CARACTER
I)E
LA
MEDICINA
CONTEMPORÁNEA.
X3XSCTJKSO
LEIDO
EX
LA
UNIVERSIDAD
LITERARIA
DE
SEVILLA
KN
,A
SOLEMNE
INAUGURACIÓN
DEL
CURSO
ACADÉMICO
DE
1893
A
1894.
DISCURSO
LEIDO
EX
LA
UNIVERSIDAD
LITERARIA
DE
SEVILLA
EN
LA
SOLEMNE
INAUGURACION
DEL
CURSO
ACADÉMICO
DE
1893
A
1894
POR
EL
DOCTOR
D.
FRANCISCO
MELÉNDEZ
Y
HERRERA
CATEDRÁTICO
DE
MEDICINA
OPERATORIA
DE
LA
FACULTAD
DE
MEDICINA
ESTABLECIDA
EN
CADIZ.
4
4
X
CÁDIZ
IMPRENTA
1)E
LA
REVISTA
MÉDICA,
de
D.
FEDERICO
JOL .
CALLE
CEBALLOS,
NÚM.
1.
1893
c ' wio.
LI
énos
aquí
cong egados
pa a
inaugu a
un
nue o
cu so
aca-
lldémico
en
es e
sag ado
ecin o,
que
ha
de
se
u bado
al¬
gunos
ins an es
po
mi
débil
oz,
al a
á
la
ez
de
la
espe¬
abilidad
y
el
acie o
de
la
de
mis
sabios
p edeceso es.
Es e
emplo
augus o,
esas
umbas
que
encie an
las
cenizas
de
an¬
os
ilus es
a ones,
hon a
de
la
pa ia,
el
apa a o
solemne
que
me
odea,
la
g an
ciudad,
cuyas
au as
a a
ez
o ea on
mi
ya
cansada
en e,
es e
suelo,
pocas
eces
hollado
po
mi
plan a:
o¬
do
es o
se
ep esen aba
an
al
i o
en
mi
ce eb o
al
oma
la
plu
ma
pa a
bosqueja
es e
discu so,
que
hab ía
bas ado
pa a
hace
des alleciese,
no
ya
mi
pob e
alien o,
sino
o o
ha o
mas
igo o
so
y
obus o.
Po
eso
debie a
yo
enmudece
en
p esencia
ues
a,
y
po
eso,
á
se
su icien e
mi
olun ad
sola,
hab ía
declina
do
la
al a
hon a
de
ocupa
es a
cá ed a,
si
sob e
aquel
deseo,
nacido
no
de
alsa
modes ia,
sino
del
conocimien o
ín imo
de
mí
mismo,
no
es u iese
el
sag ado
debe
de
aca a
los
p ecep os
(
2
)
6
de
la
supe io
au o idad
uni e si a ia;
p ecep os
que
cumplo
siemp e,
an o
más
gus oso,
cuan o
que
en
mi
obediencia
an
jun as
la
sumisión
que
debo
al
al o
ca go
de
que
aquellos
ema¬
nan,
y
la
p o unda
es ima
que
p o eso
á
la
dignísima
pe sona
que
lo
desempeña.
G ande
es
mi
emo ,
excusable
y
legí ima
mi
descon ianza
al
p esen a me
po
ez
p ime a
an e
es e
espe able
claus o;
an e
oso os,
he ede os
de
an as
glo ias
como
encie a
el
cla o
nomb e
de
la
Uni e sidad
Se illana;
nomb e
que
incólu¬
me
gua dáis,
glo ias
que
eno áis
pa a
más
enal ece
á
es a
mad e
común,
que
ha
is o
ac ecen a
las
an iguas
suyas,
con
las
nada
escasas
que
ino
á
o ece le
la
noble
his o ia
de
o a
escuela,
que
si
cobijada
bajo
su
mismo
man o,
i e
apa ada
de
ella
po
la
dis ancia,
no
po
el
desamo .
En
nomb e
de
aquella
escuela,
con e ida
hace
ya
más
de
medio
siglo
en
ues a
Facui ad
de
Medicina,
ocupo
hoy
es e
hon oso
si io,
y
yo
que,
al
e me
pa a
ello
designado,
me
es emecí
sin iendo
odo
el
peso
de
la
c uel
compa ación
que
hab á
de
es ablece se
en e
las
dise aciones
pasadas
y
mi
humilde
abajo,—sin
que
deje
de
lamen a
la
desg aciada
elección
que
escoge
lo
más
malo
donde
an o
bueno
exis e,—hube
de
anquiliza me,
e¬
lexionando
que
si
ha
de
habe
g adación
en
es os
discu sos,
es
p eciso
que
alguna
ez
se
oiga
aquí,
como
en
la
ocasión
p esen e,
lo
modes o
y
pob e,
pa a
pode
compa a lo
con
lo
ico
y
de
g an
alo
de
los
iempos
pasados.
Ol idad,
pues,
ó
bo ad
del
odo
las
g a as
eminiscencias
que
conse áis
en
la
memo ia
de
lo
ocu ido
aquí
en
años
an e io es,
y
p epa aos
á
escucha
po
b e es
momen os
la
o pe
palab a
de
un
compañe¬
o
que
odo
lo
espe a
de
ues a
indulgencia
y
de
ues o
a ec o.
Pe plejo
é
i esolu o
he
es ado
an es
de
decidi me
á
ele¬
gi
asun o
pa a
mi
abajo,
que
si
como
mío
nunca
hab ía
de
se
digno
de
ues a
ilus ación,
uese
al
menos
opo uno
ó
ole¬
able.
Vacilan e
y
lleno
de
dudas,
no
sabía
qué
de o e o
oma ;
ácil
me
hubie a
sido
escoge
cualquie a
de
esos
nume osos
p o¬
blemas
qui ú gicos
que
á
dia io
enemos
que
es udia
y
diluci¬
da
los
que
á
es a
clase
de
enseñanza
nos
dedicamos;
pe o
en¬
endí,
que
abusa ía
de
ues a
a ención
haciéndola
g a i a
so¬
b e
asun os
po
demás
écnicos
ó
ci cunsc ip os:
ijóse
mi
ánimo,
po
úl imo,
en
los
po en osos
adelan os
que
la
Ciencia
Médica
ha
alcanzado
en
los
mode nos
lus os:
p og esos
debidos
á
las
im¬
pe ecede as
enseñanzas
de
lo
pasado
y
á
las
ecundas
ene gías
de
lo
p esen e:
cons i uyendo
una
espe anza
legí ima,
po
lo
cie ¬
a,
pa a
el
po eni .
Es udia
á
g andes
asgos
esos
adelan os,
basa
ese
es u¬
dio
en
el
conocimien o
de
la
His o ia
de
nues a
ciencia
en
es os
úl imos
iempos,
pa a
deduci
el
ca ác e
de
la
medicina
con em¬
po ánea,
hé
aquí
lo
que
me
p opongo
expone
en
es e
abajo,
si
me
seguís
p es ando
ues a
bene olencia.
I.
Dice
el
Génesis
que
o mada
la
na u aleza
po
el
sabio
y
omnipo en e
dic ado
de
un
Dios,
que
p onunció
el
mágico
ia
con
el
que
odo
hubo
de
o dena se,
cambió
de
o ma
al
hace
el
homb e,
exclamando:
Faciamus
hominem
adsmili udinem
nos am
;
e
h
i
zo
al
homb e
con
sus
p opias
manos
y
su
p opio
alien o,
ha
ciendo
que
se
ce nie a
el
pensamien o
di ino
sob e
la
ma a illo
sa
sín esis
ence ada
en
su
p odigioso
o ganismo.
Al
hace
es e
úl imo
se ,
no
al ó
al
pensamien o
c eado
8
que
colocó
la
unidad
de
una
ley
cons an e,
bajo
la
a iedad
in¬
mensa
de
las
ans o maciones
y
los
enómenos.
E a
una
sín esis
p eciosa
en
que
odo
se
enlazaba
ha móni¬
camen e,
lo
g ande,
lo
inmenso,
lo
con a io;
con
lo
chico,
lo
mi¬
c oscópico,
lo
a ómico;
lo
más
sencillo,
con
aquello
que
p esen a
una
a iedad
a u dido a:
Dios,
en
in,
que
es
el
g an
p incipio,
con
la
C eación,
que
es
su
ob a
ni elado a
del
in ini o.
De
aquí
que
sea
posible
al
pensamien o
subi
po
esa
escala
so p enden¬
e
que
a
desde
el
espí i u
humano
al
di ino,
dejándose
luego
cae
desde
las
al u as
del
C eado
á
los
abismos
de
la
c ia u a;
ya
pa a
in en a
la
ciencia,
ya
pa a
comp oba la
y
deja la
es¬
ablecida,
explicándose
odo
ac o
po
su
po encia,
odo
e ec o
po
su
causa,
oda
consecuencia
po
su
p incipio,
y
odo
enómeno
po
su
ley.
La
idea
de
Dios
al
c ea ,
obedece
á
una
egla
que
aleja
su
ob a
del
aza ,
y
la
some e
al
p og eso;
es e
apa ece
po
odas
pa es
exp esado
en
la
se ie,
en
la
con inuidad,
en
lo
di e en e;
siemp e
deja
anspa en a
la
unidad
de
la
ue za
o ganizado a;
y
es a
ue za,
ac uando
sob e
la
ma e ia,
la
egula,
la
combina,
la
diluye,
cambia
su
es ado,
y
la
some e
á
mo imien os
a ios
y
á
co ien es
di e sas,
que
la
hacen
apa ece
como
de
dis in a
na¬
u aleza.
¡Cuán a
dis ancia
no
á
desde
la
mecánica
á
la
óp ica!
¡Y
cuán a
más
se
obse a
desde
el
sonido
á
las
co ien es
de
Ampá e!
¡Cómo
con undi
el
mis e ioso
abajo
de
la
semilla,
bajo
el
ecundo
suelo
del
ópico,
p oduc o
del
bosque,
y
cómo
comp ende
esa
labo
secula
del
in uso io
gene ando
la
isla
co¬
alí e a
en
el
seno
de
los
ma es!
Así
como
una
ib ación
del
é e
explica
oda
la
acús ica,
y
o a
de
la
luz
oda
la
óp ica,
y
o a
de
la
molécula
iman ada
odo
el
magne ismo,
y
o a
de
la
eacción
química
oda
la
elec icidad;
así
la
combinación
de
los
á omos
da
luga
á
las
células
o gánicas,
y
la
ida
ege a i a
se
ans-
9
o ma
en
animal,
y
la
icia
de
elación
se
añade
á
la
espi a¬
o ia,
y
el
mo imien o
se
ag ega
al
c ecimien o,
pa a
p oduci
desde
el
musgo
al
ced o,
y
desde
el
mic obio
al
ele an e;
con
el
pode
del
iempo,
el
in lujo
de
la
asociación
y
los
p odigios
do
las
combinaciones
y
ans o maciones
de
lo
uno
en
lo
di e en e,
de
lo
opues o
en
lo
ha mónico,
de
lo
simple
en
lo
complicado.
Bajo
es a
ley
se
ealiza
aquel
ia
di ino
y
so p enden e,
que
apa a
la
somb a
de
la
luz
y
las
aguas
de
las
ie as;
que
ija
en
el
i mamen o
esa
es ella
que
nos
si e
de
lumina ,
y
deshace
las
lo au es
nubes
en
ocío
ecundo
que
hace
da nos
á
la
ie a
oda
especie
de
u os;
que
con
su
luz
nos
egala
colo es
y
a o¬
mas,
a ancando
a
los
e geles
el
oxígeno
que
eclaman
nues¬
os
pulmones;
y
con
su
calo
llena
el
mundo
de
bosques
y
sel as;
y
las
sel as
y
bosques
de
animales,
poniendo
en
los
alles
pue¬
blos
y
homb es,
y
dejando
en
las
al u as
hielos
y
nie es
soli a ios.
Mas
es a
e a
la
pa e
muda,
dócil,
a al
de
la
C eación;
es¬
a
e a
la
pa e
o mada
en
el
homb e
po
el
dedo
de
Dios,
la
ha monía
de
la
ma e ia
ciega,
y
el
mo imien o
necesa io
e
i e¬
lejo.
Fal aba
la
pa e
di ina:
al aba
que
después
de
habe
ha ¬
monizado
Dios
en
el
homb e
oda
la
na u aleza
con
su
química,,
su
mecánica,
sus
unciones
ege a i as
y
sus
ac os
animales,
pu¬
siese
algo
de
su
se ,
que
le
hiciese
pa ece se
a
Él,
que
ligase
su
des ino
pu amen e
humano
á
su
pa e
di ina,
que
le
condujese
á
Él,
que
le
pe mi ie a
conoce lo,
sen i lo
é
imi a lo,
que
ab ie¬
se
en
el
seno
de
su
se
luga
pa a
la
conciencia,
y
e elase
en
la
ie a
el
o igen
celes ial
de
su
c eación,
pe pe uando
en
la
hu¬
manidad
el
einado
p o idencial
de
Dios.
De
es e
modo
el
homb e
se
asemejaba
á
su
Au o ,
lo
ep e¬
sen aba
y
podía
pensa
di inamen e;
de
es a
mane a
pod ía
lle¬
ga
a
llama se
sabio
y
genio
y
san o
,
y
ob a ,
en
in,
di inamen
e
,
aunque
siemp e
pe diese
su
ob a
el
ca ác e
de
absolu a.
—
16
—
cia.
Hoy
no
es
posible
abso be se
en
la
con emplación
inmó il
del
pasado,
dice
Boucha d;^)
hoy
no
hay
escuelas
en
el
sen ido
his ó ico
de
la
palab a;
pe o
hay
en
odo
el
mundo
cien í ico
un
ondo
común
de
conocimien os,
legados
po
los
siglos
y
en¬
iquecido
po
el
abajo
de
cada
día;
hay
un
mé odo
gene al
de
obse ación
é
in es igación,
una
disciplina
cien í ica
común
que
no
son
in ención
mode na,
sino
que
asumen
en
su
o ma
más
sencilla,
segu a
y
expedi a,
y
la
más
ap opiada
á
las
nece¬
sidades
ac uales,
los
di e sos
modos
de
in es igación
que
si¬
guie on
ias
épocas
an e io es.
Así
ha
comp obado
la
His o ia
la
exac i ud
de
aquella
ase
de
Bagli io,
cuando
señalando
la
e olución
de
las
doc inas
médicas,
decía:
Necessi as
medicina a
inxeni
,
expe ien ia
pe eci ...
egen e
ac
mode an e
a iones
lamine
.
El
genio
de
algunos
homb es
ha
impues o
á
eces
á
la
cien¬
cia
sus
doc inas,
des iándola
de
su
de o e o.
Cuando
esonaban
en
el
mundo
cien í ico
las
oces
elocuen es
de
S hal,
Ba hez,
Boe aha e,
Sydenham,
Bicha
y
Bos an,
la
ciencia
se
inclinaba
del
lado
de
es os
homb es;
la
ma cha
de
las
cosas
se
cambia¬
ba,
su gían
luego
las
sis ema izaciones,
y
la
Medicina
camina¬
ba
po
sendas
has a
en onces
desconocidas.
Hoy
no
suceden
las
cosas
de
idén ica
mane a.
Tindall
y
Pas eu ,
conmue en
el
edi i¬
cio
de
las
Ciencias
médicas;—acaso
ambién
ienda
el
espí i u
de
muchos
á
admi i
como
p incipios
algunas
conclusiones
que
co¬
mo
nacidas
de
p emisas
pa icula es
no
debie an
nunca
gene¬
aliza se;—pe o
ni
es a
al a
de
lógica
es
an
g ande,
que
enga
á
cons i ui
un
sis ema
lo
que
no
pudo
se
más
que
una
eo ía,
ni
las
doc inas
ac uales
pueden
asimila se
con
el
dogma ismo
délos
siglos
pasados.
En
las
épocas
que
nos
han
p ecedido
las
sis ema izaciones
nacían
casi
siemp e
de
un
concep o
subje i o:
po
el
SL
O ega
Mo ean.
Mad id'
d
e
'*
"
U ÍC¡6n
’
P
°
Ch
'
Bouchí, d
'
T a<1
'
—
17
—
se
omaba
un
hecho,
se
le
e igía
en
p incipio,
y
de
él
se
deducían
consecuencias;
había
más
sín esis
que
análisis;
adolecían
los
sis emas
de
un
ma cado
subje i ismo
que
les
daba
más
sa¬
bo
idealis a
y
dogmá ico
que
ealis a
y
posi i o.
Y
si
es as
ase ciones
necesi a an
p ueba
plena
de
comp o¬
bación,
la
end íamos
sob ada
en
el
es udio
c í ico
de
las
p inci¬
pales
doc inas
que
han
dominado
en
Medicina
en
es os
úl imos
ochen a
años,
sob e
odo
de
los
sis emas
i alis a
y
solidis a
.
Veamos,
si
no,
lo
que
nos
dice
la
His o ia.
II.
Gene almen e
se
conside a
á
Glisson
como
el
undado
de
la
escuela
i alis a;—noso os
c eemos
como
T ousseau/
1
)
que
aquel
au o
ue
el
p ecu so
ilosó ico
del
i alismo;— isiólogo
pensado
dio
un
p og ama
del
po eni ,
que
p ecedió
con
mu¬
cho
á
la
obse ación.
Su
es ilo
escolás ico
conse aba
bas an e
el
sabo
de
los
iempos
pasados,
y
la
doc ina
de
sus
ideas
e a
demasiado
me a ísica
pa a
que
hubiese
podido
eje ce
una
ac¬
ción
p óxima
sob e
la
p ác ica
de
la
medicina,
en
una
época
en
iue
los
ánimos
es aban
con
azón
deseosos
de
expe imen os
y
de
hechos.
S ahl
y
Ho mann
es ablecie on
las
bases
de
un
nue o
i a¬
lismo,
aunque
sin
in oduci
apenas
modi icación
alguna
pei-
cep ible
en
la
ma e ia
médica;
cuando
Boe haa e
empleó
oda
la
ex ensión
y
odo
el
pode
desús
g andes
ecu sos
in elec ua¬
les
en
amalgama
las
doc inas
an iguas
y
las
obse aciones
p
,
{ )
T a ado
de
Te apéu ica
y
Ma e ia
Médica,
po
A.
T ousseau
y
H.
Pidoux.
Tomo
III.
(
5
)
—
18
clínicas
de
sus
p edeceso es
y
de
sus
con empo áneos,
con
las
eo ías
mecánico-químicas
á
que
die on
luga
los
p ime os
des¬
cub imien os
del
enacimien o
médico.
Vié onse,
pues,
las
g andes
ideas
de
Hipóc a es
acomoda¬
das
á
un
humo ismo
más
g ose o
que
el
de
Galeno.
El
mecani¬
cismo
se
echo
en
b azos
de
es a
quimia ia
indiges a,
y
los
p e¬
ciosos
abajos
de
los
obse ado es
de
los
siglos
x i,
x ii
y
x in,
ue on
en
cie o
modo
el
g ano
saneado
que
el
ilus e
p o¬
eso
de
Leiden
dio
á
mole
á
su
mons uosa
cons ucción
mecá¬
nico-química,
obscu eciendo
los
p ime os
albo es
del
i alismo
que,
me ced
á
Glisson,
S ahl
y
Ho mann,
empezaban
á
b illa .
Y
aunque
la
escuela
de
Boe haa e
inaugu aba
una
especie
de
galenismo
en
medio
del
siglo
x m,
no
le
ue
posible
p escin¬
di
en e amen e
del
espí i u
inno ado
de
la
época.
Agi ábanse
en onces
los
sabios
po
una
ieb e
de
obse a¬
ción
y
de
expe imen ación
que
iba
ans o mando
la
ísica.
Re¬
gene ada
es a,
desde
luego
impuso
su
yugo
á
la
medicina
con
oda
la
ue za
del
impulso
que
había
ecibido,
obligando
á
ha¬
ce
más
expe imen os.
Mas
cuando
la
expe imen ación
iene
que
ci cunsc ibi
su
obje o,
escu écese
y
hace
pe de
de
is a
el
conjun o;
po
eso
Boe haa e
no
ob u o
g andes
bene icios
con
es e
modo
de
in e oga
á
la
na u aleza;
u ilizándolo
con
g andes
en ajas
su
ilus e
discípulo
Halle ,
en
la
demos ación
de
la
i i abilidad
;
descub imien o
de
incalculable
ascenden¬
cia,
que
debió
aniquila
los
p incipios
in omecánieos
que
pa e¬
cían
habe la
dado
o igen.
La
i i abilidad
al
como
salió
del
labo a o io
de
Halle ,
sepa ada
de
las
demás
p opiedades
i ales
y
conside ada
como
una
ue za
i a
en
medio
de
elemen os
mue os
é
ine es,
no
podía
se
pa a
los
isiólogos
más
que
una
ene gía
ísica,
sin
de¬
e minación
uncional,
un
segundo
impe ums
aciens
,
pe o
ma e-
—
19
—
ial
y
palpable,
un
mo o
de
nue a
especie,
limi ado
como
odas
las
po encias
mecánicas
á
un
mo imien o
sencillo
de
ai én,
que
po
lo
an o
no
podía
se
modi icado
sino
en
su
can idad
y
en
su
elocidad;
en
una
palab a,
que
solo
e a
suscep ible
de
más
y
de
menos.
Tal
ue
el
o igen
del
solidismo,
sis ema
que
en
ealidad
no
ué
o a
cosa
que
un
mecanicismo
dis azado;
pues o
que
consa¬
g ó
el
p incipio
undamen al
de
un
e o ,
que
consis ió
en
no
e
en
los
enómenos
i ales
más
que
las
modi icaciones
del
mo i¬
mien o
pu o
y
simple,
y
de
uno
solo
de
sus
elemen os:
la
can idad.
Pa a
ap ecia
bien
la
di e encia
que
hay
en e
los
solidis-
mos
an iguo
y
mode no,
es
p eciso
conside a
es e
sis ema
en
Ho mann
y
en
Cullen,
aco dándose
de
que
Halle
i ió
en e
es os
dos
au o es.
Gene almen e
se
asimila
y
aún
se
con unde
el
solidismo
de
Ho mann
con
el
de
Cullen,
bajo
el
p e ex o
de
que
ambos
es ibaban
en
el
espasmo
y
la
a onía;
y
sin
emba go,
hay
en e
los
dos
una
inmensa
di e encia.
La
dila ación
y
el
es¬
echamien o
al e na i os
de
los
ejidos,
el
sís ole
y
dias ole
de
los
asos
meno es,
en
la
doc ina
de
Ho mann,
no
e an
e ec o
de
una
ue za
mo iz
inhe en e
á
la
ib a
misma,
sino
de
un
lui¬
do
espansi o
que,
ejecu ando
el
es ue zo,
e a
el
único
que
ob aba.
El
sólido,
dila ado
de
den o
á
ue a,
obedecía
y
no
ema
mas
ac¬
ción
que
la
que
debía
á
su
elas icidad,
p opiedad
mue a,
en
que
odo,
has a
el
más
epen ino
mo imien o,
es
pu amen e
pasi o.
El
espasmo
de
Cullen
es
hijo
déla
i i abilidad
de
Halle ,
}
pe enece
á
la
ib a
y
al
aso
como
la
a acción
a
la
pied a.
P ocede
de
la
imp esión
y
no
de
la
dila ación,
y
es a
imp esión
uada
iene
de
ísica;
es
un
ac o
de
la
sensibilidad,
que
esponde
*
la
acción
de
los
cue pos
ex e io es,
en
i ud
de
una
expon a-
Ueidad,
an
esencial
pa a
los
ejidos
i os,
como
el
calo
pa a
los
cue pos
en
ignición.
Los
agen es
ísicos
exci an,
ponen
en
—
20
—
juego,
de e minan
en
cie o
modo
es a
p opiedad;
pe o
no
la
co¬
munican,
como
comunican
su
mo imien o,
su
caló ico,
su
lumí¬
nico,
su
elec icidad
á
los
cue pos
adyacen es
de
na u aleza
ana-
loga
a
la
suya.
Hay
más;
la
i i abilidad
ecibía
sus
e dade as
de e minaciones
uncionales,
no
del
ex e io ,
sino
de
una
ma e ia
i a,
la
ma e ia
ne iosa,
do ada
esencialmen e
de
sensibilidad,
como
la
ib a
muscula
lo
es á
de
i i abilidad
ó
acul ad
mo iz.
La
in e ención
de
es os
dos
elemen os
daba
á
las
ob as
de
Cullen
un
ca ác e
de
no edad
desconocido
has a
en onces.
Y
en
es e
momen o
ué
cuando
se
desp endió
la
medicina,
con
oda
cla idad
y
bajo
una
o ma
sis emá ica,
de
los
e e namen e
céle¬
b es
expe imen os
de
Halle .
P esen óse,
po
en onces,
un
discípulo
de
Cullen,
el
esco¬
cés
B own,
do ado
de
un
espí i u
an
in lexible
y
an
cla o,
pe o
ambién
an
b e e
y
an
exclusi o
como
una
línea
ec a,
según
la
g á ica
esp esión
del
eminen e
T ousseau.W
B own,
discu iendo
poco,
pe o
a i mando
mucho,
an
em¬
papado
se
hallaba
del
igo
y
de
la
sencillez
de
su
p incipio,
que
pasa
po
al o
los
g ados
y
las
excepciones.
Aquel
p incipio
p ocedía
de
la
i i abilidad
de
Halle ,
la
cual
en
la
doc ina
más
exac a
que
pode osa
del
c eado
de
la
isiología
expe imen al,
no
pasaba
de
se
un
hecho
emanado
de
un
expe imen o;
enómeno
que
es aba
educido
á
las
p opo ciones
de
una
p opiedad
esen¬
cial
á
la
ib a
i a,
pe o
sin
de e minación
isiológica.
Cullen
en
su
medicina,
como
Halle
en
su
isiología,
ha¬
bían
conse ado
los
po meno es
y
la
di e sidad
que
inducen
en
las
mani es aciones
de
la
llamada
ue za
i al,
las
p opiedades
ana ómicas
especiales
de
los
ejidos
y
de
los
ó ganos,
de
los
sóli¬
dos
y
de
los
líquidos,
como
ambién
las
di e encias
uncionales
(1)
T ousseau
y
Pidoux,
loe.
ci .
—
21
—
que
son
consiguien es.
No
así
B own,
que
pa a
unda
con
más
segu idad
la
unidad
de
su
sis ema,
conoció
que
le
e a
indispen¬
sable
la
más
absolu a
sencillez,
y
la
consiguió;
sup imiendo
en
isiología
odos
los
po meno es
ana ómicos
y
uncionales,
en
pa¬
ología
oda
la
nosología,
y
en
ma e ia
médica
oda
idea
de
es¬
peci icidad
en
los
modi icado es
e apéu icos,
oda
dis inción
de
na u aleza
en e
los
mismos.
F en e
ála
doc ina
de
B own,
le án ase
B oussais
con
su
céleb e
eo ía
isiológica,
negando
has a
la
idea
de
en e medad,
po que,
en
e ec o,
es
nega
la
en e medad,
educi la
á
un
acci¬
den e.
En
la
pleni ud
de
su
alen o
y
de
su
au o idad,
desde
la
al¬
u a
de
su
cá ed a
de
Pa ología
gene al,
con e ida
en
ibuna,
y
pa a
él
c eada,
eje ció
su
p oseli ismo
dominado ,
log ando
apacigua
y
domina
bien
p on o
los
espí i us.
A
eces
es
el
eco
de
esos
acen os
apasionados
que
habían
queb an ado
la
ieja
medicina.
Pe o
las
ideas
de
aquella
época
son
conducidas
po
o a
ía,
y
B oussais
debió
conoce
bien
p on o
odas
las
ama ¬
gu as
del
pon i icado:
la
é
que
se
ex ingue,
los
ieles
que
se
an,
el
emplo
acío,
la
indi e encia
que
odo
lo
cub e.
Sin
emba go,
hoy
emi iendo
juicio
impa cial,
debe
conce¬
dé sele
la
pa e
de
glo ia
que
en
jus icia
le
pe enezca.
Y
lo
que
cons i uye
la
glo ia
de
B oussais
no
es
el
habe
c eado
una
medicina
que
se
llamó
isiológica;
no
es
habe
eliminado
un
sis¬
ema;
es
habe
minado
odos
los
sis emas
y
p epa ado
así
el
hundimien o
de
su
p opio
edi icio;
es
habe
hecho
independien
e
á
la
medicina.
En
medio
de
es os
hechos
y
es as
ela i as
ic o ias,
en
que
es
sis emas
su gen
y
mue en
á
manos
de
sus
mismos
in en o
es
ó
p incipales
p opagandis as;
el
nosologismo
mue o
á
ma¬
nos
del
na u ismo;
la
homeopa ía
que iendo
sos ene
sus
cona-
7
a
—
22
—
os
de
e dade a
doc ina;
no
quedaba
al
p ác ico
e dade o,
es
deci ,
al
médico
obse ado ,
o o
pun o
de
mi a
que
el
eclec i¬
cismo,
cien í ico
pa a
unos,
g ose o
empi ismo
pa a
o os,
qui¬
zás
pa a
los
más.
Algunos
hechos,
de
aislada
y
no
p e is a
obse ación,
p o¬
duje on,
sin
emba go,
enómenos
so p enden es
en
la
ma cha
sucesi a
de
la
Ciencia.
Hace
algún
iempo,
dice
Boucha d,
sabíamos
que
un
miemb o
en e o
puede
se
con undido,
ac u ado
sus
huesos,
dislace ados
sus
músculos,
sin
que
po
es o
esul en
desó denes
e ibles,
gang ena,
supu ación,
&c.;
sabíamos
que
la
cu ación
se
e i icaba
po
una
sé ie
de
ac os
isiológicos,
con
al
que
la
piel
no
hubie a
sido
he ida,
con
al
que
la
lesión
no
hubiese
ascendi¬
do
al
ex e io .
Sabíamos,
po
o a
pa e,
que
una
esco iación,
al
pa ece
insigni ican e,
puede
llega
á
se
el
pun o
de
pa ida
de
complicaciones
locales
sé ias
y
de
acciden es
gene ales
g a es,
si
pe manece
expues a
al
con ac o
del
ai e:
habíase
supues o
que
el
ai e
podía
se
el
ec o
de
algunos
agen es
noci os;
y
la
Ci ugía
buscaba
medios
pa a
p ese a
de
su
in luencia
á
los
ó ¬
ganos
lesionados;
pe o
es as
no
e an
más
que
agas
nociones.
Susci óse
en e
dos
sabios
una
cues ión
sob e
un
pun o
as¬
cenden al
de
biología,
que
en
nada
pa ecía
a ec a
los
in e eses
de
la
medicina.
Pouche
que
c eía
en
la
gene ación
expon ánea,
y
Pas eu
que
la
negaba,
siguie on
la
con o e sia
con
el
a do
y
el
en usiasmo
p opio
de
los
g andes
ca ac e es
y
de
las
p o undas
con icciones;
el
mundo
cien í ico
se
di idió
en
dos
bandos,
y
el
público
se
apasionó
po
el
deba e:
la
cues ión
e a
lle ada
de
al
sue e
que
no
podía
e mina se
sino
po
una
solución
de ini i a.
Las
in es igaciones
se
mul iplica on,
las
expe iencias
se
a ia-
(1)
Boucha d.
En .
po
e a dos
de
la
nu ición,
loe.
ci .
—
23
—
on
has a
el
in ini o;
y
al
in
se
llegó
á
es a
demos ación:
que
o¬
dos
los
se es
que
se
desa ollan
en
cualquie
medio
,
econocen
siem¬
p e
o os
que
son
sus
gene ado es
.
Es e
iun o
del
eminen e
p o eso
Pas eu ,
ino
á
demos¬
a
que
la
e dad
en
la
ciencia,
po
el
es udio
se
encuen a;
po
masque
cues e
mucho,
y
que
ande
el
homb e
la go
iempo
po
di íciles
sende os,
pe dido
en
nebulosa
de
es é iles
di agaciones,
y
llegue
en
su
sobe bia
á
que e
sabe lo
odo.
En
1863
un
azo e
e ible
a lige
á
la
indus ia
en
algunos
depa amen os
de
F ancia:
una
en e medad
del
bombi/x
mo i
,
hizo
descende
los
p oduc os
en
la
ex acción
de
la
seda
á
ocho
millones
de
ancos,
desde
la
eno me
ci a
de
cien o
ein a
á
que
habían
llegado
quince
años
an es.
Pas eu ,
accediendo
á
las
ins ancias
de
M .
Dumas,
quien
le
esc ibió
a i mando
que
la
mise ia
en
algunas
p o incias
exce¬
día
á
cuan o
pudie a
imagina se,
se
dedicó
á
es udia
la
pa olo¬
gía
de
aquel
insec o,
log ando
egene a
la
especie
y
sal a
la
e ísis
indus ial,
después
de
habe
demos ado
has a
la
e iden-
eia
que
la
peb ina
e a
una
en e medad
esencialmen e
pa asi a ia.
Tindall
impugnando
á
Bas ian
la
au ogénesis,
como
Pas eu
lo
hizo
con
Pouehe ,
llegó
á
comp oba
que
allí
donde
pa ecía
imposible
la
ida,
donde
el
pode
ampli ican e
del
ayo
de
luz
en
su
e acción
di e gen e
no
alcanzaba
á
demos a
la
mo olo¬
gía
de
los
gé menes;
bas aba
como
imp esión
sensible
en
la
ca-
ma a
oscu a,
pa a
comp oba
su
p esencia.
De
la
dispu a
de
es os
dos
sabios
y
de
los
es udios
especia¬
os
de
Fisiología
compa ada,
hechos
po
Pas eu ,
su gió
una
consecuencia,
acaso
la
menos
p e is a
y
la
que
ocasiona ía
una
de
las
e oluciones
más
g andes
de
la
Medicina.
Es ablecióse
que
las
e men aciones
son
p oducidas
po
e men os
igu ados,
po
sé es
i os,
po
o ganismos
in e io es;
24
—
se
comp obó
que
la
pu e acción
no
es
más
que
una
e men a¬
ción,
y
que
la
ma e ia
mue a
es
des uida
po
o ganismos
pe¬
queñísimos,
en
an o
que
algunos
de
es os
se es
pueden
i i
y
mul iplica se
en
la
ma e ia
i a
y
de e mina
su
mue e.
Es a
doc ina,
que
jus i icaba
las
p e isiones
de
los
an iguos
ci uja¬
nos,
in odujo
una
e o ma
lógica
en
los
p ocedimien os
ope a o¬
ios.
Así
ha
disminuido
la
mo alidad
de
los
he idos,
y
han
pe ¬
dido
mucho
de
su
impo ancia
las
más
g a es
ope aciones;
así
se
han
escla ecido
muchos
pun os
de
pa ogenia,
se
ha
o mulado
una
nue a
higiene
y
pod á
ec i ica se
la
e apéu ica.
Hé
aquí
un
sis ema
nue o,
con
noción
undamen al:
¿pe o
hay
en
es o
algo
de
común
con
los
sis emas
á
que
an es
nos
e¬
e imos?
Aquí
se
pa e
de
un
hecho
comp obado
y
cuyas
ela¬
ciones
de
causalidad
con
los
e ec os
que
de
él
se
de i an,
po
se
desconocidas,
se
admi en
solo
empí icamen e:
obsé anse
una
y
o a
ez
sus
e ec os,
acúdese
á
la
expe imen ación,
y
cuando
muchas
eces
epe idos
los
mismos
hechos,
se
ob ienen
idén icos
esul ados,
es ablécese
el
p incipio
que
luego
la
p ác ica
sancio¬
na,
dándose
los
enómenos
como
si
ealmen e
uesen
cie os.
Si
al¬
guna
ez
apa ecen
casos
excepcionales,
el
icio
del
a gumen o
no
es a á
en
las
p emisas,
sino
en
la
consecuencia;
hab emos
he¬
cho
la
conclusión
más
gene al
de
lo
que
podía
pe mi i
la
ex en¬
sión
de
aquellos.
De
odo
es o
se
deduce,
que
después
de
an os
siglos
ans¬
cu idos,
el
mé odo
que
es ableció
la
escuela
hipoc á ica,
no
solo
subsis e,
sino
que
cada
día
á
es imándose
con
más
segu idad
como
el
único
posible
en
Medicina:
la
obse ación
y
la
expe¬
iencia.
Pe o
no
po
eso
hemos
de
cae
en
un
ío
posi i ismo
ó
en
un
ealismo
an
c aso
que
no
pe mi a
la
ec a
in e p e ación
de
los
p incipios,
y
mucho
menos
de
los
enómenos
que
de
ellos
se
—
25
—
de i an.
La
obse ación
equie e
in e p e a
lo
que
se
é;
el
ex¬
pe imen o
exige
la
aducción
de
lo
que
se
comp ueba;
el
mé¬
odo
se
comple a
con
la
inducción
y
con
la
sín esis:
hoy
en
Me¬
dicina
se
analiza
mucho
y
se
hace
necesa io
sin e iza .
Es
e ¬
dad
que
los
elemen os
que
hay
que
euni
apa ecen
a
nues a
is a
an
he e ogéneos,
que
se
p esen a
como
muy
di ícil
emp e¬
sa
da
unidad
de
concep o
á
las
doc inas
de
nues a
época.
III.
Pe o
si
examinamos
más
de
ce ca
el
obje o
y
in
déla
Me¬
dicina,
e emos
que
conoce
al
homb e
como
sé
o gánico,
es u¬
diando
con
un
c i e io
analí ico
sus
apa a os,
ó ganos,
elemen¬
os
ana ómicos
y
p incipios
inmedia os;
econs i ui
su
unidad
biológica
pe dida
en
es e
examen
de
de alles,
in es igando
los
enómenos
que
le
conse an,
ep oducen
y
elacionan
con
los
demás
sé es
que
le
odean;
a e igua
la
mane a
cómo
es os
ob an
sob e
él,
y
los
medios
que
el
homb e
pone
en
p ác ica
pa a
mo¬
di ica
es as
in luencias
de
un
modo
ap opiado,
cons i uye
el
obje o
de
la
Medicina
espec o
al
indi iduo
sano,
ideal
que
pue¬
de
easumi se
diciendo
que
es udia
lo
que
es
y
loque
hace;
el
se
y
sus
p opiedades.
Es e
mismo
puede
deci se
ambién
que
es
el
ob¬
je o
de
la
Medicina
en
el
homb e
en e mo:
pues o
que
ni
la
en¬
e medad
cambia
la
na u aleza
del
sé ,
sino
que
la
modi ica;
ni
le
induce
p opiedades
di e sas,
sino
que
las
pe u ba,
asi
pues
ha
de
es udia lo
ambién
en
elación
al
o ganismo
al e ado
en
su
ex u a,
á
la
economía
as o nada
en
su
unción,
al
medio
que
o iginó
el
deso den,
ó
que
siendo
in luido
en
su
mane a
de
aplica se
allega
ma e iales
pa a
e ec ua
la
cu ación.
Y
asi
como
ejempla
una
b illan e
pléyade
de
discípulos
dis inguidos.
In¬
jus o
se ía
yo
si
a ando
de
es udios
his ológicos
no
hicie a
men¬
ción
desde
es e
si io
del
p o eso
insigne
gadi ano,
an
humil¬
de
y
modes o
como
ico
en
ciencia
y
en
amo
al
abajo.
De
odas
aquellas
escuelas,
p eciso
es
con esa
que
la
de
Vi chow,
con
su
omnis
cellula
á
cellulá
,
es
la
que
mas
adep os
cuen a,
la
que
ha
o mado
discípulos
más
nume osos,
que
han
demos ado
la
e dad
en
que
se
asien a
la
doc ina,
abajando
expe imen almen e
en
odos
los
paises,
discu iendo
y
azonan¬
do
los
hechos
inqui idos.
Las
di e encias
de
es as
escuelas
han
dependido
de
no
aba ¬
ca
del
modo
ilosó ico
que
con iene
odo
lo
que
la
doc ina
ce¬
lula
comp ende
en
lo
e e en e
á
la
ana omía
y
á
la
isiología
de
la
célula,
y
de
no
emon a se
al
conocimien o
de
las
leyes
gene ales
de
la
ma e ia
ino gánica
y
o gánica,
pues as
cada
ez
más
de
elie e
á
medida
que
los
se es
ienen
una
pe ección
ma¬
yo .
El
es udio
de
las
p opiedades
de
la
ma e ia
conduce
de
un
modo
na u al
al
encuen o
de
las
leyes;
y
es e
es udio
hecho
con
la
posible
de ención,
demues a
que
exis e
en
la
na u aleza
esa
ley
de
g adación
ó
pe eccionamien o
de
lo
ino gánico
á
lo
o ganizado;
y
en
lo
ino gánico,
desde
la
ma e ia
e é ea
impal¬
pable
á
la
ma e ia
obje i a
de
cons i ución
amo a,
co pó ea,
de inida,
limi ada,
egula
ó
c is alina;
y
en
lo
o gánico,
la
g a¬
dación
de
lo
ege al
á
lo
animal;
y
en
lo
ege al,
la
pe ección
ege a i a
sob e
la
o ma i a;
y
en
lo
animal,
la
pe ección
e¬
sul an e
de
la
ag egación
á
la
co po eidad
indi idual
de
un
en¬
e
espi i ual
pa a
cada
sé ;
alma
acional
pa a
el
homb e.
Mas
si
en
o den
ana ómico
y
isiológico
la
célula,
como
ele¬
men o
o gánico,
iene
una
impo ancia
p imo dial
é
indiscu i¬
ble,
en
el
concep o
pa ológico,
aún
siendo
mucha,
no
es
an a
pa a
que
asegu emos
que
de
ella,
y
solo
de
ella,
han
de
pa i
—
33
—
los
deso denes
mo bosos,
al
como
c een
i memen e
los
pa i¬
da ios
decididos
de
la
llamada
doc ina
celula ,
negando
po
comple o
odo
p oceso
de
en e medad
que
no
se
inicie
en
una
pe u bación
ma e ial
de
las
células.
No
amos,
ni
podemos
noso os,
hoy
po
hoy,
i
an
adelan e,
y
el
undamen o
de
nues¬
a
duda
es iba
p ecisamen e
en
el
es udio
de
la
nu ición
o gá¬
nica.
La
salud
y
la
en e medad
se án
dos
modos
dis in os
de
ea¬
liza
su
exis encia
los
se es
o gánicos,
es ados
ex emos
que
al
in
son
siemp e
mani es aciones
de
la
ida:
de
aquí
es
p eciso
pa i ,
an o
pa a
es udia
lo
que
es
aquella,
como
pa a
p ecisa
lo
que
cons i uye
á
es a.
Si
conside amos
los
elemen os
ideoló¬
gicos
que
en an
en
la
noción
de
ida,
ácil
se á
con ence nos
de
que
el
que
apa ece
más
undamen al,
acaso
el
mas
udimen a¬
io,
pe o
po
lo
mismo
el
más
indispensable,
es
la
nu ición;
ella
se
ealiza
lo
mismo
en
la
célula
que
en
el
homb e;
sus
enómenos
cons i u o es
son
cambio
de
ma e ia
con
el
mundo
ex e io ,
cambio
de
ue zas
omadas
del
mismo
mundo:
sin
nu ición
no
hab ía
ue za
que
pudie a
hace se
lib e
bajo
el
in lujo
de
un
es¬
imulo;
sin
nu ición
se ía
imposible
que
el
ó gano
ealizase
el
ac o
que
le
es u ie a
encomendado;
unción
y
nu ición
son
dos
é minos
más
disociables
po
un
es ue zo
de
nues o
espí i u,
que
po
una
di e sidad
posi i a.
Aho a
bien,
si
an
esencial
es
el
enlace
en e
la
nu ición
y
la
ida,
conside ada
es a
como
exp esión
de
unciones,
no
menos
ín imo
debe
se
en e
la
nu i¬
ción
y
la
en e medad,
que,
después
de
odo,
es
un
modo
espe¬
cial
de
i i .
En
oda
en e medad
hab á
una
modalidad
ano mal
uu i i a
cuya
pe u bación
acaso
no
sea
p ima ia,
ni
la
a¿.on
de e minan e
ó
casual
del
hecho,
como
ampoco
lo
es
la
nu ición
Aspec o
á
la
unción,
pe o
sí
se
acompañan
an
de
ce ca
que
a
penas
son
sepa ables
po
un
es ue zo
de
nues o
o ganismo,
odo
o ganismo
unciona
po que
se
nu e,
y
en
jus a
ecip oci-
(
9
)
—
34
—
-dad
se
nu e
po que
unciona,
siendo
es os
é minos
co ela i os,
ya
que
se
les
conside e
en
el
es ado
no mal,
ya
en
el
pa ológico.
Pe o
es
p eciso
no
deja se
lle a
de
una
concepción
imagi¬
na i a;
la
modalidad
nu i i a
pe u bada
no
es
siemp e
ni
pue¬
de
se
en
odos
los
casos
una
al e ación
his ológica,
una
lesión,
un
cambio
de
ex u a
o gánica.
En
el
elemen o
ana ómico
ó
cé¬
lula,
en
los
o ganismos
más
sencillos,
la
nu ición
se
e i ica
esen
-
cialmén e
como
en
los
más
complicados
po
un
cambio
de
ma e¬
ia
y
ue za:
pe o
en
es os
so ocada
la
au onomía
celula
po
la
unidad
del
indi iduo,
es as
ans o maciones
se
e i ican
con
el
•concu so
de
un
apa a o
in e media io;
el
cambio
de
ma e ia
lo
p epa a
el
apa a o
ci cula o io
anspo ando
los
plasmas
con
•sus
elemen os
asimilables;
el
cambio
de
ue zas
lo
o dena
el
sis ema
ne ioso,
ya
que
disocie
ó
descomponga
las
ue zas
acu¬
muladas,
ya
que
cangee
ó
cambie
las
ue zas
que
susci e:
así,
pues,
pe u bándose
el
dinamismo
de
es e
sis ema
ó
la
dis ibu¬
ción
de
ma e iales
plás icos,
es án
pe u badas
las
condiciones
nu i i as,
sin
que
aún
exis a
la
lesión
de
ex u a,
que
al
cabo
no
se
ha á
espe a ,
si
pe sis en
ci cuns ancias
an
abonadas
pa¬
a
p oduci la.
IV.
W
Después
de
odo,
bien
se
puede
asegu a
hoy,
que
el
c i¬
e io
que
in o ma
á
la
Medicina
no
es
ni
puede
llama se
celu¬
la ,
ni
solidis a,
ni
humo is a,
ni
his ológico,
ni
con ienen
á
ella
ninguna
de
esas
denominaciones,
más
bien
apodos
que
adje i-
(1)
Algunas
de
las
ideas
emi idas
en
es a
pa e
y
en
algunos
o os
luga es
de
es e
discu so,
es án
omadas
de
la
exposición
azonada
que
acompaña
al
p og ama
inédi o
de
Pa ología
médica
del
dignísimo
ca ed á ico
de
es a
Facul ad,
D.
Manuel
Be nal
y
Jiménez
T ejo.
—
35
as
que
le
cuad en;
ni
el
homb e
es
el
p oduc o
de
a ios
agen¬
es,
cuyas
in luencias
ecíp ocas
se
encuen an
en
equilib io
ines¬
able.
La
mul iplicidad
de
elemen os
no
des uye
la
unidad
del
indi iduo;
an es
bien,
po
las
elaciones
que
en e
sí
gua dan,
po
el
o den
y
ha monía
en
que
se
dan
los
unos
pa a
con
los
o os,
subsis e
la
pe sonalidad
humana.
La
idea
del
yo
en
el
homb e
como
suge o
de
sus
ac os,
ni
dimana
del
p incipio
que
con ibuye
á
o ma le,
ni
es á
inculada
á
su
p opo ción
cuan i a¬
i a
ó
cuali a i a.
El
homb e
es
uno
como
se
que
iene
el
de e -
minismo
de
sus
ac os,
como
o ganismo
que
unciona
con
un
in
de e minado;
p esén ase
como
enómeno
de
conciencia
la
pe ¬
sis encia
del
yo
con
la
misma
cla idad
in ui i a
que
su
unidad;
casi
pudié amos
deci
que
ambas
nociones
se
encuen an
en e
sí
an
enlazadas
que
no
es
ácil
señala
con
con icción
cual
de
ellas
se
des aca
en
la
conciencia
con
p io idad
de
o den
ya
que
no
de
iempo:
si
su
iden idad
ó
su
unidad.
En
es e
sen ido,
ni
sus
unciones
ni
sus
ac os
son
p opios
de
ninguno
de
sus
elemen os
ó
pa es:
el
ó gano
pod á
se
el
ins u¬
men o,
el
medio
de
ealización:
el
in
de
ellos,
su
p opiedad
es
siemp e
del
indi iduo
que
las
ealiza;
p eciso
es
no
pe de
de
is a
que
la
unidad
que
co esponde
á
las
di e sas
pa es
de
un
o ganismo
no
puede
se
sino
muy
ela i a,
en
an o
que
la
au¬
onomía
no
pe enece
sino
al
odo
o gánico,
ó
pa a
deci
mejo ,
á
la
pe sonalidad
humana.
Y
si
la
unción
no
es
p opia
sino
del
indi iduo
que
la
de e ¬
mina,
si
solo
en
sen ido
ela i o
puede
deci se
que
coi esponde
á
al
ó
cual
ó gano,
si
es e
no
es
más
que
el
medio
subo dinado
que
pa icula men e
con ibuye
á
su
cumplimien o,
¿como
ha
de
■
s
e
lógico
ol ida
es e
uni a ismo
al
habla
de
en e medades
que
no
pueden
se
o a
cosa
sino
des iaciones
del
es ado
no mal?
El
homb e
si
no
es
uno
como
se
simple,
es
uno
como
indi iduo,
—
36
—
como
á
al
le
pe enece
la
conse ación
de
sí
p opio,
la
ep o¬
ducción
en
la
especie,
las
elaciones
en
el
Uni e so;
clásica
di i¬
sión
de
las
g andes
unciones
que
cumple
desde
el
pues o
ele a¬
do
que
ocupa
en
la
escala
biológica;
y
así
como
la
ida
es
p o¬
pia
del
se
que
la
posee,
no
del
ó gano
po
cuya
mediación
se
exp esa,
así
la
en e medad,
modo
especial
de
i i ,
es
p opia
del
indi iduo
que
la
padece,
no
del
ó gano
que
la
su e;
en
al
sen¬
ido,
odo
cuan o
sea
analiza
es
ex a ia
nues as
ideas:
el
concep o
sin é ico
es
aquí
lo
esencial,
el
de alle
lo
acceso io.
Nace
es a
deplo able
con usión
de
la
mayo
impo ancia
que
se
ha
dado
á
algunos
délos
elemen os
mo bosos
sob e
los
o os,
y
al
ol ido
quizás
absolu o
de
concep os
undamen ales.
Con encidos,
an e
odo,
de
que
en
la
p ác ica
el
obje i o,
la
en¬
dencia,
el
in
il il
de
la
Medicina
es
ap oxima se
á
lo
conc e o,
ó
sea
á
la
clínica,
la
noción
de
en e medad,
en
cuya
o mación
en¬
an
las
ideas
de
causa,
lesión,
sín oma
y
emedio,
se
in eg a
con
los
da os
de
e olución
ó
pa ogenesia
y
de
semiología;
jun os
ellos
comp enden
el
concep o
undamen al
que
jamás
el
pa ó¬
logo
debe
pe de
de
is a,
ni
deja
de
o mula
el
clínico:
el
en¬
e mo.
Pues
bien,
el
ol ido
de
ese
en e mo,
es
lo
que
ha
emb o¬
llado
la
cues ión,
lo
que
ha
hecho
e ocede
al
nosologismo,
lo
que
ha
pe mi ido
al
ana omismo
concebi
aspi aciones
que
nun¬
ca
debió
ab iga ,
po que
nunca
debió
aspi a
la
pa ología
á
lle¬
na
an e
el
en e mo
exclusi amen e
la
indicación
sin omá ica,
única
que
se
desp ende
del
analí ico
ana omismo.
Ni
condeno
ni
echazo
la
indicación
sin omá ica;
con enien e
casi
siemp e,
se
impone
á
eces
como
necesa ia,
con
mas
exigencia
aún
que
la
causal;
pe o
palia
un
sín oma
pod á
se
á
lo
sumo
qui a
un
pe¬
lig o
que
amenazaba
la
ida
del
en e mo,
nunca
cu a
una
en¬
e medad.
No
es
posible
de ene se
en
los
p ime os
é minos
de
la
sé ie
—
37
—
que
es ablece
la
ideología
clínica;
la
pe u bación
uncional;
y
allí
o mula
el
diagnós ico,
y
allí
busca
las
indicaciones
e a¬
péu icas;
ese
es
el
p ólogo
de
la
g an
ob a
que
emp endemos,
y
que
no
ha
de
e mina
sin
que
al
mismo
iempo
hagamos
el
aná¬
lisis
del
en e mo;
así
únicamen e
es
posible
una
sín esis
acional
y
exac a.
Si
nos
de enemos
en
es e
camino,
si
pe demos
de
is a
el
en e mo;
ha emos
acaso
un
es udio
p olijo
de
isiología
pa o¬
lógica,
de
e iología
pa ogénica,
ó
de
química
biológica;
pe o
no
e emos
la
en e medad.
Ese
c i e io
nos
lle a á
á
e
enómenos
aislados,
de
los
que,
cuando
mucho,
conoce emos
su
causa
p ó¬
xima;
y
á
dis ae ;
¿po
qué
no
deci lo?
á
es o ba ,
á
de ene
á
la
ciencia
en
su
camino,
á
ue za
de
sob eca ga la
de
hipó esis
in¬
geniosas,
pe o
nacidas
en
el
labo a o io
y
lle adas
á
la
clínica;
no
o madas
en
la
clínica
y
some idas
después
á
la
expe iencia
del
labo a o io:
¡ unes a
in e sión
de
mé odo,
que
ocasiona
e o¬
es
no
menos
lamen ables!
Expe imen a
buscando
siemp e
po
la
lesión
la
pe u ba¬
ción
uncional,
y
hallada
es a
en
clínica,
es o za nos
en
deduci
aquélla,
es
un
abajo
muy
loable,
que
da á
an as
mas
ga an¬
ías
de
buen
éxi o,
cuan o
más
minuciosamen e
se
ul ime;
pe o
de ene se
en
es e
de alle
localizado
es
eco e
an
solo
el
e ¬
cio
del
camino,
dejando
de
se
médico
pa a
con e i se
en
isió¬
logo
eó ico
ó
en
na u alis a
analizado .
Y
éngase
en
cuen a
que
al
exp esa nos
asi,
no
es,
ni
con
mucho,
po que
dejemos
de
conoce
los
incon es ables
p og esos
que
el
labo a o io
ha
apo ado
á
la
clínica:
nada
más
lejos
de
nues¬
o
ánimo.C eemos
i memen e
que
los
adelan os
de
nues a
cien¬
cia
han
nacido
de
la
obse ación
clínica;
pe o
pode osamen e
ayudada
po
la
expe imen ación
isiológica
y
la
comp obación
del
his ólogo;
sin
que
es as
hayan
podido
anula
la
au onomía
de
aquella.
En
una
palab a;
seamos
clínicos
pa a
se
expenmen-
—
38
—
ado es:
al,
opinamos
noso os,
debe
se
el
ca ác e
cien í ico
de
la
Medicina;
su giendo
de
aquí
un
mayo
a án
pa a
la
in es iga¬
ción
clínica
y
una
i me
endencia
pa a
comp oba
lo
obse ado.
Po
eso
nues as
clínicas
y
nues os
labo a o ios,
po
solo
el
hallazgo
de
la
célula
y
de
la
bac e ia,
lian
conmo ido
po
comple o
nues as
ideas
y
nues as
c eencias
de
an año;
po que
hemos
llegado
á
sabe
el
inmenso
y
emendo
pode
de
la
cau¬
sa
i a
en
la
e iología
de
las
en e medades
in ecciosas
y
la
in¬
e ención
ese ada
á
la
célula
y
al
p o oplasma
en
los
al os
des inos
de
la
o ganización.
Sin
menoscaba
la
Medicina
su
p opia
au onomía
cien í i¬
ca,
se
ha
en iquecido
en
doc ina
y
en
p ocedimien os,
g acias
á
los
pode osos
auxilios
que
le
han
p es ado
las
demás
ciencias.
Con
an
aliosos
medios,
y
con
el
c i e io
que
á
g andes
asgos
dejó
es ablecido,
la
ciencia
médica
ha
p og esado
mucho;
an¬
o
que
se á
muy
di ícil
no
sen i se
p esa
de
un
é igo
al
en¬
gol a se
en
lo
que
es
la
Medicina
en
nues os
días;
po que
es
a ea
supe io
á
las
humanas
ue zas
domina la
en
oda
su
ex¬
ensión;
no
hay
mi ada
que
la
aba que
po
comple o,
ni
in eli¬
gencia
que
pueda
acapa a
y
e ene
odo
lo
adqui ido,
odo
lo
hecho,
odo
lo
que
con iene
sabe
y
odo
lo
que
se
debe
u ili¬
za ;
y
es o
ocu e,
po que
los
hechos
se
suceden
con
e iginosa
ma cha;
po que
los
in en os
que
aye
nos
admi aban,
apenas
hoy
llaman
nues a
a ención;
po que
el
lib o
mue e
al
poco
iem¬
po
de
publicado.
Cuando
Mo on
y
Simpson
con
la
aplicación
de
los
anes¬
esíeos
hicie on
posible
la
abolición
de
la
sensibilidad
du an e
los
ac os
qui ú gicos,
demos ando
que
i i
es
algo
más
que
sen i .
Cuando
Sma ch,
con
su
enda
elás ica
comp eso a
con¬
seguía
una
hemos asia
comple a
p e en i a
en
muchas
ampu a¬
ciones.
Cuando
Le is,
en
Filadel ia,
empleaba
en
1875
como
_
39
—
p oceso
cu a i o
la
in oducción
de
cue pos
ex años
en
el
in e¬
io
de
los
sacos
aneu ismá icos.
Cuando
T ou é
hacía
ácil
la
explo ación
de
las
he idas
de
a mas
de
uego,
y
segu o
el
co¬
nocimien o
exac o
del
si io
en
que
se
encuen a
el
p oyec il,
po
la
aplicación
de
un
sencillo
apa a o
eléc ico.
Cuando
Lis-
e
sien a
la
doc ina
an isép ica,
con i mada
po
los
expe i¬
men os
de
Pas eu
y
de
Tindall,
es ableciendo
una
nue a
e a
en
la
p ác ica
de
la
Ci ugía;
po que
desca ados
los
acciden es
in ecciosos,
pueden
lle a se
á
eliz
é mino
las
más
a e idas
indicaciones
ope a o ias...
pa ecía,
al
sucede
odo
es o,
que
se
había
llegado
al
summum
de
los
p og esos
y
se
había
eco ido
odo
el
camino
de
los
adelan os.
Mucho
se
ha
a anzado
con
es as
conquis as;
pe o
han
sido
es as
de
p ocedimien os,
de
apli¬
cación,
ó
de
p ác ica
qui ú gica;
y
en
las
ideas,
en
las
doc inas,
no
han
sido
meno es
ni
menos
aliosas
las
e oluciones
su idas.
Po
eso,
en
los
úl imos
lus os
del
siglo
que
co e,
se
p o¬
cu a
consolida
un
sis ema;
basado
en
la
in eligencia
y
la
a¬
zón,
que
ienen
del
Cielo;
en
el
expe imen o
y
la
obse ación
que
pe enecen
á
los
sen idos;
en
la
au o idad,
que
es
la
his o¬
ia,
con
su
ú il
enseñanza;
la
lección
de
los
iempos.
Yoy
á
e mina ,
S es.
Doc o es,
pues
no
me
conside o
au¬
o izado
pa a
moles a
po
más
iempo
ues a
bené ola
a en¬
ción;
y
pe mi idme
e mine
con
las
mismas
elocuen es
ases,
con
que
lo
hace
mi
dis inguido
amigo
el
D .
Gimeno
Cabanas
en
una
de
sus
más
ecien es
publicaciones
.M
,?
D
e
spuésdelo
adqui¬
ido
¿qué
impo a
si
hay
dispu as
sob e
qué
es
más
in e esan e,
(1)
P ólogo
á
la
edición
española
del
T a ado
de
Medicina,
publicado
en
ancéa
bajo
di ección
de
los
D es.
Cha co ,
Boucha d
yB issaud.
—
40
—
el
o ganismo
humano
ó
la
bac e ia,
en
la
pa ogenia
de
la
en¬
e medad?
¿Qué
impo a
si
se
p esen an
dudas
ace ca
de
qué
a¬
le
más:
el
mic obio
ó
su
eneno?
¿Qué
impo a
si
exis en
aci¬
laciones
en
el
camino
que
con iene
segui :
el
de
la
bo ánica
mic oscópica
6
el
de
la
oxicologia
i a?
El
hecho
indiscu ible
que
nada
ni
nadie
echa á
abajo,
es
el
de
la
exis encia
de
algo
i o,
que
en enena
y
ma a;
que
el
mic oscopio
descub e
y
que
el
bac e iólogo
cul i a
y
es udia.
Sen ado
es o,
los
co ola ios
se án
nume osos,
mudables;
pe o
la
Medicina
iene
ya
una
ba¬
se
que
no
poseía
y
un
nue o
ca ác e
que
ha
ans o mado
p o¬
undamen e
su
se .”
Cuan o
acabamos
de
exp esa
dá
cla amen e
á
conoce
el
ca ác e
de
la
medicina
con empo ánea
;
que
de
modo
b e e
é
impe ec o
lie
p ocu ado
mos a os.
Quizás
es e
ca ác e
sea
hijo
y
he ede o
de
las
escuelas
de
pasados
iempos;
y
quizás
pu¬
die a
ambién
a i ma se
que
sea
el
desen ol imien o
y
la
am¬
pliación
de
aquella
escuela
hipoc á ica
que
enía
po
base
la
obse ación,
y
que
po
es e
mo i o
con enía
en
po encia
odos
los
descub imien os
de
los
siglos
pos e io es;
po que
las
conquis¬
as
de
la
obse ación
son
indes uc ibles;
po que
los
hechos
bien
obse ados,
p e alecen
con a
odos
los
sis emas.
P eciso
es
con esa
que
si
el
es udio
y
la
enseñanza
son
siemp e
penosos,
han
de
se los
mucho
en
una
ciencia
como
la
médica,
que
se
encuen a
en
el
pe íodo
de
g andes
ans o ma¬
ciones,
como
hemos
is o.
Sin
emba go,
consuélame
la
idea
de
que
en
la
á dua
y
di ícil
a ea
de
ilus a
á
la
ju en ud,
a o u¬
nadamen e
no
es oy
solo;
an es
bien,
os
engo
á
odos
po
sa¬
bios
colabo ado es;
y
es o
me
anima
y
me
consuela;
po que
po
mi
pa e
me
a iga
la
insu iciencia,
y
ni
aún
siendo
un
genio
pod ía
ealiza
sino
una
poquísima
pa e
de
mi
ascenden al
misión.
—
41
—
Yo
no
puedo
da
sino
un
conocimien o
siemp e
impe ec o,
y
el
más
is e
que
puede
o ece se
á
la
ju en ud
es udiosa.
A
mis
manos
llega
la
humanidad
dolien e
ó
agonizan e;
en
el
es ado
en
que
hab ía
que
despe a
i udes
pa a
el
su imien o,
ó
el
ecue do
de
idealidades
que
ilumina on
la
ida,
y
que
han
de¬
bido
ecibi
de
oso os;
e dade os
sace do es
del
debe
y
de
la
ciencia.
Po
lo
mismo
que
en
nues a
ac ual
ci ilización,
el
po¬
de
se
á
uni icando
con
la
ciencia,
y
el
bienes a
amilia ,
in¬
di idual
y
social
iende
á
he mana se
con
la
cul u a;
nues a
ob a
iene
una
g an
ascendencia,
y
casi
esonancia
única
en
los
des inos
p i ados
y
públicos
de
la
nación;
y
es o
in e¬
esa
g andemen e,
sob e
oda
medida,
á
los
jó enes
que
pueblan
las
aulas,
y
al
dignísimo
p o eso ado
que
con
an
ilus ada
be¬
ne olencia
me
ha
escuchado.
Y
oso os,
¡oh
jó enes
alumnos!
que
eneis
la
buena
sue ¬
e
de
pisa
es a
Escuela,
donde
se
alimen a
el
espí i u
con
las
ideas
más
sal ado as
y
más
ú iles:
alejaos
de
las
que
os
aen
los
ien os
públicos,
siemp e
umul uosos
y
hu acanados,
con
los
que
espi áis
el
háli o
pe nicioso
del
e o
y
de
las
pasiones,
halagado as
de
ues os
an ojos;
y
enid,
enid
á
ecibi
las
que
os
dan
ues os
maes os;
ya
co ec o as
de
las
que
os
inspi a
el
mundo,
ya
des anecedo as
de
pe niciosos
e o es,
siemp e
p o¬
pias
del
p o eso
cien í ico
y
del
homb e
de
bien,
y
aco des
con
ues a
ocación
y
ues o
ca ác e
de
ciudadanos
hon ados
y
gene osos
hijos
de
es a
noble
España.
En
oso os
se
encie a
su
po eni
y
sus
des inos;
de
oso¬
os
depende
que
aquel
sea
b illan e
con
luces
de
espe anzas;
y
es os
glo iosos
con
e lejos
adicionales
de
su
pasada
his o ia.
He
dicho.
(
11
)