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Taurolatría en la protohistoria mallorquina

Delgado Linacero, Cristina

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Revista de Estudios Taurinos N.º 18, Sevilla, 2004, págs. 185-200 TAUROI.ATRÍA EN l.A PROTOHISTORIA MALLORQUINA Cristina Delgado Linacerol 1' ~1 ) . ·. :.· ,fl ~ \ : ~ ' ~ d i 11 a aparición de la cultura talayótica en las islas Baleares se produjo hacia 1300 a.C., momento en que se inicia su desarrollo histórico y cultural. El hecho coincide con una crisis generalizada entre los países de la cuenca oriental del Mediterráneo, manifestada en inequívocos signos de caos y de desplazamientos humanos. La causa de tan grande inestabilidad ha sido .atribuida a los denominados Pueblos del Mar, gentes de distinta procedencia, que terminaron con el poderoso imperio hitita y provocaron la caída de la hegemonía creta-micénica (Sandars,1987: 49-53). Es posible que la expansión de estos grupos pueda. estar relacionada con el despegue del mundo balear. La cultura talayótica duró aproximadamente 1.200 años, finalizando con la conquista romana comenzada en el 123 a.c. por Quinto Cecilia Metelo. Durante todo este tiempo, el archipiélago de las Gimnesias,. como llamaron los griegos a las islas Baleares, adquirió una estructura jerarquizada basada en el caudillaje de una aristocracia de régulos. Sus enterramientos han proporcionado abundantes y lujosos ajuares funerarios. Este conjunto de islas, encabezadas por Mallorca y Menorca debido a su mayor tamaño, se hizo especialmente famoso por la habilidad de los hombres en el manejo de la honda. La mayoría de la población se dedicaba a la 1 Laboratorio de Arqueozoología, U.A.M. [email protected] 186 Cristina Delgado Linacero agricultura y el pastoreo, base económica de estas regiones. Los asentamientos donde vivían, estaban rodeados de murallas, que acogían en su interior viviendas, establos y almacenes. Como su nombre indica, la construcción asociada a la cultura talayótica fue el talayote. Su estructura en forma de torre circular indica un carácter defensivo, idea confirmada también por el historiador latino Floro en su Historia romana (I, 43). Sin embargo, en algunas de estas atalayas se han hallado osamentas de toros y de otros animales con ostensibles marcas de despiece, que evidencian celebraciones de algún tipo, durante las cuales se consumieron diferentes carnes. Cabe pensar que la economía. pastoril de las islas, centrada en ovejas, cabras y cerdos, no permitiría la matanza de bovino salvo en ocasiones especiales. A partir del s. VIII a.C., las investigaciones arqueológicas han puesto al descubierto la existencia de lugares de culto o santuarios, que proliferaron sobre todo durante el período final de la cultura talayótica (SQQ..:123 a.C.). Los recintos sagrados se edlfi- . caron en parajes alejados de las aldeas. Tuvieron plantas cuadradas o absidadas y, aunque no dispusieron de cubiertas abriéndose al ai re libre, sí se cercaron con gruesos muros ciclópeos. Dentro de ellas se advierten todavía vestigios de los pequeños pilares que, a modo de altares, sirvieron para efectuar sacrificios de animales en honor de la divinidad. La cremación de ciertas porciones de las víctimas y la práctica de la comida ritual se atestiguan a través de los restos carbonizados y de los abundantes estratos de cenizas. Entre los diferentes santiJarios descubiertos, destaca sin duda el de Son Corró. Está situado en el término municipal de Costitx y, aunque en la actualidad está reducido a ruinas, sus extraordinarios hallazgos acreditan su importancia de antaño. En efecto, fue en este emplazamiento donde, en 1894 el propietario de la finca encontró las tres cabezas de toro en bronce, hoy conocidas por todos. Junto a ellas había un variado lote de objetos de metal, de vidrio y de cerámica. Taurolatría en la protohistoria mallorquina 187 Comprendiendo su gran valor histórico y documental, la Sociedad Arqueológica Luliana, con sede en Palma de Mallorca, trató de interesar en el hallazgo tanto a las autoridades locales como a los propios mallorquines. Pero, ante la indiferencia y la desidia de todos, y el peligro de la salida de las piezas hacia museos y colecciones extranjeras optó por comunicar la situac~ón al Museo Arqueológico Nacional (Madrid). Esta institución adquirió el conjunto para su exposición en las salas madrileñas. Fig. n.º 53.- Cabezas de toro. Son Corró (Costitx, Mallorca). S. IV-11 a.C. Museo Arqueológico Nacional (Madrid). Las cabezas de Costitx son bronces huecos, realizados a la cera perdida, con pasadores en la abertura del cuello para permitir su suspensión (Blanco, 1962: 25-31). Sus abultados ojos están rodeados de profundos pliegues y encierran unas pupilas que, en otro tiempo, estuvieron rellenas de bronce u otro material incrustado (Fig. n.º 53). El rizado pelaje cincelado en la testuz recuerda los patrones griegos. Las cornamentas son finas y de gran envergadura, propias de una raza de animales cercana a los ejemplares 188 Cristina Delgado Linacero del Egeo. La fecha de su ejecución se ha encuadrado entre el s. IV y el s. II a.C., época en que los griegos ya habían extendido su productiva red comercial por las orillas del Mediterráneo. En estos intercambios mercantiles, Mallorca y Menorca debieron recibir cantidades suficientes. de estaño para sus fundiciones de bronce, posibilitando la ejecución de obras como éstas. A pesar de ello, algunos investigadores dudan sobre la filiación isleña de estos bronces, mientras que otros la aceptan sin reservas (García y Bellido, 1980: 70, Blanco, 1962: 31). N9 obstante, es opinión . unánime que los modelos sobre los que se elal?qraron estas piezas, fueron tallas xoánicas de madera como las¡ que se emplearon en el período arcaico griego. Mucho se ha especulado sobre su significado y su función. Parece evidente su parentesco y conexión con las creencias y el simbolismo taurolátrico, que imperaron en los países del Mediterráneo y del Próximo Oriente durante toda la Antigüedad. En efecto, desde el VI milenib a.C., la cabeza de bovino gozó de especial devoción como encarnación de la bravura y de la peligrosidad de su dueño. En esa remota fecha, esta parte de la res resaltaba como elemento decorativo de las paredes de santuarios anatolios como el de C::atal-Hüyük(Turquía)(Mellaart, 1975: 105 ss). Los restos conservados revelan que estaban modeladas en yeso, aunque conservaban sus apéndices naturales (Fig. n.º 54). Algunas lucían marcas de pintura roja de difícil interpretación. Representaban a la pareja masculina de una diosa, figurada bajo el aspecto de una mujer obesa, de enormes caderas y senos colgantes. Sus imágenes, realizadas en escayola, fueron adosadas como parte de los muros. Se la veía en actitud de dar a luz a un toro, fruto de su unión con su paredro divino. Se la ha identificado con la Madre Tierra, generadora de vida y de renovación tras su fecundación taurina. En ese sentido, personificaba la esperanza en un futuro mejor para los difuntos enterrados en el Taurolatría en la protohistoria mallorquina 189 subsuelo de los recintos sacros. Muchos siglos más tarde, los habitantes de la Anatolia central colocaban los cráneos de los toros sacrificados en torno a las sepulturas de sus reyes y caciques. Los túmulos de Alaca-Hüyük son testimonio de ello. Esta interpretación renovadora y profiláctica podría también atribuirse a las trescientas cabezas de uro, que circundaban la tumba del monarca egipcio Uadji, en Saqqara. Ocupó el trono en cuarto lugar durante la I dinastía reinante. Como en la mileFig. n.º 54.- Cabezas de toro. <;atal-Hüyük (Anatolia, Turquía). VI milenio a.C. Dibujo reconstructivo. Según J. Mellaart. naria aldea anatólica, las astas auténticas de los animales fueron. insertadas en testas, hechas de barro cocido, formando una auténtica muralla protectora (Emery, 1991: 71). No en vano fue en el país del Nilo, donde desde el período predinástico, el toro disfrutó de una notable relevancia social, económica y religiosa, que ya nunca abandonó (Delgado, 1996: 40-42; 90-92; 119 ss; 226-227; 272-274; 306-309). Desde esta remota etapa, los egipcios emplearon amuletos en forma de 190 Cristina Delgado Linacero cabecitas de bovino como defensa de todo mal. Además, coronaban con bucráneos las cornisas de edificios públicos o privados, colocándolos también sobre estacas de madera como guardianes mágicos y benéficos. Del mismo modo, los pueblos ubicados en las tierras regadas por el Tigris y el Éufrates veneraron la cabeza del toro entre sus manifestaciones religiosas. Las excavaciones de L. Woolley en el cementerio real de Ur (Sumeria, 2600 a.C.) sacaron a la luz unos magníficos ejemplares, que ornamentaban las cajas de resonancia de arpas suntuosas (Woolley, 1928). Por su aspecto barbado y su piel dorada podrían identificarse con Nanna, deidad lunar de la mitología sumeria, concebida como joven toro, rojo como el fuego y engalanado con una barba de lapislázuli. La descripción parece definir el áureo fulgor, que tiñe el planeta durante el ocaso solar, y el refulgente azul del cielo oriental a la caída de la tarde. El contexto funerario de estos bellos hallazgos parece aludir al papel del dios como juez de los difuntos. La · observación de la presencia cíclica y diaria del satélite cimentaba la confianza en una realidad superior (Fig. 'n.º 55). Los ritones taurocéfalos, de uso tan extendido entre los pueblos del Egeo, testimonian la pervivencia de los cultos de la fertilidad en las civilizaciones prehelénicas. Se emplearon como vasos rituales en libaciones relativas al ceremonial funerario o a los ciclos estacionales. Los más antiguos se remontan a 1700-1500 a.C. y proceden de las localidades cretenses de Festo y Kommos; los más espectaculares son más tardíos, entre 1500 y 1300 a.C., y fueron hallados en los conjuntos residenciales de Cnoso y Pesto, en Creta, y en la tumba IV del Círculo A, en Micenas (Fig. n.º 56) . Dentro del ámbito de influencia creto-micénica, la isla de Chipre desempeñó un papel de vital importancia. Por su situación geográfica, en el centro del Mediterráneo oriental, se con - virtió en crisol de las corrientes culturales recibidas de los países adyacentes, mezclándolas y elaborando sus propias creaciones. Taurolatría en la protohistoria mallorquina 191 Fig. n.º 55.- Arpa taurocéfala. Ur (Iraq). Ca. 2250 a.C. Museo de Iraq (Bagdad). Fig. n.º 56.- Ritón taurino. Cnoso (Creta). Ca. 1500 a.C. Museo de Iraclion. 192 Cristina Delgado Linacero Muestra de ello es la pequeña reproducción en terracota, descubierta en una tumba de la necrópolis de Kotchati, Nicosia (Karageorghis, 1970: 10). Representa un santuario, de cuyo muro central sobresalen un par de astas bovinas y tres postes, tal vez de madera, cubiertos en su cúspide por tres cabezas de toro. Es Fig. n.º 57.- Maqueta de santuario. Kotchati (Chipre). Ca . 2000 a.C. Museo de Chipre (Nicosia). obvia la sacralidad del recinto y de los ídolos taurinos, ratificada por la presencia de un oferente (Fig. n.º 57). Es muy probable que la notoriedad alcanzada por los bucráneos en la religiosidad egea fuese heredada por el mundo griego. De ahí la costumbre de exhibirlo, suspendidos con cuerdas y cadenas en el exterior de los lugares del sacrificio. Era un Taurolatría en la protohistoria mallorquina 193 signo no sólo del importante acto celebrado, sino también del poder económico de su promotor. Los refinados y hermosos toros de Costitx resumen toda esta antigua tradición, que encamó en esta especie valores esencialmente masculinos como virilidad, fuerza, valor y potencia genésica. Así se le erigió en mensajero y símbolo de lo divino. La aparición de pequeños pájaros en bronce, bien sueltos, bien rematando astas o vástagos del mismo metal, sugiere la presencia de la Fig. n.º 58.-Asta de toro con pájaro. Son Corró (Costitx, Mallorca). S. IV a.C. Museo Arqueológico Nacional (Madrid). Gran Diosa mediterránea aleteando sobre Costitx y sobre otros yacimientos de la isla. Objetos y figuritas similares se encontraron, además, en las cuevas sepulcrales de Cova Monja (Biniali), Sa Cometa des Morts (Escorca) y Son Cresta (Llucmajor), señalando su conexión con el mundo de ultratumba (Fig. n.º 58). Precedentes de estas epifanías aviformes de la diosa se documentan con asiduidad entre los pueblos del Egeo. Así, la escena pintada del llamado salón del trono del palacio micénico de Pilo (Peloponeso griego), representa un banquete ritual 200 Cristina Delgado Linacero BIBLIOGRAFÍA Blanco, A. (1962): El toro ibérico. Homenaje al prof. C. de Mergelina. Murcia, págs. 25-31 y pág. 31. García y Bellido, A. (1980): Arte ibérico. Madrid, 1980, pág. 70. Delgado, C. (1996): El toro en el Mediterráneo: análisis de su presencia y significado en las grandes culturas del mundo antiguo. Madrid, págs. 40-42; 90-92; 119 ss; 226-227; 272-274; 306-309; pág. 323 SS. Emery, W.B. (1991): Archaic Egypt. London, pág. 71. Karageorghis, V.(1979): Two Religions Documents of the early Cyprus Bronze Age. Reports of the Department of Antiquities. Cyprus, pág. 10 ss. Lang, M.L. (1969): The Palace of Nestor in Western Messenia, JI: The Frescoes. Princeton, págs. 79-81. Lilliu, G. (1966): "Scultore della Sardegna Nuragica". La Zattera, 96, págs. 388-389; 412; págs. 182-183. Luzón, J.M. 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