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Joaquín Carlos López Lozano: periodística, político y ateneísta

Ponce Alberca, Julio; Sánchez González, Irene

Abstract

En este artículo se describe el perfil biográfico de Joaquín Carlos López Lozano, presidente de la Diputación de Sevilla entre 1959 y 1961. Particularmente, analizamos las tres principales facetas de su actividad pública: periodista, político y miembro destacado del Ateneo. En todas ellas se reveló como un reformista sintonizado con la idea de una evolución del régimen que desembocara en la restauración de la monarquía en la figura de don Juan. Aunque se sintió periodista durante toda su vida, se lanzó a la arena política de la mano del gobernador civil Hermenegildo Altozano Moraleda, un hombre de ideas monárquicas que desarrolló un mandato en Sevilla sensiblemente distinto al que era habitual entre los gobernadores nombrados desde Madrid. Después de su paso por la Diputación, presidió la Junta de Obras del Puerto y el Ateneo.

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131 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Joaquín Carlos López Lozano: periodista, político y ateneísta v Julio Ponce Alberca Irene Sánchez González Universidad de Sevilla Hacia finales de junio de 1969 tuvo lugar en la Sala Capitular del Ayuntamiento de Sevilla la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad al Ateneo, mientras que el director de la cabalgata de Reyes Magos –José Jesús García Díaz– recibía la de Bronce. Joaquín Carlos López Lozano, como presidente de la entidad, fue el encargado de recibirla y pronunciar el protocolario discurso ante el alcalde Félix Moreno de la Cova. La Resumen: En este artículo se describe el perfil biográfico de Joaquín Carlos López Lozano, presidente de la Diputación de Sevilla entre 1959 y 1961. Particularmente, analizamos las tres principales facetas de su actividad pública: periodista, político y miembro destacado del Ateneo. En todas ellas se reveló como un reformista sintonizado con la idea de una evolución del régimen que desembocara en la restauración de la monarquía en la figura de don Juan. Aunque se sintió periodista durante toda su vida, se lanzó a la arena política de la mano del gobernador civil Hermenegildo Altozano Moraleda, un hombre de ideas monárquicas que desarrolló un mandato en Sevilla sensiblemente distinto al que era habitual entre los gobernadores nombrados desde Madrid. Después de su paso por la Diputación, presidió la Junta de Obras del Puerto y el Ateneo. Palabras clave: Franquismo, Sevilla, Diputación, Prensa, Ateneo. Abstract: The aim of this article is to describe the biographical profile of Joaquín Carlos López Lozano, president of the Diputación of Seville from 1959 to 1961. In particular, attention is paid to his three public roles: journalist, politician and prominent figure of the cultural entity known as Ateneo de Sevilla. In all three, he proved himself a sincere reformer and a convinced monarchist. His political ideal was the restoration of the monarchy in the person of don Juan, a goal that required a previous evolution of Franco’s regime through the implementation of reforms. Although he considered himself a journalist above all, he took on the presidency of the Diputación with the support of a peculiar governor posted to Seville in 1959: Hermenegildo Altozano Moraleda, a monarchist figure close to don Juan. In 1961, after having been president for almost two years, López Lozano prolonged his public activity as president of the Junta de Obras del Puerto (the board responsible for the Port of Seville) and, later on, of the Ateneo. Key words: Francoism, Seville, Diputación (Provincial Government), Press, Ateneo. 132 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Julio Ponce Alberca e Irene Sánchez González ocasión y el contexto eran propicios para que López Lozano deslizara velados contenidos ideológicos en su exposición. Y, desde luego, no defraudó aquella personalidad que años atrás, desde la presidencia de la Diputación Provincial de Sevilla (1959-1961), se había destacado como un hombre favorable a la introducción de reformas políticas y materiales. A lo largo de su discurso glosó una breve historia del Ateneo y de la propia ciudad, sin olvidarse de hacer referencia a figuras como Picasso, Unamuno, Balmes o Lord Acton (quien mencionase el carácter democrático de la antigua Hispania con sus concilios toledanos). Más elocuentemente aludió a la indolencia secular de una Sevilla que gustaba de contemplarse a sí misma, sin deseo ni necesidad de emular los logros de otros. Y subrayó cómo el Ateneo, en medio de aquella tradicional atmósfera narcisista, había tenido que sortear graves dificultades económicas mientras intentaba reavivar culturalmente a una ciudad que se antojaba dormida. Esta labor fue una de las tareas principales que llevó a cabo López Lozano en los años sesenta, después de dejar la presidencia de la Diputación: aquella medalla, de algún modo, era también un reconocimiento a su persona1. El presente artículo pretende profundizar en la biografía pública de López Lozano, destacando de la misma su perfil como político de espíritu reformista al frente de la Diputación. ¿Cómo fue posible su rápido ascenso político en medio de un régimen dictatorial? ¿A qué factores se debió su «caída»? ¿Qué directrices rigieron el desarrollo de sus actividades públicas posteriores? En el afán por responder a estas y otras cuestiones, analizaremos las tres principales facetas de aquella personalidad: su ejercicio profesional como periodista, su máximo perfil político como presidente de la Diputación y su proyección pública a la cabeza del Ateneo hispalense. El periodista Si algo caracterizó la vida de López Lozano fue su dedicación al periodismo. Aquel granadino nacido en 1913 llegó a Sevilla con sus padres en la década de los veinte y desde muy joven mostró su inclinación por el mundo de la prensa. Siendo representante comercial de una empresa azucarera, ideó para los trabajadores una revista de humor titulada El Difusor y la Remolacha. Tras aquella iniciación, prosiguió su carrera escribiendo en diversas revistas dedicadas a temas como los deportes o el cine. En 1931, consiguió entrar a trabajar en Radio Sevilla; allí permanecería hasta 1937, cuando pasó a El Correo de Andalucía. En este rotativo destacaría como analista de política internacional bajo el pseudónimo de «Roberto de Arenzaga», hasta despedirse en 1944 1. Discurso pronunciado por el Presidente Exmo. Sr. D. Joaquín Carlos López Lozano. Sesión Plenaria celebrada en el Salón de Actos del Ayuntamiento con motivo de la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad al Ateneo de Sevilla y la Medalla de Bronce al Director de la Cabalgata de Reyes Magos Ilmo Sr. José Jesús García Díaz, Sevilla 25 junio 1969, (folleto publicado en 1971 y reeditado en 2001). 133 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Joaquín Carlos López Lozano: periodista, político y ateneísta debido a sus desavenencias con la dirección. Aquella decisión lo vinculó para siempre al ABC de Sevilla: tras ingresar como redactor-jefe, llegaría a ser su director hasta 1976, fecha en la que se jubiló con 63 años. No obstante, como hombre de inquietudes e intensa actividad, continuaría vinculado al periódico en calidad de consejero-delegado, publicando en sus páginas diversos artículos2. Su trayectoria profesional, en consecuencia, estuvo marcada por el periodismo desde su juventud hasta el retiro. La prensa fue el horizonte que siempre lo acompañó: fue su auténtica vocación, por más que hubiera trabajado como representante comercial en su juventud o, andando los años, mostrase su entusiasmo por la cosa pública desde diversas plataformas de promoción, ya fuese la política vivida en primera línea o la presidencia del Ateneo. En 1944 –el año en el que se trasladó a ABC– aparecía como vicepresidente de la Asociación de la Prensa. Años más tarde, hacia finales de la década de los cincuenta, pasó a ocupar la presidencia de la misma Asociación, plataforma desde la que satisfacía a la perfección un doble objetivo: convertirse en uno de los referentes de la prensa sevillana y adquirir una proyección pública que se revelaría muy útil a partir de 1959, año en el que comenzó una breve pero intensa trayectoria política como presidente de la Diputación. El impacto cuantitativo del nombre de Joaquín Carlos López Lozano refleja bastante fielmente los ritmos e intensidad de su vida pública. Si consultamos el número de veces que apareció su firma en las páginas de ABC, podemos comprobar que sus apellidos comenzaron a dejarse notar en la década de los cincuenta de manera creciente para, ya en el decenio siguiente, alcanzar un máximo en el año 1968. Tras esa fecha, fueron reduciéndose las apariciones hasta su jubilación en 1976. Ya en la década de los ochenta y noventa, el nombre del antiguo director de ABC conservó una presencia discreta pero recurrente en las páginas de aquel diario. Resulta significativo verificar que el final de su período de mayor actividad política en primera línea (como presidente de la Diputación, 1959-1961) no puso fin a su proyección pública. Muy al contrario, sería como director de ABC –a partir de 1962– cuando gozase de un intenso protagonismo: bien como objeto de noticias, bien como articulista. Aquellos fueron años en los que simultaneó la dirección del periódico con la presidencia del Ateneo y la de la Junta de Obras del Puerto. Sin duda, la década de los sesenta fue la de mayor plenitud para López Lozano. Dirigía, por añadidura, un periódico que lideraba claramente el escenario de la prensa local por aquellos años. Sus principales competidores eran El Correo de Andalucía y el vespertino Sevilla –el primero católico y el segundo vinculado al Movimiento–, pero las diferencias entre las cifras de tirada eran de sobra elocuentes: ABC tenía más 2. Vid: CHECA GODOY, Antonio; ESPEJO CALA, Carmen y RUIZ ACOSTA, M.ª José (coordinadores): ABC de Sevilla, un diario y una ciudad. Análisis de un modelo de periodismo local. Sevilla: Universidad-ABC, 2007, pp. 273-274. 134 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Julio Ponce Alberca e Irene Sánchez González del doble de suscriptores (ventas espontáneas aparte) que El Correo o Sevilla. Según datos de 1964, el consumo anual de papel de ABC era de más de 2.700 toneladas, mientras que los otros no llegaban a alcanzar las 2003. Era, sin duda, el periódico preferido por la población, por motivos diversos entre los que se contaban su cómodo formato, su orientación moderada (dentro de la prensa de la época) y la debida mezcla de informaciones de variado rango sin olvidar el ámbito local. Habría que esperar a los últimos años sesenta y comienzos de los setenta para contemplar una competencia seria de El Correo frente a ABC, en virtud del cambio de orientación del periódico católico y de la coyuntura política y social del momento. Pese a todo, cuando López Lozano se jubiló, el diario monárquico seguía ocupando el primer puesto en las ventas locales. Resulta difícil deslindar las inquietudes del López Lozano periodista de las del López Lozano político u hombre público. Y el suyo no fue un caso común. De hecho, él fue una de las contadas excepciones locales de periodistas que compaginaron sus carreras con la política en la época de la dictadura franquista. Esa dualidad había sido relativamente corriente antes de la guerra civil, pero la propia estructura del régimen y la desaparición de las libertades dificultaron los casos de promoción política de hombres procedentes de la prensa. López Lozano consiguió ascender hasta la presidencia de la Diputación siendo presidente de la Asociación de la Prensa; curiosamente, el vicepresidente de la Asociación será Celestino Fernández Ortiz, abogado y periodista vinculado al diario Sevilla que llegó a ser concejal en los años cincuenta. Los dos periodistas-políticos y los dos, también, miembros de la primera junta directiva de la Asociación de la Prensa por elección y no por designación, como había sido habitual hasta entonces bajo la dictadura. Ambos encarnaron un nuevo aire –quizás tan sólo una tenue brisa– que traía aparejado un cierto nivel de modernización. Podría decirse que la eterna lucha de López Lozano por introducir novedades para la mejora de Sevilla se inició ya desde las páginas de la prensa escrita. Durante años dirigió la revista mensual Campo y en 1960 se empeñó en sacar adelante una revista de empresa de Cruzcampo4. Le preocupaban la modernización de la agricultura, el avance económico del país, la equiparación con los países más prósperos de la ansiada Europa y un horizonte político para el futuro basado en los ideales monárquicos. Una simple lectura de algunas de sus columnas en prensa nos ayuda a conocer mejor su perfil. Aunque periodista versado en varios terrenos (incluido el deportivo), López Lozano dedicó buena parte de sus desvelos a cuestiones agrarias. Y por su atinada pluma siempre fue reconocido, aunque no faltaron ocasiones en las que otras voces matizaron sus opiniones. En septiembre de 1952, por ejemplo, el ingeniero Manuel 3. Vid.: CHECA GODOY, Antonio: «Prensa y radio en la Sevilla del tardofranquismo (1951-1975)» en LANGA NUÑO, Concepción; ROMERO DOMÍNGUEZ, Lorena R. y RUIZ ACOSTA, María José (coords.): Un siglo de información en Sevilla, 1909-2009. Sevilla, Universidad-APS, 2009, p. 174. 4. Vid.: Ibídem, pp. 171-177. 135 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Joaquín Carlos López Lozano: periodista, político y ateneísta Sagrera puso los «puntos sobre las íes» para justificar la lentitud de la campaña de producción azucarera5. Más allá de sus preocupaciones por la cuestión agraria, López Lozano se mantuvo siempre atento a lo que ocurría fuera de nuestras fronteras (recordemos que ya en los cuarenta se dedicó a la información internacional en El Correo) y no desaprovechó ninguna ocasión de trasladarlo al público, ya fuera desde la prensa o en actos públicos. En abril de 1954, por ejemplo, pronunció en el Ateneo (entidad de la que sería presidente diez años más tarde) una conferencia titulada «La vida en los Estados Unidos», en la que describió las impresiones recibidas en un viaje que había realizado por aquel país. El momento era oportuno porque los Estados Unidos se habían convertido en un importante aliado de España con la firma de los acuerdos bilaterales de septiembre de 19536. Resulta difícil seleccionar el artículo más destacado de la prolongada vida periodística de López Lozano. Pero tal vez fuera el extenso análisis que publicó en abril de 1971 uno de los más relevantes, por cuanto en él desbrozó su diagnóstico de la Sevilla de comienzos de los setenta, consignando sus debilidades y carencias, poniendo el dedo en la llaga de algunos de los problemas más agudos y señalando el camino para proyectos que sólo verían la luz muchos años después. En esos párrafos se revela con nitidez el polimorfismo de López Lozano, como periodista y como hombre público, defensor de iniciativas que sólo podían impulsarse desde la esfera ejecutiva de la política. Hacía años que la había abandonado, pero ni olvidaba sus proyectos ni renunciaba a difundirlos. Probablemente porque, en el fondo, tampoco le resultaba del todo descartable un retorno a la política dadas las aguas revueltas de los últimos años de un régimen personal cuyo titular pronto desaparecería. El título del artículo era «Sevilla 1970. El libro negro de un mal año». En su opinión, pocas eran las cosas buenas que habían sucedido, salvo los esfuerzos en ciertas obras públicas y en el campo de las bellas artes. Sevilla carecía de viviendas suficientes, faltaba una verdadera editorial sevillana y un espíritu empresarial dinámico y, por todo ello, clamaba por una Facultad de Ciencias Económicas y soñaba con otra de Periodismo: ambas se levantarían años después. López Lozano defendía el Polo de Desarrollo (pese a su fracaso relativo), pero, sobre todo, era consciente de la necesidad de inversiones extranjeras que no encontraban el mejor caldo de cultivo en una ciudad con unas tensiones laborales crecientes (debidas a la actividad de Comisiones Obreras y, desde ese año, de una UGT aún clandestina). Mientras tanto, propugnaba la fusión de las cajas de ahorro sevillanas (San Fernando y El Monte), que aún se demoraría varios lustros, aunque él se escandalizara entonces de los diez años de negociación que se habían invertido hasta 1970. Al campo le faltaba, en su opinión, la misma mentalidad modernizadora: «¿La vega de Carmona? ¿Qué beneficios inmediatos para la 5. Vid.: ABC, 25 de septiembre de 1952, p. 11. 6. Vid.: ABC, 3 de abril de 1954, p. 16. 136 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Julio Ponce Alberca e Irene Sánchez González rentabilidad de las inversiones estatales podríamos ofrecer? ¿Para sembrar trigo en regadío?». En la ciudad adormecida, «al cabo de doce años, todavía no hemos sido capaces de poner en pie una verdadera feria de muestras ni trasladar la de abril». Hombre liberal, partidario de la modernización y enemigo tanto del inmovilismo como de las aventuras revolucionarias, entendía que las soluciones debían darse en el marco de una «democracia participativa», lejos y «al margen de abstractas igualdades»7. Aquel artículo estaba escrito seis años antes de su jubilación como director de ABC. Era ya un hombre maduro que seguía manteniendo sus ideas de futuro, aun siendo consciente de que su etapa política había quedado atrás diez años antes: cuando dejó de ser presidente de la Diputación de Sevilla. Desde allí, había intentado poner en marcha iniciativas que no llegó a concluir, pero que seguiría defendiendo a lo largo de toda su vida. En el caso de López Lozano, el periodista y el político se identificaban estrechamente. El político Los ideales que un individuo deja traslucir en sus diversas facetas pueden ser inmutables, pero no son idénticas las circunstancias que condicionan su actividad en cada una de las esferas públicas en las que se mueve a lo largo de su vida. En lo más profundo de López Lozano siempre latió el corazón de un periodista, pero nunca cerró las puertas a otras actividades públicas. Y la política sería una de ellas aun sin considerarse un político «profesional», es decir, un hombre fraguado en las lides ideológicas que escalase posiciones dentro de un cursus honorum. Lo que desconocía era que, si el ambiente del periodismo local podía encerrar sus sinsabores, el atractivo rompeolas de la actividad política ocultaba abismos. Hasta 1959 había sido redactor-jefe en ABC; a partir de esa fecha iniciaría una intensa experiencia política como presidente de la Diputación por deseo expreso de un singular gobernador civil que había llegado a Sevilla ese año: Hermenegildo Altozano Moraleda. Hombre de clara filiación monárquica y miembro del Consejo Privado de don Juan, Altozano remodeló los principales cargos políticos locales con el objetivo de contar con apoyos en la provincia bajo su mando. La estrategia tenía su lógica y, por añadidura, estaba amparada por un marco legal que otorgaba a los gobernadores una extraordinaria capacidad discrecional para el nombramiento de alcaldes o presidentes de Diputación, además de poder para influir en la configuración de las corporaciones locales. Para contar con hombres de confianza, cambió al alcalde de Sevilla (a favor de Mariano Pérez de Ayala) y al presidente de la Diputación. También se tejió una red de sustentos en la provincia: sólo entre diciembre de 1959 y abril de 1960 cambiaron de manos cerca de una cuarta parte de las alcaldías. Extendió las líneas de aliados políticos 7. Vid.: ABC, 2 de abril de 1971, pp. 3-13. 137 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Joaquín Carlos López Lozano: periodista, político y ateneísta hasta el Sindicato Español Universitario (SEU) al designar a Ramón Cercós Bolaños como jefe del distrito universitario y, como secretario del mismo, a Alejandro RojasMarcos. Precisamente, éste último asistió a la fundación del Círculo Cultural Jaime Balmes de Sevilla –el primero de España–, en un acto que se celebró el 25 de mayo de 1959 en Estoril. López Lozano tomó posesión a comienzos de mayo de 1959, tan sólo unos meses después de la llegada de Altozano como gobernador. La decisión no fue fácil, ya que significaba poner fin a la prolongada presidencia de Ramón de Carranza (1943-1959) al frente de la corporación provincial, pero con López Lozano el gobernador ganaba el apoyo de buena parte de la prensa local. Una figura ya sexagenaria como Carranza dejaba así paso a un periodista más joven, a quien el gobernador calificó como «hombre inteligente, dinámico y emprendedor». Y, para acallar posibles críticas, Altozano añadió: Que nadie sueñe en destrucción de tareas; que nadie piense en posibles obstrucciones a la que hoy se inicia. En la nueva España no caben personalismos. Es el mismo afán de servir; es el mismo idéntico deseo de ser útiles el que nos guía a todos. En coyuntura tal, los hombres cuentan poco. Es, como digo, el mismo afán y el mismo propósito. Hacer el relevo no es sino un sencillo acto más, que ofrendamos a los intereses de Sevilla y a los intereses de España8. Aquellas palabras reflejaban, por enésima vez, los criterios con los que pretendía gobernar Altozano: contener a la Falange y potenciar la causa de don Juan desde una interpretación amplia de lo que debía ser el Movimiento. El excepcional nombramiento de Altozano como gobernador se debió al relativo acercamiento de posiciones entre la Comisión Permanente del Consejo Privado de don Juan y dos directores generales del Ministerio de la Gobernación: el de Política Interior (Manuel Chacón Seco) y el de Administración Local (José Luis Moris Marrodán). Por esas fechas, El Pardo y Estoril andaban en cierta sintonía y el ministro de la Gobernación –el general Camilo Alonso Vega– accedió a dejar dos gobiernos civiles en manos de «juanistas» (Altozano en Sevilla y Santiago Galindo Herrero como gobernador en Tenerife)9. La apuesta era, no obstante, arriesgada: tanto, que ninguno de aquellos dos gobernadores tendría un mandato demasiado largo. Galindo fue cesado en 1960 y Altozano abandonó en 1962 tras un profundo desgaste sufrido el año anterior. Evidentemente, la mayor parte de los cargos designados por Altozano se verían abocados a la misma suerte y López Lozano tuvo los reflejos suficientes para adelantarse a los acontecimientos y dejar la pre8. Cfr.: ABC, 6 de mayo de 1959, p. 25. 9. Vid.: ACEDO CASTILLA, José F. «En memoria de don Joaquín Carlos López Lozano (1913-1998)» en Boletín de la real Academia Sevillana de Buenas Letras, 1999, n.º 27, p. 62. 138 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Julio Ponce Alberca e Irene Sánchez González sidencia de la Diputación en 1961, pasando a situarse a la cabeza de la Junta de Obras del Puerto. Ser nombrado presidente de la Diputación por un gobernador tan polémico tenía el precio encajar un buen número de rumores y críticas. Desde muy pronto, López Lozano recibió descalificaciones procedentes de los más variados ángulos ideológicos. Naturalmente, tenía el apoyo de las capas liberales y monárquicas identificadas en buena medida con el periódico en el que había prestado sus servicios, pero la oposición clandestina lo veía como un elemento más del franquismo, mientras los falangistas recelaban de unos «juanistas» que pretendían desvirtuar el Movimiento. Uno de los informadores de Radio España Independiente decía de él lo siguiente en torno al año 1962, cuando ya había dejado de ser presidente de la Diputación: Don Joaquín Carlos López Lozano, que se titula abogado aunque en realidad no posee ni el título de bachiller, se inició en el franquismo como oportunista cronista de guerra desde la retaguardia, naturalmente, en artículos que firmaba con el seudónimo de Roberto de Arenzaga, bien pagado, por cierto, por el Ministerio de Cultura nazi10. El fragmento es de lo más benigno que puede leerse en la página de aquel inmisericorde informador denominado «R-1». Las claves eran obligadas para aquellos simpatizantes comunistas que, desde la más hermética clandestinidad, suministraban informaciones a Radio España Independiente para su divulgación por las ondas desde Bucarest hacia toda España. El secreto del informador y el sesgo ideológico antifranquista alimentaron muchas veces exageradas calumnias sin límite y el escrito de «R-1» sobre López Lozano cuadra en esta categoría. Se le acusaba de cobrar de los clubes de fútbol locales como periodista deportivo para dulcificar su pluma; se decía de él que era un jugador que arriesgaba el dinero de la Asociación de la Prensa; y lo mismo tenía «una querida» en el barrio de Nervión que se dejaba entrever una supuesta relación homosexual con el gobernador Hermenegildo Altozano. Las razones de su paso y posterior abandono de la Diputación eran meridianamente claras para aquel informador comunista: Ya en la Diputación, Joaquín Carlos López Lozano comprueba que no puede llevarse demasiado, porque las arcas están exhaustas gracias a la gestión que a favor de su propia cartera había hecho el anterior presidente, señor marqués de Soto Hermoso, y entonces solicita y obtiene ser nombrado director de las obras del puerto y, de manera especial, lo que más le interesaba: dueño y señor de los cientos de millones que costará el canal SevillaBonanza…11. 10. Vid.: Archivo Histórico del Partido Comunista de España (AHPCE). Correo de la Pirenaica, leg. 175, carpeta 9. 11. Vid.: Ibídem 139 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Joaquín Carlos López Lozano: periodista, político y ateneísta Aunque carentes de tales exabruptos, hubo otros informes también desfavorables sobre el personaje. En este caso, estuvieron confeccionados por agentes del régimen que elevaron sus notas hasta el mismísimo Palacio de El Pardo. En el archivo de Francisco Franco hay varios documentos muy expresivos de los recelos que suscitaba el nuevo presidente de la Diputación. Dos de esas notas informativas eran anónimas y ofrecían una imagen negativa del personaje, calificado de «arribista de gran osadía» que, al parecer, tuvo connivencias con el cónsul inglés en Sevilla durante la guerra mundial. Más aún: había pertenecido al Casino Radical y militó en el partido de Unión Republicana antes de 1936. Se desprendía de aquellos párrafos que López Lozano no tenía categoría para ocupar el cargo «…por la conceptuación moral, realmente ligera, que se le otorga». Su nombramiento como presidente de la Diputación provocó un revuelo en la ciudad y algunos llegaron a presentar su protesta al gobernador Altozano, quien, sin embargo, alegó diplomáticamente «que la designación había sido impuesta desde Madrid». En realidad, el gobierno sabía perfectamente que no había intervenido en los nombramientos realizados o propuestos por el gobernador quien, según estos informes, «…se mueve exclusivamente al dictado del Opus Dei y de un grupo de monárquicos juanistas, con los que se reúne habitualmente y de los que recibe orientación y consejo»12. También Sancho Dávila, en julio de 1959, le hizo llegar un informe confidencial a Franco en el que se quejaba de la situación de Sevilla, «donde el Jefe Provincial [el gobernador] hace menoscabo de las directrices del Régimen, vanagloriándose de no vestir el hábito falangista, incluso en la visita del Ministro Secretario [por entonces José Solís] o al presidir el Consejo Provincial». Y subrayaba la sorprendente determinación del gobernador a la hora de nombrar al alcalde («el más ineficaz de los hombres que han pasado por aquel desgraciado Ayuntamiento») o al presidente de la Diputación («un periodista deportivo, agrícola, sablista en ambos sitios, estafador con sumarios en los Juzgados sevillanos y de mala conducta pública»)13. Podríamos citar hasta la saciedad otros informes que reiteraban las mismas críticas al gobernador Altozano y a las personas a las que había confiado cargos relevantes en la ciudad14. Pero, por lo que a nuestro tema se refiere, cabe plantearse si todos los sectores de la ciudad sostenían esos puntos de vista extremos y si la gestión de López Lozano al frente de la Diputación arrojó un balance tan deplorable como parecía esperar de lo que pensaban falangistas o comunistas. Para intentar situar las cosas en términos más justos resulta preciso examinar con cierto detenimiento su presidencia y los detalles del contexto en que se produjo. 12. Cfr.: Archivo Fundación Nacional Francisco Franco (AFNFF), docs. 21893 y 21894. 13. Cfr.: AFNFF, doc. 10129. 14. Vid.: AFNFF, doc. 1050. Boletín de Información de FET, 13 de enero de 1960. 146 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Julio Ponce Alberca e Irene Sánchez González to del Ateneo26. Aunque las dificultades económicas puntuales no desaparecerían para siempre, en términos generales la gestión de López Lozano y de su directiva permitió una tranquilidad insospechada. El saneamiento de los medios permitió centrarse en los fines, y la actividad desplegada por el Ateneo en esta etapa reflejaría de manera clara un nuevo impulso facilitado por las mejoras económicas y por la vocación modernizadora que compartían con el nuevo presidente miembros destacados de la directiva. Las conferencias se retomarían de forma enérgica, introduciendo temas que superaban el enfoque localista que había imperado en el Ateneo en años recientes. Particularmente reveladores de la naturaleza de los nuevos tiempos y del talante de la directiva serían el ciclo relativo a la renovación de la Iglesia que impulsaba el Concilio Vaticano II –lo que incluyó la visita del Cardenal Bueno Monreal, junto con otros destacados conciliaristas– o las conferencias dedicadas a analizar cuestiones económicas en el contexto del desarrollismo de los años sesenta27. Quedaba clara la sinergia entre las aspiraciones de modernización de López Lozano y el carácter que dio al Ateneo, desde el cual impulsaría en 1967 una serie de peticiones al gobierno, encaminadas a propiciar el desarrollo agrícola regional, que contaron con la adhesión de la práctica totalidad de las «fuerzas vivas» hispalenses28. Poco después, la Diputación que había presidido años atrás apoyaba un ciclo para difundir los resultados de un ambicioso estudio sobre la economía de la provincia realizado con financiación de la Caja San Fernando, claro reflejo de las nuevas prioridades de unos organismos provinciales cuyo principal cometido era ya el desarrollo material de la región29. En estas conferencias, se abordarían diversos temas expresándose opiniones tan críticas como las de un Santos Juliá –entonces director de instituto–, quien analizó la situación de la enseñanza y puso de relieve la «preferente atención a la clase social media y alta, con evidente descuido de la enseñanza general básica y de las clases modestas»30. Cambiaba España, cambiaba Sevilla y, con el decidido impulso de López Lozano, cambiaba también el Ateneo. La energía mostrada en la organización de ciclos de conferencias sobre temas de actualidad no quedaría circunscrita al ámbito puramente político, en el que el presidente tenía una destacada trayectoria personal. Antes al contrario, la era de López Lozano a la cabeza de la entidad sería también la de la resurrección de la actividad literaria del centro. En los años sesenta, y al calor de la relajación 26. Vid., por ejemplo, LAJDAS, n.º 7, Juntas Directivas Ordinarias de 5 de noviembre de 1964, 5 de diciembre de 1964, 5 de octubre de 1971, 15 de octubre de 1972, 18 de diciembre de 1973, 5 de marzo de 1974. 27. Cfr., por ejemplo, sobre el Concilio Vaticano II: El Correo, 13 de mayo de 1965, 30 de diciembre de 1966; ABC, 22 de febrero de 1966. Sobre cuestiones económicas: ABC, 21 de enero de 1966, 10 de mayo de 1967. 28. LAJDAS, n.º 7, Junta Directiva Ordinaria de 26 de mayo de 1967. Algunos ejemplos de las adhesiones recabadas pueden encontrarse en ABC, 28 de mayo de 1967, 30-31 de mayo de 1967, 7-10 de junio de 1967. 29. Se trataba de dar a conocer el Estudio general sobre la economía de la provincia de Sevilla (Sevilla: Iniciativas Sevillanas, Banco Urquijo, Caja de Ahorros San Fernando, 1973). 30. ABC, 1 de febrero de 1974. 147 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Joaquín Carlos López Lozano: periodista, político y ateneísta de la censura y de los contactos crecientes con el mundo exterior, el mercado literario español estaba experimentando un momento de auge que contrastaba vivamente con la atonía cultural de la década precedente. En este marco hay que inscribir las nuevas iniciativas ateneístas, entre las que habría que contar la creación de varios premios y actos vinculados a la Feria del Libro que comenzó a celebrarse en la ciudad en 1967. No obstante, el logro más significativo en el haber de López Lozano en el campo literario se cifraría en la creación del Premio Ateneo de Sevilla de Novela, con la colaboración del editor José Manuel Lara (presidente y fundador de Planeta), cuya primera edición se falló en 1969. El apoyo de Lara –con el que, no obstante, no faltaron las desavenencias– sería un factor fundamental para que el galardón muy pronto superase las fronteras locales y regionales, convirtiéndose en un premio de referencia a nivel nacional. El certamen fue la mayor innovación cultural introducida por López Lozano en el Ateneo, que recuperaba así parte del brillo que en otros tiempos había tenido en el ámbito literario, mientras que otros campos de actividad artística recibirían menor atención. Y si con el impulso literario la entidad consiguió mejorar su proyección nacional en ámbitos intelectuales, a nivel popular la vida local seguía viendo como mayor aportación de la institución la organización anual de la Cabalgata de Reyes Magos. En este campo, la impronta de López Lozano vendría a redundar en los cambios que desde la década anterior se habían introducido en el cabalgata bajo la dirección de García Díaz: así, los años sesenta vieron la introducción de nuevas vías de financiación, la diversificación de los medios de obtención de recursos y la aparición por primera vez de carrozas financiadas por empresas privadas. Al mismo tiempo, se reforzaba el carácter de espectáculo mientras que el desarrollo económico del país y de la ciudad relegaba a un segundo plano la vertiente benéfica y solidaria de la cabalgata, que no obstante no caería del todo en el olvido. Tras sucesivas e incontestadas reelecciones, López Lozano dimitiría en 1976 de la presidencia del Ateneo después de doce años al frente de la institución. Atrás dejaba una entidad a la que había logrado no sólo reflotar en un momento de aguda crisis, sino imprimir un nuevo dinamismo en el contexto de la vida cultural y social de Sevilla. No es necesario llamarse a engaño: sin lugar a dudas, para cuando llegó la transición a la democracia, el auge de este tipo de círculos hacía muchas décadas que había pasado a mejor vida, y la instauración del nuevo régimen no haría sino acentuar las dificultades. En el futuro, el Ateneo tendría que hacer frente al reto que suponía una sociedad abierta y plural, en la que las críticas acendradas no faltarían y el desconcierto de la institución ante los rápidos cambios se haría patente. Sin embargo, López Lozano se despedía de la institución en los albores de la transición habiéndole procurado una estabilidad financiera que le había sido esquiva durante décadas; unos ritmos de actividad verdaderamente sorprendentes dada la situación de postración anterior a su llegada; y la organización de un galardón literario que a día de hoy sigue siendo uno de los más relevantes del panorama nacional. La entidad que en 1964 había estado a 148 arch. hisp. · 2012 · n.º 288-290 · pp. 131-148 · issn 0210-4067 Julio Ponce Alberca e Irene Sánchez González punto de cerrar sus puertas era la misma que cinco años más tarde recibía la Medalla de Oro de la ciudad con la que abríamos estas páginas. En el Ateneo, como en otras empresas, la vocación modernizadora del presidente se había plasmado de manera elocuente, traduciéndose en una gestión fiel al aggiornamento anunciado en su toma de posesión. * * * * * Esta es la semblanza, trazada sintéticamente, de un hombre polifacético que fue, sobre todo, periodista. Un profesional de la información que tuvo inquietudes y aspiraciones de poner en marcha algunas de sus ideas orientadas a sacar a Sevilla de su subdesarrollo. En la coyuntura de los últimos meses del franquismo, con todo tipo de expectativas en el aire, López Lozano desarrolló una intensa actividad en la vida pública local desde la dirección de ABC, siendo también presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. No fue ajeno a los aires de cambio que se avecinaban y, a esas alturas, era reconocido como un hombre liberal moderado, muy lejos de la ortodoxia del viejo Movimiento Nacional. Su red de relaciones decía mucho de sus ideas. Con motivo de las elecciones sindicales de 1975, un informe de la Jefatura Provincial del Movimiento de Sevilla analizó la situación de algunos de los cargos de la Organización Sindical. Allí aparecía López Lozano, descrito en términos críticos como la «madre» de todo un grupo de figuras locales de claras ideas renovadoras: Antonio María Fernández Palacios (director de la Escuela Sindical), Cayetano Domínguez Delgado (concejal en el Ayuntamiento de Sevilla con contactos con la oposición), Manuel Otero Luna (presidente del Consejo de Empresarios), Antonio Navalón (director del Servicio de Información Sindical), Nicolás Salas (estrecho colaborador de López Lozano) o Juan Salas (hombre de confianza del delegado provincial Luis Fabián Márquez)31. Su tiempo político ya había pasado cuando dio comienzo la transición democrática y no desempeñaría un papel activo en la primera línea de la competencia partidista. En realidad, Joaquín Carlos López Lozano había ya prestado su contribución en Sevilla tres lustros atrás, cuando desempeñó el cargo de presidente de la Diputación abriendo paso a unas nuevas ideas que enlazaron la idea monárquica, la modernización y el desarrollo dentro de un esquema de apertura progresiva de las libertades. 31. Vid.: AZANCOT FUENTES, F.: Memorias de un segundón. Una aproximación al papel del Movimiento Nacional en la transición política. Comentarios al libro de Manuel Ortiz «Adolfo Suárez y el bienio prodigioso». Manuscrito inédito, pp. 157 y 158. Copia en poder de los autores del presente artículo.