se compa ando analí icamen e la di e encia a-
iable en e especies llegadas ádi e en e g ado
de madu ez. Mucho más p obable es la hipó-
esis de que, po la modi icación de las ci cuns-
ancias emb iogené icas en el p ime pe íodo de
la e olución, se o ma en el o a io de una espe-
cie el p ime hue o de o a especie nue a. Kó-
llike llama «gene ación he e ogénea» (i) á
es e modo de o mación, en que los indi iduos
de una especie p oducen un e oño de especie
nue a. Mi ándolo bien, enemos aquí igual-
men e un caso de as o macion óde asmu a-
ción, pe o as o macion que se ealiza en un
ac o, en ez de se la esul an e de un núme o
inde inido de modi icaciones in ini esimales; ade-
más, es a as o macion súbi a no se e i ica en
el indi iduo o mado, es más bien una me a-
mó osis del ge men, bas an e pa a llega ála
(1) Véase CoIlike , Ube die Da ^'mscke Schoe ungs-
heo ie^ Leip2Íg, 1864, yMo phologiey En n ickelungsgesckisck e
des Penna uliden s ammes nebs cdlgemein Be ach ungen zu
descesidenz. Le/i e. F anc o , 1872.
45
de hue os de anas encon adas en las islas
oceánicas desp o is as de agua dulce, se inclina
áhipó esis análogas, no demos adas aun sin
emba go. Si llega an ádemos a se, es os he-
chos se ian decisi os con a el as o mismo y
en a o de la gene ación he e ogénea.
Tenemos, en odos es os casos, una di isión
pa icula , cuali a i a, de la gene ación he e o-
génea en dos me amó osis emb iona ias dis-
in as, sepa adas al ez una de o a po un
la go pe iodo, yde las cuales la una co espon-
de ía ála as o macion del ipo en la apa ien-
cia ex e na, la o a ála modi icación de las p o-
piedades de la ep oducción. Es a úl ima, po
su na u aleza, no puede e i ica se más que po
un cambio b usco yque, una ez e i icado,
queda de ini i o, po lo que excluye oda as o -
macion g adual. Mas la p ime a puede p odu-
ci se ambién, en cie as ci cuns ancias, espe-
cialmen e en el dimo ismo, po la as o ma-
cion g adual; pe o en la mayo pa e de los ca-
sos (en la me amó osis yen la gene ación al-
e na i a, siemp e; en el dimo ismo mani ies o,
gene almen e) no puede concebi se sino como
una o mación súbi a del nue o ipo que sale
del an iguo, p epa ado de an emano de algún
modo. Es a o mación súbi a pa ece la única
admisible, siemp e que los dos ipos no se dis-
ingan únicamen e en el colo , óen la apa-
iencia ex e na de su es uc u a idén ica mo -
ológicamen e (lo cual sucede sob e odo en el
dimo ismo), sino que el ipo nue o sea el ipo
mo ológico de un ó den más ele ado, que
pasa de un g ado in e io de o ganización á
o o supe io .
Si p egun amos sob e es as dudas ála nue-
a ciencia de la emb iogenia compa ada, que
deja con ecuencia sin espues a las más in e-
esan es cues iones, pe o que cuando habla po-
demos oma la como la guia más segu a en el
labe in o de la descendencia ycomo el á bi o
más au o izado pa a alla sob e el pa en esco
ideal 6genealógico, nos deja en la ince idumb e
cuando se a a de elegi en e el as o mismo
óla gene ación he e ogénea; po que sea cual
ue e la sucesión de los an epasados di ec os del
emb ión en cues ión, se a a siemp e de una e o-
lución ilogénica que se e i ica den o de la on-
ogénica, yque no puede po lo mismo da nos
luz ace ca de la ansición de un é mino al o o.
La emb iología suminis a da os muy p eciosos
en lo ocan e álas modi icaciones mo ológicas
del ipo, mos ándonos que odos los ó ganos
impo an es se o man, desde los p ime os pa-
sos de la ida indi idual, po la segmen ación
de las células. Baumga ne es quien es ableció
47
p incipalmen e es e hecho (c . Na u und Go ,
cap. IV) con a la eo ía del as o mismo yen
a o de la me amó osis del ge men; po que
po mucho que nos emon emos en la sé ie de
los an epasados, emos siemp e que un ó gano
mo ológico dis in o nace de la segmen ación
de células p>-imi i as en el emb ión, nunca en-
con amos un ó gano adqui ido después po el
animal, eniendo su ida p opia. Es a úl ima
hipó esis pide ála eo ía del as o mismo un
pun o de apoyo en las me amó osis mo oló-
gicas; la o a, po el con a io, p esen a siem-
p e la apa ición del nue o ó gano en el em-
b ión de la célula-mad e (en una especie que
ca ece de dicho ó gano) como un hecho nue o,
b usco, co espondien e áun momen o de e mi-
nado de la e olución ilogénica, ypo cuyo ad-
enimien o el ipo se modi ica, yllega en su o -
ma al g ado de madu ez de que es capaz. La em-
b iogenia no suminis a, po an o, ningún au-
xilio ála eo ía del as o mismo; más bien
p es a apoyo ála gene ación he e ogénea con-
o me álas leyes de la e olución in e na.
Lo mismo podemos deci de la paleon o-
logía, po más que, en es e e eno, la eo ía del
as o mismo c ee pode celeb a sus mejo es
iun os po el descub imien o de nume osas
o mas in e medias. Mas pa a que es as o mas
48
puedan ap o echa al da winismo, es e iden e
que deben euni es as dos condiciones: i.“ que
es én sepa adas de dos o mas ecinas po in-
é alos in ini amen e pequeños; 2/ que cons-
i uyan la ansición genealógica (no solamen e
sis emá ica) de la una ála o a: sin es as con-
diciones el hecho en cues ión no puede ene
alo de p ueba. El da winismo^ sin emba go,
en ez de a alo a según es as condiciones los
ma e iales acumulados pa a demos a la as-
o macion, oma al con a io po p uebas áli-
das odas las o mas in e medias ylas sé ies de
ansición. Si examinamos más p o undamen e
los hechos, e emos que cuando una de es as
condiciones es p obable, la o a no lo es, y e-
cíp ocamen e.
En e ec o, supongamos, p ime o, que se a-
a de llena una de las g andes lagunas abie as
en el sis ema na u al, yque las azas paleon o-
Iggicas descubie as no desempeñan sólo el
papel de especies, sino ambién de a iedades
yde amilias; con ecuencia pod emos admi-
i con alguna p obabilidad que el ipo encon-
ado es un pun o de la ansición genealógica
en e los dos ipos, el uno supe io , in e io el
o o, po apa ados que se juzgasen an es. Mas
dado que en muy pocos casos es posible llena
las lagunas sis emá icas, podemos deci que la
49
e olución ilogené ica, con el concu so de la
gene ación he e ogénea, ha dado g andes sal os
en e las especies, que quizás deben in e cala se
aun en los in é alos de los ipos descubie os.
No podemos supone que es as lagunas es én
llenas po los p ocesos del as o mismo, po que
dado es e supues o se ía al, según Da win, la du-
ación de esos pe iodos acíos, ypo consecuencia
an p odigioso el núme o de indi iduos in e -
calados, que no hab ia modo de explica la a-
eza ex ao dina ia de los ejempla es paleon o-
lógicos de es as gene aciones innume ables,
compa ada con la iqueza de la lo a y auna
en egiones an e io es. Es as di icul ades desa-
pa ecen si admi imos que el iempo de la
me amó osis es ela i amen e co o en ela-
ción álos pe íodos sin cambios (Fil. de la
ineons., cap. X, conclusión); en onces se ex-
plica la a eza de o mas paleon ológicas in-
e medias; se deja la pue a abie a ála espe-
anza de descub i o as, pe o se desecha
decididamen e el supues o de que lagunas an
g andes puedan se nunca colmadas po una
sé ie con inua de ansiciones insensibles.
Si suponemos aho a que la o a condición
(la con inuidad en la sé ie de las o mas) exis-
e, al a la p ueba de que es a sé ie es en e ec o
genealógica, no solo sis emá ica ( éase el ca-
4
50
pí ulo an e io .) Solamen e en un caso se ía
p obable (no digo cie a) la hipó esis de una
ansición genealógica eal, yes, si en un co e
geológico las capas ho izon ales es u iesen llenas
de ipos sensiblemen e análogos, ysi e ical-
men e los ipos de cada capa ho izon al o -
masen una se ie con inua, modi icándose en
^.aína di ección in a iable óbi u cada, pe o sin
i^^^^^'wíl e po una cu a ásu pun o de pa ida.
*' Pe o no exis en ales ejemplos, ycuando
kaminan los que se ci an iun almen e en
|o del as o mismo, hablan más bien con-
yen a o de la gene ación he e ogénea
[pun o conc e o de sali se una especie del
alo de sus a iedades as o mándose en o a
^ecie. Tal sucede, po ejemplo, en el ca acol
ae agua dulce, Plano bis mul i o mis, en la ca-
liza ( éase FU. de lo Inc., p. 594), cuyas o -
mas, comp endidas en e lími es muy apa ados,
p esen an en odas di ecciones una se ie de
as o maciones sis emá icas, excep uando p e-
cisamen e las o mas que, como el denuda us ó
el ichi o mis, pod ían pasa po ipos de es-
pecies ógéne os nue os, yque a guyen po la
causa de la gene ación he e ogénea. Respec o
de las o mas unidas en e sí po sé ies de an-
sición, p esen an las que son con empo á-
neas, es o es, las si uadas en las mismas capas
51
ho izon ales, ejempla es que di ie en en e sí
an o po lo ménos como los de la capa más
an igua yde la más mode na. En suma, el
co e geológico nos p esen a especies cuyo de-
sa ollo en odos sen idos e ela sal os, hácia
adelan e, hácia a ás, ya ec a, po úl imo, la
o ma ci cula ; nada de es o a o ece la hipó-
esis de la as o macion g adual de una espe-
cie en o a, (i)
Pues o que la emb iología yla paleon olo-
gía pa ece hablan más bien con a que en a-
o de la eo ía del as o mismo, debe es e i
ábusca p uebas en los documen os empí icos
suminis ados po la lo a yla auna ac uales.
Mas aunque da ía de sí una idea muy pob e,
como eo ía cien í ica, el que apoyase la demos-
ación eó ica de la descendencia de los o ga-
nismos po as o mismo, únicamen e en la
analogía de los casos empí icos, oda ía muy
a os, en que se puede obse a el paso de una
especie áo a; sin emba go, no puede ménos
(1) Véase la c í ica del S . Wigand (n.® 14 del Apén-
dice) ála monog a ía de Hilgendo . Han con i mado los e-
sul ados de Wigand las in es igaciones, que pa ece igno aba,
en las capas paleon ológicas de Sandbe ge (Ve kaud. de
physik, med. Ges. •zu Wu z.bu g, N. F. Bd. V, p. 231), que se
apoya en los abajos de Hya de Bos on, de Leydíg yde
Weismann.
52
de con esa el da winismo que ni es o siquie a
ha llegado áconsegui , po lo que se limi a
siemp e ápedi que omemos las ansiciones
gené icas po ansiciones sis emá icas. Ni aún
en la selección a i icial se ha podido ob ene un
palomo que no conse a a dis in amen e, con
odas las mons uosidades ex e io es posibles, el
ca ác e p opio de su especie. Ycla o es, que
cuan o más di ie an los medios de que disponen
los c iado es pa a consegui su in, de los em-
pleados po la na u aleza, menos alo end á su
esul ado, con a io álas leyes o dina ias, pa a
juzga ace ca de los p ocedimien os na u ales de
la o mación de las especies. Bien me ece no a se
que oda iá en es e pun o los esul ados son
con a ios ála eo ía as o mis a.
Ca eciendo como ca ecemos de oda obse -
ación di ec a sób ela o mación de una especie
nue a, no nos queda, po an o, o o camino que
ano a las analogías de que necesi amos sob e el
modo de o ma se las a iedades, que ele adas
g adualmen e al más al o pode po sus di e-
encias con el ipo p imi i o, pa ece que con-
ducen mejo áuna especie nue a.
Las a iedades se di iden en es clases:
Fo man la p ime a las que se limi an á
cambios de colo , pelo, ex u a ca nosa, desa -
ollo del ejido celula , al e ación de sus ancias
53
químicas especiales, e c.; es as a iedades pue-
den p oduci se más ómenos en la ida indi i-
dual po in luencia del medio ambien e, pe o
no pueden se i de base ádi e encias sis emá-
icas, aunque pa eciese que se p oducían expon-
ánea aen e po gene ación.
La segunda clase comp ende las mons uo-
sidades.
La e ce a, las a iedades mo ológicas.
(Wigand, p. 48-52.)
Debemos conside a apa e las mons uosi-
dades que esul an en una me amó osis eg e-
si a, yque se obse an sob e odo en las espe-
cies domés icas. P esen an po lo común un
g an desa ollo de las unciones ege a i as en
de imen o de las sexuales, yno able deg ada-
ción mo ológica y isiológica del o ganismo,
po lo que no podemos ap o echa las pa a la
in es igación de los medios po los que se ele a
el o ganismo áun g ado supe io . Nos quedan
las mons uosidades sin me amó osis eg esi a
ylas a iedades mo ológicas, las que, ánues o
pa ece , se comple an en cie o sen ido las unas
con las o as. Así, la a iedad mo ológica sumi-
nis a un ipo comple o, a mónico, sin ningún
ca ác e que desdiga de la unidad del conjun o;
pe o su des iación espec o de la o ma p imi i a
es muy pequeña, pa a que se pueda e en ella
54
una in e upción del ca ác e especí ico. Es a
in e upción exis e, po el con a io, en la mons-
uosidad, pe o solo en la di ección unila e al
de un ó gano de e minado, ypo lo común se
apa a an o es a des iación de la se ie de las
o mas de la especie, que apa ece equi alen e
mo ológicamen e al ipo de o o géne o óde
o a amilia. Es e enómeno no nos conduce,
sin emba go, áun nue o ipo de e minado,
pa a lo que hab ia necesi ado pasa po una
se ie de as o maciones co ela i as de g ado
en g ado.
Podemos concebi , po an o, la o mación
de las especies, ópo medio de mons uosida-
des de es e géne o que, conse ándose, de e -
minan poco ápoco la modi icación co espon-
dien e de los o os ca ac e es; ópo medio de
a iedades mo ológicas cons an es en su di-
ección, en la que se apa an de la o ma p imi-
i a po modi icaciones más ex ensas; ópo
ambos p ocesos ála ez, ob eniendo de epen-
e, po la a iedad mo ológica, la de inición
ípica de la as o macion; po la mons uosi-
dad, la ex ensión de la des iación. Pe o cual-
quie a de es as hipó esis que se adop e, nos
encon amos siemp e con modi icaciones en
sen ido in e so. Todas las a iedades que no se
p oducen po la in luencia del medio ex e io
61
la a inidad sexual en e dos lo es del mismo pié,
es mayo que en e los pis ilos ylos es amb es
de una misma lo ,—en muchas especies ege-
ales se ha encon ado una disposición al que
impide la ecundación expon ánea de la lo po
sí misma;—en e dos indi iduos de la misma
o ma, mayo - que en e dos indi iduos de un
mismo pié; en e dos a iedades de una espe-
cie, mayo que en e dos indi iduos semejan-
es; pe o ápa i de cie o pun o, la ecundidad
disminuye con la di e gencia de las o mas de
la especie. Con a es o no amos, p ime o, que
la diminución de la ecundidad con el g ado
de cul i o es cie a en algunas especies, pe o
no es ley gene al; segundo, que el máximum
de ecundidad, el pun o más al o de la cu a,
al que Wigand dá an a impo ancia, se en-
cuen a no en la especie, sino en la a iedad.
En muchas plan as ecundadas po el pol o
que lle a el ien o yen las que inclinan sus
es amb es hacia la cica iz, debemos conside a
la ecundación de la lo po sí misma como e-
gla gene al; es a ecundación debe bas a pa a
la conse ación de la especie, ósegún la imp o-
pia e minología de Wigand, debe se pe ec a.
Enlos animales que i en po ibus polígamas,
las uniones se e i ican lib emen e, ysin emba -
go no se p oducen las al e aciones de especie que
62
con an a ecuencia apa ecen en las azas do-
més icas suje as ála selección a i icial. Cuando
las a iedades llegan áse muy di e en es en e
sí, mani ies an po lo común decidida epugnan-
cia al c uzamien o, óp e ie en á lo menos
uni se con indi iduos de la misma a iedad;
yno al an obse ado es que a i man que, en
cie os casos, las a iedades dan c uzamien os
menos ecundos que las especies.
De odo es o debemos induci que la o de-
nada máxima de la cu a de ecundidad co es-
ponde muchas eces, no ála especie, sino ála
a iedad, óáun cí culo oda ía más pequeño.
Sin emba go, podemos sos ene que la especie
nunca dis a á mucho del máximum de ecundi-
dad, ypo al azón es e ca ác e ha se ido
siemp e de base, sólo como c i e io ela i o,
pa a de e mina empí icamen e la especie. Qui-
zás pueda admi i se que cuando la cu a p e-
sen a un máximum bien ma cado, co esponde
es e máximum ála especie, siemp e que se a e
de una especie llegada al pun o medio de su
desa ollo, en la que oda ía no ha empezado á
desa olla se una especie nue a. Po que cuando
la especie no ha llegado aún al es ado de equi-
lib io, cuando no ha adqui ido ijeza, debe p e-
sen a oda ía endencia ác uza se con aquella
de sus ecinas de la que sólo es á sepa ada po
63
lími es más ómenos lexibles; po el con a io,
si en la especie ha empezado á o ma se ya o a
nue a, sus a iedades di ie en an o en e sí
que se puede acila y oma las po especies,
po que el máximum de ecundidad se halla
colocado ya en las a iedades.
El mismo hecho que, al lado de especies
lo ecien es, encon amos o as que no es án
aún en ese pe íodo, yo as que han salido ya
de él, es o es, especies que pa ecen a iedades,
y a iedades que pa ecen ya especies; es e he-
cho, epi o, habla con g an elocuencia en apo-
yo de la elas icidad de las especies conc e as,
aun en el caso de que la idea de especie, apli-
cada solamen e álas que han llegado al pe íodo
de madu ez, debie a coloca se en la o denada
máxima de la cu a de ecundidad. En onces,
como es a coo denada exis e en odas pa es, y
enemos que aplica es e c i e io ála de e mina-
ción de las especies cuando no podemos obse -
a di ec amen e la ecundidad, la cues ión
queda ía sin esol e se.
Po o a pa e, en oposición á los hechos
ci ados en apoyo de la a iabilidad de la espe-
cie, la p ueba de la in a iabilidad undada en
la pe manencia de las especies du an e el pe íodo
his ó ico, no iene ningún alo , álo menos
a ándose de especies indubi adas; po que el
64
que al ócual especie haya quedado la misma
desde la cons ucción de las Pi ámides, es o no
qui a el que ac ualmen e haya a iedades que
caminan áse especies, yespecies jó enes, plás-
icas aún, que ienden á ija se yconsolida se
con o me ásu ipo. Si no podemos señala ex-
pe imen almen e esul ados posi i os de es as
e oluciones, es po que el pe íodo que aba ca
nues a obse ación de es os enómenos es muy
co o; pe o de las á ias ases de es a e olución
que podemos señala con ce eza, enemos de-
echo áinduci sus ases ul e io es, de la mis-
ma mane a que de las nebulosas gaseosas yb i-
llan es, de los soles incandescen es yde los pla-
ne as helados, que se han obse ado, se ha
inducido la eo ía del desa ollo cósmico de es-
os cue pos celes es.
Añade Wigand (p. 30); «La al a de o -
mas in e medias no es c i e io segu o de la es-
pecie, po que hay a iedades que ambién p e-
sen an aquella al a; pe o si en e dos o mas
dadas se descub e o a in e media, es p ueba
cie a de que las dos o mas no cons i uyen es-
pecies dis in as. La pe manencia de la o ma
du an e el c ecimien o óen odos los medios,
ampoco es ca ác e decisi o de especie, po que
hay a iedades que man ienen sus o mas sin
a iación alguna; pe o una o ma que, po cam-
65
bio del medio ópo la acción del iempo se
as o ma en o a, ónace mani ies amen e de
o a, pe enece ála misma especie que es a. »
Casi es ocioso que nos pa emos áexamina es-
os ales c i e ios posi i os, según los cuales
cie as o mas no pod ían conside a se como
especies dis in as. Las a iedades que han ad-
qui ido ya es abilidad, deben conside a se como
especies que empiezan áse lo, ysi, con el iem-
po se llega a áobse a una especie o mán-
dose de es a mane a, se come e ía e o si, a e-
niéndose al p ejuicio de la pe manencia de las
especies, se le negase el ca ác e especí ico, en
ez de econoce en ella la sua idad ya men-
cionada de la especie en el pe íodo de e olu-
ción del ipo o gánico. Toda la cues ión es á
aquí en de e mina las o mas de ansición,
po mas que no se dis ingan po sí mismas de
las especies nacidas de a iedades, yen e cu-
yas especies han desapa ecido las a iedades in-
e medias. Po es o si en e dos o mas consi-
de adas has a aquí como especies, se descub e
o a in e media, no se puede po es o exclama
de epen e; No son especies! Semejan e caso
—
yse epi e con ecuencia—se ía más bien una
p ueba de la necesidad de modi ica la an igua
concepción de la pe manencia de las especies y
de su sepa ación in anqueable. El mismo Wi-
5
gand se con adice en es e pun o, con esando
(p. i8), yhas a ep esen ando g á icamen e,
que el cí culo de las o mas de una especie pue-
de es a en con ac o inmedia o con el de o a
especie: así es ablece, sin que e lo, la ansición
an dispu ada.
Po lo que oca ála plas icidad de la espe-
cie en e olución, hay hechos que la a es iguan
cla amen e. Las especies hoy i as no ienen e-
p esen an es co espondien es en las aunas y
lo es an e io es, en cambio los ienen los géne-
os, las amilias ylos ó denes: los ep esen an-
es paleon ológicos de las o mas ac uales di ie-
en sensiblemen e en e sí menos que es as;
así, po ejemplo, las amilias ep esen adas en
un pe íodo geológico po simples a iedades,
no e an mas que especies en el pe íodo geoló-
gico an e io . Has a si nos ijamos en las mis-
mas clases an dis in as del eino animal, los pe-
ces ylos an ibios po ejemplo, y e ocedemos
en el cu so del iempo, llegamos áépocas en
que es a di e encia an mani ies a es sumamen-
e pequeña.
Wigand comba e es a mane a de e . No
puede pone ni pone en duda es a diminución
cons an e de las di e encias en los pe íodos an-
e io es; pe o p e ende que las de e íninacio-
nes sis emá icas—especie, géne o, ó den,—di-
67
ie eii no solamen e en g ado, sino en cualidad,
de mane a que las especies no pueden pasa á
se géne os. Desg aciadamen e no puede deci -
nos Wigand donde es á esa di e encia cuali a-
i a en e la idea de especie yla de géne o, y
mien as no nos con es e, debemos a ene nos á
la hipó esis que solamen e se dis inguen po el
g ado de la di e enciación, que e iden emen e
es mayo en el géne o que en la especie. Según
la Opinión pa icula de Wigand, no se encon-
a á en el sis ema na u al una di e encia an
ca ac e ís ica, como la que sepa a la a iedad
de la especie; pues habiendo econocido nos-
o os que es a di e encia es a iable, enemos á
p io i el de echo de supone que lo son am-
bién odas las demás. Nada impo a que la idea
de especie es é si uada ce ca del máximun de la
cu a de ecundidad ;es o signi ica solo que cie a
combinación de di e encia yde semejanza es
mas a o able ála ep oducción que odas las
demás: si aumen a la di e enciación, la combi-
nación mas a o able de semejanza yde di e-
encia se aleja á del máximun, lo cual quie e
deci que el p oceso de la di e enciación an e-
io ha llegado ádi e encias que exigen ya, si
se quie e ca ac e iza las, una de e minación sis-
emá ica más p ecisa que la de especie.
Resul a, po an o, que el c i e io de la es-
68
pecie basado en el máximun de ecundidad, no
iene la ijeza ysegu idad bas an es pa a dis in-
gui la especie del géne o en el p oceso de la
di e enciación. El azonamien o de Wigand
con a la as o macion de las especies en a-
milias, a iedades, e c., solo es e dade o en
es e sen ido: que oda especie no es ap a pa a
ealiza es a as o macion; que solamen e lo
son las que, en la di e enciación mo ológica de
su e olución genealógica, poseen elemen os pa a
un desa ollo mo ológico más as o, ysegún
el núme o de es os elemen os, así la especie, en
su e olución ul e io , aba ca á ipos sis emá i-
cos más comp ensi os. La especie que deba ad-
qui i en su desa ollo o gánico un elemen o
nue o ca ac e izado mo ológicamen e, se á ap-
a pa a da o igen áun nue o o den óclase;
pe o hab á de e i ica se al e ec o un ac o de
gene ación he e ogénea, siendo á odas luces
insu icien e el simple as o mismo.
El esul ado áque nos conduce el concep o
de la a iabilidad de la especie, espec o del
as o mismo, puede o mula se en es os é -
minos: econocemos al as o mismo la acul-
ad, que o undamen e le niega la eo ía de la
pe manencia de las especies, de pasa de una
o ma áo a, con al que es as dos o mas no
se di e encien po modi icaciones mo ológicas
69
an p o undas que sea necesa ia una me amo -
osis b usca del ge men. Con es o, el as o -
mismo no ha econquis ado o a cosa que la
simple posibilidad de e::plica la ansición de
una o ma áo a; es a posibilidad pasa á áse
p obabilidad en el o den de los hechos, cuando
sea p obable que los é minos in e medios ac-
uales, en e especies no dudosas, son ansicio-
nes genealógicas. Ala ce eza únicamen e pue-
de llega se po la obse ación expe imen al de
una as o macion e ec i a. Como se é, la
eo ía as o mis a, ápesa de la a iabilidad
de la especie, descansa siemp e en bases muy in-
cie as; ycuan o hemos aducido con a ella y
en a o de la gene ación he e ogénea, ale lo
mismo en el supues o de que las especies son
a iables como en el de que son pe manen es.
Como esúmen del p esen e capí ulo, po-
demos deci que, aun cuando los descub imien-
os yobse aciones ul e io es asigna an ála
eo ía del as o mismo más impo ancia de la
que en el es ado ac ual de nues os conocimien os
debemos a ibui le, ála gene ación he e ogénea
co esponde á siemp e la cons ucción gene al
del esquele o del sis ema na u al; al as o mis-
mo, es i el esquele o de ca ne ypiel, desa o-
lla las múl iples o mas del eino o gánico, y
p epa a el e eno pa a la p óxima gene ación
70
he e ogénea. Ambos p ocesos no son más que
modi icaciones de los medios po los cuales se
ealiza al ex e io la ley de la e olución in e -
na; los dos conspi an al mismo in, ob an ála
pa yse p es an mu uo apoyo. Es comple a-
mence also que una de es as eo ías excluye á
la o a; la discusión sólo puede e sa sob e la
impo ancia ela i a de su e icacia ylos lími es
de su cí culo de acción. Mas si uese p eciso
elegi uno de los dos con exclusión del o o,
con la gene ación he e ogénea, sin el as o -
mismo, se ia po lo ménos muy -posible edi ica
el eino o gánico; imposible po comple o con
el as o mismo. Hé aquí el pun o del deba e; el
da yyinismo p oclama como e dad e ec i a lo
que es comple amen e imposible; no así los
pa ida ios de la gene ación he e ogénea, quie-
nes con una ac i ud benigna ála colabo ación
auxilia del as o mismo, sólo discu en sob e
la mayo ómeno impo ancia que se le debe
a ibui . Es e iden e que los pa ida ios, no
da winis as,,de la eo ía de la descendencia ap o-
echan en odo caso mucha más e dad que el
da winismo, el cual se apa a de ella condenan-
do o undamen e y echazando en odas sus
pa es la eo ía de la gene ación he e ogénea.
77
nos necesa ios pa a la conse ación dé la ida y
la p opagación del ipo más impe ec o, con el
in de saca de un ipo abs ac o de géne o óde
o den el ipo de una especie iable.
No es posible, en e ec o, un ipo abs ac o
dé géne o óde o den, ni en o ma de célula
p imi i a, p o is a de los apéndices necesa ios
pa a el desa ollo de aquel géne o úo den, ni
en o ma de o ganismo comple o. Más aún,
—
que es lo que ol ida Wigand,—si la célula p i-
mi i a ha de se un indi iduo conc e o que en-
jend e una especie conc e a, debe lle a en su
con ex u a emb iológica el ipo del ó den como
elemen o inmanen e en el ipo del géne o óde
la especie; po que odo lo que debe exis i en
es ado conc e o, en po encia ó en ac o, debe
es a especí icamen e de e minado en odas ela-
ciones. Po an o, la hipó esis p opues a po
Wigand, la exis encia de células p imi i as de
ó denes y amilias que desapa ecen después de
habe cumplido su des ina, que e a suminis a
las células p imi i as de las especies, es a hipó-
esis es inadmisible, an o bajo el pun o de is-
a cien í ico, como ála luz del c i e io ilosó ico,
yen es a pa e queda des uida su eo ía.
Acon inuación dice Wigand que, cuando
las células p imi i as de odas las especies, i-
iendo como molie as, se hubie on desa olla-
78
do en el pe íodo p imo dial, salie on del on-
co común, ue a de la mone a única, se pe pe-
ua on sin modi icación con odas sus p opie-
dades la en es, yllega on has a la época de su
desa ollo. (Es a hipó esis, po los millones de
años que equie e, no encuen a más apoyo en
los hechos de. expe iencia que el mismo pe iodo
p imo dial.) Hubo en ónces una sucesión más
ómenos la ga de es ados de la a, de los cuales
al in su gió la especie pe ec a, yya in a ia-
ble. Tales me amo osis indi iduales de los i-
pos, en los que la me amó osis, después de ha-
be en ado en la ida p opia, no p esen a ya
ca ác e especí ico, ca ecen de con i mación ex-
pe imen al; po consecuencia podemos c ee
que es a ansición del es ado de la a es más
bien ilogené ica que on ogené ica. Po o a
pa e, no se é cla amen e la opinión de Wi-
gand en es e pun o. Si la célula p imi i a es-
aba do ada de una ene gía de e olución bas-
an e pa a pode sal a en una exis encia indi-
idual la dis ancia que sepa a álas mone as,
del homb e po ejemplo, no se comp ende co-
mo pudo domina es a ene gía du an e un pe-
íodo an sumamen e la go. Mucho más na u-
al se ía supone que odas las células p imi i-
as pasa on en un mismo iempo al es ado de
la as que les co espondía, así que el es ado
79
geológico de la ie a lo pe mi ió, yque en ade-
lan e es as la as se p opaga on como ales.
Pod ía unda se es a hipó esis en la analo-
gía que, en muchos animales de me amo osis
la la a posee el pode de p opaga se, yen o os
es e pode pa ece que se pie de pos e io men e.
Admi iendo es as hipó esis, las la as de Wi-
gand debían ene el pode de ep oduci se,
es o es, ó ganos de ep oducción co espon-
dien es ásu es ado (lo que ambién puede de-
ci se de las células p imi i as en es ado de mo-
ne as), yque en la e olución áun es ado de
la as supe io , e a necesa io que se o masen
b uscamen e. Aunque Wigand echaza a es a
consecuencia, no pod ía ménos de econoce la
necesidad del ocessus de o mación b usca;
po que engan óno sus la as el pode de e-
p oduci se, deben posee en odo caso ó ganos
que les pe mi an conse a la ida indi idual y
la acul ad de c ece en la medida necesa ia.
Pues es os ó ganos exigen la o mación b usca
an o ymás que los ó ganos de la ep oduc-
ción, po que las condkiones de ida de las la -
as no pueden se las mismas que las de la ida
de la especie pe ec a. Luego o zosamen e ha
de econoce Wigand que los ac os de gene a-
ción he e ogénea, po los que su célula p imi-
i a de especie pasa áse especie desa ollada.
80
opiezan con las mismas di icul ades, exac a-
men e del mismo g ado, que la gene ación he-
e ogénea, que p ecisamen e echaza po es as
mismas di icul ades, eemplazándola con la ge-
nealogía de las células p imi i as.
Aho a bien, ¿qué queda de la eo ía de Wi-
gand si eliminamos po insos enibles las células
p imi i as de los ó denes yde las amilias, si
econocemos álos es ados de la a, que ep e-
sen an como ales los di e en es ó denes de la
uen e común, la acul ad p opia de ep odu-
ci se po odo el pe íodo geológico, has a que
una nue a ase de la e olución geológica les
pe mi a pasa áun nue o es ado de la as, y
en úl imo é mino ála especie de ini i a.^ En
ealidad, es a concepción no di ie e ex e io -
men e en lo más mínimo de la idea de descen-
dencia po medio de gene ación he e ogénea
que he expues o ydesa ollado en la Filoso ía
de lo Inconscien e; po que si Wigand se omase
e! abajo de eco e en de alle las nume osas
e apas de la e olución de la especie homb e, po
ejemplo, (á las que dá el singula nomb e de es-
ados de la a), es a sé ie apenas se dis ingui la
de la descendencia di ec a admi ida po o os
pa a es a especie (po Heckel en e o os en su
An opogenia); se ia aun más incie a éincom-
ple a.
81
Toda ía debemos señala en la eo ía de
Wigand dos e o es capi ales; p ime o, niega
álos an epasados di ec os de las o mas supe-
io es oda in luencia en la economía de.la na-
u aleza como especies pa icula es, ylos eba-
ja en úl imo é mino ála condición de simples
ins umen os de un des ino ex año, de la as
de o mas supe io es; segundo, busca en las a-
ses an e io es de la e olución, no sólo en simple
po encia, como una posibilidad u u a, sino en
e ec i idad, apéndices emb iona ios comple os
que con ienen, ma e ialmen e p e o mados, los
gé menes de lo que más a de debe á desa o-
lla se. Es os e o es p oceden de habe aban-
donado el e eno de la expe iencia po especu-
laciones ilosó icas, limi ándose en és as ápun-
os de is a pu amen e empí icos, con exclusión
de conside aciones me a ísicas. Es e es el icio
de mé odo que más a iba hemos indicado.
Con mucho acie o señala Wigand el e o
en que incu e el da winismo, al explica el p o-
ceso de la e olución po la acción de causas ex-
e io es, ycon azón opone áes e e o una ley
de e olución in e na, óla acción egula «de
una endencia ála o mación ydesa ollo in-
manen e en la misma na u aleza» (JDa winis-
mo, p. 336); pe o en luga de conside a es e
concep o me a ísico como el p incipio supe io
6
í
8S
de los enómenos empí icos yde man ene se iel
áél, incu e en el mismo e o que Da win,
dándonos de la e olución una explicación me-
cánica yma e ialis a, sin o a di e encia que la
de coloca el mecanismo en el in e io , en ez
de coloca lo como Da win en el ex e io . Hé
aquí su conclusión; si en un ac o de gene ación
he e ogénea nace, po me amó osis del gé -
men, un ipo mo ológicamen e modi icado, la
a%on su icien e de es e enómeno debe es a
con enida en la combinación de los á omos ma-
e iales del animal gene ado , bien en el em-
b ión ysus au o es, bien en la célula p imi i a
de la especie.
Es o no puede admi i se: se a a aquí
de un mo imien o en línea ec a, no de un cí -
culo de as o maciones, po lo que nada di-
cen los ejemplos de asmisión la en e que no se
e ie en áes e úl imo caso. La conclusión, po
an o, debe la se és a :pues o que aquella de
las células que co esponde álos apéndices exis-
en es has a aquí, no ha llegado oda ía ádes-
a olla se, no puede se po sí sola la causa su-
icien e de un p og eso ac ual, po que si lo ue-
se, el p og eso hab ía debido p oduci se desde
mucho án es; al con a io, debe habe al ado
oda ía pa a la úl ima me amó osis del gé -
men una condición, que hab ia comple ado la
83
suma de las con enidas en el ge men ydadas
p ime o como causas su icien es. Wigand pue-
de busca es a nue a condición, ócon Da win
en una casualidad ex e na, óconmigo en la ac-
i idad de un p incipio me a ísico. En es e úl-
imo caso, no puede a a se na u almen e más
que de un p ocessus egula de e olución, de
o mación in e na, de un p og eso expon áneo
de la O ganización en i ud de un plan de e -
minado.
Además, como la me amo osis del ge men
es siemp e un p oceso na u al de c ecimien o,
yse a a solamen e del c ecimien o na u al en
de e minada di ección mo ológicamen e nue-
a, pe o di i iendo muy poco de la di ección
no mal en el ins an e de la segmen ación de
las células, no hacen al a ya ó ganos especia-
les pa a el ge men una ez pues o en la nue a
ía de c ecimien o independien emen e del im-
pulso as o mado , po que el c ecimien o e-
gula ab aza odo lo demás. Pa a el p ocessus
o gánico de la e olución al como noso os la
en endemos (en la hipó esis del c ecimien o y
pe pe uación no males yna u ales), bas a la
suma de odos los impulsos que p oducen las
me amó osis egula es (b uscas óminimales)
del ge men.
Admi iendo una e olución egula in e na
84
sin el concu so de p incipios me a ísicos de ex-
plicación, qui a Wigand ála suma de los im-
pulsos que se eje cen en las me amo osis del
ge men, el pe íodo de iempo exigido po la
ma cha na u al del p ocessus de e olución; eú-
ne en uno solo pe íodos ealmen e sepa ados
en el iempo; se ale de es os como azón me-
a ísica de e minan e de los ó ganos de las cé-
lulas p imi i as, en las que o aliza el desa ollo
ul e io , ylo coloca odo en ese eneb oso pa-
sado de los o ígenes, donde el homb e de cien-
cia no se c ee ya con de echo á e ocede ni
an e el más ex ao dina io de los milag os. Y
como según hemos is o, dejando inde e mina-
dos los impulsos necesa ios al p incipio de las
me amo osis del gé men, que supone di e en-
es, se apa a de la e dad, llega en suma en su
en a i a de elimina el p incipio me a ísico,
áduplica la impo ancia de su acción; po que
es p eciso p oduci células mad es de las célu-
las p imi i as, que con engan en es ado de gé -
men, ma e ialmen e p e o mado, odo el desa -
ollo o gánico. Es a eno ación del milag o de
la c eación en o ma de concen ación po encial
in ini a, es una de las an asías eme a ias de la
imaginación cien í ica.
Po an o, en luga de admi i con Wigand
que la me amo osis del gé men del animal no
e eb ado en gé men de e eb ado debió p o-
duci se como p e o mada ma e ialmen e en la
célula p imi i a salida de las manos de Dios,
asmi i se luego en es ado la en e ysin a ia-
ción al a és de inmensos pe íodos geológicos,
yllega , po úl imo, en cie o ins an e áe o-
lución e ec i a po el impulso me a ísico co-
menzado; noso os admi imos que el mismo
impulso me a ísico que hace e ec i as las posi-
bilidades de modi icación del c ecimien o con-
enidas en el gé men, de e mina al mismo iem-
po la di ección que ha de segui la modi icación
del p ocessus de c ecimien o, no mal has a en-
onces; siendo supe inas las dos p ime as hi-
pó esis. Respec o ála mane a con que Wigand
p esen a ála na u aleza en la asmisión de los
ó ganos la en es du an e millones de años, ob-
se emos que la na u aleza nunca ca ga ásus
c ea u as con las e inú il, sino que les suminis-
a en cada caso el equipo de que necesi an.
Cuando conside o á un iempo los impulsos de
desa ollo ylos de di ección en la me amo o-
sis del gé men, eo que el abajo o gánico de
o mación es la base de la e olución sis emá i-
ca, egula , con o me ála ealidad: Wigand,
po el con a io, aunque habla de la e olución,
de hecho la niega yelimina; po que ebaja el
p ocessus de la ida o gánica al mo imien o
acompasado de una máquina in ini amen e a i-
icial, que Dios hab ia c eado en la célula ma-
d e pa a unciona en época de e minada.
El que sien a en su alma la dignidad ysa-
bidu ía del C eado , con esa á que no su e
menoscabo alguno po que la acción del p inci-
pio me a ísico que di ige el p ocessus' ás e olu-
ción, se epa a en impulsos in ini amen e pe-
queños en la o al du ación del p ocessus, en ez
de concen a se en el pun o de pa ida yago-
a se en la e olución misma. Conside ada sé-
iamen e la idea de la e olución o gánica i ien-
e, se e á que ni el mecanismo ex e io de
Da win, ni la mecánica in e na de Wigand, co -
esponden áes a idea, la cual exige que el su-
ge o me a ísico del pkn de e olución sea in-
manen e en el p ocessus mismo, como base del
desen ol imien o egula yac ualmen e i o,
es deci , ac i o en cada uno de sus pun os. En
es e sen ido, el abajo de o mación o gánica y
egula adquie e una signi icación ilosó ica,
como la unción indi idualizado a del p inci-
pio gene al de o ganización que, p ecisamen e
po es o, se acomoda o gánicamen e al g an
odo en el o den ymomen o de su ac i idad.
na u aleza. Ála mane a que el c iado elije su
ganado yno admi e pa a- la ep oducción más
que los indi iduos mejo o ganizados, asimis-
mo puede sucede que en la na u aleza se eli-
jan, en e las a ias o mas, únicamen e las
mejo ap opiadas álas condiciones de la ida.
Mas en la na u aleza el que elije no es la o-
lun ad del c iado , sino la lucha po la exis en-
cia, es o es, la concu encia ac i a ópasi a de
ios se es álas condiciones necesa ias pa a la
conse ación de la ida. Aho a bien, pa a que
es a selección pueda e ec ua se, es necesa io que
exis a cie o núme o de o mas más ómenos
di e en es en e sí, en e las que pueda ele-
ji se; la mul iplicidad de es as o mas es conse-
cuencia de su a iabilidad. Po úl imo, es p e-
ciso, pa a que el p oduc o de la selección no
sea momen áneo, sino du ade o, que se ije as-
mi iéndose po he encia, ypa a que pueda al-
canza alo ap eciable, el p oduc o asmi ido
debe suminis a nue a ma e ia ála epe ición
de la a iación ydéla selección en el mismo sen-
ido, de mane a que se acumulen las acciones
de la selección. (Es a úl ima pa e su e una
modi icación muy débil en la hipó esis de la ge-
ne ación he e ogénea echazada po ‘Ja win.)
Po an o, pa a que la selección na u al
pueda ob a , deben in e eni aun iempo es
94
ac o es: la lucha po la exis encia, la a iabi-
lidad yla asmisión he edi a ia. Si al a uno
de es os ac o es, la selección na u al se in e -
umpe, po que la acción de los o os dos que-
da ine icaz. Pe o cada uno de los ac o es debe
ob a ambién de un modo especial, concu -
iendo al p oceso de la selección na u al en el
sen ido de la modi icación (no solamen e de la
conse ación) del ipo; po que sólo cuando se
p uebe que cada uno de los es ac o es ob a
en la jus a medida que equie e el p oceso mo-
di icado , puede admi i se una selección modi-
icado a del ipo. Po lo común el da winismo
pasa po al o es a comp obación de la p esencia
necesa ia de cada uno de los es ac o es, en la
p opo ción debida, ydonde quie a que encuen-
a uno de ellos, po ejemplo, la lucha po la
exis encia, desde luego dá po demos ada la
aplicación de la eo ía de la selecccion. Po es o
Wigand ha p es ado un se icio incon es able
analizando igo osamen e cada uno de los ac-
o es; lás ima que su c í ica, descendiendo con
ecuencia áminuciosidades de de alle, haya
pe dido de is a los g andes lineamen os.
95
§II. De la SELECCION EN LA LUCHA
POR LA EXISTENCIA.
El elemen o que desempeña papel más im-
po an e ygene al en la economía de la na u a-
leza, es la lucha po la exis encia, con ibuyendo,
an o áconse a yennoblece las azas, como
ámodi ica los ipos. En odas pa es los indi-
iduos más obus os, los más capaces de esis-
i á odas las en e medades, son los que con-
cu en sob e odo ápe pe ua la aza; pe o,
además de la salud, hemos de con a la o ale-
za pa a su i el hamb e yla sed, el calo yel
ió, la sequedad yla humedad, y ambién la
ue za muscula , la lige eza, la indus ia, con-
o me álas condiciones de exis encia mejo
ap opiadas ácada animal. Pues la salud, la o -
aleza pa a esis i álas a igas de odo géne o,
la ue za, la lige eza, la indus ia, con ibuyen
ambién, sin al e a el ipo, álle a lo al más
al o g ado de belleza que pueda alcanza . La
eunión de la agilidad yde la belleza cons i u-
yen lo que se llama «ennoblecimien o de las a-
zas.» De es a sue e, la lucha po la exis encia
con ibuye en odas pa es áconse a pu as las
especies yáennoblece las, yse p esen a como
96
uno de los agen es p incipales de que se ale la
na u aleza pa a ealiza sus ideas.
Sus ipos especí icos co esponden, en su
es uc u a mo ológica yó ganos isiológicos,
álas condiciones de exis encia en que se hallan
colocados, yque po lo gene al se man ienen
cons an es du an e un la go pe íodo. Aquí no
se a a más que de man ene la especie en el
pun o de equilib io supe io que ha alcanzado,
pa a lo cual bas a la selección na u al esul an-
e de la lucha po la exis encia. La a iabilidad
no en a aquí en juego, sino como el enemigo
que hay que comba i , ni la asmisión he edi-
a ia bas a pa a la conse ación de la espe-
cie, sino en cuan o el ipo especí ico se ha man-
enido pu o en los indi iduos que cada gene a-
ción ha podido sal a en la lucha po la exis en-
cia. Vemos, pues, que las condiciones son aquí
comple amen e dis in as de las que se p esen-
an en la modi icación de los ipos po medio
de la selección na u al.
En es e caso, la lucha po la exis encia sólo
puede ob a cuando, habiéndose modi icado las
condiciones i ales, la especie deja de se pe -
ec a ypie de su equilib io de adap ación. En-
onces, en e las modi icaciones del ipo p odu-
cidas po el cambio ocu ido, las hay que se
adap an mejo que las o mas an e io es álas
97
nue as condiciones del medio; po es o ienen
de su pa e la en aja en la lucha po la exis-
encia, yla o ma an igua es á más expues a á
sucumbi . Como las ci cuns ancias geog á icas
yclima ológicas de cada localidad a ian con
ecuencia, es a a iación modi ica las elaciones
de exis encia; po lo que, ácada a iación local
de la empe a u a, en un sen ido óen o o,
co esponde una modi icación p og esi a en las
condiciones de la ida, que ab e nue o campo
ála acción p og esi amen e c ecien e de la
lucha po la exis encia. (Se supone na u almen e
que es a a iabilidad se mue e siemp e al mis-
mo paso que las modi icaciones p og esi as de
las condiciones de la ida).
Es o sucede lo mismo en la concu encia ac-
i a que en la pasi a, es o es, lo mismo si exis e
lucha po las condiciones de ida necesa ias á
una unción del indi iduo ( e i o io, luz, ai e,
alimen o), que si únicamen e exis e esis encia
pasi a álas acciones que ienden ádes ui la
ida, óes acionamien o, dejando pasa las oca-
siones ex e io es a o ables, sin su concu so, al
indi iduo ysu pos e idad. La concu encia ac-
i a puede consis i en epe idos comba es de
una especie con o a (po ejemplo, del lobo con
los ca ne os); pe o en es e caso debemos dis in-
gui el comba e di ec o en e los indi iduos de
7
especies enemigas, de lo que Da win llama lu-
cha po la exis encia. La lucha po la exis encia
signi ica más bien la concu encia que se en a-
bla en e los indi iduos de cada especie, en la
que na u almen e iun an los más ue es. Tam-
bién es á comp endido en la lucha po la exis-
encia, en el sen ido de la eo ía de la selección,
el caso en que a ias especies comba en po las
mismas condiciones de ida (po ejemplo, los
a ones de las casas con los a ones iaje os);
pe o no el caso en que dichas especies luchan
po que son enemigas, no po las condiciones
de exis encia (po ejemplo, los animales de p e-
sa ysus íc imas.)
En endida de es e modo, como concu en-
cia ac i a ypasi a, la lucha po la exis encia
desempeña un papel ex ao dina iamen e impo -
an e en odos los dominios de la na u aleza.
No iene azón pa a nega lo Wigand, po más
que la enga en obse a que, además de es a
concu encia ac i a ypasi a, en a po mucho
la casualidad, es o es, las ci cuns ancias que con-
cu en ádes ui el exceso de los gé menes so-
b e el núme o de los indi iduos que pueden i-
i . Pu a casualidad es, po ejemplo, que algu-
nos g anos de simien e, espa cidos egula men e
en un á ea de e minada, hayan encon ado la
clase de e eno que les con enia pa a desa o-
99
lia se; pu a casualidad es ambién, que cie os
indi iduos se encuen -en colocados p ecisamen-
e en los luga es donde su ida es a p o egi-
da con a una inundación gene al. Pe o el que
podamos sos ene hoy que la na u aleza es muy
ica pa a que la lucha po la exis encia sea el
único egulado que man iene el equilib io en-
e el núme o de indi iduos de una especie y
el núme o de sus gé menes, es o no es azón
pa a que desconozcamos la impo ancia gene al
ydecisi a de la concu encia, ópa a ap ecia la
en menos de lo que ale.
No iene más azón Wigand al sos ene
que no bas a la necesidad de una pa icula idad
en la lucha po la exis encia, sino que es p eci-
so oma en cuen a las p opiedades, cuya p e-
sencia óausencia eje ce in luencia absolu amen e
decisi a en la conse ación de la ida (p. lOO,
105.7.) Es o sólo se ia exac o en el caso deque
la p opiedad de que se a a no se asmi iese
po he encia, es o es, si es a p opiedad se en-
con ase en las gene aciones sucesi as siemp e
en la misma p opo ción, poseyéndola an os in-
di iduos po cien o, sin que pudiese aumen a
el núme o de los a o ecidos la acción p olon-
gada de la selección. No hay duda que en onces
la conse ación de ini i a del ipo do ado de
es a p opiedad, depende ía de que los p ime os
100
ápe ece en cada gene ación se ian los indi i-
duos que naciesen sin ella. Pe o si admi imos
una p og esión c ecien e, aunque len a, del nú-
me o de indi iduos do ados de aquella p opie-
dad, bas a en onces que sea ú il ycapaz de des-
a olla se po el eje cicio, po que asegu a álos
indi iduos que la poseen el éxi o en la lucha po
la exis encia; en onces, poco ápoco las a ieda-
des mejo do adas aumen an en an o que las
o as disminuyen; al cabo la p opiedad queda
ijada po la he encia, yla a iedad peo do ada
desapa ece del campo de la lucha. Dos pun os
debemos conside a en la obse ación de Wi-
gand: i.° T a ándose de una pa icula idad no
decisi a, odo depende de la hipó esis de una
asmisión he edi a ia es ableciéndose en el cu so
del iempo; l° Cuan as menos p obabilidades
iene una pa icula idad de in oduci se po la
selección na u al ymenos in luye en la exis en-
cia, an o más disminuye su u ilidad ela i a en
la lucha.
El da inismo aplica la. eo ía de la selec-
ción á di e encias an insigni ican es, ápa icu-
la idades de u ilidad an dudosa, que no pode-
mos ménos de pa a nos áescla ece es e pun o.
Po ejemplo, es un e o e iden e ex ende ,
como se acos umb a, la eo ía de la selección á
pa icula idades que asegu an ásu p opie a io
101
cie o place , pe o que no aumen an sus en ajas
en la lucha. No cabe duda que po la selección
na u al pueden adqui i se pa icula idades ú i-
les; pe o cuan o menos ú il sea la pa icula i-
dad, an o más di ícil se á adqui i la, po que
es e p oceso pa icula de selección se á más
comba ido ycon a iado po los que se e ie an
ápa icula idades más impo an es ócomple a-
men e decisi as. Así, la p esencia óausencia de
p opiedades impo an es decidi á de an emano
la ic o ia óla de o a, en la lucha po la exis-
encia, yel núme o de gé menes disminui á
p opo cionalmen e álas condiciones de ida.
De es a sue e, las p opiedades menos impo -
an es su i án la selección en úl imo luga ,
cuando el nue o ipo, ijo ya espec o de las
p opiedades más impo an es, se adap a á álas
nue as condiciones de exis encia yse á obje o
de nue o abajo de selección espec o de nue-
os ca ac e es. Mas es e accionamien o en la
du ación de la selección, de las di e sas p opie-
dades que cons i uyen un ipo nue o, no es á
de acue do con la expe iencia. Es a nos mues-
a que lo mismo en el as o mismo g adual
que en la apa ición b usca de una a iedad í-
picamen e di e en e, odos los ca ac é es cons i-
u i os se p esen an ín imamen e enlazados, y
se modi ican ála pa .
102
Po es as azones debemos admi i que, en
la modi icación de las condiciones i ales, úni-
camen e es án some idas ála in luencia di ec a
de la selección na u al las p opiedades impo -
an es yca ac e ís icas, yque las p opiedades
menos impo an es, las de pu o place óde
ninguna u ilidad, se modi ican al mismo iem-
po que las p ime as po i ud de la ley de co -
elación (es o es, según una ley de e olución
in e na conco dan e). Po es a conside ación,
que los da winis as acep an más ymás, la se-
lección na u al queda ci cunsc i a al dominio
que le pe enece, en a o de la ley de co ela-
ción que, aunque acep ada po Da win como
p incipio auxilia , conduce indi ec amen e á
una nocion opues a al da winismo.
Al mismo esul ado llegamos pa iendo de
o o pun o, es o es, si conside amos la depen-
dencia ecíp oca de los ca ac e es ysu mú ua
acción modi icado a. Po más que la expe-
iencia no nos p esen a, en la o mación na u-
al de las a iedades, as o macion sucesi a de
ca ac e es, no po es o podemos nega absolu-
amen e la posibilidad de es a as o macion,
al como la admi e Da win (Fo mación de las
Especies); pe o si los ca ac e es cons i u i os
de un ipo es án unidos de modo que cada uno
de ellos sea necesa io, ósolamen e ú il, en la hi-
109
encia; es a imi ación {mimic y) sólo empezó á
se les ú il cuando su semejanza con las es-
pecies mejo a madas ué al que ya engañó la
is a pe spicaz de sus enemigos. Fácilmen e
pod íamos mul iplica es os ejemplos con o os
omados de la ue za que llamamos ins in o.
Si se supone en es os casos que la modi ica-
ción llega de un sal o, po medio de gene ación
he e ogénea, al g ado en que es ú il, se com-
p ende muy bien que pueda ayuda en la lucha
po la exis encia ála conse ación ódesa ollo
de la nue a o ma; si no admi imos es e su-
pues o, ynos a enemos con el da winismo ála
as o macion g adual, es e iden e que an es
de llega la modi icación al g ado en que es
ú il, hab emos de apela , pa a explica la suma
de las a iaciones, á o o p incipio que la selec-
ción na u al en la lucha po la exis encia; yen-
onces di ícil nos hab á de se explica po que
es e o o p incipio, así que la modi icación llega
áse ú il, pie de de epen e su i ud siendo
sus i uido po un p incipio nue o. Vemos aquí
con i mado que la lucha po la exis encia,, aun
en aquellos casos álos que se aplica la eo ía del
as o mismo, no puede desempeña más que
un papel auxilia , no de e minan e, ymucho
ménos decisi o.
En cie as ci cuns ancias pueden ocu i
lio
pequeñas a iaciones e dade amen e ú iles, sin
que se pueda a ibui las, sin emba go, ála se-
lección en la lucha po la exis encia. Po ejem-
plo, la selección no ob a donde las condiciones
de éxis encia son an abundan es que la ida
es posible, no sólo pa a los indi iduos mejo
o ganizados, sino ambién pa a los más débi-
les. Tal es el caso en que un animal de p esa
que se ep oduce con len i ud, iene ásu dis-
posición, sin que nadie se los dispu e, nume-
osos ebaños de caza que se ep oducen ápi-
damen e. Todos los indi iduo de la especie
es a án bien alimen ados, yno es alla á la lucha
po el sus en o en e los ue es ylos débiles,
los lige os j' los pesados. Las lo es pueden
debe la magni ud yel colo ido de sus co olas
ála lucha po la exis encia; pe o la especie de
insec os ecundan es puede se bas an e nu-
me osa pa a ecunda ambién las lo es ménos
b illan es.
Resul a, pues, que las elaciones numé icas
exigidas po la eo ía de la selección en la hi-
pó esis de la lucha po la exis encia, es án con
ecuencia con adichas po la ealidad, yes
po lo ménos necesa io asegu a se en cada caso
de si la hipó esis puede se aplicada.
Más impo an e que cuan o p ecede pa a
de e mina el dominio de la selección na u al.
es la di e encia que ya indicamos en el p ime
capí ulo en e los ca ac e es isiológicos ymo -
ológicos, yel hecho de que únicamen e los
p ime os son ú iles al indi iduo, si iendo
los segundos de base pa a señala el luga de
la especie en el sis ema yla ansición de un
g ado in e io de o ganización áo o supe io .
Dado un ipo mo ológico, sin más que modi-
ica sus elaciones de magni ud, la o ma de
sus pa es, y ambién la cons i ución química
de los egidos ycélulas, podemos ob ene una
a iedad ex ao dina ia en los medios de adap-
ación álas di e sas necesidades isiológicas; po
lo que, en lo esencial, odo ipo mo ológico,
oda combinación de condiciones de exis encia,
puede halla su explicación en una simple adap-
ación de la ac i idad isiológica de sus é mi-
nos yó ganos mo ológicos.
La expe iencia nos dice que en odos los
g ados, en odos los ó denes del eino o gánico,
los di e en es ipos mo ológicos se adap an
bas an e bien álas di e sas condiciones de exis-
encia, en el clima de los polos como en el de
los ópicos, en el ma como en los ios, en el
ai e, en la ie a, en los pan anos, en los desie -
os, e c. En o os é minos, los ipos mo oló-
gicos p incipales que conocemos, se mues an
igualmen e ú iles óigualmen e indi e en es es-
112
pec o de la adap ación álas condiciones de exis-
cia. En p ime luga , en el ipo de los e e-
b ados, especialmen e en los g ados supe io es,
las di e encias mo ológicas más delicadas em-
piezan ámos a se en el cí culo del ipo un-
damen al, con mani ies a independencia de los
ines isiológicos, has a de una mane a ela i a-
men e con a ia áes os ines. Pe o p ecisamen-
e po que se a a aquí an sólo de di e encias
mo ológicas delicadas, no se puede en al ma-
e ia, Vpo conside aciones de es e géne o, saca
conclusiones ace ca de las elaciones gene ales
que exis en en e los ca ac é es isiológicos y
mo ológicos. Ysin emba go, conclusiones de
es e géne o son las que han lle ado p incipal-
men e áDa win ylos na u alis as de su escuela
áa ibui ála selección na u al mucha más im-
po ancia de la que ealmen e iene.
Adi e encia de los animales supe io es, ob-
se amos en los in e io es yen las plan as una in-
di e encia que so p ende, en e los ó ganos mo -
ológicos ylos ines isiológicos que se les a i-
buyen. Es o es sob e odo e iden e en los o -
ganismos monocelula es que, po modi icacio-
nes pu amen e químicas ymuy le es, adquie-
en ap i ud pa a las unciones más a iadas.
Los ca ac é es mo ológicos más impo an es
en las plan as supe io es, po ejemplo, la dispo-
113
sicion de los hojas opues as óen espi al, el nú-
me o de los es, cua o ócinco ó ganos de la
lo , la disposición de los g anos, la cu a u a
de las adículas en las c uci e as, los bo des co -
an es ó omos de las umbelí e as, la es uc u-
a, el colo , el dibujo ca ac e ísco de muchos
g anos, no ienen ninguna u ilidad en la lucha
po la exis encia. Ylo mismo podemos deci
de odos los ca ac e es mo ológicamen e im-
po an es, pe o isiológicamen e indi e en es.
Es a imposiblidad de coloca la u ilidad en el
o igen de la o ma, se e oda ía mejo en los
ca ac e es especí icos undados, no en una di e-
encia del ó gano conside ado, sino en una pa -
icula idad de la his o ia de su o mación; po
ejemplo, en el o den a iable según el que se
desa ollan sus pa es, (i)
Las modi icaciones que aumen an las p o-
babilidades de éxi o en la lucha po la exis en-
cia, son casi siemp e pu amen e isiológicas, á
sabe ;
i.° Modi icaciones químicas (colo ycom-
posición de los jugos de las plan as, azúca , acei-
es esenciales, amigdalina, e c.);
(1) Así, po ejemplo, las especies de nabos se dis inguen
en e sí, yde las especies de po e dilla yde aga ia po la su-
cesión en la p ime a apa ición de los es amb es.
8
114
2.
°Modi icaciones ana ómicas (pelo, ex-
u a muscula , espeso de ,las pa edes celula-
es);
3.
"C ecimien o de oda la plan a, óde al-
gunas de sus pa es, sin al e ación esencial de la
o ma gene al;
4.
“Al e ación en las unciones pe iódicas
( ondacion, lo ecimien o, uc i icación, du a-
ción de la i^ida).
Es as cua o clases de modi icaciones bas an
pa a que los o ganismos se adap en álas di e -
sas condiciones de ida; po ejemplo, la selec-
ción na u al a o ece á álos g andes animales
de pelo la go en los climas que se en ien; álas
plan as de alees p o undas ydi ididas si la se-
quedad aumen a, yasí in lui á p opo cional-
men e en la dis ibución geog á ica de las plan-
as yanimales. Pe o ninguna de es as modi ica-
ciones de e minadas po la a iación de las con-
diciones de ida, al e an el ipo mo ológico.
Las modi icaciones mo ológicas co ela i as
que Da win ha obse ado en el esquele o de los
palomos, en sus ensayms de selección a i icial,
po más que es e caso no debe con undi se con
los de la selección na u al, se explica po la ley
de co elación que conocemos ya como ley de
e olución in e na, no po los p incipios ex e nos
ymecánicos que in oca Da win. Acan onados en
115
SU p incipio de selección, los da winis as se han
apoyado pa a es os casos en la ley de co ela-
ción egula (en el sen ido de modi icación mo -
ológica p o ocada simpá icamen e po modi i-
caciones isiológicas de adap ación); pe o no se
han aco dado de p oba es a co elación, que
depende en cada caso de la di e encia en e a a-
bas es e as, ni han ad e ido que adop aban un
p incipio comple amen e opues o ásus enden-
cias p imi i as. En los p ocesos na u ales que
se desen uel en al alcance de nues a expe ien-
cia, nunca emos ealiza se una as o macion
mo ológica que aspase el ipo especí ico, ni
di ec amen e, po medio de selección de las mo-
di icaciones ú iles en la lucha po la exis encia;
ni indi ec amen e, po un mo imien o co ela-
i o ásemejan es p ocesos de selección. Anues-
a is a, la na u aleza p ocede siemp e po
simples adap aciones, que se limi an á a iacio-
nes isiológicas den o de los lími es de las es-
pecies.
Es e iden e, po an o, que debe habe o o
p incipio que el de la selección pa a explica la
ansición de un ipo mo ológico áo o, siendo
an o más insu icien e el p incipio de la selec-
ción, cuan o que se a e de explica di e encias
mo ológicas más impo an es. Es e p incipio
no puede se o o que el de la e olución Ín e -
116
na. La laguna en e uno yo o ipo debe se col-
mada, ópo medio de la gene ación he e ogénea,
ópo medio del as o mismo g adual y egula .
Si la especie ha pe dido ya su lexibilidad pa a
adap a se en la lucha po la exis encia ylas con-
diciones de la lucha siguen a iando en el mis-
mo sen ido, la especie desapa ece de la locali-
dad, eemplazándola las especies de las coma cas
ecinas que es án en posesión de condiciones de
exis encia análogas. Es e es odo el esul ado
expe imen al de la lucha po la exis encia; mas
si una especie nue a su ge de las an iguas, no
suminis ando la selección medios de explica
es e hecho, enemos que acudi á o o p inci-
pio, áun impulso in e no que de e mine la as-
o macion. En onces, si la especie nue amen e
c eada es más ap opiada al nue o medio que la
an igua, na u almen e la expulsa á y eemplaza-
á, de la misma mane a que expulsa y eempla-
za ála an igua la especie ecien in oducida en
el país.
La de iciencia del p incipio u ili a io apa e-
ce en oda su luz cuando conside amos el p o-
g eso de la o ganización, al como nos lo p e-
sen a ág andes asgos el á bol paleon ológico.
Tenemos en es e á bol una se ie de g ados,
odos igualmen e pe ec os, si los conside amos
117
en cuan o ála u ilidad pa a la ida indi idual;
pe o cada uno mues a un p og eso espec o de
su p eceden e, si a endemos al modo de o -
ma se jal luga que ocupa en la o ganización.
Da win lo ha con undido aquí odo, la pe ec-
ción de la adap ación al medio dado, la pe ec-
ción en la ascensión ydesa ollo de la misma
ida, yel pe eccionamien o u ili a io del o ga-
nismo. Además, la elación de u ilidad, aplica-
ble sólo al p ime géne o de pe ección, la ha
exage ado desmedidamen e ex endiéndola álas
o as ideas que p esen a con an a cla idad, (i)
En es e pun o el da winismo es en el ondo
(así como en la unión que ha in en ado de una
especie de deismo con una concepción mecánica
del mundo) p oduc o de su iempo yde su
país; ep esen a el u ili a ismo en las ciencias
na u ales, como John S ua d Mili lo ep esen-
a en la iloso ía p ác ica yen la eo ía del co-
nocimien o. El mismo Da win mues a has a
(i) Wigand hace e las dos clases de pe ección o-
mando po ejemplo un eloj. El eloj posee la pe ección de
adap ación ásu m cuando sus ó ganos simples, esenciales, es-
án cons uidos sin de ec o; posee po el con a io la pe ec-
ción de o ganización cuando da no sólo las ho as, sino los mi-
nu os, los segundos óhas a las ases de la Luna yel cu so de
los plane as, ósi iene una campana, un apa a o de epe ición,
un despe ado , e c.
118
qué pun o du ili a ismo es imp opio pa a ex-
plica el cu so p og esi o de la o ganización,
cuando p egun a qué en ajas epo a ia de e-
ne una O ganización supe io un in uso io, un
gusano in es inal óhas a un gusano de ie a.
Con unde aquí la u ilidad yel g ado de o ga-
nización, las cuales sal a ála is a que nada ie-
nen de común, (i)
Excluidas las elaciones 'u ili a ias yla pe -
ección de adap ación, únicas en las que in e -
iene la selección esul an e de la lucha po la
exis encia, cla o es á que la selección no puede
concu i áele a la pe ección del o ganismo.
(1) Da win es aquí álo menos bas an e hon ado pa a
con esa paladinamen e la con adicción de sus eo ías con los
hechos, aunque más lejos a a de debili a la in ocando
nues a igno ancia, e c.5 pe o concede que has a en una ca-
ego ía más conside able (la de los peces, po ejemplo), no
hay concu encia en e los di e sos g ados de o ganización.
Cie os da winis as, sin emba go, colocan las consecuencias
de una eo ía e'x endida más allá de sus lími es sob e la eali-
dad, admi iendo que los peces de o ganización in e io son
des uidos cons an emen e po los supe io es, en los que se
as o man, pe o que los acíos son colmados al mismo iem-
po po las gene aciones nue as que p o ienen de ios gusanos.
Si es o uese exac o, las o mas de ansición de odas las es-
pecies i as se mos a ían cons an emen e como los momen-
os de es e p oceso, yse ian accesibles ánues a expe ienciaj
po que si no, la necesidad de o mas in e medias, en medio de
las cuales noso os mismos nos encon amos, se ía inexpli-
cable.
125
las posibilidades; yp ueban ambién que es e
mo imien o se p esen a, no como una expansión
sin lími es, sino como una ondulación en o no
del ipo no mal. Según es as conclusiones, un-
dadas en la expe iencia, an o que las han adop-
ado Ncegeli, Ho meis e , Askenasy, la eo ía
de la selección oma un ca ác e muy dis in o
del que le señala Da win :pasa áse un p incipio
que iene po base una a iabilidad di igida y
limi ada con o me áun plan, ysupone, po
an Oj-como condición pa a desa olla se, una ley
eleológica de e olución in e na, cuya acción no
se ex iende más allá de la adap ación isiológica
délos ipos, ( o mados ya mo ológicamen e), á
la mul iplicidad de las condiciones de ida. He-
mos econocido ya que la selección esul an e
de la lucha po la exis encia no es más que un
p incipio auxilia , que supone o o p incipio
ob ando de den o á ue a; aho a e emos con-
i mado comple amen e es e esul ado, ypod e-
mos de e mina con más exac i ud la egión en
que es e p incipio de e olución in e na, que se
si e de la selección po medio de la lucha po
la exis encia, iene su pun o de apoyo, sob e
odo cuando p ecisemos lógicamen e la di ec-
ción de la a iabilidad ysus lími es eleoló-
gicos.
126
Si la a iabilidad pudiese ob a indis in a-
men e en odas di ecciones, aunque en la na u-
aleza lib e solamen e las a iaciones ú iles pue-
den acumula se y ija se, pod íamos p oduci la
a i icialmen e en odos sen idos; po que el
c iado es lib e en elegi el sen ido yla in ensi-
dad de las modi icaciones que quie e ob ene .
Pod íamos, po an o, asegu a áp ia í al c ia-
do que, po consecuencia de la a iabilidad
inde e minada admi ida po Da win, puede sa-
ca de oda uen e p imi i a la a iedad que
quie a, con al que la modi icación p opues a
no dis e an o del ipo ac ual que comp ome a
la exis encia de la o ma en cues ión, po que las
condiciones a o ables o ecidas ála ida po el
c iado no compensen los incon enien es.
Es a consecuencia es á con adicha po la
expe iencia. «Ningún c iado ensaya la, yda la
con es o p uebas de co du a, ob ene un palo-
mo con espolón óde colo ama illo, óuna
amapola deja din con lo ama illa, óuna cala-
baza óna anja azules, óuna u a ama illa, ó
una len i olia ama illa, po que la na u aleza no
p oduce es as modi icaciones (Wigand), es o
es, po que es as di ecciones es án ce adas ála
a iabilidad.
«Has a en las amilias yespecies más a-
iables, la zanaho ia, la osa, la men a, e c., el
127
núme o de sus o mas no pasa de cie os lími es,
yeso que se ponen en juego ca ac e es muy
secunda ios;» ycolocadas las o mas ob enidas
po el o den de su semejanza, no p esen an un
caos, como sucede ía si la a iabilidad uese in-
de e minada, sino «un sis ema de clasi icación
muy bien de inido, un sis ema na u al en pe-
queño» (c . la lis a de las_ o mas de la Ne i ina
i gínea.') No hay en es as o mas ninguna se-
ñal pa a espe a que las lagunas del.pa en esco
e icula de o mas semejan es puedan se llena-
das más a de po la a iabilidad inde e mina-
da, óeliminadas en pa e po la selección e-
sul an e de la lucha po la exis encia; po que
en muchísimos casos se a a de un de alle de
línea óde colo , yla lucha po la exis encia no
puede encon a allí ningún elemen o de selec-
ción. En es a ausencia de caos, en es a di ección
de e minada cuali a i amen e de la a iabilidad,
lo que e dade amen e debe admi a nos es «la
iqueza de los planes, la imaginación c eado a
de la na u aleza.»
La di ección de la a iabilidad en sen ido
cuan i a i o apa ece bien cla a, sob e odo, en
la p oducción de las a iedades que se p esen-
an como ipos dimo os ópolimo os de una
especie (en sen ido más la o, di e encia de
sexo). Su núme o, educido siemp e ádos ó
128
es ipos polimó os, pe mi e a i ma que el
núme o de las di ecciones de a iación en la
o mación de las a iedades habi uales, aunque
suje o ámedida ménos es echa, es siemp e li-
mi ado, has a con lími es bas an e educidos,
nunca inde e minado. Vemos, pues, que lo
mismo es án suje as álími e, espec o al núme-
o de a ian es, las o mas ú iles que se expli-
can po la adap ación álas condiciones modi i-
cadas de la ida, que las esul an es del p o-
g eso lógico de la o ganización; de donde se
sigue, como consecuencia ineludible, que la a-
iabilidad no es simplemen e el esul ado de di e-
encias casuales en las ci cuns ancias in e io es
óex e io es del p oceso de o mación, sino
que es, sob e es o, una endencia esencial ála
a iación en di ecciones eleológicas de e mina-
das, endencia in e na, expon ánea, some ida á
una ley. El mismo Da win, en las úl imas edi-
ciones de la Fo mación de las Especies, con iesa
que ha exage ado «la ecuencia éimpo ancia
de las modi icaciones p oducidas po la a ia-
bilidad expon ánea, lo que no le de u o de apela
ála Ysx ¿d'X á2A inde e minada pa a man ene la
exac i ud de su p incipio de selección. Es o no
obs an e, su con esión de una a iabilidad expon-
ánea es de suma impo ancia, sob e odo si la
elacionamos con su o a a i mación de que la
129
selección na u al se educe áca ac é es adap a-
i os; pues de ambas concesiones podemos in-
e i que es p eciso ecu i ála a iabilidad
expon ánea, álo menos, pa a explica la o ma-
ción de los ca ac e es que no podemos conside-
a como adap a i os.
También es incon es able que la a iabili-
dad no es ilimi ada cuan i a i amen e, en las
mismas di ecciones de e minadas de a iación.
Todo c iado sabe que es muy ácil ob ene las
p ime as modi icaciones; que las siguien es son
an o más di íciles de sal a cuan o más se apa -
an del ipo no mal, yque odo p oceso de c ia
a i icial, en cualquie a de las di ecciones abie as
po la na u aleza, llega áun limi e del que nin-
guna en a i a puede hace lo pasa . (i
)
Es os hechos no end ían sen ido, si en cada
modi icación ob enida po la c ia a i icial en-
ase en juego una a iabilidad inde e minada;
pe o se explican sa is ac o iamen e, si supone-
mos que la endencia in e na ála a iación dis-
minuye ámedida que aumen a la dis ancia al
ipo no mal; pues la endencia á e ocede há-
(1) Po ejemplo: desde 1852 no se ha podido ob ene
ningún nue o desa ollo en las g osellas de escomb os, poi
más que no se é la azón de que no lleguen áse ían g andes
como las calabazas, si es que la a iabilidad no es á limi ada
in e io men e.
9
130
cía es e ipo, que ob a en sen ido con a io ála
o a, se obus ece ámedida que se acumula una
modi icación áo a, yal cabo llega un ins an e
en que odo el es ue zo de la selección a i icial
se gas a en con a es a la endencia eg esi a,
quedando allí ma cado el lími e ex emo de la
a iabilidad.
Si aplicamos ála selección na u al es as ex-
pe iencias de la a i icial, e emos que la en-
dencia ála a iación, secundada po los e ec os
de la lucha po la exis encia, iene aquí am-
bién medida la dis ancia que puede sepa a se de
la o ma o iginal. Allí donde la endencia ái
más lejos en la misma di ección llega áse an
débil que la selección e ec o de la lucha po la
exis encia no puede más que de ene la enden-
cia eg esi a, la o ma debe queda inmó il.
Tal con i man nues as expe iencias di ec as en
la na u aleza. Mien as la selección na u al no
in e iene, podemos ep esen a la a iabilidad,
den o del dominio de la especie, po un mo-
imien o ondula o io que desc ibe odeos yeses
en o no del ipo no mal de la especie, hacia la
que iende á ol e después de cada modi ica-
ción; pe o así que el p incipio de la selección
in e iene po cambia las condiciones i ales,
es ablece una modi icación adap ada álas nue-
as condiciones pa a el iempo que es as du en;
131
pe o es a modi icación, ámodo de péndulo,
uel e ásu pun o de pa ida desde que las con-
diciones i ales cambian de nue o, aunque sea
ap oximándose álas an iguas.
Ninguna modi icación del ipo, en sus ela-
ciones mo ológicas de o ganización, puede ci-
a se, como hemos is o más a iba, po ob a y
i ud de la selección na u al; yen la mayo
pa e de los casos, azones de g an peso ypo
más de un í ulo decisi as, impiden que se apli-
que la eo ía del as o mismo: en onces la a-
iabilidad no puede desempeña el papel que se
le a ibuye en el as o mismo, yen su luga
hay que da cabida ála p oducción po in e -
mi encias de una nue a a iedad, especie ó a-
milia. Tales momen os, que quizás debie an
conside a se como la in e upción b usca de una
endencia ála a iación al e na i amen e débil
y iolen a, yque si en como de puen e pa a
pasa áun nue o es ado de equilib io de la a-
iabilidad, con adicen po comple o la a iabi-
lidad sin de e minación ni lími es de Da win.
se e ie en áun o den de ideas dis in o del con-
cep o pu amen e mecánico, es o es, al mismo
g upo de enómenos de e olución in e na, en-
e los que debemos con a la que Da win lla-
ma a iabilidad expon ánea.
132
§IV. He e.n'cia.
Llegamos, po úl imo, al examen del e ce
ac o de la selección na u al: la he encia. La
he encia conse a en las gene aciones ul e io es
la modi icación ú il adqui ida po una gene a-
ción en la lucha po la exis encia, j ija un nue-
o es ado pa a la a iabilidad inde e minada.
Es o nos obliga áconside a la he encia como
la asmisión he edi a ia de los ca ac e es ad-
qui idos indi idualmen e; po que, según la hi-
pó esis admi ida, los ca ac e es que se asmi en
son los adqui idos po la acción de la a iabili-
dad. En es e sen ido, la he encia es una de las
hipó esis insepa ables del p incipio de selección
en el concep o mecánico de Da win.
En igo , es a he encia de los ca ac e es ad-
qui idos indi idualmen e debia se una ley sin
excepción; pod íamos, sin emba go, da nos po
sa is echos con que uese una egla p edomi-
nan e. En e ec o, la ley gene al es la pe ma-
nencia de las mismas excepciones, la desapa i-
ción de los ca ac é es con la gene ación que los
adqui ió. El mismo Da win (O igen del Hom-
b e)con iesa habe sido lle ado, en un a ículo
133
de la No h-B i s Re iew co espondien eal mes
de Ma zo de 1867, á econoce como muy im-
p obable la conse ación he edi a ia de las mo-
di icaciones que, sean ó no impo an es, no
apa ecen más que en indi iduos aislados. Pe o
como en las innume ables di ecciones posibles
de una a iabilidad inde e minada, las modi i-
caciones ú iles no pueden p oduci se más que
en indi iduos aislados, Da winse ha e ac ado
con aquella con esión de una hipó esis indispen-
sable ásu eo ia de la selección, econociendo
de es e modo la debilidad eó ica en es e pun o
de los concep os mecánicos que habia sos enido
has a en onces.
Si la he encia de las pa icula idades adqui-
idas indi idualmen e es desde luego una excep-
ción, hay que admi i una de es as dos cosas ;ó
que una endencia ála a iación, p ocediendo
de den o a ue a con o me áun plan gene al,
ob a áun iempo en g an núme o de indi i-
duos pa a asegu a la he encia imp obable de
suyo; óque la endencia á a ia exis en e en
una gene ación, ob a ambién en la siguien e, y
en onces la he encia no es ya el esul ado de
una « acul ad he edi a ia» ac uando mecánica-
men e, sino la exp esión de la ac i idad sos e-
nida de la ley de e olución in e na, que ya ob a-
ba en la misma di ección en la gene ación p e-
134
cedeii e. Como en el p ime caso la he encia
nunca es a ía asegu ada más que pa a una óal-
gunas gene aciones, debemos acep a el segun-
do, sin exclui po es o la p obabilidad de que
la endencia de e minada á a ia no pueda p e-
sen a se alguna ez en muchos indi iduos áun
iempo. Suceda es o óno, la a iabilidad yla
he encia apa ecen, según es a mane a de e ,
como pa es de un odo indi iso, como momen-
os insepa ables del desa ollo de la ley de e o-
lución in e na. Da win en iende que debemos
oma las po e ec os de in luencias acciden ales,
po el esul ado de un mecanismo ma e ial de
asmisión que pa e del p ogeni o yse con i-
núa en sus descendien es. Mas al econoce
Da win en epe idas ocasiones que la a iabili-
dad es cues ión muy oscu a (po ejemplo, a-
iaciones de los animales yde las plan as), al
mos a se admi ado de los «cap ichos» de la a-
cul ad he edi a ia, dá áen ende de sob a que
p incipios an oscu os ycap ichosos no pueden
se i de columnas áuna eo ía esuci ada pa a
explica la o mación de las especies, sin pa a se
áconside a que el g ado de o ganización mo -
ológica no iene elación alguna con la u i-
lidad.
Pe o la cues ión cambia de aspec o si, de-
sis iendo de anas en a i as pa a halla una ex-
U1
ion ha de se ú il po sí, no solamen e en ela-
ción áo a úo as pa icula idades que deban
nace al mismo iempo que ella, bien es as pa -
icula idades pe enezcan al mismo indi iduo,
óádi e en e, óáo as eg'ones del eino o -
gánico.
Si uésemos áa e igua la pa e que queda
pa a el p incipio de la selección cuando con-
cu en odas es as condiciones en la as o ma-
cion expon ánea de un ipo en e lími es no
muy es echos, el esul ado se educi la casi á
ce o. Mas si concebimos las cosas de o a ma-
ne a, si la selección na u al nó iene po in
p o oca expn áneamen e p ocesos de as o -
mismo de ninguna clase, si no es más que
un simple mecanismo auxilia , un expedien e
écnico pa a a o ece los p ocesos esul an es
de un impulso in e no, en onces no puede ne-
gá sele una g an impo ancia en la economía de
la na u aleza. Do quie a que di ijamos nues a
is a, e emos que si e como de expedien e
écnico pa a conse a au omá icamen e los es-
ados de equilib io yde adap ación, una ez
ob enidos po la e olución in e na, eje ciendo
es a acción, no sólo en el p incipio yel in del
p oceso, sino en odos los pasos que se andan á
cada ins an e: omando una igu a ála mecá-
nica, podemos deci que desempeña el papel de
142
eno en la ueda den ada de la e olución, pues-
a en mo imien o po el impulso in e no.
O a de sus unciones es enlaza en e sí
los impulsos innume ables ypa alelos de la
e olución co ela i a; des i ua las di e encias
acciden ales de los obs áculos ála as o macion,
yasegu a la egula idad de la conco dancia du-
an e la ansición. Al pasa de una o ma áo a,
si una pa e de la e olución co ela i a se p eci-
pi a, la selección ob a e a dándola, po que o-
da disco dancia en el es ado de adap ación y
equilib io co ela i o pe judica en la lucha po
la exis encia. Po el con a io, cuando o as
pa es del desa ollo co ela i o se e a dan po
la esis encia que les oponen obs áculos acci-
den ales, la selección ob a acele ando su ma cha,
eliminando po la concu encia i al los indi i-
duos más e a dados ydejando subsis i an
sólo los más adelan ados, únicos que concu en
ála ep oducción. No puede nega se que el
eno yla co ea sin in son ó ganos auxilia es
muy impo an es, quizás indispensables, en una
g an máquina; pe o es a impo ancia no dis-
culpa el e o de aquellos que oman el eno y
la co ea po oda la máquina, ópo el mo o
pa icula del sis ema. La co ea no hace más
que asmi i el sob an e de ue za, de aquellos
ó ganos que opiezan con menos obs áculos á
U3
los que ienen que ence mayo es esis encias;
po es o al que se con en e con un examen su-
pe icial, ácilmen e es a asmisión de ue za Je
^z &ce k p oducción de ue za, sob e odo cuando
el apa a o de los ubos de apo , de donde
pa e el e dade o impulso, es á ocul o ála is a
del obse ado .
Po o a pa e, conside ando la selección co-
mo expedien e pu amen e écnico, como ín-
culo que si e de egulado en ios p ocesos de
e olución indi iduales ópa ciales, es ablecien-
do el equilib io en e las pa es co ela i as pe -
dido po la mayo elocidad ólen i ud de una
de ellas, queda des anecido ci milag o del mo i-
mien o a mónico, conco dan e, co ela i o, de la
e olución de innume ables p ocesos aislados. En
es e sen ido nos ha dado Da win en la eo ía
de la selección, un p incipio su icien e pa a ex-
plica una d,e las ases más admi ables del p o-
cessus cósmico. En al concep o, el p incipio de
la selección conse a á po mucho iempo un
g an alo , si el da winismo no llega ácomp o-
me e lo con la p e ensión insos enible de po-
see , en es a eo ía, el p incipio A.éíp ocessus de
la e olución o gánica, ysob e odo de la modi-
icación del ipo en la o mación de las especies.
Si sacamos odas las consecuencias con eni-
das en la idea de un ínculo en e odos los
144
p ocesos co ela i os de e olución, p on o e-
conoce emos que con di icul ad hab á un enó-
meno al que pa ezca aplicable la eo ía de la se-
lección, que no es é suje o áes a ley. Es p e-
ciso que nos acos umb emos al pensamien o de
que odos los p ocesos na u ales cons i uyen
una a monía o denada, una unidad g andiosa
del conjun o eleológico; ysi algún enómeno
se p esen a aislado en apa iencia, es po que sus
elaciones con los demás en el plan del conjun-
o de la e olución, escapa al obse ado si uado
en un pun o de is a pa icula . Todo conspi a
ácon ence al da winismo de la impo ancia
p opo cional de la ley de co elación, ósea de
la ley de e olución indi idual en sus elaciones
con la e olución o al, mien as que el pi inci-
pio de selección se p esen a simplemen e como
un egulado de la co elación, po medio del
enlace de las di e en es pa es del conjun o.
Hemos econocido, en p ime luga , que el
pa en esco genealógico no es más que uno de
los medios de ealiza se los pa en escos ideales,
yque el as o mismo g adual no es sino una de
las o mas de ealiza se la descendencia genea-
lógica. Pues bien, del hecho que el pa en esco
ideal se ealiza po o os medios además de la
descendencia, ásabe , po una ley de e olución
145
in e na que lab a las o mas; del hecho que la
as o macion gené ica de un ipo en o o se
ealiza, en la mayo pa e de los casos ylos
más impo an es, po o o medio que el as-
o aismo g adual, ásabe , po la gene ación
he e ogénea ópo me amo osis del ge men
con o me áuna ley, podemos conclui que
la descendencia yel as o mismo g adual no
son más que p incipios auxilia es, expedien-
es écnicos, 6mecanismos secunda ios, que
ayudan al impulso que se eje ce de den o á
ue a.
Aes e esul ado hemos llegado ambién en
el exámen del p incipio de la selección, no obs-
an e que las es e as en que gi an es os es p in-
cipios auxilia es, es án ci cunsc i as po lími es
di e en es.
Po con undi el daí-winismo es os di e en-
es lími es ( an bien ma cados, como hemos is-
o), p esen ando con un solo nomb e ycomo
un odo indi isible la combinación, la con-
usión délos es p incipios, descendencia, as-
o mismo yselección: po es e e o de p inci-
pio, nacido del concep o mecánico del mundo,
no le es posible pene a más adelan e en el
conocimien o de la na u aleza o gánica; po que
sea cual ue e el dominio p opio de cada uno
de es os p incipios, nunca pasa án, cuales quie-
o
146
a que sean las ci cuns ancias, de p incipios au-
xilia es, de expedien es écnicos que a o ecen
la acción del p incipio de la e olución in e na
ob ando con o me aun plan; así comosu
a um 6suje o debe se un impulso c eado del
o den me a ísico.
Las concesiones ya mencionadas de Da win
sob e la exage ación del p incipio de la selec-
ción, sob e la necesidad de es ingi los ca-
ac e es adap a i os (excluyendo la modi ica-
ción yel p og eso de las elaciones mo ológicas
de O ganización), sob e la oscu idad yexpon-
aneidad de la a iabilidad, sob e la na u aleza
cap ichosa de la he encia ylo imp obable de
que se he eden las pa icula idades indi idual-
men e adqui idas, señalan un mo imien o de
e i ada abandonando los pun os que son la
cla e de la posición omada po el da winis-
mo. Aes e mo imien o de e i ada debe
segui necesa iamen e un mo imien o e ó-
g ado en oda la linea del concep o mecánico del
mundo.
Fál anos sólo examina las úl imas posicio-
nes en que el da winismo a a de de ende se,
después de habe econocido la imposibilidad de
sos ene su pun o p incipal. Tamblen aquí e-
emos que los más impo an es de los p inci-
pios auxilia es in ocados po Da win en apoyo
H7
del concep o mecánico del mundo, dis an aún
jj, mucho más que el p incipio de la selección, de
p, p oba lo que se p e ende, ypod emos consi-
de a los como una uel a disimulada al concep-
j(- o con a io.
CAPÍTULO VI.
P incipios auxilia es in ocados po
§I- In luencia di ec a de las ci cuns anclas
I
EXTERNAS EN EL ORGANISMO.
Da win, siguiendo áGeo oy Sain -Hilai-
e, oma la in luencia de las ci cuns ancias ex e-
io es como único p incipio de la as o macion
de los se es. C ee Geo oy, po ejemplo, que
po habe disminuido la p opo ción de ácido
ca bónico en el ai e, los ep iles sau ios pasa on
áse pája os, po que el aumen o de oxígeno
dió más ene gía ála espi ación. Hoy que co-
nocemos la ine icacia de semejan es in luencias
compa S ías con las del p incipio de selección y
de los o os in ocados po Da win sus más
UüVlWCIAL
150
a dien es pa ida ios, no debemos de ene nos á
e u a ales explicaciones. No puede nega se,
sin emba go, que las ci cuns ancias ex e io-
es con ibuyen pode osamen e ámodi ica el
o ganismo; mas limi ada es a modi icación á
los indi iduos que ienen ya exis encia indepen-
dien e, no puede con undi se con la a iabili- -
dad que se p oduce de epen e en la gene ación.
Al in oca el da winismo, cuando le con-
iene, es as in luencias pa a explica las as o -
waciones que de iende, ol ida que las modi i-
caciones p oducidas po la acción de las ci cuns-
4aJ cias ex e io es du an sólo lo que es as ci -
2i dis ancias, que no se asmi en he edi a ia-
men e, que únicamen e se conse an en aque-
as descendien es que siguen some idos ála
'jp luencia del mismo medio, quienes po an o
Has eciben de p ime a mano, como sus an epa-
sados, ydel mismo p incipio. Impo a no a
ambién que las modi icaciones así ob enidas
son isiológicas, supe iciales, éimp opias po lo'
mismo pa a explica la as o macion sis emá-
ica de los ipos. En suma, la modi icación de
los ipos po in luencias ex e io es, supone siem-
p e ap i ud p eexis en e y endencia in e na en ,
los o ganismos ámodi ica se, sin lo que el o ga- .
nismo pe ece ía, ó i i la mise ablemen e en el
medio que le uese con a io, en luga de acó-
ORÍGEN DE LA ESPECIE HUMANA.
I.
Aunque lo dicho pod ia dispensa nos de
habla de las aplicaciones que se han hecho del
da winismo ála his o ia del homb e, con iene,
sin emba go, que dediquemos algunas palab as
áes e asun o que, además de se cu ioso, con-
iene elaciones de mucho in e és.
Lama k a ó de mos a como, con su
eo ía del hábi o, podia concebi se la as o ma-
cion di ec a del chimpancé en homb e. Los
da winis as no an an lejos: es án, sí, odos
con o mes en que el homb e p ocede del mono;
pe o no le señalan po an eceso inmedia o nin-
guna de las especies exis en es en la ac ualidad.
254
Bien pudie a c ee se, en endiendo li e almen e
algunos ozos de las Lecciones sob e el homb e
de Vog , que es e na u alis a e a de Opinión con-
a ia; pe o en su Memo ia sob e los mic océ a-
los, en la que ha exp esado con oda cla idad su
pensamien o, coloca en un an epasado an e io
el pun o de pa ida común al homb e yálos
ac uales monos. Da win, Vallace, Filippi, Lub-
bock, Ha;ckel, e c., ap oximan más el homb e
ylos monos. Hé aquí los é minos en que el
úl imo o mula sus conclusiones. «El géne o
humano es un amal del g upo de los ca i hi-
nos; desa ollóse en el an iguo con inen e, y
p o iene de monos de es e g upo que mucho
iempo há desapa ecie on.»
II.
Vog se sepa a de sus compañe os en un
pun o impo an e: sos iene que a ios g upos
simios debie on da o igen á a ios g upos hu-
manos. Siendo es o así, las azas del an iguo y
del nue o con inen e p o end ían de o mas
dis in as peculia es álos dos con inen es; úni-
camen e la Aus alia yla Polinesia, donde nun-
255
ca ha habido monos, se hab ían poblado po
emig ación.
Tocan e álas genealogías de los a ios g u-
pos humanos, el eminen e ca ed á ico de Geno-
a se ha limi ado áindicaciones muy agas y
gene ales.
III.
No han sido an pa cos Da win yHsckel,
El p ime o ha publicado su impo an e ob a
i ulada La Descendencia del homb e; el o o, en
su His o ia de la c eación de los se es o gánicos,
ha a ado de alladamen e el mismo asun o,
p esen ando el cuad o genealógico de nues os
supues os an epasados, áempeza po los ani-
males más simples que conocemos. El maes o
yel discípulo es án casi siemp e con o mes; es
más, Da win emi e siemp e áHasckel al cu-
ioso lec o que desee conoce con de alle la ge-
nealogía humana. Veamos b e emen e qué o i-
gen nos señala el doc o aleman.
El p imi i o an epasado de odos los se es,
según H«ckel, es las mane as, que no son en
suma más que amibas, al como las en iende
Duja din. De es a o ma inicial ha llegado el^
?56
homb e ála que hoy iene, pasando po ein e
yuna o mas ípicas ansi o ias. Sus más p ó-
ximos pa ien es, en el es ado ac ual de las co-
sas, son los an opoideos, ómonos ca hi inos sin
cola, ales como el o ang-ou an, el go ila, el
chimpancé... e c. Unos yo os descienden del
mismo onco, del ipo de los monos ca hi inos
con cola; los cuales ásu ez p oceden de los
p osimios, ipo ep esen ado hoy po los le-
mu inos, los lo os, e c., ymás allá encon a-
mos los ma supiales, que o man el g ado 17
de nues a e olución. Es inú il que e oceda-
mos más en el pasado.
Aunque HEckel en iende que la dis ancia
exis en e en e el homb e ylos an opomo os
es insigni ican e, ha c eido, sin emba go, nece-
sa io admi i un se in e medio en e noso os
ylos monos más ele ados. Es e se hipo é ico,
del que en ninguna pa e se ha encon ado el
meno es igio, se hab ia sepa ado del onco
de los ca hi inos sin cola, ycons i ui la el g ado
21 de las modi icaciones que han conducido á
la o ma humana. Hasckel lo denomina hom-
b e-mono ópi ecoide, yle señala po ca ac é es
la ca encia del lenguaje a iculado, del desa o-
llo de la in eligencia yde la conciencia.
También Da win admi e es e eslabón en e
el homb e ylos monos; pe o nada dice de sus
257
acul ades in elec uales. En cambio nos dibuja
su e a o ísico, apoyándose en cie as pa icu-
la idades excepcionales obse adas en la especie
humana, yque in e p e a como o os an os he-
chos de a a ismo pa cial. «El p imi i o an e-
pasado del homb e, dice, enia sin duda el cue -
po cubie o de pelo; los dos sexos enian ba -
ba; sus o ejas e an pun iagudas ymo ibles; su
cola es aba p o is a de músculos p opios. Tam-
bién los miemb os de su cue po poseian nu-
me osos músculos que sólo po acciden e ea-
pa ecen hoy en el homb e, pe o que son oda ía
no males en los cuad umanos. La a e ia yel
ne io del húme o pasaban po un o i icio su-
p acondiloide. En es e pe íodo, óen o o an e-
io , el in es ino p esen aba un di e iculum, ó
ciego, bas an e mayo que el exis en e hoy. El
pié, ájuzga po el es ado del dedo mayo en
el e o, debia se en onces p ensil, ynues os
an epasados i ian sin duda en los á boles, en
algún país calien e cubie o de bosques; los
machos enian g andes dien es caninos, que les
se ían de a mas o midables.»
IV.
P o eyendo de cola ánues o p ime an-
epasado di ec o, Da win lo e ie e al ipo
17
258
de los ca i hinos do ados de es e apéndice,
ylo e o ae po consiguien e un g ado más
en la escala de las e oluciones. Colocándonos
en el e eno de sus p opias doc inas, es o no
es oda ía bas an e, yel doc o inglés se pone
aquí en con adicción lo mismo con Hsckel
que con una de las leyes undamen ales que
p es a más b illo al da winismo, yque es oy le-
jos de nega .
En e ec o, según la eo ía de Da win, las
as o maciones no se e i ican po acciden e
ni en odas di ecciones: es án egidas po cie -
as necesidades que lle a consigo la misma o -
ganización. Una ez modi icado el o ganismo
en cie o sen ido, pod á su i as o maciones
secunda ias, e cia ias, e c., pe o conse a á
siemp e el sello del ipo o iginal. Es a es la
ley de ca ac e ización pe manen e, única que
pe mi e áDa win explica la iliación de los
g upos, sus ca ac e es ysus múl iples elacio-
nes. Según es a ley, odos los descendien es del
p ime molusco son moluscos; odos los des-
cendien es del p ime e eb ado son e eb a-
dos. Vemos, pues, que cons i uye es a ley uno
de los undamen os de la doc ina.
De aquí se sigue que dos se es pe ene-
cien es á ipos dis in os pueden descende de
un común an epasado, no bien ca ac e izado
259
oda ía; pe o no pueden descende el uno
del o o.
Aho a bien, el homb e ylos monos p esen-
an en gene al, bajo el pun o de is a del ipo,
un con as e muy ma cado: sus ó ganos se co -
esponden casi igo osamen e uno po uno; pe-
o es án dispues os con o me áun plan en e a-
men e dis in o. En el homb e es án coo dina-
dos de mane a que o zosamen e iene que
anda ; en los monos, de mane a que o zosa-
men e ienen que epa .
Es a dis inción ana ómica ymecánica ha-
bíanla pues o ya de mani ies o en los monos
in e io es los abajos de Vicq d’Azy , de La-
w ence. de Se es, e c.; ylos es udios de Du e -
noy sob e los go ilas, de G a iole yde Alix
sob e los chimpancés, han pues o ue a de duda
que los an opomo os p esen an comple a-
men e el mismo ca ác e undamen al. No hay
más que pasa la is a po la lámina en que
Huxley p esen a jun os un esquele o humano
yesquele os de los monos más ele ados, pa a
con ence se de es a e dad.
La consecuencia de es os hechos, bajo el
pun o de is a de la aplicación lógica de la
ley de ca ac e ización pe manen e, es que el
homb e no puede descende de un an epasa-
do ca ac e izado ya como mono, ni de un
260
ca i hino sin cola, ni de un ca i hino con co-
la; po que un animal andado no puede des-
cende de un animal epado . Así lo ha com-
p endido Vog , quien, aun colocando al homb e
en e los p ima es, no acila en decla a que
los monos más in e io es han aspasado el g a-
do (an epasado común) de donde salie on, di-
e si icándose los a ios ipos de es a amilia.
Es p eciso, po an o, e o ae el o igen
del homb e más allá del úl imo mono, si hemos
de conse a una de las leyes más necesa ias al
edi icio de la doc ina da A inis a. Llegamos en-
onces álos p osimios de Hasckel, los lemu inos,
los lo os, e c.; pe o es os animales son ambién
epado es, po lo que debemos busca aún más
lejos ánues o an epasado di ec o. Más allá, la
genealogía azada po Haeckel nos p esen a á
los didel os.
No hab á quien niegue que la dis ancia del
homb e al kangu oo es g ande; pues ni la na u-
aleza i a, ni los es os ósiles de animales
desapa ecidos p esen an los ipos in e medios
que debie an, álo menos de echo en echo,
sal a es a dis ancia. Pe o es a di icul ad no
emba aza áDa win; la esuel e diciendo que,
la ausencia de in o mes sob e ales cues iones
es una p ueba en su a o . Tampoco se mos-
a á Hasckel más emba azado. Le hemos is-
261
o admi i un homb e pi ecoide pu amen e eó-
ico, yno es es a la única ez que usa de seme-
jan e p ocedimien o pa a comple a su cuad o ge-
nealógico. Hé aquí, en e o os, lo que dice de
los so u os (g ado 14), an ibios igualmen e des-
conocidos ála ciencia: «La p ueba de su exis-
encia esul a de la necesidad de es e ipo in e -
medio en e los g ados 13 y15.»
Aho a bien, como es á demos ado po el
mismo da inismo que es p eciso busca los
o ígenes humanos más allá del g ado i8, como
es po consiguien e necesa io llena la laguna
de los ma supiales al homb e, ¿admi i á H^ckel
cua o g upos desconocidos en luga de uno?
¿Comple a á de es e modo su genealogía.^ No
soy yo quien debe con es a .
V.
Ex aña án, sin duda, Da win yH«ckel
que un ep esen an e de la an igua escuela, un
homb e que c ee en la ealidad de la especie,
enga la p e ensión de conoce mejo que ellos
el pode e ec i o de las leyes del da inismo, y
de señala las g a es omisiones en que han in-
cu ido al aplica las. Coloquémonos, pues, en
262
el e eno de los hechos, donde e emos des-
de luego que es a genealogía adolece de un i-
cio de undamen o; es á basada en un e o
ana ómico ma e ial.
Da win yH®ckel e ie en ambos la línea
simia áun ipo que es a ía ep esen ado hoy po
los lemu inos, que el ilus e aleman designa con
el nomb e de osimios. Da win no unda es a
Opinión más que en unos cuan os ca ac e es o-
mados p incipalmen e de la den ición; Hasckel
acude ála emb iogenia.
Sábese que en odos los mamí e os, áex-
cepción de los ma supiales (kangu oo, sa iga),
yde los mono emas (omi o in o, echidna)
exis e una -placen a, ó gano consis en e en una
edecilla de asos sanguíneos que une la mad e
al e o, ysi e pa a la nu ición de es e úl imo.
En los ungulados, desden ados yce áceos, es a
placen a es simple ydi usa, es o es, las ellosi-
dades sanguíneas nacen en oda la supe icie de
la en ol u a del e o yes án en elación di ec a
con la supe icie in e na de la ma iz. En los
demás mamí e os yen el homb e, la placen a
es doble; la mad e yel e o, ó mejo la en ol u-
a ex e na de és e, suminis an cada uno la mi-
ad de ella. Una memb ana, llamada caduca, en-
apiza lo in e io de la ma iz yune las placen-
as. Hsckel, dando con azón mucha impo -
269
mejanza es mayo aún si compa amos es e úl i-
mo álos an opomo os. Siendo es o así, cuan-
do po una causa cualquie a su ce eb o se al e-
a yse educe, como en los mic océ alos, ¿qué
iene de ex año que se mani ies en nue as se-
mejanzas.^ Lo con a io debe ia p ecisamen e
admi a nos.
En es e hecho se ha ijado especialmen e
Vog , yha dado áconoce en es e sen ido mu-
chos de alles in e esan es que qui an áalgunos
de los esul ados de G a iole lo que enian de
excesi amen e gene ales. Pe o, cosa no able,
es as nue as elaciones no unen al ho nb e con
los monos más ele ados, sino con los monos de
cola p ensil del Nue o Con inen e, con aque-
llos pla i hinos excluidos po Hasckel yDa -
win de la se ie genealógica humana. Es deci ,
que la misma doc ina da winis a p o es a con-
a la semejanza en e los mic océ alos ynues-
os p e endidos an epasados pi ecoides.
Mas la semejanza de que aquí se a a, no
es al que au o ice las conclusiones del doc o
geno és. «Con ecuencia ménos oluminosos y
plegados que los de los monos an opoideos, dice
G a iole , los ce eb os de los mic océ alos no
po es o les son semejan es.» Es a p oposición
queda e dade a después del abajo de Vog .
Del esquele o podemos deci lo mismo que
270
del ce eb o. Aduci é aquí una au o idad que no
puede ecusa ninguno de mis ad e sa ios, la de
Huxley. Después de habe p o es ado con a
el dicho de aquellos que decla an «pequeñas é
insigni ican es las di e encias de ex uc u a en-
e el homb e yel mono, » el eminen e ana ó-
nomo añade que «cada hueso del go ila iene
un sello po el que se dis ingue del hueso hu-
mano co espondien e, yque en la c eación ac-
ual, po lo ménos, ningún se in e medio llena
la laguna que sepa a al homb e del oglodi a.»
En. la conclusión gene a! de su lib o, Huxley
econoce, además, que los huesos humanos ó-
siles descubie os has a aquí, no indican nin-
guna semejanza con la o ma pi ecoide.
VIH.
Después de es as decla aciones e minan es
de un doc o áquien sus con icciones da winis-
as sal an de oda sospecha de pa cialidad ¿jX)
qué se encuen a ácada paso la ase ca ác e
simio pa a deno a las más insigni ican es mo-
di icaciones de no sé qué ipo humano que na-
die p ecisa? Hay en es o, po lo ménos, un abu-
so de palab as, con a el que he p o es ado mu-
271
chas eces. Acabamos de e que es e lenguaje
supone un hecho ana ómico que no exis e, y
cons i uye, po consiguien e, un e o . Tiene,
además, el incon enien e de se en endido li e-
almen e po los igno an es, de ex a ia á e-
ces has a álos homb es ins uidos, haciendo
c e^ en deg adaciones, en semejanzas imagina^
ías.
Realmen e el homb e ylos o os e eb a-
dos es án cons uidos con o me áun mismo
plan undamen al, yes a es la azón de que
exis an en e el homb e ylos demás sé es com-
p endidos en es e cuad o múl iples elaciones.
Los sé es o gánicos no son c is ales, de o mas
ma emá icamen e de inidas; el conjun o de su
cue po ycada una de las pa es de es e conjun-
o oscilan en e lími es cuya ex ensión no ha
sido aun p ecisada, pe o que es á eces consi-
de able. Po es as oscilaciones quedan ácada
ins an e modi icadas las elaciones habi uales,
no sólo del homb e con los monos, sino am-
bién con los demás e eb ados. Compá ese si-
nó el homb e áo o ipo animal cualquie a,
apliqúese áes a compa ación el mismo mé odo,
la misma mane a de habla , yse e á áqué sin-
gula es conclusiones se Uega. Me limi o áci a
un ejemplo.
Lo que más impo a en el ce eb o no es se-
272
gu amen e su desa ollo absolu o, sino la ela-
ción de es e desa ollo con el del es o del cue -
po. En es e pun o no hay, po lo gene al, des-
a enencia en e los au o es a ándose de los
animales, yno puede juzga se de o o modo al
a a se del homb e. Indispu ablemen e en es e
e eno de supe io idad éin e io idad ela i as,
en que se colocan an ácilmen e cie os an o-
pólogos áp opósi o de las azas óde los in-
di iduos, la elación de que hablo cons i uye
uno de los ca ac e es más no ables.
Pues bien, hé aquí algunas de es as elacio-
nes, que omo del cuad o azado po Du e -
noy, yen las cuales el peso del ce eb o es á o-
mado po unidad.
1
'niño ....i:22
i
Homb e. .
1jo en
1adul o
....1:25
...
.
1:30
[Viejo ....
.
1:35
{sa'imi i ....1:22
Monos. ..
isaí .
i i i
....1:25
... . 1:28
l^hyloba e .. .
.
1:48
Roedo es. .jmus syl a icus. .
1 a ón
...
.
1:31
.. .
.
1:43
Ca nice os. 1 opo
¡pe o
.... 1136
.1:47 1:305
273
pa o de cabeza azul. .I12
se inus I14
pa o nonne e I16
go ión. ........ I25
pinzón. ........ I27
E! homb e de que aquí a amos es el blan-
co eu opeo. De es e cuad o esul a que la ela-
ción del ce eb o al es o del cue po a dismi-
nuyendo desde la in ancia ála ejez. ¿Di emos
po es o que el jo en es á deg adado ela i a-
men e al niñoj yque el adul o óel iejo ienen
cu ác e sin ió?
Se ad ie e, po o a pa e, que es p eciso
en ende nos en cuan o al sen ido de la palab a
simio. Si el hyloba e, que pe enece al ipo de
nues os supues os an epasados, iene un ce e-
b o ela i amen e más pequeño que noso os,
sucede lo con a io en los es cebus (saimi í,
sai, i í) ci ados en el cuad o, los cuales son
muy supe io es al an opomo o. Los dos p i-
me os p esen an exac amen e la misma elación
que el niño yel jo en, el e ce o a en aja al
homb e adul o; pe o los es quedan pos e gados
po los dos pa os yel se inus.
Po consiguien e, si hay azón pa a en en-
de que e ocede al mono an opomo o la
aza óel indi iduo humanos cuyo ce eb o es
in e io en algunos g ados ála medida media,
18
ecíp ocamen e debe emos en ende ambién
que la aza óel indi iduo cuyo ce eb o es su-
pe io ála media, se ap oxima álos cebus, á
los go iones, ólos coni os os. Si es a úl ima
in e p e ación es inadmisible, del mismo modo
lo es la p ime a.
Podemos epe i , po an o, con el doc o
ana ónomo cuya au o idad an as eces hemos
ci ado: «El indi iduo mic océ alo, po educi-
do que sea, no es una bes ia; es un homb e en
pequeño.» O ambién con Be , cuyo es imo-
nio no puede se sospechoso en semejan e ma-
e ia: «los monos, pe eccionándose, no se ace -
can al homb e, y ecíp ocamen e, el ipo hu-
mano, deg adándose, no se ace ca álos monos.»
IX.
Del homb e pi ecoide de Da win yde Hsc-
kel, del homb e p i ado de la palab a yde en-
diéndose áden elladas, al homb e de nues os
dias, media una buena dis ancia. ¿Cómo se ha
sal ado.? ¿Cómo, sob e odo, se ha desa ollado
yc ecido es a in eligencia que habia de escla i-
za an as eces ála misma na u aleza.? Wallace,
sob e odo, se enca ga á de esponde nos en
275
nomb e de la eo ía que lo cuen a en e sus
undado es. Le e emos al p opio iempo con-
esa la impo encia de es a doc ina, al a a
de los a ibu os peculia es de la especie hu-
mana.
Es e na u alis a compa e con Da win y
Naudin el hono de habe buscado en la se-
lección na u al la explicación de los o íge-
nes o gánicos. Pe o nues o compa io a se ha
limi ado áun bosquejo, cuyo ca ác e unda-
men al ha modi icado ecien emen e po com-
ple o; Da cin en cambio ha aba cado el p o-
blema en el conjun o yen los de alles; ha aña-
dido ásu p ime lib o muchas publicaciones
sob e asun os di e sos apa en emen e, pe o que
odos concu en al mismo in. Po es o es con-
side ado con jus icia como je e de la escuela.
Wallace, que al ó poco pa a que no se an-
icipase áDa win en la publicación de ideas
que ámbos p o esaban sin sabe lo el uno del
o o, econoce áDa win po maes o: ha a-
ado algunos pun os en Memo ias de poca ex-
ensión, yno p e endiendo esol e odas las
cues iones plan eadas po la eo ía, no encuen-
a an as ni an sé ias di icul ades como su dis-
inguido émulo. Quizás es o explica ambién
po qué se mues a po lo común más p eciso y
más lógico. Ha gozado igualmen e de g ande
276
au o idad en e los pa ida ios del da winismo,
has a el momen o en que publicó sus ideas pa -
icula es sob e el homb e.
C ee Wallace que la u ilidad inmedia a y
pe sonal es la única causa que pone en juego á
la selección. Es a es en el ondo la doc ina de
Da win; pe o és e se deja a as a muchas e-
ces ácompa aciones yme á o as que han p o-
mo ido apasionadas c í icas, que le han ilusio-
nado al ez áél mismo, yde las que ha usa-
do, po lo menos, pa a eludi las di icul ades.
Nada de es o se encuen a en Wallace, quien
acep a odas las consecuencias áque le conduce
es e p incipio absolu o.
Según Wallace, la u ilidad es bas an e pa a
explica cómo las o mas animales in e io es
pudie on engend a los monos, ymás a de un
sé que enia casi odos los ca ac é es ísicos del
homb e ac ual. Es a aza i ia en ebaños di-
seminados po las egiones calien es del an iguo
con inen e. Ca ecía de e dade a sociabilidad;
ecibia sensaciones, pe o e a incapaz de e le-
xiona ; no enia sen ido mo al ni sen imien os
de simpa ía. No e a oda ía más que un boce o
ma e ial del sé humano, pe o supe io al hom-
b e con cola de Da win, yal homb e pi ecoide
de Hasckel.
Hacia los p ime os iempos de la época e -
277
;ia ia, añade Wallace, una causa desconocida ace-
le ó en es e sé an opomo o el desa ollo de
la in eligencia, que bien p on o desempeñó el
p ime papel en la exis encia del homb e. El
pe eccionamien o de es a acul ad llegó áse in-
compa ablemen e más ú ilque el de cualquie a de
lai o as modi icaciones o gánicas, yen adelan-
e, odo el pode modi icado de la selección se
econcen ó na u almen e en es e ó gano. Los
ca ac é es ísicos ya adqui idos queda on casi
es ables, mien as que los ó ganos de la in eli-
gencia yla in eligencia misma se pe ecciona on
de gene ación en gene ación. Los animales, so-
b e los que no había ob ado la causa desconoci-
da que comenzó ásepa a nos de ellos, siguie-
on as o mándose mo ológicamen e, de al
sue e que la auna e es e se ha eno ado
comple amen e desde la época miocena has a
nues os dias. Unicamen e el cue po del hom-
b e siguió inmu able. No debe admi a nos, po
an o, el que se encuen en en la época cua e -
na ia c áneos, como los de Denise yde Engis,
semejan es álos de los homb es ac uales.
Po o a pa e, la supe io idad adqui ida
po la in eligencia sus ajo pa a siemp e á
nues a especie de la ley de las as o maciones
mo ológicas: únicamen e sus a ibu os in elec-
uales ymo ales queda on some idos en adelan e
278
al pode de la selección, que ha á desapa ece
las azas in e io es eemplazándolas po o a
nue a, cuyo meno indi iduo se ía en nues os
dias un homb e supe io .
Después de habe leido las páginas que aca-
bo de esumi , no puede menos de admi a el
e áWallace decla a que la selección na u al
hab ía sido incapaz, ob ando sola, de as o -
ma un animal an opoideo en homb e, al como
lo encon amos en los mismos pueblos más sal-
ajes. De es a sue e saca ála especie humana
del dominio de las leyes que igen, según él, o-
dos los demás se es i os. In e esa doblemen e
segui al émulo de Da win en es e nue o ca-
mino.
Comienza Wallace po eco da que la se-
lección na u al descansa oda en el p incipio
de la u ilidad inmedia a^ ela i a únicamen e á
las condiciones de la lucha que ac ualmen e sos-
ienen los indi iduos que componen una espe-
cie. Da win en odas sus ob as p oclama epe i-
damen e es e mismo p incipio, en el que des-
cansa en e ec o odo lo que dice de la adap a-
ción, de la posibilidad de las as o maciones e-
g esi as.... e c.
De es e p incipio esul a que la selección no
puede p oduci a iaciones pe judiciales en lo
más mínimo áningún sé : Da win ha decla ado
2So
cuyos abajos he enido que ci a con ecuen-
cia. Hablo de Naudin, uno de los más dis in-
guidos p ecu so es de Da win. Seis años an es
de que apa eciese el doc o inglés, asimilaba la
acción eje cida po las ue zas na u ales en la
p oducción de las especies álos p ocedimien os
empleados po el homb e pa a ob ene las a-
zas; admi ía la de i ación, la iliación de las es-
pecies, ycompa aba el eino ege al áun á bol
«cuyas aices, mis e iosamen e ocul as en las
p o undidades de los iempos cosmogónicos,
hab ian dado o igen ácie o núme o de allos
sucesi amen e di ididos ysubdi ididos. Es os
p ime os allos ep esen a ían los ipos p imo -
diales del eino, cuyas úl imas ami icaciones
se ian las especies ac uales.» En es as palab as
se descub e una concepción gene al muy seme-
jan e al da winismo.
Hoy p opone Naudin una eo ía e olu i a
muy dis in a. «Excluye o almen e la hipó esis
de la selección na u al, áno se que se cambie
el sen ido de es a palab a po o o sinónimo de
supe i encia;'» con la misma ene gía echaza
el pensamien o de las modi icaciones len as que
exigen millones de años pa a as o ma una
sola plan a; éinsis e, po el con a io, en la
apidez con que se han mani es ado la mayo
pa e de las a iaciones obse adas en los ege-
ales, iendo en ellas una imagen de lo que ha
debido sucede en el génesis sucesi o de los
se es i os. Obse emos de paso que, en la úl-
ima edición de su lib o, Da win econoce la
ealidad de es os sal os mani es ándose sin o -
mas in e medias de una gene ación áo a, y
econoce no habei-los omado bas an e en con-
side ación en sus p ime os esc i os.
Admi e Naudin un o o-plasma óblas ema
p imo dial, cuyo o igen no a a de explica , ni
ampoco cuando ycómo en ó en acción. Al
impulso de la ue za ó gano-plás ica óe olu i a,
se o ma on o o-o ganismos de es uc u a muy
simple, sin ó ganos sexuales, ydo ados de la p o-
piedad de p oduci , po gemmacion ycon g an-
de ac i idad, meso-o ganismos semejan es álos
p ime os, aunque más complejos. De gene ación
en gene ación se mul iplica on las o mas, se
de inie on más ymás, yla na u aleza caminó
ápidamen e hácia el es ado adul o. Pe o aque-
llos se es no e an especies, no enian o ma
acabada; e an ámane a de la as que enian po
unción se i de mediado es en e el blas ema
p imo dial ylas o mas de ini i as. Dispe sadas
en a ias egiones del globo, lle a on á odas
pa es los gé menes de las u u as o mas que
la e olución habia de saca . De c eado a que e a
p ime o, es a ue za e olu i a, ago ándose po
287
SU misma acción, pasó áse conse ado a. En-
onces se in eg a on las o mas ;pe o conse a on
un es o áe. plas icidad, ypo es o las emos a-
ia bajo la in luencia de cie as condiciones, de
donde esul a la mul i ud de o mas que á e-
ces puede p esen a la misma especie.
Los p o o ymeso-o ganismos lle aban en
sí mismos, cada uno según su ango en el ó den
e olu i o, los udimen os de los einos, de las
amas, clases, ó denes, amilias ygéne os. Los
pun os en que se ija on ue on o os an os
cen os de c eación. Mas no engend a on simul-
áneamen e odas las o mas que con enían en
po encia; hubo, po el con a io, in e alos con-
side ables en e las sucesi as emisiones de se es
i os, lo cual explica po que los g upos del
mismo ó den no ue on con empo áneos.
Los ipos o gánicos, aun los menos ca ac e-
izados, no pudie on as o ma se los unos en los
o os: los caminos seguidos po la ue za e o-
lu i a desde el p incipio ue on di e gen es.
«Figu émonos, dice Naudin, el meso-o ganis-
mo de que salie on los mamí e os: en él e -
men aban desde su apa ición odos los ó denes
de mamí e os, incluso el humano. An es de
apa ece e an ya i ualmen e dis in os, en es e
sen ido, que las ue zas e olu i as es aban ya
dis ibuidas ypa icula izadas de mane a que
288
cada una ásu ho a habla de p oduci un o den
di e so. Fenómeno semejan e al que obse a-
mos en el desa ollo de los ó ganos en el em-
b ión en ía de c ecimien o, donde se en sali
de una ma e ia uni o me pa es p ime o seme-
jan es, pe o que desa ollándose oman dis-
in a di ección.»
Vemos que Naudin aduce en apoyo de su
concepción los enómenos emb iogénicos, de
los que oman ambién los da winis as es imo-
nios en a o de su eo ía; pe o el ilus e bo-
ánico dá oda ía más impo ancia álas me a-
mó osis que se e i ican ue a del hue o. Des-
cub e e dade os o o-o ganismos en el p o-
emb ion de los musgos, en las la as de los
insec os yen o os an os animales in e io es;
insis e más especialmen e en los enómenos de
la gene ación al e na i a, que le p esen an la
imagen de lo que sucedió en o o iempo, ó
mejo , que ep oducen en pa e «el p ocedi-
mien o an iguo ygene al de la c eación.»
El homb e no ha escapado, según Naudin,
ála ley común; el ela o mosáico es án e da-
de o como ico de enseñanzas. En su p ime a
ase, la humanidad es á ocul a en el ondo de
un o ganismo empo al, dis in o ya de odos
los o os, yque no puede con ae alianza con
ninguno. Hé aquí el Adan salido del blás ema
289
p imo dial, llamado limo en la Biblia. En es a
época no e a, p opiamen e hablando, ni a ón
ni hemb a, po que aún no se habían di e encia-
do los séxos. «De es a humanidad en es ado de
la a, sald á po la ue za e olu i a el comple-
men o de la especie; pe o pa a que es e g an
enómeno pueda e i ica se, es p eciso que
Adan a a iese una ase de inmo ilidad éin^
consciencia, análoga al es ado de nin a de los
animales de me amo osis.» Es e el sueño de
que habla la Biblia, du an e el que se cumplió el
abajo de di e enciación, al deci de Naudin,
po un p ocedimien o de gemmacion análogo
al de las medusas yos as de ma . La humani-
dad cons i uida así is’ ológicamen e, hab ía con-
se ado bas an e ue za e olu i a pa a p odu-
ci con apidez las g andes azas humanas.
Dejando áun lado las compa aciones de
Naudin, no p esen a é más que una obse a-
ción áes e conjun o de ideas, ásabe , que p o-
piamen e hablando no cons i uye una eo ía
cien í ica.
Cuando ecundamos a i icialmen e un hue-
o de ana, sabemos que de e minamos una sé-
ie de enómenos que da án po esul ado la
o mación de un gé men, luego, la de un em-
b ión que se cons i ui á po una sucesión de
me amo osis, de un enacuajo que pasa á am-
19
290
bien po a ios es ados, po úl imo, de un ani-
mal que e es i á odos los ca ac é es de la es-
pecie. Es o es odo lo que el homb e puede ha-
ce , c ea una ana ecundando un hue o.
Si la causa p ime a, ála que e ie e Naudin
inmedia amen e su blas ema p imo dial, colocó
po encialmen e en es e blas ema odos lossé es
pasados, p esen es y u u os, yla acul ad de
da los áluz en iempo con enien e con odos
los ca ac é es que dis inguen á cada uno de
ellos, ealmen e aquella causa c eó de epen e
odos es os se es. En es a concepción nada se
deja álas causas segundas, como no sea el pode
de ac i a ó e a da , de impedi ó a o ece la
apa ición de los ipos de dis in o alo , cuyo
núme o y elaciones es aban ijados de an ema-
no inmu ablemen e; ypo eso Naudin no nos
habla de su papel en es a e olución del mundo
o gánico. Mas la ciencia que únicamen e se
ocupa de las causas segundas, nada iene que
opone ála concepción de Naudin: no puede
elogia la ni censu a la.
XL
Explica los o ígenes del mundo en que
i imos, los de los se es que nos odean yel
291
p opio nues o, es e iden emen e una de las as-
pi aciones más gene ales del espí i u humano,
que así han sa is echo los pueblos más ci iliza-
dos como las ibus más sal ajes. Los mismos
aus alianos, dígase lo que se quie a, ienen su
cosmogonía udimen a ia, que han oido de sus
lábios los iaje os que han empleado medios al
e ec o.
P ime amen e, el homb e e i ió sus ideas
cosmogónicas álas c eencias eligiosas: luego,
en los pueblos an iguos más adelan ados, espí-
i us independien es busca on en los enómenos
na u ales la explicación de la na u aleza; pe o,
al os de conocimien os p ecisos, sus concepcio-
nes no ienen en el ondo ningún alo .
También en e noso os la cosmogonía pu-
amen e eligiosa ha sido acep ada po mucho
iempo como a ículo de é. Lo que en onces se
en endía po ciencia, se con undía con el dog-
ma, apoyado en in e p e aciones de la Biblia en
consonancia con el sabe de la época.
La ciencia, p opiamen e dicha, es cosa mo-
de na: la apidez, la g andeza de su desa ollo
llenan una de las páginas más he mosas de la
his o ia humana. Apoyándose exclusi amen e
en la expe iencia yla obse ación, e a imposi-
ble que no con adije a cie as c eencias oma-
das de un lib o que se había esc i o con o o
292
in, ycomen ado con el auxilio de da os in-
comple os ó alsos. La lucha e a ine i able en-
e los ep esen an es del pasado ylos de la
nue a e a; debia se apasionada, ylo ue, yhoy
se ha eno ado con más a do que nunca.
O as ci cuns ancias han queb an ado en
muchas almas la ieja é de nues os an epasa-
dos. A as ados en la co ien e gene al, muchos
espí i us han llegado en pun o ác eencias eli-
giosas ála negación absolu a; pe o no po es o
deja de pe sis i en es as in eligencias a ibula-
das la necesidad de explica el uni e so; yno
c eyendo ya en la Biblia, se han di igido ála
ciencia.
Es a les ha dado ya magní icas espues as
en as onomía yen geología. An e hechos i -
e u ables, los úl imos man enedo es de las an-
iguas in e p e aciones bíblicas han debido e-
ocede ycalla se. Nadie c ee ya en la inmo i-
lidad de la Tie a, en la c eación en seis dias de
24 ho as, en la apa ición simul ánea de odos
los animales óde odas las plan as. La as ono-
mía nos explica el génesis de los mundos; la
geología nos enseña cómo se han o mado los
con inen es ylos ma es, los alles ylas mon a-
ñas, poniendo así de mani ies o algunos de los
más g andes esul ados debidos ála acción de
las causas segundas en el impe io ino gánico.
293
Queda el impe io o gánico, las plan as, los
animales yel mismo homb e. Aquí la cu iosi-
dad se a i a, la necesidad de explicación ap e-
mia; pe o desg aciadamen e la obse ación yla
expe iencia nada nos dicen.
Algunas pe sonas, eminen es po su sabe
yde an asía ecunda, han c eido que podian
p escindi de ellas. Resuci ando los p ocedi-
mien os de los ilóso os g iegos, les pa eció que
pod ian explica la na u aleza i a yel uni e -
so enlazando algunos hechos po concepciones
pu amen e in elec uales. Una ez en es a pen-
dien e, ácilmen e se han dejado deslumb a
po su p opio pensamien o; ycuando el cono-
cimien o posi i o acumulado po el abajo se-
cula de sus más ilus es p edeceso es ha im-
pedido sus especulaciones, han sal ado po en-
cima de él, lle ando has a el in el desa ollo
más óménos lógico de sus áp io i^ mi ando
con i onía ydesden al que acilaba en se-
gui les.
Tales homb es no podian ménos de se
aplaudidos. Hablaban en nomb e de la ciencia;
sa is acían aspi aciones pe ec amen e jus i ica-
das; aían eo ías seduc o as po su ampli ud y
po la p ecisión apa en e de las explicaciones;
¿cómo no a as a álos cien í icos que no pene-
an en el ondo de las cosas, ymucho más ála
294
mul i ud que se con en a con c ee en la pa-
lab a?
La na u aleza de las esis encias que á e-
ces han encon ado, debia aumen a el b illo de
su iun o. Homb es an imp uden es como
mal aconsejados les han comba ido en nomb e
del dogma: la discusión cien í ica hadecaidoen
con o e sia; los ánimos se han exal ado; en
ambos campos se ha e igido en debe nega
cuan o los ad e sa ios a i maban; se ha acudido
ála iolencia, ylos doc os, que decían habla
en nomb e del lib e pensamien o, no son los
que ménos in ole ancia han mos ado. Debe-
mos eco da álos unos el p oceso de Galileo;
álos o os las eo ías de Vol ai e negando la
exis encia de los ósiles.
O os ha habido que han esis ido ála co -
ien e del dia: ieles al mé odo de la ciencia mo-
de na, han p ocu ado conse a la he encia del
conocimien o p eciso legado po los siglos pa-
sados. No po es o se iene el de echo de acu-
sa les de u ina, ni de mi a los como espí i us
e óg ados. Han aplaudido odo p og eso e -
dade o, an o ómás que los ogosos pa ida ios
de las doc inas que se dicen a anzadas; ycon
no ménos a o han acogido las nue as concep-
ciones, ácondición de ene po base la expe-
iencia yla obse ación. Pe o cuando se les p e-
301
logia yana omía compa ada dis inguen hace casi un
siglo la analogía de la homología, yno se aduce en
ano, pa a explica las analogías, la adap ación ácon-
diciones semejan es de exis encia: Ha mann p e en-
de lo con a io, yci a el ejemplo de los ce áceos ylos
peces, de los a ones ylas musa añas. El ejemplo no
es de los más elices. No pa ece sino que Ha mann
a a de di undi con a noso os la Opinión de «que
no sabemos ap ecia los pa en escos ideales,» cuando
p ecisamen e la ana omía compa ada iene po obje-
o es udia las analogías yhomologías.
Las mismas leyes ísicas que gobie nan el mundo
ino gánicci, igen el o gánico, yson causa de las ana-
logías y enómenos con e gen es, los cuales, has a en
la cumb e de la escala, se han explicado yexplica án
po es as leyes, sin necesidad de p incipio me a ísico.
Añádase áes o, como ca ác e p opio de los o ganis-
mos, la nu ición con la ep oducción yel lazo ge-
nealógico. De la hipó esis que los pa en escos «idea-
les» son inconciliables con oda explicación mecáni-
ca, la Filoso ía de lo Inconscien e c ee pode a i ma
la exis encia de «una ley de e olución in e na de la
ida,» po cuya i ud «los ipos ideales se ealizan
en odas sus elaciones de a inidad.»
Según Ha mann, el pa en esco genealógico es
al ideal lo que la especie al géne o. P ecisamen e una
de las cosas que mejo han p obado las ciencias na-
u ales es que el «pa en esco ideal» no puede iden i-
ica se con el genealógico; po más que algunos ob-
se ado es se hayan ex a iado, omando po analo-
gía lo que e a una homología.
La azón de se el pa en esco genealógico una hi-
pó esis necesa ia en el pa en esco ideal, la unda
302
Ha mann en dos p oposiciones que c ee incon es a-
bles: omne i um ex o o; omne o um ex o a io. Pe o
si la descendencia es una hipó esis necesa ia, el pa-
en esco ideal, al como lo en iende Ha mann, me
pa ece de odo pun o supé iuo. ¿Qué signi ica que
el pa en esco ideal necesi a, además de la descenden-
cia, de o os medios pa a ealiza se? Ha mann no in-
dica ninguno de es os medios. Cualquie a c ee la,
pues o que hacen al a o os medios, que pudo ha-
be se p escindido del pa en esco genealógico de los
o ganismos. Pe o no; po que la eo ía de la descen-
dencia es pa a Ha mann una hipó esis comple a-
men e ine i able. En cuan o álas dos p oposiciones
que ci a, sabido es que no son an «incon es ables.^
La segunda es inexac a, yla p ime a no puede sos-
ene se más que en es a o ma: hoy po hoy no pa e-
ce que se e i ique la gene ación expon ánea.
Kollike acasó en su en a i a de sus i ui el
p incipio de la selección con la gene ación he e ogé-
nea. Ha mann lo acep a, pe o lo combina con la se-
lección, que econoce in e iene en la o mación de
especies nue as den o de cie os lími es mo ológi-
cos; mas no en la c eación de ipos nue os, que a i-
buye ála gene ación po sal os, ála me amo osis de
los gé menes. Lo que le obliga áes echa en cie os
lími es la hipó esis de la as o macion p og esi a de
las especies, es el es ado incomple o de nues os do-
cumen os paleon ológicos. Aes o podemos con es-
a , ci ando los nomb es de Kayse , Neumey , Wag-
ne , Wü enbe ge , Zi el yo os, que de diez años á
es a pa e los descub imien os se han sucedido sin in-
e upción,
Al pedi Ha mann, como p ueba de la eo ía del
303
as o mismo en paleon ología, además de o mas in-
e medias sepa adas de o as dos inmedia amen e e-
cinas po in é alos in ini amen e pequeños, la de-
mos ación de que es as o mas cons i uyen una
ansición genealógica, pide demasiado. Noso os in-
ducimos la exis encia de un lazo genealógico, cuando
pasamos de las capas in e io es álas supe io es de un
e eno po sé ies de ósiles que sólo p esen an di e-
encias mínimas; po que aquí lo imp obable de la
ansición que Ha mann llama sis emá ica óideal,
equi ale casi ála ce eza de la imposibilidad. El da -
winismo no p e ende, po an ea, designa como gené-
icas sé ies de ansiciones «sis emá icas,» sino que
p esen a es a in e p e ación como la más acional.
La gene ación he e ogénea supone, como el as^
o mismo, la a iabilidad de la especie; pe o aquí nos
pa ece so p ende una inconsecuencia en la Filoso ía
de lo Inconscien e. Po que ¿cómo concilia es a mo-
ilidad de las o mas de la ida con la idea ípica de
especie? Semejan e idea, que puede en cada ins an e,
ya po e ec o del acciden e, ya po un p incipio su
pe io , se modi icada, as o mada en o a idea ípi-
ca y ealizada en o ma enomenal, es una con adic-
io in adjec o. Pa ece que Ha mann omó es a no-
ción de Ca us, quien po una eminiscencia de las
ideas e e nas éinmu ables de Pla ón, designa la idea
como el modelo di ino que se mani ies a o gánica-
men e.
La me amo osis de los gé menes, óla gene ación
he e ogénea, queda, pues, como un milag o, en an o
no indique Ha mann la causa mecánica que solici-
a al gé men ásali po un sal o de su desa ollo ha-
bi ual. Así lo en endía ambién uno de los más
304
g andes zoólogos de nues o siglo, Juan Mülle , cuan-
do ensayaba pone la En oconcha mi abilis en ela-
ción gené ica con la Synapha digi a a. Po más que
Kóllike ci e las leyes de la na u aleza, no ha lo-
g ado da base cien í ica á su génesis de las espe-
cies, ni se la da á ampoco el p incipio o ganizado
de la iloso ía de lo inconscien e.
Pod ía unda se la hipó esis de la gene ación he-
e ogénea en las me amó osis, en las gene aciones
al e na i as yen el polimo ismo, donde los g ados
de as o macion, las gene aciones que se apa an del
ipo, los indi iduos polimo os eunidos en colonias,
p esen an di e encias que se desa ollan ápidamen-
e, óexis en ya desde el p incipio. Pe o el ejemplo de
las penna ulidas polimó as, an bien desc i as po
Kóllike , de las hyd as éhyd omedusas, mues a
bien cla o que no hay necesidad de admi i aquí o -
maciones b uscas, e i icándose po sal os, pues o que
es as o mas hoy coexis en es, mu a ismu andi^ supo-
nemos que apa ecie on suc^i amen e en el iempo,
undados en la analogía con hechos paleon ológicos
posi i os en o os dominios de la ciencia.
Es os mismos ejemplos de los pólipos hyd as,
mues a que la adap ación isiológica yla as o ma’
don mo ológica se e i ican áun mismo iempo. En
los casos más simples, una ómuchas células del ec o-
de mo ódel en ode mo se as o man en los eplie-
gues de la pa ed del cue po, en hue os óen espe ma-
ozoides. Una sé ie no in e umpida, comp endiendo
odas las ansiciones posibles, conduce de es e ó ga-
no elemen al á la medusa, que se sepa a yadquie e
ida independien e. Es a independencia la adquie e
poco ápoco po aumen a el a lujo dei jugo nu í-
305
i o, es o es, po el desa ollo sucesi o del sis ema
gas o- ascula . Es e hecho lo explica iia u al ysa-
is ac o iamen e elp incipio de la selección. ¿Pod á
nega se que la medusa no es mo ológicamen e dis-
in a*de esas células del cue po del pólipo as o ma-
das en hue osy espe ma?
La nue a p oducción mo ológica se sepa a an o
de su pun o de pa ida, que las clasi icaciones an i-
guas las oma on como clases di e en es. De es o con-
cluye lógicamen e el da winismo que la gene ación
he e ogénea se apoya en el aislamien o, ocu ido en
el cu so de los siglos, de cie os enómenos de c eci-
mien o, que o man pa e, como los anillos de una
cadena, de sé ies análogas de as o macion. De es a
sue e la gene ación he e ogénea queda echazada^ y
la eo ía de la selección ecob a su luga .
Los ac o es de la selección na u al son, según
Ha mann, la lucha po la exis encia., la a iabilidad
yla he e' icia. No se niega que la selección en la lu-
cha po la exis encia si e pa a conse a la especie,
ampoco que ob a en las cualidades ú iles de los ó -
ganos; pe o se dice que, como p incipio que ija las
modi icaciones ú iles, no puede ob a cuando el des-
a ollo de un ó gano no es ú il sin ynodi icaciones si-
mul áneas de o o úo os ó ganos, siendo necesa io
ecu i en es e caso á una di ección supe io , a mó-
nica, endiendo áun in. Mas obsé ^ese que ni el
ejemplo de la o mación de los dien es, los cuales no
se ian ú iles sin la as o macion simul ánea del apa-
a o diges i o, ni el de las lo es isi adas po insec-
os, p ueban lo que se in en a.
Gegenbau ha descubie o que los dien es de las
¿0
306
lijas (pescados de ma ) se o man de las escamas de la
piel; Osca He wig, en muchos abajos no ables, ha
examinado de alladamen e en el ipo de los e eb a-
dos es e descub imien o, ydesde en onces, los dien es
son uno de los más b illan es ejemplos de selección en
la lucha po la exis encia. No es exac o que la as o -
macion de los ó ganos de la mas icación aya seguida
inmedia amen e de una as o macion del canal in es-^
inal ;lo que pasa es que el apa a o más simple de den-
ición en o ma de escamasó de espinas déla pie) que
se ex ienden en el epi elio de los labios, acili a la
nu ición; p ime o, como ó gano ap ehensi o del
alimen o, luego, desempeñando pa e del abajo me-
cánico del canal diges i o. Po es e lado se ex iende
pues la acción de la selección. Respec o al ejemplo
de las lo es ylos insec os, He mann Mülle ha mos^
ado de qué mane a se ealiza la adap ación ecíp o-
ca de la plan a yde su isi ado . No se puede supo-
ne en odos los casos e ec i os yposibles absolu a
simul aneidad de as o maciones ecíp ocas; ysola-
men e cuando Ha mann p esen e un caso de habe -
se e i icado en dos especies, sin in luencia de la una
en la o a, as o maciones co espondien es, pod á
duda se del p incipio de la selección yadmi i se ei
de la e olución in e na.
La objeción que más comunmen e se p esen a con-
a la selección, es que si bien pueden modi ica se, yse
modi ican, en e ec o, cie os ó ganos de un ipo dado
(en sen ido zoológico) pa a un in isiológicamen e
ú il, no puede explica se en modo alguno la o mación
de a ios ó ganos en la a isicion de un ipo mo -,
ológico áo o. Pe o es a objeción pie de casi odo su
alo , si se conside a que las nue as modi icacioyies
307
nunca son ípicas^ llegan áse lo en los casos más a-
o ables.
Los ipos que el espí i u sis emá ico dis ingue
po medio de ca ac é es bien de inidos, son an ic i-
cios como las especies; pues los ca ac é es que la ilo-
so ía de lo inconscien e conside a como ob a de cau-
sas inales, u ie on po pun o de pa ida un es ado
an e io á oda di e enciación. Cie amen e la célula
se dis ingue de ia mone a po un ó gano nue o, el
nudo; pe o ¿po qué p oceso ísico-químico ha salido
la célula de la mone a? Has a aquí no podemos más
que conje u a lo. Sin emba go, en es os úl imos
años se ha cosechado una g an sé ie de descub imien-
os impo an ísimos en bo ánica yen zoología, los
cuales au o izan áexplica po la ísica la o mación
de las células. ¿Qué se ía de la ciencia si, ya en el
umb al, al a a se de una o mación nue a unda-
men al, ué amos áampa a nos en el p incipio me-
a ísico? Nó ese que es a o mación nue a no es más
que una as o macion de ma e iales p eexis en es,
pues de es e modo es como se ele a la na u aleza de
ipo en ipo. Aho a, ¿cómo se e i ica es a as o -
macion en cada caso comple o? De es o podemos o -
ma idea leyendo los abajos con empo áneos de
Kowalewsky, Hseckei, Sempe yo os. Ci a emos un
ejemplo de echa ecien e.
C eíase has a aquí que el ipo de los moluscos,
eliminados cie os elemen os, cons i uía bajo odos
aspec os una unidad- Se encon aban, sí, pun os de
semejanza en e el ca acol sin concha yel gusano in-
e io ina iculado, pe o nadie pensaba en que hu-
biese ín imas elaciones en e los ca acoles ylos anné-
lidos. Has hé aquí que Ihe ing publica susin es iga-
308
ciones sob e el sis ema ne ioso de los moluscos^ de
las que esul a que pa e de los moluscos de i a de
los gusanos planos, la o a de los annélidos. No ene-
mos que examina si es os esul ados ysus conse-
cuencias se án óno con i mados; si lo ue an, causa-
ían una e olución en nues as ideas sob e el ipo de
los moluscos; pe o de cualquie modo, los di e en es
g ados del sis ema ne ioso, lo que se enia en el ipo
de los moluscos po una pa icula idad ípica, se e-
ie e, según Ihe íng, ácie a cosa exis en e ya, áun
ipo di e en e en apa iencia. Vemos ambién que la
ca idad pulmona de algunos ca acoles que espi an
al ai e lib e, no es más que una as o macion acci-
den al de la ex emidad in e io del conduc o sec e-
o de os iñones.
Tocan e ála a iabilidad, dice Ha mann que,
pa a se e icaz, debia se ilimi ada en sí misma y e-
pa ida igualmen e en odas las di ecciones posibles.
C eemos que la segunda p opiedad exis e en muchos
casos; pe o si las a iaciones no a o ecen la adap a-
ción más que en algunas di ecciones, no puede habe
en las o as adap ación ni p og eso sin que el p inci-
pio de selección quede lesionado. En gene al, odas
es as di ecciones son posibles has a po la selección
a i icial, cuando p eexis en las condiciones na u a-
les. Respec o ála medida de la a iabilidad, la de e -
minan los mismos obs áculos de na u aleza molecu-
la , que po su delicadeza no han sido oda ía pe ci-
bidos. Cla o es que no podemos deci «p io i en un
caso conc e o lo que llega á áse el o ganismo, po -
que nos al a el conocimien o absolu o; pe o sabemos
que el comienzo de la di isión del abajo yde la di-
e gencia depende de la ap i ud ála a iabilidad. Tai
309
como la en iende Ha mann, la a iabilidad ilimi a-
da nunca ha sido sos enida po el da winismo; án es
bien con amos con que na u almen e es limi ada, po
más que no conozcamos en muchos casos sus causas
na u ales.
Se admi e gene almen e que el undamen o de la
descendencia ydel da winismo debe busca se en la
he encia. La iloso ía de lo inconscien e coloca la he-
encia al ampa o del p incipio me a ísico, pe o con
es o nada adelan amos; po que, áun cuando los enó-
menos de la he encia es én di igidos hacia cie os
ines po un pode supe io , nada ap endemos po
es o sob e el mecanismo de la he encia conse ado a
ni sob e el de la he encia p og esi a.
La isiología de la he encia no debe empeza po
in es iga si yde qué mane a se he edan las cualida-
des adqui idas indi idualmen e; sino que debe es u-
dia an e odo la he encia de las cualidades asmi i-
das po los an epasados. La ciencia no ha conseguido
oda ía demos a sa is ac o iamen e el mecanismo
déla ep oducción; pe o si concebimos como un ac o
pu amen e mecánico, no solamen e la di isión de una
mone a yla asmisión del conjun o de los ca ac é-
es ma e nos álos ás agos salidos de es a segmen a-
ción, sino ambién la epe ición ci cula sumamen e
compleja de los enómenos de e olución, es posible
en onces comp ende yexplica odos los enómenos
de la ep oducción yla he encia.
No podemos pasa en silencio la úl ima hipó esis
de Haeckel (die pe igenesis de plas idule)., con la
que a a de explica la na u aleza de la he encia.
Con la misma anqueza que Hseckel ha mani es ado
su Opinión con a ia ála pangenesis de Da win, así
310
decimos noso os que su hipó esis nos pa ece inacep-
able.
Hseckel pa e del á omo, como la pa ícula de
ma e ia más pequeña; le do a de una suma de ue za
ó de alma, es o es, de sensación yde olun ad—¿po
qué no ambién de idea?— ol iendo de es e modo á
la an igua hipó esis an conocida de la iloso ía na u-
al, que pusie on en boga en el siglo pasado sob e
odo Maupe uis yDide o . Si con es o espe a Haec-
kel sal a se de la acusación de ma e ialis a, no lo
consegui á más que noso os, que con poca di e encia
sos enemos el mismo pun o de is a; pues o que es ya
cos umb e da es e nomb e á odos los que mi an el
alma como insepa able del cue po, yde i an de las
leyes na u ales la inmo alidad de la ma e ia ydel
alma a ómica.
De es os á omos animados se compone la molé-
cula ino gánica animada. Es o es lógico. Pe o hé aquí
un sal o de los más b uscos, una hipó esis nue a: la
moléculao gánica, óplas ídula, se dis ingue de la ino -
gánica en que iene memo ia. Aunque en o ma un
poco dis in a, es ahipó esis ué ya p esen ada en 1870
po He ing, quien econocia en gene al ála ma e ia
i a la acul ad de ep oduci se óde eco da . Ambos»
He ing yHseckel, explican el concep o de la memo-
ia po el de la ep oducción, de donde esul a mucha
oscu idad ybas an e ambigüedad. Pe o, p escindien-
do de es o, ¿cómo puede sali la memo ia de la es-
uc u a a omís ica de la plas ídula? Nose comp en-
de. Me pa ece más azonable, con o me áuna an i-
gua idea, do a ya de memo ia al á omo.
Rep esén emonos las plas ídulas con su mo i-
mien o molecula en el p o oplasma, y e emos que
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