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Fronteras electrónicas y nuevas dinámicas transnacionales en internet

Gómez-Aguilar, Antonio

Abstract

La representación de pertenencia a alguna unidad territorial se ha organizado casi siempre en torno a lógicas inclusivas que generalmente partían de lo local y se extendían en círculos concéntricos y discontinuos hasta lo regional, nacional e internacional. Las modificaciones espacio temporales generadas por las nuevas formas de comunicación que permiten las tecnologías de la comunicación han generado nuevas dinámicas de transnacionalismos desterritorializados donde están aflorando nuevas comunidades construidas de subjetividades y colectividades no circunscriptas a un territorio sino difusas y diseminadas en una malla o red. Estas redes de comunicación toman la red global de ordenadores como la base tecnosimbólica para la emergencia de lo que diversos autores vienen a denominar la comunidad transnacional imaginada-virtual. Los así llamados ciberespacio y cibercultura son los universos típicos donde las dinámicas del transnacionalismo pueden expresarse en su plenitud

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FRONTERAS ELECTRÓNICAS y NUEVAS DINÁMICAS TRANSNACIONALES EN INTERNET Antonio GÓMEZ AGUILAR Universidad de Sevilla Resumen: La representación de pertenencia a alguna unidad territorial se ha organizado casi siempre en torno a lógicas inclusivas que generalmente partían de lo local y se extendían en círculos concéntricos y discontinuos hasta lo regional, nacional e internacional. Las modificaciones espacio temporales generadas por las nuevas formas de comunicación que permiten las tecnologías de la comunicación han generado nuevas dinámicas de transnacionalismos desterritorializados donde están aflorando nuevas comunidades construidas de subjetividades y colectividades no circunscriptas a un territorio sino difusas y diseminadas en una malla o red. Estas redes de comunicación toman la red global de ordenadores como la base tecnosimbólica para la emergencia de lo que diversos autores vienen a denominar la comunidad transnacional imaginada-virtual. Los así llamados ciberespacio y cibercultura son los universos típicos donde las dinámicas del transnacionalismo pueden expresarse en su plenitud. Palabras Clave: Transnacionalismos, internet, redes, ciberespacio, tecnologías de la comunicación, frontera, territorio, comunidades virtuales. Abstract: The representation of belonging to any territorial unit has always been organised around inclusive logics wich usually started from local places and spread ad concentric and discontinous circles up to regional, national and international places. The space and time changes generated by new communication ways wich are allowed by communication technology have generated new dynamics of unterritorial transnationalisms where are not restricted to a territory, but are widely extended and spread in a net, are growning up. These communication nets take the global net of computers as the technosymbolic base for the appearance of something called the transnational imagined –virtual community. The so– called cyberspace and cyberculture are the typical universes where the dynamics of transnationalisms are able to express themselves widely. Keywords: Transnationalisms, internet, nets, cyberspace, communication technology, border, virtual community. Comunicación nº 3, 2005 (pp. 39 - 49) 40 antonio Gómez aGuilar Comunicación nº 3, 2005 (pp. 39 - 49) 1. ESPACIO LOCAL y LÓGICAS INCLUSIVAS DE ORGANIZACIÓN SOCIAL El mundo habitado, y hasta el no habitado, está dividido desde antiguo en territorios. Cuando se habla de extensión, competencia y poder de los Estados, se trata siempre de límites, y siempre que los límites no están definitivamente marcados, se lucha encarnizadamente por ellos. La tendencia de los individuos a la territorialidad se confirmaba ya en los primeros estadios de la evolución humana. No sólo se pertenece a un clan, sino también a un territorio. “El territorio es, consecuentemente, una invención cultural enmarcada por las identidades, que dentro de una simbología condensarían en polaridades imaginarias el problema espacial” (González, 1993: 231-232) Desde el punto de vista psicológico el espacio territorial no sólo es el lugar de la identidad, sino igualmente de la diferencialidad. El territorio aparece como el lugar privilegiado para relacionar el yo y el entorno, puesto que delimitar un territorio es a la vez tomar posesión y afirmar su identidad. Del mismo modo, los lugares connotados por la historia y la tradición oral actúan de referentes simbólicos para los miembros de una comunidad, que encabalgan en una suerte de ‘geografía imaginaria’ lo real histórico y lo legendario. Dentro de esta línea, el propio cuerpo se presenta como un espacio, y el ser humano en la dialéctica entre su cuerpo y el territorio es donde instala las señas de identidad, de relación y de historia, y es ahí donde nos reconocemos. Todas las sociedades para definirse como tales, han simbolizado, marcado, normativizado el espacio que pretendían ocupar –del mismo modo que han simbolizado el tiempo, observado las irregularidades del calendario, el ciclo estacional e intentado dominar intelectualmente los azares de la meteorología (Augé, 1996: 99) Del mismo modo que las representaciones temporales de la antigüedad remiten a los ciclos naturales, productivos y rituales de las sociedades precapitalistas, sus representaciones espaciales hacen referencia a los territorios ecológicos, geográfico-productivos, habitacionales y simbólicos en que se desarrolla la vida de la comunidad tradicional. Su territorio se define por marcas simbólico-rituales y la relación de los sujetos con el espacio está caracterizada por experiencias directas y por vinculaciones afectivas. Al tiempo del ciclo corresponde el espacio del lugar, en el que se “anclan” la vida y las interacciones cotidianas. 41Fronteras electrónicas y nuevas dinámicas transnacionales en Internet Comunicación nº 3, 2005 (pp. 39 - 49) La noción de territorio es la misma noción que Marc Augé denomina lugar; por tanto un lugar es un espacio donde cada uno se reconoce en el idioma de otro, donde se reconoce en el sitio, en referencias sociales e históricas. En definitiva es un espacio donde se pueden leer la identidad, la relación y la historia. Marc Augé (1996:98) define el lugar antropológico como “el lugar de la propia casa, el lugar de la identidad compartida, el lugar común para aquellos que, habitándolo juntos, son identificados como tales por aquellos que no lo habitan.” Por tanto podemos establecer una relación entre espacio y alteridad. La identidad, las relaciones y la historia de los que habitan un lugar se inscribe en el espacio. Pero no es una cuestión sólo del individuo sino también de las sociedades, ya que “todas las sociedades para definirse como tales, han simbolizado, marcado, normativizado el espacio que pretendían ocupar –del mismo modo que han simbolizado el tiempo, observado las irregularidades del calendario, el ciclo estacional e intentado dominar intelectualmente los azares de la meteorología” (Augé, 1996: 99) Gonzalo Abril (1997:119) en su teoría General de la Información recoge las modificaciones en la experiencia social del espacio y del tiempo inducidas por las tecnologías comunicativas. Para él la noción de modernidad de Giddens tiene que ver muy directamente con ello. El tiempo, según Giddens (1999:29) estuvo conectado al espacio (y al lugar) hasta que la uniformidad de la medida del tiempo con el reloj llegó a emparejarse con la uniformidad en la organización social del tiempo. Este cambio coincidió con la expansión de la modernidad y no llegó a completarse hasta este siglo. (El siglo XX, nota del autor) 2. TERRITORIOS SIN MAPAS: DESANCLAJE y VIRTUALIDAD El mapa moderno presenta una imagen espacial regida por signos convencionales y universalizables, válidos por tanto para la representación de cualquier espacio. Esa imagen es exclusivamente visual, a diferencia de las representaciones del espacio tradicionales y de las dimanadas de la experiencia directa, que son imágenes afectivas y multisensoriales. Para Gonzalo Abril (1997:120), las modificaciones en el concepto de espacio están relacionadas con las técnicas métricas, topográficas y cartográficas; y naturalmente en relación con el desarrollo de los modernos sistemas de transporte que “acortaron” el espacio vivido y dieron nuevo sentido a los viajes, a los itinerarios, a la percepción de lo local y lo foráneo. 42 antonio Gómez aGuilar Comunicación nº 3, 2005 (pp. 39 - 49) El esquema unificador del territorio, surgido de la Revolución de 1789, preside la armonización de las normas del intercambio (pesas y medidas e información estadística) y la implantación de un sistema nacional de telegrafía óptica, en una trama en la que la razón arbitra las tensiones entre el universalismo y los intereses locales. (Mattelart, 1995: 47) El mapa por tanto, se presenta como un procedimiento de objetivación del espacio que la modernidad ha superpuesto a los croquis del espacio vivido y, sobre todo, a los croquis compartidos de las tradiciones locales. En este sentido un mapa encarna no sólo una expresión común del territorio, sino también una expresión común de las relaciones pragmáticas entre los hombres y el territorio: los recorridos exploratorios, la selección de los significantes del territorio e incluso la transformación del territorio por su uso pueden ser interpretadas a través del mapa (Aguado, 2001: 258). Hace unas décadas las ciencias sociales comenzaron a cuestionar el estudio de territorios ‘nacionales’ a partir de los imaginarios estatales y comenzaron a considerar esos imaginarios como objeto de sus trabajos. Los Estados tienden a considerar que sus posesiones les corresponden por naturaleza. La distancia analítica de las ciencias sociales desnaturaliza los espacios de la soberanía estatal. Para Manuel Castells (2001:235) la era Internet ha sido anunciada como el fin de la geografía. De hecho, Internet tiene una geografía propia, una geografía hecha de redes y nodos que procesan flujos de información generados y controlados desde determinados lugares. La unidad es la red, por lo que la arquitectura y la dinámica de varias redes constituyen las fuentes de significado y de función de cada lugar. El espacio de flujos resultante es una nueva forma de espacio: establece conexiones entre lugares mediante redes informáticas telecomunicadas y sistemas de transporte informatizados. Redefine la distancia pero no suprime la geografía Todas las áreas de la actividad humana están siendo modificadas por la intersticialidad de los usos de Internet y esto que nos indica Castells (2001:307) hace que se esté generando una nueva clase social, unos nuevos marginados: los desinformados. El miedo al frenético cambio social que produce la sociedad red hace que muchas personas se resistan a la aceleración de sus vidas y a la sensación de pérdida de control que trae consigo esta nueva sociedad. Pero este miedo lleva a otro problema aún peor: el problema de la exclusión de las redes. “Quedarse desconectado equivale a estar sentenciado a la marginalidad”. Se está creando una división social entre los que están conectados a la red y los que no lo están; entre los que usan la red y los que no son capaces de sacarle partido. y la solución a este problema pasa por asumir 43Fronteras electrónicas y nuevas dinámicas transnacionales en Internet Comunicación nº 3, 2005 (pp. 39 - 49) la acción que la red ejerce sobre nosotros, por asumir que la sociedad actual es una sociedad que se gestiona y que se desarrolla en un entorno de redes, y que hoy por hoy vivir en sociedad es vivir conectados. 3. NUEVAS COMUNIDADES VIRTUALES DESTERRITORIALIZADAS: TRANSNACIONALISMO VIRTUAL. La frontera ya no es material, sino simbólica; ya no es la línea de las aduanas, sino el límite de la identidad, pero ¿cuál es la frontera de un contexto cuando los significados circulan? Las fronteras no sólo son construcciones, también son múltiples y cambiantes. Por un lado, la gente se traslada, desplaza y trastoca significados, autonomizando los vínculos entre cultura, identificación y territorio. Por otro lado, símbolos, textos, músicas y objetos viajan aunque las personas y los grupos permanezcan inmóviles, cuestionando por otra vía aquella supuesta imbricación (Michaelsen, 2003:15) Entendiendo que Internet es una tecnología derivada de conceptos sociosemióticos o culturales y que se pretende metáfora del mundo en tanto que revolución de la conciencia, podemos tomar a la red como ejemplo paradigmático de la comunicación y las dinámicas de organización social contemporáneas. La red global que forman los ordenadores se configura como un medio transnacional que posee espacio y cultura propios, frecuentemente denominados cibercultura y ciberespacio, y también crea comunidades. Para muchos autores la cuestión es el tipo de comunidades humanas permite la red. Las denominadas comunidades virtuales o, más gráficamente, comunidades de la mente, como las denomina Gordon Graham (1999) suscitan diversas valoraciones. La navegación por la red implica una cierta renuncia a la corporeidad; para algunos desde una cierta óptica cartesiana las personas son mentes y sus cuerpos meras pertenencias lo cual aplicado a las comunidades virtuales implicaría una forma más libre y más elevada de intercambio. Por el contrario, para otros las mentes puras son personas empobrecidas con lo cual los intercambios entre mentes incorpóreas sería una forma de comunicación limitada y por tanto una forma de comunidad que se podría denominar de segunda categoría (Graham, 1999: 146). Pero el propio cuerpo individual es un espacio. El hombre en la dialéctica entre el cuerpo y el territorio es donde instala las señas de identidad, de relación y de historia, y que ahí es donde se reconoce. En el ciberespacio, 44 antonio Gómez aGuilar Comunicación nº 3, 2005 (pp. 39 - 49) cuando el hombre se reúne en comunidades, busca los mismos parámetros para afirmarse, para reconocerse. La conexión de mentes en un entorno virtual es siempre en cierta medida una renuncia a la corporeidad. De Kerckhove (1997:72-73) al respecto expone cuatro de los impactos que la tecnóloga interactiva puede producir sobre la imagen del cuerpo y de lo que él denomina, el envoltorio físico: la telecepción, la expansión, la múltiple personalidad y la propiocepción. La telecepción hace referencia al alcance sensorial que nos proporcionan las tecnologías interactivas y que añade una nueva dimensión a nuestra vida sensorial biológica. La expansión, es un fenómeno que se produce al mismo tiempo y que se basa en cómo las tecnologías interactivas nos producen un sentido de pérdida de los propios límites personales concretos. La múltiple personalidad se refiere a cómo la pérdida de un sentido claro de los límites, la expansión de nuestros marcos mentales, la redistribución en línea de nuestros poderes de acción, contribuye todo ello a crearnos una imagen confusa del cuerpo. Por tanto ya no podemos estar seguros de dónde empezamos y de dónde terminamos. Por último, la propiocepción, es una respuesta del ser humano a esa duda sobre su corporeidad. La necesidad de saber que el propio cuerpo sigue ahí lleva a los hombres a realizar actividades que le permitan volver a entrar en contacto con su propio cuerpo, para así aumentar su acceso a sensaciones físicas, sólo para saber cuál es su situación. Ulrich Beck (1998: 109-111) respecto a la presencia del hombre en muchos sitios, o la presencia de muchos sitios en el hombre, plantea la noción de topopoligamia: para Beck “estas tecnologías son medios de franquear el tiempo y el espacio. Anulan las distancias, crean proximidades en la distancia y distancias en la proximidad –o ausencias in situ–. Vivir en un único lugar no significa ya vivir con los demás, y vivir con los demás no significa ya vivir en un único lugar” Internet ha traído consigo maneras hasta hace poco nunca imaginadas de llevar a cabo deseos humanos reiterados y además su aparición ha producido alteraciones a gran escala en la estructura de la vida de los seres humanos. La mediatización de los hechos acelera nuestra vida convirtiendo nuestro pasado más inmediato y el de los otros en historia. Paul Virilio (1998: 157) destaca que “Por primera vez, la historia se va a desarrollar en un tiempo único: el tiempo mundial”, con lo que nuestra vivencia del tiempo se contrae. La posibilidad de ver y vivir hechos que ocurren en otras partes del mundo en tiempo real a través de los medios hace que la aldea global de McLuhan sea una realidad que las tecnologías de la instantaneidad nos actualizan constantemente. Las distancias parecen haber desaparecido, y en este sentido, al subvertir las fronteras nacionales Internet presagia un cambio importante en las formas culturales y sociales; ha hecho surgir, por ejemplo, un grado sin 45Fronteras electrónicas y nuevas dinámicas transnacionales en Internet Comunicación nº 3, 2005 (pp. 39 - 49) precedentes de internacionalismo, suscitando reflexiones sobre su capacidad para poner en entredicho el poder de los Estados como la fuerza dominante en la vida social y permitiendo la reorganización de las comunidades humanas en conformidad con los deseos individuales. En este momento, se da una paradoja; es una época de apertura del individuo a la presencia de los demás, ya que hay una circulación más fácil de los seres, de las cosas y de las imágenes. Pero también el individuo sufre un repliegue de estas figuras sobre sí mismo, sobre todo en lo que Augé llama los no-lugares. El concepto de no-lugar, aplicado a espacios físico, también es aplicable a los espacios virtuales; al ciberespacio. Encontramos la presencia de las tres figuras de la sobremodernidad en los no-lugares: el tiempo (la historia), el espacio y la individualidad. La historia se reduce a información; información que fluye por todas partes en los no-lugares físicos y también en el ciberespacio. En el ciberespacio, el ritmo de la historia se acelera y pierde sus marcas. El estrechamiento del espacio físico a través de la globalización de usos de tarjetas de crédito, de presencia de productos, etc. es aún más evidente en el ciberespacio, ya que desde cualquier punto tenemos acceso instantáneo a cualquier sitio en la red. Por último, quien utiliza los no-lugares, reduciendo su figura a su función (pasajero, consumidor o usuario), experimenta en ello una forma particular de soledad. En el caso de Internet, la figura del usuario, del navegante, es ya casi un sinónimo de soledad. En muchas ocasiones se alude al aislamiento que provoca Internet y a la (discutible) soledad de sus consumidores. 4. LÓGICAS INCLUSIVAS MÁS ALLÁ DE LA FRONTERA ELECTRÓNICA La navegación por Internet no es más que un ejemplo particular de aquello a lo que tiende a convertirse nuestra relación con el otro en el mundo contemporáneo: una relación abstracta, en la medida en que pasa por la espectacularización del otro; espectacularización mediática a través de todos los mensajes y todas las imágenes que nos dan tanto la sensación de estar tan cerca de los grandes de este mundo como de los condenados de la tierra, porque precisamente estamos ligados a ellos por palabras e imágenes cuya experiencia y dominio no poseemos. Parece ser que el único camino que nos queda para afirmar nuestra presencia en el mundo es entrar en el espacio de la re-presentación, en la sociedad del espectáculo. 46 antonio Gómez aGuilar Comunicación nº 3, 2005 (pp. 39 - 49) Las redes de comunicación y las tecnologías de la instantaneidad nos posibilitan un re-emplazamiento inmediato, aumentan artificialmente nuestras facultades intelectuales, y amplían nuestra capacidad de reconstituirnos con la influencia de las redes culturales. El sujeto virtual se expresa a través de un cuerpo virtual en el ciberespacio. A modo de amplificación tecnológica de la mente y del uso de la imaginación llegando a tener múltiples implicaciones subjetivas y mostrando incluso la posibilidad de transformaciones orgánicas experimentales. Como dice Ribeiro (2003:196-197) Se trata de la posibilidad de acceder a una infinidad de informaciones, de manipularla, de ‘estar’ en muchos ‘lugares’ sin salir de aquí. (...) Una virtual omnipresencia, una virtual omnipotencia de consumo de informaciones que frecuentemente lleva a la estimulación del síndrome de overload, un problema que existe desde hace mucho y llega al paroxismo en la era del capitalismo electrónicoinformático.(...) Posibilidad de multiplicar irrestrictamente los contactos sociales, sin consideración (...) de marcadores de identidad (género, edad, clase, etnia) que constriñe la interacción real. Por este motivo muchos teóricos plantean que Internet es, en muchos casos, el hardware sobre el cual los humanos estamos desarrollando una inteligencia colectiva; si por inteligencia entendemos la capacidad de relacionar unos datos con otros para llegar a conclusiones, de discriminar entre conceptos u objetos aparentemente iguales, de elaborar teorías o modelos. La inteligencia colectiva se basa en un principio muy simple y es el de que todo el mundo sabe algo; por eso más de dos millones de personas saben mucho más de prácticamente cualquier cosa que una sola, y coordinados pueden llegar a pensar mejor. Pero para otros autores el mundo virtual es un objeto manipulable por el sujeto y permite una ampliación de la capacidad de intervención en lo real, por tanto es también una expansión del cuerpo y de actividades sensoriales. Esta es la línea de autores como Derrick de Kerckhove (1997) cuando hacen una distinción y hablan de inteligencias en conexión. Mentes conectadas intermitentemente, es decir mentes que se conectan entre ellas de manera interesada, en busca de un fin común. Mentes que se conectan con otras mentes, no con todas, para obtener un fin y que luego vuelven a su individualidad, es decir que se despliegan y se repliegan según sus intereses. Mentes que utilizan las redes como prolongaciones de ellos mismos, como herramientas de colaboración con otras mentes de forma puntual buscando esa ipseidad de la que habla Vázquez Medel (2003:26) y evitando así caer en los peligros de la red. 47Fronteras electrónicas y nuevas dinámicas transnacionales en Internet Comunicación nº 3, 2005 (pp. 39 - 49) Pero las nuevas lógicas inclusivas y dinámicas que ofrece Internet no son los únicos caminos; conviven con las existentes en lo real y ambas se retroalimentan en una dialéctica que parece estar trazando el camino futuro. Los canales de difusión de los símbolos presentan una bipolaridad: el espacio de los flujos y el espacio de los lugares. El primero corresponde al territorio de la función, del poder de unos pocos: las grandes empresas financieras, industrias de alta tecnología, de los medios de comunicación, de las redes criminales, del mercado negro de armas; es en resumidas cuentas, la dimensión global de la sociedad humana. Por el contrario el espacio de los lugares es un espacio local reservado a la identidad propia de individuos o grupos donde se manifiestan naturalezas primarias: religiones, razas o nacionalidades. El nivel de integración transnacional se manifiesta claramente a través de una articulación diferente entre el espacio real y nuevos ambientes culturales y dominios de oposición política que no son equivalentes al espacio tal cual lo experimentamos pues en ellos no existen fronteras duras. Los así llamados ciberespacio y cibercultura son los universos típicos donde las dinámicas del transnacionalismo pueden expresarse en su plenitud (Ribeiro: 176). El transnacionalismo virtual no responde a la misma dinámica de inclusividad que los otros modos de representar pertenencia lo hacen. Atraviesa, como un eje transversal, los diferentes niveles de integración, de tal manera que es altamente difícil, si no imposible, relacionar transnacionalidad con un territorio circunscripto. Su espacio sólo puede ser concebido como en una malla o red. Tras el fracaso del individuo moderno el nuevo sujeto posmoderno se construye en un marco de territorios desterritorializados y de sujetos vacíos y fragmentados. Gordon Graham (1999) plantea que Internet puede llegar a subvertir las fronteras nacionales y presagia un cambio importante en las forma culturales y sociales, poniendo en entredicho el poder del Estado como la fuerza dominante en la vida social y permitiendo la reorganización de las comunidades humanas en conformidad con los deseos individuales. La historia ha demostrado que las fronteras pueden desplazarse, desdibujarse y trazarse nuevamente, pero no pueden desaparecer: son elementos constitutivos de toda vida social. No podemos vivir fuera del espacio y sin categorías de clasificación. El debate actual podría estar en dos lados; uno, dónde colocar fronteras, y dos, cuándo pretender cruzarlas, debilitarlas, asumirlas reflexivamente o reforzarlas. Frente a este debate difícilmente convendría adjudicarle un sentido unívoco al concepto de ‘frontera’ y quizás sería más oportuno adoptar una actitud homogénea hacia las diversas fronteras con las que convivimos (Michaelsen, 2003: 22). Los estados se enfrentan a nuevas