La imposible paz estable en la sociedad griega: ensayos de "koinè eiréne" durante la Guerra de Corinto
Abstract
La guerra de Corintio se cerró en 386 a.C. con la primera "koinè eiréne", que "prima facie" prometía llevar al conjunto de las sociedades griegas, beligerantes o no, una paz estable y permanente. Seis años antes, con la guerra en curso y también con Persia como árbitro y garante, ya tuvieron lugar dos ensayos o proyectos de "paz común" o "paz general" que no se concretaron por las veleidades imperialistas de los estados implicados. En el presente artículo nos ocupamos de la gestación de la interpretación de sus cláusulas y de las razones, reales o pretextadas, del fracaso de esta nueva clase de tratado jurídico que finalmente sólo adquirió carta de naturaleza a través de la imposición por parte de la potencia hegemónica, Esparta.
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ISSN: 0213-2052 LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINÈ EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORÏNTO* Impossible stable peace in the Greek society: projects of koinè eiréne during the Corinthian War César FORMS Universidad de Sevilla, Correo-e: [email protected] Fecha de aceptación definitiva: 15-09-2005 BIBLID[0213-2052(2005)23;269-292] RESUMEN: La guerra de Corinto se cerró en 386 a.C. con la primera koinè eiréne, que prima facie prometía llevar al conjunto de las sociedades griegas, beligerantes o no, una paz estable y permanente. Seis años antes, con la guerra en curso y también con Persia como arbitro y garante, ya tuvieron lugar dos ensayos o proyectos de «paz común» o «paz general» que no se concretaron por las veleidades imperialistas de los estados implicados. En el presente artículo nos ocupamos de la gestación, de la interpretación de sus cláusulas y de las razones, reales o pretextadas, del fracaso de esta nueva clase de tratado jurídico que finalmente sólo adquirió * Este artículo, que se enmarca en el Proyecto de Investigación «Las sociedades griegas en la guerra de Corinto», subvencionado por el Ministerio de Educación y Ciencia (HUM 2004-02095), se ha beneficiado de una Ayuda para Movilidad del Profesorado Universitario y de Investigadores del CSIC del mismo Ministerio desarrollada durante el verano de 2005 en el Seminar für Alte Geschichte de la Westfálische-Wilhems Universitat (Münster) y en el Friedrich Meinecke Institut de la Freie Universitat (Berlín). Agradezco a los profesores Peter Funke y Ernst Baltrusch, respectivamente, su hospitalidad y su valioso consejo, agradecimiento que hago extensivo a los profesores Johannes Hahn, Andreas Luther, Klaus Freitag y Matthias Haake. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
270 CÉSAR FORMS LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO carta de naturaleza a través de la imposición por parte de la potencia hegemónica, Esparta. Palabras clave-, koinè eiréne, guerra de Corinto, imperialismo, negociaciones de paz, panhelenismo, libertad, autonomía, soberanía. ABSTRACT: The Corinthian War was closed in 386 B.C. by the first koinè eiréne, that prima facie promised to carry to the whole Greek world, if belligerent or not, a firm and everlasting peace. Six years before, with the war in progress and with Persia as arbiter and guarantor too, two essays or projects of «common peace» or «general peace» taken place, but failed because the imperialist concern of the involved states. In the present article we deal with the gestation, the interpretation of the clauses and the reasons, reals or supposed, of the breakdown of this new kind of juridical treaty that finally only was thoroughly accepted by the imposition of the hegemonic power, Sparta. Key words: koinè eiréne, Corinthian War, imperialism, peace negotiations, panhelenism, freedom, autonomy, sovereignty. En la primavera del año 386 a.C, con el Gran Rey persa como arbitro y garante, la sociedad griega vio nacer con esperanza un nuevo instrumento diplomático, la κοινή ειρήνη, un tratado de paz permanente y estable que se extendía a todas las fronteras de la Hélade. El tiempo y el fracaso de sus sucesivas renovaciones a lo largo del siglo iv demostrarían que la «paz común» o «paz general» era ante todo un instrumento hegemónico en manos de la potencia de turno, que interpretaba y aplicaba sus términos a su entera conveniencia. Pero seis años antes, en medio de la guerra de Corinto, los estados griegos beligerantes ya se esforzaron, infructuosamente, por alcanzar un acuerdo semejante. De estos ensayos de koinè eiréne, con frecuencia subestimados o incluso pasados por alto1, nos vamos a ocupar en el presente trabajo. La iniciativa partió de Esparta. El amenazador fortalecimiento de la presencia argiva en Corinto, la hegemonía naval que persas y atenienses habían construido en el Egeo después de la batalla de Cnido -que se había extendido al punto de tomar Citera y asaltar las costas lacedemonias, con el consiguiente peligro de revuelta hilota-2, la por el momento imposible ayuda de su aliado siracusano Dionisio el 1. Como se ha encargado de recordarnos últimamente URBAN, R.: DerKônigsfrieden von 387/6 v. Chr. Vorgeschichte, Zustadekommen, Ergebnis und politische Umsetzung. Historia Einzelschriften, 68. Stuttgart, 1991, ρ. 60. 2. La captura de Citera y el riesgo de una masiva sublevación de hilotas constituyen en sí mismas poderosas razones para que los hómoioi desearan alcanzar cuanto antes un acuerdo pacífico (cf. LEWIS, © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
CÉSAR FORMS 271 LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO Viejo -absorbido por la situación en Sicilia y el sur de Italiay la ausencia en el horizonte de una salida ventajosa a una guerra de desgaste que no sólo erosiona sus precarios recursos financieros -privados del importante tributo imperial recaudado en el Egeo y consumido ya el botín traído desde Asia por Agesilao-, sino que crece en impopularidad entre sus aliados, persuaden a un amplio sector de la ciudadanía espartana de la conveniencia de cultivar de nuevo la amistad del bárbaro como cauce para poner fin de una vez al conflicto y garantizar la hegemonía espartana, siquiera en la Grecia continental3. Este cambio en el balance interno de poder se plasmará en un giro copernicano de la política exterior del estado lacedemonio, hasta entonces eminentemente belicista, que coincide en el tiempo, y no por casualidad, con la sustitución de Titraustes por Tiribazo en la satrapía de Lidia y en la dignidad de káranos4. De este modo, durante el invierno de 393/2 o ya en la primavera de 3925 comienzan los contactos entre representantes de Esparta y del Gran Rey, que se desarrollarán en dos escenarios diferentes, primero Sardes y luego Esparta6. D. M.: Sparta and Persia. Leiden, 1977, p. 145, η. 6l). Como es sabido, el hilotismo, en tanto que sistema de explotación socioeconómica que permitía el sostenimiento de la minoritaria elite espartiata, era la piedra angular sobre la que se había construido el Estado lacedemonio desde el arcaísmo. 3. Además de LEWIS: ibid., véase HAMILTON, C. D.: Sparta's Bitter Victoñes. Politics and Diplomacy in the Corinthian War. Ithaca-London, 1979, pp. 233, 243; FUNKE, P.: Homónoia und Arché. Athen und die Griechische Staatenwelt vom Ende des Peloponnesischen Krieges bis zum Konigsfrieden (404/3-387/6 v. Chr). Historia Einzelschriften 37. Wiesbaden, 1980, p. 136; DEVOTO, J. G.: «Agesilaus, Antalcidas, and the Failed Peace of 392/1 B.C.», CPh, 81, 1986, p. 192. 4. X. HG. 4.8.12; D.S. 14.85.4; cf. X. HG. 4.2.13 y Ages. 1.10. Este importante matiz, que le faculta para firmar tratados o conceder la autonomía a los griegos de Asia en nombre del Rey, ha sido subrayado porJUDEiCH, W.: Kleinasiatische Studien. Untersuchungen zur griechisch-persischen Geschichte des IVJahrhunderts v. Chr. Marburg, 1892, p. 83; BELOCH, Κ. J.: Gñechische Geschichte, III, 2. Berlin-Leipzig, I9232, ρ. 135; MELONI, P.: «Tiribazo, satrapo di Sardi», Athenaeum, 28, 1950, pp. 299, 309; AUCELLO, E.: «La genesi della pace di Antalcida», Helikon, 5, 1965, p. 355; DEVOTO: op. cit., p. 193. Contra BARBIERI, G.: Conone. Roma, 1955, pp. 183-185, quien asocia la dignidad de káranos con el mando sobre la flota persa, con lo que según él sería ostentado por Farnabazo, el sátrapa de Dascilio, y no por Tiribazo, al que considera su subordinado; aparte de que la hipótesis de Barbieri no encuentra respaldo en las fuentes, se hace realmente difícil pensar que Tiribazo pudo dejar al margen a Farnabazo y capitalizar del lado persa las negociaciones de paz con los estados griegos. 5. La secuencia de acontecimientos en el relato de Jenofonte nos ofrece un marco cronológico generoso para la apertura diplomática espartana a Persia, desde el invierno de 393/2 al invierno de 392/1, pero el historiador moderno requiere de una mayor precisión en la búsqueda de una comprensión global de las causas y la evolución de las negociaciones. Tradicionalmente se había venido sosteniendo que el otoño-invierno era el momento más adecuado (WILAMOWITZ-MOELLENDORFF, U. von: «Zur griechischen Geschichte und Literatur», SB Berlin, 1921, p. 735; BELOCH, Κ. J.: Gñechische Geschichte, III, 1. Berlin-Leipzig, 19222, pp. 83-84 y op. cit., p. 220; TREVES, P.: «Note sulla guerra corinzia», RFIC, 15, 1937, p. 127; MELONI : op. cit., pp. 302, 304; BARBIERI: op. cit., p. 182; más recientemente CAWKWELL, G. L.: «The Imperialism of Thrasybulus», CQ, 26, 1976, p. 271, n. 13 y WHITBY, M.: «The Union of Corinth and Argos: A Reconsideration», Historia, 33, 1984, p. 299), tanto por haber finalizado la estación de campaña como por la cercanía en el tiempo a las conversaciones de Esparta, que parece bastante claro se desarrollaron en el invierno de 392/1. Sin embargo, es necesario dejar unos meses entre ambas reuniones, tiempo durante el cual Tiribazo viaja hasta Susa para consultar con Artajerjes, apresa a Conón y entrega fondos a los espartanos para construir una flota. Además, en la estación de bonanza de 392 © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
272 CÉSAR FORMS LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO Una primera cuestión que se nos plantea es identificar la facción o el dirigente espartano que se encuentra detrás de este acercamiento diplomático a Persia. En principio las fuentes nos presentan a Antálcidas, un prominente espartiata con importantes vínculos familiares entre la aristocracia persa -era xénos de Ariobarzanes, quien sustituiría a Farnabazo en la satrapía de Frigia Helespóntica cuando éste desposó a una hija de Artajerjesy que gozaba de la simpatía y la confianza de Tiribazo7, como el responsable de la conducción de esta ofensiva diplomática. Ocurre, empero, que nuestro alcance de la política interna espartana es deficiente y frágil como para saber si encabezaba un grupo político plenamente constituido y activo, con una cierta continuidad en el tiempo, tal como el que respaldaba a Lisandro hasta su muerte -los llamados imperialistas a ultranza, que abogaban por un imperio continental y ultramarinoo el que lideró Agis II y después heredó su hermano Agesilao II -que convencionalmente se piensa que defendía el proyecto de un los lacedemonios cosecharon una serie de éxitos en el istmo y en el golfo de Corinto que franquearon el camino al Ática a las tropas espartanas y aliviaron los fulminantes efectos de la ofensiva naval de Conón y Farnabazo en el Egeo del año 393 y antes de los cuales se explica mejor la iniciativa diplomática espartana (cf. MARTIN, V.: «Le traitement de l'histoire diplomatique dans la tradition littéraire du iveme sjècle avant J.-C», MH, 1, 1944, p. 17 y «Sur une interprétation nouvelle de la "Paix du Roi"», MH, 6, 1949, p. 137; ACCAME, S.: Ricerche intorno alla guerra corinzia. Napoli, 1951, pp. 113-114; AUCELLO: op. cit., pp. 345-346; RYDER, T. T. B.: Koine Eirene. General Peace and Local Independence in Ancient Greece. Oxford, 1965, pp. 165-166; PAYRAU, S.: <Eirenika. Considérations sur l'échec de quelques tentatives panhelléniques au ive siècle avant Jésus-Christ», REA, 73, 1971, p. 27; HAMILTON: op. cit., pp. 234, 244; DEVOTO: op. cit., pp. 191-192, 194; STRAUSS, B. S.: Athens after the Peloponnesian War. Class, Faction and Policy, 403-386B.C. London, 1986, p. 136 con n. 57; URBAN: op. cit., p. 60; BUCK, R. J.: Boeotia and the Boeotian League, 432-371 B.C. Edmonton, 1994, p. 50 y Thrasybulus and the Athenian Democracy. The Life of an Athenian Statesman. Historia Einzelschriften 120. Stuttgart, 1998, p. 109). SEAGER, R.: «Thrasybulus, Conon and Athenian Imperialism 396-386 B.C.», JHS, 87, 1967, p. 104, FUNKE, op. cit., pp. 85-86 con n. 48, p. 137 y JEHNE, M.: «Die Friedensverhandlungen von Sparta 392/1 v.Chr. und das Problem der kleinasiatischen Griechen», Chiron, 21, 1991, p. 265 retrasan algo las negociaciones, a primavera-verano (nótese, sin embargo, que tres años después, el mismo Martin JEHNE habla de «Frühjahr 392»: Koine Eirene. Untersuchungen zu den Befriedungsund Stabilisierungbemühungen in der griechischen Poliswelt des 4. Jahrhunderts v. Chr. Hermes Einzelschriften, 63. Stuttgart, 1994, p. 3D. 6. En un trabajo que ponía patas arriba la opinión de la historiografía tradicional desde Niebuhr en torno a estas negociaciones, WILCKEN, U.: Über Entstehung undZweck des Kônigsfriedens. APAW, 15, 1941, pp. 3-20 atribuía a Esparta la elaboración de una auténtica filigrana diplomática consistente en la conducción simultánea y coordinada de tres actos diferentes aunque interrelacionados, de forma que el fracaso de uno llevaba aparejado el fracaso de los demás. El primer acto sería un tratado bilateral de paz entre Esparta y Persia, el segundo una paz general de todos los griegos que recogiera expresamente el derecho a la autonomía de los participantes y el tercero un reconocimiento solemne por parte de todas las ciudades griegas continentales e insulares de la soberanía del Gran Rey sobre los griegos de Asia Menor. Si bien presentaba algunos puntos de interés, el núcleo de la teoría de Wilcken fue eficazmente desmontado por MARTIN: op. cit., 1949. 7. X. HG 5.1.6 y 28. Aunque Antálcidas es la forma más común a partir de su generalización en las fuentes literarias, Filocoro (vid. infra) emplea la más correcta de Antiálcidas, atestiguada también epigráficamente. Las fuentes y la bibliografía sobre Antálcidas son recogidas por HOFSTETTER, J.: Die Griechen in Persien. Prosopographie der Gnechen im Persischen Reich vor Alexander. Berlin, 1978, pp. 15-16. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
CÉSAR FORMS 273 LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINÈ EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO imperio circunscrito a Grecia continental-8, o bien si por el contrario este protagonismo de Antálcidas es meramente coyuntural y emerge tan sólo con Persia en el horizonte. Charles Hamilton9 ha planteado que, tras el exilio del rey Pausanias, Antálcidas pudo asumir la prostasía de una tercera facción «tradicionalista» (cuya existencia él considera más allá de toda duda), orientada hacia una política exclusivamente peloponésica y alejada de toda veleidad imperialista, en suma, una facción que deseaba la paz como medio de controlar y explotar el ancestral dominio sobre el Peloponeso. La hipótesis es legítima, pero está sustentada en dos premisas discutibles: la primera que Antálcidas era enemigo de Agesilao (vid. infra) y, aceptada ésta, una segunda por la cual un enemigo de Agesilao ha de ser necesariamente un «pacifista». La cuestión se complica aún más cuando Hamilton imagina una asombrosa alianza entre los «tradicionalistas» y la «antigua facción de Agis» (muerto hacía ya varios años) para imponerse a los «lisandreos» y votar a favor de pactar con Persia, mientras deja al margen a Agesilao, de quien dice no se puede determinar si se vinculó a la coalición (de ser así, significaría su alineamiento con aquel que se le supone un oponente político, Antálcidas). Si en realidad se configuró en Esparta una tercera facción, ésta dejó una impronta más bien leve en un período caracterizado por el control casi absoluto de la maquinaria de poder por parte de Agesilao, ya que incluso si adjudicamos a este grupo «tradicionalista» el logro de la paz en 386, fue el rey euripóntida quien rentabilizó al máximo en su propio beneficio y en el de su círculo de amigos y protegidos los beneficios de esta paz, y no precisamente siguiendo una política «licurguea». Todo lo más que puede decirse a juzgar por la carrera de Antálcidas es que su intervención se estimó imprescindible siempre que había que tratar con Persia10. De ahí a colgarle la etiqueta de «pacifista» hay un gran trecho que está por recorrer. Lo mismo que sucederá más tarde durante la gestación de la paz del Rey, los contactos coinciden con una eventual desaparición de Agesilao en el relato de Jenofonte, quien, en recuerdo de su pasada experiencia en la lucha contra el bárbaro, posiblemente intentaba exonerar a su amigo y patrono de semejante «vileza moral» y tal vez por ello, y por la tendencia a personalizar políticas, Plutarco sacó 8. No es tampoco fácil trazar con precisión los planes o los integrantes de estas facciones, que debieron evolucionar conforme lo hacía la política lacedemonia e internacional. Así, antes de que Tebas acaparase toda su atención, Agesilao combatió durante dos años en Asia Menor y soñó por un tiempo con levantar un imperio asiático a costa del persa, hasta que la derrota en Cnido le devolvió a la realidad de una Esparta escasamente dotada para las aventuras ultramarinas. 9. HAMILTON: op. cit., pp. 241-244. 10. La carrera diplomática de Antálcidas prosiguió tras el final de la guerra de Corinto, siempre a la cabeza de las delegaciones espartanas en la corte persa. La fecha y circunstancias de su muerte no están claras; el principal testimonio es Plu. Artax. 22.6-7, que carece de referencias cronológicas. Frente a la tesis predominante que sostiene que Antálcidas se dejó morir de hambre tras fracasar en las conversaciones que llevaron a la koinè eiréne de 367, BUCKLER, J.: «Plutarch and the Fate of Antalkidas», GRBS, 18, 1977, pp. 139-145 ha defendido con encono que Antálcidas no tuvo nada que ver con dicha paz y que sería en 36l cuando, humillado y vejado en una última embajada ante Artajerjes II, se suicidó. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
274 CESAR FORNIS LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO la conclusión de que el Euripóntida era el rival político de Antálcidas, sin que sin embargo esta hostilidad mutua encuentre corroboración en ninguna otra fuente. Según el de Queronea, «Antálcidas era su enemigo [de Agesilao] y trabajaba por la paz con todas sus fuerzas en la idea de que la guerra acrecía la influencia del rey y le hacía más ilustre y poderoso» (ό γαρ 'Ανταλκίδα? εχθρό? ην αύτω και την είρήνην έξ απαντο? έπρατταν, ώς του πολέμου τον ' Αγβσίλαον αΰξοντο? και ποιουντο? ενδοξότατον και μέγιστον)11. De hecho Antálcidas era hijo de León, acaso el mismo León que fuera vencedor olímpico en 440, colono de Heraclea Traquinia y éforo en 419/8, con lo que, de ser así, estaría emparentado con Agesilao y Teleutias a través de la madre de éstos, Teleutia12. Aunque obviamente este hecho no contradice la hostilidad que según Plutarco presidía las relaciones entre Antálcidas y Agesilao, sí es cierto que la hace más improbable13. Por otro lado, en la práctica diplomática griega era costumbre elegir para cada misión y según qué estado o estados se tiene enfrente a los ciudadanos que resultaran más apropiados en función de su trayectoria política o de sus vínculos personales o familiares, buscando como es lógico facilitar el entendimiento y el éxito de la embajada. En este caso en particular sería una insensatez por parte de las autoridades locales espartanas poner a Agesilao, que se había distinguido por su animosidad contra el Gran Rey, al frente de la delegación diplomática que visitaba Sardes, mientras que Antálcidas era, por las razones arriba indicadas, el miembro de la clase dirigente espartiata más idóneo para conducir las negociaciones, que de hecho fructificarían en la primavera de 386 con la paz del Rey. Cabe recordar que, convenida ésta por Esparta y Persia, Agesilao regresa a primer plano cuando se hace necesario aplicar sus términos sobre los estados renuentes a través de un 11. Plu. Ages. 23.3; la misma idea de que Agesilao era un hombre de acción, amante de la guerra (philopólemos) en tanto que sacaba provecho de ella, se encuentra en Mor. 213 b y D.S. 15.19.4, que contrapone el carácter de Agesilao con el de su colega de la casa agíada Agesípolis. TREVES: op. cit., p. 127, HAMPL: op. cit., p. 87, SMITH, R. E.: «The Opposition to Agesilaus' Foreign Policy, 394-371 B.C.», Historia, 2, 1953-1954, p. 277, n. 6, LEWIS: op. cit., p. 145 y FUNKE: op. cit., p. 136 n. 4, entre otros, han rechazado esta presunta hostilidad como una ficción dramática de Plutarco o como fruto de su crítica hacia la política antitebana de Agesilao. Del otro lado, ACCAME: op. cit., pp. 116-117, CAWKWELL, G. L.: «Agesilaus and Sparta», CQ 26, 1976, pp. 68-69, HAMILTON: op. cit., p. 242, DAVID, E.: Sparta between Empire and Revolution, 404-243 B.C. Internal Problems and their Impact on Contemporary Greek Consciousness. New York, 1981, p. 24, DEVOTO, op. cit., pp. 196-197 y PASCUAL GONZÁLEZ, J.: Tebasy la confederación beocia en el periodo de la guerra de Corinto (395-386 a.C). Tesis Doctoral microfilmada, Universidad Autónoma de Madrid, 1995, pp. 749-750 han defendido la credibilidad del polígrafo beodo. Nos parece acertada la ponderada opinión de CARTLEDGE, P.: Sparta and Lakonia. A Regional History 1300-362B.C. London, 1979, p. 285 en cuanto a que la diferencia entre ambas propuestas políticas pudo ser «enfática», de modo qLie para Agesilao era prioritario asegurar el principio de autonomía de las ciudades de Grecia continental, para lo cual y aunque no le gustase la idea, estaba dispuesto a sacrificar a los griegos asiáticos. 12. Plu. Mor. 241 d-e; cf. CARTLEDGE, P: Agesilaos and the Crisis of Sparta. Baltimore, 1987, pp. 145-146. 13. SHIPLEY, D. R.: Plutarch's Life of Agesilaos. Response to Sources in the Presentation of Character. Oxford, 1997, p. 275. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
CÉSAR FORMS 275 LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINÈ EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO medio coercitivo como es la movilización del ejército. Agesilao es por tanto un militar, no un diplomático, su fuerza reside en las armas más que en la palabra, de ahí que su presencia se relacione siempre con el ruido de sables14. En definitiva, es probable que el Euripóntida no simpatizase, ni antes ni después, con la idea de pactar con aquellos a los que había combatido con denuedo durante años, pero que supo acomodarse a la nueva situación quedó demostrado cuando no sólo acató los preceptos consensuados en la koinè eiréne de 386, sino que sacó grandes ventajas de su aplicación discrecional en calidad de hegemón de Grecia. Líder o no de una facción, no podemos albergar dudas acerca de que Antálcidas representaba la opinión mayoritaria de los hómoioi en la primavera de 392, cuando viajó hasta Sardes para convencer a Tiribazo de que su señor Artajerjes II estaba financiando la reconstrucción del imperio ateniense -que en la centuria anterior incluía Jonia y el Helesponto-, y a la vez de que Esparta no cuestionaba la soberanía persa sobre los griegos de Asia Menor (των TÉ γαρ έν τη Άσια Ελληνίδων πόλεων Λακεδαιμονίου? βασιλεί ουκ άντιποιεισθαι), utilizados una vez más como moneda de cambio en las relaciones con el Gran Rey15. Se trata, en puridad, de un reconocimiento oficial, pues de hecho los harmostas y guarniciones lacedemonias que «protegían» a los griegos asiáticos, excepto en Sesto y Abidos, habían sido expulsados tras la batalla de Cnido, de modo que Esparta «vendía un imperio ya perdido»16. Es más, al «vendérselo» a los persas, los sagaces espartanos cercenaban de raíz el incipiente imperialismo ateniense en la región, mucho más cercano y peligroso para ellos17. Se repetía así la situación de 411, cuando con Licas al frente de la diplomacia los espartanos no vieron otra forma de captar la benevolencia del Gran Rey -y con ella sus vastos recursos financieros, sin los cuales resultaba imposible financiar la construcción de una flota capaz de hacer frente a Atenas en sus dominios marítimosque sacrificar la libertad de los griegos de Asia Menor18. 14. Se ha argüido (SMITH: op. cit., pp. 274, 278; DAVID: op. cit., p. 24; DEVOTO: op. cit., pp. 195-196) que la desaparición de Agesilao de nuestras fuentes durante los años 393 y 392 obedecería a un eventual declive político del rey, pero si ya hemos dicho que el segundo de estos años coincide con los esfuerzos diplomáticos por poner fin a las hostilidades, del primero Jenofonte sólo registra la continuidad de la guerra de baja intensidad o de desgaste en el istmo de Corinto y la ofensiva naval de Conón y Farnabazo en el Egeo, en ambas de las cuales Agesilao obviamente no podía desempeñar un papel relevante que parece reservado a batallas campales como la de Nemea o a devastaciones de territorios como las de Corinto, Acarnania y la Argólide. 15. La libertad de los griegos asiáticos estuvo siempre a merced de la Realpolitik ejercida por las grandes potencias hegemónicas griegas, como demostramos en FORMS, C: «Identidad cultural y política de fuerza: los griegos asiáticos hasta la paz del Rey (386 a.C.)», en la construcción ideológica de la liudadanía. Identidades culturales y sociedad en el mundo griego antiguo, IVReunión de Histonadores del Mundo Griego Antiguo (Madrid, 15-17 de noviembre de 2004), en prensa. 16. La expresión es de TREVES: op. cit., p. 129; cf. MELONI: op. cit., p. 305: «Sparta rinunciava ad una posizione oramai solíante idéale». 17. SEAGER: op. cit., p. 105. 18. Th. 8.18, 37 y 58. Los espartanos, no lo olvidemos, habían proclamado ante la oikouméne en los albores de la guerra del Peloponeso luchar por la liberación de éstos y otros griegos a los que Atenas había puesto su yugo y había tratado como subditos (hypékooi) y no como aliados (symmachoi). O Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
CÉSAR FORMS LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO La segunda parte de la propuesta que Antálcidas portaba bajo el brazo, la que supone realmente una novedad, una aportación más del estado lacedemonio al derecho griego de los tratados, prescribía que el resto de las ciudades griegas del continente y las islas, inmersas o no en el conflicto, habrían de permanecer libres y autónomas Crac re νήσου? αττάσας και τάς άλλα? πόλε ι? άρκβΐν σφίσιν αυτονόμου? είναι), lo que permite hablar del primer proyecto, no culminado, de κοινή ειρήνη, «paz común» o «paz general»19. Interpretando en un sentido estricto el término αυτονομία (autodeterminación, independencia), esta disposición evitaría la formación de cualquier alianza, coalición o liga griega potencialmente amenazadora para los intereses del Gran Rey y así debió de hacérselo entender Antálcidas a Tiribazo. Pero lo que seguramente Antálcidas se cuidaría mucho de subrayar sería que Esparta extraería mayores beneficios aún de esta cláusula en su calidad de potencia hegemónica en Grecia, al dotarse de un instrumento de poder precioso con el que forzar la disolución de toda clase de entidad política supraestatal ajena a sus intereses, justo como el período subsiguiente a la paz del Rey pondría de manifiesto20. El objetivo de Antálcidas, dice Jenofonte, era conseguir que Artajerjes apoyara activamente la causa lacedemonia o por lo menos que dejara de financiar a sus enemigos del sinedrio de Corinto, lo cual, si no llevaba a una paz negociada, permitiría que Esparta concentrase sus esfuerzos en el frente de Grecia continental. Los rumores propalados sobre estas negociaciones entre espartanos y persas celebradas en Sardes atraerán pronto delegaciones de los estados que conformaban el sinedrio de Corinto, inquietos por la posibilidad de quedar al margen de potenciales acuerdos o de perder a Persia como aliado. No es extraño que los atenienses pensaran en Conón, símbolo palpable de la relación entre la ciudad y los persas, para acompañar e introducir en la corte satrápica a la embajada oficial que representaba al Estado ateniense21. Aun con la representación de todas las partes implicadas, 19. MoMiGLiANO, Α.: «Per la storia della pubblicistica sulla κοινή ειρήνη nel iv secólo a.C», ASNP, 5, 1936, ρ. IO6; HAMPL, R: Die griechiscbe Staatsvertrâge des 4. Jahrhunderts v. Chr. Geb. Leipzig, 1938, p. 85; WILCKEN: op. cit., p. 7; MARTIN: op. cit., 1944, p. 20; ACCAME: op. cit., p. 118; RYDER: op. cit., pp. XV, 28, 33; QUASS, R: «Der Kônigsfriede von Jahr 387/6 v. Chr.: zur Problematik einer allgemein-griechischen Friedensordnung», HZ, 252, 1991, p. 37; JEHNE: op. cit., 1994, pp. 32-33. Más arriesgadamente CANFORA, L.: «Una riflessione sulla Koinè Eiréne», en UGLIONE, R. (éd.): Atti del Convegno Nazionale di Studi su «La pace nel mondo antico» (Torino 9-11 Aprile 1990). Torino, 1991, p. 64 y CORSARO, M.: «Sulla política estera persiana agli inizi del iv secólo: La Persia e Atene, 397-386 a.C», en ALESSANDRI, S. (éd.): Ίστορίη. Studi offerti dagli allievi a Giuseppe Nenci in occasione delsuo settantesimo compleanno. Galatina, 1994, pp. 122-123 estiman que los tratados de alianza entre Esparta y Persia de 412/1 ya prefiguran de algún modo el modelo de paz general que cristalizará en 386. 20. WlLCKEN: Op. Cit., pp. 5-6; AUCELLO: Op. Cit., p. 351. 21. No hay testimonio de que Conón ostentara magistratura ateniense alguna durante su estancia de unos meses en la ciudad, lo que confirmaría que desde su elección en 397 hasta su muerte en 392 no dejó en ningún momento de ser un almirante persa {contra, BARBIERI: op. cit., p. 171 ha planteado que Conón fue «ammiraglio persiano più di fatto che di diritto»). Su vínculo con el Gran Rey entra, pues, en franco conflicto de intereses con una hipotética participación en la legación ateniense que viajó a 276 © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
CÉSAR FORMS 277 LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO las negociaciones de Sardes no pierden su naturaleza bilateral, por más que la crítica moderna se empeñe en hablar de «conferencia de paz»22, si bien no obsta para que Tiribazo fuera consciente de que, por más que quisiera, Esparta no podía garantizar por sí sola lo que había prometido23 y de que sería deseable un reconocimiento general de la soberanía del Gran Rey sobre los griegos de Asia Menor y del derecho de autonomía para el resto de las ciudades griegas, tanto de las islas como del continente24. Sardes a negociar la paz. Por esta razón creemos que Conón acompañó a título privado a los embajadores oficiales, para facilitar en la medida de lo posible su labor en la corte persa (así entiende AUCELLO: op. cit., ρ. 346 el μετά Κόνωνος, «junto con Conón», de Jenofonte, en lugar de, como suele leerse, una forma de resaltar la figura de Conón o incluso una posible presidencia de la embajada; en parecidos términos KOUNAS, D. D. Α.: Prelude to Hegemony. Studies in Athenian Political Parties from 403 to 379 B.C. Pertaining to the Revival of Athenian Influence in Greece. Diss. University of Illinois, 1969, p. 169; FUNKE: op. cit., p. 137, n. 8 y JEHNE: op. cit., 1991, p. 267, n. 14; en cambio ni MOSLEY, D. J.: «Conon's Embassy to Persia», RhM, 116, 1973, pp. 17-18 ni STRAUSS: op. cit., p. 137, ni BUCKLER, J.: Aegean Greece in the Fourth Century B.C. Leiden, 2004, p. 141 consideran un conflicto de intereses servir al Gran Rey y mirar al tiempo por el bienestar de Atenas, cosa que podría ser aceptable si no habláramos de representaciones diplomáticas). Prueba de ello sería el arresto de Conón por Tiribazo, su superior jerárquico, legitimado para hacerlo, mientras no se puso obstáculo a que los embajadores regresaran a Atenas. Otras soluciones al problema de la incompatibilidad resultan menos satisfactorias, como por ejemplo pensar que la embajada no tuviera un carácter oficial (URBAN: op. cit., p. 62, seguido por BUCK: op. cit., 1994, p. 50 y op. cit., 1998, p. 109 con n. 15). Esta indefinición da cobertura a afirmaciones como la de MELONI: op. cit., p. 304: «Conone, oramai più stratega ateniese che ammiraglio persiano.» Los miembros de la embajada ateniense fueron Dion, Calístenes, Hermógenes y Calimedonte, que nos resultan poco o nada conocidos a través de otras fuentes (de Dion se ha dicho que puede ser el orador mencionado junto con Arquino en PL, Mx. 234 b; otro pasaje de los diálogos platónicos, en esta ocasión Cra. 384 a-b, se refiere a un Hermógenes hijo de Hipónico, quizá hijo a su vez del Calías que negoció hacia 449 la paz con Persia que lleva su nombre, con lo que pertenecería a una de las familias más rancias y ricas de Atenas, del linaje de los Cérices y custodia de la proxenía espartana de forma hereditaria [X., HG. 6.3.3-4]; sobre Calimedonte Ath. [340 e] lo vincula a la familia de Agirrio), lo que no es razón suficiente para dudar de la historicidad de la embajada (tal y como hizo JACOBY: FGrH, III b [Supp.], II [Notes]. Leiden, 1954, p. 417, quien aducía además la presencia de Conón para considerar apócrifa la embajada), pues, según ha demostrado MOSLEY: ibid., pp. 18-20 aportando varios ejemplos, la continuidad en la representación de la ciudad no es precisamente una característica de la práctica diplomática ateniense y existe constancia cierta de no pocos embajadores de los que tan sólo conocemos el nombre. Realmente parece una insensatez que Jenofonte hubiera inventado una embajada, citando incluso por el nombre a sus integrantes, cuando muchos de sus lectores tenían vivo aún el recuerdo de los acontecimientos. Como apostilla este mismo autor, Jenofonte puede ser con frecuencia acusado de distorsión o presentación selectiva de los hechos más que de «fabricación». 22. Con buen tino WILCKEN: op. cit., p. 10, RYDER: op. cit., p. 28; SEAGER: op. cit., p. 104 y «The King's Peace and the Balance of Power in Greece, 386-362 B.C.», Athenaeum, 52, 1974, p. 36, HAMILTON: op. cit., p. 245, COOK, M. L.: Boeotia in the Corinthian War. Foreign Policy and Domestic Politics. Diss. University of Washington, 1981, p. 371, DEVOTO: op. cit., p. 193 y sobre todo URBAN: op. cit., p. 62 y JEHNE: op. cit., 1991, p. 265 y 1994, pp. 32-33 han subrayado la bilateralidad de estas conversaciones. 23. MARTIN: op. cit., 1944, pp. 18-19; QUASS: op. cit., pp. 37-38. 24. Andoc. 3.19 añade και την θάλατταν κοινήν, que vendría a ser algo similar a la libertad y seguridad de los mares, especialmente de las líneas de comercio y aprovisionamiento. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
284 CÉSAR FORNIS LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINÈEIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO y otras cargas (eisphoraí) que debían asumir durante la contienda como por el peligro de ver sus campos y cosechas arrasados por el enemigo47. En los versos siguientes el cómico destila ironía y acidez en la ponderación de los aliados de los atenienses, primero de los corintios (w. 199-200: Κορίνθιοι? αχθέσθβ, κάκβίνοί γέ σοι* νυν δασί χρηστοί, και σύ νυν χρηστό? γενου), enemigos tradicionales a los que una alianza artificial ha convertido en amigos, aunque no dejen de «incordiarles» -probable referencia al cierre de las puertas de la ciudad por la facción laconizante corintia tras la batalla de Nemea48 y quizá también a las quejas corintias por ver su chora arrasada día tras día-49, después con respecto a los argivos (v. 201: 'Αργεί o? άμαθη?, αλλ" Ιερώνυμο? σοφό?), quienes son «estúpidos» mientras en cambio «Jerónimo es sabio», un verso de más difícil interpretación pero que parece hacer alusión a la actitud favorable a la paz que este político y militar ateniense -quizá el colaborador de Conón-50 había mantenido en las recientes negociaciones frente a las exhortaciones belicistas llegadas de los argivos51. Enseguida (w. 202-203) Aristófanes se refiere a una posibilidad de salvación (Σωτηρία παρεκυωψεν) que, según reconoce la crítica casi unánimemente a partir de la conocida ideología del autor52, no puede significar otra cosa que una paz 47. Cf. Lys. 28.3-4. 48. SEAGER: op. cit., 1967, p. 99, n. 32. 49. X. HG 4.4.1; cf. FORMS: op. cit., 2001, p. 217. 50. El único Jerónimo conocido en este período es el lugarteniente al que Conón deja a cargo de la flota persa mientras viaja a Susa para conseguir del Gran Rey una continuidad en la financiación de la misma (D.S. 14.81.4) y cuando se ausenta de Rodas para que no se le relacione con la caída de la oligarquía de los Diagóridas (Hel. Oxy. 15.1). Harpocracio, que cita a Éforo (FGrH, 70 F 73), le da como estratego en 395/394, pero BRUCE, I. A. F.: An Historical Commentary on the Hellenica Oxyrhynchia. Cambridge, 1967, p. 99 y DEVELIN, R.: Athenian Officials 684-321 B.C. Cambridge, 1989, p. 207 tienen buenas razones para dudar de que un cargo oficial ateniense estuviera activamente implicado en las operaciones navales contra Esparta en un momento en que ambos estados aún no estaban en guerra. Es más probable que retornara con Conón a Atenas en el verano de 393 y después fuera elegido para la estrategia, siempre y cuando se acepte la identificación, de ningún modo clara. 51. Distinta es la lectura de SOMMERSTEIN, A. H.: Ecclesiazusae. Edited with Translation and Commentary. Warminster, 1998, p. 156: Jerónimo también estaría contra la paz y haría la misma propuesta que los argivos, sólo que a él no lo tomaban por estúpido. Al establecer una conexión directa entre este verso -y los dos siguientesy el irónico parlamento de Praxágora que los precede (w. 170-200), MORAUX, P.: «Trois vers dAristophane (Assemblée des Femmes, 201-203)», en Mélanges Henri Grégoire. Bruxelles, 1953, pp. 337-339 hace una excesivamente rebuscada interpretación según la cual, a la luz de esa misma ironía, el ignorante y voluble pueblo ateniense consideraría idiotas a quienes en realidad eran hábiles (los argivos, que eludían las cargas de la guerra) e inteligente a quien no lo era (Jerónimo, mero «hombre de paja» de Conón, que simbolizaría el imperialismo naval ateniense). 52. Una excepción es MORAUX: op. cit.,passim, esp. p. 340, para quien el irónico Aristófanes pondría la posibilidad de salvación en el renacimiento del imperio, justo lo contrario de lo que pensaba. Cabe reseñar también que, según USSHER, R. G.: Aristophanes: Ecclesiazusae. Edited with Introduction and Commentary. Oxford, 1973, pp. xxiv-xxv, quien fecha la obra en la. primavera de 393 (por tanto antes de las negociaciones de paz), Aristófanes pudo ver en la victoria en Cnido la posibilidad de una paz honrosa. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
CÉSAR FORMS 285 LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO digna y beneficiosa para Atenas, rápidamente disipada porque Trasibulo «está irritado porque no le piden su consejo» (αλλ οργίζεται Θρασύβουλο? αυτό? ουχί παρακαλούμεvoç), frase de la que se infiere que, tras un período de eclipse político cerrado con el apresamiento y muerte de Conón, el Estirieo recuperaba su pasado protagonismo y rechazaba, o por lo menos no avalaba, un acuerdo que pusiera fin a las hostilidades, por razones puramente egoístas sugiere el poeta53. La misma idea parece desprenderse del complejo verso 356 (μών ην Θρασύβουλο? élue TOÎÇ Λακωνικοί?), que da a entender que Trasibulo era contrario a cualquier entendimiento con Esparta -acaso augurando que supondría un peligro para la politeía democrática-54 y propugnaba alguna clase de bloqueo, posiblemente a las gestiones para traer la paz, bien en su conjunto o a un determinado punto de las mismas (¿el sacrificio de los griegos de Asia?), ya que un bloqueo naval del Peloponeso -semejante al establecido por Atenas durante la guerra arquidámica-, como ha sido también sugerido por la crítica55, resultaría inviable a tenor del insuficiente número de naves de la flota ateniense; es posible que Trasibulo utilizara en su invectiva contra Esparta el bloqueo (estreñimiento) que las peras silvestres provocan en el vientre como un símil o una metáfora del bloqueo que él aplicaría sobre los lacedemonios y es lógico que el comediógrafo sacara partido de ello en su afán de llevar la risa al auditorio56. Pero con seguridad Trasibulo no fue el único, puede que 53WlLAMOWITZ-MOELLENDORFF: Op. Cit., p. 736; TREVES: Op. Cit., pp. 133-134; BARBIERI: Op. Cit., pp. I9O-I9I; SEAGER: op. cit., 1967, pp. 107-108; PERLMAN: op. cit., p. 264, n. 52; FUNKE: op. cit., p. 146 con n. 49; a los que se suma ahora J. HENDERSON en la nueva edición de la LOEB: Assemblywomen. Cambridge [Mass.], 2002, p. 271 n. 26. Según ALFIERI TONINI, T.: «L'ultima fase délia cardera política di Trasibulo», RIL, 106, 1972, pp. 133-134, más que oponerse activamente a la paz, actitud que más bien adoptaría el grupo de Agirrio, Trasibulo se mantuvo al margen, lo que es igualmente censurable para Aristófanes. Por el contrario, KOUNAS: op. cit., p. 122 y USSHER: op. cit., pp. xxv, 103 entienden que el poeta está sugiriendo que la posibilidad de la paz se disipa precisamente porque el pueblo no consulta a Trasibulo, por quien Aristófanes parece sentir admiración {Plu. 550). Otras lecturas posibles, aunque a la luz del contexto político y social del año 393/2 y por lo tanto anteriores a las iniciativas de paz, pueden encontrarse en CLOCHÉ: op. cit., pp. 173-174. Para MORAUX: op. cit., pp. 340-342, que también parece inclinarse por dicho año y, por tanto, tampoco relaciona el asunto con negociaciones de paz, Trasibulo estaría molesto porque, siendo él quien promovió la guerra contra Esparta e indirectamente el despertar imperial de Atenas, ahora el pueblo le olvidaba; sin embargo, al margen de que Moraux atribuye a Trasibulo logros de Conón (como Cnido), tampoco parece reparar en que aquí fallaría su tesis (véase notas anteriores) de que la ironía cambia el significado de los versos. En su comentario a este verso, SOMMERSTEIN: op. cit., p. 157 establece un paralelismo con el caso de un Alcibíades despechado durante las conversaciones que fraguaron la paz de Nicias en 421. 54. A tal argumento parece contestar Andócides en la apertura de su De pace (3.1). 55. VAN LEEUWEN: op. cit., p. 51. 56. «Igual que la pera cerraría la puerta a la digestión, el discurso de Trasibulo cerraría la puerta a las negociaciones», dice SEAGER: op. cit., 1967, ρ. 108. Ésta es la explicación que nos resulta más plausible, aunque no le falta razón a ALFIERI TONINI: op. cit., p. 132 al enfatizar la enorme dificultad de interpretar o valorar adecuadamente una alusión cómica comprensible para la audiencia del momento, pero carente de significado para nosotros; cf. en el mismo sentido TREVES: op. cit., p. 133: «allusioni, entrambe, oscurissime», y MORAUX: op. cit., p. 332, n. 1: «l'allusion du vers 356 garde donc tout son mystère» (y más © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
286 CÉSAR FORMS LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO ni siquiera el máximo responsable de la negativa ateniense. Como testimonian otros pasajes de esta comedia, Epícrates, Agirrio y Céfalo, los prostátai más belicistas, contra quienes el poeta «descarga dardos envenenados de odio y rencor»57, tenían en estos años un gran número de partidarios en la Ecclesía y seguramente esta mayoría prevaleció a la hora de votar la propuesta de paz58. Beligerancia por tanto, pero sin dependencia del «bárbaro». A tenor del desencanto y la crítica hacia Conón que transpira el Epitafio en honor de los caídos en la guerra de Corinto que Lisias redactó por este tiempo, en 392 ó 391, así como de sucesivos acontecimientos, la directriz política que arropaba la idea de colaboración con Persia había fenecido con su máximo adalid59. Este análisis de la sociedad ateniense nos induce a pensar que difícilmente pudo partir de Atenas la sugerencia de congregar a los estados beligerantes a una nueva ronda de negociaciones, como propone Hamilton. Y como tampoco creemos que la reunión de Esparta respondiera a un mandato por decreto de Tiribazo antes de partir hacia Susa60, en el presente estado de evidencia la solución más coherente y que más se ajusta a las fuentes -cierto es que depositando en Jenofonte una confianza de la que en ocasiones no se hace acreedor y admitiendo que si pasó por alto el cónclave de Esparta no fue sino por evitar una innecesaria reiteraciónpasa por interpretar que este segundo encuentro tuvo el mismo maestro de ceremonias que el primero, Antálcidas, naturalmente con la sombra de Persia tras de sí, como garante y sancionadora de los términos que allí se pudiesen acordar, basados en la experiencia previa de Sardes. Piénsese que la paz que finalmente se alcanzó seis años después se gestó a lo largo de las dos mismas fases y de los dos mismos escenarios, en idéntico orden (primero Sardes y luego Esparta), con idénticos protagonistas (Antálcidas, Tiribazo y Artajerjes II) y en similares circunstancias. adelante advierte que no tiene por qué necesariamente referirse a una intervención de Trasibulo en las negociaciones). Una posición extrema a este respecto sería por ejemplo la de STRAUSS, Β. S.: «The Cultural Significance of Bribery and Embezzlement in Athenian Politics: The Evidence of the Period 403386 B.C.», AncW, 11, 1985, p. 67, quien se niega a utilizar la evidencia de la comedia por ser «tan resbaladiza como rica». El escoliasta anota que Trasibulo finalmente no pudo hablar ante la Asamblea con el pretexto de una dolencia estomacal causada por peras silvestres que en realidad escondía un soborno. Sin embargo, la anécdota es un locus classicus aplicado a otros oradores y, a juzgar por lo sumamente activo que se mostró el de Estiria en la reanudación de la guerra, no parece que sea digna de demasiado crédito (VAN LEEUWEN: op. cit., p. 51 la calificó de «delirante»; cf. también BARBIERI: op. cit., pp. 190-191; SEAGER: op. cit., 1967, p. 108; USSHER: op. cit., p. 126). Baste recordar que se trata del mismo comentarista que a propósito del verso 196 identificaba erróneamente a Conón con el proponente ateniense de la alianza con Beocia, cuando ni siquiera estaba en Atenas. 57. GIGANTE, M.: «Echi di vita política nella "Eccleziazuse" di Aristofane», Dioniso, 11, 1948, p. 147. 58. Eccl. 71, 102-104 y 248-250. A la nómina de opositores a la paz cabe añadir el todavía joven Calístrato, por la obvia razón de que impulsó el juicio contra los embajadores (vid. supra) y, con menor seguridad, Ésimo. Cf. STRAUSS: op. cit., 1986, p. 142. 59. SEAGER: op. cit., 1967, pp. 100, 108. 60. Como proponen BARBIERI: op. cit., p. 179; AUCELLO: op. cit., pp. 352-358; STRAUSS: op. cit., 1986, p. 137. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
CÉSAR FORMS 287 LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO No hay razón, pues, para dudar de que la paz concretada en 386 no se beneficiara de la tentativa anterior, incluso cuando ésta no se había concretado, con mayor razón si en ambos procesos dos de las partes, Esparta y Persia, tenían un objetivo común y marcaron bajo la amenaza de la fuerza los cauces por los que debían discurrir las negociaciones61. Al final sólo la actitud del Rey determinó el éxito o fracaso de cada encuentro. Con respecto a las conversaciones de Sardes, en Esparta no hubo representación persa, esto es, revisten en apariencia un carácter exclusivamente griego -algunos emplean el calificativo de «panhelénicas»- y, consecuentemente, Andócides obvia el espinoso asunto del estatuto de los griegos minorasiáticos. Sin embargo, presentes o no físicamente, es impensable que los persas pudieran haber quedado al margen de las negociaciones -por las razones expuestas en el parágrafo anteriory que cualquier resolución alcanzada no partiese del reconocimiento de su soberanía sobre las ciudades griegas de Asia62. Ocurre además que de nuevo nos topamos con los intereses partidistas de Andócides, a quien en su propósito de acercar al pueblo ateniense a la paz no le interesaba en absoluto aludir a una cláusula 61. Sobre los pasos de BELOCH: op. cit., 1922, pp. 80-84; AUCELLO: op. cit., pp. 351-352 y 366-367 considera las gestiones de Sardes un «sondeo» o unos «preliminares» de las de Esparta; cf. MARTIN: op. cit., 1944, ρ. 20: «una paz preparada en Sardes y después negociada en Esparta» y en parecidos términos RYDER: op. cit., pp. 165-169; SEAGER: op. cit., 1967, ρ. 105; STRAUSS: op. cit., 1986,· p. 147, n. 57 y PASCUAL GONZÁLEZ: op. cit., pp. 845-846. 62. El testimonio principal, tan importante como controvertido, es el ya citado pasaje de Filocoro (FGrH 328 F 149 a) recogido por Dídimo en su glosa a la Cuarta Filípica demosténica (10.34): «...ώς Φιλόχορος* άφηγ[6ΐ]ται αντόίς όνόμασι, πρίοθΐβΐ? άρχοντα Φιλοκ[λέ]α "Αναφλύστιον "και την βίρήνην την έττ' Άνταλκίδου κατέπεμψβν ό βασιλεύς, ην 'Αθηναίοι ο[ύκ] έδέζαντο, διότι έγέγραπτο έν αύτήι το[υς τήν'Αΐσίαν οικοϋντΙαςΤ'Ελληνας έν βασιλέως οϊκ[ωι π]άντα? αναι συννενβμήνουςάλλα και TOU[Ç πρέσ]β6ΐ£ τους έν Λακβδαιμονι συγχώρησα [VTOLÇ] έφυγάδευσαν, Καλλιστράτου γράψαντος\ κ [α ι ού]κ ύπομβιναντα? την κρίσιν, Έττικράτην Κηφισιέα, Άνδοκίδην Κυδαθηναιέα, Κρατίντον Σφήττιον, Εύβουλιδην'Ελευσινιον"». El texto parece hacer referencia a las negociaciones en Esparta de invierno de 392/391 0UDEICH: 0p. CÜ., 1926; MOMIGLIANO: Op. Cit., pp. 104-106; MARTIN: Op. Cit., 1944, p. 20 y 1949, pp. 132-134; MOSLEY: op. cit., Envoys..., p. 33; CAWKWELL: op. cit., 1981, pp. 70, 72; JEHNE: op. cit., 1991, pp. 270-273; BUCKLER: op. cit., p. 141, n. 13), aunque para algunos estudiosos lo haría a la paz del Rey de 386 (WiLCKEN: op. cit., pp. 11 y 15; ACCAME: op. cit., pp. 121-122; BRUCE: op. cit., 1966, pp. 278-279; HAMILTON: op. cit., pp. 235-239; BADIÁN: op. cit., pp. 27-32), dada cierta confusión del atidógrafo (o más bien de su comentarista Dídimo, del siglo i a.C, que no pasaba precisamente por ser un modelo de acribia), qLiien si por un lado sitúa al soberano persa en lugar de al sátrapa Tiribazo patrocinando el encuentro, por otro menciona al arconte Filocles (392/1) y la mediación de Andócides y sus colegas de embajada en Esparta. Para solucionar el problema, BARBIERI: op. cit., p. 179, aceptado por STRAUSS: op. cit., 1986, p. 137, imaginó que Tiribazo pudo promulgar en 392 un decreto en nombre del rey ordenando a los griegos hacer la paz. Coincidimos con JEHNE: ibid., en que todas estas teorías, lejos de aclarar, complican un asunto que, en nuestra opinión, se resuelve con sólo pensar que Dídimo consideró qLie el sátrapa no era sino un delegado que encarna al Gran Rey mismo (el historiador alemán en cambio rechaza el testimonio de Dídimo y piensa que en la reLinión de Esparta, exclusivamente griega, se evitó tocar la cuestión de los griegos asiáticos, con lo que éstos quedarían en una especie de «limbo jLirídico»). Cf. Pl. Mx. 245 b-c, que ya hemos dicho que alude como un todo a las negociaciones de paz de Sardes y de Esparta, pues ambas contaron con la oposición ateniense a la «traición» a los griegos asiáticos. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
288 CÉSAR FORMS LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO que hería el orgullo y la sensibilidad de muchos de sus conciudadanos, amén de reconocer implícitamente una influencia persa en el Egeo -patente por ejemplo en SIG 134-63 que ponía coto a las renacidas ambiciones atenienses sobre esta área geopolítica64. Un argumento adicional nos lleva a la inutilidad de introducir a los persas en el discurso cuando por aquel entonces, primavera de 391, era por todos conocido que Artajerjes no sólo no había sancionado las disposiciones de Tiribazo, sino que le había desautorizado y reemplazado como sátrapa y káranos por un Estrutas inclinado a reanudar la colaboración con la coalición antiespartana65. Por lo demás, el principio de autonomía, esto es, la independencia de todas las ciudades griegas, seguía siendo la columna vertebral del proyecto de tratado -en verdad Andócides es el primero en utilizar la expresión koinè eiréne, aunque es dudoso si con el sentido «técnico» que se le dio cuando el concepto abstracto se plasmó más adelante en un tratado-66, sólo que ahora Esparta se mostraba dispuesta a abrir la mano y establecer ciertas excepciones. En relación con Atenas, Esparta consiente que retenga el control de Lemnos, Imbros y Esciro, además de 63. Estrutas (aquí con su nombra persa, Estruses) aparece como mediador, en nombre de Artajerjes, en una disputa territorial entre Mileto y Miunte. La inscripción demuestra que las ciudades jonias disfrutaban de autonomía interna, pero al mismo tiempo que reconocían a Persia como el poder hegemónico y regulador en la región antes de que la paz del Rey legitimara la soberanía persa sobre la misma. 64. La entrega de los griegos asiáticos al Rey era, en palabras de MARTIN: op. cit., 1949, ρ. 133: «una humillación para los griegos sobre la que no era prudente insistir y que sería incluida en el tratado de una forma más implícita que explícita». BELOCH: op. cit., 1922, pp. 81-82; TREVES: op. cit., p. 127; WILCKEN: op. cit., pp. 8-9; JACOBY: FGrH, III b [Supp.], I [Text], p. 518, BARBIERI: op. cit. pp. 179-180, 189; SEAGER: op. cit., p. 105, n. 94, MOSLEY: op. cit. Envoys..., p. 33; LEWIS: op. cit., p. 146, n. 68, FUNKE, op. cit., p. 141 con n. 27; CAWKWELL: op. cit., 1981, p. 70, n. 4, 72 y STRAUSS: op. cit., 1986, p. 139 lo consideran asimismo una conditio sine qua non. De hecho MARTIN: op. cit., 1944, p. 20 cree que Andócides se delata cuando en el párrafo 15 dice que cualquier pretensión de sus compatriotas sobre el Quersoneso y las colonias chocaría con los intereses del Rey, pero a decir verdad la frase puede ser una suposición lógica, no necesariamente basada en datos concretos, de las negociaciones de Sardes. AUCELLO: op. cit., pp. 362366, seguido por CORSARO: op. cit., p. 125, η. 43 (sin citarlo), trata de explicar la ausencia de representación persa sugiriendo que las póleis griegas de Asia permanecerían autónomas, aunque pagando un tributo que simbolizaría el vínculo con Persia, tal y como propusiera Titraustes en 395 (X. HG. 3.4.25). A contrario, HAMILTON: op. cit., p. 255 y JEHNE: op. cit., 1991, pp. 273-276 (cf. 1994, pp. 34-35) han objetado que es inverosímil que Andócides hubiera ocultado a su audiencia un apartado fundamental del tratado que generaba tanta polémica en la opinión pública y que sus colegas de embajada, sus enemigos políticos o las estelas donde se inscribiría hubieran acabado por sacar a la luz sin dificultad; junto a ellos, MOMIGLIANO: op. cit., pp. 104-106, ACCAME: op. cit., pp. 116-118, SMITH: op. cit., p. 278, RYDER: op. cit., pp. 32-33 (con ciertas dudas), PAYRAU: op. cit., 1971, pp. 33-41, DEVOTO: op. cit., passim y BADIÁN: op. cit., pp. 27, 33 también han abogado por unas negociaciones de paz exclusivamente helénicas, sin interferencia persa. 65. MELONI: op. cit., p. 303. 66. Andoc. 3.17; cf. supra η. 13. Ni siquiera eiréne se empleaba antes de la paz del Rey para designar una «situación de paz», sino spondaí, que significa más bien «interrupción de las hostilidades», una variación connotativa importante, como bien subraya CANFORA: op. cit., p. 65 (sobre anotaciones previas de MOMIGLIANO, Α.: «λα κοινή ειρήνη dal 386 al 338», RFIC, 12, 1934, p. 484), pues indica cuando menos un deseo de hacer que la paz sea duradera y estable, no un mero interludio de la situación bélica generalizada. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
CÉSAR FORMS 289 LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE ΚΟΙΝΈ EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO tolerar, en contra del acuerdo de capitulación de 404, la conservación de los muros cononianos, la existencia de una flota sin límite de naves y la renuncia al regreso de los exiliados67. Una vez más no puede hablarse en rigor de concesiones, dado que escapaban al control de una Esparta que, haciendo del pragmatismo bandera, se limita a legitimar los hechos consumados68. Con todo, los atenienses no JLiraron la paz e incluso como hemos visto más arriba condenaron a sus embajadores por abogar decididamente en su favor. Se viene interpretando con todo fundamento que, por debajo de la razón admitida públicamente, el rechazo a abandonar a los griegos de Asia Menor en manos del Rey, subyace el convencimiento de que el fin de las hostilidades desterraría cualquier posibilidad o proyecto de reconstrucción imperial ateniense en el Egeo, propugnado fundamentalmente por los llamados «radicales» -pero compartido por otros muchos ciudadanos-69 como medio de subsistencia para las clases más desfavorecidas70. De hecho Andócides trata en todo momento de combatir la idea de que la guerra acrecienta el imperio71 y la experiencia 67. Andoc. 3.14; cf. X. HG. 2.2.20. 68. En definitiva, tal y como se ha dicho (CLOCHÉ: op. cit., p. 177; DEVOTO: op. cit., p. 201), con la paz los atenienses no recibían nada que no tuvieran ya. 69Por ejemplo los miles de cíemeos que habían conseguido en el pasado tierras fuera de Atenas como medio de conservar la ciudadanía y que se habían visto obligados a regresar tras la derrota en la guerra del Peloponeso, pero también ricos atenienses interesados en adquirir propiedades en el exterior, como había sucedido en la arché del siglo v. A unos y otros se refiere Andoc. 3-15. 70. En nuestra opinión la esperanza popular de imperio aún no había tomado cuerpo, pero otros historiadores hablan de frenar o poner fin a un proceso ya en curso. Cf. en general BELOCH: op. cit., 1922, p. 82; TREVES: op. cit., pp. 128-129; ACCAME: op. cit., pp. 124-128; BARBIERI: op. cit., p. 189; SEALEY: op. cit., p. 184; AUCELLO: op. cit., pp. 369-371; RYDER: op. cit., p. 33; SEAGER: op. cit., 1967, p. 105; PERLMAN: op. cit., pp. 263-264; FUNKE: op. cit., pp. 143-147; HAMILTON, C. D.: «Isocrates, IG, II2 43, Greek Propaganda and Imperialism», Traditio, 36, 1980, p. 94; ZAHRNT, M.: «Hellas unter Druck? Die griechisch-persischen Beziehungen in der Zeit von Abschluss des Kônigsfriedens bis zur Gründung des Korintischen Bundes», AKG, 65, 1983, p. 293; BUCK: op. cit., 1998, p. Ill; BUCKLER: op. cit., p. 147. DEVOTO: op. cit., pp. 200-201 cree que la mayoría de los ciudadanos atenienses se opLiso a la paz porque no hacía mención expresa del respeto a la autonomía de los griegos de Asia, pero piiesto que él mismo admite que no se tocó esta cuestión en este cónclave de representantes griegos ¿por qué habrían de ser excluidas las ciudades griegas de Asia de la cláLisula general qLie reconocía la independencia de todas las ciudades griegas? El estudioso norteamericano incurre aquí en un cierto contrasentido, pues en Lin intento de paz no mtelado por Persia no existiría necesidad alguna de aclarar semejante extremo, ya que nadie osaría públicamente poner en entredicho el helenismo o el derecho a la libertad de los griegos que pueblan las costas de Asia Menor. También JEHNE : op. cit., 1991, pp. 274-276 sospecha qLie en las negociaciones de Esparta sólo se reconocería oficialmente la aLitonomía de los griegos europeos e isleños, de modo que los asiáticos quedarían en una especie de limbo jurídico (lo que explicaría por qLié Andócides no los menciona), con la diferencia de que el estLidioso germano reconoce qtie el pLieblo ateniense encontró en ellos la excusa para no detener el revival imperial. Por su parte, ROBERTS: op. cit., p. 105 sostiene poco convincentemente que el demos se inclinaba hacia la paz hasta que supo de la llegada a Sardes del «filoateniense» Estrutas. Para posibles grupos partidarios de la paz, cf. KOUNAS: op. cit., pp. 68-69 y STRAUSS: op. cit., 1986, pp. 139-141, que quizá sobrevaloran SLI importancia. 71. Véase el ponderado análisis de SEAGER: op. cit., 1967, pp. 105-107 a los argLimentos esgrimidos por el orador ateniense. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
290 CÉSAR FORMS LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO futura demostrará que, fracasadas las negociaciones, Atenas se entrega a un programa de construcción naval y enseguida a la tarea de recuperar el control de territorios antaño incluidos en su esfera de poder a despecho del Gran Rey, como si no importara que las relaciones con éste se deterioraran72. En la poética metáfora de Badián, es ésta la primera aparición del fantasma del imperio del siglo v, que se presentaba y se apoderaba del cuerpo (cívico) invocante para exigir su deuda de sangre (un esfuerzo más allá de las posibilidades reales de la ciudad) cada vez que Atenas retornaba a primer plano del concierto internacional, consumiendo paulatinamente sus recursos hasta el colapso final (la guerra lamíaca)73. A los tebanos se les reconocía su posición hegemónica en la confederación beocia, de la que quedaba definitivamente escindida Orcómeno. Tras unos prometedores inicios de conflicto, en los que Tebas expulsa casi por completo de Grecia central a los lacedemonios, los últimos dos años de hostilidades sólo habían deparado sinsabores a los tebanos, que arrostrando grandes pérdidas humanas y económicas74, sin perspectivas claras de nuevas adquisiciones y siempre con el pesado lastre de la tensa lucha faccional, se habían ido retirando progresivamente de unos escenarios bélicos que no interesaban a su estrategia geopolítica. Por ello, la paz no debió ser percibida como una mala solución, aun a costa de perder definitivamente Orcómeno, convertida en reducto filoespartano insertado en su frontera occidental, ya que Tebas quedaba como poder indiscutible en la confederación, con un control institucional de la misma superior incluso al período anterior a la defección de Orcómeno. Con todo, pese a la interesada aseveración de Andócides75, Beocia no llegó a firmar la paz en solitario. Ahora bien, que Beocia prácticamente había dado por cerrada su intervención en la guerra de Corinto se colige de dos hechos: por una parte, en 390 hará un nuevo intento de acordar con Esparta una paz por separado76 y, por otra, su participación futura en la contienda se redujo a la participación de «algunos beodos» en la guerra de guerrillas de Acarnania en los 72. Prueba de ello son la expedición de Trasibulo al Egeo y el Helesponto (X. HG. 4.8.25-30; D.S. 14.94.2-4; Dem. 20.59-60) y los tratados de alianza con los reyes Acoris de Egipto (Ar. Plu. 178) y Evágoras de Salamina (X. HG. 4.8.24; Lys. 19.21, 43), ambos en rebelión contra el persa. 73. BADIÁN, E.: «The Ghost of Empire. Reflections on Athenian Foreign Policy in the Fourth Century B.C.», en EDER, W. (éd.): Die athenische Demokratie im 4. Jahrhundert v. Chr. Stuttgart, 1995, pp. 79-106, esp. p. 84. 74. Andoc. 3.20. Especialmente sensibles son las bajas beocias en los enfrentamientos continentales de los dos primeros años de guerra, que PASCUAL GONZÁLEZ: op. cit., pp. 801-802, 849 evalúa entre dos mil y dos mil quinientos hoplitas (más los mil quinientos que se habían perdido con la defección de Orcómeno). Puesto que los daños sufridos por la chora beocia se ciñen prácticamente al pillaje y devastación llevados a cabo por Lisandro en el curso de la campaña de Haliarto, los estragos económicos provocados a un Estado tradicionalmente campesino y sin reservas o tesoro común llegarían de los costes militares, fundamentalmente la movilización del ejército federal y de los aliados de Grecia central, amén del pago a mercenarios y guarniciones. 75. 3.25. 76. X. HG., 4.5.7-10; Plu. Ages. 22.1-7. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
CÉSAR FORMS 291 LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINE EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO años previos a 389 -lo que excluye una leva y movilización del ejército federaly al envío de un pequeño contingente de caballeros a Argos en 38877. Con Corinto y Argos no había concesiones. Esparta no podía tolerar la creciente injerencia argiva en la política interna de una tradicional aliada de la liga del Peloponeso como era Corinto -cuyo territorio constituía la llave de entrada y salida del Peloponeso-, y de hecho la propaganda lacedemonia, de la que se hace eco Jenofonte, hablaba de una «unión política» entre ambos estados bajo la égida argiva78. No es de extrañar, por tanto, qLie la facción argófila -rechazamos su caracterización como demócrata-79 que todavía mantenía, incluso en medio de una virtual situación de stasis, el control de los asuntos públicos en Corinto, repudiase un acuerdo que ciertamente implicaría su inmediato abandono del poder y presumiblemente su exilio, mientras los exiliados laconizantes retornarían y recuperarían su pasada influencia al frente del Estado. Tampoco los argivos contemplaban con entusiasmo la perspectiva de una solución pacífica al conflicto que cercenase de raíz sus planes para Corinto a través de la expulsión de la guarnición argiva instalada en el Acrocorinto y, con ella, de la eliminación de todo rastro de influencia argiva sobre la facción corintia gobernante80. Ha de tenerse en cuenta que Argos había sufrido en menor proporción las calamidades de una guerra que aún no había tocado la Argólide gracias a la curiosa vigencia, nos dice Andócides, de una ίδια ειρήνη («paz privada») con Esparta, sin duda una suerte de πάτρια ειρήνη o «paz ancestral»81. 77. X. HG. 4.6.1 (Acarnania) y 4.7.6 (Argos). También es cierto que por lo menos su territorio ya no sería objeto de devastaciones ni pillaje; cf. CLOCHÉ, P.: Thèbes de Béotie. Des origines à la conquête romaine. Namur, 1952, pp. 107-112; COOK: op. cit., pp. 444-447, 454-455 y PASCUAL GONZÁLEZ: op. cit., pp. 851-852, 868-870, que ponen de relieve el tremendo desgaste humano y financiero sufrido por Beoda hasta esos momentos, acompañado quizá, sugiere el estudioso español, de un fortalecimiento de la facción filolaconia de Leontíades que obligaría a Ismenias a trocar su política belicista por una solución pacífica digna que, preservando la integridad de la Confederación, no apartara a su facción del poder (en nuestra opinión habría que relacionarlo más bien con el desplazamiento de los escenarios bélicos hacia regiones de escaso o nulo interés estratégico para los tebanos). Por el contrario, BUCK: op. cit., 1994, ρ. 54 se muestra escéptico ante el evidente descenso de la intensidad bélica de los beocios, qLie según él es una errónea inferencia del escaso interés de Jenofonte por las acciones militares en las que participan beocios. 78. Sobre la stásis padecida por Corinto durante la guerra, véase ahora FORMS, C: «Identidad corintia e identidad argiva en la "unión" de 392-386 a.C», en LÓPEZ BARJA, P. y REBOREDA, S. (eds.): Fronteras e identidad: III Reunión de Historiadores del Mundo Griego Antiguo. Santiago de Compostela-Vigo, 2001, pp. 207-226, donde defendemos que fue más una percepción del laconófilo Jenofonte que una realidad la pretendida absorción (según otros autores una isopoliteíd) de h polis corintia por la argiva. 79. Ibid., pp. 218-221. 80. Andoc. 3.28. 81. Andoc. 3.27. Cf. PAYRAU, S.: «Sur un passage d'Andocide (Paix, 27)», REA, 63, 1961, pp. 15-30, que remonta esta patria eiréne al tratado de paz anudado por espartanos y argivos inmediatamente después de la batalla de Mantinea en 418, y ALONSO TRONCOSO, V.: «395-390/89 a.C, Atenas contra Esparta: ¿De qué guerra hablamos», Athenaeum, 87, 1999, pp. 74-75. © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist., Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292
292 CÉSAR FORMS LA IMPOSIBLE PAZ ESTABLE EN LA SOCIEDAD GRIEGA: ENSAYOS DE KOINÈ EIRÉNE DURANTE LA GUERRA DE CORINTO En conclusión, las conversaciones de Esparta no tuvieron mejor final que las de Sardes, en gran medida porque inefablemente cualquier clase de vocación panhelénica escondía una natural voluntad de dominación82. Lo que sí pusieron unas y otras de manifiesto es el abismo que había ido creciendo entre los cuatro principales miembros del sinedrio de Corinto, cada uno de los cuales seguía la política más beneficiosa para sus propios intereses y menospreciaba los ajenos. Era obvio que la coalición se estaba resquebrajando. La unión artificial de estados tan diversos como Atenas, Tebas, Corinto y Argos siempre había pendido de un delgado hilo, el de la común hostilidad hacia la arché lacedemonia, un hilo sustentado por la vital financiación persa que se había tensado hasta casi romperse cuando la iniciativa diplomática de Antálcidas les había enfrentado con la posibilidad de perderla; sin ella ninguna de estas póleis, extenuadas demográfica y económicamente -todas habían combatido y sufrido los tremendos efectos de la guerra del Peloponeso-, podía sostener un esfuerzo bélico continuado. Con los argivos y corintios enfrascados en su intento de sacar adelante un proyecto de estado unificado y los beocios retirados virtualmente de la contienda, desde 389 la guerra de Corinto fue cosa de atenienses y espartanos, que se enfrentaban en teatros bélicos que únicamente les importaban a ellos, a saber, el Egeo y el Helesponto. Después de todo, no puede decirse que Antálcidas fracasara por completo. El triunfo definitivo (de Esparta) se haría esperar aún seis años. El de una paz estable muchos más, los griegos sólo la conocieron romana83. 82. Así también HAMILTON: op. cit., p. 259: «the idea of common peace did not prevail because the concept of a common good, to which it might have corresponded, did not exists», o JEHNE: op. cit., 1994, p. 35: «Dass der Friedensschluss 392/391 nicht zustande kam, lag wesentlich an den machtpolitischen Ambitionen Athens, wie ja auch Spartas Anliegen keineswegs altruistisch panhellenisch war, sonder auf die eigene Dominanz in Hellas zielte». Cf. también FUNKE: op. cit., p. 142. 83. Cf. PAYRAU: op. cit., 1971, p. 79, n. 1: «Ce n'est qu'après la bataille d'Actium (31 avant J.-C.) que, das des conditions fort différentes de celles qu'avaient souhaitées les tenants de la cause panhellénique, les Grecs purent enfin vivre tranquilles, grâce à la Pax Romana». © Ediciones Universidad de Salamanca Stud, hist, Ha antig. 23, 2005, pp. 269-292