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Los hijos de inmigrantes extranjeros como objeto de estudio de la sociología

García, Iñaki

Abstract

¿Qué es lo que hace que se considere inmigrantes a personas que nunca han inmigrado? ¿Qué comparten los “inmigrantes de segunda generación” con los de la primera, y qué les diferencia de ellos? El texto trata de responder a estas preguntas, partiendo de la expresión “segunda generación” como síntoma para explorar el modo en que la sociedad española se representa a los hijos de inmigrantes, y para observar lo que puede haber de estigmatizante en esa “denominación de origen”. Después se comentan algunos aspectos del auge en España de los estudios sobre ese colectivo, comparándolos con el caso de Francia, y deteniéndonos en dos cuestiones que suelen tratarse en ellos: la cultura y la identidad. Finalmente, se toma de Foucault el concepto de biopolítica como clave de las problemá- ticas relaciones que las sociedades receptoras de inmigración mantienen con las poblaciones surgidas de ella.

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· 27 · LOS HIJOS DE INMIGRANTES EXTRANJEROS COMO OBJETO DE ESTUDIO DE LA SOCIOLOGÍA* Iñaki García (Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED) RESUMEN ¿Qué es lo que hace que se considere inmigrantes a personas que nunca han inmigrado? ¿Qué comparten los “inmigrantes de segunda generación” con los de la primera, y qué les diferencia de ellos? El texto trata de responder a estas preguntas, partiendo de la expresión “segunda generación” como síntoma para explorar el modo en que la sociedad española se representa a los hijos de inmigrantes, y para observar lo que puede haber de estigmatizante en esa “denominación de origen”. Después se comentan algunos aspectos del auge en España de los estudios sobre ese colectivo, comparándolos con el caso de Francia, y deteniéndonos en dos cuestiones que suelen tratarse en ellos: la cultura y la identidad. Finalmente, se toma de Foucault el concepto de biopolítica como clave de las problemáticas relaciones que las sociedades receptoras de inmigración mantienen con las poblaciones surgidas de ella. ABSTRACT ¿Why people who never immigrated are considered immigrants? ¿What do “second generation immigrants” have in common with “first generation immigrants”, and what makes the difference between them? This article deals with these questions, taking the expression “second generation” as a path for analysing how Spanish society represents the children of immigrants, and making the point on its stigmatizing contents. Then, some remarks are made on the rise in Spain of sociological studies on children of immigrants, comparing this phenomenon with the case of France, and discussing two subjects those studies commonly deal with: culture and identity. Finally, the foucaultian concept of biopolitics is taken as a key for understanding the problematical relationship, societies which receive immigration mantain with the population issued from it. * Una versión previa de este texto fue presentada en el IIIº Congreso sobre la Inmigración en España, celebrado en Granada en noviembre de 2002. Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 28 · 1 La “segunda generación” A pesar de las razonadas admoniciones de quienes desaconsejan su uso, parece que la expresión “segunda generación” va consolidándose como la más corriente para aludir a los hijos de inmigrantes extranjeros residentes en España. Se diría que para escapar de ella hay que dar un rodeo, esfuerzo semejante al que se hace para bordear un lugar (común) por el que no se quiere pasar, aunque sea al precio de tomar un camino más largo. Pero parece que se trata de una batalla perdida al poco de empezar, pues aunque el purismo consiguiese imponer como legítima la denominación “hijos de inmigrantes” o cualquier otra, esa imposición sería probablemente percibida por los legos como una concesión a lo políticamente correcto, un ritual cuya no observancia sería disculpable en aras de la comodidad verbal, o apelando a la complicidad fática entre los interlocutores del “para entendernos”. Pero no se trata aquí de censurar los usos lingüísticos, sino tratar de averiguar de dónde extraen su fuerza, analizando las representaciones sociales que trasmiten y reproducen. Todo parece indicar que cuando aludimos a la llamada “segunda generación” estamos pensando en una segunda generación de inmigrantes, como se trasluce claramente cuando, invirtiendo los términos del sintagma, se habla de los “inmigrantes de segunda generación”. Sin embargo, resulta trivial -por mucho que siga siendo necesariorecordar que la mayoría de esas personas nunca inmigró.1 La diferenciación entre los inmigrantes “de primera generación” y los de la segunda implica, como toda operación diacrítica, un paso previo no siempre explicitado: la unificación previa de padres e hijos bajo la categoría común de inmigrantes, producto a su vez de otra diferenciación de grado superior: la que separa a ambos a los no-inmigrantes. Es decir, que se construye sobre una clasificación que equipara a los hijos de inmigrantes con sus padres, y los opone a los “autóctonos”.2 El hecho de incluirlos en un colectivo del que en rigor no forman parte sólo puede entenderse en relación con el discurso dominante en la sociedad española sobre el fenómeno de la inmigración, y sobre las poblaciones resultantes de él. Este discurso podría representarse, respecto al tema que nos ocupa, de la siguiente manera: 1 Zehraoui (1981: 229) cree que hablar de segunda generación es “confundir una categoría institucional con una noción sociológica”. Costa-Lascoux (1989) y De Rudder (1997) consideran las diversas denominaciones que las ciencias sociales han dado a los hijos de inmigrantes poco claras, y Simon (2000: 23) las califica de “aproximaciones discutibles”. Por su parte, Bourdieu (1999b: 23) se pregunta: “¿cómo se puede considerar “inmigrantes” a personas que no han “emigrado” de ninguna parte y de las que se dice, además, que son de “segunda generación”?”. Otros textos donde se expresan críticas similares son Noiriel (1989), Durmelat (1995), Bouzid (1984) y Zehraoui (1981). 2 Como observa Sayad (1994: 165-166), “au fond, la confrontation [entre los rasgos de los padres y los de los hijos] n’est pas seulement entre deux générations [...], mais entre trois partenaires; et de ces partenaires le plus important est encore celui qui n’est pas nommé, à savoir la société d’immigration; la relation vraie se joue projetée sur la toile de fond constituée [...] par la société française”. · 29 · Artículos · Iñaki García Por lo demás, “inmigrante” es, no hay que olvidarlo, un término que arrastra un lastre peyorativo.3 Aquellos a quienes llamamos así con la naturalidad de quien cree estar usando un término meramente descriptivo rara vez se definen a sí mismos como tales, a menudo se sienten incómodos al ser interpelados con ese nombre, o se desmarcan de él una vez alcanzan un cierto arraigo en nuestro país u obtienen la nacionalidad española (“yo ya no soy un inmigrante”). Se trata de reacciones previsibles, teniendo en cuenta el tono alarmista de los mensajes que los productores de opinión pública lanzan periódicamente a la sociedad española sobre la inmigración, tratamiento que produce inevitablemente un eco en las encuestas dedicadas a levantar acta de los temas que preocupan a los españoles (entre los cuales, y desde hace pocos años, la inmigración ocupa un lugar preferente). Todo esto no puede dejar de tener sus efectos en la vida cotidiana de quienes son impelidos a reconocerse en una etiqueta que los hace mucho más visibles a los ojos de los demás de lo que ellos seguramente querrían. ¿Cuánto tiempo ha de residirse en un país para dejar de ser visto como un inmigrante? No basta para ello la obtención de la nacionalidad, pues como sabe cualquier jurista (y como deja entender la oposición convencional de facto/ de iure) lo social y lo jurídico discurren a menudo por vías diferentes. Seguir llamando “inmigrantes” a personas territorialmente asentadas resulta abusivo, pues supone definir su condición social a partir de una acción, la de inmigrar, que puede haber sucedido hace años, lustros o décadas. Esta sustantivización de un participio activo4 presenta todos los rasgos de una atribución identitaria estigmatizante, 3 “En fait, le terme d’«immigré» renvoie à une «figure sociale» plus ou moins équivalente à ce que furent les «métèques» dans la Grèce antique [...y...] à une position à part dans la nation et la société, à une précarité continue, au moins sur deux générations” (De Rudder, 1997: 31). 4 El DRAE dice del sufijo “-nte” que significa “que ejecuta la acción expresada por la base”; y así, si es cantante quien canta, caminante quien camina, pudiente quien puede, etc., inmigrante sería quien inmigra, aunque (y he aquí lo significativo) haya inmigrado en el pasado, y debiera ser por ello ser nombrado, en todo caso, mediante el participio pretérito: “inmigrado” - como se hace en Francia, donde no se habla de los immigrants sino de los immigrés. En este sentido, podría decirse que la pesada condición de inmigrante persigue al que inmigró una vez, y le hace estar inmigrando siempre. «ellos, los inmigrantes» «La segunda generación» «nosotros, los españoles» Dos círculos cerrados Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 30 · esto es, la atribución a otros de una identidad negativamente cargada que, superponiéndose a cualquier otro rasgo suyo, se convierte en su atributo principal y definitorio (Goffman, 1980). Pero volvamos a la cuestión de la “segunda generación”. Mannheim (1990) introdujo el concepto de generación en las ciencias sociales como una herramienta para pensar los cambios culturales, pero resulta también de gran utilidad para abordar la cuestión de los hijos de inmigrantes, como demuestra Sayad (1994), para quien toda generación es delimitada por la combinación de dos planos complementarios: uno diacrónico y otro sincrónico. En el primero, la cuestión es saber cuándo se produce la sucesión de una generación a otra, cuándo puede decirse que estamos ante una nueva. En el segundo, se trata saber qué (hecho, acontecimiento, momento histórico, etc.) define a esa generación.5 Ambas cuestiones apuntan al mismo interrogante: ¿cuáles son los límites temporales de una generación? En el caso que nos ocupa, la línea que separa a los inmigrantes de sus hijos (plano diacrónico) viene marcada por la relación de filiación entre ellos. El término “generación” remite aquí a su sentido más puramente biológico, el que el DRAE define como “sucesión de descendientes en línea recta” (tercera acepción). Como han revelado Sayad (1994) y Vourc’h (2000), caracterizar a una población a partir de su filiación supone una biologización tácita6, una forma extrema de esencialización próxima al racismo, pues implica la idea de que la condición de inmigrante se trasmite de padres a hijos junto con el resto de rasgos naturales (viejo racismo biologicista) y sociales (nuevo racismo culturalista). Dicha caracterización resulta aún más significativa por producirse en un momento histórico en el que la filiación ha perdido casi todas sus resonancias identitarias (ver Marinas y Santamaría, 1994). En efecto: el hecho de que, en una sociedad en la que no se pregunta ya “¿tú de quién eres?”, los hijos de inmigrantes sigan siendo identificados como hijos de nos lleva a plantearnos una pregunta, en cuya respuesta radica, a nuestro entender, la clave de la cuestión: ¿qué es lo que la sociedad española tiene necesidad de destacar en los hijos de inmigrantes para señalarlos como tales? O, dicho de otra manera: ¿qué será eso tan importante que los hijos de inmigrantes heredan de sus padres? A lo largo de estas páginas trataremos de responder a esta pregunta, fundamental para la construcción de nuestro objeto de estudio, en la medida en que, como dice Lenoir (1993: 95), “el sociólogo se enfrenta a discursos que corresponden a la constitución del fenómeno que él estudia”. 5 Por poner algunos ejemplos propios de la sociedad española, distintos de los que da Sayad: “la generación de la posguerra”, “la generación del 600”, “la generación de la movida”, “la generación del baby boom”, etc. Estos ejemplos nos permiten observar algo importante: lo irregular de la forma de caracterizar a las generaciones, según se remita a hechos de una mayor o menor relevancia y extensión territorial (a veces local, otras nacional, otras internacional), histórica (a veces episódica, otras duradera) y social (diferentes hechos afectan diferencialmente a los distintos grupo sociales). 6 “Le terme de génération contient en lui le risque de devoir servir de terrain nouveau, nouvellement offert au socio-biologisme” (Sayad, 1994: 155). · 31 · Artículos · Iñaki García El otro plano en el que enmarcar a la “segunda generación” -el sincrónico, que remite al hecho, acontecimiento o momento histórico a partir del cual se la caracterizaconsta de dos niveles distintos, que podemos describir como dos círculos concéntricos. En el círculo más reducido nos encontramos con el movimiento migratorio en sí, es decir, el momento de la e/inmigración de cada uno de los miembros de la familia. Y no podemos dejar de fijarnos en lo que supone el que sea a partir de ese acontecimiento como se empiezan a contar las generaciones familiares (en números ordinales: primera, segunda... ¿hasta cuál? ¿en qué generación dejarán los “inmigrantes” de serlo, confundiéndose al fin con los “autóctonos”?7), como si éstas sólo existiesen a partir del momento en que inmigran. Toda la historia de la familia anterior a él es borrada, convirtiéndose una vez más la condición de inmigrantes en el eje en torno al cual la identidad familiar se coagula. Ese olvido, cuando es reproducido en los estudios científicos, deja de ser un mero prejuicio común para convertirse en una fuente constante de errores epistemológicos, pues resulta imposible comprender la inmigración sin tener en cuenta la emigración, esto es, todo lo que sucede en los países de origen antes y después de la partida de los emigrantes. El segundo círculo dibujado en el plano sincrónico es más amplio, porque no se circunscribe a la vida de las familias inmigrantes, sino a la de la sociedad española en general. Se trata del que tantas veces se nombra8 como el momento histórico de dejar de ser la española una sociedad de emigración para convertirse en una de inmigración. Es con la llegada a España de un volumen “significativo”9 de inmigrantes cuando surge, en la práctica y en la teoría (es decir, en la sociedad y en la sociología), la “segunda generación”, a medida que aparecen a España los problemas (prácticos) y las problemáticas (teóricas) propias de los países de inmigración.10 Un repaso a la forma en que 7 J. Labrador, autor de una monografía sobre inmigrantes peruanos en España (2001), me relató cómo uno de los sujetos entrevistados por él como parte del trabajo de campo de esa investigación le espetó: “yo no te pregunto por tus antepasados cada vez que hablo contigo”. 8 “Si hubiera algún tropo discursivo que mejor reflejara la importancia simbólica que la «inmigración no comunitaria» ha adquirido en España, éste no sería otro que el uso recurrente que desde mediados de los años ochenta se hace de la expresión «España: de un país de emigración a un país de inmigración».” (Santamaría, 2002: 113) 9 Las comillas subrayan aquí lo arbitraria que resulta cualquier definición de un umbral, en la medida en que responde en su mayor parte a una cuestión, la visibilidad de las poblaciones inmigrantes, de la cual el elemento demográfico es sólo un componente entre otros menos evidentes (como la etnicidad, la concentración territorial y sectorial, etc.). Sobre la visibilidad de los inmigrantes, ver Suárez (1998b) y Santamaría (2001; 2002). 10 El primer estudio realizado en España sobre los hijos de inmigrantes que conocemos es el de Pascual y Riera (1991), en cuyo título aparece ya una cuestión sobre la que volveremos más adelante: la de la identidad. Resulta muy significativo que se trate de una investigación llevada a cabo en Barcelona, no sólo por haber sido ésa la primera provincia en recibir a un número importante de inmigrantes extranjeros, sino también porque dinámicas propias de la sociedad catalana contribuyen a que la cuestión de la identidad cultural reciba una atención especial. Y es interesante observar cómo esas dinámicas han hecho que el tratamiento que los investigadores catalanes han dado a la inmigración extranjera haya adoptado un perfil específico (y con aspectos sumamente interesantes, a nuestro entender), enlazándola con problemáticas desarrolladas previamente en relación a la inmigración española a Cataluña (ver Solé, 1987; y Solana y otros, 2002). Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 32 · éstas últimas han ido surgiendo y desarrollándose a lo largo de los últimos años como objeto de estudio y como campo de especialización académica y pro-fesional de los sociólogos mostraría cómo, en términos generales y hasta el momento, se han seguido en España los mismos pasos dados en otros países europeos donde la inmigración es un fenómeno más añejo (aunque, claro está, con las especificidades propias de cada caso).11 Como hemos argumentado más arriba, esa evolución viene en gran parte pautada por las demandas institucionales que potencian, a través de la financiación, el estudio de unas cuestiones sobre otras -y, lo que es más importante en términos de autonomía del campo científico, de unos planteos sobre otros. Aparicio muestra cómo la dependencia institucional marcó claramente la investigación española sobre hijos de inmigrantes desde sus inicios, pues observa que buena parte de los primeros estudios fueron financiados por el (entonces llamado) Ministerio de Educación y Ciencia, quien “entre 1991 y 1997 subvencionó hasta 26 proyectos de investigación relacionados con los inmigrantes y la educación” (Aparicio, 2001: 172). La autora data también la aparición de esos trabajos pioneros en 1991, “año en que los datos de inmigración se dispararon espectacularmente debido en gran parte al proceso de regularización”, y año asimismo en el que algunas tensiones ligadas a la presencia de hijos de inmigrantes en centros de enseñanza “fue la primera señal que tuvieron las autoridades educativas y otros sectores de la Administración para darse cuenta de que podrían estar frente a un problema” (íbid.). La amplia revisión de la literatura española que nos ofrece revela dos cuestiones muy interesantes: primera, que la única nacionalidad que ha sido objeto de estudios específicos ha sido la marroquí, “casi un tercio de toda la literatura de investigación”, (ibid); y segunda, que los aspectos más tratados desde entonces han continuado siendo los educativos, seguidos de lejos por los demográficos y los relativos a lo que suele llamarse “integración”. Los hijos de inmigrantes reciben pues una atención creciente por parte de los investigadores españoles, y el detalle con que se escribe sobre ellos va en aumento, incremento en extensión y en intensidad de la literatura especializada - donde afortunadamente va abandonándose la expresión “segunda generación”- que trascurre aproximadamente en paralelo al crecimiento físico de los propios sujetos.12 Tanto es así que casi podríamos seguir el decurso vital generacional de éstos a través de aquélla, y decir, como las amorosas comadres, que “los hemos visto crecer día a día”. 13 Se manifiesta así con una fuerza inusitada el vector 11 Sobre la literatura española, ver Santamaría (2002). Para el caso de Francia, ver Noiriel (1989) y Simon (2000), quienes consideran que fueron en gran parte las propias instituciones públicas, a través de sus mecanismos burocráticos de designación, quienes “crearon” a la segunda generación. 12 Por citar sólo una muestra de textos que han sido publicados, esto puede observarse en el abanico que va desde las alusiones al tema en los estudios más generalistas (Giménez, 1993; Izquierdo, 1992; Masllorens, 1995) hasta los trabajos específicos (Colectivo Ioé, 1996; Franzé, 1999; Siguan, 1998), pasando por los apartados o capítulos dedicados a él en monografías sobre colectivos particulares (Pumares, 1996; Sepa, 1993). 13Algunos de los temas más corrientes, cronológicamente ordenados: presencia en la escuela, fracaso escolar, crisis de identidad durante la adolescencia... Observando lo sucedido en otros países con sus respectivas “segundas generaciones”, podemos prever para los próximos años la aparición de trabajos sobre su formación laboral (¿están cualificados?), acceso al mercado de trabajo (¿son discriminados?), pautas de nupcialidad (¿se casan entre ellos?), etc. · 33 · Artículos · Iñaki García biopolítico (sobre el que volveremos más adelante) que estaba ya inscrito en el hecho de que los estudios sobre los múltiples fenómenos relacionados con la inmigración queden prácticamente reducidos14 a estudios sobre los inmigrantes. Como advierte V. de Rudder, los obstáculos epistemológicos a los que siempre se enfrenta la investigación aumentan considerablemente cuando se construyen categorías sociológicas para designar a “tipos de personas”; máxime si, como es el caso, se trata de miembros de las clases populares.15 Otros autores que han retomado la teoría mannheimiana de las generaciones son G. Mauger (1991) y, en España, E. Martín Criado (2002a, 2002b). Este último, en su tesis doctoral sobre la juventud española (1998) destaca hasta qué punto el autor de Ideología y utopía se distanció de los planteamientos idealistas según los cuales es la mera coetaneidad la que crea a la generación.16 Encontramos una muestra de ellos en el análisis de Ortega y Gasset (1947) sobre las transformaciones culturales del Renacimiento, donde incurre en el sicologismo de generalizar a todo el espacio social la experiencia de un grupo social concreto, a través de esa suerte de tipo ideal que es la figura del “hombre del siglo XV”. Para evitar simplificaciones de ese tipo, Mannheim aclaró que una generación no es un simple agregado de individuos que comparten el hecho de haber nacido y vivido en un determinado lugar y momento histórico, sino un grupo que comparte unas características relevantes en términos sociológicos.17 Como puede verse, este postulado resulta plenamente aplicable al caso de la “segunda generación”, dado que sus miembros no tienen en común únicamente lo que indica el nombre con el que se les designa -el ser hijos de inmigrantes-, sino toda una serie de rasgos derivados de las condiciones en que las poblaciones surgidas de la inmigración se insertan en la sociedad española. Por lo tanto, son estos rasgos los que hay que analizar para poder llegar a comprender cuál es realmente la problemática que les afecta. 14 Reducción doblemente práctica: por producirse en la práctica de la investigación social y por responder a los fines prácticos de los principales clientes de esa investigación, las instituciones públicas. 15 “Ces obstacles sont particulièrement importants lorsqu’il s’agir de construire des catégories de personnes, de constituer des groupes. Aux questions habituelles en la matière (la pertinence des agrégats operés, leur consistance, leur rapport au “sentiment subjectif d’appartenance”...) s’ajoute le risque de substantiver des abstractions, de réifier des artefacts, choses qui ne vont pas sans concéquences sociales. Dans le cas des populations en situation minoritaire, le péril est particulièremente grave du fait que la science se trouve objectivement dans le champ dominant des rapports de pouvoir de désignation.” (De Rudder, 1997: 39-40) 16 Por cierto que, como muestra Martín Criado, “la juventud” recibió a lo largo de los años ochenta una atención por parte de los sociólogos similar a la que hoy recibe “la inmigración”, en cuanto a volumen de estudios, demanda y financiación institucional, planteamientos de investigación... Nos encontraríamos, pues, ante un caso similar al señalado por Noiriel (1989) y Simon (2000) - ver nota a pie más arriba. 17 “Lo fundamental para Mannheim son las condiciones materiales y sociales a partir de las cuales se producen los individuos. Distinguir estas condiciones nos lleva a descartar cualquier concepto de generación puramente cronológico: hay que tener en cuenta también la situación en la estructura social. Y ello por dos razones: a) porque las experiencias que producen los sujetos serán distintas según su posición en el espacio social; b) porque estas experiencias tendrán efecto distinto sobre los sujetos según sus distintas «formas de estratificación de la conciencia», que también difieren según el origen social.” (Martín Criado, 1998: 81) Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 34 · 2 La cultura y la identidad Pero antes de poder plantear correctamente esa cuestión habrá que superar otros obstáculos epistemológicos. A los dos señalados ya, la biologización y la dependencia por parte de los investigadores de lo que Sayad ha llamado “el pensamiento de Estado”18 , puede añadirse un tercero, no menos reificador. Nos referimos de nuevo al culturalismo, que está presente cuando se centra toda la problemática de los hijos de inmigrantes en la existencia de un supuesto conflicto debido a las tensiones entre algo llamado “cultura de origen” (encarnada en su familia) y la cultura mayoritaria en país de asentamiento (identificada, de forma simplista, con la escuela como institución expresamente encargada de la socialización). Esta concepción de la cuestión es profundamente errónea, pues incluso si existiera algo que pudiera ser llamado “cultura de origen” (lo que no es el caso, como vimos más arriba19 ) ésta no sería ya la de las familias inmigrantes, sumamente adaptativas a la sociedad en que residen y sometidas de facto a las pautas dominantes en la sociedad en que habitan, tanto por la vía de los esquemas simbólicos dominantes en ella como por la, más efectiva, del constreñimiento que esas pautas imponen a través de las instituciones en que se materializan.20 Por lo demás, y como han mostrado múltiples estudios sobre los profundos efectos que el proceso de asentamiento tiene en las familias inmigrantes, en la mayoría de los casos ni siquiera sucede que los inmigrantes traten de trasmitir en bloque a sus hijos las costumbres, usos, valores, actitudes y normas vigentes en su medio social de origen, pues son conscientes de que ello sería condenarles en buena medida a la inadaptación.21 Pero para llegar a creer que tal “conflicto cultural” existe ha habido que realizar una operación intelectual previa nada evidente: pasar de la cultura, concepto altamente abstracto que alude a la esfera simbólica de lo social22 , a las culturas como sistemas concretos definidos en términos territoriales u otros (“la cultura española”, “la cultura vasca”, “la subcultura de la marginación”, “la cultura empresarial”, etc.). Una 18 “C’est l’Etat qui se pense lui-même en pensant l’immigration, qui se pense selon la «pensée d’Etat»” (Sayad, 1994: 164). 19 “Peut-on dire que la culture des couches bourgeoises maghrébines, fortement marquée par certaines valeurs de la culture occidentale, est la même que celle des paysans prolétarisés du haut Atlas marocain, du Sud tunisien, des montaignes des Aurès et de la Kabilie en Argélie?” (Zehraoui: 1994: 83). 20 “L’idée même de «choc» [de culturas...] ignore tous les processus de déculturation et d’acculturation à l’oeuvre dans le contexte des situations migratoires.” (Zehraoui, 1994: 82) 21 Además de los minuciosos trabajos de Zehraoui (1996, 1999) sobre familias de origen magrebí residentes en Francia, ver también, por ejemplo, Abou Sada y Zeroulou (1993), Beaud (1996), Davault (1994), Zakaria (2000); y en España, Giménez (1992), Franzé y Gregorio (1994), Pascual y Riera (1991) y Pumares (1996), entre otros. 22 Es sin duda esa gran abstracción, efecto de separar forzadamente lo simbólico de lo material, lo que ha generado tal sobreabundancia de definiciones del concepto de cultura, de entre las cuales tomamos la clásica de Tylor, según la cual la cultura es el “todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad” (citado por Giménez, 1998: 168). · 35 · Artículos · Iñaki García vez asumido que cada “comunidad” o grupo social tiene su cultura o subcultura, y que ésta se trasmite de generación en generación, resulta casi inevitable pensar que los hijos de inmigrantes padecen la inadecuación de unos esquemas adquiridos en su familia (como si se tratase de un patrimonio que los inmigrantes traen con ellos, generalmente reducido además a sus aspectos normativos) a los dominantes en el país de asentamiento.23 La mejor forma de sortear estos malentendidos es recordar que los hechos culturales no son otra cosa que los aspectos simbólicos de los hechos sociales, planteo que permite ir más allá de la cuestión del “conflicto cultural” (más propia del sentido común que de las ciencias sociales) y analizar las relaciones entre diferentes “culturas” como una parte más -y no la más destacadade las relaciones que mantienen entre sí grupos sociales y personas implicadas en situaciones de inmigración, en el marco de contextos históricos e institucionales concretos. Para romper con el culturalismo no basta por lo tanto con recordar que junto a las “diferencias culturales” están las “desigualdades sociales”, erróneamente entendidas como meras diferencias en el volumen de capital económico, acceso a recursos, posiciones en los mercados, etc. Limitarse a ello sería mantener la separación artificial entre cultura y sociedad, dejando a ésta última, una vez arrancados de su seno y mistificados bajo el nombre de “cultura” los aspectos simbólicos de las relaciones sociales, reducida a sus aspectos materiales, creyendo encontrar en esa supuesta “materialidad” o “facticidad” la prueba de su existencia autónoma más acá de todo correlato simbólico. Salir de esa falsa oposición entre ambas esferas, ligada, como vimos, a la compartimentación académica entre etnología y sociología, pasa pues por reinscribir dialécticamente (que no subsumir) lo cultural en lo social. Por ejemplo, complejizando la citada distinción entre diferencias culturales y desigualdades sociales; como hace Sayad (1981) cuando, tan lejos del falso relativismo cultural como del miserabilismo burdamente materialista, denomina desigualdades culturales a los efectos de la dominación simbólica que actúa a múltiples niveles en el proceso de inserción de los inmigrantes y sus hijos en la sociedad de asentamiento: entre países emisores y receptores de migrantes, entre grupos étnicos, entre clases sociales, entre sujetos individuales, “acteurs sociaux qui ont intériorisé des éléments pratiques et symboliques d’une culture donnée, dans le cadre de processus de leur socialisation sous la contrainte des structures de la société globale du pays d’origine, et vont être confrontés à d’autres éléments d’une autre culture du fait de leur rapport à l’immigration” (Zehraoui, 1996: 241). 23 Como ha apuntado Gokalp (1977), la idea de una “cultura de origen” de los inmigrantes remite casi siempre a las fantasías occidentales sobre el “otro”, étnicamente definido. Y hay que decir que la cuestión no se resuelve simplemente cambiando esa supuesta cultura de origen por una “cultura inmigrante”, pues aunque este concepto supone un avance respecto a aquel, no deja de vehiculizar la creencia de que existen culturas unitarias diferenciadas (la del país de origen, la de los inmigrantes, la del país de asentamiento...). El culturalismo no se supera recurriendo a la proliferación ad hoc de culturas y subculturas, sino rompiendo con la reificación de los hechos simbólicos que supone hablar de culturas en plural, de culturas concretas, como si éstas tuviesen entidad propia (reificación que acaso estaba ya inscrita en la definición de Tylor, en la medida en que aludía a un “todo complejo”). Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 42 · inspirarnos en el clarividente estudio sobre el “sufrimiento social” de Bourdieu (1999a) y sus colaboradores36 , quienes buscan las causas los conflictos vividos por los inmigrantes y sus hijos donde realmente se encuentran: en las determinaciones impuestas por los poderosos factores que hacen de ellos una “clase separada” (Sassen, 1999: 149), una fracción particularmente (material, cultural, simbólicamente) dominada de las clases sociales dominadas. Bibliografía ABOU SADA, G. y ZEROULOU, Z. (1993). “L’insertion sociale et professionnelle des jeunes diplômés issus de l’immigration: l’emploi des immigrés”, en Critique Régionale, 19, págs. 7-38. ADORNO, T.W y otros (1973). La disputa del positivismo en la sociología alemana. Barcelona: Grijalbo. APARICIO, R. (2001). “La literatura de investigación sobre los hijos de inmigrantes”, en Migraciones, 9, págs. 171-182. AZURMENDI, M. (2001). 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