Maldonado Alemán, Manuel (coord.): "Literatura e identidad cultural. Representaciones del pasado en la narrativa alemana a partir de 1945 [Reseña]
Full text
Reseñas Revista de Filología Alemana 2012, vol. 20 239-350 282 idad,...) como las escenas de los novelistas, Llamas, en este libro, nos enseña a leer intercultural. Amelia SANZ CABRERIZO MALDONADO ALEMÁN, Manuel (coord.): Literatura e identidad cultural. Representaciones del pasado en la narrativa alemana a partir de 1945: Berna: Peter Lang 2009. 473 pp. La editorial Peter Lang ha publicado en 2009 Literatura e identidad cultural. Representaciones del pasado en la narrativa alemana a partir de 1945, volumen elaborado por once profesores de Literatura Alemana de diversas universidades españolas, bajo la coordinación de Manuel Maldonado Alemán, catedrático de Filología Alemana de la Universidad hispalense. El texto se estructura en dos grandes unidades temáticas: la primera se consagra a los fundamentos y presupuestos teóricos; la segunda ofrece un repaso por las distintas formas de representación del pasado, producidas en la narrativa en Alemania (tanto oriental como occidental) desde 1945 hasta principios del siglo XXI. La primera unidad se subdivide en cuatro capítulos: “Literatura, memoria e identidad cultural”, “Canon e identidad cultural”, “Alemania entre 1945 y 2005. Presupuestos históricos y sociales” y “La confrontación con el pasado en la narrativa alemana desde 1945”. Especialmente reseñables son el primero y el cuarto: En el primer capítulo se analizan las relaciones existentes entre los siguientes conceptos: ‘memoria’, ‘identidad’, ‘literatura’ y ‘cultura’. Para Maldonado resulta incuestionable la importancia de la memoria en cuanto base física que permite el recuerdo; sin embargo, éste se revela, no tanto como el producto natural o espontáneo de aquélla, sino más bien como el resultado de un proceso social. En este sentido, Maurice Halbwachs afirma: “Es gibt kein mögliches Gedächtnis außerhalb derjenigen Bezugsrahmen, deren sich in der Gesellschaft lebenden Menschen bedienen, um ihre Erinnerungen zu fixieren”5 __________ 5 HALBACHS, M.: Das kollektive Gedächtnis. Frankfurt: Fischer 1985, 121. . Según Halbwachs, el recuerdo se (re)construye exclusivamente a través de la interacción y de la comunicación social, mediante las cuales el individuo consigue constituir su identidad. Asimismo, este recuerdo es específico del grupo al que aquél pertenece y no es transferible, es decir, en el momento en que se pierden sus miembros, desaparece. Partiendo del concepto de memoria colectiva de Halbwachs, Jan Assmann distingue a su vez dos tipos: memoria comunicativa (formada por los recuerdos biográficos, elaborados por las personas en su interacción diaria, menos estructurados y con una dimensión temporal de 80-100 años) y memoria cultural (formada por recuerdos más estables y duraderos, gracias a que han sido fijados, bien en forma de textos, imágenes, monumentos, etc., bien mediante una mnemotécnica institu-
Reseñas Revista de Filología Alemana 2012, vol. 20 239-350 283 cionalizada, como en el caso de rituales, desfiles, fiestas conmemorativas, etc.). Según Assmann, en sociedades de tradición escrita como la nuestra, la literatura ejerce un papel fundamental en la memoria cultural, ya que el escritor, a través de fijar la memoria comunicativa en el texto (así como de su posterior custodia en archivos, bibliotecas, etc.) logra dar estabilidad y perdurabilidad a unos recuerdos del grupo que, de otra forma, acabarían pereciendo en el olvido. Pero al mismo tiempo, esta memoria cultural se revela como el resultado de un proceso que, en el seno de una estructura institucional o de poder, a través tanto de la selección como de la marginación y la exclusión –lo que conocemos por canonización (ver cap. 3)–, selecciona, ritualiza y tipifica, incluso a veces tergiversando, el recuerdo. Es por ello que Aleida Assmann distingue dos tipos de memoria cultural: memoria cultural en función (la memoria activa de una sociedad, en la que esta última sustenta su identidad –gracias al respaldo que le prestan las instituciones sociales– y que sus miembros actualizan, valoran y asumen como propia; y memoria cultural en depósito (la memoria pasiva de una sociedad, un fondo memorístico en el que se guardan tanto las memorias culturales pasadas no seleccionadas como las activas que han dejado de tener actualidad; así se convierte en reserva de futuras memorias en función). En resumen, ni la memoria (comunicativa y cultural) son procesos mecánicos ni su resultado, el recuerdo, es un ente estático e invariable, sino dinámico y abierto a la renovación y el cambio. En este sentido cobra especial relevancia la literatura –sobre todo la narrativa–, como transmisora de la memoria comunicativa en cultural, así como también, en esta dialéctica constante entre la memoria cultural en función y en depósito, como factor que contribuye al cambio. Por último, debido a que ésta permite reflejar, además de reflexionar y criticar, los distintos procesos de recuerdo que dichas sociedades llevan a cabo. En el cuarto capítulo se abordan los diferentes procesos de recuerdo en el país germano desde 1945 hasta 1990. Básicamente, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, si bien en la RDA, considerada un Estado fundado por luchadores antifascistas, se obvia en el discurso oficial, volcado en la construcción del proyecto socialista, cualquier alusión distinta al rechazo frente al nacionalsocialismo y el Holocausto; en la RFA, en cambio, este discurso pasa a largo de los años por diversas etapas, que se resumen en torno a la alternancia de dos posturas enfrentadas en cuanto a su visión de los mismos: una “Vergangenheitsbewaltigungspolitik” (Helmut Kohl), dominante durante los años de gobierno del canciller Adenauer hasta finales de los cincuenta y desde mediados de los setenta hasta la caída del Muro, frente a una “Vergangenheits-bewahrungspolitik” (Richard von Weizsäcker), que se impone desde mediados de los sesenta hasta la mitad de los setenta. Dicha dicotomía alcanza su punto culminante a través de la famosa Historikerstreit de 1986, entre el historiador Ernst Nolte y el filósofo Jürgen Habermas, quienes plantean si Alemania posee una “Normale-Nation-Identität” o una “Auschwitz-Identität”, respectivamente. La caída del Muro y el proceso de reunificación, ante la urgencia de integrar las dos memorias (comunicativas y culturales) separadas desde 1949, favorecen una nueva “Wende des Erinnerns”. Desde entonces, en
Reseñas Revista de Filología Alemana 2012, vol. 20 239-350 284 el terreno cultural, sobre todo en el ámbito literario, se asiste a una verdadera profusión de obras narrativas que no sólo se dedican a analizar el pasado más inmediato, como la disolución de la RDA o la reunificación, sino que vuelven a rememorar el pasado anterior a la división del país, si bien desde distintos planteamientos y con el rasgo novedoso (tanto por parte de los escritores de las jóvenes generaciones como de los autores más consagrados) de representar a los alemanes no sólo como verdugos sino también como víctimas. La segunda unidad se divide a su vez en ocho capítulos. En el primer capítulo – “Antifascismo y resistencia”– se analizan las obras Jeder stirbt für sich allein (1947) de Hans Fallada, Sansibar oder der letzte Grund (1957) de Alfred Andersch, Nackt unter Wölfen (1958) de Bruno Apitz y Jakob der Lügner (1969) de Jurek Becker. Las novelas retratan la política del terror y las atrocidades del nacionalsocialismo desde la perspectiva de cuatro autores que, salvo Fallada, sufrieron en carne propia las penalidades del régimen tras su paso por establecimientos penitenciarios, guetos y campos de concentración. Con ellas, éstos reclaman el valor testimonial de la literatura, para que el pasado no vuelva a repetirse y, asimismo, advertir de la importancia que en situaciones desfavorables tienen conceptos como la unidad, la esperanza, la lucha o la resistencia. En el segundo capítulo –“De la guerra a la posguerra”– se abordan la narrativa de Wolfgang Borchert y el análisis de las obras Wo warst du Adam (1951) de Heinrich Böll, Tauben im Grass (1951) de Wolfgang Koeppen y Stalingrad (1945) de Theodor Plievier. Una vez finalizada la contienda bélica, los escritores se debaten sobre el papel que la literatura ha de ejercer tanto en el tratamiento del pasado como en la construcción del nuevo presente. En este sentido, Borchert apuesta por el testimonio realista al tiempo que emocional y personal para expresar el dolor de lo vivido; Böll se sirve de la sátira como estrategia para provocar el distanciamiento frente a lo narrado; Koeppen se inspira en la prosa de Joyce, Dos Passos y Döblin, así como en las técnicas cinematográficas, para legar una de las novelas más críticas a la vez que originales de la época; Plievier recurre a la documentación histórica, que enriquece con entrevistas y cartas de soldados, para reconstruir la batalla emblemática que desencadenó el ocaso del Tercer Reich. En el tercer capítulo –“El recuerdo de las nuevas generaciones”– se analizan las obras Die Blechtrommel (1959) y Hundejahre (1963) de Günter Grass, Deutschstunde (1968) de Sigfried Lenz, Tadellösser & Wolff (1971) de Walter Kempowski y Kindheitsmuster (1976) de Christa Wolf. La incursión de Grass en el panorama literario de la RFA, por medio de su famosa trilogía de Danzig, supone un auténtico punto de inflexión en el tratamiento de la narrativa sobre el pasado nacionalsocialista. Por primera vez se denuncia a la sociedad pequeñoburguesa que, centrada en la reconstrucción y el materialismo incipiente, evita cualquier confrontación con la época nazi. Entretanto, en los autores de la RDA es la reflexión sobre los acontecimientos del presente, o sea, la construcción de un proyecto socialista que cada vez encuentra más contradicciones, lo que les lleva a reconstruir el pasado, tratando de encontrar las claves que expliquen éste. En las cinco novelas destaca la perspectiva infantil, la cual cumple un doble objetivo: por un lado tratar de resti-
Reseñas Revista de Filología Alemana 2012, vol. 20 239-350 285 tuir la infancia de una generación a quienes ésta les fue usurpada; por otro lado, a partir de la posición privilegiada y el grado de movilidad que les permite, conseguir desenmascarar el mundo de los adultos. Finalmente, mientras que en Grass o Lenz la confrontación con el pasado resulta demasiado dolorosa, al tener que expiar tanto la culpa individual como la de toda una sociedad que prefiere mirar para otro lado, en Kempowski, en cambio, es precisamente el continuo ejercicio de rememorar su pasado lo que le permite sobrevivir a las circunstancias adversas del presente. En el cuarto capítulo –“La división de Alemania”– se analizan las obras Der geteilte Himmel (1963) de Christa Wolf, Mutmassungen über Jakob (1959) y Das dritte Buch über Arnim (1961) de Uwe Johnson, Die Verteidigung der Kindheit (1991) de Martin Walser y Das Provisorium (2000) de Wolfgang Hilbig. La trascendencia de la división territorial y política de Alemania, que se inicia en 1949 y desemboca en la construcción del Muro en 1961, la convierten en uno de los temas predilectos de los autores, al que recurren no sólo en la época en que se desarrollaron los acontecimientos, sino también posteriormente, incluso después de finalizada ésta. Ello se explica debido a la necesidad de conformar una identidad individual en un país que, tras la ruptura, sigue buscando y padeciendo la falta de una identidad única colectiva. Como se apunta en el título de la novela de Wolf, la cuestión de la división de Alemania fue más allá de la mera separación territorial, lo que dio lugar a unas consecuencias que, como señalan Hilbig y Walser, siguen convirtiéndola aún hoy, sobre todo desde el punto de vista humano, en una escisión irreparable. Sin embargo, como se deja entrever en la novela de este último, quizás el modo de unión pueda hallarse a través del dolor y el sufrimiento común de toda una sociedad, víctima en última instancia de las directrices erróneas y el fracaso de ambos sistemas. En el quinto capítulo –“Imágenes de la República Democrática Alemana”– se analizan las obras Der Tangospieler (1989) de Christoph Hein, Stille Zeile Sechs (1991) de Monika Maron, Unter dem Namen Norma (1994) de Brigitte Burmeister y Helden wie wir (1995) de Thomas Brüssig. De igual o mayor importancia que su constitución son los acontecimientos en torno a la caída del Muro y la disolución de los dos Estados. Si bien escrita con anterioridad a los hechos, en la novela de Hein se apuntan algunas de las causas del fracaso de la RDA, como las condiciones sociales a que fueron sometidos sus ciudadanos y las consecuencias que provocó dicho sometimiento. Maron señala el poder de las leyes de un Estado que llegó a criminalizar incluso los sueños y les impuso la renuncia, en aras del bien colectivo, a la consecución de un proyecto vital propio. Por su parte, Brüssig trata de explicar cómo el régimen fue capaz de mantenerse durante tanto tiempo y conseguir organizar a toda una sociedad en contra de sus miembros. Según él, éste se logró gracias a un proceso perfectamente orquestado de alienación e identificación de los individuos con el sistema. La nota discordante la pone Burmeister, quien plantea la cuestión del desarraigo, experimentado por buena parte de la población oriental a la que, en el proceso de adaptación al nuevo escenario, les fue impuesta la condena, casi de forma radical y unívoca, de su anterior vida.
Reseñas Revista de Filología Alemana 2012, vol. 20 239-350 286 En el sexto capítulo –“Historias de la unificación”– se analizan las obras Im Schatten des Regenbogens (1993) de Helga Königsdorf, Ein weites Feld (1995) de Günter Grass, Endmoränen (2002) de Monika Maron y Zonenkinder (2002) de Jana Hensel. De nuevo, la caída del Muro y la posterior reunificación constituyen el centro de estas novelas. Königsdorf retoma la cuestión del desarraigo y de la pérdida de la utopía socialista. Según ella, los hechos históricos se produjeron en un momento inadecuado y de forma súbita, lo que dio lugar a un desajuste y sumió a la sociedad oriental en la impotencia. En este sentido, Grass, haciendo un ejercicio de memoria, recuerda que la unificación de 1990, al igual que la de 1871, fracasó al ser promovida desde lo político, sin contar con el consenso social. Por otro lado, Maron se sirve de la distancia temporal que le otorgan trece años de existencia sin muro para iniciar, tras revisar los valores sobre los que se fundaba su anterior vida, un nuevo comienzo en el presente. Del mismo modo, Hensel, que pone voz a la generación más joven, apela a la necesidad de adaptación ante la nueva realidad, si bien a costa de tener que hacer desiguales sacrificios pero debiendo partir inexorablemente desde cero. En el séptimo capítulo – “El nacionalismo, la guerra y el Holocausto. Una nueva mirada” – se analizan las obras Der Vorleser (1995) de Bernhard Schlink, Am Beispiel meines Bruders (2003) de Uwe Timm, Im Krebsgang (2002) de Günter Grass y Ein springender Brunnen (1998) de Martin Walser. El paso de los años no sólo no parece haber acallado el Vergangenheitsdiskurs, sino, más bien todo lo contrario, enriquecerlo desde modernos planteamientos y nuevas perspectivas. Mientras que Schlink plantea por primera vez cuál es la responsabilidad que le corresponde asumir a la segunda generación, aunque no involucrada en los hechos pero íntimamente ligada a los que participaron en los mismos, Grass reclama, desde un enfoque inusual hasta ahora, el mantenimiento del trabajo activo sobre un pasado que, dado el carácter manipulable del recuerdo, corre el riesgo de repetirse en cualquier momento. Por el contrario, Walser defiende la preservación de la memoria individual, privada y más íntima, tanto del influjo contaminante de los conocimientos con los años adquiridos como de los debates en torno a la necesidad de regular la memoria colectiva. En el octavo y último capítulo –“El balance del siglo XX. Crónicas familiares”– se analizan las obras Die Gunner-Lennefsen-Expedition (1998) de Kathrin Schmidt, Ein unsichtbares Land (2003) de Stephan Wackwitz, Die Unvollendeten (2003) de Reinhard Jirgl y Das Haus auf meinen Schultern (1999) de Dieter Forte. Sin duda un hecho destacable en estos últimos años es la revitalización, dentro de la narrativa, del género de los Familienromane, que permite el enfoque del pasado como una cuestión anclada en la memoria familiar y posibilita el análisis de su conexión genealógica y su transmisión entre las distintas generaciones. En conclusión, queremos recomendar vivamente este volumen, tanto por el valor de sus esmerados contenidos teóricos como por los excelentes estudios de la selección de obras narrativas que lo completan. Leopoldo DOMÍNGUEZ