THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 39, 2007.
TAN OTRO QUE NI OTREDAD POSEE: ESO QUE LLAMAN EL
ANIMAL.
Mª Vic o ia Pa illa Rubio. Uni e sidad de Málaga.
Resumen. T adicionalmen e la iloso ía (al menos, la hegemónica), desde Desca es a Heidegge
o Lé inas, ha azado una sólida ba e a en e el Homb e y el Animal (en singula , en mayúscula).
Se a a ía –y a siendo ho a- de abandona el singula y cues iona (¿po qué no asal a ?) la
on e a. In en a habla de o o modo no se ía, quizá, mal comienzo.
Pa icipo en un deba e en o no a la p egun a “¿E nocen ismo ine i able? No
sé si es ine i able; con segu idad es discu ible, es o es, suscep ible de discusión. Más
aun, discu ido, hipe discu ido. ¿Cuán o iempo lle amos dándole uel as al e nocen-
ismo? ¿Cuán as páginas, cuán as palab as o denadas en lib os, a ículos, cong e-
sos, mesas edondas, coloquios, deba es? El e nocen ismo del que oy a a a aquí
es, sin emba go, un cu ioso e nocen ismo. Pa a empeza , hay que pone le comillas,
pues “el o o” del que quie o habla hoy - o mejo , los o os- no es el o o habi ual,
mi p ójimo-sepa ado, mi congéne e-lejano, mi exó ico he mano de especie. El
e dade amen e o o no es el homb e (p imi i o, sal aje, bá ba o, ex año, al que
uni e saliza a la ue za o espe a en su sag ada di e encia), sino lo que llaman “el
animal”. Y hay que ene alo pa a saca a los animales a es a escena, al escena io
de un cong eso de An opología ilosó ica, pues si la an opología exis e, y aun la
iloso ía (al menos, la dominan e, la hegemónica), exis e en i ud de una delimi a-
ción i me, cie a, segu a de sí, espec o al o o/animal. Pues bien, oy a in en a
en u bia la cla idad, queb a la i meza de al delimi ación.
El animal (p o iso iamen e así, en singula ; ya e emos más adelan e qué
encie a ese empeño en el singula ) es el adicalmen e o o. Lle amos decenios
en egándonos, no sé si olup uosamen e, al juego múl iple de la o edad, al O o
con mayúscula y al o o en minúscula, al o o a asimila , o al o o a espe a y
e o za en su i educ ible di e encia. Sin emba go, el o o-animal, el animal en
cuan o no-humano, es á desalojado has a de la o edad. Po eso es el absolu amen e
o o, an ca en e que ni o edad posee. No es capaz de esponde (Desca es), no
cues iona el se del en e (Heidegge ), ni siquie a iene os o (Lé inas). Acaso la
iloso ía sea eso, el ol ido (y odo ol ido es ac i o, exige con inuados y enaces
es ue zos) de que el animal es á ahí, da is es, el dasein en indica i o. Y me mi a,
aunque no enga os o. Mayo i a iamen e, los discu sos ilosó icos desca an al
animal. Sí, he dicho bien, desca an. Desca es, po supues o. Y como -nos gus e o
no- seguimos siendo ca esianos, seguimos desca ando; no exac amen e a su
mane a, pe o sí a su luz, en el espacio de isibilidad abie o po él. Como mucho,
hacemos ilig anas (algunas de g an mé i o) pa a no cae en ninguno de los dos
abismos que se ab en a nues o lado: el ca esiano (animal-máquina, pu a ex en-
sión, sin ni siquie a una educida y idícula alma de segundo o e ce o den; en
consecuencia, azo decidido de la on e a animal/homb e) y el an opomo ismo,
es o es, la p oyección de lo humano en lo no humano, la in asión simbólica, la
ap opiación indebida. Al inal uno de los dos abismos eje ce su p o esión de abismo
y acaba siemp e agándonos. Pe o como siemp e hay dos abismos, dos opciones,
una posición signi icada po una ba a muda, es con enien e p egun a se si hay al,
si en de ini i a an o el animal-máquina como el animal humanizado, an opomo i-
zado, simple esul ado de un p oceso de p oyección, no son uno y lo mismo: el
sín oma, el e o no de lo ep imido, lo des-conocido, lo denegado. Aho a bien, la
denegación – ab up a, lapida ia, inapelable- de lo o o-de-lo-humano no es una
denegación más, sino la denegación undado a, cons i uyen e, la que unda lo p opio
del homb e (¿no es amos en un cong eso de An opología ilosó ica?), la que ins i u-
ye la au o- e e encia de una humanidad en ascada en lo que le es p opio, celosa de
72 Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
1 No es á de más eco da las palab as de Nie zsche en Die öhliche Wissenscha (3º lib o, a o ismo
220): Übe Op e und Au op e ung denken die Op e ie e ande s als die Zuschaue : abe man ha sie on
jehe nich zu Wo e kommen lassen. “Sob e o enda y sac i icio, las íc imas (li e almen e, “los animales
sac i icados”) piensan de o o modo que los espec ado es, pe o nunca se les ha dado la palab a”.
su(s) p opiedad(es). Cie amen e, ha habido y hay o os discu sos sob e “el animal”
(y uego no ol iden nunca las ambién mudas comillas), pe o ue on palab as de
poe as, de p o e as, de muje es, de p imi i os. Es deci , palab as a ecibi con una
media son isa indulgen e, es o es, despec i a. Po supues o, en el desp ecio bene o-
len e ambién hay g ados. A los poe as se les pe mi en muchas cosas, siemp e que
no se salgan de su pa que. Con los “p imi i os” y las muje es hay que anda se con
cuidado pa a no se denunciado an e alguno de los nume osos ibunales de Decen-
cia Pública. Pe o an e los/las (aquí sí es pe inen e juga al os/as) “aman es de los
animales” sí podemos pe mi i nos la son isa en e a, la bene olencia indulgen e, el
g ado máximo de desp ecio, an e la ieja dama b i ánica, la abueli a de los ga os, la
en e me a de los pe os. En de ini i a, discu sos secunda ios, emocionan es (peo ,
emocionales), indignos de se omados en se io y, sob e odo, sin “ ep esen an e
es a u a io”, sin ep esen an e cuali icado en la Teo ía, en la Cáma a de los (luga-
es) Comunes ilosó icos.
Y como luz que ilumina a odas las “inad e encias”, odos los ol idos, odas las
denegaciones, una lógica sac i icial: el animal es eso que se sac i ica. Aun sin i ual,
aun sin heca ombe, aun sin co de o pascual, el sac i icio animal es cons i uyen e,
aza el su co undado de odas las delimi aciones ul e io es.1
Desca es, he dicho, el pad e, nues o pad e. No es p obable que nadie hoy
esc iba sob e el animal-máquina (sí lo es que alguien esc iba sob e la máquina-
pensan e), pe o a despecho de ello y po muy lejos que c eamos es a del pad e,
es amos asidos, suje ados po la ley é ea de la iliación. La iliación ca esiana nos
ue za a un plan eamien o de la “cues ión animal” (y digo “cues ión animal” siendo
muy conscien e de sus ecos: “cues ión ob e a”, “cues ión judía”, “cues ión emenina”,
“cues ión social”) que hace las eces de pa adigma no ma i o. Ace quémonos al
pad e. Mais moi qui suis-je ¿No nos lo seguimos p egun ando? ¿Qué hacemos aquí
si no? Aunque las espues as a íen, aunque incluyamos a “p imi i os” y muje es,
aunque nos econozcamos ( ambién) animales (nadie puede impunemen e descono-
ce a Da win), la p egun a sigue ahí, enhies a, insoslayable. “Un homb e”…pe o con
signo de in e ogación ¿Un homb e? Pe o eso ¿qué es? Segunda espues a aquejada
de in e ogan e y, quizá, ele ación de cejas: “¿Un animal acional?” Lo que sigue es
muy conocido, an o como lo que an ecede. Hab ía que pone se a indaga – p osigue
la segunda medi ación- qué es “animal”, qué es “ acional”, es deci , hab ía que
segui con i iendo en p egun as las espues as. Y es e eje cicio, a eces an g a o
-¿po qué nega lo? los que nos dedicamos a la iloso ía nos en egamos inmode ada-
men e a ese place -, es a in inidad de p egun as, cada ez más di íciles, cada ez
más emb olladas, no pa ece se del gus o de Desca es (o del suje o medi an e que
lo ep esen a, o a quien ep esen a): y así a pa i de una sola cues ión i ía a pa a
a muchas y muy di íciles; y no dispongo de an o iempo como pa a malgas a lo en
semejan es su ilezas. Así pues, suspenso al “animal acional”, suspendamos esa
de inición. El je suis, decididamen e, sin queb a se en su ilezas, se aga a a la pu a
e incon aminada in uición, con lo que de paso a oja po la bo da odo lo que huela
a animal ¿Animal yo? ¡Ni acional! Es o es, el je suis es pu gado, depu ado, de odo
lo que suene o huela a ida, a “se animado”, a animal. En in, la espues a cabal a
la p egun a Qu`es -ce que donc je suis? es muy conocida, de examen de Selec i idad:
Une chose qui pense. Pun o inal a la e ancia (al e a , al e o ). Y es aho a, muy
p on o, cuando “el animal”, siemp e en singula , a a hace una muy ugaz apa i-
ción, pisándole los alones a la ce a, la an amosa ce a que sólo el homb e – o mejo ,
esa cosa que piensa- puede alcanza en su e dad, es deci , en su se -ex ensión. El
animal es el que no puede desnuda la ce a (Cuando dis ingo la ce a de sus o mas
ex e nas y la conside o desnuda, como despojada de sus es idos, en onces no puedo
pe cibi la sin la men e humana), desnuda la de su olo , a miel o a habi ación
caldeada (quizá po el uego an e el que se calen aba el de la ba a), de su sabo , el
que no puede cap a la en su a ibu o esencial, la ex ensión. Pa a accede al je suis
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2 Ca a al pad e Va ie de 22 de eb e o de 1638, ci ada po J. De ida en L´animal que donc je suis,
Galilée, 2006
3 René Desca es, Discu so del mé odo, 5ª pa e, Alianza Edi o ial., Mad id 1979, pp. 112-115
4 Immanuel Kan , C í ica de la azón pu a, Lib o segundo de la dialéc ica anscenden al, cap I: Los
pa alogismos de la azón pu a. Al agua a, Mad id 1983, pp. 330-334
humano, nunca animal, hay que se capaz de desnuda la ce a. Nues o pad e no
niega ( ampoco lo hacen sus muy di e sos hijos) los pa ecidos en e “el animal” y el
homb e. Como esc ibe en una ca a de eb e o de 16382, Desca es, el a ón p uden-
e, no pone en duda esos pa ecidos an as eces señalados, especialmen e po los
“amigos de los animales”. Lo que censu a es induci del pa ecido ex e io una
analogía in e io : eso se ía en ega se a un “p ejuicio in an il”. Y del mundo in an il
a la ábula. Imaginemos, dice Desca es (con ello, uel e a oma los a gumen os
empleados en la quin a pa e del Discu so del Mé odo3), un homb e que ue a capaz
de ab ica ma a illosos au óma as (¡ah, la seducción del au óma a!) que mima an
a la pe ección an o a homb es como a animales. Es os úl imos son caballos, pe os,
pája os, au óma as que comen, ¡ espi an! y, po supues o, chillan cuando se les
golpea (¿po qué el animal ca esiano siemp e ecibe una pa ada?) ¿Cómo disce ni
en e el caballo “ e dade o” y el caballo au óma a? No hay nada que disce ni , pues
ambos son au óma as. Pe o sí cabe la dis inción en e el muñeco humano, el
au óma a que imi a al homb e, y el homb e p o is o de sus ancia pensan e. Es e es
el único pe sonaje de la ábula que esponde cuando es cues ionado, el único capaz
de esponde a la p egun a. Pe o hay más, la quin a pa e del Discu so concluye con
la a i mación de que, después del e o de los que niegan a Dios, no hay nada que
apa e más a los espí i us débiles del ec o camino de la i ud que el imagina que
el alma de los animales es de la misma na u aleza que la nues a. Lo que es á en
juego es nada menos que la inmo alidad del alma: al paso que si sabemos cuán
di e en es somos de los animales, en ende emos mucho mejo las azones que
p ueban que nues a alma es de na u aleza en e amen e independien e del cue po
y, po consiguien e, no es á suje a a mo i con él.
De Mensch in seine Vo s ellung das Ich haben kann, esc ibe Kan en, jus a-
men e, La An opología desde un pun o de is a p agmá ico. “Kann”, digo, sin T,
“kann” de “können”, pode . Sólo el se humano puede, en su ep esen ación, ene
un Yo, lo que lo ele a (e heb ) unendlich übe alle ande e au E den lebende Wesen;
in ini a ele ación y sob e odos los se es que i en sob e la ie a. Es cie o que ese
yo, ese Ich, en 1781 ya ha dejado de se sus ancia. Si bien sigue siendo el yo del “yo
pienso”, ha enido que con o ma se con se el acompañan e iel de oda ep esen a-
ción, ga an e de la unidad de la conciencia, unidad o igina ia de la ape cepción
anscenden al. (La ep esen ación “yo”) es simple y, po sí misma, comple amen e
acía de con enido. No podemos siquie a deci que es a ep esen ación sea un
concep o sino la me a conciencia que acompaña cualquie concep o 4Aho a bien, los
animales, sin yo, sin ni siquie a ese yo des aído de la C í ica, son sencillamen e
cosas en an o p i ados de azón (Ve nun slose) y, po an o, pueden se legí ima-
men e usados nach Belieben, como se quie a. No es amos lejos del Génesis, nunca
es amos lejos del Génesis. Los animales – siemp e comp imidos en “el animal”-
poseen au o-a ección, au o-moción, has a una cie a au o- elación, pe o son impo-
en es, ca ecen-de, no pueden, señala se a sí mismos, incapaces de au odeíc ico.
“Aquí es oy/soy (¡bendi os sea el juego se /es a del cas ellano!) Yo”. Pe o ¿qué
animal? ¿El chimpancé o la es ella de ma ? ¿El pe o o la lamp ea? No se a a
an o – ol e é sob e ello una y o a ez- de bo a la on e a cuan o de mul ipli-
ca la; y más p ecisamen e en es e caso, de cues iona las, li e almen e de p egun a ,
de mul iplica las p egun as. ¿No hay acaso una au oma cación, un au odeíc ico en
la exp esión génica, cuando las p o eínas de memb ana – su “ca ne de iden idad”-
iden i ican a la célula en e al medio? ¿No se au op esen an ambién cie os
animales, los llamados “supe io es”, en la pa ada sexual, en la lucha, en esos
despliegues de exhibición…na cisis a? Y del o o lado, del que amos a con eni en
llama “nues o lado”, ¿no es amos empezando a ap ende , más bien a encaja –
como quien encaja un golpe- que no hay al pu eza e inmedia ez del yo, que en la
más na cisis a a i mación deíc ica del yo es á desde siemp e ya el o o?
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5 Jacques Lacan, Kan con Sade, a ículo apa ecido en el nº 191 de la e is a C i ique de ab il de 1963
y pos e io men e incluido en Esc i os 2, Siglo XXI, México 1975, pp. 337-362
6 Ad Bee ho en- Lo que en la é ica kan iana me es an sospechoso es la dignidad que en nomb e de la
au onomía le a ibuye al homb e. Al homb e se le a ibuye como en aja absolu a –como bene icio mo al-
la capacidad de au ode e minación mo al, y encubie amen e se hace de ella la legi imación del pode –el
pode sob e la na u aleza-. Es e es el lado eal de la exigencia anscenden al de que el homb e dic a las
leyes de la na u aleza. En Kan la dignidad é ica es una de e minación de la di e encia. Se di ige con a
los animales. Tiende a exclui al homb e de la c eación y con ello su humanidad amenaza sin cesa con
con e i se en inhumanidad. No deja ningún ma gen a la compasión. Nada odia más el kan iano que el
ecue do de la animalidad del homb e. Es e abú se ac i a cada ez que el idealis a ep ende al
ma e ialis a. En el sis ema idealis a los animales desempeñan i ualmen e el mismo papel que los judíos
en el ascis a. Llama al homb e animal –es o es idealismo genuino. Nega la posibilidad de sal ación de
los animales incondicionalmen e y a odo ance es la ba e a in anqueable de su me a ísica.- Los asgos
oscu os de Bee ho en gua dan elación p ecisamen e con es o. Theodo W. Ado no, Bee ho en. Filoso ía
de la música, Akal Música, Mad id 2003, p. 78
“Una lógica sac i icial”, decía hace un momen o, aun sin sang e, sin i ual. El
animal ( ambién ese “animal-que-hay-en-el-homb e”, ya sean los “bajos ins in os”,
el “ce eb o ep iliano” o los “deso denados ape i os”) es un simple medio que hay
que sac i ica a los ines. Y si el animal es medio, ins umen o, cosa, e en ualmen e
me cancía con su p ecio de me cado, es a odas luces e iden e que no iene digni-
dad.Después, an o Lacan como Ado no señala án la c ueldad i ual de la azón
pu a p ác ica kan iana. “Kan a ec Sade”, i ula á Lacan su esc i o de 19635.
Ado no, po su pa e6, i á mucho más lejos al sospecha que la noción kan iana de
dignidad- po supues o, humana- esconde, más allá del consabido dominio sob e la
na u aleza, o o gado po Dios o in ínseco a la esencia humana, un e dade o ac o
de gue a, un g i o “¡Mue e a!”, mue e al animal, incluyendo y no p ecisamen e en
úl imo é mino, al animal más desp eciable, al animal que yo soy. Sólo que ese an
digno y has a angélico suje o mo al de la azón p ác ica, acaba siendo un “animal”,
una “bes ia ag esi a” que explo a y pe sigue a los o os animales has a la mue e.
Ado no, en una especie de genealogía de la mo al kan iana, llega has a a es ablece
una analogía cuando menos osada: pa a odo idealismo, ambién el anscenden al,
el ma e ialismo, el animal, el-animal-en-el-homb e juegan i ualmen e el mismo
papel que los judíos pa a los nazis. “Lo animal” se ía el judío de los idealis as,
con e idos así en ascis as i uales. Y ello po que el idealismo au én ico (das
ech e Idealismus) insul a al animal en el homb e; o insul a al homb e a ándolo
de animal (lo que de paso nos ecue da que “animal” es un insul o).
A algún buscado de esencias puede pa ece le ú il, pe o es oy con encida de
que con lo que enemos que pelea es, en p ime luga , con las palab as. Pa a
empeza ¡qué palab a és a, “animal”! Ilusos, p e endemos aga a con ella ¿la idea?,
¿la esencia?, más modes amen e ¿el signi icado? de la en idad, o del signi ican e,
“animal”. Pe o es sólo eso, una palab a; más p ecisamen e, un nomb e que cie os
animales, los humanos, se han dado el de echo y la au o idad de da a ese o o –
esos o os- i ien e(s). De ida, al que muy e iden emen e sigo, p ecisa: “lo que
llaman un animal”, ellos, no yo. Lo que “ellos” llaman, sí, yo ambién me excluyo, yo
ambién me hu o a esa iden idad p opinada, o o gada, ases ada, iden i icación
median e. ¿Y si hablá amos del “animal”, es o es, de la palab a, del nomb e? ¿De
dónde, po qué el singula ? Ese p esun o inocen e, el a ículo de e minado singula
(el), al esc ibi se, al p onuncia se, ins i uye un zoológico simbólico, un e i o io de
sa a is u ís icos, un pa que emá ico, un ma ade o ambién, en el que son ence a-
dos odos los que no econocemos ( econocen) como semejan es, p óximos, he manos.
El p ecio (a paga ) es el desp ecio de las eno mes di e encias en e la laga ija y el
del ín, en e la plana ia y la aplisia (babosa de ma ), en e la a u a da y el o angu-
án, en e el ig e y el gusano elegan e (el nema odo Caeno habdi is elegans,cuyo
genoma, po cie o, ue uno de los p ime os en se desci ado). Pues bien, ninguno
de los g andes ilóso os (…o los pequeños ilóso os, los que abo dan –o abo damos-
la llamada “cues ión animal” o, lo que iene a se lo mismo –pues siemp e se acaba
ahí- la cues ión de la on e a, de la di e encia an opológica), ninguno ha p o es a-
do po ello, po el a ículo de e minado singula . Y no es asun o baladí, no es un
ol ido, no es una simple imp ecisión, una le e al a de igo , pues es e singula de
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7 Ma in Heidegge , op. ci .
“el animal” es cons i u i o de la iloso ía misma. Cla o es á, podemos discu i ,
discu imos has a el cansancio (o has a la ce eza que sigue a la sesión- lo ha emos
den o de un ins an e) sob e el c i e io pa a aza el lími e, nos sume gi emos en
los an ecundos disensos, pe o planeando po encima, o si iendo de zócalo o
undamen o, o en un an es de odo iempo, como da o indiscu ido, como supues o
inamo ible, como lo impensado de odo pensamien o, como consenso p e io y
espon áneo, la on e a es siemp e una y compac a. A un lado, EL ANIMAL, en
singula , en gene al, es o es, odos los animales (de la a aña al e izo, del ca acol al
moho del lodo) menos Homo sapiens; al o o, El Homb e, ambién de e minado-
masculino-singula . Al in y al cabo, es cosa de “sen ido común”, que aquí coincide
elizmen e (no siemp e es así) con el sen ido ilosó ico ¡Cu iosa coincidencia! Pa a
in en a sali de amaña animalada (les ecue do que sólo los humanos hacen
animaladas, bu adas, cochinadas), De ida ha p opues o un nue o é mino, L’ANI-
MOT. Una quime a, cie amen e, un a en ado a la lengua ancesa y, pa a noso os
que aquí nos en endemos –o p ocu amos en ende nos- en cas ellano, además
in aducible. L’animo es una palab a de gue a con a esa incues ionada “esencia
de la animalidad del animal” (Das Wesen de Tie hei des Tie es), pa a deci lo con
Heidegge 7. ¿Po qué L’animo ?
1. L’animo nos hace oí (digo bien: oí , no e ) el plu al (mo suena igual que
maux, plu al de animal), y con ello nos hace una llamada de a ención ace ca de la
mul iplicidad di e sa de las es uc u as i ien es. Pa a empeza , hay pues animal-
ES. 2. –Mo , palab a, eco da o io de que i imos en y po la palab a. En es e caso,
de y po la palab a que es nomb e, que nomb a. De nue o el Génesis, de nue o el
Homb e nomb ando, dando nomb e a sus subo dinados.
Acaso, llegados a es e pun o, se pe mi an us edes una son isa de su iciencia y
un an o has iada: “¡Ah, on connai la chanson! Una ei indicación más, un in en o
de da les a los animales, a cie os animales, “la palab a”. No, p o ecía allida, pues
se a a an sólo de la in i ación a pensa de o a mane a esa ausencia de palab a
o de nominación, en é minos que no sean los de p i ación, pob eza o impo encia.
Como hab án no ado, ac úo aquí como ¿ ep esen an e? de J. De ida. “El
animal”, lo que llaman el animal, siemp e es u o p esen e (o mejo , en e ejido) en
sus ex os. En p ime luga , y como él mismo con iesa, po una no-indi e encia hacia
el su imien o de los animales. Pe o más allá de ello es á la cues ión mayo : la
adicional oposición Homb e/Animal (¡esa sólida ba a que me ecue da aquí, en el
eclado del o denado , la solidez de an as ba e as!) y la adicional de inición del
segundo en é minos nega i os. El animal como p i ado de lo que es “p opio” del
homb e: lenguaje, azón, duelo, cul u a, écnica, isa, espe o, esponsabilidad,
llan o, men i a, expe iencia de la mue e…Se explici e o no, odo logocen ismo,
odo an opocen ismo (¿ oda an opología?), es una esis sob e el animal, el desp o-
is o de logos. A iesgo de epe i me, una ez más, la iolencia empieza con el
singula , con ese pseudoconcep o de sen ido común, “el animal”. Hab á que p es a
suma a ención en es e e eno mo edizo de la on e a o el lími e, pues en es e juego
de espejos, en es e juego de posi i o/nega i o (el Homb e es –a i mación- lo que no
es el Animal; és e es –a i mación- lo que no es el Homb e), en es e me odea en
o no a la ba a sepa ado a, no se a a
- ni de o o ga g aciosamen e, bené olamen e, al “animal” lo has a aho a no
o o gado,
- ni de des anece la oposición clásica en la siemp e cómoda indi e enciación.
Nada de escapa a la necesidad – que exige de con inuo es a ale a- de la
concep ualización median e el ecu so, ambién clásico, a la co ien e de la ida, a
la neblinosa egión de lo Mismo donde odos los ga os, no es que sean g ises, es que
dejan de se ga os. Además ¿cómo pod íamos co a camino po esa indi e enciación
en la que se bo an odos los caminos, si es amos en el e eno, más bien acciden a-
do, de la di é Ance? Es a cues ión, la del se i o animal, siemp e ue pa a De ida
La Cues ión, la más decisi a, anspa en e en odas sus lec u as en oz al a. Los
76 Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
8 Jacques De ida, Che cos´è la poesia?, publicado po p ime a ez en la e is a i aliana Poesia en
1988, incluido pos e io men e en Poin s de suspension. En e iens, Galilée, Pa ís 1992, pp. 303-308
9 Cuando juego con mi ga a ¿quién sabe si no me u iliza ella pa a pasa el a o más que yo a ella?,
Michel de Mon aigne, Ensayos, omo II, Cá ed a Le as Uni e sales, Mad id 1980, p. 150. En el pá a o
an e io a la p egun a ci ada, Mon aigne esc ibía: Es la p esunción nues a en e medad na u al y
o iginal. El homb e es la c ia u a más calami osa y ágil de odas y, al mismo iempo, la más o gullosa.
Se sien e y se e colocada aquí, en e el lodo y el exc emen o del mundo, ligada y cla ada a la pa e peo ,
más mue a y il del uni e so, en el ni el más bajo de la mo ada y el más alejado de la bó eda celes e, con
los animales de la peo condición de los es; y se coloca con la imaginación po encima del cí culo de la
luna poniendo el cielo a sus pies. Es po la anidad de esa mismo imaginación po lo que se iguala a Dios,
se a ibuye cualidades di inas, se elige a sí mismo y se sepa a de la mul i ud de las demás c ia u as,
di ide las aciones pa a los animales sus congéne es y compañe os y les epa e la po ción de acul ades
y de ue zas que a él le pa ece. ¿Cómo conoce, median e el es ue zo de su in eligencia, los mo imien os
in e nos y sec e os de los animales? ¿De qué compa ación en e ellos y noso os deduce la necedad que les
a ibuye? (…Y en el pá a o siguien e apa ece la ga a)
10 Lewis Ca oll, Alicia a a és del espejo, capí ulo 12, Alianza Edi o ial, Mad id 1978, p. 181
animales –no el Animal- co en, o se a as an, po sus ob as, esas “ igu as anima-
les” nunca alegó icas, jamás pe sonajes de ábulas. Desde el e izo, que no sólo
mue e en nues as ca e e as, sino al que el au o le plan eó la cues ión “¿Qué es la
poesía?”8, al amoso caballo mal a ado po un coche o bo acho a cuyo cuello
–dicen- se lanzó Nie zsche en Tu ín poco an es de abisma se en la locu a y es imo-
nio de an o su imien o, sin ol ida la ga a; la ga a de Mon aigne, cla o es á
(Quand je jouë à ma cha e, qui sçai si elle passe son emps de moy plus que je ne
ay d’elle?9), ambién y sob e odo la del p opio De ida, esa que lo mi a desnudo,
que no es una alego ía, que no iene nada que e con los ga os de Baudelai e o de
Rilke, más ce cana a los ga os de Roma que al ga i o de Alicia, la del país de las
ma a illas, esa Alicia que, muy ca esianamen e, concluye que el ga o nunca
esponde o, si lo hace, esponde siemp e lo mismo, que es igual que no esponde .
Cuando Alicia eg esa del sueño, de la an asía, del espejo, y se da cuen a de
que el ga i o ha es ado con ella du an e odo el iempo, Ca oll esc ibe: Los ga i os
ienen la cos umb e, muy incon enien e (había dicho Alicia en alguna ocasión) de
pone se siemp e a on onea les digas lo que les digas. Si an sólo on onea an
cuando dicen “sí” y maulla an cuando dicen “no”, o cualquie o a egla po el es ilo
–había dicho-lo que sea pa a pode con e sa . ¡Pe o no! ¿Cómo puede una habla
con una pe sona que se empeña en deci siemp e la misma cosa?10 ¡Ingenua y
ca esiana Alicia! (aunque Desca es hab ía dicho “¿Cómo puede uno habla con un
au óma a?”) ¿Es an ácil disce ni el sí del no en los animales humanos? ¿Es que los
humanos no dicen –decimos- siemp e lo mismo? La ga a de De ida, que le so p en-
de iendo que él e que ella lo e desnudo, no lle a sob e el lomo la pesada ca ga
simbólica que sopo an los elinos, ga os con bo as, ga os Félix. Es ¿simplemen e?
una ga a ¿ eal? Admi ámoslo, pe o en un ins an e ue a del iempo y p e io a la
nominación, es ese se i o i emplazable que es á ahí (is da), que se escapa a la
clasi icación y que ¡ay! es mo al, pues si iene un nomb e –y lo iene, y se lo o o go-,
su nomb e la sob e i i á, su nomb e señala su des ino de mue e, su nomb e i ma
su desapa ición.
Así pues, el ga o de Alicia no esponde, o esponde siemp e lo mismo, como la
máquina ca esiana, ambién como la esc i u a en el Fed o, al que an as eces
ol ió De ida. Y sin emba go, Desca es sabía muy bien que el animal (o el ani-
mo ?) ¿ esponde? ¡no! eacciona (a un uido, una llamada, una palab a-es ímulo,
una pa ada ambién), pe o no esponde “de acue do a lo que se le p egun a”, no
esponde a la in e ogación. En e dad, ampoco esponde el os o (humano, pues
sólo hay os o humano) del mue o. Pa a Lè inas la mue e es eso, ese ins an e en
el que el o o ya no esponde. Pe o es a no- espues a del os o, del cadá e como
os o silenciado po la mue e, nada iene que e con la no- espues a del animal.
El o o mue o ya no esponde. Lo decisi o es á en esas dos le as, en ese “ya”, pues
an es sí espondió muchas eces, o hubie a espondido caso de segui i o: sencilla
conjugación del e bo “ esponde ”. Con eso que llaman animal, es e e bo no se
puede conjuga , excep o p ecedido de un “no”, un “nunca”, un “jamás” (nunca ha
espondido, jamás esponde á, nunca jamás hab á o hubie a espondido): siemp e
la p i ación. El os o de es e pe o que acaba de mo i ¿es i esponsable doblemen-
77
Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
11 Robe Delo , Les animaux on une his oi e, Édi ions du Seuil, Pa ís 1984, pp. 461-463
e, po mue o y po animal? No, esponde ía Lè inas, pues si la mue e es deja de
esponde , es e pe o no ha mue o po que nunca espondió, po que nunca hab ía
espondido, po que nunca ue capaz de espues a. La é ea on e a, la sólida ba a
azada en e “homb e” y “animal” aquí sepa a espues a y eacción.
Lo que debe íamos empeza a hace es p oblema iza –cues iona , in e oga ,
jus amen e- la pu eza de la línea di iso ia. Y a siendo ho a. Pues desde hace dos
siglos, a un i mo cada ez más ápido, es amos asis iendo a una ans o mación sin
p eceden es. Se pod ía obje a que los p eceden es abundan, desde los sac i icios
heb eos y g iegos has a la caza, la pesca, la domes icación o la explo ación de la
ene gía animal en el anspo e, la ag icul u a o la gue a (pe os de Epi o, ibe a-
nos, galos, lidios, hy canianos alabados po Plinio, espa anos, odos ellos pe os de
gue a; “pe os de sang e” lanzados po Piza o con a los indios; pe os as eado-
es de escla os ugi i os en el Su de Esca la a O’Ha a, azuzados po los ingleses
con a los abo ígenes de Aus alia, po el gene al Lecle c con a los independen is-
as neg os de Hai í11. Caballos de ba alla, ambién, esos caballos educidos hoy a
pasa una y o a ez delan e de la casa na al de Picasso o expone el ien e a la
o a íc ima, el o o). Es cie o, pe o ambién es his o ia. Lo que no iene p eceden-
es es la expe imen ación gené ica, la indus ialización de la p oducción cá nica, la
inseminación a i icial en masa, la manipulación del genoma, la hipe ac i ación de
la p oducción y ep oducción (ho monas, c uzamien os, clonación) de animales,
ca ne, ca oña, cadá e es-máquinas. ¿Quién puede ingi igno ancia an e al
escalada, a pesa de la p oducción pa alela y ambién a g an escala de ó mulas de
disimulo, des-conocimien o, denegación, ol ido? Es ácil cae en el pa e ismo,
p oduci un e ec o “pa é ico”, en el doble sen ido que iene hoy el é mino, con ese
oque de i iso io, de lamen able. Además, las escenas e o í icas de la iolencia
indus ial, química, ho monal o gené ica pueden, al igual que an as o as escenas
e o í icas, p oduci un doble y has a iple goce: el goce an e la iolencia, denega-
do, se dobla con el goce del escalo ío y las lag imi as, esol iéndose po in en la
isi a ne iosa que a oja al idículo a los “amigos de los animales”. Las oces que
se ele an en con a, además de a os a el iesgo de ep esen a in olun a iamen e
a odas las idiculizadas sociedades p o ec o as de animales, además de se mino i-
a ias y débiles, buscan a ien as su de echo a la palab a y se aga an, insegu as,
desespe adamen e al lenguaje, a la palab a, al egis o del De echo. Es sabido que
desde 1978 exis e una Decla ación Uni e sal de los De echos del Animal, emanada
de la UNESCO y e o mulada unos años después, pe o como an as o as decla acio-
nes o ecomendaciones, aunque au eolada de buenísimas in enciones, ca ece de
ue za de aplicación. No obs an e y sin p oponé selo, es e ex o pone sob e el ape e
concep os ales como “el animal” en gene al, “ espe o a los animales” (conside ándo-
lo, po cie o, insepa able del espe o mu uo en e los homb es), “libe ad”, “na u a-
leza”, “ ida”, “pe sonalidad ju ídica del animal”…concep os que se suponen ales,
que se conside an su icien emen e cla i icados. Pe o ¿es así? ¿Es á cla i icado el
concep o de suje o, el de suje o de de echo? ¿Tan cla o que sólo cab ía aplica lo o no
a cie os animales, o discu i su g ado de aplicabilidad a dis in as especies? No
podemos echa en saco o o que oda una adición, la nues a, ha e igido un muy
de e minado concep o de suje o- y de suje o de de echo- p ecisamen e sob e la
exclusión del “animal”; lo que hace muy p oblemá ica, cuando no imposible, cual-
quie decla ación de de echos que no sean humanos. Se puede sen i simpa ía po
ales decla aciones (es oy dispues a a i ma las odas a ojos ce ados), pe o ello no
impide a i ma que los concep os necesa ios y e ec i os no son los ju ídicos. Quie o
deci que hay que pensa de o a mane a nues as elaciones con el “animal”, los
animales, l’animo , sin espe a mucho del De echo, pues no cab ía so p ende se de
encon a en él o en su concep o de suje o lo que p e iamen e hemos me ido, la
exclusión de los no-humanos.
Como siemp e, ¿qué hace ? An e es e animal do mido, podemos p egun a nos
“¿sueña?”, p egun a análoga a an as o as: ¿piensa? ¿ iene un yo? ¿mue e? ¿llo a?
¿can a? ¿in e cambia? Más que ap esu a nos a esponde , mejo que edac a una
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decla ación más de de echos, se a a ía humildemen e de cambia la cla e, pone
un bemol, cambia de onalidad, cambia de música. En ez de e igi se en emanci-
pado o libe ado (Ca e libe a o em!), empeza a hace una música in-humana, a-
humana, encon a o o lenguaje, ex anje o a odas las lógicas an opo- eo-mó i-
cas, odas ellas máquinas de gue a humanas ¡ay, demasiado humanas!
Mª Vic o ia Pa illa Rubio
Depa amen o de Filoso ía.
Facul ad de Filoso ía
Uni e sidad de Málaga
[email p o ec ed]