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Lo siniestro en el periodismo de Muñoz Molina

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Lo siniestro en el periodismo de Muñoz Molina

Author: Peinado Elliot, Carlos
Year: 2005
Source: https://idus.us.es/bitstreams/4bc56252-f18d-49cf-86a7-d8c7d6d50bc7/download
Ca los Peinado Ellio , “Lo sinies o en el pe iodismo de Muñoz Molina”
La ca ego ía de lo sinies o ocupa un luga cen al en la ob a pe iodís ica de
An onio Muñoz Molina, pues no se a a de un me o ado no es é ico o añadido e ó ico
cuyo in uese delei a , sino que se con igu a (especialmen e en el ciclo de Las
apa iencias, sob e el que e sa á es a comunicación) como o ma esencial de la
e elación de lo eal. Como mani ies a el au o en “La mane a de mi a ”, a ículo que
si e de p ólogo a la edición de es e conjun o de ex os pe iodís icos, su misión consis e
en a a de conoce la ealidad, yendo más allá de las apa iencias:
La mi ada es una ida en suspenso, una con inua in e ogación in isible que se complace en la
supe icie de las cosas y quie e i un poco más allá, más hondo, al o o lado, donde la oscu idad y
la luz se en elazan en su on e a de penumb a, donde el sabe se mide po acciones de segundo
y ulgo es de adi inación, donde lo que se sabía es desmen ido, donde la ce idumb e adquie e un
ma iz de sospecha y lo desconocido se uel e ins an áneamen e amilia , déjà u, asomb o pu o de
un ecue do imp e is o. (Muñoz Molina, 1996: 25)
En es e ex o p og amá ico encon amos la base pa a una es é ica de lo sinies o:
en su p opósi o de conoce , el esc i o no debe con o ma se con lo supe icial, con la
imagen con encional de la ealidad, sino que ha de abandona oda segu idad y ce eza.
La abolición del lími e en e lo amilia y lo desconocido (la in e sión, incluso, de
ambos), la con e sión de lo amilia en ex año, inhóspi o y amenazan e, hace que se
ambalee la isión que se ansmi e del mundo que nos odea (en e iéndose el abismo
que se ab e as la acomodada segu idad co idiana). Muñoz Molina ci a en el pá a o
an e io , incluso, uno de los sen imien os que pueden p oduci el e ec o de lo sinies o
(déjà u)
1
. De es e modo el a ículo, desenmasca ando las capas de sen ido
supe pues as, se con ie e en un medio ex ao dina io pa a descub i aquello que hay
de ás de nues a isión de la ida dia ia y que ha sido ocul ado, ep imido, po la
conciencia indi idual o social.
1
C . T ías, 1992: 34.
De es a con e sión de lo amilia en amenazan e, podemos encon a un p ime
paso en “Nadie lo di ía”. En es e a ículo, desde la pe spec i a de una ecina, se nos
desc ibe una ciudad pequeña, “ma í ima y ci ilizada”, sin apenas ex anje os, en la que
“los o as e os, cuando lo me ecen, se uel en amilia es a los pocos días de llega ”
2
. El
pe sonaje cen al es p esen ado, igualmen e, como conocido desde siemp e po odos los
habi an es del pueblo (“no había nadie que no c eye a conoce lo”-se nos dice al inal-):
Así que es e jo en del que aho a hablan an o los pe iódicos que llegan aquí desde el o o lado e a
conocido y espe ado po odos, conocían a sus pad es, que se es ablecie on en la ciudad cuando él
e a un niño, lo habían is o c ece , y cuando algunas mañanas lo eían subi a su au omó il y
aleja se hacia las a ue as sabían que iba en di ección al pues o on e izo, po que e a iajan e de
come cio (…). (Muñoz Moñina, 1996: 85-86)
Se dibuja una e opeya de es e pe sonaje en é minos encomiás icos: a en o con
odos, animoso, azonable, ené gico, p uden e, digno de con ianza, abajado , buen
conduc o , “educado y juicioso, la clase de hijo que desea pa a sí cualquie mad e,
cualquie a de esas muje es de pelo blanco y ca dado que hacen pun o en los ja dines”
3
.
En el úl imo pá a o se descub e al lec o que es e jo en, pe enecien e a la banda
e o is a ETA, ha sido de enido con escien os kilos de explosi os cuando se di igía a
Se illa pa a come e un b u al a en ado (se a a de Hen i Pa o ). El pun o de is a del
pe sonaje-na ado in en ado le pe mi e g adua la in o mación de modo que la cla e
del ela o sólo se conozca al inal; como a i ma Muñoz Molina en Pu a aleg ía no se
a a de una ampa, sino de conduci al lec o a la misma so p esa y al mismo ipo de
ad e encia que él había ecibido: “no bas a e , po que con ecuencia sólo emos lo
que nos dic a la imaginación; hay que sabe mi a ”
4
. De es e modo, el lec o
expe imen a cómo cualquie ecino, aunque c ea conoce lo po comple o, puede se un
2
Muñoz Molina, 1996: 85.
3
Ibíd.: 86-87.
4
Muñoz Molina, 1998: 33.
asesino. Como se mani ies a en el ela o, la iden idad de los se es humanos es un
mis e io: odo homb e cons uye la ida de los que le odean como se cons uye un
pe sonaje
5
; así los ecinos, a pa i de da os mínimos, han in en ado una imagen
anquilizado a que encub ía a un e o is a.
Es a misma ambigüedad, es e e i o io dudoso en e la inocencia y la
culpabilidad, se encuen a en “Re a o obo ”: se a a de un inocen e acusado de abusa
sexualmen e de su hija. Has a el úl imo pá a o ( as la condena y el linchamien o de la
sociedad ins igada po los medios de comunicación) no se con iesa el e o . Asis imos
al p oceso a a és del cual una pe sona co ien e asis e al de umbe del mundo que
es imaba “con o able y diu no”. Los medios de comunicación log an que el mundo se
ans o me según sus deseos, con las esis que sos ienen, y así di igen y con olan las
idas de cualquie ciudadano, cuyo des ino es á en sus manos. El homb e, sin sabe lo,
se encuen a some ido a una ue za supe io que maneja su exis encia y cualquie día
es a ue za puede i umpi y hace que la ida del lec o se desmo one
6
.
En el juego de pe spec i as, el lec o es despojado de odo c i e io ex e no pa a
dis ingui en e e dad y alsedad, en e culpabilidad o inocencia, pues la na ación lo
a conduciendo de una opinión a o a a pa i de los da os que se le o ecen. Todo
homb e puede ans o ma se en un mons uo, puede gua da un homb e lobo; más aún,
cualquie a puede se ans o mado en un mons uo, po la necesidad de expiación que
5
Ibíd.: 39:
La e dade a iden idad no ya de los desconocidos, sino de las pe sonas que enemos más ce ca, es
siemp e un mis e io insoluble. Usando da os de la pe cepción –que pueden es a dis o sionados-
cons uimos pa a los demás una ida como el no elis a cons uye un pe sonaje, y cuando más
ín imamen e c eemos conoce es jus o cuando más acabado es el abajo de nues a imaginación. A
mí siemp e me so p ende, en las no icias de sucesos, en las biog a ías de los c iminales, que sus
ecinos y has a pa ien es decla en que nunca sospecha on nada en su compo amien o.
6
Muñoz Molina, 1996: 125:
Comp ende demasiado a de que la inocencia es un de alle secunda io, incluso aho a mismo,
cuando su hija ha mue o y sus acusado es explican que se equi oca on y ienen la des e güenza
de pedi le pe dón. Sin a ia ni un solo asgo, la másca a del canalla se ha con e ido en la e igie
de una íc ima. Pe o ya se sabe que es as cosas sólo les ocu en a o os: en el espejo del cua o de
baño aún mi a inquisido amen e una ca a lib e de sospecha que cualquie día puede pa ece se a un
e a o obo .
nace de la iolencia con enida en la sociedad y que sólo se sacia e iéndola en un
inocen e. El mons uo no es más que la mons uosidad del Sis ema que seg ega, pe o ha
de se p esen ado como in ac o de una ley y su exilio como me ecido cas igo: en la
pena a lo an y se desa an has a el pa oxismo las ensiones sociales ocul as, la iolencia
y el odio ep imidos en los indi iduos conside ados jus os y ecuánimes. Se descub e así
la o a ca a, el os o mons uoso de una sociedad en apa iencia o denada, ci ilizada,
egida po la ley.
En es e a ículo (en la pé dida de la au onomía del yo median e la i upción de
o o, de un mons uo que pa ece ocul a se en nues o cue po) se obse a
angencialmen e el mo i o del doble, una de las igu as de lo sinies o ci adas po F eud
que se á ampliamen e desa ollada en los ex os pe iodís icos de Muñoz Molina. La
igu a del doble (a i ma F eud siguiendo a Rank) se elaciona con la somb a, la imagen
del espejo, las doc inas animis as o el emo an e la mue e, pues el doble “ ue
p imi i amen e una medida de segu idad con a la des ucción del yo”
7
, una negación de
la mue e, si bien se acaba ans o mando en un sinies o mensaje o de ella. Si el yo se
ha ido ans o mando en una ins ancia de au oobse ación o au oc í ica y cumple la
unción de censu a psíquica (en cuan o conciencia) oponiéndose al es o del yo, bajo la
imagen del doble se esconde p ecisamen e odo lo ep imido po la conciencia: lo que
és a conside a supe ado de los iempos p imi i os, la eg esión a la época en que el yo
no se había sepa ado plenamen e del mundo ex e io y el p ójimo.
En “Fi ma ilegible” se nos ace ca al suicidio de un homb e de se en a y seis
años, que se i ó “po el balcón de su casa, empujado no po la locu a ni po la
p oximidad de la cegue a, sino po el miedo a e mina aniquilado po ellas”
8
. El doble
se mues a en es a na ación, po an o, como mensaje o de la mue e. Asis imos a la
7
F eud, 1981: 2493-2494.
8
Muñoz Molina, 1996: 184.
pé dida de la memo ia y de la azón de es e homb e a quien lo que más as o naba en la
úl ima e apa de su ida e a no econoce su i ma (símbolo en el a ículo de la iden idad
pe sonal, de la pe manencia de lo p opio y de su dis inción de lo ajeno). Es e p oceso
supone la uina del yo, la independencia del cue po espec o de la conciencia: “Sien e
que su mano de echa, igual que su azón, es á empezando a desobedece lo” (Muñoz
Molina, 1996: 184). La mano se mues a casi como un miemb o sepa ado pe o que
conse a su ac i idad (nue amen e una igu a de lo sinies o según F eud). Al mismo
iempo, es e p oceso se incula en el a ículo con las me amo osis del géne o de e o
(el cien í ico que se ans o ma en mons uo, el Homb e Lobo que se ha esis ido en
ano a la locu a y a la ans igu ación). La iden idad se encuen a así pe manen emen e
amenazada po la disg egación, suspendida sob e el abismo que supone su ein eg ación
a la na u aleza, a cuyos emba es (mani es ados en pulsiones y pasiones) a a
inú ilmen e de hace en e.
Son nume osos los a ículos en los que Muñoz Molina ahonda en el p oblema de
la pé dida de la iden idad, como en “Desconocidos”, en el que una muje pie de el
conocimien o y, as ol e en sí en el hospi al, no ecue da quién es (el nomb e que da
es also), no posee ningún documen o y nadie la conoce. Se con igu a así como símbolo
del mis e io de la iden idad que encie a odo homb e; el au o apela al lec o pa a
hace le e cómo cuan o es ima más segu o (su p opio yo) puede des anece se
9
. Más
aún, la desconocida enca na en la ealidad una de las pesadillas que el homb e p e ende
ocul a pa a no se conscien e de ella, pe o que i umpe epen inamen e
10
.
9
Muñoz Molina, 1996: 52:
Despojada de pasado y de nomb e, su p esencia es el pu o enigma de la iden idad. Nues a ca a,
ésa que nos econoce en el espejo, es una ca a única y nos pa ece que con iene en sus asgos la
his o ia en e a de una ida, pe o ambién es la ca a de nadie. (…) Si iajamos a o a ciudad, a o o
país, ¿quién somos pa a ese homb e de cla os ojos y de idioma ex anje o que nos ende un bille e
de e oca il?
10
Muñoz Molina, 1996: 53:
Pe o la imaginación es coba de o piadosa y hay u u os que nadie se a e e a concebi pa a sí. El
de yace sin consciencia ni nomb e en la cama de un hospi al no es el más p obable, pe o sí uno de

El p oblema de la iden idad adquie e nue o a amien o en “Te nu a química”,
en el que el homb e apa ece como au óma a, di igido po po encias que desconoce: el
impulso del amo pa ece p ocede de una ho mona que ige el deseo, el código gené ico
des ela que hay alguien den o de noso os que se a e elando a medida que c ecemos.
Aquel que cie a sus ojos a los in ie nos y los espacios insondables que gua da en su
in e io y se des elan en sus pesadillas, i e en la men i a:
Quien mi a, quien ecue da, quien desea, es o o, quien dice “yo” es una especie de impos o ,
po que su eino, el de la e lexión y las decisiones, el del ecue do olun a io, sólo se ex iende
sob e la supe icie delgada y ágil del ce eb o y nunca sabe ni se a e e a descende a sus
p o undidades oceánicas ni a sus g u as más hondas. Quien dice yo y quie e alza su conciencia
como una o e de o gullo sólo sabe desliza la mi ada y el ac o sob e las apa iencias, sob e la
supe icie de la piel y los engaños de los ojos (…). “Yo es o o”, dice Rimbaud, no la ca a o
cala e a que hay de ás de la másca a…sino el labe in o sel á ico de las células ce eb ales, la
alquimia indesci able de la ma e ia que nos cons i uye, la mul i ud a anosa de iden idades y almas
que se con unden den o de noso os (…). (Muñoz Molina, 1996: 135-136)
Pe o en cualquie momen o, se en eab e la sima y ienen ecue dos ol idados has a
en onces: lo déjà u hace e lo desconocido y mis e ioso, epen inamen e, como lo más
ce cano y amilia , al mismo iempo que lo es imado has a en onces como amilia (la
p opia iden idad, el mundo ci cundan e y co idiano) se uel e lejano y desconocido.
Es e some imien o de la ida indi idual a una ue za que la asciende y conduce
ine i ablemen e su des ino se mani ies a en la igu a del “cenizo”. En e ec o, Muñoz
Molina aza la on e a en e aquellos que ienen sue e y odo les a bien en la ida y
aquel que desde su nacimien o “ iene la neg a, la eneb osa mala sue e” que lo pe sigue
como su somb a y acaba des ozando su ida: el paque e que, en ez de en ega a su
des ina a io ha deposi ado en su buzón como egalo pa a su esposa, esul a se un
los más emibles, y quien lo su e se ag ega a esa mul i ud de los innominados que amanecen
mue os en la calle o son esca ados de las aguas de un ío o de uel os po el ma . Al mis e io de la
mue e se añade el de la iden idad pe dida (…).
paque e-bomba que es alla cuando és a lo ab e. Apa ece de es e modo lo ne as o, lo
ineludible. Es el e e so del mundo del hé oe: un uni e so de su imien o y mue e que
acecha as la u ina y la apa en e elicidad co idiana
11
.
Según enimos obse ando, en los a ículos de Muñoz Molina se deja en e e
un mundo caó ico y somb ío que se ocul a de ás de la ida acional, es able,
con o able: o o mundo que coexis e con él, que cons i uye su e e so, pe o que de ez
en cuando es alla. Según F eud, lo sinies o es algo ep imido que e o na: “Lo sinies o
no se ía ealmen e nada nue o, sino más bien algo que siemp e ue amilia a la ida
psíquica y que sólo se ol ió ex año median e el p oceso de su ep esión”
12
. En lo
sinies o se e elan, po ejemplo, es os de una ac i idad psíquica animis a o el emo
an e la mue e: cadá e es, apa iciones de mue os, espí i us, espec os. En Las
apa iencias podemos halla a ios a ículos en los que se mani ies a es a p esencia de lo
sob ena u al p imi i o en la sociedad.
“La azón pe dida” es una denuncia de la p oli e ación de lo sa ánico, de lo
i acional, de las supe s iciones, en la sociedad ac ual. Emplea el au o la enume ación
caó ica, amon onando casos ecien es de celeb aciones diabólicas, uniendo lo macab o y
lo cómico: po un lado, mezcla de elemen os he e ogéneos (una hechice a cu a al
mismo iempo desa eglos mens uales y adicciones a las d ogas), hipé boles y
ca ica u as; po o o lado cadá e es insepul os, muje es empaladas po habe sido
p eñadas po Sa án, animales degollados, ísce as humanas… Se consigue así un ono
espe pén ico ap opiado pa a la sá i a social. Sin emba go, el e ec o de es a gale ía de
p ác icas animis as y sa ánicas sob e el lec o es sumamen e inquie an e. En el mismo
en o no en el que és e i e se es án p oduciendo es os i uales, ecinos suyos al ez los
p ac ican: en casas idén icas a la suya, quizá en la misma calle o incluso en su p opio
11
Así, p ecisamen e, concluye es e a ículo (c . Muñoz Molina, 1996: 221).
12
F eud, 1981: 2498.
edi icio. El p og eso écnico y económico es sólo la achada que encub e (bajo la
b illan e supe icie del consumo) las más an iguas supe s iciones, que no han sido
encidas ni ans o madas, sino an sólo ep imidas; po ello e o nan con ue za:
Los mons uos a caicos de la oscu idad y el e o nunca ue on abolidos, y si an es ondaban de
noche po los caminos u ales y espiaban a los i os en las casas mal alumb adas con candiles y
sacudidas po empo ales (…), aho a siguen la iendo en el mediodía obje i o de los hipe me cados
y mu mu an cosas y se a as an po los pasillos de los pisos de p o ección o icial y en las cocinas
donde una luz luo escen e ib a sob e las supe icies de los elec odomés icos. Algunas eces, en
el es ic o salón comedo con di anes de eskai y apices de cie os, en e al ele iso apagado, se
celeb a du an e odo el día y oda la noche un aquela e o un sanguina io exo cismo, pues es
p eciso a anca al demonio del ien e de una niña poseída po él. A la mañana siguien e, sob e la
al omb a sin é ica, la policía encuen a un coágulo de ísce as y un cue po desang ado, y los
ecinos dicen que oye on g i os y cán icos en e sueños. (Muñoz Molina, 1996: 178-179)
Es e con as e b u al en e los símbolos del p og eso (la luz luo escen e o el
ele iso ) y la ba ba ie, se enca na en la al omb a sin é ica manchada po las ísce as. El
lec o se encuen a ine me an e es e a aque de es a os p imi i os que se apode an de
amplios g upos sociales, amenazando su in eg idad: en es e in de siglo las ue zas
oscu an is as pa ecen ence a las de la azón, que se ba en en e i ada.
El a ículo “La in imidad de los an asmas” pa e de una e lexión
desmi i icado a sob e los an asmas del palacio de Lina es que, en e mos de li e a u a,
“quie en da miedo con ecu sos de no ela gó ica y de olle ín de Guille mo Sau ie
Casaseca”
13
, pe o sólo consiguen se acosados po los in es igado es de enómenos
pa ano males y desean ol e al anonima o. Desmon a así el au a sinies a, inquie an e
y pode osa de los an asmas pa a o na los dignos de lás ima, ce canos en su
humanidad, amilia es. Pe o en un mo imien o in e so encuen a p ecisamen e la aíz
13
Muñoz Molina, 1996: 128.
de lo an asmal en los sucesos más co idianos, has a el pun o de ol e , nue amen e, lo
amilia desconocido, lejano, desasosegan e
14
.
La ealidad se uel e an asmal, se acía de la sus ancia que le da i meza, pues
el habi an e de la ciudad a a sólo con imágenes sin con enido ( oces que no pe enecen
a nadie, cue pos silenciosos que pe manecen jun o a noso os en el ascenso ); el homb e
apa ece aspasado de i ealidad, odeado de mue os que lo con emplan (las o og a ías
que mi a, los e a os de los museos, los ac o es y ac ices de las películas an iguas),
ce cado po la mue e. Más aún, cada pe sona gua da en su in e io un an asma, “el que
no iene un luga desie o ni una memo ia donde aloja se, el an asma des e ado y
p osc i o de quien nunca exis ió, de quien pudimos se y no hemos sido”
15
.
Obse amos la ealización de uno de los p incipios undamen ales de lo
sinies o: “Lo sinies o se da, ecuen e y ácilmen e, cuando se des anecen los lími es
en e an asía y ealidad; cuando lo que habíamos enido po an ás ico apa ece an e
noso os como eal”
16
. El mejo ejemplo de ello lo encon amos en el a ículo “Los
man eque os de Pe ú”, en el que se na a cómo dos homb es ap an y asesinan en la
sie a pe uana, pa a a anca les a sus íc imas la g asa y en ia la a la capi al, desde
donde un in e media io la emi ía a una emp esa cosmé ica de Es ados Unidos. El es ilo
oscila en e el da o ío y el humo neg o (a a és de la ca ica u a, la animalización y
14
Muñoz Molina, 1996: 129-130:
De p on o ese amigo de siemp e con el que es amos con e sando se queda en silencio o mi a un
ins an e de soslayo y ya es de ini i amen e un ex año; de p on o alguien que se ma chó y que nos
impo aba mucho y a quien hemos que ido y log ado ol ida uel e a la memo ia una noche de
insomnio, o nos pa ece que lo emos de espaldas en la ba a de un ba o que iene son iendo en el
con aluz dudoso de una calle. Es un an asma, desde luego; si ex endemos las manos sólo
oca emos y ab aza emos el ai e, si le decimos lo que nunca nos a e imos a deci le e imaginamos
la espues a que nunca nos dio sólo es a emos escuchando nues a p opia oz, pe o esa apa iencia
es más pode osa y más eal que la de los obje os e iden es, y se nos impone en la igilia con la
misma suges ión de ealidad y e nu a y dolo con que nos suele isi a en los sueños.
15
Muñoz Molina (1996: 131). Se obse a una nue a o ma del ema del doble (c . F eud, 1981: 2494):
“ odas las posibilidades de nues a exis encia que no han hallado ealización y que la imaginación no se
esigna a abandona , odas las aspi aciones del yo que no pudie on cumpli se a causa de ad e sas
ci cuns ancias ex e io es, así como odas las decisiones oli i as coa adas que han p oducido la ilusión
del lib e albed ío”.
16
F eud (1981: 2500).