scieee Science in your language
[en] (orig)

Historia de la antigüedad. T. 6

Abstract

T. I. Los egipcios, las naciones semitas -- T. II. Los asirios. Las tribus de Israel -- T. III. Los aryas. El brahmanismo... -- T. IV. Los aryas del Irán Oriental. Dominación de los medas y persas -- T. V. Historia de los griegos... hasta la época de las emigraciones -- T. VI-XII... hasta la [batalla] de Aurimedon

Read accessible full text

Historia de la antigüedad. T. 6

Author: Duncker, Max
Year: 1896
Source: https://idus.us.es/bitstreams/cfb9cdff-86fa-4b1e-b4fe-4b7fc00d8d9f/download
HISTORIA DE LA ANTIGUEllkü
OR
MÁXIMA DUN TKER
V
-
ERTIDA DEI,
ALENI,N POR
ID.

0G1-zILIECÍA.
ALWUS()
SEGUNDA EDICIÓN
TOMO
V
Comp ende desde la época de las emig aciones has a.
la E a de las Olimpiadas
MADRID
LIBRERÍA DE FRANCISCO IRAVEDRA
callo del A enal, núm.
1
8
96
EMIGRACION DE LOS TESALIOS , ARNEOS Y DORIOS.
«An iguamen e, dos e an las naciones más dis in-
guidas en e los g iegos; la pelasgica
y
la helenica;
és a jamás salió de su ie a, pe o la o a mudó de
asien o muy amenudo. En iempo de su ey Deuca-
lion habi aba
en
la P hio ide,
y
en
el de Do o, ocu-
paba la egion
Is ieo ide
que
es á al pié del
Olim-
po.» (1)
Es e
pequeño
pueblo que se ex endia po la
e ien e me idional del Olimpo , es aba gobe nado
po un ey llamado Egimio, en ocasion
en que
los
lapi as que ocupaban el alle del bajo Peneo, hicie-
on una escu sion con a los do ios. Desconce ado
el in eliz mona ca, segun cuen a la adicion,
di i-
gióse
á Hé cules en demanda de soco o, no sin
p o-
(1) He od., I, 56. He odo o supone que los do ios habi a on en la
P
hio ide an es que en la Is ieo ide po que los hacia o igina ios de
Hellen, hijo de Deucalion, que dió ambien el nomb e de Hellada á
P hia. Hicimos no a en el omo an e io que, en sen i de es e his-
o iado , los do ios
y
esalios componian el e dade o pueblo heleno,
lo que has a cie o pun o e a exac o, dado que los esalios ue on los
p ime os en designa á, los g iegos con el nomb e de helenos.
bien Diodo o, (IV. 37,
69) y Es abon
(437, 475,
476, 571) opinan
que el Olimpo ué la p imi i a esidencia de
los
do ios.

6
me e le que, si a ojaba de sus dominios á los
in a-
so es,
le cede ia la co ona con la e ce a pa e de sus
es ados. El hé oe admi ió la p oposicion, enció con
su acos umb ada apidez á los lapi as, dió mue e á
su mona ca Co ono, hijo de Ceneo y, e minada la
campaña, o denó á Egimio que conse ase la co ona
has a que su hijo Hilo, habido en Deyani a, es u ie-
se en disposicion de ceñi la. Egimio, aunque enia dos
hijos llamados Dyma
y
Pán ilo, no que iendo al a
á su p omesa, cumplió la ó den del libe ado de su
pueblo, en egando las iendas del gobie no á Hilo,
luego que és e hubo encido y mue o en A ica al i-
ano de su pad e (1). No con en o Hilo con manda
sob e los do ios, quiso ambien conquis a el ono
de Micena de que su pad e habia sido despojado po
las as ucias de Juno
y
del que se habia apode ado
A eo, á la mue e de Eu is eo.
Con es e p opósi o quiso sabe la olun ad del
o áculo de Del os
y
ob u o po espues a que, «si los
he aclidas espe aban has a la e ce a ecoleccion,
en a ian en Micena como en su p opia casa.> Con-
o mándose con la espues a del o áculo, salió Hilo á
campaña con a los habi an es del Peloponeso. En
el Is mo habia plan ado sus iendas el ejé ci o de
A eo, compues o de egea as, aqueos
y
jonios. En-
onces Hilo, p opuso que un solo campeon del ejé -
ci o peloponesio en ase con él en ba alla cue po á
cue po, y acep ada la p opues a del e ado , ué o o -
gado bajo ju amen o un pac o de que si Hilo encia
al campeon del Peloponeso, ol ie an los he aclidas
(1) Apolod., II, '7, 7. (Diod., IV, 37., Pind., Py hiw, I, 62, V, 66.
E o o supone que cuando Egimio einó sob e los do ios,
no habi aban
es os en la Is ieo ide sino en el Oe a; pe o
en es e caso no se com-
p ende
cómo
pudie on se a acados po los lapi as4.
7
á apode a se del es ado de sus mayo es, pe o que si
Hilo uese encido pa iesen de allí los p e endien es
con su ejé ci o. Sucedió, pues, que Equemo, ey y ge-
ne al de los egea as, habiendo sido elegido de en-
e odos los aliados
,
pa a el duelo, enció en él y
qui ó
la ida á Hilo (1).
A es e sucedió en el eino do ico su hijo Cleodeo
que
á
su ez asmi ió la co ona al suyo A is omaco.
Es e hizo un nue o iaje á Del os pa a sabe la o-
lun ad del o áculo, y aunque no ob u o con es acion
á
su p egun a, le o denó el Dios que ol iese al país
de sus mayo es ; en onces comp endió A is omaco
que al deci el o áculo á su abuelo Hilo que espe ase
has a el e ce u o, habia que ido signi ica has a
la e ce a gene ación.
En e an o habian sucedido á A eo en el ono
de Micena sucesi amen e Agamemnon, O es es y
Tisamenos. Es e úl imo, habiéndose casado con He -
miona, hija de Menelao y de Helena, ciñó la doble
co ona de Micena y Espa a (2).
A is omacó ol ió á p egun a al o áculo dél ico
que le p ome ió un buen esul ado «en el es echo.»
Oida es a espues a pa ió lleno de con ianza en di-
eccion al Is mo donde ué de o ado
y
mue o como
su
abuelo. Sucedióle su hijo Te enos, quien ad e i-
do po el númen de que con la palab a «es echo» no
se habia que ido signi ica el Is mo sino el es echo
de Rhion, se asladó con sus he manos C es on e
y
A is odemo
al p omon o io de An i hion, en cuyos
al ededo es, sob e el e i o io loc ense, cons uyó
a ias na es, azon po la cual se dió á es e si io
el
(1)
He odo o, IX,
26, Pausanias, I, 44.
(2)
Isoe a is a chidamus, p 119.
8
nomb e de
Naupak os
ó cons uccion de buques (1).
El mismo o áculo dió á en ende á Temenos que debla
oma po quia «al homb e de los es ojos,» y como
encon asen poco despues Temenos
y
los que le acom-
pañaban al e olio Oxilo, hijo de And emon, que iba
mon ado á caballo y habia pe dido un ojo, á conse-
cuencia de un lechazo, c eye on habe hallado al
guía que les señala a el númen. Pusié onse en on-
ces en ma cha con di eccion al Peloponeso
y
de o-
a on en una g an ba alla al ejé ci o, que los opuso
Tisamenos.
Despues de la ic o ia con inie on los es he -
manos en que la sue e de e minase la pa e que cada
uno debia gobe na del e i o io conquis ado , ha-
biendo co espondido á Temenos el A gos, á C es-
on e la Mesenia,
y
Espa a á A is odemo (2).
Los es he manos con inie on en onces en cede
á Oxilo el país de los epeos que habia conquis ado
po su cuen a, despues que el e olio Pi ejmes enció
en duelo al epeo Degmenos (3). Tampoco los hijos de
A is omaco pe manecie on ociosos. Falces, hijo de
Temenos, salió una noche de A gos
y
asal ó de im-
p o iso á Sicion, en cuya ciudad le an ó un emplo
á He a en accion de g acias po que le habia mos a-
do el camino de Sicion
y
le habia dispensado su apo-
yo en aquella emp esa (4).
A Falces sucedió su hijo Rhegnidas que conquis-
ó á Fliun e. Temenos habia epa ido su eino en e
sus hijos, dando el A gos al mencionado Falces á
5
Ageo la coma ca de T ecena y á su ye no Dei on es
(1)
Pausanias, II, 18. E o o, F agm. 14.
(2)
E o o, agmen os, 15. Pausan. V, 4.
(3)
He odo o, VI, 52. Isoc a . A chid., p. 119. Apolodo o, II, 8.
(4)
P
ausan., II, 6.
9
la de Epidau o (1). Hippo es, descendien e de An io_
co que á su ez e a hijo de Hé cules, habia acompa-
ñado
,
á los es he manos has a el campamen o de
Naupak os con ánimo de oma pa e en la gue -
a (2); pe o al llega á dicho pun o come ió un asesi-
na o en la pe sona del adi ino Camus, despues de lo
cual no le ué pe mi ido segui acompañando á los
expediciona ios,
y
u o que e i a se (3). En cambio
su hijo Ale es dió á los co in ios una g an ba alla
y
se apode ó de su capi al. En A gos sucedió á Teme-
nos su hijo p imogéni o Ceisos que dejó el ono al
suyo Al emenes. Es e, deseando anexiona á sus do-
minios el eino de A ica , se coligó con el mona ca
de Co in o. El o áculo dél ico les habia p ome ido la
ic o ia, siemp e que se abs u iesen de causa daño
alguno al ey de A enas; pe o habiendo llegado es e
o áculo á oidos de los a enienses, su ey Cod o se
asladó al campamen o de los do ios dis azado de
campesino, y en él p omo ió in encionadamen e una
dispu a, en la cual uno de los con a ios le ma ó sin
conoce lo. Ad e idos los p íncipes coligados de es e
suceso, abandona on la emp esa, y con en ándose con
la posesion de Mega a, que habían ya conquis ado á
los Micos, se e i a on á sus espec i os paises (4).
Segun o a e sion de la leyenda de los he acli-
das, és os se es ablecie on en e los do ios despues de
(1)
Pausanias, II, 13, 26, 28. VII, 4. Es abon, p. 389.
(2)
Paus., II, 4. Los cua o 'suceso es di ec os de Hé cules, á sa-
be : An íoco, Fylas, Hippo es y Ale es, co esponden á las gene a-
ciones que señalan las ablas genealógicas de Hilo
y
sus descen-
dien es.
(3)
Apolod., II, 8.
(4)
He odo o, V, 76. Es ab. 393. Fe ecid., F agm. 110. Licu go
con a Leoc a en., c. 20. Polyaen. I. 18 Con. na a . 26. Paus., I, 39.
16
po que eligió pa a su esidencia el alle del Pamiso
some ió á los pilienses
y
undó el nue o es ado de Me-
senia, no sin se auxiliado en es a emp esa, segun
odas las apa iencias, po gue e os a cadios. En e
los a ios hechos con i ma i os de es a hipó esis, me-
ece pa icula mencion uno elacionado con C es on-
e, undado del es ado de Mesenia, de quien se cuen-
a que se casó con la hija de Cypselo, p íncipe a ca-
dio que einaba en Basilis, ciudad del al o Al eo (1).
Po o a pa e, el no habe es ablecido su esidencia
los mona cas mesenios en Pylos, eligiendo po capi-
al á S enycla os, no lejos de la on e a de A cadia
y
las amis osas elaciones que desde es a época exis ie-
on en e ambos pueblos, son hechos que demues an
la pa• icipacion de los a cadios en las conquis as ea-
lizadas po los do ios del Pamiso. En e an o el se-
gundo g upo, más nume oso que cl an e io , se habia
in e nado en el alle bañado po el Eu o as , cuya
conquis a hubie on de ealiza sin g an es ue zo me-
dian e el auxilio e icaz que les p es ó un indígena lla-
mado Filonomo, quien en ecompensa de sus se i-
cios, ué in es ido po los conquis ado es con la pose-
sion de Amyclae (2). Sea de es o lo que quie a, hese
demos ado con en e a e idencia que los do ios en-
a on en el Peloponeso po el No e
y
que po espa-
cio de dos siglos limi a on sus conquis as al alle
supe io del mencionado Eu o as , dado que Do el
año 800 oda la mi ad in e io de la llanu a que com-
p endia las ciudades de Amiclae, Fa is, Ge on ae y
Helos, la úl ima de las cuales domina el pasó que con-
duce al gol o lacónico, se hallaba en pode de sus an-
(1)
Pausanias, VIII, 29.
(2)
Elo o ci ado po Es abon, 364, 365.

17
iguos mo ado es. Po an o, debemos c ee que la
his o ia de la aicion de Filonomo
y
de la ecom-
pensa que ecibió po ella, es una ábula in en ada
pos e io men e pa a explica el hecho que acabamos
de apun a , sin que po eso echacemos de odo pun-
o la suposicion de que una pa e de los an iguos ha-
bi an es del alle supe io del Eu o as a e nizase
con los in aso es. Mucho mayo
ué
la esis encia
que encon a on es os en A gos
y
en la cos a del No -
e, ocupada po los egialeos. Segun cuen a una a-
dicion au o izada, Temenos, caudillo de los do ios, no
llegó á educi la ciudad mencionada sino despues de
le an a una o aleza á o illas del ma , en e la em-
bocadu a del Inaco
y
la del Cha ad o en la que es a-
bleció su campamen o, haciendo de ella la base de
sus ope aciones. De es e hecho se desp ende además
que el a aque á dicha ciudad pa ió del Sudoes e ó sea
de la cos a o ien al de Laconia. El obje o de la men-
cionada o aleza no pudo se o o que el de se i de
e ugio á los si iado es, quienes de es a sue e podian
a aca con más segu idad á los a gi os, moles a les
cons an emen e, de as a sus campos y co a sus co-
municaciones con el ma ;
y
debió se g ande su
im-
po ancia,
pues o que se man u o en pié du an e mu-
chos siglos, siendo
designada con el nomb e de
Te-
menion
en
ecue do de
su undado (1).
Po un p o-
cedimien o análogo, lle a on
á
cabo la conquis a de
Co in o, pe enecien e
á los
egialeos, hecho de a mas
que la adicion a ibuye á Ale es. Edi icó es e cau-
dillo una o aleza sob e la colina Solygeos en el gol-
o de Cenc ea, desde la cual di igia
sus
ope aciones
con a la plaza.
(1) Es abon, 368. Pausan. II, 38. Polywn., II, 1 Ross, Ru as
de iaje,
(Reise ou en)
I, 149.
18
Sin emba go, debie on esis i los co in ios du-
an e mucho iempo, dado que su conquis a u.6 pos-
e io á la de o as muchas ciudades enomb adas,
como Sicion, Epidau o y T ecena que ue on en e-
gadas á los hijos
y
al ye no de Temenos; Fliun e que
cayó en pode de Regnidas, nie o del mismo caudillo,
y Mega a, una de las úl imas y más di íciles conquis-
as de los do ios, cuya oma ealizó Ceisos, hijo ma-
yo de Al hemenes, que á su ez e a nie o de Te-
menos.
El des ino ese ado á los an iguos mo ado es del
Peloponeso ué ambien muy di e so. Mien as que
los mon añeses a cadios conse a on su independen-
cia y sus cos umb es pas o iles, los epeos ié onse
p ecisados á obedece las leyes de los e olios ó con-
undi se con es os pa a o ma la nue a ibu elida
esul an e de la mezcla de ambos pueblos (1). Los pi-
sa es y caucones, á los que más a de se ag ega on
algunos de los minyos a ojados de O chomenes,
pe manecie on en sus p imi i os hoga es y conse -
a on su o ganizacion, eniendo po capi al á Elis,
y
po e dade os je es á los caudillos eleos que, en odo
iempo, hicie on ale sus de echos, al mando sup e-
mo en el es ado que se llamó T i ylia. De la misma
mane a que Elis man u o la sup emacía sob e las
(1)
He od., VIII, 73. E o o, ci ado po Es abon, 357, dice que
los e olios a oja on del país á los epeos; y en o o luga , 354, hace
no a el mencionado geóg a o, que epeos
y
e olios habi aban en co-
man una misma coma ca. Pausanias, V, 4, obse a que Oxylo e-
pa ió los e enos en e epeos y e olios, pe o dejando en odo
lo de-
más
á los p ime os en posesion de sus an iguos de echos,
19
coma cas de Pisa y T i ylia, apa ece A gos á la ca-
beza de los e i o ios de Cynu ia
y
Thy ea, si uados
en
el
cen o de la cos a o ien al. En las p o incias
me idionales, ó sea en Mesenia, y Laconia, únicamen-
e ué some ido al yugo de los in aso es una pa e de
la poblacion indígena , conse ando su libe ad el
es o: así hemos is o que en la úl ima de dichas p o-
incias man u ie on su independencia los p imi i os
habi an es del alle del bajo Eu o as y en la cos a de
Pilos se eían algunos pueblos o i icados en pode
de los an iguos mo ado es del pais (1).
Pe o en el dis i o de los egialeos sucedie on las
cosas muy de o o modo, ya que una ez omada la
ciudad de A gos oda la coma ca se indió á los in-
aso es. Po lo que espec a á T ecena, que segun
a i ma la adicion ué donada po Temenos á su
hijo meno Ageo, aumen ó su poblacion «con nue os
habi an es que inie on de A gos» (2), no sin man e-
ne las más amis osas elaciones con los jonios de
A enas y da cie o in e jónico á su ca ác e y cos-
umb es. Tampoco los co in ios hubie on de opone
g an esis encia al cambio de gobie no, dacio que,
segun cuen a la adicion, Hy-an idas, an iguo sobe-
ano de la ciudad
y descendien e de Sisi o, con inuó
esidiendo en Co in o despees de en ega á Ale es las
iendas del Gobie no (3). Análogo p ocedimien o si-
guie on o as ciudades, como Sicion, cuyos habi an-
es con inua on i iendo en el pais mezclados con los
(1)
Es ab., 545. Pausan., IV, 18, 1; 23, 1. Plu . apoph h. la-
con., p. 221.
(2)
Pausan., II, 28, 30. Es ., 389.
(3)
Paus., II, 4, 3. La adicion ha conse ado el nomb e de Do-
idas, he mano de Hyan idas, cuya exis encia es dudosa. Supónese
que en su iempo u o luga una di ision en e indígenas
y
do ios.
20
in aso es
y
gozando odos iguales de echos, aunque
una adicion a i ma que el caudillo do io Falces omó
dicha poblacion po asal o, y de los liasios se cuen a
que celeb a on un con a o con los do ios, en i ud
del cual les cedie on la mi ad de su e i o io pa a e-
ne el de echo de habi a la o a mi ad, o mando con
los in aso es un Es ado nue o (1).
De los hechos que acabamos de apun a esul a
que una pa e de la poblacion indígena, conse ó su
independencia; o a celeb ó con los ex anje os con e-
nios po los que se ga an izaba la igualdad de de e-
chos; algunos se some ie on á los do ios y o os ue-
on educidos á la míse a condicion de escla os. Pe o
hubo amláen un g an núme o de indígenas que p e-
i ie on el des ie o á la humillacion de i i some i-
dos á ex anje o yugo. Así g an pa e de los que habi-
aban la cos a o ien al, no pudiendo echaza la in-
asion, se di igie on hácia el N. O. y busca on asilo
en las mon añas de la cos a del No e, no lejos del
Gol o de Co in o, á donde no habia p obabilidad que
llegasen los do ios. Conocíanse es os ugi i os con la
denominacion de a
q
ueos, nomb e que en la Epopeya
si ió pa a designa á odas las ibus helenas y que
aún en el siglo que p ecedió á la emig acion de do ios
y esalios conse aba esa signi icacion gené ica. E a
muy na u al que se aplicase es e an iguo nomb e á
los habi an es del es ado más lo ecien e y más pode-
oso (le oda G ecia an es de la emig acion do ica,
cual ué el eino de Micena ,
y
po eso sin duda se
comp endió bajo es a co nil denominacion á los ugi-
i os de la cos a o ien al del gol o de A gos, que, si
bien po su o igen local pe enecian á dis in as ibus,
(1) Pausan., II, 7. 13. 30.
21.
o maban odos pa e de la nacion que gobe na on los
a idas.
Segun hicimos no a an e io men e, los do ios se
apode a on de a ios e i o ios
y
pueblos si uados en
la pa e o ien al de la cos a del No e pe enecien es
á
los egialeos, quienes poco despues se ie on ambien
acome idos po los aqueos del Gol o de A gos
y
a -
ojados de las coma cas occiden ales que les deja-
on los do ios. Abandona on en onces el país
y
se
e ugia on p ime amen e en las ciudades de Bu a y
Helice, si uadas en los pun os ex emos de la cos a,
pa a busca en seguida asilo en A ica al lado de sus
compa io as
y
de los pylienses que habían huido, allí,
cediendo al empuje de los do ios (1). Posesioná onse
los aqueos de la cos a del No e comp endida en e
Sicion y Dyme, país que desde aquel suceso, sin consi-
de acion á los egialeos que an es le habi aban, se lla-
mó Acaya ó de los aqueos. De es e mane a queda on
los do ios dueños absolu os de las mejo es coma cas
del Peloponeso,
y
Men puede asegu a se que el e-
sul ado de su expedicion a en u e a habia sob epuja-
do
.á
sus espe anzas. Hácia el Su , en la é il llanu a
del Pamiso, unda on el es ado de Mesenia; o o Es-
ado
do io, con Espa a po capi al, exis ia en el alle
del al o Eu o as; en el No e poseian sob e el I smo
la he mosa Co in o, y de es a ciudad salió el ejé ci o,
en su mayo pa e compues o de do ios, que e i icó
(1) He odo o, 1, 145. VIII,
73.
VII, 94. Asegu an algunos esc i-
o es que Tisamenos, hijo de O es es, ué el caudillo que di igió la
e i ada de los aqueos á Acaya: en an o que o os suponen que
mu ió en la p ime a g an ba alla que ambos pueblos lib a on. Véase
E o o, F agm. 15, ed. de Mülle .

22
la conquis a de Alega a, úl ima poblacion impo an e
que cayó en sus manos (1).
Pe o sob e es os es es ados se ele ó muy
luego
el de A gos, que, emulando las glo ias de la opulen a
Micena, llegó á se
el
más impo an e del Pelopone-
so. El pode de la ieja A gos se es endió en onces
mucho más que el de la jó en Micena. Comp endia
po un lado oda la cos a o ien al, y ebasando po el
o o los limi es de la coma ca de Cynu ia se es en-
dia en di eccion al Su has a el p omon o io de Ma-
lea, ab azando el e i o io de Co in o. Algunos ase-
gu an que comp endia en sus dominios a ias islas,
en e ellas la de Ci he es (2); en el No des e obede-
cian sus leyes las ciudades de Epidau o , T ecena,
Fliun e
y
Sicion, undadas y conquis adas po los
a gi os ; al ex emo No des e se hallaba la isla de
Egina, que o maba pa e de sus dominios ma í i-
mos, y ué, segun se dice, una conquis a de los do-
ios de Epidau o (3).
Sin emba go, la sobe anía d e A gos sob e los
e i o ios mencionados, no e a an absolu a co no
pudie a con eni á la unidad del Es ado; an es po el
con a io, sábese que Sicion, Fliun e, Epidau o y
T ecena e an egidas po p íncipes especiales,
siquie-
a la adicion les haya hecho hijos y ye nos de Te-
menos, sobe ano de la me ópoli, y exis iesen en ea-
lidad usos á ins i uciones que con ibuian pode osa-
men e á man ene la unidad
y
la a monía en e los
di e sos elemen os nacionales, como los sac i icios
pa ió icos que se celeb aban en hono de Apolo
en
(1)
He od., V, 76. Es ab., 602, 965. Pausan,, I, 39. Seymn.
Ch., 503.
(2)
He od., I, 82.
(3)
Cp. Mülle ./Egine ., p. 43.
23
el san ua io que es e númen enia en La isa de A -
gos, á los que concu ian ep esen an es de odas las
ciudades que o maban la con ede acion a gi a. Y á
es e p opósi o débese hace no a que mucho iempo
despues de habe pe dido A gos la au o idad sobe a-
na sob e dichas ciudades, conse ó oda ia el su i-
cien e p es igio pa a impone mul as y cas igos á sus
an iguos con ede ados, si po acaso enían la desg a-
cia de incu i en el enojo de los a gi os (1); oda ia
en la época de las gue as con los pe sas, quisie on
aquellos hace ale sus p e ensiones á la heguemo-
nia sob e oda la G ecia, dando po azon de su de-
echo, no an solo la an igüedad de su me ópoli, sino
los mé i os de sus ascendien es los amosos a idas y
el incon es able pode ío que alcanzó la egene ada
A gos du an e el pe íodo que siguió á la conquis a
del Peloponeso po los do ios (2); es os no podian ol-
ida que habian le an ado en A gos el más pode o-
so es ado del Peloponeso, y en la conciencia del pue-
blo a gi o se man enia i o el ecue do de los glo io-
sos hechos de a mas que le lle a on á la posesion de
an icas coma cas y le die on la sup emacía sob e
nume osos pueblos (3).
Espues os á g andes asgos los hechos
más
culmi-
nan es ela i os á la emig acion de los do ios
y
esa-
lios, que an g a e as o no p odujo en la cons i u-
cion social
de G ecia, és anos examina los da os
(1)
He od., VI, 92. Tucidides, V.
53.
(2)
Pla on, Leyes, 692. He odo o, VII, 148. 159.
(3)
Tucidides, IV, 126.
24
c onológicos de es eimpo an e pe íodo. Segun hici.
mos cons a an e io men e (p. 381), la mayo ía de
los
his o iado es con ienen en ija pa a es e suceso
la
echa de 1150
y
965 an es de la e a c is iana. Tucidi.-
des
supone que en e la oyana gue a
y
la emig a-
cion de los do ios, media on es gene aciones, ó sea
90 años, y deduciendo de es a suma los 10 que du ó
dicha gue a, ob iene como esul ado inal el año 60
despues de la oma de Ilion pa a la en ada de los
esalios en el país que lle a su nomb e,
y
el año 80
pa a la en ada de los do ios en el Peloponeso; de
sue e que en e la oma de T oya y la in asion e-
sálica, media on dos gene aciones, y una en e es a
úl ima y la emig acion de los do ios al ci ado Pelo-
poneso. Pe o se hace indispensable admi i o os pun-
os de pa ida ue a del de la gue a de T oya, pa a
pode ija con más segu idad y p ecision la echa en
que ocu ie on los sucesos de que nos ocupamos.
El p ime año que puede ija se con alguna segu-
idad en la his o ia de los g iegos,
a
es el 776 ó sea aquel
en
que se e i icó el sac i icio eligioso celeb ado po
Licu go de Espa a y po I i o de Elis suceso de
Oxi-
los en Olimpia, ciudad si uada sob e el Al eo. Las a-
blas genealógicas de los eyes espa anos cuen an
es, cua o y, segun el cómpu o más ele ado, seis
gene aciones en e la edad ep esen ada po Licu go
y los undado es del es ado do ico en el alle del Eu-
o as. Po an o, aún acep ando co no e dade o el
cómpu o más al o, esul a que con seis gene aciones
se
llenan an sólo 200 años, en cuyo caso la emig a-
cion de los do ios no pudo ene luga an es del ei-
nado
c
í
e
l
es
de-
ci , que á lo sumo coincide con el año 1.000 an es
de J.
C. El
mismo cálculo nos obliga
á
supone
que
25
la i upcion de los do ios en Á ica se e i icó hácia el
año 950 an es de la E a c is iana. Pe o aún podemos
aduci o os da os que con i man es e cómpu o c o-
nológico, siquie a no deba dá seles más impo ancia
que á los an e io men e apun ados.
Aunque las ablas de los eyes espa anos no me-
ezcan en e o c édi o , . aisladamen e conside adas,
puede p esen a se como da o con i ma i o de la c o-
nología po sus au o es sus en ada, la sé ie de eyes
admi idos po la adicion, á pa i del momen o que
o ece algun hecho segu o en la his o ia de es e pue-
blo. Más a de ha emos e que no iene undamen o
alguno la hipó esis imaginada po Timeo, segun el
cual, la olimpiada de Licu go u o luga 100 ó más
años an es de la de Co ebo. Admi imos desde luego
que el sis ema
-
c onológico po gene aciones solo pue-
de da esul ados cie os cuando se aplica á pe iodos
la gos de 500 años po lo ménos. Y po eso no emos
incon enien e en p olonga la sé ie de eyes espa a-
nos, ya que de odos modos queda á p obado que la
undacion de Espa a no se emon a más allá del
año 1.000 an es de la E a c is iana.
An es de A is on y Anaxand ides , que subie on
al ono hácia el año 560 an es de Jesuc is o, se
cuen an 14 eu is enidas y 13 p oclidas. Pa iendo de
es e da o y con ando pa a cada gene acion, en un pe-
iodo de 500 años, de 25 á 26 y medio años, esul a
que la undacion de Espa a iene á coincidi con el
935 ó 910 an es de nues a e a. Si se cuen an los in-
di iduos que eina on an es de Leo ychides y Leo-
nidas, cuyo gobie no empieza el 490 an es de
J.
C.
esul an 16 eu is enidas
y
17
p oclidas, que llenan
un pe iodo de 890 á 915 años; lo cual iene am-
bien á demos a que la in asion de los do ios no se
32
p emo de aquellas p o incias como p ime encedo
de los d yopes en el Oe a y conquis ado de Elis, Py-
los
y
Laconia, siquie a enunciase de buen g ado á
su posesion pa a legaliza con su noble desp endi-
mien o las conquis as de los do ios y de los e olios.

II.
LAS EMIGRACIONES AL ASIA.
De odas las coma cas que o maban la mi ad
o ien al de G ecia, A ica e a la única á que no habian
llegado las u bulencias y e ibles e ec os de las emi-
g aciones mencionadas en el capi ulo que an ecede.
Sus pací icos mo ado es no enian más no icias de los
as o nos que en las p o incias inmedia as ocu ian
que las ecibidas po los ugi i os que allí acudia i en
busca de asilo. Re ugiá onse en A ica los lapi as de
Gi on
y
de Ela ea a ojados de su pais po los esa-
lios; los pelasgio as. de La isa
y
de las ce canías de
los lagos con los minyos
y
cadmeos a ojados epen-
inamen e de O chomenes
y
Tebas po los ameos; los
pilienses p oceden es del S. O. del Peloponeso;
los
egialeos de T ecena,
y
más a de las masas o igina-
ias de la misma ibu que los aqueos espulsa on de
la cos a N. O. del Peloponeso (1). Pe o muy luego
se
u bada la paz de es a pequeña coma ca, asilo
has a en onces de odos
los
pe seguidos. Los ameos,
no sa is echos con la posesion
de
Beocia, in adie on
(1) Pausan., II, 30.
3
34
el A ica, y a a on de apode a se del dis i o de
Enoi, si uado en la e ien e Su del Ci e on (1).
Cuen a la adicion que á Teseo sucedió en el o-
no de A ica Menes eo, despues de cuya mue e ué
eins alado Demo on e, hijo de Teseo, en los dominios
de su he óico pad e. Siguie on á Demo on e, Oxyn-
has
y
A eidas,
y
un he mano de és e úl imo cenia la
co ona cuando los ameos a a on de hace ale sus
injus as p e ensiones. Pa a decidi más p on o
y
de
una ez el plei o, p opúsole Xan hos, ey de es os
úl imos, que en ase con él en ba alla cue po á
cue po. El coba de Thyme es, que es e e a el nomb e
del mona ca a eniense, se negó á comba i , pe o en
su luga acep ó el desa io Melan ho, uno de los e-
ugiados pilienses, descendien es de la amilia de Nes-
o , enció en él, y qui ó la ida á su con a io. En-
onces el pueblo a eniense, ag adecido á an señalado
bene ició, obligó á Thyme es á despoja se de las in-
signias eales,
y
puso la co ona en las sienes del ani-
moso Melan ho (2). De an indigna mane a ue on
a ojados del ono los descendien es del he óico Te-
seo, habiendo einado 60 años desde la mue e de Me-
nes eo, que es el iempo ascu ido desde la conclu-
sion de la gue a oyana has a las in asiones de los
esalios
y
ameos (3). El hecho que acabamos de men-
ciona nos da sin emba go á en ende que los descen-
dien es de Nes o , que an e icazmen e con ibuye on
á echaza el a aque de los beocios con a A enas
huye on de su pá ia al se és a acome ida po los do-
ios: y co no quie a que la in asion de és os no ocu -
(1)
0. Mülle , Los do ios, I., 239.
(2)
Es ab., 393. F agmen . de E o o, 25 ed. de Mülle .
I, 19.
(3)
Paus. II, 18. Euseb. Ch on.
35
ió sino 80 años despues de la oma de Ilion, debemos
supone que los descendien es de Teseo eina on so-
b e A enas un pe iodo igual po lo ménos. Me ece
pa icula mencion la ex aña coincidencia de que
el nue o mona ca a eniense e a, segun la adicion
popula , descendien e de Poseidon, es deci , del númen
ep esen ado po Teseo, que no e a o o segun imos
al a a de es e hé oe el pad e de la amilia des o-
nada. Sábese e ec i amen e que en la cos a de Pylos
se daba cul o especial al Dios de las aguas, númen
p o ec o de la coma ca, y los descendien es de Nes-
o sos enían que su an epasado Neleo ué en ealidad
hijo de Poseidon
y
no. de C e eo como se suponia (1).
Melan ho u o la sue e de aleja pa a siemp e y de
una ez el pelig o que po el No e amenazaba á su
pá ia adop ica,
y
su hijo Cod o, que le sucedió en el
ono, u o el acie o de conju a la o men a, aún
más e ible, que po el Su desca gó sob e A enas.
Los do ios, dueños ya de las mejo es p o incias del
Peloponeso, lanza on sus hues es sob e el A ica, con
in encion, á lo que pa ece, si hubie an log ado some-
e es e pais, de pene a en Beocia, aspone el Is -
mo de Co in o,
y
llegando de nue o á E ineos, «la
coma ca azo ada po el ien o» , y pun o de donde
pa ie on á sus expediciones, ex ende su domínacion
po oda G ecia. Pe o el sac i icio he óico de Cod o,
qué dió la ida po su pueblo , de u o la ma cha
iun al de los in aso es y los ale osos a enienses
echaza on el a aque de los do ios, como habían e-
(1)
Odisea, XI , 255. Es a opinion no ca ecia de undamen o,
pues o que siendo C e eo hijo de Eolo, dios del ien o, e a muy na-
u al supone que Pelias y Neleo, caudillos de los an iguos na egan-
es de Yolcos
y
de Pylos, uesen hijos de Nep uno.
36
chazado el de los beocios, no sin
deja en las ga as
de aquellos la impo an e coma ca de Mega a (1).
4
A ica habia conquis ado su independencia; elase
lib e de enemigos, pe o al p opio iempo comp endia
la necesidad de odea su capi al de mu allas que si -
iesen de ab igo á sus mo ado es
y
de segu a de ensa
con a nue os a aques. Los asilados, p oceden es de
Pelasgio ide, en e los que habia a qui ec os in eli-
gen es , inaugu a on es as ob as le an ando una
ue e mu alla po el lado más accesible de la oca
Cec opea, sob e la que es aba si uada A enas, y ce -
a on odo el cos ado occiden al, donde es aba la su-
bida, coi las amosas
nue e pue as.
Pa a hon a la
memo ia de sus cons uc o es, dióse á es a o aleza
el nomb e de Pelasgicon. En e an o, los pelasgio as,
no con en os con idea es os medios de de ensa, em-
p endie on en el alle del Hyme o, que se les habia
señalado pa a su esidencia, una sé ie de abajos,
po medio de los cuales log a on as o ma sus á idos
Y
ped egosos campos en un país é il y he moso.
Pe o ni la ex ension del e i o io a eniense ni la
e ilidad de su suelo e an su icien es á man ene las
conside ables masas que se habian allí e ugiado de
las coma cas inmedia as, po lo que g an núme o de
emig ados, especialmen e de los que en a on po el
No e, esol ie on busca ue a de A ica una nue a
pa ia, aunque
pa a log a lo u iesen que aspone
el ma . No es menes e ad e i que una g an pa e
de los asilados pe manecie on en A ica, como cla-
(1) Véase pág. 9 de es e o no.
37
amen e lo demues an las amilias nobles lapi as y
ebanas que esidian en A enas, en e las que

-
pode
mos ci a las de los Pei i hoidas, de Gy on, los Co-
onidas, de Ela ea,
y
los Ge y eos, de Tebas.
Fieles á su p opósi o, los pelasgio as de Tesalia se
aslada on, po ma , á T acia
y
se ija on en a ias
penínsulas ó lenguas de ie a que hoy se conocen en
aquel país con el nomb e de Calcidice, donde unda-
on algunos pueblos de escasa impo ancia. Que es os
pelasgos e an o igina ios de Tesalia lo da
á
en ende
He odo o cuando dice que los habi an es de C es ana
ue on en
lo
an iguo ecinos de lós do ios, y mo a-
ban en onces en la egion llamada Tesalio ida (1).
Pe o muy luego abandona on es a coma ca , y
subiendo de nue o á sus emba caciones asladá onse
unos á la isla de C e a y á las asiá icas playas o os.
Huellas inequí ocas de su p esencia nos o ecen
las La isas, nomb e de las ciudadelas que los pelas-
gos le an a on en Tesalia, que hallamos en las ce -
canías de Gó yn, en la cos a me idional de C e a,
en. las inmediaciones de 'Cyme (Cumas), sob e la
cos a de Misia
y
sob e la de Lidia, no lejos de E e-
so (2).
El
mismo
his o iado hace no a que An an-
d o e a una ciudad de
los
pelasgos, y que los pe-
lasgos ugi i os de Tesalia
y
e ugiados po algun
iempo en A enas e an ambien
los
que unda on.á
Placia y
Scylace en el Helespon o (3). Po o os es-
c i os pos e io es sabemos que los pelasgio as
unda-
on á
lo
la go de la cos a asiá ica del Egeo una sé-
(1)
He odo o, I, 57.
(2)
Es abon, 621, 622. Eus a he, Ad. lijad. H, 840. Es eb. de
Biz.
Fó üs.
(3)
He od , VII,
42.
I,
57,

38
ie de es ablecim
ien os, comp endidos en e el Laicos
po el No e y la desembocadu a del Cays os po el
Su , que c ea on algun mo imien o en aquellos pa-
ajes, siquie a no llegasen á adqui i más impo an-
cia que los poblachos an es le an ados po ellos en la
cos a de T acia.
Los pelasgio as, a ojados de 'su pais en los p i-
me os momen os de la in asion esalio-do ica, ab ie-
on el camino á odos los g iegos que emig a on al
Asia Meno
y
sus es ablecimien os coloniales, espe-
cialmen e su La isa de Cyme, ue on los p ime os que
u o G ecia en aquellas cos as. 1-16 aqui po qué los
pelasgos o na on pa e en la gue a de Ilion como
auxilia es de los oyanos y comba en no solo con a
los pueblos que en onces acudie on de G ecia á las
asiá icas playas, sino ambien con a los demás co-
lonis as helenos que en ellas se habian es ablecido (1).
Los minyos de Yolcos y O cho nenes, de la mis-
ma mane a que los cadmeos abandona on ambien
el A ica
y
ija on su esidencia en las islas de Lem-
nos, Imb os
y
Samo acia, donde ya exis ian o as
colonias enicias que habian p opagado en es os pun-
os las c eencias eligiosas de su pá ia. Tambien es-
ds
colonis as se llama on pelasgos, nomb e que en
épocas más mode nas si ió pa a designa á odas
las ibus expulsadas de los dis i os del No e po
los in aso es que, á su ez, echa on las bases de la
colonizacion g iega (2).
(1)
lijada, II, 840. Es o mismo se da á en ende en la Odisea XIX,
175 y siguien es.
(2)
He od., II, 51.
IV,
145. I, 146.
V, 57.
62.
39
Supónese que los minyos ue on de nue o a o-
jados de Lemnos po emig ados pelasgio as; pe o no
hay da o alguno qüe con i me es a ag esion, in en-
ada quizás pa a pode p esen a una causa que ex-
plique la emig acion de los minyos que coloniza on
á T i ilia, The a y Ci ene, ya que dichos minyos,
como descendien es de los a gonau as, habi aban la
mencionada isla mucho an es que la isi asen los co-
lonos g iegos. Po lo demás, es un hecho his ó ico
que a ios g upos de, minyos, de igual p ocedencia
que los colonizado es de Lemnos, ocupa on á The a
y T ina,
,
como es cie o que los jonios encon a-
on en Teos g an núme o de minyos o igina ios de
O chomenes. El nomb e T i ilia pa ece hace e-
e encia á la union de las es ibus que pobla on
es a ciudad, á sabe : caucones, epeos y minyos, ó
segun o os; caucones, minyos y eleos , cuyas ue -
zas unidas se apode a on de su coma ca (1). De odo
es o, lo que pa ece deduci se con algun iso de ce -
eza, es que los minyos de Yolcos y de Halos colo-
niza on á Lemnos y los de O chomenes á Teos,
The a y T i ilia, única hipó esis que explica las di-
e sas emig aciones de es e pueblo, cuyo ecue do ha
conse ado la adicion.
Es as p ime as emig aciones de los g iegos al
Asia ue on el p eludio de o as mucho más nume o-
sas y más impo an es, en cuya compa acion aque-
llas no me ecen sino el nomb e de ensayos apénas
dignos de memo ia. La mayo pa e de los egialeos
ó jonios e ugiados en Mica emig a on á
las islas
que o man
el a chipiélago comp endido en e las
cos as g iega y asiá ica, siendo de las p ime a
s
ocu-
(1) EB abon, 337.
40
padas la de Naxos, no able po la he mosu a
y
e -
ilidad de su suelo, con o as si uadas en ci culo al
ededo de Delos
(1) .
Po mucho iempo se conse ó
en A enas el ecue do exac o de es as emig aciones
y
has a de los caudillos que habian ocupado cada una
de las islas, siendo digno de conside acion que los
a enienses conside aban como uno de sus p incipales
se icios á la pá ia el de habe a ojado del a chi-
piélago á los ca ios, sus an iguos mo ado es (2). Hé
aquí cómo la adicion a eniense explicaba los o íge-
nes de es a emig acion de los jonios.
Dicese que á la mue e de Cod o sus dos hijos
mayo es se dispu a on la posesion de la co ona de
A enas. El más jó en, po nomb e Neleo, alegaba
como azon de su p e endido de echo, el que Medon,
po se cojo, se hallaba excluido del ono; de ec o
que en algunos paises, como Espa a, podia incapaci-
a e ec i amen e pa a eje ce el ca go de je e del
Es ado.
Pe o en el caso p esen e el o áculo de Del os de-
cidió el plei o en a o de Medon, cuyos de echos
ue on desde luego econocidos. Tal decision no hubo
de pa ece bien á Neleo, quien emba cándose con
los que quisie on segui le, se asladó p ime o á la
isla de Naxos (3),
y
de aquí á la cos a asiá ica, donde
echó los cimien os de Mile o, sob e e i o io ca iano.
La an igua ciudad de es e nomb e ocupaba una
pun a de ie a que se in e naba bas an e ma aden-
(1)
Sabemos que algunos pe manecie on en A ica, pues o que
segun hace no a Pausanias, II, 30, los undado es de Ana lys os
y
S e os en A ica e an ecenios, que huye on an e los do ios.
(2)
Tucidides, I, 4 a 8. He od, I,
171,
VII, 95, VIII, 46, 48, Isó-
c a es, Pana h. 241. Dionisio Pe iege a, 525. Plu . de exilio, 603.
(3)
Aelian. a . his . VIII, 5.
41
o, en la o illó me idional de la magni ica bahía en
que ie e sus aguas el Meande . La p imi i a colo
-
nia edi icó sus i iendas sob e una eminencia cuya
aíz azo aban las olas, mien as que la e dade a
ciudad se ue le an ando sucesi amen e en la llanu a
que se ex iende á
16
la go de lá playa. En el cos ado
No e de lá bahía de Mile o,
y
en e á la ciudad, se
eia un emplo que hubo de le an a Filis eo, hijo
de Pasides, y uno de los compañe os de Neleo, en
hono de la Cé es Eleusina (1), y no lejos del pue o
se conse ó du an e mucho iempo el sepulc o en
que se gua daban las cenizas del mencionado Ne-
leo (2). Po su pa e los milesios man u ie on
i o
el ecue do de las adiciones pá ias, y se conside a-
ban, bajo odos concep os, como una colonia de A e-
nas; po lo cual sos enían que sus an epasados lle a-
on consigo el sag ado uego del hoga egio a enien-
se ó del P i aneo pa a conse a le en su ciudad de
Mile o (3).
De que es as adiciones e an has a cie o pun o
undadas y e dade as, son p uebas e iden es el cul o
que en dicha ciudad jonio-asiá ica se ibu aba
á
A hene
y
á Ce es Eleusina, así como la
ies a
de las
Apa u ias que en ella se celeb aba con iguales ce e-
monias y i os que en A enas. Po es as y o as a-
zones no cabe duda que los undado es de Mile o p o-
cedian de la capi al de A ica,
y
ue on conducidos
en
su expedicion po un indi iduo de la amilia einan e
en es e pais, po nomb e Neleo. Los descendien es de
(1)
He odo o, IX, 97.
(2)
Pausanias, VII, 2.
(3)
He odo o, I, 146. V, 97.
48
ion de la
g
ibus que lle an ese nomb e,
y
que des-
de aquel país salie on pa a unda colonias en G e-
cia, e i icando más a de algunos g upos de amilias
nobles la emig acion in e sa al Asia meno . El p in-
cipal es imonio que se p esen a en a o de esa eo-
ía es el de algunos documen os de la an igua li e a-
u a de O ien e, en los que se da po supues o que los
j
onios ocupaban pa e de dicha cos a con an elacion
al año 1000 an es de la e a c is iana. Pe o la p ueba
que Cu ius c ee encon a en cie os documen os de
la época de Se hos y Ramses en que apa ece el nom-
b e
jonios
no iene alo alguno ya que, segun es no-
o io solo se ha log ado iden i ica un co o núme o
de nomb es de los pueblos que p e enden habe so-
me ido los Fa aones
y
que en al concep o se ci an
en documen os egipcios.
Es e dad que en las leyes de Manu
y
en o os
documen os de la li e a u a india ocu e con e-
cuencia el nomb e
ya ana,
pe o es a ci cuns ancia
pod ia se i de a gumen o pa a demos a la an i-
güedad de dichos esc i os
y
no como p ueba con i -
ma i a de la an igüedad de las cQlonias jónicas en
Ana olia. En cuan o á la abla genealógica del Gé-
nesis, en que igualmen e apa ece el nomb e de
ya an,
ampoco es a gumen o de g an ue za una ez que,
en mi sen i , la edaccion de ese sag ado lib o ape-
nas se emon a más allá del siglo X an es de Jesu-
c is o (1). Po o a pa e la adicion g iega, con
He odo o y Tucidides á la cabeza, es á en abie a
con adiccion con esa eo ía al supone unánime-
(1) Es á sin emba go
bien demos ado que es e sag ado lib o se
emon a
cuando ménos al siglo XV an es de la e a c is iana.
(11
7.
.
hl T.)

49
men e que la poblacion de las islas del Egeo , an es
de la ocupacion g iega, se componía exclusi amen e
de ca ios y enicios;
y
es e iden e que si los jonios
hubie an pasado de Ana olia á G ecia debie on ocu-
pa p é ia,men e es as islas, como lo e i ica on los
emig an es al segui el camino con a io. Po lo
de-
más
no es á en modo alguno demos ado que el pue-
blo heleno se di idiese desde un p incipio en cua o
g andes g upos ó ibus; an es bien sabemos que los
nomb es de eolios y aqueos no igu an sino cuando
la cons i ucion social de es e pueblo habia alcanzado
cie a es abilidad
y
po e ec o de acon ecimien os de-
e minados; lo p opio puede deci se del nomb e jonio.
En e odos los es ablecimien os g iegos de Ana-
olia, descuellan po su impo ancia Mile o, E eso
Colo on.
El
e i o io pe enecien e á la p ime a de
es as ciudades se ué ensanchando sucesi amen e en
di eccion al No e, desde la embocadu a del Meande
has a la alda me idional del Micala, comp endiendo
en es e espacio é iles campos de cul i o, que se ex-
endian especialmen e po la o illa del io,
y
excelen-
es p ados, en la pa e más p óxima á la mon aña,
donde se c iaban nume osos ganados. Su excelen e
bahia o maba ambién el pue o más segu o de
aquellos pa ajes (1) .
Los e esios, po su pa e, no se descuida on en
ac ecen a sus dominios,
y
as innume ables comba-
es con los lidios log a on ex ende aquellos has a la
e ien e me idional del Tmolos. Dos siglos du ó es a
(1) Es abon, 978.
4
50
empeñada lucha en e e esios
y
lidios,
y
en odo ese
iempo no pudie on és os ecupe a un solo palmo del
e eno que con he óico es ue zo a eba a on los ex-
anje os á los sobe anos indígenas, al deci suyo
descendien es del númen sola Sandon.
Los colo onios ensancha on Cambien sus conquis-
as po el No e. No sa is echos con habe obligado
á los lidios á in e na se en el con inen e, aspusie-
on la lengua e es e, sob e la cual se hallaban si-
uadas Teos, Lebedos
y
E y h ea,
y se
apode a on
de Smy na, ciudad undada po aqueos, p oceden es
del Peloponeso. Po eso Mimne mo pone en boca de
los colo onios es as palab as: «Pa iendo de Colo on,
si uada en las má genes del Halos, y obedeciendo el
consejo de los dioses, nos apode amos de Smy na,
ciudad de los eolios» (1).
Hé aqui cómo cuen a He odo o la pé dida de
Smy na po los eolios: « Cie os colo onios, encidos
en una sedicion domés ica po ellos susci ada,
y
a o-
jados de su pá ia, halla on asilo en Smy ma. Es os
ugi i os, abusando de la hospi alidad que ecibie on,
en un cija en que sus bienhecho es celeb aban ue a
de la ciudad una ies a solemne á Baco, les ce a on
las pue as
y
se apode a on de la plaza. Concu ie on
odos los eolios al soco o de los suyos,
y
si ia on la
ciudad, pe o se e minó la con ienda po medio de
una ansaccion, en la que se con ino que los colo o-
nios se quedasen con la illa es i uyendo los bienes
muebles á los de Smy na. Es os, con o mándose con
lo pac ado, ue on epa idos en las o as once ciu-
dades eolias que los admi ie on po ciudadanos su-
yos» (2).
(1)
Es abon, 620.
(2)
Es abon, 634, He odo o, I, 16,143. 150. Pausan., VII, 5.
51
Mimne m
o
cuen a es e suceso, y da á en ende
que u o luga poco iempo despues de la undacion
de Colo on,
opinion
que no se halla des i uida de un-
damen o, una ez que po o os es imonios dignos
de c édi o sabe nos que los colo onios e an dueños de
Smy na an es del año 720, ó sea con an elacion al
einado de Gyges, mona ca lidio que acabó con el
pode ío de dicha colonia g iega. Po su pa e los
e esios sos ienen ambien que los jonios se apode-
a on de Smy na an es del año 850,
y
undan su
ase o en que es a poblacion ué le an ada, an es de
la llegada de los aqueos, po los de E eso que habi-
aban el ba io de es a ciudad llamado Samo na; in-
ú il es ad e i que odo el undamen o de es a supo-
sicion es iba en la semejanza de los ocablos Samo -
na y
Smy na, que es ambien el único a gumen o en
que los jonios undan sus de echos á la posesion de la
illa.
Has a el einado de Gyges habia sido Colo on la
más ue e
y
ambien la más pendencie a en e odas
las colonias jónicas. Mien as que los de Mile o se de-
dica on especialmen e á la na egacion, los e esios y
colo onios emplea on odas sus ue zas en ac ecen a
su e i o io y ob u ie on, po lo gene al, b illan es
esul ados.
To nando sin duda
po modelo á los
lidios
eje ci á onse los colo onios en el a e de la
equi acion,
desconocido á
los g iegos,
y
llega on á, o ma una
excelen e caballe ía, con la que se hicie on espe a
en oda la cos a has a que el mencionado
Gyges
de-
ol ió al eino lidio su an e io pode ío.
Los habi an es de las ciudades an e io men e des-
52
c i as econocian un mismo o igen
y
hablaban el
mismo dialec o;
y
áun cuando en su undacion oma-
on pa é egialeos, a icos y eubeos, comp endianse
odos bajo la comun denominacion de jonios. Al e -
se en ex año suelo, lejos de su pá ia
y
po doquie
odeados de enemigos, los undado es de las colonias
g iegas comp endie on la necesidad de es echa sus
lazos
y
de o ma un solo cue po, á lo ménos en odo
lo que con su de ensa mú ua se elacionaba.
Su si uacion e a e ec i amen e la más adecuada
pa a despe a en ellos el sen imien o de la unidad
nacional; así emos que de odas las ciudades nue a-
men e c eadas en la cos a asiá ica concu ian de
cuando en cuando á la celeb acion de sac i icios o e-
cidos en comun al númen que los a icos
y
egialeos
ado aban especialmen e en las cos as y p omon o ios
de su an igua pá ia y que les habla conducido á a-
és de su impe io al opues o con inen e. A es e mismo
dios, que no e a o o que Nep uno, le an a on los
colo is as de P iena un emplo soli a io al pié de la
alda No e de la mon aña de Micala; donde se le i-
bu aba, el mismo cul o que en su an igua pá ia de
I-lelice (1); y donde los eyes de P iena , descendien-
es de Epy o, sac i icaban o os en hono del númen
de los ma es de la misma mane a que lo hicie on los
jonios en sus p imi i os hoga es de Egion y de He-
lio° (2).
Concu ian á es e sac i icio habi an es de Mile o,
Myun e y E eso, dándole así ca ác e de solemnidad
nacional. Mien as eina on en Mile o
y
E eso los
suceso es de Neleo y And oclo conse a on es as ciu-
(1)
Diodo o, XV, 49.
(2)
Iliada XX, 403: Es abon, 639,
53
un pode supe io al de los pueblos ecinos, á
Jades
los cuales, en caso de apu o, poclian p es a e icaz
auxilio, eje ciendo sob e ellos, como na u al conse-
cuencia, cie o in lujo: así se cuen a que en una oca-
sion salió And oclo á campaña con a los ca ios, en
soco o de sus compa io as los de P iena,
y
que pe-
eció en es a gue a. Hé aqui po qué las o as pobla-
ciones g iegas de la cos a de Lidia, imi ando el ejem-
plo de E eso
y
Mile o, en ia on ep esen an es al
g an sac i icio de Micala.
Tambien los de la isla de Chios ue on admi idos
á es a solemnidad nacional, pe o no has a la cua a
gene acion despues del desemba co de los jonios,
sea unos 100 años despues del einado de Am icles,
encedo de los ca dos, y en ocasion en que gobe -
naba dicha isla su iznie o Hec o (1). Digno de ob-
se acion es el hecho de que los milesios y e esios,
o gullosos de sus adiciones, y eniendo en cuen a
que sus espec i as ciudades habian sido undadas
po hijos de Cod o, y ue on siemp e egidos po des-
cendien es del céleb e caudillo a eniense, es ablecie-
on como condicion p ecisa pa a pode oma pa e
en la ies a la de habe enido po undado á un hijo
del mencionado p íncipe. Hé aqui po qué la adicion
supone que Epy o, Cyd elo, Nauclo
y
Knopo, un-
dado es espec i amen e de P iena, Myun e, Teos
y
E i h ea, ue on hijos de Cod o, aunque
ilegí imos,
con lo cual se descub e la alsedad de semejan e ge-
nealogía.
Los colo onios sos enian Cambien que su undado
And emon e a hijo de Cod o, pe o si al p e ension
no iene undamen o alguno, pa ece cosa p obada que
(1) Es e suceso ocu ió hácia
.
el año 850; Pausanias, VII, 4,6.

54
no pudie on ing esa en la sociedad de los jonios de
Asia sino median e de e minadas condiciones, dado
que un esc i o hace no a que el se icio
y
los o á-
culos del númen sola que se ene aba en el bosque
de. Cla os, no lejos de Colo on, es aban al cuidado de
sace do es milesios (1) .
Despues que Smy na cayó en pode de los jonios
p e endió se admi ida en la solemnidad de Micalas
la ciudad de Focea, pe enecien e á los eolios, y si ua-
da á co a dis ancia de la embocadu a del He mes,
en di eccion al No e. Po la adicion sabe nos, y su
nomb e lo con i ma, que ué undada po ociense,
o igina ios del cen o de G ecia (2),
y
como no e an
gobe nados po p íncipes de la amilia de Cod o,
uéles negado lo que p e endian. Pe o esuel os sin
duda á en a en la con ede acion jónica , hicie on
eni de Teos dos supues os descendien es de Cod o,
y
les en ega on las iendas del gobie no de la ciu-
dad (3). De es a sue e la con ede acion que en un
p incipio se componia de cinco
y
luego de nue e ciu-
dad es, llegó á con a doce, á sabe : Mile o, P iena,
Myun e, E eso, Colo on, Lebedos , Teos, E i h ea,
Clazomenas y Focea, con las islas de Samos
y
Chios (4). Los de Smy na solici a on Cambien en a
en el conso cio de las doce illas; pe o sea que se
conside ase su icien e su ep esen acion po Colo on,
de cuyos dominios o maban á la sazon pa e, ó que
los con ede ados se hubiesen p opues o no pasa del
núme o de doce, pa a los g iegos sag ado, es lo cie o
que no ue on admi idos á la pa icipacion del sac i-
(1)
Taci o, Anales, II, 54.
(2)
Pausanias, VII, 3.
(3)
Pausanias, VII, 3, 3.
,4) Diodo o, XV, 49.
55
icio nacional (1).
Tampoco
o maban pa e de la con-
ede acio
n
jónica los cíe Magnesia, ciudad impo an e
si uada en el in e io del pais, ce ca de la con luencia
de los íos Le eo
y
Meande , que Labia sido undada
po magnesios a ojados de su país du an e la in a-
sion de los esalios (2).
El g an sac i icio de Micala se celeb aba á expen-
sas de odos los que en él omaban pa e, aunque
siemp e bajo la di eccion de los de P iena,
y
des-
empeñando las unciones sace do ales suceso es de
Epy o. Más a de se eunian allí mismo los con ede-
ados en asamblea gene al pa a delibe a sob e asun-
os de in e és comun, di imi sus con iendas y a e-
gla sus cues iones con los pueblos ecinos, siendo uno
de los p incipales esul ados de la ies a nacional el
que ninguno de los pueblos con ede ados podia se
a acado po o o, ya que cualquie asun o de es a ín-
dole debla se p é iamen e discu ido en la asamblea
ede al, si al nomb e puede da se á es as sencillas
euniones (3).
En e an o los colonis as jonios man enian in ima
comunicacion con el o áculo dél ico. Así emos que,
cuando el año 366 an es de nues a e a se pensó en
aslada á o o pun o
el mencionado san ua io de
Micala, o denóles el o áculo que o eciesen un sac i-
icio sob e el p imi i o al a de Helice en Acaya
y
que és e si iese de modelo pa a cons ui el nue o.
(1)
He odo o, I, 143.
(2)
Vi a Home i, c. 2. Es ab., 636, Conon. na a . 29. Hay
quien asegu a que es os emig ados p ocedian de Fe ae en Tesalia.
Pa hen. na a . 6.
(3)
Dionisio Halic. IV,
25. He od.
I.
141.
56
Segun imos an e io men e, una pa e de los an-
iguos mo ado es de A gos
y
Lacedemonia conquis-
a on la cos a NO. del Peloponeso, mien as que el
es o, de que o maban pa e egialeos, a icos
y
eu-
beos, abandona on su pá ia pa a busca o a nue a
en las islas
y
en el Con inen e asiá ico. Tisamenos,
hijo legí imo de () es es, ué el que condujo á las
masas aqueas que se e ugia on en las mon añas de
Acaya, aunque o os suponen que es e caudillo pe e-
ció en la g an ba alla lib ada con a los he aclidas
en
que se decidió la sue e u u a del Peloponeso (1).
En e an o Pen ilo, hijo ambien, pe o ilegi imo, del
mismo O es es, púsose al en e de un g upo de
aqueos, a a esó el is mo,
y
asladándose con ellos á
Beocia se emba có en Aulis con umbo á las cos as
de T acia. De aquí pa ie on los emig ados con di-
eccion al Helespon o, conducidos ya po Ejelao,
hijo de Pen ilo,
y
así hubie on de i i algun iempo
sin mo ada ija, has a que G- as, nie o del mencionado
Pen ilo, condujo á los ugi i os á la isla de Lesbos,
donde de ini i amen e ija on su esidencia y unda-
on la ciudad de Mi ilene, gobe nada du an e mucho
iempo po los descendien es de Pen ilo (2).
El ejemplo de es e caudillo ué muy luego imi a-
do po Cleues
y
Malaos, ambien o igina ios de la
amilia de Agamemnon. Al en e de nue as masas
aqueas llega on á la cos a loc ense,
y
despues de in-
co po a á su ejé ci o á los que de es e país quisie on
ag egá seles, se emba ca on con umbo á la cos a
asiá ica,
y
oma on ie a en el gol o de Elea, en e -
(1)
Pausanias II, 18, 5.
(2)
Pausan., III, 2. A is o ., Poli . V, 8.
Plu . de sole lia animal.,
e.
36.
57
i o io misio, donde le an a on la ciudad de Cyma,
que ué gobe nada con no able acie o po los deseen
dien es de Cleues y Malaos (l). El nomb e de b
Aua-
memnon e a an espe ado en es a ciudad que los cy-
mensos no se con en a on con menos que con hace le
apa ece en la lis a de sus eyes (2). Fácilmen e se
echa de e que en es a leyenda de la colonizacion
aquea hay elemen os his ó icos en uel os con una capa
abulosa. Po la lige a eseña que an ecede se e que
la expedicion de Pen ilo ab aza a ias gene aciones,
y se e ie e, po consiguien e á una se ie de emig a-
ciones sucesi as comple amen e independien es las
unas de las o as. Lo más ex año de odo es la u a
e dade amen e anómala y singula que siguie on
los emig an es conducidos po Pen ilo
y
G as pa a
a iba á la isla de Lesbos; pe o la adicion sin duda
c eyó e señales inequí ocas de su paso po T acia
y el Helespon o en las ciudades de Enos y Ses o, si-
quie a su o igen sea muy pos e io á la echa de la
expedicion capi aneada po los mencionados caudillos,
pues no se emon a más allá del siglo VIII (3).
Po an o,
y
pues o que análogo a gumen o puede
saca se de la ciudad de My ilene en Lesbos, no hay
el más le e incon enien e en supone que los emi-
g an es aqueos siguie on el camino di ec o po ma
á Lesbos, y de aquí al gol o de Elea.
Las p ime as cons ucciones en My ilene se e i-
ica on sob e un islo e que se alzaba en e el con i-
(1)
Helanico , agm. 114. Veleyo Pa e culo, I , 2, 4. Es a-
bon, 10, 401, 403, 582, 621.
(2)
Pollux, Onom. IX, 83. Al deci de Pínda o, Nem. XI. 43. el
mismo O es es ué quien condujo á los emig ados desde Amielae
al Asia.
(3)
He od., IX, 115. Tucid., VII, 57.
64
un compa io a llamado Te as, homb e p incipal,
que en aquella sazon se disponía á unda ue a de
la p o incia un es ablecimien o, y á quien los mínyos
encomenda on la di eccion de sus negocios. Animado
de es os p opósi os salió Te as de Lacedemonia con
una colonia de minyos, do ios y aqueos que habla e-
clu ado en el país,
y
a ibó á una isla si uada en las
ce canías de la cos a o ien al de Laconia, llamada
en onces Calis a y despues Te as, del nomb e del
conduc o de la colonia. Supónese que es e caudillo
e a descendien e de Edipo,
y
su genealogía e a la
siguien e: Edipo, Polinices, Te sand o, Tisamenos,
Au esion, Te as
y
su he mana Egia. En dicha isla
se es ablecie on los emig ados, y i ie on en pe ec a
a monía con los enicios que an es la habi aban (1).
Una segunda expedicion de aqueos, o igina ios
de Lace
s
demonia, ocupó la isla de helos, siendo digno
de no a que es os colonos i ie on luego en elacion
amis osa con los de Espa a (2). Pe o una pa e de
es a colonia aquea siguió su u a en di eccion al Su ,
(1)
He odo o, IV, 145, á 149. Pínda o, ed. de Boeckh, 115. Pau-
san., III, 1, 7.
Egia e a esposa de A is odemo y mad e de los mellizos Eu is e-
nes
y
P ocles, en cuya meno edad u o Te as la egencia del eino
de Espa a. Pe o cuando los p íncipes, llegados ya á la mayo edad,
quisie on enca ga se del gobie no, Te as, que había omado gus o
al mando, sin ió an g an epugnancia á se mandado, que dijo no
pode i i más en Lacedemonia, sino que p e e ia ol e se po ma
á i i con los suyos. Los nomb es de algunos luga es que los aiz-
yos unda on en Te a, como Eleusis, Oea, Pei eon
y
o os, son indicio
segu o de que aquellos i ie on po algun iempo en. A ica, así como
lo3 sie e dis i os de que se componía la isla deno an alguna elacion
do los colonos con Beocia. He odo o, IV, 153. Tolomeo, Geog a ía,
III, 15. Boeckh, Co p. insc ip . I, 729.
(2)
He odo o, VIII, 48. Tucidides, V, 84
y
siguien es. Plu a co,
Qwes . g occe, e.
2i .
Con. na a . 36. Dionisio Pe ieg.
. 213.

65
a ibó á
C e a
y
se apode ó allí de Go yn, ciudad.
impo an e de la cos a me idional de dicha isla.

y
Mu
salió de la cos a o ien al de Laconia la e ce a
hielo s
expedicion, compues a exclusi amen e de do ios, que
oma on ie a al Su de
los
es ablecimien os y e i-
o ios jónicos. Fo ma aquí el con inen e una península
sumamen e es echa
y
la ga, odeada casi oda po
el ma
y
que los g iegos designaban con el nomb e
de T iopio. En en e del cabo en que dicha península
e mina hay una isli a sob e la cual edi ica on los do-
ios pa e de la illa de Gnido, que ué su p ime es-
ablecimien o en aquellos pa ajes (1).
Al N. O., y á
muy co a dis ancia
de es a penín-
sula, encuén ase la isla de Cos, con las dos más pe-
queñas de Calydnos
y
Nisy os, ocupadas ambien po
do ios p oceden es de Epidau o, aunque se igno a
si dicha ocupacion se e ec uó an es ó despues de la
undacion de Gnido (2).
Vemos, pues, que los do ios, siguiendo el mismo
de o e o que los eolios en Lesbos
y
los jonios en
Chios y Samos, se posesiona on p ime aman e de al-
gunas islas si uadas en la cos a ca iana, que les si -
ie on como pun os de pa ida pa a sus conquis as
ul e io es en ie a i me. La mencionada isli a no e a
su icien e á con ene la poblacion
de Gnido, y se con-
inuó
la
cons uccion de
la ciudad sob e la
ibe a de
la península inmedia a. En o a lengua e es e
si-
uada
al No e de
Cos,
se le an a on dos impo an es
ciudades: Myndos
y
Halica naso; ob a comun de do-
ios y jonios, que p oceden es de
T ecena, se habian
(1)
He od., I, 174. Diodo o, V, 61. Pausanias, X, 11. Es a-
bon, 653.
(2)
He od., VII, 99.
5
66
aliado pa a o ma un solo pueblo, gozando odos de
iguales de echos. El p imi i o Halica naso se edu-
cia
á un co o núme o de i iendas asen adas sob e
una oca que se le an aba en la misma o illa del
ma ; 'pe o
más
a de ex endióse la ciudad po el llano,
si iendo de
ciudadela dicho peñasco (1).
De es os es ablecimien os do icos, ó segun c een
o os, de las posesiones que es é pueblo enia en la
isla de C e a
y
de A gos, salie on ambien indi iduos
á coloniza la isla de Rodas, si uada en aquellas ce -
canías. Componíase po aquel en onces la poblacion
de la mencionada isla de indígenas ca ios
y
de colo-
nos enicios que allí poseian a ios es ablecimien os,
en los cuales se daba e ien e cul o al númen sola
Baal-Melka h, y se ado aba á Moloch, bajo la igu a
de o o: es os hijos de Ti o y Sidon debie on ocupa
ambien los al ededo es de la mon aña más ele ada
de es e pais, á la que die on el his ó ico nomb e de
Tabo (2).
No a da on los do ios en posesiona se de casi
oda la isla, quedando únicamen e en pode de los e-
nicios 'alisos
y
su coma ca, en que einaba á la sazon
Falan o. Si iá onla los g iegos al mando de I icles,
y había ya ascu ido mucho iempo sin que los si-
iados die an señales de que e endi se, cuando un
o áculo anunció que no oma ian la plaza has a an o
que no apa eciesen peces en sus uen es y los cue os
se ol iesen blancos. Enca góse el mismo I icles de
llena las condiciones indicadas po el o áculo, y al
e ec o mandó coge algunos cue os, y pin ándoles
(1)
He odo o,
VII,
99. Pausanias, II, 30.
(2)
Tucidides, VII, 57. Conon. na a ., 47. Los nomb es geog á i-
cos de la isla demues an que los p imi i os
habi an es e an ca ios.
Véase Mo e s,
Los
enicios;
II, 255.
67
con yeso blanco, los sol ó
'
en di eccion á la plaza;
en e an o log ó sobo na á los se ido es
de Falan o
que cumplie on la segunda condicion echando peces
en la uen e
de
su
casa. Con encido el ey (le que el
o áculo se hacia cumplido, en egó olun a iamen e
la plaza despues de ob ene pa a sus habi an es libe -
ad omnímoda pa a abandona la ó pe manece en
ella;
y
aunque la mayo pa e op a on po lo p i-
me o, en e ando allí p e iamen e sus eso os, con
la espe anza de ecupe a los
algun
dia (1), muchos
pe manecie on en sus hoga es y se con undie on po
comple o con los encedo es. Son muchos y de di e -
sa na u aleza los hechos que demues an la p esencia
de los enicios en Rodas, despues de la in asion
do-
ica
en la isla. En el emplo consag ado
á
A henea
á As a e sidonia en Lindos se encon a on
mucho
iempo despues insc ipciones cadmeas (e); du an e la
dominacion g iega se inmola on se es humanos
C onos po o o nomb e Moloch, á la mane a que so
hacia bajo el mando enicio; Júpi e ué ado ado en
oda la isla bajo la igu a de o o, que e a la ep e-
sen acion o dina ia de Baal–Moloch, y en los aba-
jos que la adicion enicia a ibuye á Ba,al–Melka h
econocie on los do ios una alusion mani ies a á, las
hazañas de Hé cules.
Las indicaciones que an eceden, no solamen e
de-
mues an
lo a aigadas que es aban en Rodas las i a-
diciones enicias, sino que á la ez ponen de
mani-
ies o
que los do ios no lle a on á cabo su conquis a
de un golpe
y
sin g an es ue zo, po lo que con
a,zon
se supone
que aquella no se emon a más allá del
año 850 an es de Jesuc is o.
(1)
A henaus, XIII, 360.
(2)
Diodo o, V, 56. 58.
68
La supues a colonizacion de Rodas po Tlepole no
an es de la in asion do ica, no iene más azonable
undamen o que la de C e a po Teu amo, la de Cos
po los he aclidas, Feidipo
y
An i o, ó la de Chip e
po Ayax de Salamis, de que hacen mencion las a-
diciones helenas;
y
po lo que espec a á Al heme-
nes, hijo de C e eo y nie o de Minos, más bien que
colonizado de Rodas, pa ece se un caudillo al se -
icio de Fenicia (1). No cabe en modo alguno supo-
ne que los do " íos es u iesen en condiciones de medi
sus ue zas con los enicios, an es de la e a olimpiada,
época en que empezó á mani es a se el pode ma í-
imo de los colonos g iegos del Asia; po an o,
cuando Es abon asegu a que la expedicion do ica á
dicha isla se e ec uó con an e io idad á las olimpia-
das, ó sea hácia el año 800, debe sin duda en ende se
de los p ime os ensayos de colonizacion que los do-
ios hicie on en aquellos pa ajes, oda ez que pa a
noso os son un mi o los hechos que cuen a Eusebio
ela i os al pode ma í imo que alcanzó ese pueblo
en Rodas po los años 915 an es de la e a c is iana.
El emplo que Danao. undó en Lindos no es aba
n
ealidad consag ado á la A henea de los g iegos,
sino á la As a c de Rodas, diosa i gen u ela de la
gue a,
y
númen de la luna como lo, de quien se su-
pone que descendia Danao.
Las es ciudades do icas de Rodas, Lindo, Yali-
sos y Cami o, con las de Halica naso
y
Gnido en el
con inen e y la isla de Cos, o maban la
Exapolis
ó
especie de con ede acion, cuyos ep esen an es se
eunian en el T iopio inmedia o á G nido, donde cele-
b aban un solemne sac i icio en hono de Apolo (2).
(1)
Diodo o, V, 59. Apolodo o, III,
2, 2.
(2)
Dionisio de Halle., IV. 25.
C9
que hacian pa e de la ies a solían
En los juegos
j
udica po p emio á los encedo es unas ípodes de
b once, si bien con la p ecisa condicion de no lle á -
selas consigo, sino de o ece las al dios en su mismo
emplo. Pe o sucedió que un al Agasides, de Hali-
ca naso, decla ado encedo , no quiso obse a es a
ley, y lle ándose la ípode la colgó en su casa. Po
es a ansg esion las o as cinco ciudades excluye on
de su comunion á Halica naso, llamándose desde en-
onces la con ede acion
Pen apolis (1).
En e an o los
milesios que hacian ex endido sus dominios po el
Su , se apode a on de Yasso, ciudad si uada al No e
de Halica naso, que habla sido undada po do ios de
A gos, en ia on á ella nue os colonos, y pusie on al
en e de su gobie no á un descendien e de Neleo (2).
C e a, la más ica
y
é il en e odas las islas del
g an a chipiélago, si uada en la pa e más me idional
del Egeo, e a una posesion demasiado p eciosa pa a
no despe a la codicia de los colonos g iegos. Así
emos e ec i amen e, que desde el p incipio del mo-
imien o se aslada on muchos g iegos de dis in as
p ocedencias á C e a, .donde unda on es ablecimien-
os en los si ios más despoblados: sucedía es o como un
siglo despues que Da id, ey de Is ael, admi ió
á
los
c e enses á o ma pa e de su gua dia égia. Fie o-
do o da á en ende que si los g iegos halla on la ie a
c e ense casi despoblada, ue; po que muchos de sus
habi an es pe ecie on en la gue a que emp endie on
(I) He odo o, 1, 144.
(2) Polibio, XVI, 1, 5,.

o
con a
los sicilianos pa a enga la mue e de su ey
Minos, p ocu ada po engaños del mona ca sicilio a
Cócalo, o os se ie on p ecisados á queda se en
Si-
cilia,
po ca ece de medios pa a eg esa á su pá ia
y
no pocos
sucumbie on á los
e ibles golpes de la
pes e
y
del hamb e que les asal a on en pena del des-
cuido con que p ocedie on al enga la mue e de
Minos
y
de la de ensa que p es a on á Menelao en la
expedicion con a T oya (1).
A las p ime as expediciones de los pelasgos, que
unda on una La issa en las inmediaciones de Go -
yn, y de los aqueos, que p oceden es de Laconia,
ocupa on es a ciudad, siguie on o as colonias com-
pues as igualmen e de aqueos que a iba on á C e a
po los años 800 an es de nues a e a, ó sea despues
que la pa e me idional del alle del Eu o as cayó en
pode de los do ios de Espa a. Los nomb es geog á-
icos The apne, Amycleon y Micena, p opios de po-
blaciones c e enses, indican con pe ec a cla idad el
o igen de sus undado es (2).
Pe o an es que los aqueos habianse es ablecido en
C e a los do ios, cuando una colonia de los mismos,
p oceden e de A gos, se posesionó de Cnosso, y o a
que salió de la cos a o ien al de Laconia, á la sazon
pe enecien e al es ado a gi o, se apode ó de Lyc o,
as o mándola po comple o en una poblacion do ica,
has a el pun o de que con el ascu so del iempo im-
puso ambien á los de Go yn las leyes
y
usos de los
do ios (3).
(1)
He odo o, VII, 190-1'71.
(2)
Odisea, XIX, 175. HOkh, C e a, págs. 417, 447. Pla on, Le-
yes, 708.
(3)
A is ó eles, Polí ica, II, 17. Es abon, 481. ilükh, C e a, 1I,
433
y
I, 145.
'71
Los e eoc e enses, como los g iegos llamaban á
los p imi i os mo ado es de la isla que e an de o i-
gen ca ian°, ue on pe diendo una po una odas sus
poblaciones, has a queda educidos á di e sos e i-
o ios de la egion o ien al, especialmen e á P eso y
á las coma cas más éle adas de la co dille a que co a
la isla en oda su longi ud; es deci , á la sie a del
Ida, que en sus cimas os en a siemp e blanco opaje
y que en nues os dias ha se ido de balua e á los
es acio as pa a man ene su independencia con a los
u cos.
En la egion opues a, egada po el Ja dano, i-
ían los cydonios, cuyas p incipales poblaciones e an
Minoa, Cydonia, Falasa na y o as si uadas en los
p omon o ios de D epanon y He mion, como el
pue o
y
ciudad de Fenix, cuya poblacion e a una
mezcla de colonos enicios, ilis eos y e eoc e enses,
aunque o os p e enden que se componía an sólo de
enicios y si ios (1).
Cydonia e a el luga más no able de es e pueblo
y el que le dió su nomb e; pe o más a de pasó Cam-
bien es a ciudad á manos de los colonos g iegos que
llega on á posee muy p on o oda la pa e cen al
de la isla, siendo Go yn, al Su , Lyc o
y
Cnosso, en
el No e, sus p incipales ciudades (2).
En los poemas-homé icos apa ece la isla de C e a
como una coma ca ica y lo ecien e, «habi ada po
un pueblo innume able que es aba epa ido en no-
en a ciudades.» Y sin emba go, 'más a de, sólo se
(1)
He odo o,
VII, 169-175. Es abon, 475-478, A is o anes,
Plu .
1398.
(2)
Hesiquio,
H'uUeios.
72
han encon ado en ella diez
y
sie e laga es indepen-
dien es ó con ida p opia (1).
Los colonos g iegos halla on es ablecido en C e a
el culo de a ias di inidades, en e las que me ecen
pa icula mencion el Mino au o
y
Talos, ó sea el
Baal-Moloch, númen sola , bajo sus dos aspec os de
dios bené ico
y
dios des uc o ó dañino, con Eu opa
y
A iadna, que no es o a cosa que Ashe a-As a e.
Supónese que la cuna de Minos es u o en Go yn,
mien as que Cnosso ue' su o dina ia esidencia
y
la
de A iadna, y po an o la del Mino au o. Hé aquí de
qué mane a los g iegos, que con g an ene gía hablan
an es luchado po a oja de su p opio pais á los e-
nicios
y
des e a de sus hoga es has a el úl imo es o
de las adiciones eligiosas de dicho pueblo, inie on
á busca 200 años más a de la cuna de esas mismas
in luencias cuyos e ec os no a da on en mani es a se
en las adiciones g iegas. Así emos que los colonos
de C e a, siguiendo una cos umb e gene al en e los
helenos, se ap opia on el cul o de las di inidades ex-
anj e as pa a undi le con el que ibu aban á las
suyas, o mando así un i o nue o cada dia más com-
plejo. Pe o no se c ea que po eso deja on de ija su
a encion en los adelan os que en las a es poseian los
enicios c e enses
y
de ap opia se los que enian apli-
cacion á sus pa icula es usos y géne o de ida. Po
eso, á Minos, conside ado como el genuino ep esen-
an e de la ci ilizacion enicia en la isla an es de se
ocupada po ellos, y la e dade a pe soni icacion del
pode ma í imo que los enicios eje cie on en el Egeo
du an e los dos siglos que p ecedie on á la coloniza-
don g iega, le die on un i al en Dedalo, pad e del
(
1
)
1
-141:.,
C e a, II, 443.
73
a e g iego en odas sus mani es aciones. Es á pe -
ec amen e demos ado que el a e enicio eje ció en
la cul u a de los colonos c e enses una in luencia
análoga
á
la que las adiciones eligiosas del mismo
pueblo eje cie on en las c eencias de los úl imos,
y
que dió no pequeño impulso á su p og eso. En e los
a is as g iegos de aquella emo a época igu an los
nomb es de Dipono y Scillis, o iundos de C e a; que
unos suponen se hijos y o os discípulos de Dedalo (1).
Segun odas las p obalidades, los g iegos ap en-
die on en C e a
y
Rodas el alo de las le as eni-
cias,
y
ellos ue on ambien sus maes os en el uso
de las pesas
y
medidas. No debe ma a illa nos que
los g iegos, bajo la a o able imp esion que an ex-
ao dina io p og eso les p odujo, jun o con el ó den
admi able que obse aban en odas las mani es acio-
nes de la ida de aquel pueblo, hiciesen de Minos el
más sabio legislado de la an igüedad, y ado nasen
su ida con asgos ma a illosos omados de los he-
chos del dios Melka h, cuya mue e y esu eccio-
nes pe iódicas si ie on ambien de emas pa a ado -
na la ida de dicho pe sonaje. En los
poemas
homé-
icos apa ece Minos
como
juez de los mue os,
y
se
supone que de ez en cuando se aslada á la g u a
de Cnosso, donde ecibe las
e elaciones del Tonan-
e (2).
Cuando las g andes ciudades do icas de C e a
llega on á consolida sus ins i uciones se ap opia on
Cambien la legislacion de Minos, aunque es digno de
obse acion que algunas man u ie on con más ide-
lidad que o as sus an iguas leyes
y
edac a on un
código especial que se hizo no a po la
sabidu ía
de
(1)
B unn, A is as g iegos
(G iechische Küns le ),
p. 43.
(2)
Odisea, XI, 568. XIX, 175.
80
y de p og eso, el a e puede muy bien escoge pa a
desa olla su concep o poé ico es a ó la o a o ma
social, es a ó la o a si uacion polí ica, en e las di-
e sas que han ensayado casi odos los pueblos ci i-
lizados; pe o a ándose de las épocas p imi i as en
que los pueblos apénas han pensado en o a cosa que
en o ganiza se, la p oduccion poé ica no puede as-
pasa los lími es del ho izon e den o del cual se
desen uel e; casi siemp e halla elemen os
y
equi-
si os pa a embellece le, á lo sumo pa a idealiza le,
pe o de odos modos es o sólo debe en ende se en
cuan o á los de alles, po que en cuan o á la esencia
no se apa a á de la e dad del asun o. Dicho se es á
con es o que en una desc ipcion poé ico-e nog á ica
de es e géne o no an o se da á á conoce la época
que se p oponga desc ibi el poe a, como la suya
p opia, abs accion hecha de los elemen os ideales ó
pu amen e poé icos que si an de ado no á la com-
posicion.
El poe a no puede supone en sus hé oes pensa-
mien os con a ios á los que á él mismo le animan, ó
pone en su boca o as palab as que las que b o an
espon áneamen e de sus p opios labios; ni los mo i-
os que les impulsan á ob a pueden se o os que los
dic ados po su p opio co azon que se e a a en las
palab as, consejos y hechos de aquellos hé oes; po
eso los ines á que en sus ob as aspi an son p ecisa-
men e los que el poe a,
y
con él la sociedad en e a,
conside an en onces co no los más saludables
y
los
más dignos del es ue zo de un hé oe.
En una palab a; el poe a no puede hace o a cosa
más que aza el genuino e a o de la sociedad, e-
p oduciendo en su cuad o de alles que po su especial
ingenio se le ep esen an con más in uicion que á la

81
gene alidad del pueblo,
y
de cuyas causas y e ec os
iene más ó ménos cabal idea.
po lo demás no es siemp e an di ícil co no á
p ime a is a pa ece sepa a los elemen os ideales ó
pu amen e poé icos de la ealidad his ó ica; ya en los
poemas homé icos se hace con ecuencia la debida
sepa acion en e la ue za
y
pode ío de que se halla-
ban do ados aquellos hé oes de la oyana con ienda,
que sos enian elaciones di ec as con los dioses ó ha-
bian sido engend ados po los mismos inmo ales,
y
las que poseian los humanos «de la gene acion p e-
sen e.> Po lo que espec a á las causas mo ales que
pone en acción el poe a, p ecisa no pe de de is a que
és e las p esen a no an o como en ealidad son cuan o
como deben se ,
y
en es a cali icacion a iende más á
su p opio concep o que al de la sociedad en que i e,
dado que en las épocas p imi i as en que odo es na-
u alidad
y
sencillez, no hay que busca ni la oca-
sion ni los medios indispensables pa a cambia ó
as o ma el undamen o sob e que el edi icio social
descansa. Hechas es as sal edades,
y
á al a de más
segu as uen es, amos á aza un cuad o, que e-
p esen e, siquie a sea de una mane a incomple a
y
udimen a ia, la si uacion de la sociedad g iega há-
cia la mi ad del siglo IX, siguiendo las indicaciones
que nos o ecen las poesías homé icas.
Los g iegos de es a época poseian conocimien os
po ex emo limi ados ace ca de los ma es
y
ie as
que con inaban con su país. Po el Oes e no llegaban
sus no icias más allá del Ad iá ico
y
las islas si uadas
en la cos a del Epi o, mien as que po el Su se ex-
TOMO VI.

6
82
endian has a el Nilo , que ellos llamaban Egip o.
Pe o es digno de obse acion que de es e país an
sólo conocían el mencionado io, la isla de Fa os
y
el nomb e de su amosa capi al Tebas, sob e la cual
hace no a Ho ne o que es aba si uada en las inme-
diaciones del ma . Más allá de es os lími es no habia
pa a ellos sino egiones abulosas
y
desconocidas.
Po que si bien es e dad que sus esc i o es hacen
ecuen e mencion del país de Libia, pe o no enian
la más lige a no icia espec o á es a coma ca, an
dis an e de G ecia, que en su sen i , un pája o ne-
cesi a ía un año pa a aspone los ma es que sepa-
aban ambos paises.
Más cla as y p ecisas e an las no icias que
po-
seian
ela i amen e á los pueblos
y
países ecinos á
G ecia, po el lado del Egeo especialmen e. En el
No e é anles conocidos los acios
y
los nomb es de
di e en es íos que bañan es a egion, así como
los
esci as ú o deñado es de caballos, que i ian más
allá de
los
acios; pe o en los au o es helenos de es a
época no se hace mencion alguna del ma Neg o.
Tambien sob e la geog a ía de los países o ien ales
del con inen e, si uados del o o lado de F igia, es a-
ban los g iegos comple amen e á oscu as. Po el con-
a io, en el
S.
E. é ales conocida la isla de
Chip e
con
la ciudad de Pa os y el cul o que allí se ibu aba
á A odi a,
y
en es a di eccion llegaban sus no icias
has a las cos as de Fenicia donde sabian que se halla-
ba si uada la ciudad de Sidon. La si uacion del ma
Egeo, de sus islas, cos as, cabos
y
pue os les e a
pe ec amen e conocida, y la desc ipcion que se hace
en las poesías homé icas de la isla de C e a
y
de su
posicion opog á ica demues a bien á las cla as que,
al iempo de edac a se es os poemas, habia en aque-
83
líos pa ajes es ablecimien os g iegos de alguna im-
po ancia.
Todos los pueblos que han i ido en las ce canías
del ma se ocupa on desde los p ime os momen os de
su exis encia en la na egacion: el ma ha sido siem-
p e la ia más p eciada pa a el desa ollo del co-
me cio y de oda clase de elaciones en e los pueblos
más apa ados de la ie a que i en en sus o illas,
y
los ehículos pa a eco e sus espacios e an ya co-
nocidos en la in ancia del humano linage. Po lo ge-
ne al los buques de los p ime os iempos e an mo i-
dos po cincuen a emos, ó sean ein icinco á cada
cos ado de la na e. Pe o es os ba cos e an usados
pa a expediciones de ápido mo imien o, co no ex-
cu siones pi á icas ú o as análogas, mien as que
pa a el aspo e de ca gamen os las habla más pesa-
das, de ein e
á
cien emos, segun su. cabida; y aún
en el ca álogo de las na es se hace mencion de los
buques beodos que e an mo idos po cien o ein e
emos (1).
Aunque los enicios e acua on las islas del Egeo,
sus buques me can es con inua on su cando aquellas
aguas y isi ando los pue os que an es ue on suyos.
De o dina io o ecian á los g iegos obje os a ís icos,
di e sos a ículos ab icados de es año, o o, pla a,
elec on y ma il; es idos p eciosos
y
muebles de
lujo: así emos que los es idos más lujosos y los más
elegan es muebles que ado nan las cáma as de los
p íncipes helenos y llenan las a cas de sus eso os;
los ado nos más p eciados de las damas g iegas, como
colla es de o o y de ámba , b azale es, e c., son ob a
(1) Odisea, IX, 322. lijada, XX, 247. Debe ad e i se que la Do a
ela i a á las na es beocias iene odos los ca ac é es de una in e po-
lacion pos e io .
84
de los a is as enicios,
y
salían de los alle es de
Sidon. A cambio de es os p oduc os daban los g iegos
p isione os de gue a, ino, ce eales, cob e
y
hie o,
si iendo de ipo egulado de los p ecios el de un
escla o jó en ó ozos de o o de un peso de e minado,
oda ez que po aquel en onces apénas se hace men-
cion de la pla a, y la moneda acuñada e a ambien de
odo pun o desconocida, pues o que áun el
alen o
de
que se hace mencion en las poesías homé icas no e a
más que un pequeño pedazo de o o de peso ijo (1).
Tambien los g iegos habían hecho en es a época
p og esos en las a es y o icios de más inmedia as
aplicaciones á la ida, y enian dies os al a e os,
he e os, ca pin e os, undido es de o o y b oncis-
as. Las seño as, sin dis incion de clases ni ge a -
guías, se ocupaban en la con eccion de elas, es idos
y apices, y áun los p íncipes no se desdeñaban de
abaja en la cons uccion de sus i iendas y de
maneja los ú iles del ca pin e o. La ocupacion más
gene al e a la ag icul u a y la ganade ía, siendo
p ac icada es a úl ima especialmen e en las colonias,
cuyo suelo es aba en su mayo pa e dedicado á pas-
os. Po eso la p incipal iqueza de sus eyes y cau-
dillos consis e en nume osos ebaños de caballos,
bueyes y acas, ce dos y ca ne os, que e an de o di-
na io gua dados po escla os, aunque no pocas e-
ces se hace mencion de jó enes p íncipes que se ocu-
paban en cus odia
y
de ende de enemigos y bandi-
dos los ebaños de su pad e.
Los e enos des inados al cul i o se hallaban di-
ididos en pequeños lo es sepa ados en e si po lin-
des, co os ó mojone as, ci cuns ancia muy digna de
(1) B ickh, Me ología
(A e ologie),
pág. 33.
85
a ención, dado que el deslinde
y
sepa ación de e -
enos inmedia os es siemp e señal de ci ilizacion y
cul u a (1). Pa a la o u acion de la ie a empleóse
el a ado i ado po bueyes ó mulas; usábase la hoz
pa a sega las mieses que habian alcanzado su ma-
du ez, las cuales, ex endidas sob e un suelo du o
y
llano, e an illadas, haciendo co e sob e ellas a-
ios animales suje os al yugo. El cul i o de las iñas
y
del oli o cons i uian en e los g iegos dos amos
impo an es de la ag icul u a,
y
su cuidado es u o
muchas eces encomendado á p íncipes ancianos,
incapaci ados pa a el manejo de las a mas
y
pa a la
di eccion de los negocios (2).
Las i upciones de los mon añeses obliga on muy
emp ano á los lab ado es del alle á es ablece sus
i iendas en si ios ele ados
y
ocas de di icil acceso.
En un p incipio se cons uye on mu os pa a la de-
ensa de los pun os más accesibles; luego se odea-
on po comple o de mu allas, eniendo buen cuidado,
en odo caso, de p o ege po es e medio los san ua-
ios
y
emplos consag ados al cul o de sus di inida-
des. Con los p og esos de la na egacion ié onse ex-
pues os los habi an es de las cos as á los a aques cada
ez más ecuen es de los pi a as,
y
u ie on que
acudi ambien al sis ema de las o i icaciones; pe o,
sin duda, pa a hace más di icil una so p esa
y
am-
plia los medios de de ensa, le an a on de o dina io
es as o alezas á egula dis ancia del ma (3). En
ellas se e ugiaban en el momen o del pelig o,
y
al e-
dedo de las mismas edi ica on desde luego sus i-
(1)
Odisea, VI,
10.
(2) Iliada, IX, 579. XVIII, 540 á 580. Odisea, XXIV, 245.
(3)
T ueidides, I, 7.

86
iendas aquellos que no enian absolu a p ecision de
pe manece á la o illa del ma ; de es a mane a
se
o ma on las más no ables poblaciones de G ecia,
cuyo c ecimien o y p ospe idad e an más segu os al
ab igo de sus ciudadelas.
Pe o con el ascu so del iempo c ecie on los pe-
lig os, y se
hizo necesa io odea ambien de mu allas
las casas cons uidas en el llano al pié de la ciudade-
la, siquie a es o sólo pudie a ealiza se en poblaciones
de impo ancia ó que con aban con ecu sos pa a lle-
a á cabo an cos osas ob as. Es o es lo que se des-
p ende de la desc ipcion que hacen los poemas ho-
mé icos de Ilion, de Tebas, cons uida al pié de la
ciudadela Cadmea, de la ciudad de los eacios
y
de
o as poblaciones de in e io ca ego ía (1). Pa a los
colonos de la cos a asiá ica e a oda ía más im-
p escindible la o i icacion de sus espec i os es a-
blecimien os; así emos que su p ime cuidado e a
le an a ciudadelas ó o alezas que si iesen de e-
ugio á los colonos y de ensa pa a sus i iendas;
y
odas las ciudades g iegas de la cos a se hallaban
gua necidas de mu allas, po más que sus mo ado-
es se dedicasen en su mayo pa e á los abajos
ag ícolas.
Las i iendas de los p íncipes o maban igual-
men e ecin os amu allados, cuya disposicion e a,
po egla gene al, la siguien e: Una pue a de dos
hojas daba en ada al pa io que es aba odeado in e-
io men e de cobe izos, es ablos
y
depósi os de ba-
su as pa a el abono de las ie as. Con el pa io co-
munica un pó ico po el que se en a en las e da-
(1) Odisea, VI, 9.
de as
habi aciones de la amilia égia, compues as de
un g an salon llamado
Mega on,
en cuyo cen o es-
aba si uado el hoga de la casa,
y
que ecibia la
luz
po la pue a
y
po pequeños huecos ó en anas
abie as en las pa edes. Con es e salon comunicaban
las siguien es piezas, cuyo suelo es aba algunos g a-
dos
más
al o que el del Mega on; el cua o de la dama
de la
casa, que á la ez se ia de alle donde aqué-
lla hilaba
y
ejía con sus escla as, do mi o io del
p íncipe, sala de a mas
y
eso o.
El eso o e a una pieza impo an ísima en la que
el sobe ano gua daba odas sus iquezas y obje os de
algun alo , como muebles, a mas, es idos
y
oda
clase de ado nos, de o igen nacional ó ex anje o. Sá-
bese que los p íncipes
y
nobles de aquella emo a
época e an a icionados á los ajes lujosos y b illan-
es, á los baños y a ei es y á odo lo que cons i uye
el boa o, po lo cual ponian especial diligencia en
p ocu a se icos muebles
y
es idos elegan es. Con-
iguo al cue po p incipal del edi icio se hallaban
las
b.abi aciones pa a la se idumb e
y
escla os.
Inú il es ad e i que és os úl imos cons i uian la
más baja e apa de la escala social, lo mismo en e los
g iegos de la península que en e los colonos de la
cos a asiá ica. Esos des en u ados sé es e an, po lo
gene al, indígenas que habian caido en pode de los
conquis ado es ex anje os, p isione os de gue a
cogidos en sus excu siones
y
azias pi á icas ó caza-
dos po los a ican es enicios que, en sus emp esas
me can iles, no pe dian ocasion de a apa algun
ex#
a iado que enia la desg acia de cae en sus manos,
cualquie a que uese su nacionalidad
y
su alcu nia,
po que en aquellos iempos no se
hacia esc úpulo de
saca á la plaza pública un plebeyo con un p íncipe,
y
de cambia un homb e de egia es i pe po una
me cancía.
Sin emba go, la si uacion de los escla os en G e-
cia no e a an du a como en o os países, aunque eso
no quie e deci que podamos absol e á los magna es
helenos de c ueldad y ba bá ie en el a amien o de
sus sie os, á quienes, po le es al as en muchos ca-
sos, se imponian se e ísimos cas igos, se les mu ilaba.
y
has a se les daba una mue e c uel, p ecedida cíe
a ocísimos o men os. Po lo demás, en lo que es-
pec a á la edueacion
y
cul u a, no exis ia di e encia
alguna en e seño es
y
sie os,
y
eso e a causa de
que los p ime os i iesen en ín ima
y
amilia ela-
cion con los segundos. Po eso es ecuen e oi , en
esc i os y adiciones, que los p íncipes no se desde-
ñaban de sen a se á la mesa con los pas o es de sus
ebaños, y á las escla as les es aba pe mi ido besa la
cabeza y las manos de sus seño es.
Segun cos umb e muy gene al en e los pueblos
poco
ci ilizados, las escla as desempeñaban los más
penosos abajos. Ellas aca eaban el agua de las
uen es y pozos á las casas de sus amos, si uadas no
pocas eces en si ios ele ados
y
dis an es ; limpiaban
el g ano, lo molian á mano,
y
p epa aban la ha ina
pa a coce el pan que en la casa se consumia. En
cambio los amos que p e endian ac edi a se de nobles
y
gene osos, p emiaban á los escla os que les habian
se ido con idelidad du an e la go iempo, egalán-
doles la libe ad,
y
con ella casa, co al
y
un peque-
ño campo.
Po encima de los escla os es aban los he es, que
cons i uian la clase más baja de la poblacion lib e
en e los g iegos. E an ciudadanos lib es, que ca e-
ciendo de bienes de o una con que a ende al sus-
sº
en o p opio
y
de su amilia, se ian á un amo, ya
ejecu ando abajos ag ícolas, ó gua dando sus eba-
ños,
y
ecibian en cambio el sus en o y es idos, ó
una de e minada can idad de g ano. Conside ábase
como el non plus ul a de la desg acia el ene que
ejecu a es os se icios en casa de un lab ado ; pe o
los que se ian á p íncipes
y
á pe sonas de ele ada
posicion, e an mejo a ados,
y
has a gozaban de
cie o p es igio en e el pueblo (1).
De la clase lab ado a se o ma on con el ascu -
so del iempo los g andes p opie a ios, que no sola-
men e enian á su se icio cie o núme o de he es y
de escla os enca gados de cul i a sus ie as y gua -
da sus ganados, sino que además se hallaban en dis-
posicion de gas a a mas
y
lujosos ajes, ca ozas,
caballos pa a luci su habilidad en los juegos, y á
eces has a buques pa a hace com9 cio ó pa a su
p opio ec eo. En las colonias g i dgas cons i uían
es a especie de nobleza los p ime os colonos que o-
ma on pa e en la epa icion de los e i o ios con-
quis ados. Es os nobles acompañaban siemp e á los
p íncipes en sus excu siones gue e as ó en sus a-
zias po las coma cas ecinas
y
ac ecen aban sus i-
quezas con la pa e que les co espondía de la p esa;
ue a de es o, sus o dina ias ocupaciones e an el
eje cicio en el manejo de las a mas, los juegos del
disco y de la lanza
y
las ca e as á caballo ó en ca o.
Todo el que poseia bienes de o una pe enecía de
hecho á es a clase, que en ealidad solo se dis inguia
del es o del pueblo po sus ocupaciones
y
sus hábi-
os gue e os (2).
(1)
Odisea, IV,
643. XI, 490.
(2) Odisea, XIV, 213.
96
masía; impe uosos, p on os á mon a en cóle a
y
ex-
si amen e sensibles á los humanos a ec os; así emos
que no pocas eces hace Ho ne o de ama lág imas
á sus hé oes. Añádase á es o que odos iban a mados,
áun du an e las o dina ias ocupaciones de la ida,
y
se comp ende á que la iolencia, el asesina o
y
los
más b u ales a opellos es u iesen á la ó den del
día (1). El homb e enia que busca los medios pa a
su p opia de ensa, y las muje es
y
los niños eíanse
abandonados y en el mayo desampa o, cuando les
al aba la e icaz p o eccion del esposo ó del pad e.
Nadie podia e se lib e de injus icia ó alcanza epa-
acion en sus de echos sin el concu so de pode osos
amigos, compañe os ó pa ien es. No obs an e, podía
cualquie ciudadano acudi al ey en demanda de
jus icia, y como un nue o signo de cí ica mo alidad
y
cul u a debemos hace no a , que el pad e de ami-
lia no eje cia absolu o dominio sob e los suyos, an es
po el con a io, se hacia jus icia á odos los indi i-
duos del Es ado segun los an iguos usos y adiciones
del país.
A pesa de es as ga an ías, ni el es ado ni el ey
e an de o dina io los enca gados de impone al ase-
sino el me ecido cas igo: po egla gene al se enca -
gaban de hace jus icia á la íc ima sus p opios pa-
ien es, cuya enganza e a an segu a , que pa a
e i a el golpe no enia el culpable más emedio que
abandona la coma ca. Y cuén ese que pocas eces
dejaba de aplica se es a pena del Talion, áun en los
casos en que la íc ima e a pob e y ca ecia de pa-
ien es y amigos, dado que es e debe e a pa a odos
sag ado,
y
su cumplimien o ácil en ex emo, pues o
(1) Tucidides, 1, 6.

97
que el Es ado e i aba po comple o su p o eccion al
asesino, omen ando así la sed de enganza que a dia
en los pechos con a ios (1). Po eso el asesino, si
no poseia cuan iosos medios de o una, elase casi
siemp e obligado á abandona el pais, segun epe i-
das eces se hace no a en las poesías homé icas.
Pe o aún habla o o medio, al ez más segu o de
e i a la enganza, que consis ia en sobo na á los
pa ien es de la íc ima,
y
comp a su olun ad po
medio de icos p esen es
y
egalos. Median e es a sa-
is accion pecunia ia enunciaba el pad e á enga la
mue e de su hijo, el he mano ol idaba la sang e de
su he mano, illanamen e de amada, y el asesino
podia con inua i iendo en el país con los mismos
de echos
y
conside aciones que an es (2). Una ez sa-
is echo po el asesino el p ecio de la expiacion con-
enido con los pa ien es de la íc ima, quedaba aquél
bajo la p o eccion del Es ado, pe dian los segundos
ipso ac o
odos sus de echos sob e él,
y
nadie ol ia
á u ba su eposo (3).
El ey se hallaba in es ido en iempo de paz
y
de
gue a de los más ámplios pode es pa a impone oda
clase de penas
y
pa a esol e plei os
y
li igios, siendo
inapelable su sen encia. De o dina io daba él mismo
sus allos en las asambleas del pueblo ó los hacia co-
noce po medio de pe sonas au o izadas
y
escogidas
en e los más ancianos de la nobleza, ó sea en e los
ge on es de más no o ia epu acion y expe iencia;
po eso se hace ecuen e mencion en las poesías ho-
mé icas del
ago é ó asamblea del pueblo en que se
(1) Odisea, XXIII, 118. XXIV, 433.
(2)
Macla, IX, 631.
(3) Riada, XVIII, 498.
TOMO VI.

7
98
esol ian los
ze nis es
ó casos de de echo con o me
á uso
an iguo (1).
Sen ábanse los ge on es que cons i uian el ibu-
nal sob e unas pied as dispues as al e ec o en el mis-
mo luga donde se celeb aban las asambleas popula-
es, y allí compa ecian demandan es
y
acusados con
sus espec i os es igos, siendo digno de obse acion
el hecho de que no pocas eces se p olongaban es os
li igios casi dias en e os, pues se dice que los ge on es
se e i aban muy a de á sus hoga es
y
pe manecian
la go iempo sin come . El pueblo asis ia á es os li i-
gios y demos aba con es epi osas in e upciones
sus simpa ías po una
y
o a pa e, de sue e que
los
he aldos se ejan á eces p ecisados á in e eni
pa a es ablece la anquilidad
y
el silencio. Los
jueces daban sus allos en con o midad con las leyes
del país y los usos ecibidos de la adicion, dado que
el queb an amien o del de echo e a conside ado como
un g a ísimo deli o que nunca dejaba de p o oca la
cóle a de los dioses,
y
se enia po segu o que Júpi-
e nunca dejaba impune el pe ju io,
y
cas igaba las
in acciones del de echo en los ibunales en iando
plagas sob e oda la coma ca. Eso no obs aba, sin
emba go, pa a que la pa e ag a iada o eciese á los
ge on es icos dones en dine o cuando p onunciaban
sen encia a o able á su causa (2).
Los p íncipes
y
nobles de la an igua Hellada pa
(1)
Iliada, II, 391. XV, 348
y
siguien es. XX, 4. Odisea, II,
69.
XII,
440.
(2)
Iliada, XVIII, 507. Véase Hesiodo, T abajos
y
dias,
27 á 36-
99
san su egocijada exis encia en
medio de los place es
de la mesa, en las umul uosas alga adas de la caza,
ó en e los aza es de la gue a. De o dina io e-
uníanse los magna es helenos desde muy emp ano en
el
hoga égio, y allí pasaban en banque es
y
anca-
chelas una g an pa e del dia,
y
no pocas eces, as
un b e e descanso, du an e el cual se e i aban á sus
espec i os hoga es, ol ianse á euni pa a con i-
nua su in e umpido jolgo io
y
pasa la noche co-
miendo y bebiendo ino mezclado con agua, segun e a
cos umb e en e los g iegos. Los o ado es ameni-
zaban es as ies as con canciones en que, de o dina io,
se conmemo aban los hechos de los an iguos hé oes.
Análogas e an las ocupaciones de los jó enes
o iundos de la nobleza helena. Eje ci ábanse en el
baile
y
en el manejo de las a mas; jugaban
á
los dados
ó salian á la caza de leones, jabalíes, co zos, cab as
mon eses
y
lieb es , si iéndose de pe os adies a-
dos al e ec o; o as eces equipaban buques con que
so p endian alguna poblacion inde ensa al obje o de
en ega la al saqueo, ó bien se ocupaban en eje cicios
mili a es. En aquellos iempos no se enia po ac o
c iminal ni deshon oso el a aca á un pueblo con el
que no se man enían elaciones amis osas, ni se hacia
esc úpulo de emplea la ue za ó la as ucia con ob-
je o de apode a se de sus iquezas
y
habe es (1).
Los g iegos apénas hacian uso del a co, que
como
hemos obse ado en su luga , e a el a ma p edilec a
de los indios, i anios, egipcios y de casi odos los
pueblos del Asia cen al. Es e dad que Hé cules eje-
cu ó con el a co sus más amosas hazañas,
y
que
o-
da ía, en la época á que nos e e imos, los buenos
(1)
Como cla amen e se e po la Odisea, XXI, 30.
loo
i ado es gozaban de g andísimo p es igio en oda la
G ecia; pe o los hé oes de más enomb e p e ie en la
lucha á co a dis ancia aliéndose de la lanza. Pesada
a madu a compues a de yelmo, co aza y calzones me-
álicos cub e su cue po,
y
su p incipal habilidad
consis e en a oja la lanza con al igo que a a-
iese á la
ez
el escudo
y
la co aza del con a io, ya
que sólo en casos apu ados la emplean pa a he i á
golpe. Cuando se ompía la lanza, echaban mano de
la espada,
y
á al a de és a se alían de pied as. Los
caudillos, pa a anima á sus hues es, ma chan siem-
p e á la cabeza del ejé ci o, mon ados en ca os, que
se mue en i ados po b iosos co celes, bajo la di ec-
cion de hábiles au igas, aunque no sabemos si los
g iegos usaban ya es a cos umb e al oma posesion
de Hellada, en cuyo caso pudie on ap ende la de los
indios
é
i anios, ó si la oma on de los lidios y misios,
que como los oyanos, e an excelen es gine es
y
e-
nian una caballe ía an he mosa como bien adies-
ada.
Toda la i alidad del pueblo heleno de es a época
se hallaba concen ada en la gue a. No habia ocu-
pacion más hon osa que la del gue e o, especial-
men e en las colonias g eco-asiá icas, donde puede
deci se e a la única p o esion que en algo se es imaba,
dado que la ag icul u a
y
el pas o eo se epu aban
po ocupaciones iles
y
desp eciables. Felizmen e
aquella bélica ac i idad es aba casi limi ada á peque-
ñas esca amuzas
y
comba es sin impo ancia, cuyo
p incipal obje o e a la de ensa de sus hoga es
y
de
los san ua ios de sus dioses;
y
g acias á eso, el mo i-
mien o mili a , más que á co ompe ó ene a las
cos umb es, con ibuía á man ene i o el sen i-
mien o de la libe ad en el indi iduo,
y
á despe a
101
en el pueblo la idea del de echo indi idual; po lo que
con en e a - e dad puede asegu a se que el sen i-
mien o ele ado
y
noble que ca ac e iza á es e pueblo,
es en g an pa e p oduc o de aquella incesan e lucha
y
de la inqueb an able cons ancia con que de endió
su libe ad
y
su independencia, así como la in eg i-
dad de sus adicionales ins i uciones.
Obsé ase es a endencia del sen imien o nacional
de los helenos en la ida de sus hé oes, que po me-
dio de la gue a, más aspi aban á alcanza glo ia
y
hono en e los homb es, que bo in
y
iquezas. El
hé oe g iego p e e ia una mue e hon osa, aunque
uese emp ana, á una ida la ga pasada en la oscu-
idad
y
sin glo ia; po eso les emos abaja con
empeño po sob epuja á sus compañe os de a mas y
log a que el ecue do de sus hechos se pe pe úe en
los can os popula es ó en las composiciones del poe a.
Al log o de es e esul ado di igen odos sus es ue zos,
y áun en los más sé ios comba es no pie den de is a
que á su lado luchan o os caudillos que a an de
oscu ece su glo ia.
El alo de los hé oes helenos a ec a no obs an e
un ca ác e especial que no pa ece es a en a monía
con es as aspi aciones. No miden sus ue zas con
cualquie a ni acep an la lucha cuando ienen segu i-
dad de su i un descalab o; dando cla amen e á en-
ende con su conduc a que no poseen la impasible
ialdad ó indi e encia con que los g andes hé oes de
o os pueblos a on an los pelig os más e ibles
y
áun la mue e, ni aquella indomable
y
loca alen ía
de que se hallan poseidas cie as ibus
y
pueblos sal-
ajes en el momen o de en a en comba e. An es po
el con a io, emos que los más animosos caudillos
g iegos se sien en con ecuencia dominados po el

120
miedo y sob ecogidos po el espan o,
y
no conside an
a en oso el e ocede an e un enemigo más pode o-
so
y
abandona el campo. La habilidad
y
la as ucia
son en e los hé oes g iegos cualidades an es ima-
bles
y
an hon osas como el alo más impasible. Po
eso las cualidades que en sen i de los g iegos debian
ado na á un e dade o soldado, e an una g an p u-
dencia
y
una impe u bable p esencia de ánimo en la
lucha; y la di inidad que especialmen e in ocaban
en líos comba es e a la p uden e y sábia Mine a,
cuya p o eccion se enia po más e icaz que la del
impe uoso A es. Ho ne o, al desc ibi es os ca ac é-
es del hé oe y del gue e o en e los g iegos, no ha
hecho o a cosa que aza bóce os o nados del na u-
al, segun cla amen e se desp ende de mil adiciones
y se halla con i mado po la his o ia de épocas más
mode nas.
Pe o el alo , la ue za, la des eza
y
la p uden-
cia en su más al o g ado conside adas, no comple an
el cuad o de las i udes y cualidades que debian
ado na al caudillo g iego; sabidu ía en el consejo y
maes ía en el uso de la palab a, e an do es que no
debían al a en un buen je e,
y
que especialmen e se
exigian en los nobles y en los p íncipes, que más que
nadie habian menes e de esos do es na u ales, á in
de pode expone en las asambleas las sup emas e-
soluciones y de ende con la debida ene gía sus ac os
y sus manda os pa a mo e al pueblo á la sumision
y
á la obediencia.
El buen mona ca heleno debia se ue e y animo-
so en el comba e; sábio en el consejo y elocuen e en
las asambleas del pueblo. Así se dice en la Teogo-
nía: «Cuando nacen los eyes que los dioses alimen-
an, las musas hijas del g an Júpi e , que con emplan
103
su nacimien o, de aman sob e su lengua un ocío dul-
ce, en i ud del cual luyen como la miel las palab as
de su boca. Los pueblos ijan en
él
sus mi adas cuando
p onuncia una sen encia ec a
y
equi a i a. In eli-
gen e en los negocios
y
ue e en el uso de la palab a
esuel e con no able acilidad los g andes li igios;
pues los eyes han ecibido la in eligencia pa a da ,
sin es ue zo, la debida sa is accion al homb e del pue-
blo que ha su ido una inju ia
y
anquiliza su áni-
mo con sua es palab as. Po eso cuando el ey sale
po la ciudad odos le ene an, como á un dios, con
espe uoso aca amien o
y
en las asambleas descuella
ambien su pe sona sob e las de odos los p esen-
es.»
(1)
Si ijamos nues a conside acion en el ca ác e de
sociabilidad, en la índole casi comunis a y en la pu-
blicidad que a ec aban odos los ac os
y
mani es acio-
nes de la ida en e los colonos de las ciudades g e-
co-asiá icas, no debe ma a illa nos que se exigiese
á sus eyes el don de la elocuencia, ó á lo menos 4-
cilidad en el uso de la palab a. Los nobles hacen ida
comun con el ey, dado que no sólo comen á su mesa,
sino que con
a
se eje ci an en el manejo de las a mas,
an á caza y emp enden o as expediciones; de o di-
na io el p íncipe anuncia po si mismo al pueblo sus
manda os y sobe anas decisiones,
y
odo es o exigia
una g an maes ía en el uso del lenguaje. Los nobles
debian es a igualmen e e sados en la o a o ia,
po
se no pocas eces los enca gados de asmi i al
pueblo las ó denes del sobe ano, de p esidi las asam-
bleas públicas
y
o ma los ibunales de jus icia.
Cos umb es análogas se encuen an en los eo-
(1) Teogonía, 82
y
siguien es.
104
mienzos de la ida polí ica en e los á abes, is aeli-
as y ge manos; pe o nunca llega on á adqui i una
o ma „comple a
y
bien desa ollada ó desapa ecie on
con el ascu so del iempo, mien as que en el Es-
ado g iego no solamen e llega on á cons i ui la base
del o ganismo social, sino que, po su ex ao dina ia
impo ancia, eje cie on un in lujo decisi o en odas
las mani es aciones de la ida pública. Ya en la in-
ancia de la sociedad helena p esen an es as ins i u-
ciones un desa ollo que nunca alcanza on en o as
pa es, y en la i meza con que el pueblo las man enia
se dejaba en e e su impo ancia pa a lo u u o.
Pe o no debe busca se el o igen de es e ca ác e
nacional únicamen e en la endencia del pueblo á la
sociabilidad, á la ida comun, en su pasion po ha-
bla , ó en el singula in e és con que seguia el cu so
de un deba e, pa icula men e si p esen aba cie o
ca ác e d amá ico
y
plás ico, á lo cual se p es aba
ma a illosamen e su he moso idioma; es bien segu o
que la cos umb e de pasa la mayo pa e de la ida
en la mo ada del sobe ano
y
en el luga donde se ce-
leb aban las asambleas públicas no hab ia, subsis ido
mucho iempo, ni ménos hab ía llegado á se la base
undamen al del o ganismo del Es ado, si los g iegos
hubiesen i ido despa amados po coma cas ex en-
sas y de ca ác e uni o me; si aquellas ciudadelas le-
an adas sob e empinadas ocas no hubiesen á la
- ez se ido de e ugio á los mo ado es del alle y de
cen o hácia el cual con e gia oda la ida social; si
los lab ado es, acome idos con ha a ecuencia po
los pas o es
y
bandidos que albe gaban las esca pa-
das mon añas del país, no se hubiesen is o en
la
ne-
cesidad de es ablece sus i iendas en las inmedia-
ciones de aquellas o alezas que les se ian de asilo
105
y
de ampa o, o mando así ciudades ela i amen e
populosas,
y
si, po úl imo, como consecuencia de
es as condiciones opog á icas, los es ados helenos no
hubiesen pe manecido ence ados en lími es es e-
chísimos, como que po lo gene al no aspasaban
los de una sola p o incia. La si uacion y odas las
condiciones bajo las cuales i ian los nue os es ados
g iegos de la cos a asiá ica e an lo más á p opósi o
pa a omen a
y
sos ene es a mancomunidad de in-
e eses, dado que los colonos eianse p ecisados á
de ende sin cesa la es echa aja de ie a que com-
p endian sus dominios con a los a aques de los in-
dígenas ó de sus dueños an e io es
y
á e ugia se
á
cada momen o den o de los mu os de las poblaciones.
4
Los e ec os de la es echa union que p edomina-
ba en los di e sos elemen os que ab aza el Es ado
heleno se mani ies an, de la misma mane a, en o os
ac os de la ida. Así emos que los hé oes de Rome-
o nunca pie den de is a el juicio que llega án á
o ma los homb es de sus acciones,
y
no pocas e-
ces,
cuando se dejan a as a con demasiada iolen-
cia po las pasiones ó deso denados a ec os de su es-
pí i u, se les ae á la memo ia ese juez se e o
que
les con empla,
y
que en la economía mo al
de aque-
lla
época desempeña casi el papel de la conciencia.
Si bajo es e pun o de is a e a de la más
al a im-
po ancia
la mancomunidad de in e eses en la socie-
dad ci il, aún la enia mayo y de más ascenden
a
-
les e ec os, conside ada en la asociacion indi idual,
en la amilia. No debemos busca en o a causa la
nobleza de sen imien os
y
la pu eza
de aspi aciones
lo'
bl
IV.
LOS CANTOS HERÓICOS.
La poesía, en odas sus mani es aciones, iene po
undamen o y pun o de pa ida la eligion. Po eso
obse amos que los g iegos, lo mismo que los indios
y
casi odos los pueblos de la an igüedad, celeb aban
sus sac i icios con acompañamien o de himnos. En
o o luga de nues a ob a hicimos no a cómo los
a ios que mo aban á o illas del Indo, ponian especia-
lísimo cuidado en di igi sus plega ias á los dioses en
iempo opo uno,
y
los i anios a ibuian á cie as ja-
cula o ias
y
o aciones la i ud de ahuyen a á los
malos espí i us. Así la leyenda g iega supone que los
p ime os homb es que can a on himnos en hono de
los dioses, ó sea O eo
y
Thamy is, i ian en las in-
mediaciones de la mon aña de los dioses, al pié del
Olimpo, que e a sin duda el luga más adecuado
pa a en ona semejan es canciones (1).
(1) Segun odas las p obabilidades, Lino, Himeneo y Yalemo,
más bien que pe sonajes eales, son ideales ó pe soni icaciones ima-
ginadas po la adicion. Sob e Ma sias, Olimpo
y
Hiagnis hemos
hablado en o o luga de nues a ob a,
y
Olen es un pe sonaje o i-
gina io de Licia.
1

113
En e los g iegos, de la misma mane a que en e
los habia amilias enca gadas de can a es os
himnos du an e los sac i icios, ya pa a in oca la
p o eccion de los dioses, ya ambien pa a di igi les
alabanzas;
y
es as amilias conse aban con in acha-
ble idelidad aquellos himnos, al ez con4mes os pa a
in oca la p o eccion di ina en a o de algun a i-
bulado p íncipe en un sac i icio o ecido po el mismo,
los modi icaban segun las ci cuns ancias, y compo-
nian o os nue os, en iqueciendo así la coleccion de
can os eligiosos, base de la li e a u a pá ia. Con el
ascu so del iempo se dió al impo ancia á es a
ocupacion, que no pocas amilias, como la de los eu-
molpidas
y
pan idas de A ica, adqui ie on con ella
en idiable enomb e.
Pe o más a de,
y
sucesi amen e, adop a on es as
amilias can o as el ono solemne
y
ele ado que me-
jo con enía á la majes ad de los dioses,
y
emplea on
en sus himnos la o ma í mica
y
cadenciosa, pe ec-
cionada despues con la in encion de cie as medidas
ó onos musicales adecuados á las modulaciones ca-
ac e ís icas del lenguaje
y
á los concep os exp esa-
dos en la composicion.
El p imi i o en usiasmo que despe aban las mu-
sas en el ánimo de es os can o es, se ué as o -
mando en una especie de inspi acion, ó más bien ha-
bilidad a ís ica pe eccionada con la p ác ica, en un
p incipio inculada en un co o núme o de can o es
que e an llamados á eje ce su p o esion en de e mi-
nadas ocasiones, como cuando se necesi aba implo a
la g acia ó p o eccion de los dioses,
y
en las ies as
y sac i icios con que se hon aba á los inmo ales.
Cuando el mo imien o gue e o, an e io men e
desc i o, as o mó las cos umb es pací icas de
los
TOMO VI.

8
114
pas o es mon añeses
y
dió más a iedad á la ida
monó ona de los ag icul o es del alle; cuando in-
quie os caudillos impusie on su au o idad
y
sus leyes
á unos
y
o os; cuando los je es de aquel gigan esco
mo imien o se pusie on el en e de los nue os es a-
dos y pequeñas sobe anías que unda on en las islas
del Egeo
y
en las cos as asiá icas que dan á las mis-
mas aguas,
y
en odas pa es nació un loco dan de
no edades
y
as o maciones; en onces se ab ió am--
bien un nue o campo á la mision de los can o es que
á la sazon se ian únicamen e pa a ameniza las
ies as eligiosas. Los nue os p íncipes se a iciona on
á la- ida bulliciosa
y
celeb aban ecuen es banque-
es á los que in i aban á sus nobles
y
compañe os de
a mas. De o dina io se o ecia un sac i icio an es de
da comienzo á la p o ana ies a,
y
con al mo i o se
hacia oma pa e á los ba dos en el banque e á in de
oi una ez más sus himnos.
De es a mane a
y
po an na u al p ocedimien o
aquellos can os ue on pe diendo su ca ác e exclu-
si amen e eligioso; ya no enian po único obje o
ele a el alma de los oyen es á la egion de los inmo -
ales omen ando su de ocion y ecogimien o, da
exp esion
y
ca ác e á la ce emonia piadosa; an es
po el con a io debian se i pa a aleg a y da ex-
pansion al ánimo en un ac o pu amen e p o ano; uá
po an o necesa io cambia el ono solemne, pom-
poso
y
ele ado del himno eligioso po o o más ex-
pansi o, de allado
y
bullicioso. Es as canciones no
iban encaminadas á in oca á los dioses con el eco-
gimien o y piadoso emo que á la o acion acompa-
ñan; enian más bien po obje o p egona sus alaban-
zas po los hechos que en bene icio de los homb es
ealizaban; de sue e que la en onacion lí ica de los
115
himnos eligiosos omaba en es as canciones un ai e
épico más animado.
Con el ascu so del iempo no sólo se modi icó la
o ma sino ambien los asun os obje o de aquellos
can os. Los p íncipes y los gue e os que i ian casi
cons an emen e en los campos de ba alla, pa a quienes
no habia o a ocupacion que la gue a, ni aspi acion
más al a que la de ence al ex año, enian ambien
sus canciones a o i as
y
ap opiadas en que se ensal-
zaban las hazañas
y
comba es de los dioses, ó se ha-
cia memo ia de los glo iosos hechos de los an iguos
hé oes que se p esen aban como modelos dignos de
imi acion á los mode nos, se con aban sus abajos,
sus comba es
y
las a en u as de su aza osa exis-
encia.
Abundaban muy especialmen e es as canciones
gue e as en las colonias g eco-asiá icas que, po su
singula si uacion, enian ha as
y
ecuen es ocasio-
nes de emplea las en los campos de ba alla, pues nada
podia halaga
y
conmo e mejo que es os pa ió icos
himnos el ánimo imp esionable, i o
y
al amen e
suscep ible de aquella aza esencialmen e gue e a;
que conside aba la na u aleza en e a co no un con-
jun o animado po innume ables espí i us que le co-
munican ida; que escuchaba con sin igual in e és las
palab as de los ba dos como si aquellos ep odujesen
con exac a idelidad los sen imien os que yacían es-
condidos en su pecho.
Los poemas homé icos nos p esen an algunos de
es os ba dos ocupados en can a las alabanzas de los
dioses y de los más amosos hé oes, en las có es de
los eyes helenos, donde se les mi aba con cie o es-
pe o, y sin duda eniendo en cuen a el o igen eli-
gioso de aquellos himnos que en un p incipio se can-
116
aban únicamen e du an e las ce emonias del cul o,
se conside aba el o icio de ba do como una ins i u-
cion sag ada (1). C eíase que los dioses
y
los hé oes
no podian ménos de p o ege al homb e que se ocu-
paba en p egona sus alabanzas y da á conoce sus
glo ias:
y
po eso Agamemnon deja encomendado el
cuidado de su muje é
hijos á un o ado , en el mo-
men o de pa i á la oyana gue a.
En los con i es de los p íncipes empiezan los ba -
dos su a ea in ocando la p o eccion de una di inidad
cualquie a, á cuya alabanza an di igidas las p ime-
as palab as ó es o as de su encan o (2), pasando en
segúida á expone las hazañas de los dioses y los
g andes hechos de los hé oes, cuyo can o acompañan
con los aco des de la o minge (3).
Tambien es as canciones pa ió icas en hono de
los dioses y de los hé oes se asmi ian po adicion
de pad es á hijos, como an es sucedia con los himnos
eligiosos, en de e minadas amilias de ba dos, que
las conside aban como exclusi o pa imonio suyo.
A és e p opósi o con iene ene p esen e que en los
iempos á que e e imos nues as conside aciones no
se conocia o o medio, pa a asmi i á las gene acio-
nes enide as hechos ó sucesos impo an es, que la
adicion o al. Así un ba do asmi ia á su p ole su
coleccion de can os que, mul iplicada aquella, llegaba
á se muy luego del dominio de una co po acion en-
e a, y de es a sue e se asegu aba más y más su
pe ec a conse acion.
(1)
Odisea, XXII, 345.
(2)
Los himnos á que se da el nomb e de homé icos son, en una
g an pa e al ménos, in oducciones b e es de es a na u aleza. Véase
Tucidides, III, 104.
(3)
Véase Odisea, VIII, 266. Iliada,
IX,
190.
117
Pe o debe obse a se que es os himnos, loas
y
can os, p ecisamen e po se pa imonio de cie as
amilias, sólo podian ap ende se ing esando en la
co po acion de los can o es, en ando á o ma pa e
de esas amilias p i ilegiadas, únicas que conocian el
sec e o de la música
y
del can o en aquella época.
Po es a azon los discípulos que admi ia, en su es-
cuela un maes o amoso, conside ábanse desde luego
como hijos de la amilia de que aquel e a je e; de
sue e que la adopcion alia en es e caso an o como
la gene acion,
y
la escuela enia á iden i ica se con
la amilia, aunque siemp e se mi aba es a co no base
y undamen o de aquella.
• En la isla de Samos llama nues a a encion la a-
milia de los c eo ilidas, descendien es del g an ba do
y
maes o C eo ilo. Hácia el año 800 ó sea en la época
en que Licu go edac aba la cons i ucion de Espa a,
igu an ya a ios indi iduos de es a amilia cuyo
nomb e apa ece en las adiciones del país has a el
año 500 an es de nues a e a (1). En la de Chios lo-
eció po la misma época o a gene acion de can o es
que, po conside a se o igina ia en línea ec a nada
ménos que de Home o , oma on el nomb e de ho-
me idas y de la cual, subsis ian igualmen e es os
hácia el año 500 an es de la e a c is iana (2). Ap o-
pósi o de lo mismo se dice en los Escolios al mencio-
nado pasaje de Pínda o que, «en los iempos an iguos
se daba el nomb e de home idas á los descendien es
(1)
He acl. Pon ic. F agm. II. Diógenes Lae cio,
VIII, 1, 2. Suí-
das,
Pi eagó as.
(2)
Pínda o, Nem. II, 1. Es abon hace no a es a misma ci cuns-
ancia, (545;
y
no icias más de alladas sob e los homé idas pueden
e se en Helanico, F ag. 55. Acusilao, F agm. 31, ed. de Mülle ;
Pla on, Fed ., 252
y
Rep. 599. Ha poc a ion,
HonW idaí.

118
de la amilia de Ho ne o que u ie on el p i ilegio de
can a las poesías del ilus e a e, que habian eci-
bido po he encia de amilia
(ek diadojés):
más a de
llamóse ambien home idas á los apsodis as, siquie a
no pudiesen aspi a á la glo ia de se e dade os des-
cendien es de Rome o.»
Las amilias de ba dos que lo ecie on en las co-
lonias g eco-asiá icas, ue on e dade as deposi a ias
de odas las adiciones y leyendas que cons i uian á
la sazon el eso o poé ico-li e a io de la G ecia en-
e a. Segun imos an e io men e en las islas de Les-
bos, Chips
y
Samos, como en las ciudades de la cos a,
habíanse es ablecido emig ados p oceden es de odas
las coma cas de Hellada, desde el Olimpo has a Py-
los y, como e a na u al, cada g upo apo ó las pecu-
lia es adiciones de su dis i o, los ecue dos de sus
an epasados y la memo ia de las hazañas de los hé-
oes que le die on ama y enomb e. De es a sue e
se undie on casi en un solo cue po, obligadas po la
es echez del espacio en que se mo ian, las adicio-
nes y leyendas de Gy on
y
Ela ea, del Ossa
y
del
Pelion, de Fe ae y de P hia; de la cos a loc ense y de
los mon añosos dis i os de Focea, de A ica y Sala-
mina; de A gos
y
Micena, de Lacedemonia
y
de
Pylos, dado que odos es os dis i os se hallaban e-
p esen ados en las colonias de Ana olia. Muy luego
los ba dos
y
sus escuelas ap endie on es as leyendas
de boca del pueblo y de los p íncipes y caudillos que
conse aban la memo ia de sus an epasados ó de sus
hazañas,
y
haciendo suyo an p eciado eso o le o -
dena on, le ac ecen a on con elemen os nue os y le
sus aje on á oda sue e de cambios
y
mu ilaciones.
Nada más na u al que los p íncipes
y
caudillos de
los nue os es ados escuchasen con especial place , en
119
sus banque es
y
ies as, los can os en que se ensalza-
ban los hechos de sus an epasados, se conmemo aban
sus glo iosas hazañas
y
se ibu aban alabanzas á su
amilia
y
descendencia. En ealidad de e dad no habia
asun o que con .más ue za
y
i eza conmo iese el
ánimo del ba do, á la ez que despe aba in e és en
los oyen es, que los he óicos es ue zos con que sus
an epasados conquis a on aquel suelo que e a pa a
ellos segunda pá ia,
y
las penalidades
y
ho ibles
con a iempos que en la expedicion oyana su ie on;
po que ellos sabían pe ec amen e que los conquis a-
do es de aquel suelo e an, á la ez que an epasados
suyos, descendien es de Agamemnon y Menelao, de
Nes o
y
An iloco y de o os mil caudillos an iguos,
y que con sus he óicos es ue zos le an a on las ciu-
dades que ue on undamen o y o igen de su bienes a
y iqueza, como Mi ilene, Cyma, Mile o, E eso
y
Co-
lo on. Nada podia mejo despe a su en usiasmo que
el ecue do de aquellos hé oes, ambien eolios, que
les die on ejemplo comba iendo en aquella misma
ie a oyana, en los mismos alles .y mon añas,
y
con a el mismo pueblo euc o, cuya ciudad oma on
po asal o y eduje on á cenizas, así como la elacion
de las hazañas que lle a on á cabo luchando con a
los misios, lidios y ca ianos que p es a on auxilio á
los oyanos, con a los cuales habian comba ido en
época an ecien e jonios y eolios, sob e los mismos
luga es y campos de ba alla. P ecisamen e undaban
su de echo á la posesion de aquellas coma cas en
las
ic o ias de Agamemnon y de sus hé oes helenos, de
la misma mane a que los do ios que de G ecia les
expulsa on, apoyaban sus p e ensiones al Peloponeso
en las hazañas de Hé cules de que es e pais ue a
ea o y en su p ocedencia del amoso caudillo. Com.-
120
p éndese, pues, que los ba dos que eje cían su p o-
esion en aquellas ciudades a eba adas con la espada
en la mano á los eue os, misios, lidios
y
caños no
podian escoge pa a los can os con que di e ian á sus
p íncipes y seño es, asun o más ag adable y que más
despe a a su en usiasmo que los he óieos hechos
y
ex añas a en u as de que ue on es igos aquellos
pa ajes, aquellas playas
y
cos as, aquellos bosques,
mon añas
y
pue os.
Sin duda alguna , es as analogías y singula es
coincidencias ue on pa e á que la oyana leyenda
se hiciese casi asun o exclusi o de las canciones po-
pula es, y adqui iese al impo ancia en las colonias
g eco-asiá icas, que las adiciones ela i as á hechos
an e io es, como la expedicion a gonau a, las gue as
de lapi as y cen au os, las amosas hazañas de Teseo
y Hé cules, las his o ias de la gue a ebana
y
de las
luchas en e epeos y pilienses queda on poco ménos
que elegadas al ol ido, mien as que los hechos odos
del si io de Ilion se can aban en onos di e sos
y
bajo
dis in as o mas, sin que dec eciese lo más mínimo el
in e és que ales na aciones dOspe aban. De asun ©s
pa a es as pa ió icas canciones si ie on: el alis a-
mien o de los gue e os que o ma on el ejé ci o
acaudillado po el noble mona ca de Micena, la pa -
ida de la lo a con ede ada. de Aulis, la mue e de
P o esilao, las hazañas de Diomedes, los he óicos
hechos de Agamemnon, el comba e al ededo de las
na es, la as ucia
y
los a dides del di ino Ulises, la
mue e de Hec o , el eg eso de Agamemnon y de los
o os hé oes, con mil sucesos más que cuen an las
adiciones y na an los c onis as de aquella expedi-
cion amosa.
Posi i amen e e an es os asun os muy ap opósi o
121
pa a se i de ema á los can os pa ió icos y popu-
p
laxes, oda ez que despe aban an i o in e és en
los oyen es como en usiasmo en los ba dos, quienes
pa ecian halla se inspi ados po el mismo sen imien o
de amo pá io que hizo ealiza aquellos ma a i-
llosos hechos,
y
que
()idos
una ez p oducian i esis-
ible deseo de escucha los de nue o, siendo es o causa
de que los maes os
y
a es los p esen asen á cada
paso bajo nue as o mas
y
ampliasen los p imi i os
da os en composiciones llenas de inspi acion
y
de
ida. De es a sue e cada amilia de ba dos llegó á
se poseedo a de una ex ensa y p eciosa coleccion de
can os popula es que ab azaban odos los sucesos de
la gue a de Ilion, dignos de se asmi idos á las ge-
ne aciones enide as.
El en usiasmo despe ado en el pueblo po es os
can o es, empezaba al ez á amo igua se
y
á en a
en un pe íodo de decadencia, que hubie a sido unes o
pa a la li e a u a clásica g iega, si en aquel c í ico
momen o no se p esen a en la escena un can o que
en inspi acion y génio sob epujaba á cuan os a es
le p ecedie on, do ado de an ele an es cualidades
que le hacen apa ece desde luego como un homb e de
supe io es e a, que ha ecibido la al a mision de e-
gene a la poesía épica
y
ele a la á un g ado de pe -
eccion incompa able; un ba do poseido de ine able
en usiasmo en a o de los hé oes que po doquie
lle a on la ama y la glo ia del nomb e g iego, capaz
como ninguno de da un gi o nue o
y
más
pe ec a
o ma á los can os de los apsodis as, p esen ando no
ya na aciones aisladas de las a en u as que inino -
128
con a io, Eneas, hijo de la misma diosa, es el cau-
dillo que, con su alo , sal a al es ado euc o de una
comple a uina. Con azon obse a la Iliada que el
hijo de Venus «e a ene ado como un dios en e los
oyanos,»
y
que es aba p o undamen e enojado con a
P iamo, «po que el mona ca de Ilion no le dispensaba
ningun hono , aunque e a el más alien e en e los
suyos;» (1) pe o Venus cuida de su hijo; ab ázale
con
sus blancos b azos cuando le e acosado
y
encido
po los aqueos en el comba e,
y
le cub e con su e ul-
gen e man o pa a lib a le de los da dos enemigos.
Síguele de ce ca Apolo,
y
cuando le e he ido le e-
i a á su emplo de la ciudadela de Pe gamo; el mis-
mo Poseidon, enemigo decla ado de los oyanos, le
sal a de las manos del e ible Aquiles, á in de no
despe a el enojo del Tonan e, que si bien se ha de-
cla ado con a io á la causa de P iamo , no quie e
que pe ezca oda la aza de Da dano, an es bien ha
dec e ado que «el b azo de Eneas gobie ne á los o-
yanos, y as
él
los hijos de sus hijos.» (2) En el ca-
álogo de las na es se hace esal a más la oposicion
de Eneas
y
P iamo, suponiendo que el p ime o einó
sob e los da danios
y
sob e los oyanos el segundo:
lo mismo se sos iene en el himno á Venus. De es o
han que ido deduci algunos la consecuencia de que
Eneas hizo aicion á su pá ia pa a enga la inju-
ia que le hizo Pa is, despojándole de cie os p i i-
legios ó de echos sace do ales de que se hallaba in-
es ido (3).
(1)
lijada, XI, 58. XIII, 460.
(2)
lijada, XX, 307.
(3)
lada, II, 819; Himno á Venus, 162, 197. Jeno on e, De ena-
ione, I, 15. Menec a es de Xan hos, segun Dionisio de Halie., 48.
Li io, I, 1.

129
An e io men e dimos á conoce los nomb es de
álgunás
„
di inidades á que los oyanos endian cul o.
En el lIelespon o
y
en las coma cas del Ida se ado-
,
especialmen e á la g an Mad e del Ida ó sea al
númen de los nacimien os ene ado po casi odas las
naciones del Asia meno , mién as que los pueblos de
la
cos a
occiden al
y
me idional de T oade p o esaban
Pa icula de ocion al dios sola de los mismos asiá-
icos, cuyo cul o lo ecia de una mane a especial en
Tymb a, si uada al. Su de Ilion sob e el Simois;
eñ C isa.
y
Cilla;
en
la coma ca de Ad amy hion
y
en la isla de Tenedos (1). In ocábasele bajo el nom-
b e de Smin eo, ocablo indígena con el que, segun
pa ece, se quiso signi ica su cualidad de ma ado de
a ones (2). Sábese que en la Ilion eolica se celeb a-
on más a de en hono de Apolo las ies as esmin-
eas (3).
En la cos a de Misia, ó sea en las coma cas de
My ina
y
Cyma,
si uadas más al Su , se ene aba
o a di inidad de ca ác e gue e o
y
i gen á la ez.
Tan o és e como o os númenes de los pueblos a
s
iá i-
cos ue on p on o
y
sin g an di icul ad admi idos en
el Olimpo heleno, siendo unas eces asimilados á o as
di inidades de G ecia, con que p esen aban analogía,
(1)
Es abon, 604, 605, 612.
(2)
Schol. Ven. ad Iliad., I. 39. Segun odas las apa iencias el
poema i ulado
Ba acomionaaquia
ó comba e de las anas y de los
a ones, a ibuido á Ho ne o,
debió su o ígen á la mul i ud espan-
osa de a ones que in es aban las coma cas ma í imas del Asia me-
no . Véase Plu de malign. He od. e. 43.
(3)
Menande ,
Pe i epideiklikón,
ci ado po ^5
,
1
T
alz, Re ó ica IX, 809.
TOMO
VI.

9
130
y bau izados con sus nomh es ó conse ándoles su
p opio cul o, si no se hallaba semejan e en e los
dioses g iegos (1).
Hé aqui po qué se dice en las poesías home icas
que Jo e, encendido en amo osos deseos, celeb a se-
c e o coloquio con la al i a Juno sob e la sag ada
cima del Ida;
y
se obse a además que A odi a, diosa
del amo , que enia su especial esidencia en dicha mon-
aña, se decla ó p o ec o a de Ilion, po lo cual do ó
de singula belleza á Ganimedes y Pa is, hijos de
de Da dano,
y
dió nacimien o á a ios hé oes oya-
nos. Ella es ambien la que en union con el dios que
sabe maneja el a co ó sea el Smin eo de Tymb a
y
de C isa , co espondien e al Apolo de los g iegos,
de iende á Ilion
y
lib a de la mue e á los hé oes que
comba en de ás de sus mu os. Pa a de ende á los
euc os con a el ex anje o enemigo se unie on á los
dos númenes menciónados A emis
y
Enyo, es a úl-
ima diosa de la gue a
y
uno de los númenes u ela-
es del país, aunque no se dice si es la gue e a diosa
de cuyo cul o y se icio es aban enca gadas las ama-
zonas, al deci de la lijada. Es e dad que en o o
pasaje del poema home ico se habla del cul o que en
la ciudadela de Ilion se ibu aba á Palas, pe o con
es e nomb e se quiso sin duda signi ica la diosa gue -
e a de los oyanos, oda ez que Palas-A hene apa-
ece siemp e, en dicho poema, como génio u ela del
ejé ci o g iego
y
enemiga decla ada de los de enso es
de Ilion (2).
En las poesías pos -home icas se dan á conoce
con más p ecision
y
cla idad los elemen os p opios
(1)
Véase el omo V,
págs. 394
y
siguien es.
(2)
Véase
omo
V, págs. 320 á 327.
131
de la eligion de los euc os y los i os especiales de
su cul o. Po ellas sabemos el papel que en es e cul o
desempeña
ban
las Amazonas; allí se cuen a que Ca-
sand a ué ele ada á la ca ego ía de p o e isa, o-
mando po modelo las sibilas (le Ge gis, que ambien
p edecian las cosas u u as, y se nos da á conoce la
signi icacion simbólica que se a ibuia á la g anada
de la A odi a-Ashe a, así como el pode que, segun
el concep o de sus ado ado es, gozaba la A odi a del
Ida en las empí eas egiones (1).
Más segu os e an los da os que poseían los ba -
dos g iegos ela i os á las di inidades que oma on
pa e en la lucha en p ó ó en con a de sus compa-
io as. Po de p on o ninguna duda podia cabe les
espec o á los que de endie on la causa de los ence-
do es de Ilion. Si en el campo euc o luchaban A o-
di a, Apolo y A emis, A hene e a en cambio in en-
cible auxilia del ejé ci o heleno, e dade a diosa (le
la gue a y de la ic o ia, especialmen e ene ada
po la aza jonica á que pe enecia la amilia de los
home idas; y en su a o es aba ambien Poseidon,
númen al que los junios ibu aban, en su nue a pá-
ia, an e ien e cul o como el que le habian dedi-
cado en las colinas
y
ocas del gol o de Co in o,
y
que dispensó
-
e icaz auxilio á sus an epasados cuando
con sus na es c uza on el Egeo.
Siendo caudillo de las opas aqueas el sobe ano
de A gos, que u o an es su esidencia en Micena,
comp éndese que Juno, númen u ela del pueblo a•-
gi o, de endiese la causa de los g iegos
y
no omi iese
es ue zo alguno pa a decidi en su a o el plei o.
Con al a do luchaba la eina del Olimpo, que
(1)
Véase omo V, págs. 338 y 339.
132
chas eces cansó los ogosos co celes que mon aba
conduciendo á los hé oes g iegos á la pelea con a
los oyanos,
y
has a se dice que, con Palas, hizo ju-
amen o de no lib a de la mue e á ningun ene-
migo (1). Su enojo con a los mo ado es de Ilion
llegó á al ex emo que, segun hace no a el au o de
la Iliada, Júpi e hubo de p egun a la qué daño le
habian causado P iamo ó sus hijos, que me eciese
an cons an e
y
enca nizada pe secucion (2). Po lo
demás en es a lucha no podemos ménos de econoce
él
an agonismo de He a que, en su calidad de númen
u ela del ma imonio, de endia á Menelao
y
á los
g iegos sus con ede ados con a la diosa del amo y
de los olup uosos place es, que sos enia la causa del
licencioso Pa is y de los oyanos.

-
En Cyma y Mi ilene, p ime as poblaciones que le-
an a on en Asia los eolios á quienes si ie on de
base y pun o de pa ida pa a sus ul e io es conquis-
as en la oyana ie a, einaban los descendien es de
A eo; nada más na u al que concede á és os caudi-
llos uno de los p ime os pues os en el ejé ci o espe-
diciona io. Las adiciones que sob e es a ilus e a-
milia co ían en boca del pueblo, los can os en que
se ensalzaban las hazañas, las singula es a en u as
y
el alo nada coman de los a idas; las loas en que
se p egonaba la
a is eia
de Agamemnon, el duelo de
Menelao y de Pa is y o os mil hechos amosos, com-
pues os ó conse ados po los ba dos eolios, o ecian
asgos
y
da os su icien es pa a ap ecia la mane a
con que desempeña on su ca go
y
cumplie on su mi-
sion en aquella gue a.
(1)
lijada, XX, 315.
(2)
'liada, IV, 25
y
siguien es.
133
Po lo que á Menelao espec a, es cosa a e iguada
que solamen
e
en a encion al cul o que á Helena se
ibu aba sob e la colina p óxima á Espa a, se le
nomb a en e los más amosos hé oes a idas. Pe o
Diomedes el a gi o me ecia dis incion an señalada,
pues o que, segun cuen a la leyenda, le an ó en A gos
un emplo en .hono de Palas
y
su nomb e e a an
espe ado que, en la ies a de Mine a, se lle aba en
p ocesion el escudo del hé oe a ida po las calles de
A gos (1). Así no debe ma a illa nos que la lijada
p esen e á Diomedes co no un a o i o (le la gue e a
diosa, que se enca ga de di igi su ca o y en su o-
gosa ma cha le cub e siemp e con su Egida pa a que
no le alcancen los da dos que con a él dispa an A o-
di a
y
A es, di inidades p o ec o as de Ilion. En el
poema !homé ico se desc ibe á Diomedes co no un
gue e o de ca ác e impe uoso, imágen pe ec a de
la diosa de las o men as cuando sale ic o iosa del
ogoso y iolen o comba e. El poe a home ida A c i-
nos cuen a que Diomedes ué el hé oe que a ancó de
las mu allas de Ilion la imágen de Palas, cuya p esen-
cia en aquel si io e a condicion p ecisa pa a la con-
se acion de la ciudad (2).
Los hé oes pilienses ocupan ambien un luga dis-
inguido en las desc ipciones de la lijada
y
desempe-
ñan en el sang ien o d ama un papel apénas in e io
al de los de Micena
y
A gos. En las p incipales loca-
lidades jonicas, en Á ica, en Mile o, E eso, Colo on
y
en Smy na, desde que se incau a on de ella los colo-
onios, einaban los descendien es de 'es o
y
de An-
iloco de Pylos,
y
como e a na u al, los hechos de an
(1)
Véase omo V, pág. 68 Pausanias, II,
24. 2.
(2)
Asi lo dice A c ino segun hace no a Dionisio de Halle.. I, 69.

134
ilus e amilia ue on asun o p i ilegiado pa a los
can os he oicos de los siglos X
y
IX an es de la e a
c is iana. Las adiciones que de es a amilia se con-
se aban en e el pueblo o ecían á los p ime os ba -
dos asgos
y
da os su icien es pa a desc ibi su ca ác-
e
y
de e mina sus cualidades. Sabiase po au o i-
zadas adiciones y po can os ó loas .que en ellas se
undaban, que los hé oes pilienses no u ie on la glo-
ia de di igi la expedicion ni ampoco la de se los
p ime os en en a en comba e; pe o el can o de la
Iliada supone, en cambio, que descollaban sob e odos
los caudillos g iegos po su sabidu ía y p udencia en
el consejo, su p o undo conocimien o de los homb es
y de las cosas
y
su pe suasi a o a o ia, cualidades
que les die on g an au o idad en el ejé ci o expedicio-
na io y que, en gene al, se conside aban como signo
dis in i o de la aza jonica. Los poe as pos e io es
o iundos de es e pueblo lle a on más adelan e su en-
usiasmo en a o de la amilia égia de Pylos; así
emos que A c inos p esen a á An iloco, hijo de Nes-
o , como el amigo p edilec o de Aquiles (1).
No se c ea que con es os nomb es hemos ago ado
la lis a de los hé oes que, en ep esen acion de la aza
jonica, igu an en el g an poema de Home o. Además
de los sobe anos de Mile o, E eso
y
Colo on
y
de los
eyes a icos ep esen ados po sus ascendien es Nes o
y
An iloco, subsis ian en A ica las dos nobles amilias
de los eu isacidas
y
ileidas que con aban en el nú-
me o de sus an epasados á Ayax de Salamina; pues
(1) Véase omo 'V, pág. 330.
135
se dice que Eu ysaces
y
Fileo, hijos del mencionado
caudillo, abandona on si ciudad na al pa a ija su
esidenci a
en A enas (1).
Los eu isacidas endian cul o á su pa ia ca en
un san ua io especial que con el nomb e de Eu is‘a-
ceo se e igió en la capi al de A icajlela i amen e
la época en que lo eció Fileo, hace no a Fe ecides
que i ió diez
y
seis gene aciones an es que el en-
cedo de Ma a on, Milciades, o igina io ambien de
es a amilia (2). Home o desc ibe á Ayax de Salamina
co no el hé oe de más ele ada es a u a en e los g ie-
gos, homb e de he cúlea ue za, que manejaba un es-
cudo impene able como que es aba hecho de sie e
pieles de o o supe pues as; cuyo indomable alo sólo
cede al de Aquiles; po lo cual jamás pudie on los
oyanos hace le e ocede en el comba e; an es bien
sucediales cuando con a él luchaban lo que á «los
muchachos que hacen pedazos la a a golpeando el
lomo del asno sin se capaces á sepa a le del on-
doso semb ado, has a que el animal haya saciado su
ape i o.» Si alguna ez cede Ayax lo hace «como
el leon que, a acado du an e la noche po los pas o es
con chuzos, lanzas
y
palos a diendo, á in de apa -
a le de los ebaños, no e ocede sin ol e á cada
paso la cabeza
y
lanza ho ibles b amidos» (3).
Ayax no en ó jamás en comba e sin echaza al
enemigo; po eso le llama el au o de la iada < o e
de los aqueos,» y úl imo balua e en las más udas
ba allas. Segun odas las p obabilidades, los an iguos
ba dos g iegos ó el mismo can o de la iada oma on
(1)
He odo o, VI, 35.
(2)
Fe ecides, agmen o 20, ed. de Mülle , compa ado Con He-
od. VI, 35 y 127.
(3)
lijada, XI, 546.
136
la idea del
g an escudo
de Ayax
y el í ulo de «hé oe
que apa a el pelig o y pa a los golpes del enemigo»
con que designan á su dueño, de Eu ysaces, hijo
mismo Ayax, cuyo nomb e signi ica_po çado
de ancho
escudo (1).
En las monedas de la isla de Salamina es-
aba dibujado el amoso escudo de es e caudillo, cuyo
ecue do se quiso ambien conse a en el nomb e do
sú pad e, que segun la Iliada
y
las adicionesg ié-
gas, ué Telamon, ó sea el
po ado che escudo:
los
ocablos Telamon
y
Eu ysaces en uel en, po consi-
guien e, la iba de la ue za con que el hé oe aguan-
aba las más du as p uebas, apa aba los pelig os
y
echazaba los a aques (2).
En b usca oposicion con el ca ác e de Ayax,
más p opio pa ola de ensa que pa a el a aque, p e-
sén anos la Iliada e]. cTe Aquiles, hé oe
-
an alien e
como impe uoso, que nunca conoció el miedo ,
y
siemp e ué el p ime o en oma la o ensi a, cuyos
hechos cons i uyen el núcleo del a gumen o que en
la Iliada se desen uel e, y á cuya lanza, a ma e i-
(,
ble en sus manos, se ibu an más al as alabanzas
y
mayo es elogios que al escudo de Ayax.
Segun dijimos an es, los magne es, emig allos,
p oceden es del'Ossa y del Pelion, de las coma cas
Fe ae
y
de la Ph io ide, ue on los único
s
-
en
`
e los
colonos g iegos que osa on unda es ablecimien os
en el in e io de Ana olia, edi icando dos ciudades
con el nomb e de M
'
ag
-
nes
'
ia
.
una en la coma ca del
o a
en

en
He mos,

lejos
del
Sipy"lo‘

las
má genes del Meande , encla ada po consiguien e
en e i o io ca/4ano. Con al mo i o se hace no a
(1)
So ocles,
Ayax, 550 y siguien es
(2)
B dnds ed, Viajes (Reisen) II, 312.
137
que a en ajaba
n
á odos los colonos
en alo
y
osadía,
que ue on los que mayo es daños ocasiona on
á los
misios
y
ca ianos,
y
ambien los que más udos com-
ba es sos u ie on con es os enemigos. El hé oe que
más asun os suminis ó á los can os y leyendas de
es a ibu, Aquiles de P hia, u o que se po na u al
consecuencia, el gue e o más alien e, el más osado
de cuan os asis ie on al si io de Ilion,
y
el que más
ic o ias ganó á los oyanos. Su pad e se llamó
Peleo, en ecue do de la mon aña que con sus iscos
y áspe as lade as c uzaba oda la cos a ocupada po
los magne es ,
y
sob e la cual, en odo el espacio
comp endido
-
has a la bahía de Pagasas, se o ecian
sac i icios
y
se daba cul o á las Ne eidas ó í genes
ma inas, bajo cuya u ela
y
p o eccion es aba odo
aquel ozo de cos a (1).
Es as Ne eidas ú ondinas de la mi ología g iega,
que eco en la onda ama ga mon adas en del ines
y
caballos ma inos; que con sus animados bailes aleg an
el impe io de Nep uno cuando no se ocupan en seca
sus humedecidos cabellos á la o illa del ma , son e-
ne adas como génios bené icos del líquido elemen o
y
de las mo edizas olas (2); así emos que los nom-
b es con que las designan Home o
y
Hesiodo hacen
alusion á los a ac i os y encan os que o ece la esca
mo ada del ma ; á la ápida ma cha, á la impe uosa
co ien e de las ondas y al b illo e ulgen e
de
las
aguas. Son hijas de Ne eo, es deci , del bondado
so
an-
ciano que pe soni ica, el líquido impe io y habi an en
(1)
He odo o, VII, 191,
y
Pausanias, II, 1, '7; po donde se e que
en
a ios
pun os de la cos a g iega habia al a es
consag ados á las
Ne eidas.
(2)
Iliada, XVIII, 35
y
siguien es. Mülle , Manual. § 402
144
po conquis ado es jonios las es islas de Jacin o,
Sa-
mos, po o o nomb e Ce alonia
l
é
I aca, es na u al
supone que sus compa io as de
Mile o,
Colo on
y
Smy na man u iesen con ellos amis osas elacio-
nes (1).
Sea de es o ló que quie a, no cabe duda que el
can o de la Odisea, al concen a en una sola pe -
sona las innume ables pe ipecias y a en u as que
acaecie on en el eg eso de los p incipales hé oes de
la oyana gue a, co no has a cie o pun o lo hizo
el a e de la Iliada con los s icesos del si io, se p opuso
especialmen e p esen a el modelo de un hé oe de
aza jonica, que no u iese igual en la p udencia, ni
semejan e en la as ucia; de g an p ác ica en los ne-
gocios, é in epidez en el pelig o; an dies o en el
a e de cons ui un buque como hábil pa a di igi el
imon, an emible po su elocuencia como po su
p esencia de ánimo en el campo de ba alla. La lisiada
iene po obje o desc ibi una lucha gigan esca en e
dos pueblos, en la que se des acan los hé oes y los
sucesos que en el poema se mencionan; el a gumen o
de la Odisea se desa olla po ue zas
y
p ocedimien os
más na u ales
y
humanos. Los innume ables con a-
iempos, penalidades y
obs inadas luchas que sos iene
el hé oe del poema, se e lejan en el limi ado ci culo
de una amilia an es en la abundancia, educida des-
pues al úl imo ex emo po la p olongada ausencia
de su je e, cuyo eg eso uel e las cosas á su p ime
es ado; pe o en medio de an e ibles p uebas no se
amengua en el hé oe el deseo de ol e á sus domi-
(1) Tucidides, II, 66. Los emig ados jonicos designaban con el
nomb e de Samos an o la isla po ellos ocupada en las inmediaciones
del Micala como la si uada en el ma de T acia. Odisea XIII, 239
y
siguien es.

145
nios de I aca, ni en la esposa se ha ex inguido el
anhelo de e al esposo, ni el hijo ansia ménos ab a-
de nue o á su pad e. En la Odisea se aspasan
za
ménos los lími es de la unidad de accion que en la
iada; no se descub en acíos ni se come en con a-
dicciones; el a gumen o se desa olla con más in e és
y en Condiciones más d amá icas; desde luego sob e-
salen más las condiciones a ís icas de la composicion,
ya que á la ez se desen uel en dos a gumen os bien
dis in os aunque en elacion el uno con el o o; los
iajes y pelig osas a en u as de Telémaco po un
lado y las in e minables expediciones é inaudi os ies-
gos de Ulises po o o, has a que po in se eunen
ambas pa es pa a da solucion al a gumen o.
Los g iegos a ibuian á Ho ne o no solamen e la
composicion de la Riada y la Odisea, sino ambien
de la Tebaida, los Epigones y las Cip ias, es deci ,
de odas las poesías épicas que en la li e a u a g iega
se conocen; pe o los esc i o es sensa os, como He o-
do o, asegu an lo con a io, siquie a algunos como
Calmo de E eso y áun el mismo He odo o le hagan
au o de la Tebaida, negándole an sólo la pa e nidad
con espec o á los Epigones y Cip ias (.1).
Rela i amen e á la ida y ca ác e pe sonal de
Home o es aban los g iegos an á oscu as como nos-
o os, ya que no supie on deci á pun o ijo la ciudad
en que ino al mundo, siendo sie e nada ménos las que
se dispu aban el hono de habe is o nace al di ino
(1) Pausanias,
IX,
9, 3;
Véase G o e, His o ia
de
G ecia
(hi,s a g
0/
a eece)
II, pág.
173.
TOMO VI.

10
146
a e. Pinda o le hace en una ocasion o igina io de
Smy na
y
en o a de Chios. Simonides asegu a am-
bien que ué o iundo de es a isla (1). Po el con a io
A is o eles obse a que si bien los de Chios hon a-
ban sob emane a el nomb e del can o de la Iliada, es
segu o que no nació en su isla. Sabemos e ec i amen e
que los. chienses enian po o iundo del pais al pa-
ia ca
y
maes o de la amilia de ba dos que allí lo-
ecie a y le ibu aban hono es de hé oe (2). Sob e
una ele ada oca que dominaba po comple o el e -
jel de ja dines, hue as
y
iñedos de aquella he mosa
isla, se le an aba el home ion ó monumen o consa-
g ado á la memo ia del au o de la Iliada , del que
oda ia se conse a hoy un al a de o ma cuad ada
y ado nado con igu as de leones, de un abajo a ís-
ico e dade amen e no able.
Pe o sin duda alguna es Smy na la ciudad que
con más jus icia se a ibuye la glo ia de habe sido
cuna de es e incompa able a e. Dicese que ué hijo
del di ino Meles
y
de la Nin a C i eida, po lo que
algunos poe as le nomb an el
nacido de Meles, y
Smy na se hallaba p ecisamen e si uada sob e un io
de es e nomb e (3); o as eces se le llama hijo del
Meon,
y
sabemos que Meonia es el nomb e con que
los g iegos designaban en la an igüedad el país de
Lidia, en el que es aba encla ada la mencionada illa.
En la Iliada se hace mencion del númen Bub os is,
y en Smy na había ambien un emplo consag ado á
su nomb e (4). Es igualmen e digno de obse acion
(1)
Pinda o,
agm. ince a.
189. ed. de Be gk. Scylax c. 98. ed. de
Mülle . Simon. agm. 85.
(2)
A is ., Re ó ica, II,
23.
(3)
Vi a. Home i, 1. e.
(4)
lijada, XXIV, 532,
y
Eus a he, sob e es e pasÑe.
14'7
que el au o de las poesías home icas demues a un
conocimien o
especial de la opog a ia de Lidia, en
pa icula de su cos a, y sin duda alguna le e an a-
milia es las ibe as del Cays o con sus innume ables
cisnes, el Sipylo sob e el cual llo a sin cesa la pied a
de Niobe
y
el Tmolo con el lago gigeo.
Los colo onios se llamaban
,
Cambien compa io as
de Ho ne o; pe o es o mismo puede se i de a gu-
men o en a o de las p e ensiones de Smy na, que
como hicimos no a an e io men e, ué no
'
sólo inco -
po ada á Colo on, sino poblada de nue o po los jonios
de es a illa que se la conquis a on á los eolios; y así
emos que á Mimne mo, poe a que lo eció en la
p ime a mi ad del siglo VI, se le da unas eces e í-
ulo de smy nense y o as el de colo onio, po descen-
de de los colo onios que conquis a on á Smy na (1).
Lo que de es o se desp ende, en nues o sen i , es
que el can o de la Iliada, ó el pad e de la amilia de
los home idas, nació y pasó los p ime os años de su
ida en Smy na pa a aslada se más a de á Chios.
Sabemos que an o en Smy na como en Chios do-
minaban los jonios, pe o en la p ime a hallaanse
con undidas ó casi amalgamadas las azas jonica
y
eolica, allí mejo que en ningun o o pun o pu-
die on los jonios asimila se las adiciones
y
leyen-
das de sus ecinos. No cabe desconoce el ca ác e
jonico que e is en laspoesías homé icas. En ellas se
a ibuye una in luencia especialisima sob e la ma cha
de los sucesos á Palas
y
á Poseidon, que e an p eci-
samen e las di inidades á que más endida de ocion
(1) Hacemos caso omiso de las p e ensiones de A enas
y
Salami-
na, que no econocian o o o igen ni enian más undamen o que el
de habe sido A ica_el pun o de pa ida de los p ime os colonizado es
jonieos.
148
p o esaban los na u ales de dicha aza; la p ime a de
las cuales además se designa siemp e con el nomb e
a ico de -A hene. Son ambien ecuen es en dichos
poemas cie os ocablos
y
cali ica i os ca ac e ís icos
de las ibus jonicas, como el de las a ias pa a
designa ex ensas amilias que comp enden di e sas
a inidades de pa en esco. Pe o lo que p incipalmen e
e ela el o igen jonico del au o ó au o es de los
can os home icos es el lenguaje, que es á imp egnado
de peculia idades
y
gi os p opios de es e pueblo.
Obedeciendo á un c i e io, en nues o sen i pe -
ec amen e na u al, algunos esc i o es g iegos supo-
nen que el pa ia ca
y
maes o de los home idas ué
de$cendien e de O eo, el. más an iguo de los can o es
helenos. Al deci de Helanico, Fe ecides y Damas es,
Do ion, hijo del mencionado O eo, engend ó á Eucles,
de és e nació Idmon, de Idmon Filo e pes; és e ué
pad e de Ja i emo, és e de Epi ades, que lo ué de
Melanopo; de Melanopo ué hijo Apeles, de és e Meon,
que á su ez ué pad e del g an Home o (1). Es e
á bol genealógico iene an escaso undamen o his ó-
ico como el que hace al can o de la Macla o igina-
io del io Meles
y
de la nin a C i eida. De los nom-
b es que en él igu an, únicamen e Melanopo apa ece
ci ado en di e sas ocasiones como un an iguo can o
de Cyma, capi al de los colonos eolios (2); po lo que
hace á Meon es un ocablo con que se designaba el
suelo de Lidia,
y
los demás nomb es especi ica i os
de las gene aciones que media on en e O eo
y
Ho-
me o, son ocablos usados po lo gene al pa a sig-
(1)
Helanico, F agm., 6. ed. de Mülle . Plu a co, de i a Ho no-
Ti, 1059.
(2)
Pausan.,
V, 7, 4
149
ni ica la glo ia, las cualidades ó los e ec os del
can o.
En ealidad7de e dad, los g iegos no enian
la
meno no icia ocan e al nacimien o de Ho ne o, ni
á los sucesos de su ida,
y
cuan os es ue zos hicie on
pa a llena con hipó esis
y
ábulas es e acío, ue on
comple amen e es é iles. Sin emba go, es di
gn
o de
conside acion que en es as adiciones esul a casi
unánimemen e con i mado el hecho de que el au o de
la Liada ué ciego. Es e dad que la cegue a se con-
side aba en e los g iegos como signo de p o undidad
en las ideas y de ecogimien o in e no, po lo que sus
adiciones hacen ecuen e mencion de poe as y
adi-
inos
que e an ciegos; pe o es a c eencia e is e •un.
ca ác e de ijeza y de p ecision, cuando se a a del
can o de la oyana gue a, que no podemos ménos
de a ibui la un
,
ondo de e dad que en o os casos
análogos se echa de ménos.
En di e en es ocasiones se hace mencion de un
can o pe enecien e á la amilia de los
home idas
que
esidia en Chios,
y
en un himno can ado
en
helos,
du an e la ies a de Apolo se llama á sí mismo el hom-
b e ciego. Al e mina su can o, se di ige el ba do á
las doncellas que han omado pa e en la danza eje-
cu ada al ededo del al a en hono del númen, con
es as palab as: «Concédanos mise ico dia Apolo con
A emis. ¡Sea la aleg ía con oso as odas, oh í ge-
nes! Aco daos Cambien de mi en los iempos eni le-
os; y cuando uno de los homb es que en la ie a ha-
bi an enga á es os pa ajes
y
despues de habe su-
ido penalidades os p egun e po el
homb e
que os
en ona los más ag adables can os y que más des-
pie a en oso as la aleg ía, espondedle odas á una
sin acila , con bondadoso acen o: el homb e ciego

150
que mo a en la oquiza Chios» (1). Tucidides opina
Cambien que es e ba do ciego no es o o que el can o
de la lijada y de la Odisea (2).
Los da os ela i os á la época en que lo eció el
a e en cues ion, di ie en en cinco siglos nada ménos.
Algunos au o es son de pa ece que i ió poco des-
pues de la des uccion de T oya; o os c een que lo-
eció bas an es años despues de es e suceso; es os le
suponen con empo áneo del eg eso de los he aclidas
al Peloponeso, aquellos le hacen apa ece du an e la
época de la colonizacion g iega en Asia, y ya imos
an e io men e cuán o dis an es os sucesos unos de
o os segun los di e sos his o iado es
y
sis emas
c onológicos.
Los que hacen al amoso a e con empo áneo del
eg eso de los he aclidas, suponiendo que al suceso
ocu iese ochen a años despues del si io de Ilion y ad-
mi iendo pa a es e la echa más al a posible, ob ienen
el año 1260 an es de Jesuc is o como echa del naci-
mien o de Home o. E a os enes supone que lo eció
un siglo despues de la con ienda oyana, ó sea, segun
el cálculo c onológico de es e esc i o , hácia el
año 1083. Pe o si se admi e con A is ó eles
y
o os
his o iado es de no a, que ué con empo áneo de la
in asion do ica, los da os son áun más a iables
y
ménos segu os, como se desp ende de lo que dijimos
al habla de es e suceso. Apolodo o le hace lo ece
un siglo despues de dicha in asion, ó lo que es lo
(1)
Himno á Apolo, 165
y
siguien es.
(2)
Tucidides, III, 104.
151
mismo, segun los cálculos c onológicos de es e esc i-
o , que coinciden con la e a oyana de E a os enes,
hácia el año 943, mien as que Eu o ion y o os c ()-
nis as, suponiéndole con empo áneo de A quiloco,
dan co no segu o que lo eció en iempo del ey Gy-
ges de Lidia ó sea del 719 al 681.
Teopompo es Cambien de pa ece que Ho ne o lo-
eció cinco siglos despues de la des uccion de Ilion,
de sue e que sus cálculos coinciden p óximamen e
con los de Eu o ion, aunque nos es desconocida la e-
cha que dicho esc i o admi ió pa a la gue a de
T oya (1). Desde luego pode nos desca a como in-
sos enible la hipó esis de los que p e enden ebaja la
echa del nacimien o de nues o a e has a el einado
de Gyges. Po au o izados es imonios sabemos que
A c ino de Mile o, imi ado de Home o y con inuado
de la 'liada; au o de los poemas i ulados los
E iopes
y
El saqueo de T oya,
lo eció en el pe íodo de las p i-
me as Olimpiadas, ó sea en la p ime a mi ad del si-
glo VIII an es de nues a e a. Sabemos además que
los conocimien os geog á icos ela i os á los ma es y
ie as limí o es de G ecia, especialmen e en di ec-
cion al NE. y O., es deci , al ma Neg o
y
al Me-
di e áneo, que an escasos
y
limi ados apa ecen en
las poesías home icas, hicie on muy no ables p og e-
sos en e, los g iegos á pa i del siglo VIII; po an o
el ciclo de los poemas homé icos debió ce a se an es
de dicha época. Pode nos po consiguien e admi i
como e dade os los cálculos de He odo o, segun los
cuales «Hesiodo
y
Home o no le lle an de en aja
más que
400
años de an igüedad (2). Y pues o que el
(1)
Clin on, as os helenicos,

145
y
siguien es.
(2)
He .,
II,
53.
152
céleb e his o iado halica nasiense i ió en e los
años 480
y
420, esul a que el au o de la lijada pudo
lo ece en e el 880
y
el 820
y
la publicacion de sus
abajos poé icos coincidi la en al caso con el 850
an es de la e a c is iana; es deci , ap oximadamen e
un siglo despues que los helenos empeza on la ob a
de la colonizacion en la cos a asiá ica.
La igno ancia en que se hallaban los g iegos e-
la i amen e á la pe sona de Home o, no puede en
buena c i ica se i de a gumen o pa a nega la exis-
encia de un a e de ese nomb e que concibió
y
desa -
olló el ema undamen al de la Riada
y
de la Odisea,
dado que, segun es no o io, no andan muy sob a-
dos de no icias con espec o á Licu go, Hesiodo
y
o os esc i o es
y
poe as más mode nos que Home o,
siendo es e achaque de odos los pueblos an iguos que
no se cuidaban de conse a la memo ia de los que
cul i aban las le as. No obs an e, á nadie se le ha
ocu ido pone en duda la exis encia del au o de los
T abajos y dias, que lo eció poco an es de la p ime a
Olimpiada, ni la de A c ino que i ió al ez un si-
glo despues del can o de la gue a de T oya.
Asegu an algunos que los poemas home icos no
son o a cosa que el conjun o de canciones popula es
o iginadas más bien en leyendas abulosas que en he-
chos his ó icos,
y
undan su hipó esis en cie as in-
cohe encias
y
con adicciones que apa ecen en la Ria-
da, ya que no ha sido posible descub i esa al a de
unidad en la Odisea. Pe o apa e de que esos y mayo-
es de ec os no p oba ian en mane a alguna lo que se
p e ende, G o e ha hecho no a con en e a jus icia,
que los pa ida ios de esa eo ía no han demos ado
oda ía que uno sólo de los can os popula es de que se
zu ció la lijada o ma una composicion independien e
153
que pueda subsis i po si misma, cosa que ni álin con
espec o á la Doloneia ó al ca álogo de las na es
puede asegu a se.
Hay quien a ibuye á cie o Pisis a o la glo ia de
habe edac ado la leyenda de las a en u as que cons-
i uyen el núcleo his ó ico-c onológico de la Iliada,
sin pa a mien es en que con ese nue o sub e ugio
se incu e en
.
el g a e escollo de e a da es siglos
nada ménos la composicion del poema, haciendo apa-
ece la Epopeya en una época demasiado a día, en
que ealmen e al aba a gumen o ó ma e ia pa a la
misma, y en que con i iendo á Pisis a o en au o
de la lijada se le hace subi nada ménos que á la ca-
ego ía de p ime poe a del o be en e o. Eso apa e
de que hay una con adiccion mani ies a en el ase o
de los que, á in de hace c eible su hipó esis, sos ie-
nen que el poema épico no pasó en e los g iegos de
la p imi i a
y
udimen a ia o ma que p esen a en
las leyendas de las amosas A en u as.
Apelando á o o géne o de a gumen os, hacen
no a cie os c í icos que los g iegos de la época lio-
me ica no conocian la esc i u a,
y
po an o no cabe
supone que en onces pudie a ealiza se la composi-
cion de an la go y complicado poema. Pe o es e a -
gumen o, que comp ende ia ambien á la Odisea, no
iene alo alguno,
y
lo saben pe ec amen e cuan os
en el es udio de las an iguas li e a u as se ocupan.
En e los pueblos de la an igüedad, cuyo ci culo de
accion e a mucho más limi ado que el campo que
ab aza la ac i idad de los mode nos, la memo ia se
man enia esca y igo osa, y la a encion no se ha-
llaba ocupada po an no able di e sidad de obje os;
po eso los can o es y ba dos de aquellos iempos
poseian una acilidad asomb osa pa a eci a de me-
256
an no able po sus anchas calles, como po sus mag-
ní icos edi icios (1).
Ocupaba, pues, Espa a a ias colinas que pa -
iendo de la e ien e o ien al del Taige es, se ex en-
dian po la má gen de echa del Eu o as. Sob e la
más ele ada de odas, se
.
alzaba la ciudadela de los
do ios que en su ecin o comp endia los san ua ios
más an iguos de la ciudad. Allí es aba el emplo de
Mine a, cuyo cul o en aquellos pa ages e a an e-
io á la in asion do ica
y
que más a de ué as-
o mado en la amosa casa de b once. No lejos de
aquí, ejase el sepulc o de Tinda eo, que la adicion
conside a como p ime sobe ano de la coma ca
y
á
quien o as leyendas hacen pad e de los di inos dios-
eu os y de la amosa Helena, y á co a dis ancia se
le an aba el san ua io de la gue e a A odi a, cuyo
cul o pasó de Ci e ea al alle del Eu o as en época
muy emo a. Al pié de la ciudadela, en di eccion al
Es e, se ab ia una espaciosa plaza que llegaba has a
el Eu o as, en la cual celeb aban sus euniones los
an iguos do ios,
y
en la que despues se es ableció el
me cado de Espa a, uno de los más concu idos de
G ecia, como que muchas eces bullian po la men-
cionada plaza más de cua o mil pe sonas (2).
A lo la go del io, en una g an explanada que se
hallaba á cubie o de las inundaciones po ue es di- -
ques, eíanse las aldeas ó ba ios de Limnae, Pi ana
y
Mesoa que po el Su con inaban con un bosquecillo de
plá anos ce ca del cual es aba el emplo de Febo y los
al a es de los mencionados dioscu os; mien as que
siguiendo más al Oes e se eja, el san ua io consag a-
(1)
Te pand o, en Plu . Lyc., e , 21. Pínda o, Nem. X, 52.
(2)
Jeno on e, Helen,
III,
3.

251
do á las hijas de Leucipo que ue on esposas de los
dioscu os, ce ca de la ía que conduce á Amiclae.
Más a iba se ejan o os dos ba ios, el de
Cinosu-
a
y
o o cuyo nomb e nos es desconocido.
Limnae e a el más sep en ional de los ba ios
que o maban la amosa capi al de Laconia y Cam-
bien el más inmedia o al io, ci cuns ancia que le a-
lió ese nomb e que signi ica
laguna.
En es e ba io,
se daba cul o especial á A emis, númen u ela de
las hondonadas pan anosas, bajo el nomb e de O -
hia. El o igen de és e cul o, lo explica la adicion
espa ana diciendo que, pasado algun iempo despues
de la emig acion, su compa io a As abaco habia
hallado en e la maleza que co onaba la o illa del
io, la pequeña imágen de alla de la diosa que O es-
es
y
su he mana habian lle ado
á
Tau is. Asegú a-
se que, en los p ime os iempos, los espa anos o e-
cie on sac i icios humanos en hono de es a imágen
de A emis.
Desde el ba io de Pi ana, se pasaba po el puen-
e de Babyka á la o illa izquie da del Eu o as donde
se alzaba, al bo de mismo de las aguas, el ce o de
Menelao, una de las más al as es ibaciones del Pa -
non po aquel si io, que alcanza 800 piés de al u a y
domina pe ec amen e oda la ciudad. Sob e aquél
ce o, cuyas ojizas pied as con as an no ablemen e
con los e des plan íos de chopos
y
plá anos que ocu-
pan la o illa del Eu o as, es aba el sepulc o de Me-
nelao y el san ua io de Helena,
y
en el ondo de un
bosque somb ío, donde en o o iempo u ie on una
ciudadela los aqueos, es aba la san a The apna o-
deada de ue es mu allas, jun o al san ua io
y
los se-
pulc os
de los dioscu os. Algo más al No e, en di-
eccion al pequeño alle que iega el Oeno, se le an a
TOMO VI.

17
258
el ce o de To nax, sob e el que se ibu aba an iquí-
simo cul o al luminoso Apolo (1). En suma, aunque
Espa a e a una ciudad más bien gue e a que a ís-
ica, admi ábanse en ella cuan iosas mues as
y
p o-
duc os de los p ime os iempos del a e g iego
y
puede
deci se que odos los dioses
y
hé oes de la an igüedad
enian allí un emplo, una es á ua ó un monumen o
consag ado á su memo ia. Algunos c een que el nom-
b e de la ciudad hace alusion
á
la e ilidad del llano
que la odeaba (2).
Hácia el Oes e, no lejos del luga en que los do ios
unda on las cinco aldeas ó ba ios mencionados, se
alzaban dominando con su imponen e al u a, de más
de 8.000 pies, los inmedia os campos
y
plan íos de
mo e as, higue as y oli a es, los más ele ados ce os
del Taige es, llamados Tale on
y
Euo as que signi ica
el de la he mosa is a (3). La alda del Taige es se
ensancha po es e pun o conside ablemen e o mando
una mese a inclinada, como á 2.000 pies sob e el ni-
el del alle, en la cual no sólo se cul i an ce eales,
sino que ambien p ospe an la iña
y
el oli o. De
es a mese a a anca la cima de la mon aña, p esen-
ando un aspec o en ex emo esca pado
y
ag es e.
Sin emba go, la pa e p óxima á la mese a se halla
cubie a de bosques o mados po pinos, encinas
y
cas años, en e los que se des acan á echos g andes
peñascos. Es os bosques, c uzados po un sinnúme o
de a oyos y o en es, cub ian con la impene able
(1)
Alkman. F agm. 4, ed. de Be gk. Cu ius, Peloponeso, II,
página 316, obse . 42.
(2)
Suponiéndole de i ado de
spéi d
semb a .
(3)
Ross, Viages
(Reisen)
pág. 190.
259
ed de sus copudos á boles
y
plan as epado as las
ca e nas
y
ba ancos que du an e muchos siglos
o ecie on segu o albe gue á innume ables osos, lo-
bos, cie os, ja alies
y
cab as mon eses, que hacian
de la sie a inmedia a á Espa a, comp endida en e
el Tale on
y
el Euo as, el mejo cua el de caza que
habia en oda la mon aña (1). Algunos pasos más a -
iba, bosques de á boles de aguja suceden á los plan-
íos de encinas y cas años
y,
pasada una es echa aja
semb ada de e de ye ba, a ancan al bo de mismo de
la p ade a ó del bosque, gigan escas mu allas de o-
jiza pied a, cuyas cimas se hallan cubie as de nie e
du an e dos e cios del año: es as eno mes masas de
pied as ojas
y
comple amen e peladas p esen an un
aspec o g andioso y o man con la co ona de e do
que las odea un pano ama singula en ex emo.
La adicion espa ana asegu a que A is odemo,
he mano de A is omaco, ué el caudillo que condujo
á sus an epasados al alle del Eu o as, donde mu ió
poco despues del nacimien o de los dos mellizos que
le pa ió su esposa A gia, hija de Au esion. Con o -
mándose con los an iguos usos y -leyes del pais, los
lacedemonios esol ie on que el mayo de los dos
he manos uese p oclamado ey; pe o como e an an
pa ecidos, hubie on de p egun a á la mad e, quien
con la mi a de que sus dos hijos uesen sobe anos, de-
cla ó que no sabia cuál de los dos nació el p ime o,
aunque con pe ec o conocimien o de que no decía
e dad. Los lacedemonios, en is a de semejan e de-
cla acion, en ia on un mensaje á Del os con enca go
de escla ece es e asun o; pe o el p o é ico númen
les
mandó únicamen e que hon asen especialmen e al
(1)
Cu ius, Peloponeso,
II.
206.
260
mayo de los mellizos. Queda on con es e o áculo an
con usos como an es; pe o ocu ióles en ónces la eliz
idea de obse a á la mad e pa a e á cuál daba el
pecho ó la aba p ime o. Gobe nados los espa anos
po an ingenioso consejo, no a on que la esposa de
A is odemo daba siemp e á uno la p e e encia en
odas las cosas;
y
omando al gemelo que la mad e
p e e ia, c iá onle
y
educá onle po cuen a del Es a-
do, poniéndole po nomb e Eu is enes, mien as que
al segundo le llama on P ocles.
En e an o ué enca gado de la u ela de los me-
llizos su io The as, he mano de su mad e, quien
eje ció la egencia del eino du an e la meno edad
de sus sob inos. Casá onse és os con dos he manas
gemelas hijas de The sand o, suceso de C esippo, que
u o po pad e á Hé cules,
y
cuyos nomb es e an
La h ia y Anaxand a. Pe o no obs an e los múl iples
mo i os que Eu is enes
y
P ocles enian pa a ama se,
nunca ue on buenos he manos, sino émulos en e si
y con a ios sempi e nos , en lo que les imi a on
siemp e sus descendien es, has a que Licu go puso
é mino á es a ana quía con sus sábias leyes (1). A
Eu is enes sucedie on en el gobie no sus descendien-
es Agis
y
Ejes a o,
y
los suceso es de P ocles ue-
on Eu ipon, P i anis y Eunomo, hijo, nie o y biz-
nie o de P ocles espec i amen e.
His o iado es g iegos más mode nos ponen al ey
Soos en e Eu ipon
y
P i anis, aunque He odo o no
hace mencion alguna de ese p íncipe,
y
con azon,
(1) He odo o, VI, 52. IV, 147. Pausan., III, 1, 16. Segun una
adicion co ien e en e los g iegos, A is odemo ué mue o en Del-
os an es de pasa con sus hues es el Gol o, ó po un ayo ó po el
mismo Apolo; aunque o os opinan que pe eció en un comba e lib ado
con a los a gi os. Véase Apolodo o,

8.
..
n
261
pues a que así como Agis, po se el suceso inme-
dia o de Eu is enes, dió nomb e á la amilia egia de
los Agidas, Eu ipon, que dió el suyo á la linea segun-
da, debe segui inmedia amen e á P ocles. Po an o
no
puede deci se que He odo o omi iese en su lis a
uno de los eyes espa anos, sino más bien que ue
añadido po his o iado es más mode nos, con obje o
de iguala las dos lineas que ocupa on el ono de La-
cedemonia. En la lis a de He odo o apa ece Eunomo
despues de P i anis
y
Polidec es, pe o Simonides le
hace igu a an es.
Al mo i Ejes a o dejó un hijo llamado Labo ao,
pe o siendo de meno edad se enca gó de la egencia
del Es ado Licu go, he mano de su pad e. Hallábase
á la sazon educido el eino á an espan osa ana quía,
que nadie obedecia las leyes, po lo cual ínole á Li-
cu go el pensamien o de e o ma la cons i ucion, se-
gun el modelo de la que egia en C e a, no sin adop-
a e icaces medidas pa a hace que sus leyes uesen
espe adas. Suje ó á nue os eglamen os el se icio
mili a , las Enomo ias, las iacadas y las sisi ias, y
c eó el cue po de inspec o es
y
el consejo de los an-
cianos. Tal es el esúmen de las no icias que da He-
odo o sob e Licu go y las leyes que in odujo en
Espa a. Pe o el poe a Simonides supone que el a-
moso legislado ue descendien e de P ocles,
y
no de
Eu is enes, como da á en ende el his o iado de Ha-
lica naso. Al deci del mencionado a e, el ey P i a-
nis u o dos hijos, llamados Eunomo y Licu go; á la
mue e del p ime o se enca gó Licu go de la egen-
cia del Es ado, du an e la meno edad de su sob ino
Ja ilao (1).
(1) Plu . Lyc. II. Suidas,
Lukú gos.
Schol. Pla . in Bekke Com-
inen . II, 419.

262
Exis e aún o a e sion, segun la cual, el
.
ey
Eunomo u o dos hijos:
.
Polidec es
y
Licu go; el p i-
me o de los cuales, que e a el mayo , le sucedió en
el ono; pe o á su mue e omó las iendas del go-
bie no el segundo, po no habe dejado aquél más
que un hijo de meno edad, llamado Ja ilao. La ma-
yo pa e de los his o iado es con ienen en que Li-
cu go e a io de Ja ilao y he mano meno de Poli-
dec es, opinion sus en ada igualmen e po A is ó e-
les (1). Muchos asegu an además que ué el sex o
sobe ano despues de P ocles,
y
algunos sos ienen que
ué io de Eunomo
(2) .
Pe o segun o a adicion, sus en ada po esc i o-
es más mode nos, el ey Eunomo, pad e de Polidec-
es
y
de Licu go, ué mue o en uno de los umul os
que se p omo ie on du an e su einado en Espa a,
donde impe aba el más comple o desó den (3). Suce-
dióle Polidec es, que mu ió poco despues de su aseen-
sion al ono;
y
no habiendo dejado descendencia,
habia ya omado Licu go las iendas del gobie no,
cuando supo que la muje de su he mano es aba en
cin a. En onces la desna u alizada hemb a se o eció
á abo a el u o que lle aba en su seno, si Licu go
acep aba su mano. És e, apa en ando a o ece los
planes de la mad e, con obje o de sal a al niño,
con es ó que él se enca ga ia de imagina los medios
pa a deshace se de la c iplu a despues que naciese.
Cuando llegó el iempo del pa o, aquélla dió á luz
un niño, que inmedia amen e ué en egado á Licu -
go, pa a que cumpliese lo pac ado; pe o és e p esen ó
(1)
A is o . esp. II, 7. V, 10.
(2)
E o o, en Es abon, 481. Plu . Lyc. 2. Jus in. III, 2, Pausa-
nias, III, 2. IV, 4. Dionisio de Halic. II. 49.
(3)
Plu . Lyc. II.
263
la c ia u a á los que se hallaban p esen es, diciendo:
«Espa anos, un ey nos ha nacido.» Y en seguida le
colocó sob e el ono, dándole po nomb e Ja ilao,
que quie e deci «aleg ía del pueblo.» Todos econo-
cie on á Licu go como u o de su sob ino; pe o la
iuda de Polidec es, pa a enga se del desp ecio que
hicie a de su mano, ayudada po los homb es malé-
olos que la odeaban
y
po enemigos del u o , hizo
espa ci el umo de que Licu go conspi aba con a
la ida de su pupilo; sabido lo cual po el noble he -
mano de Polidec es, abandonó la ciudad con el p o-
pósi o de no eg esa á ella has a que su sob ino lle-
gase á la mayo edad (1).
Di igióse p ime amen e á C e a donde, al de-
ci de A is ó eles, pe maneció una la ga empo ada;
de aquí emp endió un iaje á las colonias jónicas de
la cos a asiá ica y desde es as hubo de aslada se á
Egip o (2). De eg eso en Espa a, hacen no a algu-
nos his o iado es que halló á Ja ilao en posesion de
una au o idad i ánica, siquie a o os asegu en que
po aquél en onces habian pe dido los eyes de Es-
pa a su an e io p es igio (3).
Sea es o lo que quie a, la si uacion de Espa a no
debia se muy halagüeña, cuando Licu go de e minó
e o ma la cons i ucion del Es ado, segun los p in-
cipios y leyes que habia conocido en o os paises,
pa icula men e en C e a. No es menes e ad e i
que an impo an e cambio encon ó una oposicion
igo osa; pe o el legislado echazó la ue za con la
ue za,
y
un dia se p esen ó de imp o iso en el me -
(1)
Es abon, 482.
(2)
A is o . Poli . 11,1.
(3)
A is o . Poli . Y, 10. He acl. Pon . II,
3. Epis . Pla . 8, 354.
264
cado con ein a de sus pa ida ios bien a mados, al
obje o de impone espe o á los enemigos de la e o -
ma ( I). En un p incipio huyó Ja ilao á la casa de
b once de A henea, pe o luego ab azó la causa de Li-
cu go
y
omó pa e ac i a en la e o ma de la ley un-
damen al del Es ado.
Como p incipal apoyo de su cons i ucion es able-
ció Licu go el consejo de los ancianos; en seguida
p ocedió á deslinda los de echos del pueblo y de los
eyes;
y
pa a iguala en lo posible las clases sociales
y
e i a que unos nadasen en la opulencia mien as
o os se hallaban sumidos en la mise ia, hizo una
nue a epa icion de ie as, con lo cual log ó que,
po en onces á lo menos, no hubiese en e los ciuda-
danos de Espa a más di e encia social que la p oce-
den e de sus buenas ó malas acciones. Pa a mejo lo-
g a es a igualdad es ableció los banque es comunes,
y
sup imió las monedas de o o
y
pla a in oduciendo
en su luga el uso de monedas de hie o.
Pa a e i a el excesi o lujo en las habi aciones
y
muebles, no sólo p ohibió la p ác ica de odas las a -
es y o icios inú iles ó supé luos, sino que además
p ohibió en Espa a oda clase de come cio. Consi-
de ando co no una de las más nobles é impo an es
a eas del legislado la que se e ie e á los niños, e-
comendó como base p imo dial de la enseñanza los
eje cicios del cue po, encaminados á p opo ciona
obus ez
y
ue za, la p ác ica de la obediencia
y
el es-
pe o á los pad es y á los ancianos. Al obje o de que
los espa anos no se deja an seduci po el mal ejem-
plo les p ohibió absolu amen e iaja ue a del país
y
mandó sali del mismo á odos los ex anje os.
(1) Plu . Lyc. c.
.
He mippo de Smy na hace nencion nominal
de ein e de es os pa ida ios de Licu go.
265
E a p eciso imagina un medio pa a log a que
es a cons i ucion uese po odos
y
en odo iempo ob-
se ada
y
Licu go ideó uno an ingenioso como he-
óico. P ime amen e hizo ju a á los eyes, conse-
je os
y
á odos los espa anos en gene al, que no
in oduci ian en ella modi icacion alguna has a que
ol iese de un iaje que se p oponia emp ende á
Del os, á in de p egun a al númen si las leyes po
él dic adas se ian su icien es pa a p ocu a la salud
del Es ado y omen a la i ud en e los ciudadanos.
Di igióse e ec i amen e á Del os, donde cumplidas las
usuales ce emonias, le espondió el p o é ico númen
que las leyes e an buenas
y
que Espa a alca iza ia
incompa able ama si e a cons an e en gua da la
cons i ucion
de Licu go.
No bien le ué comunicado es e o áculo po la pi-
onisa, empezó á pone en p ác ica un pensamien o
po cuya ealizacion ligaba pa a siemp e á
los
espa -
anos á la obse ancia de sus
leyes. Despidióse de
sus
hijos
y
amigos, y desde aquel ins an e se abs u o de
oma alimen o, o eciendo po su pueblo es e sac i-
icio olun a io de sus ancianos dias.
Algunos his o iado es asegu an que es e homb e
ex ao dina io mu ió en Ci a, ciudad de Focide,
y
o os sos ienen que acabó sus dias en Elis. Sin em-
ba go, Timeo es de pa ece que mu ió en C e a, y el
espa ano A is óc a es cuen a que los amigos que Li-
cu go enia en dicha isla, obedeciendo las ins uccio-
nes del ilus e inado, quema on su cue po
y
a oja-
on sus cenizas al ma , á in de que los espa anos
nunca log asen esca a sus es os
y
se c eyesen po
es e hecho lib es del ju amen o p es ado (1). Po o a
(1)
Plu . Lyc. c. 31.
272
undamen os en que esas no icias descansan, oda ez
que ni áun los nomb es de los eyes con quienes
man u o elaciones Licu go se hallan de. odo pun o
exen os del ca ác e legenda io que a ec a á la ma-
yo ía de los pe sonages que igu an en la his o ia he-
lena de es a época. A lo ménos es sospechosa la sig-
ni icacion que ienen es os nomb es: así Labo ao, de
quien ué u o Licu go, al deci de He odo o, signi-
ica «pas o del pueblo,» P i anis es «el que p eside,»
Eunomo «el buen de echo» y Ja ilao «la aleg ía del
pueblo.»
En lo que odos los his o iado es es án aco des,
es
.
en a i ma que los espa anos e an en e odos los
g iegos los que peo es leyes enían pa a gobe na se;
los que i ian con más licencia,
y
los que po más
la go iempo es u ie on di ididos en pa idos
y
ac-
ciones; po lo gene al nos ep esen an á sus mona -
cas ó como p íncipes débiles ó co no i anos (1). Es
cosa a e iguada que el pe íodo de comba e
y
de lu-
cha ué pa a los espa anos mucho Más la go que
pa a las o as po ciones de la aza do ica que con i-
buye on á la conquis a del Peloponeso. Po an o no
debe ma a illa nos que un pueblo que du an e dos
siglos en e os i ió en gue a cons an e con a los de
Amiclae, adqui iese, al pa que hábi os gue e os,
cos umb es casi sal ages, y ca ác e más indómi o
y
le an isco que el de las o as ibus a ines. Po lo
demás, en aquellos iempos en que el p edominio mi-
li a cons i uia el p ime elemen o pa a la ida de las
naciones, que odo lo esol ian po la ue za de las
a mas, no podia ménos de ele a se á g an al u a el
(1) Véase págs.
349 y 351; Isóc a es, Pana h. pág. 280
y
siguien-
es,
donde se supone exis en e ya
en
aquel iempo la lucha
en e
A is oc acia y Democ acia.

273
p es igio de un es ado esencialmen e mili a
y
gue -
e o como el de Espa a. En las poesías home icas
apa ecen los eyes in es idos de un pode absolu o
casi ilimi ado; pe o si es a au o idad e a compa ible
con las ins i uciones
y
géne o de ida de los nue os
es ados g eco-asiá icos , o mados po la sucesi a
ag egacion de pequeños e i o ios conquis ados en
di e en es épocas y po dis in as ibus, cuyos indi i-
duos se sos enian lo mismo con el p oduc o de la es-
echa po cion de e eno que co onaba sus ciudades,
que del á ico ma í imo
y
de la pesca, no sucedia lo
p opio en G ecia, cuyos es ados se cons i uye on po
la emig acion de los habi an es de unos e i o ios á
o os
y
donde aquellos ab azaban además conside a-
bles po ciones de e eno. Así emos que en el Pelo-
poneso, lo mismo que en el alle del Peneo, la ma-
yo ía de los conquis ado es, una ez posesionados de
los e i o ios que les cupie on en sue e, se p esen-
ai an e sus sobe anos, no ya como simples soldados
de un ejé ci o conquis ado , sino como indi iduos de
un cue po noble
y
ico en bienes de o una y en es-
cla os; capaz, po consiguien e, de de ende po cuen a
p opia sus in e eses con a los an iguos dueños del
país, en los pun os donde es os no apela on á la ex-
pa iacion ó á la uga.
TOMO VI.

18
IX.
LA_ CONSTITUCION DE LICURGO.
Po los hechos expues os en el cqpí ulo que an e-
cede, emos que la si uacion de Espa a dis aba mucho
de se lisonje a. Posesionados los do ios de las é iles
campiñas del alle del Eu o as, que no log a on de-
ende las a mas amiclenses, eduje on á casi odos
los lab ado es indígenas á la desp eciable condicion
de hilo as ó sie os (1), que e an los enca gados de
lab a las ie as de los nue os seño es, dejando en
a endamien o á los
pe ioikoi
ó
con ecinos, única-
men e algunos e i o ios poco e aces de las e ien-
es del Taige es
y
del Pa non. Como sucede en odo
epa o de bienes ajenos, aún en e los encedo es
e a mayo el núme o de los descon en os que el de
los sa is echos; casi odos se c eian pe judicados en
el epa o, y pocos i ían exen os de ambicion: los
más pode osos en e los conquis ado es del Eu o as,
o ma on un pa ido in luyen e que, adop ando una
posicion p o oca i a, llega on á desconoce la au o-
idad de los eyes; los pequeños p opie a ios,
y
g an
núme o de amilias op imidas, al con a io, pedian
(1) De
heáld es
ó
heild es,
p isione os.
275
que las ie as se epa iesen po igual en e odos
los que habian omado pa e en la conquis a, y de
odo es o esul aba una con usion que hacia imposible
la paz
y
el buen gobie no.
Hechos análogos se epi ie on en odos los nue os
es ados undados po los in aso es en di e sas co-
ma cas de G ecia, consecuencia ine i able del sis e-
ma de conquis a que habian adop ado. Pe o en Es-
pa a no sólo se p olonga on es as luchas in es inas
con a los aqueos mucho más iempo que en los o os
dis i os, sino que aún concu ió o a ci cuns ancia
que ec udeció la lucha y ele ó al más al o g ado el
desó den
y
el ódio de los pa idos: dos amilias se dis-
pu aban allí la posesion del ono. Es e dad que una
adicion co ien e en e los espa anos p esen a es a
doble mona quía como una ins i ucion legi ima, san-
cionada po el o o unánime del pueblo, como que
ué c eada poco despees de la conquis a. Pe o los dos
hijos gemelos de A is odemos, ep esen an es de esa
mona quía, son pe sónages de dudosa exis encia que
al ez nacie on en la an asía de un his o iado ó de
un poe a. E ec i amen e, pa a e es i con ca ac e es
de e osimili ud la leyenda ela i a á los dos p e en-
dien es, y da colo ido de legalidad á la di ision de
la sobe anía egia en e las dos amilias i ales, no
habla medio más adecuado que el de supone á es os
descendien es de dos p íncipes gemelos que ocupa on
simul áneamen e el ono.
Tenemos una nue a
y
no desp eciable p ueba de
que el einado de los dos gemelos es pu a ábula, en
el hecho, bien singula po cie o, de que las dos a-
milias einan es en Espa a, no oma on el nomb e
de sus p ogeni o es Eu is enes y P ocles, sino de
Agis hijo del p ime o
y
de Eu ypon hijo ó nie o del
276
se
g
undo. Así emos que se denominan agidas los
descendien es de Eu is enes, y eu ypon idas los de
P ocles, con lo cual se da bien cla amen e á en ende
que, al supone les o igina ios de los mencionados ge-
melos, no se u o o o obje o que el de explica el
o igen de esa doble mona quia,
y p oba que ambas
amilias se hallaban asis idas de iguales de echos á
la posesion de la co ona.
Mas po o a pa e, hace no a la adicion, se
ibu aban á Eu is enes más al os hono es que
á
su
he mano, de lo cual se desp ende que los agidas
o maban la amilia más an igua
y
los eu ypon idas
cons i uian la línea más j ó en y po an o la que mé-
nos de echo enia á ocupa el ono. O écesenos un
nue o
é
impo an e da o, ela i amen e á la si uacion
en que se hallaban es as amilias y á sus elaciones
mil uas, cuando se nos dice que an o ellos como sus
descendien es ue on siemp e émulos en e si, y con-
a ios sempi e nos, no icia que cuad a pe ec amen e
á p e endien es que se dispu an una co ona,
y
de la
cual pa ece deduci se que ocupa on el ono de Es-
pa a al e na i amen e p íncipes o igina ios de es as
amilias, has a que se a inie on á e mina la con-
ienda celeb ando un con enio en i ud del cual se
di idie on en e ambas la sobe anía égia, con odos
sus debe es y p i ilegios. Es as hipó esis p esen an el
asun o en cues ion bajo un aspec o más cla o y e-
osímil, ya que no cabe explica ni en ende de o a
mane a una ins i ucion an ex aña como la de es a
doble mona quía, de que no hay o o ejemplo en la
his o ia del humano linage.
Poco despues que los espa anos se posesiona on
,
del alle del al o Eu o as, un descendien e de la a-
milia de Eu ypon a ó de hace ale sus p e en-
277
didos de echos á la co ona, con a los suceso es de
Agis, que á la sazon ocupaban el ono.. Es de ad-
e i que ambas amilias se c eian con iguales de e-
chos.al mando po descende de Hilo, hijo de Hé -
cules. Como siemp e sucede en ales casos, los do ios,
pa icula men e la nobleza, ap o echa on es as di-
sensiones domés icas pa a debili a más
y
más la
au o idad égia; cosa ácil en ex emo oda ez que
el econocimien o de uno de los p e endien es po
cualquie a de las acciones en que el pueblo se halla-
ba di idido, e a siemp e consecuencia de p i ilegios
y concesiones que el ag aciado les hacia; po eso ha-
blando de los mona cas de es e pe íodo se dice en
di e sos documen os adicionales que la au o idad
égia es u o unas eces en manos de p íncipes débiles
y en pode de i anos o as. Dános á en ende es e
da o, po lo, ménos, que en el ono de Espa a se
sen a on al e na i amen e p íncipes de las dos ami-
lias p e endien es, no sin que, á eces, subiesen los
unos sob e las uinas de los o os, has a que llegando
al más al o g ado posible el desconcie o
y
la pe -
u bacion in e io ,
y
amenazada la exis encia de un
Es ado jó en, cuya base es aba cons i uida po un
co o núme o de do ios, eniendo bajo su dominacion
nume osas
y
he e ogéneas masas de
pe ioikoi y
de
hilo as, algunos homb es que conocian lo pelig oso
de si uacion an anómala, pensa on en pone é mino
á es e es ado de cosas.—Ocu ió en onces una mino-
ía en una de las amilias p e endien es, no se sabe
con ce eza en cual, pe o la e sion de He odo o hace
c ee que ué en la de Agis, y Licu go en ez de ce-
ñi á sus p opias sienes la co ona, como o os hubie-
an hecho, ap o echó es a eliz ci cuns ancia pa a
celeb a un con enio con la amilia i al de su so-

218
b ino, en i ud del cual, pa a lo sucesi o, lle a ia las
iendas del gobie no simul áneamen e un p íncipe de
cada linage. Si es e a eglo no a o ecía g an cosa
los in e eses de la nacion, e a en ex emo en ajoso
pa a la nobleza, oda ez que es a di ision de la au-
o idad sup ema queb an aba no poco el p es igio de
la sobe anía égia, cuya p incipal ue za es iba an o
en la unidad como en el mé i o pe sonal del que la
eje ce; pe o la gene alidad de la nacion acep ó con
place un a eglo que ponia é mino á una lucha an
la ga como pe niciosa pa a el pais.
Es e comp omiso en e las dos amilias p e en-
dien es al ono de Espa a cons i uye la pa e más
impo an e de la e o ma in oducida po Licu go
en la ley undamen al de su pá ia. Una ins i ucion
an nue a y an ex aña, como la doble mona quía
o iginada de es e con enio, no podía subsis i mucho
iempo, si no se p omulgaban leyes y disposiciones
que egulasen el eje cicio de la égia sobe anía. P e-
cisaba en p ime é mino de ini con cla idad los
de echos y p e oga i as de los sobe anos, y los que
co espondian á los nobles, a ea di ícil po ex emo
despues de una gue a an p olongada en que odo se
habia con undido y as o nado, ya que debia comen-
za se po qui a á las dos amilias i ales
has a la
posibilidad de encende de nue o la gue a, y de
aumen a sus espec i os pa idos po medio de con-
cesiones á la nobleza, con las cuales comp aban an-
es el apoyo de su causa.
Pe o en una época an umul osa, en ci cuns an-
cias an c i icas
y
aza osas como las que Espa a
a a esaba, no podia man ene se po mucho iempo
la paz, ni subsis i el mencionado con enio, si las le-
yes en que se undaba no se hacian p ocede de los
279
dioses ó á lo menos se ob enia pa a las mismas la
sancion de los inmo ales, de al sue e que no se aca-
asen como leyes exclusi amen e humanas, sino más
bien como p ecep os di inos. lié aqui po que Licu go
an es de p omulga sus leyes, ué á Del os pa a con-
sul a al o áculo que, segun dijimos an es, gozaba de
g an au o idad en e los do ios, desde los iempos más
emo os;
y
al pun o mismo de en a en el emplo le
dijo la py hia:
A mi emplo ú ienes, ¡oh, Licu go!
De Jo e amado y de los o os dioses,
Que habi an los palacios del Olimpo.
Dudo llama e dios ú homb e llama e,
Y en la pe plejidad en que me eo,
Como dios, ¡oh, Licu go! e saludo (1).
Vemos, pues, que los sace do es del san ua io
dél ico, no con en os con pone á Licu go bajo la
p o eccion especial de su pode oso númen
y
con de-
ci que la Py hia le enseñó los excelen es eglamen os
que no maliza on la si uacion de Espa a, ele á onle
po encima de odos los demás homb es y los mis-
mos espa anos le enían en ene acion suma, ha-
biéndole consag ado un emplo despues de sus dias,
donde se le ibu aba el cul o p opio de los g andes
hé oes. A la consul a de Licu go, sob e la mane a
de a egla la cons i u cían in e io de Espa a, es-
pondió el o áculo en es os é minos: «Le an a un
(1) He odo o, I, 65, aduccion del P. Pou. Hay quien niega la
au en icidad de es e o áculo, pe o Plu a co (Ad . Colo en, e. 17)
asegu a que se encuen a en las ac as ó an iguos esc i os de los la-
cedemonios (en
Uds palaio á ais anag á ais).
Po lo demás, el halla se
edac ado en e so no puede se i de a gumen o, ni en p ó ni en con-
a, oda ez que igno amos si en la an igüedad se comunicaban
los o áculos en p osa ó en e so, siendo muchos
y
muy dis inguidos
los esc i o es que acep an lo úl imo.
280
emplo á Júpi e Helanio
y
á la A hena Helania; di-
ide las ibus
y
es ablece ein a obes ó secciones;
ins i uye el consejo de los ancianos con los je es su-
p emos del gobie no; con oca de ez en cuando las
asambleas en e Babyca
y
Cnakion an e las cuales
p esen a ás (las leyes ó e o mas) y aboli ás (lo de-
ec uoso); haciendo que el pueblo enga sus asam-
bleas
y
su pa icipacion en el pode » ( 1).
Aunque el o áculo o denó á Licu go que di idie-
se el pueblo en ibus, con iene hace no a que es a
di ision exis ia ya, en pa e al ménos, 'mucho iem-
po án es que apa eciese es e legislado . Di idianse
los espa anos en las es ibus de los hyleos, dyma-
nes y pam ilios. Los p ime os p e endian descende
nada ménos que de Hé cules, po su hijo Hilo; mien-
as que las dos úl imas ibus descendian espec i-
amen e de Dyman y Pam ilo, hijos á su ez, de
Egimio, an iguo p íncipe que einó sob e los do ios,
cuando es os mo aban en las e ien es del Olimpo
y
del que hicimos mencion an e io men e.
Dedúcese de es a genealogía que el pueblo espa -
ano se componia de he aclidas y do ios; siquie a la
leyenda que a ibuye o igen he aclida á los hyleos
se
unde únicamen e en que los eyes o iundos de
es a ibu p e enden se descendien es del más amo-
so de los hé oes helenos. La ibu de los pam ilios
comp endia un g an núme o de amilias de di e sas
p ocedencias ag egadas á ella en épocas di e en es
y
po esa azon, p esen aba un ca ác e más he e-
ogéneo que las o as. Pe o la ci cuns ancia de apa-
ece los nomb es de es as ibus no solamen e como
elemen os cons i u i os del pueblo espa ano, sino
(1) Plu . Lyc., c. 6.
281.
ambien como pa e in eg an e de los o os es ados
do ios undados en el Peloponeso: en A gos
'
Si-
cion, Epidau o, T ecena
y
Mega a, nos hace su-
pone que es a di ision exis ia ya guando los do ios
a a esa on el es echo de Rhion pa a in adi el
mencionado Peloponeso (1).
Po an o el o áculo dél ico no hizo o a cosa que
sanciona una ins i ucion ya igen e,
y
á la que Li-
cu go, po halla se al ez algo ol idada, dió lími es
más p ecisos incluyendo en las mencionadas ibus á
odas las amilias de los emig ados, áun aquellas que
hhs a en onces no habian pe enecido á ninguna,
y
haciendo que odos los do ios que componian la e -
dade a nobleza espa ana, es u iesen a iliados á una
de las ibus.
Pe o Licu go no ,puso an o cuidado en o gani-
za es as es ibus como en o ma g emios ó aso-
ciaciones den o de las mismas, que habian de se la
base de su o ganizacion polí ica. Nadie igno a que la
o ma p imi i a
y
más na u al de asociacion en la
sociedad humana es la que se unda en la comunidad
de o igen, en la elacion de la sang e. A en o á es e
p incipio Licu go no solamen e eunió á su pueblo
en es g upos ó ibus segun sus o ígenes ó analo-
gías, sino que ambien siguió es e c i e io pa a es a-
blece las subdi isiones in e medias en e la ibu
y
la amilia, en su más simple acepcion conside ada.
Es muy na u al que así p ocedie a el sabio le-
gislado espa ano oda
ez
que la o ganizacion po-
li ica de un pueblo cualquie a ha de pa i necesa ia-
men e de la amilia, omada en su más genuina acep-
(1)
Boeckh, Co pus insc ip . núm. 1.123. Mülle , Los do ios
(Do,
ie ), II, pág. 75.
288
á cada uno de los p íncipes doble acion que á los
demás con idados, debiendo ambien ellos da co-
mienzo á las libaciones eligiosas.
En odas las Neomenias
y
Hebdomas, ó sea en
lom
dias 1.° y 7.° de cada mes se p esen aba á cada uno
de los eyes, en el emplo de Apolo, una íc ima ma-
yo ó macho, que ellos mismos o ecian al ubio
númen po el bien comun,
,
con un medimno de ha ina
y un cua illo lacedemonico de ino (1); de es o se
desp ende que ellos e an ambien los que más di ec a
elacion man enian con el san ua io dél ico, siendo
es a una de las p incipales p e oga i as de la mona -
quía, en i ud de la cual aún despues que pe die on
su p es igio y casi odos sus p i ilegios, pudie on los
eyes eje ce una g an in luencia sob e el pueblo: á
ellos pe enecian asimismo las pieles de las íc imas
sac i icadas en odo el eino.
En las ies as
y
juegos públicos, los p ime os
asien os es aban ese ados á sus pe sonas; á ellos
co espondia el nomb amien o de p oxenos,
comisa-
ios ó p ocu ado es públicos enca gados de los nego-
cios de las o as ciudades, y cada uno de los p íncipes
podía elegi dos Pi ios ó consul o es eligiosos que
e an dipu ados pa a Del os, donde se ian pa a man-
ene más ac i as las elaciones con el númen allí
ado ado; pe sonas alimen adas del público e a io
como los mismos eyes, y que enian á se co no los
eólogos del Es ado, á quienes, jun amen e con los e-
yes, es aba encomendada especialmen e la conse a-
cion de los o áculos que hacian elacion al bien pú-
blico.
Las leyes de Licu go obligaban á que los espa a-
(1) El medimno enia á ene 6 celemines.

289
nos comiesen en comunidad, epa idos en di e sos
e ec o ios ó
Sisi ias ,
en que los eyes o maban
mesa apa e; pe o si es os no concu ían á la mesa y
comida pública, se les pasaba en sus casas dos cheni-
ces de ha ina, y una co ila de ino pa a cada uno,
mien as que si asis ian á la mesa comun dobla,baseles
la acion, debiendo se a ados en los con i es pa -
icula es de la misma mane a que en las comidas pú-
blicas. Rese ábanles ambien un lechon de cada pa -
o de sus ma anas, á in de que nunca les al asen
íc imas pa a los sac i icios.
IJabia además cie as causas cuyo conocimien o
es aba ese ado á los eyes, como son: decidi con
quien debia casa se la pupila he ede a que no hubiese
sido desposada con nadie po su pad e, si los pa ien-
es no es aban aco des; cuida de odo lo ela i o al
man enimien o de los caminos públicos, y examina
las adopciones, de al sue e, que si uno que ía oma
po hijo á o a pe sona, la adopcion debia celeb a se
en p esencia de los p íncipes (1). Cuando es os en-
aban en una asamblea ó éunion pública odos los
concu en es debian le an a se de sus asien os.
Po la e o ma de Licu go, una g an pa e de los
bienes que se les habian asignado al e i ica se la
conquis a del país, pasó á se p opiedad del munici-
pio ó del comun, que po ez p ime a en la his o ia,
apa ece como una en idad eal
é
independien e en el
Es ado,
y
que á su ez se enca gó de suminis a á
los eyes los subsidios an es mencionados.
No obs an e, conse a on aquellos algunos bienes
y
el p oduc o de lo que se llamaba «impues o eal,»
que debian abona los pe ioicos, con lo cual
y
con
(1) He od., VI, 56
y
57. Jeno . Rep. de Laced., 15
TOMO VI.

19
290
los egalos que de o icio les es aban señalados, enian
á se las pe sonas más pudien es de odo el eino (1).
Po esidencia enian una casa an igua y sencilla en
ex emo cuya cons uccion se a ibuía á A is o-
demo (2).
Cuando allecia un ey le sucedia el hijo mayo
habido, despues de su ad enimien o al ono, en mu-
je espa ana p ecisamen e. Si no dejaba ningun hijo
que á es as condiciones euniese las do es de in eli-
gencia y de cue po que en un ey se equie en, le su-
cedia el pa ien e a on más p óximo, que e a Cambien
el designado pa a desempeña la egencia du an e la
meno edad del legí imo he ede o. El ad enimien o
de un ey al ono de Espa a se celeb aba con sac i-
icios, bailes
y
co os, cos umb e que se seguia desde
los comienzos de es a mona quía (3).
Si g andes e an las demos aciones de hono que
los espa anos ese aban en ida á sus p íncipes,
mayo es aún se las hacian despues de mue os. Lo
p ime o unos mensaje os á caballo iban dando la no-
icia de la mue e po oda Lacedemonia, y en la ca-
pi al, unas muje es iban ocando un a abal po odas
las calles. Al iempo que es o pasaba, e a o zoso que
de cada amilia dos pe sonas lib es, homb e
y
mu-
je , se desaliñasen
y
is iesen aje de lu o, incu -
iendo en ga es penas si dejaban de hace lo. Al en-
ie o concu ian no solamen e los espa anos, sino
los na u ales ó ecinos de oda Lacedemonia. Jun os,
pues, en un mismo luga y en núme o conside able
los ecinos lib es, hilo as
y
pe ioicos, en compañia
de sus espec i as muje es, se daban ue es golpes
(1)
Plu . Alcib., I, 122. Mülle , Los Do ios, II, 106
y
107.
(2)
Jeno on e, His o . g ieg. V, 3,20.
(3)
Tucidides,
-
V, 16.
291
en la en e mo iendo un g an
llan o y diciendo
siem-
p e, que el ey que acababan de pe de e a el mejo
de los eyes. Du an e los diez dias consecu i os al
en ie o eal como en dias de lu o público, ce ábanse
los ibunales
y
cesaban los comicios y oda clase de
abajos públicos. Los eyes espa anos, segun hace
no a Jeno on e, e an hon ados á su mue e, no como
homb es o dina ios sino como g andes hé oes. El
pan eon de los eu ypon idas es aba si uado al Su de
la ciudad, no lejos de la ía de Amiclae,
y
el de los
agidas, que como sabemos e an los legí imos dueños
del ono, se hallaba debajo de la ciudadela (1).
El cue po de ep esen an es de las obes, con los
dos eyes á la cabeza, e a el enca gado de esol e
odas las cues iones de in e és público. Pe o cualquie-
a que uesen las esoluciones de es e consejo, y aun
despues de se ap obadas po sus p esiden es, si se
e e ían á la paz
ó á
la gue a,
ó
enian po obje o
in oduci alguna inno acion que a ec ase á las ins-
i uciones igen es del Es ado, no enian e ec o sin la
sancion del pueblo. En iempos an e io es á la con-
quis a de los do ios, como aho a en los es ados jonios
del o o lado del ma , la g an asamblea del pueblo se
eunía únicamen e pa a escucha los dec e os ema-
nados del sobe ano y p e io el conocimien o de las
azones en que se undaban ó que les habian mo i ado,
p es a le ciega
y
al pa ece olun a ia obediencia;
pe o en los es ados do ios del Peloponeso sucedian las
(1)
He od., VI, 58. Jeno on e, Hellenica, III, 3, I. Repúbl. de
Lacedem. 15. Pausan., III, 12. 14. Cu íus, Pelopon. II, 232. 214.
292
cosas muy de o o modo. Reducida la poblacion an-
igua á la ca ego ía de pe ioicos y de escla os, el e -
dade o pueblo le o maban exclusi amen e los ence-
do es. La mayo pa e de es os e an pe sonas pudien-
es que, al e i ica se la conquis a, se habian incau ado
de los mejo es
y
más e aces e enos del país,
y
que,
median e es e i ulo y el de conquis ado es, o ma on
la clase noble, no sin a oga se póde es
y
p e oga-
i as de que ca ecia el pueblo, los gue e os y aún
la nobleza de los iempos an iguos. Po an o, el
nomb e
pueblo
con que en Espa a se designaban las
amilias do icas, e a sinónimo de nobleza y és a, en
la mayo ía de los es ados undados po los do ios con
el u o de sus conquis as, ep esen aba la clase do-
minado a, la a is oc acia.
Obedeciendo el manda o con enido en el o áculo
de o o ga al pueblo su asamblea y el pode co es-
pondien e,*puso Licu go en manos de la asamblea de
los nobles la e dade a au o idad sobe ana, ó sea el
de echo de alla las g andes cues iones en úl ima
ins ancia, y con es a adical medida esol ió en a o
de la p i ilegiada clase el plei o empeñado desde an-
iguo en e la mona quía
y
la a is oc acia. En- i ud
de es a e o ma, los eyes no solamen e dependian
del sup emo ibunal o mado po los ep esen an es
de la nobleza ó de las obes, cuyos consejos e an pa a
,
ellos manda os, sino que la asamblea gene al del pue-
blo esol ia, con en e a independencia de los mismos,
odos los asun os de in e és común, como son la paz
y la gue a, la sucesion al ono en casos dudosos,
los con enios con pueblos ex anje os, la in odue-
cion de leyes nue as
y
o os de es a índole.
Todo espa ano que hubiese cumplido ein a a ios
enia de echo pa a o ma pa e de es a magna asa e
293
blea y emi i en ella su o o (1). Celeb ábase es a po
exp esa p esc ipcion del o áculo, en un luga si uado
en e el io Cnacion, que se eune al Eu o as no le-
jos de Espa a, y el puen e de Babyca; debiendo ene
luga p ecisamen e en el plenilunio de cada mes que
e a, en sen i de los espa anos, la época más ade-
cuada pa a empeza y lle a á cabo emp esas de al-
guna impo ancia: ese e a ambien el iempo señalado,
en Lacedemonia, pa a la salida de los ejé ci os
.á cam-
paña (2).
An es
y
despues de la e o ma de Licu go, la p e-
sidencia de es as asambleas es aba
ese ada á los
eyes; quienes, con los ge on es, e an los únicos con
de echo pa a habla en ellas, de sue e, que los sim-
ples nobles no podian hace uso de la palab a ni me-
nos p esen a á su ap obacion p oyec o alguno. Los
embajado es ex anje os e an admi idos en la asam-
blea de la sobe ana nobleza, despues que los ancianos
se habian pues o de acue do en el asun o que allí e-
clamaba su p esencia,
y
solo en onces les e a pe mi-
ido expone el obje o de su mision, ya sea que de-
mandasen auxilio de Lacedemonia ó que lle asen el
enca go de hace p oposiciones de paz ó de gue a.
Expues o el obje o de su embajada, debian e i a se
los in e esados pa a da luga á que la asamblea o-
mase acue do, no sin escucha an es el pa ece de los
eyes
y
de los ge on es, cuyas unciones desempeña-
on más a de los e o os. El pueblo sobe ano wni-
es aba su con o midad ó disen imien o á los
discu sos
de los eyes y del sup emo consejo
y
á los p oyec os
que á su ap obacion se exponian, po aclamaciones
(1)
Plu .,
I.ye. c. 25.
(2)
Cu ius, Pelopon., II, 237. Escolios á ' ucidid., I, 67.

294
signi ica i as de su olun ad. Pe o si es a no se halla-
ba expues a con cla idad ó si se c eia con enien e
pone más de mani ies o la can idad de o os que se
habian decla ado en a o ó en con a, los eyes man-
daban e i a á dis in o lado del luga en que se ce-
leb aba la asamblea á los que habian o ado en p ó
ó en con a (1).
Apaciguada la lucha en e las dos amilias que po
la go iempo se habian dispu ado el ono, median e
la c eacion de una doble mona quía; sa is echas las
p e ensiones con que la nobleza a aba de me ma
el pode égio po el es ablecimien o de un consejo
sup emo que ep esen aba, de hecho y de de echo, la
sobe ana au o idad de la clase noble, solo quedaba á
Licu go la á dua a ea de apacigua las in es inas
luchas de los pa idos en que la misma nobleza se
hallaba di idida.
P incipal causa de es os dis u bios, e a la desigual
epa icion de las ie as adqui idas po los es ue zos
de odos, siendo así que cuan os en la conquis a oma-
an pa e, ó sus espec i os suceso es, enían de e-
cho á un lo e igual del bo in ó sea del e i o io a e-
ba ado con da espada á los encidos; aún en la época
de la gue a del Peloponeso se eno gullecian los do-
ios de habe conquis ado con las a mas es e país, lo
cual demues a que du an e mucho iempo se man u-
o en e ellos esco
y
i o el ecue do de los hechos
de a mas que les alie on la posesion de an icas co-
ma cas (1). Siguiendo, pues, su polí ica de conco dia,
(1) Tucid., I,
'79. 87.
(1) Véase Tucid. IV. 126.
295
y
con medios y p ocedimien os análogos á los emplea-
dos pa a es ablece la paz en e los p íncipes p ime o
y
en e és os
y
la nobleza despues, a ó de pone
é mino á las pelig osas disco dias en e las amilias
icas
y
pob es, ó sea en e los p opie a ios
y
los que
no enian la o una de se lo, e ec uando una epa i-
cion más equi a i a de las ie as.
E a o zoso asigna e enos á las amilias que ca-
ecian de oda clase de bienes y aumen a las peque-
ñas p opiedades en é minos que bas asen á suminis-
a alimen o á los indi iduos que de o dina io cons-
i uyen una. Es o no podia log a se con iscando las
p opiedades de que los do ios se posesiona an al ob-
je o de hace un nue o epa imien o de las mismas,
oda ez que semejan e medida, caso de se ealiza-
ble, hubie a opezado con insupe ables obs áculos
y con una oposicion igo osa. Es a conside acion se
u o sin duda en cuen a pa a no moles a á los :ac-
uales p opie a ios omando 115s e enos necesa ios
pa a lle a á e ec o la ni elacion, en la medida posi-
ble, de los es ensos bienes que poseian los eyes desde
la época de da conquis a, y que en g an pa e pasa on
á se p opiedad del pueblo, median e la e o ma de
Licu go.
Aún habia o o medio de indemniza á los ménos
a o ecidos en el p ime epa o, del que sin duda
echa ia mano es e sabio polí ico, dado que e a el mé-
nos ocasionado á con iendas. El abajo manual del
homb e e a an necesa io y casi an alioso pa a los
conquis ado es do ios, como la p opiedad de las ie -
as, oda ez que aquellos, ni po
sus
an e io es cos-
umb es ni po su ca ác e de seño es, se a end ian
ácilmen e á empuña la es e a con la mano que
an es empuña an la espada. Po o a pa e no hubie
296
an podido conse a sus conquis as, ni man ene su.
ca ác e de dominado es sob e las nume osas masas
de hilo as
y
pe ioicos sin ene sob e las a mas un
núme o p opo cionado de gue e os de su p opia na-
ción, pe ec amen e adies ados en el a e de la gue a
cuya ocupacion e a incompa ible con los abajos
ag ícolas
y
con los cuidados que consigo lle a la ne-
cesidad de p ocu a el dia io sus en o á una amilia.
No hemos exage ado nada al deci que á los do ios
les e a an necesa ia la posesion de un núme o más
ó
ménos conside able de amilias ob e as, como la
p opiedad de las mismas ie as.
El g an núme o de Mo as que habia en el pais,
e a más que Su icien e pa a lle a á cabo odos los
abajos ag ícolas; lo que impo aba, pues, e a epa -
i los equi a i amen e en e los di e sos p opie a ios
do ios, segun la impo ancia de sus posesiones.
So-
me idos
es os hilo as po «las lanzas do icas»
y
edu-
cidos á su condicion míse a po el comun es ue zo,
odos los do ios enían igual de echo á u iliza sus
se icios; lié aquí po qué dispuso ambien el legisla-
do espa ano que se e ec uase un epa imien o equi-
a i o de hilo as, haciendo así más di ícil un le an a-
mien o de es os desg aciados que, desde en onces, po-
dian con más p opiedad conside a se como sie os
cuyo usu uc o co espondia po igual á odos los do-
ios. Desde luego se comp ende que es e epa imien-
o o ecía sin compa acion ménos di icul ades que una
nue a
y
más equi a i a di ision de las ie as.
De es a mane a supo acalla Licu go, si no odas,
al ménos una g an pa e de las p e ensiones de las a-
milias
ménos acomodadas de
su
pueblo, haciendo á
la
ez desapa ece una in e minable uen e de disco dias
y p i ando á los eyes del auxilio
que, en momen os
297
dados, pudie an encon a en los descon en os pa a el
log o de sus ambiciosos ines, con lo cual a o eció
ambien la educacion mili a de los do ios, an nece-
sa ia pa a la segu idad del Es ado. Y aunque la con-
se acion del equilib io económico que a ó de c ea
Licu go en e los encedo es do ios, se hallaba suje-
a á no pocas con ingencias, es a conside acion no
debió p eocupa g an cosa al legislado espa ano,
pues o que no adop ó medida alguna pa a e i a que
la p opiedad ol ie a á su desni el p ime o.
En los iempos que conside amos , eníase po
g a ísimo desaca o el enajena una pa e, po peque-
ña que uese, de los bienes que cons i uian la pa e na
he encia; holgaba, pues, oda disposicion encaminada
á e i a semejan es asmisiones de dominio, ya que
los g iegos de aquel iempo no conside aban la ie a
como obje o con que pudie a a ica se. Sábese
que en la an igüedad, lo mismo en Espa a que en
o os muchos paises, exis ia la cos umb e de no di i-
di la he encia pa e na en e los hijos, conse ándo-
se in ac a á mane a de mayo azgo, po lo cual, has-
a en época ela i amen e mode na, los he manos
meno es i ian bajo la au o idad del p imogéni o, ó
sea del gua dian del hoga
(hes iopámón),
como una
sola amilia, y no sólo consumían en comun las en-
as de los bienes he edados de sus p ogeni o es, sino
que, en el caso de que aquellas uesen de educida
cuan ía, se con en aban con una muje que compa -
ia el lecho de odos (1).
Hace no a A is ó eles que en Espa a se enia po
e gonzoso el a ica
.
con incas u ales,
y
o os es-
c i o es añaden que no e a pe mi ido enajena ó di i-
(1) Polybii
exce p . Va ie. XII, 6.
304
un asgo esencial
y
dis in i o del ca ác e nacional
heleno que en e los do ios, po sus especiales ci -
cuns ancias
y
su ida de gue as y a en u as, llegó
á se una necesidad, has a el pun o de que no ya los
p íncipes
y
nobles sino odos los gue e os que com-
ponian su ejé ci o, eíanse p ecisados á i i euni-
dos po secciones, comiendo jun os los manja es que
en el mismo uego se guisaban. Es ablecida como ley
es a cos umb e, en i ud de la cual, odo espa ano
debia pe enece á una de es as comp
a
ñías de gue e-
os, que, aún en iempo de paz, comian
,
jun os, i-
ian en iendas y obse aban en odo una ida de
campaña, no habia pelig o de que los conquis ado es
do ios se despa amasen po el país, an es bien se ha-
llaban siemp e acua elados y dispues os á la lucha.
Como p ime a
y
más impo an e á odas las dis-
posiciones mili a es de la e o ma de Licu go cuen a
He odo o la c eacion de las Sisi ias, po la cual odo
espa ano que habiendo cumplido ein e años, es u-
iese ap o pa a sali á campaña, debia insc ibi se en
una de es as compañías mili a es
(Skéne)
cuyos indi-
iduos comian siemp e jun os. Todo el que dejaba de
cumpli es e debe sag ado, e a ipso ac o excluido
de las ilas del ejé ci o, y po consecuencia p i ado
de eje ce los de echos que la cons i ucion o o gaba
á odos sus indi iduos, únicos que podian lle a el
i ulo de nobles (1). De es e hecho se deduce que pa a
los espa anos los de echos de ciudadanía e an inse-
pa ables del debe de se i á la pá ia en el ejé ci-
o
y
que no podia goza de los p ime os el que no
cumplia con el segundo.
La obligacion de i i en iendas y de ejecu a
(2) A is a. Poli . II, 6, 21.

305
odos los ac os de un soldado en campaña, hacia que
el pueblo espa ano u ie a siemp e delan e de los
ojos la imágen de la gue a
y
que sus illas y aldeas
más p esen asen el aspec o de umul uosos campa-
men os que de poblaciones paci icas que buscan en el
abajo los medios de sa is ace las necesidades de la
ida; po lo demás, el a o cons an e de unos indi i-
duos con o os as o mó con el iempo las compañías
en pací icas he mandades. En es os campamen os la
ienda del ey ocupaba el luga de p e e encia.
A la mesa de los eyes comian, además de los cua-
o pi ios, los o iciales ó polema jos más inmedia os
á sus pe sonas que,, en la có e de Espa a, desempe-
ñaban el papel que la nobleza al lado de los p íncipes
jonios. Cada ienda o maba una asociacion lib e,
compues a, po egla gene al, de quince indi iduos,
en lo cual cla amen e se descub e que Licu go es a-
bleció la asociacion lib e como base undamen al de la
o ganizacion del ejé ci o, sin ene pa a nada en
cuen a los lazos de amilia ó de pa en esco. Cuando
la mue e ocasionaba alguna acan e, al menos en
época más mode na, se p ocedia á elegi suceso , po
o acion que se e ec uaba echando cada uno de los
indi iduos de la compañía un pedaci o de pan en una
u na que sucesi amen e les iba p esen ando el asis en-
e; no pudiendo se admi ido sino el candida o que
ob u iese unanimidad de o os (1).
Cada indi iduo de la compañía con ibuia men-
sualmen e pa a su sos enimien o con una anega de
cebada que has a despues de las gue as medicas ué
el único g ano empleado en odo G ecia en la ab i-
cacion del pan, diez y nue e azumb es de ino, cinco
(1) Jeno ., Rep. de Laced. 15.
TOMO VI.
20
306
minas de queso, es lib as y media de acei unas ó de
higos
y
diez óbolos en moneda co ien e (1). La comi7.
da o dina ia consis ia en sopa eng asada con ocino,
cocida luego con sang e
y
ade ezada con sal
y
ina-
g e, pan y ino en abundancia. Despues de es o solia
p esen a se un pla o ex ao dina io, egalo de alguno
de los indi iduos del g emio á sus compañe os,
y
que,
po lo gene al, consis ia en caza, cogida po el do-
nan e en las aldas del - Taige es. En dias es i os se
se ian o os ex ao dina ios, y cuando se celeb a-
ban sac i icios á los dioses, epa iase en e las di e-
en es compañías la ca ne de las íc imas.
Podian excusa se de concu i á la mesa coman
los que habian inmolado en su casa alguna íc ima
en hono de los dioses
y
los que salían de caza; pe o
nadie podia e i a se á sus posesiones, ni áun bajo el
p e ex o de gi a una isi a á los hilo as, sin p é io
pe miso de la espec i a compañia. El mando y i-
gilancia de es os cue pos es aba á ca go de los pole-
ma jos y pa a la p epa acion
y
se icio de las comi-
das había maes os cocine os, que con sus dependien-
es, acompañaban al ejé ci o en. sus expediciones. De
o dina io, es os ca gos e an he edi a ios en cie as
amilias de pe ioicos
y
de hilo as (2).
Los 15 ó 16 gue e os que do mian bajo el echo
de una ienda haciendo ida coman, cual si uesen
indi iduos de una sola amilia, o maban la di ision
más pequeña en el ejé ci o espa ano, cuyo nomb e
(1)
Schdmann, an ig. g iegas, I, p. 271
y
273.
(2)
Llamábanse es as comidas públicas, á que concu ian odos los
homb es lib es de Espa a,
eidi ia,
ocablo que Schómann de i a de
30'7
enómo ia
ó de los ligados po mú uo ju amen o, es
man
i ies a p ueba de la obligacion en que odos se
hallaban de ampa a se y de ende se mú uamen e en
la pelea (1). Dos enómo ias, es deci , 30 ó 32 hom-
b es, o maban la di ision inmedia a supe io , llama-
da
iaka
á la cual seguia el
Ojos
que enia á su
en e un polema j o. Pa ece se que el ejé ci o espa -
ano se componia de cinco
lujos,
co espondien es á
las cinco illas ó ba ios en que es aba di idida la ca-
pi al, siendo a iable el núme o de plazas que le o -
maban, po depende es a ci cuns ancia del núme o
de soldados que hubiesen de sali á campaña. Jeno-
on e da seis polema jos, pe o sin duda comp ende en
es e núme o el je e de los hippag e es ó escuad on de
la gua dia mon ada, oda ez que, como obse a Tu-
cidides, no habia
lujos
que lle ase el nomb e del ba -
io de Pi ana (2). Po lo demás, se iene no icia de
muchas
y
sus anciales modi icaciones in oducidas,
con el ascu so del iempo, en la o ganizacion del
ejé ci o espa ano; así emos que en iempo de Je-
no on e se ian en él g an núme o de pe ioicos, cosa
que no u o luga has a despues de la gue a del Pe-
loponeso
y
o as muchas as o maciones se ad ie en
compa ando los da os de He odo o, Tucidides
y
Je-
no on e.
En e los .jó enes de 25 á 30 años escogíanse 300
obus os y de buena p esencia, pe enecien es además
á las amilias mejo acomodadas y 100 de cada uno
de los es
blos,
odos los cuales se ian plazas mon-
hi zonai,
sen a se ó es a sen ado
y
de
hedos
asien o, aunque o os
buscan su o igen en
éidomai
se económico, po la mode acion que
ea
es os es ines se ecomendaba. Schómann, p. 250 y 272.
(1)
No hay comple a segu idad espec o al núme o de soldados
que componial la
endmo ia.-
(2)
Tucid., I, 20.
308
adas, de donde les ino el hon oso nomb e de caba-
lle os
(hippeis),
conside ándoseles como la pa ee más
escogida del ejé ci o. Cada escuad on de es os se di-
idia en dos
(liamos
de 50 gine es (1). Al en e de
los escuad ones habia es
hippag e es
ó caudillos de
los caballe os que e an al p opio iempo los enca ga-
dos de escoge la gen e que debía se i bajo su man-
do y quizá ambien de designa los 100 que debian
o ma la escol a del ey, cuando es e salia á campa-
ña (e). -
An es de lle a á cabo es e ac o solemne, celeb a-
ba el p íncipe un sac i icio en hono de Júpi e Ha-
ge es ó sup emo caudillo de los ejé ci os. Si los augu-
nos e an a o ables á la emp esa, el po a uegos en-
cendia en la llama del al a el uego sac o que debia
lle a consigo, pa a que el ey se si iese de él en los
sac i icios du an e la campaña. An es de aspone
las on e as del país inmolábanse nue as íc imas en
hono de Júpi e y de A hene y no pasaba de allí el
ejé ci o si los augu ios e an des a o ables. Más de una
ez el ejé ci o espa ano e ocedió desde las mismas
on e as po habe se mani es ado en es e segundo
sac i icio que la olun ad de los dioses no e a p opi-
cia á la expedicion emp endida (3). Una an iquísima
imágen de los Dioscu os, hecha de made a, acompa-
ñaba á los eyes en odas sus emp esas mili a es. El
cul o de los dos hijos de Júpi e en el alle del Eu o-
as e a an e io á la conquis a, po lo cual sin duda los
(1)
Plu . Lyc. 23.
(2)
Jeno ., Repub. de Laced. IV, 3. He od, I, 67. En iempo de
Jeno on e, su agaban es os gine es los gas os que ocasionaba su
p opio sos enimien o
y
el de su mon u a, lo cual es buena p ueba de
que los 300 caballe os debian pe enece á las más icas amilias
del país.
(3)
Jeno ., L. c. 13.
309
espa anos les decla a on númenes p o ec o es del
nue o Es ado,
y
la p esencia de su imágen en los
campos de ba alla enia el doble obje o de p esen a
á los soldados el más acabado modelo de un buen
gue e o
y
pone les delan e de los ojos un i o ejem-
plo de inqueb an able compañe ismo en la gue a.
Un pueblo que i ia en las condiciones
y
ci cuns-
ancias an e io men e desc i as, u o po p ecision
que pone especialísimo cuidado en la o ganizacion
de su ejé ci o, en omen a las p ác icas mili a es,
y
odos cuan os eje cicios pueden se ap os á desa o-
lla la ue za
y
la des eza en el manejo de las a mas:
los juegos
y
pugila os que en o os Es ados de G e-
cia, y especialmen e en las ciudades jonicas, se halla-
ban en uso, an o pa a da ealce á de e minadas
solemnidades, como pa a despe a a icion á los eje -
cicios mili a es, i es ian aquí un ca ác e gue e o.
Teniendo en cuen a la si uacion excepcional del país,
los caudillos
y
legislado es espa anos u ie on buen
cuidado de da á la ju en ud una educacion pu a-
men e gue e a, omen ando es a inclinacion na u al
desde la más ie na edad,
y
haciendo con e ge á ese
obje o has a los juegos de la in ancia, los cuales, pa-
sado es e pe iodo de la ida, se as o maban en e -
dade os eje cicios mili a es,
y
así esul aba que cuan-
do los jó enes de Espa a se hallaban en ap i ud de
empuña las a mas, e an ya consumados mili a es;
condicion p ecisa en un Es ado que sólo po el es-
pec o
y
la ue za podia sos ene se. Así se dice que el
mismo Licu go es ableció, con es e obje o, un inspec-

310
lo ó
paicimó
n
enca gado de igila la enseñanza
que á los niños y jó enes se daba (1).
G acias á an se e os eglamen os
y
ígidas ins-
i uciones,
y
median e la p ác ica que alcanza on los
espa anos en las di e en es gue as que sos u ie on
en las épocas subsiguien es á Licu go, log a on o -
ma el ejé ci o mejo o ganizado y más ale oso de
oda la G ecia. He odo o en las pocas palab as que
dedica á la cons i ucion espa ana hace esal a la
excelen e o ganizacion dada po Licu go al ejé ci o
del país. El comba e i egula po g andes masas, los
he óicos, hechos de a mas de los eyes
y
de los no-
bles, se hallaban aqui sus i uidos, con en aja, po
mo imien os uni o mes de los di e en es g upos
y
compañías
y
po a aques e icaces
y
simul áneos de
una masa compac a, cuyos di e sos cue pos se p es-
aban mú uo auxilio. Los espa anos ue on los que
sus i uye on la an igua lanza a ojadiza y el pesado
escudo discoidal, po la ga lanza pa a he i á golpe
y
escudo ámbien p olongado que cons i uian las p in-
cipales a mas de sus in an es. Jacéábanse los do ios
de habe in oducido el a aque en masas ce adas,
y
el poe a Ti eo, que lo eció en la segunda mi ad del
siglo VII, desc ibe con g an p ecision las bien o de-
nadas hues es de hopli as espa anos, que ma chando
siemp e á la angua dia, p o egian á los cue pos de
más lige a a madu a.
Segun adicion unánime de los g iegos, ue on
igualmen e los espa anos quienes in oduje on en
G ecia la ú il cos umb e de es ablece campamen os
bien o denados,
y
se hace no a además que mien as
los o os pueblos helenos acampaban en cuad o, los de
(1) Plu . Lyc. 17.
311
Espa a, po suges ion de Licu go disponian en o -
ma ci cula sus campamen os. Los hilo as que acom-
pañaban al ejé ci o i aqueaban ue a del campamen-
o de sus seño es, al ededo del cual se es ablecían
además nume osos pues os de gua dia. A es as p e-
cauciones se ag egaba el p ecep o se e o de que nadie
pudiese despoja se de su a madu a y de su lanza.
Apenas despun aba la au o a inmolaba el ey una
íc ima á
los
inmo ales, y an es de empeza la ba-
alla o ecia una cab a á la A emis Ag o e a, cuyo
a o able esul ado e a condicion p ecisa pa a da la
señal del a aque. Pa ece se que más a de se in o-
dujo en e los espa anos la cos umb e de o ece
ambien un sac i icio
á
E ós, númen del amo ,
y
á
las
musas, an es de la ba alla, cuyo obje o e a pedi al
p ime o que man u iese eunidos con los lazos del ca-
iño á los comba ien es,
y
á las segundas que conse -
asen en el ejé ci o la a monía y el ó den, haciendo
eco da
á
los gue e os las enseñanzas
y
sen encias
de los poe as (1).
Cuando salian á campaña despojábanse de la ca-
misa de lana
y
man o, que cons i uia su o dina io
es ido, pa a cub i se con aba do enca nado. Su
cue po se hallaba además p o egido po g andes escu-
dos de b once pe ec amen e pulidos
y
an al os que
desde el homb o llegaban has a ce ca de la odilla,
es ando suje os al cuello con una co ea: du an e la
campaña ado naban los yelmos con co onas, pa a da
á
en ende que mi aban la gue a como una ies a.
Algun iempo despues acompañaban á
los
ejé ci-
os ocado es de ci a a; pe o es a cos umb e «de
opo-
ne
el bello son de la ci a a al c ujido del hie o»
co-
(1) A ilen., XIII, 561.
312
mo obse a un poe a (1), no se in odujo sino despues
que Te pand o
y
Ti eo, du an e la segunda gue a de
Mesenia, despe a on en e los espa anos la a icion á
la músicay les die on á cononoce la melodía del i mo.
P ime amen e ocábase el
kas o eion
ó á ia de Cas-
o pues a en música po Te pand o, á la cual seguia
el
emba e ion
que e a un e dade o paso doble
y
á la
ez señal de que los que o maban
á
la angua dia
debían en is a sus lanzas. Al son de la cí a a
y
más a de á los aco des de las lau as, ma chaban al
comba e los hopli as, conducidos po los descendien-
es de Hé cules, con paso uni o me
y
mesu ado
y
en
pe ec a o macion ce ada (2). Los espa anos, ob-
se a Tucidides, «no an á la pelea al compás de la
música, pa a hon a con es a á los dioses, sino po que,
siendo así su ma cha más egula
y
acompasada, no
se pe u ba el ó den ni se pie de la di eccion del a a-
que, cosas áciles de sucede en la gas ilas de solda-
dos que an á paso lige o» (3).
•
•
•
Rés anos conside a la si uacion de las dos clases
más nume osas de la poblacion de Laconia en es a
época, ó sea la de los pe ioicos y la de los hilo as.
Tocan e á los p ime os hace no a Isoc a es «que no
i ian menos op imidos que los escla os
y
que de sus
p opiedades solo les habian dejado los encedo es las
ie as más es é iles
y
an me madas que apenas ob-
enian de ellas lo indispensable pa a la ida, en an-
o que los conquis ado es se habían ap opiado los más
(1)
Alcman. F agm. 27.
(2)
Pind., Py h. 2, 125. Jeno ., Rep. de Lacedem, 13.
(3)
Tucid., V, 70.
ale
313
es ensos
y
e aces e i o ios. Sus poblaciones no me-
ecian en modo alguno el nomb e de ciudades, oda
ez que, po su impo ancia, no podian siquie a equi-
pa a se
á los
demos
de A ica: es aban asimismo exclui-
dos de los de echos que gozaban los homb es lib es
y
has a podian se condenados á mue e po cual-
quie a de los al os unciona ios espa anos, sin o -
macion de causa ni sen encia» (1).
Indudablemen e es á demasiado eca gado el cua-
d o que aquí aza el céleb e esc i o a eniense. Pe o
son hechos pe ec amen e segu os, que los encedo-
es se ap opia on las mejo es coma cas del país, des-
pojando á los pe ioicos no sólo de sus ie as, sino de
odos los de echos que hacen al e dade o ciudada-
no,, ya que no les deja on pa icipacion alguna en el
gobie no del Es ado; que además debian paga ibu-
o á los eyes,
y
que sus municipios no enían más
ju isdiccion que la ela i a á los asun os pu amen e
locales, es ando en odo lo demás suje os á las ó de-
nes de los eyes ó de los unciona ios po ellos dele-
gados, pa a en ende de los asun os de los pe ioicos,
en e los cuales se con aba la adminis acion de jus i-
cia en odas sus pa es (2).

•
De lo dicho se deduce que los pe ioicos no pe die-
on su ca ác e de pe sonas lib es con el cual se les
dejó además una pa e de sus bienes. Tampoco e a
dén ica la si uacion de odos los luga es habi ados
po pe ioicos, an es bien se sabe que algunos habían
log ado celeb a con enios con los do íos que les
asegu aban el eje cicio de cie as libe ades
y
no po-
cos p i ilegios. En es e núme o se hallaban, al ez,
(1)
Pana enacias, 207,
(2)
Como cla amen e se desp ende de lo que dice Tucidi-
des, IV, 53.
320
que habian adop ado los o os can ones some idos po
los
do ios
y
la p ác ica de aquellos p incipios e a am-
bien más ácil en la educida es ension que ab azaba
la mona quía espa ana, la cual de es a mane a llegó
á se el Es ado más pode oso
y
mejo o ganizado,
aunque el más pequeño, en e odos los undados po
los do ios, á quienes muy luego demos ó p ác ica-
men e las en ajas de su o ganizacion polí ico-admi-
nis a i a
y
la supe io idad de sus ue zas mili a es.
Sin la p o eccion del o áculo dél ico, sin el e icaz
auxilio de los sace do es del amoso san ua io
y
no
obs an e las p uebas de he óico desin e és que habia
dado en más de una ocasion, hubie a encon ado Li-
cu go insupe ables di icul ades pa a lle a á cabo su
e o ma; pe o la sancion del más popula de los nú-
menes g iegos asegu ó á sus ins i uciones y e o -
mas, al pa que sólida base el espe o de las gene a-
ciones enide as. Con es e mismo'obje o puso la nue-
a Cons i ucion bajo el ampa o de Júpi e Hellanio
y
de A hena Hellania, dos di inidades cuyo cul o e a
Cambien nue o en e los g iegos. A endido el descon-
cie o que en aquella época de gue as y e olucio-
nes einaba en los es ados helenos es u o ace adísi-
mo Licu go al busca en la eligion el más e icaz apo-
yo pa a su e o ma; pe o no c eyendo su icien es las
ce emonias eligiosas que á la sazon es aban en p ác-
ica, c eó ó dió nue a ida y más sábia di eccion á
un g an sac i icio que en las épocas sucesi as de la
his o ia de G ecia igu a como uno de los más im-
po an es ac o es del desen ol imien o del pueblo
heleno
y
de los que más pode osa in luencia eje cen

321
en su ci ilizacion
y
cul u a. No sa is echo, pues, con
habe es ablecido en Espa a el cul o
y
las p ác icas
eligiosas que se ecome daban en la
Re a
del o á-
culo dél ico, dispuso que los espa anos omasen pa e
en un solemne sac i icio que se celeb aba del o o
lado de sus on e as.
Sob e la má gen de echa del Al eo, p ecisamen-
e en la on e a del e i o i6 de los pisa es some ido
á los eleos y no léjos de la con luencia del Cladeo y
del Al eo, habia un al a an iquísimo consag ado á
Júpi e olímpico, que se le an aba en el cen o de una
he mosa alameda de plá anos
y
oli os. Es aban en-
ca gados de la cus odia del al a los sace do es Ya-
midas,
quienes además p o e izaban los sucesos eni-
de os, segun la mane a con que a dian los ozos de
las íc imas o ecidas á los dioses,
y
segun el aspec o
que la ceniza del al a p esen aba (1).
La e eccion de es e san ua io e a an e io á las
emig aciones, y ambien á la conquis a de la p o-
incia de Elis po los e olios; los pisa es p ime o
y
los eleos más a de o ecian allí sac i icios al más po-
de oso de los dioses que mo an en el Olimpo. Con a-
ban las an iguas adiciones do icas que Hé cules,
despues de ence á
Ameas,
o eció en es e al a un
sac i icio á Júpi e olímpico en accion de g acias po
la ic o ia alcanzada: e a, pues, pun o de hono pa a
los do ios el admi i en sus i os el cul o de una di-
inidad ado ada po el más amoso de sus p ogeni o-
es,
y
á la cual, sin duda alguna, indie on ellos mis-
mos ado acion e ien e, an es de abandona sus p i-
mi i os hoga es de las ga gan as de la mon aña de
los dioses.
(1)
Pind., Olimp. VIII, 3. Boeckh Pinda i expl. p. 152.
TOMO
i.

21
322
Pa a es echa los lazos de amis ad que unjan ó.
los eleos
y
espa anos, cuando jun os acome ie on
y
lle a on á eliz é mino la codaquis a del Peloponeso,
celeb ó Licu go un con enio con I i o, á la sazon
sobe ano de Elis, en i ud del cual los súbdi os de
I i o pe mi ie on á los espa anos oma pa e en su
g an sac i icio de °limpia. Con inose al e ec o, en
que cada cua o años se asladase á Elis una dipu a-
cion de espa anos, enca gada de p esen a las io-
imas que, jun amen e con las o ecidas po los eleos,
debian se sac i icadas en hono de Júpi e olímpico,
y
á esa dipu acion o icial se ag egaban odos los pe-
eg inos que, sin obedece á o os es ímulos que á
los de la piedad, quisie an asis i á la ce emonia e-
ligiosa.
El año 776 celeb óse el p ime sac i icio en que
oma on pa e eleos y espa anos. Segun e a cos-
umb e en e los an iguos helenos, despues de la ce-
emonia eligiosa u ie on luga unas jus as que, po
la ci cuns ancia nunca conocida de oma en ellas
pa e campeones de dos coma cas dis in as, o ecían
singula es a ac i os. Un campeon eleo, Co ebo, sa-
lió encedo en el o neo.
Pa a pe pe ua la memo ia del con enio celeb a-
do en e I i o
y
Licu go, á nomb e de sus espec i os
paises, mandóse g aba en un disco, de los que se
usaban en es a clase de simulac os, de cuya cus odia
y conse acion se enca ga on los eleos. Si es e da-
de a la adicion que hace ocu i en Elis la mue e
de Licu go, la celeb acion de es e a ado ue uno de
los úl imos hechos memo ables de su ida.
Como quie a que sea, es a ue la p ime a ez que,
despues de la in asion esalio-do ica, se eunie on
dos es ados del Peloponeso con el solo obje o de en-
323
abla amis osas
y
paci icas elaciones
y
sin que me-
diasen ínculos de pa en esco. Fué el lazo de la eli-
gion el que unió, al pié de los al a es, á dos ibus
dis in as que has a en onces se habian mi ado, si no
con i alidad, á lo menos con pe ec a indi e encia..
Mucho iempo despues de la época á que e e-
imos nues as obse aciones, e a gene al en e los
espa anos
y
aun en e odos los g iegos la c eencia
de que las leyes
y
odas cuan as disposiciones e, in.n
en Espa a que no se hallasen en o os es ados hele-
nos, p ocedian de Licu go; y es a opinion adquie e
más isos de e dade a si pa amos mien es en que,
aun en el siglo V, se obse aba allí la cons i ucion
que a unido el nomb e del amoso legislado g iego,
en sus elemen os ex e nos á lo menos, ya que la o -
ganizacion in e io del Es ado habia su ido, en an
la go pe iodo, no ables modi icaciones.
Los his o iado es, pa a da sa is ac o ia explica-
cion de un enómeno ex año po demás en la his o ia
de es e pueblo imp esionable, acuden á los p ocedi-
mien os he oicos, y explican es a du acion ex ao -
dina ia de la cons i ucion espa ana diciendo que
Licu go echó mano de la piedad y de la as ucia pa a
obliga e e namen e á los espa anos á su obse an-
cia: el mismo c i e io ha inspi ado á Plu a co los de-
alles con que ha en iquecido la ida del legislado ,
sin más obje o que el de hace esal a su leal ad in-
queb an able al man ene con eligiosa idelidad el de-
echo de sucesion en a o de los he ede os del ono,
su desin e esado pa io ismo
y
la abnegacion con que
abajó po el bien público; y al mismo concep o o
824
doce el mencionado his o iado cuando supone que
Licu go, al edac a las leyes que dió á Espa a, no
u o o a inspi acion que la de su p opio c i e io
y
los conocimien os adqui idos en los iages que se
supone hizo con es e obje o á C e a, Egip o, Libia
y
aun á la India (1).
No cabe duda que la
g
adiciones espa anas p e-
sen an muchos pun os de con ac o con C e a. An es
hicimos no a la in luencia que los enicios c e enses
eje cie on sob e las adiciones eligiosas y sob e
odas las mani es aciones in elec uales de los colonis-
as do ios que á su lado se es ablecie on,
y
imos
ambien que es a in luencia la asmi ie on á Del os
los do ios de Cnoso; pe o en el ascu so del iem-
po adquie e más ue za el in lujo de C e a sob e el
desen ol imien o de las ideas eligiosas en G ecia.
En e los usos c e enses que pasa on á Espa a se
ci a la danza gue e a llamada
pü ijé
que, segun
pa ece, e a un emedo de los bailes mili a es con que
ca ianos
y
enicios amenizaban sus solemnidades e-
ligiosas (2). Dicese ambien que el can o Thale as,
que en la segunda mi ad del siglo VII in odujo en
Espa a la cancion nacional c e ense, man u o ela-
ciones con Licu go (3).
De la cos a o ien al de Laconia, á la sazon pe e-
necien e á los a gi os, salie on los undado es de
Lyc os, impo an e illa de C e a,
y
en odas las ciu-
dades undadas en es as islas po colonis as do ios
subsis ian leyes
y
p ác icas análogas á las que en
(1)
Plu ., Lyc. 4
(2)
Plinio, His .
Mülle . Hay quien
los dioscu os.
(3)
Plu . Lyc.,
4
,
na . VII, 56. Nicol. Domase. F agm., 115, ed.
supone que los undado es de es a danza ue on
. E o o ci ado po Es ab., 480. 481.
325
Espa a se obse aban. En las dos ciudades nomb a-
das, lo mismo que en odos los es ados do ios, hallá-
base di idida la nobleza en las es ibus de hileos,
dimanos
y
pam ilos, mien as que la poblacion indi
gena, o maba dos clases equi alen es en un odo á las
de pe ioicos y de hilo as; el consejo de los ancianos,
la mesa comun pa a los homb es
(and e¿a)
e an igual-
men e ins i uciones comunes á los es ados do ios,
y
en odos ellos se daba á la ju en ud una educacion
an se e a
y
mili a como la que ma caban los e-
glamen os de Licu go. Tales
y
an ex ao dina ias
analogías solo pueden explica se po el es echo pa-
en esco de ambos pueblos, el cual pocas eces ó
nunca deja de engend a semejanza en las cos um-
b es, mucho mas si se halla a o ecido,
,
como en el
caso p esen e, po la analogía de si uaciones que ha-
bia en e los espa anos
y
los do ios de C e a, dado
que unos y o os habían conquis ado con la espada
en la mano sus espec i os e i o ios, no sin educi
4
la ca ego ía de sie os á sus an iguos mo ado es (1);
unos y o os eianse p ecisados á i i cons an e-
men e sob e las a mas
y
á da á sus hijos una educa-
cion 'pu amen e gue e a, á in de e i a sosp esas ó
echaza imp e is os a aques de los encidos, cuyo
núme o e a sin compa acion mayo que el de los
encedo es.
Al lado de es as analogías exis ían no pocas di e-
encias en las ins i uciones po que se egian do ios
y espa anos. E an an no ables es as di e gencias,
que Polibio no puede ocul a su admi acion de que
algunos esc i o es pongan empeño en es ablece pa-
alelos en e dos cosas an dis in as, como lo son la
(1) Sehónaann, An . g iegas, 1,
pag. 297
y
sig.

326
cons i ucion de Espa a
y
la de los do ios de C e-
a (1). Y aunque a ios esc i o es g iegos de los si-
glos Y
y
IV se decla an pa ida ios de la opinion
que busca en Laconia el o igen de las ins i uciones
c e enses, muy luego la au o idad de E o o hizo
inclina la balanza en a o de la ésis con a ia (2).
Po su pa e los c e enses echazaban ambas hipó-
esis
y
hacian á Minos no solo au o de sus an iguas
leyes é
in en o de odas las a es que se p ac icaban
en la isla an es de su inmig acion en ella, sino am-
bien de odas las ins i uciones po que ellos pa icula -
men e se egian (3), conside ándole como su legislado
más an iguo, á quien el mismo Júpi e comunicaba en
la g u a de Cnoso sus p o undas e elaciones, segun
a es igua el au o de la Iliada. Po an o, el legisla-
do de los do ios c e enses, lo eció du an e el pe iodo
home ico, mien as que el au o de la legislacion es-
pa ana ué muy _pos e io , y no habiendo ecibido
inspi acion di ec a de los dioses, solo podia p esen a
los o áculos del númen dél ico como p ueba de que
Cambien sus leyes Me ecie on la sancion di ina.
En e los o áculos ela i os á Licu go, hácese
mencion de uno que p ohibia e minan emen e á los
espa anos emplea la esc i u a pa a conse a sus
leyes. Tan ex aña p esc ipcion demues a que si el
uso de los signos g á icamen e ep esen a i os del
lenguage e a á la sazon bien conocido en e los g ie-
(1)
Polibio, VI, 45-48
(2)
E o o, ci ado po Es ab., 481.
!,3) A is . Poli ., II, 7.
327
gos, aún les al aba que eco e un espacio con-
side able pa a llega al es ado de cul u a y de p o-
g eso en que la esc i u a no an sólo se emplea pa a
acili a las o dina ias ansacciones de la ida, sino
muy especialmen e, pa a pe pe ua conocimien os
ú iles, pa a euni la legislacion en un código esc i o,
siquie a comp enda únicamen e las más esenciales
p esc ipciones de la cons i ucion
y
del de echo.
Pe o es a
e a,
segun odas las apa iencias, ni
es de Licu go ni aún de su época. E ec i amen e,
emos en ella una p ueba de que en un pe íodo pos-
e io , que no se emon a quizá más allá del año 600,
empezó á su gi en Espa a la idea de modi ica la
o ma ex e io de la cons i ucion de Licu go, y, si-
guiendo el ejemplo de los o os es ados de Hellada,
adop a el sis ema de legislacion esc i a en luga de
las leyes o ales, y sus i ui el código pe pe uado po
la esc i u a á las e as conse adas po la memo ia,
al de echo adicional cuyos in é p e es e an los ge-
on es; pe o sea que la opinion pública se decla ase en
a o de la conse acion del sis ema an iguo ó que la,
au o idad del o áculo dél ico se impusie a á los de-
enso es de la e o ma, es lo cie o que no se lle ó á
e ec o.
A ibuyese ambien á Licu go, una e a aun más
in e osímil que las an e io es, en la cual se p esc i-
bía que pa a cons ui los echos de las casas no
se
emplease más ins umen o que el hacha, y que la,
sie a uese el único empleado en la cons uccion
de
pue as; p ecep o que iene odos los ca ac é es
de
apóc i o, siquie a se decla e en su a o Plu a co, di-
ciendo que con es a
y
o as p esc ipciones análogas,
a ó Licu go de inculca á los espa anos el amo
á las cos umb es mode adas
y
el man enimien o (1(3
328
su p imi i o géne o de ida. Po o a pa e, el
año 800 án es de Jesuc is o, no había pa a qué e-
comenda mode acion
y
sencillez de cos umb es
,
á
un pueblo que, Como el do ico, solo es aba habi ua-
do á las du ezas del campamen o
y
á las p i acio-
nes de la gue a,
y
cuyos nobles, no eniendo nocion
alguna de las a es pací icas que engend an el lujo,
apénas podían p ocu a se las comodidades más co-
munes hoy en e las clases lab ado a
y
a esana.
Las escasas nociones que de algunas indus ias ha-
bian ap endido los g iegos de los enicios, sus eci-
nos y maes os en las a es
y
o icios mecánicos, ha-
bian desapa ecido en e el umul o de las gue as
subsiguien es
á
las emig aciones,
y
queda on sepul-
adas en las uinas que p oduje on las in asiones de
los esalios, a neos
y
do ios; así emos que, al e -
mina la época que hemos es udiado, lo mismo los
habi an es de la Península que los colonis as de Asia
45 de C e a empezaban de nue o á ecupe a la pe -
dida cul u a y ap ende de sus ecinos enicios
y
li-
dios las a es é indus ias ol idadas po sus an epa-
sados. Po an o, no se necesi a g an es ue zo pa a
comp ende que la mencionada e a es Cambien de
o igen pos e io á Licu go,
y
que algun pe sonage
impo an e la ué á busca á Del os, con el piadoso
obje o de con ene el lujo, que ya se iba aclima ando
en e los g iegos, especialmen e en las casas de los
nobles,
y
ol e á las cos umb es su ca ác e de p i-
mi i a pu eza.
No comp endemos ampoco la necesidad de que
Licu go p ohibiese á los espa anos la salida de su
e i o io pa a e i a la co upcion de cos umb es
que, de o dina io, se o igina po el oce con ex an-
je os, oda ez que semejan e ecomendacion e a
329
inú il en una época en que la p o eccion de la ley no
alcanzaba más allá de las on e as del Es ado. Pe o
no obs an e, habia una an iquísima p esc ipcion que
p ohibia á los espa anos abandona
:
su país pa a
emig a á o o, cuyo igo llegaba al ex emo de ini-
pone la pena capi al á los emig ados que eg esa an
á su pá ia (1). Po la misma azon hubie a sido
inú il expulsa á los ex anje os del e i o io espa -
ano, co no se dice lo hizo Licu go, undado en los
mismos
p incipios de mo alidad y pa io ismo que
mo i a on su esolucion con a ia, ya que no ha-
biendo en Espa a ex anje os, holgaba semejan e
medida.
Sin duda se a ibuyó á Licu go es a ley de eim-
pa iacion, po que más a de, cuando los demás can-
ones g iegos no sólo ole aban en sus dominios á los
ex anje os sino que les o o gaban ca a de na u a-
leza,
y
en A enas llega on á cons i ui una pa e
conside able de la poblacion, que gozaba del bene i-
cio de las leyes lo mismo que los ciudadanos indíge-
nas, Espa a pe sis ió en a oja de su seno á los
ex anje os, pe mi iéndoles á lo sumo una esiden-
cia empo al en el pais; debiendo ad e i se que no
solo e an expulsados los ex anje os que mo i asen
con sus ac os es a medida de igo , si io que de ez
en cuando se dic aba una ó den gene al de des ie o
con a odos los no espa anos (2).
Pe o las leyes de Licu go no se limi aban á p o-
hibi á sus conciudadanos odo a o con pueblos
ex años; pa a ce a les odas las pue as de la co -
upcion, pa a qui a les odo p e ex o que despe ase
(1)
Plu . Agis, c. 11.
(2)
Teopompo, F agm. 19'7. Sehómann, an ig. g . 1, 277.
Pági ao,
El abajo, la eleccion de esposa
y
de amigos; ope aciones
ag ícolas; la ecoleccion
y
la endimia, la na egacion

Época de Hesiodo; da os
c onológicos; sus ob as

VIII.
LOS DORIOS EN ESPARTA.
239-247
247-250
Conquis a de los do ios; el alle del Eu o as; Lacedemon;
Amiclae

251-255
Espa a; sus cinco ba ios; emplos; el Taige es

255-258
Los gemelos de A is odemo; p e edien es al ono

258-261
Licu go; sus iajes; si uacion de Espa a; bases de su
cons i ucion; el o áculo dél ico; mue e de Licu go

261-265
Época de Licu go; da os c onológicos; el disco de I i o;
h ipó esis .

265-271
Juicio c í ico; deplo able es ado de Espa a.

271-273
IX.
LA CONSTITUCION DE LICURGO.
La leyenda de los mellizos; gue a dinás ica; mino ía

274-278
Pac o de Licu go; consul a al o áculo dél ico; espues a

278-283
Las ibus; obes ó g emios; sus caudillos

280-283
Consejo de los ancianos; eleccion de los ge on es; a ibu-
ciones de la
gue usia

283-286
P e oga i as
y
de echos de los eyes; hono es que se les
ibu aban; sus debe es

286-289
Exequias eales; la asamblea de la nobleza

289-291
La e o ma ag a ia; leyes sob e asmision de dominio

291-299
Consecuencias de la e o ma; desigualdad de la p opiedad
299-303
Las compañías
mili a es, las sisi ias

303-306
•
Di ision
del ejé ci o; caballe ía; sac i icios de campaña. . 306-309
Eje cicios mili a es; campamen os, ó den de ba alla, can-
os gue e os

309-312
Si uacion de los pe ioicos é hilo as; sus elaciones con la
nobleza; los sie os de la gleba

312-316
Ocupaciones de la nobleza; impo ancia de la e o ma le-
gisla i a de Licu go

316 —
320
El o áculo dél ico; sac i icio de Olimpia

320-323
O igen de las leyes de Licu go, iajes del legislado

323-326
P esc ipciones apóc i as sob e la moneda, el lujo
y
el
come cio

326-330