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Amorós, Andrés (2005): El toreo de frente. Manolo Vázquez,Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, 150 páginas.[Reseña]

Martínez Shaw, Carlos

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Revista de Estudios Taurinos N.º 22, Sevilla, 2006, págs. 59-61 Fig. n.º 10.- Amorós, Andrés (2005): El toreo de frente. Manolo Vázquez, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, 150 páginas. Andrés Amorós tenía el deber inexcusable de escribir este libro sobre Manolo Vázquez, dado el alto grado de amistad y de complicidad que había mantenido durante tantos años con el torero sevillano. De ahí los buenos resultados: una biografía jugosa pero razonada, cálida pero objetiva. Una biografía sustentada tanto en la realidad vivida por el autor o explicada por el propio maestro en primera persona, como en un trabajo de hemeroteca y de consulta bibliográfica, a fin de hacer más completo el relato y de multiplicar los puntos de vista. El autor divide el libro en dos partes, tituladas respectivamente “El hombre” (que en realidad es una historia lineal de la vida del biografiado resaltando aquellos datos significativos en su formación y realización como torero) y “La tauromaquia”, que en realidad es un análisis y valoración de algunas cuestiones que van desde la discusión del sevillanismo (o no) del toreo del maestro hasta el papel jugado por la familia en su trayectoria taurina, es decir una serie de aspectos que van desde lo estrictamente referido al arte de la tauromaquia hasta lo más íntimamente personal aunque siempre relacionado con el toreo. La primera parte, por tanto, ofrece un relato de las diversas etapas de la vida del diestro, desde su infancia en su barrio natal de San Bernardo, su vinculación con el matadero sevillano, su ambiente familiar, el influjo siempre prudente de Marcial Lalanda, su carrera como novillero, su alternativa sevillana (con su hermano Pepe Luis como padrino y Antonio Bienvenida como testigo), sus catorce temporadas con sus triunfos más sonados en las distintas plazas de Espada y de América (1952-1968), su retirada, su regreso a los ruedos en 1981 (empujado tal vez por esa secreta herida de no haber obtenido un triunfo completo en la Maestranza sevillana), su triunfo resonante del 18 de junio de 1981 cuando por fin consiguió abrir la Puerta del Príncipe y la jornada gloriosa de su retirada final, el 12 de octubre de 1983. La segunda parte, tan apasionante como la primera, aunque con otro enfoque, menos narrativo y más conceptual, reflexiona sobre algunos temas de especial relieve. Primero, el inevitable debate de la adscripción del diestro a esa presunta escuela sevillana, pese a su desdén por el término de artista asimilado por el torero a superficialidad en la lidia, que se soluciona con la fórmula transaccional del sevillanismo serio que sabe valorar el verdadero arte taurino. Segundo, la tauromaquia según el maestro: la vocación como motor fundamental, la personalidad como signo de identidad individual y, en la plaza, la verónica, la faena bien estructurada, el toreo ligado y el toreo de frente. Tercero, las preferencias entre sus antecesores y sus compañeros, tal como las puede enunciar alguien que no ha conocido la envidia: la inclinación por el toreo completo de Joselito, la admiCarlos Martínez Shaw 60 ración por el genio de Belmonte y el reconocimiento para Manolete y, entre sus iguales, Pepe Luis, Antonio Bienvenida y Antonio Ordóñez, más el respeto por todos los demás. Cuarto, de lo profesional a lo más íntimo: su devoción a su cofradía de San Bernardo y al Jesús del Gran Poder, su amor a Remedios y su veneración por su familia, los puntales de su discurrir por esta vida, más algunas pasiones al margen del toreo, singularmente por el Real Betis, aunque en el libro (como hombre conciliador que siempre fue) aparezca fotografiado vistiendo el uniforme del Sevilla Club de Fútbol, nada menos que junto a Arza y Bustos. En suma, una excelente biografía, emotiva pero contenida, que ofrece una acertada sistematización de un rico material, tanto escrito como fotográfico, donde no falta la evocación de cuatro de sus celebrados naturales, ni el recuerdo de sus galardones (incluyendo la Medalla de Oro de Andalucía y la Medalla de Oro de las Bellas Artes), ni una reciente instantánea en su casa delante del cuadro en que le retratara Santiago del Campo vistiendo su clásico traje de luces grana y oro. Andrés Amorós concluye su trabajo resaltando las virtudes humanas más manifiestas de Manolo Vázquez: su serenidad,su seriedad, su caballerosidad. Y también las cualidades de su toreo: su pureza, su naturalidad, su clasicismo. No sabía el autor que, cuando escribía estas líneas llenas de cariño y de sabiduría, estaba de alguna forma prefigurando el epitafio de un hombre y de un torero, de un hombre que siempre fue un torero... El libro se ha convertido así, por los azares del destino, en un homenaje final a Manolo Vázquez. Descanse en paz el gran maestro sevillano. Carlos Martínez Shaw Fundación de Estudios Taurinos El toreo de frente. Manolo Vázquez 61