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Historia de la hermosa de los cabellos de oro

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Historia de la hermosa de los cabellos de oro

Author: D. F. B.
Publisher: Madrid : Imp. [Marés y] Compañía, 1868
Year: 1868
Source: https://idus.us.es/bitstreams/b3bf36b2-d808-4e9f-a6cd-a522b29020c4/download
KISIOFiUi DE UHE?;l(ÓSA
í ! LOS
HISTORIA DE LA HERMOSA .
D£ LOS a.í
CABELLOS DE ORO
LA LUZ DEL CASTILLO.
OMO ádos leguas de uno de los p ime os pue os
quese encuen an en la cos a de Canláb ia, le an-
aba muy majes uosamen e sus ele ados o eones
un sobe bio cas illo. Es ese hallaba de endidodel
ma po unas eno mes ocas, que imposibili aba
del odo el a ibo de ningún buque, ymasde una
amilia u o qué llo a la pé dida de pad e 6es-
poso, he mano óhijo, cuyo ba co ué áes ella se
con a aquellas esca padas masas.
Po la pa e de ie a se di igia al mismo po
un camino como de es a as de ancho. Eno mes
peñascos le de endían áde echa éizquie da, po lo que mas pa ecía un
conduc o que o a cosa. Al in de es e, que end ía de la go como de un
cua o de legua, se eia una pue a de hie o de una hechu a pa icula .
E a imposible ace ca se al cas illo po ningún o o si io qua po el de-
signado, ácausa de los mil p ecipicios de que es aba odeado.
En la época en que ocu ie on los acon ecimien os que amos ána a ,
que e a po el año 150 co ian po aquellos al ededo es no icias an
a as ace ca de eso cas illo, que cualquie a di ía que e an ex ao dina ia-
men e exaje adas. Empe o an as y an di e en es e siones se hacían,
ue e a un labe in o, del cual muy di ícil pa ece que ningún mo al pu-
ie a sali .
E a una a de dol mes de mayo, cuando el sol empezaba ádeclina .
Veíase á ein e pasos del camino que e minaba al e e ido cas illo, á es
pe sonas. Dos de ellas, ecinos del pueblo inmedia o, se hallaban escu-
chando, al pa ece , lo que les p egun aba o a e ce a, que mon aba un
lujoso ysobe bio alazan.—Me di án us edes en qué si io me encuen o?
—En el é mino de los an asmas, con es ó uno de los dos aldeanos.
—
¿De los an asmas? epuso el caballe o.—De los an asmas, sí, seño , e-
pi ie on uno después del o o los dos campesinos. El caballe o, después
de mi a los a en amen e, dijo;— ¿Podéis deci me cómo se llama el pueblo
inmedia o?—Se llama el pueblo de....—¿Cuán o dis a de es e pun o?—
la ga.—¿Hab a casa donde pode aloja me, pagando lo que
a
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sea?—Di icilmen/e ,seño ; pe o no eneis que pasa cuidado, pues en
cualquie a de las nues as se eis bien admi ido.—Con o me; ydi igién-
dose al que hablaba, le p egun ó el caballe o:—¿Me di éis cómo os lla-
máis?—Ami, escla aóel in e pelado, ae llaman el Valien e; pe o mi nom-
b e e dade o es Rod igo: es e, que es p imo mió, se llama F ancisco.-—
Ybien, Rod igo, una ez que oda ía nos queda a de, ¿me concede ás
la g acia que e oy ápedi ?—Con mucho gus o. —Co ien e; yel caba-
lle o se apeó de su cabalgadu a, ysen ándose sob e la ye ba, que e a
esca yespesa po halla se ce ca de aquel pun o un a oyo, omó asien o,
eniendo las b idas de su caballo. También sé sen a on los dos lab iegos, y
espe ando con mucha cu iosidad lo que les iba áp egun a aquel caballe-
o. Es e, después de un momen o de silencio, le in e umpió diciendo;
—Yo soy na u al, según pa ece, de Cas illa. No engo ni pad es ni
pa ien es conocidos, yaunque nada me ha al ado pa a a ende ámi sub-
sis encia con oda coiñodidad, sin emba go, es o de no pode indaga quié-
nes e an los que ae a o ecian, me ponia de un humo desespe ado.
C eci, yconmigo los deseos de sabe mi nomb e mi apellido. Cuen o
ein icua o años de edad; cua o hace que no hago o a cosa que iaja .
Dejo al acaso la di ección del camino que he de lle a ; si en mi ma cha
opiezo con dos ómas e edas óa ajos, mi caballo oma el que mejo
le pa ece, yme dejo conduci . Como jó en a en u e o, no anhelo oi á
cosa mas que oi his o ias, cuen os, lances ydesa íos, ye.s a es la causa
de que, al escucha el nomb e de es e si io, exci ase en ajuña cu iosidad
sin limi es, yos pidiese el a o que aho a mismo os oy'á explica . Me
habéis dicho que es e e eno se llama el de los an asmas, ¿no es asi,
Rod igo?—Cie o, caballe o. —Decidme: ypa a bau iza le con ese nom-
b e, ¿no ha habido alguna a en u a que liaya sido la causa de ello?—Si,
seño ; ypa o osos se mi a on los aldeanos. —¿Os in undo miedo? ¿Descon-
iáis de mi?—Nunca. Al no a en noso os es e es ado de emo , de sob e-
sal o, no c eáis que nos los in unde ues a noble yag aciada p esencia;
no, .«eño : és que pasan' po es os al ededo es lances ya en u as an
sob ena u ales, que emblamos al eco da las. —Mucho me in e esa cuan o
me habéis dicho; es e es el país, segan pa ece, des inado po la P o idencia
pa a se ea o, según con ais, de escenas, ála e dad, so p enden es.
Con que, si no lo lle áis ámal, empezad la elación de lo que os he pedido.
—Así lo ha é, dijo Rod igo; yse exp esó de es a mane a;
—Muchos años hace que en el cen oide aquellos á boles, inmedia os
al pueblo, exis ia ana modes a casi a. La habi aba un anciano yuna hija,
que e a enida po la mejo ymas luida de la coma ca. Es a e a obsequiada
po un caballe o que hacia poco iempo se había es ablecido en el pueblo.
Lo cie o es, que pasados algunos meses, el caballe o, que se llamaba Gus-
a o. se iba desmejo ando e iblemen e. En el pueblo ya se decía si ha-
bían islo óno an asmas odea la casi a de) anciano, cuando una noche
sen imos un uido igual al p oducido po el choque de un núme o c ecido
de espadas. Es e du ó como una ho a escasa, en cuyo iempo ninguno
epueblo se a e ió, no solo ásali de su casa, sino ni aun áasoma s^c
dla en ana. Luego cesó, yápesa de odo nadie du mió.
—s—
mendó cada cual al san ó que mas de oción enia. Amaneció, ycon asom-
b o imos áEs éban, el mejo ymas alien e de los mozos, que yacía en-
dido en medio de la plaza ysin espe anzas de ida.
Di úlgase la no icia en e los ecinos, y odos acuden en unión con el
alcalde. Su es ado nos conmo ió; de ez en cuando se le oía deci en e
dien es: ¡ an asmasl.... almas del o o mundo, ¡no me pe sigaisl ....¡¡ e do-
uadme!.... ¡no me ma éis!.... ¡que engo he manas ymad e, y an áque-
da desampa adas!.... ¡no hay quien me soco a!.... Luego g i aba; ¡ahi
es án!.... ¡mi adlas!.... ¡mi aíllas!.... ¡que me cla an un puñal!.... ¡yo
mue o mise ico dia Se...ño !
En an las imoso es ado siguió po algunas ho as: al é mino de ellas,
^en un a aque, que ué mayo que los demás, padeciendo ho iblemen e,
espi ó en e los llan os ysuspi os de cuan os p esenciamos an las imosa
escena.
Aqui hizo al o Rod igo, ypasó un pañuelo po el os o pa a limpia el
sudo ylág imas que po él co ián.
—P osigue, le dijo el caballe o.
—Po mandado del seño alcalde se a ma on algunos de espadas yga -
o es, y, odos embla'ndo, po supues o, emp endimos la ma cha hácia la
casi a de campo. P óximos al si io, en aquella 'esplanacla que se di isa en-
e el pueblo yla quin a, no.s encon amos al caballe o Gus a o mue o.
Tenia sie e he idas, mu ilados los miemb os ydes igu ado el os o. Con-
inuamos yllegamos ála casa; llamamos, dimos oces; nadie nos espon-
dió. En onces e alcalde in imó la ó deu de echa la pue a abaj# yeu a ;
pe o nadie le obedeció; cuando de p on o oimos el uido so do p oducido
po un núme o excesi o de cadenas. Solo una oz se escuchó; «.¡Dios nos
ampa e!» Ycmp eniii aos áco e en di ección del pueblo. Es a es la houa
que nadie ha sabido quién dió aquella oz.
Espa cióse po las amilias cuan o habia pasado, y odos se in imida-
on. Llegó la noche, yal da el eloj las doce nos despe ó un uido an
g ande y ue e que no iene compa ación con el p oducido po un ueno.
Como la explosión aia la misma di ección que el choque de a mas de la
noche an e io , odos nos sob ecogimos, ydes elados es u imos espe ando
el dia. Llegó, ynadie se a e ía ásali do su casa éi áa e igua el
hecho de la e dad: en onces yo me decidí yma ché pa a el e e ido
pun o. El caballe o Gus a o habia desapa ecido, como igualmen e la quin-
a, pues el si io que habia ocupado es aba llano como la palma de la
mano. Vuel o al pueblo, e e í cuan o habia pasado, yde esa época dimana
el que se ae dé el sob enomb e de Valien e.
—Ylo ac edi ás eis, ¡ i e Dios! dijo el caballe o son iéndose.
En es e iempo habia anochecido. F ancisco no hablaba, no hacia mas
que obse a con la boca abie a cuan o ela aba su p imo.
—Po cie o que me ha gus ado u na ación, yes posi i o que hubie a
dado mi caballo po habe me hallado en u luga . Algo mas hab éis des-
cubie o.—Sin emba go, eplicó Rod igo, ocasión end éis si pe manecéis
algún iempo en o noso os, de a e igua cosas que pasan, quizá un poco
mayo es que las que acabo de e e i .

6
•—¿Cómo es eso, Rod igo?--S¡lencio, esclamó F ancisco poniéndose en
pié. Sál ese el que pueda, yescapó co iendo en di ección del pueblo; in-
media amen e le siguió Valien e, el que, en la p esen e ocasión, desmin ió
el nomb e que en o a alcanza a.
El. caballe o g i ó:, jRod igo, ¿qué has is o?
Es e con es ó sin deja de co e : La luz del cas illo.
Mon ó ácaballo el jó en, obse ó po odas di ecciones ynada ió.
Ansioso po que le con asen la causa de aquel asomb o, picó espuela pa a
alcanza álos ugi i os.
II
LOS FANTASMAS.
Ljó en caballe o, que es aba en lo mejo de su edad, yque
con aba, como él dijo, ein icua o años, e a de una es a-
^ u a al a, ca nes egula es, p opo cionadas ásu alla, mo e-
® _Ano, ojos neg os yg andes, en e espaciosa, pelo neg o, el que le
cub ía o mando bucles sob e sus homb os; po úl imo, al e a el
conjun o de acciones ygalas con que la na u aleza le había a o e-
cido, que pasaba po un he moso yapues o caballe o. Manejaba con
des eza oda clase de a mas, y enia un co azón an a onil, que
nunca llegó áin imida le ni el nomb e do un alien e, ni los aza e^, y
mucho menos los pelig os ni los apa ecidas, que en la Spoca áque nos
e e imos e an el bú de nues os sencillos an epasados.
Llamábase Fe nando, ypo sob enomb e el Desconocido, í ulo que
le daban po que no se conocía su amilia.
Llega on los es ála casa de Rod igo, después de habe se sen ado,
el jó e.n, impacien e, se di igió áél yle dijo:
T anquilos yalgún an o epues os del cansancio, debido á ues a
p ecipi ada uga, espe o me saca eis del es ado de ince idumb e en que
me encuen o. ^
Caballe o, como ex año en es e pueblo, no conocéis sus ce canías ni-
es áis en los po meno es, bas an e sé ios po desg acia. La luz del cas illo
que hace poco oís eis p onuncia , e ela an g andes a en u as hp hnc
udiiduau, euceuuie un una nogue a en el cen o de
di uia siguien e se en-
o. Gua ecidos como se
su cue a ydispusie on
7—
su cena. Ya habían concluido, ydisponíanse á ecos a se en el suelo, cuan-
do ápocos momen os sin ie on un g an núme o de pe sonas que se ace -
caban. Asomóse uno de ellos, y, pásmese us ed, caballe o, se encon ó con
una in inidad de luces que las lle aban un sin núme o de homb es, dije
mal, de an asmas ácaballo. En ónces llamó al o o, y, ap e ando sus ma-
nos, sin espi a pa a no se sen idos, es u ie on obse ando cuan o pa-
saba. Los o as e os siguie on po el camino yen a on, según dije on,
po el espacio que mediaba en e dos g andes pied as. Pe o lo pasmoso
no es eso, sino que en el cen o iba una muje jó en, y an he mosa, que
si no hubie a sido po los an asmas, di íase que e a una di inidad; y
cuen an que los an asmas la enían al espe o, que no hacían o a cosa
sino mi a la po sí algo les mandaba.
—¿Y se la ha is o alguna o a ez? p egun ó in e umpiéndole el Desco-
nocido.—Si, seño , a ias eces. Noso os la llamamos La He mosa de los
Cabellos de O o, po lo do ada yp eciosa de su cabelle a. ¡Qué lás ima,
cal alle o, que una jó en con an as g acias sea la eina de los an asmas, y
que les dé ó denes an e ibles como las que ellos ejecu an!
—¿Y no habéis no ado alguna o a cosa?—¡Ah, sí, seño ! Como hay pe -
sonas an singula es, pasmaos, no ha al ado quien se ha enamo ado de ella,
yno uno, sino muchos.—¿Y cómo sabéis eso?—¿Cómo? Bien ánues o
pesa . Ra o es el mes que po sus al ededo es no se encuen e el cadá e
de alguno de esos mal aconsejados aman es. En el pueblo odo ci cula: lo
que uno no é, lo obse a o o, yen la eunión de la noche se cuen a
odo.-^Decid ae: odos cuan os han mue o, ¿ha sido en desa ío?—Unos
sí, po que los han is o; de o os no podemos deci lo mismo.—¿Se ha e-
cogido en el pueblo áalguno de ellos?—Su en ie o co e po cuen a de los
apa ecidos.—¿Habéis p esenciado alguno de esos desa íos.^—Cie amen e,
—¿Á caballo óápié?—Acaballo.—¿Ninguna no icia más se ha adqui ido
sob e el cas illo ysus habi an es?—Ninguna.—Pues con ues o pe miso
me oy ádescansa .
Acompañóle Rod igo al aposen o que le des ina on, yse e i ó.
Luego (¡ue se queda on solos los dos p imos, omó la palab a Rod igo.
Dime, Fiancisco, ¿qué e pa ece nues o huésped?—Me pa ece un jó en
muy b a o, muy apues o, capaz de hace cuan o pueda en obsequio de sus
semejan es.—¿Nada mas?—Sí; p e eo que se á algün an o eme a io.—No
^galla do.—Sob e odo, ¡qué bien mon a á
V? es.—¡Qué lás ima, Rod igo, que lle e una ida an e an e!
—Ve dad es.—Bien me ecía o a sue e.—Sí, buena se la has p epa ado
u, aunque sin que e . —¿Cómo?—^Ya hab ás ad e ido que ú solo has
sos enido la con e sación ó elación con él. Pues en el Ín e in he inspec-
cionado sus modos ymane as, su os o, sus ojos, y eo que es os son el
espejo de su alma, lé aquí, p imo mío, el po qué he sen ido que hayas
complacido su cu iosidad^ Donde le és, an jó en y an he moso, an
osado se a pa a odas las emp esas que acome a. Ymucho me engaño si
manana no empieza ápone en juego su alen o po descub i lo que pasa
en el c.is illo.—¿Qué hablas, F ancisco?—Lo augu o; y ú se ás esponsa-
“ue ede ese jó en; po que, no hay la meno duda, si se empe-
—8—..
ia pn llp a adelan e su loco in en o, su pe dición es’posi i a.-“¿Y qué he-
cS S«o!-No lo . Manan» T
W
hemos de emplea pa a ayuda le, caso que no le podamos disuadi . Con-
en VOZ baja áF ancisco;-¿Te has decidido a
de —No lo nomb es, po Dios.'—«S que lo nomb a a.»Con es o una
oz ue e ysono a que pa ecía descende del des an.
III.
T.A GITANA.
I
LDesconocido despe ó ápoco de haceilo los de-
más de la amilia. Saludó, como e a M u al, y
ué con es ado con oda u banidad. No bien hubo
omado asien o, cuando oye on una campanilla.
—¿Qué indica ese lúgub e sonido? p egun o el
Desconocido.—'Es una in eliz gi ana que de ese
modo implo a la ca idad publica; pe o... ¿Que.
^—Pe o las desg acias de la pob e encnen an poco
eco en los ánimos de es os habi an es.—|¿l cual
es la causa?—Po que dicen si es b uja, si iene o
no pac o con el diablo.
El eco p oducido po la campanilla se iba ap oximando, cuando el
Desconocido escla aó;—Llamadla; decidla que pase; quie o habla la.
Al pun o ué obedecido, yla gi ana ué in oducida ala p esencia del
caballe o. Tímida, ha aposa, deschlza de pié ypie na, ysin nada que cu-
b iese su canosa cabeza, se p esen ó una anciana, con su os o os ado y
desca nado, igualmen e que sus b azos. En ella es aba e a ado el cuad o
de las p i aciones, de la mise ia ydel hamb e.
—¿Cuán o iempo hace que no os habéis alimen ado? la pi egunlo el ca-
balle o.—Algunas ho as.—¥al sali pidiendo, ¿ ecogéis algunas limosnas.
—Son an pocas, que di ícilmen e bas an pa a a ende ámi man enimien-
o,—¿Cuál es la causa de que usen pa a con os de an poca candad?
—Según he oido áalgunas pe sonas, el se gi ana; o as, el se b uja, y
o as, la espía de los an asmas del cas illo. —Al denos a os con es e ul imo
apodo, sus azones end án. -No exis e o a mas que, no sacando las su i-
cien es limosnas en el pueblo, eco a ádu as penas sus al ededo es y,
cOmo es consiguien e, el cas illo, donde dicen que exis en an asmas.
Al oi el Desconocido las úl imas palab as de la gi ana, suplicó que se
e i asen odos cuan os se hallaban p esen es. Asi lo hicie on; ycon enci-
dos de que nadie los escuchaba, echó mano áuna bolsn, ysacando de ella
unas monedas de pla a, se las en egó, diciéndola:—Es a ecompensa en
nada ale álo que yo os da é si, como c eo, me ayudáis en lo que os nece-
si o;—Caballe o, con es ó la gi ana, ap e ando con ^swM^| liAnÉe« iisíi
—9—
ídas como si se c eyese se le ue a áescapa , es oy dispues a áco up.
'ce os en odo cuan o me m^e!s.—Jl|j^a eces habéis ecuen ado ei
cas illo?—Apun o ijo no i lk, pe o^BH^Pp.—¿De qué medio os aléis
jpa a en a ?— P ime amen CTüba dos golpes, ysalian á ecibi me; ála
cua a ez me manda on en a ..... pe o, po Dios, caballe o, que nada
de cuan o aquí os e ie a lo con éis ánadi^^ues mi pe dición yla ues-
a e a in alible. —Po la cuen a que nos iBRl^uai da é el sec e o; además
de que yo soy callado po excelencia.—Siendo así, Hi ien e. Pues, como
os iba con ando, ála cua a ez se me mandó en aPAsí lo hice. De lo
.que la p ime a ez me pasó, yo no os lo puedo deci : ¡qué salonesl ¡qué
lujo! ¡qué cosas an p eciosas! ¡qué ies os an p imo osos! Po úl imo,
después de pisa po in inidad de lo es yde espi a la agancia mas
he mosa, el ambien e mas pu o, me encon é ála en ada de un saloiici o
an pequeño yde amo lujo, que supe aba en mucho álos o os salones.
En el cen o de él habia ecos ada una jo en an bella, an he mosa, que
:nunca jamás mis ojos han admi ado ni una sola de las mil g acias ygalas
que aquella posee. Tu bada ysin pode de ini lo que en mí pasaba, me
quede en el din el de la pue a, cuando la jó en, con una oz an cla a y
an dulce, me dijo: pasad, anciana, yempezad ácon a me ues as penas,
ues a his o ia. Así lo hice; ydespués que concluí mi is e elación, la
he mosa jó en me puso unas monedas en la mano, mani es ándome queda
icumplidos sus deseos, con lo cual me despedí ysalí del cas illo. Aho a, si
á os no os moles o, os la con a e.
—Con mucho gus o la escucha é, le con es ó el caballe o.
—Nada os puedo deci sob e mi nacimien o, p osiguió la anciana, po -
que nada sé. Cuando u e alguna edad me encon é en compañía de unos
gi anos. Ellos me dije on que me habian ecogido mue a de ió yliada en
unos and ajos en la g ada de la pue a de un emplo. Unicos da os que he
podido ecoge sob e mi nacimien o. Educada en su escuela, ap endí á
echa la buena en u a yáhace algunos juegos de manos. Su compo a-
mien o pa a conmigo e a bien unes o, po desg acia: odos se encon a-
ban con de echo^ de insul a me, de cas iga me: solo una, la mas anciana
de odas, e a la única que se compadecía de mi si uación; ella me acon-
^jaba, ae animaba yme soco ía, yhas a me de endía de mis e dugos.
Lomo el alimen o escasease, la que pagaba e a yo; mas mi ángel p o ec o
gua daba algunas es os, yde ocul is me los en egaba. Con semejan e
p o ección pude esigna me ysu i los mil disgus os que con su compo -
amien o ecibía ácada paso. Mas ui c eciendo, yaquellos cesa on, de-
bido, sin duda, amis g acias ju eniles yála g an u ilidad que yo les
lepo aba. hn medio de esa ida holgazana, ysi se quie e pe dida, enia
mis place es. Siemp e que me llamaban pa a deci óp o e iza áalgunos
lo que les iba aacon ece , sen ía un gozo in e io que me conmo ía, y
mucho mas si al e i a me me llamaban, como casi siemp e sucedía, he -
mosa, boni a, p eciosa. Sin educación ysin mundo, me llenaba de o gu-
llo, ycuando ámil les augu aba óp onosiicaba que iban áse elices, á
casa se con pe sonas muy icas ,que iban áse g andes seño es ,mi
imaginamon se exal aba yme llegaba ác ee que es aba des inada pa a
LABgLLOS DE OñO. 9
lo que en ese cas illo pasa. Con que ádispone lo necesa io. A mas ya
las engo. Silencio, yálas sie e en pun o en es a casa.—Adicha ho a
odo es a á dispues o, eplicó F ancisco. Espe o que os nos ha éis a-
lien es.—C eo que lo consegui é.
No bien se e i a on los dos p imos, cuando Fe nando cayó en su lecho
con un sueño p o undo, an ás ico ¿iluso io.
VI.
EL. RECONOCIMIENTO.
ALLABANSE al sona las sie e los es jó enes a ma-
dos en la misma habi ación en que los dejamos.
^—Los caballos, ¿es án p epa ados?—Todo es á
dispues o, seño , con es ó Rod igo.—Pues pon-
gámonos en ma cha. Ybajando ála cuad a, mon-
a on en los caballos, omando la di ección hácia
el cas illo.
Después de ho a ymedia de ma cha hicie on
al o, y, echando pió á ie a, me ie on los caballos
en la cue a ya e e ida. Allí descansa on un a o,
yen seguida se di igie on po el mismo camino
que F ancisco la noche an e io . Nada de pa icu-
la les acon eció has a que llega on álas inmediaciones del cas illo. El que
mas se adelan ó ue Fe nando. Sus pisadas p oduje on el sonido que la
noche an es áF ancisco. La pue a se ab ió, yla se pien e asomó la ca-
beza. Fe nando la espe aba, espada en mano, yen su izquie da se eia
eluci la hoja de un agudo puñal. Los dos p imos, como po ins in o, al
e la, se ap e a on sus manos emblo osas, ype manecie on po algún
iempo asomb ados, has a que ie on que el jó en caballe o, cuando se le
ap oximó el ep il, cambió de epen e le espada po el puñal, yse a ojó
sob e el. Ya le c eían mue o los dos p imos, cuando aquel se le an ó,
les dice:—¿No eis lo que es es o? una se pien e ingida, que al momen o
se ha con e ido pnada. Espan ados mi aban al ededo , pe o la se pien e
había desapa écido.
No habían uel o de su es upo , cuando se p esen ó an e sus ojos un
b a o yen u ecido o o, que pa ecía que e a oja se sob e ellos. Su
piime a idea ue echa aco e ysubi se áalguna de las al u as, pe o
al e con el alo que el jó en le espe aba, se de u ie on. En e ec o,
Fe nando con su espada,le acome e, yal i á i a le una es ocada, el o o
se des aneció como el humo. Po e ce a ez se ab ió la pue a Do
e ce a ez acome ió el jó en con a un león que solo el mi a lo ho -
o izaba. Dos OJOS que echaban uego, un ugido que amed en aba,
^cualquie a que no uese
nues o hé oe. Pe o él deshizo, como'^po enS, semeTan e ^

a. íiSií^-
—17 —
La go alo espe a on, po si algún o o se an ás ico apa ecía, mas
na ía Je nue o se pieseulaba. Impacien e nues o jó en, se adelan a, mas
de u o su ps i una oz an ae e yáspe a, capaz de a u di al que la hu-
bie .i escuchado, y esona on po los ai es las siguien es palab as:
—
«.Mo -
al, d Un us pa$os, mi a que caminas al p ecipicio, al in de u ida. No
e guies po I» inslinlo, pues las consecuencias de u cu iosidad se án el
pan eón. Medi a gobedece !a oz de u Jes/iíio.^EI caballe o esclamó con
oz ue e ysono a:—Mi des ino es acome e emp esas a duas ydi iciles,
ysal a á¡os inocen es que eimen cau i os en esa o aleza. Ome ab es la
pue a de ella ó eme mi u o . Ya iba áda al i ade con'su génio. cuando
se ab ió de epen e la pue a. In inidad de llamas apa ecie on, pe o el ca-
balle o no se in imidó, yiliciendo: Valien es, seguidme, esp ida en mano se
in odujo po en e el uego de o ado . Los dos p imos iban ásegui le,
pe o al e le desapa ece , g i ó Rod igo: Huyamos, yecha on áco e . Lle-
'ga on has a la cue a, oma on sus cab dios, yel del jó eu imp uden e, se-
gún ellos decian. ygalopa on hácia el pueblo. Den o ya de la casa de Ro-
d igo, los dspudie on espi a , yse e i a on jun os ádescansa , po -
que al e a el pa o que los dos enian, que no se encon aban segu os si
íe sepa aban.
il
REVELAGIOXES-
MA>ECió el siguien e dia. Se le an á onlos dos
p imos, yconía on ála amilia loque la noche
an e io les acon ecie a! yla desg acia del jo en
caballe o que habia mue o po su eme idad.
Como el miedo hace e las cosas po un p isma
de aumen o, e i ie on, abul a on, al ala de de
alo p esen a on, que iodo e! que hubie a p e-
senciado los hechos, no los hab ía conocido po
lo des igu ados que apa ecían.
Las muje es, que no deseaban o a cosa que
el sabe pa a i ácon á selo a odo el mundo, lo
con ia on álas ecinas, es as álas Ci as, en un
momen o se di undie on po odo el pueblo las
unes as nue :‘s. Unos po cu iosidad, o os po
oi lo de la boca de los mismos que lo habían p esenciado, co ie on ásu
casa. En nn ins an e se llenó. Todos se queda on con la boca abie a oyen-
do la elación espan osa, las e elaciones e ibles que los dos p imos hi-
cie on. Los unos oyendo ylos o os con ando, y odos eunidos es aban
haciendo comen a ios, cuan lo de p on o se pe cibo la oz de Fe nando
que llamaba áRod iga. Los dos p imos se a odilla on yempeza on ásan-
igua se; los demás los imi a on. —Seño es, dijo Rod iga, ecemos un Pa-
e nosle po el alma del jó en desg aciado cuya oz nos ha enido á e-
que necesi a de nues as o aciones. Concluye on el ezo, ysegunda
is DE O o. 3
le noí
^o da
—18 —
ei, aunque mas cla a» se ol ió áescucha la misnaa oz, —Todos se so-
b ecogie on. Hubo un momen o de silencio.
Te ce a ez se oyó la oz del jó en En onces, sacando ue zas de la-
queza el bueno de’Rod igo, dijo con oz balbucien e y emblona: Alma de
an alien e seño , ¿qué me que éis?—Que engas, mal mandado, con es-
ó el jó en en ando en la cocina.
Al e le odos se i a on po el suelo yse cub ie on las ca as,—A i-
ba, seño es: ¿qué se c een, cuando de al modo me eciben?—Pues qué, ¿no
sois mue o? p egun ó F ancisco le an ándose. —Ya es que no, cuando
aquí me p esen o. En onces odos ue on ecob ándose yse inco po a on.
Llamó el caballe o apa e áRod igo, ypoco después odos se e i a on,
quedándose solos con Fe nando.
—Seño , lo es oy iendo yno lo c eo, dijo Rod igo. C eíamos que áes-
a ho a es a íais en los p o undos, a diendo no, po que bas an e os eha-
mn'sca iais anoche.—No seáis men eca os, odo cuan o p esencias eis no es
na u al, es debido al alen o de un homb e que me ecia mejo sue e. Cuan-
do p esenciás eis mi en ada po en e las llamas, nada me sucedió; aquel
uego no quemaba. Algún an o des anecido po la a mós e a, po el ai e
que se espiiaba, no pude comp ende al p on o lo que en mi al ededo
pasaba. Repues o, obse é que me hallaba en el cen o de un pa io lo mas
pin o esco, lo mas boni o. Es u e espe ando la go a o, cuando se p esen-
ó un caballe o a mado de piés ácabeza.—Jó en eme a io, me dijo, ¿es-
ás dispues o ámedi u ue za con la mia?—Cuando aquí espe o yme en-
con áis con el ace o en la mano, c eo que no he enido dispues o mas ,que
á ba i me.—Con odo, an es de da p incipio al comba e, debo aconseja os
que medi éis lo que ais, áhace . Tiempo es oda ía de que os e i éis.
—
P e ie o mil eces la mue e an es que el ocedei un solo paso.—Una ez
que no que éis da oidos álos consejos de uno que desea ues o bien, em-
pecemos.—Empecemos, con es é: yla pelea p incipió. Poco iempo du ó,
po que en un descuido nue u o le he í, de ibándole en ie a. En onces
me ap oximé, y iendo que la he ida no e a g a e, le inco po é ydi oces
pa a qúe inie an en su soco o. Al pun o acudie on, yg acias áuna be-
bida que le hicie on omaV, |ué ol iendo en sí. Lo p ime o que hizo ué
mi a ásu al ededo . Fijó ía is a en mí, yap e ando mi mano, dijo:
«G acias, jó en, sois, ála pá que alien e, gene oso con el encido.» Y
le e i a on de aquel si io.
No hab ían enido iempo de llega con el he ido ásu cua o, cuando
se p esen ó un caballe o a mado, yme insinuó po señas que le siguie a
Obedecí, yma ché en pos de aquél, en iado. Pasamos una ga e ía p ecio-
samen e ado nada; subimos po . una escale a al omb ada ycubie os sus
cos ados de olo osos ies os; en amos en un salón que al pun o conocí se ia
de a mas po el sin núme o de ellas que de sus pa edes colgaban, habien-
do en sus incones o eos de ellas dispues os con mucho gus o. Hice al o
áins ancias de mi conduc o , yaquel desapa eció. Al poco a o se me ol-
ió áp esen a , señalándome la en ada de o o aposen o. Comp endí la
seña yen ó. ^
Un salón, magni icamenle ado nado, ino áso p en^w^ cu iosidad
—19 -
,Muebles esquisi amen e cons uidos, ado nos p eciosos, y, sob e odo,
una colección de cuad os que cada uno de ellos e a una ma a illa, aumen-
a on mi asomb o de al modo, que me c eia asladado áuno de esos salo-
nes an ás icos que con an a g acia nos suelen e a a algunos esc i o es.
Embebido con an o p imo , en nada pensaba, has a que me hizo sali de mi
embeleso la oz de o o enmasca ado que se hallaba ecos ado en un sillón.
Vuel o en mí, ydi igiéndome al desconocido, le dije; Pe donad, caballe-
o, pe o an as y an p eciosas cosas encie a es a habi ación, que cual un
niño es aba a obado con emplándolas.—Es áis pe donado. Pe o hablan-
do de o a cosa: ¿me ha éis la me ced de deci me cuál es la causa que os
'ha inducido áp esen a os en es e cas illo, sal ando los p ecipicios que le
.ci cunden, ya os ando odos los pelig os que se os han p esen ado?-:-
Pe mi idme que an es que con es e á ues a p egun a, os haga yo al-
gunas que me son de odo pun o necesa ias pa a pode accede á
ues os deseos.—Es áis au o izado pa a hace las.—Pues siendo asi,
con ues o pe miso empiezo. Decidme,' caballe o, al en a en es e
salón, al es a en ues a p esencia, ¿cómo soy ecibido, como ence-
do ócomo encido? —Ni lo uno ni lo o o. Como encedo e a muy di-
^ ícil, po que oda ía mando alguna gen e, la su icien e pa a conclui con
os ycon oi es mas.—Dispensad que os in e umpa; si es que con ues-
as esp esiones, con ues o, pode ycon ues a gen e c eeis in i aida -
Xme... os equi ocáis, caballe o.—No es mi ánimo hace ala de de ue za ni
de alo . Pe o habéis llegado adonde ningún o o lo ha e i icado, yese
he oísmo ha sido lo su icien e pa a llama mi a ención, in e esa me po
os, yos suplico que si no os si e de moles ia, os ace quéis mañana áes-
e palacio.—¿A qué ho a?—Ala que gus éis.—¿Me dais palab a de que
‘ ae ecibi éis sin an i az, pues de lo con a io no pedo en mis a e igua-
ciones?—Os la doy.—Pues siendo asi, me e i o. Eii aquel ins an e e! eloj
daba las dos. Fue a del salón, me salió al encuen o mi an e io guia, el
cual ae acompañó has a la salida del cas illo. Pe o cuál ué mi admi ación
.al e que mi conduc o me p esen aba un caballo que enia del dies o
o o de los enmasca ados, diciéndome: «es e es un p esen e que os hace
mi amo yseño .» G acias le con es é, ymon an iq ae despedí de aque-
llos c iados, y econocí la cue a po e si en ila és ábais, y iendo que
^0, llegue ácasa. Como encon é la pue a a jie a, lle é el caballo ála
-cuad a yme e i é ámi habi ación, has a qué' es a mañana, necesi ando
de os, os llamé. —Ypo cie o que oda ía no me ha salido el sus o del
cue po. —Desengáña e, Rod igo, mien as no e se qui en de la imagina-
ción esas ideas que e has c eado de an asmas y isiones, siemp e se á*
un coba de. Vaya, aho a a églame el cáballo de anoche, yno e descui-
des, que engo que ma cha .—Sí, yo e Ayuda é; con eso e emos el e-
galo. dijo F ancisco; yse e i a on.
'El uido p oducido po las pisadas de un caballo les dió áen ende
que el jó en se alejaba.
—20
VIH.
LOS SECRETOS.
-s om6 Fe nando la di ección del cas illo, donde se in odujo sin
Iespe inien a el meno obs áculo, yen el mismo salón que
i'ís <• >•I•_1í. , I.nn. s KV» .-k FllA noln l •»«
ué ecibido la p ime a ez, en el mismo ué ecibido es a o a.
JM El enm: sca ado, an p on o como le a isa on que el jo en es-
pe aba, cuando él mismo salió á ecibi le. ¿Habéis descansado de
las a igas pasadas?—Sí, seño . Mas, dispensadme si an es de odo
os p egun o po la salud del que se ba ió conmigo. ¿Es á mejo ?—
Sigue elizmen e. La he ida no es cosa de cuidado.—¡G acias, Dios
mió! Cumplí con el debe de un caballe o; aho a me eneis á ues-
a disposición po lodo el iempo que gus éis, con al que me cumpláis
la palab a que me dis eis.— An es de hace lo me pe mi i éis que os in e -
pele.—Podéis hace lo.—¿Teneis pad es?—Lo igno o comple amen e; soy
hué ano. —¿Luego debemos c ee que ya no exis en?—Así lo c eo —Pues
bien, ju adme po las cenizas de ues os pad es, que ánadie e ela eis
los sec e os que yo os con ie.—Lo ju o, p onunció el jo en haciendo la
señal de la c uz.—C eo que no se eis pe ju o. —Ningún caballe o español
al a al ju amen o que hace, ¿en endéis?—Sí. - Y cuando, se encuen a
con alguno que duda de él, su espada es sola la que suele esponde .
—
Pa a da os una p ueba de lo que po os me in e eso, Ae aquí mi os o;
yse a ancó el an i az.
El caballe o admi ó áun anciano de ba ba blanca, os o he moso, de-
licado, en e ambién he mosa yespaciosa, mi ada dulce yca iñosa, si
se quie e, en algunas ocasionos se e a. Su igu a daba áen ende lo nohle
de su cuna, pues ála simple is a se conocía lo mucho que hahja sido, y
,lo acos umb ado que se hallaba ámanda , pe o con dulzu a, con dignidad.
—Jó en, ya' cumplí con mi palab a. —Así es, caballe o: p egun adme,
que oda ía es á po se la p ime a ez que al e áella.—S'iendo asi, omad
asien o, ydecidme; ¿cuá|I^ué el mo i o de ues o a aque noc u no?
—
Seño , ya es dijé-qué e a^úe ano; de ez en cuando ecibo lo su icien e
pa a mis gas os, Vm sabe i|Éen me lo en ía. Cansado de la ida seden-
a ia. ap endí ájuga oda .de a mas, me equipé yen un caballo sa-
lí á eco e el mundo; Gomo nunca me cuidaba, dejaba al acaso la di ec-
ción de la u a que debia segui , ómejo dicho, mi caballo e a la guia y
yo iba a enido ásu olun ad. La casualidad, como dejo e e ido, e a mi
no e, mi es ella. Aella debo ene el gus o de e me en ues a noble
p esencia. Dos aldeanos me e i ie on escenas an cu iosas, po no deci
an sob ena u ales, que esci a on mi cu iosidad, yhé aquí el mo i o ó
causa de ap oxima me á ues o cas illo. Lo demás ya lo sabéis. Aho a me
co esponde el p egun a os: ¿es áis sa i^ echo’—En p ueb.i de que lo es-
oy, oy á e e i os mi hisloda lo más esl ac ada que pueda.
Es e anciano que eis ha sido ey de uno de los Es ados mas pequeños
que exilien, y, sin emba go, el mas lo ecien e. Alos pocos años de po-
'>
——
see le, dije mal, de he eda le, me casé. Al año ymedio di6 mi esposa á
luz una hija an bella como la mad e. So me habia pasado el deci os que
mi u u a iié negada áo o ey mucho mas pode oso que yo, yque sus
p o incias lindaban con las mías. Que idos yamados de nues os asa-
llos dis u amos dias elices. Mas la desg acia ino áp i a nos de la úni-
ca en u a que en los einos exis e, la paz; pues el ey mi ecino, en i-
dioso de nues a dicha, puso en es ado de gue a bas an e núme o de hom-
b es, ycuando ma' descuidados es ábamos, en a on po mis Es ados á
sang e y uego. Como nunca al an aido es, hubo algunos ambiciosos que
secunda on su plan yle ayuda on, quizá los que más me adulaban ymas
bajezas hadan. Pe dí mis pocos ue es ycas illos. Los leales mu ie on
comba iendo, ylos malos .se pasa on eng uesando las ilas del enemigo.
En al es ado solo nos quedaba un emedio, la huida. ¡La huidal caballe o:
¡si supie ais lo que yo su il!... P^ o, po in, pudo mas el amo de pad e
yde esposo que el de de ende has a mo i el ono he edado de mi ami-
lia. Llegamos áun pue o donde me espe aba un buque; y... ¡oh in amia!
Mien as que en una lancha conducía ámi hija al único e ugio, ála na-
e, se a ojan sob e mi esposa yla hacen p isione a, lle ándosela en e la
mayo g i e ía ycon usión. Mi p ime a idea ué abandona mi hija éi á
de ende ámi esposa... mas los pocos ieles que me queda on me lo im-
pidie on, ypa imos. G acias áuna en e medad que me pos ó en cama,
dejándome sin ue zas, ué debido el que yo me se enase, de lo con a io,
el suicidio hubie a sido el é mino de mis in o unios. A ibamos po una
casualidad áes e si io an pin o esco éinaccesible, desemba camos, yen-
e odos se ayudó á ab ica el palacio en que os he ecibido. —Ydecidme,
caballe o, ¿habéis enido no icia de ues a esposa, de ues o eino?—To-
do sigue de la misma mane a, ymi pob e esposa p isione a.—No es áño,'
seño , que ues os cabellos se hayan uel o blancos, pues los padecimien-
os que hab éis pasa'lo hab án sido e ibles. —Solo Dios yyo, que los he
su ido, podemos deci lo.—¿Qué p emio da íais, seño , al que os es i uye-
se el ono yos de ol iese á ues a esposa?—¿Qué p emio?... ninguno,
po que eso es un imposible. —Sin em,ba gOi si uno se hallase que pudie a
hace lo, ¿qué ecompensa le da iais?p-La que él me pidiese.—¿Con io en
que la pal.ib a de un ey es una y eMad'?~El descon ia de mí es un ul a-
je ámi pe sona.—Pe donadmei ^ño ;* an g ande es el a o que os iba
ápedi , que emo cuando llegue Ipóeasióh que mé lo neguéis.—Pues qué,
¿sois os el que a á oma sob e si la esponsabilidad de amaña emp e-
sa?—El mismo.—Jó en, deli áis... os compadezco.—Dejad de compadece
y espondedme: ¿ eiieis con ianza en mi?—Sí.—Pues dádme los nomb es
de odos los que ue on adic os.—Venid conmigo áes a pieza inmedia a.
Ylos dos desapa ecie on, ..
Después de media ho a ol ie on áp esen a se; el anciano decia: ¿Con-
que den o de quince dias?—Quince dias. Es ad p epa ados ycon las lan-
chas dispues as. Solo, me es a que po despedida me deis un ab azo.™
El anciano ab ió sus b azos yle es echó con e usión diciéndole: Dios os guie.
El jo en se desp endió de los b azos del anciano, yes e se e i ó llo-
ando como un niño.

—28 —
IX.
LA DESPEDIDA.
Ehallaba impacien e la He mosa de los Cabellos
de O o, espe ando que el eloj diese las doce. Co-
mo la noche an es no habla pa ecido eljó enFe -
'nando, emía po su ida; pe o el co azón, que
a a ez nos engaña, la decía que su aman e en-
d ía, yasí sucedió.
Die on las doce, yFe nando apa eció álos
piés de su amada.—Cuán o me habéis hecho pade-
ce , caballe o. —Mucho lo sien o, he mosa miá,
pe o anoche me ué imposible el eni ; pe o eo
que no nos a amos con el ca iño de dos aman es e dade os. —¿Po qué?
—
Po que nos damos a amien o, una ez que nos hemos ju ado amo e e -
no. —¡Oh, sí. amo e e no!—Pues siendo asi, dejemos de a a nos como
desconocidos, yhagámoslo como si uésemos he manos.—Dices bien.
—
Asi me gus a. ¿No sabes, bella na a, que amos 4se elices den o de
unos dias? yaunque nues a despedida es aho a, mi ausencia no du a á
mas que quince dias. —Yqué, ¿ e pa ece poco quince dias?—No, que ida
Ta siia; pe o si después de esos dias ueses an eliz y en u osa que no
hubie a quien se igualase á í, ¿ e pa ece ían la gos?—^^No, aunque lejos de
i...—¿Y si es pa a nues o bien, pa a nues a mó ua elicidad?—En on-
ces... —Qué. —Me esigna ia.—Tus úl imas palab as me han llenado el
co azón de place ; poco he de pode , óden o de b e e iempo has de ele-
a e an o, ángel mió, que cues e abajo el mi a le.—Ydi ae, ¿cuándo
es u ma cha?—En el momen o^^^¿Tan p on o?-Sí, amada mia, es cosa
que le in e esa mucho pa a qué yo lo sii^penda. Solo me es a que pedi e
un a o .—Concedido. ¿Cuál es?-5 Uná*pj-enda de ca iño, una enza de
us cabellos La He mosa lomó de lamesa unas ije as, ydándoselas á
su aman e le p esen ó su p eciosa cabel ea. Fe nando co ló una enza
pequeñi a, ydespués de besa la lá^ence TÓ' en una cajila que la jó en e-
nia, yla gua dó en el pecho, colocándola al lado del co azón. En onces,
cogiendo ásu amada dé la mano, eno á ón su ju amen o, ydespués de
da se un ab azo, pa ió el jó en hácia el eino de... yla he mosa állo a
la ausencia de su que ido aman e." '
EL REGRESO -CONCLUSION.
NA con inua sé ie de emo es yde espe an-
zas ué pa a la he mosa jó en la ausencia de
su aman e; pe o los dias pasa on, yllegó e-
lizmen e el an deseado. Todo en el cas illo
e an p epa a i os. Desde po la mañana se die-
on ó denes que se ponían en ejecución en el
momen o. Las lanchas es aban p epa adas pa-
a cuando se oyese la señal. Dos cen inelas que
ocupaban lis dos o es del cas illo, desde cuyo
pun o se dominaba aquella pa le del Océano,
es aban igilan es espe ando e ódis ingui
el pun o neg o que se obse a cuando una
emba cación se empieza áp esen a .
Mien as que dejamos cumpliendo con sus debe es álos a ios depen-
dien es del cas illo, escuchemos lo que pasa en el gabineli o de la He -
mosa de los Cabellos de O o.
Es a se hallaba sen ada, y en e áella el enmasca ado.—Ybien, decía
la jó en, ¿no me con es áis?—¿Qué quie es que e diga? DemasiaXlo debes
comp ende lo que en mi pecho pasa.—Siemp e me decís lo mismo. Es-
oy decidida; quie o conoce ó, po lo menos, sabe cuáles son los au o es
de mi ida. Es e se á el único a o que os pida. Concedédmelo, seño ;
¿me nega eis la g acia que os implo o?
Fue a de Ael anciano, a ojó la másca a con que po an os años se
cub ia, yesclamó: ¡Tú implo a en ano po mas iempo, ángel miol ¡Nol
¡soy u pad el—¡Vos mi pad e! Yla jó en se p ecipi ó en los b azos pa-
e nales, que se ab ie on pa a ecibi la. '
La go a o es u ie on en es ajosición. Su silencio daba áen ende
mas que esos g i os, esas esp esíoneis que se emplean pa a demos a sus
sen imien os, que la mayo pa e de las ^ces son ic icios, alsos.
Repues os pad e éhija, ol ió es a á oma la palab a.—Decidme,
que ido pad e, ¿po qué habéis gua dado an o iempo el incógni o?—
Ese, hija mia, es un sec e o que no e puedo e ela po que no ha llega-
doJa ho a. Ymi que ida mad e, ¿dónde e^ á?—Ese es o o sec e o.—
Es a is o, seño , pa a mí odos son sec e os.—No, que ida mia, mu
p on o deja án de se lo pa a í, ^
^No bien concluyó de p onuncia la úl ima sílaba, cuando se oyó la se-
ñal con enida de los igías. Al escucha la de onación, el pad e pega un
sallo, a oja la única yse p esen a en aje de ey. —Ab ázame, hija mia
somos elices. La hija, al e la as o macion del pad e, ué ápedi le es-
plice^iones; pe o es e no con es ó, sino que la dió un beso yse ma chó al
salOL londe se hallaba pa e de su gen e es idos elegan emen e.
—24 —
Poco alo u ie on que agua da : el uido de la gen e que subía llegó
has a donde ellos se encon aban. El p ime o que se p esen o dando la ma-
no áuna seño a como de unos ein a yocho anos, ue el jó en eí nando.
Al econoce ála dama, g i a on odos qui ándose las go as: ¡Vi a la
einal Los dos esposos se echa on en b azos el uno d<d o o. Deci lo que
aquidlas dos almas goza ían, es un imposible pa a nues a ploma. ^
Pos e io men e en a on odos los asallos leales que acompaña on a
Fe nando á endi homenaje ásu ey. Seño , esclamó el jó en, he conse-
guido )a glo ia de econquis a el ono que he edás eis de ues os an e-
pasados. Los pueblos os han aclamado po ey, yen p ueba de ello dig-
naos ecibi ásus embajado es. Pasad, seño es.
El ey los admi ió, yen un b e e yené gico discu so les dió g acias,
p ome iéndoles paz, en u a y elicidad, con cuyas palab as queda on lo-
dos sa is echos; ydi igiéndose áFe nando, le dijo:— Jó en, el ey manda
que pidáis la ecompensa de ues os se icios. —Seño , nada alen en
compa ación de lo que engo que pedi áV. M. —Pedid. —La mano de ues-
a he mosa bija. —¿Y sabéis si ella admi i á?—La hija del ey admi e con
el benepláci o de sus pad es; p onnnció la jó en p esen ándose en el salón.
Después del econocimien o de la mad e yde la hija, la eina hablcw:
—
Yo abogo desde luego po que se le conceda su mano; pe o sin la ap oba-
ción de mis nobles y asallos nada decidi é.—Seño es, g i ó el ey, os-
o os habéis p esenciado losmé iiosen es e jó en; ¿ap obáis es a elección?
—Si, con es a on odos llenos de eíi usiasmo. —Pues Dios os -haga elices.
—Res a solo pedi os un a o , g an seño , dijo Fe nando.—¿Y cuál?—Que
se pongan en libe ad cuan os cau i os exis an en el cas illo, en celeb idad
de an aus o día. /
El ey dió laó den, yal poco alo quince in elices se e i aban con en-
os ysa is echos con su libe ad;’ No ó Fe nando que uno de ellos lle aba
un elica io que le llamó la a ención, yle dijo: caballe o, ¿quién os ha da-
do esa joya?—¿Quién?... nadie... esmia...—¿Vues a?—Sí, seño ; ¿po -
qué me hacéis esa p egun a?—Po que engo yo o a igual, mi adla: yse
la p esen ó al caballe o. Después de econoce la, esclamó: —¡Ah, no hay
duda... es... mi hijo! Ylos dos se ab aza on.
El ey in e umpió el silencio consiguien e á an a o econocimien o,
p egun ando:—¿Y quién sois os, -caballe o?—Yo soy el conde de Cas illa,
yes e mi hijo. —Pues yo soy ey de... Al mismo iempo, engo que de-
ci os que ues o hijo se á mi he ede o, pues se casa á con mi hija. ¿Dais
ues o consen imien o?—Con ei mayo gus o. —Pues acompañadnos á o-
ma posesión de mi ono, yjuego después de e i icado el ma imonio de
nues os hijos, pa i éis pa a ues os Es ados.
Alos dos meses se e i icaba en uno delob emplos de la capi al de...
el enlace de la hija del ey con el jó en Fe nando. El pueblo los ecibió
con las mayo es mues as de ca iño yg a i ud.
Los jó enes esposos i ie on elices y en u osos, he edando ála mue -
e de sus pad es el ono que es os les deja on.
FIN.