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Las ánforas olearias béticas del tipo Dressel 20 y sus sellos. A propósito de un libro reciente del profesor Genaro Chic García

García Vargas, Enrique Alberto

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Las ánforas olearias béticas del tipo Dressel 20 y sus sellos. A propósito de un libro reciente del profesor Genaro Chic García Enrique GARCÍA VARGAS Universidad de Sevilla Constituye seguramente una afortunada casuaUdad que la obra de G. Chic García titulada Datos para un estudio socieconó a-nico de la Bética. Mamas de alfarsobre ánforas olearias, cuidadosamente editada en dos volúmenes por Gráficas Sol de Écija, aparezca justo cien años des - pués de que G. Bonsor pusiera fin a las prospecciones arqueológicas que le habían llevado desde 1887, durante un tiempo en compañía deW. Clark-Maxwell, pero casi siempre ensoli - tario, a recorrer las riberas de los rios Guadalquivir y Genil en busca de ruinas romanas y, especialmente, de alfares de ánforas’. Los cien años transcurridos entre ambos sucesos nos ofrecen hoy la excusa de una cifra redonda desde la que valorar, bajo la luz de los notables avances adquiridos en ellos, la mono - grafía del prof. Chic, a quien ha correspondido en los últimos veinticinco no poco méritoal respecto. La labor emprendida por Bonsor al catalogar un gran número de marcas sobre asas de ánforas y asignarlas a alfares concretos en el triángulo Córdoba-ÉcijaSevilla, aportó en su día un contexto histórico y arqueológico claro para los centenares de marcas con similar con - tenido que H. Dressel había venido publicando desde 1879 como procedentes del Monte Testaccio de Roma~ y~ al tiempo, evidenció el origen bético del material artfórico del Testac - cío que Dressel había asignado a sus tipos ~o y 23. Tuvieron, no obstante, que pasar más de siete décadas hasta que la obra prospectora de Bonsor encontrase continuidad en las de M. Ponsicbft, el propio G. Chic García4 o J. RemeRecogidas finalmente en una obra, tardíamente publicada por la Hispanic Sociery (TheAa-chaeologi cal Expe - dicnonAlong ILe Ca-a-el alsjseiíir, NuevaYork, aq3a>. cuya versión española (ExpediciónAa-qa-eológica a lo largo del Ca-a - da-lqníivir. Écija,s989> corrió a cargo del propio G. Chic García en colaboración conA. Padilla Monge. H. Dreasel. «Ricerche sol Monte Testaccio» Ana-a-li dell’Isriruro di Correspoa-dea-zaAncheologicaL, 1878, Pp. íí8-q?a Idem, GIL XV.?; issscnipriones a-a-bis Roma-e la-rina-e. Insrrumea-tum domese¿cum, Berlin. 1899. M. Ponsieh. Iva-planta-non ra-ra-le aa-tique surle Ras-Ca-a-el al quivirí. Sevilla, Alcalá del Río, Lora del Río. Ca-nnoa-a (Paris, ‘974>s Idem, Ios-pla-nra-tion ma-ale aa-tique sua-leBa-s-Ca-ada-lqa-ivirIL LaCampana. Loa-a del Rio. Posadas, Paris. 5979; Idem. Impla-ríta-tion nana-le a-a-tique sa-ríe Ras-Guadalquivir EV. Écija. Dos Hermanas, Los Pal acioay Villa- - franca. Lebrija. Sa-nl rica-rdeBarrameda-, Madrid, 19». G. Chic Garcia, E¡sigsujia anfóa-i cade laBética1. Ecija, íqB~ 73 ISSNa ozí3-oí8, Genón 2003. así. núm. 2 Fna-iqíee GarcíaVargas Las ánforas olearias béticasdel tipo Dressel ao y sus sellos. sal>, a lo que habria que sumaí~afuera de nuestras fronteras la labor catalogadora de sellos sobre asas de Dressel 20 llevada a cabo por M. 14. Callender? a mediados de siglo, por E. Rodriguez Almeidat como sucesor de Dressel en los estudios sobre el Monte Iestaccio~ des - de los primeros setenta yporJ. Remesalapara Germania ya en la década de los ochenta del siglo >0<. Fue a partir de esta década cuando los estudios dedicados al aceite bético experimentaron un impulso notable, plasmado en Ja celebración en a980 dellCongreso In¡emo.eior’uil Sobre Pro - ducción y Comercio de.4ceiteen la-Antiguedad” al que siguió una segunda convocatoria en a98352. Los avances más destacoNes se han registrado desde entonces precisamente en el campo de la epigrafía de las ánforas Dressel ~o y 23 y ello, al ritmo que se publicaban los trabajos fun - damentales de los autores citados, a los que habrá que añadir los de B. Liou” en el litoral meridiooal de Francia, St. Martin Kllcher enkngst (Suiza)’4; P. P.AbreuFunariyC. Carreras Monfort ‘5en Britannia, ji. Baudoux ‘a-en el NF de la Galia, ji. Remesal Rodriguez’? en Germania y P. Bern Millet en Cataluña5. Entre las numerosas aportaciones del profesor Chic al conocimiento de la historia del aceite del valle bético, deben destacarse aquí por su especial relación con la epigrafía anIón- - 1 Rceíaeaal Rodríguez, «La economía olcicola hética: nucvas formasde análisis». AesM 50-51. 1977-78. pp. 87-142; Idea-a-. «Reflejos económicos y sociales en la producción de ánforas olearias béticas (Dressel 20>$, Primer Goraga-eao Inrrma-csboa-a-l sobre íaProdsscciónycl Comercio defl4ceiec en la-Áa-cigtedad, Madrid.1980. Pp. í3s -í~3. No puede olvidarsela labor meritoria de F. Collantes de Teno (en iHernández Díaz-ASancho Corbacho - F,Collantesde Teráta. Ga-tailogo a-rqa-eológi coyos’t ¿sa-la-o de la provinciade Sevilla-, vol, III, Sevilla 1951> al respecto de los aliares del Genilaguas abajas de Ecija. Xl. II. Callender.Boma-nArvaphora-e wirha-nlrsdexof Sra-mps, Londres. 1965. E. Rodrigues Alana:ida, TI Morare Testactio. Storia, Aa-a-bienri. Materia-li. Roma. 1984. Síabre las últimas cxcavaciones rsparsolas en el Mozate puede verse J. M1. Blázwsez Martines, j. Renaesal Rodríguez. E. Rodríguez Almeida, Esuca-vszcioa-es arqueológicas ca-el Monte Testa-crio (Roma-) Memoriarampa-ña 5989 (Madrid>>]. M1. Blázquez Marsicíez, f Remesal Rodrigues (eda,>, Estudios sobre el Monte Tesracc¿o (Roma-)]. Bar - celona, 1999; Ideos (eds,>, Faradios solar,; el Honre Testa-a’cio (Roma) 11. Barcelsína, 2001, 1, Rcmesai Rodrigues. Lasaa-rs-ana-amilitaría y laer¡sorstícidra del aceite bético aGermania-. Madrid,‘986. a a cia-. IIGL<tai. Madrid, 198.3. a a 8. Liuu, alnacriptions peiníca ssaaaaííphorcaa Pos (suite>, Marscillc. Toulon. Port-la-Nautique, Arles. Sama Blaise, Sama -Martira - dc Grau, Mácon, Calvi>= Archa-eoa-autíca7(1987> 55-i39a Ideo., taloscriptiona peintes sur ana[slaasrcs de Narhsannc(Pora--la-Nautiqaíc>» Árchaeoraa-aricaII (1992> 131-48; Idem. «Les aaíípkaores de la Plata-Yoí me a Fa-rIo> Etudc des inscriptíonsaa. Pa-oeca-are ílisroriqa-e 42. 1993, pp. 83-ao7; Idem, R. Marichal. «Les icíscriptíoras fsesríses sur amphores cíe lAnse S.’aint (ka-vais á Fos-sair - kter<a ./lrcha-eona-a±uiea- (5978> 109-81. St Mii tío Kílcher. «les aínphoreat rornaines á huile de Sa-sigue (Dressel 20 ea23> d’Augss (Golonia - Aa-gustas Rocncorasrsa) ct Kaíserasígsí (Gasta-sim Bruta-cense>. Un rappoa-t préliminairea’. II CiAd. op. cia-,. PP. 33y- .34v; Ea-ah os Da a <oras a schenA osporera ítala .1 vgst asad Kasiaerszugst 1, As gas, 1 987 a-a J~ 2 Ataco lucían. Dressel 20 Iraacriprioa-sfs-o ra-a Britain aa-el a-he lorsasa-prion of Spa-nish Olive Oil -sa-irla a-Gata-lo - 575W of Sta-mps Oxfoad 1996; Idem. C. Carreras Monfors, Ra-ita-a-a-aa-gel Mediterráneo. Estudios sobre el abcascecimien - lo ale a-ce arr 6a taco a u/o ca-a-aa ea Brita-,a,rsiaa - Barceloisa, [99W aa. j, Baaadoux, Le,> a-sra.phorea du a-ss rel-esa de laGaaasle, París,1996. a; 1, Bemesasí Rodrigues, fleereavenor~sa-sg unU dic aa-irrschafíiíclsen BezielsungeazuaischeadraBaetis;aunel Gea- - asta-a-sca-, Mastcraaalen zas esa-esa Corpas> da-ain l3esstschla-a-d verojferstlisahrcra Stemprl a-aif Asssphoreaeler Forne Da-es,sel. za. Stuttgart 15797. la-a ea-farsas de a-cesce aje ¿aBétacu cIayaa-eaae,s-ciaen laí Ca-reía-ñas’oma-raa-. Barcelona. 1999. G#s’s=in 2003. as-aúna. ‘2 74 -- Enrique Ca-a-cía Vargas Las ánforas olearias béticas del tipo Dressel 20 y sus sellos. ca dos monografías dedicadas, respectivamente, a las marcas de alfar (Epigrajla anfóñea de Za Bética 1, 1985) y a los rótulos pintados con tinta (Epigraff a anfórica de la Bética II, 1988) sobre Dressel 20. El libro que ahora se publica puede considerarse algo así como una puesta al día, después de más de quince años, del primero de ellos, con la incorporación de la enorme can - tidad de marcas que ha visto la luz en los últimos años gracias al avance de la investigación arqueológicaa esto lo convierte, hoy por hoy, en el mejor catálogo de referencia para el inves - tigador de la economía de la antigua Bética, pero también para quien tan sólo busque en él la cronologia y la procedencia del material anfórico de su excavación. Contribuye ala utilidad de ambos, el criterio de ordenación del material epigráfico de pro - cedencia segura que sigue el prof. Chic García. Quien escribe ha tenido la ocasión de com - probar, como excavador de alfares de cierta magnitud con abundante epigrafía, sus ventajas sobre el sistema habitual basado en la ordenación alfabética a partir de lainicial del nomen’9, tanto en lo referido al estudio de la misma con fines de reconstrucción histórica al interior de cada centro alfarero como en una visión de conjunto. G. Chic ha organizado en esta obra, como en otras anteriores, la seriación y exposición del conjunto de marcas propio de la actividad de cada alfar en función primero de su cronologia (la mayoría de los sellos han podido ser fechados de forma más o menos precisa, gracias a su asocíación con otros materiales contemporáneos en los barcos hundidos o en los lugares de consumo) y luego de su semejanza en contenido y estructura compositiva. Combinando ambos criterios, ha puesto en evidencia la existencia de «familias» de sellos (con variantes diversas) para cada fase de producción de los talleres, sobre todo de los de mayor entidad y recorrido cronológico. El procedimiento ofrece al investigador que utilice el corpus epigráfico recogido en la obra unas posibilidades de estudio que de otra manera se verian seguramente entorpecidas: per - mite profundizar en diacronia en el estudio de las estructuras de gestión de los alfares al poner en evidencia para cada fase productiva asociaciones entre personajes de diferente o similar status o bien entre personajes e indicaciones de carácter topográfico y funcional; posibilita un estudio miimamente fundado acerca de los cambios en las formas de propie - dad de las alfarerías (obsérvese que disociamos de manera intencionada propiedad y gestión); da pie para constatar, al comparar sellos, tituli y las más escasas inscripciones sobre tapones de cierre, diversas formas de asociación entre alfareros y exportadores (para lo cual, es desde luego imprescindible compartir la idea de que los personajes mencionados en los sellos se encuentranÑndamentalmente, aunque no en exclusiva, relacionados con la produc - ción alfarera); nos pone sobre la pista del papel desempeñado en la producción de las ánifo - aLo que. por otraparte, no siempre es posible. dadas las dificultades que presenta a menudo la identifica - clon segurade la inicial del gentilicio. Es por elloque tampoco se sigue este sistema en la catalogación de las mar - eas de procedencia aún ílcsconocida.para las que se opta por el orden alfabético a partir de la primera letra del sello (p. 29S>. Cesión zoa-3, 2~, usa-u, a 75-83 75 Ertrie¡íse Co ‘cies Va-a-gas Las ánforas olearias béticas del tipo Da-essel 20 y Sus sellos. ras por los distintos ordines de la sociedad provincial en cada momento cronológico, y. final - mente nos pennite seguir con cierta claridad algunos fenómenos relacionados con la con - centración de la propiedad (incluidos entre los propietarios los emperadores) o la simulta - neidad de la gestión en varios alfares, gracias a que marcas con elementos muy similares (no debe olvidarse que a menudo se trata de nombres, personales o no, extremadamente abre - viados) se repiten a veces en alfares diversos e incluso distantes. Ninguna de estas posibilidades ha pasado inadvertida al autor del trabajo, quien ofrece en las conclusiones del mismo un sucinto repaso (pp. 444-46) por la problemática estructural de la producción de ánforas Dressel ~o que recoge y sintetiza las avanzadas porél mismo en aportaciones anteriores. Consideramos de sumo interés las lineas generales acerca del desarrollo histórico de la producción alfarera contenidas en estas lineas, que suscribimos com - pletamente, si bien quisiéramos en este punto introducir algunas consideraciones propias que tal vez sean útiles corno complemento de las ideas vertidas en ellas. Parece claro que en su mayor parte las «industria» alfarera del valle bético, al menos tal como la muestra la evidencia arqueológica conservada, fue ante todo un fenómeno de carácter rural ene1 que la propiedad de las canteras de arcillay de lostalleres cerámicos a ellas aso - ciados se consideró corno una extensión de la economía agraria. La producción del aceitey la de los contenedores destinados a envasado constituyeron, por ello, dos facetas íntimamente relacionadas de una actividad eminerúcinente agrícola. En ambas se empeñaron a menudo los mismos individuos, si bien la especial ubicación de algunas haciendas agrícolas con res- - pecto a los ríos a través de los que debían ser expedidas y cuyos lechos les ofrecían de paso buenos recursos aseillosos. favoreció con el tiempo una dedicación más «decidida» a la «industria» alfarera de los propietarios próximos a los ntismos. Esto favoreció desde mediados del siglo 1 d. C. o algo antes la desaparición de parte de los pequeños talleres arte - sanales de la época de la colonización augustea y la concentración progresiva de la actividad cerámica en tinos cuantos predios que comenzaron a vender para envasar la producción pro - pia tanto como para la venta al resto de propietarios que carecían de facilidades alfareras o que simplemente habían decidido pasar sin producir ánforas. Se explicaría así el crecimien - toen taníai’o de las instalaciones a 1)artir de los últimos años de Tiberio y eí hecho mismo de Ja aparición de los sellos sobre las ánforas, un fenóaneno que puede relacionarse con la mul típlícación de las situaciones económicas posibles entre los diversos personajes empeñados en cada ulomento estructural de la producción y entre los más importantes de éstos y los envasadores del aceite. F. Mayet ha señalado crí un magnífico trabajo de a986>a, que aquello que se oculta tras el fenómeno del sellado de las ánforas olearías béticas no es, en efecto, más que la aparición de una «clase profesional« de alÍarerosv. enconseeuencaa. de lina «industria» independien1’. M aa~-e-t. a> ls’ s figí a-a-de si aras la: a a-sarc] síes s:I’ Sa ns1ahaa íes 1) rí-asse 1 =a ai a’ Bét.i q sae». REd LXXXVIII. 1986. pp. 225-205 ta’tta’aa)sa -seoS. al, mita. 2 ~ -LI ‘76 Las ánforas olearias béticasdeltipo Dressel 20 y sa-5 sellos. Enrique Carcía Vargas te en lo que hace a la propiedad de la organización demanial agrícola. Nosotros no lo pone - mos en duda, pero nos preguntamos cuántos de éstos alfareros independientes fueron en realidad propietarios y cuántos no fueron sino gestores profesionales de las propiedades aje - nas. Al mantener el complemento «profesional» introducido por F. Mayet, pretendemos desviaría atención de la figura del uiiicus cuyo carácter es muy diferente del que puede supo - neme para un gestor de unas actividades no estrictamente agrícolas, como se deduce de la determinación de sus funciones en la hacienda por parte de los diversos tratados de re runica analizadas recientemente por P. Sáez Fernández en su aportación al Congreso Internacional & Baetica Amphome~. cuyo razonamiento, no sólo en esto, seguimos de cerca. Por gestor «profesional» entenderemos, pues, Zocato,’ o arrendatario del alfarde otro, y en cierto modo también institor, bien entendido que no se incluye en el concepto la clase depmepositio de que es objeto el uilicus. Ninguno de los personajes que aparecen sellando ánforas antes del siglo II d. C. puede relacionarse con un individuo perteneciente a las clases «privilegiadas» de la ciudadanía provincial, caso que si puede señalarse a partir del siglo II d.C., especialmente desde su mitad, y a lo largo del III d. U. A partir de ésta última centuria, comparecen incluso clari>ssi - mi2t, lo que creemos debe estar indicando cambios importantes en la relación entrefitndus y figlina. La generalización a partir precisamente del siglo lId. C. de las menciones enlas mar - cas de las distintas ,/iglinae (alternando en ocasiones con el término ft¿ndus: FUNDI PER” SEIANI, FIGPEBSEIANA), señalada por la propia Mayet, parece serun nuevo indicativo de estos cambios que debieron girar entorno ala inclusión de los talleres de ánforas en el domi - nio agrícola a efectos de la gestión (como instrumenta fi¿ndorum), aunque probablemente siempre hubieran estado incluidos a efectos de la propiedad. Ello justificaria la reducción drástica del número de alfares a partir del siglo II d. C. que vendría determinada no sólo por la baja global de la producción, sino también por una concentración efectiva de la propiedad agrícola de los distintos/únditS (algunos de ellos en manos de los emperadores) en cuyo seno se incluían ahora unas instalaciones alfareras que, manteniendo intacta su orientación efle - flor, habrían pasado de forma efectiva a integrarse en la gestión del dominio agrario4. No es este el lugar seguramente de desarrollar esta interesante cuestión, porlo que valgan estos breves apuntes para subrayar el valor de la obra que venimos comentando en lo que hace a la sugerencia de vías de investigación acerca de la significación económica del catálo - JI, Sáez Fernández, «Los envases anfóricos como instnsaneaatum fa-odia>, en Congreso Internacional Ex Baetiea-Amphora-e, Coa-sea-aa ras areeiteylaia-o delaBética en el Imperio Romano. Sevilla-Écija, 5998. en prensa.. Videa F. Jacques. «Un exemple de enocentracion fonciére en Bétique daprés le tégn,oínage des timbres ampboriques dun famille clarissimes’. MEFEA 102. 1990. pp.865’899. G. Chic García, «Los centros producto - res de las ánforas con marcas deL. F. C,aa,Hispania-Antiqua XVIII, 1994. pp. 171233. ~ Conclusión a la que llegó en su día F. lacques. ant. cte. nos, anterior, Gfa-. E. Carcia Vargas. «La producción de ánforas romanas enel sur de Hispania-. República yAlto Impe - rio», Actas del Congreso Internacional Ex BaeticaAmpho ra-e. Sesailla--É cija. 5998 (en prensa>. Cesión 2003, 21. núm. 2 75-83 77 Ena-isja-e Ca-a-cia Va-a-gas Lasánforas olearias béticasdel tipo Fresad 2Orsus sellos. go recogido en ella. Con todo, su función como acicate para la investigación sobre la economía de la Bética altoimperial implicado en su título no se detiene en esto. Así, la inclusión del área de distribución de cada marca en el comentario de la misma con la intención de que las referencias sean lo más completas posibles, aunque ciertamente sin pretensiones de exhaustividad, introduce un elemento de valor que. como hemos visto que sucedía con la forma de ordenarlas, no carece de implicaciones de tipo económico, referidas esta vez al comercio y distribución del aceite bético. La más evidente de ellas, el mismo hecho de su enorme dispersión, lo que indica un «comercio» importante de éste aceite a lo largo de los dos primeros siglos ríe la Era. Salta a la vista enseguida que muchos de estos lugares se encuentran relacionados con los ejércitos del limes renodanubiano o con los lugares de paso en las rutas logísticas que los abastecen. Otro lugar importante de recepción es la propia Roma, lo que puesto en relación (como hace el autor en su obra de 1988 Epigr-aftaÁnfr rica de laBética II) cori el contenido de los titulipicíi de las misanas ánforas y con la documentación jurídica y literaria dibuja para eí aceite b~t~co unpanorarna «comercial» dominado desde muytemprano porlas necesidades de abasteci miento del Estado y claramente regulado, desde la época al menos dc Trajano, por un sistema de irsdicí!ones o ventas obligatorias a la annorta estatal que. sin duda repercutió sobre las cantidades globales de aceite bético producidas y exportadas desde principios del siglo il (J.C. Aquí entra de nuevo en juego el contenido de algunas de las marcas que parecen referirse a individuos relacionados de algún modo con eí «comercio» aceitero y que por ello aparecen también en los ida-Ii b de las ánforas olearias. Como díffiísoms del aceite bético, y en algún caso, también como productores de ánforas o a] menos como «socios» necesarios de éstos. tales individuos habrían participado de las ganancias que les proporcionaba ata «colabora - ción» con la administración annonaria. En trabajos publicados con anterioridad, el prof. Chic García ha estudiado el fenómeno con la suficiente extensión y perspicacia, porlo que eslirnamos que cualquier intento de síntesis del estado de la cuestión por nuestra parte sería, además de redundante, insuficiente. Sólo cabe, por tanto, insistir en el hecho de que el catá - logo pornaenoa’izado de los sellos de ánforas Dressel ve de la Bética (incluida su l’rarsja coste - ra donde sabemos hoy que también se produjeron contenedores olearios dc este tipo y de su sucesora, la Dressel z3) abre, al poder contrastarse esta información cori la de otras formas de documentación, enormes perspectivas al estudio de las bases económicas de las oligar - quías béticas en época imperial y. por ende,a la histoa’ia social de la Provincia, una clase de historiaque ha adolecido á ineñúdó, póf iñ~úfibieiñéiá dóéiiiúéaitáiáiii dúdii, dé la ñééésiáfíi~ relación con el aspecto económico. La mención de un caso concreto puede servir como ilustración de las posibilidades de un trabajo en este sentido’» se trata de la marca M. V. P. del a]far de Guadalbaida, en Posadas - Ca> o tas si a-as los ~>c liga-os tío e ca> sílí eva lo singular a<aaa ocio a:xi tic el pe] igí-es da: a~aa e sea sUc ísíáaa aneodósica>. 78 Cerio a-a 200.> a ailaasasL-2 Enrique Ca-a-cia Vargas Las ánforas olearias béticas del tipo Da-essel 20 y sus sellos. (Córdoba). Si se confirinara la relación de identidad entre el personaje que se esconde tras estas iniciales ye1 M. Valerius Proc tilinus que ofreció aceite y acceso a los baños a los ciudada - nos deSingiliaBarba (Hisp. Eja. II, 1990,469) en 109 d.C., supuestala relación genealógica de éste con el L. Valerius Proculus que aparece en una inscripción de Málaga (GIL II, ‘97’) como expraefectus annonne entre í42 y 144 d. C., se tendrá un testimonio importante no sólo acer - ca del ascenso social de los personajes relacionados en calidad de difusores con la distribu - ción del aceite bético y acerca de su introducción en la administración imperial, sino proba - blemente también sobre el modo en que los «financieros» relacionados con la exportación de las salazones béticas (pues la dedicatoria a Proculus corre a cargo de un negotio>ns salsarius. P. Ciodius Athenio) acabaron derivando lo mejor de sus ganancias de su participación en el tráfico estatal de aceite, en consonancia con las trayectorias encontradas de ambas mercan - cías (de tráfico «administrado» launay de «libre comercio» la otra) en el tráfico global de la Provincia~a - Al respecto de este último fenómeno, pueden aducirse algunas pruebas estadísticas sim - ples. Mí, el número de alfares en funcionamiento en época de los Antoninos, según sedesprende de la cuantificación por períodos cronológicos que, sobre la base del estudio del material epigráfico de las alfarerías, realiza G, Chic (p. 447) alcanza hacia la mitad del siglo II d. U. el ~5a-/o del total de los conocidos. Nuestros propios trabajos’» han permitido una labor similar paralos talleres alfareros de la balta de Cádiz, si bien basada en una datación tipoló - gica, puesto que la epigrafía sobre las ánforas salsarias es, desgraciadamente, bastante más escasa. En este último marco, la mayoría de los talleres (86’8%) está activo a lo largo del siglo 1 d. C., quedando reducido su número relativo al 56’8~/o en la centuria siguiente. Las diferencias de «vitalidad» que se deducen de la comparación entre ambas series «estadísticas» encuentran su confirmación en los ritmos de la evolución del tráfico comer - cial de cada producto que hemos realizado utilizando los datos que proporcionan los barcos naufragados en todo el Mediterráneoal. Le sustancial de estas diferencias consiste en que el periodo de máximo volumen de la exportación del aceite bético (que hemos de suponer correlativo al de máxima producción) comienza justo cuando se quiebra definitivamente la línea ascendente de las salazones (y también del vino) de la región: entorno al principado de Trajano. Este cierto «relevo» como «motor económico» del interior de la Provincia con respecto a su litoral (donde no debe olvidarse que desde al menos la segunda mitad del siglo íd. C. se comenzó a producir y exportar en cierta cantidad el aceite) fue posible gracias al desarrollo E. Garcia Vargas. E. Ferrer Albelda, «Sa-Isa-ra-enea y liquansina malacitanos en época imperialromana, Notas para un estudio histórico y arqueológicos, en II Congreso de Historia Antigna de Málaga, Málaga. 2ooí, p. 586. - E. García Vargas. La-producción de ánforas en la-bahía-de Cádiz ea-época romana- (siglos lira. C. ‘Wd. C.), Eci - ja. 1998. » Rsidem, Gea-irla - zoo3. 21. nÚm. 2 75-83 79 Enra que Cos’cs2a Vargas Las ánforas o/tasias béticas deltipo Dressel 207 sas sellos. temprano de las infraestructuras de comunicación, especialmente del acondicionamiento de ríos como el Guadalquivir, para la navegación, y tal vez no se haya prestado demasiada aten - cion a este hech&~. Tampoco este aspecto deja de ser contemplado en las conclusiones fina - les de la obra, donde, significativamente, se considera su importancia como primer argu - mento de las mismas y donde la perspectiva de la interpretación es proporcionada una vez más por las marcas de las ánforas olearías. Nos referimos a la lectura del elemento PORT o PORTO que llevan los sellos de determinados alfares como referido a las esclusas o puertos fluviales dispuestos a lo largo del Guadalquivir para facilitar su navegabilidad y ías operaciones de carga y tránsito de mercancías. Es cierto que eltérmino ha sido interpretado como referente a una especie de recinto a «almacén» (conclusas locus) sobre la base de Dig. L. a6, 59. pero entendemos que la lectura de este pasaje por el prof. Chic como correspondiente a un recinto naval (p. 207. not. 1029) y, por lo tanto, como una realidad claramente diferente dc los puestos fluviales coloca la cuestión en sus justos tésminos. Tal vez la declinación del sustantivo, que encontramos a veces en las marcas como POBTO, pueda indicar una cierta matización terminológica en referencia a una esclusa fluvial que sirve a la vez de mecanismo de regulación del cauda] con vistas a permitir la navegacíónyde embarcadero, frente aluso restringido de la cuarta para los puertos marítimos. Consideramos, pues, que la documenta - ciónde época moderna que se aporta en esta sección (pp. 441-443) para defender la inter - pretación dada al concepto citado deportas y, por tanto, de las marcas que hagan referencia a tal elemento, es concluyente al respecto. ala luz, entre otras cosas, de las coincidencias exis - tentes entre la situación descrita en el siglo XVI (1524), cuando se intentó restaurar la nave - gabilidad por el Guadalquivir a partir <leí viejo sistema de puertos y esclusas y la que puede deducirse para época romana a través de las marcas arfórícas y de otros elementos arqueológicos. Valgan las consideraciones hechas hasta aquí. y las muchas que, por razones de espacio o por falta de miras de] recensor. se quedan en el tintero, como otras tantasevidencias acerca de la adecuación entre el título y el contenido de la obra que ahora publica G. Chic García. No sc trata, en efecto, de un catálogo demarcas, una epigrexfta anjdrica sensa stñcío. La decisión de eliminar del título cualquier referencia a la epigrafía (p. 9) no es, desde luego. fortuita~ la inclusión de la idea de que lo que se aporta son datos para la construcción de una historia soctoecorucjoñca de la Bética (p. 8), tampoco. Nos falta ahora, un poco entre todos, aportar más trabajo y las necesarias interpretaciones que hagan hablar a los datos. No dudamos de que — rl— veamos imnuisados a hacerín cons - tirnipo sial’> Lasa-lo IíIIUOtIO tbU U1151L5110. III qtir líOS ‘. -- tituye el tipo de fecundidad que hace importantes obras como la del prof. Chic, una fecundí - aA excepa:i dc de unaobra da:l propio Chic: Carcia (Laoa-l’aageeiónpor el Cua-dalquisÁr entre Córdoba-y Sevillaen époeo 5-onsa-na-. Ecija, 5990>y de una mnoraugrafia de M. Partsdi alentada Jícír él (Bios ria-gsína-.s de Hispaniacomo atas de cooas¿nia.’a-e’iap,s [ti. a-aaaeegaeióst interior 5:0 lo Hispa-esia¿ roma-no-. Écija. 2001> No debe olvidarte el importante sa-a — is ajo piosíeras aje 1.. áhaa] Ca~ai. El Cas-a-al aiqaaivis-. cias jissvia-¿ rona-ano , Sevilla, i So Cesión 2003. 21, 110155. y~ 83 Enrique Cara-fa Vargas Las ánforas oleadas béticas deltipo Dressel 2o y tris sellos. dad que procede no tanto del hecho de que cierren un ciclo fructifero (aquellos cien años que nos sirvieron de excusa para iniciar estas líneas) como de que abran uno nuevo que promete sin duda mejores perspectivas. Que así sea y que todos lo veamos. Guión 21, núm. 2 75-83