Ros de Olano y los toros
Full text
Revista de Estudios Taurinos N.º 31, Sevilla, 2012, págs. 103-131 ROS DE OLANO Y LOS TOROS Juan Antonio López Delgado* Ala memoria de Piluca Sangro y Torres, viuda de F. Silvela I. DEUN PASEANTE EN LA CORTE n una conversación particular, hace ya muchos años, don Carlos Seco Serrano consideraba muy necesarias las aún inexistentes biografías de algunos de los generales de la España isabelina, de quienes se ha solido decir tuvieron más corazón que cabeza o que cultivaron antes los sentidos que la incógnita fuerza del cerebro. Ha pasado el tiempo. Ensayos biográficos hay que no niegan aquel aserto enteramente y casi todo lo justifican en el destino del hombre. Otros, en cambio, reflejan los ardores de una voluntad sedienta de acción, lo mismo en la política que en el trato social, en las letras que en las armas, pero insuficientes para no incluir en el indagador espíritu el concepto necesario de Dios o la idealización de lo real por la fantasía creadora. Antonio Ros de Olano fue sin duda de estos últimos. Dotado de una muy fina sensibilidad y de un entendimiento esclarecido, sereno y reflexivo, dominaba en él el espíritu crítico. Quiere decirse que en su análisis de situaciones y personas y obras todo queda desmenuzado y descompuesto. Empero, era sobrado activo su espíritu para apacentado en negaciones únicamente. Valera, que le trató bastante, reconocía su variada ins- * Real Academia de la Historia. Madrid. E Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 103
Juan Antonio López Delgado 104 trucción y su excéntrica naturaleza y no menos su acendrada independencia: «Tuvo mucha lectura, decidida y constante afición á toda clase de estudios, clara inteligencia, ‘raro’ ingenio en todos los sentidos de la palabra ‘raro’ y singular aptitud para todo. Muy estimado como hombre político, se distinguió en las Cortes como orador por la elegancia y corrección de sus discursos y por lo reposado y sentencioso que en ellos se mostraba. Por afición irresistible y no por oficio, fué poeta y novelista y aunque grande amigo y admirador de Espronceda, muy distinto de él, como de su carácter independiente podía y debía esperarse». (Valera, 1903: 216) No escribió nunca Ros de Olano una apología de las corridas de toros, como el citado autor de Pepita Jiménez hizo, pero suscribía la opinión de su amigo considerándolas una diversión como otra cualquiera. Cual la de peleas de gallos, verbigracia, a las que el futuro Marqués de Guad-el-Jelú mostróse siempre aficionadísimo. ¿Cómo se enceló Ros en el espectáculo único de la lidia de reses bravas? Corría el año de 1825... Aquel verano había llegado nuestro hombre a la Villa y Corte, procedente del lugar gerundense de Las Olivas, con la intención de solicitar un empleo en la Dirección General de Hacienda. Llevaba cartas de recomendación y un certificado de buena conducta expedido por el Cura Párroco y el Ayuntamiento de Garrigolas.1 Paseaba por el Prado, visitó el Real Museo de Pinturas, acudía al café de Venecia... Hizo amigos. «Eran –dice su biógrafo– hombrecitos de esos que llaman discretos, que van a distraerse, concurren al teatro, van a ver las buenas disposiciones del ‘Sombrerero’ y los peligrosos recursos del ‘Morenillo’ ante 1 Cfr. el Expediente personal de Ros de Olano en el Archivo General Militar de Segovia. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 104
Ros de Olano y los toros 105 toros pegajosos, cornalones y muy delanteros, y dan una vuelta a la Carrera de San Jerónimo, a la calle de Carretas, del Príncipe y de la Montera» (López Delgado, 1993: 30). Iban juntos, decíamos, a las corridas de toros y juntos discernían los éxitos y los fracasos de aquellos toreros que mataban con mete y saca recibiendo, daban infinidad de pinchazos para descabellar y habían salvado al fin sus vidas con agilidad inverosímil. Antonio, que alcanzara a gozar allá en el Ampurdán de la caza del oso y del jabalí por rijosos mozallones, se reiría seguramente de aquellos hombrecillos que quedaban desarmados con demasiada facilidad, tiraban el trapo, tomaban el olivo o hacían cuanto malo se puede hacer en la muerte de un toro. Pero se dejó influir por toda aquella alegría popular y aquel rito sangriento que caracteriza a la fiesta española. Poderosamente, como todo lo que araña la sensibilidad adolescente y deja indeleble huella. Las primeras decenas del siglo XIX, como anchamente analiza Cossío en su Tratado, son por diversas causas de decadencia en el arte de torear, y nadie se preocupa todavía de contradecir o mejorar los preceptos de Pepe-Hillo. Pero una cosa es el precepto y otra muy distinta a las veces la aplicación de ese precepto. La orientación defensiva de la Tauromaquia de José Delgado va teniendo ya en los comienzos del tiempo romántico una heterodoxia de escándalo. Ante el riesgo eran lícitas todas las previsiones y todos los recursos, y ora se salía a poner banderillas pasándose sin meter los brazos, por querer hacer filigranas, como tantas tardes hizo el Chiclanero, ora no había forma de que diesen estocadas derechas, como dice don Natalio Rivas que le ocurría a Paquiro (Rivas, 1939: 71), llegándose al caso de matar a paso de banderillas o del precitado mete y saca a pasa toro por detrás de la espaldilla... Este Ros de Olano de 1826, en que alcanza la gracia de Alférez de infantería de la Guardia Real, no ha profundizado Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 105
Juan Antonio López Delgado 106 seguramente mucho en el arte taurómaco que le ofrecen las corridas de toros de la Villa y Corte. No ha insistido suficientemente tal vez sobre la añadidura de superflua crueldad con que aquellos espectáculos eran llevados en ocasiones. Cumplirá a poco dieciocho años y podrá ir entrando lentamente, como estoque en morrillo de toro de primera, en el rito misterioso de culto tan inmemorial y fantástico. II. DELA AMISTAD CON CARRIQUIRI YESTÉBANEZ La guerra vasconavarra, llamada de los siete años, resultó excesivamente dura y terrible. Ros de Olano, a las órdenes de Quesada primero y de Rodil después, fue destinado a la persecución de Zumalacárregui, el gran caudillo carlista, por las montañas de las Amézcoas. Recordamos esto porque una amistad que no podría ser calificada de fraternal pero tampoco de vacilante se inicia entonces entre nuestro hombre y un gran aficionado a las corridas de toros: Estébanez Calderón. Hallábase don Serafín entre los leales a la Reina y había sido nombrado por Zarco del Valle, ministro de la Guerra, en 26 de enero de 1834, Auditor general del ejército de operaciones del Norte de España. Quien fuera sólo un oscuro vate en Granada que firmaba con el pseudónimo de Safinio y más tarde un abogado que empezó a sentir pasión por la historia y los libros antiguos, alcanzó a poco un prestigio inusitado como periodista y como lírico y una relevante consideración social. Cánovas del Castillo recuerda, en el fundamental y amenísimo estudio sobre su tío, cómo «El Solitario desde que empezaron á mudar de semblante las cosas políticas, gracias principalmente al influjo de doña María Cristina, había sido objeto de frecuentes distinciones». (Cánovas del Castillo, 1883: t.I. 213). Ros y Estébanez hablan de muchas cosas en aquellos descansos que eran verdaderos lagos de remansamiento para el Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 106
Ros de Olano y los toros 107 cuerpo y el espíritu. Éste escribirá algún romance –La golondrina– y aquél bosqueja un como diario de campaña que dará a la estampa sin embargo muchos años después, y también borrajea unas «Observaciones...», aparecidas pronto, en que se aúnan los conocimientos técnicos que dan los verdaderos principios de la profesión y los retratos literarios de caudillos carlistas. Charlan sobre novela, poesía, teatro... Hablan de estilos y de estancias, de escenas y desenlaces, del cielo, de las Musas, de todo..., «de todo menos de política». (De la Escosura, 1839: 25-26). AEstébanez le gusta mucho el arte de un joven torero que, formado en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, es ya contratado en Madrid ventajosamente: Francisco Arjona Cúchares. Torea muy bien de capa y mata los toros a ley – le dice a Antonio Ros. Yle comenta el valor frío de Juan León, la fina elegancia de Mariscal y la impasible quietud, recibiendo a los toros muy en corto, de Desperdicios. Estébanez es una enérgica policromía de tecnicismos y curiosidades anecdóticas, un sabio relator de vicisitudes táuricas, un aficionado único que pronto será cronista de toros, de noticias fastas o nefastas en esa fiesta única también de la lidia de reses bravas. O, como diría Ros de Olano, «un hombre en que el hoy lleva una carga fortísima del ayer». Ros acendrará esa amistad con Estébanez merced a la suya con el Marqués de Salamanca. Aún recordaba, es cierto, al Estébanez del Parnasillo de la Plaza de Santa Ana, como lo recordaban Mesonero Romanos y otros intelectuales y artistas, «con su lengua estropajosa y su lenguaje macareno y de germanía, contando lances y percances á la alta escuela, o entonando por lo bajo una playera del Perchel» (Mesoneros, 1994: 412), y al del Casino de la calle de la Visitación, un Estébanez embarcado ya en colaboraciones para El Observatorio Pintoresco, revista o periódico literario de existencia efímera, como otras muchas de la época, editada por R. Solá y dirigida por el fecundo escriRevista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 107
Juan Antonio López Delgado 108 tor y versátil erudito Basilio Sebastián Castellanos de Losada. Pero fue el conocimiento del emprendedor don José de Salamanca, esposo de una hermana de la prometida de Estébanez2, el que acercó más a la postre a ambos singularísimos escritores. Por este tiempo leyó Ros de Olano, en casa del autor de Cristianos y Moriscos, la Tauromaquia completa de Montes3, o sea, el arte de torear en plaza, tanto a pie como a caballo... Asimismo comentan el histórico e interesante artículo del amigo Castellanos en el mentado Observatorio titulado De las Fiestas de Toros, que comienza de esta guisa: «El toro fue tenido en todos tiempos por uno de los animales más útiles al hombre, razon porque en muchos pueblos antiguos fue venerado como Dios, particularmente en Egipto el buey Apis...» y que termina con esta pincelada de alborozo de aficionado: «Carlos III las prohibió y sus sucesores las volvieron á reponer llegando en el último reynado hasta el punto de crear en Sevilla una escuela formal de tauromáquia. En la actualidad el arte del incomparable lidiador Francisco Montes á quien todos imitan y del famoso picador Francisco Sevilla han regularizado de tal modo esta diversion que son muy raras las desgracias, las mas veces consecuencias de un descuido ó de una imprudente confianza, razon porque no aparece tan bárbara, como antes, una diversion própia solo del valor, arrojo, y serenidad de los Españoles». (Castellanos, 1837: 107-109)4. *** 2Matilde Livermoore y Salas. 3Madrid, 1836. 4Respetamos la ortografía del original. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 108
Ros de Olano y los toros 109 Las desgracias, empero, habían empezado hacía años y seguirían mostrando a los espectadores de toros el lado trágico y emocional de la fiesta. Y, como dice Sánchez de Neira, cuánta afición a ella la de la mayoría de los ganaderos que viven y mueren porque su vacada sobresalga: «Como que se excita su amor propio con el relato de las hazañas que en la lidia hacen sus toros, y por eso se desvela en conseguir su mejora». (1896: 49)5. De uno de estos ganaderos queremos hablar ahora, pues fue nada menos que albacea testamentario de Ros de Olano y amigo suyo personal durante mucho tiempo. Nos referimos a don Nazario Carriquiri. La amistad debió venirle a Antonio por don José de Salamanca, que fue un notable aficionado y precisamente el contratista de la construcción de la gran Plaza o circo de Madrid. Pero es un hecho que cuando estaba en la capital, asistía Ros a las grandes comidas semanales que don Nazario, uno de los rectores del negocio especulativo madrileño, celebraba en su casa de la calle del Príncipe. Carriquiri peroraba sobre el necesario control de la burguesía especuladora (él no utilizaba este adjetivo, claro) y analizaba el influjo de las familias más poderosas de la Villa y Corte, con intereses bolsísticos, bancarios y propiedad tanto rural como urbana. Banquero y propietario, Carriquiri estaba asociado con Salamanca en el negocio del arriendo de la sal (Hernández Girbal, 1963: 153), y hará su dinero negociando sobre los ferrocarriles y obras públicas. Su nombre se repite en varios consejos de administración: la fábrica catalana de tejidos La España Industrial (con los accionistas banqueros Jaime Ceriola, Joaquín Fagoaga, Manuel Cantero, Pascual Madoz y Antolín de Urdaeta), la Compañía Española para la Fabricación de Bujías 5Nueva edición corregida y notablemente aumentada por su autor. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 109
la Estrella (con Ceriola, León Adolfo Laffitte y el propietario Fernando Fernández Casariego) etc., así como en numerosas juntas de gobierno de sociedades anónimas o comanditarias. (Bahamonde, 1981: 521, 522, 614, 616, 632, 648, 655, 657 y 668.) Formaba parte, asimismo, de la junta de intervención de La Peninsular, compañía la más importante de cuantas se ocuparon de encauzar especulativamente los excedentes de las capas medias (a través de las cajas de ahorro privadas) hacia la compraventa de solares o las edificaciones urbanas. (Bahamonde y Toro, 1978: 23-24, 31-32, 38 (y n. 49) y 39 (y notas 50-51)) Ni que decir tiene que el carácter original y emprendedor del banquero dejó honda huella en Ros de Olano, y juntos acudían a la mansión de José de Salamanca, que comenzó también, desde estos años finales del tercer decenio, a reunir en su mesa lo más selecto y más ilustre de la sociedad matritense. Con Salamanca se asociará Ros de Olano en alguna de sus empresas grandiosas y audaces, como la de los ferrocarriles. Pero fue en Jacometrezo, 66, domicilio posterior de Carriquiri, que atesoraba una pinacoteca privada de mucho mérito –Murillo, Alonso Cano, Zurbarán, Ricci, Carducho, Cerezo, Tristán... (Gaya, 1958: 25-26)–, donde se hablaba fundamentalmente de toros. En la tertulia que se organizaba los viernes empezó don Nazario a comentar a sus amigos algunos carices de un plan que albergaba ya en su corazón meses enteros y se estaba haciendo prurito: el tener ganadería de reses bravas. Este sueño de seriedad sin desmayo tendrá no obstante que orillarlo aún algunos años, pues se le ha nombrado jefe de la milicia urbana de caballería de Pamplona y en esta tierra radicará sin torcer la vocación por el azar. Ros de Olano le decía: «Nazario, tú sabes que hasta las Veraguas salen blandas como el agua... La bravura y la casta en los Juan Antonio López Delgado 110 Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 110
Ros de Olano y los toros 111 toros procura que les vengan de no ver mucha gente, de moverse montaraces y de disfrutar pastos de calidad apropósito».6 Cuando ya residía en Tudela se planteó Carriquiri esa recomendación del amigo Ros pensando si debían seguirse en las provincias del Norte idénticos planteamientos de crianza que en Andalucía por aquello de ser distintos el clima y las condiciones del suelo. En la primavera de 1840 le llega un librillo de Ros de Olano que había visto la luz recientemente: El diablo las carga (Ros de Olano, 1840)7. Este otro militar ya laureado, en el Norte precisamente, le va a ofrecer su constante recuerdo emotivo con dos finezas en el mismo ejemplar: la dedicatoria a pluma de la hoja de respeto y la dedicatoria impresa de la portadilla, que reza así: «A. D. NAZARIO CARRIQUIRY, Dedica este cuento SU ÍNTIMO AMIGO, Antonio Ros de Olano». Con los toros de don Nazario, de reconocida fama ya en las postrimerías del reinado de Isabel II, gozaron los aficionados de muchas Plazas de España, pero principalmente, como decíamos, las del tercio Norte. Eran de tipo más bien pequeño, excelentemente armados y de mucha bravura. Relativamente pronto dejaron amarga memoria en dichas regiones, como el que en 1867 mató en Vitoria a Mateo López de una grande herida en la yugular –era ahijado de la Condesita de Teba, Eugenia de Montijo, luego Emperatriz de los franceses– o los que en 1874 ocasionaron graves cornadas en Barcelona al matador Pedro Ayxelá, Peroy, y al banderillero Antonio Herrera, Anillo. 6Archivo de D. Pedro Sangro y Torres (A. P. S. T.), Madrid. Papeles de Ros de Olano. Sin ordenar.. 7Sócio facultativo del Liceo Artístico y Literario de Madrid. (Biblioteca Nacional de Madrid, V, Cª. 440, Nº 23). Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 111
Béjar, donde contrajo matrimonio con la señorita Del Guijo, perteneciente a la acaudalada burguesía rural. Empezó, como peón y banderillero, recorriendo pueblos y ciudades de la región y plazas norteñas. Iba con El Fraile, lidiador pueblerino sin nombradía. Ya en 1840, entró en la cuadrilla de Juan Pastor, el Barbero, parece que por mediación e influencias del patricio e incipiente ganadero y empresario Antonio Palacios, que gustó de la anárquica originalidad, valentía y facultades de Casas. Figuró de media espada en Madrid los años de 1844 y 1845 e ingresará de plantilla unas veces con el valentísimo y pundonoroso Juan León y con el severamente seguro y sereno Cúchares otras. Como espada de alternativa, ya en 1846 (5 de julio), lidió toros de Veragua y Anastasio Martín pero sin la ceremonia de cesión de estoque y muleta –aún no acostumbrada– y sólo con la de turno del primer espada. Apartir de entonces, sin éxitos rotundos o entusiásticos, sin ser nunca una figura de primera magnitud, Salamanquino se forja vitola de torero valiente y de variado repertorio –dice Cossío que capeando era regular pero sobresalía en las navarras y en los lances a lo chatre (Cossío, 1952: t. III, 179)– pero, sobre todo, de facultades físicas portentosas, hasta el punto de saltar la barrera desde la plaza adentro sin tocarla con manos ni pies. Se dijera que quiso zafarse en su toreo de normas decadentes u obsoletas y adentrarlo por maneras y mediante recursos que motivaran más al respetable avivando sus deseos de espectáculo. En definitiva, un moderno en la época de Chiclaneroy Cúchares. Dice con mal contenida emoción Sánchez de Neira: «No nos perdonaremos nunca el haber abrigado la idea de que Julián Casas había de ser uno de los mejores matadores de toros, contra la opinión de más entendidos aficionados. Veíamos en él Juan Antonio López Delgado 118 Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 118
Ros de Olano y los toros 119 á un hombre jóven, guapo, robusto, valiente, ligero y con grandes deseos. ¿Qué extraño es que todas estas cualidades nos sedujeran? Guardamos entonces, sin embargo, nuestra opinión entre dos ó tres amigos, y en guardarla hicimos bien; no porque en absoluto el ‘Salamanquino’ fuera mal torero, de ningún modo. Había ocasiones en que demostraba inteligencia y valor como pocos, y practicaba algunas suertes casi á la perfección y esta era razón de más para exigir nosotros que las practicara siempre, ó al menos con más frecuencia». (1896: 187a) Con tal fe se hizo aplaudir por los públicos andaluces, decididamente intolerantes con los toreros de Castilla, que podemos leer en El Enano lo siguiente: «Los periódicos de Andalucía se han empeñado en poner en ridículo a Julián Casas, colocándole al nivel del quinto cielo, y se van a salir con la suya. Cuando un merecimiento regular se ensalza con exageradísimos elogios, mucho más dañan que aprovechan».13 Hizo las Américas y el público limeño particularmente quedó muy satisfecho de sus actuaciones. Compró, al regresar, ganadería y su vida retirada y silenciosa se vio sólo interrumpida cuando en enero de 1878 fue invitado con otros matadores de fama a participar en las funciones reales de toros que se celebraban en Madrid. Murió Julián Casas en su finca de Béjar el 13 de agosto de 1882. *** Entre los papeles del archivo familiar de quien fue ilustre jurisconsulto y bisnieto de Ros de Olano, don Pedro Sangro y Torres, hay una esquela dirigida a Julián que estimamos pudiera convenir a Salamanquino, y que a la letra dice: 13 Cfr. El Enano, Madrid, 5 de julio de 1853. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 119
«Querido Julián: Espero te halles repuesto de las heridas de Madrid. El domingo iremos a verte a Salamanca Uña y yo. Memorias de Gonzalo. Antonio (rúbrica)»14 Aunque sin data, como era costumbre entonces en este tipo de breves epístolas enviadas a través de criados o cualesquiera servidores de la casa, es posible fechar dicho escrito antes de la inesperada muerte en Arechavaleta de Gonzalo, el único hijo varón del general, acaecida en julio de 1869. Don Juan Uña y Gómez, el otro citado en la misiva, fue abogado del Colegio de Madrid y amigo personal de Ros de Olano y, a la postre, con Carriquiri y otros allegados, albacea testamentario de nuestro militar-escritor. Nos inclinamos a creer que la esquelilla sea más bien de fines de septiembre de 1860. Ya había recogido laureles muy bien ganados Ros de Olano por sus heroicidades en la guerra de África y su vida empezaba a recobrar en lo personal –tras el fallecimiento de su mujer, Carmen Quintana– nuevos alientos. Las heridas de Madrid a que alude Ros deben de ser las inferidas a Julián Casas en la Villa y Corte en la corrida del 9 del citado mes de septiembre por un toro de Veragua, bicho que pasaportó al fin José Ponce, con quien alternaba aquella tarde Salamanquino. La casualidad quiso que el mismo astado hiriera también, aunque levemente, a su picador Ventura Martín y a su banderillero Francisco Ortega Díez (Cuco). «Como Julián es una persona de inteligencia cultivada –dice de él Velázquez y Sánchez–, de carácter pundonoroso, y tiene á su ejercicio ese amor que elevan á culto los ánimos perseverantes Juan Antonio López Delgado 120 14 A. P. S. T. Papeles de Ros de Olano. Sin ordenar. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 120
Ros de Olano y los toros 121 en sus pasiones y sentimientos, ha tratado de corregir su método de lidia, exponiéndose no poco en sus ensayos á desgracias, bien fáciles de suceder al que renuncia á su sistema por adoptar el que menos conoce, y más en oposicion se encuentra con sus hábitos y costumbres» (Velázquez y Sánchez, 1888: 272). Como este mismo analista taurómaco, según propia confesión, vio torear a Salamanquino más de una vez, no le dejaremos de la mano para finalizar este apartado, concediéndole nos exponga su bien ponderado e imparcial criterio sobre la lidia de Julián Casas: «En 1850 puede considerarse a Julian llegado al desarrollo de sus facultades y circunstancias en la profesion; siendo un torero incansable; inteligente; desenvuelto; dirigiendo á la cuadrilla con oportunidad y tacto; captándose las simpatías sin esfuerzos ni salidas de su órbita de acción; tipo grave y de dignidad exenta de orgullosas pretensiones; cumpliendo de la mejor manera que sus cualidades se lo permitían y alternando con todos los espadas sin dar nunca pábulo á choques ni rivalidades con alguno de ellos. Su juego de muleta es corto hasta pecar de insuficiente en los bichos maliciosos y resabiados: prefiere irse á los toros á traerlos á sí, aunque se lo persuada la índole de los brutos: no ciñe á los volapiés y cuartea demasiado entrando al testuz: adolece de predileccion hácia un tranquillo de recurso como el paso de banderillas, que es peculiar á casos extremos y de justa defensa en los matadores, y revela con el capote y con los rehiletes que se ha formado en el arte sin el auxilio de una próvida enseñanza, que al desenvolver sus prendas las purgara de imperfecciones y de inconveniencias. Tal fué el juicio que mereció en Sevilla en 1852, en las corridas de 29 y 30 de Mayo, en que tuvimos ocasion de terciar en ciertas polémicas que suscitaran su ajuste y su toreo». (Velázquez y Sánchez, 1888: 272). Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 121
Juan Antonio López Delgado 122 No serviría sólo con encarecer su valor, sino poniéndole líricamente al lado de la realeza misma, en aquel toro que mató Felipe IV y cantó en espinelas Saavedra Fajardo: «Hoy luce constelación Aquel bizarro animal Que en el arena Agonal Triunfó de tigre y león. Y aunque sus hazañas son Quien le corona valiente, Nunca su cerviz luciente Estación fuera del sol Si el Júpiter español No fulminara su frente. …..............................».15 V. DEL ARTE DE FRASCUELO YOTRAS COSAS Nuestros más felices días madrileños van necesariamente asociados a las emociones del diálogo con una ejemplar mujer, ya fallecida: Doña Pilar Sangro y Torres, viuda de Fernando Silvela, bisnieta del general Ros de Olano. Dama culta y sensible, se dejaba llamar Piluca por los amigos y parece vivía ya, cuando la conocimos, para el solo recuerdo de su hijo muerto en plena juventud: Juan Manuel Silvela Sangro, una de las inteligencias más finas del Madrid de la mediata postguerra. Nuestros encuentros para hablar de Ros de Olano empezaron a finales de los años setenta y duraron –un mínimo de dos o tres estancias matritenses por año– hasta su fallecimiento en 1997. Tenían lugar en su casa, espléndida por cierto, del número 4 de la Calle de Samaria, Barrio del Niño Jesús, zona muy 15 Anfiteatro de Felipe el Grande... Madrid, Juan González, 1631, pág. 39. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 122
Ros de Olano y los toros 123 selecta inmediata al Retiro. Había sido –era– decoradora. Yesto se notaba dondequiera. Vivía en realidad a caballo entre España y Suiza (poseía un apartamento en Kilchberg, muy cerca de Zürich), pero no dejaba nunca de volver largas temporadas a esta lujosa casa donde todo era delicado y perfecto. Desde cuadros al óleo que representaban al autor de El Doctor Lañuela y de Eugenio Lucas hasta volúmenes in folio, en el gran Salón, sobre el Greco, Velázquez o Murillo. Al llegar nosotros, sacaba los álbumes fotográficos familiares y siempre terminaba regalándonos algún grabado de época o fotografía decimonónica, como aquella en que posan la mayor de las hijas del general, María Antonia, condesa de la Almina, con su hijito Gonzalo y su esposo Melchor Sangro. Las conversaciones eran amenísimas, sazonadas de anécdotas y recuerdos de juventud y de infancia. Un día hablamos largo y tendido de toros. Con mal disimulada sorpresa le oímos transmitir el entusiasmo de Ros por la fiesta de los toros. Nos dijo sin ambages que Antonio era frascuelista. Indagamos. Pareció abrirse por un momento su mirada dulce y clara... Pero la memoria le fallaba a las veces. No consiguió aclararnos –aunque puntualizó era fidedigna– la fuente de su aserto. Estaba en la familia el recuerdo cierto de que, a lo menos en sus últimos años, el Marqués de Guad-el-Jelú iba a ver torear a Salvador Sánchez… *** Damos crédito –¿cómo no?– a la tradición familiar y hoy le estampamos aquí, en este ensayo sin pretensiones de nada. Cuando Salamanquino se retiró definitivamente de los toros, a mediados de 1870, faltaban aún veinte años para que lo hiciera Frascuelo. No es difícil imaginar a Ros de Olano espoleado de nuevo, apasionadamente, por un torero singularísimo, de verdad, sin trampa, sin paso atrás, sin tener que recurrir a los trucos del Gordito para aliviarse con los toros. Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 123
Juan Antonio López Delgado 124 Junto a estas cualidades, ¿habría alguna en particular que determinase a Ros a acudir a las plazas nuevamente? Sí. La resurrección de la suerte de matar los toros. La suerte suprema. Decían los viejos aficionados, Carmena lo cuenta en uno de sus libros, que Frascuelo, al principio, no sabía darles salida adecuada a las reses y era la razón de que lo atropellaran muchas. Todo mejoró con el tiempo y la práctica. Pero no se crea que la técnica arrumbó enteramente a la primitiva manera... Frascuelo siguió citando a los toros muy en corto, tras castigarles con la muleta. Así describe, al pormenor, Díaz-Cañabate aquellas estocadas de Frascuelo al encuentro: «Liaba la muleta con calma, se llevaba la mano derecha a la altura del nacimiento del pecho, se empinaba sobre los dedos de los pies, y sin meter el hombro izquierdo estiraba el cuerpo, apuntaba con tranquilidad y adelantaba las dos manos bajando despacio la izquierda. El toro avanzaba y entonces ‘Frascuelo’ se dejaba caer despacito...» (Díaz-Cañabate, 1957). Como a tantos espectadores de entonces, a Ros se le encogería el corazón, temblaría y no saldría del susto hasta que lo viera salir limpio por el costillar, la espada en lo alto del morrillo, hasta el puño, y el toro tambaleándose en la agonía. Un delirio ver aquello en unas jornadas sin duda para hombres de raza. Frascuelo lo era. Otros había en verdad por entonces, como Bocanegra, Chicorro o Gallito II (Don Fernando), que todo lo que hacían en las plazas era sostenerse derechos al lado del Prim y del O’Donnell del toreo. Yeso que el padre de Rafael El Gallo, por ejemplo, hacía el cambio de rodillas como nadie. Pero... en aquellos tiempos Lagartijo y Frascuelo acaparaban todo el interés. Éste era hombre de callejeo y guitarra, movido como su toreo, desenvuelto, garboso. O, como dice su biógrafo más consRevista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 124
Ros de Olano y los toros 125 picuo, «rápido, decidido, nervioso, lo mismo para los toros que para las mujeres» (De Ontañón, 1937: 143). Los mismos revisteros taurinos recomendaban a Salvador calmase su ímpetu, «que puede costarle la vida», sobre todo después de matar aquel toro en Tolosa y luego de tomar la alternativa... El arte de Lagartijo era sobrio, seco, elegante, aseñoritado. Ycon un valor y una vergüenza torera que encandilaban. «Él hizo del toreo» –dice Sassone– «toda una teoría de enlaces y en su cinematógrafo vivo, cuando todavía no existía el cinematógrafo, iba agrupando figuras, multiplicaciones de la suya, como en el alto relieve de un friso helénico; así, cuando ‘a una mano’, recogiendo al toro, ondulaba el capote graciosamente, como su velo una danzarina antigua, ‘Lagartijo’ era el escultor de sí mismo y esculpía su figura y la del toro en el fondo luminoso y dorado de polvo y de sol» (Sassone: 1933). Así empezaba la competencia de estas dos figuras, ya máximas de la fiesta (habían desbancado al Gordito y al Tato), en las postrimerías del reinado de Doña Isabel II, la de los tristes destinos. El otro reinado, el taurómaco, duró bastantes años. Piénsese que la tarde de la presentación en Madrid de Rafael El Gallo, 24 de junio de 1899, según propia confesión del divino calvo a un periodista, aunque estuvo muy bien con sus cinco novillos –se había ido Algabeño con un puntazo para la enfermería– y le tocaron mucho las palmas, «la mayor ovación no fue para mí. ¿Para quién? Para ‘Lagartijo’, que asistió a la corrida, y que era entonces el amo» (Martínez: 1946: 35). Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 125
Juan Antonio López Delgado 126 VI. FINAL PREVISTO No somos revisteros, ni críticos taurinos, ni siquiera pasamos de aficionados a la magnífica fiesta brava de los toros. No desde luego aficionados de categoría y con solera. Pero hemos querido reflejar en este ensayo algo de lo mucho que podría hacerse en la fructuosa relación de personajes postfernandinos e isabelinos con matadores de toros y ganaderos del Romanticismo. He aquí una página histórica y pintoresca que está prácticamente virgen. La poliédrica, interesantísima figura de Antonio Ros de Olano desborda desde luego aquellos anecdóticos carices para insertarse en acontecimientos decimonónicos de mucha enjundia y trascendencia. Colaboró con Espronceda en una de sus producciones teatrales y le dedicó tan fraternal amigo nada menos que El Diablo Mundo. Fue autor de novelas, de cuentos, poeta, dramaturgo, cronista y testigo ocular de la guerra de los siete años, General Comandante en Jefe del Tercer Cuerpo de Ejército en la guerra africana de 1859-60... Queremos decir que fue insoslayable protagonista y parte muy principal en los sucesos políticos, literarios y socioeconómicos de nuestro siglo XIX. Se verá siempre, no obstante, representado mejor –como una alianza feliz de las armas y las letras– en aquel cuadro de Esquivel “Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor”, en primera fila, tan cómodamente sentado como elegantemente vestido, muy concentrado en la armonía y la belleza que seguramente posee el texto de aquel que había cantado a pie de tumba al suicida Larra... La relación intensa e indiscutible que hemos visto de Ros de Olano con el mundo de los toros debería haber bastado para acogerlo, asimismo, en aquella otra pintura de sabia composición, pese al aparente caos y desbarajuste de personas y animales; de cromatismo generoso, pero armónico; de pincelada menuda, aunque sin aquella femenina flaqueza miniaturística Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 126
Ros de Olano y los toros 127 que deja advertir lo enfático de su ostentación: “Patio de caballos en la Plaza de Toros de Madrid”, de Manuel Castellano. ¡Qué ágil conjunción de piedra y cielo! Nos explicamos: de castoreño y sombrero de copa, de levita y taleguilla. O lo que es lo mismo: de tierra y de alma, de elemento telúrico y de fermento espiritual. El romántico con anhelos de idealidad inasible y el torero que recurre a la arena bañada de luz y a la unión que se funde en la raza, en la sangre y en otras fuerzas oscuras. Los atildados frecuentadores del Liceo Artístico lucen su capa oscura, nocherniega. Cúchares y El Chiclanerorelucen entre las lentejuelas de sus capotes de paseo. Con sus cautelas y discreciones. Aquéllos, restauradores de una tradición de arte y evitadores de un aislamiento de lo universal tanto como de una exclusión de lo antiguo en nombre de lo moderno. Éstos, en un vivir tan trágicamente agitado, a punto de sucumbir en una ruralización de prehistoria, de deshumanización tenebrosa (alano, media luna, caballos sin peto), evitando ser desarraigados de la propia tierra áspera en que un día pudiera otorgárseles feliz estímulo y cumplimiento al cultivo de su perfección. ¡Felices minutos en el frescor abigarrado del patio con parral, antes de que salga aquel toro de entonces, agalgado, astifino y con un pescuezo muy largo! *** Sí, este era un final paradójicamente previsto porque en ocasión de que lo esperáramos menos nos echa elementos de pintoresquismo pictórico a la cara y saca toda la aparente irrealidad que hay en la realidad misma. En verdad que es un consuelo ver a todo un General departiendo con toreros que a poco van a ir a la Plaza, trocando con la mayor seriedad del mundo, el específico placer social de la tertulia por aquella vocación de recreo sin meditación ni ambrosía intelectual, por aquella postrimería en que guerreros inteligentes y dotados, elegantes y sin Revista n” 31 quark.qxp 06/06/2014 10:48 PÆgina 127